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Language:
Español
Collections:
Teen wolf fanfic
Stats:
Published:
2021-11-10
Updated:
2022-07-12
Words:
41,921
Chapters:
4/?
Comments:
10
Kudos:
28
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1
Hits:
1,003

магьосник (mag’osnik): Brujo

Summary:

Beacon Hills, un extraño pueblo en medio del bosque, rodeado de silencios de ultra tumba y secretos que podrían llevarte a terminar dentro una.
Stiles Stilinski un joven de 17 años que, a pesar de haber crecido en este pequeño paraje maldito y conocer los peligros que invocan las sombras proyectas en una noche de luna llena, no dudará en adentrarse en ellas con tal de proteger a su mejor amigo, Scott McCall. Quien ha sido mordido por un hombre lobo desbocado. Él estará dispuesto a todo, incluso si eso significa desenterrar esa parte de sí mismo que tanto tiempo intentaron ocultarle sus padres.
Este joven detective amateur deberá descubrir qué relación guarda la enigmática familia Hale y su difunta madre con los brutales asesinatos que se propagan por toda la ciudad; proteger a su mejor amigo de un letal grupo de cazadores y su bella hija; no olvidemos la visita de parientes inesperados y el lidiar con dos Hale’s demasiado apuestos y peligrosos para su alborotado corazón adolescente. Todo mientras intenta que su vida escolar no se vaya a la mierda.

Crossover entre el universo de Supernatural y Teen Wolf.

 

Pareja principal ֎Steterek֎

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

La húmeda de una brisa fría con olor a pino se cuela por mis poros y envuelve mi nariz. Las rugosidades de los troncos a mi alrededor rozan mis dedos a medida que me interno en las profundidades del bosque. Unos hipnotizantes aullidos que parecen llamar mi nombre me guían por un sendero antiguo el cual desconozco. La desesperación en sus lamentos llega al punto de agobiarme e impulsarme a acelerar mis pasos, hasta encontrarme corriendo a toda prisa.  Detengo mi marcha cuando la noche se aclara bajo la luz de la luna que se cuela por un pequeño claro. En él, me reciben dos magníficos animales casi idénticos. El reluciente pelaje de noche que envuelve al primer lobo me persuade de admirar la esbeltez de su imponente figura hasta sus antinaturales ojos de un azul tormentoso. Una vibración casi electrificante se apodera del aire a medida que me sumerjo en ellos. Sin embargo, no dura lo suficiente cuando un impulso casi magnético me obliga a desviar mi vista hacia el lobo de sedoso pelaje azabache que me mira deseoso desde la izquierda. Su contextura es evidentemente mayor, aunque menos fornida que la del anterior, pero igual de hermosa e imponente; al punto de invitarte a vagar por ella. Mis ojos se posan en su extraña mirada, esta parece contener el mismo azul eléctrico de su acompañante, pero no me dejo engañar, soy perfectamente capaz de diferenciar el tono tres veces más profundo y oscuro que empaña los ojos del segundo sabueso, casi como si quisiera ocultar en él un sin fin de misterios. Desconcertado por su enorme belleza y su majestuosa presencia, deslizo mis iris entre uno y otro. Estos aúllan una vez más invitándome a acercarme y así lo hago. Me coloco en el centro del claro y espero paciente a que ellos acorten la asfixiante brecha que nos separa. Poco a poco me rodean casi acechándome hasta que finalmente se sientan expectantes frente a mí. Solo basta con que extienda mis brazos hacia ellos para que sus narices ansiosas comiencen a olisquearme embelesados. El roce de su pelaje en mis manos inseguras cuela suavemente un sentimiento de una paz y felicidad casi indescriptible. Al parecer, mi olor tiene el mismo efecto en ellos, que pronto se acuestan a mi alrededor ronroneando al son de mis manos curiosas que se deslizan por el oscuro mar de sus pelajes. La calma de este momento tan íntimo se rompe cuando un eco amortiguado comienza a resonar a nuestras espaldas, colocando instantáneamente a mis peludos amigos en una posición de alerta con sus garras y dientes al descubierto. Sus gruñidos amenazantes no logran acallar el sonido cada vez más fuerte. La resonancia es tal que todo el bosque parece vibrar al son estruendoso de ese molesto pitido y mis pies retroceden cuando la tierra bajo ellos comienza a sacudirse.  Cubro mis oídos con fuerza intentando aislarlo y mi mente rápidamente analiza la situación en busca de una salida. El extraño sonido de hace unos momentos se hace tan familiar que automáticamente intento recordar donde lo he oído antes. El reconocimiento distorsiona mis gestos justo cuando los arboles comienzan a desmoronarse y el suelo se resquebraja serpenteantemente. Volteo a verlos presa del pánico justo cuando los lobos comienzan a distorsionarse hasta perderse en mi inconsciente. El estruendoso pitido borra mi ensueño y me obliga a despertar.

La agitación me encuentra desparramado entre mis sabanas cuando me apresuro a apagar mi ruidosa alarma. Otra vez ese sueño, nuevamente la sensación de desolación me encuentra cuando recuerdo las miradas tristes de las bestias justo antes de desaparecer. Me digo a mi mismo que no puedo seguir angustiándome por la pérdida de seres que ni siquiera existen y me levanto para ir al colegio. Luego de arreglarme bajo a la cocina y preparo el desayuno para dos mientras tarareo una absurda canción pop. Escucho la escalera crujir cuando mi padre comienza a deslizarse desde el segundo piso guiado por el olor del café recién hecho. Las ojeras opacando sus suaves ojos celestes y su desarreglada cabellera rubia me recuerdan el turno extra que tuvo anoche en la comisaria. Le extiendo su taza y un plato con panqueques haciendo que su seño se frunza al probar el primer sorbo y miré con desaprobación el resto del menú.

¿Qué es esta horrible cosa? – dice mientras le da otra probada.

Buenos días a ti también– digo dándole un trago al mío – Es café descafeinado– explico cuando sus acusadores ojos no dejan de mirarme y le sonrío alegre cuando su ceño se frunce más profundamente. –Sabes que tienes que cuidarte más, así que no te quejes– advierto mientras lavo los utensilios usados, provocando que resople y comience a devorar los panqueques para así poder ignorarme. Veo que a pesar de que he usado los ingredientes alternativos los come gustoso así que sonrío victorioso y me hago una nota mental para guardar esta nueva receta.

Años de alcoholismo y meses de abstinencia dejaron sus riñones e hígado tan sensible como los de un recién nacido. Él, que siempre fue un hombre fuerte y sensato, trastabillo estrepitosamente luego de que su amada esposa fuera diagnosticada con demencia frontaltemporal. Un pequeño yo de seis años tuvo que ver como su madre, la mujer más amable y dulce que sus infantiles ojos observaron alguna vez, se marchitaba tanto física como psicológicamente en una descolorida cama de hospital. Y como su padre poco a poco se perdía en un mar de rabia y alcohol que amenazaba con tragarlos a ambos.

Facturas de hospital cargadas con años de internación ininterrumpida, una enorme casa vacía y una fría lapida rezando su nombre fueron todo lo que Claudia C. Stilinski dejó tras morir. Las tardes de visita a una mujer que cada vez se asemejaba más un extraño, a medida que su enfermedad avanzaba y la conciencia la abandonaba, no significaron nada cuando a causa de la psicosis tuvo que ser puesta en coma para así poder sobrellevar el dolor de sentirse desgarrar desde dentro. Sin embargo, no estoy resentido con los médicos por ello, por privarme de compartir los últimos momentos con mi madre. A pesar de que la culpa no me dejó dormir durante meses y aun ahora cuando al recordarlo un nudo constrictor se instala en mi pecho, no puedo evitar sentirme aliviado de no haber tenido que seguir soportando sus terribles gritos de agonía y las blasfémicas maldiciones que me propinaba cada vez que mi presencia era percibida por la enferma mujer. Esas mismas palabras acobardaron a su padre al punto donde trabajar ya no solo se trataba de cuentas por saldar sino de un escape seguro de la inminente realidad de la perdida de la persona que más ha amado en esta vida. Cuando ni el cansancio fue suficiente para acallar su afligida mente el licor en la casa Stilinski se convirtieron en moneda de cambio. Borracheras que embriagaban cada fin de semana y día libre, asegurando largas sesiones de palizas y gritos atronadores, botellas vacías, vidrios rotos y un hombre seminconsciente ahogándose en su propio vómito fueron parte de ese intercambio luego del entierro.

Tomo años que papá pudiera abandonar ese mal hábito. En el momento que él decidió tratarse, un profundo sentimiento de orgullo brotó dentro de mí. Él estaba dispuesto a mejorar, a pesar de que eso significara ser regañado como un niño por el Dr. Dunbar dos veces a la semana.

 – A veces eres muy quisquilloso, ¿Sabias?

Y tú muy insistente, pero eso ya no es una novedad –  me retruca mientras busca una segunda ronda del que hace instantes califico como “el café más horrible del mundo” por lo que suelto una risilla – ¿No tienes que irte ya? – interroga con la esperanza de que lo deje comer en paz.

Sí, sí, ya iba de salida de todas maneras, así que no es necesario que me eches aún –  le digo mientras recojo mi mochila y me dirijo a la salida– Descansa, Parrish llamo y dice que te esperan recién para el turno de la tarde – El alivio automático que se refleja en sus hombros me recuerda lo ocupado que lo ha tenido este último caso y me hago otra nota mental para darle una ojeada al expediente más tarde.

Que te vaya bien en tu primer día y que no te lleven a detención antes del segundo receso, al menos– dice mientras me despide con una leve sonrisa y yo simplemente resoplo.

El hecho de que el subdirector Johnson me llamara nomás empezar el primer periodo de mi primer día en sexto grado había sido enteramente la culpa de esos idiotas de años superiores que creyeron que sacarle su inhalador al pequeño Scotty era realmente gracioso. Poco les duro el chiste, cuando con un par de golpes rápidos los dejé desparramados en el piso jadeando en busca de aire. Un par de ojos morados después, nos tenías a los cinco en una pequeña oficina con un director tan rojo de cólera que parecía a punto de estallar. La llegada del sheriff, todavía enfundado en su uniforme y sumamente preocupado por la salud de su hijo, no hizo nada por apaciguar su creciente desconformidad a medida que le explicaba lo sucedido con esos muchachitos. En momentos como ese agradecí mi valentía, o la ausencia de temor a morir muy joven, y con un argumento inteligente hice uso de mi labia y nos salvé a mí y a mi mejor amigo de una posible expulsión. Aunque puede que la ira desbordante de Noah, al enterarse de que no era la primera vez que algo así sucedía, tuviera algo que ver. Cuando al salir de la asfixiante oficina me condujo a la patrulla, un pinchazo de culpa me atravesó el pecho. Él había abandonado su puesto a toda prisa solo para ver el nuevo problema en el que se había involucrado su pequeño delincuente. Por más cansado y desordenado que estuviera a causa de este mal día, me sorprendí cuando revolvió mi cabello y me aseguro en tono consolador que no debía ir por ahí golpeando a la gente por mas idiotas que fueran. Cuando murmuro «O al menos no en un lugar donde los profesores puedan verte» la pequeña sonrisa orgullosa que intentaba disimular me comprimió el corazón.

 – Yo también te quiero –  grito al salir de la casa.

El camino en el viejo sheep azul de mamá resulto extraño, hace solo un mes que lo recibí como regalo por mi decimoséptimo cumpleaños, «Es lo que ella hubiera querido» fue todo lo que pronuncio al entregarme las llaves. El que estuviera dispuesto a entregarme algo tan preciado, que estuviera dispuesto a renunciar, a dejar ir algo suyo solo podía significar que por fin estaba intentando vivir más allá de su pena. Sabia de primera mano que la ropa y demás cosas de mi madre continuaban exactamente donde las había dejado entes de partir al hospital. Ninguno de los dos se atrevía a moverlas ni un ápice, como si de ese modo su descanso no sería perturbado. Era un paso tan importante e inesperado, que esta demás decir que llore como un niño en los brazos de papá, la fuerza del abrazo que nos envolvió solo podía reflejar la tormenta de emociones que se desató dentro de ambos.

Si él había sido capaz de tomar la iniciativa, solo había un hombre al que podía agradecer por ello. Desde que conoció a Eric en una ajetreada madruga en la sala de urgencia luego de un catastrófico accidente múltiple, se convirtieron en amigos y confidentes. Poco a poco el encantador cirujano ayudo a John a salir de la adicción y, puede que también, de esa asfixiante depresión, que le habían causado la perdida y la culpa de no haber cumplido con su papel como padre y esposo. Tendría que invitarlo a cenar un día de estos para agradecerle por todo el progreso que alcanzo el patriarca Stilinski en los últimos años. Porque al fin después de años de sentirme un huérfano, de saberme solo y a la deriva, el despreocupado médico logro devolverme a mi padre.

 Solo necesite un par de canciones entonadas a todo pulmón para verme de pie frente a las puertas de Beacon High School. Al atravesar sus pasillos varios estudiantes me saludan y otros se limitan simplemente a observarme llegar. No por nada soy Stiles Stilinski, un niño con la verborrea verbal más densa del condado, además del hijo del sheriff Stilinski y un busca problemas nato. Aunque no lo crean, lo primero me permite entablar conversaciones hasta en los momentos más inoportunos, al punto donde se convierte en un verdadero dolor en el trasero el callarme. Lo segundo me da una reputación realmente amplia y más cundo lo tercero implica que tarde o temprano terminare involucrado en todo tipo de incidentes, que más temprano que tarde, llegara a oídos de todos en la ciudad, cortesía de Judi y sus “fiestas de té” o mejor dicho “la reunión de las brujas chismosas”. Aun así, no me puedo quejar, con un poco de ingenio, cinta adhesiva y la dosis justa de suerte, no hay eventualidad del que no pueda zafarme. Y si a cambio de un poco de adrenalina y problemas puedo conseguir algunas de las amistades y conexiones más extrañas de la ciudad, solo me queda dar las gracias por eso.

La clave habilita el interior de mi locker y en lo que tardo en tomar mis libros para las siguientes dos clases un muchacho con una sonrisa cargada de arrogancia y unos cabellos dorados abarrotados de gel se apoya en las taquillas continuas y cierra la mía con fuerza para captar mi atención.

 – Buenos días Bilinski –  sus palabras vienen cargadas de un tono burlón casi altanero, que lejos de ofenderme, tratan de aludir a una mala broma privada de la que parece no querer olvidarse nunca. No es mi culpa que durante las pruebas para entrar al aclamado equipo de lacrosse el entrenador no supiera pronunciar algo tan simple como mi apellido y menos cuando mi nombre real se asemeja más a un trabalenguas que a un nombre en sí.

Esas primeras palabras luego del trato silencioso que recibí desde las vacaciones me irritan más de lo que deberían. Luego de esa acalorada discusión creí que debía darle su espacio. Rápidamente me arrepentí cuando mi viaje anual a Dakota de Sur se canceló a causa de ese par de estúpidos que no pueden contestar una simple llamada. Lo único que tuve para entretenerme el resto del verano fueron casos abiertos y un sheep para reparar. Cabe aclarar que, gracias a mi nulo conocimiento en el campo de la mecánica, la última parte solo sirvió para hacer arrancar a duras penas el auto. Niego suavemente y le devuelvo el saludo con un tono similar.

 – Lo mismo digo, Ken –  respondo mientras él simplemente se encoje de hombros y su gesto vacila brevemente. El apodo insidioso sobre el muñeco plástico se lo había otorgado en honor a su actual novia, una chica superficial y muy inteligente que lo ve más como un accesorio que como un interés amoroso. Sé que estoy siendo injusto al sacar a colación un tema tan espinoso, pero no es mi culpa si a pesar de explicárselo son lujo de detalle él se niega a dejarla. Si él cree que el hecho de que sea “la barbie más guapa y popular del instituto” es suficiente para soportarla no es mi problema lo que le vaya a pasar. Y menos cuando esta misma cuestión desató esa última y desastrosa plática.

La última vez que hablamos fue más una pelea que una conversación. Este idiota frente a mí descubrió de la manera más estúpida y desafortunada que todo lo que él creía y representaba no eran más que dulces mentiras. Cuando descubrí el porqué de su horrible actitud mañanera, él ya había azotado su puerta en mi cara. No importó cuanto quisiera explicarle que todo aquello no cambiaba lo que él era o cuanto rogara para que me dejara entrar a su cuarto, no me dejó acercarme. La desesperación de verlo tan mal incentivo mi terquedad e insistencia, lo que solo sirvió para sacar lo peor de su carácter. Al terminar de acribillarme con su lengua venenosa solo pude atinar a tambalearme y dar un paso atrás. Esperando que no lo hubiera dicho en serio, me despedí con un tono tan quebrado que hasta a mí me estremeció. Sabía que era un verdadero cobarde algunas veces y que necesitaría tiempo a solas para reacomodar su mierda y acumular el valor para disculparse por ese hiriente discurso. Pero demonios, estaría mintiendo si dijera que esas palabras no fracturaron algo dentro mío, el dolor casi físico que me acompaño no logró calmarse durante días, y, viendo las lágrimas que no paraban de llegar, no tuve la fuerza para buscarlo nuevamente. Habían pasado dos malditos meses desde ese día y lo primero que decía era una estupidez, realmente no debería estar tan sorprendido.

 –  Vengo en son de paz, así que no hay necesidad de ser cortante tan temprano en la mañana, y menos cuando tienes a alguien tan guapo dándote los buenos días –   sus palabras cargadas de sinceridad vienen acompañadas al final de un tono juguetón y un pequeño guiño. Me tomo la molestia de admitir para mis adentros que él realmente es guapo, si su cara de chico lindo, sus músculos marcados por años de practicar lacrosse y su carísima ropa de marca acentúan algo, es precisamente lo atractivo que es el estúpido de mi amigo.

 –  No sabía que Donovan me había saludado –  la frase suena más cortante de lo que esperaba cuando entrecierra sus ojos para mirarme casi indignado. Me felicito mentalmente, genial ahora esto es mil veces más incómodo  –  ¿Y bien, para qué necesitas a esta preciosura? – la picardía empaña mis palabras y aprovecho para señalarme al completo en un vago intento por alivianar la incómoda situación. Debido a que es una de las personas más obsesiva que conozco con todo lo que respecta a mantener las apariencias, me sorprendo cuando un atisbo de inseguridad se deja ver con facilidad. Me digo a mi mismo que esta será una charla muy larga si aguardo pacientemente hasta averiguar el porqué de su cháchara matutina, así que me apresuro en agregar –  No mal entiendas, te adoro, pero a menos que el coach este recuperándose de una cirugía de testículo nuevamente, no creo que la futura estrella del equipo deba estarse saltando la practica matutina. Además ¿no se suponía que estabas ignorándome? Porque debo decirte que estabas haciendo un buen trabajo hasta ahora –  me cruzo de brazos al terminar y lo interrogo silenciosamente con una ceja alzada.

 –   Me hieres Sty –  dice llevándose una mano al pecho –  Soy un jugador responsable que nunca abandonaría su puesto –  intenta usar un tono solemne pero al ver que no termina de causarme gracia agrega –  Es exactamente por eso que estoy aquí, sé que fui un idiota y quería disculparme –  la última palabra sale atorada e incómoda de sus finos labios y rápidamente noto como se sacude el nerviosismo con un estremecimiento –  Hoy haremos las pruebas para armar al equipo de este año y, aunque es obvio que seré nombrado como el nuevo goleador y capitán, tienes que venir a verme hacer que los plebeyos muerdan el polvo –  ruedo los ojos y antes de poder rebatirle con un comentario sarcástico él agrega –  Además, podríamos salir a tomar algo al terminar –  Esa sonrisa nerviosa y su patético intento por sonar genial incluso cuando intenta disculparse me recuerdan al pequeño de cabellos dorados que con un labio roto y cubierto de polvo que me rogo y extorsionó frente a la puerta de mi casa para que le ayudara a esconder lo que quedaba del extremadamente costoso jarrón de colección de su madre – Y, si no vienes, hare que el estúpido de McCall muerda el polvo por nada –  suelto una pequeña carcajada mientras relajo mi postura a lo que él me imita y termino por negar divertido.

 –  Si no supiera que eres el mismísimo Jackson Whittemore creería que estas celoso de Scott. Sabes que desde que nos conocimos en la guardería hemos sido inseparables, somos como hermanos de otra madre, pero eso no evita que puedas ser mi segundo mejor amigo –  suelto un giño en su dirección y una mueca burlesca le sigue detrás. Puedo ver el alivio seguido por un «sabía que no podías odiarme para siempre, soy el fabuloso Jackson Whittemore» atravesar su mirada. Y no puedo negar que es cierto, él es como familia para mí, nunca me atrevería a abandonarlo, incluso si su infantil enemistas con Scott y su incesante competencia con él entraran en la ecuación. Es más, jamás podré olvidar que ese fue el motivo por el que nos hicimos amigos en primer lugar.

Recuerdo estar en el patio de la escuela y a un mini rubio prepotente acercarse todo orgulloso a pedirme jugar con él y su nuevo juguete mecanizado. Le respondí que no, pues Scott había tenido un ataque de asma muy fuerte hace unos días y no podía agitarse demasiado, además, como buen amigo que era, ya le había prometido sentarme a charlar con él el resto del recreo, y un Stilinski nunca rompe una promesa. Solo digamos que el pequeño engreído no tomo muy bien mi rechazo. Luego de que empujara a mi casi hermano al suelo y yo me abalanzara sobre él, terminamos siendo regañados por la maestra y obligados a permanecer castigados hasta habernos disculpado. Quizás fueron los cinco minutos y quince segundos que permanecimos inmóviles y en silencio en esos incomodos pupitres que, cronometrados por un pequeño Stiles con un TDAH, parecieron horas de insoportable tortura. O talvez se debió al tembloroso labio y los ojos aguados del tierno niño junto a mí. Y es que, al final, termine por arrepentirme de haber sido tan duro con él. Le extendí una curita de Batman que siempre me empacaba mamá junto a mi almuerzo, debido a que poseo una asombrosa capacidad para lastimarme de las maneras más absurdas. Se la termine colocando en su mejilla magullada mientras me disculpaba sinceramente. Cuando él acepto el gesto de manera dudosa para luego mirar hacia otro lado con las mejillas enrojecidas y murmurando que también lo sentía, supe que llegaríamos a ser grandes amigos.

El estruendo del timbre me saca de mis recuerdos y me regresa al joven frente a mí.

 –  Nos vemos a las tres Stiles –  pronuncia entes de dedicarme una sonrisa marca Whittemore, todo dientes perfectos y actitud de saberse irresistible, para terminar alejándose hacia su clase.

Sigo su ejemplo entrando en el tercer salón a la derecha y me dispongo a sentarme junto a Scott, un joven de rasgos latinos, piel bronceada, cabello negro y ojos de cachorro abandonado quien, al verme, me dedica una deslumbrante pero extraña sonrisa producto de su mandíbula desviada. No exagero cuando afirmo que es mi hermano de otra madre, pues lo conozco desde hace tanto tiempo que casi podríamos haber compartido los pañales. Llega al punto donde una mirada es suficiente para saber lo que está pensando o sintiendo, donde hasta los recuerdos más terribles se han tornado en secretos compartidos. Es tan profundo el vínculo entre nosotros que llegue a conocer el motivo detrás de su extraña mandíbula. Cuando me enteré que fue cortesía de una paliza que recibió de su padre justo antes de ser echado por Melissa, abrace a la mujer y le asegure que ella era la mejor mamá del mundo, exceptuando a la mía obviamente. Su madre, a pesar de ser una mujer dulce y encantadora, puede tornarse en alguien verdaderamente aterrador cuando se trata de su polluelo.

 – ¿Viste el último capítulo de Gotham? Oswald está realmente loco –  digo a modo de saludo, provocando que nos adentremos en una charla basura sobre el universo de DC comic’s.

Divago ociosamente hasta que la profesora Thompkins hace acto de presencia seguida muy de cerca por una muchacha de largos cabellos castaños. Cuando nos la presenta como Cora Hale el jadeo colectivo que se escucha por todo el salón no inmuta a la vaga sensación de rememoranza que se remueve dentro de mí. A pesar de no haberla visto nunca, sus grandes ojos café y el mal genio que parece llevar bajo esa figura de infarto se me hacen tan familiares que me esfuerzo por recordarla. Cuando el esfuerzo es inútil me digo a mí mismo que es estúpido, estoy seguro de que si conociera a la hija menor de la alcaldesa Hale sería imposible olvidarse de tal belleza. Oigo a la profesora murmurar con que ella se encontraba de intercambio en Sudamérica por lo que espera que podamos integrarla correctamente. Las miradas llenas de curiosidad, excitación y envidia la acribillan, a lo que arruga la nariz. Su creciente desagrado por la clase en general parece disiparse cuando su mirada se topa conmigo y un aparente reconocimiento toma lugar. Sin esperar a que la profesora de la orden se aproxima al lugar a mi izquierda y le dice de manera imponente al chico allí sentado que le deje el lugar. El pobre parece abrumado por la rudeza y belleza de la chica, ya que se apresura a tropezones hasta uno de los bancos vacíos que hay en el fondo. Cuando parece estar perfectamente acomodada voltea a dedicarme una leve sonrisa a la que correspondo extrañado. Justo antes de poder entablar conversación alguna, Thompkins comienza a hablar y la clase toma inicio. Me relajo creyendo que así finalizaría esa incomprensible interacción.

Estaba terriblemente equivocado. La intensidad de la incómoda mirada que me lanza la chica junto a mí llega al punto de ejercer una presión casi física, y, en un vano intento por sacármela de encima, me sacudo visiblemente. Lo que es claramente una mala idea ya que ese simple gesto parase captar más de su atención, si es siquiera posible, y ladea la cabeza como si analizara un dato importante. Algo parece hacer clic cuando en un movimiento de cabeza casi tan rápido como el del exorcista desvía sus ojos hacia la persona más cercana a la ventana. Mary es la pobre desdichada sentada junto al ventanal abierto, por lo que con un ladrido demandante que hace saltar a la pobre muchacha le exige que cierre la ventana. Tan tímida como es, la joven solo atina a obedecer rápidamente su orden. En el momento en que considera que ninguna ráfaga de aire frío atravesara el vidrio se voltea en mi dirección y me extiende otra de sus inquietantes sonrisas. A pesar de la singularidad del momento me permito corresponderla y ella tiene la osadía de parecer satisfecha consigo misma. Unos resoplidos divertidos junto a un suave balanceo de cabeza se escapan de mí consiguiendo que ella infle el pecho orgullosa. Me digo para mis adentros que cálculo es más difícil cuando Thompkins cree que no le prestas la debida atención y que tener un profesor en mi contra es suficiente, que no necesito ser egoísta y mantener todo el odio académico para mí. Al terminar mi breve debate interno procuro concentrarme exclusivamente en los problemas frente a mí, e ignorar a la castaña. Como todo en mi vida, fallo estrepitosamente y termino siendo llamado con mi nueva amiga al pizarrón. La pereza con la que me acerco para resolver los ejercicios me permite analizarlo detenidamente y en cuanto mis dedos toman una tiza la respuesta vibra en mi mano. Cuando termino de desarrollar mi problema me percato de que mi compañera de castigo ni siquiera ha comenzado a resolverlo, a lo que la profesora pregunta el porqué.

 – No tengo ni idea de lo que estamos viendo –  responde con una seriedad casi cómica. El pesado suspiro de exasperación seguido de un «los niños de ahora» desembocan en una carcajada colectiva. La derrota con la que nos manda a sentar y nos pide al menos aparentar interés solo sirve para acrecentar las risas.

Cuando la campana suena anunciando el final de la clase, me encuentro arto, sin embargo, el malestar no me dura lo suficiente, que ya me sorprendo siendo abordado por Cora. Su entusiasmo me descoloca unos segundos cuando un simple saludo escapa de sus labios. Los ojos curiosos de los alumnos que lentamente abandonan el aula se posan en nosotros al ver a la chica aparentemente indiferente iniciar una conversación.

 – Esta es mi primera vez aquí y realmente estoy algo perdida ¿Puedes ser mi guía hasta mi siguiente clase? – parece ponerse nerviosa cuando sus palabras finales salen a tropezones y las líneas le salen tan mecánicas que delatan como ha estado practicándolas por al menos la última hora. El imaginarla ansiosa y pensando qué decir me resulta sumamente adorable. Y la emoción brillando en sus ojos expectantes, como si frente a ella se encontrara un antiguo héroe de leyenda del que sus padres le contaban antes de dormir, la hacen ver aún más joven. Su burbujeante excitación esperanzada al aguardar una respuesta me abruma lo suficiente como para tener que esperar unos segundos para hallar nuevamente mi voz.

 – Claro, no hay problema ¿Qué clase tienes ahora? – su felicidad es palpable al extenderme una hoja con su horario y me compadezco cuando la clase del profesor Harris es su siguiente destino –  Tal parece estaremos juntos un poco más –  me percato de la presencia de Scott a mi lado cuando ella dirige una mirada desconfiada en su dirección –  Oh, él es Scott, mi mejor amigo – aclaro mientras nos encaminamos al siguiente salón. Le explico todo lo que debe saber para sobrevivir en este horrible lugar y ella asiente vigorosamente como sí memorizara cada una de mis palabras.

Las clases con Harris son un verdadero infierno. Cuando el profesor anuncia que nos dividamos en parejas para así elegir a nuestro compañero de laboratorio, quien nos acompañará por el resto del año; me tomo un momento para admirar a mi nueva amiga y a Scott peleando por el asiento junto a mí. La disputa termina con la castaña irradiando orgullo por cada poro de su piel y a mi excompañero de laboratorio sobándose la cadera dolorido. Mi cara de incomprensión y la diversión bailando en mi labio inferior admiran como mi mejor amigo acusa infantilmente a la joven frente a mí.  La sonrisa inocente que esta me dedica libera una suave carcajada e incrementan el odio de mi mejor amigo por la chica nueva. Viendo como su lugar ha sido vilmente robado se da vuelta para encontrar otro, y al ver que el único lugar vacío es junto Lydia Martin, la Barbie más guapa de todo el instituto, el pequeño Scotty se pone tan nervioso que termina por tropezarse en su camino a su nuevo asiento. Jackson suelta un comentario sarcástico sobre su falta de coordinación, logrando una carcajada general y que la diva pelirroja sentada detrás de él de vuelta los ojos.

Es sabido de buena fuente que, sino causas una buena primera impresión en la hermosa Srta. Martin tu vida escolar será un verdadero infierno. La mirada que me dedica mi mejor amigo, llena de resignación y tristeza, como si de un cachorro apaleado se tratase, me hace cerrar los ojos con fuerza. Este maldito sabe que no puedo negarme a esos ojos de perrito abandonado e intenta chantajearme con eso. Me digo a mi mismo que no debo ceder, si él hace equipo con la pelirroja seguramente pasara esta materia ¿Y qué si para ello tiene que soportar que la gran Lydia Martin lo vea como si su mera existencia fuera una ofensa personal? Al menos a él no lo ignorará olímpicamente durante siete años. Lo siento Scotty, pero todo sea por la causa. Cuando finalmente me decido a ignorarlo, le dedico un saludo militar murmurando un  – buena suerte soldado –  y regreso mi mirada al frente. Jackson y Danny ríen a corro cuando él me dedica una mirada profundamente traicionada.

Cora no es muy habladora, pero sí muy tranquila. Puede que se deba más que a su ya de por sí indomable carácter, pero es completamente indiferente a aquello que no le interesa. Y aun así presta especial atención a todo lo que sale de mi boca, es como si cada vez que lanzo un comentario este se convirtiera automáticamente en palabra santa; y considerando el torrente nervioso que fluye de mis labios ante la presencia de un incómodo silencio debo tener al menos tres evangelios completos. Es más, a pesar de decirme que genuinamente no tiene idea de lo que estamos haciendo, sigue cada una de mis instrucciones a la perfección. Tal parece la joven junto a mí se internó varios años en la selva y, si bien recibía clases en casa, química nunca fue de sus materias fuertes. Debo admitir que mi nuevo compañero de laboratorio resulto ser muy eficaz. Lástima que Lydia no pueda decir lo mismo del suyo.

Scott es sin duda un chico encantador, pero también uno muy tonto. El constante sonido de cosas cayendo no abandonó su mesa de trabajo, a pesar de la mirada fría y la sonrisa sínica con la que le dijo a mi amigo y cito “No te atrevas a tocar nada. Mientras te quedes en tu sitio podre encargarme de que ambos pasemos esta materia. Pero te juro Scott McCall que, si aun así lo arruinas de alguna manera, haré tu vida miserable”. Debo admitir que, aunque fue cruel, la flamante pelirroja de ojos verdes ya se encontraba en su límite. Incluso Harris, la persona más sádica que conozco, sintió pena por la pobre jovencita. Y es que, aunque mi hermano sea un poco, bueno, muy despistado el hecho de tener una sentencia de muerte a nivel social colgando sobre su cabeza y al rastrero del profesor de química soltando sus típicos comentarios insidiosos no representaban precisamente una ayuda para sus pobres nervios. Así que como buen amigo que era no pude evitar saltar en su ayuda. Le lanzo una mirada de disculpa a mi nueva amiga y ella me devuelve una completamente desconcertada.  Respiro profundamente, tomo un frasco con un viscoso líquido anaranjado y lo dejo caer.

 – Sr. McCall, en vista de que ya se ha encargado de destruir casi todos los reactivos que su grupo tenía asignados para este experimento, deberé pedirle encarecidamente que se abstenga de tocar cualquier otro material de laboratorio  –  comentó despectivamente el profesor. Estaba por agregar una última advertencia cuando el estruendoso sonido de vidrios haciéndose añicos puso a la clase entera en un silencio sepulcral.

 – Up, mi error –  una mirada llena de inocencia y una sonrisa consoladora es lo único que le ofrezco como respuesta a la inquisitiva mirada del hombre detrás del escritorio.

 – Sr. Stilinski, en caso de que usted y el sr. McCall hayan decidido iniciar una competencia para establecer al individuo más incompetente de la clase, le sugiero desistir. Después de todo, su compañero le lleva la delantera por un gran margen –  mi nombre parece veneno quemando su garganta y el resto de sus palabras no suenan mucho mejor.

 – Disculpe profesor, es que, cuando veo un desafío, no puedo evitar el intentar superarlo.  –  una ira sulfurosa sube por su cuello hasta enrojecer sus orejas, oficialmente he cavado mi propia tumba.

 – Oh, así que tenemos un joven muy tenaz dentro de nuestro salón. Permítame presentarle un verdadero desafío –  la forma despectiva con la que pronuncia las palabras se filtra en su sonrisa hasta volverla una mueca sádica.

 – Puede disparar cuanto guste –  una sonrisa encantadora es el gatillo de un pin – pon infernal. Mis compañeros pasan su mirada entre uno y otro a medida que el cuestionario avanza dejando a todos desconcertados cuando las preguntas se tornan en temas cada vez más elevados. Para cuando el timbre atrona nuevamente, ni siquiera Lydia sabe sobre qué demonios estamos discutiendo. Sin embargo, hasta el despistado de Scotty es capaz de percibir lo furioso que se encuentra el profesor de química por haberse quedado sin preguntas. Por lo que un sequito de miradas asombradas por mi habilidad para dejar callado hasta al infame profesor Harris, da broche final a esta intensa charla.

 – Supongo que eso sería todo –  pregunto de manera inocente. La mira de Jackson es divertida cuando menea suavemente la cabeza, Lydia me evalúa como si fuera la primera vez que me ve y Cora me mira tan orgullosa que pareciera que fue ella quien mantuvo una tertulia de casi una hora con el maestro más despiadado de este instituto. Quien a falta de tiempo me calcina con la mirada y nos invita a todos a retirarnos. Puedo ver en sus ojos que esto no ha terminado cuando de pronto estos brillan con malicia.

 – Antes de que se retiren –  los alumnos que había comenzado a juntar sus cosas se estremecen ante las posibles represalias –  visto y considerando que son alumnos tan avanzados y manejan tan bien este tema la próxima clase presentaran un ensayo de mínimo quince hojas sobre él –  los quejidos descontentos resuenan a coro dentro de estas cuatro paredes. Ya puedo sentir un par de miradas acusatorias sobre mi espalda, genial no solo me gane el odio de este profesor, sino que hasta mis compañeros comienzan a odiarme –  Ahora sí, retírense.

El ambiente pesado de esa aula se diluye a medida que comienzo a acercarme al comedor, con Cora y Scott detrás de mí.

 – Eso fue genial hermano, realmente no tenías que enfrentar a Harris por mí, pero ahí estabas tú defendiéndote como todo un campeón –  Su sonrisa radiante logra tranquilizar un poco mis nervios que ya comienzan a aflorar al pensar en mi padre. Él estará muy decepcionado de saber que ya estoy trabajando a pulso para ganarme el interés de mis profesores. Al diablo mi tranquilo año escolar, y eso que el día recién empieza –  Aunque ahora tendremos que entregar un trabajo que seguramente reprobara incluso antes de leerlo y él nos hará la vida imposible hasta que nos graduemos del instituto o muramos por causa del estrés –  su sonrisa y mi esperanza mueren cuando, el que se supone que es mi hermano y debe alentarme en mis momentos más difíciles, termina de hablar.

 – Gracias Scott, tus palabras sí que saben alentarme –  él solo palmea mi hombro y se dispone a tomar su almuerzo.

 – Yo creo que fue asombroso –  dice Cora algo avergonzada por su intento de consuelo, esta chica realmente sabe cómo conmover a un hombre –  Realmente no entiendo como podías seguirle el ritmo, yo no entendía ni la mitad. Lo más probable es que yo también repruebe ese ensayo –  Una profunda mueca de disgusto opaca sus facciones y me obliga a retractarme, parece que ninguno de mis amigos sabe consolar a un soldado herido.

 – A pesar de como luce el puré especial es solo papas y un poco de cilantro –  digo burlón cuando su gesto se profundiza al ver la masa viscosa y blancuzca ser depositada en su bandeja.

 – Seguro son papas, la pregunta es de qué año –  dice la joven tapándose la nariz. Reímos camino a la primera mesa disponible y nos disponemos a comer. La chica tenía razón, un sabor peculiar por decirlo de manera sutil invade mis papilas gustativas al darle la primera probada.

Es oficial, a partir de mañana traeré mi propio almuerzo –  pronuncio apartando la bandeja –  Esto realmente esta horrible, hermano. Acabo de desilusionarme de la comida y eso que yo realmente podría comer lo que sea.

             – Y yo doy fé de eso –  respondió un muy solemne Scott, atrayendo la atención de Cora –  Cuando teníamos unos once años fuimos con Stiles al cumpleaños de Oliver, un chico que vivía a la vuelta de nuestras casas. Sus padres decidieron regalarle un hermoso ovejero alemán de al menos un año, el animal era casi tan alto como el cumpleañero, pero el parecía genuinamente feliz. Recuerdo a Oliver jugando con su nueva mascota y su madre entrando con dos enormes cajas de pizza, para segundos después acabar en el suelo con todas las porciones regadas por el suelo y a un muy alegre Rosco devorándolas. Lo más gracioso de todo era que mientras Oliver regañaba a su perro y su mamá intentaba recobrar la dignidad perdida junto a su peluca, Stiles solo se agacho, tomo una porción y se la comió como si nada, con baba de perro y todo.

             –  ¡Hey!   Esa es una asquerosa mentira, las había sacudido antes de comérmelas –  espeto con un puchero mientras mis amigos ríen a mis expensas.

El resto del almuerzo se resume en risas y humillación voluntaria. Luego de iniciar una competencia por quien cuenta la anécdota más vergonzosa, los buenos recuerdos del pasado y las más absurdas travesuras de la infancia toman el protagonismo de nuestra conversación. De vez en cuando, Cora ríe y suelta un comentario gracioso, pero no revela nada personal.

 – Y tú Resee’s, qué historias suculentas guarda la selva –  ambos me miran atónitos ante el ridículo apodo  –  O vamos, te queda perfecto –  la señalo acusadoramente y ella me reta con la mira, preguntando silenciosamente si me atreveré a terminar esa frase o el miedo a las represalias logrará cerrar mi boca por primera vez. Pero vamos, soy Stiles Stilinski eso nunca funcionara conmigo –  Pareces toda ruda e intimidante con tu chaqueta de cuero y tu cara de póker, pero en realidad eres un pedacito de crema súper dulce –  el color abandona la cara de Scott al oír mis palabras y la mirada de Cora se vuelve afilada como un arma mortal. Justo cuando estoy por lanzar la disculpa más patética de la historia sus gestos se distorsionan en una estrepitosa carcajada a la que pronto nos sumamos nosotros.

 – Si eso es lo que piensas de mí, ya quiero ver lo que digas cuando conozcas a Derek –  replica mientras se seca las lágrimas. Mi interés crece ante la mención del desconocido –  Derek es mi hermano mayor –  explica simplemente, con la esperanza de dejar el tema hasta allí, pero en mi emoción la insto a seguir y así lo hace a regañadientes –  Es muy serio y hosco, no habla casi nada y solo se la pasa gruñendo como un perro constipado –  las risas alivian la tensión y me dan la valentía para preguntar si él también se encuentra aquí, pues hasta donde yo sabía todos los hijos de la alcaldesa Hale se encuentran estudiando lejos –  En realidad él y Laura llegan mañana –  antes de que siquiera tenga tiempo a preguntar por la nueva compañera misteriosa, Cora suspira antes de agregar –  Ellos estuvieron viviendo en New York durante un tiempo, pero a pedido de mi madre regresaran a casa una temporada –  su suave sonrisa muere al pensar en ellos. Es como si el simple hecho de recordar a su familia y el pasado junto a ellos, fuera un doloroso borrón que trata de olvidar.

 – ¿Así que están preparando un mega reencuentro familiar? –  digo para alivianar el ambiente –  Debe ser una locura cuando toda la familia se reúne. En mi casa somos solo papá y yo así tenemos que ingeniárnosla para que no se torne aburrido –  comienzo una alocada anécdota navideña, que involucra a Santa, quince paquetes de paños húmedos y una piscina inflable.

Para cuando las clases terminan los tres nos encontramos caminando al campo de lacrosse. Gracias a la confusión de la castaña por ese extraño deporte, inicie una larga explicación sobre las reglas, la dinámica del equipo escolar y su victoria en los últimos dos campeonatos.

 – Es asombroso, ya verás que te encantará –  Comentaba lleno de emoción el joven de piel canela.

 – Seguro, porque estar en la banca es súper emocionante –  Respondió una voz a nuestras espaldas. La arrogancia se hacía carne en 1,75 mts de músculos definidos enfundados en un equipo de entrenamiento y una carísima colonia francesa. La aparición de Jack’s hizo a mis acompañantes fruncir el ceño, una debido a la fuerte fragancia extranjera y el otro a raíz de su comentario hiriente –  Y tu Stilinski ¿Lo probaras este año? Hablo de realmente tocar una bola –  Es realmente un maldito desgraciado, a pesar de su sonrisa de suficiencia él sabe perfectamente que puedo patearle el trasero sin necesidad de entrar en una cancha. El hecho de que sea el único lugar en el que él pueda devolverme el favor no significa nada. Si bien soy bastante bueno, tengo agilidad y grandes reflejos, cuando se trata de fuerza física, la suficiente como para taclear a un chico de unos veinte kilos más que yo, no es algo de lo que pueda presumir. Por otro lado, Scott, si bien se mantiene en muy buena forma, carece de resistencia debido a la intensa asma que sufre desde pequeño.  Motivos por los cuales, en nuestro último año en el equipo jr de Beacon, ambos nos mantuvimos en la banca toda la temporada. Mientras tanto mi encantador amigo aquí presente se coronaba como el mejor jugador por quinto año consecutivo.

 – No gracias. Sabes que me encanta un poco de buen ejercicio de vez en cuando –  suelto pícaramente –  Pero antes de andar sudando como puerco y golpeándome con otros adolecentes del doble de mi tamaño por una pequeña pelota, prefiero pasar mis horas remojándome en la piscina y luciendo lo sexy que me queda un buen traje de baño.

 – Considerando que no corres ni dos kilómetros sin desmayarte, dudo mucho que alguien quisiera ver ese espectáculo.

 – Si no me crees, puedes comprobarlo –  Me encojo de hombros y me aproximo lentamente hasta posicionarme frente a él –  Pero te advierto, el precio por ver a un verdadero dios es muy caro, así que prepárate, Whittemore, porque me asegurare de dejarte completamente seco –  el brillo peligrosamente travieso hace refulgir mis iris en melaza ambarina, lo suficientemente dulce como para empalagarte con la primera probado y tan embriagadores que pronto te tendrán adherido a las promesas silenciosas que se ocultan en la profundidad de ese océano dorado.

 – Lo que tú digas, Stiles –  dice desviando la mirada mientras un brote escarlata aflora por sus mejillas.

 – Stiles 1 Jackson 0, creo que alguien está perdiendo el toque –  tarareo infantilmente mientras sonrío victorioso y el niega. Los coqueteos esporádicos llenos de promesas vacías son una competencia amistosa en la que él primero en ser afectado, pierde. Es un juego sin segundas intenciones que se volvió parte de nuestra amistad. Por lo que Scott simplemente nos ignora, ya acostumbrado a este tipo de interacción, pero no pasa lo mismo con Cora. Ella nos analiza como si nos acariciara con un sable afilado, tanteando cualquier movimiento que delate que demonios fue todo eso. Me remuevo algo inquieto cuando su mirada me abandona y se posa evaluativamente en mi compañero. Su calificación no parece ser muy buena si es que su dura mirada me vislumbra algo.

 –  ¿Cuánto más se quedarán perdiéndose en sus miradas? Bilinski, trae a tu sequito al campo antes de que comiencen patear sus traseros hasta aquí. Diablos, ya me estoy arrepintiendo de haberme ofrecido como entrenador –  Su estrepitosa voz rasga nuestros tímpanos como una lija. Desaliñado, hosco e hilarante, esas son las primeras palabras que me vienen a la cabeza al observar al entrenador Finstock. El hombre de mediana edad vestido en un andrajoso traje deportivo mueve su pie impacientemente hasta que todo el equipo se reúne en el campo. Le dedico una última mirada alentadora a mis amigos y me dirijo junto a Cora a unos espacios vacíos en las gradas.

Por las siguientes dos horas me dedico a divagar sobre cuán superior es la natación en comparación del lacrosse, lo aburrido que es vivir en un pequeño pueblo de California y aprovecho para averiguar más sobre mi nueva amiga. Mientras vemos como el equipo hace su calentamiento suelto una avalancha de preguntas, que son respondidas con gestos y monosílabos.

 – Entonces, cuánto tiempo estuviste viviendo en Brasil – La pregunta parece captar por fin su interés.

 –  Al comienzo fue solo un año, nos fuimos de visita con mis hermanos para conocer a unos parientes lejanos. Son gente realmente cálida, con un corazón inmenso y allí todo es tan hermoso que no pude evitar volver. Apenas cumplí los catorce lo rogué a mi madre que me dejara ir de intercambio y allí estuve hasta la semana pasada –  se nota a leguas que ama ese lugar como si fuera su propio hogar. Me pregunto cómo será su casa en Beacon Hills, que es lo que habrá pasado en la impenetrable mansión perdida en la reserva para que uno a uno todos los miembros de la familia huyeran lejos. Me digo a mi mismo que toda familia guarda al menos un muerto en el placar, y que si somos completamente justos los Stilinski tampoco somos mejores. Me regaño mentalmente, papá está intentando dejar el pasado atrás y yo debería hacer lo mismo.

Los gritos del entrenador me sacan de mi estupor y devuelven mi atención a la cancha bajo mis pies.

 – Muy bien señoritas eso sería todo, recuerden que la alineación oficial la decidiré al final de la semana, así que esfuércense por no parecer unos perdedores –  su mirada escanea a los sudorosos y jadeantes jóvenes deportistas y niega con severidad –  Esfuércense, y tu Greenberg, será mejor que empieces a rezar, con esa velocidad hasta mi abuela podría alcanzarte, y ella murió hace veinte años –  las risas silenciosas guían el camino hasta las duchas. Y me precipito a darles alcance.

 – Jack’s –  grito antes de que ingrese en los vestidores. Con la remera pegada por el sudor y el cabello revuelto por llevar el casco se da la vuelta para mirarme con su típica sonrisa arrogante.

 – Lo siento Stilinski, pero no puedes entrar a las duchas conmigo –   se encoje de hombros ganándose una mirada asesina de mi parte.

 –  No te hagas ilusiones. Para tu información si quisiera entrar a las duchas con alguien primero no preguntaría, es obvio que dirían que sí, y segundo, te puedo asegurar que no sería contigo. Eres lindo y todo, pero te faltan un par de años para ser mi tipo –  La risa de Danny, quien se quedó rezagado esperando a su amigo, resuena en el pasillo vacío, ganándose una mala mirada de parte de Jackson y una muda advertencia para que nos deje a solas.  El hawaiano desaparece rumbo al vestuario, no sin antes advertirme de forma sugerente que no deje convencer por Jackson. Este se acerca con la cara regia hasta estar a un palmo de mi rostro.

 – Para que quede claro, Jackson Whittemore es el tipo de todos  –  Sus labios casi pueden tocarme y mi corazón se alborota ante la creciente cercanía –  y ahora estamos empatados –  me sonríe con suficiencia y se aleja lentamente –  Y entonces, qué querías –  pregunta indiferente.

 – Eso no se vale, la intimidación física no cuenta –  espeto avergonzado a lo que él niega divertido, él realmente es un maldito tramposo –  Como sea, venía para saber a dónde iremos después de esto –  su cara se inunda en sorpresa ante un dato que parecía ignorar –  No me digas que lo olvidaste –  la culpa de quien ha sido atrapado con las manos en la masa se vislumbra a simple vista –  Tú me pediste que saliéramos y ahora me cancelas –  la incredulidad en mi voz lo hace retroceder un paso como si temiera lo que está por venir –  Creí que esto era importante y que trataríamos de solucionar las cosas. Se suponía que al menos entre nosotros mantendríamos nuestra palabra –  sacudo bruscamente mi cabeza cuando la ira comienza a nublar mi juicio. Dos malditos meses de espera para poder verlo, fui paciente y estaba dispuesto a disculpar sus ofensas, a tolerar a Lydia y a dejar el tema de su adopción atrás, pero él tenía que ser un idiota –  Te vas a encontrar con Lydia, no –  no me importa el pánico en su rostro o la culpa en su mirada, si él quiere ser una mierda pues adelante –  Sabes qué, has lo que quieras, sinceramente ya soporte suficiente como para querer seguir con esto –  Su mano intenta darme alcance cuando comienzo a retirarme del lugar, pero lo esquivo y avanzo como si no me importara dejar atrás a uno de mis mejores amigos, como si la tristeza en su mirada no hubiera quemado algo dentro de mi alma y ahora mi cuerpo entero no se encontrara en llamas.

 – Por favor Stiles, puedo posponerlo si quieres –  sus suplicas desesperadas me hacen parar a mitad de camino hacia la salida.

 – Ambos sabemos que no estás listo para eso. Te quiero Jackson, pero en este mismo instante estas siendo un cobarde y ya no sé si importa en realidad –  una sonrisa triste se cuela en mis labios –  Dejémoslo para otro día en el que estés menos ocupado –  intenta detenerme recitando mi nombre como un mantra, pero no dejo que me afecte –  Nos vemos después Jack’s, disfruta tu cita –  la pena se vuelve un peso que oprime y ahoga mi respiración a medida que avanzo hacia mi casa. No puedo tener un ataque de pánico ahora, me digo a mí mismo y, sin embargo, me encuentro deteniendo el auto a mitad de la carretera mientras lucho por respirar. Tranquilo Stiles, esto no te matará, es lo que me repito mientras comienzo a hacer ejercicios de respiración. No sé con certeza en tiempo que estuve varado en medio del camino esforzándome por respirar, solo sé que el sol se está poniendo cuando pongo en contacto mi querido sheep.

La silenciosa casa me da la paz suficiente para despejarme y me digo a mi mismo que debo de ocuparme de cosas más importantes. Uso mi tiempo libre para repasar todo lo que sabía sobre el escabroso descubrimiento que hace algunas noches sacudió a todo Beacon Hills. Aparentemente la mitad inferior del cuerpo de una muchacha se había encontrado a las afueras del bosque. Según decían los susurros indiscretos de los lugareños un nuevo ataque animal había tenido lugar la pasada luna llena. Con este se sumaban un total de cuatro muertes, todas las victimas presentaban desgarradoras marcas de zarpazos y profundas mordidas. Abrí mi computador y con presionar un par de teclas ya tenía a mi disposición los archivos policiales del caso. Tal parece el ataque a la joven desventurada había ocurrido esta misma madrugada y aún no se podía identificar a la víctima, pues todavía faltaba encontrar la otra parte del cuerpo. Una idea macabra surco mi mente tan fugaz y espeluznante como un espectro. Ya sabía que haría esta noche, si Jackson creía que andar besuqueándose con su novia era más entretenido que pasar el rato conmigo, me aseguraría de no darle la razón. Pues tal parece tengo un cuerpo que encontrar y a un villano que capturar. Y, para mi suerte, tenía al Rovin perfecto para la tare

Chapter 2: Capitulo 2

Summary:

Luego de que Stiles y Scott se adentraran en el bosque, cientos de misterios comensaran a acecharlos con tal de mantener las distancias. Considerando la nueva naturalesa de este último muchacho, no habrá nada que puedan hacer para lograro.
Además, la aparición de un nuevo Hale en el pueblo, estremeserá a más de uno.

Chapter Text

Alfombras de acículas y frondosas cúpulas de espeso follaje se cernían sobre nosotros a través de los laberínticos senderos de un bosque a oscuras. En un vano intento por calmar a mi acompañante, quien se quejaba de lo difícil y larga que se había tornado nuestra macabra excursión, comencé a exponerle el porque era buena idea adentrarnos una madrugada a mitad de semana en medio del bosque, cuando las nubes presagiaban claramente una búsqueda tormentosa. Si bien el hallazgo de la mitad de un cuerpo desmembrado, con un asesino acechando, podría no ser lo ideal para un lunes en la noche, la alternativa de una aburrida cesión de videojuegos ante la posible gloria, en parte sombría y en parte heroica, que alcanzaríamos esta noche, sería suficiente para levantar mi ánimo y ser la nueva comidilla del club de Judit por al menos tres semanas consecutivas, lo que sería sin duda una nueva marca personal.

Tenía que admitir que Scott era un muy buen amigo, es más, él era sin lugar a dudas uno de los mejores. Cuando lo llame hace un par de horas y no recibí respuesta alguna estuve a punto de darme por vencido y venir solo a mi pequeña aventura nocturna, pero fiel a mis principios no me rendí y tomé las llaves de mi hermoso sheep, para luego conducir todo el camino hasta su casa. Al verme atorado colgando boca abajo luego de un inútil intento por trepar a su ventana casi fui apaleado por mi mejor amigo al creerme un intruso desconocido. Era cierto que este no fue mi primer allanamiento de morada, pero la infracción no contaba cuando había pasado tanto tiempo en esa casa que tranquilamente me podían considerar parte de la decoración. Considerando la desagradable bienvenida, me hice un favor a mí mismo y tomé una nota mental para hacerme con una copia de las llaves de la casa, para que, al menos así, no volvieran a confundirme con una piñata humana.

Si bien la parte de infiltrarme en la casa de mi querido Scotty no funciono, no hay nada como un buen susto para llamar su atención. Luego de contarle sobre mi grotesco hallazgo mi amigo comenzó a replantearse nuestra amistad. Pero a pesar de todo, de esto se trataba nuestra relación. Un plan desopilante que tenía todas las probabilidades de salir mal y un par de muchachitos hambrientos de aventura y dispuestos a crear imposibles.

 – No creo que esto sea buena idea –  replica –  No eres tú el que dice que el 60% de los asesinos regresan a la escena del crimen ¿Qué hacemos si el asesino aparece? –  pregunta preocupado con la esperanza de hacerme entrar en razón y que al fin abandonemos esta absurda cruzada.

 – No había pensado en eso –  la esperanza brilla triunfal en su mirada –  Mmm, entonces lo dejaremos a la suerte, corremos en direcciones opuestas y al que atrape le daremos una noble despedida –  Sé que en momentos como estos él odia mi lengua ingeniosa así que lo consuelo con una sonrisa cómplice.

Un voto silencioso encabezaba nuestra procesión a través del desolado boscaje que rodea la extensa reserva de Beacon Hills.  Nuestras oscilantes linternas, cortesía de la cochera de papá, alumbraban nuestro camino a medida que nos adentrábamos en el trémulo paisaje. Eran cerca de la medianoche, pero aún continuamos avanzando a medida que pequeños ruidos indiscretos se cuelan asoladores en la penumbra, acelerando nuestro palpito al límite de una trampa sin retorno; mientras sombras traga hombres se aferran a nuestros pies e intentan arrastrarnos a través de la oscuridad de la noche. Ramas rompiéndose a la distancia ponen nuestros nervios a flor de piel y la adrenalina burbujeando a punto de explotar. Puedo sentir la presencia imponente de un depredador acechando a nuestro alrededor, pero no es eso lo que más me inquieta, sino el no saber si mi perseguidor es humano o no. La forma astuta con la que cerca nuestro camino sugiere una inteligencia superior, pero los constantes jadeos y gruñidos animales sugieren otro tipo de naturaleza. Sin importar cuál sea la respuesta correcta es preciso afirmar que aquel que habita en las sombras es más monstruoso que cualquier ser que haya visto. La premonición de una terrible casería llega demasiado tarde en forma de un inquietante aullido.  Scott y yo comenzamos a correr a toda prisa, pero no conseguimos mantenernos a distancia cuando fauces serpenteantes se afanan por darnos alcance y se cierran sobre mi compañero. Empujo a mi acompañante lejos del camino de nuestro cazador y me arrojo rápidamente al suelo, en un error de cálculo Scott termina rodando colina abajo y yo me agacho en el momento justo para evitar perder la cabeza, y ruedo para escapar del imponente monstruo que se abalanza sobre mí recibiendo así un profundo zarpazo en el brazo izquierdo. Me incorporo rápidamente y comienzo a alejarme con velocidad para guiar a esa cosa lejos de mi amigo. Corro hasta que mis pulmones arden y se contraen jadeantes en busca de oxígeno. Todo pasa cual borrón frente a mis ojos hasta que percibo un antiguo tocón y siento el tiempo ralentizarse mientras admiro su inmensidad que aparenta infinidad. No me doy cuenta en qué momento los faroles azules que me perseguían se tornan en luminosas antorchas, pero sí en cómo el roció se convierte en torrente a medida que esto sucede. Casi mágicamente veo surgir las brillantes linternas de la cuadrilla de peritaje a través del pinar. Los cansados policías se abalanzan ante la primera señal de movimiento que en medio de las densas cortinas de lluvia logran identificar los bravos sabuesos. Ante la airada bienvenida logro tranquilizar mi desbocada respiración para levantar las manos descolocado y jurar que simplemente se trataba de una sesión de entrenamiento estilo Rocky para entrar en ambiente para la nueva temporada. Después de todo ¿Quién no ama al equipo de lacrosse? En una de esas, un verdadero fanático me deja ir antes de que mi padre se entere de que anduve deambulando en medio de la noche por un bosque aterrador.

 – Tranquilos –  la profunda y profesional voz del sheriff de Beacon Hills apacigua las aguas automáticamente y los oficiales que me retenían se apartan rápidamente. Otra es mi suerte, ya que su cansada orden tiene un efecto totalmente contrario –  Ese pequeño criminal es mío –  Su mano en mi hombro transforma mi cuerpo en un muñeco de legos nerviosos y en una cuadrática caminata sigo a mi padre hasta la patrulla –  Deja de colgarte de la frecuencia de la policía o enserio haré que te arresten. Y bien, dónde está Scott –  pregunta severamente para iniciar el interrogatorio.

 – Quién es ese, yo no conozco a ningún Scott. Qué es un Scott –  el torrente de preguntas nerviosas solo acentúa la muda advertencia del sheriff sobre lo delgada que se encuentra la cuerda de su benévola paciencia en estos momentos. Y cómo no habría de estarlo si hasta en medio de esta penumbra puedo notar como se debe de estar sintiendo el hombre bajo ese pesado uniforme. El cansancio que delatan sus ojeras, por los días sin dormir debido a tantas tareas por terminar. Su desaliñado aspecto, todo cubierto de barro y empapado hasta los huesos. Y el hambre voraz que le remueve las entrañas debido a que estaba demasiado ocupado como para probar algo más que el pequeño desayuno de esta mañana. Un dolor hueco carcome mi pecho y me percato de que ante sus ojos debo de verme igual, un muchachito delgaducho que, a diferencia de él, no tiene nada que hacer aquí. Me muerdo la lengua derrotado, a pesar de estar aquí para ayudar, sé muy bien que “el sheriff no quiere a niños que juegan a ser Sherlock merodeando sus escenas del crimen” –  Scott se quedó en casa –  pronuncio aparentando sentirme derrotado y un poco traicionado –  tenía que practicar porque esta semana hacen las pruebas para asignar los puestos de la formación titular –  la incredulidad surca su mirada haciéndome continuar –  Y Jackson sigue siendo un completo imbécil –  Sé que traer a colación un tema en el que papá no profundizará, por ser tan delicado, es hacer trampa, pero es el pellejo de mi amigo lo que nos estamos jugando aquí. Ya que, puede que Melissa le prohíba verme si se entera que rompimos el toque de queda impuesto por la policía, que acaba de detenerme, debido a los cadáveres hallados recientemente, que era precisamente lo que estábamos buscando.

 –  Qué es esto –  preguntó mientras ponía mi antebrazo en alto, en él se veían una serie de profundos y delgados cortes

 – Oh, me caí mientras corría –  Su mirada preguntaba silenciosamente a quien de los dos estaba tomando por idiota –  Oye, puede que haya salido a entrenar un poco antes de comenzar con el equipo de natación y de paso cumplir con mi deber cívico y contribuir con las recientes investigaciones –  la inocencia que ilumina mi rostro es completamente ignorada por los años de servicio del hombre frente a mí.

 – Supongamos que te creo –  Dice luego de escudriñarme durante los dos minutos más largos de la historia. Al creerme a salvo vuelvo a respirar con normalidad –  El oficial Parrish te llevará a casa para asegurar que estés a salvo y haré que otro oficial se lleve tu auto a la estación ya que no lo necesitaras hasta mañana en la tarde, a no ser que tengas algún amigo furtivo del que debas declarar –  Esa sonrisa amable al final de la oración solo oculta un profundo sentimiento de victoria que solo un padre puede experimentar cuando ha atrapado a su hijo completamente.

 – No, que va. Solo somos tú y yo, obvio, si no contamos al montón de policías armados y la mitad superior de una tierna jovencita jugando a las escondidas en medio de la nada –  El que no lo estuviera negando significaba que había acertado. Las pruebas halladas hasta la fecha eran una zapatilla de correr y la mitad de un cuerpo del que no tenía más que un par de fotos debido a que el forense no podía realizar todavía un informe. Y a pesar de ello estos fueron los datos que logre obtener: mujer caucásica, de entre 20 y 30 años, castaña y de un 1,70 metros de altura aproximadamente. Llevaba ropa de deporte, pero por las marcas elegidas y el desgaste, no solo era de clase alta, sino que lo hacía de forma profesional. Lo que indica que podría ser una de las quince mujeres con las que encontré coincidían con esa descripción. Cuando llegase a casa le enviaría la lista de las posibles víctimas, aunque más importante que el nombre de ellas, estaba el motivo. Había dedicado mi tarde – noche a redecorar mi cuarto con un recopilatorio de todos los datos policiales sobre los extraños ataques. Si bien se consideraba a estos últimos cuatro asesinatos como desafortunados ataques animales, y a pesar que era cierto que la brutalidad de los crímenes parecía casi bestial, había algo en ellos que los volvía tan sínicamente humanos que mientras admiraba el desorden de papeles en el suelo de mi cuarto un escalofrío logró helar mi sangre. Sea bestia, sea hombre, esta noche había confirmado algo, ciertamente debía de ser un monstruo.

 – Oh, diablos –  Mis ojos se abren enormes ante la obvia revelación. Scott, un asmático chico de secundaria, estaba solo, perdido y lastimado en medio de una lluvia torrencial y un bosque en penumbras. Al diablo si Melissa se enojaba por esto, si su hijo llegase a morir de hipotermia por mi culpa no solo nos castigarían a los dos, sino que ya nunca existiría un los dos. La opresión en mi pecho y la inquietud desbordando en mis manos que avecinaba un posible ataque de pánico no evitó que tomara mi celular, aún con mi padre charlando con otros policías a un par de metros de mí, y marcara a su celular. 

 – Hola –  las palabras salieron tan suaves y entre cortadas, luego del tercer pitido, que mi retumbante corazón casi las opaca.

 – Hermano, dónde diablos estás –  el alivio de saberlo vivo me llevó a tomar conciencia y al fin alejarme de los oficiales presentes.

 – En mi casa –  fue tan tranquila y simple su respuesta que por unos segundos me descoloco.

 – En tu casa –  dije analizando sus palabras, su casa estaba a unas buenas 20 millas desde donde había estacionado el sheep y considerando que nos habíamos estado adentrado durante una hora en el bosque, era imposible que el llegara a su casa tan rápido –  Te refieres a tu casa, casa, donde vives con Melissa, la que queda a la vuelta de mi casa –  esperaba que mi incredulidad pudiera despabilar a mi adormecido amigo.

 – Sí, casa –  luego de un pequeño silencio agregó débilmente –  Ahora estoy cansado hablamos después.

No sabía que pensar, el silencio en la otra línea revelaba el fin de la llamada, pero incluso cuando llegó la despedida mi ansiedad no hizo más que socavar mi pecho y alojarse en mi corazón. Cuando iba a iniciar una avalancha de llamadas mi celular se apaga por la falta de batería. Esta vez, la frustración y la rabia me poseen en el momento en que los ojos celestes brillantes del oficial Jordan Parrish se colocan en mi campo de visión.

 – Esto es tan cruel, después de todos esos consejos para llegar al corazón de mi padre, así es como me pagas? –  un pequeño puchero busca aliviar la cara cansada del oficial.

 – Oh vamos Stiles, esta noche ya se ha hecho lo suficientemente larga ¿No quieres regresar a casa? Porque te aseguro que yo si –  su apariencia gritaba por un baño y una bebida caliente –  Además, deberías dejar de decirlo así, la gente podría malinterpretarlo –  Con un evidente sonrojo abochornado me señalo la patrulla como una orden muda. Sin rezongar me subo en los asientos traseros al convencerme de que mientras más rápido llegue a casa, más rápido podré confirmar dónde se encuentra Scott.

Intento recordar qué tipo de sabueso era el que nos atacó, si había alguien más junto a él, en qué dirección nos adentramos en el bosque antes de huir, donde podría estarse refugiando Scott, qué tan herido estará, qué ropa llevaba puesta, qué le diré a Melissa cuando su turno termine, qué debería decir en el colegio, qué pasara con nuestro trabajo grupal de español y quien debería decirle a Lydia que se quedó sin compañero de laboratorio. La ansiedad me tiene zumbando cual abeja cuando mi escolta me llama.

 – Todo bien Stiles –  El nerviosismo en su pregunta me saca de mi estupor y me devuelve a la mirada preocupada en el espejo retrovisor y a la deteriorada fachada en que se ha convertido la morada Stilinski.

 – No es nada –  le resto importancia con un gesto vago –  me dieron ganas de darme una ducha e irme directo a la cama –  miento descaradamente con la esperanza de que abandone mi acera en vez de en 20 minutos, como mi padre seguramente le indicó, en al menos la mitad de ese tiempo.

 – Quien lo diría, hasta a tú puedes quedarte sin energía –  le sonrío incómodo mientras bajo del auto y corro a mi casa en un vago intento por mojarme lo menos posible.

  A pesar de tener a Jordan vigilando la entrada, me desespero por la vorágine de incógnitas que devora mi cerebro, y tomo la decisión de huir por la puerta de atrás.  Enmudecido avanzo a tientas hasta dar con el patio de Scott. Trepo el árbol del que hace apenas unas horas me caí, recordándome que la segunda es la vencida o al menos la cosa va por ahí. “Centra tu peso en las puntas de los pies al caer y luego distribúyelo suavemente por el resto de la planta, el secreto es hacerlo con suavidad para que no te oigan llegar.  Ya verás caperucita, cuando lo logres serás como una viuda negra, pequeña, silenciosa y con una gracia mortal” la sonrisa come mierda que me dedico mi querido primo al terminar la frase, me alentó una vez más.  Con los fluidos movimientos de un equilibrista subí hasta la cima y me posé en el alfeizar de la ventana del cuarto de Scott. Desplegado cuan largo era, sobre su colchón se encontraba el chico en cuestión y, sino fuera porque yo mismo me sentía cansado y sobrepasado, hubiera irrumpido en la habitación y le hubiera dado una terrible reprimenda.  Pero no debía apenarme, aún tenía el resto de la semana para devolverle con creses el mal rato ocasionado.

Me bajé con un ruido sordo del primer piso de la casa McCall y me dirigí directo a la mía. Terminé de preparar café en el momento justo en que Jordan arrancaba el coche y regresaba a la estación. Por fin algo de paz. Me quité los tenis mal puestos, producto de maniobrar a ciegas, y subí tranquilamente hacia mi cuarto para al fin darme una ducha.

Decidido a enfrentar el inmenso mar de información que inunda mi habitación, los acomodé hasta que los papeles quedaron más o menos ordenados en un complejo diagrama. Comienzo a analizar los nuevos datos; El lugar donde se encontró la primera parte del cuerpo, que resultó ser extremadamente lejano a la zona donde Scott y yo nos separamos, y por ende aún más apartado de donde me encontré con las cuadrillas de rastreo. El nombre de la nueva víctima fue fácil de encontrar gracias a una rápida ojeada al registro de personas desaparecidas, pero las posibles relaciones que guarda con las demás víctimas, cosas como gustos, lugares frecuentes y círculos sociales requeriría un par de llamadas a mis informantes más eficaces. Los antiguos casos similares de años anteriores, que por cierto, son demasiados para un pequeño condado como el nuestro, y todo cuanto encuentro al respecto. Los flashes de información, combinados con las horas sin dormir y el exceso de cafeína, pasan uno a uno cual caravana mortuoria frente a mis ojos y sumergen mi mente en una extraña nebulosa.

Una bestia humanoide se arrastra por el bosque poniéndome la piel de gallina. Neblina espesa se aferra a mis pies ralentizando mi marcha lejos del podrido olor de cuerpos descomponiéndose, sin embargo, mientras más me alejo más intenso se vuelve el nauseabundo olor. Cuando por fin mis pies se detienen veo una cueva bañada en carmín con una inmensa masa peluda respirando placida como quien tiene el estómago lleno luego de un festín. La agonía de quienes devoró, de quien torturo y cazo a través de estas arboledas se repite en mis sentidos hasta que los antinaturales ojos eléctricos de un cazador alerta se giran en mi dirección. La sobrecarga de emociones me arrebata de esa bruma justo cuando el sol comienza a extender sus rayos sobre el horizonte.

Al llegar al colegio no me tomo el trabajo de saludar a nadie y nadie lo intenta tampoco, después de todo mi actual apariencia cadavérica se asemeja más a la joven del bosque que un adolescente de 17 años. A falta de mi hermoso auto tuve que levantarme una hora antes para llegar a tiempo y considerando que apenas puse un pie en la cama la alarma destruyo cualquier intento de sueño reparador, solo me apresuré a cambiarme y tomar casi por completo mi peso en café. Es cierto que podría haber llamado a Jack’s para que me llevara, pero, por cómo están las cosas ahora, preferiría no tener que verlo en lo absoluto. Ese es el motivo por el que deambulé cual fantasma de Canterville desde mi casa hasta el instituto. Los abarrotados pasillos hasta mi casillero se vuelven tolerables bajo la promesa de una posible bebida energética de la máquina expendedora al final del corredor. Cual espectro de ultra tumba vaga agonizante un agotadísimo Stiles Stilinski hasta ser interceptado por un muy agitado Scott McCall.

 – Amigo, necesito contarte algo urgente. Creo que las cosas se pusieron realmente raras anoche y para rematarlo la he encontrado –  a pesar de su preocupación el joven latino no aparenta ser la versión full HD de un zombi por lo que me tomo un momento para envidiarlo profundamente, hasta que mis neuronas hacen sinapsis y recuerdan todo lo ocurrido la noche anterior. Lo jalo hasta tenerlo a un palmo de distancia y le respondo.

 – Tengo muchas preguntas que hacerte, pero aguarda un instante –  golpeo fuertemente su hombro derecho y él lo soba mientras maldice mi incomprensible arrebato –  Eso te pasa por desaparecer en medio de la nada, contestar a mi llamada de la forma más espeluznante posible y luego ignorarme mientras la culpa de abandonarte me carcomía la cabeza, todo para encontrarte durmiendo plácidamente en tu camita –  su cara de cachorro regañado profundiza mis ganas de matarlo –  la próxima vez me asegurare de abandonarte tan profundamente en el bosque que nunca puedas regresar y termine comiéndote alguno de los animales salvajes que merodean la reserva –  cuando su cara palidece lo suficiente, retomo a lo realmente importante –  Qué te sucedió ayer, realmente estas bien –  la preocupación empapa mis preguntas hasta humedecer mis ojos y él me guía rápidamente al aula vacía más cercana.

 – Realmente no lo sé, mira esto –  se levanta la remera revelando una enorme gaza empapada en sangre envolviendo su costado. Rozo suavemente la punta que bordea su abdomen, esa parece una herida realmente profunda. Me regaño a mismo diciendo que debería haber entrado en su habitación y asegurado de primera mano que mi intrépido Rovin no se estaba desangrando. Automáticamente muerdo mi labio con fuerza para retener un doloroso suspiro. No debo detenerme en qué hubiera pasado, sino en la situación frente a mí. Me percato de la cercanía familiar que estamos compartiendo y comento pícaramente.

 – Creo que las cosas están escalando muy rápido. ¿No deberías al menos invitarme un desayuno antes de escabullirnos a un aula solitaria y empezar a desvestirnos? –  la sonrisa apacible que me envía es un sinónimo de que estaremos bien, de que aun somos nosotros y aun permanecemos enteros –  Ya hablando enserio, muéstrame que tan mal está –  comienza a retirar la venda lentamente y me preparo mentalmente para ver carne mutilada y sangre a medio coagular. Agradezco profundamente el no haber desayunado aún. La sorpresa me descoloca cuando lo único que me saluda es su tersa piel canela, sin siquiera una marca cubriéndola.

 – Qué diablos –  la pregunta sale indignante en sus labios y me mira desorbitado –  Esto no tiene sentido, te juro que antes de irme a dormir tenía una enorme mordida abriéndome el costado –  Tantea la marca faltante para comprobar si sus ojos se tomaron un descanso de 15 minutos y voltea a verme casi demandante por una explicación.

 – Quizás estabas muy cansado anoche y sumado a lo oscuro que estaba, no lograste ver bien –  hasta yo noto el absurdo de mis palabras. A menos que él mismo se hubiera amputado un dedo no hay forma de explicar tanta sangre –  Talvez se trate de una infección que acelero el proceso de regeneración de tus células. ¿Tienes idea de qué pudo haberte mordido?

 – Realmente no pude verlo con claridad, pero creo que fue un lobo –  Ahora es mi turno de asombrarme, esa última palabra baila burlona en mi lengua incitando a mis pensamientos a tornar un camino sin retorno. No, no debe tener nada que ver con eso, sentencio duramente

 –  Los lobos se extinguieron hace más de 80 años en California, lo más probable es que fuera un león de montaña – me recuerdo en voz alta a lo que él asiente.

 – Pero tú lo oíste, eso fue sin duda un aullido. Es más, cómo es que tú sigues entero –  una duda elemental parece atravesar su despistada cabeza –  Cuando me arrojaste a un lado, el lobo, león de montaña o como quieras llamarlo comenzó a perseguirte y luego desaparecieron –  Ambos nos encontramos descolocados ahora. Él me evalúa detenidamente buscando posibles lesiones, para terminar, percatándose de la venda en mi muñeca –  Enséñame eso –  dice horrorizado, como si la opción de que yo también podría estar lastimado cruzara su mente por primera vez.

 – Acaso este es uno de esos momentos donde tú me enseñas el tuyo y luego yo el mío –  digo burlón y él comienza a impacientarse –  Son solo unos rasguños –  explico a medida que remango mi camisa y desenvuelvo mi antebrazo. El pánico es palpable cuando los profundos cortes de la noche anterior permanecen idénticos, un poco más cicatrízales, pero iguales en general.

 – Cómo huiste de esa cosa. No te ofendas, sé que tienes una buena resistencia y todo, pero ese lobo sin duda era barias veces más veloz que un humano –  Y la pregunta me descolocó hasta a mí.

 Es cierto que corrí como un loco anoche, pero si meditamos el viaje con el oficial Parrish, el lugar donde aparecí estaba a unas dos horas de casa. Considerando el acercamiento de 30 minutos en el sheep y los otros 30 minutos que estuvimos caminando sin sentido, era imposible que en unos pobres 15 minutos pudiera recorrer lo que le llevaba a un senderista profesional un par de horas de caminata. Pero no era el único que realizó una hazaña semejante la pasada luna llena. Según la llamada de ayer, él muchachito frente a mí había recorrido una hora y media de caminata en apenas unos minutos. Algo realmente no cuadraba y eso comenzaba a inquietarme profundamente. Al punto donde una sinuosa energía nerviosa reptaba por mis pies, hacía temblar mis rodillas, subía hasta anidar en mi estómago, vibraba en la punta de mis dedos y sacudía cual terremoto mi cansado cerebro.

 – Corrí hasta que me topé con las cuadrillas de rastrillaje y mi papá hizo que una patrulla me dejara en casa mientras retenía mi auto –  mi cara de desagrado no se hace esperar.  Noto que la pregunta sobre mi demacrada apariencia pica en la punta de su lengua y suelto sin más –  Me pasé toda la noche repasando el caso y todas las pistas que encontré. ¿Y tú bella durmiente, cómo llegaste a casa? –  mi desdén le recuerda que los rencores de anoche no se quedaran sin saldar.

 – Si yo soy la bella entonces tu eres cenicienta, a ti hasta te pasó a buscar la carroza –  Dice con un puchero. Él siempre tan ridículo a la hora de sacarme una sonrisa –  Eso tampoco lo sé –  comienza a rascarse la cabeza como si le tomara demasiado trabajo el recordar las horas pasadas –  Me espanté cuando la vi, así que corrí y de pronto estaba en casa curando mi herida, entonces tu llamaste, pero estaba realmente cansado así que fui a dormir. Pero todo es muy confuso, es como si estuviera adormecido fuertemente y de pronto despertara después de una cirugía sin siquiera saber qué me hicieron.  Esto se está tornando una verdadera mierda –  yo asiento de acuerdo mientras repaso pensativamente sus palabras.

 – Aguarda, desde hace un rato repites que has encontrado algo. ¿Qué fue lo que hallaste? –  parece percatarse de un hecho olvidado a medida que el horror distorsiona su rostro.

 – La encontré, encontré la mitad del cadáver. Cuando caí, ella estaba ahí –  la sorpresa e incredulidad surcan mi rostro.

 – Crees que puedas guiarme hasta ahí, tenemos que volver urgente –  pregunto apresurado. Si consigo darle un vistazo al cuerpo, quizás pueda averiguar algo más sobre el atacante y de paso ahorrarle horas de rastrillaje al departamento del sheriff.

 –  Creo recordar dónde era –  dice pensativo, mientras comienzo a trazar planes y estrategias para revisar el cuerpo sin quedar implicado, cuando de pronto me percato de un pequeño percance.

 – Mierda, no me entregarán el auto hasta la tarde –  el apoyo silencioso en medio de esa palmada en mi hombro no alivia mi malhumor –  Tendremos que ir cuando las clases acaben –  el timbre suena dando por terminada esta conversación.

Las horas pasan lentas haciendo a mi pierna brincar de impaciencia y a mi cerebro adormecerme de aburrimiento. Aun así, luego de un par de energizantes, me encentro lo suficientemente lucido para captar un par de cosas. El miedo en los ojos de Cora cuando dio un paso atrás al vernos entrar al salón y la mirada cautelosa con las que nos escrutinio cada vez que coincidíamos en una clase o la manera en que su casi amistad con Scott se había convertido en un odio perpetuo, cargado de silencios, miradas severas y actitud defensiva. Muy al contrario, luego de superar el shock inicial, me analizó sin importarle ni un poco el espacio personal, tomó mi brazo lastimado y exigió verlo, lo descubrió en pleno pasillo y evaluó mi herida con detenimiento. Casi podría asegurar que realizó una fuerte olisqueada cuando le acercó su nariz. Al concluir su intrépido chequeo me miro con sorpresa y la sonrisa más incrédula y fascinada que hubiera visto nunca. Esta demás decir que permaneció junto a mí cual muralla impenetrable evitando a toda costa que Scott se me acercara a más de un metro de distancia. Si bien entiendo que con una sudadera dos talles más grande la marcada musculatura que envuelve mi cuerpo no pueda apreciarse con claridad, pero dudo que me vea como un escarbadientes a punto de romperse.  La duda me alarma e indigna al punto donde disiparla no es una opción. Es oficial, a partir de ahora usaré solo ropa ajustada fuera de casa, porque por más gracioso que sea ver a Scott ser retenido y tacleado por una chica una cabeza más baja, el que esa misma chica crea que tiene que protegerme daña mi orgullo severamente. No estuve entrenando hasta el cansancio durante tantos veranos para que otros tengan que protegerme.

La riña logro apaciguarse luego del primer receso con la llegada de una nueva alumna de flamantes ondas chocolate y ojos del mismo color. Su aparición resumió el ya de por sí precario vocabulario de mi querido amigo a dos suspirantes palabras, Allison Argent. Si no era para hablar sobre su precioso cabello o su hermosa mirada o la dulzura de su voz, mi encantado compañero, no dejaba de soñar despierto. Por lo que no notó el súbito interés de Lydia y Cora por la recién llegada. Tampoco la forma en que la primera trataba de mantenerla cerca a toda costa y la segunda buscaba hacer todo lo contrario.

Cuando llego la hora del almuerzo el gruñido que profesó Cora en mi oído fue tan tajante que logró cortar mi respiración. “Nunca confíes en una Argent” fueron las palabras que me hicieron estremecer, cuando arto de observar la mesa en la que Alison se sentó, decidí acercarme a saludar y así averiguar qué fue lo que despertó el interés de tantos jóvenes por ella.  Al final, la advertencia de mi amiga y la presencia de Jackson en la mesa contraria hicieron mi ánimo desfallecer bajo la promesa de la búsqueda de una mejor oportunidad. Después de todo, ya me había esforzado mucho por ignorar a su arrogante acompañante toda la jornada. Y aunque podía resultar un poco infantil, en mi defensa, ya tenía suficiente en mi plato como para además tener que lidiar con él.

 La ocasión llegó más pronto de lo que esperaba. Debido al entrenamiento de lacrosse me quedé esperando a Scott en las gradas junto a las nuevas mejores amigas más comentadas del instituto. Para mi suerte, Cora salió disparando ni bien terminaron las clases alegando una reunión familiar, así que tenía el camino libre para conocer a la misteriosa niña Argent.

 – Buen día señoritas –  dije sentándome junto a ambas jovencitas y recibiendo una mirada asesina acompañada por un saludo mordaz por parte de Lydia  –  Me enteré que recién has sido trasferida. Es un gusto conocerte, soy Stiles Stilinski – le extiendo una sonrisa amigable al terminar.

 – Hola, soy Allison, aunque tú ya debes de saber eso –  sonríe algo apenada –  En serio te llamas Stiles –  pregunta algo extrañada –  Es la primera vez que escucho un nombre así –  aclara amablemente.

 – En realidad es un apodo, mi nombre real es están complicado de pronunciar que tuve que optar por algo más minimalista  –  mi sonrisa radiante hace su trabajo matando las malas vibras de nuestra acompañante –  Y cuéntame, qué te trae a un pequeño pueblo como Beacon Hills –  pregunto entusiasmado, iniciando una larga charla sobre su familia y su idílica vida en San Francisco. Cuando el sutil interrogatorio llego a centrarse en la pasión por la cacería que carga su familia desde hace generaciones, hago lo imposible por acallar esa voz insidiosa dentro de mi cabeza. “No todo tiene que ver con eso”, me reprendo mentalmente.

 – Sabes, a mi familia también le gusta casar. No es nada grande, ni ostentoso, solo salir de vez en cuando y atrapar un par de bestias –  Siempre me he dicho a mí mismo que las verdades a medias son las mentiras más terribles, pues son teóricamente verídicas, aunque en el fondo no lo sean en lo absoluto. Y esa, sin lugar a dudas, fue la realidad más disfrazada que he pronunciado en la última hora. Pero considerando la sarta de mentiras indiscretas que consciente o inconscientemente me ha dicho la encantadora castaña frente a mí, la mía no significa nada.

 – Oh, que interesante –  el sarcasmo que empaña sus palabras casi oculta la enorme bestia furiosa en la que se ha convertido la paciencia de la joven señorita Martin –  Porque en vez de hablar sobre animales disecados no hechas un ojo a los nuevos ciclones de Beacon Hills –  pregunta mientras señala a los chicos sudorosos y jadeantes que dan otra vuelta al campo por quien sabe qué vez  –  el 37 es mi novio, es el más fuerte del equipo y tiene un tino espectacular –  si no fuera por el claro énfasis en su relación, creería que está vendiendo a Jackson al mejor postor –  Y, ya viste algo interesante –  sonríe maliciosa ante la pregunta comprometedora.

 – Acabamos de conocernos, así que solamente somos amigo –  el sonrojo y su mirada evasiva llama nuestro interés. Y es que es propio de un buen amigo el apoyarnos en las conquistas con algo de información privilegiada. Y qué es más importante, que la existencia de un posible adversario.

 – A pesar de que hablaba en general, podría arriesgarme y apostar a que estás pensando en alguien en particular –  una sonrisa victoriosa, cargada de suficiencia mancha sus labios rojo Chanel –  Y dime, quien es el afortunado –  En vista de que sus únicas interacciones fueron conmigo y el grupo de Jackson las opciones se reducen grandemente. Pero aguarden, hay un jugador más en este partido, un lindo chico de piel canela y ojos de cachorro al que ha estado mirando sutilmente desde que nos sentamos en las gradas a conversar y quien, muy espeluznantemente para mi gusto, le ha prestado una lapicera. Y si algo aprendemos de todas esas cursis películas de amor, es que así es como nace el amor.

 – Oh vamos Lys, no le insistas tanto. ¿No ves que la estas avergonzando?  –  me sorprende mantener mi cabeza en su sitio luego de soltar tal apodo –  Sabes, yo también tengo un par de amigos en el equipo de lacrosse –  eso parece llamar la atención de la castaña y una rodada de ojos por parte de la cobriza.

 – Estar en la banca no es una posición, Stilinski –  su sonrisa sínica intenta inútilmente amedrentarme silenciosamente y yo continuo como si nada.

 – Se llama Scott McCall, aunque creo que tú ya lo sabias. Él fue quien te ayudo en la clase de literatura esta mañana –  un remolino rosa que acentúa su piel de porcelana y brilla incandescentemente –  Es fuerte, aunque el asma mata un poco su resistencia –  explico con simpleza mientras suena un bufido –  Pero estuvo preparándose mucho este verano y seguramente obtendrá una posición de titular –  eso era completamente cierto, él había estado entrenando hasta el límite de sus capacidades para pertenecer a la estúpida élite de los Ciclones de Beacon Hills High School, sin importar los intensos ataques de asma que eso pudiera significar. – Así que presta mucha atención al número 11.

 – Si no es que antes colapsa – una competencia de miradas por quien sede primero tiene a ambos revoloteando los ojos.

Contrario a lo que pudiéramos esperar, Scott brillaba radiantemente bajo el equipamiento de lacrosse cuando el calentamiento llega a su fin.

 – Muy bien florecitas es hora de mostrar de qué están hechos. Y al primero que lloriquee lo enviaré a dar 10 vueltas más, así que estas avisado Greenberg –  los ánimos del entrenador parecen desentonar con los pobres jugadores, excepto por Scott claro, que sonríe alegremente en dirección a Allison. Veo a Jackson acercarse a decirle algo a Finstock y por la malicia inconfundible con que se ilumina su rostro cansado estoy seguro que ese idiota enamorado la volverá a tener difícil. – McCall, ya que estas tan fresco como una lechuga, mueve tu trasero al arco y permite que tus compañeros te enseñen lo que es una verdadera ensalada. – una mueca digna de haber chupado un limón se posiciona en la cara de Scott quien camina derrotado a su lugar.

Un rezo silencioso a cualquier dios presente escapa de mis labios rogando por sus dientes y el que los conserve frente a cualquier bola saliente. Uno a uno, como un pelotón de fusilamiento, los jugadores se preparan para tirar a la portería. Incluso desde las gradas puedo ver a Scott temblar cuando la primera bola es lanzada, sin embargo, uno tras otro, los proyectiles, son detenidos a centímetros del arco. Esta vez hasta Jackson se encuentra fascinado por las habilidades del joven. Pero rápidamente se recupera y, profundamente irritado porque su plan fallara, se dispone a lanzar su mejor tiro. El asombro general estalla en júbilo cuando Scott no solo atrapa el infame lanzamiento, sino que lo lanza atravesando la red del bastón contrario. Porque otros podrán creer que Jackson no pudo con la réplica por culpa de la sorpresa, pero yo he visto practicar a ese maniaco, él podría atraparla hasta con los ojos vendados. Lo practicamos una vez y el resultado fue estremecedor.

Para cuando el entrenamiento llega a su fin Jackson odia un poco más a Scott, Allison está encantada con lo habilidoso que es y el resto de las gradas se encuentran profundamente confundidas. Sí, Scott entreno muchísimo en el verano. No, él no puede correr más de 30 minutos sin su inhalador, que por cierto no he visto desde anoche.

 – Muy bien muchachos, al fin terminamos con esta porquería, así que desaparezcan de mi vista o derretirán mi nariz –  grita el entrenador a los chicos reunidos luego del estiramiento –  Y tú, McCall, será mejor que le bajes a los esteroides o Greenberg se volverá el segundo más inútil del equipo –  rezando mientras señala al cielo suelta un –  Bilinski, el peor jugador que mis pobres ojos hayan visto, siempre estarás en nuestros corazones –  Tal parece, el entrenador no superará nunca que yo hubiera elegido las piscinas antes que un cerdoso campo. Todos se dispersan riendo hacia las regaderas mientras felicitan a mi amigo por su insólito desempeño.

Mientras esperaba que Scott saliera escucho como alguien me llama por detrás y me tomo un instante para juntar toda mi fuerza de voluntad, mi paciencia y el ki circundante para poder confrontar a esa voz tan conocida. Porque sí, sí había notado al chico más popular del instituto esperándome en la puerta de una clase que ni siquiera era la suya, sí lo había visto rondando el estacionamiento del lado contrario de su lugar habitual y sí había notado al bellísimo acosador enfundado en Praga acechándome durante toda la jornada. Jackson y Scott eran muy diferentes en tantos aspectos que no sorprendía a nadie su enemistad. Sin embargo, compartían un rasgo sumamente obvio, no sabían disimular. Por lo que no me sorprendo cuando al acercarse termina encarándome contra la pared.

 – Oye, Stilinski, estoy libre hoy en la tarde, así que ¿qué te parece si te paso a buscar y damos una vuelta por ahí? –  la forma tan casual y la suave pregunta al final parece invocar a un fantasma de nuestra conversación anterior.

 – Me estás invitando a una cita –  pregunto sarcásticamente –  Porque entonces deberás preguntarle a tu novia si te suelta un poco la correa –  el tono condescendiente advierte que esta será una charla dura y reñida, y que, por mi parte, la tregua no será una opción –  te diría que la llevemos con nosotros, para hacer más variada la experiencia, pero me temo que debo declinar –  la forma en la que muerde su mejilla me produce una perversa satisfacción. La sutil advertencia se pierde cuando lo aparto y comienzo a caminar hacia Scott –   Realmente tengo algo que hacer así que no podré ir. Mejor lo dejamos para otro día –  mi sonrisa sínica fractura algo dentro del casi capitán, y, sin embargo, soy yo el que termina con los ojos aguados. Los cierro para visualizar todo más detenidamente. Realmente tenemos que buscar el cadáver, descubrir qué le ocurre a Scott y quienes son los Argent. Una extraña familia con a la que Cora parece odiar y que tienen la cacería como hobby principal, no llega a Beacon sin una intención. Y, aún así, él sigue esperando frente a mí como un niño abandonado, cargando sus ojos con pura vulnerabilidad y esperanza.

 – Muy bien, que era lo que querías decirme –  a pesar de que no es la más original de las frases, me digo a mi mismo que por algo hay que empezar.

  – Creo que todo se nos ha ido de las manos y dije cosas que no debía, pero por favor comprende que no era mi intención. Sé que no te agrada Lydia, pero he estado hablando con ella para que se lleven mejor. Podrías dejarlo pasar por ahora –  oficialmente él está siendo un cabrón, un imbécil y una verdadera mierda. Incluso si su conducta autodestructiva no tiene nada que ver conmigo. El ver el cómo llamarme de esa manera, cuando sabía perfectamente lo que eso significaba para mí, y el cómo esas simples palabras se encargaron de revivir tantos traumas de la época en que mi madre recién había fallecido, ser reducido a palabras indiscretas para luego pedirme que lo comprenda, es desgarrante para mi corazón y mi alma. Esto es sin lugar a dudas lo peor que él pudiera haber dicho.  Comienzo a poner distancia entre nosotros antes de que alguno de los dos suelte algo de lo que luego se arrepienta. Pero parece que él no comprende la indirecta.

 – Stiles, estoy hablando enserio –  esa sutil advertencia mientras me zafo de su agarre no amedrenta mi ánimo –  Tenemos que hablar y tú lo sabes.  Debemos arreglar esto y sé que te hice esperar, pero ahora estoy aquí. Podrías al menos mirarme a la cara –  la rabia contenida con la que me hace girar se refleja en mis ojos haciéndolos hervir.

 – Entonces hablemos –  La fiereza en mi mirada lo hace estremecer –  Empiezo yo. Felicidades, conseguiste una pareja que te ame y te cuide, espero que sean muy felices juntos –  que hilarante suena mi emoción al pronunciar esas palabras. Sé que lo hiere mi falta de sinceridad, pero eso es lo que él quería escuchar y eso es lo único que voy a darle –  Sobre lo que pasó ese día, no te preocupes, nunca me atrevería a soltar nada sobre tus orígenes. Yo nunca me atrevería a manchar tu imagen –  el dolor del recuerdo sumado a mi irónico discurso es tan rápido y letal, como la mordedura de una serpiente –  Ahora si me disculpas tengo que irme, mi amigo me espera –  remato al ver salir a Scott. El shock lo deja en plena entrada, pero es la pena la que lo ata allí. Quizás, si no hubiera estado tan apurado, o si hubiera dormido lo suficiente o si no fuera tan mierda, como me estoy sintiendo en este instante, el torrente venenoso que acabo de soltar nunca hubiera herido a mi amigo como acaba de hacerlo.

Para cuando Scott regresa a comentarme sobre el incómodo interrogatorio del profesor Finstock sobre sustancias ilícitas, Jackson ya se ha ido y la culpa rasguña mi pecho hasta hacerlo sangrar. La tersa sonrisa que le proporciono no ayuda a mi amigo, encandilado por la muchacha al otro lado de la acera, a leer la atmosfera. Ciertamente lo he perdido, esto del amor es realmente peligroso.

 Rápidamente nos desviamos de las miradas soñadoras y nos encaminamos a las profundidades del bosque.

 – Amigo, necesitamos hablar ahora mismo de qué rayos fue todo eso –  Aunque es obvio que confío en él, soy consciente que algo extraño le está ocurriendo  –  Qué tal si me cuentas de dónde aprendiste esos movimientos zen de hoy en la práctica y mientras buscamos a Jaen Doe –  la tersa sonrisa que compartimos no nos ayuda a alivianar la tensísima atmosfera que invade nuestra excursión.

 – No sé qué me está pasando, puedo ver, oler y oir cosas, que no debería ver, oler u oir –  dice alarmado a medida que me guía cada vez más profundo a través de los frondosos pinares. Una voz burlona me recuerda que esta no es la primera vez que escucho algo así.

 – Cómo qué –  pregunto a pura fuerza de voluntad mientras la curiosidad y el temor crecen desbordantes dentro de mí.

 –  Como la goma de mascar de fresa que tienes en el bolsillo derecho –  afirma completamente resignado mientras yo saco el empaque –  Y también, tengo más fuerza de estrictamente posible y siento cosas imposibles, como bolas acercándose a mí –  parece estar al borde de la histeria y yo apoyo la moción. De todos los animales por qué un lobo, sinceramente, debo de estar maldito.

 – Ósea que eres Spiderman –  pregunto juguetonamente, aunque Wolverine le quedaría mejor –  Ya resolveremos que rayos es todo eso, ahora vecino y amigo de New York muéstrame dónde está la chica –  entre sonrisas tontas me guía a hacía una pendiente bañada en hojarasca. Descendemos por ella y comenzamos a escarbarla. El miedo a toparnos de frente con la viva imagen de la muerte se va disipando a medida que el tiempo avanza y el hallazgo no se presenta.

 – Estas seguro que es aquí, porque anoche estaba muy escuro y quizás no lo viste con claridad –  pregunto cansado por los últimos 30 minutos menos emocionantes de mi vida.

 – Por milésima vez, sí Stiles, estoy muy seguro que este es el pozo donde anoche me arrojaste y posteriormente abandonaste para que me pudriera junto a Janne, Jane o lo que sea –  asevera hastiado.

    – Discúlpame por haberme ido a jugar a las atrapadas con el enorme lobo feroz y dejarte fuera, la próxima me aseguraré de invitarte –  me arrepiento totalmente por no haber merendado antes de venir. Ambos tenemos los pies magullados y la barriga vacía, por lo que es normal que el mal humor se cuele poco a poco en nuestra expedición. Oigo rugir las tripas de mi socio dándome la razón, y luego un par de truenos responderles desde atrás. Atronan estridentes y tormentosos al punto de helarnos la sangre y estremecernos en el lugar. Miramos alrededor en busca de la tormenta para percatarnos que ya nos encontrábamos en su ojo. Derecha, izquierda, de frente y detrás, no había lugar por donde no nos acecharan los débiles ruidos de un relámpago acercándose. Se encienden todas las alarmas de mi cabeza hasta que parece una emergencia general de un barco a punto del naufragio. El primer impacto se produce cuando lo oigo posicionarse a unos cuantos pasos tras de nosotros. Compartimos una breve mirada a modo de un último adiós y nos decidimos a encarar juntos nuestro destino.

El destino es terrible, terriblemente sexy. Su gran contextura conformada de puro musculo y enfundado en cuero; su reluciente cabello azabache como una noche sin luna corto a los lados y cincelando cual candado su dura mandíbula; forman la masculina e intimidante figura del muchacho frente a mí. La cual era realmente distractora, fusionada con el ceño más malhumorado que yo haya visto hasta la fecha, casi paso de largo unos ojos esmeraldas, tan deslumbrantes que apenas hicimos contacto algo ardió dentro de mí.  Como sí me hubieran bañado en alcohol solo basto su ardiente mirada para quemar todo mi cuerpo. Pero el efecto parece ser recíproco, cuando retrocede al contemplar mis chispeantes ojos cedro y los admira maravillado. La intensidad que nos recorre casi consumiéndonos, no ayuda a mi mente sobrecalentada a procesar lo que está pasando, cuando ya nos tienes a unos metros el uno del otro. Es Scott el encargado de romper esta abrazadora interacción y cuando logra sacar del trance al ardiente desconocido, este lo ve como si hubiera salido de la nada.

 – Hola –  cuando tiene la atención del extraño sobre sí su mirada lo amedrenta haciendo que sus preguntas suenen atoradas – qué andas haciendo por aquí, estás perdido o vives por aquí –  puede que su pregunta haya sido estúpida considerando que la casa más cercana está a 20 millas de aquí, pero bueno, el chico está nervioso, qué le podemos hacer. Igualmente es una pregunta completamente válida. Si ha tenido el coraje de adentrarse tanto solo existen dos opciones, está por esconder un cadáver o vive en la última casa de Beacon Hills. Al ver que no lleva ningún saco relativamente humanoide con él y que sus zapatos y ropa no está salpicada de tierra, podemos asumir que no se trata de la primera opción. Lo que deja únicamente la segunda. Si bien su semblante y musculatura se asemeja a los de Andrew, se seño profundamente enojado no me deja saber con seguridad si este muchacho es otro más de los niños de la alcaldesa Hale.

 – Quienes son ustedes –  la pregunta ronca y osca hace vibrar mi cuerpo hasta la punta de mis pies de solo imaginar su voz resonando en mi oído y las oscuras promesas que eso traería consigo –  Y bien –  esta vez su tono tajante logra sacarme de mi estupor.

 – Scott McCall y Stiles Stilinski –  por lo general el nombre de sheriff es suficiente para ahuyentar a los posibles secuestradores, así que nos señalo por turno –  Y se puede saber quién eres tú. Porque, como soy un tipo de celebridad local, he llegado a conocer a todos de aquí al próximo condado, pero a ti, grandote, no te ubico de nada. Y, en lo que a mí concierne, sería un verdadero gusto el poder conocerte –  pronuncio ladino mientras me acerco un trecho. Su silencio reticente me permite agregar –  Oh vamos, nosotros ya te dijimos los nuestros, qué daño haría escuchar el tuyo –  finjo sorpresa y horror mientras agrego –  A menos, que tú seas un asesino en serie que esta por secuestrarnos y matarnos en el bosque. Qué piensas Scott, crees que deberíamos empezar a correr o primero llamamos al sheriff Stilinski –  mi amigo se descoloca un poco por la pregunta, ya que no he apartado en ningún momento mi mirada de nuestro nuevo amigo. A modo de desafío saco mi celular del bolsillo y lo desbloqueo.

 – Derek Hale –  el nombre sale tan seco que suena más como un ladrido. –Qué hacen aquí –  la pregunta suena aun peor cuando la amenaza de un “No lo volveré a preguntar” se cuela a través de sus cejas. El inminente peligro que vibra en sus músculos cuando se contraen en alerta hace su ropa entallarse aún más hasta encontrarse besando sus piernas torneadas y brazos marcados.

 – Podríamos hacerte la misma pregunta, pero parece que no te gusta compartir con la clase –  sonrío socarrón al terminar –  En realidad salimos a trotar ayer, pero la lluvia nos atrapo y terminamos perdiendo su inhalador. Es algo realmente caro sabes, así que volvimos a buscarlo –  lo veo dudar mientras señalo a Scott. Es más, un atisbo fugas surca su rostro como si no pudiese creerme a pesar de saber que esa es la verdad, no toda, pero al menos una gran parte de ella –  Si no me crees pregúntale a Cora –  el nombre de su hermana menor centra por completo su atención y pone su cuerpo en alerta. Tal parece es muy fácil leer a este inexpresivo hombre –  Ella es mi amiga en el instituto, le dije antes de salir que nosotros saldríamos a entrenar –  Reconozco en momento justo en que se traga mi coartada, porque sus facciones se relajan un ápice. Agradezco profundamente haberme obsesionado hace unos años con la kinésica y la lectura del lenguaje corporal, porque gracias a ello y mi TDAH puedo centrarme mejor en las conversaciones y percibir incluso más de ellas que el resto de los involucrados –  Y que hacías tú por aquí –  me evalúa como si sopesara si vale la pena hallar una excusa convincente para mí.

 – Me gusta hacer ejercicio –  el leve bochorno en su cara es tan imperceptible que me asombro de haberlo vislumbrado. Y sin embargo su respuesta es tan simple que ni siquiera podría considerarse una. Si eso significa que salió a trotar en campera de cuero y jeans negros, podemos considerarla una gran mentira, sin embargo, algo me dice que es verdad. Aunque no acaba de salir a correr, solía hacerlo y es probable que acababa de llegar a casa del aeropuerto cuando vino a nuestro encuentro. Me pregunto qué fue lo que alentó a un joven tan guapo a adentrarse en pleno bosque a toda prisa. Qué es lo que hizo que los Hale en general se adentraran e hicieran su guarida en este inhóspito bosque. El silencio y la excentricidad son las palabras que describirían a la perfección a esta adinerada familia y puede que el poder sea también una de ellas, y a cada uno de sus miembros.

Joven, poderoso e imponente, con un carácter que haría a cualquiera dudar antes de siquiera hablar con él. Y con una contextura que cuenta a gritos cuanto disfruta ejercitarse y lo fácil que sería para él incluirte en su rutina como bolsa de boxeo. Aunque si me lo preguntan a mí, me gustaría incluirme en otro tipo de actividades. Su extensa y fibrosa espalda que rogaría por escalar se revela cuando se agacha a unos pasos de donde se encontraba por primera vez y levanta el pequeño inhalador de Scott. Se acecha hasta estar a centímetros de mí y suelta un simple “Toma” que puedo aseverar descendió dos octavas al cosquillear mi nariz. La ferocidad que hay en sus ojos me aseguran que él podría comerme en cualquier momento si así lo quisiera. Ahora que lo tenía tan cerca entendía cuando Cora hablo sobre un perro constipado, sin embargo, había algo en lo que se equivocaba. Era en la mirada de este hombre donde brillaba un salvajismo voraz que juraba nunca llegaría a ser domesticado.

 – Lobo –  solté sin querer a lo que él alzó una ceja –  Si vez a tu hermana, dile que pareces más un lobo que a un perro –  esa sonrisa afilada que me dedica hace mi corazón detenerse y la sangre hervir, todo mientras mi olvidado amigo palidece. La forma en que me escudriña y me recorre el cuerpo deja mi piel arder –  Y yo podría ser tu caperucita –  suelto divertido.

 – Pues me temo que este es el camino corto, así que será mejor que salgan de aquí – afirma mientras señala bruscamente tras de sí.

 –  Y qué pasa si deseo encontrarme con el lobo. No sería esa una historia mejor –  susurro en su oreja.  Volteo para ver sus ojos de frente dejando nuestros labios a centímetros el uno del otro. Absenta y whisky compiten por ver quien se emborracha primero mientras bebe la ardiente mirada contraria.

 – Vete a casa –  ordena demandante mientras se aparta enojado –  Ambos, váyanse de aquí ahora, esta es propiedad privada –  señala imponente el camino por el cual llegamos.

 –  Sí, sí, ya nos íbamos de todas formas, así que no hace falta que nos ahuyentes así –  su disgusto se hace notar cada vez más –  Nos vemos la próxima, lobo amargado –  suelto una risilla mientras me llevo a empujones a mi pobre amigo y Derek me fulmina con la mirada. La vuelta es taciturna y eufórica. Acabo de encontrar una nueva pieza para mi rompecabezas.

Al despedir a Scott, en la puerta de su casa, la realidad me confronta como una bofetada. De nada sirve atrasar lo inevitable, es hora de averiguar qué está ocurriendo es este extraño pueblo olvidado por Dios. Entro al ático con una tasa de café en mano y el hedor a moho y humedad se impregna en mi piel. Las telarañas y el polvo que se vienen acumulando desde hace años hacen cosquillas en la punta de mi nariz. Y una intricada red se hilos rojos, verdes y amarillos cuelgan de una pizarra en medio de la habitación. Me aproximo perezoso a uno de los estantes y tomo unos antiguos escritos. Recuerdo la sonrisa come mierda con la que me los entregaron mientras me decían que esperaban nunca tuviera que leerlos seriamente. Desempolvo los antiguos manuscritos y abro en internet cuanta página encuentro al respecto. Cuando logro hacerme con un buen surtido de información comienzo a estudiar sobre la licantropía con una nueva perspectiva, ya no como pasatiempo, sino como la única forma de salvar la vida de mi mejor amigo. Los datos son tan bastos y contradictorios que termino haciendo algo que prometí nunca más repetir. Y aquí me tienes, vagando de un lado a otro mientras marco un número que me sé de memoria para ser enviado a la contestadora. Es realmente molesto, es que acaso todos mis conocidos van a actuar como unos idiotas. Ya estoy sinceramente cansado de ellos. Es más, quién los necesita, yo mismo averiguaré de que va todo esto.

La madrugada se aclara para encontrar nuevamente a un zombi deambulando por los pacillos del instituto, esta vez con un almuerzo casero y bien desayunado. En el fondo, él es un caballero y no se arriesgaría a andar devorando cerebros en plena mañana, gracias por preguntar. Antes que nada, voy en busca de Scott como parece estar haciéndose costumbre. Allí lo encuentro en pleno pasillo tirándose suspiros enamorados con la menor de las señoritas Argent.

 – Mira lo que averigüe anoche –  digo pasándole un gruesísimo apunte. Su confusión se resigna cuando mi gesto que lo incita a darle una hojeada.

 – Eso significa que tengo que leer todo esto. No recuerdo que tengamos ningún ensayo para presentar– su incomprensión me recuerda lo lento que puede llegar a ser mi amigo en ciertas ocasiones.

 – Me pasé toda la noche investigando sobre la licantropía y sus posibles síntomas, y tú, amigo mío, tienes el 100% de ellos –  Su escepticismo me lleva a explicarlo más detenidamente –  Un humano puede ser mordido, rasguñado o beber agua de luna, que no tengo idea que es, para convertirse en un mestizo. Mitad lobo, mitad hombre, con la velocidad, fuerza, fiereza, agilidad, sentido del olfato y la audición iguales a los de un lobo real; pero con la apariencia de un humano, o al menos algo semejante. Si comienzas a transformarte tus rasgos serán cada vez más parecidos a los de un lobo. Por ello, si no sabes controlar esa parte de ti, terminaras perdiéndote a ti mismo, y la bestia dentro de ti tomará el control. El problema, es que en momento en que las emociones más primitivas tomen lugar, tu parte animal se hará más fuerte y puedes llegar a perder el control. Eso se magnifica cuando llega la luna llena, por lo que podrías estar a 12 días de convertirte en un loco homicida sino aprendes a controlar a tu lobo –  la estridencia con que sus carcajadas lo llenan todo, descolocan al salón entero. Luego de recibir una advertencia por parte de la profesora me acerco susurrante hasta mi compañero –  Se puede saber qué es lo que te causa tanta gracia –  pregunto al borde de la indignación.

 – Oh vamos, puede que algo realmente gordo esté ocurriéndome en este momento, pero hombres lobo, enserio. Me dices que si no me uno a un templo budista en menos de dos semanas me volveré loco y comenzare a correr por el bosque matando gente y me ingresaran en Eichen House. Eso es completamente ridículo –  me doy un golpe en la frente por creer que esto sería más sencillo. 

Al verlo hablar descuidadamente noto a un par der ojos observarnos. Le dedico una mirada angelical, a modo de disculpa, a la anciana mujer tras el escritorio. Y capto a Cora echándonos un vistazo mientras intenta disimular. Su rostro parece irradiar confusión y asombro en partes iguales. Si es que logra entenderme, cosa que dudo por la distancia que nos separa, debe creer que somos verdaderamente creepys. Sus ojos nos siguen de cerca el resto de la mañana y más de una vez la descubro siguiéndonos por los pasillos. Decido tenerle paciencia ya que no sé qué le habrá dicho su hermano sobre nuestro encuentro de ayer. Así que cuando la persecución se vuelve insoportablemente espeluznante nuestra amiga decide atacar primero.

 – Me enteré que ayer se encontraron con Derek –  soltó durante el almuerzo –  Me preguntó por ustedes, pero luego no se atrevió a decir nada más. No sé qué le habrán dicho, pero se la pasó refunfuñando el resto de la tarde. Con algo sobre que él no era ningún amargado –  su sonrisa juguetona se me contagia enseguida.

 – Supongo que eso fue culpa mía. Puede que sin querer le haya dicho que su increíble figura se parece a la de un lobo terriblemente amargado –  me rasco la cabeza algo incómodo y suelto apenado. A veces me dejo llevar por el ambiente y mi lengua inteligente, y suelto las cosas más vergonzosas sin siquiera darme cuenta. Ella ríe intensamente e intenta agregar algo casi sin poder respirar, lo que lo vuelve una tarea inútil.

 –  No lo puedo creer, no pensé que te atreverías a soltarle algo como eso. Ósea, no es que no tengas razón, pero el realmente resulta intimidante algunas veces. Al punto donde perro constipado era un apodo que solo usábamos cuando estaba con Laura y el tío Peter.  –  su risa parece decaer a medida que pronuncia sus nombres.

 – Ella es tu hermana, no. Eran muy unidas antes de que te fueras –  Mis preguntas parecen llegar como un golpe bajo, al punto donde le roban el oxígeno por un momento y me dejan deseando no haberlas pronunciado.

 – Sí, ella es la mayor. Mi madre la quería como sucesora, para la constructora, por lo que la abarrotaba de estudio y ensayos ridículos. Pero cuando Peter la ayudaba a escapar, salíamos a jugar al bosque y a molestar a Derek –  el brillo se apaga y la amargura fluye de su boca hasta empaparle el rostro –  En realidad, fueron ellos quienes se fueron primero –  reconozco el dolor que surca su mirada, es el mismo que un par de años atrás nublaba la mía. El momento preciso en que eres dejado atrás como si fueras una carga demasiado pesada para llevar consigo, en el que te apartan brutalmente a una esquina a la espera de que alguien más se haga cargo de ti, ese instante en que intencionalmente o no eres abandonado a tu suerte y debes aprender como sostenerte por tu propia cuenta. Quizás no entienda mucho de esta ruda muchacha y su arrasadora belleza, pero ese sentimiento puedo comprenderlo bien, pues la madurez y la independencia, que adquieres después de experimentarlo, será algo que nunca podrás borrar.

La dureza con la que nuestros iris se encuentran en un reconocimiento mudo, alivia nuestro pecho ante la posibilidad de un secreto compartido. No ahora, pues es demasiado pronto, pero quizás algún día podamos compartir el pasado y aliviar la pena.

 – Aún no me dices que hacías allí –  al decir aquello, un pesado silencio cae entre los dos. No deseo mentir, pero tampoco sé qué tan fiable es la chica frente a mí, o aún peor, la familia tras de ella. Justo cuando su sinceridad estaba sembrando algo entre nosotros la duda sale a desenterrar incógnitas en la misma parcela.

 El momento se rompe cuando veo una silueta muy parecida a la de mi padre vagar por la galería interior. Teniendo en cuenta que no recuerdo haber hecho nada malo en las últimas 24 horas, tomo con fuerza el brazo de Scott que sigue orbitando el planeta Allison y lo obligo a aterrizar. El realmente parece haber bajado desde un planeta lejano, pues casi se cae de la mesa y, cuando se recompone, me mira como si hablara en algún tipo de dialecto alienígena.

  – Hey, Scott, no recuerdas que me pediste mis apuntes de cálculo. Porque no te los doy ahora y de paso busco mis libros para el siguiente periodo –  en mi frenética escusa, ni siquiera espero a que me conteste y comienzo a jalarlo hacia adentro –  Nos vemos Cora –  grito rápidamente mientras acelero el paso.

El sheriff se encuentra hablando con uno de los de seguridad en el siguiente pasillo, pero ante la posibilidad de ser descubierto no me arriesgo a aproximarme más. Los murmullos incomprensibles me tienen mirando para ambos lados buscando una manera de acercarnos sin quedar en evidencia, hasta que noto a mi queridísimo amigo a mi lado.

 – Scott, puedes intentar escuchar lo que dicen –  al ver a nuestras victimas parece recién comprender el porqué de nuestra carrera. Veo su cara llena de dudas y agrego –  piensa que tu oído es una radio, intenta sintonizar la frecuencia en que puedas escuchar lo que dice mi padre y súbele el volumen. Sé que suena difícil, pero solo necesitas concentrarte –  no muy convencido lo veo cerrar los ojos resignado. Cuando está completamente concentrado sus orejas comienzan a alargarse y cubrirse de pelos, hasta tomar una forma lobuna. Luego de algunos minutos rompe el silencio y disipa la inquietud.

 – Parece que implementaran un toque de queda, por lo que saldremos 30 minutos antes para sí tener tiempo de llegar a casa. Tal parece, esta vez será completamente estricto y si no lo cumples te acusaran de desacato –  Cuando le pregunto por qué, él me hace señas para que guarde silencio –  Parece que hallaron algo en las afueras de Beacon Hills, es…. Es el cuerpo –  su sorpresa y la mía crean un desconcierto palpable ¿Por qué el cuerpo aparece al otro lado de la escena del crimen, como si el asesino buscara alejarlos lo más posible de su rastro? –  Dicen que la llamada que lo reporto, se hizo anónimamente desde una gaveta telefónica en el pueblo siguiente. Creen que podía ser el asesino o simplemente un viajero desafortunado –  ¿Acaso el asesino se cansó de que no descubrieran su jugada y decidió mover primero? Pero eso sería ridículo, es obvio que esperaba poner a los Hale bajo el radar al dejar en cuerpo en su terreno, por qué cambiaría de opinión. A menos que no fuera él, sino los mismísimos Hale quienes no quieren involucrarse, y si no quieren hacerlo, solo existe una solución, tienen algo que ocultar. Ya sea que simplemente están relacionados de algún modo o que son los mismos perpetradores, es obvia su intención de no salir manchados de todo este asunto. Esto realmente huele mal.

Miro a través del cristal a los jóvenes riendo en el parque y observo como a pesar de las yardas que nos separan los ojos de pardos de Cora me siguen detenidamente hasta perforarme la cabeza. Ella sabe y no le importa que nosotros lo sepamos también, porque o esta tan limpia que no podríamos probar nada o puede encargarse de notros si lo intentáramos. La sola idea me hiela la piel y hace saltar mis nervios cuando la estridencia del timbre me toma desprevenido. Mi amigo sufre los efectos de ese mismo eco resonando a 80 kHz en sus tímpanos. Se envuelve la cabeza mientras sus oídos sangran y surgen sus colmillos como un reflejo autodefensivo. Lo tomo desesperadamente y lo introduzco en los vestidores, el único lugar vacío disponible, antes de que miles de alumnos vean a un hombre lobo en plena transformación.

De cara al espejo, Scott puede enfrentar por primera vez la cara de un hombre lobo beta en todo su esplendor. Dejo que mi amigo admire su nueva naturaleza. Orejas puntiagudas, tan alargadas como su capacidad; rasgos lobunos, cubiertos de bello y ferocidad; dientes y garras filosísimas y mortales, como los de cualquier predador; y unos incandescentes iris ámbar, propios de su inmaculado corazón; enmarcan sus antinaturales facciones.

 – Scott –  llamo suavemente mientras él me mira detenidamente –  Respira –  me encuentro repitiendo hasta que parece más un rezo que una orden. Puedo ver el pánico invadiendo sus ojos al punto en que un régimen de locura esta por tomarlos por completo –  Escúchame –  sus jadeos erráticos lo vuelven cada vez más peligroso. “Es mejor sostener un arma por la culata, más si esta podría terminar destruyéndose a sí misma”, me digo a mi mismo antes de acercarme  –  Escúchame maldita sea –  digo tomando su rostro haciendo que me vea directamente. Un gruñido amenazante de un animal enjaulado vibra en la habitación. Lo suelto y retrocedo lentamente mientras le enseño mis manos desnudas –  Escucha mi voz, sigue su sonido, acércate –  un tono firme y parejo, tan imponente como nunca antes, brota de mis labios como una orden –  Escucha el latido de mi corazón y sincronízate con él, tú puedes, hazlo poco a poco –  Dejo que mi pulso se relaje y él, a su propio ritmo, sigue mi ejemplo hasta que su respiración vuelve a ser pareja –  Ahora respira una vez más y déjalo ir lentamente. No te preocupes, yo estoy aquí –  junto a ella sus facciones se alivian hasta devolverme el rostro de niño bueno que tantos años caracterizo a mi mejor amigo –  Todo bien, cachorro –  pregunto dulcemente mientras sus ojos se empañan. Lo tomo en un fuerte abrazo prometiendo que todo va a estar bien, pues yo me aseguraré de que así sea.

Nos quedamos inmóviles, hasta que Scott se recompone, y al salir del baño nos topamos con Cora, su aura sombría, se vuelve casi burlona cuando suelta un “todo bien muchachos” a modo de interrogante.

 – Mejor que nunca Cor Cor, solo teníamos que hacer una buena parada antes de la clase siguiente. Recuérdame nunca más traer esa salsa súper picante al colegio –  sonrío mientras me sobo el estómago. Es mejor mantener a los amigos cerca y a los enemigos aún más, pero cuando no sabes de cuál de los dos se trata, aparentar lo primero puede salvarte la vida. Tristemente, hasta donde llega mi conocimiento, un sobrenatural no podrá ser nunca un aliado.

  Para cuando me encuentro nuevamente en casa coloco música a todo volumen para anular los oídos indiscretos y subo hasta mi nuevo centro de operaciones. El moho y el polvo sigue en el mismo lugar, tan asfixiante y mortuorio, que pareciera que estas siendo enterrado vivo. Un estremecimiento me hace jurar hacerme cargo de ello a más tardar el fin de semana. Una vez decido dejar el problema para el Stiles del futuro, me dispongo a investigar toda la relación entre las víctimas y las encantadoras familias Hale y Argent. Al comienzo, podría aparentar que nada tienen que ver una distribuidora de armamento certificada, venida desde Francia, con una de las mayores empresas de construcción de nuestro país y una serie de desafortunados ataques animales. Pero al comparar registros policiales, notas periodísticas y registros históricos, llegué a encontrar cosas realmente jugosas. Hace siete años un atentado por parte de una tal Kate Argent, muerta por ataque animal, casi arrasa con toda la familia Hale. A través de los años un montón de sucesos similares se repiten sin cesar. Cada vez que las familias se reunían cuerpos comenzaban a llover. Quizás se tratase de un extraño fetiche de familias adineradas o talvez una simple coincidencia, aunque lo dudo. Si algo me ha enseñado mi padre luego de años de servicio, es que una vez puede ser accidente, la segunda podrá ser coincidencia, pero luego de la tercera, esto es sin duda un patrón. Y en mi opinión el hecho de que uno de ellos se apellidase plata en francés y el otro reclutara a toda su prole luego de que extraños atentados de un presunto lobo enrabiecido tuvieran lugar, avecinaban algo realmente oscuro. Más si se trata de en un mundo donde los hombres lobo y seres sobrenaturales, caminan entre los mortales.

Parece que es hora, ya no puedo postergarlo más. Realmente desearía no haberme obsesionado con la verdad, no haber jugado al detective ese verano de hace siete años atrás, no haber revuelto cada rincón de la casa buscando desesperadamente un porqué para una enfermedad incurable, y el detrás de todas aquellas cosas inexplicables. Porque la cruda realidad, es que una vez que la conocías, que sabías qué eran esas extrañas sombras asechando en cada rincón, ya no había vuelta atrás. El conocimiento es como una alucinación esquizofrénica; intentarás esconderlo, disimularlo y olvidarlo, pero siempre estará ahí recordándote lo que eres y jamás podrías ocultar, otro lunático excéntrico en un mundo demasiado cuerdo como para soportarlo. Hay veces en que la ignorancia parece la verdadera ganancia.

Juré que no iba a fisgonear entre las peligrosas familias Hale y Argent. Y aquí me tienes, acorralado por una situación irreversible que me obliga a inmiscuirme. Me preparo para realizar una llamada de la que nunca podre retractarme, una por la que no podre disculparme. Lo siento papá y mamá, sé que esto no es lo que ustedes querían, pero, la mayoría de las veces, el destino reparte sus cartas a placer y nuestra familia nunca fue de sus jugadores favoritos.

 – Hola, Malcolm. Necesito que averigües algo por mí.

 

Chapter 3: Capitulo 3

Summary:

Cuando las cosas se salen de control, es el deber de Stiles de intervenir entre sus revoltosos amigos. Pero ¿Cuánto le costara mantenerlas así? Ahora que ya no puede escapar de sus decisiones recibirá el consuelo de un encantador desconocido.

Amigos, se viene Peter.

Chapter Text

El insomnio se ha convertido en una constante desde que mi mejor amigo fue mordido por un ser sobrenatural, y en las últimas noches, ha logrado dar sus frutos.

 – Creo saber cómo puedes aprender a controlarte. –  A pesar del significado de mis palabras la mueca sicótica con la que lo digo, atraviesa como un rayo nervioso a mi joven amigo. –  He estado investigando, y toda esa fuerza y sentidos animales que tienes son solo la primera fase de la transformación licantrópica, y lo que vimos ayer es la segunda parte. Te conviertes en un hombre lobo cada vez que tus sentidos se salen de control. Tus instintos interpretan cualquier aumento del flujo sanguíneo como un probable estado de alerta y libera tu nueva naturaleza a modo de reflejo defensivo. Cada vez que el miedo, la ira o el lívido aumentan hasta dominarte, completas tu transformación y puedes terminar atacando a cualquiera que tengas cerca. –  La angustia en su mirada hace mi corazón estrujarse. Scott siempre ha sido un niño muy sensible, su empatía hasta por la más horrenda de las alimañas siempre ha sido motivo de mi asombro. Mientras yo intentaba matar una espeluznante araña él la tomaba con las manos desnudas y en un torrente de lágrimas mocosas me suplicaba que no le hiciera daño al desagradable bichejo. Es obvio que ante la idea de dañar a otro ser vivo mi pequeño amigo se paralizaría del miedo. –   Por ello creo que, por ahora, deberías dejar el equipo de lacrosse y no acercarte a Allison. –  En lugar de un niño asustado me encuentro con la mirada obstinada de un niñato caprichoso, tan pronto como el nombre de la muchacha sale a colación.

 – ¿Por qué debería salirme del equipo? seguro seré titular este año, por fin dejaré la banca y, para rematar, Allison ha aceptado salir conmigo este fin de semana. Por primera vez en mi vida todo se está encaminando perfectamente.  –  Creo haber escuchado antes un discurso similar. Que alguien me explique porque todos mis amigos están actuando como imbéciles. –  Además, te prometo que le hablaré bien de ti a Lydia. –  Otra vez con eso. –  Sé que estás molesto con Jackson por salir con ella, cuando ha sido tu crush desde que teníamos diez años, pero esta podría ser tu oportunidad de acercarte a ella y llamar su atención. –  Puedo ver lo orgulloso que está por su estúpida solución. Si supiera lo equivocado que está, quizás no me sentiría tan indignado por lo que acaba de decir. –  Realmente creo que eres ridículo, lacrosse no es la gran cosa, no es como si fuera un deporte híper violento que fuera a volverme loco en cualquier momento. Ahora que tengo súper sentidos, adquirí un gran control sobre mi cuerpo, puedo encargarme de esto –  Sip, mi amigo es bastante estúpido en ocasiones. –  No te preocupes, lo tengo todo controlado.

Revivo esa conversación en mi memoria mientras veo salir una ambulancia del campo de entrenamiento. Quién iba a pensar que este terrible incidente iniciaría con la pequeña Cora y terminaría envolviendo a dos de mis mejores amigos.

Cuando comenzó la práctica de lacrosse, Cora, quien se pasó el día más silenciosa que un ratón, incluso cuando le lancé todo tipo de comentarios ambivalentes sobre su verdadera naturaleza; se acercó al entrenador Finstock, le arrojó una bolsa con equipamiento a los pies y le exigió ser añadida al equipo. La risotada del entrenador por su hilarante comentario fue coreada por el resto del equipo.

 – Esto es lacrosse niña, no es la clase de juegos a los que estás acostumbrada. ¿Sabes siquiera agarrar un palo correctamente?  –  Ciertamente parecía escéptico. –  Aquí no venimos a jugar, si quieres perder el tiempo ve a dar una vuelta por el bosque o algo así; escuche que recientemente se volvió una actividad muy popular entre los jóvenes.

 – Para su información conozco las reglas a la perfección, tuve la suerte de tener un maestro muy elocuente. –  dice mientras me echa una mirada. Tal parece que mi charla del primer día enserio había captado su interés. –  Así que présteme un palo y le demostraré de lo que soy capaz. –  el desafío resplandeciendo en su mirada hizo amedrentar a más de uno. Esa sí que era una chica feroz.

 – Y eso qué, este es un deporte para verdaderos hombres. Aunque tú, preciosa, puedes quedarte para hacerme unas porras. Y si quieres, después te doy un par de clases privadas. –  Me iba a quedar al margen para vigilar que Scott no hiciera una estupidez, hasta que Cora soltó todo aquello. Al comienzo no iba a intervenir, solo iba a ver el desenlace tranquilamente desde las gradas. Pero entonces, el estúpido de Dónovan tenía que decir aquello. Las burlas sexistas del resto del equipo sulfuraron mi paciencia cuando Cora pareció hervir de impotencia. Algo me decía que probablemente ella era mucho mejor que cualquiera de ellos, lástima que nunca le dejarían demostrarlo. El reglamento era una porquería si permitía que jugadores como ella fueran desperdiciados por algo tan superficial. Alto, el reglamento nunca mencionaba nada sobre el sexo de los jugadores, y yo podía dar fé de aquello. Cuando estaba entrenando para entrar al equipo memoricé ese condenado manuscrito por pura curiosidad. Quien diga que las ideas viajan más rápido que el cuerpo, no me habían visto bajando de dos en dos las gradas incluso antes de terminar de repasar el librillo en mi cabeza.

 –  En realidad, el reglamento no menciona nada al respecto. – Podía ver a algunos de los muchachos mirándome despectivamente. –  Para tu información Dónovan, el sexo del jugador y su admisión en el equipo no es especificado en ningún momento. Puedes leer el artículo 4 inciso 23 o el artículo 12 al completo, donde se describen los requisitos y normas que debe seguir cada jugador, y verás que no es mencionado en ningún momento. –  Ante las miradas escépticas de los jugadores tomé el bolso de Jackson, pues recordaba que él siempre tenía uno en el bolsillo interno, pues le había venido con él y siempre le había dado pereza el sacarlo. –  Aquí tiene. –  dije extendiéndole el libro incluso antes de que siquiera el dueño alcanzara a reaccionar. De mala gana el entrenador comenzó a repasarlo hasta sonreír de lado y negar suavemente.

 –  Ah, esto me recuerda a los viejos tiempos, parece que siempre tienes algo más que decir Bilinski. –  Su sonrisa dentada como una cierra me hace replantearme donde me acabo de meter. –  Ve a dar diez vueltas a la cancha. –  Grita abruptamente por lo que le recuerdo tímidamente que ya no pertenezco al equipo, solo tomo sus clases de economía. –  Entonces, como trabajo extra, te quedarás con el equipo después de clases por el resto de la semana. –  me abstengo de mencionar que iba a hacer exactamente eso desde un principio y regreso a sentarme en mi lugar, mientras, Cora me agradece silenciosamente. –  Bien, veamos, de quién es esta porquería. –  Pregunta levantando el reglamento provocando que todos volteen a ver a Jackson y el me maldiga internamente. –   Tú, irás a dar cinco vueltas en lugar de Bilinski. –  puedo sentir el odio en sus ojos cuando se aleja dejando tras de sí un camino de risitas indiscretas. –   Mahealani a la portería, Donovan y Jonson serán los defensores y tú, niña, toma tu uniforme y venos en la cancha. –  Dice mientras apunta a cada uno de los nombrados y termina agregando casi desafiante frente a Cora. –  Y más les vale que sea un juego limpio. –  Es lo último que dice antes de que el infierno se desate.

Cora, enfundada en su equipo, tan peligrosa que, más que un palo, parece sostener una oz, se posiciona frente a la portería resguardada por los defensores.

 – Las reglas son simples, como mis chicos llevan entrenando un tiempo, sería injusto para ellos que aceptara más decoraciones en mi alineamiento, sin ofender Greenberg. Por lo que, si logras anotar, aunque sea una vez, podrás entrar al equipo, de lo contrario ni se te ocurra pisar mi cancha de nuevo. Tienes hasta que Whittemore termine sus vueltas, después de ello estas fuera. –  Si alguna vez creí que Finstock era simplemente un cuarentón con varios tornillos sueltos era porque no conocía de su maquiavélica astucia. Jackson era el más veloz del equipo y luego de que convencieran a Cora de que cambiarse en medio del patio no era apropiado y realizara un pequeño viaje a los vestidores; ella solo contaba con una vuelta para cumplir el desafío. –  Ahora sí, veamos de qué estás hecha florecita.

Tan pronto como el pitido da la señal de inicio, ella avanza imparable dejando atrás rápidamente a los defensores hasta tener a tiro la portería y sin dudarlo lanza un proyectil que fácilmente atraviesa la guardia del desprevenido portero. La sorpresa roba el aliento de todos los espectadores y la sonrisa depredadora de la jovencita hiela la sangre del entrenador, quien al curarse del espanto ríe estrepitosamente.

 – Bienvenida al equipo, Hale. –  Vocifera mientras palmea su hombro. –  Ahora sí, pequeños bribones, iniciemos con el verdadero entrenamiento, y será mejor que ninguno de ustedes se atreva a hacerlo peor que la nueva o desearan haberse ausentado por una diarrea explosiva junto con Lahey.

Inician automáticamente una serie de ejercicios en los que Scott, Jackson y Cora quedan a la cabeza, mientras los primeros dos se disputan ferozmente el primer lugar, la tercera parece apagada, como si se contuviera porque ya no le hace falta destacar. Cuando Jackson corrobora que la nueva jugadora no pretende ser una amenaza, sino más bien, comienza a atacar a Scott, más que agradecido se encuentra desconcertado como el resto de los espectadores.

 Cuando los dividen en dos para unos partidos de práctica y Cora y Scott terminan juntos, la mayoría de los presentes supusimos inmediatamente que su equipo sería el ganador. En cambio, la joven parece empecinada en demostrarle al latino la diferencia entre sus capacidades. La ira provocada por un par de golpes bajos y jugadas maliciosas por parte de Jackson, las burlas mordaces de Cora y las risas discretas de Lydia y Allison, nublan el juicio de Scott. Quien terminó arremetiendo con una fuerza inhumana, provocando que el número 37 sea lanzado varios metros hacia atrás, hasta caer resonante contra el césped. Mi rostro palidece de inmediato pues el golpe ha sido tan fuerte que podría provocarle una fractura o algo incluso peor. Estoy bajando a toda prisa hacia él, cuando me percato de un par de iris ámbar corriendo despavoridos en la dirección contraria. Soy yo, el que se encuentra nublado por la furia cuando sigo a Scott a las regaderas y distorsiono su casi transformación de una estruendosa cachetada. En el momento en que sus rasgos animales me gruñen en respuesta tiemblo siendo consciente por primera vez de la situación en la que me encuentro. Un simple humano plantándole cara a una aterradora bestia descontrolada, de algún modo siento que esta no será la primera vez.

 – Scott. –  No permito que me amedrente y el enojo termina empañando mi tono impidiéndome retroceder. Le advertí y eso no fue suficiente. Más le vale que ahora lo entienda o yo mismo me encargaré de ponerlo en su lugar. El gruñido lastimero intenta volverse un rugido cuando lo empujo bajo el agua de la ducha. –  Aprieta los dientes. –  Digo, apenas dándole tiempo para obedecer. Le lanzo un fuerte gancho al mentón para desbaratar su sistema nervioso y así intentar calmar su agitación. Gracias a todo lo sagrado, la treta funciona también en perros. Termina cayendo sentado, completamente desorientado y empapado. Al retraer sus dientes y sus garras, dejan atrás un labio y palmas sangrantes, que se recupera en instantes. Él es realmente un bastardo con suerte –  Te dije que eras inestable y decidiste ignorarme con tal de echar un buen polvo –  está a punto de replicar cuando agrego tan furioso que casi no puedo abrir la mandíbula –  No me importa un carajo que tu creas que esto es amor de verdad o no sé qué mierdas de romance chiche. Casi matas a Jackson y quién sabe qué daño le has causado, solo por una estúpida chica. Escúchame con atención, porque solo lo diré una vez, si no le gustas como eres y solo vales por tu posición, ella no vale la pena ni la vida de los demás. –  Parece tan apenado y triste cuando me aparto, pero no me detengo a consolarlo. Es mejor que sepa cuanto antes que sus nuevos súper poderes no solo vienen con una gran responsabilidad, sino también con la palpitante incertidumbre de no saber si es él, el valeroso héroe o el terrible villano.

Cora, como se está haciendo habitual, nos aguarda a las afueras del vestidor.

 – Se lo llevaron a la guardia del hospital Memorial de Beacon Hills, pero tranquilo, no está fracturado. –  Es lo único que dice antes de irse rumbo a su casa. Un gracias apresurado resuena en el pasillo a lo que simplemente menea su mano con desdén.

Al ver las prácticas súbitamente terminadas, el entrenador nos envía a todos los presentes a casa, o eso es lo que Scott comenta cuando detiene mi coche en plena calle y sube en el asiento del copiloto. Estoy a punto de bajarlo de una patada, pero sus ojos de cachorro regañado, prometiendo una sincera preocupación y culpa por la situación de Jackson, me lo impiden. Conduzco todo el camino hasta el hospital en un profundo silencio, el trato silencioso es por ahora la primera penitencia de Scotty hasta que encuentre algo mejor.

Cuando nos colamos en enfermería una hermosa y amable mujer nos da la bienvenida, frenando por un instante los horribles escenarios de Jackson perdiendo un brazo o cosas incluso peores.

 – Hola Melissa. –  Suena más como un suspiro agradecido, como quien toca tierra después de estar demasiado tiempo a la deriva. –  Cómo está él. –  no puedo evitar morder mi labio y sentir mi corazón correr desbocado, intentando huir de la posible respuesta.

 – Llegó hace un rato, tuvieron que reacomodarle el hombro y colocarle muchos analgésicos, pero no es nada permanente. –  Y eso último, es lo que más temía. Él realmente ama este deporte, si no pudiera practicarlo nunca más, por algo que yo podría haber evitado… El pensamiento inconcluso hiela mi sangre hasta volverla cuchillas surcando mis venas. – No estés tan serio, querido, él estará bien. Además ¿no eres tú quien siempre dice que si te preocupas demasiado envejecerás diez años? – Con una suave sonrisa acaricia mi mejilla devolviéndole su antigua calidez. – Ahora vayan. No sé cómo averiguaron que está en la habitación 308, pero las horas de visita se terminan a las 19:30. Así que apresúrense – nos guiña un ojo y regresa a trabajar como si nada. Realmente amo a esta mujer.

Frente a la puerta 308 se encuentra una cobriza, muy disgustada, discutiendo con uno de los médicos. Le hago señas a Scott para que intente captar algo de la conversación y nos escondemos a un par de pasillos de distancia.

Pregunta si no hay nada más que puedan hacer. –  Pierdo el hilo de mi respiración por un instante. – Está enojada, porque no podrá jugar el próximo fin de semana. – Lo miro sin entender, a lo que él aclara. – El próximo sábado tendremos nuestro primer partido, por eso iban a entregar las posiciones para la nueva alineación este viernes. – Algo en la conversación contraria parece llamar su atención – Le está pidiendo analgésicos extra. – El disgusto retuerce su semblante, como si hubiera chupado un limón. – Dice que es solo por las dudas si se presenta algún dolor repentino, pero con lo que pidió podría dopar a un caballo o tener adormecido a un joven deportista, con un hombro recién dislocado, por un par de semanas. – Mi rostro se ensombrece, más que asombrarme por cuanto le ha enseñado Melissa sobre medicina, en este último tiempo, me concentro en la estúpida niñita frente a nosotros. Podía tolerarle muchas cosas, su indiferencia, su crueldad, sus mentiras; pero este sin duda era el colmo. Salgo de mi escondite hecho una furia directo hacia la desvergonzada jovencita.

Hola Lydia, no sabía que seguías por aquí. ¿Sabes cómo está Jack’s? – mis palabras destilan tanto veneno que casi parecieran estar sepultándola.

Oh, ustedes dos. ¿Por qué no se lo preguntas a tu rabioso amigo? Después de todo, es su culpa que estemos aquí. – Responde mirándolo despectivamente. – ¿Qué hacen aquí en primer lugar? ¿Acaso estás intentando limpiar tus pecados, McCall?  Porque déjame decirte, no creo que Jackson quiera verlos ahora, y menos después de lo que le hiciste – La mirada apenada de mi acompañante satisface el retorcido ego de la pequeña pelirroja. – Lo lamento, pero llegas algo tarde. Estamos por firmar el alta. – Su tono presuntuoso rememora lo perra que puede resultar Lydia, incluso en situaciones como esta.

Este, fue un terrible accidente por el que ambos nos encontramos realmente preocupados. – Respondo señalándonos a la par. – Puede que tú no lo sepas, pero somos realmente cercanos a Jackson, por lo que es natural que queramos verlo y cuidar de él. No podemos dejar que cualquiera le haga daño. – Su rostro se oscurece ante mis palabras. – No hace falta que pierdas más de tu valioso tiempo. Seguro tienes una cita en el salón de belleza o algo parecido. Ve tranquila, que nosotros nos haremos cargo a partir de ahora. – La ira arde en sus iris verdes queriendo fulminarme por completo.

Claro ¿Por qué no? No es como si uno de ustedes acabara de enviarlo al hospital. – Sus ojos se estrujan incrédulos, mientras pretenden hacernos desaparecer. De pronto, se concentran en mí, dispuestos a dar una estocada mortal. – Hasta donde yo tengo entendido, tú y Jackson ya no se hablan más. Así que no hace falta que finjas interés por él, cuando es claro que ya lo abandonaste. – Mi sangre hierbe en mis venas haciéndome perder el control por un segundo. Me aproximo hasta estar a centímetros de ella y, con la voz enronquecida por la rabia y una mirada de muerte, le respondo.

            – Yo nunca abandonaría a Jackson. Él es mi mejor amigo, él es importante para mí. Significa tanto, que de tan solo pensar que estaba herido, el pecho se me estrujo como si estuviera siendo oprimido por una prensa enorme – La sinceridad de mis palabras la descoloca un instante, casi como si se sorprendiera por la intensidad de mis emociones o el hecho de haber experimentado, alguna vez, algo similar. – No espero que tú puedas entenderlo, porque a diferencia de ti, para mí, él no es un simple accesorio.

No sabes de lo que hablas. – La indignación y el dolor manchan su cara de porcelana y su mirada se vuelve fría y distante, como si hubiera golpeado una fibra sensible. Como sí realmente hubiera algo más detrás de la frívola fachada de su relación con Jack’s. Sé que Lydia es una mujer que siempre oculta sus debilidades. A lo largo del tiempo la he visto comerse el dolor, una y otra vez, tan solo para mantener las apariencias, pero nunca creí que lo hiciera a plena vista. A pesar de que es un verdadero genio, se aferra, como a un salvavidas, a una relación perdida. Puede que él haya llegado a apreciarla, pero dudo que algún día consiga amarla, y, me atrevería a decir que, ella lo sabe también. Está jugando con fuego incluso sabiendo que se va a quemar. Quién lo diría, el amor puede nublar hasta a las mentes más brillantes.

– Como sus amigos, les agradezco que hayan venido a verlo, son realmente muy dulces. Pero creo que no hace falta que se preocupen por él. Después de todo, para eso él me eligió como su novia. – Sus murallas se levantan en un instante y vuelve a ser, la siempre perfecta e inanalizable, Lydia Martin. – Si hay algo por lo que ustedes dos deberían de preocuparse, es el trabajo del profesor Harrison que hay que entregar la próxima semana, quizás con eso les vaya mejor. Ya que, luego de lo que acaba de pasar, es claro que en el lacrosse ni siquiera tienen una posibilidad.

Mientras se despide cínicamente, salgo de la nebulosa mental en la que quedé inmerso luego de esta pequeña revelación. Realmente le gusta, no lo puedo creer. No me mal entiendan, sé que Jackson es un muchacho increíble, bien parecido, con una musculatura de infarto, para un chico de secundaria, y una billetera con al menos una blackcard dentro. Pero también, sé que cuando hablamos de él, es un gran partido del que siempre saldrás perdiendo. Hasta la fecha nunca se ha enamorado. Quizás su egocentrismo no le permitió conectar, ni siquiera con sus exparejas, o talvez, algo dentro suyo esta tan dañado que nunca permitirá que nadie llegue a ver más allá de su idílica superficie. Me permito compadecerla un instante, a pesar de ser tan similares nunca podrán acercarse tanto como ella quisiera. Muerdo mi labio y estoy por soltar un comentario mordaz sobre cómo, mi querido amigo aquí presente, está más capacitado para atenderlo, gracias a un curso que hizo en el verano sobre enfermería y primeros auxilios, cuando alguien dobla la esquina.

Una caminata taciturna da lugar a la llegada del joven en discordia, que luce más pálido de lo normal. El dolor parece haberle drenado el color, y en su semblante se nota el cansancio. Es en ese preciso instante, el alivio se me escapa en un suspiro. Él realmente está bien.

Venia renegando con un incómodo cabestrillo colgando de su cuello hasta que se percata de nuestra presencia. A pesar de ser un paciente, es el quien se siente descolocado, en pleno pasillo de hospital, debido al pesado ambiente que formo nuestra discusión.

Jack’s – Su nombre suena como una plegaria cuando extiendo mi mano hacia sus mejillas. – Conque al fin apareces. Creí que te habías escapado por una ventana o algo así. –Una sonrisa suave cincela sus labios. – ¿Cómo te sientes? – Sus ojos se apartan de mí y al percatarse de las miradas del resto de la audiencia, se aparta bruscamente y toma a Scott de la camisa acorralándolo brutalmente contra la pared.

Maldito ¿Qué carajos crees que haces tú aquí? – Los nervios arrancan una tartamuda disculpa de la boca del pobre muchacho. – ¿Por qué no mejor te vas a la mierda? por tu culpa no podré jugar el primer partido de la temporada. ¿De qué me sirve tu patética disculpa ahora? – Una sonrisa torcida mancha sus labios, mientras una macabra idea germina dentro de él. – Si realmente quisieras disculparte ¿Por qué no me ofreces la oportunidad de igualar las condiciones? – Scott parece tan descolocado y nervioso. Y es que esto, ya se nos está yendo de las manos. Por más enojado que este, no permitiré que uno de mis amigos le disloque el hombro al otro como retribución.

Jackson. – En medio de mi advertencia, Scott se recupera de espanto y lo aparta con más suavidad de la que esperaba. Pero aún así, es demasiada para un simple humano, por lo que el joven rubio trastabilla hacia atrás mientras trata de no perder el equilibrio. En seguida me acerco para darle estabilidad, pero antes de poder sostenerlo, él se incorpora por su cuenta y me mantiene a raya con una mano. – Estoy bien, duele, pero mejoraré en un par de días. Así que será mejor que te lleves a tu amigo, pues parece que todavía no está conforme con lo ocurrido en el campo. Pero descuida Scott, que yo tampoco lo estoy. Apenas logre deshacerme de esta cosa. – Dice sacudiendo su cabestrillo. –  Me aseguraré de demostrarte cómo se siente un verdadero bloqueo rompehuesos. – Se aproxima a Lydia dando por terminada la conversación. – Vámonos, la espalda me está matando y necesito dormir un par de horas. Más le vale a ese maldito colchón ortopédico ser tan útil como vale. – Genial las cosas con Scott parecen haberse podrido en serio. Chau a mi plan de 10 años para que se hagan mejores amigos, y podamos disfrazarnos de las súper poderosas para Halloween. Para colmo yo he entrado en la misma bolsa, por lo que se irá con Lydia, quien no dudará en abandonarlo a su suerte en una casa vacía, con tal de esconder sus sentimientos. Estúpido Scott y sus estúpidas decisiones.

¡Hey! te llamaré esta noche para saber cómo te sientes y será mejor que contestes o me colaré en tu casa para comprobarlo. – ni siquiera voltea a mirarme cuando suelta un “lo que sea” y se aleja junto a su encantadora novia.

            Volteo fulminante hacia mi acompañante quien levanta las manos en rendición.

Esto es todo tu culpa ¿Lo sabes, no? – Niego lentamente, no tiene sentido seguir discutiendo sobre lo mismo. El problema real no es él, sino sus habilidades descontroladas. Y yo, tengo justo lo que necesita.

Sí, ya me di cuenta, gracias por recordármelo. – Una sonrisa maniaca, que le ofrezco cada vez que uno de mis planes resultará particularmente desagradable para él, se aloja en mi cara haciéndolo sudar frío. Esta vez no podrás escaparte de mí, maldito. – Tu sabes que yo no quise hacerlo apropósito ¿no, Stiles? ¿Stiles? ­– Al no obtener respuesta suelta una maldición. – Esta bien ¿Qué tienes en mente? – La derrota cae fastidiosa sobre su voz cansada y eso, que aún, no tiene ni idea de lo que vamos a hacer.

 

            Si dijera que tengo a Scott esposado, semidesnudo y con una venda cubriendo sus ojos, podría sonar muy mal, si agregara que estamos completamente solos en medio de la cancha, quedaría aun peor. Si intentara explicarlo como un simple ejercicio de resistencia creo que más de uno se abochornaría, pero, en mi defensa, la única prenda faltante es la remera de mi acompañante y yo nunca me involucraría en esa clase de juegos, o al menos, no con él.

Escúchame, vamos a realizar un ejercicio simple, usa tus súper sentidos para predecir la trayectoria y esquivar, pero reteniendo tu fuerza. Tienes prohibido romper las esposas. – No voy a mentir, no sé qué tan efectivo será esto, con un hombre lobo en pleno desarrollo. Viendo lo perdido y vulnerable que se ve mi amigo, comienzo a replanteármelo sin mucho éxito. A la mierda, ya estamos aquí solo queda intentarlo.

Cómo que esquivar. – El pánico se filtra a través de su pregunta, que no me gasto en responder, al menos no de forma verbal. Sostengo con fuerza el palo de lacrosse y me coloco en posición. Me digo, que el lacrosse es como andar en bici, y procedo a lanzar una bola rápida directo a su pecho. La falta de tela me permite apreciar el momento justo en que la bola le roba el aliento y enrojece el área afectada. La segunda parte de este ejercicio es ver cuánto control tiene sobre su curación acelerada. Por lo rápido que el moretón comienza a formarse, asumo que ninguna.

Concéntrate, deja de jugar y siente las pelotas acercarse. Usa tus oídos para captar el lanzamiento y mi posición. Absorbe con tu olfato el olor a goma y madera y anticipa la trayectoria. Y recuerda que me debes 10 dólares si rompes tus restricciones. – Parece realmente enojado cuando comienza a recibir pelotazos desde todas direcciones o eso me hacen notar las constantes maldiciones que proclama en mi nombre. – Con esa boca saludas a Melissa. Estoy seguro que quedaría horrorizada al oír a su tesoro blasfemar como un camionero. – Su ira se acrecienta a medida que las pelotas se acumulan y las burlas no cesan. Sé que falta poco para que su paciencia llegue a su límite, pero esa es la idea, que a pesar de haber sobrepasado sus limitaciones no se pierda a sí mismo en un rio de furia y muerte. – Vamos Scott, yo sé que tú puedes hacerlo. Solo usa tu instinto. – Empieza de a poco, primero minimiza el daño haciéndolas rozar su piel, como si de a poco se acostumbrara a ver sin sus ojos. Para cuando comienza a anochecer, ya ha logrado esquivar al menos un par, y mentiría si dijera que no me siento un poco orgulloso por ello. – Bien, hasta aquí llegamos – digo lanzando una última bola. Sí, puede que sea un poco malicioso, pero es que me dio ternura su sonrisa engreída. Recién estamos comenzando y ya cree que lo ha hecho bien. Alguien tiene que bajarle los humos un poco. Finalmente termino siendo yo el sorprendido, cuando en un instante rompe las esposas y atrapa mi lanzamiento en el aire, para luego desnudar sus ojos burlonamente – Bien hecho, eso fue increíble. Pero, aún así, me debes 10 dólares. – Sus muecas terminan haciéndome ampliar mi sonrisa. Conque así se sentía Yoda al ver Luke Skywalker aprender a manejar la fuerza.

Estoy seguro que, cuando lo compraste, decía solo tres con noventa y nueve.

No sé de lo que hablas. ¿A caso estas dudando de tu maestro jedi? Los jóvenes de hoy en día no saben valorar a sus mayores. – Me lamento solemnemente y él niega derrotado. Parece realmente cansado luego de nuestro pequeño entrenamiento. Y yo también lo estaría si mi mejor amigo hubiera dejado mi torso como una mortaja violácea. – ¿Cómo te sientes? Fueron buenos tiros, así que debes estar dolorido, si los dejas, los moretones, se curarán en un rato. – Algunos ya formados parecen realmente dolorosos así que hago una mueca al imaginarme lo que se sentirán. Debería aprender rápido a curar sus heridas. Eso me recuerda –  Aun que podríamos probar algo. – Naturalmente se muestra reticente.

Oye, fue divertido y todo, pero necesito al menos una siesta antes de continuar con esto. Realmente me duele todo. – Le quito importancia con un movimiento de mano.

No te preocupes, esto no dolerá. Es más, en realidad se trata de un ejercicio mental. – El interés y la desconfianza lo invaden en partes iguales. Diría que me ofende, pero el pobre tiene sus motivos. –  Este moretón – Digo colocando gentilmente mi mano sobre una gran mancha violeta que adorna su pectoral izquierdo. Él se estremece ante el contacto de su piel tibia y mis dedos enfríecidos luego de horas de entrenar a la intemperie. Interesante, a pesar de estar más desabrigado que yo, su temperatura corporal se mantiene alta. Parece que esa desdichada mordida sirve incluso como calefactor. Por un instante, en serio lo envidio. – Concéntrate en él, en el dolor y cómo se siente la sangre que se ha acumulado en él. Piensa ahora en cómo sería, si la sangre fluyera y la presión disminuyera, y en el alivio que eso te haría sentir. – Cierra sus ojos un instante y se deja llevar por mi voz. A través de mi palma extendida siento sus latidos ralentizarse, tomar una respiración profunda y, a medida que el aire se va soltando con suavidad, veo el hematoma aclarase hasta desaparecer. Quizás parezca completamente innecesario, ya que, en menos de media hora, todos ellos desaparecerán por cuenta propia. Pero no es por los moretones por lo cual quiero que él aprenda a controlar su curación. Soy muy consiente, que, en este mundo sobrenatural, lo que hoy no es más que un poco de sangre coagulada, mañana podría ser un orificio de bala. Todo lo que hemos hecho hoy es para que él pueda sobrevivir mañana. Aún sí ni él mismo lo sabe. – Ya se nos ha hecho tarde, será mejor que te lleve a casa.

 

Sabes, puede que Lydia tenga razón – Aparto la mirada del camino y lo miro con escepticismo mientras cuadro los hombros. De que rayos está hablando tan de repente. –  No sobre lo del lacrosse o sobre todo lo demás. – Agrega apenado. Acaba de salvarse de ser arrojado en plena carretera. – Realmente soy muy malo en química. ¿Podrías ayudarme? Es tu deber, como mejor amigo, ayudarme cuando estoy a punto de ser enterrado vivo por la inigualable Lydia Martin. Si no aprobamos ese ensayo, estoy seguro que me comerá vivo.

Y no de la forma divertida. – Me burlo, haciendo que me fulmine. – No te preocupes, yo podría ayudarte con eso. Podrías venir cuando nos juntemos con Cora y… – Pierdo el hilo de mis palabras cuando mis pensamientos vuelan percatándose de un nuevo horizonte. Eso sería perfecto, en vez de estar rompiéndome la cabeza conspirando, con qué oculta la extraña familia Hale, puedo usar los poderes de súper sabueso de Scott. Ahora, solo queda explicarle que Cora es también una sobrenatural. – Sabes qué, hay algo de lo que me gustaría hablarte. – Luego de detener el auto a un costado del camino, para poder explicarle mejor, dejo caer la bomba. Para cuando mi explicación termina él parece tan perturbado, como un niño al que le han dicho de una sola vez que no existen Santa Claus, el Conejo de Pascuas, el Hada de los Dientes y los Reyes Magos.

Tiene tanto sentido ahora. – Lo miro en busca de una explicación y enciendo el coche para volver al camino – Ella huele como un perro, pero no como los de la tienda de Deaton, huele a algo mucho más salvaje.

Así que son hombres lobo – La sorpresa se diluye ante la obvia revelación, haciendo que me mire extrañado. Suspiro agotado, ya son más de las once y aún no he merendado. – A diferencia de algunos, yo sí he hecho mi tarea. – suelto acusadoramente – Según averigüé, la familia Hale, es algún tipo de ser mítico. Las extrañas habilidades que presentó Cora y los numerosos altercados en los que se han visto involucrados tanto en Beacon Hills, New York y México, sugieren algo con grandes garras y afiladísimos colmillos. Si tomamos al aullido lobuno como principal referencia, es obvio que, la intachable alcaldesa Hale y su numerosa familia, son alguna especie de manada de hombres lobo. – El asombro de quien ha descubierto algo por primera vez resplandece en su mirada. Si solo pensara lo mismo luego de saber sobre esa jovencita, pero, a quién le importa a estas alturas. Si quiere vivir una larga vida, es necesario que abra sus ojos a la verdad. – Por otra parte, la familia Argent tiene todas las características de un clan de cazadores. Entre las cosas que investigué, Allison es la única hija de Chris y Victoria. El primero, maneja una pequeña distribuidora americana, que heredó de su padre, un decrepito hombre llamado Gerard. Según parece, la rama francesa viene por el lado de la madre, quien es la tercera hija de Juliette, la jefa de una importante distribuidora de armamento en Niza. Mientras más investigaba al respecto, más similitudes encontraba con una secta paramilitar, así que luego de tener información fiable sobre su árbol genealógico, me inmiscuí en sus finanzas y los movimientos de su encantadora distribuidora. Si bien aquí en EEUU solo distribuyen la mercancía, igual que en Italia y Alemania; tienen fábricas en Niza para sus diseños originales. Considerando que la mitad de sus sedes no están registradas, sus cargamentos se tornan aún más interesantes. Armas bañadas en plata y enormes suministros de wolfsbane y otras plantas mata lobos. – Las garras de la traición desgarran su semblante y perforan su alma. Sin duda, que tu primer amor sea el mayor de tus enemigos, es digno de un drama Shakespeariano.

Pero, no lo sabes aún­. – Ahora realmente ha logrado confundirme. – No sabemos si Allison es una cazadora y tampoco si su familia es mala en verdad. – Me pregunto si habrá escuchado al menos algo de lo que acabo de decir. – Ya sabes, ella en realidad no parece ser una mala persona. – A pesar que es él el sonrojado, soy yo quien ahora se encuentra suspirando. Me recuerdo a mí mismo que, muchos otros tampoco lo son, sin embargo, no dudarían en meterte un balazo en la frente al saber que eres un monstruo. Uno más de los tantos que cazan para proteger a los humanos ignorantes que creen vivir en el mundo real.

–  Ese no es el punto. El que sean buenos o no, no quita lo que en verdad son, cazadores, personas entrenadas en el rastreo, captura y exterminio de seres sobrenaturales fuera de control. Y tú, amigo mío, eres su principal presa, un hombre lobo recién mordido que puede ser convocado por un alfa que te controle a voluntad para comenzar una masacre en cualquier momento. – Diablos, no debí decir eso aún, el pánico puede inducir su cambio dentro de mi pequeño sheep.

Por eso dijiste que me alejara de Allison y del lacrosse. ¿Para eso era el entrenamiento zen? –  pregunta algo alterado. – Sabias que había cazadores que intentarían matarme y no me lo dijiste. – Oficialmente seré yo quien cace a este imbécil.

¿Estas bromeando? Te entregue un archivo con toda la información hace unos días, pero tú, estúpido sin vergüenza, ni siquiera te dignaste en leerlo. – No tiene ni idea donde está metido y aun así se atreve a presumir de sus habilidades a plena luz del día. Comienzo a creer que él es un caso perdido en la búsqueda del sentido común. – Queda solo una semana para la luna llena, y mientras más se acerque más fuerte será el dominio de tu lado animal, por ende, estarás a completa merced del alfa. No podrás negarte a que te llame, ni ninguna otra cosa que él te pida. Debes saber que en el momento en que derrames sangre inocente ya no habrá nada que detenga a los cazadores de arrancarte la cabeza. – Ahora que lo pienso, es extraño que su alfa no lo haya convocado todavía. A menos que él no sepa que está siendo llamado.  – De casualidad has notado algo extraño, como pérdida de memoria o cosas que no sabes de dónde salieron. – mi pregunta parece revolver algo dentro de su memoria.

Ahora que lo mencionas, cuando desperté esta mañana, mi cama estaba llena de hojas y yo estaba cubierto de tierra y mugre. Creí que solo era producto de una ventana mal cerrada y una pequeña tormenta nocturna, pero comienzo a dudar que se trate de algo tan simple. – Demonios, no debí dejarlo por su cuenta, pero como iba a saber yo que podría transformarse incluso sin la luna llena, realmente necesito averiguar más sobre eso. Mientras dejo a mi amigo en su casa, recuerdo que papá tiene mañana un turno doble y me decido a adelantar mi cita del sábado.

No te preocupes, pronto iré a ver a alguien que puede ayudarnos con esto. – A pesar de no verse convencido asiente mientras baja del coche. – Asegura tu habitación y trata de no escaparte con una fraternidad malvada en plena madrugada. – Vuelve a asentir antes de finalmente entrar en la casa. Será mejor que acelere si quiero llegar a casa antes que papá.

 

A la mañana siguiente, sorprendí al comedor entero con una propuesta más que inesperada.

Y bien, qué piensas – Luego de convencer a Cora de que su casa era el mejor lugar para una sesión de estudio apresurada, tuvimos que pasar por una prueba de fuego. Con una mueca burlesca en la cara, nos dijo su única condición, debíamos traer a todos los miembros de ambos grupos, incluida Lydia Martin. Sabiendo que pasaríamos por un rechazo monumental, pensábamos acercarnos cuando esta estuviese sola, Pero entonces, Cora aseguró que si no le confirmábamos en los próximos 15 minutos su madre se negaría a recibirnos, pues aún no había hecho las compras y no tendría qué ofrecer. Ante la insistencia, me armé de valor y dejé salir toda mi verborrea verbal frente a la joven cobriza.

Hola Lydia. ¿Cómo has estado? Sabes, después de la conversación que tuvimos, me di cuenta que tenías algo de razón. Scott necesita mejorar en química y Cora también. Así que estuve pensando, y qué mejor que un par de alumnos avanzados ayudandolos con unas pequeñas clases de consulta. Además, como ya sabes, son nuestros compañeros de laboratorio y, si no aprueban el ensayo de la próxima semana, afectarán nuestro promedio general al final del semestre. Así que, si lo piensas bien, es como hacer créditos extra sin tener que mover un dedo.

Esta bien –  Respondió de pronto con desinterés, luego de evaluarme críticamente como si fuese un pequeño germen en su microscopio. Durante los cinco silenciosos minutos que duró su escrutinio, el patio entero se mantuvo expectante. – Pero a cambio, me deberás un pequeño favor, Stilinski. – En vez de sentirme aliviado, su sonrisa de usurero puso mis nervios de punta.

  –Claro, no hay problema. Nos vemos hoy a las cuatro en la entrada a la reserva. –Cuando aseguró encontrarnos allí, estoy seguro que más de uno casi se cae del asiento. Incluso pude ver a Boyd recogiendo el dinero de las apuestas. Ese desgraciado se estaba aprovechando de mi desgracia más de lo que debería. Cuando comenzara el entrenamiento, aseguraría de no volver a compartir mis bocadillos con él.

Sorprendentemente, cumpliendo con nuestra promesa, nos encontrábamos, hace más de diez minutos, Lydia, Scott y yo, en los límites de la reserva. Mientras esperábamos en nuestros vehículos frente a una vieja tranquera, que rezaba un desgastado “no pasar, propiedad privada”, un Camaro nos tocó bocina desde atrás. De él bajo Cora luciendo profundamente encantada.

Hola chicos, lamento la demora, Derek no se decidía entre que cereales traer. – Decía estruendosamente la castaña, mientras bajaba del carro y abría la bendita trampilla. Casi podía oír el bufido indignado de su hermano. – Nosotros iremos por delante para marcarles el camino, así evitamos que alguno termine en medio del lago por tomar una curva equivocada.

Al reanudar la marcha nos internamos en el impenetrable follaje y dejamos la civilización atrás. El sonido de los coches avanzando es lo único que perturba el aplastador silencio del bosque. Es casi, como si este supiera de la llegada de extraños y estuviera aguardando la mejor oportunidad para deshacerse de ellos. Y es que si bien, vamos cruzando por una especie de camino principal, hay un montón de intrincados senderos auxiliares que al atravesarlo son tragados por el boscaje.  Poco a poco el bosque se abre para revelar la última casa de Beacon Hills, una enorme cabaña de dos pisos recubierta de troncos y piedras, tan pintoresca como una postal. Por un instante podría jurar haberla visto antes, en una pesadilla, envuelta en llamas, brillando en rojo, naranja y amarillo, ardiendo con un coro de voces agonizantes dentro; pero eso sería ridículo.

Bajamos de los autos rumbo a la entrada y del asiento del conductor de ese hermoso Chevrolet negro sale el glorioso, y siempre encuerado, Derek, dios griego, Hale. Mentiría si dijera que no me quede embobado un instante admirando lo bien que se cernía el cuero de su campera a esos torneados bíceps. Una vez más agradecía a Dios por la flamante vista.

Cora, ven a ayúdame con esto. – Le exige mientras saca un par de bolsas de la cajuela.

Tengo que decirle a mamá que los chicos ya llegaron, así que… – Se encoje de hombros al ver que su hermano comienza a mirarla mal. Ella busca alrededor, hasta que se topa con la victima perfecta. – Stiles, como eres mi mejor, mejor, amigo, podrías ayudar a mi hermano con las compras – La pregunta disipa mi epifanía y me regresa al mundo real. – Los demás, vengan conmigo y les mostraré el comedor. – Si no fuera porque estoy seguro que lo ha hecho para molestar, le agradecería por la oportunidad de contemplar, una vez más de cerca, a semejante moreno.

–  Mucho tiempo sin vernos, sourwolf. – Digo apoyándome en la baulera y tirando mi alborotado cabello hacia atrás. Realmente necesito cortarlo pronto. –  Y ¿Qué cereales escogiste al final? – Su ceja retadora y su mirada predadora me causan un escalofrío que logra poner mis bellos en punta.

–– Copos de maíz. – responde con desdén al pasarme un par de bolsas.

Fueron ositos de miel, verdad. – Pregunto suspicaz, al ver el empaque dentro de una de las bolsas. Sus orejas se colorean y su rostro se endurece hasta parecer una escultura. Cierra con fuerza la baulera y está a punto de apartarse bruscamente, hasta que le aclaro. – No te juzgo, aunque los aros de fruta son mejores. – Repaso mis labios con satisfacción como si aún pudiera saborearlos. Noto como cae preso de su magnética trayectoria y sacude la cabeza tratando de escapar.

Lo que tú digas. – Responde roncamente encaminándose hacia adentro. Mi corazón inquiero vibra al son rasposo de sus palabras y mis pasos lo siguen a través de la entrada.

Me quedo admirando la hermosa fachada desde dentro. Me pierdo un instante embelesado por la vista de un precioso vitral. En uno de los descansos, junto a las ventanas de la sala, se alcanza a ver como un lobo marrón es resguardado de la inclemente oscuridad de la noche por un árbol inmenso, mientras, desecho, le ruega a la luna descender una última vez. Desde el cielo, la delicada diosa, llora lágrimas de plata que se evaporan al tocar la tierra y se entretejen formando plantas de largos tallos repletas de pequeñas flores violetas. Que escena más extraña, un árbol, que parece sostener en sus ramas más de seis siglos de follaje, mira imperioso, al joven lobo, mantenerse firme junto al letal acónito. Pobre, cegado por ver a su amada, ha olvidado incluso la letalidad de la muerte.

Apresúrate. – Oigo gritar a Derek mientras desaparece tras una puerta. Me abro paso a tropezones hasta una cocina lo suficientemente grande como para alimentar un batallón.

Linda casa. – Comento, con tal de romper el incómodo silencio que se ha instaurado entre nosotros desde que deposité las compras en la mesada. – Aunque no es lo único. –Murmuro bajito mientras veo su perfil desempacar la mercadería. Su chaqueta ha desaparecido dentro de algún armario, dejando su pelo medio revuelto y expuesto a la suave luz de la tarde que se cuela por la ventana. Es una escena tan hogareña que, si no fuera por el simple hecho de que somos dos perfectos desconocidos, se sentiría sumamente intima.

No te distraigas demasiado. –  Se voltea a mirarme y su tono duro me hace sentir cada vez más fuera de lugar. Es sorprendente, lo rápido que las cosas pueden tornarse incorrectas.  – No vaya a ser que termines extraviándote nuevamente. Después de todo, nunca se sabe cuándo te encontraras con un animal salvaje. – Al tenerlo tan cerca, podría jurar que, ahora mismo, me encuentro frente a uno de ellos.

Gracias, lo tendré en cuenta. –  Suelto con los nervios a flor de piel y el corazón martillándome el pecho. Hay veces en que el nerviosismo se confunde con la excitación, transformando el miedo en coraje. Se dice que, cuando esto sucede, puedes llegar a presenciar un milagro, el nacimiento de un verdadero valiente. En mi caso, solo empeora las cosas. – Pero no hace falta que te preocupes por mí, conozco varias formas de encargarme de ellos. – En un gruñido bajo me acorrala contra la encimera. Yo y mi gran bocota, acabamos de firmar una sentencia de muerte, al provocar a un hombre lobo en su propio territorio. Puedo sentir su pecho subir y bajar pesadamente contra el mío, su respiración caliente quemándome el labio inferior y la forma en la que el suyo tiembla hasta ser apresado bajo un afiladísimo colmillo. La cercanía se ha vuelto tan peligrosa que mis pensamientos se tuercen en una sonrisa. – Si quieres, puedo enseñarte un par. – Cuando nuestras miradas se encuentran, sus ojos se convierten en los de un paciente comatoso que acaba de despertar, puro pánico y desorientación los invaden. Como si mi sonrojado cuerpo fuera plata al rojo vivo, se aparta y en un segundo se encuentra en la esquina opuesta de la habitación.

Deberías irte, Cora te está llamando. – Me gruñe señalando la puerta. Ni siquiera me molesto en preguntar como la ha oído y simplemente abandono la cocina rumbo al bendito comedor.

Nos vemos, sourwolf. – Realmente no sabía qué significaba todo aquello y quizás, por ahora, era mejor así.

Al volver a estar de frente al hermoso vitral, me doy cuenta de que no sabía por dónde debía ir.  No quería volver y preguntarle a Derek como llegar, pero tampoco era de buena educación ir de fisgón por toda la casa. O quizás sí, dice esa pequeña vocecita en mi cabeza, que siempre hace que termine envuelto en toda clase de problemas.  Debería ignorarla y quedarme aquí hasta que alguien venga a por mí, pero ¿No es para esto para lo que vinimos hoy aquí? Es hora de aprovechar la oportunidad. Después de todo, no soy más que un niño perdido en medio de una enorme casa.

Debido a las extrañas miradas, que me acechan desde el primer piso, me siento reticente de subir por las escaleras dobles. Es tan inquietante el sentirse observado sin poder ver a tu acosador, pero aun así, necesito saber qué clase de personas viven en la mansión Hale. Al menos por ahora, puedo estar seguro que no son un grupo de psicópatas que guardan trozos de cadáveres dentro de la nevera, pero aún, podrían estarlos guardando en otro lugar. De solo pensarlo, termino adentrándome en la habitación más cercana. Me abro paso hacia una oficina resguardada por dos pesadas puertas de roble labrado. La formalidad severa con la que está decorada me obliga a cuadrar los hombros y pararme firme. Las estanterías cargadas de libros de abogacía, psicología y ciencia cercan un fino escritorio de madera pulcramente acomodado. Casi puedo ver a su dueño sentarse en él, y, con aires de regente, juzgar el mundo entero y sus visitantes. El ambiente solo logra apaciguarse ante la vista de dos pequeños portarretratos. En uno, se ve a una enorme familia sonriendo a la cámara, y en el otro, tres niños de la foto anterior posando radiantemente. Puedo reconocer a una pequeña Cora tironeando del brazo de un niño, quien parece ser la versión más ingenua y menos enfurruñada de Derek. Junto a ellos, una jovencita, que asumo debe de ser Laura, sostiene un semblante tan serio que desentona totalmente con los apenas doce años que parece tener. “Así que esta es la manada Hale, sinceramente no parecen tan monstruosos como lo esperaba”. Pero por lo general, ningún monstruo lo hace. Desearía creer que no todos los monstruos hacen cosas monstruosas.

 Estoy a punto de abandonar la habitación cuando las puertas se abren de repente y la oficina se hace carne tras la imponente figura de Talía Hale. El aire se vuelve pesado cuando sus ojos me escrudiñan por lo que doy un paso atrás en busca de oxígeno.

Buenas tardes, usted debe de ser la Sra. Hale. Su hija me hablo mucho de usted. – Su ceja se alza confirmando mis sospechas que el lenguaje de cejas es una especie de herencia familiar. “Genial, de todos los que podría encontrarme, tenía que ser ella”. Trato de no ponerme nervioso y responder tal cual lo ensaye. –  Mi nombre es Stiles Stilinski, es un gusto conocerla, soy el mejor amigo de Cora, o al menos eso es lo que dicen. – Me animo a soltar sonriente.

Así que tú eres el pequeño hijo de Claudia, has crecido mucho. – Su rostro se suaviza mientras lo invade una pequeña sonrisa, poniéndome los nervios de punta. ¿Desde cuándo ella conoce a mamá? –  Cora también me ha contado mucho sobre ti. Me dijo que tenían que hacer un trabajo para el instituto, pero no creo que haya nada en mi oficina que pueda ayudarles con eso. – Ahora puedo estar seguro que, si ascendió en las elecciones, fue gracias a sus habilidades diplomáticas. Su forma tan sutil de preguntar, qué diablos hago aquí, me hace respetarla un poco más.

En realidad, estaba yendo al comedor, luego de ayudar a Derek, pero terminé perdiéndome en el camino. Podría indicarme cómo llegar hasta allí. – Con mi mejor cara de niño bueno soporto firmemente su incrédula evaluación.

¿Así qué ya conoces a Derek? – Parecía más complacida que sorprendida. –  No sabía que fueran cercanos. No me mal entiendas, mi hijo es algo osco en ocasiones y más cuando se trata de conocer gente nueva. Por lo que me disculpo de antemano si ha sido grosero contigo, lamentablemente, le sale natural. – Eso era algo en lo que podíamos estar de acuerdo. Tratar a quien te ha ayudado como si fuera radiactivo, no era de lo más agradable.

No se preocupe, estoy seguro que puedo manejarlo, solo se necesita la cantidad justa de persuasión. Y me han dicho que, en ocasiones, puedo resultar realmente encantador. – Estoy a punto de darme una bofetada mental, por soltar todo aquello ante nada más y nada menos que su madre, cuando su sonrisa se extiende ampliamente.

Y sin duda lo eres, por lo que me sentiría terriblemente culpable si algo llegase a ocurrirte. – Un pequeño rayo de luz hace su mirada lobuna resplandecer al rojo vivo. Es solo un instante, pero la amenaza permanece igual de vivida. – Realmente hay cosas muy peligrosas ocultas en las profundidades del bosque, y no siempre se tiene la suerte de escapar a tiempo. Por lo que, procura mantenerte a salvo, joven Stilinski. Después de todo, es lo que tu madre hubiera querido. – Mi corazón se convierte en un caballo desbocado, que corre imparable, presa del pánico. “Tranquilo Stiles, concéntrate en lo importante”.

No sabía que fueran cercanas. Mamá nunca me hablo de usted. – Quisiera agregar que nunca la he visto visitarla en el hospital, pero talvez eso sería demasiado.

–  Nos conocimos cuando éramos más jóvenes, pero supongo que no era nuestro destino permanecer unidas. – Con una mueca amarga me hace una seña para que la siga afuera. – Es mejor que dejemos de hablar del pasado. Tus amigos te están esperando en la puerta al final del pasillo. – Regresan su sonrisa plana y su amabilidad comercial. Una vez más, Talía se ve sepultada por la fachada de la líder perfecta, y mis preguntas son enterradas con ella.

Muchas gracias. – Es todo lo que alcanzo a decir antes de que desaparezca detrás de esas pesadas puertas.

Conociendo la casa. – pregunta Cora burlona cuando me siento junto a ellos en una larguísima mesa de roble.

Es realmente encantadora. –  Suelto taciturno. Puede que la sorpresa con la que Lydia admiraba la casa fuera contagiosa, pues me encuentro mirando, una y otra vez, la calidez y el buen gusto de cada mueble en la habitación.

Aunque no es lo único. – Dice Cora simplemente. Podía sentir mis mejillas arder, así que ese era el alcance del oído de un lobo bien entrenado. Esa desgraciada, cómo se atrevía a escuchar conversaciones ajenas, y encima una tan vergonzosa.

Muy bien, en dos horas tengo una cita, así terminemos con esto de una vez. – Es Lydia quien evita que arroje mi cuaderno contra la dueña de casa.

Bien muchachos, veamos donde quedaron. ­ – Digo tomando la iniciativa.

Mentiría si dijera que las siguientes horas no fueron un suplicio. Lydia quien había decidido dejarme a mi suerte, alegando que en ningún momento prometió ser tutor de nadie, término explotando. Al principio solo hacia preguntas fáciles y resolvía ejercicios de la última clase, sin esforzarse siquiera; pero, al ver lo atrasados y lentos que estaban los otros dos, no pudo soportarlo más.

¡Por el amor de Dios! Tú, estás usando el método equivocado, y, tú, ni siquiera tienes idea de lo que estás haciendo.  – Las caras de Cora y Scott plasmaban los versos de un penoso poema. ­– Y en cuanto a ti, tutor de pacotilla, deberías estar enseñándoles de formas más simples para que sus pequeños cerebros de Uintatheriidae puedan comprenderlo. – Su disgusto hacia a su cara rivalizar con un campo de cerezas maduras a punto de estallar.

Uinta qué – Se atrevió a preguntar estúpidamente Scott. Por la forma en la que los iris de la joven pelirroja lo atravesaron, no solo dejaría un agujero de bala si pudiera, sino, que estoy seguro, le volaría la cabeza entera.

Creo que, en tu caso, el animal con el cerebro más pequeño de la creación, es darte demasiado crédito. Es obvio que una medusa te quedaría mejor. – A partir de entonces, comenzó a explicarles poco a poco las diferentes maneras de resolver cada ejercicio.

Para cuando dieron las seis, la mesa había sido sepultada bajo una bandeja de sándwiches a medio terminar, un par de vasos vacíos y una interminable pila de papeles. Por suerte, terminamos a tiempo. Para sorpresa de todos, el grupo funcionaba realmente bien. Lydia tenía un ojo estético especial para la edición y el diseño, Cora era buena optimizando el trabajo y simplificándolo, Scott tenia buena mano para la redacción y yo podía conseguir cualquier información que necesitáramos. En mi opinión, éramos un 10/10, y puede que no fuera el único que lo pensara, pues hasta Lydia aceptó volver a reunirse para el próximo trabajo.

Bueno, ya es hora, así que antes de que me vaya, quiero dejar algo bien en claro. No somos amigos, así que no me hablen. No planeo socializar con ninguno de ustedes sino es por un nuevo trabajo. – Estábamos tan bien hasta que su lado diva salió a arruinar el ambiente.

No te preocupes, nunca se nos ocurriría algo tan horrible. – Nuevamente Cora se colocaba a la defensiva y sacaba a relucir su faceta osca. Era mejor detenerla antes de que iniciaran una pelea.

En realidad, yo también debo irme. Tengo que volver a casa antes de las siete. – Las caras suspicaces de las jovencitas al otro lado de la mesa me hicieron sonrojar. Era verdad que debía volver a casa para despedir a papá antes de que entrara a su turno nocturno, pero no era lo único que debía hacer allí. Necesitaba darme una ducha y cambiarme rápidamente si quería llegar a mi cita con mi informante.

Si no fueras tú de quien estamos hablando, diría que tienes una cita esta noche. – Lydia parece leer mi alma mientras se acerca lentamente a mí. En el momento en que estoy a punto de sofocarme en un mar de nervios, retrocede con desinterés. – No es como si me importara. – Suelto un gracias muy confundido y le hago señas a Scott para que recoja sus cosas.

Gracias por todo. – Es lo último que le digo a Cora antes de adentrarme en la carretera. Cuando estamos a una milla de distancia le pregunto a Scott si logro captar algo. Me cuenta que alcanzo a escuchar mi conversación con Derek, gracias a Dios, no la parte vergonzosa, pero no la de Talía. Dice que sintió como si me desvaneciera de pronto, sin sonido, sin olor, nada. Tal parece esa oficina es más que un cuarto insonorizado.

Estaba aterrado, creí que te habían secuestrado o, incluso, algo peor. ­ – Suena como un niño asustado que acaba de perder a su madre en pleno supermercado.

Estoy bien – Le palmeo el hombro para que sepa que lo digo en serio. Al contarle mi conversación con la Sra. Hale esta tan nervioso que parece como si la inquietante señora fuera a aparecerse, en el asiento trasero, en cualquier momento. Y eso que todavía no la ha conocido en persona. – Te aseguro que es incluso más imponente en persona. Tiene un aura antinatural de poderío que no te sabría explicar. – Me sacudo un escalofrío de solo recordarla. – Por otro lado ¿No has sentido nada más? – Él niega rotundamente haciéndome resoplar. Necesitamos que aprenda a controlar sus sentidos cuanto antes.

 

En un modesto edificio de ladrillos, a las afueras de Beacon Hills, se exhibía la oscura fachada de un bar, rodeado por enredaderas. Sobre los alargados ventanales de la entrada y en un pequeño cartel colgante, se leía en brillantes letras doradas: Geheim. Este era el secreto a voces del mundo sobrenatural. Ni yo mismo sé cómo fue que llegue a dar con él, en ese entonces estaba realmente perdido. Una noche, demasiado pesada como para seguir encerrado en mi habitación, lo encontré por casualidad. Luces bajas y muebles en tonalidades de negro y azul, daban un aire íntimo y elegante, en el que cualquier travesura podía ser posible. La barra de obsidiana era rodeada por taburetes tapizados en petróleo y largas estanterías de vidrio colmadas de alcohol. A pesar de ser temprano el lugar se movía sin parar. Los espectadores sentados en las altas mesas, frente al pequeño escenario de madera oscura, se admiraban al oír a Roxy. La suave voz de la morena envolvía el local entero.  Los pedidos en la barra no paraban de llegar moviendo las hábiles manos de Alex de un lugar a otro. Y los reservados que cubrían el fondo del local parecían sumidos en una felicidad burbujeante.

Sí que te gusta jugar con fuego, rojo. – Lastimosamente mi infaltable sudadera roja había sido vista incluso aquí. Las primeras veces que vine, ella lo hacía conmigo, por lo que el estúpido apodo se volvió inevitable. –  Llegas tarde, sabes lo obsesivo que es, harás que pierda los estribos de nuevo. ­– Me comenta el castaño tras la barra, cuando me acerqué a saludar.

No se puede evitar, ese es mi talento natural. O ¿Acaso estas molesto porque no he venido a verte en un tiempo? Descuida, en cuanto termine con esto, seré completamente tuyo. – Ríe suavemente cuando lanzo un guiño en su dirección. Puede que antes, influenciado por sus rizos castaños y su dulce sonrisa, ese gesto hubiera alborotado mi corazón, pero esos tiempos ya habían pasado. Luego del flechazo inicial, me di cuenta de que él era dulce, demasiado dulce y tranquilo como para seguir el paso de mi alborotado cerebro. Ninguno lo tomo personal, considerando que ni mi padre podía manejar la energía chispeante que borboteaba a mi alrededor, el separarse fue natural. Pero aun perduraban el coqueteo descarado y las bromas internas. – Vuelvo en un minuto.

Me acerco a una de las paredes laterales, donde pequeños gabinetes de madera con puertas de malla exhibían todo tipo de plantas exóticas, botellas con extraños líquidos y pequeños cofres tallados. Detrás de ellos, se ocultaban unas estrechas escaleras de caracol que no paraban de crujir en mi camino hacia el entrepiso. Era un lugar pequeño y oscuro, tenía una mesa ratona rodeado por un juego de sillones dobles color verde botella, que eran, según palabras del propio dueño, la mejor inversión de su vida. Al fondo, había una pequeña barra lista para preparar todo tipo de espumantes cocteles. Y a pesar del barandal de hierro, por el que se alcanzaba a ver toda la planta baja, el lugar era tan privado que casi resultaba sospechoso.

Hasta que te dignas en llegar. – El semblante enojado de Malcolm es mi única bienvenida. Ojos felinos color oro y piel canela son arrugados por el disgusto. Su cabello azabache, siempre pulcramente peinado hacia atrás, se rebela cayendo sobre su frente con suavidad.  Retengo una carcajada, se ve tan tenso en su pose de diva, que me es imposible tomarlo en serio.

Lo siento cariño, me he vuelto tan irresistible, que hasta los sabuesos me buscan estos días. Por lo que se ha hecho algo difícil llegar.

Yo diría que te has vuelto más problemático, pero entonces, responderías que es cuestión de perspectiva y la pelea no terminaría jamás. – Niega suavemente haciendo que el malestar se disipe y reacomoda su cabello, regresando finalmente a su yo habitual. – Antes de comenzar, tengo que preguntarte ¿Realmente quieres hacerlo? – La preocupación que destila su voz me hace contraerme en mi lugar. – No tienes nada que ver con ello. Puede que sea tu amigo, pero eso no significa que debas morir por él. A él le han quitado la posibilidad de elección, pero tú, aún estas a tiempo de retroceder. – Con qué así de jodida está la cosa. No puedo dudar ahora, mi elección ya fue definida en el instante en que marqué su número de negocios y presioné el botón de llamar. –  Que conste que lo he intentado. – Sus ojos me escudriñan hasta resignarse y entregarme un pequeño pendrive. – Déjame darte una última advertencia. Si las cosas se ponen realmente peligrosas, huye. La gente con la que estas a punto de involucrarte son como dos perros rabiosos peleando por la misma presa, si te acercas demasiado, ten por seguro que van a destrozarte. – Una sonrisa sádica invade su rostro cuando se niega a recibir el pago por sus servicios. – Va por cuenta de la casa. –  Es su única explicación cuando me despacha de su pseudo oficina con los nervios a flor de piel.

Pensaba irme apenas me hiciera con la información, para comenzar a analizarla cuanto antes, pero esto fue demasiado. Necesito un trago para despejar mi cabeza. Irónicamente, después del primero, siento mi mente más despierta y tranquila que cuando ocupe mi lugar en la barra. Cuando comienzo a sentir mi cuerpo más ligero de lo normal, decido pagar por mis bebidas y regresar a casa, y es entonces que alguien se sienta junto a mí. Un esbelto hombre de sedoso pelo azabache, perfectamente peinado, y magnéticos ojos azules, pregunta con voz profunda.

–  Disculpa, no pude evitar notarte, no todos los días tienes la oportunidad de ver a un ángel bebiendo nalewka, por lo que me encantaría invitarte otra copa. –  Comenta el desconocido con una sonrisa burlona, que parece esconder un pequeño chiste privado. Estoy por contestarle, que voy de salida, cuando nuestros ojos se encuentran y un calor como si el mismísimo infierno se abriera, y el más sensual de los demonios hubiera llegado a darme la bienvenida, me invade por completo. No sabía que había sido apresado en el más ardiente de los círculos del averno, hasta que esta encantadoramente embustera creatura apareció frente a mí.

Era consiente de cómo me veía esta noche. Una remera oscura semitransparente y un par de pantalones ajustados en los lugares correctos era todo lo que necesitaba para acaparar toda la atención. Puedo sentir la mirada deseosa, de algunos clientes, por poseerme esta noche. Sin embargo, la suya era diferente, era como si quisiera algo más, como si eso no fuera suficiente para él. Como si necesitara devorarme hasta el alma y corromperme hasta los huesos para sentirse completamente satisfecho.

En realidad, estaba a punto de irme. – Es todo lo que puedo contestar con mis sofocados pulmones luchando por respirar. Él jadea conmigo en busca de aire, pero la vista solo logra afiebrar mi piel un poco más. –  Aunque hoy, me siento particularmente misericordioso, por lo que, te concederé un milagro aceptando ese último trago. –  Me mira satisfecho, casi como si me felicitara por ser un buen chico. Y diablos, eso suena tan bien, que no puedo evitar sonreírle traviesamente.

¿Cómo puedes saber lo que estaba bebiendo sin probarlo primero? –  Le pregunte luego de que encargara nuestras bebidas. El nalewka era una bebida tradicional polaca muy poco conocida, por lo que era muy difícil de conseguir por aquí. Ese era uno de los motivos por los que me había vuelto un cliente habitual del Geheim, el otro, por supuesto, era su encantador personal. Pero debo admitir, que, en sus inicios, la fuertísima bebida color borgoña tuvo mucho que ver.

¿Acaso es una invitación? –  Sus iris recorren mis labios enrojecidos por el alcohol, y como un reflejo, los repaso lentamente, bebiendo de ellos los últimos vestigios del afrutado licor.

–  Creo que será mejor, que lo pruebes por ti mismo. No quería que te volvieras adicto tan pronto. – Su mirada hambrienta devora mi aliento, secando mi garganta, en el momento justo en que Alex deja nuestros pedidos. Sus manos son rápidas al tomar mi vaso y extenderme el suyo a cambio. Una copa de un carísimo vino francés que me siento tentado a rechazar, pues el vino no es de mis favoritos.

Pruébalo, estoy seguro que ya has tomado lo suficiente como para hacer a cualquiera perder la conciencia, y te aseguro, cariño, que esa no es mi intención. Quiero que disfrutes tanto esta noche, que luego no podrás olvidarla. – Hay tantas promesas oscuras empañando su mirada que pronto la situación se torna peligrosa. Mi cuerpo arde al rojo vivo mientras saboreo las notas de cata, frambuesas, humo y solobosque bailan en mi paladar al son dulce del pecado.

Delicioso. – Digo dejando mi copa vacía sobre la obsidiana. Ese trago realmente logró disipar la nebulosa en mi cabeza. Quizás, si estaba algo borracho. Desde una perspectiva más lucida podría asegurar que su rostro me sonaba muy familiar. Esa mandíbula marcada y su sedoso cabello me recuerdan, una vez más, a la misteriosa familia Hale. ¿Cómo no le he notado antes? Esta misma tarde vi la foto de un joven con la misma mirada burlona posando frente a la mansión Hale. – Me encantaría seguir probando que més conoces, pero temo que debo irme ya. – Debo salir de aquí pronto. – Quizás la próxima vez, puedas hacerme compañía hasta el final. Nos vemos, Peter.

Sería un placer. Aunque no recuerdo haberte dado mi nombre, pero te aseguro que me encantaría escuchar el tuyo. – Así que tenía razón, esto se estaba volviendo cada vez más interesante.

No sería divertido si lo soltara sin más, por lo que te lo dejaré de tarea para la próxima ocasión. Después de todo, si quieres saber algo solo es cuestión de preguntar a la persona indicada. – Una risa traviesa hace mis ojos wiski refulgir en dorado.

Lo esperaré con ansias, Rojo. – Y yo que lo creí un ignorante cegado por el alcohol y una cara bonita, resulta que mi demonio no estaba tan mal informado. Sin duda, era un hombre entretenido.

 

Chapter 4

Summary:

Scott se esta muriendo y los Hale's no dejan de distraerlo.

Chapter Text

La semana pasó como un frenesí expectante. No sabía en qué momento un feroz asesino podía convocar a mi mejor amigo para iniciar una masacre.

Parte de su iniciación consistía en cazar como manada y devorar carne fresca. Intentamos hacerlo por nosotros mismos, pero no resultó bien. Luego de verlo destrozar un conejo y corretearme por medio bosque exigiendo más, concluimos que no podía ser su guía espiritual en su camino a la iluminación sobrenatural.

Producto de esa tarde realmente desagradable, comencé a considerar llamar a alguien para que lo ayudara con sus problemas peludos. Lo discutimos y él estuvo de acuerdo, el problema era que no sabíamos a quién acudir. Después de todo, el vínculo entre un alfa y su beta no podía suplirlo cualquiera. Sin duda, se trataba de una relación sumamente toxica y retorcida.

Tal parece, no cualquier hombre lobo podía convertirte. Debías ser mordido por un alfa, un lobo más violento y fuerte que cualquier otro y una vez transformado deberías tu lealtad absoluta a él. Así que no conforme con pegarte la rabia, se encargaba de lavaba el cerebro hasta que fueras su fiel ayudante. Y aunque ciertamente estaba aterrado haciendo hasta lo imposible por impedirlo, tenía que admitir que Scott no era el único hombre lobo rondando por mi cabeza.

Misterios envueltos en cuero y sensualidad mortal se paseaban por mis fantasías ante el menor descuido. Un momento estaba asegurándome que Scott no atacara a ningún estudiante y al siguiente me perdería en el recuerdo de voces grabes y profundas rozando mi oído, sedosos cabellos negros y miradas magnéticas. Era innegable la fuerte impresión que me habían dejado. Ciertamente los Hale’s eran personas difíciles de ignorar, pero a mí, me estaba costando más que a la mayoría. Y mi situación tampoco era de ayuda.

Todo inició la mañana del jueves. Mi padre comenzó a sospechar luego de la tercera “pijamada” en la casa de Scott. La tapadera había funcionado hasta que Melissa se negó a recibirnos alegando que “no podíamos seguir pasando más noches sin dormir”. ¿Cómo fue que la enfermera supo acerca de mi técnica secreta para el insomnio? Nunca lo sabríamos. Obviamente nada tenían que ver los tres packs de bebidas energizantes y video juegos que dejamos regados la noche anterior. Probablemente sus instintos maternales fueran la clave de su clarividencia. Ya saben, esa habilidad que toda madre posee, esa que le permite reconocer una travesura o a un niño enfermo con solo una mirada.

Así que cuando opté por el plan B y le pedí permiso a mi padre para invitar a Scott a dormir, no me esperé su negativa. “Si Melissa no nos recibía en su casa era porque algo habíamos hecho”, fue su única explicación. No importó cuanto argumentara sobre un simple cambio de ambiente para mantener las cosas interesantes, o un intento por no incomodar a Melissa en su regreso del turno nocturno. Debí suponer que mi padre desconfiaría cuando súbitamente mencionara ese maldito tabú.

El traer gente a la casa, se había tornado una negación silenciosa. Yo no invitaba a mis amigos, cuando mucho, los recibía en la sala mientras esperaban que terminara de alistarme para salir juntos de aseo. En mi casa, no existían las parrilladas con vecinos, ni las pijamadas con amigos o las tardes de juegos. Al principio, se debía a la delicada salud de mi madre, después fue debido a la adicción de mi padre, y a día de hoy se mantenía como una insana costumbre. Probablemente fuera debido a la vergüenza que representaba ver a la imagen de la rectitud ahogándose en una botella; o talvez, al miedo que inspiraban los gritos histéricos de una mujer desquiciada; y solo quizás, a la vulnerabilidad que implicaría permitir que alguien viera a semejante testigo. Solo es una casa, dirían algunos, y ellos tendrían razón. A simple vista eran solo un par de pisos, tres habitaciones y muchos metros cuadrados sin mucho para decir. Pero si mirabas atentamente, si te quedabas un segundo en silencio y le permitías hablar, te percatarías de la mohosa soledad corroyendo cada rincón de esa deprimente casa. Lo asfixiante y viciado que se volvía el aire entre esas paredes. Toda ella parecía sepultada bajo la óbita vibra de sus habitantes, tan muertos por dentro como las plantas en el jardín.

            – Creí que era hora de invitar a alguien a casa. Pensé que ya estábamos listos, pero si crees que no es buen momento, le diré que no venga. – Me iría al infierno por jugar con una fibra tan sensible, pero era necesario. Mi culpa, por más pesada que fuera, no valía la vida de personas inocentes.

Bien jugado, mocoso. – Su semblante era duro y sus hombros estaban rígidos cuando lo dijo. – Puedes invitar a Scott a dormir, pero recién el viernes. No quiero que el colegio vuelva a llamarme porque volviste a destrozar el laboratorio por andar de sonámbulo. – En ocasiones como esas comprendía de dónde había sacado mi retorcida astucia.

Apenas estaba comenzando a replicar, cuando fui despedido y enviado a la escuela. ¿Qué caso tenía poder pensar en mil argumentos en un segundo sino me permitían siquiera apelar? Resignado, me pasé la mañana murmurando enfurruñando sobre las mejores formas de huir temporalmente de casa y en posibles lugares donde poder atar a mi mejor amigo. Todo este asunto estaba volviendo realmente extraña nuestra relación.

Finalmente llegué a la conclusión que no teníamos otra opción, debía encadenar a Scott al radiador de su habitación y rezar para que no se escapara. Necesitábamos algo realmente grueso y largo para mantenerlo ocupado toda la noche. Pensé en los Hale’s, y lo fácil que sería para ellos someterlo, y nuevamente me estaba desviando del tema.

Tuve que robar las cadenas del armario de deportes. Aprovechando el entrenamiento, me escabullí para tomarlas. Pero cuando me dirigía a la salida de los vestuarios las voces de Jackson y Danny me paralizaron. “Tranquilo, Stiles, solo tienes que disimular”, era lo que me repetía mientras corría de un lado a otro entre las taquillas. No me enorgullece decir que el pánico se apoderó de mí y terminé guardando la enorme cadena en el compartimento más cercano y trepando a una de las vigas del techo. Justo terminaba de balancearme y aterrizar en la parte más alejada, cuando los dos jugadores y el entrenador atravesaron la puerta.

–  … entiendo lo que dices Whittemore, a mí también me resultan extrañas las nuevas habilidades de McCall, pero no hay nada que hacer. Mientras no sean drogas, no me interesa si lo mordió un unicornio rabioso o lo meo un duende. Es un buen jugador y estará en mi alineación para el próximo partido. –  Mientras el rubio comenzaba a replicar, el entrenador lo acallo con un pitido de su silbato. –  No quiero volver a hablar sobre esto. Ahora dejen de perseguirme como malditos acosadores y déjenme ir a cagar en paz, o los mandaré a correr hasta que no sientan sus rodillas.

La conversación llega a su fin cuando el sonido metálico de una llave resuena estruendosamente en el silencioso recinto. Mi copia de la bodega, se resbaló de mi bolsillo en el peor momento posible. Poniendo a todos en la habitación en alerta máxima. Finstock hace señas para que se callen y se acerca sigilosamente en dirección al sonido.

El pánico corre por mi estómago al ritmo acelerado de mi corazón al comprobar que solo hacen falta levantar la cabeza y estrechar los ojos para verme ridículamente trepado sobre sus cabezas. Fui estúpido, al subirme aquí. Si me hubiera mantenido abajo podría haber soltado una tonta escusa y el asunto quedaría olvidado, pero cómo explicaría esto. Mierda, estaba jodido.

Cuando creí estar a punto de ser atrapado y etiquetado como un acosador pervertido, el estruendoso sonido metálico de cadenas cayendo como cascada me salvó. Al parecer, en mi afán por huir, había dejado la taquilla mal cerrada y ahora la cadena caía interminable, habiendo aún más absurda la escena. Danny se aferraba firmemente al brazo de Jackson y Finstock había saltado casi medio metro a causa de la sorpresa, lo que para su edad era sinceramente admirable. El miedo y la tensión inicial fueron reemplazados por un desconcierto tangible.

¿Qué diablos? –  Fue Jackson el primero en reaccionar. – ¿Esa es la taquilla de McCall? –  La incredulidad y el horror mesclado con incomodidad se apoderaron de su expresión.

–  Parece que la nueva estrella del equipo no solo es ruda en el campo. –   Danny levanta las manos a modo de disculpa cuando todos se voltean a verlo. –  Yo solo decía.

Diablos, amigo. No quería esa información. – Las mejillas de Jackson parecían a punto de estallar de tanto bochorno.

Y yo tampoco. – Repuso secamente el entrenador. – A esto me refería cuando decía que realmente no quería saber sobre sus pasatiempos. Vuelvan al campo y díganle a nuestro chico rudo que no traiga sus juguetes a la cancha de nuevo. También díganle que, como castigo, haga cincuenta flexiones y, sino las termina para cuando vuelva, tendrá que hacer la “Rutina especial de Gramber”. – De solo oír su nombre, ambos jugadores se estremecieron. Era un castigo inhumano que te dejaba con el cuerpo entumecido durante días. Solo la aplicaban cuando el entrenador estaba realmente furioso y dejaba salir su sadismo. El pobre Gramber era quien la había estrenado y quien más veces la había completado. Está de más decir que todos lo respetábamos por eso.

A pesar de mi corto tiempo en el equipo, mi falta de filtro al hablar me había condenado a hacerla al menos dos veces a la semana. Como resultado, tenías a un Stiles completamente destrozado en menos de un mes, pero con un nuevo amigo. Siempre que tenía que cumplir la infernal rutina, Gramber era asignado para ayudarme con ella.

Al principio, temía que él me odiara por ello, pero el chico no parecía resentido en lo absoluto. Era un joven risueño y tranquilo. Siempre llevar una sonrisa traviesa, como si todo le recordara un antiguo chiste, y se mantenía al margen de todos, al grado en que parecía no tener amigos. Para ser precisos, no hablaba con nadie y nadie hablaba con él, era como si ni siquiera estuviera ahí para empezar. El único recordatorio de que realmente estabas en la misma habitación que él, eran los constantes retos y bromas que el profesor Finstock le dedicaba. El hombre parecía obsesionado con desquitar su descontento con él. Pero incluso eso, le hacía gracia al encantador deportista. Ojalá su extraño sentido del humor fuera lo más desconcertante sobre él. Si bien Matthew era un enigma en sí mismo, también era un amor de persona y un gran compañero.  No me permitía abandonar la rutina a medias, pero nunca me abandonó mientras la hacía y siempre me animaba a terminarla. Poseía una sonrisa brillante que casi nunca mostraba, pero que, si tenías la suerte de verla, te dejaría completamente encandilado. Su lacia cabellera rubia, que continuamente llevaba atada en una coleta para evitar que rozara sus hombros, lo hacía lucir relajado y genial. Era sorprendente que todavía no tuviera un club de fans siguiéndolo por todo el instituto. Un día de estos le abriría uno, solo para presumir lo encantador que es mi amigo.

Recoge eso Gramber y deja de estar paspando moscas. – Nadie había notado a Matthew apoyado contra el umbral, hasta que este soltó una risita y se apresuró a meter la condenada cadena en el casillero. – ¿Qué esperan ustedes dos, una invitación? Saquen sus traseros de aquí de una vez. Y espero que la próxima, si tienen un problema, no me cuenten nada al respecto. No soy un jodido consejero escolar. – Señaló a Matthy y agrego. – Asegúrate de que McCall realice la rutina completa, que para flojos ya te tenemos a ti. – Los jóvenes salieron inmediatamente y el entrenador se adentró en su oficina murmurando sobre lo arrepentido que estaba de haber aceptado este trabajo lleno de adolescentes idiotas.  

Cuando estuve seguro de que no había moros en la costa, bajé silenciosamente de mi escondite y salí de allí. Después le diría a Scott que recogiera el paquete.

Pesé el resto de la tarde en casa de Scott, quien no paró de recriminarme por el absurdo apodo con el que lo molestaban los otros jugadores. Al parecer, todos en el equipo habían escuchado sobre los extraños juguetes que guardaba mi rudo amigo en su taquilla, cortesía de Jackson, obviamente. Según había logrado escuchar con su súper sentido, los rumores estaban escalando a extremos cada vez más ridículos. “Desde orejitas de conejo hasta una fusta de equitación, no había nada Scott McCall no hubiera probado ya”, no pude evitar reír hasta que me ardieron los pulmones, al oírlo decir aquello.

Oye, no es gracioso. ¿Y sí Allison lo oye? No quiero que crea que soy un pervertido o algo así. – Lucia tan horrorizado que me hacía aún más difícil contener las carcajadas. – Eres un traidor. ¿Por qué tuviste que poner esa cosa en mi taquilla? ¿Por qué no la pusiste en la de Jackson o Danny o cualquier otro? Ahora toda la escuela creerá que gusta ser atado por las noches. – Se lamentaba con la cara entre las manos.

Y no están del todo equivocados. – Soltó un grito indignado y me fulminó con la mirada. – Vamos a atarte después de todo. Y quién sabe, puede que le agarres el gusto. – Incluso, cuando tuve que esquivar un almohadón, no pude acallar mis risas. – No pasa nada Scott, todos sabemos que eres un vainilla. No te preocupes, los chicos solo lo dicen para molestarte.

¿Lo dices en serio? – Su enojo se esfumaba rápidamente como el de un niño pequeño. Así que asentí suavemente con tal de que terminara con su berrinche. – Está bien, terminemos con esto. Átame de una vez. – Me mordí la lengua con tal de no burlarme por su resolución y comprobé la hora. Faltaban solo veinte minutos para mi toque de queda.

Si eso quieres. Ahora se un buen chico y quédate quieto. – Para cuando terminé, Scott estaba firmemente agarrado al radiador de su cuarto, tenía una mullida frazada a modo de colchón y estaba rodeado por bocadillos y botellas de agua. Mis intentos por darle comodidad habían dado sus frutos. – Lamento dejarte así, cuando las cosas comienzan a ponerse interesantes, pero tengo a mi cita esperando. – Le guiño el ojo y comienzo a recoger mis cosas. –  Mi padre debe estar a punto de llegar, así que me tengo que ir. Cuando termine la cena te llamaré y más te vale que contestes. – Él asiente y nos despedimos con un gesto de mano. – Cuídate. – Es todo lo que digo antes de volver a casa.

Al llegar, mi padre me recibió con sobras recalentadas y una charla amena sobre su día en la oficina. Eso también era parte de la nueva rutina. Comer juntos, charlar sobre nuestro día y pretender que los últimos siete años no habían ocurrido. Nadie hablaba sobre la súbita desaparición de todo el alcohol de la alacena, la habitación inmaculada en el piso de arriba o la extraña atmosfera que ha estado envolviendo al pueblo estos días. A favor de conservar las apariencias guardamos silencio y hacemos la vista gorda. Solo somos un padre y su hijo cenando tranquilamente. Estoy tan metido en mi papel que, por un momento, llego a creérmelo.

Perece que mi descanso ya terminó. – El pitido de una llamada en curso me saca de mi epifanía. – Volveré en un par de horas, así que será mejor que estés dormido para cuando regrese. – Nuevamente veo a mi padre desaparecer bajo la piel del aclamado sheriff de Beacon Hills. Su mirada luce incomoda al ser aplastada por la culpa de abandonarme una vez más, como si yo no estuviera ya acostumbrado a esto.

Noches solitarias en una casa vacía, asechada de vez en cuando por el fantasma de un padre que lleva años desaparecido; esa es la verdadera rutina de la familia Stilinski.

No te preocupes por mí, es tu trabajo después de todo. “Y un millón de excusas después de eso” me replica mi mente. Él se va y la casa vuelve a ser la misma de siempre.

Enciendo música a todo volumen con tal de ahuyentar los recuerdos deprimentes y me dispongo a ordenar la cocina con tal de mantener mi mente ocupada. Con las manos entumecidas de tanto lavar y sin más cosas para fregar, subo para videollamar a Scott.

Me obligo a respirar profundamente y sonreír ampliamente cuando el tercer pitido se interrumpe y oigo la voz de Scott al otro lado de la pantalla.

Hasta que al fin llamas. Comencé a pensar que te habían secuestrado o algo así. ¿Y si el alfa se metió a tu casa? ¿Cómo le explicaría al sheriff que su único hijo fue secuestrado por un hombre lobo? – Mi corazón se detuvo al estrellarse con semejante posibilidad.

Que ni se te ocurra. No importa lo que pase, tienes que prometer que no meterás a mi padre en esto. Prométeme que no le dirás ni una palabra. Un ladrón armado no se compara con un alfa homicida. No hace falta que lo involucremos en algo tan peligroso. – Mi voz y mi semblante eran sumamente duros.

Lo juro, Stiles. No te preocupes, no le diré nada a tu padre y tú, a cambio, no le digas nada a mi madre. Son humanos y podría ser peligroso para ellos todo este mambo sobrenatural. – Me contuve de decirle que el peligro es aún mayor cuanto menos sabes de él y solo me limité a asentir.

–¿Y cómo estás, chico rudo? ¿Te diviertes con tu nuevo juguete? – Lo oigo resoplar.

Ja-ja, muy gracioso. Y la respuesta es no. Estoy incomodo, me duele el trasero por estar tanto tiempo en la misma posición y ya me comí todos mis bocadillos. – Su ridículo puchero me roba una sonrisa.

–  Lo tendré en cuenta para nuestro próximo encuentro. ¿Entonces está todo bien por ahí?

Sí, mamá ya se fue a trabajar, así que estoy algo aburrido. Estaba pensando que podríamos… – Un grito exaltado interrumpió sus palabras y pone mis nervios de puntas.

¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? Scott, por favor dime qué rayos está pasando. – No podía ver su cara, pues casi se lleva el monitor consigo cuando saltó de la silla.

Mi teléfono, me están llamando…

No te estoy entendiendo nada. ¿De quién hablas? ¿Qué viste?

Allison, ella está llamándome. – Lucia como un niño emocionado por la mañana de navidad.

Estúpido perro, casi me dé un paro cardiaco. ¿Y bien, no vas a contestarle pequeño Romeo? Tu Julieta está esperándote.

Sí, cierto. Emm… tengo que colgar, te hablo después. – Ni siquiera me dejo despedirme antes de dar por finalizada la llamada y dejarme hablando con una pantalla apagada, el muy carbón.

Al final, la falta de movimiento terminó haciendo vagar mis pensamientos en una obvia dirección. La familia Hale, más específicamente, Derek y Peter. No importaba cuanto luchara por meditar sobre la ubicación del alfa y su identidad, o Talía y su misteriosa charla del otro día; todos los caminos de mi mente me llevaban hasta esos dos. Voces profundas, cuerpos esculpidos, una sonrisa sarcástica, un ceño fruncido y una mirada azulada, como cielo en plena tormenta, y otra verde, como una botella de absenta, se apoderaron de mis recuerdos.  Sin duda eran tan bellos que no me molestaría arrodillarme frente a ellos y adorarlos con mi boca en profundidad. Peter probaría mi devoción hasta que mis ruegos sean oídos por todo el cielo y Derek me sometería a su voluntad hasta volverme su fiel religioso. Sin dudarlo, harían un desastre de este pobre mortal.

La presión en mis pantalones de pijama crece, apremiante, ante la idea. Al punto donde una suave caricia experimental me hace jadear de anticipación. Normalmente no haría esto, iría a Geheim y buscaría un lindo chico dispuesto a divertirse conmigo, pero algo me dice que esta vez no sería suficiente. Cuando se trata de ellos, nada es suficiente. Cada pequeño encuentro me mantiene ansioso y desesperado por sentirlos más cerca. Es ridículo, no importa cuánto me recuerde que son demasiado apuestos para estar perdiendo el tiempo con un chiquillo como yo, que más que familia son manada y que, sobre todas las cosas, son hombres lobo de quien estamos hablando. No es correcto sentirse tan afectado por unos míseros monstruos. Mi familia estaría tan decepcionada de mí si lo supieran. Ellos no me entrenaron para esto.

A decir verdad, tampoco me enseñaron qué hacer cuando tu mejor amigo es mordido por un hombre lobo, pero los conocía lo suficiente para saber qué dirían. Me pedirían que lo matara o que nunca volviera a involucrarme con él, así que todos ellos podían irse al infierno. No mataría a Scott y tampoco lo abandonaría, y menos por personas que no eran capaces de confiar en mí. Una madre que acusa a su propio hijo de ser el monstruo que intenta matarla, un padre que teme a ese monstruo y al alcance de sus pútridas garras, un mentor que me acusó de destruir todo cuanto toco y hermanos que me abandonaron dejándome atrás. Ellos eran mi familia, pero no por eso tenían que actuar de la misma manera.

Me despierto pasada la media noche cuando un aullido repta desde las profundidades del bosque erizándome la piel. El alfa ha regresado. Me apresuro a llamar a Scott y rezo porque me conteste.

Hola, soy Scott. No puedo contestar ahora, pero deja un mensaje después del tono y te llamaré en cuanto pueda. – El insoportable pitido de la contestadora me aturde por un instante. Me siento mareado cuando las náuseas amenazan con llegar.

 Hermano, soy Stiles. ¿Oíste eso? Por favor dime que sigues en casa. Háblame en cuanto escuches esto, necesito saber si estás bien. – Llamo un par de veces más antes de tomar una chaqueta y saltar por la ventana.

Es cuestión de segundos para encontrarme trepando nuevamente hacia el cuarto de Scott. Ruego a cualquiera en el cielo para que al abrir la ventana vea al joven latino durmiendo en su cama improvisada o jugando videojuegos, demasiado inmerso en la fantasía como para contestar el celular. Pero lo único que me recibe al entrar son un montón de empaques vacíos, marcas de zarpazos agrietando el suelo y los retazos maltrechos de lo que alguna vez fue una gruesa cadena. Llamo a gritos su nombre, importándome muy poco si Melissa está o no en la casa, pero nadie me responde.

Piensa Stiles, piensa. Tenemos que encontrarlo urgente”, murmuro para mí mismo. La ventana estaba abierta cuando llegué, así que probablemente salió por allí. Vuelvo a bajar al jardín y comienzo a buscar señales que me indiquen a dónde se fue. La sangre en la cerca y una rama rota son todo lo que necesito para adentrarme en el bosque y caminar en dirección al aullido, pero termino perdiéndome a mitad de camino. Recorro los alrededores como un loco, pero no hay señales de él. Si es que existe alguna, nunca la encontraré sin el equipo apropiado.

No sé cuánto tiempo estuve dando vueltas en el bosque, o cuanto tardé en volver a casa. Solo sé que mientras buscaba mis gafas de visión nocturna desee tener algún tipo de poder de detección que me permitiera encontrarlas sin problemas y una idea brotó de mi cabeza. ¿Para qué rastrear un estúpido juguete, cuando podía usar un hechizo para encontrar al niño?

Recordaba haber visto en el ático un peculiar hechizo de rastreo y corrí de inmediato para hallarlo. Estaba divagando de donde sacaría los ingredientes faltantes, cuando alguien entró por mi ventana. Saqué mi Bersa 9mm del cajón y bajé a saludar al intruso. Era una pistola diseñada específicamente para brindar el mayor confort y precisión su tirador, justo lo que necesitaba para esta situación tan incierta.

Ralenticé mi pulso y contuve la respiración hasta hacerlos casi imperceptibles. Y me coloqué junto a mi puerta aguardando. Solo vasto que asomara su cabeza por la puerta para sentir el cañón contra ella.

No te muevas. – Me sentí Medusa, con solo una mirada lo convertí en estatua. El glaciar tono de mi vos lo congeló en su sitio. – ¿Quién eres? – Mi agarre flaqueó cuando pronuncio mi nombre y reconocí casi automáticamente el tono asustado del chico frente a mí. En un instante las penumbras del pasillo tomaron la forma de mi mejor amigo.

–  Amigo, casi me matas del susto. Esta noche se ha vuelto una auténtica locura. Primero me atacan unos lunáticos y ahora tú intentas volarme la cabeza. ¿Podrías guardarla de una vez? No sobreviví a esa balacera para que me disparen por accidente. – Ruedo los ojos con fastidio mientras le coloco el seguro a mi arma y la guardo en mi espalda. – Por cierto ¿Desde cuándo tienes una?

Mi padre es el sheriff ¿Recuerdas? La tengo por protección. – Lo que técnicamente no es una mentira. – La verdadera pregunta es ¿Qué diablos te pasó? Estuve llamándote, pero no contestabas. Casi me vuelvo loco por tu culpa. ¿Sabes lo preocupado que estaba?

Lamento no haber contestado, pero realmente no pude hacerlo. Hoy ha sido la noche más extraña de mi vida. Y sí, aún más rara que cuando irrumpimos en esa secta o cuando me mordió un maldito hombre lobo. – ¿Qué podía ser más sorprendente que un sacerdote vestido como perro siendo adorado por gente semidesnuda? – Tienes que creerme, esto fue una auténtica locura… – Sus palabras se atoran cuando intenta gesticular y un dolor inmenso atraviesa su cuerpo haciendo lo trastabillar. Es entonces cuando noto la mancha pegajosa que se extiende por su remera.

Sígueme­ – Entro a la habitación y enciendo la luz, pero nada me prepara para lo que ven mis ojos. Está cubierto de barro, con la ropa hecha girones y con un trozo de madera sobresaliéndole del hobro. – Mierda, espera aquí un segundo. – Señalo la cama y entro al baño en busca de un botiquín y una botella oculta tras el espejo. – Esto va a doler, pero tendrás que aguantarte. Dale un trago y después muerde esto. – Le paso el vodka y luego un trozo de madera. – A la cuenta de tres, uno… – El ruge y sus rasgos de lobo salen a la superficie destrozando la madera entre sus dientes, cuando, sin aviso, le arranco la flecha. – ¿Ves? no fue para tanto. Vas a estar bien. Ahora respira. – Sisea cuando le echo un poco vodka en la herida y comienzo a limpiarla. Cuando termino de construir una pila de gazas ensangrentadas presiono una contra el hueco en su pecho. – Tienes suerte, la herida no es muy profunda por lo que debería estar curada en un par de horas.

¿Qué eres, un mafioso? ¿Desde cuándo es de buena suerte que te disparen con un maldito arco?

No seas llorica. Ahora déjame vendarte o terminaras manchando toda la casa. – Toda la mugre de haberse revolcado por el bosque se trasladó a mis sabanas. – ¿Cómo diablos hiciste para terminar así?

La verdad es que no estoy seguro. Todo fue tan surrealista que si no tuviera un jodido agujero en el hombro no creería que siquiera ocurrió. En un momento estaba en mi habitación durmiendo y al siguiente estaba perdido en medio del bosque.

“…Me sentía desorientado, fuera de sí. Era como caminar por un limbo, demasiado inocente para saber siquiera que estabas muerto, o que pronto lo estarías. Los árboles y el follaje pasaban por mis ojos sin saber realmente a dónde me dirigía. Solo podía recordar que alguien me estaba llamando y tenía que llegar urgentemente con él.

De pronto un dolor segador me atravesó desorientándome hasta caer al piso. Fue entonces cuando reaccione. Podía oír voces no muy lejos de donde me encontraba, parecían hombres adultos, pero estaban armados hasta los dientes. Después de ese primer disparo se desató una lluvia de balas. Estaba tan aturdido por el dolor y el ruido ensordecedor de proyectiles desgarrando el viento que no me podía mover. Una bala casi me da en la cabeza, sino fuera porque alguien jaló de mí fuera del camino.

Me arrastraron hasta detrás de un árbol y me levantaron de sopetón.

­ –  Sígueme sí quieres vivir. –  Fue todo lo que Derek gruño al romper la flecha y echar a correr. Estaba asustado así que lo seguí. Él me guio lejos de los cazadores y cuando logramos poner algo de distancia entre nosotros me señaló una dirección. –Ve por ahí y no te detengas. Yo tengo que asegurarme de que no nos sigan. – Fue todo lo que dijo antes de volver por donde veníamos. No sabía qué diablos quería hacer él y no tenía intención de comprobarlo. Así que hui como un loco hasta que logré volver a la carretera…”

– …Pero no sabía qué hacer o a dónde ir así que vine aquí y tú intentaste… – Su relato se ahoga en su garganta y termina abruptamente en un ataque de tos. El sonido húmedo y viscoso de sus gorgoteos es acallado por sus manos. Cuando al fin cesa sus dedos están manchados de un líquido negruzco. Y con horror veo su semblante se torna cada vez más pálido. El rojo de sus mejillas escurre por su pecho mezclado con el mismo negro enfermizo que tiñe sus labios.

Lo recuesto un momento y me aparto de él. Tomo el encendedor del botiquín y coloco la flecha sobre él. La punta se ennegrece al mínimo contacto con la flama.

¿Qué haces? – Su vos es solo un murmullo.

Comencé a preguntarme; si tú estabas tan indefenso y los cazadores querían realmente matarte, ¿Por qué pondrían a un tirador inexperto a manejar un arma tan compleja como una ballesta? Sería la única forma de que el cazador no atinara ante un blanco tan fácil. Además ¿Por qué usarían una ballesta que solo dejaría una herida tan superficial? Porque talvez no intentaban matarte con esa flecha, quizás había algo más. – La delgada capa de tranquilidad en la que se oculta mi rabia comienza a resquebrajarse sumiendo a la habitación en un ambiente inquietante.

–¿Sabes? Los cazadores más sádicos utilizan flechas en lugar de balas. Dicen que así no corres el riesgo de que el disparo atraviese a tu presa. Además, al incrustarse entorpece sus movimientos y al sacarla desgarra su camino hacia el exterior. Si a eso le sumamos una toxina que poco a poco se vaya introduciendo en el torrente sanguíneo, debido al contacto prolongado, incluso si el golpe no es mortal, pronto lo será. Leí por ahí, que el wolfsbane es un veneno matalobos que al contacto con el fuego oxida el metal y libera un humo dulzón. – Sostengo la prueba en alto y lo veo estremecerse ante la terrible revelación. – Solo era una corazonada, pero ya no más. Desearía tanto haberme equivocado. – Él vuelve a toser y estremecerse incontrolablemente.

Tengo que hacer algo urgente. Si esto se trata de un veneno, debe existir un antídoto. “No todos tienen uno.” Me susurra una voz burlesca al oído.

Debe de. Que yo no lo conozca no significa que no exista. – Scott me mira desconcertado. Alguien debe de saber algo. – Los cazadores ¿Recuerdas donde estaban cuando te emboscaron? ¿Recuerdas si tenían un olor extraño, algún limpiador industrial o cualquier otro detalle? ¿Alcanzaste a escuchar algo sobre un refugio o un lugar donde esconderse? – Mi tono se eleva igual que el miedo en la cara de mi acompañante.

No, no. No escuche ni olí nada extraño además de los disparos y la pólvora en el aire. Cuando desperté ni siquiera sabía cómo había llegado allí y tampoco por dónde regresar. Si no fuera por Derek seguiría tumbado el medio de la nada.

Cierto, los Hale.

Ellos también son hombres lobo y ya se han enfrentado a los Argent antes. Es muy probable que sepan cómo tratar con el wolfsbane. Y ellos ya salvaron a Scott, no se negarían a hacerlo una vez más ¿o sí? Derek había llegado en el momento justo y lo había rescatado como un héroe de cuento, casi demasiado oportuno para ser casualidad. Para ser sincero ¿Cuántas probabilidades había de que un hombre lobo apareciera justo después de que el alfa huyera? ¿Y si Derek estaba allí para reunirse con el alfa igual que lo haría Scott? Tenía mis dudas sobre Talía, pero las había acallado. ¿Por qué un alfa tan meticulosa se arriesgaría mordiendo a un muchachito, aun sabiendo que los cazadores estaban en la ciudad? Ahora me daba cuenta de mi ingenuidad. ¿Qué importaba eso? Los monstruos no eran racionales para empezar.

¿A dónde vas? – Su mano apenas es capaz de sostener mi manga. El veneno se está extendiendo.

Tranquilo, solo iré a visitar a alguien. – Tomo mi chaqueta y mis llaves dándole la espalda. – Todo va a estar bien. Tú solo tienes que ocuparte de descansar, yo voy a encargarme de todo.

El camino en coche se vuelve borroso y solo puedo sentir la sangre hirviendo a través de todo mi cuerpo. Ellos se atrevieron a hacerle esto a Scott, jugaron con su vida y lo dejaron morir, pero me aseguraré de que paguen por eso.

Tomé el arma que tenía escondida debajo de mi asiento, una Beretta 92FS italiana, con gatillo para zurdos. Coloqué un par de dagas bajo mis mangas y mi dirk en el tobillo, con tal de sentirme más seguro. Como si la largada hoja escocesa fuera una especie de consuelo o talismán. Al salir del auto podía ver al amanecer asomándose por mi espalda y a la mansión Hale impávida frente a mí.

No era mi intención ocultar mi presencia, así que subí sin dudar los escalones de la entrada y toque a la puerta. Puede que la casa pareciera tranquila, pero yo sabía que no estaba dormida. La presencia omnisciente que custodia a esta familia nunca sería encontrada con la guardia baja.

Quiero hablar con tu alfa. – Es lo primero que digo cuando el celador abre la puerta.

¿Rojo, o debería decir Stiles? Es un placer verte de nuevo. Aunque, no era necesario que trajeras esto. – Ni siquiera se inmuta ante la presión del arma contra su frente. – Sabes que haré lo que tú quieras, solo tienes que pedirlo de la manera correcta. – Su sonrisa ladina es como una descarga eléctrica para mi cuerpo. – Te dejaré pasar, pero debes bajar esto primero. Admito que luces muy sexy con ella y, a la vez, tan peligroso… – Me devora con la mirada, recorriéndome de pies a cabeza. Desde mis pantalones negros rasgados, hasta mi playera apretada y la campera de cuero que la envuelve. Todo, incluyendo las manchas de sangre, solo sirven para acentuar la amenaza palpitante en mi mirada, y él luce más que complacido por eso. – …pero no puedo permitir que inicies un tiroteo. Son reglas de la casa, así que no te lo tomes personal. – Me guiña un ojo, y no puedo evitar admirar el abrumador control con el que se maneja incluso en esta situación.

Me tenso cuando levanta su mano y la dirige a su boca. Su lengua juguetona se desliza por su pulgar y luego lo extiende hasta rozar mi rostro, como si pidiera mi permiso. No retrocedo, no importa que ese mismo toque podría desgarrarme en segundos. Este no es momento para acobardarse. Al ver que no hago nada por apartarlo, él frota gentilmente la sangre en mi mejilla, casi rozando mis labios en el proceso.

Mi cuerpo vibra ante su toque y mi pecho arde en anticipación. ¿Quién es el verdadero peligro?

Así está mejor.  Pasa ¿Quieres un café? – Sin más me da la espalda y se encamina hacia el interior, dejándome sin más remedio que seguirlo. Tomo una respiración profunda y cierro la puerta al pasar. Entrar a la guarida del lobo se siente como firmar una sentencia de muerte, la pregunta es para quién.

Al llegar a la sala veo a Derek parado en medio de la habitación luciendo algo incómodo. Peter ha vuelto a su sitio en un sillón individual verde botella, la atalaya perfecta. Está ubicado en una esquina de frente al gran ventanal. Desde él, cada rincón de la habitación e incluso el camino hacia la casa están al alcance de una mirada. Es una posición estratégica, desde la que puedes vigilar a los invitados presentes y a los que están por llegar.

Sobre la mesa ratona aguardan tres humeantes tazas de café. ¿Por qué no me sorprende? Sabían que vendría, quizás incluso antes de ver mi jepp a la distancia.

Yo, Stiles Stilinski, un humano residente en el territorio de la manada Hale; hijo de John Stilinski, sheriff de este condado, y Claudia Stilinski, ya fallecida, exijo una audiencia con su alfa.

No crees que primero debes presentarte adecuadamente, cazador. – Mi pulso tiembla ante el título que nunca llegó a pertenecerme. – No creas que no puedo oler las balas de plata en tu cargador. – Derek parece realmente enojado, casi indignado con su existencia.

No me confundas con esos malditos. Yo no soy ningún asesino de lobos. – Mi corazón se mantiene firme ante mis palabras. – Pero puedo actuar como uno sino me permiten ver a Talía Hale, ahora.

–¿Crees que tus amenazas nos asustan? Si te atreves a atacarnos no saldrás con vida de aquí. – Hay tanta firmeza y pesar en su mirada que casi podría reír. ¿Desde cuándo un monstruo se preocupa por un humano?

Quizás no viva para ver otro día, pero me asegurare que ustedes tampoco. ¿Qué crees que será más rápido, mi arma o tus garras? Si quieres, podemos comprobarlo. – Mi sonrisa se llena de cinismo al hablar. Me preparo para sacar mi Beretta del pantalón y él parece a punto de sacar las garras también.

¿Por qué no nos calmamos? – Peter parece más que divertido con toda esta situación. – Cuéntanos, pequeño, qué te trae por aquí. – La razón por la que he desobedecido a mi padre y me he acercado a toda esta mierda sobrenatural. El motivo por el que he dejado de apartar la mirada de la oscuridad y he decidido confrontarla.

Scott está muriendo y es su maldito deber salvarlo. – Un fuego infernal desciende por mi pecho y quema mi estómago.

¿Qué te hace pensar eso, travesura? – Luce realmente curioso por la respuesta.

Su alfa lo ha convertido, para luego abandonarlo a su suerte. Gracias a ustedes y su maldita reunión social de anoche, fue herido con una flecha envenenada. Mientras hablamos, el acónito se extiende por sus venas en búsqueda de su corazón. Así que no tengo tiempo para perder en formalidades. Este es el trato, si me conceden el antídoto, los ayudare a acabar con los Argent de una buena vez. Me convertiré en su as, para que no haya jugada que los iguale; seré su estratega, así saldrán invictos en cada batalla; me volveré su reina, para que nunca estén en jaque; y, si me lo piden, seré también su verdugo y acabaré con todos sus enemigos.

Esa, sin duda, es una oferta interesante. – Talía irrumpe en la sala, tan imponente y pulcra como siempre. A pesar de que el sol recién está saliendo, parece que lleva horas despierta. – Lamentablemente tendremos que rechazarla. No mal entiendas, Stiles. Nos sentiríamos muy honrados si quisieras unirte a nosotros, pero no si lo haces por la razón equivocada. No es propio de un Hale el aprovecharse de la debilidad ajena; excepto por Peter, claro. – El mencionado solo bufa de indignación. – Además, tu madre me mataría si te forzara a algo así. – Su tono es jovial y dulce cuando la menciona. – La manada Hale protege este territorio y a todos los que residen en él, sin importar si se trata de un humano o un sobrenatural. Así que no te preocupes, no permitiremos que un inocente muera. Ayudaremos al cachorro, pero primero hay algunas cosas que aclarar. Por favor toma asiento y guarda tu arma. – No hay espacio para la negociación en su imperativo. Con que este es el dominio de un alfa.

Ella toma asiento junto a Derek. El sillón es tan largo que fácilmente podrían caber seis personas, sin embargo, la abrumadora aura de sus ocupantes parece ocuparlo por completo. Sin más remedio, coloco mi Bersa dentro del pantalón y me apresuro a ocupar el único lugar vació. Se trata de un cómodo sillón doble del mismo tono verdoso que los demás.

Peter me extiende una tasa y el roce eléctrico de sus dedos casi me obliga a dejarla caer. Para aumentar mi vergüenza, Derek sigue magnéticamente el movimiento de mi mano y capta el inesperado contacto. Un gruñido de advertencia brota de sus labios desconcertándonos a todos, ni él sabe a quién va dirigido. Los tres lucimos abochornados, Peter por ser atrapado infraganti, Derek por su exagerada reacción y yo por un motivo que ni siquiera comprendo. Talía carraspea y cambia de tema con tal de aligerar el ambiente.

– ¿Sabes qué tipo de acónito usaron? – Me tomo un momento para recordar el humo violáceo saliendo de la flecha.

Creo que era el haba de lobo común. Realmente no sé mucho de plantas. Pero si sirve de algo, al quemarla, el humo era violeta.

 Es lo más probable, ya que dudo que usaran las variantes más exóticas para una patrulla de rutina. – Entonces no se trataba de una cacería, sino de un simple reconocimiento.

Creemos que han estado recorriendo el bosque para familiarizarse con el terreno antes de la luna llena. – Explica Peter.

Si es cierto que la luna llena vuelve a los licántropos más fuertes y más veloces, entonces ¿Por qué los cazadores elegirían premisamente esa noche para atacar? – Derek es quien responde desdeñosamente.

Porque creen que nos volveremos salvajes. Es cierto que nuestros sentidos se vuelven más fuertes, pero también lo hacen nuestros instintos. Lo que significa que, sin el debido control, tu lobo se vuelve violento y más propenso a dañar a los demás. Ellos planean usar a la luna como excusa para masacrarnos. – Su mirada se llena de desafío al terminar y hace a mis nervios vibrar.

Pero tú no eres así. – Me atrevo a aventurar. – Eres fuerte y tu lobo también lo es, pero no por eso te dejas llevar por tus instintos. Me pregunto ¿Qué se necesitaría para sucumbas ellos? – El reto implícito hace estallar una energía crepitante a nuestro alrededor.

Podrías intentar averiguarlo. – Me embriago un instante con la ardiente absenta de sus ojos, pero no me permito ahogarme en ellos. Muerdo mi labio como un vago intento por regresarme la sobriedad.

Quizás la próxima vez. Antes tengo que ocuparme de Scott.

Es cierto, aún tenemos cosas que solucionar. – La voz de Talía nos trae de vuelta a la realidad, tan rápidamente que ambos nos estremecemos ante el impacto. – Sin embargo, el veneno no es el mayor problema del joven McCall. Nosotros te daremos el antídoto, pero, si desea sobrevivir, debemos encargarnos de su alfa también. – Mi confusión no pasa desapercibida. – Contrario a lo que crees, joven Stilinski, yo no he sido quien mordido a tu amigo. Hace unas semanas, un alfa salvaje apareció en nuestro territorio y hemos estado buscándolo.

¿Es él el causante de las cuatro últimas muertes por ataque animal?

Me temo que así es. Tu amigo tuvo suerte de que estuvieras con él esa noche, sino habría enfrentado el mismo destino. – Lo menciona con tanta simpleza, como si Scott no hubiera estado a punto de convertirse en un número más esta trágica estadística.

Permite entender, honorable alfa, ¿Por qué sabiendo que es tan peligroso no lo han capturado ya? – Ambos hombres se tensan ante mi insolencia.

Oh, te aseguro que lo hemos intentado, pero un lobo salvaje y sin manada no es tan fácil de doblegar como los cazadores suponen. Mientras más desesperado este un hombre más locuras estará dispuesto a cometer. Ahora imagínate a una bestia en su situación. – Es cierto que un hombre que no tiene nada que perder no temerá incluso a la muerte y que no hay nada más peligroso que un animal arrinconado.

Entiendo, pero es necesario que hagamos algo pronto o más gente morirá.

¿Tienes algo en mente? – Pregunta interesado Peter.

Oh, te sorprenderías lo creativo que puedo ser. – La provocación sale natural, como si no pudiera evitarlo. Cuando se trata de alguno de ellos dos, el filtro entre mi boca y mis pensamientos se encuentra fuera de servicio. – Pero creo que necesitaría un poco más tiempo e información. – No puedo evitar sonrojarme hasta las orejas por mi bochornoso arrebato.

Creo que Derek y Peter pueden ayudarte con eso. – La resolución de Talía pone a todos al borde del pánico. – Hijo, lo he decidido, es hora de que muestres tu valía. – La sorpresa en el rostro del ojiazul desaparece en menos de un segundo, pero la mandíbula del ojiverde no se recupera en absoluto.

En estos momentos, siento que he presenciado algo realmente importante, pero ni siquiera sé que significa.

¿Estás segura? – Derek se aclara la garganta, pero vacila buscando las palabras, como si no estuviera listo para continuar. Entonces Talía lo incita con un levantamiento de cejas a atreverse a contradecirla y la resolución le llega de inmediato. – Eh, quiero decir… Gracias por esta oportunidad, prometo no defraudarte. – No hay duda en sus palabras, el niño inseguro que apareció segundos atrás, quedó totalmente sepultado por la determinación de este hombre.

Estoy segura que así será. – Sus ojos relucen en un rojo intenso, no como una amenaza sino como un reconocimiento. – Y ustedes dos van a ayudarlo para que así sea, ¿No es así, Stiles? – Trago un segundo no muy seguro de qué responder. – Dijiste que te unirías a nosotros, espero que no hayan sido solo palabras vacías. – Sus ojos de acusadores me escudriñan sin compasión.

Me recuerdan cuando prometía ordenar mis juguetes al terminar de jugar, pero luego me distraía con cualquier cosa y me olvidaba de hacerlo. Solo hacía falta que mamá me lanzara aquella mirada para que saliera corriendo a mi habitación y lo recogiera todo.

Nunca me atrevería. Si puedo hacer algo, con gusto ayudare a Derek con esto.

Así me gusta. – Parece realmente complacida con mi respuesta, hasta que se topa con el tercer integrante de este extraño grupo. – Peter, acompaña al joven Stilinski a tratar al chico herido y ayúdalo en lo que haga falta.

A tus ordenes hermanita. – Talía rueda los ojos con irritación. – Será un placer encargarme de ti, pequeño. – Su mirada resbalosa vuelve a posarse en mí.

Bien, si hemos resuelto este asunto será mejor que vayan pronto con el muchacho. Yo me encargaré de algunas cosas. – Todos nos ponemos de pie, y antes de salir de la habitación voltea a verme con una sonrisa. – Me alegra que hayas vuelto. – Y sin más desaparece detrás de la puerta de su oficina.

¿Por qué tengo la sensación de que se refiere a un tiempo más antiguo que a un par de días? Quizás este sentimiento de reencuentro que calienta mi pecho no sea tan descabellado como creí. Lo cierto, es que aún quedan muchas cosas que aclarar. 

Parece que esa es nuestra señal para salir de aquí. ¿Qué dices, caperucita, estás listo para una carrera? – Una risilla ligera y refrescante se escapa de mis labios sin rumbo y se pasea por la habitación. Parece que los Hale tienen una fijación por ese condenado cuento.

Cuando tú quieras, señor cazador, pero primero hay que averiguar qué desea hacer el lobo feroz. – Arqueo una ceja en dirección a Derek y él me fulmina con la mirada. Parece que todavía odia el apodo.

No te desvíes de tu camino, pequeña caperuza. Aun tienes que ir a la escuela y yo tengo que hablar con mi madre. Asegúrate que Scott también vaya. No sabemos si los cazadores lograron verlo claramente, pero no podemos arriesgarnos a que sospechen de él.

No seas tan rudo con él, sobrino. Sino, no te dejará comerlo más tarde. – La punta de sus orejas se colorea automáticamente, como un niño que ha sido descubierto haciendo algo malo. – Iré por un par de cosas, mientras tanto, pueden seguir socializando. – Peter se pierde entre los pasillos de esta enorme casa dejándome una vez más a solas con el ojiverde.

Su cabello esta revuelto por la carrera de anoche e incluso mantiene una pequeña ramita entrelazada entre ellosLos rayos de la mañana acarician su semblante haciéndolo relucir. Dudo un instante antes de acercarme a quitársela. Antes de darme cuenta, mi mano se escapa para delinear su mandíbula. Él se tensa ante el movimiento repentino deteniéndome justo a tiempo. Estoy a punto de alejarme, cuando él ve mi vacilación y por instinto se acerca un paso. De pronto nos encontramos a centímetros del otro, a solo un suspiro de la boca contraria. Mis nervios me ganan y por pura desesperación tomo el condenado palito y lo sostengo entre ambos.

Parece desconcertado, como sí en la lejana galaxia a la que ha viajado su desorientada conciencia no existieran estas cosas. Me atrevería a decir que allí solo existe una cosa o, mejor dicho, una persona. Una sonrisa petulante se me escapa ante tal descubrimiento. Quizás mis esperanzas no son infundadas.

Ven conmigo. – Se apresura a agregar. – Después del colegio y podremos planear qué hacer con el alfa.

Entonces, es una cita. – Antes de que pueda replicar me aparto y me dirijo hacia Peter, quien me aguarda divertido contra el marco de la entrada. –  Nos vemos más tarde, sourwolf. – Le giño un ojo y me despido con una mano.

El ojiazul me sigue hasta la salida y nos montamos en mi jepp. Emprendemos el camino de vuelta a casa en un como silencio. Tarde, me doy cuenta de que mi acompañante solo está aguardando a que nos alejemos de la reserva y sus oídos indiscretos.

Sabes? No puedo evitar sentirme un poco celoso de lo rápido que ha hecho su movimiento mi sobrino.

Te aseguro que no tienes nada que envidiarle. – Le lanzo una mirada significativa a todo su magnífico cuerpo.

Es bueno saberlo. Aunque me gustaría entender algo más. ¿Cómo sabias qué clase de veneno era?

Leí por ahí cómo detectarlo. – Mi pulso no vacila, pero aun así su ceja se alza en incredulidad. – Mi mejor amigo fue mordido por un hombre lobo, es natural que investigue en busca de posibles amenazas para su nueva naturaleza. – No es necesariamente una mentira, pero tampoco está directamente vinculada con la verdad.

Supongo que, si se trata de ti, es fácil recolectar esa información.

¿Qué puedo decir? Tengo un talento natural para conseguir lo que quiero. – El hombre junto a mí es prueba de ello.

Ciertamente tienes ese encanto, aunque no eres el único. Quizás yo pueda ayudarte con tu próximo deseo. Ya sabes que puedo ser realmente complaciente cuando me lo propongo.

De pronto la cabina se siente más pequeña y la temperatura dentro de ella se eleva con facilidad. Solo me relajo al comprobar que hemos llegado a nuestro destino.

Lo tendré en cuenta para la próxima. – Bajamos del auto y me apresuro a subir a mi habitación. La patrulla todavía no está en la puerta, por lo que tenemos un poco de tiempo. – Tenemos que apresurarnos, mi padre está por llegar.

Al entrar, Scott permanece tumbado en el mismo sitio donde lo deje, pero luce tan pálido que parece a punto de desaparecer. Peter lo revisa con cuidado y cuando, parece seguro de su condición, saca un pequeño frasco con un polvo morado.

Necesito fuego. – Le paso automáticamente el encendedor y él coloca un poco de ese extraño polvo en el escritorio y le prende fuego. Se consume en segundos dejando atrás un polvillo negruzco. Lo reconozco su olor al instante, el mismo acónito que había en la flecha. – Coloca esto dentro de la herida. – A pesar de mis crecientes dudas él me anima a intentarlo. –  Confía en mí, pequeño.

Maldita sea, no sabía que estaba tan desesperado por confiar en alguien, hasta que, sin pensar, introduje el extraño serrín en el cuerpo de mi amigo.

La herida comienza a arder al contacto con el antídoto y su cuerpo comienza a convulsionar. Lo veo retorcerse como una frágil marioneta interpretando un sádico baile. Cuando parece a punto de romperse, sus hilos son cortados y cae inerte sobre la cama.

Me recrimino automáticamente por haber confiado en un desconocido. “Esto es lo que pasa cuando confías en un monstruo.” Me susurran al oído. Estoy a punto de sacar mi arma y matar a Peter por esto, cuando Scott se incorpora violentamente en la cama y procede a vomitar un líquido parecido al petróleo.

Ugh, hombre, hubieras apuntado a otro lado. – Luce completamente desconcertado por mis palabras hasta que finalmente mira el estado en que dejo mis sabanas y hace una mueca asqueada.

Lo que sea que haya sido, no volveré a comerlo nunca.

Eso espero. Casi me matas del susto. ¿Puedes levántate? – Al ver que le cuesta salir de la cama me apresuro para ayudarlo a pararse. Esta tan pesado que por poco y ambos caemos de bruces. – ¿Una ayuda? – Peter parece realmente disgustado por la idea. – Te recuerdo que te ofreciste a ayudar en todo lo que puedas.

Ya qué. ¿Dónde quieres a la mortaja? – Sonrío complacido.

Apesta a muerto, así que necesita darse una ducha. – Toma al chico por los hombros y lo introduce en el baño. Una vez compruebo que puede mantenerse en pie por su cuenta, abro el agua y lo dejo encargarse de sus asuntos.

Tomo las sabanas y me dirijo escaleras abajo al cuarto de lavado con Peter siguiéndome de cerca. Espero a colocar la carga antes de darme la vuelta y encararlo.

¿Qué? Ya suéltalo.

¿Esa es la forma en la que te diriges a tu salvador? Tengo que admitir que estoy muy decepcionado.

¿A caso esperabas un café? Lo siento, pero no tenemos tiempo para eso, mi padre llegará pronto.

Había pensado en algo más. – Sus ojos se fijan en mis labios y su lengua repasa los suyos.

Eso se podría arreglar. – Se acerca hasta arrinconarme contra la lavadora. Puedo sentir el suave olor masculino de su colonia y la cálida temperatura de su piel rozar la mía.

El característico sonido las llantas del coche patrulla estacionándose en la acera interrumpe el momento.

Supongo que debo irme. – Suena decepcionado y la lentitud con la que se aparta de mí, me lo confirma. – Nos vemos pronto, Rojo.

En un instante, sale por la puerta de atrás dejándome con el corazón desbocado y una emoción desbordante.

Malditos Hale’s.

Notes:

Hola mis amores, esta es mi primera historia publicada, por lo que estoy super nerviosa y emocionada. Esta será una historia larga llena de idas y vueltas, situaciones inesperadas y muchos misterios. Espero la disfruten tanto como yo y no se olviden de dejarme un comentario para saber que les pareció.
Nos vemos en el próximo capitulo. 😘💋