Chapter 1: Los Gaunt
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Capítulo I
Los Gaunt
James Potter había visto muchas cosas terribles, siendo auror se enfrentaba a situaciones que volverían loco a cualquiera, aunque no es que él estuviese muy cuerdo, después de todo. Pero muy pocos casos le habían conmovido como ese.
Mérope Gaunt. Descendiente directo de la línea de Salazar Slytherin, todos sabían quiénes eran los Gaunt, él había tenido que aprender sobre los diferentes linajes de familias sangre pura en su juventud, gracias a su abuela Dorea Black, quién se negaba a tener un nieto que no fuese educado adecuadamente según las costumbres de las respetadas familias mágicas como la suya, que provenían de un largo linaje que se remontaba a siglos atrás. Pero aún sin saber todo aquello, cualquiera podría saber sobre los Gaunt, después de todo Marvolo Gaunt era un viejo con ínfulas de grandeza y un ego más grande que el dinero en su cuenta de Gringotts, quién constantemente se regodeaba de pertenecer al linaje purista y endogámico de Salazar Slytherin. Siempre iba por allí insultando a otros usando la lengua Pársel y obstaculizando en las votaciones del Wizengamot, puesto que, lamentablemente, su familia poseía puestos en el.
Pero su popularidad crecía solo por el hecho de ser un viejo arruinado que se negaba a admitirlo, enfermo con la idea de ser el heredero director de uno de los fundadores de una de las escuelas de magia más prestigiosas de Europa, Hogwarts. Alardeando sobre la supuesta herencia secreta de su antepasado y como los Gaunt tenían derecho de sangre para manejar Hogwarts.
James siempre recibía demandas tontas hacia el viejo, de vendedores que le acusaban de robar, de personas que habían sido mordidas por serpientes venenosas cuando casualmente Marvolo Gaunt pasaba por allí, de ser atacados con magia por el mismo.. El viejo siempre conseguía zafarse de una forma u otra, eran delitos pequeños, nada que implicase un castigo severo, solo una multa, ser vetado de ciertos lugares (Y James sabía que estaba vetado de una gran cantidad de tiendas en el callejón Diagon y, por fuentes cercanas, también en el Knockturn), incluso tenía prohibido usar su varita mágica en sitios públicos.
Y aún así, el viejo Marvolo Gaunt lograba sorprenderlo cada vez con sus acciones. James Potter nunca podría olvidar esa noche de invierno, había hecho más fría del habitual, quizás por la situación horrorosa que había tenido que vivir, mientras los magos de familias nobles y antiguas celebraban, el Yule era un evento emocionante, excitante, de celebración y vida.. Pero lo que James Potter vio en la casa de los Gaunts esa noche, parecía sacado de una película de terror.
Nunca había pensado que las cosas se complicarían tanto, no pudo evitar sentir culpa y remordimiento de conciencia al recordar como, semanas atrás había recibido una visita a su oficina de la única hija de Gaunt.
James miró como una figura delgada y desgarbada entró por la puerta, había escuchado los alaridos y súplicas desde allí y había decidido aceptar ver a la mujer ante su secretaria, solo para detener el ruido. Además, si sonaba tan desesperada debía de ser urgente.
Lo primero que notó de ella fue el gran descuido en su apariencia, vestía con ropas grandes y oscuras, como si tratara de esconderse, su cabello oscuro y largo le cubría la cara pálida y manchada parcialmente. Parecía uno de esos espectros de las películas muggles que Lily lo hacía ver en lo que los muggles llamaban cine.
-Buen día, auror Potter. - Saludó, su voz no coincidía con su apariencia frágil y tímida. Era ronca, baja, pero firme y sus ojos marrones se encontraron con los suyos, James pudo ver años de vejez en ellos, era la clase de mirada que veía en personas que habían atravesado situaciones traumáticas y dolorosas.
-¿Buen día, señorita..?
-Demacrado. Mérope Gaunt. - James casi se cayó de su silla. Sabía quién era la chica, no había estudiado con ella, Merope era unos años más joven, al menos tres, mientras que su hermano se graduó antes, siendo conocido como un idiota igual a su padre, ególatra, avaricioso y agresivo.
James nunca volvió a ver a la única mujer de los Gaunt luego de salir de Hogwarts ya nadie le interesó, supuso, porque el mundo siguió su curso sin saber qué había pasado con ella. Él ni siquiera la recordó mientras amonestaba a su padre una y otra vez.
-Demacrado, vaya. Hace mucho tiempo que no sabía de ti.
Ella solo se apoyó y se sentó en la silla frente a su escritorio.
-Bien, supongo que llevas prisa. Podrías decirme a qué se debe que aparezcas gritando en el departamento ya mi secretaría para verme.
James vio como retorció sus manos en su regazo, todo el coraje que parecía tener esfumandose.
-Es mi padre. -Cómo no . Pensó sarcásticamente. - Últimamente él está... actuando errático, loco, más agresivo de lo habitual- James no podía pensar en cómo ese viejo podía empeorar aún más. Pero acercándose con respeto, demostrando que estaba escuchándola. - Tengo miedo de él, yo.. Siento que quiere hacernos daño.
Y James no dudaba que esos chicos habían sufrido maltratos físicos y de cualquier clase viviendo con ese lunático.
-¿Han hecho algo?
-No recientemente- James se encogió, el maltrato entre familias sangre pura era normal, visto como disciplina más que un castigo medieval. Incluso en su puesto como auror, James no podía cambiar ciertas cosas; él solo nos ve, tiene esa mirada y yo sé que está planeando algo. - James suspiro.
-¿Te ha amenazado? ¿Un ti? ¿A tu hermano?
-Lo hace todo el tiempo.
-Y lo ha cumplido?
Merope pareció desinflarse. - A veces, no siempre. Le gusta amedrentar. ¡Pero este no es el caso, señor Potter! Lo conozco, sé que está planeando algo terrible.
Que Merlín lo ayudara, James estaba harto del viejo Gaunt. ¿Acaso debía esperar otra nueva infracción? ¿Otro aluvión de quejas a su oficina?
-¿Tienes alguna prueba?
-¿Pruebas? ¿No es suficiente con lo que ha hecho ya?
-Lamentablemente no, tu padre tiene un historial y eso hace que definitivamente las noticias sobre su comportamiento sean importantes para el departamento de aurores. Pero no podemos hacer nada si él no ha hecho más que mostrar una mirada malhumorada y comportarse extraño.
Merope lucía desilucionada, más que eso, parecía estar entrando en desesperación.
-Entonces debo esperar hasta que haga algo? ¿Hasta que nos ultimo a alguno de nosotros?
James la miró con vergüenza, detestaba algunos lineamientos de su trabajo, pero si las aurores acudían a cada aviso de esa clase, a presentimientos infundados y pánico, faltarían muchos agentes para darse cuenta de abasto.
-Debe conseguir pruebas, algo que demuestre que su padre de verdad planea hacer algo. Consíguelo y envíame una lechuza directamente, eso será suficiente para actuar.
Merope tenía lágrimas en los ojos, James se sorprendió de lo rápido que había comenzado a llorar.
-¡No entiendes! Papá no dejará cabos sueltos, pero yo sé que pasa algo! ¡Por favor! Tienes que ayudarme!- se había puesto de pie y tomaba sus manos en un agarre apretado que le transmitió su miedo y desesperación. James se sintió perturbado al sentir sus manos esqueléticas y frías.
-No puedo, lo lamento. Pero puedo ayudarte a buscar un lugar, ¿por qué no abandonaras la casa de tu padre?
Merope se derrumbó en su silla, llorando en silencio. Ella negoció con la cabeza. James había visto eso antes, casos de maltrato en donde las víctimas veían imposible el alejarse del victimario, manipulados al extremo, dependientes de esas personas, asustados de correr.
-Merope.. ¿Podemos hacer algo más, tienes pruebas de que tu padre te haya lastimado? Físicamente? - Sintió pena al preguntar, pero si esta chica rogaba por que el la protegida de su padre, no debía de sentir ningún aprecio a él.
Ella negoció con la cabeza. James se levantó de su asiento hasta agacharse junto a ella en su silla.
-Merope, no debes tener miedo. Te ayudaré, te ayudaré a salir de allí. Pero tienes que cooperar conmigo.
Ella volvió a negar, su cuerpo temblaba sin control.
De repente se sacudió, como si un rayo hubiera impactado en su cuerpo. Vió el reloj en la pared, como si siempre hubiera estado al pendiente de cuánto tiempo pasaba, sus ojos se agrandaron asustados y se puso de pie, aun con la cara perlada de lágrimas, las ojeras más prominentes y los ojos rojos. Atrás había quedado la tristeza, ahora solo había miedo. A James le revolvió el estómago.
-Debo irme. - El la retuvo y no pensó antes de dejar salir las palabras.
-Si te sientes en peligro, en verdadero peligro, contáctame e iré de inmediato. Lo prometo. - Pudo ver como la chica le miraba con alivio mientras asentía. - Y si necesitas dónde quedarte..
Merope no le permitió continuar, salió corriendo de la oficina, perdiéndose por el pasillo, luciendo como un dementor tras un alma que robar. James no pudo evitar el retorcijón de estómago, el enorme presentimiento de que iba a ocurrir algo terrible.
No pasó mucho tiempo para que sus temores se confirmaran.
Noche del 21 de Diciembre de 1988. Oficina del jefe del departamento de aurores, James Potter.
El patronus llegó de improvisto, luciendo alterado y nervioso, James no reconoció su forma pero algo en su pecho se presionó solo con verlo.
"¡Auror Potter! ¡Por favor, ayúdeme! ¡Él quiere matarnos!" La voz chillona, llorosa y aterrada de quien solo podía ser Merope Gaunt salió de la boca del patronus y fue suficiente para helar todo su cuerpo.
Corrió fuera de la oficina a reunir a su equipo. A la mierda los planos de una noche tranquila y cena caliente. No podía pensar en ello mientras por su mente cruzaban los peores escenarios.
Reunió a cuatro hombres, contándose. Uno de ellos, su fiel amigo Sirius Black. Salieron del ministerio y se aparecieron cerca de la casa de los Gaunt, no era más que una casucha en un pueblo muggle, Little Hangleton. Pero James vio con horror que la casucha que bien conocía, por visitar todo el tiempo para llevarse al viejo a cumplir sus sentencias, había desaparecido.
-Sirius, llama de inmediato al departamento de Inefables y que envían uno aquí ahora. Necesitamos echar abajo el hechizo Fidelius.
-No entiendo por qué vinimos aquí, quizás sea una discusión familiar. - Rogers, uno de los de su equipo, se quejó. James quiso golpearlo.
-Su hija me envió un patronus, dijo que su padre quiere matarla. ¿No te parece esa razón suficiente?
El hombre guardó silencio. James podía sentir su corazón estallar en su pecho, el sudor corriendo por su frente, sus manos picaban con ganas de sacar su varita y entrar en acción. No dejaba de percibir esa sensación pesada de que algo iba realmente mal.
Sirius a su lado se sacudió con un escalofrío y miró hacia la casa con preocupación.
-¿Sientes eso? - quiso golpearse a sí mismo por su distracción. La sensación no estaba solo en él, era el ambiente, cargado de magia oscura, que aún detrás del Fidelius se percibía como el hedor de un Troll de montaña.
El inefable apareció en ese instante. James lo reconoció como uno de los estudiantes de su año en Hogwarts, un Ravenclaw.
-Me han dicho que necesito que deshaga un encantamiento Fidelius, auror Potter. - Pudo ver un gesto de reconocimiento ante el ambiente pesado a magia oscura. -Necesito autorización..
-Te lo ordeno yo, como jefe del departamento de aurores.
El inefable le dió una fea mirada, pero no dijo nada mientras sacaba su varita y se ponía a trabajar, dibujando con ella lo que parecían ser runas, por el movimiento de sus manos.
El tiempo parecía pasar lento y James estaba tan desesperado que pensó en enviar un patronus, pero ¿qué si eso hacía que Gaunt acelerara sus aviones? No podía ser imprudente.
Finalmente el encantamiento cayó y James pudo ver la casucha vieja, descuidada y sucia de los Gaunt. Y luego de eso, oyó los gritos.
-Derrumbé todos los hechizos que habían erigido. Incluidas las maldiciones.
James corrió hacia la puerta, con su equipo detrás. Incluso el inefable fue con ellos, en la retaguardia, curioso por qué podría estar sucediendo en la casa Gaunt ya qué se debía esa atmósfera cargada de magia oscura.
El interior de la casa era pequeño, destartalado y oscuro. Pocos muebles y en mal estado, todos habían sido retirados hacia los rincones para dejar el medio de la casucha libre. Un niño pequeño se retorcía y gritaba dentro de un círculo de runas, sus pantalones mojados con lo que debía ser orina, sangre saliendo de su boca. Mientras Sorvolo Gaunt siseaba con furia, con su varita dirigida al niño. Merope Gaunt chillaba de horror, con su hermano inconsciente a sus pies, en un charco de sangre y otros fluidos corporales que James no podía identificar.
La mezcla de olores y sonidos logró espantarlo, tanto que por unos segundos él y su equipo no pudieron hacer más que ver la escena tétrica.
Finalmente reaccionó ante los gritos de Mérope. -¡Tomás! ¡Tomás! ¡Déjalo! ¡Por favor! - Sus ojos se habrían cristalizado de no estar en una situación peligrosa.
El viejo Gaunt se dio la vuelta, y James vio como un hechizo salió disparado directamente a él en un idioma que no pudo descifrar. Se lanzó al suelo, lejos del hechizo, no queriendo arriesgarse a usar un hechizo escudo, menos sin saber cuál estaba usando el viejo.
Rogers no corrió la misma suerte. James lo vio desplomarse mientras escupía sangre. Highbottom se desvío hacia Merope, buscando protegerla, aun cuando su compañero se retorcía en el suelo, producto del maleficio del mayor de los Gaunt. Aun así llevaban ventaja.
Pronto la habitación se convirtió en un ambiente aún más caótico, con hechizos volando de un lado a otro, el viejo resistiéndose y mostrando una fuerza que a todos había tomado por sorpresa. Movía su varita sobre su cabeza en círculos amplios, sus ojos lucían desorbitados y gigantescos, era la mirada de un loco. De un hombre que no tenía nada que perder. Los gritos del niño iban en aumento.
-¡No lo maten! ¡No lo maten! Tom!- los gritos de Merope eran incoherentes mientras se retorcía en los brazos de Highbottom, de alguna forma se había arrastrado al círculo de runas, mirando desesperada al niño que continuaba retorciéndose. Lograron finalmente inmovilizar al hombre gracias a un hechizo extraño del inefable que les acompañaba.
Maravolo cayó inconsciente en el suelo. Los gritos del niño no se detuvieron.
-¡Tomás! ¡Tomás! - Merope lloraba con mayor desesperación. James no sabía quién era ese niño, quizás un pobre niño muggle que el viejo había decidido torturar.
El inefable corrió, observando las runas con una mirada de confusión que crecía aún más.
-¡¿Qué fue lo que le hizo?!- le gritó a la histérica mujer, pero ella no dijo nada. Se puso de pie y corrió hacia el cuerpo de su padre, James pensó que iría a golpearlo pero en su lugar tomó su varita y con un Wingardium Leviosa, lo colocó en el círculo de runas junto al.
-¡¿Qué estás haciendo?! - gritó el inefable.
Ella no respondió, de nuevo. Cortó la mano del viejo con un hechizo cortante y de la palma de su mano brotó sangre.
-¡Tomás! ¡Tomás! Toma su mano, ahora!- Todos miraban aterrados, espantados, lo que estaba sucediendo. Pero él no hizo nada para detenerlo, James sabía que la mujer solo estaba tratando de salvar al pequeño.
Vió al niño, con la cara roja y llena de sudor y lágrimas, aprieta la mano del viejo. James pudo ver que su mano también goteaba con sangre.
Merope tomó algo dentro de su bolsillo, miró al niño, quién solo gimoteaba sin fuerzas para gritar, pero que miraba a su madre con una mirada aterrada que erizó cada vello en su cuerpo, sus ojos revolotearon hacia atrás y supo que el niño estaba a pocos segundos de la inconsciencia. Merope levantó lo que pudo identificar como una navaja, sobre su cabeza, y antes que alguien pudiera hacer algo, dijo: - Te amo, hijo.
Y clavó el puñal en el pecho de Marvolo Gaunt.
-¡Expelliarmus!- pudo escucharse gritar, pero se sintió como flotando fuera de su cuerpo. Los eventos de la noche no hacían más que empeorar a cada segundo. La varita y el puñal se alejaron de las manos de la mujer.
-¡Incarcerus!- Escuchó gritar a Sirius y miró como cuerdas ataron las manos de la chica.
-¡No! ¡Por favor! ¡Lo hice para salvarlo! ¡Era la única forma! ¡Por favor!- chillo desesperada, arrojándose sobre el cuerpo del niño, quién ahora estaba quieto pero con los ojos abiertos levemente. - ¡Tomás! Aguanta cariño, por favor. ¡No te vayas, no te duermas! - chillaba mientras lo sacudía.
James la apartó mientras Sirius tomaba al niño en brazos.
-¡Tienen que salvarlo! ¡Deben llevar a San Mungo! ¡Ahora! ¡Mi padre envenenó su sangre! - chillaba histérica, retorciéndose en sus brazos con más lágrimas cayendo.
James miró al niño, temblaba incontrolablemente, sus labios estaban morados, sus manos hinchadas y con los dedos, cuyas uñas estaban llenas de sangre, del mismo tono que sus labios.
-¡Por favor! - Mérope lloró. - ¡Es mi hijo! ¡Por favor! ¡Auror Potter, por favor!
James miró a sus ojos antes de asentir y alejarse de ella.
-Sirius, dama del niño. Lleva a Morfin Gaunt a San Mungo, vigila que no salga de su habitación. - Aunque dudaba que el pobre diablo ni siquiera podía caminar.- Highbottom, tu llevarás a Rogers - Por último miró al inefable. - ¿Podrías llevar a la señorita Gaunt? ¿Y además quedarte con nosotros? Quizás los sanadores necesiten información sobre lo que Marvolo estaba haciéndole.
-¡Yo puedo decirte! - Merope, ahora de pie con el inefable a su lado, habló.
James ascendió y todos desaparecieron con un traslador de emergencia a San Mungo.
James miraba a los sanadores correr dentro de la habitación, el inefable y la propia Merope, estaban participando activamente para salvarle la vida al niño. James comprendió que lo que Maravolo le había hecho era más malévolo de lo que había esperado. De otra forma, no podía comprender como tantos sanadores estaban trabajando incansablemente para salvarlo.
En el caso de Morfin Gaunt.. Había sido golpeado por la maldición cruciatus múltiples veces, además de otras maldiciones irreconocibles que seguramente habían sido lanzadas en lengua pársel. Los sanadores aun no hallaban la forma de frenar la hemorragia de los diversos cortes en su cuerpo, habían unos tan profundos que sus huesos eran visibles. Sirius se lo había confesado tras verso obligado a salir de la habitación, con el rostro verdoso y lleno de sudor.
-No puedo entender, como ha sido capaz de hacerle esto a su propia familia. El viejo estaba tan loco con todo eso de preservar su linaje sangre pura, con ser descendiente de Salazar Slytherin. ¿Por qué entonces asesinaría a sus herederos?
James se encogió de hombros. Su cabeza se sentía pesada y llena de ideas. - Finalmente se volvió loco. Eso es lo que creo.
Sirio ascendió. - ¿Cómo está el niño?
James sintió que el estómago le revolvía.
-Nadie sabe si va a lograrlo, el viejo le hizo algo, ese círculo de runas.. - Se llevó las manos a la cara.
-Tranquilo James. Creo que te has involucrado demasiado - Le palmeó la espalda suavemente.
-¡¿Y cómo no hacerlo, Sirius?! Viste a ese niño? ¿Lo que le estaba haciendo? Por Merlín, Sirius, él.. Podría tener la misma edad de Harry.
Ambos se quedaron en silencio ante la mención del niño Potter.
-Yo.. Si alguien le hiciera algo así a mi hijo, lo mataría. Lo pedazos harías, Sirius.
-Lo haríamos pedazos, Cornamenta.
Ambos compartieron una mirada llena de entendimiento. - Voy a hacer todo lo posible porque Merope Gaunt no vaya a Azkaban para asesinar a ese viejo loco.
-No creo que sea tan difícil, nadie le tiene una alta estimación a ese demente y ella es una madre que haría lo que fuera por proteger a su hijo. Eso será suficiente para convencer a los demás.
-Espero que tengas razón, Canuto.
-Cuando no la tengo, Potter?- dijo en broma.
-Puedo pensar en muchas situaciones..
Ambos rieron un poco, recostados en la pared del pasillo de la sala de espera del hospital. Esperando que las cosas salieran mejor después de aquel infierno.
Su noche de Yule ya está completamente arruinada.
Tom, ante todo pronóstico, logró estabilizarse, finalmente el veneno en su cuerpo fue neutralizado. Su abuelo había usado una mezcla de diferentes venenos de serpiente para asesinarlo, por suerte los sanadores habían logrado dar con las especies y le habían suministrado los antídotos. Aunque el proceso de envenenamiento era tan avanzado, que la recuperación de Tom era insólita.
-Su magia está trabajando para curarlo. Eso siempre ocurre en los magos, pero en los niños suele ser con cosas pequeñas como raspones, golpes o un hueso roto. Nada como esto, podríamos tener un problema de agotación mágica que podría inducirlo en un coma mágico del que no podría despertar. - Una sanadora había salido de la habitación y estaba informando sobre la situación. Merope estaba dentro, en otra camilla, siendo atendida. -Su madre está siendo sometida a tratamiento, los hechizos y pociones utilizadas la han dejado incapaz de tomar una decisión con respecto a su hijo. Pero ella ha dicho que le cede el derecho a usted y solo a usted. Así que le pregunto señor Potter, ¿qué quiere hacer? Si dejamos que la magia del niño siga actuando para curarlo, Tom podría entrar en un coma mágico del que no podría despertar o convertirse en un Squib, si logra despertar. Pero si lo inducimos en un coma mágico, su magia se calmará y su cuerpo sanará a su tiempo, el niño despertará solo cuando esté completamente recuperado. Pero se corre el riesgo de que su estado pueda empeorar, ya que no se sabe si su propia magia es la que ha cambiado su estado, pero es una posibilidad.
James sintió que el peso del mundo estaba sobre él. ¿Cómo podía tomar una decisión como esa? ¿Con un niño que no era suyo?
-¿Cuál opción es la que tiene más probabilidades de salvar su vida?
-Inducirlo a un coma mágico programado, es la mejor opción.
James ascendió, sintiendo la bilis subir por su esófago. - Entonces haga eso.
James se derrumbó en una silla luego de la charla, con Sirius a su lado como una sombra.
-Odio ser el que lance más estrés sobre ti pero.. Han comenzado a llegar periodistas, al parecer alguien ha ido con el chisme de lo que sucedió con los Gaunt.
James puso los ojos en blanco. Después de ese día podrías considerar tomar unas buenas y realmente largas vacaciones.
Se puso de pie. - Bien, tú vigila a Merope y Tom. Yo iré a controlar a esos buitres.
-No te envidio ni un poco.
James se alejó.
El pasillo en el que los tres Gaunt estaban internados estaba cerrado a cualquiera que no fuera un sanador o un paciente. A excepción de los aurores, nadie más estaba por allí en los pasillos, James había logrado deshacerse de los periodistas fácilmente, gracias a la política de privacidad del hospital, pero siempre había uno que otro que no respetaba las reglas, como ese insecto de Rita. Skeeter. Y decía insecto con todo el sentido literal de la palabra.
Habían pasado desde horas que habían llegado a San Mungo. Morfin Gaunt estaba siendo mantenido con pociones reponedoras de sangre y un hechizo que ralentizaba el flujo sanguíneo para evitar que siguiera perdiendo sangre por sus heridas como si se tratase de una regadera. Merope Gaunt era la que estaba en mejor estado, había sido atacada con la maldición cruciatus e imperius, tenía algunos huesos rotos, pero nada que no pudiera repararse. Su estabilidad mental ya era otro tema.
James solo estaba esperando a que Merope estuviese lo suficientemente estable como para comenzar el interrogatorio, porque una vez que cada uno de sus huesos estuviese en su lugar, Merope sería apresada por homicidio.
Y él estaba decidido a salvar a la pobre chica de esa prisión tan espantosa.
Chapter 2: Interrogatorio
Notes:
Hola! Acá traigo otro capítulo de la historia, espero subir algunos más hoy mismo, aprovechando que tengo tiempo. Gracias por leer, espero les guste 😊
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Capítulo II
interrogatorio
Merope se veía diminuta en su cama, frágil y débil. Apretaba la sábana entre sus dedos con fuerza, mientras miraba a su hijo luchar por su vida en la cama de al lado. James se preocupó de su cordura al ver su mirada perdida, pero en cuanto habló, se percató de que la chica era capaz de entender y prestar atención a lo que decía.
-Señorita Gaunt, espero que esté mejor.
-Mejor.. No lo sé, supongo que sí. - Volvió a ver al niño. Habían pasado dos noches desde aquella terrible velada de Yule. Tom seguía sin despertar.
-Necesito hablar contigo, sobre lo que pasó esa noche.
-¿Para qué? Tú estabas allí. Viste todo. No quiero volver a pensar en eso nunca más.
-Escucha Merope, esto es serio. Asesinaste a tu padre cuando estaba desarmado e inconsciente, no cuenta como un asesinato en defensa propia, lo que hiciste fue premeditado y pueden meterte en Azkaban por eso.
Merope lo miró por primera vez desde que había entrado en la habitación. Una lágrima se deslizó por su mejilla, seguida de otra y otra.
-¿Y para qué me lo dice entonces? ¿No cree que ya tengo suficiente de qué preocuparme?
-No planeo verla encerrada en Azkaban, por eso quiero que me cuente exactamente qué sucedió, para poder defenderla a usted y asegurarme de que Tom tenga una madre a la cual volver cuando despierte.
-Si es que despierta, ¿no es así?- su voz sonó tan rota que James guardó silencio por varios segundos, tratando de tragar el nudo que se había instalado en su garganta.
-Hágalo por él, ambos han pasado por suficiente, merecen vivir tranquilos de ahora en más y usted no merece ir a prisión por tratar de salvarle la vida a su hijo. - Merope dejó caer más lágrimas, su cuerpo comenzó a sacudirse fuertemente a causa del llanto. James la supervisa, tieso en su asiento, sin saber cómo proceder.
-Nunca le gusté a papá. - dijo, después de un tiempo bastante largo de llanto. - No quería una mujer que no pudiese preservar el apellido Gaunt, no quería una mujer, porque somos débiles y frágiles. Y me odió aún más, cuando mi magia no era tan poderosa como la suya o la de Morfin, estuve tan impresionada cuando mi carta de Hogwarts llegó, había pensado toda mi vida que era una Squib y ellos también. Pero aún siendo una hechicera, papá seguía siendo malo conmigo y Morfin. Él siempre buscaba la aprobación de papá, así que me hacía la vida imposible en Hogwarts y en casa, no me defendía cuando papá me castigaba. Cuando terminé Hogwarts estaba aterrada de volver a casa, sabía que papá no me dejaría ir en busca de un trabajo, me mantendría atrapada para ser su sirvienta y la de Morfin y luego nos obligaría a tener hijos entre nosotros, para preservar el linaje.
James no pudo evitar torcer la boca ante lo último. Sabía que esas prácticas eran comunes entre sangre puras, pero que se practicaban en la actualidad era muy raro y ya no se observaba de la misma forma indiferente de antes.
-Así que hice un plan, yo.. Me enamoré de un Muggle y me escapé con él de casa- James vió como Merope evitaba sus ojos, como retorcía aun más sus manos con nerviosismo. - Quedé embarazada meses después y él me abandonó a mi suerte cuando se enteró. Morfin me encontró tratando de vender un relicario en el callejón Knockturn para tener algo de comida y me llevó de vuelta a casa. Papá estaba furioso, me castigó duramente, recuerdo que pensé que perdería al bebé, eso era lo que él quería, sin duda. Pero Tom.. Ha sido un chico fuerte desde siempre- le dió una mirada cargada de amor al niño y volvió a verlo. - Tuve a Tom una semana después y papá.. Él trató de matarlo apenas nació. - James la miró horrorizado.- Fue la única vez que Morfin me ayudó, tomó al bebé y dijo que se desharía de él. Pero lo escondió y cuidó por días mientras papá no me dejaba salir de casa. Cuando salí.. Morfin me mostró a Tom, yo estaba aterrada de volver con él a la casa, sabía que papá querría matarlo por ser un mestizo, una mancha para el linaje de Salazar Slytherin. Así que lo tomé y lo llevé a un orfanato Muggle. - su voz se quebró al decir "orfanato". - Lo dejé allí los primeros tres años de su vida, mirándolo desde lejos, pero no pude resistir mucho más y cuando cumplió los cuatro le visité. Tom no podía entender porqué su mamá lo dejaba allí en vez de llevarlo conmigo a casa. Pensé muchas veces en no volver, pero podía ver en sus ojos que me amaba, a pesar de su rencor, él me amaba y yo nunca había visto unos ojos mirarme así. Como si yo fuera todo, lo más importante. - James sintió sus ojos humedecerse. - seguí visitandolo por años y Tom se negaba a ser adoptado, porque quería venir conmigo. Se convirtió en un niño retraído, amargado y desconfiado. Pero estaba vivo y bien. Hasta que cumplió los siete años- Merope volvió a sacudirse con un llanto histérico. - Un día, luego de una visita, Tom me siguió. Me sujetó en el último momento y me aparecí con él pegado a mi, no pude hacer nada, papá lo vió y lo supo. Tom es la viva imagen de su padre. Nos tomó a Tom y a mí, castigó a Morfin con cruciatus y otras maldiciones oscuras, justo frente a Tom. Imagínate - se rió sin gracia- Tom no sabía que era un mago, imagina descubrir la magia de esa forma tan traumática. Le rogué a papá que dejara ir a Tom, pero él se opuso, dijo que quería ver de qué estaba hecho y cuando Tom mostró que podía hablar con las serpientes y que podía hacer magia, más de la que alguna vez yo pude hacer, papá decidió quedárselo. Pero no como un nieto, Tom era su juguete, un soldado, una máquina que quería utilizar para aterrar a los demás. Alguien que le sirviera. Me obligó a hacer un juramento inquebrantable y prometer que nunca le contaría a nadie sobre Tom, si lo hacía, él no lo lastimaría. Pero fue mentira. Comenzó a enseñarle magia oscura y a llenar su cabeza de cosas horribles, traté de mantener su inocencia todo lo que pude. -Negó y cerró los ojos, quizá recordando episodios horrorosos del pasado- Papá usó un hechizo para detectar cada que Tom y yo salíamos de la casa y si eso pasaba, nos castigaba. Pero hace unos meses Tom se reveló ante mi padre, cuando se negó a torturarme, le dijo que lo odiaba y que nunca más iba a obedecerlo. Papá enfureció pero no hizo nada contra él y eso me aterró más, comenzó a ver a Tom de una forma que me helaba el cuerpo y de repente estaba callado, pensativo, solo nos veía y sonreía. Fue allí cuando lo busqué.
James asintió. - Lamento mucho que haya terminado de esta forma.
-Pero vino, nos salvó a los tres. Nos salvó de mi padre.
James miró a Tom, lucía como un ángel en su cama. Limpio de la suciedad y sangre que lo había cubierto esa noche.
-El día que todo sucedió.. Estabamos preparandonos para celebrar Yule, era normal tener ciertos.. Ingredientes extraños. Pero papá estaba distinto esa noche, se veía feliz y nos miraba como si hubiera ganado una bóveda llena de oro en Gringotts. Estábamos a mitad de la cena cuando atacó a Morfin, traté de sacar a Tom de la casa.. Pero él nos había encerrado a todos. Entonces le envié el patronus y después de eso.. papá nos crució a Tom y a mi, para que no pudiéramos pelear contra él. Nos dejó bajo el efecto por mucho tiempo, Tom se desmayó y yo fuí puesta bajo imperius, papá me obligó a dibujar el círculo de runas a mitad de la sala, me hizo meter a Tom en él y cortarle la mano, él hizo lo mismo con la suya y luego unió sus manos. Imagínese, auror Potter- Lloró desconsolada- No podía hacer nada, mientras ayudaba a mi padre a matar a mi hijo. El plan de mi padre era echarme la culpa a mí- se estremeció.- Luego lanzó el hechizo, él maldijo su sangre impura e introdujo el veneno en sus venas, el quería hacerlo sufrir, pero no matarlo. El veneno lo habría matado al menos cuatro horas después. Me lo dijo, ese círculo.. Él quería robar la magia de Tom, transferirla a su cuerpo, porque era lo único que Tom tenía que él deseaba. Dijo que le pertenecía, que era el precio que debía pagar por haberlo traicionado luego de aceptarlo en lugar de dejarlo pudrirse con los Muggles.. Lo dejó retorciéndose mientras drenaba su magia y luego continúo torturándome a mí. Al principio Tom le suplicó que me dejara en paz- Merope limpió sus lágrimas, pero otras nuevas las suplantan. - Eso solo hizo que papá se enojara más. Se desquitó con Morfin, aun cuando estaba inconsciente y le arrojó un hechizo para desangrarlo, por haber dejado a Tom vivir.
-Sabes qué hechizo uso? Lamento interrumpir, pero las heridas de tu hermano aun no cierran.
Ell asintió. - Es un maleficio lanzado en lengua pársel, pero no sé el contrahechizo.
-Quizá si les dices a los sanadores ellos sepan que hacer. Podríamos revisar las pertenencias de tu padre y ver si el maleficio está anotado en algún lugar.
-Él.. Está bien? Es decir..
-Está estable. - Ella asintió.
-Puedes continuar con la historia?
-Papá me provocó heridas más leves porque estaba dejándome para el final. Su plan era hacerme ver como Tom.. - Sus labios temblaron mientras de nuevo su mirada se desviaba al niño. - Él quería que yo lo viera, que lo escuchara gritar, que viera a mi hermano y Tom dejar este mundo. Y luego iba a ponerme bajo imperius de nuevo para obligarme a confesar que yo lo había hecho.
James sentía que iba a vomitar. Que horror, que espantosa escena, aun escuchando no podía imaginarse el terror que había experimentado la familia, cuánto tiempo habría estado ese niño sufriendo por el veneno?
-Cuando ustedes llegaron, Tom no era capaz de hablar, solo gritaba. Papá estaba tratando de desprender su núcleo mágico de él con ese cántico. Si lo hubiera logrado.. Tom habría muerto en minutos.
-Aun no comprendo..
-¿Por qué pedí que no lo mataran para después hacerlo yo?
James ascendió.
-Papá nunca me prestaba atención, por eso nunca supo que yo revisaba sus libros, no le interesaba, de igual forma nunca sería capaz de lanzar ninguno de los hechizos. Pero hubo una época en que quise impresionarlo y encontré ese hechizo, se necesita un momento específico del año en el cual la energía mágica sea salvaje, fuerte, en mayor conexión con los magos. Es un ritual oscuro que solo puede hacerse si hay parentesco, es una transferencia de magia, de un cuerpo a otro, un sacrificio. Papá agregó el detalle del veneno porque quería provocarle aún más dolor, arrancar su magia de raíz no era suficiente. Supe que hacer en cuanto estuve libre. Debía introducir a papá en el círculo con Tom y hacer un ancla, a través de sus manos, para la transferencia. Cuando asesiné a papá la magia de Tom dejó de ser tirada por él, si lo hubiera dejado más tiempo, Tom habría absorbido su magia. Pero papá murió con su núcleo intacto y Tom. Tom no perdió su magia.
James sintió todo su cuerpo entumecido por la sorpresa. Nunca había escuchado de un ritual como ese, ¿quién podría haber sido tan retorcido como para inventar un ritual para robar la magia de los miembros de su propia familia?. Miró a la chica Gaunt, esta vez con otros ojos, había vivido toda su vida reprimida, como una víctima, era lo habitual que fuese una chica maleable y fácil de controlar, pero había sido lista, escondiendo el poco valor que le quedaba, para salvar a su hijo.
-Gracias por contarme, eres una mujer muy valiente.
Merope escuchando. - Y astuta, como las serpientes.
Chapter 3: El juicio de Merope Gaunt
Summary:
Pequeña aclaratoria:
Lengua Pársel: dialogo en letra cursiva.
Pensamientos, recuerdos, sueños o lugares: en negrita.
(Espero recordar esto)
Chapter Text
Capítulo III
El juicio de Merope Gaunt
28 de Diciembre de 1989
La sala de interrogatorios del ministerio no estaba especialmente abarrotada, solo unos cuantos miembros adinerados de familias sangre pura que no dudaban en mostrar su desdén a la familia Gaunt, en especial al patriarca Marvolo Gaunt.
Había pasado una semana desde el ataque de Marvolo a sus hijos y nieto, tiempo que el ministerio había establecido para esperar a que Morfin Gaunt y Tom Riddle-Gaunt despertasen. Solo lo había logrado Morfin, pero rápidamente había sido llevado a la sala de Janus Thickey, resultó que después de ser torturado repetidamente por la maldición cruciatus, algo en su cerebro se quebró, dejándolo loco, tembloroso y con un comportamiento nervioso, ansioso y agresivo. Siseando a los sanadores, ya que parecía que el pársel era la única forma en la cual podía comunicarse ahora y sin mucho éxito, según su hermana.
James observaba todo desde su asiento en el tribunal del Wizengamot, lamentablemente ni él ni Sirius eran considerados para votar en favor o en contra de la sentencia de Merope Gaunt. Por lo que solo podían observar como el defensor de la chica Gaunt se enfrentaba a los miembros del Wizengamot y a Amelia Bones, jefa del departamento de aplicación de la ley mágica, en el juicio.
-Muy bien, todos silencio. Estamos aquí por el juicio de la bruja Merope Gaunt, quién es acusada de asesinar a su padre, Marvolo Gaunt. - Desde la audiencia se escuchó un "Muy bien merecido que lo tenía" y otro "Desearía haber sido yo quién matara al maldito viejo", antes de callarse por una mirada de Bones. - quién se hallaba desarmado e inconsciente luego de que los aurores le inmovilizaran para ser apresado por sus crímenes, que incluyen tortura, intento de homicidio y uso de magia oscura hacia su nieto Tom Marvolo Riddle-Gaunt y sus hijos, Morfin y Merope Gaunt. Ante lo cual la acusada podría ser condenada a siete años en Azkaban, considerando los desafortunados acontecimientos.- La señorita Bones miró al defensor de la chica Gaunt. - Señor Bott, puede proceder con la defensa.
-Buen día, secretaria Bones. Miembros de Wizengamot - Saludó. - Apreciamos que, dada la situación, la señorita Merope Gaunt sea condenada a un período de tiempo tan corto, considerando las condenas por homicidio. Sin embargo, deseamos que la señorita Gaunt sea absuelta de todos los cargos, ya que el asesinato del señor Marvolo Gaunt fue ejecutado en defensa del hijo de la acusada, Tom Riddle, quién habría muerto de no haber actuado la señorita Merope Gaunt. La acusada está dispuesta a cumplir con una condena como la prohibición del uso de su magia y la remoción del derecho a portar una varita, como también el pagar una multa o prestar servicios al ministerio de magia.
Varios se quejaron.
-Ya, la chica mató a su padre a sangre fría y solo quiere que la excusen.
-Estos Gaunts, todos están locos. Deberían meterlos a Azkaban a ella y a su hermano.
-No deberían castigarla tan duramente, sus acciones podrían considerarse como servicio a la comunidad - dijo alguien con burla.
-No toleraré interrupciones, mucho menos esa clase de comentarios. - Habló Bones mirando a los diferentes magos en la habitación, no se sabía con seguridad quién hablaba.
Bott no se intimidó.- Verá, la señorita Gaunt como su hermano, han llevado una vida de malos tratos por parte de su padre. No es una sorpresa para nadie, supongo, ya que el señor Gaunt tiene un historial criminal bastante popular que incluye el robo y la agresión pública. - Bott sacó un sobre y lo presentó ante Bones. - Aquí presento evidencia de lo que digo. - se dió la vuelta una vez más. - La noche de los eventos y una vez que los aurores lograron desarmar con éxito al señor Marvolo Gaunt, su nieto, Tom Riddle, se hallaba preso de una maldición que hizo correr un veneno letal por sus venas y, no contento con ello, sometió al niño a un ritual de magia oscura antigüo y proveniente del propio linaje de Salazar Slytherin, para robar la magia del niño antes de que éste muriese envenenado.
A su alrededor se escucharon jadeos de sorpresa.
-Le presento pruebas de los sanadores del niño en San Mungo, en donde se informa detalladamente sobre las heridas del muchacho y las secuelas del ritual al que su abuelo lo sometió. - Bones lo tomó y lo leyó en silencio detenidamente, Bott esperó con paciencia, luego continúo. - Así pues, una vez que el señor Marvolo estuvo desprotegido, la señorita Gaunt, quién era una conocedora del ritual que su padre estaba usando y quién fue obligada a cooperar en la tortura de su hijo por medio de la maldición imperius y, además, ver como su hijo era torturado por su padre, no solo con el envenenamiento y el robo de su magia, sino también por medio de la maldición cruciatus. - Nuevamente jadeos. - Supo que la única manera de salvar a su hijo era revirtiendo el hechizo, por lo que introdujo a su padre en el círculo ritual junto al niño casi muerto y, me ahorraré algunos detalles, le clavó un puñal en el corazón para detener el robo de magia que sin dudas habría asesinado al niño más rápido que el veneno.
-Que barbaridad!
-Que monstruo! Cómo pudo hacerle eso a un niño?!
-Señores, por favor.- Amonestó Bones.
-Entenderá entonces señoría, que la señorita Merope Gaunt actuó en defensa de la vida de su hijo, la cual se hallaba al borde de la muerte. De no haber revertido el ritual y asesinado al señor Marvolo, un niño inocente habría muerto, para conservar la vida de un hombre cruel y maquiavélico que pasaría el resto de su vida pudriéndose en Azkaban. Así que le pido que comprenda, a todos ustedes, que las acciones de la señorita fueron guiadas por la desesperación y el amor de una madre hacia su hijo. No por el odio o rencor hacia su padre. Todo lo que le pido es que la absuelva de ser llevada a Azkaban, para que pueda ser capaz de criar a su hijo Tom, quién, como sabe, quedará huérfano de ir la señorita Gaunt a Azkaban.
-Considero que lo mejor sería que el niño fuera llevado con otra familia. Los Gaunt son conocidos por ser una familia con muchos problemas de la.. mente. Como lo ha demostrado su abuelo, su tío e incluso su madre.
James miró al hombre sintiendo rabia, el cabecilla de la familia Nott hablaba, con la nariz apuntando al techo al igual que todos los puristas de sangre intolerantes que invaden el ministerio como ratas.
-Además, qué tiene para ofrecer esta mujer? No tiene empleo, es casi una squib, su casa es una cabaña que se cae a pedazos. No tiene maneras de cuidar adecuadamente a un niño.
-Ella es su madre! Y la única razón de que no tenga un trabajo es por su padre, quién la obligó a permanecer en casa como su sirvienta. Esta mujer es una víctima del señor Marvolo Gaunt. Ese niño ha vivido una experiencia traumática que le perseguirá por el resto de su vida y usted plantea separarlo de la única figura adulta que le ha cuidado, amado y se ha preocupado por él? ¿Cree que es lo adecuado para la psique de un niño de nueve años?
-Su psique está alterada desde que nació en esa familia, señor Bott. Al igual que la de esa mujer y su hermano.
-Señor Nott, ya es suficiente, nadie ha pedido su opinión, si vuelve a interrumpir le pediré que se retire de la sala. - El señor Nott se quedó en silencio, apretando la mandíbula con rabia- Quiero escuchar lo que tiene que decir la acusada. Señorita Gaunt, tengo entendido que la noche de los acontecimientos, cuando Tom llegó a San Mungo, no había ningún registro de él, nadie supo de la existencia del niño hasta esa noche. ¿Por qué?
-Tom es hijo de un Muggle, cuando su padre se enteró me abandonó y mi hermano me encontró en las calles del callejón Knockturn vagando, después de meses de haber desaparecido, me arrastró de regreso a casa y papá me castigó físicamente por quedar embarazada de un Muggle.
-Cómo te castigó?
-Uso hechizos cortantes en mi espalda, no dejé que tocara mi vientre. Una semana después nació Tom, papá trató de matarlo, pero mi hermano lo convenció de hacerlo él y se llevó a Tom lejos, lo escondió hasta que pude salir y luego lo llevé a un orfanato Muggle. Fingimos su muerte para protegerlo de mi padre, porque él se negaba a tener un nieto sangre sucia, dijo que había manchado el linaje de Salazar Slytherin y que él debía limpiarlo. Visité a Tom cada semana desde los cuatro años en el orfanato, hasta que un día me siguió a casa y mi padre se percató de su existencia.
-Y aun así no presentaste tu hijo al mundo.
-Padre no me dejó. Dijo que Tom era una vergüenza para la familia, un sangre sucia que mancharía nuestra reputación de sangre puras.
Alguien bufó.
-Me amenazaba con hacerle daño a Tom, el día en que me siguió desde el orfanato y pisó por primera vez mi hogar, mi padre le hizo daño, a todos, incluso mi hermano recibió un castigo. Yo no quería que él sufriera, lo mantuve lejos por la misma razón, pero Tom quería estar conmigo, con su madre. Mi padre se obsesionó con Tom cuando él demostró tener magia, su magia accidental era extraordinaria, así que él decidió quedárselo como aprendiz, quería que Tom fuese como él y usarlo para espantar y amedrentar a los demás. Me obligó a hacer un juramento inquebrantable de que nunca le diría a nadie sobre su existencia a cambio de no asesinar a Tom. Yo accedí.
Bones asintió.
-Por qué nunca buscaste ayuda?
-Era imposible salir de casa sin que él lo supiera, mi hermano era su espía y mi padre tenía hechizos rastreadores sobre mi y Tom. Si salíamos el castigo era terrible, usualmente él usaba a Tom para hacerme aprender la lección. Por lo que dejé de intentar huir. - Sus ojos buscaron en las gradas hasta que dió con los ojos de James Potter. - Pero sí busqué ayuda, a finales de Noviembre, busqué al auror Potter semanas antes del incidente. Me dejó en claro que, según la ley, no se podía hacer nada contra mi padre mientras no tuviera pruebas de sus planes, padre se había abstenido incluso de hablarnos, como si sospechara de mis acciones. Mucho menos podía conseguir que lo apresaran solo por presentir que planeaba hacernos daño. También huir era imposible, por el hechizo rastreador sobre todos nosotros, alimentado por nuestra sangre, no podríamos huir a ninguna parte sin que él lo supiera. Además, mi hermano lo ayudaba, vigilándonos todo el tiempo. Nunca estábamos solos en casa y nunca podíamos salir los dos a la vez.
-Pudiste huir con los aurores. Ellos te habrían defendido.
-Como ahora señora? Me acusan de estar loca por mi sangre, de ser incapaz de cuidar a mi propio hijo. Hice lo que pude para sobrevivir, me escapé para pedir ayuda y mi hijo pagó las consecuencias cada vez que yo trataba de pasarme de lista con padre. Mi hijo tuvo huesos rotos, experimentó la maldición cruciatus más de una vez y fue manipulado bajo la imperius. Y cuando yo fuí a pedir ayuda no hicieron nada, aun sabiendo el historial de mi padre, aun sabiendo lo loco que estaba. Ni siquiera fueron a ver cómo estábamos. Solo me dijeron que esperara y notificara cuando mi padre atacase. - Desde su asiento James Potter sintió como su rostro se ruborizaba de vergüenza. - Así que no juzgue mis acciones sin saber lo que he vivido. Hice lo que pude hacer y cuando mi hijo estuvo a punto de morir, elegí salvar su vida, porque mi hijo merece vivir, es un buen chico, es inteligente, es dulce, es protector y es mío. - Merope lloraba al hablar, resignada a que podría ir a Azkaban por sus palabras o que podría perder a Tom, pero la furia por la injusticia pudo con su temperamento. - Quizá no tenga dinero ni trabajo, pero nadie va a cuidar a mi hijo mejor que yo, nadie va a amarlo más que yo. Nadie sería capaz de lo que yo hice por él. Eso es todo.
Respiró y limpió su rostro lleno de lágrimas.
Bott, ante el silencio de la sala, saltó a hablar nuevamente.
-Señora Bones, he traído los recuerdos de la señorita Gaunt de esa noche, como también de los aurores Sirius Black y James Potter, quiénes acudieron junto a los aurores Marcus Rogers y Henley Highbottom, para que sean analizados por todos ustedes y observen de primera mano los horrores de esa noche. - Bott pasó los tres frascos que brillaban con los hilos de los recuerdos dentro, cada uno de ellos etiquetados. - También están los recuerdos de Merope Gaunt sobre el día del nacimiento de Tom Marvolo Riddle-Gaunt y el día de la llegada de Tom a su casa, a los siete años.
Todos observaron con silencio las horribles escenas. Tras al menos una hora de ver los recuerdos, la sala estaba plagada de discusiones, magos indignados y horrorizados ante la tortura del pobre niño Tom, quién sin duda lucía como un angelito, definitivamente igual a su padre, habiendo rechazado el terrible aspecto físico de su madre, según algunos. Además de la labor de madre de Merope, el valor para desprenderse de su hijo nada más nacer y su amor por él al volver para verlo en el mundo Muggle. Muchos miraban a la bruja conmovidos.
Bones carraspeó y tras unos minutos, volvió el silencio.
-Creo que es momento de dar un veredicto, ya que usted es la única víctima que fue capaz de dar su punto de vista no veo necesario extender aun más este juicio.
Merope sintió la mano de Bott en su hombro apretando fuerte.
-Ahora, quién esté de acuerdo con liberar a la señorita Gaunt de los cargos de homicidio hacia el señor Marvolo Gaunt. Levante su mano.
James y Sirius levantaron la mano tan alto que casi saltan de sus asientos, aunque una mirada de Bones les dejó claro que no estaban siendo considerados. Bajaron las manos de inmediato. Vieron como otros elevaban sus manos, contando nerviosamente.
-Ahora, quién no esté de acuerdo con absolver a la señorita Gaunt de todos los cargos y considere que debe cumplir un mínimo de tres años en Azkaban.
Se escucharon quejas junto con la visión de manos levantadas, James sintió terror.
-Bien, señorita Gaunt. Es usted libre de irse y está absuelta de todos los cargos. Sin embargo, la custodia de su hijo Tom se le otorgará si usted demuestra que es capaz de cuidar a su hijo y brindarle todo lo que necesita. Deberá conseguir un empleo estable y un lugar para vivir, solo entonces se le dará la custodia temporal de Tom. Estará a prueba durante un año para asegurarnos de la salud mental y física del niño, y si las condiciones son adecuadas para su crianza. Si logra aprobar se le dará la custodia permanente. Mientras tanto, el niño será asignado a un guardián mágico que yo personalmente escogeré, con el que vivirá hasta que usted logre establecerse. - Merope asintió, sus ojos brillando de felicidad. - No se le revocará el derecho de usar una varita. Pero la próxima varita que esté en su poder conservará el rastro, para monitorizar en todo momento sus acciones.
Merope siguió asintiendo, llorando y en shock. Bott la abrazó y desde su asiento Merope vió al señor Potter sonriendo y levantando los pulgares. Sintió que su corazón dió un vuelco ante la imagen, a pesar de sus palabras honestas y sus quejas ante los aurores, el señor Potter no parecía molesto con ella.
Merope persiguió a Amelia Bones luego del juicio, Bott a su espalda.
-Señorita Bones- habló cuando la alcanzó. - Quería darle las gracias, por escucharme y por todo.
-No fuí solo yo, todos los que votaron por dejarte libre merecen las gracias.
-Yo.. Quería pedirle algo, bueno, es una sugerencia solamente.
Bones levantó una ceja y la miró de una manera que le hizo saber a Merope que no aprobaba que una chica que acababa de salir de un juicio por homicidio estuviese pidiendo algo más.
-Mi hijo, Tom. Yo.. Quisiera que su guardián fuese el señor Potter. Él me ayudó y estuvo a cargo de Tom en San Mungo cuando yo estaba convaleciente. Me gustaría que Tom estuviese con alguien que sé lo cuidará y, yo confío en que el señor Potter lo hará.
Bones asintió. - Ya decidiré yo quién es el mejor candidato para cuidar de su hijo señorita Gaunt, le aseguro que me aseguraré de que sea un buen guardián, no me tomo las cosas a la ligera. Si fuera usted me preocuparía más en conseguir un trabajo.
Merope sintió la boca seca y asintió en silencio. Mientras Amelia Bones se daba la vuelta y se marchaba. Merope no pudo evitar sentir que la había cagado un poco.
No fue una navidad agradable para Merope, quién a pesar de las órdenes de la señora Amelia Bones, aun no había ido a buscar un trabajo, se estaba quedando con su hijo en su habitación, con la constante preocupación de que quizá su niño podría no despertar y entonces, de qué serviría conseguir un trabajo y tratar de arreglar su vida? Preferiría revivir a su padre y que este la maldijera con crucios hasta quedar loca como Morfin, condenada a estar en la sala Janus Thickey comiendo avena y babeando su ropa.
Tom despertó cinco días después del juicio, el 2 de Enero, con un sobresalto, sin ruido, solo sus hermosos ojos color chocolate abiertos exageradamente, como si estuviese despertando de una pesadilla. Comenzó a respirar con pánico hasta que la vió, sus ojos se llenaron de lágrimas y ella se arrojó hacia su cama, sosteniéndolo en sus brazos mientras lloraba.
-Tom! Oh, Merlin! Gracias! - Llenó su rostro de besos, peinó su cabello oscuro y limpió las lágrimas que caían por el rostro del niño. - Todo irá bien, te lo prometo. Nadie te hará daño otra vez.
Tom la apretó con un agarre fuerte, no dijo nada, solo se hundió en su pecho, con su oreja junto a su corazón y se dejó mecer por su calor y su amor, hasta que los sanadores vieron que estaba despierto y entraron a verle.
Tom nunca había visto tanta gente sonriéndole, nunca lo habían tratado como si fuera importante. Solo su madre lo hacía y aun así, ella lo había abandonado cada día por años, luego de sus visitas.
James miró a Merope salir con el rostro hinchado de llanto, pero un llanto feliz. Ese día finalmente Tom había despertado. Él había ido al hospital con Lily y Sirius, mientras Harry se quedaba con sus abuelos.
-Auror Potter, Auror Black. Que bueno verlos. - Miró a Lily.
-Esta es mi esposa, Lily. - La presentó.
Lily estrechó su mano y le mostró lo que llevaba en las manos.
-Hemos traído comida y ropa, para ti y Tom. Tenemos un niño de la edad de Tom, Harry es más pequeño, pero creemos que puede quedarle.
Merope lo aceptó con una sonrisa. - Estará feliz de tener ropa limpia y nueva. Tom se preocupa mucho por su apariencia, es bastante vanidoso. - Habló con cariño.
Lily sonrió. - Cómo está?
Merope hizo una mueca. - Está bien, el veneno finalmente está fuera de su sistema. Pero.. Los sanadores han dicho que está traumatizado por lo que pasó y por eso se niega a hablar.
Todos mostraron miradas compasivas.
-Mañana vendrá un psicomago a verle. No todo es perfecto pero está vivo y fuera de peligro. Es más de lo que esperé al principio.
Lily se inclinó a darle un abrazo, conmovida por la chica. James y Sirius se balancearon sobre sus pies como dos idiotas.
-Si necesitas ayuda para conseguir trabajo solo dilo, te ayudaremos. Y si necesitas un lugar donde quedarte hasta conseguir tu propio lugar, puedes quedarte con nosotros.
Ella asintió, eran muy amables, quizá demasiado y ella tenía miedo, no quería volver a depender de nadie, a pesar de que el auror Potter le gustaba mucho. Su esposa también parecía ser buena persona, pero ella no podía fiarse de nadie ahora, podría aceptar la ayuda con el trabajo, nada más.
-Gracias, podría aceptar la ayuda con el empleo. Puedo quedarme en casa mientras tanto.
James y Sirius compartieron miradas.
-Estás segura que quieres volver allí? No es molestia para nosotros recibirte.
Ella negó. - Es solo una casa y es mi hogar. A pesar de lo que sucedió en ella. Creo que le daré una oportunidad.
Lily suspiró. - Bueno, qué te parece si comenzamos con la búsqueda cuando Tom sea dado de alta?
Merope asintió.
Chapter 4: La tumba de Marvolo Gaunt
Notes:
Como he dicho, estaré subiendo esporádicamente algunos capítulos que ya tengo listos para ponerme a la par con el ritmo de la historia en las otras dos plataformas en las cuales publico.
Probablemente mañana actualice algunos más, este sería el último de hoy. Que lo disfruten y gracias por leer.
Sigo aprendiendo como usar AO3 para publicar mis historias.
Chapter Text
7 de Enero de 1990.
Poco después de despertar, Tom pidió ver la tumba de su abuelo, a Merope no le había interesado que sucedía con el cuerpo mientras su hermano e hijo estaban internados, ni siquiera cuando Tom despertó pensó en él y no pudo comprender por qué Tom quería verlo. Pero no le negaría eso al niño, los sanadores dijeron que quizá le ayudaría a sentirse más tranquilo, al ver que su abusador nunca más volvería a molestarlo.
Ella no quería ir sola, su padre había sido enterrado en soledad, en un cementerio común, rodeado de personas comunes, su padre sin duda se retorcería por toda la eternidad por ello. En lugar de tener un entierro digno de un heredero de Slytherin, al igual que un lugar digno.
Fue así como terminó escribiendo una carta al auror Potter, pidiéndole compañía. Además, no podía salir de San Mungo con Tom a solas, eso echaría a perder todo, perdería a Tom para siempre. Pero si un auror iba con ellos, no había problema.
El señor Potter aceptó ir con ellos y ella se sintió feliz al volver a verlo, aun cuando sabía que nunca pasaría nada con él. Tenía esposa, un hijo y Merope sabía que era horrenda, ella y su hermano lo eran, quizá por la continua práctica de incesto en su familia. Esa era una de las razones por las que Tom Riddle había huido de ella, la primera había sido que se había acabado la poción de amor que había hecho.
James Potter había añadido en su carta que Amelia Bones asistiría junto con una examinadora para Tom. Bueno, no estaría para nada sola.
James se vistió para ese día de colores oscuros. Lily no podría ir con él debido al trabajo, Harry iría con sus abuelos y él esperaba no tardar demasiado.
-Papá!- su hijo bajó corriendo las escaleras, con su cabello revuelto y sus grandes ojos verdes y brillantes, iguales a los de su madre. - ¿Puedo ir contigo?
James vió que su hijo se había vestido, no de lo más decente, tenía unos pantalones beige, una camisa azúl oscuro, chaqueta roja y zapatos rojos. Era un desastre colorido, pero Lily era partidaria de dejar que Harry se vistiera como quisiera, algo sobre ser independiente y autosuficiente. James iba a aprovechar la oportunidad para tomar muchas fotos para avergonzar a su hijo cuando fuese mayor.
James lo tomó en brazos y le abrazó, luego de lo del chico Riddle-Gaunt había estado el doble de cariñoso con Harry. Preocupado de que alguna vez su hijo pudiera pasar por algo así.
-Oh! Hoy no compañero, debo ir a un lugar importante.
-Ya sé, mamá me lo dijo.
-¡Es mentira!- gritó Lily desde las escaleras.
Harry se sonrojó y bajó la cabeza. James sonrió.
-¿De nuevo nos espiaste Harry?
-Solo escuché sin querer. - se excusó cómicamente.
-Oh, eso lo explica. Lamento haberte acusado. - dijo divertido. Harry asintió serio.
-Te perdono papá. Entonces, ¿puedo ir?
-No creo que deberías, será algo aburrido y triste.
-Mamá dijo que habrá un niño, él no estará triste y solo si no hay más niños para jugar?
-Él no va a jugar, campeón.
Cómo le explicas a un niño de ocho años que Tom Riddle Gaunt estaba traumado de por vida? Y que lo último que querría sería jugar.
Harry hizo un puchero.
-Pues no jugaremos, pero le haré compañía. Como hace mamá cuando estás triste.
James miró a su hijo y sintió pánico de acercarlo a los Gaunt, qué si le pasaba algo? Sabía que no eran malos, pero solo imaginar a su hijo..
Harry se sacudió en su brazo hasta que se zafó.
-Iré a buscarle un peluche! Se lo regalaré, así no se sentirá solo! ¡No te vayas sin mi papá!
Harry pasó corriendo a un lado de su madre, quien bajaba las escaleras con una sonrisa.
-Nuestro hijo es todo un amor, un Hufflepuff hasta la médula.
James gimoteó. - Uff, no lo digas. No arruines mis esperanzas de tener un hijo Gryffindor.
Lily se echó a reír. - Pues podríamos trabajar en crear otro heredero Potter, quizá un Ravenclaw. - James la miró sin humor, Lily rió más fuerte mientras se inclinaba para darle un beso.
Escucharon las pisadas de Harry bajar y luego su voz.
-Oooh! Lo siento! Me iré ahora.
Lily se separó mientras James se reía.
-No es necesario cariño. - Lily miró el muñeco en las manos de Harry.
-Oh! ¿Le darás al señor Polar?
Harry miró al peluche con un puchero y ojos perlados de lágrimas, era de sus favoritos, su madre se lo había comprado luego de un paseo por el zoológico Muggle, Harry había quedado encantado con los osos polares. Pero solo de pensar que el niño no tenía juguetes, ni nada bonito, le entristecía más que perder al señor Polar.
-Es que.. Creo que el señor Polar podría hacer muy feliz al niño, aun cuando lo extrañe mucho. Tengo muchos otros juguetes, así que no importa.
Lily lo miró con los ojos llenos de lágrimas y Harry supo que se venía un súper abrazo con besos incluidos. No se equivocó.
-Eso es muy dulce, tesoro. Eres un niño muy bueno, estoy segura que a Tom le gustará tu regalo.
-Su nombre es Tom?
-Así es.
Harry sonrió. - ¿Nos vamos, papá?
James sonrió y asintió.
Tom se jactaba de ser listo, siempre lo había sido, al igual que poderoso. Aun así la vida le había enseñado una lección valiosa, una que nunca olvidaría. Había juzgado mal a Marvolo Gaunt, pensando que era un viejo tonto y loco, algo abusivo, pero en el orfanato Tom también había recibido palizas, la agresión no era algo nuevo en su vida.
La magia sí y le gustaba lo poderoso que se sentía, lo grande que se sentía al usar los hechizos que su abuelo le enseñaba. Pero no le gustaba ser controlado por nadie y Marvolo Gaunt creía que él le pertenecía solo por ser más pequeño, más débil y ser su sangre. Tom lo odió desde el primer momento en que lo vió, lo odió al sentir ese dolor horrendo en todo su cuerpo, lo odió cuando le hizo daño a su madre y eso había sido algo nuevo, Tom había sentido rencor y odio hacia Merope, la mujer que lo había abandonado en un orfanato pero que volvía de visita cada semana a verlo. Él no podía entenderlo, hasta que pisó esa casa maldita.
Entendió la injusticia, las acciones de su madre. Aun así, seguía doliendo.
Tom nunca esperó lo que sucedió esa noche, si cerraba los ojos podía recordar el dolor, los gritos de su madre rogando por él. Dolor. Furia. Era todo lo que había sentido en su vida.
Así que cuando despertó en ese hospital su madre le contó todo, como su abuelo estaba muerto, como ella lo había asesinado. Tom no pudo sentirse más orgulloso. Y su tío Morfin, loco debido al cruciatus. Tom no sintió nada con esa noticia, el tío Morfin había sido extraño, insustancial y para nada leal, una tonta marioneta de su padre, haciendo todo lo que el otro pedía por miedo. Tom admiraba a su madre, porque sabía de sus escapadas, sabía que detrás de esa fachada obediente y sumisa su madre rompía las reglas, y lo hacía por él.
Quiso ir al cementerio y ver con sus propios ojos al viejo decrépito pudriéndose, solo, abandonado y sin haber dejado ninguna marca importante. Esa era la mejor venganza.
Los Potter llegaron directamente al cementerio. Sirius ya estaba allí, junto con Amelia Bones y otra mujer que sin dudas estaba evaluando a Tom.
Harry sonrió al ver a Sirius y James tuvo que retenerlo para evitar que saliese corriendo tras su padrino.
-Harry, recuerdas lo que hablamos? Debes comportarte aquí, sí? - El niño asintió.
James le tomó de la mano y juntos se acercaron al pequeño grupo.
Merope Gaunt miró al señor Potter con ojos brillantes de agradecimiento, Tom no se perdió la mirada de su madre y sintió unos celos enfermizos recorriendo su pequeño cuerpo, no quería que su mamá amase a alguien más, finalmente la tenía solo para él y Tom no era de los que compartían.
-Buenos días, ¿cómo están ustedes dos?
Tom no respondió, mordía su mejilla tan fuerte que podía sentir la sangre en su boca.
-Estamos bien. - Su madre acarició su cabeza, peinando su cabello.
Tom miró al señor Potter y al niño que se pegaba a él como una lapa, era pequeño y sus ojos brillaban como dos esmeraldas. En cuanto sus ojos se encontraron, el niño le sonrió radiantemente. Tom entrecerró los ojos.
-Oh, este es mi hijo Harry.
El niño saludó agitando su mano locamente. Harry se sentía tímido de repente, no quería darle el obsequio al otro niño con todos esos adultos mirándole. Le daba vergüenza.
-Entonces, vamos? - James miró a Sirius, Bones y su otra acompañante. Todos asintieron y comenzaron a caminar dentro del cementerio. Marvolo Gaunt había sido enterrado en un cementerio Muggle, en Little Hangleton.
Tom se aferró a la mano de su madre con un apretón inquebrantable. Harry vió con pena como el niño lo ignoraba.
-Hey compañero!- Sirius lo tomó en brazos. - ¿Cómo está mi ahijado favorito? - El niño sonrió.
-Mamá dice que debo ser tu favorito, porque soy el único que tienes.
-Touché.
-Sirius- James, aunque adoraba ver a su hijo y su amigo juguetear, sabía que no era el momento para desatar a aquellos dos.
El hombre Black soltó al niño en el suelo y siguieron caminando en silencio por las tumbas, a Harry le pareció tétrico, hacía bastante frío y las tumbas estaban cubiertas de nieve. No podía evitar seguir con sus ojos al niño Tom, Harry había escuchado que le había pasado algo terrible, así que quería ayudar, hacerlo feliz, quizá hacer un nuevo amigo. Se preguntó si Tom tenía amigos.
Llegaron al lugar, Harry solo podía ver rocas con nombres a su alrededor y, cuando se detuvieron, Harry solo vió otra roca grande, con el nombre de Marvolo Gaunt. Miró a su padre y luego a los demás, todos tenían expresiones serias y molestas.
Vió a la madre del niño, quién lloraba en silencio, con Tom apretado a un costado, sosteniendo la mano de su madre. Se quedaron ahí por un tiempo, en silencio. Hasta que el chico se despegó de su madre, en silencio y se alejó un poco, caminando entre las tumbas. Harry lo vió como una oportunidad y corrió tras él, ante la mirada de los adultos.
-Hola!- Tom volteó y se encontró de nuevo con el niño de ojos verdes. Lo evaluó de pies a cabeza y quedó horrorizado con su vestimenta, parecía un payaso. - Soy Harry, mucho gusto- Tom no aceptó su mano, ni siquiera extendió la suya, por eso se sorprendió cuando Harry se acercó y de todas formas tomó su mano para estrecharla. Tom lo apartó de un manotazo.
El otro niño le miró sorprendido, un poco intimidado, Tom se sintió grande por ello, era una mirada similar a la de los niños en ese orfanato Muggle en el que había estado.
-Yo, umm. Te traje esto, se llama señor Polar. Te hará compañía - Le tendió un oso de peluche, mayormente blanco. Tom no supo qué decir, no sabía por qué ese niño le estaba regalando cosas, qué podía querer de él? Nunca había obtenido las cosas fácilmente o sin un precio que pagar. Había logrado ir a vivir con su madre, a cambio de ser el prisionero y sirviente de su loco abuelo y luego, finalmente tenía paz y a su madre para él, a cambio de una noche escalofriante en donde casi pierde la vida. Las cosas no eran gratis o fáciles de obtener, siempre había un precio.
-No lo quiero.
El chico se echó para atrás, solo un poco. No se miraba ofendido como otros niños, sino triste.
-¿No te gusta? Es uno de los mejores que tengo y huele bastante bien. - Para probarlo hundió su nariz en él. - Huele- y empujó el peluche a la nariz de Tom.
El chico sintió la molestia comenzar a subir, qué se creía ese niño para molestarlo en su visita a la tumba de su abuelo? Pero Tom no podía hacer nada, no frente a los adultos, al menos. Una idea surgió en su cabeza y miró con falsa simpatía al otro niño.
-¿Quieres jugar? - vió como así de fácil los ojos del otro niño brillaron, asintió como un loco y sonrió. -Bien, sígueme. - Se alejaron aun más del grupo, Tom solo estaba buscando, sabía que por allí debía haber serpientes, su abuelo lo había llevado al cementerio algunas veces, habían abierto las tumbas para buscar huesos o tesoros en tumbas muy viejas.
Escuchó los siseos en un arbusto grande y húmedo, sonrió mientras se agachaba.
-Hola, ¿podrías ayudarme?
Tom vió como una linda serpiente de color gris salía de su escondite, era pequeña, no la gran cosa, pero tendría que servir. A su espalda, Harry era incapaz de ver lo que hacía.
-Por qué vienes a molestarme? Estaba durmiendo, dame una buena razón para no morderte.
Tom sonrió ante el temperamento de la serpiente, perfecto para sacarse al niño tonto de encima. Diría que fue un accidente, que la serpiente no quiso obedecerlo. Nadie pensaría que él había hecho eso a propósito, era un pobre niño traumatizado.
-Solo vine a advertirte, la persona que está junto a mi, quiere atacar tu nido. Deberías espantarlo.
Tom vió como levantó su cabeza y siseó furiosa.
-¿Dónde está? Quién quiere destruir mi nido?
Tom se apartó y dejó que Harry viera a la serpiente.
-Te gustan las serpientes, Harry?- dijo en un tono falso de dulzura, pero sus ojos brillaban con maldad.
Vió como el otro niño miraba asombrado a la serpiente, asustado. Sus ojos se habían abierto aun más y Tom disfrutó de la imagen.
La serpiente comenzó a acercarse, furiosa, mientras siseaba amenazas a Harry. El niño seguía a la serpiente con la mirada, hasta que esta se acercó demasiado y siseó increíblemente molesta cuando Harry no se marchó corriendo, echando su cuerpo hacia el niño, con los colmillos al descubierto. Tom sonrió cuando Harry cayó al suelo asustado y de rodillas.
-Muerdelo, solo así se irá.
-Puedes hablar con ella? - Le preguntó sorprendido.
-Soy el heredero de Slytherin, por supuesto que puedo. - su tono era altanero.
Tom no comprendía el interés del chico cuando tenía una serpiente amenazante justo frente a él. Aunque bueno, para ser justos, no era muy intimidante con ese tamaño de una varita mágica y tan delgado como un lápiz.
-Ooh! ¡Qué genial! Yo quisiera poder hablar con los animales. ¡Ella es increíble, es una coronella austríaca! - Tom se quedó tan impresionado que miró al niño en shock. Harry, mientras tanto, había acercado su rostro a la serpiente, quien estaba preparada para atacar, quizá mordiendo su nariz.
-¿No te da miedo?
-No! Sé que es venenosa, pero no demasiado peligrosa. Además, si me muerde papá me llevará a San Mungo. - Se encogió de hombros. - Me parece que es preciosa.
-Humanos impertinentes! Ya verás lo que haré por invadir mi nido!
-Espera! Él me ha explicado que nunca ha querido invadir tu nido. Dice que está perdido. - Tom no supo el porqué salía en defensa del niño, Harry era demasiado entusiasta, grosero y con intenciones ocultas. Pero nadie nunca antes se había mostrado interesado en sus dones, nadie nunca lo había visto con esos ojos emocionados cuando Tom estaba tratando de amenazarlos.
-No me importa, no me gusta que humanos tontos invadan mi territorio.
-Podemos ayudar a proteger tu nido! Mantendremos a los humanos alejados de ti.
La serpiente lo miró, sacando su lengua una y otra vez.
-Qué te está diciendo?
-Está molesta, cree que vamos a destruir su nido.
Harry miró a su alrededor, el cementerio de Little Hangleton era bastante verde, con mucha vegetación, justo lo que la pequeña serpiente necesitaba, pero siempre había visitantes que podrían molestarla.
-Podrías decirle que podemos llevarla a un lugar en donde no van a molestarla.
-¿Y dónde la llevamos? - Harry apuntó la pradera que se veía más allá del cementerio. Libre de tumbas.
-Podemos llevarte a un nuevo lugar, en donde no serás molestada.
-¿Y hacer un nuevo nido?
Tom miró con molestia a la tonta y quejona serpiente.
-Mejor no, váyanse antes de que los muerda a ambos.
Tom suspiró. Y ambos vieron como la serpiente volvía a su escondite.
-Oh! ¿Por qué se va?
-Dice que no quiere hacer un nuevo nido, es perezosa.
Harry parecía desilusionado. Tom lo miró con atención.
-Te gustan las serpientes?
-¡Me encantan! Me gustan mucho los animales. Cuando sea grande seré un zoomago.
A Tom le irritaba su entusiasmo explosivo, pero Harry parecía ser agradable, no era como los otros niños del orfanato, no lo miraba como si fuera un bicho raro y se fascinaba con su don para hablar pársel, en lugar de verlo como si fuera un engendro del mal, como muchos le habían mirado. Sentía curiosidad por el niño, cuánto podría soportar antes de alejarse de Tom como todos los demás?
-¡Harry! Tom!- ambos chicos voltearon ante el grito del señor Potter.
-¡Ya vamos!- gritó Harry y, para sorpresa de Tom, le tomó de la mano y tiró de él para correr hacia su padre.
Tom lo siguió, decidiendo jugar su papel de niño bueno, no se había perdido las miradas que esa mujer que se había presentado como Julie Doyle, le daba. Anotando cosas en una libreta. Tom no sabía el porqué, aun.
Al verlos llegar, el señor Potter sonrió.
-Qué estaban haciendo?
-Fuimos a jugar. Tom y yo somos amigos. - El señor Potter le sonrió, Tom se sintió extraño, los adultos no solían sonreírle, menos así, con total confianza de su inocencia.
-Ya veo, me alegra. ¿Te parece si nos marchamos ya, Tom?
Él asintió. Harry dejó de sonreír.
-¿A dónde nos vamos?
-Tom debe volver a San Mungo y tú debes ir a casa.
Harry hizo un puchero. - Pero Tom y yo acabamos de conocernos. Queremos jugar un poco más.
El señor Potter miró a Tom, sin saber qué decir.
-Harry puede visitarme en el hospital, verdad? - Todos los adultos se quedaron impresionados ante su voz. No había vuelto a hablar desde que le había dicho a su madre brevemente que quería ver a su abuelo. Y eso había sido dos días antes.
-Claro, claro. Sí, él puede visitarte.
Harry volvió a sonreír y le miró como si fuera lo mejor del mundo, a Tom le gustó, le gustó que a Harry pareciera agradarle tanto y Harry era perfecto, tonto, muy suave y manipulable si lo mantenias feliz. Un buen seguidor y no tan tonto como su tío Morfin había sido. Y no parecía tenerle miedo, todavía, él trabajaría en eso.
-Te llevaré los mejores juguetes! Podemos jugar al zoológico.
Tom se abstuvo de hacer una mueca, nunca había jugado, sus juegos eran más crueles y sádicos. Cómo torturar y asustar a los niños del orfanato. Pero todos los adultos parecían estar encantados con Harry, el niño era una buena fachada.
Tom solo asintió, sin saber qué decir. A Harry no pareció importarle. Los ojos del niño se iluminaron, soltó su mano, Tom trató de convencerse de que no le importó, y corrió a decirle algo al señor Potter en el oído, Tom se tensó, pensando que el niño finalmente iba a mostrar su verdadera cara, acusándolo de hablar con serpientes y haberlo asustado. Pero el señor Potter sonrió ante sus palabras, sostuvo al animal de peluche de Harry y, ante sus ojos, se convirtió en una serpiente de peluche. Harry saltó feliz y se acercó a Tom.
-Supongo que este te gustará más que el señor Polar. - Y le tendió el peluche de serpiente. Tom se quedó sin palabras, pero tomó el peluche de sus manos, sintiendo algo en su pecho que no supo identificar.
-Gracias. - Y Tom nunca había sonado tan sincero.
Harry se lanzó sobre él, de nuevo impulsivamente, y le abrazó apretado. Harry era cálido, olía bien y su ropa, a pesar de no combinar, era nueva y linda. Tom sintió envidia de no tener la misma vida que el niño. Pero cuando se separó de Harry sintió como la calidez que lo había rodeado se iba y descubrió que lo extrañó.
Miró como el niño desapareció de la mano de su padre mientras le daba una última sonrisa. Tom apretó fuerte la mano de su madre cuando ellos mismos desaparecieron al tocar un reloj, de vuelta al hospital y las paredes de color pastel.
Chapter 5: Visitas
Notes:
Sé que prometí seguir subiendo capítulos, pero me ocupé un poco y en mi país hay constantes problemas con la electricidad, suele irse bastante y bueno..
En fin! Gracias por leer la historia, al principio estaba un poco asustada de escribir por acá porque aun no sé como interactuar correctamente.
Trataré de actualizar hasta el capítulo VIII este fin de semana, dos hoy y el resto mañana.
Disfruten la lectura y gracias por sus comentarios y kudos.
Chapter Text
Tom pronto descubrió quién era Julie Doyle, nada más llegar a San Mungo la mujer quiso hablar con él.
-Hola Tom, puedo llamarte así? - Él asintió. Algo en su sonrisa falsa y su supuesta calma no le agradaba, era la misma actitud de las mujeres que le cuidaban en el orfanato. - Mi nombre es Julie, aunque ya lo sabes. Supongo que te preguntas por qué estoy aquí con la señorita Bones y tu madre. - Ella suspiró y se sentó más derecha cuando él no respondió. - Quería saber cómo estás, cómo te sientes desde que despertaste. Puedes decirme?
Se encogió de hombros y apretó la serpiente en sus manos. Qué quería esa mujer realmente?
-Estás contento de que tu madre esté contigo? - Tom se tensó como la cuerda de un barco. Por qué preguntaba por su madre?
-Sí. - Julie sonrió.
-La quieres mucho, no es así? - Él asintió. - Ella te cuidó mientras estabas con ella?
Tom frunció el ceño. - Mamá me cuidaba del abuelo y del tío Morfin y yo la cuidaba a ella.
La mujer pareció tan entusiasmada que casi saltó de su silla, mientras anotaba en una libreta.
-Ya veo. Y cómo la cuidabas?
Él no dijo nada, no iba a decirle a esa mujer que desde una edad muy temprana, tenía un control de la magia bastante bueno. Solía arrojarle cosas al abuelo o Morfin, prender fuego a las cosas, volverse invisible de ellos.
-Te gustó jugar hoy con Harry?
-Harry es agradable.
Julie asintió, más contenta de que volviera a hablar.
-Y el señor Potter? Qué opinas de él?
-A mamá le agrada.
-Y a ti te agrada?
-No lo sé, no lo conozco. Me gustó el truco que hizo con la serpiente. - Agregó en último momento, no entendía las preguntas de esa mujer, pero haría un esfuerzo por verse lo más inocente e inofensivo posible. - Puedo hacerle yo una pregunta?
-Claro Tom, lo que tú quieras.
-Por qué me hace tantas preguntas? Los sanadores las hacen todo el tiempo.- Tom había respondido asintiendo o negando a todas ellas.
-Oh! Solo queremos asegurarnos de que estés bien, verás, vengo del ministerio de magia, es nuestro sistema político en el mundo mágico. - Explicó. - Así que.. cómo te sientes con lo que pasó, Tom?
-Mi abuelo trató de matarme. - se mordió la lengua para evitar decir "claro que no estoy bien". Y Tom lo admitía, al dormir tenía pesadillas y cada vez que era apuntado con una varita para monitorizar su estado, su corazón se agitaba locamente en su pecho, sus manos sudaban y se ponía tenso como la cuerda de un arco.
Julie se quedó en silencio por unos segundos.
-Sí, lamentamos mucho eso Tom y podemos prometerte que de ahora estás a salvo, el mundo está plagado de personas, buenas y malas, pero de ahora en más estarás rodeado de personas maravillosas que van a cuidarte, nunca tendrás que sentir miedo otra vez. Si cariño?
Él asintió. - Puede entrar mamá?
Julie suspiró. - Quisiera hacerte más preguntas antes de que ella entre. De acuerdo? Luego yo misma saldré a buscarla.
A Tom no le gustó, fingió un bostezo. -Estoy cansado.
Julie lo vió con lástima. - Bueno, supongo que podemos seguir charlando en otro momento. - Tom asintió, Julie le sonrió.- Bien, gracias por hablar conmigo, Tom.
Él asintió.
Cuando su madre entró, Tom la miró con su ceño fruncido, parecía un pequeño hombrecito enojado.
-Por qué siguen haciéndome preguntas personas extrañas?
Merope sonrió - Así que ya vuelves a hablar, qué alivio.
Tom desvió la mirada, avergonzado. Al despertar había estado tan aterrado, su garganta ardía con el recuerdo de estarse quemando. Le avergonzaba haber sido visto así de vulnerable, no quería ser así, no cuando verse vulnerable había hecho que otros creyeran que podían lastimarlo, como los niños mayores en el orfanato, como las mujeres que los cuidaban, como su abuelo.
-Cuándo podré irme de aquí?
Su madre suspiró. - No estarás aquí por mucho más tiempo, han dicho que podrás irte en dos días.
El niño asintió, feliz y satisfecho.
-¿Iremos de nuevo a la casa del abuelo?
Su madre hizo una mueca y asintió, desviando la mirada. Probablemente avergonzada de no tener otro lugar al cual ir. A Tom no le importaba, volver a esa horrible choza sin su tío y abuelo era una bendición. A pesar de la madera podrida, el olor a humedad y lo pequeña y sucia que estaba. Ellos la arreglarían y finalmente Tom tendría un hogar en el cual podría estar tranquilo y a salvo, con su madre, a la que quizá podría perdonar definitivamente luego de haber asesinado a su abuelo para salvarlo.
Finalmente podría tener lo que deseó cuando se aferró a su madre a los siete años.
-Mamá? - Sintió cómo su pecho latía como loco cuando encontró sus ojos, hundidos en las cuencas, con ojeras oscuras e inyectados de sangre. A pesar de su aspecto cansado, Tom la amaba. Su boca estaba seca cuando dijo: - Gracias por salvarme. - Aunque lo que realmente quería decir era: Te Amo.
Su madre lo abrazó con fuerza mientras besaba su frente, Tom cerró los ojos y se permitió ese momento de ser mimado, querido y abrazado, rodeado de amor y protección. No pudo evitar las lágrimas que salieron de sus ojos ni los temblores de su cuerpo. Su madre no dijo nada, solo lo sostuvo en su pecho, meciéndolo una y otra vez, diciéndole cuánto lo amaba.
Tom nunca creyó que pudiera amar y necesitar tanto a alguien, hasta que conoció a su madre.
James Potter entró a la oficina de Amelia Bones en el departamento de aplicación de la ley mágica. La bruja lo esperaba detrás de su escritorio, con aquel rostro severo pero amable.
-Auror Potter- Saludó - Siéntese, por favor.
James lo hizo, mirándola en silencio.
-No me mire tan seriamente, no se ha metido en ningún problema y si así fuera, no sería yo quién lo reprendería.
Eso James lo sabía bien, ya había recibido una reprimenda de su jefe y del Departamento de Misterios por ordenar a un Inefable a proceder sin permiso, aun cuando era una emergencia. Esos jodidos protocolos eran una mierda que solo estaba diseñada para provocar desgracias, en su opinión.
-Lo llamé hoy porque quiero hablar del caso Gaunt con usted. Específicamente, del caso de la custodia temporal del mago Tom Riddle.
-Oh- James no supo cómo reaccionar.
-He considerado muchas familias, la suya como la familia Longbottom han sido las más aceptables. Sin embargo, la propia madre del niño lo ha pedido a usted y no puedo olvidar el pequeño avance que mostró el niño al convivir con su hijo Harry ese día en el cementerio. Tom es un niño que creció bajo mucha inestabilidad, el niño es reservado, temeroso y desconfiado. Por lo que, obviamente, me preocupa solucionar eso. Su familia ha ayudado mucho a los Gaunt, como he podido observar. Lo único que me hace dudar es su trabajo, sé que no está disponible todo el tiempo y su esposa lleva un negocio de pociones, no es así?
James asintió. - Así es, aunque Lily trabaja mayormente en casa, tenemos un laboratorio de pociones. Y también tiene un compañero de trabajo, Severus Snape. - Trató de no hacer una mueca al mencionar al hombre.
-Aun así, su esposa no puede cuidar a Harry todos los días, no es así?
James sintió la necesidad imperiosa de demostrar que podía cuidar de Tom. Se sentía en deuda con Merope Gaunt y no podía olvidar los ojos de Tom al despedirse de Harry, había tristeza y anhelo en ellos, como si nunca hubiese tenido un amigo con el cual jugar y Harry constantemente preguntaba por él. Además, Tom estaría más tranquilo en un lugar con magos que él conociera y ellos podrían asegurarse de que Merope pudiese verlo de vez en cuando, incluso ayudarla a conseguir un trabajo.
-De hecho, no creo que sea un problema. Estaba pensando en pedir unas merecidas vacaciones, el caso Gaunt ha sido mi límite. Y no he pedido vacaciones en tres años, así que tendré bastante tiempo para cuidar de los chicos.
La señora Bones sonrió sin mostrar los dientes.
-Bien, tráigame el comprobante de que está de vacaciones y la custodia del niño Gaunt es suya. Solo le advierto señor Potter, que el niño se quedará hasta que su madre demuestre ser apta y eso podría tardarse un tiempo, podría quedarse más tiempo que su período de vacaciones.
Él asintió. - Lo sé, Lily y yo nos encargaremos.
Bones suspiró. - Espero que así sea, me agradas James, te prefiero a ti en lugar de los Longbottoms, no digas que dije esto.. Pero Augusta Longbottom de verdad está un poco loca.
James se echó a reír.
San Mungo 9 de Enero.
Tom estaba ansioso, ese era el día en que sería dado de alta, finalmente. Los sanadores estaban contentos con su mejoría, aunque no estaban muy felices al decirle a Merope que debido a las grandes cantidades de veneno en su sistema, los riñones de Tom no estaban al cien por ciento. Incluso, podría sufrir de algo llamado Insuficiencia Renal, cuando fuese más grande. Aunque al ser magos, siempre podía ayudarse con pociones. Tom lo tomó bien, ella se había puesto de un tono verde.
-No te preocupes mamá, ya conseguiré una cura para la incompetencia renal. - dijo muy seguro de sí mismo.
Merope se echó a reír. - Estoy segura de que si, mi Tom es el mago más inteligente de todos. - dijo mientras acariciaba su rostro. No quiso corregirlo, sabía que Tom no era muy bueno admitiendo sus errores y no quería molestar al niño cuando sabía que Tom no se tomaría bien la noticia de que no le permitirían ir con ella.
Merope seguía siendo una cobarde, no había sido capaz de decirle a Tom la verdad. Su hijo había sido amoroso y había iniciado el contacto físico por primera vez desde que lo había buscado en el orfanato. Era dulce, le sonreía y hablaba, hablaba mucho. Era una faceta de Tom tan extraña que ella solo quería disfrutarlo al máximo, disfrutar a su Tom antes de despedirse por lo que podría ser mucho tiempo.
-Ya verás, seré el mago más poderoso de todos los tiempos. Y recuperaré el prestigio de nuestra casa, y el dinero y tendremos todo lo que queramos, yo lo compraré.
Quizá Tom había adoptado algunas cosas de su padre, como la ambición, pero no era del todo malo. Tom no sería como su padre y la casa Slytherin merecía tener unos descendientes cuerdos por una vez, ellos podrían limpiar la imagen de su familia. Tal vez ella también era algo ambiciosa, después de todo.
-No dudo de que harás cosas grandiosas con ese cerebro que tienes. Apostaría mi vida en ti.
Los ojos de Tom brillaron increíblemente felices y satisfechos. Amaba los halagos, el reconocimiento de sus capacidades y ella amaba ver como se mostraba tan contento por ello. No había nada de malo en trabajar en su confianza y alimentar sus sueños, su padre y hermano habían hecho lo opuesto, ella no dejaría que nadie pisase los sueños de su hijo. Aunque Tom era bastante bueno en defenderse de otros.
-Ahora, mi futuro mago más poderoso de todos los tiempos, ¿por qué no comes algo?
Tom puso una mueca graciosa al ver la comida, una que no dejaría que nadie más viese. Ella evitó reírse y Tom comenzó a comer su plato de avena.
Eran sus últimos minutos con su hijo y trataba con muchas ganas de no pensar en ello, pero el no saber quiénes estarían al cuidado de su Tom la ponía nerviosa. ¿Que si no les agradaba Tom? Ella sabía que era un niño extraño, con intereses particulares, bastante serio para su edad, pero solo era un niño que había sufrido mucho. Y su padre no había contribuido en que fuera un niño normal, Tom sabía más sobre las artes oscuras, imperdonables y métodos de tortura que de juegos para niños. Aunque ella misma había crecido de la misma forma, no fue hasta su llegada a Hogwarts que se dió cuenta de lo diferente que era, no quería lo mismo para Tom.
Esperaba, por Merlín, que su familia temporal fuese buena con él.
Merope vió llegar a la señora Bones, quién entró a la habitación, saludó a Tom con una sonrisa cálida y dulce y pidió hablar con ella afuera.
Al salir vió al señor Potter fuera de la habitación, a su lado estaba Harry, su pequeño hijo, quién se balanceaba sobre sus pies y se sonrió enormemente al verla. Quizá venían a visitar a Tom.
-Auror Potter, cómo está? Hola Harry.
-¡Hola señora Gaunt! ¿Puedo ver a Tom? ¿Por favor? - la súplica fue dirigida a su padre. La señora Bones sonrió.
-No veo porqué no querido, ve. - Una vez que Harry desapareció la mujer vio a ambos adultos. - De todas formas, el tema de conversación no debe ser escuchado por niños.
Merope sintió que podría desmayarse allí mismo, estaban por decirle quién se llevaría a Tom.
Tom vió como la puerta se abría con brusquedad y una figura pequeña y flacucha entraba por ella, con cabello negro como un espanta pájaros y ropa que, de nuevo, no combinaba para nada.
Harry le sonrió nada más entrar. -Tom! - Se trepó en su cama como un mono salvaje y se inclinó a abrazarlo con el mismo salvajismo. Tom no disfrutó de ser arrastrado al abrazo, atrás había quedado esa sensación agradable y cálida del abrazo en el cementerio. Ahora solo podía sentir rabia, si venía a visitarlo solo retrasaría su salida y él quería irse. - Oh! Ahí está la señora serpiente!
Tom miró a su serpiente de peluche, la cual, admitía con vergüenza, abrazaba todas las noches al dormir desde que la tenía.
-No se llama señora serpiente, es un nombre estúpido. Ni siquiera es un nombre. - dijo
Harry mordió su labio, con pena. - Oh, y entonces qué nombre le pondrías?
Tom pensó mucho, tenía que ser un buen nombre, intimidante, con clase, digno de su linaje.
-Se llamará Nagini, no señora serpiente.
-Nagini.. Me gusta! Es un mejor nombre.
Tom suspiró, deseando que su madre no se demorara mucho más.
-Te traje algo que pensé que podría gustarte- Harry se descolgó un bolso de su espalda, la abrió y Tom vió que parecía tener demasiadas cosas dentro. Harry sacó una bolsa de papel. -Es chocolate. ¿Te gusta?
Tom aceptó y abrió el paquete, agradeció que Harry tuviera otro para él, no pensaba compartir el suyo. Nunca había tenido una barra de chocolate, su madre nunca podía comprarle esas cosas, no tenía dinero gracias a su abuelo. De hecho, los pocos dulces que había probado habían estado rancios o eran robados de los niños del orfanato o las cuidadoras.
Quizá Harry no era tan malo, le regalaba cosas, no le trataba mal y aunque parecía un salvaje, era inofensivo.
El niño de ojos verdes sacó un libro de su bolso. El título era "El gran libro de las serpientes" y su portada era colorida y con todo tipo de serpientes.
-¡Es realmente genial! Y así podrás aprender más de serpientes, para que cuando hables con ellas sepas qué tipo son. Los muggles suelen hacer programas de animales, tú podrías ser como el Newt Scamander de las serpientes!
-¿Quién es Newt Scamander? - Tom odió no saber, esperó a que Harry se jactara de su ignorancia, pero el niño pareció feliz de explicarle.
-¡Es el mago más increíble de todos! Es un magizoólogo que estudia a las criaturas mágicas de todo tipo, ha viajado por todo el mundo buscándolas, rescatándolas y ayudándoles a volver a su hábitat natural. Ha escrito los mejores libros sobre las criaturas mágicas!- Harry parecía querer saltar al techo, hablaba con tanto entusiasmo que Tom estaba ligeramente divertido. - Algún día quiero ser como él. - Suspiró sonoramente.
Tom miró el libro de las serpientes para evitar reírse de Harry y su aparente enamoramiento con Newt Scamander. No entendía cómo el niño torpe y grosero lograba hacerlo cambiar de emociones tan rápido, quizá era contagioso.
El libro era algo grueso, pero tenía muchas imágenes, todas brillantes y hermosas. Harry no dijo nada más luego de que Tom comenzase a leer en voz alta sobre cada serpiente, el niño se sentó a su lado, con sus brazos y piernas tocándose y Tom se sintió bien. Harry le había regalado a Nagini, le había dado chocolate, le había llevado un libro de serpientes porque sabía que le gustaban.. Y podía ser tranquilo y silencioso.
Podía darle una oportunidad a Harry. Tal vez.
La puerta se abrió después de un buen rato, Harry y él se turnaban para leer y algunas veces el chico agregaba datos que no aparecían en el libro sobre alguna serpiente, incluso le pidió a Tom que leyera un párrafo en Pársel, Harry casi moja los pantalones de la emoción. Tom se había echado a reír.
-Veo que se divierten- El señor Potter entró y les sonrió al verlos juntos.
Tom no se dió cuenta de lo cerca que estaban, Harry tenía su cabeza en su hombro, entre ambos el gran libro de las serpientes y los envoltorios de chocolate vacíos.
Su madre entró con la señora Bones, de inmediato se preocupó y su buen humor se esfumó, su madre había estado llorando.
-Harry, hijo, ¿podrías esperarme afuera un momento?
Tom no entendió por qué lo hizo, quizá eran los nervios, pero Harry había logrado calmarlo, Harry era el único que no parecía tener motivos ocultos, o engañarle. Presentía que algo que no iba a gustarle venía y no quería estar solo.
-Harry no puede quedarse más tiempo? Estábamos leyendo sobre serpientes. No me importa irme más tarde a casa.
Harry a su lado asintió.
-Tom, cariño. Tengo que decirte algo.
Tom recordaría esas palabras, esa conversación, por años y serían el alimento de un nuevo resentimiento e inseguridad que definitivamente no harían la relación con su madre más sencilla.
-Debido a lo que sucedió con tu abuelo y lo que.. Lo que hice- dijo mirando a Harry, quién de seguro no sabía que su mamá le había clavado a su padre un puñal en el pecho a sangre fría. - Hubo un juicio y..
Tom se tensó, su madre iría a prisión?
-Me perdonaron, pero votaron a que lo mejor es que, mientras consiga un trabajo y un lugar mejor para vivir, lo mejor es que vivas con otra familia. El señor Potter y su esposa van a cuidar de ti por un tiempo, mientras yo..
Tom sintió que derramaban sobre él un cubo de hielo. Sintió como sus sentimientos se enfriaban, miró a su madre, con la mirada culpable y rostro lleno de lágrimas. La odió. La odió por volver a dejarlo, ni siquiera había pasado un mes y ya lo estaba abandonando de nuevo.
La ventana de su habitación estalló. Harry pegó un chillido mientras los pedazos de cristal volaban por la habitación, algunos cristales cortaron a su madre, justo lo que Tom quería.
Cerró sus puños hasta que dolieron.
-Tom! Lo siento, no hay nada que yo pueda hacer, te prometo que conseguiré un buen trabajo pronto y una casa bonita para ambos. Y luego estaremos juntos.
Su madre había llegado a su lado, con una mano en su puño izquierdo. Lloraba. A Tom no le importaba.
-Eres una mentirosa. - Escupió con todo el odio que pudo. Su madre lo vió profundamente herida.
-Tom.. - Apartó el rostro cuando trató de tocar su cara. Y empujó a Harry para que se bajara de la cama, él lo siguió, no queriendo tener ningún contacto con Merope Gaunt.
La señora Bones y el señor Potter lo miraban con lástima, a ellos dos también los detestaba. Odiaba a los adultos que creían que podían tomar decisiones sobre su vida, decirle que hacer y a dónde ir. Tom se prometió que nunca volvería a depender de ninguno de ellos, cuando fuera más grande no dejaría que nadie más dirigiera su vida, solo él.
-Tom, sé que estás molesto, pero tu madre está siguiendo órdenes del ministerio de magia. Debes entender que tienes necesidades, has crecido en un ambiente en el que se te ha negado una infancia normal. Nosotros solo queremos asegurarnos de que tu madre sea capaz de dártelo.
Tom la vió con tanto odio que la señora Bones quedó sin aliento. Incluso, por un momento, pensó que alguien tenía apretado su cuello. Miró al niño, ahora no parecía ser el pequeño y frágil niño torturado por su abuelo, lucía como una criatura peligrosa. Aquello le dió más empuje para su decisión, Tom Riddle necesitaba un entorno familiar sano y libre de violencia. Su magia accidental era peligrosa, además.
-Te irás con el señor Potter y podrás escribirle a tu madre y verla con visitas autorizadas por el ministerio.
Tom ni siquiera le dirigió una mirada a su madre cuando dijo: - No quiero verla.
Escuchó a su madre llorar, pero estaba muy molesto. Ella le había mentido, le llenó la cabeza de ilusiones, igual que en el orfanato, para luego traicionarlo y abandonarlo. Cuando creía que podía confiar en ella..
-Déjelo señora Bones, entiendo perfectamente que esté molesto conmigo. Auror Potter, cuide bien de él, por favor. - Escuchó, Tom miraba directamente a la puerta, orgulloso y terco. Aunque su corazón dió un vuelco en su pecho al saberse solo.
El señor Potter apoyó una mano en su hombro y luego de una despedida, lo llevó fuera de la habitación del hospital. Harry estaba ahí, Tom no sabía en qué momento había salido. El niño parecía algo asustado e incómodo. Tom lo ignoró cuando caminó a su lado hacia una chimenea.
Escuchó sin mucho interés como el señor Potter le explicaba sobre el transporte Flú y vió como todo se desaparecía entre llamaradas verdes que no causaban quemaduras en la piel, solo picazón en los ojos y nariz, además de un leve mareo.
Tom no quiso aceptarlo, pero cada paso lejos de la habitación y de su madre dolió más de lo que podría explicar.
Chapter Text
Salió de la chimenea con la mano del señor Potter estabilizándolo, vió que hacía lo mismo con Harry, cuyo cabello lucía aun más desordenado, parecía que iba a caerse al suelo en cualquier momento.
Tom vió a su alrededor, estaba en una sala, había un mueble grande y de aspecto cómodo y limpio y dos más pequeños a cada lado, en medio de todo, una mesa de madera que brillaba y tenía piezas de cristal con diferentes formas. Los sofás eran de color marrón claro, con cojines verdes y naranjas. Era lindo. Pero Tom lo detestó, porque no era su hogar y nadie le había preguntado si él quería ir con los Potter.
-Bienvenido a la casa Potter, Tom. - Habló el señor Potter, él lo miró. - ¿Qué te parece si te muestro tu habitación? Así puedes instalarte y luego, cuando mi esposa llegue del trabajo, te la presentaré y cenaremos todos juntos.
-Yo puedo mostrarte la casa!- Harry le tomó de la mano, Tom no quería su presencia a su lado en ese momento. De repente Harry no era tan agradable, incluso pensó que finalmente había descubierto cuál era el precio de su amistad. Quizá solo era amable con él por órdenes de su padre.
Pero no retiró la mano, quién sabía cuánto tiempo tendría que vivir con los Potter? No pensaba recibir el mismo trato que en Wools, oh no, Tom sería un niño de oro. Mejor que el propio Harry, si querían tenerlo, bien por ellos, Tom aprovecharía cada segundo.
Miró el cuarto que el señor Potter le dió, estaba a un lado de la habitación de Harry y las paredes eran de un verde manzana y beige. La cama era enorme, las sábanas limpias y nuevas, había estanterías con juguetes y libros, y una ventana abierta que dejaba entrar el aire fresco. Fuera podía ver un jardín precioso y un cielo azúl. Tom nunca había visto algo tan bonito.
-Te gusta?
Él asintió.
-Hemos comprado algunas prendas para ti, pero iremos pronto a comprar ropa que te guste. Pero esto te servirá hasta entonces. - Abrió el clóset y Tom vió al menos cinco camisas, dos pantalones largos, tres shorts y dos juegos de pijamas. Era más ropa de la que había tenido en toda su vida. Y estaba nueva y limpia. -Y si quieres darte una ducha..
El señor Potter se despidió luego de mostrarle el baño, Harry se quedó con él y lo llevó a su habitación.
-Ya verás, te gustará estar aquí. Mamá y papá son increíbles. Y mi padrino Sirius, es bastante gracioso y me lleva a pasear en su moto voladora.
Tom deseaba que Harry se callara. Su voz chillona, insufrible e incesante le daban dolor de cabeza. Su buen humor era irritante y Tom no estaba de ánimo para jugar o soportarlo.
-Lo pasarás bien aquí, nos vamos a divertir mucho. No será tan malo. Siempre quise que un amigo se quedase a dormir.
Tom se preguntó, no por primera vez, si había algún interruptor para apagar al niño.
Vió como Harry sacaba juguetes y demás cosas.
-Podremos hacer muchas cosas ahora que estás aquí, no es genial?
No, no era genial. No quería jugar con el tonto de Harry. Quería irse de allí, quería ser adulto y que todos dejasen de jugar con su vida.
-No quiero quedarme aquí, ni quiero jugar contigo. Eres insoportable e irritante. Y no soy tu amigo, ni quiero serlo. Quiero ir con mi madre. Cómo podría divertirme cuando mamá me abandonó con unos extraños!? - Lo último no quiso decirlo, salió al natural, Tom sentía su cuerpo caliente y tenso.
La sonrisa de Harry se borró de inmediato. Sus ojos se llenaron de lágrimas y Tom quiso desaparecerlo. No podía ser un niño de oro si el hijo de los Potter y él no se llevaban bien. Pero estaba tan enojado que no importó, siempre podía amenazar a Harry para que no abriera la boca.
No contó con que Harry se fuera corriendo fuera de la habitación antes de poder hacer algo. Diablos. Tom se fue a la suya, esperando pacientemente, o eso trataba de aparentar, sentado en su cama, a que los Potter fuesen a reclamarle por gritarle a su mimado y estúpido hijo. Le recordó a sus tiempos en Wools, en donde siempre era el culpable de todo, aun en las ocasiones en las que simplemente había sido una víctima.
Sintió temor, a pesar de todo, Tom nunca había sido tratado amablemente, ni le habían dado ropa o habitación propia. Y qué si lo devolvían a la señora Bones?
Lily escuchó unas pisadas fuertes bajar las escaleras y supo que su pequeño Harry estaba en camino, nadie hacía tanto alboroto como él.
-¡Mamá!- llegó llorando a la cocina, de inmediato se alarmó.
-Qué sucede cariño? ¿Te lastimaste?
Harry negó mientras lloraba.
-Qué pasó? ¿Por qué lloras?
-Tom dijo que no quiere ser mi amigo. - Lloró.
Lily lo miró algo triste, aunque aliviada de que los problemas de su hijo no fuesen tan graves.
-¿En serio? Y por qué dijo eso?
-Creo que está enojado conmigo.
-Sí? Y por qué crees que se haya enojado contigo?
-El dijo que no podía estar feliz por estar aquí, que quiere estar con su mamá. Y que no quería jugar conmigo.
Lily sintió pena por el pobre Tom y rabia hacia James, no debió llevar a Harry a San Mungo sin hablarle sobre lo que pasaría. Era un niño, por el amor de Merlín.
-Oh cariño, Tom solo está muy triste y asustado. Imagínate que no te permitieran estar conmigo por mucho tiempo y que tuvieras que vivir con extraños. Tú tampoco tendrías ganas de jugar, ¿no crees?
Harry lo pensó antes de asentir.
-Se enojó porque yo estaba emocionado de que estuviera aquí, pero no estoy feliz de que lo obliguen a estar lejos de su mamá.
Lily suspiró. - Ninguno de nosotros está feliz por eso. Pero, ¿qué te parece si me ayudas a hornear unas galletas de bienvenida? Y luego se las llevas y le explicas lo mismo que me has dicho a mi, eh? Estoy segura de que Tom entenderá que no lo dijiste para herir sus sentimientos.
Harry asintió, mucho más tranquilo.
Lily suspiró profundamente, mientras se levantaba de su posición arrodillada en el suelo.
Pobre niño, Tom Riddle había tenido un inicio difícil en la vida. Miró a su hijo, Harry era demasiado entusiasta, dulce y había heredado de su padre la habilidad de actuar y hablar antes de pensar, por lo que sabía que se metería en muchos problemas en el futuro. Además de ello, tenía un corazón tan grande y frágil que cualquiera podía lastimarlo con lo más mínimo. Esperó que ese no fuera el caso con su nueva amistad con Tom Riddle-Gaunt.
-Sabes mamá? Seré el mejor amigo que Tom tenga jamás.
Lily le sonrió. - Estoy segura que él agradecerá mucho eso.
Harry subió tiempo después con un plato con una docena de galletas y leche flotando detrás de él gracias a la magia de Lily, se había negado en rotundo a ir acompañado por su madre a dar las disculpas.
Encontró la puerta de la habitación de Tom cerrada y tocó con algo de nerviosismo.
Tom abrió la puerta, con el rostro serio y triste.
-Hola, te traje galletas.
Tom se hizo a un lado y Harry pasó a la habitación. Su baúl estaba intacto y sin abrir a un lado de la cama, las sábanas tan lisas que parecía que ni siquiera se había sentado en ella.
Tom no tocó las galletas que dejó sobre la cama, miró los vasos de leche flotando con curiosidad y luego vió a Harry sin decir nada.
-Lamento haberte hecho sentir mal, no quise decir que es genial que estés aquí cuando te han obligado a separarte de tu mamá. - dijo mientras retorcía sus dedos.
Tom pareció suspirar. -Lamento haberte llamado irritante y estúpido.
Harry se sonrojó. - Oh! Es cierto que soy un poco irritante, descuida.
Tom pareció reprimir las ganas de sonreír, Harry no se aguantó.
-Aunque no me considero estúpido en absoluto, para tu información, soy muy bueno en la escuela. - Se jactó.
-Por qué me tratas bien?
La pregunta sorprendió a Harry, Tom lucía.. confundido, triste.
-Por qué debería tratarte mal?
-Porque yo te traté mal.
-Pero te disculpaste, igual que yo.
-Y eso es todo? Solo con disculparme estás feliz conmigo? - Harry pensó, considerando sus palabras.
-Pues sí.
-¿No te parezco extraño?
Harry sonrió. - Creo que eres interesante, me gusta que hables con las serpientes y eres algo serio, pero está bien. Mamá y papá dicen que tengo demasiada energía, así que está bien. Hacemos un buen equipo, ¿no crees?
Tom sonrió, solo un poquito y tomó una galleta. Harry se alegró.
Tom no podía creer su buena suerte. Harry había ido a disculparse y además, había hecho sentir a Tom que no estaba tan solo como pensaba. Harry no había cambiado desde su primer encuentro en el cementerio, lo cual no dejaba de extrañarlo, nunca esperó su respuesta luego de que preguntó porqué era tan bueno con él. Harry no pensaba que era un bicho raro como los niños de Wools, ni le tenía miedo y en serio parecía disfrutar pasar el tiempo con él.
Lo había demostrado esa primera vez en el cementerio y en su habitación en San Mungo, llevando un libro de serpientes y en su casa, disculpándose por ser excesivamente entusiasta y causar una explosión emocional en él.
Tom se aferró a Harry como una soga, comió galletas, bebió leche y dejó que Harry hablara interminablemente, era más sencillo que pensar en su madre y en lo traicionado que se sentía.
De alguna forma, estar con Harry le hizo sentir un calorcito en el pecho que le incomodaba, pero no era desagradable. Se dió cuenta de que ya no podía negar que Harry le agradaba, quizá era la primera vez que otra persona además de su madre le agradaba. Pateó a su madre fuera de la ecuación y siguió escuchando a Harry, quién parecía estar entusiasmado hablando sobre Newt Scamander y quién sabe qué más.
La cena llegó con un nuevo miedo e incomodidad, Tom siguió a Harry escaleras abajo, luego de darse un baño y cambiarse de ropa. La que los Potter le habían dejado era cómoda, nueva y olía bien. Incluso si lo echaban, Tom se llevaría esas cosas.
Harry lo llevó al comedor. La casa de los Potter era.. Luminosa. Había ventanales grandes y mucha claridad, cortinas de color crema oscuro. Muy diferente al ambiente frío y oscuro de la cabaña de los Gaunt.
Una mujer alta y pelirroja estaba poniendo la mesa, Harry le había hablado de ella, quizá demasiado. Se llamaba Lily y era una nacida de muggles, Tom se esforzó mucho por no pensar en ella como una sangre sucia, era un poco hipócrita después de todo, ya que él también lo era. Aquello de alguna forma le gustó, Tom no se sentiría como una paria entre los Potter, siendo Lily Potter una nacida de Muggles y Harry un mestizo, como él. No tendría que aferrarse a un papel para mantener felices a una familia clasista y purista de sangre.
En cambio, solo tendría que tomar el papel de chico bueno, aunque siendo amigo de Harry, eso no sería tan difícil de lograr.
-Oh! Finalmente nos conocemos en persona Tom, Harry y James me han hablado mucho de ti. Espero te hayan gustado las galletas y tu habitación, cariño. - Lily Potter tenía una voz dulce y cariñosa, sus ojos eran del mismo verde que los de Harry y su sonrisa era la misma que adornaba el rostro del niño.
-Un gusto señora, mi nombre es Tom Riddle Gaunt, gracias por recibirme en su hogar.
Lily le sonrió aun más mientras estrechaba su mano.
-Es un placer tenerte aquí, querido. - La mujer se inclinó hasta estar al mismo nivel de él, Tom sintió miedo y nerviosismo. Lo detestó por completo- Puedes vernos como.. tus guardianes, a partir de ahora, puedes confiar en nosotros y, si necesitas algo, solo dilo o pídelo, de acuerdo?- tuvo mucho cuidado con no tocarlo cuando Tom se echó para atrás evitando su mano.
-Sí, gracias señora Potter.
-Puedes decirme Lily, Tom. Señora Potter me hace sentir aun más vieja.
Lily miró a Harry, quién había estado sorpresivamente callado durante su conversación.
-Qué tal si vas y llamas a tu padre? Estará en su estudio.
Harry subió corriendo las escaleras y Tom miró con ansiedad a la señora Potter, qué si planeaba advertirle de no hacerle daño a su hijo?
-Te gusta el pavo al horno, Tom? - preguntó mientras platos y otros utensilios flotaban de la cocina al comedor y se acomodan en la mesa.
-Nunca lo he probado.
Lily asintió, Tom vió que parecía algo triste. Pero luego sonrió.
-Esto te encantará y Harry me ha dicho que eres un fanático del chocolate así que he hecho pudín de chocolate como postre.
Tom se sonrojó, incómodo por la atención.
-Huele muy bien aquí! - El señor Potter bajó de la mano con Harry. De repente Tom se sintió como un extraño, no podía ver cómo él podía encajar entre los Potter, que parecían la familia perfecta de las películas que a veces lograba ver en Wools, cuando eran los días de cine. Aquí no había gritos, ni malos tratos. Los Potter parecían quererse en serio y eso era extraño, sospechoso, Tom no creía que fuese real, quizá era todo una tapadera, quizá fingían ante él hasta que bajara la guardia y solo allí demostraran sus verdaderas intenciones. -Tom! Espero que no te moleste que no me comporté como un buen anfitrión hoy, aunque Harry me ha dicho que ha pasado toda la tarde contigo.
-Así es, no debe preocuparse señor Potter. No quiero ser una molestia.
-Tonterías, ahora eres parte de nuestra familia.
Tom no supo cómo reaccionar a eso, ni siquiera cuando llegó a casa de los Gaunt le habían considerado parte de la familia, su bienvenida estuvo repleta de dolor, miedo y lágrimas. Y luego de eso.. Marvolo Gaunt, porque se negaba a considerarlo su abuelo de ahora en más, nunca lo había visto como un Gaunt, él había tratado en un principio de ser querido, aceptado. Había deseado tanto tener una familia y ahí estaba, personas que eran como él, que hablaban con serpientes, que tenían magia, que compartían su sangre.
Pero Marvolo nunca tuvo una palabra amable, nunca lo llamó nieto, nunca le sonrió con cariño como lo hacían los Potter, sino maliciosamente, de una manera que había asustado a Tom.
Los Potter lo miraban en silencio, al ver que no respondía, no se había dado cuenta de que parecían estar esperando por él.
-Ven Tom, siéntate junto a mí, esta mesa es gigante. - Harry, como caído del cielo, tomó su mano y lo arrastró a la mesa, sentándose a su lado. Sus padres lo siguieron y Tom se concentró en tranquilizar su corazón.
No dijo mucho durante la cena, Harry, de nuevo, era el protagonista de la conversación y él lo agradece, el niño era una buena distracción para que los Potter no le hicieran preguntas.
-¿Quieres más pudín, Tom? - La señora Lily le preguntó, Tom había devorado su pudin con la mayor clase que había podido, a pesar de que estaba delicioso, nunca había comido algo tan delicioso en su vida.
Pero no quería parecer un glotón, nunca había salido bien pedir más o querer más, ni en Wools, ni en la casa Gaunt.
-Estoy bien, gracias señora Lily.
Harry si tomó una segunda ración. Tom evitó verlo.
Habitación de Lily y James Potter
Más tarde esa noche.
-Viste su mirada al decirle que era parte de la familia?- James suspiró mientras barría su rostro con sus manos. - Parecía perdido, como si nunca..
-Lo sé, pero no debería sorprendernos, sabiendo de dónde viene. Ese hombre, Marvolo.. Era un sádico, un loco maníaco. Ese pobre niño sufrió muchas cosas.
James asintió.
-Tengo algo de miedo, debo confesarlo, siento que es nuestra responsabilidad ayudarlo a sanar.
-Lo es, pero trabajaremos poco a poco. Es solo el primer día, no lo está haciendo tan mal y Harry es un amor, lo ayuda mucho.
James sonrió. - Harry es sorprendente, él y Tom parecen llevarse muy bien.
Lily sonrió. - Así es, deja de preocuparte tanto. Lo haremos bien, Tom estará bien.
Ambos se abrazaron en su cama, con preocupaciones orientadas al niño de cabello y ojos castaño oscuro.
Tom no podía dormir, tenía el estómago lleno, estaba limpio y la cama era cómoda, las sábanas cálidas. Nunca había estado tan cómodo, aun así, no podía conciliar el sueño. Su mente constantemente volvía a la cabaña Gaunt, a Marvolo y sus ojos llenos de locura, sus palabras serpenteantes y su odio. Recordaba el dolor, los gritos, no podía distinguir si eran de su madre o suyos.
Era la primera vez que dormía sin tomar la poción de sueños sin sueños. Pero siendo de noche y estando sin la protección de su madre, a quién aun detestaba, se sentía desprotegido y asustado. Odiaba sentirse así.
Alguien tocó la puerta y se tensó como la cuerda de un arco. ¿Qué si los Potter planeaban hacerle algo ahora que pensaban que estaba dormido?
-Tom? - La voz de Harry se escuchó del otro lado y él se vió caminando a la puerta y abriéndola. Harry tenía una pijama con dibujos de dragones volando en la tela, era ridículamente infantil.
-Qué pasa?
-Es que.. pensé que no podrías dormir.
-Por qué pensarías eso?
-Pues.. Una vez quise quedarme con mi padrino Sirius en su casa, pero cuando fue la hora de dormir estaba tan asustado y extrañaba tanto a mamá y papá que tuve que despertar al tío Sirius y hacerlo traerme. Pensé que tú te sentirías igual.
Diablos, ¿podría Harry Potter ser aun más pegajoso y considerado? Tom se sintió avergonzado, como un niño tonto como Harry podría adivinar tan bien sus pensamientos? Pero definitivamente no estaba admitiendo frente a Harry que no podía dormir, porque Tom Riddle Gaunt nunca iba a reconocer que tenía miedo frente a alguien más. Menos un niño con pijama de dragones.
-Si tienes pesadillas y no quieres dormir solo no es mi problema, no deberías inventar ese tipo de excusas. - En su lugar, decidió hacer quedar a Harry como un miedoso.
Harry sonrió.
-Entonces.. ¿Puedo dormir aquí?
Tom lo dejó, sorprendido de que Harry admitiera tan abiertamente su miedo a dormir solo y secretamente aliviado de no tener que pasar la noche solo.
Harry se acostó bajo las mantas, Tom hizo lo mismo y se dió cuenta de que de alguna forma la habitación ya no era tan grande o terrorífica como había sido antes. Casi de inmediato cayó en un sueño profundo, agotado por la montaña rusa de emociones que había experimentado en todo el día.
Cuando despertó estaba en su habitación, en el pequeño catre, porque nadie podría considerar el lugar donde dormía una cama, rodeado de paredes oscuras y mohosas, tenía mucho frío y sentía su cuerpo húmedo y pegajoso.
Miró a su alrededor y gritó cuando vió a su madre, a sus pies arrodillada y bañada en sangre, en una posición extraña y antinatural. Su pecho no se movía, Tom se puso de rodillas y se arrastró hacia ella.
-Mamá?- no pudo decir nada más, su garganta parecía estar siendo aplastada. Con su mano movió su hombro, quizá estaba tan cansada que se había quedado dormida así. Pero la sangre.. Había tanta.
Su madre cayó de lado con un golpe sordo ante la incredulidad y horror de Tom, quién no tuvo oportunidad de gritar o asimilar lo que veía, cuando la puerta se abrió y Marvolo Gaunt se asomó por ella.
-Maldito sangre sucia! ¡Tú serás el próximo!
Tom chilló cuando sus manos lo tomaron del brazo, con tanta fuerza que lloró.
-Tú y tu madre squib son la suciedad de esta familia, la mayor desgracia, la deshonra del linaje de Salazar Slytherin. Y yo voy a arreglarlo, voy a limpiar el desastre que tu asquerosa madre hizo.
Tom se retorcía entre su agarre, aterrado, por más que lo intentaba su magia no parecía escucharlo. Estaba totalmente desprotegido.
Gritó cuando fue arrojado al suelo de la sala, miró con terror el cuerpo de su tío Morfin tirado en un charco de sangre, con un hilo de baba corriendo por su boca abierta. Su tío miraba a Tom, con la mirada perdida y balbuceando.
-Por favor! ¡Déjame ir! Prometo que nadie sabrá quién es mi familia, ¡lo prometo! Seré un muggle.
-Tú no eres mi familia, pequeña escoria sangre sucia. ¡Crucio!
Tom chilló mientras sentía como miles de agujas de fuego se clavaban en su cuerpo repetidamente.
-Tom!- Despertó al ser sacudido con fuerza y lanzó un golpe a ciegas a quienquiera que estuviese tratando de sujetarlo. Hubo un quejido infantil y Tom finalmente abrió los ojos, estaba en la habitación de la casa de los Potter, con Harry junto a él. No en la casa Gaunt, su abuelo estaba muerto, él había visto su tumba. - Tom?
Sentía que no podía respirar, no podía quedarse allí, qué si Marvolo estaba vivo? Y si iba por su madre?
-Tom! - Harry volvió a sacudirlo y Tom deseó arrojarlo de la cama duramente, tan fuerte que al caer al suelo se rompiera un hueso.
No pudo hacerlo, no cuando Harry se había abrazado a él como un koala.
-Tranquilo, todo está bien. Fue solo una pesadilla - Habló dulcemente y Tom descubrió que estaba temblando. Abrazó a Harry de vuelta, fuerte, pero Harry no se quejó, sino que lo abrazó con la misma intensidad.
Tom se separó cuando sintió que su cuerpo ya no temblaba tanto, no podía ver a Harry a los ojos, no cuando sentía que los suyos estaban plagados de lágrimas que no dejaba caer.
-Estás bien, Tom?- Asintió, no tenía la energía para hablar, estaba seguro que, si decía algo, su voz se iba a quebrar. - No tienes que temer, aquí estás a salvo, lo prometo.
Tom solo miraba fijamente las sábanas, recordando lo que había sucedido en su sueño. De repente, una mano cálida y suave tomó la suya.
-No dejaré que te pase nada, te lo prometo. Aquí te vamos a cuidar.
Tom podría haberse burlado de las palabras de Harry, siendo un niño ingenuo de ocho años que ni siquiera cursaba estudios mágicos aun, pero no surgió de él burlarse. De hecho, se sintió seguro con sus palabras, consolado.
-Y.. Si quieres contarme sobre tus pesadillas, te escucharé, prometo no ser irritante y escuchar.
Tom sintió que una fuente se rompía dentro de él, subió la mirada y vió los ojos enormes y verdes de Harry, ahí solo había honestidad y preocupación, Tom quiso ahogarse en ellos y olvidar los ojos saltones y enloquecidos de Marvolo Gaunt, con todo el odio y repulsión que le dirigía. Luchó contra ello, pero eventualmente Tom se echó a llorar, su cuerpo se sacudía en sollozos y se inclinó para ocultar su rostro en el cuello de Harry, no quería que se escucharán sus sollozos en el resto de la casa. Harry volvió a rodearlo con sus brazos y Tom se ancló a él mientras sentía que el mundo se caía a su alrededor.
Harry nunca olvidaría la primera noche de Tom en su casa, despertó con los gritos y patadas de Tom y lo sacudió desesperado, demasiado asustado como para correr y buscar a sus padres, hasta que finalmente logró despertarlo. Tom había lucido como un animalito indefenso, temblaba y lo abrazaba con tanta fuerza que le quitaba el aliento.
Harry sentía que su corazón dolía por él, su amigo estaba sufriendo y él ni siquiera sabría, hasta mucho tiempo después, el motivo de sus pesadillas, de su miedo.
Tom lloró mucho esa noche, Harry también, el sonido de su llanto desgarrador lo conmovía tanto que lloraba junto a él. Él sabía que Tom había pasado por algo muy feo, algo malo que lo había dejado en San Mungo. Su abuelo había muerto, incluso. Harry recordaba la tumba del hombre: Marvolo Gaunt. Y Harry imaginó que Tom estaba sufriendo mucho.
Finalmente, tiempo después, Tom se separó, miró su cara, probablemente igual de hinchada y mojada que la suya.
-Por qué estabas llorando? Dime la verdad!- Exigió y Harry sintió una necesidad imperiosa de decir la verdad, como si lo jalaran de su boca antes de pensar.
Harry se limpió los ojos con la manga de su pijama. - Es solo que.. Me siento muy triste cuando alguien a quien quiero está triste.
Tom lo vió de una forma rara, sus ojos brillaban con una expresión que no había visto nunca. Luego el niño suspiró y limpió su rostro de una forma mucho más elegante que él. La emoción en sus ojos había desaparecido.
-Gracias por despertarme, Harry.
-Cuando quieras- le sonrió, no del todo feliz, pero amable.
-Y gracias.. Por tranquilizarme- Tom no lo vió a los ojos cuando lo dijo, pero de igual forma aquel agradecimiento hizo cosas lindas en su estómago y pecho.
-Siempre puedes contar conmigo, ahora somos amigos y compañeros de casa.
Tom le dió una sonrisa genuina esta vez y Harry pensó que se veía mucho más joven al hacerlo.
-Si le cuentas a alguien que me viste llorar, haré que una serpiente te muerda. - dijo en cambio, su rostro pasando de una sonrisa a una expresión asesina en segundos. A Harry le sorprendió, pero no lo asustó, Tom tenía mala cara la mayor parte del tiempo, pero era tranquilo, amable y paciente.
Harry sonrió. - Tu secreto está a salvo conmigo, lo juro.
-Más te vale, Potter.
Ambos se acostaron a dormir luego de eso, pero Tom era incapaz de cerrar los ojos, no quería soñar y ver de nuevo a Marvolo Gaunt, a su madre muerta o a su tío Morfin agonizando en la sala.
-No puedes dormir?- Harry estaba a su lado, recostado sobre su costado derecho, sus ojos brillando en la oscuridad de la habitación.
-No. - ¿Qué sentido tenía mentir ahora? Harry lo había visto llorar y descomponerse. Además, había usado compulsión en Harry y el niño era de verdad honesto sobre su ofrecida amistad. Tom podía relajarse un poco, solo un poco.
-Fue una pesadilla muy fea, verdad?
Tom pensó que feo era una palabra muy pequeña para los horrores que había vivido hacía tan poco tiempo, pero sabía que Harry era demasiado inocente como para saber la verdad, a pesar de que Tom y él tenían casi la misma edad, Tom había escuchado constantemente en San Mungo que ningún niño debía pasar por esos horrores. Tom pensó que Harry era demasiado dulce y suave como para saber. Y él no quería asustar a Harry, no quería que Harry fuera como él.
Porque Harry era su amigo, Harry lo quería y él deseaba desesperadamente que alguien como Harry lo quisiera. Alguien bueno, tonto y despreocupado. Él quería el amor de Harry y si para eso debía ocultar su lado oscuro, entonces lo haría. Él nunca sabría sobre los horrores en la casa Gaunt.
Con esa decisión tomada, Tom se recostó de medio lado y miró a Harry profundamente.
-No quiero hablar de mis pesadillas, son muy.. feas.
Harry asintió.
-A mi tampoco me gusta recordar cuando tengo pesadillas.
-Tú también tienes pesadillas?- Tom sintió el cuerpo frío, acaso los Potter habían maltratado a Harry alguna vez? Tom sintió una ira caliente y furiosa.
-A veces- Harry se encogió de hombros. - Una vez soñé que me tragó un dragón.
Tom lo miró con la boca abierta, no pudo evitar observar la pijama de dragones del niño.
-Otra vez, soñé que era perseguido por arañas gigantes con mi tío Sirius mientras huíamos en su motocicleta. Fue espantoso.
Tom quiso reír y a la vez se sintió extraño, fuera de lugar. Las pesadillas de Harry eran tontas, infantiles, inocentes. Nada que ver con la realidad, nada que ver con la vida de Tom.
Detestó sentirse de nuevo como un sapo en una pecera, en Wools siempre había sido el niño extraño y ahora con Harry parecía ser lo mismo. Qué si Harry alguna vez se daba cuenta de que Tom y él no tenían nada en común?
-El tío Sirius también tiene pesadillas feas- Harry interrumpió sus pensamientos. - Nunca me cuenta de qué se tratan, pero luego de tenerlas se bebe unos tres vasos de whisky de fuego y no duerme por el resto de la noche. Supongo que tus pesadillas son como las suyas.
Tom no dijo nada. Harry era perspicaz.
-Pero siguen siendo malos sueños, no son reales.
Pero Tom no podía decirle que sus pesadillas estaban inspiradas en su realidad y que incluso su mente era incapaz de retratar los horrores de la realidad tan bien como lo había hecho el Marvolo Gaunt auténtico.
Tom se quedó dormido en algún momento de la noche, abrazado a Harry como una boa constrictor hasta la mañana siguiente.
Luego de esa noche, Harry golpearía su puerta al irse sus padres a dormir y preguntaría con una sonrisa y ojos de venado si podía pasar a dormir. Tom nunca dijo que no y los Potter mayores fingirían no saber las actividades de los niños.
Notes:
Simplemente amo escribir las escenas de Harry y Tom, esos dos me matan de amor. Ya quiero que crezcan para poder meterle la verdadera vena romántica a esto.
Mientras tanto, qué les parece la llegada de Tom a la casa Potter? Habrá mucho sobre eso próximamente.
Hasta el domingo!
Chapter 7: Aprendiendo a convivir
Notes:
Buenas nocheeesss! Estoy actualizando un poco tarde, la verdad, pero estaba escribiendo un nuevo capítulo de la historia y de otro fanfic que quizá pronto también comparta con ustedes y no tendrá tantos capítulos como creo que tendrá este.
En fin, espero les guste y como prometí, hoy tendrán dos capítulos más.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capitulo VII
Aprendiendo a convivir
Luego de su primera noche con los Potter, las cosas se hicieron más sencillas, Harry era su guía y estaba al pendiente de él como un halcón, Tom lo encontraba divertido y a la vez irritante y asfixiante.
Afortunadamente, la madre de Harry parecía leer a Tom bastante bien.
Rápidamente se adaptó a la rutina. La señora Lily hacía el desayuno temprano, Tom era el único que la acompañaba, ya que James y Harry dormían hasta tarde.
La señora Lily parecía ser agradable y dulce, tal parecía que en esa casa todos eran así. No forzaba a Tom a hablar, ni le hacía preguntas, bueno, no la clase de preguntas que le molestaban.
Usualmente eran sobre sus comidas favoritas, o qué quería hacer, o cuando quería salir a comprar ropa nueva. Tom notaba su preocupación detrás de las palabras, lucía como los adultos en San Mungo, pero ella nunca demostró esa preocupación, ni lo acosó para hablar de sus sentimientos.
La señora Lily despertaba al señor James antes de irse, abogando que no podía dejar a un niño pequeño sin supervisión. Asi que James despertaba a Harry, porque él no pasaría por el trauma de levantarse temprano por su cuenta, y a las 8 de la mañana Harry y su padre lucían miserables y atontados mientras desayunaban. A Tom le divertía.
Cuando la señora Lily se iba, el señor James los llevaba al jardín. Harry y él estaban enseñándole a jugar Quidditch, un deporte bastante popular en el mundo mágico. Tom se dió cuenta de que, a pesar de vivir con una familia de magos por dos años, no sabía casi nada sobre el mundo mágico, solo sabía hechizos oscuros, rituales y maldiciones.
Nunca dijo que no le gustaba, la verdad le aterraba volar en escoba, las alturas no eran lo suyo, pero Harry estaba radiantemente feliz y Tom quería complacerlo, ser un niño normal y tener cosas en común con Harry. Además, el señor James se portaba agradable con él también, a pesar de ser un auror era divertido, despreocupado y bastante enérgico. Harry era igual a él. Y Tom se sentía bien solo con estar con ellos y ser incluído en las conversaciones, en los juegos. Pero también había esa inseguridad que lo carcomía, ese nervio de querer agradar a toda costa, a Tom le gustaba la casa de los Potter y no quería ser echado por ser considerado un monstruo.
Se comenzó a dar cuenta de que Harry tenía razón, le gustaba estar allí.
-Ahora, Tom. Harry y yo seremos cazadores. Tú serás el guardián. - El señor James le habló, estaban un metro y medio por encima del suelo. Tom tenía ganas de vomitar.
El señor James los había cubierto con un hechizo que les haría rebotar como una pelota de goma en caso de caer, Harry se había ofrecido como voluntario para mostrarle como funcionaba, con una sonrisa juguetona. Tom sintió ganas de vomitar al ver su varita dirigirse hacia él.
-Relaja el agarre de tu escoba - Aconsejó, al ver su agarre mortal y fuerte en el mango. - Y diviértete. A ver qué tal esos reflejos.
-Vamos Tom! - Apoyó Harry desde su posición.
El juego comenzó y Tom miró como harry y su padre se peleaban por una pelota cuyo nombre no podía recordar, persiguiendose y haciendo una cantidad de peligrosas maniobras para evitar que el otro le arrebatara la pelota y anotara puntos. Porque Tom definitivamente no era bueno como guardián. Era demasiado lento por agarrarse a la escoba con tanta fuerza y prefería apartarse cuando la bola se acercaba a él.
Terminó el juego cuando la bola le dió en el rostro, Tom cayó al suelo y chilló de pánico unos segundos antes de rebotar unas cuentas veces hasta detenerse sano y salvo en la grama del jardín.
-Tom!
-Qué demonios están haciendo?! - La señora Lily había llegado temprano ese día.
Tom no supo si sentirse humillado, inmensamente molesto o asustado. Pasó por todo ello en etapas.
-Estabamos jugando Quidditch. - James le miró preocupado y con ojos arrepentidos mientras la señora Potter examinaba su rostro.
-Cómo se te ocurre? La última vez Harry se fracturó el brazo! Y tú jovencito!- Harry bajó la mirada. - Hablamos seriamente sobre jugar al Quidditch.
-Lo siento mamá.
-Oh no, esto es culpa de tu padre. Ve a bañarte. Y tu Tom, querido. Vamos a curarte ese feo golpe.
Tom se dejó llevar por la señora Lily adentro, complacido de no tener que volver a jugar Quidditch, quizá su accidente no fuera tan malo. Podría utilizar eso como un comodín. Además, la señora Potter lo había salvado de hacer una escena que muy seguramente dejaría a la luz su "comportamiento agresivo y desobediente", que Marvolo tanto detestaba.
La señora Lily lo sentó en la mesa de la cocina, Tom pudo ver sus ojos de más cerca y su cabello, era lindo y rojo, largo. La señora Lily era linda.
-Pobre Tom, estás todo el día con esos trogloditas.- dijo en juego.
-Está bien, es divertido pasar el tiempo juntos.
Ella sonrió. - Seguro que sí. - Tom la tenía en su bolsillo, su plan de ser un niño ejemplar iba a la perfección, aunque debía admitir que no era difícil ser un niño bueno con los Potter. Algunas veces lo hacían molestar, pero eran cosas mínimas y absurdas, la verdad era que los Potter eran realmente buenas personas y Tom quería agradarles, quería recibir sus sonrisas y abrazos al igual que Harry. Pero nunca sería capaz de pedirlo.
-Te duele mucho el golpe?
Él negó. Ella suspiró y Tom se tenso y se obligó a mantenerse quieto cuando ella lo apuntó con su varita y dijo: Episkey.
Tom sintió el dolor irse, pero sentía terror y el corazón desbocado al verla apuntarlo así.
-Estás bien?
Tom sentía que su corazón iba a salir de su pecho, de repente estaba mareado y su cuerpo tan tenso que estaba seguro que, de la señora Lily moverse un centímetro más cerca de él, saltaría y correría escaleras arriba para ocultarse en su habitación.
-Sí - Forzó su garganta a hablar, no le gustó lo vulnerable que sonó. Se enojó consigo mismo por parecer y verse débil y cuando la señora Potter dijo que estaba listo, saltó del mesón de la cocina, le dió las gracias y subió para esconderse en su habitación lo más rápido que pudo.
James Potter entró a la cocina justo cuando el chico Tom salía con la espalda rígida y pálido, directamente hacia su habitación, tan aparentemente perturbado que ni siquiera le dedicó una mirada al adulto.
Lily suspiró al verlo irse, luego se centró en su esposo.
-Quidditch? Otra vez, James?
-Vamos amor, fuí un buen cazador en la escuela y Harry.. Harry también es muy bueno.
-Harry es solo un niño que está más seguro en el suelo, jugando a explorar y estudiar criaturas mágicas.
James abrió la boca para rechistar. -Será muy bueno cuando crezca, podría entrar al equipo! Además, es bueno para él hacer deportes.
-Un brazo roto, James y una contusión cerebral- dijo muy seria mientras su esposo se sonrojaba.
-No podemos criar a Harry con miedo, no volverá a pasar, estoy tomando previsiones.
-Ah sí, como con Tom. ¡Casi rompiste su nariz! Y se cayó de la escoba. Imagina que vinieran hoy a ver cómo está, podríamos perder su custodia y quién sabe con qué familia lo enviarían. Tom necesita un hogar estable y seguro. Se está adaptando bien.
Y si cagas esto James Potter, voy a tomar tus bolas para hacer una poción. Pensó la pelirroja.
James suspiró, rendido ante las palabras de su esposa.
-No quiero pelear, pero somos el doble de responsables ahora con dos niños y uno de ellos necesita mucho más cuidado que el otro.
Lily recordó la reacción de Tom, como sus ojos se abrieron con pavor al ver su varita cerca de su rostro, como se echó para atrás, como sus manos se cerraron en puños, como sus mejillas rojas empalidecieron y sus labios temblaron.
Cerró los ojos mientras peinaba sus cejas y masajeaba su frente.
-Pasó algo?
-Tom.. él, creo que le tiene miedo a la magia, es decir, quizá no a la magia pero teme que la usen con él. Lo apunté con mi varita para curar su nariz y fue como si hubiese visto al Barón Sangriento.
James adoptó una postura seria, tétrica, una que solo usaba en el trabajo.
-La última vez que alguien lo apuntó con una varita, a excepción de los medimagos de San Mungo, fue para asesinarlo. No creo que se sienta cómodo siendo apuntado por una, aun cuando sea con buenas intenciones.
-Necesita un psicólogo, James.
Él asintió. -Debemos hablar con él primero, aun tenemos que llevarlo a comprar ropa. Quizá podríamos ver como reacciona al estar entre tantas personas.
-Será una buena idea?
-Llevamos a Harry y Sirius, podemos hacer un viaje familiar. Mientras más mejor, ¿no?
Lily tenía miedo, Tom se estaba adaptando bien a los tres, pero llevarlo al callejón Diagon? Quizá era muy pronto. Tom no se había quejado de la poca ropa, el niño nunca se quejaba, de no ser por Harry ni siquiera sabría que estaba allí y no era por su falta de interés en él. Tom era callado, disciplinado, educado y tranquilo, algo extremadamente extraño en un niño pequeño.
Pero a su vez, podría ser una oportunidad para reunir a madre e hijo, Tom llevaba casi tres semanas en su casa y no había preguntado por su madre, ni había pedido las cartas que había mandado. El chico estaba increíblemente resentido y herido y ella entendía cómo era sentirse dejado de lado, siendo hija de Muggles y con una hermana que se había alejado para siempre por su "rareza".
-Esperemos unos días más, luego lo llevaremos.
Tom entró a su habitación como una trompa, aporreando la puerta tan fuerte que se estampó contra la pared. Corrió al baño, poseído por las náuseas y solo cuando vislumbró la bañera se dejó caer arrodillado en el suelo, sus rodillas se quejaron de dolor justo al mismo tiempo que sus tripas se retorcieron dolorosamente y vació su estómago aparatosamente en la blanca bañera.
Se aferró a la bañera con un agarre mortal mientras temblaba, recordando la mirada de lunático de Marvolo Gaunt cuando aquella noche lo apuntó con su varita y gritó cruccio, una y otra vez. Sus palabras en el idioma que solo ellos podían entender..
"Eres inmundicia, un sangre sucia que no merece los dones que el gran Salazar Slytherin poseyó una vez. Pero yo me encargaré de que la magia en tus venas reciba una segunda oportunidad"
Y luego aquel dolor, aun más intenso que la maldición de tortura que había usado con él, se vió a si mismo en aquel círculo de nuevo, con aquel cántico inentendible para él, en aquel momento Tom se dió cuenta con terror que su magia se había ido, había un vacío que no podía describir, el poder que siempre había sentido en sus entrañas, esa sensación cálida en su interior había desaparecido y de repente, se dió cuenta de que lo que sea que cantaba Marvolo estaba en Pársel, pero él solo podía escuchar siseos serpentinos.
Su pánico fue aun mayor.
-Tom?- se sobresaltó y miró detrás de él, aterrado. Extendió una mano y arrojó lo que sea que estuviera allí lejos de él.
Harry se estrelló contra la pared del otro lado del baño, profiriendo un quejido que sonó como un animalito estripado. Tom sintió aun más miedo, estaba seguro que los señores Potter llegarían en cualquier momento y verían a su hijo lastimado, iban a echarlo, iban a decir que era malo y entonces lo dejarían con una familia que fuera capaz de "Educarlo" como continuamente decían en el orfanato cuando hacía algo extraño y malo a los otros niños.
-Tom? Estás bien? - Harry se arrastró hacia él, como un bebé que aprende a gatear. Vió su boca llena de vómito y la bañera, abrió los ojos con sorpresa y luego, ante los ojos aterrados de Tom, fue por papel de baño, lo mojó ligeramente en el lavamanos y luego limpió el vómito en las comisuras de su boca.
Tom sintió el papel infinitamente frío contra su piel caliente.
-No pasa nada, yo también me asusté mucho cuando caí de mi escoba la primera vez. Incluso me rompí un brazo, tuvieron que llevarme a San Mungo y estuve allí tres días.
Harry, en su inocencia, creía que Tom solo estaba asustado por su caída. Cuan fácil podía ser la vida de algunos, en comparación a la suya. Tom no pudo evitar las lágrimas que llenaron sus ojos, no por primera vez deseó ser como Harry, deseó ser tonto e ignorante, feliz e inocente. Deseó poder tener pesadillas normales y una familia que no estuviera loca y que lo quisiera.
Cuando las primeras lágrimas comenzaron a caer, fue él quién buscó el cuerpo cálido y confortable de Harry, dejando caer su cabeza en su hombro mientras el niño lo rodeaba con sus brazos. Se permitió llorar con Harry hasta que se tranquilizó, los Potters mayores nunca entraron al baño y Harry no dijo nada mientras Tom lloraba, temblando acurrucado contra su pequeño cuerpo.
Harry pensó, por primera vez, que quizá Tom no estaba llorando por el accidente en su escoba. Pero no supo que podría hacer que llorase de esa manera, con tanta tristeza y desesperación, que sintió su pecho oprimido e indujo su propio llanto.
Cuando Tom finalmente paró de llorar, se separó de Harry con algo de brusquedad, abrió los grifos de la bañera y dejó que el agua ayudara a desvanecer el vómito que ya comenzaba a oler mal.
Harry lo miraba todo en silencio, siguiendo sus movimientos atentamente, sintiendo la necesidad imperiosa de hablar, de saber qué pasaba con su amigo. Él no era tonto, sabía que Tom a veces lo pensaba por como rodaba los ojos cuando creía que no lo estaba viendo o su mirada de aburrimiento cuando Harry quería jugar al snap explosivo, cosa que Tom consideraba de salvajes e inmaduros, en sus propias palabras. Aun así, a él le agradaba Tom, el niño nunca se negaba a jugar, aun cuando fuese obvio que no le gustaban los juegos y Tom compartía su fascinación por las criaturas mágicas, quizá no tanto como él, pero le gustaban mucho las serpientes y Harry había aprendido mucho más de ellas con Tom a su lado.
Así mismo, Harry había comenzado a comprender a Tom, era serio y a veces se sentía como estar jugando con un adulto. Tom era, como su padrino solía decir, un hueso duro de roer, no le daba miedo como a él bajar a la cocina a oscuras por unas galletas, ni las historias de miedo que su padre les había contado una noche. Harry veía a Tom como se ve a los superhéroes, con admiración, invencible, pero sabía que algo muy malo le había pasado a su amigo, algo que le daba pesadillas todas las noches, en donde despertaba asustado, temblando, sudoroso y siempre con miedo de Harry, como si hubiese olvidado que él estaba allí al irse a dormir.
Tom no era como otros niños, no era como Neville Longbottom, el hijo de los amigos de sus padres, que le tenía miedo hasta a los mosquitos y que siempre estaba saltando ante el mínimo ruido, a Harry le gustaba cuando su padrino jugaba a asustarlo a escondidas, hasta que su madre le dijo que no estaba bien burlarse de otros cuando Neville se cayó y fracturó la muñeca cuando Sirius se convirtió en perro y lo persiguió por el jardín.
Harry estuvo de acuerdo. Después de eso Neville no quiso ir más a su casa y los amigos de sus padres se habían marchado molestos con Sirius. Aprendió que a los amigos no se les jugaba bromas, de hecho, a nadie, no era agradable y las cosas podían salir muy mal, muy rápido.
Tom no era Neville, Tom era inteligente y valiente, no de los que se asustan con cualquier cosa. Y Harry podía recordar cuando sus abuelos murieron a sus siete años, había estado triste, pero nunca tuvo pesadillas como las de Tom.
Algo estaba pasando, además, su papá era un auror y había escuchado del tío Sirius y de Neville que los aurores atrapaban a los malos, que cuidaban a los magos y brujas. Entonces, ¿de quién debía cuidar su padre a Tom?
Mientras pensaba todo eso, Tom se acercó al lavamanos y se enjuagó la boca, para luego llenar su cepillo de dientes con pasta dental y cepillarse por un tiempo más largo del normal.
Luego lo vió en silencio, con el rostro limpio de cualquier emoción, uno al que Harry ya estaba algo acostumbrado. Siempre que Tom dejaba de llorar se portaba extraño, más serio de lo normal e incluso odioso, Harry se sentía incómodo cuando estaba de esa forma. No era bueno hablarle cuando estaba en ese estado, solía enojarse, a Tom le gustaba que se sentara en silencio a su lado en la cama, con su libro de serpientes en su regazo y ambos leían en silencio hasta que Tom mismo iniciaba una conversación.
Pero él en serio quería saber qué estaba pasando. No pudo evitar preguntar cuando entraron a la habitación del niño y Tom cerró la puerta luego de asomarse al pasillo.
-Tom? - Los ojos oscuros de su amigo lo miraron fijamente. - ¿Estás bien?
-Sí. - Harry supo que mentía, Tom estaba pálido, aun tembloroso y tenía una mirada en los ojos que le daba algo de miedo. Había un aura a su alrededor asfixiante, se sentía pegajoso y pesado.
Harry se acercó a él y lo tomó de la mano, arrastrándolo a la cama, Tom lo siguió cuando Harry se metió, ambos lanzaron sus zapatos al suelo y se metieron bajo las sábanas.
-Tom.. Puedo preguntarte algo?
Tom sintió pánico al escuchar la pregunta de Harry, el niño lo miraba con algo de miedo, pero también parecía estar caminando sobre un nido de serpientes venenosas, como si Tom fuera peligroso. Aquello lo alertó, él había sido amable con Harry, siempre se mostró dispuesto a jugar, nunca fue cruel con él y lo escuchaba hablar por horas sobre cosas sin sentido. Acaso nunca podría ser un niño normal?
-Claro, Harry.
-Por qué viniste a vivir con nosotros? Sé que papá debe cuidarte por algo que te pasó y a tu mamá y que.. Tienes miedo, acaso alguien quiere lastimarte?
Harry era molestamente honesto y, para su asombro, muy observador para tener ocho años.
-Quieres que me vaya de tu casa?- Tom lo comprendería, Harry quería saber si él era un peligro para su familia, para él mismo. Quizá su convivencia no fue suficiente para convencerlo de que Tom era bueno, un buen amigo. Aunque eso lo molestaba inmensamente, el deseo de romper cosas y hacerle daño a algo comenzó a crecer en sus entrañas.
-Qué? ¡No! ¿Por qué querría que te fueras? Eres mi amigo y si hay alguien malo que quiere lastimarte, este es el mejor lugar en el que puedes estar.
Tom sintió que el nudo en su estómago se relajaba, solo un poco.
-Por qué crees que alguien quiere hacerme daño?
Harry pareció apenado, mordió su labio y por unos segundos dudó antes de hablar. - Cuando tienes pesadillas sueles hablar, a veces no entiendo lo que dices, porque hablas en Pársel, pero otras veces.. Otras veces le pides a alguien que se detenga, pides ayuda.
Tom sentía que iba a dejar de respirar, quería desaparecer de inmediato. Tonto de él! Había creído que lo tenía todo bajo control y Harry se había dado cuenta de que era un engaño y había descubierto su secreto, al menos un poco. Había visto su rareza, de seguro solo lo trataba bien por lástima, Harry era así de bueno, lo sabía, el niño no tenía una pizca de malas intenciones en su cuerpo pálido y lleno de raspones por jugar al Quidditch y otras actividades físicas que Tom detestaba.
-Tom.. Nadie volverá a hacerte daño, yo te voy a cuidar y mamá y papá, hasta el tío Sirius y Remus. Eres parte de los Potter ahora. - Harry apretó su mano aun más y clavó su mirada esmeralda en él, era tan intenso que Tom se quedó sin palabras. - Solo quiero que lo sepas, vale?
Él asintió sin decir nada.
-Ya no hay nadie que quiera hacerme daño. - No supo porqué lo dijo, pero se sintió bien decirlo en voz alta, como si al decirlo fuera una realidad. Porque a pesar de haber visto la tumba de Marvolo, Tom aun tenía dudas, aun tenía miedo. No lo admitiría con nadie más, pero Harry era su amigo, su verdadero amigo, cada que Tom dudaba de él hacía algo que afianzaba más la bases de la confianza de Tom en él, como si el niño pudiese leer su mente.
-Bien, está bien. - Las comisuras de su boca se alzaron hasta que sonrió espléndidamente, mostrando todos los dientes. Las sonrisas de Harry Potter eran lindas, Tom podría acostumbrarse malamente a ellas, casi como un adicto al alcohol como su tío Morfin.
Harry no preguntó nada más, para su alivio. Tom sintió como su cuerpo se relajaba y finalmente tocaba la cama por completo, justo a un lado de su brazo estaba el de Harry, sus manos aun entrelazadas.
-Cómo está tu nariz?
Tom la movió de un lado a otro graciosamente, haciendo que Harry se riera.
-Está bien, tu mamá la arregló.
-Mamá es increíble, aunque estaba molesta, espero no te hayas ganado un regaño por mi culpa, sé que detestas el Quidditch.
-No me regañó y no detesto el Quidditch.
Harry lo miró con una ceja alzada y una sonrisita burlona.
-Te agarras a la escoba como una boa constrictor al extirpar a su presa y tus ojos parecen salirse cuando estás en el aire.
Tom sintió que sus mejillas se sonrojaron, debía mejorar su lenguaje facial para que fuese imposible de leer, no le gustaba como Harry era capaz de leerlo tan fácil. Aunque debía admitir que era divertido, era agradable que Harry supiera algo sobre él que no era falso, quizá Tom podría ser un poco él mismo. Harry no parecía estar asustado de él, sino genuinamente preocupado, podía aprovecharse de eso.
-No me gustan las alturas, no lo descubrí hasta que estuve sobre la escoba, en el aire.
Harry lo miró con algo de pena.
-Y por qué no dijiste nada?
Él se encogió de hombros. - Tú querías jugar y tu papá estaba muy emocionado de enseñarme.
-Tom, no debes hacer todo lo que digo- le rodó los ojos, Harry le había rodado los ojos! - Eres mi amigo y siempre podemos jugar algo que te guste, solo debes decírmelo.
Harry sonaba mayor en ese momento, no como el niño tonto de todos los días.
-Además, creo que a partir de hoy el Quidditch quedará cancelado, mamá estaba molesta. Ya nos había prohibido jugar cuando me fracturé el brazo.
Tom no pudo evitar suspirar de alivio. Harry se echó a reír.
-Adelante, puedes mostrar toda tu alegría de no volver a montar una escoba nunca más, al menos no hasta que vayamos a Hogwarts.
Aquello le gustó a Tom, sabía que no irían a Hogwarts hasta los once años, pero el que Harry afirmara con confianza que seguirán siendo amigos para entonces.. Se sintió bien, al menos tendría un amigo en ese enorme lugar, sabía que su familia no era muy querida, se dió cuenta en San Mungo al escuchar a los medimagos hablar de Marvolo, aunque, para ser honestos, Tom estaba de acuerdo con los insultos y la mayoría de los comentarios ácidos. Menos cuando el apellido de todos salió a relucir.
"Todos los Gaunt están locos. Herederos de Slytherin, esa gente haría cualquier cosa por mantener el linaje, si sabes a lo que me refiero. Por eso están tan locos. Igual que los Black."
Tom no conocía a los Black, pero definitivamente no quería toparse con ellos, no si eran como Marvolo. Además.. La idea de estar loco o terminar loco, lo atormentaba algunas veces, su tío Morfin era raro, hablando más en Pársel que en el idioma de los humanos, incluso hablando solo, riéndose de la nada y siendo especialmente cruel con animales domésticos que tenían la mala fortuna de tomar el camino hacia su cabaña.
Harry lo seguiría considerando su amigo si supiera que estaba loco? Debía conseguir una forma de evitarlo, Tom no sería como el miserable de Morfin, el psicópata de Marvolo o, bueno, sabía que su madre tampoco estaba del todo cuerda.
-Me gusta cuando jugamos a cazar criaturas mágicas. - A Harry le brillaron los ojos.
Habían encontrado gnomos de jardín, de hecho, el señor James le había enseñado cómo sacarlos del jardín, había sido divertido. Al menos un rato, la verdad es que Tom consideró que los gnomos eran torpes, tontos e inofensivos. Pero no iban a encontrar un dragón o un hipogrifo en el jardín.
-Podemos hacer eso! Mañana saldremos a explorar!- el entusiasmo bobo y algo irritante volvió, pero Tom lo encontró agradable y de vuelta en los límites normales que él estaba desesperado por mantener.
Notes:
Harry es un amor, lo adoro totalmente. Mi pobre niño Tom es afortunado de tenerlo.
Chapter Text
Capítulo VIII
Serpientes parlanchinas y callejón Diagon
La mañana siguiente era sábado, a Tom particularmente le gustaba el fin de semana porque la señora Potter estaba en casa y el señor James no estaba pegado a ellos todo el día, por lo que tenía más libertad, la señora Lily no era tan asfixiante y no inventaba juegos que ponían en peligro su integridad física.
Esa mañana bajó las escaleras temprano, Harry seguía durmiendo en su cama, con la boca abierta y el aliento mañanero desagradable esparciéndose por todas partes. Tom debía aprender un hechizo para mejorar el aliento o perder el olfato por un período corto de tiempo.
-¡Buen día Tom! ¿Cómo estás?
-Buen día señora Lily, estoy muy bien. ¿Y usted? - le sonrió dulcemente o al menos lo que él consideraba dulce, copiando a la perfección las sonrisas de Harry.
-Estoy estupenda, ayer fue un buen día en el trabajo. Cómo está tu nariz, cariño?
Le sirvió un plato de tostadas con huevos y beicon, la señora Potter había descubierto que, a diferencia de Harry o el señor James, Tom no era muy fanático de los desayunos azucarados como los pancakes con miel o los waffles. Así que siempre preparaba algo diferente para ambos, ya que compartían el desayuno, a él le gustaba, era como su tiempo especial.
-Está bien, gracias por arreglarla ayer.
-Oh, siempre es un placer.
La señora Lily solía peinarle el cabello, luego de que Tom le dijera después de la primera semana que no había problema. Lo había dicho para agradar, no porque realmente le gustara. Pero estaba bien, siempre y cuando no fuera tan seguido y terminara rápido, era una manera de demostrar que era "un buen chico" y Tom necesitaba que los padres de Harry creyesen eso de él para sentirse más seguro. Aunque debía admitir que la señora Lily no era tan mala.
Tom podía sentir su magia a su alrededor, era cálida, amorosa, como estar rodeado por un capullo de mariposa que era cómodo y suave y olía bien. Lily Potter le gustaba mucho, era, después de Harry, su integrante favorito de la familia.
-Harry y tú tienen algo planeado para hoy?
-Vamos a jugar a cazar criaturas mágicas.
Lily sonrió ante su respuesta.
-Genial, quería preguntarte Tom.. Si te parece bien salir hoy a comprarte algo de ropa nueva, ya casi cumplirás un mes desde que estás aquí y no puedes usar siempre lo mismo.
-Oh, está bien señora Lily.
-Si? Si no quieres ir está bien.
-No, quiero ir. Ma.. - Se interrumpió a sí mismo antes de terminar de decir la palabra. - He escuchado sobre el callejón Diagon, quiero conocerlo, Harry dice que es genial.
Ella sonrió. - Bien, iremos a eso de las tres. Así Harry y tú podrán jugar y tendremos tiempo para ir a comprar tus cosas.
Él asintió, metiendo en su boca un pedazo de tostada.
-Ahora, qué te parece si mientras Harry y James se despiertan, tú y yo hacemos algo?
-El señor James dice que haces pociones, ¿me puedes enseñar?
Tom pudo ver asombro en su rostro, pero se permitió aquella pequeña petición, no era nada malo y a quién no le gustaba un niño que quisiera aprender? Además, vería pociones en Hogwarts, era bueno adelantarse.
-Oh, bueno, si eso quieres hacer.. Puedo enseñarte una poción de primer año, pero debes prometerme que seguirás mis instrucciones. Hacer pociones, por muy fácil que sea, siempre es peligroso.
Tom se sintió emocionado. Y después del desayuno siguió a la señora Lily fuera de casa, los Potter tenían una pequeña casita a unos metros de la casa principal, Harry le había contado que era el laboratorio de pociones de su madre y que estaba prohibido entrar porque había cosas peligrosas que podían explotar.
La señora Lily entró y Tom miró a su alrededor una gran variedad de estantes que se aglomeraban en la pared de enfrente, había una mesa larga y ancha con forma de L con tres calderos, uno de ellos parecía estar cociendo algo.
Había ventanas, al menos dos, bastante grandes, pero ninguna de ellas abiertas, solo con las cortinas descorridas para dar iluminación. El piso era de algún material duro y claro, el techo era alto y de madera. La verdad, era bastante sencillo, salvo por los incontables frascos que Tom podía ver en las estanterías, allí estaba el verdadero oro.
La señora Lily se echó a reír.
-Impresionado?
-Es un laboratorio muy bonito, señora Lily.
-Gracias, Tom.
-Qué está haciendo allá? - Señaló el caldero bajo el cual ardía un fuego tenue.
-Oh! Eso? Te diré después- le guiñó un ojo. Tom trató de no enojarse, no era muy paciente y era una pregunta que podía contestarse rápidamente, no veía porqué tanto misterio por un caldero humeante. Aun así, no se quejó.
Lily se movió a un estante y tomó dos batas. Ambas algo manchadas. Apuntó con su varita a una de ellas y dijo: -Diminuendo! - Tom no pudo evitar tensarse al ver su varita, al menos no estaba apuntando a él, aun así, no era agradable. Lily le sonrió dulcemente. - Aquí está, así te quedará bien- Guardó de nuevo su varita en su bolsillo. Hasta ese momento Tom se dió cuenta de que la bata se había encogido.
-Oh, genial. Gracias. - dijo aun asustado.
-Bien Tom, ven aquí. - Lo llamó y Tom caminó tratando de dejar atrás su mareo hacia la mesa de pociones.
La señora Lily tenía un libro en la mesa, Tom leyó la portada: Filtros y Pociones Mágicas.
-Ahora, este libro lo utilizarás durante tu primer año en Hogwarts, así que haremos una de las pociones que aprenderás en la escuela. - Abrió el libro y comenzó a leer. - Qué te parece si hacemos una poción de forúnculos? Siempre son necesarias.
-¿Qué es un forúnculo?
-Oh, un forúnculo es un bulto que usualmente está lleno de pus, es muy doloroso y está bajo la piel. Es como un grano extremadamente grande, pero mucho más feo y molesto.
Tom no pudo evitar hacer una mueca.
-Y muchos magos sufren de forúnculos?
-La verdad no, pero los niños en Hogwarts son fanáticos de hacer bromas crueles que ellos consideran divertidas, una de ellas es hacer crecer forúnculos en el cuerpo de otros. Así que siempre hay poción de forúnculos en la enfermería.
Tom asintió, guardando esa información muy bien en su cerebro. Al parecer, Hogwarts también era un nido de matones y abusadores, no es como si le sorprendiera demasiado.
Lily suspiró. - En fin, aprenderás está poción en tu primer año, así que te servirá de mucho, estoy segura que serás uno de los mejores de tu clase.
-Podemos hacer una poción cada fin de semana? - No pensó antes de preguntar, le pasaba mucho con la señora Lily, pero Tom estaba feliz de hacer algo que requería el uso de su cerebro, algo que representara un desafío y también que lo ayudara a ser mejor mago. Además, era tranquilo y callado en el laboratorio.
La señora Lily le sonrió.
-No veo porqué no, serás mi pupilo de ahora en más. Cuando llegues a Hogwarts serás el niño más inteligente en pociones de tu curso, tienes una buena maestra, después de todo.
Tom sonrió, le gustaba la seguridad al hablar de la señora Lily.
-Bien, ahora. Vamos a necesitar.. 6 colmillos de serpiente, 4 babosas cornudas, 2 espinas de puercoespín, moco de gusarajo y ortigas secas.
Tom la miró sin habla, no sabía que era la mayor parte de esas cosas, lo único que pudo reconocer fueron los colmillos de serpiente y las ortigas.
-Ven conmigo, te mostraré dónde está todo.
Si Tom podía decir algo, las babosas no eran agradables ni de vista ni de olfato, tampoco de tacto. No eran agradables, punto y final.
La señora Lily lo hizo triturar los colmillos de serpiente, mientras agregaba agua en uno de los calderos.
-Bien, acércate Tom. Me colocaré detrás de ti para guiarte, de acuerdo? ¿Estás bien con eso?
Él solo asintió, aunque pudo sentir como su cuerpo se tensaba y sus manos se sentían pegajosas y un tanto frías.
-Bien, comenzarás moviendo la poción en dirección de las agujas del reloj hasta que la poción se vuelva roja. - Escuchó la voz de la señora Lily detrás de él e hizo todo lo posible por no tensarse. Se concentró en la poción y tomó la cuchara grande para revolver y siguió sus instrucciones. - No tan rápido Tom, puedes derramar el líquido y además, de hacerlo muy rápido, puedes dañar la poción. - Lo hizo más lento y luego de un par de vueltas más vió como cambió de color. -Excelente! Ahora vas a agregar el moco de gusarajo. - Tom miró con asco el frasco lleno de moco verde vómito, olía asqueroso. Aun así, lo tomó en silencio y lo vertió en el caldero. - Bien, ahora revuelve en el mismo sentido hasta que se vuelva rosa. Cuando lo haga, vas a arrojar las ortigas secas, de acuerdo?
-Está bien. - Una vez más, Tom agregó los ingredientes.
-Ahora revuelve hasta que tome un color verde. - Tomó un poco más de tiempo y Tom se dió cuenta de que estaba sudando, hacía mucho calor, después de todo estaba justo frente a un fogón, como le dirían en el mundo Muggle.
El olor de la poción mejoró un poco con las ortigas secas, gracias al cielo, aunque estaba seguro que empeoraría con los demás ingredientes. Luego de un rato agregó los colmillos de serpiente pulverizados y vió como la poción ahora era amarilla, era impresionante como cambiaba y como tomaba consistencia, era entretenido y a la vez requería de su atención y concentración. Antes de añadir las púas de puercoespín tuvo que apagar el fuego, la señora Lily fue muy clara al decir que, de equivocarse, provocaría una explosión. Luego de eso la poción se tornó naranja y pudo agregar las babosas cornudas, la poción se puso de color azul y Tom pensó que sería bueno tener a su disposición una libreta para anotar, estaba seguro de que había olvidado la mayor parte de los colores que había visto. Era como un desfile de carnaval en un caldero.
-Bien, ya casi está Tom. Ahora, remueve cinco veces en sentido de las agujas del reloj, verás que se pondrá rojo. - Tom casi había olvidado el hecho de que estaba demasiado cerca de él como para sentirse cómodo. Respiro profundo, demasiado ensimismado en la poción y decidió que podía resistirlo, solo un poco más. Movió la poción. - Bien, ahora, enciende de nuevo el fuego, muy bajo y lo dejaremos hasta que hierva y tome un color rosa, cuando veas que sale humo rosa del caldero, estará lista.
Tom obedeció, y se apartó del caldero para dejar que hirviera. Se dió la vuelta y miró a la señora Lily, tomando distancia sin parecer grosero.
-Perfecto, Tom! ¿Qué te pareció tu primera lección de pociones?
El sonrió, de verdad, no las sonrisas marca Harry que usaba para manipular.
-Me gustó, gracias por enseñarme.
-Oh! Cuando quieras cariño!- y peinó su cabello. - El vapor te ha despeinado un poco- se echó a reír. Tom imaginó que la señora Potter se inclinaba y rodeaba con los brazos, tal y como hacía con Harry. Se preguntó como se sentiría y deseó poder experimentarlo. Fue un deseo tan fuerte que lo sacudió mentalmente. Se sintió avergonzado de querer algo así y de inmediato se alejó.
-Puedo quedarme con el libro? Me gustaría estudiarlo, para nuestra próxima clase.
La señora Lily volvió a sonreír.
-Qué te parece si hoy compramos un libro que sea más sencillo de comprender? Y cuando lo termines, te daré este.
Tom se sintió insultado, no era ningún tonto, sabía hechizos oscuros que estaba seguro pocos adultos podrían hacer y era capaz de hacer magia sin varita, algo que Marvolo siempre había halagado, o al menos, Tom creyó en un principio que su obsesión loca por él era un halago.
-Está bien. - Se mordió la lengua para no decir lo que verdaderamente pensaba, además, cuando le contara a Harry sobre su día en el laboratorio de su madre, el chico querría aprender y él sí necesitaría toda la ayuda posible. El libro le haría falta para enseñarle.
Cuando la poción se tornó rosa y Tom vió humo del mismo color, apagó el fuego. Luego ayudó a embotellarlo cuando se enfrió. Y así como así, habían pasado casi dos horas.
Cuando salieron del laboratorio, Harry y su padre estaban en el jardín. Harry con una ropa parecida a lo que usan los hombres que van de Safari, incluso tenía una gorra beige cuando no había sol del cual cubrirse. Tom pensó que se veía ridículo, pero no lo dijo, Harry era así, estrafalario y chillón. Pero Tom podía soportar eso, se había dado cuenta que Harry no era solo irritante, hablador y extrovertido, también era observador, empático y listo, cuando se trataba de criaturas mágicas y animales del mundo Muggle. Era muy dedicado a lo que lo apasionaba y Tom reconocía ese rasgo en sí mismo. También, Harry era divertido, incluso cuando no quería serlo.
-Oh! ¡Aquí llegó tu compañero de Safari! Ya por fin podré levantarme del suelo. - dijo entre gemidos el señor Potter. Harry le sonrió feliz al verlo.
-Estás oxidado, Potter- bromeó la señora Lily mientras ambos compartían un beso, Tom los miró, nunca se cansaba de verlos, quizá era un poco morboso o raro, pero le gustaba, era algo nuevo que ver.
-Les damos un minuto a ambos? - Preguntó su amigo, no con burla, sino con educación, Harry de verdad consideraba que ambos necesitaban un momento a solas. Tom reprimió una risa.
Lily se echó a reír. - No cariño, iré a dentro a hacer el almuerzo. Hoy iremos al callejón Diagon, así que después de almorzar irán directo a bañarse y arreglarse. De acuerdo?
-Sí. Oíste Tom?! Podremos ir al lugar más asombroso de todos!
Harry parecía un Chihuahua, con ojos brillantes y tan emocionado que parecía temblar. A Tom le pareció divertida la comparación.
-Sí! Y ahora que estás aquí podrás usar el otro disfraz de Safari, así irán a juego y yo no tendré que usarlo.
Tom ocultó su mueca, definitivamente no quería ponerse ese traje beige, soso y aburrido encima. Harry negó con la cabeza.
-No papá, no podemos obligar a Tom a hacer algo que no quiere.
Harry lo vió, quizá esperando su aprobación, él se sintió bien, la conversación de ayer definitivamente había traído algo bueno. De no ser así ya estaría en el baño cambiándose a aquella ridícula ropa.
-Oh! Okay, de acuerdo campeón, estoy de acuerdo contigo. Lo lamento, Tom.
-Está bien, señor James.
El adulto le sonrió.
-Bueno, yo iré adentro a ver que planea tu madre para el almuerzo, espero que ustedes dos no armen un incendio en el jardín o peor. Confío en ti, Tom, para que mantengas a Harry bajo control?
-Qué falta de fe- se quejó su amigo. Tom sonrió.
-Puede confiar en mí, señor.
-Bien, los dejo entonces.
Apenas se fue, Harry se puso de pie como un resorte, con una sonrisa que no auguraba nada bueno.
-Vamos a explorar!
Harry lo arrastró más allá del jardín, la propiedad Potter era absurdamente grande para solo tres personas, la casa era grande, al menos para Tom, pero el espacio alrededor lo era más.
-Somos dueños de tooooodo esto, hasta esa colina que ves allá. Antes vivíamos en el Valle de Godric, pero cuando los abuelos murieron tuvimos que mudarnos aquí, es la casa paterna y le pertenece a papá. Además, era un requisito para ser el heredero Potter.
De nuevo, la perorata excesiva de Harry los acompañaba en su viaje.
Tom estaba al pendiente del camino más que de su conversación, no quería perderse y estaba preocupado de lo que dirían los Potter mayores si no los encontraban cerca del jardín. Más por el hecho de que él era responsable de Harry, por Merlín, estaba perdido.
-Deberíamos volver.
-Qué!? Pero si aun no encontramos nada.
-Estamos muy lejos de la casa y tu padre se enojará conmigo si se entera de que estamos tan lejos.
Sí, definitivamente la charla de ayer tenía sus ventajas.
-Te prometo que te defenderé de papá, además, él nunca se molesta por nada. Y si lo hace, siempre podemos chantajearlo con algo.
Tom miró asombrado como la carita inocente de Harry se transformaba con una sonrisa pícara y algo malévola. Nunca pensó que Harry mimado Potter conocería la palabra "Chantaje", pero era agradable.
-Bien, espero que ese chantaje sea bueno.
-Es el mejor y si no funciona, tengo muchos secretos que sé que no querrá que mamá sepa.
-Eres malvado, Potter. ¿Quién lo habría pensado?
Harry se giró, le guiñó un ojo y siguió caminando. Tom negó con la cabeza, divertido ante el niño y lo siguió. De repente, Harry era un poco más interesante.
No encontraron ninguna criatura mágica, pero luego de mucho caminar Tom escuchó la voz siseante de una serpiente que se deslizaba en busca de alimento. Harry se aferró a su brazo con emoción, haciendo todo lo posible por no chillar y correr hacia ella.
-¡Es una vipera berus! Tienes que hablar con ella, Tom!
De haber sido cualquier otra persona, Tom se habría negado, pero era Harry y su loca fascinación por los animales y esta serpiente se veía mucho más interesante y grande que la del cementerio.
-Ten cuidado, son venenosas. Aunque no es peligrosa, solo atacan cuando se sienten amenazadas. Así que.. No la hagas sentir amenazada.
Tom sonrió, no pudo evitarlo, le gustaba como Harry era capaz de vomitar datos de serpientes como si fuera lo más normal del mundo. Se acercó, lo suficiente para ser notado por la serpiente, quién decidió tomar otro rumbo, arrastrándose rápido por el suelo.
-¡Hola! Mi nombre es Tom, cuál es el tuyo?
Desearía que sus conversaciones con serpientes fuesen más interesantes, pero usualmente eran sobre ratones, nidos y el clima. Pero ser el único que las comprendía le daba la ventaja de inventar detalles para verse más interesante.
La serpiente detuvo su huída solo para verlo, levantando su cabeza y sacando su lengua para olfatearlo.
-¿Fuiste tú quién habló?
-Sí. He sido yo.
La serpiente se acercó, despacio y permaneció a una distancia prudente.
-No eres una serpiente.
-No, soy un mago, por eso puedo hablar contigo.
-Ya veo. Y qué es lo que quieres?
-Solo hablar contigo.
-Estoy ocupada, debo buscar qué comer.
-Puedo conseguir ratones para comer, así no tendrás que salir a cazar y podremos hablar.
-Qué dice, Tom?
-Dice que está buscando comida, le he propuesto conseguir ratones a cambio de que hable con nosotros.
-Genial! Pero.. dónde vamos a conseguir ratones?
Tom le sonrió sintiéndose de repente superior, que lo era, por supuesto.
-Accio ratones! - dijo con una mano extendida y luego de unos segundos pudo ver como ratones de todos tamaños llegaban, siendo arrastrados por el suelo del campo, sus chillidos de terror haciéndose más altos conforme se acercaban.
-Wow! Acabas de hacer magia sin varita!
Tom le sonrió con suficiencia. - Sé algunos hechizos.
-Ratones! Gracias niño mago, me daré un banquete gracias a ti.
Tom vió como Harry observaba con tristeza, horror y curiosidad como la víbora se tragó a uno de los ratones entero, mientras el otro estaba inmóvil por el veneno de la mordida que le había dado.
-Pobrecillos, ya no me siento tan bien con la idea. ¿Te imaginas ser ese ratón?
Harry lo miró con atención. -Agradezco cada día no ser comida de serpiente, definitivamente.
El niño de ojos verdes asintió, de acuerdo con él.
Una vez la víbora dejó de comer, quedó tan agotada que respondió solo un par de preguntas de Harry y de Tom, luego se dejó acariciar y se marchó a dormir con el estómago lleno.
Tom estaba decepcionado, Harry estaba tan feliz que lo arrastró corriendo hacia el jardín sin perderse ni una vez. Una vez que llegaron a casa entró corriendo, aun arrastrándolo y gritó a todo pulmón:
-Tom y yo nos hicimos amigos de una víbora!
Tom no se perdió la mirada sorprendida de sus padres y la tez algo pálida. Aun así, Harry se ocupó de llenar la hora del almuerzo con una historia fantasiosa y muy decorada de su encuentro con la serpiente, mencionando el increíble hechizo de Tom y como había logrado que la serpiente se dejara tocar.
Después de un tiempo, los Potter solo sonrieron y escucharon a Harry, incluso le hicieron preguntas a Tom y él pudo relajarse en su asiento al no recibir un castigo o malas miradas. Ser hablante de pársel no parecía ser algo malo para ellos.
Tom no sabía cómo comportarse en aquel momento, por un lado tenía al extremadamente exaltado Harry, quién hablaba rápidamente de todo lo que podrían ver en el callejón Diagon.. Mientras que, por otro lado, Tom reprimía su emoción y el retorcijón en el estómago de los nervios al ver cómo algunos le daban miradas curiosas en el pub al que había llegado por Flú con los Potter. El Caldero Chorreante, no le gustó nada que el hombre detrás de la barra se llamase Tom. Lo hizo apretar la mano de Harry tan fuerte que el niño jadeó de incomodidad.
Pensó que no era muy impresionante, si todo el mundo mágico se resumía a pubs con ese aspecto viejo y arruinado, aunque limpio. Eso fue hasta que la pared de ladrillos de la parte trasera se movió para dejar un agujero frente a sus ojos que desplegó frente a él una calle repleta de personas de vestidos extraños y variopintos. Tom no pudo evitar quedarse sin aliento e inmóvil, hasta que Harry le tomó de la mano y le empujó hacia el frente.
-Bienvenido al callejón Diagon, Tom! - El señor James abrió los brazos como esos hombres de los shows de circo.
A su alrededor había tanto para ver que era abrumador. Había hombres y mujeres de todas edades yendo y viniendo, vendedores ambulantes gritando cosas inentendibles, lechuzas volando sobre su cabeza.. No le gustó el ruido, ni la abrumadora cantidad de personas alrededor, el callejón, aunque extremadamente hermoso y lleno de magia, era demasiado para él. Era como si Harry hubiese vomitado su esencia en el lugar al menos cien veces.
-Bueno, qué les parece si vamos por la ropa de Tom y luego de eso podemos dar un paseo por algunas tiendas? - Propuso la señora Lily.
-Está bien, señora Potter.
Ella le sonrió ampliamente. - Bien, tomaré tu mano, si no te molesta, esto suele ser un caos la mayor parte del tiempo, no quiero que ninguno de los dos se pierda.
A Tom no le gustó la idea. Era lo suficientemente inteligente como para no perderse en ese lugar, no era un niño, pero no podía ser grosero con la señora Lily. Así que aceptó su mano, no muy cómodo y percibió la sensación de la mano de la señora Lily en la suya, era cálida y suave, pero llena de ciertas rugosidades por el trabajo de ser pocionista. Seguramente había tenido algunos accidentes en su trabajo.
Llegaron a una tienda cuyo escaparate decía: Twilfit & Tattings.
-Compraremos algunas cosas aquí, luego, he pensado, podemos comprar ropa más sencilla en el mundo Muggle.
Tom asintió hacia Lily casi sin escuchar, a su alrededor podía ver ganchos y más ganchos con ropa, tela y demás implementos.
-Oh! Bienvenidos, si son los Potters! Espero que le hayan gustado las botas de piel de dragón que se llevó la última vez. - La dependienta de la tienda, una mujer delgada, rubia y de ojos azules saltones, los recibió.
-Son mis favoritas, sin lugar a dudas. - respondió la madre de Harry. -Venimos para conseguir un guardarropa completo para Tom- Lo señaló. Tom no pudo evitar tensarse como cuerda ante la mirada de la mujer, sentía que escrutaba cada centímetro de su cuerpo.
-Perfecto! Nada para el otro hijo?
-No, solo para este. A menos que quieras algo, Harry querido?
Harry negó con la cabeza, ya entretenido en la sección de túnicas que, como Tom pudo ver, mostraba imágenes que se movían en la tela, como el pijama de dragones de Harry. No se perdió de las palabras de la mujer pelirroja, como no corrigió a la mujer en ningún momento sobre que no era su hijo, a Tom le gustó.
-Bien, ven por aquí querido. Necesitamos tus medidas.
La señora Lily fue con él, cosa que agradeció, no quería estar con Ojos de Sapo a solas.
Lo montaron en un podio y una cinta métrica que levitaba trabajó eficientemente, rodeándolo mientras la bruja anotaba las medidas en un pergamino.
-Queremos pantalones, camisas, chaquetas.. - Tom desconectó de la voz de la señora Potter, más preocupado por la cercanía de la otra mujer e incómodo por su mirada penetrante en él.
Mucho tiempo después, Tom salió de la tienda sintiendo dolor en la espalda y piernas por estar tanto tiempo erguido y de pie en una plataforma, mientras aquella mujer fea e indiscreta hablaba sobre las mejores combinaciones de colores según su tez.
"-Se vería encantador en azúl y verde! Oh, miren esta túnica color borgoña..-"
Tom odiaba el rojo, quizá era más repulsión que odio, era un recuerdo desagradable del suelo de la cabaña Gaunt, del sufrimiento, de sus sueños aterradores. Tom no estaba comprando nada rojo, muchas gracias. Sin embargo, fingió que no le gustó para evitar que le compraran cualquier prenda con ese color, sirvió que Harry apareciera como un defensor de los derechos humanos cuando la vendedora se puso insistente. Definitivamente su conversación había dado frutos, aunque Harry parecía más un lamebotas que un guardaespaldas.
Al final, salió de la tienda con ropa en diferentes tonos de verde, azúl, gris, beige y negro. Harry se burló en privado de él, diciéndole que se parecía a un tal Snape, solo que con mejor corte de cabello y más entretenido para jugar.
Tom lo tomó como un insulto, al menos, hasta que conociera al tal Snape.
-Podemos ir a Florean Fortescue? ¡Por favor! Tom debe probar sus helados!
Harry, a un lado de Tom, pidió apenas salieron de la tienda de ropa. Había sido entretenido al principio, luego, él y su padre se habían dedicado a jugar con los sombreros de la tienda hasta que su madre casi los asesina con solo una mirada. Verdaderamente escalofriante para ambos Potter. Nunca pensó que se tardarían tanto, pero Tom parecía muy feliz a pesar de que se esforzaba en ocultarlo, Harry podía verlo, en como todo él parecía brillar de felicidad, como sus ojos parecían estar repletos de estrellas.. No quiso interrumpirlo ni un momento, Tom era extraño, él podía admitirlo, lucía como esos personajes de los libros de cuentos que colorean de colores oscuros y recluidos en un rincón, usualmente eran los villanos. Pero Harry no veía eso en él, Tom era solitario y no muy bueno para jugar, pero a veces Harry podía sentirlo, como Tom estaba triste o asustado.
Le gustó como su madre lo trataba, las sonrisas de mamá eran las mejores, sin lugar a dudas y a Tom le gustaba. Había hablado muy entusiasmado de ello mientras se alistaban para salir.
-Te gustaría, Tom?- recordó preguntar, Tom solo lo vió con una sonrisa pequeña y se encogió de hombros.
-Bueno..- dijo su madre. - Nos vendría bien sentarnos un poco. No sé ustedes pero a mí me está matando la espalda.
-A mi igual.- añadió Tom y su madre se echó a reír mientras peinaba con dulzura su cabello, haciendo lo mismo con el suyo un segundo después.
-Y para mí no hay nada?- se quejó su padre.
-Madura, James. - se burló ella, pero se inclinó para darle un beso.
Él tomó la mano de Tom e inició el camino hacia la heladería más famosa del Callejón Diagon.
-Ya verás, Tom. Te encantará.
Tom no sabía qué pedir, había muchos sabores y debía admitir que los quería todos, estar con los Potter había despertado esa vena avariciosa que se moría de hambre con los Gaunt. Triste que hasta una tontería como el helado le causara tanta necesidad de apoderarse de todo.
Harry a su lado se echó a reír. - Es muy confuso, nunca sé qué elegir, una vez me propuse pedir un poco de todo cada vez que venía. ¿Qué te parece si cada uno elige dos sabores y luego los comparte con el otro? Así probaremos cuatro sabores.
Tom estuvo a punto de negarse a compartir su helado. Pero era Harry, su único amigo, punto allí y además.. Era un trato justo.
-Vale.
La sonrisa de Harry valió la pena y Tom se sentía excepcionalmente de buen humor ese día, había sido maravilloso desde el comienzo. Una clase de pociones, un juego de exploración con Harry, tenía ropa nueva y a la medida.. Y ahora iba a comer helado, se sentía como las cosas que un niño normal hacía y a él le gustó, aunque nunca lo admitiría. Pero Tom sentía algo cálido revolotear en su pecho al ver a Harry reír al escuchar las bromas tontas del señor James y sentir la mano de la señora Lily en su cabello. Y lo mejor de todo? Nunca se olvidaron de él. Era como si Tom se hubiera convertido en una extensión de los ruidosos y deslumbrantes Potter. Pero allí, él no se sentía como un forastero. No por el momento, al menos.
Terminó pidiendo un helado de chocolate con trozos de trufas y como segundo sabor, fresas con crema. Harry se había decidido por uno de caramelo y maní, una combinación extraña, pero deliciosa. Ambos habían comido compartiendo con el otro, Tom descubrió que, mientras fuera Harry, no le importaba compartir, no cuando su amigo le sonreía con tanta felicidad, como si él fuera el mejor ser humano del mundo.
-Mamá.. ¿Podemos ir a ver a los animales?- como era de esperarse, Harry habló apenas se acabó el helado.
-Debemos ir a comprar unos libros primero, le prometí a Tom un libro de pociones y tu.. has tenido suficientes vacaciones, hay que comprar tus libros para la escuela. Los de ambos de hecho.
Harry se desinfló como un globo. Tom se emocionó, en el orfanato había ido a la escuela, pero nunca tenía los materiales suficientes, los niños del orfanato siempre hallaban la manera de romperlo y botarlo todo. Claro que Tom luego se vengaba de una manera bastante entretenida. Pero la idea de ir a la escuela con la ayuda de los Potter no lucía tan mal en su cabeza, más si estaba con Harry.
-Molly Weasley se ofreció a enseñarte, deberías agradecerle, después de que le hiciste esa broma a Neville, Augusta no te habría recibido.
Tom miró a Harry con una ceja alzada mientras el niño se veía increíblemente mortificado, casi a punto de llorar. A él no le gustó, quién era ese tonto de Neville? ¿Acaso Harry había hecho de matón con el chico? Miró al niño de ojos verdes, se veía verdaderamente culpable y triste y Harry no había sido más que amable y bueno cuando él había sido grosero. Acaso Harry era bueno fingiendo? ¿O solo ese chico Neville estaba acusándolo de haber hecho algo? Tom lo iba a averiguar.
Al igual que quién era Molly Weasley. Pero eso vendría después.
-Podemos ir después de comprar los libros? - Usó su voz inocente y su encanto para convencer a los Potter mayores. Sabía cómo se vería, un niño tierno y de mirada suplicante.
-No veo por qué no. - La señora Lily era toda sonrisa para él. Se la devolvió.
Harry lo vió con un brillo travieso en los ojos.
-Tienes a mamá comiendo de tu dedo.
Apenas habían entrado a la librería, Harry lo había arrastrado hacia la sección de animales fantásticos y estaba ojeando uno especialmente grueso que hablaba de las criaturas mágicas de Asia. Harry estaba embebido con la sección de dragones que eran más como grandes serpientes.
Tom no supo qué decir, era una acusación o un comentario al azar? Y con lo que habían dicho los Potter en la heladería.. ¿Debería tener cuidado con lo que decía alrededor de Harry? No quería seguir dudando de él, le gustaba Harry, era como un perrito peludo y molesto, pero muy fiel y gracioso. Un entretenimiento constante y compañía agradable.
-Ella me agrada.
-Mamá es la mejor- Harry sonrió y Tom pensó, por tercera vez, que era imposible que Harry estuviera actuando.
-Harry..
-Crees que podrías ser capaz de hablar con un dragón como este? Míralo, tiene aspecto de serpiente. - y le puso el libro casi en la cara. Harry lo había interrumpido, pero Tom sabía que cuando hablaba de sus amadas criaturas mágicas, el niño pelinegro no prestaba atención a su alrededor.
-No lo sé, quizá. Tendría que encontrar uno primero.
Harry lo vió con ojos brillantes. - ¡Podríamos viajar alrededor del mundo! Y documentar las criaturas que encontremos, como Newt Scamander - Otra vez ese Newt, Tom estaba seguro ahora, Harry lo AMABA, en serio lo hacía. - Y tú podrías hablar con las criaturas, estoy seguro que podrías hablar con una Ashwinder! ¡Imagínate que podríamos aprender!
Tom no dijo nada, Harry hablaba miles de cosas en menos de un segundo. Era intenso.
El niño se mordió el labio, inseguro. - Solo si quieres, claro. Quizá no te guste la idea de viajar por ahí.
-Podríamos ir, aunque no por siempre y tal vez menos de un año.
Harry sonrió aun más y la duda de Tom creció.
Abrió la boca para volver a preguntar pero el grito de la madre de Harry los interrumpió.
-¡Harry! Tom! ¡Vengan aquí!
Harry cerró el libro y lo guardó bajo su brazo, decidido a que sus padres se lo comprasen. Tomó la mano de Tom con su mano libre.
Llegaron al frente de la tienda, donde un hombre de túnicas negras y cabello largo y negro estaba junto a ellos.
-Tío Sev! - Harry se arrojó como una fuerza de la naturaleza sobre el hombre y Tom quiso echarse a reír, antes de ver la cara de desagrado del hombre al tener a Harry pegado a sus piernas. De repente, una ola de odio lo recorrió, quién se creía para ver a Harry de esa forma?
Luego sonrió mientras se despegaba de él, aunque Tom ya no se lo tragaba.
-Como siempre, tu hijo demuestra ser un jugador aguerrido de rugby al momento de saludar.
La señora Lily se echó a reír y peinó a Harry con los dedos, Tom se acercó lentamente.
-Vamos Severus, sácate la escoba del trasero un rato. Es la primera vez que un niño te demuestra algo de cariño, deberías aprovecharlo.
-James!- Lily lo reprendió.
Harry se echó a reír mientras Severus miraba al señor Potter molesto, Tom lo encontró gracioso.
-Oh! Severus, este es Tom, nuestro nuevo miembro familiar. - lo presentó y Tom sintió que su corazón podría salirse de su pecho, le dió una mirada a la madre de Harry que solo podría ser descrita como adoración antes de extender la mano.
-Un placer.
-El gusto es mío, Tom. - Él se encargó de disparar una descarga de energía en la mano del hombre al tocarlo, sin demostrar por su rostro lo que acababa de hacer. Una pequeña advertencia: no mires a Harry de esa forma de nuevo. Se aseguró de verlo a los ojos fijamente.
Severus lo vió sorprendido para luego observarlo calculadoramente, era la misma mirada desconfiada que le daban las matronas del orfanato.
-Un niño interesante, supongo.
-Es bueno en pociones, estoy enseñándole a partir de ahora. Le compraré este libro.
Se lo mostró. Severus asintió. -Bastante adecuado.
-Oh, Severus es mi compañero de trabajo Tom. Es un maestro de pociones en Hogwarts y cuando está de vacaciones él y yo trabajamos en nuestro boticario.
-Nos veremos en Hogwarts, supongo.
A Tom le sonó a desafío.
Él solo asintió.
-Mamá, puedes comprarme este?
Harry interrumpió su guerra de miradas.
-¿No te compré hace poco ese de serpientes?
-Tom y yo ya lo terminamos.
Lily negó con la cabeza, divertida.
-De acuerdo pequeño cuervo, yo te lo compro.
James fue con Harry detrás de él a pagar los libros, Tom se quedó con su madre.
-Ese niño grita Hufflepuff con cada fibra de su ser.
Lily se echó a reír.
-James aun tiene fe de que sea Gryffindor. O al menos un Ravenclaw. - Lily rodó los ojos.
-Típico de él, cree que Gryffindor es la única casa que vale la pena.
Lily carraspeó y lo señaló, como si Tom no debiera estar escuchando su conversación.
-Y tú jovencito? A qué casa crees que irás?
Era obvio, era una pregunta tonta y Tom podía ver la inteligencia en los ojos de Snape. Él era un Gaunt, descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, hablante de la lengua Pársel. ¿Qué más podía ser?
-Tom será lo que decida ser, además, eso de las casas me parece ridículo. Solo consigue crear rivalidad y peleas tontas entre los estudiantes.
La señora Lily peinó su cabello, a Tom no le gustó que respondiera por él pero le gustó como parecía estarlo defendiendo de algún truco sucio de Snape para intimidar.
-Bien, ya está. Todo listo. Somos cinco galeones menos ricos.
-Verdaderamente, no sé cómo lo soportas. - comentó Snape a la señora Lily ante la frase del señor Potter. Tom lo miró con desagrado.
-Es agradable.. y no tiene una escoba metida en el trasero. - Susurró, pero Tom pudo escuchar y sonrió mientras Lily lo tomaba de la mano y lo llevaba fuera de la tienda. - Adiós, Severus, nos veremos en la tienda mañana.
-Adiós, tío Sev!
Tom y James no se despidieron y el niño pudo ver cómo el señor Potter le guiñaba un ojo.
Llegaron a la tienda de animales y Tom solo podía describirlo como.. Caótico. No había mucho que ver, en su mayoría había búhos de diferentes tamaños y formas, gatos, kneazels, ratas, sapos.. Pero lo que Harry quería que viese eran las serpientes.
Lo arrastró al tanque de una mientras lo tomaba de la mano.
-Mira Tom! Es una Opheodrys aestivus aestivus.
-Una qué?!- los señores Potter los habían seguido por la tienda.
Tom la recordaba por su imagen en el libro de Harry, aunque solo él era capaz de memorizar el nombre científico. Era de un color verde un tanto chillón y brillante, ojos amarillos y no muy grande.
-Es una serpiente verde. - Explicó.
-Ahhh!- profirió el señor Potter. Mientras Harry miró entre decepcionado y ansioso por escupir datos a su padre.
-Podrías llamarla así, pero le quita la diversión. Quieres hablar con ella, Tom?
Él la miró, las serpientes eran en su mayoría tontas, algunas agresivas, otras flojas. Pero Harry se lo pedía y era una manera de impresionar a los Potter mayores, quienes no parecían verlo como un fenómeno o un hijo de satán.
-Hola, mi nombre es Tom. ¿Tienes algún nombre?
-Cómo?! ¿Hablas mi idioma? Pensé que ya no existían los hablantes.
Tom quedó gratamente sorprendido con su respuesta.
-Has conocido a otros hablantes de pársel?
-Oh, no. No soy tan vieja, pero las otras hablan, de cuando éramos compañeras de magos poderosos, manos derechas de los líderes de la magia. Ahora nos encierran en tanques de vidrio para ser exhibición de niños estúpidos.
Miró a Harry con desdén y le siseó molesta.
-Él es mi amigo y es muy inteligente, sabe más de ti que yo mismo. Aunque tienes razón con todo lo demás.
-Vienes a sacarme de aquí, pequeño hablante?
-Lo siento, pero no. No puedo llevarte conmigo.
-Ssshhhh- le siseó molesta. - Entonces aléjate de mi tanque. - y luego se dió la vuelta, con sus ojos amarillos hacia el otro lado del tanque. Luciendo verdaderamente indignada.
Tom alzó una ceja, pero obedeció.
-Y bien? ¿Qué te dijo?
Los tres Potter lo miraban con diferentes grados de curiosidad y admiración.
Tom les resumió la conversación.
-Es la primera vez que hablo con una serpiente que no habla de comida o defender sus nidos.
-Estas son diferentes, criadas en el mundo mágico, algo de esa magia se les pega. Son más inteligentes.
-Es una pena que no podamos llevarla.- Harry hizo un puchero mientras miraba a su madre.
-¿Recuerdas el Puffskein que te regalé hace dos navidades?
Harry lucía como si fuera a echarse a llorar.
-El tío Sirius lo pisó, no fue mi culpa.
-Sé que no cariño, pero creo que es mejor esperar a que seas capaz de cuidar mejor a tus mascotas. Ambos, de hecho.
Antes de salir de la tienda, Harry se inclinó para susurrarle: - Cuando sea mayor, voy a regalarte la mejor serpiente que verás en tu vida.
Tom miró a su amigo, con su cabello despeinado, ojos verdes brillando de felicidad y mejillas rojas. Tomó una decisión, no le importaba si Harry Potter era capaz de hacer cosas malas a otros y fingir que no después, él hacía lo mismo, después de todo. No le importaría nada de lo que pudiera ser o hacer, mientras Harry fuera su amigo, un buen amigo. Y si resultaba que Harry era, de hecho, un buen chico, Tom iba a cuidar esa inocencia hasta el final.
Iba saliendo muy feliz, con la mano de Harry de nuevo sosteniendo la suya, como un pacto entre ambos de permanecer cerca, cuando en su andar por el callejón divisó un cabello castaño y una figura delgada y desgarbada, que lo observaba con ojos húmedos y suplicantes.
Su madre.
Tom no supo qué hacer, se detuvo de inmediato, tirando de Harry hacia atrás. No quería verla, todo estaba bien con su vida, los Potter lo querían, de verdad lo hacían, tenía un amigo y estaba tratando de ser normal. Verla se sentía como estar el Wools de nuevo, cuando iba a visitarlo al orfanato después de desaparecer otro día diciendo que no podía llevarlo con ella. Tom siempre la esperaba, lleno de rabia, anhelo y esperanza.
No quería verla.
De repente todo a su alrededor era pequeño, el aire le faltaba y todo se estaba oscureciendo.
-Tom?- pudo escuchar su voz, a lo lejos, como cuando tienes la cabeza bajo el agua.
-Merope! ¿Cómo estás?
-Tom? - Harry, a quién quizá le estaba apretando la mano demasiado fuerte, le habló, había preocupación en su voz.
-Quiero irme, diles que quiero irme.
-Pero.. Es tu mamá. ¿No la extrañas?
Harry no parecía comprender. Tom quiso gritar.
-No quiero verla, quiero ir a casa.
Y se dió cuenta, ansiaba desesperadamente que la casa de los Potter fuera realmente la suya. Quería padres normales y amorosos. Y la realización de eso lo arrolló como un camión cargado de madera. Porque Tom recordó los momentos en el hospital, los momentos breves y amargos en Wools con su madre.. Y debía admitir que había sido más feliz con los Potter en tres semanas de lo que lo había sido con su madre en años.
Harry vió todo ese dolor en sus ojos, lo supo, porque no tenía energía para ocultarlo.
-Papá..- lo escuchó decir y luego no fue capaz de escuchar nada más. No fue capaz de volver a mirar a su madre, ni supo qué le dijo la señora Potter, solo supo que James los llevó a él y a Harry aparte, llegaron a la taberna del señor Tom y él no fue capaz de decir nada más.
La señora Lily llegó tiempo después y todos entraron por la chimenea a casa. Tom fue directo a su habitación, sintiendo como si caminara sobre cemento fresco o nieve gruesa en invierno.
Llegó a su habitación y cerró la puerta, se echó en su cama y se tapó con las sábanas, ni siquiera se quitó los zapatos. Ni abrió la puerta cuando Harry llamó, no sentía ganas de hablar o estar con nadie.
Se sentía como un traidor, pero su madre lo había traicionado demasiadas veces como para sentirse aun peor.
No salió de la habitación el resto del día y fue hasta la noche que sintió un cuerpo tibio contra el suyo, supo que era Harry, quién quizá había aprendido algún hechizo para abrir cerraduras o quizá su hechizo se había debilitado al dormir, no le importó, dejó que Harry lo abrazara mientras volvía a caer en un sueño profundo.
Notes:
Amo escribir las escenas de Harry y Tom, me dan vida eterna. Este capítulo tiene muchas cosas pero son necesarias para el desarrollo de personaje de nuestro Tom, pobre, no se lo pongo fácil.
No les encanta lo lindos que son los padres de Harry? La mayoría de los fics que he leído los trata como monstruos, pero aquí son los papis más comprensivos y amorosos del mundo.
Gracias por leer! Hasta la próxima semana, tendrán dos capítulos más el fin de semana próximo y luego de eso será un solo capítulo semanal.
Eso es todo. Chau.
Chapter 9: Los celos de Tom Riddle
Notes:
Hey! Buenas noches y feliz fin de semana. Lamento el retraso, estaba de parranda y llegué hace poco a casa, a actualizar la historia en las otras plataformas. Pero aquí estoy ahora, siendo una mujer responsable.
Solo quiero avisar que a partir de este capítulo inicia una montaña rusa emocional que quizá sea un poco aburrida, trataré de hacerlo entretenido, en serio.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo IX
Los celos de Tom Riddle
Las cosas se volvieron extrañas luego de ver a Merope en el Callejón, los Potter no sacaron el tema los primeros días, pero Tom lo esperaba como al chico repartidor de periódicos de los domingos. Sucedió mientras hacía una poción en el laboratorio de la señora Lily, Tom metió la pata a propósito para dejar el tema y su lección terminó con su muñeca bañada de esencia de Murlap y una mirada lastimera de la señora Lily.
El señor James lo intentó también, aunque fue aun más desastroso y Tom se deshizo rápido de él.
Las cosas entonces volvieron a una normalidad extraña, comenzaron a ir a casa de la señora Weasley en compañía del señor James, quién rápidamente huía de su maestra para encerrarse en el cobertizo del señor Arthur, un amante de coleccionar basura del mundo Muggle. Y quién además había ocupado al menos media hora interrogando a Tom con preguntas sobre el mundo Muggle que se le hicieron de lo más tontas y que sirvieron a Tom para catalogar al señor Weasley como un pobre diablo tonto y obsesionado con más tonterías.
Después de todo, ¿quién diablos hace preguntas sobre cosas como las escaleras eléctricas? Que Tom solo había visto en la televisión y cuando los Potter lo llevaron de compras al mundo Muggle poco después de ir al callejón Diagon. ¿O sobre las computadoras, controles universales y teléfonos? A quién podía importarle? Cuando tenías magia y podías hacer cosas mucho más interesantes.
Aunque bueno, Tom odiaba el mundo Muggle, le recordaba a Wools y como todos lo trataban de fenómeno e hijo de satanás por su magia. En el mundo mágico no era un extraño, pero siempre tendría la sombra de ser un mestizo de los Gaunt, un niño cuyo abuelo casi asesina por su estado de sangre. Y con una madre que lo abandonó, múltiples veces.
Además de eso, estaba la señora Weasley, nada especial, era buena cocinera y buena con los regaños, mandona y autoritaria. A Tom le recordaba a las matronas del orfanato, por lo que no le agradaba del todo, pero la señora Weasley nunca golpeó a ninguno de sus muchos hijos, les hacía el desayuno favorito a cada uno y siempre tenía sonrisas, incluso para él. Así que, en retrospectiva, no estaba tan mal ir a casa de los Weasley por las mañanas a estudiar lo básico.
Tom era el mejor en las lecciones y odiaba a Ronald Weasley, el menor de todos ellos y el último chico, si la señora Weasley no planeaba tener otro niño pelirrojo más. Aquel mocoso pecoso y pelirrojo que moría por ser amigo de Harry y que además, se quejaba del tal Neville. Tom no se perdió que a Harry no le gustaban sus comentarios.
Weasley era molesto, irritante, hablaba demasiado y era idiota. Tom solo lo soportaba por las lecciones de su mamá y su comida, además, se suponía que Tom era un buen chico.
Pero había algo más que hacía que Tom hirviera como una olla de agua caliente: la amistad de Harry y Ron. Ron, quién podía volar en una escoba y jugar al Quidditch. Ron, quién se prestaba entusiasmado para hacer cualquier payasada que Harry quisiera hacer y que Tom sólo hacía a duras penas. Tom odia como Harry ríe con Ron, odia cuando lo deja solo en la sala en compañía de los gemelos Weasley y la mocosa menor para irse a volar en escoba. Tom quiere hacerle mucho daño a Ron Weasley.
Harry es SU amigo.
Pero Tom es orgulloso y rencoroso, decide que si Harry quiere otro amigo entonces él no será su plato de segunda mesa para cuando no esté el idiota de Ronald Weasley.
Comienza con no dejar entrar a Harry a su habitación por las noches, luego se encierra en su cuarto a leer su libro de pociones y rechaza una que otra vez las invitaciones para jugar de Harry. Hasta que deja de preguntar, lo que lo enfurece y entristece aun más. Qué rápido puede una persona cambiar a otra.
Odia a Harry, odia a Ron, odia a su madre. El odia todo.
Al diablo con ser un buen niño, Tom debe admitirlo, no es una buena persona, no quiere serlo, no puede ser como Harry o el señor Arthur, estúpidos y amables con todos, con una sonrisa pegada al rostro. Prefiere estar solo y no fingir algo que no es para ser aceptado. Mira nada más cómo le pagó el traicionero de Harry Potter todo lo que había intentado ser un niño normal y apenas había mostrado sólo un poco de su verdadera esencia.. Harry lo había dejado de lado por un Weasley y vaya que Tom había escuchado muchas cosas de los Weasley en la cabaña Gaunt.
Harry no puede entender qué pasa con Tom, su madre sigue diciéndole que le dé tiempo. Desde su excursión al Callejón Diagon, Tom se había distanciado y Harry le había dado su espacio, aun cuando no quería, podía sentirlo, la tristeza de Tom como una nube negra y espesa que cubría todo su cuerpo y rondaba su habitación. Harry se había sentido muy mal, no solo anímicamente, su cabeza había dolido mucho últimamente y continuamente estaba mareado, cada que pasaba cerca de la habitación de Tom.
Pero Harry estaba triste por sus propias razones, Tom no quería jugar con él, ni leer su nuevo libro de criaturas mágicas de Asia, ni siquiera quiso acompañarlo a explorar. Tampoco lo dejaba dormir con él por las noches, cuando ya se había acostumbrado a dormir junto a él y pasar las noches viendo el techo y hablando tonterías mientras Tom escuchaba.
Harry estaba inmensamente triste, no sabía por qué Tom estaba así y tampoco sabía cómo arreglarlo.
Ese día ambos llegaron de casa de los Weasley, Tom fue directo a la cocina a buscar a su madre, el único ser de la casa de los Potter que parecía seguir adorando. Para contarle, como Harry ya sabía, que le había ido bien en la clase con Molly Weasley.
Harry no lo siguió, no queriendo ver como Tom lo trataba con frialdad frente a su madre, porque Tom solo lo ignoraba cuando estaban solos o cuando estaban estudiando con Ron y sus hermanos.
Y aquella tarde se sentía infinitamente peor, luego de que Ron le dijera que Tom era un estirado, un snob que se creía mejor que ellos por tener la sangre de Slytherin en sus venas, que sería tan tonto y falso como los Malfoy o los Nott. Tom escuchó, por supuesto, porque estaba caminando justo detrás de ellos.
Harry le dió a Ron su peor mirada y le dijo que era un idiota, para luego perseguir a Tom, quien se había dado la vuelta e iba de regreso a la casa.
-Tom! ¡Espera! - Él se detuvo y al voltear le dió a Harry la mirada más letal y cargada de odio que hubiera visto. Lo sintió como oleadas, como los tentáculos de un pulpo golpeando su cuerpo. Él jadeó.
-Qué quieres?- Tom nunca le había hablado así.
-Lo siento, Ron es una idiota y estoy muy molesto por lo que dijo. Tú no eres nada de lo que dijo.
-No me interesa lo que el idiota de Ronald Weasley pueda decir. Lo único que tiene de especial es su bocota y su ignorancia, no me ofenderé por alguien así.
Harry lo miró impactado, Tom hablaba como un adulto, muchas veces.
-De igual forma, lo siento mucho.
-Por qué? Se nota que te gusta pasar el tiempo con Weasley, es obvio que ustedes dos son igual de tontos. Solo te disculpas porque te escuché mientras se burlaban.
-¡Yo no me burlaba de ti!
-No me importa, Harry. De todos modos, tú y yo ya no somos amigos.
Y Tom se había largado después de escupir lo último y Harry había sentido una ganas inmensas de llorar, tan fuertes que cuando Ron fue a ver qué sucedía, Harry lo empujó y corrió lejos de Tom y Ron.
Harry no entendía, en qué momento Tom había llegado a detestarlo tanto? Acaso era por su madre? Tom quería irse con ella y ya no quería estar en su casa? Pero entonces, ¿por qué lo trataba mal?
Harry subió los escalones y fue directo a la habitación de Tom, iba a hablar con él, como su tío Remus le había dicho muchas veces que se arreglaban las cosas y Harry quería tanto que se arreglaran.
Lo sintió antes de verlo, Tom exudaba ira por cada poro de su piel, pero su rostro y su cuerpo se veían relajados, dulce incluso, como si no hubiera pasado nada.
Tom lo vió con hostilidad al entrar, pero no dijo nada y cerró la puerta de la habitación sin quitarle la mirada de encima.
-Quiero hablar contigo. Siento mucho lo que dijo Ron sobre ti, pero nunca me he burlado de ti con él. Ron es.. El piensa que eres malo solo por quiénes son tu familia, sé que está mal y se lo he dicho. Pero él no lo cree, él..
-Piensa que soy extraño. - dijo Tom por él.
-Sí. Pero no lo eres.
Tom rodó los ojos y se cruzó de brazos.
-Ajá, eso es todo?
Harry sintió un puñetazo en el estómago.
-Yo.. No. Quiero saber.. ¿Por qué ya no somos amigos? No entiendo, Tom. Por qué estás molesto conmigo?
Tom bufó. - No finjas que no lo sabes.
-¡No lo sé! Por eso te pregunto.
-Pues ve y pregúntale a tu nuevo mejor amigo Weasley, quizá entre los dos puedan pensar lo suficiente como para averiguarlo. - Tom imprimió suficiente odio en el nombre de Ron como para que Harry descubriera el problema.
-Estás.. ¿Estás molesto porque soy amigo de Ron?
-No me interesa.
Tenía sentido, Tom había comenzado a apartarse desde la primera vez que jugó con Ron, desde la primera vez que habló de él en la mesa durante la cena. Ron siempre le decía a Harry lo aterrador que era.
-Tom.. ¿Estás celoso de Ron?
-No estoy celoso.
Pero Harry pudo sentir su rabia incrementar. - ¿Por qué estarías celoso de Ron?
-¡No estoy celoso! - Explotó y los libros en su mesita de noche salieron volando.
-¡Lo estás! Y no entiendo por qué.
-¡¿No entiendes?! De la noche a la mañana de lo único que hablas es de lo increíble que es Ron Weasley, lo divertido que es, lo bien que juega al Quidditch.. Y luego pasas toda la tarde hablando con él e ignorándome y solo recuerdas que existo cuando volvemos a casa!
Harry sintió sus piernas temblar.
-Tom..
-Me reemplazaste, dijiste que eras mi amigo, que siempre estarías conmigo y luego me hiciste a un lado cuando conociste al idiota de Weasley. Pero no me importa, ya no me interesa, no necesito amigos y menos uno como tú.
Tom estaba furioso, más que furioso, había perdido el control de su magia con solo escuchar a Harry hablar. Cómo se atrevía a decir que no sabía por qué estaba enojado?! Y lucir tan culpable, como si realmente fuera tan inocente. Parecía que estaba a punto de echarse a llorar en cualquier momento y Tom lo quería fuera de su habitación, fuera de su vida.
-Tom, perdóname, nunca quise hacerte sentir mal y nunca te dejé de lado. Pero a ti no te gustaba lo que queríamos hacer y nunca te unías a los juegos por más que preguntamos. Pensé que era mejor darte tu espacio y no obligarte a hacer algo que no querías, me dijiste que no te gustaba y estabas tan triste luego de..
-Ya no quiero hablar contigo, vete.
-Qué?
-Me oíste.
Harry lo miró boquiabierto. -No! No me voy Tom Riddle, deja de ser un mocoso malcriado y celoso y cierra tu boca de anciano. Vine aquí a hablar contigo y no me iré hasta que dejes de comportarte como un imbécil.
Tom pudo haberlo golpeado, quería hacerlo. Pero la sorpresa de que Harry le hubiera hablado de esa forma lo dejó sin palabras.
-Ron y yo tratamos de incluirte muchas veces y nos rechazaste, yo te dí tu espacio y fuí a volar con Ron, porque es lo que a él le gusta hacer y decidí hacer contigo cosas que a ti te gustaran, como leer o explorar, y eso lo hacemos al llegar a casa, solos. Pero tú solo me ignorabas al llegar, así que yo no tengo la culpa de que seas un malcriado y por eso no quisieras pasar tiempo conmigo. Así que esto es tu culpa, no mía, por ser un tonto que no puede preguntar antes de pensar que no quiero ser tu amigo.
Tom se sintió helado, Harry estaba con el cabello alborotado de la estática en la habitación y los puños cerrados. Y él no sabía que decir, por primera vez, Harry Potter le había impresionado tanto que lo había dejado mudo.
¿Culpable él? No era Harry quién le había jurado ser su amigo? Estar siempre con él?
-No puedes solo suponer que no quiero ser tu amigo porque hago otros amigos. La gente tiene muchos amigos y no por eso deja de querer a los más viejos. Mamá es amiga del tío Sirius y Remus y también del tío Severus, aun cuando estos no se soportan.
-No quiero que tengas otros amigos.
-Bueno.. Pues eso no lo decides tú, Tom. Quiero otros amigos y puedo quererlos a todos, además.
Tom sintió ganas de llorar.
-Si haces más amigos van a convencerte de que yo soy raro y malvado, como Ron está haciendo y no querrás ser mi amigo.
No supo por qué lo dijo, no supo por qué de repente tenía tantas ganas de llorar, Tom Riddle-Gaunt no lloraba, era fuerte, pero había tenido una temporada terrible y nadie con quién hablar de sus emociones. Había perdido a su madre y ahora iba a perder a su único amigo, al único que quería tanto como para incendiar el mundo. La vida no era justa con él.
-Tom.. No creo que seas raro, ni malvado. Te lo dije.
-No lo piensas ahora, pero lo harás después. Todo el mundo lo hace, siempre me dejan de lado.
Tom no podía mirarlo a la cara. No quería que Harry lo viera llorar. Sin embargo, vió los pies de Harry acercarse hasta que el niño lo rodeó con sus brazos.
-Nunca pensaré que eres extraño, me gustas como eres y eres mi mejor amigo. No voy a cambiarte nunca por nadie y.. Te quiero mucho más de lo que podría llegar a querer a otro amigo. Tu eres mi favorito, mi único mejor amigo. - Harry se separó de él, aun cuando Tom quería sentir más tiempo el calor de su cuerpo. - Y te elegiría a ti, sin pensar, si tuviera que hacerlo. Pero no lo haré, porque está bien tener amigos, amigos con los que compartir cosas que con otros no puedes. Como mi libro de serpientes o de criaturas mágicas, a Ron solo le gusta el Quidditch y la comida. - Harry hizo una mueca.
Tom miró los ojos verdes de Harry, ¿debería creerle?
-¿Quién es Neville?
Harry se tensó y luego sus ojos se apagaron un poco.
-Eramos buenos amigos, su abuela nos enseñaba en su casa. Nev es bastante tímido, muy asustadizo, un día le hice una broma con mi tío Sirius cuando vino a cenar a casa con su familia. Neville se asustó tanto que se cayó y rompió su muñeca. Me disculpé cuando fuí a verlo a San Mungo, pero Neville no me perdonó, no cuando me burlé de un miedo serio que sentía por las supersticiones, como el Grimm, un perro negro fantasmal. Neville había tenido amigos en el pasado que también se habían burlado de él y yo.. - Harry suspiró - Luego de eso me prometí nunca volver a hacer eso, a hacerle una broma a alguien. Y sobretodo, no juzgarlos por como son.
Tom escuchó con atención.
-Bien, te perdono. Pero no seré amigo de Weasley y le dejarás muy en claro que tu favorito soy yo.
Harry puso los ojos en blanco.
-No le diré eso a Ron.
-Bien, así podré hacerlo yo. Me gustará ver la expresión en su rostro.
Harry se echó a reír mientras negaba con la cabeza.
-Te extrañé, no vuelvas a alejarte así o la próxima vez el que tendrá que irrumpir en mi habitación serás tú.
Tom miró a su amigo y de nuevo sintió su estómago revolotear.
-Perdón, Harry. Te extrañé.
Tom no se perdió la mirada de sorpresa en el rostro de Harry, valió la pena totalmente decirlo, más cuando se ganó un abrazo apretado de un Harry lloroso. Tom nunca lo admitiría, aunque estuviese mayor y canoso, que había llorado porque había extrañado a Harry, porque pensaba que Harry no quería su amistad.
De nuevo, Harry Potter estaba allí para derribar sus muros como si sus manos fueran martillos.
Notes:
Pobre de Tom, tiene muchas cosas pasando en su cabeza, me es imposible enojarme con él. Amo a Harry y su firmeza y dulzura para tratar con Tom, esos dos me están matando.
En fin, gracias por leer!
Chapter 10: Aprendiendo a sanar o intentándolo
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Capítulo X
Aprendiendo a sanar o intentándolo
Luego de la pelea con Harry las cosas cambiaron, de nuevo, Harry estaba más atento a Tom en casa de los Weasley y buscaba actividades en las que Tom pudiera participar.
Tom descubrió que le gustaba el ajedrez y el señor Weasley pasaba algunas horas jugando con los tres y enseñándoles, Harry se había rendido, pero Ron demostró tener algo de cerebro y era muy bueno. Pronto él y el pelirrojo jugaban algunas partidas y era la única interacción de ambos, no es como si Tom hubiera olvidado sus palabras y Ron seguía pensando que era el engendro del mal y que tenía a Harry bajo un embrujo, pero en líneas generales, las cosas estaban mejor.
También comenzó a ir al psicólogo, en San Mungo, dos veces a la semana. Luego de una visita social en donde los Potter habían admitido que iban despacio con él, les dieron una dura advertencia de llevarlo y luego se fueron.
Tom no era muy fanático de esas visitas, pero su psicólogo, Mark, no era tan malo. Era listo, un punto para agradarle y permitía que Tom hablase de lo que quería y de lo que no, algunas veces era insistente en algunos temas, pero rápidamente se alejaba si Tom se negaba a hablar.
A Mark le gustaba Harry, Tom hablaba mucho sobre él y Mark le daba consejos para mejorar su relación con Harry, incluso con Ron, aunque no es como si él estuviera interesado en hacer eso último.
Sin embargo, Mark también hablaba con los señores Potter, luego de que Tom salía de su sesión. Nunca supo exactamente qué les había dicho sobre él, pero eso cambió la manera en la que los Potter lo trataban, la señora Lily era más dulce de lo normal y el señor Potter se mostraba más entusiasmado por crear una relación con Tom, aunque esto último a él no le gustaba demasiado. No había que ser un experto para adivinar que lo hacían por su charla con Mark.
Ese día, como todos los martes y jueves, Tom atravesó la puerta y se sentó en el sofá verde individual, le gustaba porque estaba cerca de la chimenea de la habitación.
-Hey, Tom. ¿Cómo estás el día de hoy?
La pregunta común de todos sus encuentros.
-Bien- su típica respuesta escueta.
-Cómo están las cosas con los señores Potter?
-La señora Lily está enseñándome pociones más avanzadas, dice que aprendo rápido.
-Wow, eso es sorprendente y maravilloso. ¿Cuánto tiempo llevas estudiando pociones?
-Casi dos meses.
Tom había estado con los Potter por casi tres meses hasta ahora, tres meses en los cuales no había querido tener ningún contacto con su anterior vida, ni con su madre.
-Es algo bueno, quizá hayas encontrado tu pasión desde muy temprana edad.
-Puede ser. - Se encogió de hombros.
-¿Y cómo van las cosas con el señor Potter?
-Está tratando desesperadamente de hacerse mi amigo, me gustaba más cuando jugaba con Harry y conmigo de vez en cuando y nos dejaba solos tiempo después.
-Por qué te molesta que el señor Potter quiera ser cercano a ti? No te agrada?
-Me agrada, solo que no me gusta.
-Y por qué crees que no te gusta?
-No lo sé, ¿no debería usted saberlo? - Tom ya estaba enojado, no le gustaban las preguntas constantes y las respuestas con otras preguntas.
-Bueno Tom, pienso que cuando una persona, en este particular, un hombre que para ti representaba una figura de protección.. Está ausente en tu vida y vives además, situaciones en las que te ves en peligro de manos de personas, hombres, que se supone debían cuidar de ti. Comienzas a desconfiar de figuras masculinas, de hombres que representan eso.
A Tom le gustaba que Mark hablaba con él como si fuera mayor o al menos, lo suficientemente inteligente para comprender. Aunque, siendo justos, Tom era verdaderamente listo, el mismo Mark lo había confirmado en presencia de los Potter, diciendo que Tom era más listo que un niño normal de su edad. Aquello hinchó su orgullo lo suficiente como para sentir más agrado por el hombre.
-Prácticamente dices que no quiero al señor Potter cerca porque mi padre me abandonó por ser un mago y mi abuelo y tío abusaron de mi, es eso, no?
Aun así, Tom no era capaz de ver la mirada de Mark ni dejar de jugar con sus manos.
-Sientes temor de que el señor Potter sea como ellos?
-No creo que lo sea.
-Pero temes que pueda serlo?
-Sí - admitió bajito.
-¿Es por eso que lo evitas?
-No creo que sea malo, pero no quiero, no quiero a ningún adulto cerca de mi.
Otra cosa que Tom había tenido que aprender era a ser honesto, a decir las cosas que lo hacían vulnerable. No era fácil, pero se sentía bien decirlo y Mark le había prometido que no le diría todo a los Potter, solo sus diagnósticos psicológicos y quizá, solo quizá, algo que en serio necesitasen saber.
-Confiar en alguien no es sencillo Tom, incluso siendo adultos podemos dudar y sentir miedo, es normal al pensar en confiar nuestros miedos y debilidades a otra persona. Darle poder a alguien de hacernos daño si así lo quisiera. Pero la confianza también trae cosas extraordinarias, como la amistad, el respeto, la lealtad, la comprensión, la empatía. Tener a alguien en quién confiar nos hace sentir seguros, acompañados.
Tom no había sentido nunca eso, no hasta su madre y ella constantemente había hecho añicos esa confianza.
-No quiero confiar en nadie, los adultos mienten y lastiman.
No quiero que me vuelvan a lastimar, pensó.
-Pero confías en Harry, no es así?
-Es diferente.
-Por qué?
Tom se calmó un poco, aliviado de alejarse de la antigua conversación, aunque sabía que Mark parecía estarlo guiando por un camino empedrado.
-Porque me ha demostrado que puedo confiar en él.
-Eso es todo, se trata de los hechos Tom, pero para confiar en alguien, para ver si alguien es confiable, debes dejarlo conocerte y conocer a su vez. Darle la oportunidad y ver por ti mismo si esa persona se ha ganado tu confianza o al menos, tu gratitud. La confianza no es algo que se da a la ligera, se construye, a veces se pierde por momentos y se recupera de nuevo, más fuerte. ¿Recuerdas la pelea que me contaste con Harry? - Tom asintió. - Pues es igual, no es algo que pase de la noche a la mañana, pero debes dejar la puerta abierta al menos, para que puedan entrar.
Tom suspiró, cansado.
-Entonces, qué te parece si te pones como tarea, conocer más al señor Potter? Has una lista con las cosas de él que te gustan y cada que descubras algo nuevo puedes añadirlo. También podrías hacerlo con la señora Lily y con Harry.
Tom asintió, ya tenía tarea para el resto de la semana.
-¿Eso es todo?
-¿Ansioso por deshacerte de mí?
Tom no dijo nada.
-Quisiera hablar de algo que mencionaste anteriormente. Hablamos de la confianza en los adultos y el miedo a salir lastimado.
Tom se tensó en su silla.
-Cuándo comenzaste a sentirte de esa manera? Con miedo y desconfianza de los adultos.
-Crecí en un orfanato, desde que tengo uso de razón los adultos eran abusivos y malvados. Llevando a sus casas a los niños más lindos y bien portados.
-Así que también te sentiste rechazado.
-Ya no me importa, pasó hace un tiempo.
-No tanto tiempo, Tom. Y el rechazo, al igual que el temor a ser lastimados y traicionados, es algo que cala muy profundo en el alma, aun cuando no podamos verlo y queramos ignorarlo. La única manera de sanarlo es saber de dónde viene, cuándo comenzó y comprender por qué te sientes así, es el primer paso.
Tom rodó los ojos.
-No entiendo como algo de lo que no me gusta hablar puede ser "bueno".
-No te gusta hablar porque te duele recordar.
-No sabía que leía mentes.
-No lo hago, pero no eres el primer paciente que atiendo.
-Y se supone que todos somos iguales? Ese es un pensamiento muy subjetivo y pobre, para un hombre de ciencia como usted.
Tom usualmente se regodeaba de usar palabras difíciles e incomprensibles para niños como "subjetivo", se había puesto de tarea estudiar el diccionario desde que había comenzado sus terapias con Mark. Le gustaba usarlas y sentirse listo.
-Tienes razón, Tom. Utilicé mal las palabras, mayormente, los pacientes se niegan a rememorar períodos de sus vidas porque les causa dolor hacerlo. Sin embargo, no sé si contigo se debe a lo mismo.
El solo se encogió de hombros. - Adivine entonces.
Mark sonrió. - Me decantaré por mi observación, pero siempre puedes decir algo diferente.
Tom bufó.
-Ahora, creo que nos hemos apartado de la conversación inicial. ¿Te sentiste rechazado y descuidado desde muy temprana edad?
-Sí - masculló entre dientes, cruzado de brazos y evitando la mirada de Mark.
-Puedes recordar un episodio en el cual te sintieras así?
-¿De qué serviría eso? - Mark solo lo miró en silencio. - Tenía cuatro años, una pareja quiso adoptarme, la matrona les contó sobre mis rarezas, aun así, ellos siguieron visitándome por un par de semanas, me llevaban dulces y libros. Un día dejaron de asistir, pasaron semanas y luego me enteré por una conversación privada de las matronas que la mujer había decidido adoptar a un recién nacido que no diera tanto problema.
Tom lo recordaba, los ojos marrones y tiernos de la mujer, su cabello rubio y sus manos suaves mientras lo peinaba y le preguntaba cosas, a Tom le gustaba, nunca había recibido tanta atención en su vida, nunca había recibido un abrazo, un beso en la mejilla, una muestra de amor y esa mujer desconocida era la primera en dárselo. Tom se sintió tan mal cuando lo supo, lloró durante días y se culpó a sí mismo y su rareza. Poco tiempo después, llegó su madre y Tom estaba desesperado por irse con ella, rechazando cualquier oportunidad de encontrar una familia.
-Cómo te sentiste en ese momento?
-Mal. Sentí que no valía nada, que era tan detestable que ni siquiera mis padres reales habían querido tenerme, por eso me habían abandonado allí.
-Así que sentiste que no tenías valor.
Tom asintió.
-¿Aun te sientes así?
-A veces.
Mark anotó algo en su libreta.
-Qué pasó después de eso?
-Llegó mamá, la verdadera.
-Y qué hizo?
-Ella solo quería verme, iba a visitarme de vez en cuando, cada semana. Me decía que me quería, todo el tiempo y siempre se lamentaba por no poder llevarme regalos.
-Y qué sentiste al verla?
Tom lo recordó, la primera vez que la vió pensó que era una indigente que buscaba comida en el orfanato, algunas veces llegaban de la calle. La matrona solía espantarlos con un cepillo de barrer o darles la dirección de un comedor público. Ella solo lo miró la primera vez y él sintió tanto miedo que entró corriendo. La siguiente vez se acercó a hablar con él, diciendo que era su madre, Tom no le creyó hasta que usó la lengua Pársel y contó detalles de su nacimiento que era imposible que supiera. Tom pensó que iba a sacarlo de Wools, que se había arrepentido de abandonarlo y que lo quería, que finalmente se iría de allí, Tom la perdonó en su mente inocente por dejarlo y se dijo que todo estaría bien porque ella había vuelto.
Pero ella se fue cada vez, sola.
-Pensé que iba a llevarme con ella, no lo hizo.
-Y eso cómo te hizo sentir?
Tom lo miró furioso. - Molesto, triste, traicionado, abandonado. No lo sé, quizá todo lo que usted ha estado nombrando hoy.
-Sé que no es fácil hablar de tu madre, Tom.
No lo era, Tom prefería hablar de Marvolo Gaunt que de su hija. Y eso decía mucho, porque Tom se negaba a dar cabida en su vida a aquel psicópata, ya tenía suficiente con las pesadillas que protagonizaba cada noche.
-Pero esto fue algo que te marcó profundamente, estas son las bases de tu desconfianza en los adultos, en las figuras que deberían representar protección, seguridad, confianza. Es la razón de tus sentimientos de abandono, de tu rencor hacia ella.
-Cómo no podría odiarla? Me ha mentido toda mi vida, me abandonó en un orfanato en lugar de dejarme en la puerta de una casa Muggle o de magos. Y después volvió por años, llenándome la cabeza de mentiras, de palabras cariñosas que no eran verdad, dándome esperanza y arrebatándomela cada vez.
Y aun así, Tom se había aferrado a su abrigo esa tarde en que desapareció con él y llegó a Little Hangleton. Aun así, Tom había estado feliz de estar con ella, había amado dormir abrazado a su cuerpo delgado y frío. Amaba a la mujer que había enfrentado a su aterrador y psicópata padre para salvarlo, aun cuando podía ir a la cárcel por hacerlo. Cómo podrías amar y odiar tanto a la misma persona?
Sintió sus ojos húmedos de lágrimas no derramadas.
-Es difícil, Tom. El lidiar con todo eso desde el inicio de tu vida, hay muchas cosas que las personas hacen que pueden lastimarnos profundamente, pero también, el proceso de sanar es comprender el porqué de sus acciones. Quizá tu madre no tuvo más opciones o simplemente no supo qué hacer en su situación, era una adolescente cuando te tuvo, una niña que también creció siendo rechazada, sin amor, maltratada.
-Entonces debo perdonarla porque ella también sufrió?
-No. Pero, de hacerlo, la perdonarás cuando sientas que comprendes que ella hizo lo mejor que pudo contigo, porque ella pensó que era lo mejor que podía hacer. Debes perdonarla cuando entiendas sus errores, su vida y sus acciones. Debes perdonarla, cuando sientas que puedes hacerlo.
-Y si comprendo todo eso y aun así no quiero perdonarla?
-Pues será tu decisión, Tom. Pero debes tener cuidado en separar tu orgullo y rencor, del miedo a mostrarte débil, a mostrar emociones.
Tom se sentía agotado. Miró el reloj y vió con entusiasmo que ya quedaban solo siete minutos para que terminara la sesión.
-No veo el sentido de perdonar a alguien cuando te ha hecho tantas cosas malas que ya no sabes si..
-Si que?
-Si la amas o no.
-Los sentimientos son confusos e incontrolables, podemos amar mucho a alguien, a pesar de lo mucho que pueden lastimarnos. Una cosa no tiene que ver con la otra, es incomprensible, de cierto modo. Pero como personas, nos gusta aferrarnos a lo bueno de las personas, también a lo malo, pero las cosas buenas siempre dejan huella en nosotros. Tienes buenos recuerdos con tu madre, supongo- Añadió antes de otra perorata de Tom para desviar el tema. - Y te aferras a ellos en los peores momentos. Pero ahora, has cambiado de ambiente, has vivido cosas que te han hecho cambiar tu mentalidad y pensar que tu madre pudo hacer las cosas de forma diferente, de pensar un poco más en ti, no es así?
Tom asintió.
-Y te preguntas constantemente si está bien perdonarla luego de que te ha hecho dudar tantas veces, si ella es confiable, si puedes apoyarte en ella.
Tom no dijo nada, pero sentía el pecho apretado con ganas de llorar.
-Creo Tom, que las personas se equivocan muchas veces a lo largo de su vida y que está en cada uno de nosotros el decidir sin juzgarlos o comprender por qué lo hicieron, analizar su situación desde lejos. Está en nosotros decidir si queremos dar segundas oportunidades, pero para eso debemos conocer a la persona, comprenderla, como cuando hablamos de la confianza.
Tom volvió a mirar el reloj. Cuatro en punto, saltó de su asiento.
-Ya se ha acabado el tiempo.
Mark sonrió. -Puntual como siempre, Tom.
Él sonrió, feliz de poder irse de allí.
-Bien, tengo otra tarea para ti. Quiero que hagas una lista con las cosas buenas y malas de tu madre. Y la próxima semana hablaremos de tu madre.
Tom hizo una mueca.
-¿No podríamos hablar de mi amistad con el señor Potter?
-Conociéndote solo lo dejarías acercarse para evitar hablar del tema de tu madre.
-No quiero hablar de ella, no todavía.
-Bien, así está mejor. La comunicación Tom, es la clave de todo. Hablaremos de eso en otro momento, pero de igual forma harás la lista.
Tom suspiró, sabía que no conseguiría un mejor acuerdo que ese.
-Bien.
-Nos vemos el jueves, entonces.
-Desgraciadamente.
Mark sonrió. -Que tengas buen día, Tom.
Él salió sin mirar atrás. Pero en su interior Tom quiso gritar, no se sentía bien, ese era uno de esos días en que las sesiones con Mark lo dejaban sintiéndose como atrapado en un nido de abejas, con picazón y mil pensamientos en su cabeza. Hablar de su madre, las pocas veces que lo había hecho, siempre provocaban la misma respuesta.
Sin embargo, las cosas con Mark iban bien, tan bien como podían estarlo luego de casi un mes de ir a sus sesiones, pero Tom siempre terminaba agotado emocionalmente tras hablar sobre sus sentimientos.
Las primeras sesiones habían sido de exploración, Tom había hablado principalmente de Harry y su situación con Ron, Mark había hablado con él sobre la inseguridad, Tom no se consideraba inseguro, él valía mucho, era mejor que Weasley, pero a veces, Tom pensaba que su rareza y la historia de su vida lo hacían una persona desagradable para los demás. Mark, de nuevo, dijo que era inseguridad. Tom estaba trabajando en eso junto a Mark.
También habló sobre ser malvado, por su sangre y lo que había aprendido por Marvolo. Mark le había dicho que el bien y el mal es subjetivo, que todo el mundo tiene un poco de uno y un poco de lo otro, pero era una decisión propia el ser una mala o buena persona. También hablaron de qué consideraba Tom como alguien malvado y alguien bueno, comparó a alguien malo con su abuelo Marvolo y alguien bueno como Harry.
Mark trató de hablar sobre Marvolo, pero en ese punto Tom se cerró como una ostra y se negó a decir nada más que: Él está muerto y enterrado, no quiero volver a saber de él, nunca más.
Mark no había logrado sacar de nuevo el tema, Tom había incendiado los papeles de su escritorio la vez que lo intentó, pensó que el hombre lo echaría, pero solo anotó algo en la libreta que siempre tenía en el regazo y le pidió perdón por ir demasiado rápido.
Luego de eso, Mark y él trabajaron en la conducta de Tom, en como al sentirse incómodo tendía a ser hostil y agresivo, Mark le enseñó ejercicios de respiración y meditación para calmar el sentimiento de ira que surgía en él cada que se enfrentaba a una situación que estaba fuera de su control o que lo hacía sentir vulnerable o incómodo.
En resumen, Tom estaba emocionalmente agotado.
Definitivamente ese sería uno de esos días en que entraría al cuarto de Harry, se metería debajo de las sábanas y le pediría que le leyera el libro de criaturas mágicas de Asia, aun cuando ya lo habían terminado hacía unas semanas. Pero la sola presencia de Harry era suficiente para calmarlo, el niño era como un bálsamo, como estar rodeado de velas con olor a vainilla y ser acariciado por plumas. A Tom le gustaba, no comprendía como lo hacía, pero Harry lo calmaba mejor y más rápido que los ejercicios de respiración o meditación.
Notes:
Alguien más siente mucha tristeza y rabia por la infancia de Tom? Aunque yo soy la culpable de su sufrimiento, me duele mucho el escribir sobre su pasado.
Qué les parece Mark? Es un personaje que tendrá una relevancia para la historia y que aparecerá muy seguido a partir de ahora.
Eso sería todo por esta semana, gracias por su apoyo a la historia y a todos los que se suman a este pequeño rinconcito.
Chau.
Chapter 11: Peleas y charlas profundas
Notes:
Hey! Feliz lunes, lamento no haber publicado cuando correspondía, mi fin de semana ha estado algo ocupado, me ha salido más trabajo últimamente y además estoy haciendo un curso de escritura que he tenido abandonado dos semanas por factor tiempo.
Estoy hecha un desastre. Peeero, aquí les traje el siguiente capítulo.
Gracias por sus kudos y comentarios.
Chapter Text
Capítulo XI
Peleas y charlas profundas
-Qué estás haciendo?
Tom se sobresaltó y trató de ocultar la hoja en la que había estado escribiendo con su antebrazo.
-Es solo una tonta tarea para Mark.
-Si es para Mark, dudo que sea tonta.
Harry era, de los Potter, el que estaba más al tanto de sus sesiones con Mark, al menos de la propia boca de Tom y aun así muchas de las cosas que hablaba con su psicólogo no se las comentaba a Harry. Eran sus inseguridades, sus debilidades y no quería asustarlo, aun cuando Mark le había dicho muchas veces que no había nada de qué avergonzarse o tener miedo. Pero también estuvo de acuerdo en que, cuando él estuviera listo, le diría a Harry las cosas que él quisiera compartir, que estaba bien guardar secretos, incluso a las personas que más queríamos, si no estábamos listos para compartirlos.
Harry estaba sudado, mucho, había corrido al jardín al escuchar llegar a sus tíos Sirius y Remus. Tom los había conocido unas semanas atrás, Sirius era un Black y de inmediato generó una ola de aprehensión y rechazo hacia él o eso fue hasta que vió que era como un niño de diez años encerrado en el cuerpo de un adulto, luego solo lo consideró un idiota y lo despejó como una x en una ecuación matemática. Remus, por otro lado, era más tranquilo y tenía historias interesantes para contar sobre sus viajes con las manadas de hombres lobo con las que se había topado, los Potter hablaron con él esa noche sobre el secreto de Remus y el hecho de que el ministerio y la sociedad no trataba bien a los de su clase.
El propio Tom no consideró seguro el convivir con un hombre que era mitad bestia, por lo que fue políticamente amable, participó en la conversación y luego se fue. No dispuesto a pasar más tiempo cerca de ninguno de los dos, Harry lo respetó y le dijo que iría a jugar con su padrino. Tom estaba llevando mejor eso de compartir a Harry, luego de hablar con Mark del asunto de la posesividad y el miedo a perder a las personas. Aun estaba allí, pero Tom no explotaba ni se aislaba como la primera vez, lo hablaría con Harry todas las veces que fueran necesarias. Era agotador.
-Veo que lo pasaste bien, todos en realidad, menos tu ropa.
Harry se echó a reír, viendo como estaba cubierto de tierra y con agujeros en los pantalones.
-Mamá va a tener un infarto cuando lo vea.
-Te recomiendo botarlo antes de que lo haga.
Harry hizo una mueca. Pero su atención volvía a estar en el papel, eso sí tenía Harry, era extremadamente curioso.
-Pasa algo?
-Nada.
-Deberías ir a bañarte, apestas a sudor.
Harry sonrió malvadamente y se arrojó sobre él, rodeándolo con sus brazos mientras Tom trataba en vano de sacárselo de encima.
-¡Harry! ¡Apártate! ¡Estás llenándome de sudor! Ugh, eres desagradable.
Ambos se echaron a reír mientras seguían forcejeando hasta que la silla de Tom no resistió y cayeron al suelo. Harry se levantó primero, mientras Tom veía estrellas por darse un golpe en la cabeza.
El sonido del papel y la visión de Harry tomándolo y observando el papel, lo que estaba escrito en él, lo volvió loco, un inmenso miedo e ira se apoderaron de él.
-¡Harry! - le arrebató el papel de las manos- ¡No tienes permiso de leerlo! - Gritó.
Harry se sobresaltó y lo miró sorprendido y arrepentido.
-Perdón, yo solo lo recogí y..
Tom cerró los ojos con fuerza y tomó una respiración profunda. Tratando de calmarse.
-Ve a lavarte, Harry. Quiero estar solo un momento. Por favor.
-Vale, lo siento. Ya me voy.
Tom no lo vió irse, siguió en el suelo con los ojos cerrados y respirando, tratando de calmarse mientras escuchaba sus pasos alejarse y cerrar la puerta de la habitación. Minutos después, cuando abrió los ojos, vió el papel en su mano, arrugado en un puño desigual.
Maldijo entre dientes y lo arrojó lejos. Quizá podría ignorar esa única tarea de Mark.
Tom entró a la habitación de Harry, para aquel momento su tío y padrino se habían marchado, la cena había sido silenciosa, Harry se mostró un poco decaído, pero ese hombre Black era bueno para sacarle sonrisas, cosa que Tom agradecía, porque sabía que había hecho sentir mal a Harry. De nuevo.
Y esta vez Tom tendría que disculparse, casi podía escuchar la voz de Mark en su cabeza:
- En momentos de ira podemos hacer y decir cosas que no queremos a personas que amamos mucho, por eso debemos aprender a controlar esa ira y darnos el tiempo para calmarnos. Cuando lo hagas podrás pensar con más claridad y no herir a nadie.
-Y qué pasa si los lastimo?
-Entonces discúlpate.
-No me gusta disculparme, me hace sentir tonto.
-No te hace tonto, es valiente y responsable, es hacerte cargo de tus acciones y así es como mantienes relaciones y amistades duraderas, Tom. Puedes ganar muchas cosas con unos segundos de incomodidad.
Tom lo odiaba, pero sabía que tenía razón. La realización de ello fue como probar carbón ardiendo. Aun así, sabía que lo correcto era disculparse con Harry, era, después de todo, lo que una persona normal y cuerda haría, lo que una buena persona haría.
Además, Tom necesitaba la amistad de Harry mucho más de lo que Harry lo necesitaba a él y eso era más que claro por su pelea por los celos obsesivos de Tom hacía ese idiota falto de modales, sentido común e inteligencia básica del varón Weasley más joven.
Harry estaba en su cama, con algún libro que muy seguramente hablaba de criaturas mágicas en sus piernas. Subió la mirada apenas entró a la habitación.
Tom se quedó quieto, como un ladrón al ser descubierto, sin saber muy bien que hacer o decir. Apretó sus manos en puños y evitó la mirada verde e intensa de Harry.
-Hola, puedo pasar?
-Puedes.
No levantó la mirada para confrontar a Harry, solo caminó, sintiendo la tensión en todo su cuerpo como si una boa constrictor lo estuviera apachurrando hasta la muerte. Debía dejar de leer sobre serpientes con Harry, tenía suficientes dichos, chistes y frases en su vocabulario común sobre ellas como para ser agradable.
Se sentó en silencio en la punta de la cama, aun sin ver a Harry. Y no dijo nada por mucho, mucho tiempo. Harry no habló, cosa que Tom agradeció, mientras los nervios, la ansiedad e indecisión lo consumían, inexplicablemente estos sentimientos fueron disminuyendo hasta sentir paz, la suficiente como para finalmente hablar.
-Yo.. Siento como te traté más temprano.
Harry emitió un sonido que pudo haber sido burlón y de molestia.
-Está bien, Tom. No estoy molesto contigo, pensé que tu lo estabas, por eso no fuí a tu habitación. Supuse que querrías estar solo un rato.
Tom levantó la mirada y vió los ojos honestos y brillantes de Harry, junto con la pequeña sonrisa tranquilizadora.
Así sin más? Todo con Harry solía ser tan.. Sencillo. Era desconcertante y a la vez inexplicablemente tranquilizador.
-De igual forma.. Lo siento, Harry.
El niño se encogió de hombros y se acercó a él, gateando sobre las sábanas hasta darle un abrazo roba alientos marca Potter.
-Está bien, sé que últimamente has estado sintiendo muchas cosas. El señor Mark te dijo que era normal si tenías estas explociones.
-Cómo puedes saber que he estado.. sintiendo cosas?
Tom no le había dicho todo a Harry, hablaba sobre sus conversaciones, las más fáciles de digerir, con él. Pero nunca le decía a Harry la culpa que sentía, el miedo, el rencor que lo carcomía, el pánico de terminar siendo un monstruo como su familia. Todas sus emociones eran complicadas, él las entendía porque era inteligente y no es que lo dijera por ser egocéntrico, Tom de verdad era mucho más listo que los niños de su edad, según Mark era un niño superdotado, intelectualmente hablando.
Tom no se había bajado de la nube en días luego de escucharlo.
Harry se encogió de hombros, ignorando que sus palabras habían despertado gran curiosidad y sopresa en él, como cualquier cosa impresionante que Harry hacía. Nunca parecía estar conciente de ello.
-Solo lo siento.
-Lo sientes?
-Sí, como.. Como el frío y el calor.
-Espera, dices que puedes sentir las emociones?
Harry se encogió de hombros. - Mamá siempre ha dicho que soy muy sensible y observador.
Tom también lo creía, Harry lo había sorprendido muchas veces con sus dotes de observador, era atento, algo bastante bueno segun Mark. Harry era capaz de usar lo que aprendía de las personas con solo verlas, para ganarse su favor. Tom supuso que Harry no era tan inocente como se veía, era astuto pero tonto, sin darse cuenta de sus capacidades para meterse a cualquiera en el bolsillo. Como a él, un superdotado con grandes problemas de apego y dependencia emocional hacia un niño de ocho años. Era patético.
-Podrías decirlo así, sí.
-Harry, si o no, sientes emociones?
Harry le rodó los ojos. - No habías venido para disculparte? Por qué te importa si puedo sentir cómo te sientes?
-Entonces puedes?
-Si!
-Harry, no es normal "sentir" las emociones de los demás. Podemos predecir o suponer, según su manera de actuar, pero no podemos sentirlas como el frío o el calor.
Harry frunció el ceño.
-Supongo que será algo mágico entonces.
A Tom se le prendió el foco. - Claro! Debe serlo!
-No estoy entendiendo nada de esto.
Tom bajó de su nube de entusiasmo y curiosidad.
-Lo siento.
-Está bien, estás entusiasmado por el nuevo proyecto que supone investigar el sentir emociones.
-Harry.. Qué más puedes sentir?
-Bueno.. Pues todo, aunque usualmente siento cosas cuando son muy fuertes.
-Cómo qué?
-Como.. Cuando estás enojado, cuando llegaste era como una nube relampagueante sobre mi, pero también estabas muy triste. También sentí cuando estabas asustado, aquel día cuando caíste de la escoba.
Cuando la madre de Harry lo había apuntado con su varita y casi sufre un ataque de pánico en la cocina. Tom lo recuerda.
-También sentí tu desagrado un par de veces, pero no sabía lo que era. Se siente como tener el estómago revuelto y querer vomitar. Me dí cuenta de lo que era cuando hablamos de no obligarte a hacer lo que no querías.
-Entonces.. Sentiste cuando estaba molesto en casa de los Weasley y aun así no hiciste nada?
-Creí que estabas molesto por ver a tu madre en el callejón Diagon.
Su madre, el tema que había ocasionado la pelea, volvía de forma tan natural a sus bocas.
-No importa. Qué más puedes sentir?
-Amor. Antes de conocerte, era casi lo único que sentía. Aunque también sentí miedo muchas veces, viniendo de mamá, principalmente.
Tom se sintió avergonzado.
-No debes sentir culpa o pena, me alegra poder sentir como se sientes, así puedo ayudarte. - Harry le sonrió dulcemente, Tom no pudo enojarse.
Y le dió algo en que pensar, siempre que estaba enojado, triste o asustado, estar cerca de Harry lo calmaba. Era como un bálsamo, eran solo sus palabras o algo más?
-Y cómo sabes que no son tus emociones?
Harry pensó aún más esta vez- Se siente como.. Si arrojaran comida sobre mi. Al principio pensé que eran mías, pero no podía explicar cómo podía estar tranquilo leyendo un libro a sentirme extremadamente feliz o enojado, sin una razón.
Tom creyó que era genial, solo.. Genial.
-Y qué haces cuando se vuelve demasiado? Es decir, siempre estás sintiendo emociones que no son tuyas, cómo lidias con eso?
Tom se sentía como un investigador, pinchando y preguntando al experimento.
Harry siguió respondiendo dócilmente.
-Solo pienso en relajarme, en como deseo que esa persona se calme y deje de sentirse mal, la verdad es que las emociones felices no me molestan.
-Y las personas se calman?
-Usualmente, lo hacen.
-Lo has hecho conmigo?
Harry guardó silencio.
-No me voy a enfadar si me lo dices.
-Experimenté un poco contigo, supongo. Funcionó cada vez.
Tom estaba anonadado, Harry Potter experimentando su don con él? Qué otras cosas ocultaba el niño? Sin embargo, un pensamiento lo golpeó como una bola de demolición, y si Harry solo era su amigo por lástima?
-Para ya! - Harry lo empujó.
-Deja de leer mis emociones!
-No estoy sintiendo nada, pero tu rostro me lo dice. Crees que solo soy amable contigo porque te tuve lástima, no es así.
-No? No comenzaste a hablarme porque me veía patético y solo?
-Fui amable contigo porque desde que supe de ti quise ser tu amigo, me pareció que necesitabas un amigo. Estabas muy triste, pero no fue por lástima.
-Harry, literalmente estas nombrando características que indican que fue lástima.
-Pues para mi no lo fue! De acuerdo? Soy amable con todo el mundo, no solo contigo. Y qué importa? Somos mejores amigos ahora y eso no va a cambiar.
Tom no supo que pensar. Le gustaba la idea de que Harry fuera su amigo por lástima? Porque pudo sentir sus emociones y quiso ayudarlo? Pero tan mal estaba? Tom estaba seguro que, de poder hacer lo que Harry hacía, no se acercaría a nadie ni sería amable. Todo lo contrario, se burlaría y tomaría sus emociones como una forma de chantaje para defenderse de posibles ataques.
-Bien.
-Bien, ahora. Podemos dormir? Estoy cansado.
-Aquí?
-Sí, quiero dormir en mi cuarto. Mamá me preguntó porque no he cambiado las sábanas desde que llegaste.
Tom estaba seguro de que los Potter mayores sabían que él y Harry dormían juntos. Harry lo vió de una manera que le dejó claro que él también sabía.
-Por qué mantuviste en secreto tu don?
-No creo que sea un don y.. Es divertido mantenerlo en secreto. Si le contara a mis padres entonces tendrían mucho cuidado a mi alrededor.
Oh, Tom estaba seguro de que los padres de Harry no querrían que se enterase de peleas entre ellos.
-Y es divertido, tener un secreto así.
-Y por qué me cuentas?
-Porque eres mi mejor amigo, no hay secretos entre nosotros.
Harry se acostó, su cabeza en la almohada y sus brillantes ojos viendo a Tom de una forma que lo hizo sentir desarmado.
-Lo dices en serio?
-En serio.
Tom se acostó a su lado. - Harry.. Algún día te contaré todos mis secretos. Lo prometo.
Harry sonrió y asintió. - Cuando quieras, Riddle. No hay presión, tenemos hasta la muerte.
Tom sintió un calor cómodo en el pecho, saberse acompañado de tal forma, el escuchar a Harry hablar de la perpetuidad de su amistad con tanta calma.. Era reconfortante saber que todo el mundo a su alrededor podría irse, él solo necesitaba a una persona. A Harry.
-Harry?
-Si?- si voz sonó cansada, sus ojos estaban casi cerrados.
-Prometes que siempre estaremos juntos?
-Lo prometo.
-Sin importar qué?
-Cómo qué?
-Como.. Si decido ser malvado.
-No eres malvado.
-Pero y si lo fuera en el futuro?- Harry lo vió muy serio.
-Aun así, yo, Harry Potter, seré tu mejor amigo. Para siempre, no te dejaré solo. Lo prometo.
-Y yo, Tom Riddle, haré lo que sea para ser el mejor amigo de Harry Potter.
Harry rodó los ojos. - No tienes que hacer nada, solo ser mi amigo.
Después de eso, ambos se acostaron a dormir.
Ambos niños sintieron un tirón en el pecho ante sus palabras, seguido de un chasquido, pero ninguno se dió cuenta del juramento que acababan de realizar. No hasta muchos años después.
Tom entró a la consulta de Mark sintiéndose tenso y ansioso, mientras más tiempo pasaba las conversaciones eran más serias, más profundas y usualmente terminaban llevándolo al límite de sus emociones. Tom presentía que ese día no iba a ser la excepción, se supone hablarían del señor Potter, de su miedo y desconfianza a los adultos. Probablemente, Mark intentaría tocar el tema de su madre, de forma suave.
-Buen día, Tom.
-Buen día - Tom no lo sentía así.
-Cómo estuvo todo en casa?
Tom quería retrasar lo inevitable por el tiempo que pudiera.
-Bien, estuvo tranquilo.
Mark asintió y guardó silencio, Tom sabía que solo tenía poco tiempo antes de que el propio silencio de Tom lo indujera a hablar.
-Puedo hacerte una pregunta?
-Puedes.
-¿Existen magos que pueden sentir emociones?
Mark levantó una ceja.
-Es una pregunta curiosa, un poco sorprendente.
Entre sus palabras Tom sabía que estaba implícito el "estás evadiendo la conversación que tenemos pendiente".
-Y de dónde viene esa curiosa pregunta?
-Solo tengo curiosidad.
-Bueno.. Puedo satisfacer un poco esa curiosidad y luego tu y yo podemos hablar de la tarea del martes. ¿Te parece bien?
Tom lo vió como un desafío.
-Bien.
-Bien. Bueno Tom, existen magos que tienen una capacidad para sentir las emociones de los demás a su alrededor. Se les llama "empáticos", pero no como el término Muggle. Se trata de magos capaces de sentir las emociones de las personas que están a su alrededor, usualmente cuando estas son bastante intensas.
-Y es posible que puedan manipular las emociones?
Mark alzó una ceja.
-Sí, algunos podrían hacerlo. Pero los magos con estas capacidades son inusuales, algunos solo pueden sentir las emociones, nada más, otros pueden influir en ellas y hacer que la persona cambie su humor bajo sus deseos. Puede ser peligroso incluso, el ser empático, es como.. Lanzar un embrujo sobre alguien, solo que no tan intenso, sin embargo, hay casos en donde la persona podría oponerse a sus sentidos si lo encuentra ilógico.
-Es como arrojar una maldición imperius. - señaló Tom. El niño vió como Mark no estaba muy contento con su comparación, después de todo, se supone que los niños no deben saber de esas cosas. Tom lo ignoró. - Y es peligroso para la persona? Es decir, para el empático?
-Es peligroso cuando el mago en cuestión comienza a crecer junto a su núcleo mágico, por lo que su percepción de las emociones de los demás crece. Pueden llegar a ser influenciados por las emociones de los demás, si estas son muy intensas, incluso, si no son conscientes de su capacidad, pueden confundir estas emociones como propias y actuar en base a ellas.
Tom se tensó en su asiento.
-Es por esa razón que, al descubrir que un mago es empático, se le enseña el arte de la magia mental, como la oclumancia, para generar escudos mentales que mantengan a raya la percepción de las emociones ajenas.
Tom asintió.
-Satisfecho ahora con la información?
-A duras penas, me gustaría hablar más del tema.
-Podemos dedicar unos pocos minutos de cada día a hablar de temas que te parezcan enriquecedores. Pero por ahora, hablaremos de tu tarea.
Tom suspiró, irritado.
-Te molesta el tema del que vamos a hablar?
-No quiero hablar de él, es innecesario.
-Es necesario Tom, el sanar tu relación con los adultos y la desconfianza que estos te generan.
-Y para qué? Cuando crezca eso no va a importar.
Tom solo estaba ganando tiempo, negándose a hablar dando mil y un excusas, aunque todo era verdad. No veía el sentido de sentarse a hablar con Mark sobre sus relaciones personales. Había cosas que simplemente estaban fuera de la ecuación, como el tema de Marvolo y Morfin, como la noche del 21 de Diciembre, como su madre.
-Importará porque estarás rodeado de adultos y tú mismo serás uno, debes tener relaciones y convivir con ellos para todo.
-Puedo convivir, pero no tengo que confiar ni ser amigo de ellos. Muchos adultos son falsos y mentirosos, incluso con las personas que ellos llaman "amigos", por qué no puedo yo saltarme esos modos inútiles de integrarme a la sociedad?
Mark suspiró y se echó hacia adelante en su silla.
-No todos son iguales, Tom. No puedes juzgar a todos por las acciones de unos pocos.
-Eso suena a una frase tonta de revista, Mark.
-Aunque lo haga, es un hecho. No todas las pociones hacen lo mismo, aun cuando tienen ingredientes similares. No lucen ni huelen igual.
-Son pociones, no personas.
-Aplica lo mismo. Por ejemplo, cuando hablamos de tu tiempo en Wools.- Tom se tensó y miró a Mark con ojos asesinos. Se arrepentía tanto de haber dado esa información, pero era eso o hablar de Merope, Tom negoció con esa historia. - Dijiste que todos los niños eran crueles, tontos, mal intencionados y manipuladores. Y ahí tienes a Harry, que es listo, amable y un buen amigo.
Tom quiso rodar los ojos. Mark siempre usaba a Harry para hacerlo entrar en razón, era molesto.
-Y ahí tienes a sus padres, que, como tú mismo los has descrito son: amables, agradables e incapaces de maltratarte a ti o a Harry. Y a la vez, son adultos. Entonces.. ¿No crees que pueden existir las excepciones?
Tom solo se encogió de hombros, no dispuesto a responder.
-Como hablamos el martes Tom, la confianza, el tener otra persona en la cual apoyarse es importante. No solo para tomar provecho de lo que pueden ofrecer. Tener vínculos emocionales con otras personas ayuda a nuestra autoestima, incrementa nuestra felicidad, reduce el estrés y nos otorga una sensación de seguridad, de soporte.
Tom sintió que Mark estaba tratando de venderle la idea, como esos comerciales de la tele que pocas veces pudo ver al visitar la oficina de la señora Cole en Wools, Tom era capaz de escuchar los comerciales y la voz fuerte y odiosa de la mujer, al mismo tiempo. Era un sonido que le ponía los pelos de punta, le hacía doler el estómago y sus músculos tensarse.
-No me siento relajado cerca de las personas.
-Bueno, no todo el mundo se relaja alrededor de todos. Solo de aquellos con los que siente confianza.
-Y no me siento relajado tratando de darles mi confianza.
Mark asintió.
-Dime, Tom.. ¿Seguirás dándole vueltas al asunto para no hablar sobre tu tarea?
-Estamos hablando de la confianza, no veo cómo es eso darle vueltas al asunto.
-En efecto, he aprendido cosas de ti en la conversación.
-Pues entonces no ha perdido su tiempo.
-Nunca hablé de perder el tiempo, quizá tu pienses que es así. - Mark alzó una ceja. Tom sintió que había caído en su propia trampa.
-No lo hago, solo era un comentario.
-Bien entonces.
Se quedaron en silencio.
-No hice mi tarea, no tuve tiempo, solo me dió dos días, no es suficiente.
Mark asintió. - Es cierto, pero puedes comenzar a trabajar en eso desde ahora y cada sesión podemos hablar un poco sobre lo que descubras. Tendrás más tiempo ahora que viene el fin de semana.
Tom guardó silencio.
-¿Hay algo de lo que quieras hablar?
-Tuve una discusión con Harry, me enojé y lo eché de mi habitación, luego me disculpé y tuvimos una conversación agradable.
-Eso es bueno, cómo te sentiste al solucionar las cosas?
-Me sentí bien, más controlado.
Mark sonrió.
-Y por qué pelearon Harry y tú?
Tom se arrepintió de sacar el tema.
-Harry vió algo en lo que estaba trabajando, no quería que lo viera. Me enojé, porque él es.. Harry no suele respetar la privacidad y es muy curioso, pero creo que tendrá más cuidado, después de lo que pasó.
-Bien, recuerda que debes hablar de las cosas que no te gustan, Tom. Poner límites no es malo, es enseñar a la persona como quieres ser tratado, qué te gusta y que no. Y de la misma forma tú debes aprender eso del contrario. Así su amistad podrá florecer y ambos se entenderán mejor.
Tom asintió, aquello fue demasiado meloso de escuchar.
-Bueno, el día de hoy ha sido interesante y ha puesto muchas cosas en perspectiva.
-Por qué presiento que me darás más tarea?
Mark se echó a reír.
-Podrás trabajar en esto con calma. Trabajaremos en tu confianza a las personas y tu miedo a los adultos por un tiempo. De acuerdo? No nos apresuramos.
Tom se sintió un poco más calmado.
-Lo que quiero que hagas, Tom. Es que, cuando estés con los Potter, seas honesto, dí lo que sientes y piensas, no tiene que ser todo o de inmediato. Puedes comenzar con cosas pequeñas, de acuerdo? Cómo pedir una segunda rebanada de pastel cuando la quieres o decir que no cuando algo no te guste, sin que Harry lo haga por ti, está bien?
-Y eso de qué servirá?
-Eso, te permitirá sentir seguridad y confianza de expresarte, sin miedo a ser juzgado o a recibir castigos por ello.
-Y si me castigan o me odian? Si digo todo lo que pienso pensarán que soy un monstruo.
-Yo te escucho dos veces por semana desde hace meses y no pienso que seas un monstruo.
-Eso es porque el ministerio te paga, me ves como un saco de oro.
-Luego trabajaremos en tu amor propio y tu autopercepción.
Tom rodó los ojos. Pero anotó la palabra "autopercepción" en su cabeza, para buscarla en el diccionario cuando llegara a casa.
-Y quiero que comiences un diario. - Tom bufó. - Escribirás tus pensamientos en el, al menos dos veces por semana. Cada que algo te moleste, algo que no quieras compartir, o cuando no puedas decir algo por temor, lo vas a escribir. No tienes que hablarlo conmigo si no quieres, ni con nadie. Es solo para ti.
Tom tendría que aprender unos hechizos de seguridad primero. No confiaba en que nadie tratara de leerlo.
-Y de qué sirve escribir si no le contaré nada de lo que escriba?
-Porque lograrás sacarlo de tu cabeza, Tom. Te ayudará a comprender mejor cómo te sientes y a desahogarte con algo que sabes que no te juzgará, ni te rechazará, ni contará lo que le cuentes.
Tom lo vió bastante atractivo.
-Está bien.
Mark asintió.
-Bien, creo que hoy terminaremos antes. Nos quedan solo diez minutos.
Tom se puso de pie.
-¡Entonces me voy!
-Bien, hasta el próximo martes!
-Por desgracia.- dijo Tom antes de cerrar la puerta y salir al pasillo del piso de salud mental de San Mungo. Los Potter mayores estaban sentados en la sala de espera, como cada martes y jueves. Al verlo llegar dejaron de leer, el señor James tenía una revista de Quidditch y la señora Lily estaba leyendo un libro Muggle llamado Cumbres Borrascosas. Tom lo encontraba poco atractivo, pero mejor que la revista del señor Potter.
-Hey! Saliste antes. - Saludó el señor Potter, últimamente Tom podía notar ese brillo de ansias en sus ojos cada que iniciaba una conversación con él. No le gustaba.
-Sí, hoy fue tranquilo.
Miró a la señora Potter, con su sonrisa cálida. Igual a la de Harry.
-¿Y te fue bien hoy?
-Bien. - Asintió, sin decir nada más.
-Bueno, qué te parece si hoy cenamos hamburguesas? James y yo estábamos hablando de comprar helado y ver una película en casa. ¿Te gustaría?
No era una mala idea, Tom preferiría estar en su habitación, asimilando el día de terapia. Pero la sesión con Mark no había entrado a terreno escabroso y aunque lo detestaba, sabía que debía esforzarse por hacer su tarea y eso era convivir con los padres de Harry. Tom sintió molestia, no era suficiente con hacer pociones con la señora Lily en su laboratorio cada semana?
Claro que después de las primeras clases Tom demostró que había leído el material y ya no permitía que se le acercara tanto, habiendo escarbado sus malos recuerdos con Mark, ya no se sentía tan cómodo con la mujer. Aun así, Tom le tenía un gran aprecio, más que al señor James. La señora Lily le gustaba, era dulce con él, le sonreía, le daba libros de pociones y le enseñaba.. Y Tom odiaba esa parte débil de él, odiaba cómo estaba buscando afecto en la señora Potter porque su madre nunca le había hecho sentir así.
Y no había corregido a esa mujer en la tienda de ropa, cuando lo llamó su hijo.
Pero era peligroso, tenía miedo de encariñarse y que la señora Potter terminara siendo otra decepción. Algo que no pensaba contarle a Mark, no por mucho tiempo, al menos.
-Está bien.
-Bien, tenemos algunas opciones. Veremos dos películas, así Harry puede elegir una y tu otra. - Esta vez, el señor James habló. Era como si los dos hubieran ensayado la conversación, Tom no pudo evitar pensar que el señor James se veía patético persiguiendo la atención de un niño de nueve años.
Lo está intentando, no seas duro con él.
Debía dejar de escuchar la voz de Mark en su cabeza.
Él asintió. - Está bien.
El señor James sonrió, Tom vió que estaba nervioso pero parecía ser sincero. Le divirtió lo mucho que se parecía a Harry con ese gesto.
-Bueno, vamos a casa entonces.
Tom los siguió hasta las chimeneas y respiró profundo. Le esperaba un fin de semana estresante con todos los deberes que Mark le había dado.
Oficina del psicomago Mark Warren (Después de la primera sesión de Tom)
-Señores Potter, pasen por favor.
Lily y James entraron al consultorio mirando las paredes verdes y pálidas y los sofás de un marrón oscuro.
-Soy Mark Warren. Es un gusto conocerlos.
Tras un apretón de manos todos estaban sentados.
-Y bien? Qué tal está Tom?
Mark se echó a reír cuando Lily chistó a su esposo por ser tan grosero y directo.
-Tranquila señora Potter, entiendo que estén ansiosos por saber cómo está Tom. Bueno.. Debo confesar que Tom ha sido reservado, se ha mostrado desconfiado, a la defensiva y evasiva de la mayor parte de mis preguntas. Pero, considerando lo que me contaron con anterioridad de él y al haber estudiado su caso.. Es una conducta que me esperaba.
Ambos Potter asintieron.
-Nosotros solo.. estamos preocupados, Tom es un niño maravilloso, la verdad es que no es como el resto de los niños, no es ruidoso o travieso, no es de los que suelen jugar y su comportamiento y forma de hablar a veces es como la de un adulto. - Habló Lily- Yo solo.. Me preocupa que no pueda vivir una infancia normal por lo que pasó en el pasado. Y luego está este tema.. Tom se muestra aterrado al verse apuntado con una varita mágica y, hace poco más de una semana vimos a su madre en el Callejón Diagon y él se descompuso por completo, huyó de ella como la peste y pasó unos días muy extraños, no salía de su habitación e incluso evitaba a nuestro hijo..
-Harry, no es así?
Lily se mostró un poco sorprendida por el cambio en la conversación.
-Oh, sí. Mi hijo y Tom son buenos amigos, ambos se adoran.
-Sí, Tom habló sobre él. Mucho, de hecho.
Los Potter sonrieron.
-Nuestro hijo Harry es muy dulce, desde que se vieron por primera vez han sido amigos. La verdad es que Harry nos ha ayudado mucho con Tom.
El señor Mark asintió.
-Es bastante peculiar como Tom se ha vinculado a Harry, niños como él.. Que viven traumas en la infancia como Tom, suelen ser reservados y solitarios, pero el que sea capaz de mantener un amigo es algo muy bueno, una buena señal.
Ambos padres asintieron.
-Tom muestra signos de ansiedad y presenta un estado de alerta constante, esto debido a ser abandonado y vivir en un ambiente hostil, sin amor o cuidados, por lo que fue un niño que se crió y cuidó a si mismo como pudo, por eso mismo verán que es un niño muy independiente y orgulloso, a diferencia de otros niños él no pedirá ayuda para conseguir o resolver algo, en su mente él está solo y él debe buscar soluciones por su cuenta porque nunca tuvo un adulto que le demostrara que podía confiar o que cuidara de él. Así que deben ser pacientes con él y comprenderlo, eso no significa que le dejarán de lado, Tom no pedirá amor de ninguna manera, porque teme el rechazo, pero todo niño lo necesita, más en la infancia.
-Y cómo.. Cómo podemos hacerlo confiar en nosotros? Es decir, Tom es amable, es respetuoso y habla con nosotros, pero siempre es muy formal y muy complaciente. Como si tuviera miedo de no agradarnos. Pero me doy cuenta de que él realmente tiene una barrera entre nosotros y él.
Mark asintió.
-No será fácil, en primer lugar, ustedes son extraños para él, aunque Tom está acostumbrado a los extraños y se ha visto obligado a adaptarse bien a cualquier lugar al que ha llegado, esto como mecanismo de defensa. Tom es un niño brillante, de verdad lo es, razón por la cual sabe como debe comportarse para agradar. En su mente él debe ser el niño perfecto para no ser devuelto a donde estaba antes.
Lily sintió que su corazón se rompía.
-Deben demostrarle que está a salvo, que ustedes son adultos en los que puede confiar. Pero eso llevará tiempo y Tom solo los aceptará cuando esté listo Una cosa más: ¿Tom ha mostrado signos de ataques de pánico?
Ambos padres se miraron.
-La verdad es que no, la única vez que lo he visto descompuesto fue.. Bueno, mi esposo quiso jugar a Quidditch y Tom tuvo un accidente. Tuve que arreglar su nariz con un hechizo rápido y él se quedó paralizado al verme apuntarle con mi varita y luego de eso salió corriendo a su habitación, no bajó hasta la cena. Y luego la situación con su madre, él se desconectó, no era capaz de hablar, era como un autómata, sudaba, temblaba, estaba pálido y se aferraba a Harry con miedo. Al llegar a casa se encerró en su habitación y no hubo manera de entrar. La magia accidental de Tom es bastante fuerte y sale cuando sus emociones se alteran.
-Yo lo ví cuando su madre le dijo que no podría ir con ella. Explotó de ira, rompió las ventanas de la habitación.. Pero no parecía estar en pánico, solo muy molesto.
-Bueno, también es común ver estos arranques exagerados de ira o cualquier otra emoción. Estamos hablando de un niño, su cerebro aun no sabe regular sus emociones y si a eso le añadimos el crecer en un ambiente en donde aprendió a reprimir sus verdaderos sentimientos para sobrevivir.. Tendremos como resultado un niño que puede explotar ante cualquier situación, por muy mínima que sea, si esto le genera un sentimiento de inseguridad, ira o miedo, incluso felicidad.
-El rechazo a su madre es algo que aun debo profundizar con Tom, se ha negado a hablar de ella, a excepción de un par de cosas.
-Eso me preocupa señor Mark, no es que quiera que Tom se lleve bien con su madre para que se vaya más rápido de casa, pero es su madre, todo niño necesita de su madre y yo quiero que la relación entre ellos sane. Su madre está muy herida y preocupada por él, Tom se niega a ver sus cartas, incluso finge que no existen, aun cuando las menciono de vez en cuando o las dejo donde pueda verlas.
-Leí el testimonio de la madre durante el juicio y digo, como una hipótesis basada en mi experiencia, ya que solo sabré más cuando Tom hable del tema. Que la situación entre él y su madre tiene muchos problemas, Tom debe estar resentido con ella por ser abandonado, debe culparla por todo lo malo que le ha sucedido y en cierto modo, tiene razón. Ahora él está en un hogar estable, con personas que le cuidan mejor que ella, sin maltratos, no es tan normal que Tom priorice su seguridad y estabilidad antes de estar con su madre, en estos casos los niños tienden a aferrarse a ciertas personas, a ser dependientes emocionalmente de alguien, puesto que buscan desesperadamente ese amor que se les negó antes, en este caso de sus padres. Pero no es el caso de Tom.
Ambos Potter asintieron.
-En conclusión señores Potter, Tom ha sufrido múltiples traumas, ha sido abandonado, descuidado y abusado mental y físicamente. Eso ha provocado que sea un niño desconfiado, ansioso, reservado y con una autoestima baja. Es importante sanar esos traumas para que no arrastre estos a la adultez y pueda tener una vida plena, saludable y feliz. Pero no será fácil o rápido.
-De acuerdo. - Ambos padres volvieron a asentir.
-También, me gustaría conocer a su madre y hablar con ella, eso me ayudará a conocer mejor a Tom y la situación con su madre.
-Oh! Bien, podemos pedirle a Merope que venga otro día.
-Bien. Bueno, eso sería todo por ahora, si necesitan saber algo más de Tom les mantendré informados mientras este se abra más al diálogo.
Chapter 12
Notes:
Pido perdón! Es lo primero que diré, he estado estresada y mi nivel de motivación para escribir ha bajado mucho, estoy tratando de recuperarlo.
En fin, aquí traigo el capítulo correspondiente al fin de semana.
Gracias por su apoyo ❤️
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XII
Un Tom Riddle descontrolado emocionalmente, más de lo normal.
La película con los Potter podría definirse de muchas formas, Tom podría hablar de ello por horas, enumerando lo que le había gustado de ello, lo que había estado regular y lo absolutamente desagradable.
Pero para fines de estudio, él podría definirlo como:
Emocionante. Incómodo. Y molesto. Muy molesto.
El señor James había estado toda la noche buscando maneras de hablar con él, no de forma extendida, solo comentarios. Tom ya se sentía como un gato erizado y aquella conducta no ayudaba.
No fue hasta que el Potter mayor le ofreció algo, Tom no podía recordar el qué, que contestó con un tono irritante y molesto: No. Solo quiero ver la película en silencio.
El señor Potter no volvió a hablar y la señora Potter y Harry lo miraron con expresiones diferentes. La señora Lily lo vió apenada, Harry con algo parecido a la lástima. Aquello lo enojó más.
Pero no fue hasta que los Potter se unieron en un abrazo familiar, sin él. Que Tom estalló en cólera, sabía que él mismo se lo había ganado al no querer compartir la manta con ellos, que él mismo había dicho que estaba bien. Pero aun así, ver como los Potter abrazaban a Harry, reían con él, le daban chocolates y peinaban su cabello.. Lo enojó tanto.
No miraron la película que Harry había elegido, debido a un fuerte dolor de cabeza. Tom no se perdió su mirada anhelante cuando entró en su habitación sin invitarlo, Harry tampoco lo siguió esa noche.
Tom pasó mucho tiempo viendo el techo, arrepintiéndose de su trato al señor Potter, odiándose por ser grosero, sintiendo miedo de que pudieran hablar de lo grosero que había sido, de lo malagradecido que era.
Odió a Mark por aconsejarle ser honesto, no había pasado ni un día y Tom ya estaba arrepentido de "ser el mismo".
-Sigues enojado?- Harry lo dejó en paz casi un día entero, lo cual era mucho, siendo como era su amigo.
-No estoy enojado. - Harry lo atrapó en el mejor momento, es decir, el peor para él, cuando justo estaba documentando sus experiencias en el tonto diario que Mark le había recomendado hacer. Hasta ahora, su letra parecía agresiva, incluso había hoyos en las páginas. Tom no se enorgullecía de ello, no le gustaba el aspecto que tenía, descuidado y sucio. Algo que él no sería nunca más.
-Ayer te enojaste.
Tom deseó que el estúpido don de Harry se esfumara.
-Ya no estoy enojado.
Harry lo miró precavido. Tom lo odió, acaso pensaba que iba a golpearlo o algo?
-Te estás enojando de nuevo.
-Puedes dejar de leer mis emociones?!
Harry frunció el ceño.
-No puedo controlarlo. - dijo también en un tono molesto. - No es mi culpa que siempre estés molesto.
Tom lo miró sorprendido, Harry de nuevo le contestaba, no le gustó.
-Es tu culpa por entrar sin avisar y meterte en lo que no te importa.
-Sabes qué? Me voy.
Y tras darse media vuelta, salió dando un portazo.
¿Qué demonios le pasaba a Harry?
Tom se sintió peor, culpable, molesto.
Decir lo que piensa, ser honesto, cómo no! Los Potter lo esperarían con su baúl en la sala un día cercano.
Harry entró a su habitación temblando de rabia, no entendía porqué estaba tan molesto, él casi nunca se enojaba y además.. Sabía que Tom siempre estaba enojado luego de volver de sus sesiones con Mark. Pero aun así estaba enojado, por qué Tom tenía que ser tan grosero con él? Él solo había ido a preguntar si quería jugar al ajedrez, estaba dispuesto a perder cada vez para pasar tiempo con Tom.
No, no quería pasar tiempo con él. Tom era un idiota y Harry estaba enojado. Pero por qué? Tom era como era, a él no le molestaba, por qué de repente estaba tan enojado? Ni siquiera había sido una pelea seria, era tonto, estúpido.
Harry no lo entendía y como cada vez que no entendía algo, se echó a llorar.
El enojo desapareció tiempo después, dejando a Harry sin energía, confundido y triste. ¿Por qué se había enojado así con Tom? ¿Por qué lo había tratado mal?
Los días siguieron pasando, Harry se disculpó, él también lo hizo pero volvían a pelear seguido. Harry parecía explotar ante la más mínima cosa y Tom igual, por lo que llegaron al acuerdo de estar solos durante el día y dormir juntos por la noche, enojados o no. Tom había desarrollado el terrible hábito de enumerar maleficios en orden de "no tan letal" a "extremadamente mortífero y espantoso", para relajarse y dejar ir el enojo. Definitivamente servía más cuando imaginaba lanzarlos, pero solo lo hizo una vez, cuando el señor Potter trató de, de nuevo, convivir con él.
La mirada que Tom le dirigió tuvo que haber sido mala, porque el señor Potter perdió la sonrisa y se alejó con cuidado. Tom perdió el apetito y se encerró en su habitación, molesto de nuevo. Esa noche dejó a Harry fuera. Y el día siguiente a ese, fingió una enfermedad para no ir a la sesión con Mark, lo último que necesitaba era recordar como estaba fracasando épicamente en hacerse amigo de los Potter, incluso poniendo en riesgo su única amistad con el Potter menor.
Comenzó a llenarse de tanta ira que Harry no podía estar a su alrededor sin preguntar porqué estaba enojado. Se decidió por ir a la biblioteca cada día y leer lo que fuera, aunque era una excusa para escribir en su diario cada cosa que le molestaba, como la bondad de los Potter, el amor de los Potter por Harry, como él mismo no era tratado de la misma forma. Como deseaba malamente que ignoraran a Harry y lo amaran a él, como odiaba el desearlo y lo estúpido que se sentía, lo débil que sonaba. Solía terminar sus palabras con: los débiles son más fáciles de lastimar y no pienso dejar que vuelvan a lastimarme.
Definitivamente, no fue una buena semana.
Faltó de nuevo el jueves, ese día jugó en silencio con Harry al ajedrez. Tom consideraba que su amistad era extraña, como últimamente no podían estar sin pelear y aun así Harry continuaba buscándolo o al revés, logrando tener momentos pacíficos antes de volver a pelear. A Tom no le gustaba pelear, pero no podía hacer que el odio que sentía hacía Harry se detuviera, por un momento era su amigo y luego era un niño que tenía todo lo que él no, restregándolo en su cara.
Las lecciones de pociones con la señora Lily eran silenciosas y Tom logró no meter la pata con ella, aun así fue frío y distante. Atrás quedó esa parte de él que preguntaba cosas y deseaba que peinaran su cabello. No quería el mismo trato mediocre que le daba a su hijo en mayor cantidad y no lo necesitaba, eso lo haría débil, tonto y él no lo era.
No se perdió como la señora Lily le miró triste cuando se retrajo, huyendo de su mano.
Se arrepintió apenas lo hizo.
¿Por qué seguía haciendo cosas para que los Potter lo odiaran cuando quería lo opuesto? Era algo que no podía entender.
Finalmente, llegó la siguiente semana y Tom ya no soportaba más el ir y venir a casa de los Weasley, hacer tareas, pelear con Harry e ignorar y alejar a los Potter mayores.
Así que el martes Tom entró como una fuerza de la naturaleza al consultorio de Mark. Demasiado frustrado, enojado y asustado.
-Buen día, Tom.
-Podemos ir al grano hoy?
-Veo que quieres hablarme de algo.
Tom suspiró. -Solo voy a decirlo una vez, solo una vez.
Mark asintió. - De acuerdo. Soy todo oídos.
Tom rodó los ojos. - Tengo miedo, tengo miedo de que los Potter me odien y me echen a la calle.
Tom mordió su mejilla hasta que sintió dolor y el sabor a óxido de su propia sangre. Cerró sus manos en puños para evitar verlas temblar.
-No quiero ser yo mismo con ellos, quiero ser un buen chico como Harry, un niño normal. Porque así no van a pensar que soy raro, o malo o que estoy dañado. Porque nadie se queda conmigo cuando soy yo mismo.
La mujer del orfanato que dijo que iba a adoptarlo, los niños de Wools que eran amigos de todos menos de él, su madre que lo había dejado una y otra vez.. Su tío Morfin, con sus celos enfermizos y su locura. Su abuelo, considerándolo una abominación.
Los Potter eran buenos, amables, lo trataban bien, le compraban ropa nueva y a la moda, libros y le preguntaban cómo estaba aun cuando Tom era de respuestas cortas y secas.
-No puedo decirles que desearía tumbar a Ronald Weasley de su escoba por ser amigo de Harry o que cuando estoy enojado enumero maleficios oscuros de mejor a peor hasta calmarme. Soy raro, soy malo y ellos me van a dejar si se enteran porque no querrán a alguien como yo cerca de Harry o de ellos. Y yo tendré que volver con Merope y no quiero, no quiero volver con ella, quiero quedarme con los Potter, deseo que ellos sean mis padres. Deseo.. Quisiera ser Harry, muchas veces y, últimamente, cuando veo a Harry con sus padres, yo.. siento celos. Quiero que me amen como a él pero a la vez me da miedo que me amen, que quieran acercarse a mi.
Y Harry se había dado cuenta de ello, había notado sus miradas agrias cuando su madre le abrazaba o su padre alborotaba su cabello. Tom fingía que nada pasaba, pero sabía que Harry podía sentir sus celos corrosivos, algo más por lo cual estaba resentido con el niño. Se podía querer y odiar a alguien al mismo tiempo?
-Y creo.. Algunas veces creo que lo odio, que odio a Harry por lo que tiene, porque él es feliz y yo no. Porque nunca tendrá que vivir lo que yo, nunca se sentirá como yo. Porque él no tiene que esforzarse cada día en agradarle a los demás, en ser bueno, en ser perfecto para que lo acepten o al menos lo toleren. Él solo debe llegar y sonreír y todo el mundo cree que es increíble. A mi me ven y sienten lástima pero también desconfianza, por quién es mi familia, por quién soy yo y me enoja tanto.
Tom estaba tan enojado, su ira crecía mientras más hablaba. Los adornos de cristal de la estantería a su costado derecho estaban temblando con un tintineo ruidoso que inundaba la habitación junto con su voz.
-Me enfurece que tenga que ser alguien que no soy para complacer a unos idiotas que ni siquiera me conocen. Me enfurece que no puedan quererme por quién soy, me odio, me odio por ser así, por pensar como pienso. Odio que me importe tanto lo que piensen de mí, odio querer que me quieran.
Me hace sentir débil. Pensó.
Los cristales se quebraron con un estallido y volaron por la habitación. Tom lo miró impresionado para luego ver a Mark, quién tenía su varita en alto señalándolo con ella, Tom se tensó en su asiento y sintió su alma caer a sus pies.
-Tranquilo, solo estoy erigiendo un escudo protector para evitar que los cristales te corten.
Bajó su varita de inmediato.
Tom notó que ya no tenía nada más que decir, se sentía avergonzado, débil y tonto. Pero al mismo tiempo un peso inmenso se había ido.
-Gracias, Tom. - Tom miró a Mark confundido. - Por tu honestidad, ¿te sientes mejor al dejarlo salir?
-Sí.
-Puedo hablar ahora?
-Si digo que no te quedarás callado por la próxima media hora?
Mark sonrió y se encogió de hombros. - Podría hacerlo, has dado un gran paso hoy. Puedo concederte un descanso.
Tom suspiró y miró el desastre de vidrio alrededor de sus pies, había de todos colores y tamaños. De alguna forma se veía hermoso, como un arcoiris despedazado.
-No hablar de eso ahora solo hará que hablemos de eso después.
Tom no iba a admitir que necesitaba las palabras calmantes de Mark para no sentirse tan mal como se sentía. No iba a admitir que las repetía una y otra vez por las noches.
-De acuerdo. - asintió. - Bueno Tom, tus temores y emociones son válidas y me alegra que las menciones porque así podemos avanzar y sanarlas.
Tom comenzó a arrepentirse de aceptar una media hora de charla.
-Los celos son normales e incluso sanos, a veces, si lo vemos desde otro foco. Porque nos muestra lo que no nos gusta de nosotros mismos o nuestro entorno, nos muestra lo que deseamos desesperadamente y eso mismo puede ser tomado como un incentivo para esforzarse a tener una vida diferente.
-¿No es malo sentir celos?
-Es normal sentir celos, Tom. Todo el mundo siente celos en algún momento. Lo malo es aferrarse a esos celos, obsesionarse y querer lastimar a otros por lo que no se tiene.
-Entonces soy malo.
-Quieres lastimar a Harry para quedarte con sus padres?
-No.
-Por qué no?
Tom bufó y se cruzó de brazos. Tardó en responder.
-Porque es mi mejor amigo.. Y lo quiero. Pero hice esas cosas en el pasado a otros, personas a las que no quería.
-Qué hiciste?
Tom sintió su rostro caliente.
-Robé cosas.
-Por qué?
-Qué no estamos hablando de eso? Por celos, porque eran unos maltratadores idiotas que se metían conmigo y me buscaban castigos con la matrona. Los odio.
Oh sí, porque Tom no los olvidaba, el odio y rencor seguía vivo y coleando en su corazón.
-Eso no suena a celos, suena a venganza, son cosas diferentes.
Tom lo consideró.
-Supongo que era más lo segundo. Pero eso no me hace malo?
-Bueno, el tomar cosas que no te pertenecen no es correcto, pero reconocerlo como algo malo es bueno.
Tom sintió ganas de golpearlo.
-Por qué sería bueno? Si un auror me escuchara me metería en Azkaban.
-Reconocer tus errores es bueno, Tom. Porque demuestra que tienes noción de lo que es bueno y malo. Y contrario a lo que piensas, nadie nace siendo bueno o malo, las personas son más complicadas que eso, todos pueden hacer cosas malas o buenas, lo único que necesitan es ejecutarlo. Pero saber que es bueno y que es malo te ayuda a medir tus acciones antes de ejecutarlas y pensar si está bien, si es correcto y cómo afectará eso a tu vida.
-Básicamente, sí sé que algo será perjudicial para mí, como darme un paso directo a Azkaban, no lo hago. Aunque me muera por hacerlo.
-Todos podemos tener pensamientos oscuros, Tom. Pero lo que nos define es el poder elegir si queremos actuar según esos pensamientos o no. Porque al final del día lo único que importa es lo que hacemos no lo que nos abstenemos de hacer.
-Y eso no es lo mismo que ocultar quién soy para ser aceptado?
-No, porque puedes ser tú mismo al tomar las decisiones, eres tú el que decide qué camino seguir. Por ejemplo, pudiste elegir llegar aquí hoy y mentirme, decirme que lo estás haciendo bien con los Potter, que te relacionas mejor con ellos, que todo va bien. En cambio, llegaste a mi consultorio como una estampida de centauros y escupiste toda esta información. Y por qué harías eso?
Tom supo que era una pregunta que debía responder. No lo hizo.
-Porque Tom, quieres ayuda, quieres ser escuchado y comprendido. Cada día, cuando entras por esa puerta tomas una decisión, la decisión de cerrarte a la idea de sanar, de mejorar o de compartir lo que pasa por tu mente y revivir tu pasado, por muy doloroso que pueda ser. Y sabes? No me has decepcionado ni una vez, vienes aquí, te sientas allí y hablas una y otra vez. De todo o nada, a veces me evades, pero al final, siempre demuestras que quieres algo más, que quieres mejorar. Y lo has hecho, el Tom Riddle que entró a mi consultorio hace dos meses y medio no habría llegado a hablar de sus sentimientos como lo hiciste hoy.
Tom sintió los ojos húmedos.
-Y aun así, cada día al entrar aquí eres tú mismo. Tomando tus elecciones y eso te hace valiente.
Tom no dijo nada.
-Y con respecto a lo que hiciste en Wools.. Ya sabes que está mal y ese es el primer paso para redirte, para dejarlo estar. Ya no puedes cambiar a ese Tom Riddle, pero este Tom es diferente y es en el que debes preocuparte. De acuerdo?
Tom asintió, con la mirada en los cristales en el suelo, sobre la alfombra verde con dibujos geométricos perfectos. Una mezcla de verde, marrón y beige. Tom podría dibujarla con precisión incluso sin verla.
-Y está bien, Tom. Si en este momento no te agradas a ti mismo, porque eso quiere decir que estás cambiando y eso no está mal, pero cambiar implica muchas cosas, implica ver lo que hicimos en el pasado de otra forma y eso nos llena de ansiedad y miedo, nos hace sentir como malas personas. Pero no lo somos, solo somos personas que están en constante cambio.
-Entonces podría lanzar una maldición imperdonable hoy y mañana arrepentirme y decir que estuvo mal y solo sería yo, cambiando?
-No es tan drástico como eso. Es una metáfora.
Tom solo sonrió. -Ya lo sé.
Él solo se sentía saturado, exhausto de hablar del tema.
-Todos tenemos derecho a decir que no nos agrada quién somos ahora, bien? Eso no significa que no nos agradaremos por el resto de nuestras vidas. Significa que vamos a encontrar quién queremos ser, según nuestras condiciones y lo que deseamos en el futuro. Y Tom.. La opinión de las personas sobre nosotros no siempre es la correcta, ni la que nos define. Las personas hablan según lo que creen, lo que han vivido y lo que ven. Pero ninguno de ellos esperará a conocerte antes de hablar, así que.. Qué clase de opinión pueden dar sin tener la información completa?
Mark lo vió con una ceja alzada, como queriendo transmitir una frase mística escondida en sus palabras.
Tom no lo escuchó del todo, ocupado como estaba en sentir el dolor en su cabeza.
-Creo que dejaremos esta charla hasta aquí, de acuerdo? Si lo deseas podemos hablar el jueves de algunos temas inconclusos de hoy.
A Tom le gustaba que Mark sabía cuando estaba a punto de esparcir su cerebro en el mueble cuando ya era demasiado.
-Bien.
-Bien, puedes irte ahora.
Tom se puso de pie y pisó uno de los cristales rotos.
-Lamento lo de tus figuras.
Mark le quitó importancia con un modismo de su mano.
-Nada que un reparo no pueda solucionar.
Tom sonrió un poquito, abrió la puerta y salió al encuentro de los Potter mayores.
Esa noche, Tom entró a la habitación de Harry sin tocar. El niño estaba despierto, con la lámpara a un lado de la cama encendida y dibujos de gacelas flotando por el techo y las paredes.
-Harry? ¿Puedo dormir contigo hoy?
Harry sonrió y le miró con esos ojos verdes brillantes y gigantescos mientras levantaba un lado de la manta. Tom corrió a su encuentro y apenas entró en la cama se tapó hasta la cabeza. Escuchó la risa de Harry, pero no le importó, cerró los ojos y tomó una respiración antes de hablar.
-Harry, lamento haberte tratado mal y lamento si lo hago en el futuro. Sé que no soy un buen amigo, pero quiero serlo, quiero merecer tu amistad, lamento sentir celos de ti y prometo que desde ahora no lo haré de mala forma.
Tom había tomado una decisión, tal como había dicho Mark. Podía continuar peleando con Harry cada día o hablar y arreglar las cosas, ser un mejor amigo. Porque Tom quería un amigo como Harry, quería a Harry.
Harry escuchó las palabras de Tom desde debajo de la manta, podía sentir el nerviosismo de Tom como el sudor caliente que le cubría el cuerpo tras un juego agotador de Quidditch.
Se sintió conmovido, sabía que Tom no era de los que les gustaba hablar de como se sentían.
-Está bien, Tom. Yo también te traté un poco mal la semana pasada, todo está bien ahora. Y si peleamos en el futuro, no importará, porque nos disculparemos y todo volverá a ser como antes.
Tom no respondió. Harry tiró de la manta y se metió debajo, buscando a Tom. Sus ojos estaban plagados de lágrimas no derramadas. Harry sintió la tristeza inundarlo.
-Por qué eres tan bueno conmigo?
-Porque eres mi mejor amigo.
-Y si un día no lo soy?
-Siempre serás mi mejor amigo, te lo dije. Siempre estaremos juntos.
Harry vió una lágrima caer por la mejilla de Tom.
-Pero y si un día te cansas de mí?
Harry suspiró. No era la primera vez que tenían esa conversación y él comenzaba a sospechar que no sería la última. ¿Cómo podía demostrar a Tom que siempre sería su amigo?
-Cómo podría cansarme de alguien que habla con serpientes y va conmigo a buscarlas? Te extrañaría demasiado.
Tom no se movió, ni sonrió.
-Sabes qué? Si algún día me canso de ti te doy total permiso para perseguirme, tirarme de la oreja y exigir que vuelva a ser tu amigo.
Eso fue peor. Harry vió como su cara se tiñó de tristeza y lo sintió.
-Crees que podría hacer eso? Obligarte?
-No, creo que te alejarías sin más. Como cuando estabas celoso de Ron, pero a mi me gustaría que me buscaras, me gustaría ver que aun quieres ser mi amigo, que aun tengo a un mejor amigo que quiere seguir siéndolo.
Finalmente, Tom se relajó.
-¿Estás usando tu don para calmarme?
-No lo sé.
Tom le sonrió levemente.
-Gracias por ser mi amigo, Harry.
-Gracias por ser el mío también, Tom.
Notes:
Amo este capítulo, como Tom pierde el control, su charla con Mark y su relación con Harry. Me da vida, la verdad.
Hasta el fin de semana, prometo actualizar a tiempo esta vez.
Chapter 13: Exprimiendo las emociones de Tom Riddle
Notes:
Buen día y feliz domingo 💖 lo prometido es deuda, no me atrasaré con las actualizaciones. Este capítulo está cortito pero está bueno, nos permite conocer un poco más de como funciona la mente de Tom.
Espero les guste, gracias por el amor que le dan a mi historia y sus kudos, tengo otros proyectos que quiero compartir pero esperaré a culminarlos y salir de mis pendientes.
En fin, disfruten y nos leemos la próxima semana. Chau.
Chapter Text
Capítulo XIII
Exprimiendo las emociones de Tom Riddle
La llegada de la sesión del jueves lo había puesto nervioso todo el miércoles y estaba enloqueciendolo la mañana del jueves. Tanto, que ni siquiera había escuchado nada de lo que le decían los Potter mayores. Harry constantemente le daba toquecitos con el codo, con una sonrisita de diversión para hacerle saber que sus padres le estaban hablando, Tom pidió perdón muchas veces.
-No te preocupes cariño, está bien estar distraído de vez en cuando. - La señora Lily le sonrió dulcemente y Tom le regresó la sonrisa.
-Yo estoy distraído casi todo el tiempo y aun así logro funcionar. - comentó el señor Potter. Tom no supo qué hacer con el comentario, le pareció estúpido, pero no podía decir eso, ya había perdido puntos con los Potter y había cosas que simplemente no podían mencionarse.
Harry le salvó, echándose a reír del chiste. Tom le dió una sonrisa apretada y volvió a su almuerzo.
Llegaron a San Mungo luego de dejar a Harry con Sirius, quién era la niñera oficial cada que Tom debía ir a las sesiones con Mark. No se perdió la mirada fría que el padrino de Harry le envió, ni la sonrisa fingida, Tom sintió el cuerpo frío y escalofríos desagradables, de repente sintió el deseo de tomar la mano de Harry y suplicar que fuera con él a ver a Mark, quedándose en la sala de espera con sus padres.
La mirada del hombre era la clase de mirada que Tom solía ver en los adultos de Wools y en los niños mayores. Desprecio, desconfianza y rechazo. Temió por Harry, quién podía ser fácilmente influenciable por el adulto. Aunque por el momento, estaban bien, luego de su última conversación. Aun así, no se quedó tranquilo al irse por la red Flú.
Tom tuvo que tomar unas cuantas respiraciones para calmarse antes de entrar a la oficina de Mark.
-Hey, buen día Tom.
-Buen día, Mark.
-Qué tal tu semana?
-Bien, la señora Weasley ha estado dándome tareas más avanzadas porque ya he aprendido todo lo de tercer grado. Y hablé con Harry y me disculpé con él, de nuevo.
-Oh, eso está muy bien. Te felicito por las dos cosas que has logrado.
Tom asintió tratando de contener su emoción. Miró el estante en su lugar, el mismo en donde habían estado las figuras de cristal, estaban como nuevas. Tom las vió revolverse incómodamente ante su mirada, incluso la figura del mapache se escondió detrás del elefante.
-Perdona a mis figuras, no les gustó ser convertidas en pedazos de vidrio.
Tom sintió el rostro caliente.
-Está bien.
Mark siguió preguntando cosas al azar, sencillas, fáciles de contestar y Tom sintió que no se venía nada bueno de ello. Parecía estar preparándolo para algo fuerte.
-De acuerdo, quisiera hablar de los temas que no pudimos completar el martes. Como lo que mencionaste de querer ser bueno y odiar querer serlo. ¿Puedes explicarme a qué te refieres?
-Creo que la semana pasada lo dejé claro.- Bufó. - Ser bueno me hace ver débil y ser débil es malo, permite que otros te lastimen y te hace ver estúpido.
-Así que no quieres ser bueno porque piensas que al serlo las personas lograrán lastimarte.
Tom asintió sin verlo. Centrado en la alfombra.
-Y crees que si eres malo nadie te hará daño?
Tom pensó en su abuelo Marvolo, como ser un lunático asesino había provocado su asesinato.
-Si soy malo.. Nadie querrá acercarse a mi y si nadie quiere estar cerca, entonces no pueden lastimarme.
-Y no te lastima el que nadie quiera estar a tu alrededor?
Tom suspiró profundo.
-Es mejor que estén lejos.
-Por qué?
-Porque así yo no.. No espero nada de ellos y no tendrán nada para lastimarme.
-Eso es un camino muy solitario para tomar. Dime Tom, es verdaderamente lo que quieres? O tienes miedo de querer a alguien, confiar y ser traicionado?
De nuevo con la confianza, pensó Tom con hastío.
-No hemos hablado de esto ya?
-Hablar de algo no significa que mágicamente desaparece o minimice su importancia. Significa que eres capaz de identificar y reconocerlo.
Tom no dijo nada.
-A veces Tom, nuestros miedos e inseguridades pueden acarrear muchos otros problemas. Tu falta de confianza e inseguridad provoca estos pensamientos y esta conducta de evadir a personas que quieren cuidarte y ser parte de tu vida.
-Ya lo habías dicho.
-Lo sé. Pero eso no lo hace menos cierto. Tu deseo de "ser malvado" viene de la necesidad de protegerte, es usado como un escudo para mantener alejadas a las personas y a su vez sirve de excusa para ti, para convencerte de que no mereces ese afecto porque eres malo.
-No finjo ser malvado, sé que lo soy.
-¿Eres malvado por ti mismo o por las experiencias que has vivido? No es lo mismo tener una vida difícil que te lleva a hacer ciertas cosas que consideramos malvadas, para sobrevivir, a hacer esas cosas sin razón aparente más que tu diversión.
-A veces me divierte ver como otros sufren. - Tom lo admitió en voz baja.
-Y de qué clase de sufrimiento hablamos?
-Caerse por las escaleras, quemarse con un caldero, olvidar cosas importantes o perderlas. Es entretenido.
-Bueno Tom, no es tan alarmante el que encuentres graciosas esas cosas. Eres una persona que creció en un ambiente lleno de agresividad, hasta el punto de que normalizaste la situación, por lo que para ti es divertido ver esas cosas, porque sabes que existen cosas peores, porque para ti es normal y tu manera de lidiar con ello fue, en este caso, reír de esas desgracias. Puesto que es lo único que conoces, otros buscarían de ayudar a esta persona, pero tú eres diferente. No es algo que te haga malvado, es algo que puede cambiar si tu quieres cambiarlo. Por ejemplo, hay estudios de psicología muggle que hablan de la influencia de los videojuegos de guerras y peleas en los niños, como los vuelve más agresivos, groseros y los hace actuar según lo que ven. Es imitación, haces y piensas según lo que ves, según el entorno en el cual creces.
A Tom le dolía la cabeza.
-Estoy siendo demasiado técnico para ti?
Tom definitivamente no iba a rebajarse a que le hablaran como un niño pequeño.
-Estoy bien, entiendo lo básico.
-En resumen, Tom. Donde crecemos y lo que vemos al crecer, nos lleva a desarrollar una personalidad y un comportamiento específico. Tú eres desconfiado, observador, astuto, callado y perspicaz, con un instinto de autopreservación muy elevado para un niño. Porque tuviste que aprender a ser así para sobrevivir, es simple ciencia, el más débil de los animales no logra sobrevivir, solo el que se adapta al entorno y cambia lo hace. Tu "maldad" es solo un escudo para imponer miedo y respeto, una manera de mantener a las personas alejadas.
Tom estaba callado. Tendría que buscar muchas cosas en el diccionario, como qué eran los videojuegos, no había nada como eso en Wools. Quizá Harry sabría, al ser su madre una nacida de Muggles.
-Has pensado alguna vez en ello? - Él negó. -Me parece que el Tom Riddle del pasado merece que le des las gracias, por cuidarte, por protegerte y también merece saber que no es su culpa nada de lo que ocurrió, a veces no hay una razón para que estas cosas pasen, solo son las cartas que te dió la vida, pero tú Tom, puedes tirarlas y tomar otras. Y lo haremos juntos, de acuerdo?
Tom asintió, incapaz de hablar, sentía la garganta apretada y caliente.
-No es fácil renunciar a estos escudos cuando los has tenido toda tu vida, menos estar en un nuevo entorno en donde todo es diferente. Eso hace a cualquiera sentirse nervioso, expectante, curioso de lo que puede suceder. Manteniéndose constantemente en un estado de vigilancia.
Tom asintió.
-Podemos.. ¿Podemos parar ya?
-De acuerdo, Tom. Podemos.
-Gracias.
-Puedes irte temprano hoy. Recuerda escribir en tu diario, si?
Tom asintió sin verlo a la cara y salió huyendo de la oficina, sin siquiera decirle nada a los Potter, directo a la chimenea.
Tenía tantas cosas en qué pensar.
Chapter 14: Charla con Sirius
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Capítulo XIV
Charla con Sirius
Harry amaba pasar el rato con su padrino, Sirius era divertido, loco, ruidoso y le daba cualquier comida que Harry pidiera, por muy grasosa o dañina que fuera. Volaban en escoba, salían a conducir la increíble motocicleta de Sirius por el cielo e incluso iban a visitar a amigos de su padrino, en donde este lo presentaba siempre como "El hijo que nunca tuvo". Harry lo adoraba.
Sin embargo, últimamente las visitas a su casa no eran tan felices. Harry no podía sacar de su mente el pensamiento de que, al llegar a casa, Tom estaría enojado y no querría pasar el tiempo con él, probablemente iban a pelear de nuevo y él estaba cansado de pelear.. Además, siempre que estaba cerca de Tom tenía unos grandes dolores de cabeza, razón por la cual huía de él. A Tom no le gustaba.
-Hey! Te traje a tu heladería favorita y acabamos de pasar por la librería y no he escuchado ningún grito tuyo pidiéndome entrar. Acaso tu madre te prohíbe dejarme comprarte libros?
-Mamá dice que no debo aprovecharme de ti y el amor que sientes por mi.
-Bah! Será un secreto de padrino y ahijado. Vamos?
Harry negó, no se sentía de humor.
-No quiero, gracias tío Sirius.
Su tío lo detuvo a mitad de la calle, sorprendido.
-¿Quién eres tú y qué has hecho con mi ahijado? - Fue tan gracioso que Harry se echó a reír.
-No es nada, tío Sirius.
-Ah no! Eso sí que no, mocoso. No seré el tío aburrido al que no le cuentan las cosas por miedo a que los acusen con sus padres. Puedes decirme, campeón.
Harry suspiró y vió el suelo.
-Hey! ¿Por qué tienes esa cara larga?
Su tío lo guió a una banca y ambos se sentaron en ella.
-Qué pasa?
-Es solo.. Estoy cansado, supongo. Últimamente he peleado mucho con Tom, no le digas a papá y mamá! - saltó de inmediato.
-Pero por qué no? Si hay algún problema con él debes contarles.
-Tom está yendo al psicomago y siempre llega muy triste o a veces molesto. Dice que Mark lo hace hablar de cosas que lo hacen sentirse así y cuando llega a casa, pues..
-Harry, no está bien que se porte mal contigo aun cuando esté sintiéndose así. Dime, ¿Te ha hecho algo malo?
Harry frunció el ceño.
-No, solo discutimos. Aunque Tom siempre se disculpa conmigo después y luego jugamos y hablamos. Lo quiero mucho tío Sirius, pero a veces me siento mal. ¿Por qué Tom siempre tiene que enojarse conmigo? Yo solo quiero ser su amigo.
-Bueno Harry, no todo el tiempo podemos ser amigos de las personas, menos si nos tratan mal. Porque luego terminamos sintiéndonos muy mal.
Harry se dió cuenta de que no respondió a su pregunta.
-Pero Tom se disculpa y yo quiero ser su amigo. Lo prometimos, seremos mejores amigos por siempre, sin importar qué. - Harry no entendía por qué su tío decía esas cosas, aunque sabía que su tío Sirius no era el mejor para dar consejos. La última vez que lo escuchó terminó fracturando la mano de Neville.
-Bueno, eso está bien, es correcto que se disculpe. Pero.. Harry, algunas veces, cuando crecemos, nos damos cuenta de que tener amigos que siempre nos hacen sentir mal no es lo mejor, de acuerdo? Porque.. es cansado, como tú lo has dicho y llegará un punto en el que ya no sentirás el mismo cariño por esa persona. Así que lo mejor es.. Distanciarse.
Harry no estaba de acuerdo, para nada.
-No creo que deba ser así, tío Sirius. Los problemas se arreglan y los amigos se apoyan y escuchan, Tom ahora está triste y solo y yo no sería un buen amigo si lo dejo solo. No volveré a ser un mal amigo, no haré lo mismo que hice con Neville.
Su tío solo suspiró.
-Solo prométeme que me contarás cuando te sientas mal, bien? Así podrás sacarlo del pecho y tú y yo luego jugaremos a algún juego extremo que tu madre desaprueba. De acuerdo?
Harry sonrió y asintió.
Y así lo hizo, cada que había alguna pelea con Tom, Harry le contaba a Sirius, su tío parecía estar muy interesado en su amistad con Tom y Harry estaba feliz de tener a alguien a quién contarle. No quería decirle a sus padres, sabía o al menos intuía que Tom no quería que los padres de él lo supieran, por cómo se comportaba a su alrededor. Harry sabía que Tom anhelaba los abrazos y besos, y él no quería que sus padres pensaran mal de Tom por saber de sus peleas. Además, Tom no era malo, era exagerado y dramático y muy conflictivo. Pero también era divertido, inteligente y Harry nunca había tenido un amigo que lo escuchara hablar sin parar por horas sin quejarse.
Así que Sirius era una compañía refrescante.
Incluso cuando Harry no tenía nada de qué hablar sobre Tom, Sirius preguntaba. Aunque él no le contaba todo, sentía en Sirius un aura extraña, algo que le provocaba.. Desconfianza.
Quizá era la mirada que su tío le daba a Tom cuando se iba por la red flú o esos pequeños instantes en que sentía como sus emociones se oscurecían al ver a su amigo.
-Harry.. ¿Cómo está tu amigo Ronald?
-Oh! Está bien, ambos estamos avanzando con las tareas del tercer grado. Sabías que Tom está cursando el cuarto grado? Es muy inteligente. Y le ha ganado a Ron en el ajedrez mágico cada vez, aun no logra derrotar al señor Weasley pero..
Sirius escuchaba a su ahijado hablar y se llenaba de ira y preocupación. De lo único que hablaba últimamente era de ese niño, Tom Riddle Gaunt. El nieto de ese viejo loco de Marvolo e hijo de su extraña madre. El niño tenía una presencia oscura que no le gustaba, viniendo de una familia que practicaba las artes oscuras, Sirius era capaz de distinguir a otros magos que las practicaban. Tom había apestado a magia oscura cuando había sido rescatado y había pensado que era por el ritual de su abuelo, pero en sus visitas a la casa de James había distinguido ese tinte oscuro en él, era suyo y era intenso para un niño de su edad.
Y aquellos ojos.. El niño lo miraba con rechazo, a Sirius le recordó a los ojos de su madre cuando fue desheredado, ni siquiera al morir se dignó a verlo. Era esa misma esencia que cargaban todos esos puristas de sangre y fanáticos locos de la élite mágica.
Ese niño era oscuro y a Sirius no le gustaba para nada.
Mucho menos como estaba afectando a Harry, quién parecía estar obsesionado con el niño, todo era: Tom esto, Tom aquello, Tom dijo.. No era normal, ya ni siquiera hablaba de sus otros amigos. Y Sirius estaba asustado, todo el mundo parecía ver al pequeño niño como un santo, pero él podía ver a través de esos ojos almendrados y puede que Tom sea un niño.. Pero no uno normal.
-Harry.. ¿No te gustaría ir a casa de Ron?
-Oh, sería divertido. Pero hoy no.
-Porque no hoy?
-Bueno, ya lo ví hoy.
-Pero eso era para estudiar, puedo llevarte para jugar y luego te llevo a casa. ¿Qué te parece?
Sirius vió cómo el niño pensaba y luego negaba con la cabeza.
-Mejor no, tío Sirius. Hoy Tom tiene su cita con Mark y hemos hablado ayer..
Ah sí, las constantes peleas y reconciliaciones de Harry y Tom.
-Así que quiero estar ahí, Tom quizá llegue triste o enojado.
-Y por qué querrías estar allí? ¿No es mejor si llegas tarde y así no peleas con él?
Y además convives con otro niño que no sea tan conflictivo, pensó.
-No, porque Tom suele calmarse cuando estoy cerca. Además, sería de mal gusto ir a visitar a Ron sin Tom, no quiero que sienta que lo excluimos.
-Por qué lo excluyes? Simplemente no puede ir porque tiene cosas que hacer, puede ir otro día.
-Entonces yo también puedo ir otro día, hoy quiero ir a casa.
Sirius sintió ganas de gritar.
Harry frotó su frente al sentir las emociones de su tío, no entendía porqué se había enojado de repente. Pero su cabeza dolía mucho y se sentía mareado.
-Tío Sirius.. No me siento bien.
-Hey, qué pasa campeón?
-Me duele la cabeza, ¡duele mucho! - chilló.
-Te traeré una poción para el dolor de cabeza. Kreacher!
Harry vió aparecer al elfo doméstico quién los miró a ambos con extremo odio. Sintió que su cabeza dolía más.
-Asquerosos traidores de la sangre, Kreacher lamenta tanto no haber podido partir con su ama.. Tener que servirle a esta inmundicia..
-Kreacher! Ya basta, tráeme una poción para el dolor de cabeza, que sea rápido.
Harry podía ver puntitos negros en su campo de visión.
-Tío Sirius.. No.. Muy mal. - No sabía que estaba diciendo y lo último que escuchó fue el grito de su padrino llamándolo antes de perder la consciencia.
Sirius llegó como un tornado a San Mungo, pidiendo ayuda mientras sostenía a Harry en sus brazos, desmayado.
Apenas salió de la chimenea Harry despertó y vomitó sobre él, Sirius sintió el líquido caliente y viscoso y quiso llorar por su chaqueta. Pero ahora mismo su problema era Harry.
-¡Necesito un sanador! ¡Por favor!
Rápido llegó una medibruja a socorrerlo. Harry estaba en un estado aletargado que lo asustaba.
-Qué sucedió?- La medibruja comenzó a empujarlo por el pasillo para guiarlo a una habitación.
-¡No lo sé! Estaba bien y de repente dijo que le dolía mucho la cabeza y luego se desmayó.
Estaba de los nervios.
-¿Está seguro de que no comió nada indebido o tomó una poción en secreto?
-Yo.. No lo sé, no creo.
-Cuál es el nombre del niño?
-Harry Potter. - La medibruja lo miró de arriba a abajo. - Es mi ahijado.
Esta asintió.
-Sus padres están en San Mungo hoy! Están en la sección de lesiones de la mente, con un psicomago. Podría buscarlos, quizá ellos saben algo más.
La mujer asintió.
-Búsquelos, yo me quedaré con Harry y haré algunos hechizos de monitoreo.
Sirius no lo pensó dos veces y corrió escaleras arriba.
Tom fue el primero en verlo, había un hombre con la ropa sucia y el cabello largo corriendo como un loco hacia ellos, se asustó al pensar que podía ser uno de los enemigos de su abuelo, refugiándose detrás de la señora Lily antes de ser consciente de sus acciones.
Fue recibido por unos brazos que lo rodearon antes de ver cómo ese hombre se hacía cada vez más familiar.
-Sirius? ¿Qué haces aquí?- preguntó el señor Potter.
-¿Dónde está Harry?- preguntó la señora Lily y él se preguntó lo mismo.
-Está.. Tuve que traerlo, Harry se desmayó en mi casa por un dolor de cabeza intenso.
Tom se tensó, Harry en San Mungo? No, Harry no podía estar ahí. Solo aquellos que se lastimaban mucho estaban ahí. ¿Qué le había hecho ese hombre a su amigo?
-Qué?! Qué estaban haciendo, Sirius?!
La señora Lily gritó, Tom la sintió temblar contra su cuerpo y se separó de ella. Aunque él la entendía, Tom también ardía por dentro.
-¡Nada! Se los juro, solo hablábamos.
-¡Llévame con mi hijo, ahora mismo!
Todos fueron deprisa, bajaron las escaleras, Tom sintió que su corazón iba a salir de su pecho, sus manos sudaban y sus piernas temblaban. ¿Qué iba a hacer si a Harry le sucedía algo terrible? No podía perder a Harry, no podía.
-Tom? Hey, amigo estás bien?
No podía respirar. Negó con la cabeza a la pregunta del señor James.
-Tranquilo, Harry estará bien, si? Aquí lo van a cuidar y no dejaremos que le pase nada. Si? Solo ha sido un dolor de cabeza, quizá estaba jugando a algún juego loco y se golpeó, ya sabes como es Harry.
Tom no se sentía mejor, ¿cómo podría? Y si Harry se había caído de una escoba como él? Y si se había partido el cráneo? Tom vió una vez como un chico en Wools se partió el cráneo, después tuvieron que llevárselo a otro lugar, porque no era capaz de caminar o comer solo.
-Hey, tranquilo. - El señor Potter se acercó a él con los brazos extendidos y Tom sintió como el pánico creció. Se alejó del señor Potter, sintiéndose inseguro de repente. - Tom.. Tranquilo, iremos con Harry, de acuerdo. Solo déjame..
-No! ¡No me toques! - Gritó y levantó su mano amenazadoramente.
De repente el pasillo era demasiado pequeño, el aire era frío y poco.
-Tom.. Respira, todo está bien campeón.
No, no estaba bien. ¿Y qué si ese Black le había hecho algo a Harry? Sintió la ira crecer dentro de él, recordó las miradas llenas de odio del adulto, el disgusto evidente en su rostro nada más verlo. Y si le había hecho algo a Harry como amenaza para terminar su amistad? O como castigo? ¿Por qué su padre entonces actuaba tan tranquilo? Si algo le había pasado a Harry..
-Tom..
Tom miró al señor Potter, lleno de ira. Volvió a acercarse, demasiado y Tom sintió que su corazón iba a detenerse.
-He dicho que te alejaras!- El señor Potter salió volando hasta estrellarse con la pared justo a su espalda.
-Pero qué está pasando aquí afuera?- Tom miró como Mark salía de su oficina y miraba el panorama. El pánico lo invadió de nuevo, en oleadas más agresivas.
Qué había hecho?! Había atacado al señor Potter, su cuidador, aquel con el poder para ponerlo de patitas en la calle y en manos del ministerio para que lo asignaran a otra familia. Y si lo alejaba de Harry?
-Tom.. ¿Qué pasó?
No dijo nada, solo sintió que el suelo estaba demasiado cerca antes de caer.
James miró como Tom caía al suelo inconsciente y se levantó del suelo como pudo, hizo una mueca cuando sintió un dolor palpitante en la parte trasera de su cabeza y espalda. Había sido un golpe fuerte, la magia de Tom era poderosa para un niño de nueve años.
-Tom!
-Señor Potter, tranquilo. Ya lo tengo yo. - Mark, santo sea Merlín, había salido al pasillo, muy probablemente por todo el alboroto. James pudo ver en su rostro la preocupación. -¿Está bien? ¿Qué sucedió?
-Tom.. Él se descontroló de repente, mi hijo fue traído por su padrino, al parecer por un dolor de cabeza. Tom enloqueció con la noticia, traté de calmarlo pero no sabía cómo, me acerqué demasiado, sé que no le gusta y él.. Él me arrojó lejos.
El psicomago asintió.
-Probablemente fue un ataque de pánico.
James se quedó muy alterado.
-Lo mejor será llevarlo con los medimagos, le darán una poción calmante para evitar otro ataque de pánico y luego hablaré con él. Será bueno para usted que le revisen.
-Oh, no hay de qué preocuparse, hombres más grandes me han atacado. Esto solo fue un rasguño en comparación.
James insistió en tomar al niño en sus brazos y sintió algo que no pudo describir creciendo en su pecho, Tom era como una criatura peligrosa, intocable. El hecho de que solo pudiera acercarse cuando estaba vulnerable e inconsciente fue doloroso, al igual que la mirada en sus ojos. La locura, el miedo, el pánico escondido tras la rabia..
¿Qué iban a hacer con Tom?
-Tom, Tom. Soy Mark, respira, recuerdas el ejercicio que te enseñé? Todo está bien, estás en un lugar seguro, nadie puede dañarte.
Lo primero que vió al despertar fue a Mark, estaba en una cama con sábanas blancas y se tensó. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba allí? Dónde estaban los señores Potter? Y si lo habían dejado después de que atacara al señor Potter? Y si ya no lo querían?
Sintió que no podía respirar.
-Hey, calma Tom. Estás en San Mungo, sufriste un ataque de pánico y el señor James y yo te trajimos aquí.
Mark señaló a alguien a su izquierda y Tom vió al señor Potter, con su sonrisa fácil y cabello revuelto, mirándolo amablemente. Tom no supo qué pensar. ¿Acaso el ataque al señor James no había ocurrido? De qué otra forma podría explicar que seguía viéndolo como un buen chico?
-Hola campeón, ¿te sientes mejor? - Tom asintió, inseguro de qué hacer o decir.
-Bien, todo parece estar bien con Tom. Se ve mucho más saludable que cuando llegó. - Una mujer se interpuso entre ambos hombres y Tom se tensó, la reconoció como una de las medibrujas que estuvo atendiendolo mientras estuvo en San Mungo la primera vez. Esta le sonrió y Tom le respondió a medias, de repente muy cuidadoso de sus acciones.
-Gracias, Marney. Quisiera que Tom recibiera una poción calmante.
La medibruja movió un tubo lleno de una poción frente a Mark.
-No es necesario decirlo.
La mujer le sonrió y procedió a explicarle que debía tomar la poción para sentirse más tranquilo, le daría algo de sueño y causaría cierta torpeza al andar pasados unos cuantos minutos.
-Si tomo la poción.. Puedo ver a Harry? - Preguntó y se aseguró de usar un rostro cargado de preocupación infantil e incluso una voz tierna. Se aseguró de no mirar a Mark, así no se sentiría culpable por manipular al señor Potter y la medibruja.
-Claro que sí, iremos después. Aunque puedo decirte que Harry está bien, he ido a verlo mientras aun no despertabas. Está en perfecto estado.
Tom asintió, complacido y tomó la poción.
Tom llegó con Mark y el señor Potter a la habitación de Harry. Se rehusó a ser llevado, por lo que lo pusieron en una silla de ruedas mágica que se movía por su propia cuenta. A Tom no le gustó como ahora se veía más pequeño y frágil, pero el efecto de la poción lo hacía sentir adormecido y la preocupación se fue tan rápido como llegó.
Su amigo estaba despierto, acostado en una camilla, su madre acariciando su cabello y el imbécil de su padrino estaba sin chaqueta y camisa, con alguna camisa prestada del lugar, por lo que parecía.
En la habitación había una medibruja.
-¡James! Tom! Gracias a Merlín que están aqui. - La señora Potter se acercó a él hasta detenerse a una distancia aceptable. Sus ojos brillaban con algo que aceleró su corazón. - Estás bien, cariño? - Tom sabía que la señora Potter se moría por tocarlo, pero el miedo no llegó, aquello era extraño.
Tom asintió y le dió una sonrisa tímida.
-Por qué está en una silla de ruedas?
-Es solo por prevención, le han dado una poción calmante.
La señora Lily comprendió de inmediato.
-Está bien, bueno. Pasen entonces, estoy segura que quieres ver a Harry.
Tom se acercó con la silla mágica y vió a Harry acostado, se veía algo pálido pero bien.
-Harry, estás bien?- Tom se encargó de escanearlo con la mirada.
-Estoy bien, solo me desmayé. - La voz de Harry sonaba cansada, su rostro mismo se veía así. Le sonrió con aquella sonrisa de dientes brillantes que tanto le gustaba.
-Qué pasó?
-Eso mismo queremos saber todos, no es normal que Harry se desmaye. - Tom se tensó al sentir cerca suyo la voz del padrino de Harry. Al voltear se dió cuenta de que estaba justo detrás de él. Tom se enderezó de inmediato, se sentía como un gato a punto de atacar. Los ojos del padrino de Harry eran acusadores.
Acaso ese chucho asqueroso y apestoso pensaba que él le había hecho algo a Harry?
-Aun no hallan una causa para el dolor de cabeza y el desmayo. - la señora Lily comunicó, acercándose a ambos y acariciando una mano de Harry.
-Aun no han descartado una reacción desfavorable a alguna poción que haya tomado. - El señor Black seguía mirándolo mientras hablaba.
Tom se sintió mareado de repente, algo en él quería estallar, pero solo sentía como su cuerpo se adormecía conforme ese sentimiento crecía. ¿Qué se creía ese asqueroso y apestoso hombre?
-Ya les dije que no he tomado nada. - se quejó Harry.
-No has tomado nada conscientemente. - Corrigió Black.
-Por Merlin, Sirius. No seas ridículo, Harry no está envenenado con nada. - La señora Lily lo enfrentó.
-Vive en una casa con un laboratorio de pociones, pueden pasar los accidentes, Lily.
-Sirius, Lily y yo somos lo suficientemente cuidadosos para cuidar de los niños.
-Yo solo digo, que tienen fácil acceso al laboratorio.
-Sirius! ¡Ya basta! ¿Qué se supone que pretendes?
Y de nuevo lo miró. Tom deseó que se callara la boca, que desapareciera, que su lengua estallara en pedazos.
Harry se quejó. - ¡Ya basta! Hacen que me duela la cabeza. - dijo mientras se frotaba.
Tom tomó su mano libre y se arrimó a él cuando la señora Lily sugirió que todos debían salir. Harry la apretó de vuelta.
Tom vió como la señora Lily empujó afuera al chucho perro de Black y no pudo evitar levantar una ceja en señal de triunfo al hombre. Este lo fulminó con la mirada. Tom lo odió más.
-¿Estás mejor cariño? - La señora Lily peinó su cabello.
Harry asintió hacía ella.
-Por qué todos están tan molestos?
-Oh, no estamos molestos cariño. Es solo.. Tu padrino está preocupado.
Harry lo miró, esta vez fijamente.
-Por qué estás en una silla de ruedas? ¿Qué pasa? - Tom vió pánico en sus ojos.
-Tranquilo Harry, Tom solo se sobresaltó un poco al escuchar la noticia de que estabas en San Mungo, le dieron una poción calmante y una silla para sentarse, ya que la poción puede dar mucho sueño y mareos. Pero está todo bien.
Tom asintió. Vió como Harry volvió a relajarse.
-Cuánto tiempo tengo que quedarme aquí?
-Hasta que pase el dolor de cabeza.
-Ya no me duele casi, no quiero que me pinchen con agujas o algo así.
La señora Lily le sonrió.
-Eso no pasará, tranquilo. - La señora Lily lo miró. - Tom, ¿Qué te parece si compartes la cama con Harry y me llevo esa silla de aquí, eh? Así estarás más cómodo.
Tom la miró sintiendo algo caliente en su pecho.
-Me parece bien, señora Lily.
-Bien, ¿quieres que te ayude a subir? Tus piernas están algo débiles por la poción. Podemos usar un hechizo de levitación o.. Puedo cargarte.
Tom se sorprendió al notar que no sintió el pinchazo del miedo recorrerle al escuchar sus opciones. Aunque con o sin poción, Tom no iba a dejar que lo apuntaran con una varita estando en una posición tan débil. Pero la curiosidad de saber cómo se sentiría el ser tocado por la señora Lily era mucha y ahora mismo no podía sentir en él una razón para decir que no a su toque.
-Puede cargarme.
Tom vió como sus ojos brillaron de alegría y se sintió tan bien provocar eso en la señora Lily.
-De acuerdo. Aquí vamos.
Tom sintió sus manos rodear su espalda y por detrás de sus rodillas, eran cálidas y cuidadosas, la señora Lily olía muy bien, no sabía a qué exactamente. La rodeó con sus brazos alrededor del cuello, solo porque podía y porque su corazón estaba tranquilo. Su pecho se sentía suave y Tom se sintió pequeño pero no temeroso, era una sensación tan extraña que se encontró volviéndose adicto a ella y cuando la señora Potter lo dejó en la cama junto a Harry, tuvo que cerrar los puños para evitar jalarla y que no se alejara.
La señora Potter le sonrió dulcemente y se alejó despacio.
-Bueno caballeritos, saldré un momento a hablar con los caballeros de allá afuera. ¿Confío en ustedes para portarse bien mientras no estoy?
Ambos niños asintieron.
Cuando la señora Lily salió Harry le dió una mirada pícara y risueña.
-Te lo dije, tienes a mamá comiendo de tu dedo.
Tom sintió las mejillas calientes. Harry había visto todo aquello, Tom esperaba no haberse visto como un tonto.
-Eso no es importante, ¿qué pasó?
Harry se encogió de hombros.
-No es nada, solo me desmayé porque me dolía mucho la cabeza. El tío Sirius se molestó, no sé porqué y luego se puso a discutir con su elfo doméstico, Kreacher y fue demasiado. En serio, nunca había sentido tanto enojo.
Tom sintió algo revolverse dentro de él. Ese perro pestilente de Black. Por supuesto que tenía algo que ver. De repente recordó las palabras de Mark, los empáticos tendían a volverse locos y ellos aun no sabían qué clase de empático era Harry. Y Tom no estaba dispuesto a experimentar con su amigo si eso los llevaría a San Mungo.
-Deberíamos decirle a tus padres.
-El qué?
-Que eres empático.
-No! ¿Por qué?
-Porque estás en San Mungo por eso!
Harry le rodó los ojos. - Solo me desmayé.
-Mark me dijo que podrías terminar volviéndote loco. - como su tío Morfin y definitivamente Tom quería evitarlo a toda costa.
-Pues solo hay que apurarnos a investigar.
-Le voy a decir a tus padres Harry y eso es todo.
-¡No puedes! No tienes mi permiso.
-No me importa. - Se cruzó de brazos y le dió una mirada seria.
Harry no dijo nada más y cuando sus padres entraron, junto al apestoso padrino de Harry, Tom les dijo todo. Todos estaban sorprendidos y sometieron a Harry a una prueba para ver si realmente era empático. Harry se había encogido en la cama a su lado, nervioso. Tom esperó que su molestia con él no fuera permanente, después de todo, no lo hacía con malas intenciones.
Mark lo miró con entendimiento mientras lo escuchaba hablar.
Mientras, la señora Lily miró a su hijo.
-¿Empático? ¿Por qué no dijiste nada?
-Porque era divertido saber cómo se sentían y no era tan intenso, pero ahora puedo sentirlo más.
-Mark dice que tus poderes de empatía crecerán con tu núcleo mágico. Mientras más viejo seas, más sentirás. - Le dijo Tom a su amigo, Harry solo suspiró. Luego miró a la señora Potter, que parecía estar muy confundida. - Lo siento señora Lily, no debí guardar el secreto.
Ella solo le sonrió.
-Tranquilo cariño, estoy agradecida de que no sea nada malo.
-No lo es, aunque es algo delicado. Harry tendrá que aprender a usar su don, yo puedo ayudarlo con eso, si ustedes lo permiten. Sino, puedo recomendar a algunos colegas que pueden ayudar.
-No será necesario, me parece que usted podrá ayudar a nuestro Harry, como lo ha hecho con nuestro Tom. - Tom sintió su pecho calentarse al escuchar las palabras de la señora Potter.
No había escuchado que se refiriera a él como "suyo", desde el callejón Diagon.
Fue agradable.
Nadie mencionó el ataque al señor James. Quizá sí había pasado en su imaginación.
Notes:
Hey! Feliz fin de semana. Cómo están? Que les parece el capítulo de hoy? Que opinan de Sirius y su actitud hacia Tom? La verdad nunca fue mi personaje favorito, ni siquiera en los libros.
Siento dolor por mi pobrecito Tom, pero todo va a mejorar.
Gracias por leer y por sus kudos, se les quiere!
Hasta el próximo fin de semana! Chau.
Chapter 15: Los miedos de Tom Riddle
Notes:
Hello! Feliz fin de semana para tod@s. Espero estén bien y les agrade el capítulo de hoy, me emociona finalmente publicarlo porque ese capítulo comenzó todo, fue la primera conversación entre Tom y Mark que escribí y no fue hasta este capítulo que pude integrarla.
Una vez más les agradezco por sus comentarios, me hacen muy feliz al leerlos y ver su apoyo a la historia, sus palabras tan bonitas y halagos. Me tienen sonriendo cada que los leo, gracias por darle a mi historia tanto cariño.
En fin, espero disfruten de la lectura, está interesante.
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Chapter Text
Capítulo XV
Los miedos de Tom Riddle
Harry rápidamente se recuperó de la pequeña molestia y traición de que Tom revelara su secreto a sus padres, la verdad es que había descubierto que era lo mejor, había comenzado a ir al psicomago y le agradaba Mark, su aura era de calma y paz, le gustaba ver como era el consultorio a pesar de la muy buena descripción que Tom le había hecho cuando preguntó.
Mark le había ayudado con sus poderes y le había explicado qué significaba el ser empático, las ventajas y desventajas de ello. Harry había aprendido mucho.
Ese día estaba estudiando con Mark los sentimientos, cada sesión era diferente, la primera fue de exploración, el psicomago quiso saber hasta dónde llegaban sus dones y había declarado, para su emoción, que era un empático bastante inusual, capaz de sentir emociones y transmitir las propias a otros.
Esa sesión estaba resultando divertida e interesante.
-Muy bien, Harry. Lo que haremos será estudiar esta lista de emociones y tú me dirás qué sensación te transmite y cómo la identificas. Anotaremos la sensación justo al lado de la emoción y además haremos un dibujo de ello, bien? Esto es para ayudarte a ser consciente de las emociones y aprender a diferenciar las de otros sobre las tuyas. Así será más fácil darte cuenta de que estás influenciado por las emociones de otros y te permitirá hacer algo al respecto, bien?
Él asintió.
-Bien, aquí tenemos alegría, ¿Cómo lo describirías?
-Se siente cálido y cómodo, como un abrazo. También como.. Tener cosquillas en los pies.
Mark asintió y le permitió a Harry anotar.
-Bien, es algo que sientes a menudo?
-Casi siempre, de mamá, de papá, de Tom y del tío Sirius y Remus.
-Y para todos es igual?
-No, mamá y papá se sienten diferente. Es como.. No lo sé. Sólo es diferente.
-¿Te sientes protegido?
-Supongo, creo que sí. Es difícil de decir, siempre ha estado ahí, así que es difícil verlo como algo más ahora.
-De acuerdo y qué me dices de otras personas?
Harry se quedó en silencio, pensando.
-Pues.. Me siento como.. Como cuando hace mucho calor y tomas bebida energética y, mamá dice que me pongo algo loco. Eso.. sí. Pero también hay, ummm, como cuando te gusta estar mucho en un lugar y nunca estás aburrido.
-Bueno, lo primero podría ser euforia- Harry trató de pronunciarlo. - Lo segundo es la comodidad. Son emociones secundarias, recuerdas nuestra charla de la clasificación de emociones?
Harry asintió - Hay emociones básicas, que son las más comunes, como el miedo, la tristeza, la ira, la felicidad, la sorpresa, el asco y el desprecio. Luego hay emociones secundarias o también llamadas complejas, que suelen ser por la mezcla de una o dos emociones básicas, como la vergüenza, los celos, la culpa, la admiración, la curiosidad, la decepción o el remordimiento, la ansiedad o la hostilidad. - Recitó Harry, estaba feliz de no haber olvidado ninguna, estudiaba con Tom cada noche, a Tom le encantaban los libros que Mark le daba y leía concentrado para ambos, mientras Harry tomaba notas. Había descubierto que era muy feliz cuando Tom pasaba tiempo con él con tanta felicidad. Era agradable.
-Exactamente y hay muchas otras emociones secundarias, pero las iremos estudiando mientras las descubras, de acuerdo? Aunque veo que has estado estudiando algunas por tu cuenta.
-Así es, a Tom le gusta ayudarme, estudiamos juntos.
Mark sonrió.
-Me alegra que te ayude, ahora Harry, contestando a tu pregunta, la euforia es una palabra para definir un sentimiento de felicidad muy intenso. Podemos usar la palabra como: estoy eufórico, por ejemplo.
-¡Ooooh! Euforia, bueno, entonces estoy eufórico siempre que estoy con Tom. - Se sintió.. orgulloso, sí, eso, uff.. Harry estaba aprendiendo muchas palabras nuevas. Pero eso era bueno, se sentía bien él no quedarse atrás y poder hablar con Tom usando palabras nuevas, quizá antes había usado algunas, sin saber que significaban.
-Buen uso de la palabra, ahora Harry, que me dices de..
Tom estaba confundido y temeroso, se la pasaba detrás de Harry cada segundo que podía, ayudándolo a estudiar para aprender más sobre su empatía y para la escuela. Tenía un miedo extraño de que algo le pasara a su amigo luego de ese día en San Mungo, la sesión anterior había estado nada comunicativo con Mark sobre ese tema, aun no lo entendía del todo y no estaba de humor para hablar de ello.
Mark había mencionado algo que lo había dejado pensando, preocupado.
-¿Estás asustado por el incidente con el señor Potter? ¿Quieres hablar de ello?
Tom armó tal desastre en su oficina que lo dejó ir poco después.
El ataque al señor Potter había sucedido y Tom estaba nervioso, se la pasaba pegado a Harry como una lapa, aunque su amigo estaba feliz por ello, pensando que Tom quería pasar cada segundo del día a su lado. No era del todo mentira, Tom estaba cuidándolo, pero también estaba usándolo como un escudo entre él y su padre.
Aun más nervios sentía por el hecho de que el señor Potter no hacía nada, absolutamente nada, solo le sonreía cada que lo cachaba mirándolo. Aquello le erizaba los vellos del cuerpo como un gato asustado, le daba ganas de correr, no lo entendía, cómo podía estar tan tranquilo cuando Tom lo había atacado? Le recordó agriamente a Marvolo, la calma extraña en la cabaña durante meses, las miradas pesadas e incómodas, el silencio.. Antes de que Marvolo los encerrara en casa para deshacerse de ellos. Pero el señor Potter no guardaba silencio, trataba de hablar con él, a veces, Tom respondía por cortesía, tratando de averiguar sus intenciones ocultas.
Pero no quería averiguarlo, por eso se la pasaba pegado a Harry. Aunque esa conducta de sí mismo no le gustaba, odiaba sentir miedo, pero había que ser listo, estaba en la casa del enemigo, no era Wools, donde había muchos a quiénes culpar y muchos escondites por usar. Si el señor Potter hiciera algo contra Tom, la señora Potter lo apoyaría, era su esposa, después de todo y era el padre de Harry. Tenía todas las de perder.
Entonces, solo le quedaba evitarlo, pasar desapercibido, estar callado y esperar a que se olvidara de él. Sino.. Pues Tom tendría que hacer algo más drástico.
-Mark también dijo que iba a enseñarme oclumancia, no es genial?! Aunque dice que siendo tan joven será difícil para mí aprender y que mientras tanto me enseñará a cómo calmar mis emociones. Se llama meditación.
Harry hablaba como un loro, no es que fuera algo extraño, su amigo era así. Pero desde que iba con Mark aquello se había intensificado aun más.
-Lo es.
-Dice que la meditación es importante para aprender oclumancia, porque la oclumancia te ayuda a cerrar tu mente, como poner un escudo para que otros no puedan leer lo que piensas. No es increíble?!
Tom sonrió, el cabello de Harry estaba encrespado y sus puntas alocadas en todas direcciones. Le gustaban esas conversaciones con Harry, las cosas estaban mejor desde que había comenzado a ir con Mark, quizá eso tenía algo que ver? Aunque Tom quería ser mejor amigo, así que trataba de controlarse a su alrededor, sospechaba que Harry seguía usándolo de experimento.
-Y aprendí una palabra nueva, quieres oírla?
Tom sabía que no le daría tiempo de responder antes de que Harry lo escupiera.
-¡Euforia! Mira eso, me estoy volviendo tan inteligente como tú!
Tom lo dudaba, a decir verdad, pero era agradable ver a Harry aprender y usar palabras más complicadas, los hacía ver sofisticados y mataba al niño Weasley de envidia, Harry había descubierto esa emoción esa semana y había dicho que solía percibirla de Ronald, vaya sorpresa más placentera para Tom.
-Sabes qué significa?
-Entusiasmo o alegría intensos, con tendencia al optimismo. - Recitó, tal como recordaba del diccionario.
Harry lo miró con decepción.
-Uff, eres insoportable. Algún día aprenderé algo que tú no.
-Sabes mucho más que yo sobre criaturas mágicas. - A Tom no le gustaba verlo triste, los cumplidos hacían en Harry algo asombroso, lo hacían sonreír más, su cabello se esponjaba más y sus ojos brillaban.
Y desde que Tom estaba estudiando las emociones con Harry, se dió cuenta de que esos eran signos de felicidad y él quería hacer tan feliz a Harry que su amistad nunca terminara.
-Eso es cierto- Harry asintió. Luego frunció el ceño. -Pero qué es optimismo?
Tom sonrió sintiéndose superior y juguetón.
-Búscalo en el diccionario.
Harry le rodó los ojos y se cruzó de brazos. -Eres malo conmigo- Tom sabía que no lo decía en serio, Harry lo había recalcado muchas veces y por su postura, Tom lo sabía, lo sabía. Pero aun así al escucharlo hacía cosas en sus tripas, se sentía mal y pesado. - Al menos deberías buscar el diccionario por mi. - Harry se inclinó cerca suyo haciendo un puchero exagerado y juntando las manos como hacían en la capilla cerca de Wools cada domingo. -Por favoooorrrrr.
Fue su turno de rodar los ojos.
-Bien! Lo buscaré.
Harry sonrió.
-Gracias, Tom.
Tom no podía creer que estaba siendo manipulado por un niño de ocho años que dormía con pijamas de dragones y snitches doradas volando. Su vida cada vez era más extraña.
Se levantó de la cama y salió de la habitación de Harry.
Tom caminó por el pasillo, directo a la biblioteca al otro lado del segundo piso, preguntándose en qué momento se había convertido en la clase de persona que estaba desesperado por complacer a otra. O quizá, solo complacer a Harry.
Escuchó murmullos que se hacían más fuertes mientras más se acercaba, era extraño. Los padres de Harry solían quedarse en el primer piso charlando o a veces en sus habitaciones, ya era de noche, después de todo, incluso habían cenado.
No pudo evitar detenerse, nadie lo culparía, después de todo, había escuchado su nombre. Acaso los Potter estaban hablando de él? Y si el señor Potter estaba hablando con la señora Lily sobre como lo había atacado?
Se acercó más y se arrojó al suelo junto a la entrada de la biblioteca y escuchó.
-.. Escúchame James! Maldición. Hay rumores sobre su familia más o igual de antigüos que Merlín, es una familia rodeada de magia oscura, maldad y sadismo. Mira nada más lo que hizo ese loco de Marvolo.
-No veo tu punto, Sirius. - El señor Potter parecía sonar enojado.
Ah, Sirius Black, el padrino de Harry. Odiaba a ese hombre y ahora mucho más, acaso eso sería todo para él? Aquel idiota iba a llenarle los oídos al señor Potter sobre él para que lo echara, aunque no es como si tuviera que esforzarse mucho, después del incidente.
-Mi punto, James. Es que no es seguro tener a ese niño aquí o que Lily y tú tengan contacto con su madre. ¿Sabes lo que dicen del padre de Tom? Dicen que Merope lo embrujó, que lo asesinó y se deshizo del niño porque solo se embarazó para amarrar al hombre muggle.
Tom sintió ira hirviente correr por sus venas. ¿Quién era ese asqueroso perro para hablar así de su familia? De él. De su madre.
-Eso es ridículo y es aun más ridículo viniendo de ti. Qué carajos es lo que te pasa, Sirius?! Tú estuviste allí esa noche, viste lo que estaban haciéndole a Tom, a su madre y tío. Tu mismo estuviste en el hospital, ayudando a protegerlos y ahora vienes aquí a decir que son engendros del mal? Solo porque provienen de una familia que practica la magia oscura? No te parece hipócrita? Viniendo tú de una familia purista de sangre, clasista y racista? ¿Qué te hace diferente a Tom o Merope?
Tom sintió su pecho retorcerse con placer ante las palabras del señor Potter. Aquella información era interesante.
-Que yo no estoy cambiando a las personas que me rodean! De acuerdo?! Mira a tu puto hijo, James! Lo sigue como un perro faldero, hace lo que quiere el chico, buscando complacerlo como un puto elfo doméstico. Ya ni siquiera es el mismo niño que jugaba conmigo y hacía bromas, ahora solo habla de leer libros, aprender pociones y estar con su amigo Tom.
Manipularlo?! Él era el tonto que iba a la biblioteca por la noche porque a Harry le tenía miedo a la oscuridad. Y Harry y él tenían una amistad en donde les agradaba estar juntos, cuando Harry no lo buscaba él lo hacía y cuando Tom no lo buscaba Harry lo hacía.
-Sirius.. ¿Estás celoso de un niño de 9 años?
-No estoy celoso, idiota! A lo que me refiero es, que tu hijo está cambiando, él lo está cambiando y lo veo James, veo esa mirada de superioridad que tiene en su rostro, veo maldad recorriendolo y no me gusta.
-Harry está creciendo y eso amerita cambiar. Y no me parece algo malo que de repente esté más interesado en estudiar temas que le apasionan y jugar con niños de su edad en lugar de perseguir a un padrino que, la última vez que escuchó, causó una muñeca rota de un amigo y el final de esa amistad.
Hubo silencio del otro hombre. Tom sonrió.
-Y creo recordar Sirius, que tú también fuiste un niño maltratado en una familia purista de sangre y enferma con las costumbres antiguas. Así que sabes perfectamente las cosas que ha tenido que vivir Tom, incluso Tom lo ha llevado peor que tú. Así que no tienes ningún derecho de venir aquí a hablar mal de él cuando no le conoces, es un niño Sirius, un niño que no conoció el amor y protección familiar en los primeros ocho años de su vida, es normal si es resentido, si es desconfiado, si detesta a los adultos, si se muestra agresivo o grosero.. Cuando ha recibido el peor de los tratos toda su vida, él no conoce nada más. Pero tú sí y te estás comportando como todos esos idiotas elitistas de los sagrados veintiocho, opinando sobre un niño como si tuvieras algo que ver con él.
-James..
-Será mejor que te largues, Sirius.
-Lo hice con la mejor intención, no quiero que Harry salga lastimado. Ni ustedes.
-Ya me encargaré de Harry con Lily. Y también de Tom.
-James.. Temo que estés cometiendo un error, he ido a patrullar por el callejón Diagon. ¿Sabías que hablan de su madre? Dicen que la han visto en el callejón Knockturn seguido, ¿qué si está planeando algo?
-Merope está rentando una habitación en el callejón Knockturn, porque las habitaciones son más baratas y porque en el callejón Diagon todos le dan la espalda por quién era su padre. Es solo una mujer que está tratando de sobrevivir para tener a su hijo de vuelta y tiene suficientes idiotas que opinan lo peor de ella por su sangre como para que yo me sume a esos prejuicios sin base o fundamento. Te creí mejor que esto, eres un jodido auror, por amor a Merlín, no aceptamos rumores o suposiciones y no atacamos a personas inocentes, las protegemos.
-¡Estoy tratando de proteger a Harry! A tu familia!
-Y te agradezco, Sirius. Pero estás equivocado, Tom es mi familia ahora y voy a protegerlo como hago con Harry, porque es un buen niño y le prometí a su madre que lo cuidaría.
Tom se quedó helado ante las palabras del señor Potter, eso no sonaba como alguien que lo odiaba o quería deshacerse de él. Podría haber tomado esa oportunidad para hundirlo, como aquel imbécil de Black.
Y lo que dijo de considerarlo familia.. La señora Lily se lo había dicho, quizá no a la cara, pero a los demás y ahora el señor Potter. Pero no estaba él presente, no había nadie a quién engañar o impresionar, puede que fuera cierto entonces? Realmente los padres de Harry lo querían? Su corazón estaba latiendo rápido, mucho.
Tom se largó de allí cuando escuchó los pasos de ambos adultos. Pero al retirarse a la habitación de Harry no pudo evitar que una sonrisa adornara su rostro. Quizá, el señor Potter no era tan malo. Tom podía darle una oportunidad, mínima, para acercarse. Pero Sirius Black? Acababa de anotarse en los primeros lugares de su lista negra.
Y él siempre terminaba dándole su merecido a aquellos que estaban en la lista.
Sin embargo, las palabras de aquel hombre se habían quedado pegadas en su cabeza, dando vueltas al igual que su estómago. Quizá tenía razón? Los Potter eran personas extrañas, veían bondad y amabilidad en cualquiera, Tom incluso podría decir que eran demasiado tontos. Que si de verdad él era mala influencia? Después de todo, había hecho llorar a Harry muchas veces, le había hecho enojar y.. Tuvo que tranquilizarse cuando vió la puerta de su cuarto acercarse, para evitar que sintiera sus emociones.
Tuvo que darle una excusa a Harry para explicar porqué no había llevado el libro, lo bueno de Harry era que siempre buscaba otra manera de obtener las cosas. Decidió que como Tom había fracasado en su misión de llevar el libro, entonces Tom debía actuar como su diccionario personal, él no tenía problema con eso, menos si eso hacía que Harry se quejase por cuántas palabras conocía.
Le encantaba sentirse inteligente. Mark dijo que no estaba mal sentir satisfacción o reconocer cosas que hacía bien y él estaba feliz de disfrutar este momento.
Además, Harry también era feliz y Tom sentía que el peso que sentía por su relación con el señor Potter era más ligero, al igual que su miedo y dudas sobre si mismo. Quizá Harry seguía usándolo para practicar, pero es ese momento no podía importarle.
La sesión del martes con Mark llegó y Tom sabía de qué quería hablar o al menos sabía que esa sensación de ansiedad por su relación con el señor Potter era indicación de que debía hablarlo con Mark.
Ya no era tan difícil admitirlo o quizá, simplemente necesitaba saber qué hacer con lo que había escuchado.
-Buen día Tom, ¿cómo te fue la semana pasada? - Tom no había ido a dos sesiones, la última no podía considerarse una sesión.
-Me fue bien, he estado estudiando con Harry.
-Ah sí, Harry me ha comentado que eres muy bueno ayudándolo a aprender.
Tom sabía que Harry había hablado de él, se lo había dicho.
-Cómo te has sentido?
Tom suspiró. -Algo ansioso.
Había aprendido la palabra ansioso gracias a las tareas de Harry.
-De acuerdo, por qué es eso?
-Por lo que pasó con el señor Potter, cuando trajeron a Harry aquí. Lo golpeé contra una pared.
Mark asintió.
-Pensé que lo había imaginado, pero luego dijiste que había pasado y yo.. Pensé que el señor Potter debía estar molesto conmigo por eso, pensé que iba a echarme de su casa.
-Bueno, gracias por decirme, Tom. Ahora, quiero que hablemos un poco sobre lo que sucedió antes de que lo golpearas, de acuerdo?
Tom asintió a regañadientes.
-Qué pasó?
-El padrino de Harry llegó corriendo como un loco y dijo que lo había traído, la señora Lily se puso furiosa y corrió detrás de él. Yo quise ir pero comencé a sentirme mal, pensé que Sirius le había hecho algo malo a Harry y eso me hizo enojar. Entonces el señor Potter me dijo que me calmara, pero yo no podía entender porque me decía eso. ¿Por qué me calmaría? Su hijo estaba en San Mungo y él me decía que estaba bien, me hizo enojar aun más y luego.. Solo estaba muy asustado y él seguía acercándose a mí y yo le dije que se alejara pero.. Lo arrojé lejos, para que no pudiera tocarme. -Relató manteniendo la vista en sus zapatos, le daba vergüenza admitir que había estado asustado.
-Cuando lo arrojaste lejos, además de sentir miedo y enojo, ¿qué más sentías?
-Sentí ganas de vomitar, quería correr pero no podía.
Tom odiaba admitirlo, no le gustaba cómo se sentía eso, recordaba esas mismas emociones y sensaciones en su cuerpo la noche en que Marvolo los atacó.
-Bueno Tom, lo que sentiste ese día son síntomas usuales en ataques de pánico, es normal tener ataques de pánico cuando se tiene mucho miedo y tu magia actuó en defensa propia, porque vió al señor Potter como un enemigo, aun cuando no lo era. No es algo por lo que debas sentirte mal, es algo que puede sucederle a cualquier persona.
Tom había buscado el significado de ataque de pánico una vez que Mark lo había mencionado.
Episodio repentino de miedo o ansiedad intensos y síntomas físicos, basado en un peligro aparente y no inminente. Puede provocar temblor, sudor, náuseas o mareos..
Tom lo recordaba bien, quizá por el hecho de que investigaba de más gracias a Harry.
Pero aquello tenía sentido. Aun así, no estaba contento.
-Ese no es el problema, yo.. Solo no entiendo porqué el señor Potter no está enojado conmigo.
-Por qué debería de estarlo?
-Porque lo golpeé.
-En defensa propia, mientras estabas teniendo un ataque de pánico. Es algo incontrolable, Tom. No es tu culpa.
Él no entendía, a nadie le importaban las razones, un golpe era un golpe, un ataque era un ataque.
-Por qué crees que debería estar enojado contigo, aun cuando lo golpeaste sin querer?
-Porque las razones no importan, si atacas a alguien debes esperar que esa persona responda, esa es la ley de la vida.
Por eso Tom se cuidaba tanto.
-Bueno, no todo el tiempo eso es válido Tom, casi nunca, de hecho. Detrás de nuestras acciones hay motivos y esos motivos importan más que el golpe, si fuera un golpe provocado por una pelea, en donde ambas personas están enojadas, sería más común el responder a un golpe, pero eso no significa que esté bien, resolver los problemas con golpes, quiero decir. Pero en tu caso, hablamos de que el motivo fue el miedo, cosa que el señor Potter pudo ver, así que.. Por qué habría de responder golpeándote, sabiendo que no lo hiciste con malas intenciones?
-Me golpearía solo porque puede, supongo, porque es más grande, más fuerte y porque ser golpeado es ser humillado. Regresar el golpe es demostrar tu poder.
-Crees eso?
-Por eso lo dije.
-Bueno, hay maneras mucho mejores de demostrar que tienes poder, como tú has dicho. No responder a gritos cuando alguien grita y es grosero con nosotros, guardar silencio en una conversación con una persona que dice cosas con las cuales no estás de acuerdo o, evitar una pelea, aunque la persona no sea grata para ti. Eso es aun más duro de aceptar para la otra persona, porque no entras en su juego, no vas al nivel a donde quieren llevarte, no caes en provocaciones y eso los enoja y frustra. Y tú ganaste, simplemente con no prestarles atención. En cambio, golpeando, gritando y siendo grosero solo harás que esa persona se sienta bien al verte perder el control, al ver que pueden hacerte perder el control y quitarte la paz.
Tom creía que todo era pura palabrería, pero las palabras de Mark lo harían pensar por la noche al irse a casa.
¿Qué no todo se solucionaba así? Con violencia? ¿De qué otra manera las personas escuchaban? En Wools les daban una paliza si no cumplían con sus tareas, si ensuciaba el piso o robaba comida. En la cabaña de Marvolo era igual. Su madre había asesinado a su padre para detener la maldición. La señora Lily le gritaba al señor Potter de vez en cuando para que este se comportara. ¿No era la violencia una manera de demostrar poder? De hacer que otros hicieran lo que querías?
Suspiró, de todas formas, esa conversación no era la que deseaba.
-El poder puede verse y obtenerse de diversas maneras. El poder no es tener el derecho de lastimar a otros, solo porque puedes, el poder es tener el conocimiento de que tienes capacidades extraordinarias y que puedes usarlas adecuadamente, para proteger a otros, para enseñarle a otros, para crear cosas nuevas, para guiar a otros. Y el poder va atado a otras cosas, como la responsabilidad, el ser un buen líder, saber escuchar y tratar a las personas. El poder que se obtiene mediante golpes y malos tratos no es poder, es miedo y eso solo creará un círculo vicioso en donde solo habrá violencia a tu alrededor, si es lo único que buscas y provocas. Dime Tom, te sentirías mejor si el señor Potter te golpeara?
-No.
-Y qué harías si lo hiciera?
-Lo golpearía de vuelta, quizá no un golpe de verdad, pero me vengaría.
-Y eso llevaría a que la situación se repita. ¿Te gustaría eso?
-No.
-Por qué no?
-¿Qué tiene esto que ver con mi pregunta?
-Tiene que ver Tom, en que nuestras creencias también son nuestros enemigos. Tu crees que el señor Potter va a golpearte porque tú lo hiciste primero, solo porque quiere poder. Pero realmente el señor Potter ha hecho algo para reclamar ese poder? No, porque sabe que fue un accidente y más importante aun, sabe que los problemas se resuelven conversando. Tiene que ver, en que tú estás esperando a que él ataque, aun cuando no quiere hacerlo, aun cuando tú no quieres que ataque. - Tom sentía que le dolía la cabeza, estaba algo frustrado a decir verdad, no estaba saliendo como había esperado, las palabras de Mark eran algo complicadas y a la vez lógicas, pero aun así no podía comprenderlo. - Eso solo te genera angustia, en lugar de ir directamente al señor Potter y solucionar las cosas. Sé que enfrentar a las personas y decirles lo que piensas puede ser muy duro, pero salen cosas maravillosas de ello, ¿no crees?
Tom agradeció que no mencionara a Harry en esa frase.
-Así que debo hablar con él y ya está? - el mal humor en su voz era evidente.
-Y ya está.
Tom suspiró. -De todas formas, no creo que esté tan molesto conmigo, después de todo.
Tom le contó a Mark, de forma resumida, la conversación, obviando algunas partes en donde Black hablaba pestes de su madre, no supo porqué lo hizo.
-Bueno, lamento saber que hayas escuchado esas palabras Tom, no eres un mal chico y no tienes la culpa de nada ni eres un mago oscuro solo porque tu familia quiso serlo. Tú eres tu propia persona, tú puedes elegir. Por otro lado, me parece que debes hablar con el señor Potter sobre el incidente y decirle como te sientes, creo que será algo bueno para ambos.
-No sé si quiero hacerlo.
-Por qué?
-Porque.. No lo sé. Solo.. Y si Black tiene razón? Y si los Potter solo son demasiado tontos y aceptan cualquier cosa de mi porque sienten lástima?
-¿En qué tendría razón el señor Black?
-En que soy malvado.
-Por qué crees que eres malvado?
-Porque ser bueno.. No se siente bien, me siento incómodo siéndolo, a veces. Siento que.. Sin importar lo que haga, nunca voy a ser bueno.
-¿Puedes explicar eso mejor? ¿A qué te refieres con que no se siente bien?
-No quiero ir por allí repartiendo sonrisas y siendo amable con todo el mundo. Ni tener mil amigos colgando del brazo.
Básicamente, él no era como Harry.
-Bueno, eso no es necesariamente ser malvado, Tom.
-Tampoco quiero ayudar a las personas simplemente por amabilidad, podría ver que alguien necesita de mi ayuda y aun así no hacer nada, a menos que consiga algo con eso.
-Algo como qué?
-Podría ser alguien influyente, el sobrino del ministro, por ejemplo. Podría hacer buenos contactos haciéndome su amigo y salvandole de una situación peligrosa.
-Bueno eso no es necesariamente bueno ni malo, es intermedio. Hay muchas personas que se consideran a sí mismas buenas y que tampoco ayudarían a alguien que se halla en problemas, algunos por miedo, otros por dudar demasiado.
-¿Y si simplemente no quieren hacerlo?
Mark lo consideró. - Bueno, una cosa es lo que piensas y dices y otra lo que haces al momento. Creo que tú mismo podrías sorprenderte de tus acciones. Has avanzado mucho desde que nos conocimos y seguirás creciendo y cambiando.
-Ese no es el punto.
-El punto Tom, es que cada persona es como es. Estás descubriendo quién eres tú y está bien no ser perfecto, nadie lo es y el hecho de que tengas ciertos pensamientos y creencias que consideres malvadas, no te hace malvado, te hace un ser humano. Lo que hagas, sin embargo, es lo que hace la diferencia entre lo que es bueno y malo, más bien podríamos llamarlo como: lo que es justo o necesario hacer. No siempre podemos obrar como espera la sociedad, ni tomar el camino correcto, así que no puedes clasificarte con tanta severidad como: malvado. Solo porque eres diferente a tu entorno. Eres quién eres.
Tom asintió, confundido de cómo habían llegado a ese punto de la conversación. -Vale.
-Pocas veces te dejo sin palabras, no sé si sentirme halagado o preocuparme de que estés perdiendo tu ingenio.
-Mi ingenio está intacto, pero considero que tienes la razón, por esta vez al menos.
-Tom Riddle dándome la razón? ¿Acaso eres tú verdaderamente? ¿O convenciste a alguien de usar poción multijugos?
-Hacerse pasar por mi no es tarea fácil. - Se cruzó de brazos con altanería.
-Ya creo que no. - se echó a reír Mark. -Bueno, me alegra que estemos de acuerdo en esto, Tom.
Él asintió. -No se siente bien admitirlo, a decir verdad. - Era como sentir algo escarbando bajo su piel.
Mark sonrió más. - Bueno, quizá esto se sienta peor para ti, ya que has dejado más que claro que no te gustan mis tareas. Pero tengo una para ti: vas a hacer una lista..
-Oh no, tú y tus listas.
-Quiero que te analices a ti mismo y escribas todas las cosas que te hacen ser Tom Riddle-Gaunt. Tus habilidades, destrezas, incluso los rasgos de ti mismo que no te gusten.
-Y eso servirá para..?
-Para conocerte mejor y darte cuenta de que no eres solamente tus pensamientos, eres la suma de tus defectos, tus virtudes, habilidades y acciones. No hay bueno o malo, hay matices. Como una paleta de colores en el cielo, múltiples colores conviviendo y aun así hermoso.
-Tus frases filosóficas son extremadamente tontas y cursis. Desagradables incluso.
Mark se encogió de hombros. - Eso es porque soy cursi, pero no lo veo como algo malo. Solo algo que me hace ser yo mismo.
Tom rodó los ojos. - Aun cuando a otros no les guste?
-Por qué debería fingir ser otra cosa para agradar a otros?
-Para encajar? Para que piensen que eres alguien digno de su atención.
-Encajar, bueno, como yo lo veo, no somos piezas de un engranaje, ni de un rompecabezas. No tenemos el deber de "encajar" en ningún lugar, mucho menos de agradar a todos, cada quién es como es. Tú mismo lo has experimentado, con Ron, por ejemplo, has podido presenciar cosas de su persona que no te molestan por completo y aun así, no te agrada y eso no es algo malo, simplemente no eres compatible con Ronald y eso no debe ser el fin del mundo. Además.. No crees que sería agotador fingir todo el tiempo ser alguien que no eres?
Tom asintió, no muy contento.
-Y qué clase de personas tendrías a tu alrededor si no eres tú mismo? Crees que te agradaran?
-No tienen que agradarme, solo deben ser útiles.
-¿Útiles para qué?
-Para hacer cosas que yo quiera.
-Bueno, uno de los rasgos de ser un líder es saber tratar a las personas, saber lo que quieren y averiguar la forma en que estos operan, para así guiarlos de la mejor forma. Lograr que se sientan cómodos con nosotros.
Tom lo veía más como ser un dictador.
-Así que está bien si quiero ser un dictador?
-Quieres ser un dictador?
Tom lo pensó.
-No.
-Entonces no tienes que serlo, puedes ser un líder.
-Y eso no es lo mismo que fingir ser alguien que no soy?
-No, eso es abrazar tus capacidades para analizar a las personas y sus deseos, y ser capaz de usar eso para saber cómo tratar a cada persona como un ser individual para que alcance su máximo potencial y logre hacer, como dices, lo que tú consideras "Útil".
-Básicamente, un mentiroso muy astuto.
-Te consideras mentiroso?
-Me considero astuto.
-Y crees que eso es malo?
-Creo que usted piensa demasiado bien de mi o es idiota.
-Pienso bien de todos mis pacientes y mucho menos voy a juzgarte por ser como eres, Tom. Como te he dicho muchas veces. El motivo de nuestra conversación es descubrir quién eres tú y qué eres capaz de hacer con tus capacidades.
-Mientras más hablamos más pienso que estamos construyendo las bases de una política de terror de un señor oscuro.
-Quieres ser un señor oscuro, Tom?
De nuevo con las preguntas. - No. - y después suspiró pesadamente, hastiado.
-Ser líder no está mal, puedes hacer grandes cosas y tienes muy buenas cualidades para ser un líder que valga la pena seguir. Eres inteligente, creativo, astuto y con una gran fortaleza de espíritu y sobretodo, tienes este deseo de probarte a ti mismo que puedes ser una buena persona, en tus términos.
Tom no dijo nada.
-Podrías hacer grandes cosas, como ser el jefe de una gran compañía de pociones. O ser ministro de magia o jefe del departamento de misterios o de relaciones internacionales del ministerio. Tienes tanto potencial dentro de ti y tantas cosas que aportar a nuestra sociedad que no deberías enclaustrarte solo en el pensamiento de: seré un dictador, seré malvado, haré daño a las personas. Cuando no quieres hacer o ser ninguna de esas cosas. Tu pasado Tom, es pasado, no va a afectar quién serás en el futuro, a menos que tu decidas que quieres que esas cosas malas que te pasaron le sucedan a otros, por el simple placer de ver a otros sufrir como tú. ¿Quieres eso?
-No. - Tom sentía el pecho apretado, era difícil respirar, pero el miedo que había estado sintiendo parecía estar saliendo de su cuerpo en oleadas.
-Entonces, no está mal actuar en beneficio propio cuando veas la oportunidad y no está mal si no quieres ser amigo de todo el mundo, ni amable con todos. Eso no te hace malvado, solo te hace ser Tom, un niño que es inteligente y reservado con las personas que quiere a su alrededor. No un dictador, no un futuro mago oscuro, solo una persona. De acuerdo?
Tom asintió, sintiendo las lágrimas pujar por salir. Las reprimió lo mejor que pudo.
-Bien. Ya se nos ha acabado el tiempo de hoy, recuerda que debes hacer tu tarea, la lista. Puedes hacerlo como quieras, un cuadro, un dibujo, un informe, como quieras. Tienes libertad creativa, como en todas tus asignaciones. Y en nuestro próximo encuentro hablaremos de ello, de acuerdo? De hecho, deberíamos hablar de todas esas listas que has estado evadiendo entregar.
Tom se tensó en su asiento y suspiró, derrotado.
-Si no hay de otra..
Mark solo le sonrió.
-Bien, ya puedes irte por hoy, Tom.
-Gracias a Merlín.
-También fue un gusto verte hoy.
Tom sonrió como la Mona Lisa y salió de la habitación.
Notes:
Qué les pareció la charla entre Tom y Mark? Simplemente es una conversación que me encanta, además de Harry y sus habilidades de empático.
No aman como la interacción de los dos ha crecido? Adoro su amistad y conversaciones 😻
Eso es todo por ahora, disfruten!Chauuuuuu ❤️
Chapter 16: Charla con el señor Potter
Notes:
Buen fin de semana! Cómo están? Cómo se preparan para las fiestas navideñas? Yo estoy en medio de la locura 😵💫
Este capítulo me encanta, bueno, todos me encantan, pero está muy lindo y seguimos viendo el crecimiento de Tom. Pero no diré más! Lean el capítulo y espero les guste.
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Chapter Text
Capítulo XVI
Charla con el señor Potter
Tom llegó a casa con muchas cosas en mente, fue directo al cuarto de Harry, se quitó los zapatos y se sumergió bajo las sábanas, mientras Harry leía uno de sus libros de criaturas mágicas.
-¿Estás bien, Tom?
-Estoy confundido. - Habló desde debajo de las sábanas, podía ver las piernas de Harry vestidas con un pantalón de color amarillo chillón, le hizo hacer una mueca ante su aparente falta de buen gusto para vestir.
-Por qué?
-Hice algo que creo que es muy malo a alguien, pero Mark dice que realmente no es malo porque lo hice estando muy asustado y que solo me estaba defendiendo. Pero.. Temo que la persona a la que le hice algo esté molesta conmigo y quiera vengarse de mí.
Tom había descubierto que era fácil revelar sus secretos a Harry estando debajo de las sábanas, su amigo lo dejaba, desde su confesión/perdón de hacía semanas, Tom había tomado por costumbre hablar las cosas delicadas y difíciles de esa forma. Se sentía más seguro.
-Y qué te dijo Mark que hicieras?
-Me dijo que hablara con esa persona.
-Bueno, deberías hacerle caso, Mark es muy listo, no es así?
Tom guardó silencio. Harry respondía como si nada, como si no fuera algo grave lo que había hecho. Claro, él no sabía que había golpeado a su padre.
-Tengo miedo de hablar con él.
-Por qué? ¿Acaso le hiciste algo a Sirius?
-Qué?! ¡No! - Tom casi sale de debajo de las sábanas.
-Bueno.. Pensé que era él, sé que no te agrada y sé ahora que tampoco le agradas.
-Crees que le haría algo solo porque no me agrada?
-Dijiste que hiciste algo solo porque estabas asustado, así que no.
-¿No vas a enojarte conmigo si te digo la verdad?
-No puedo enojarme contigo por nada.
-Júralo.
-Lo juro por Newt Scamander que no me enojaré contigo.
Tom dejó salir el aire y cerró los ojos con fuerza.
-Golpeé a tu padre con magia accidental cuando estuviste en San Mungo.
-Qué?!
Ahí estaba, Harry lo iba a odiar.
-¡¿Y cómo fue?! Yo también lo he golpeado un par de veces, ya ves que papá es un poco brusco.
Tom se quedó inmóvil, Harry estaba bromeando con él. ¿Qué acaso el mundo estaba de cabeza?
-Harry.. Golpeé a tu padre.
-Ya sé tonto, escuché. Dijiste que estabas asustado y por eso lo golpeaste, está bien, no es nada malo. Yo también he golpeado a papá cuando me asusto.
¿Acaso su padre le había hecho algo malo?
-Ya sabes como se pone con el Quidditch.
Quizá no.
-Entonces.. Está bien?
-Bueno, si lo hiciste sin querer y te arrepientes, no veo cómo puede ser algo malo. - Harry le acarició la espalda sobre la sábana.
Tom sintió que su nerviosismo se iba.
-Además, papá jamás se enojaría por eso. Lo juro, nunca lo ha hecho conmigo, lo encuentra divertido, de hecho.
-Pero tú eres su hijo, es diferente.
-Papá te quiere mucho, Tom. No se enojará contigo, deberías hablar con él y ya verás que es cierto lo que te digo.
Tom sintió como a su alrededor Harry se revolvía hasta que la sábana se levantó y su amigo entró a su rincón seguro. Harry le sonrió.
-Hola.
-Hola.
-Solo quería decirte que no va a pasar nada malo, de acuerdo? Papá no está enojado contigo, él solo quiere ser tu amigo, le gustas, al igual que le gustas a mamá. No debes tener miedo, de acuerdo?
Cómo era que Harry hablaba con tanta madurez algunas veces y otras era.. ¿Pues un niño?
-De acuerdo.
Harry le sonrió dulcemente y Tom sintió tranquilidad envolverlo.
-Estás haciéndolo otra vez.
-Hacer qué?- Sonaba divertido.
-¡Harry! Pues eso, usar tus poderes.
Su amigo se sonrojó.
-¿Te molesta?
-No, pero solo porque eres tú.
-Obviamente, solo yo puedo calmar tus emociones. No vas a tener otro empático para ti.
-Dudo mucho que lo consiguiera, de todas formas.
-Incluso si lo consiguieras, no podría ser tú empático, yo lo soy.
-¿Eres mi empático?
-Lo soy.
Tom sintió calor recorrerle de la cabeza a los pies, de repente estaba abrumado, no sabía si abrazar a Harry o quedarse donde estaba. Harry lo resolvió arrojándose sobre él y pronto todas sus preocupaciones desaparecieron tras risas de ambos y una lucha por salir debajo de la sábana primero que el otro.
Tom podría quejarse de muchas cosas, pero no de Harry Potter ni de haberlo conocido.
No fue hasta el viernes que Tom se animó a hablar con el señor Potter, después de una charla motivacional con Mark que había terminado en el pedido de todas las tareas que le había encomendado, Tom había entrado en otro tipo de pánico, muy diferente. No había hecho ninguna lista, ni la suya, ni la de la señora Potter, menos la del señor Potter. La de su madre seguía arrugada en un cajón de su mesa de noche, abandonada.
Sin embargo, se había decidido finalmente por Harry, quién lo había alentado desde que se había sincerado, para hablar con su padre.
El momento llegó después de la cena, Tom lo veía como un buen momento, podría huir al cuarto de Harry si salía mal y no podrían regresarlo tan tarde por la noche al ministerio, tendrían que esperar al siguiente día y eso le daría tiempo de despedirse de Harry y huir.
-Señor Potter?
-Sí, Tom?
-Podría hablar con usted, por favor?
Harry se levantó de la mesa como un resorte.
-Mamá, puedes leerme los cuentos de Beedle el Bardo?
Su madre no había terminado de contestar cuando Harry la jaló escaleras arriba. Tom quiso darle un golpe en la cabeza, Harry era el rey de la indiscreción.
Su padre se echó a reír.
-Bueno, ahora que nos han dejado solos. Dime, campeón, ¿de qué quieres hablar conmigo?
¿Debería hacerlo? ¿Debería decirle? No se veía molesto, Tom lo había observado por días, la misma sonrisa, la misma postura relajada. Pero y si era una fachada?
-Yo.. Quería disculparme, señor. Y prometer que jamás volveré a faltarle el respeto de ninguna manera, no hay excusas para lo que hice. Pero estoy dispuesto a aceptar cualquier castigo, si me permite quedarme.
Tom no pudo verlo a los ojos, se sentía humillado y a la vez con miedo. El señor Potter no dijo nada por varios segundos, Tom no quiso mirar.
-Tom.. No me has faltado el respeto en ningún momento, no comprendo qué quieres decir.
-En San Mungo, señor. Lo arrojé hacia la pared con mi magia.
-Oh! Ooohh! Tom, puedes mirarme un segundo?- él lo hizo, los ojos del señor Potter no se veían molestos, menos su rostro. - Aprecio que te disculpes, pero fue un incidente y sé que no fue tu culpa, fue mía, por acercarme a ti cuando me pediste que no lo hiciera, no supe lidiar con la situación, me asusté al verte de esa manera y reaccioné mal. Me disculpo contigo por eso.
El señor Potter estaba disculpándose?
-Por qué se disculpa?
-Perdón?
-Yo lo golpeé y usted se disculpa.
-Bueno- se rió - Fue mi culpa que me atacaras, te asusté. Así que es como si yo mismo me hubiera golpeado.
Eso no tenía ningún sentido.
-No voy a castigarte, Tom. Porque no hay nada por lo que reprenderte, tuviste un ataque de pánico porque mi hijo estaba en San Mungo, estabas preocupado por él, asustado y yo no supe cómo tratarte en ese momento. Pero no te culpo de nada. Estoy agradecido de que no te haya pasado nada, a ninguno de ustedes.
Tom no sabía qué decir, el señor Potter le sonreía y le hablaba suavemente, despacio, como si fuera un bebé. Pero no fue tan desagradable como pensó, ayudó a calmar sus nervios.
-Entonces no está enojado conmigo?
-No estoy enojado, Tom. ¿Cómo podría? Estoy.. emocionado, tu magia accidental es impresionante, muy fuerte, cuando crezcas serás un gran mago.
Tom no sabía cómo reaccionar, nada iba como pensaba, nada nunca iba como pensaba con los Potter. Pero se sintió mejor al saber que no estaba en problemas, pero aun así, tenía dudas. Necesitaba respuestas, necesitaba un porqué, por qué eran tan buenos con él?
-Señor Potter, puedo hacerle una pregunta?
-Claro, Tom.
-Por qué no me ha botado de su casa aun? Sé que no soy lo que esperaban, ninguno de ustedes y sé que causo muchas molestias, entonces.. Por qué siguen manteniendome?
-Bueno, primero.. No, no eres lo que esperábamos, pero eres mucho más, eres un niño maravilloso, inteligente y un gran amigo de nuestro Harry. Tu presencia en casa le da más vida, no eres una molestia para nadie aquí. Prometimos cuidarte, se lo prometí a tu madre y a mí mismo.
-No tiene que cumplir sus promesas, la gente no suele hacerlo.
-Yo sí y quiero hacerlo.
-Por qué? ¿Por qué debería? No sería más fácil para ustedes deshacerse de mí?
-Fácil? Seguiríamos teniendo a Harry en casa, nada sería más fácil. - Se echó a reír. - Y Tom, no queremos que estés en otro lugar más que este, te has convertido en parte de la familia, te queremos aquí sin importar lo que haya pasado, eres un buen chico y queremos cuidarte, ayudarte y estar ahí para ti. Sabemos que no es fácil para ti confiar en nosotros, pero está bien, trabajaremos en eso.
-Incluso si soy malvado y una mala influencia para Harry?
-Qué?
-Escuché la conversación de usted y el padrino de Harry. - Admitió, esperando de alguna manera ser reprendido por algo, al menos por ser un fisgón. Simplemente no se sentía bien el no recibir una reprimenda.
El señor Potter suspiró.
-Tom.. No creo que seas una mala influencia para Harry y no eres malo en absoluto, solo eres tú. Además, Harry parece ser manipulable pero es un niño muy decidido que hace y dice lo que siente cuando lo siente. Creo que lo sabes bien.
Tom asintió.
-Y respecto a Sirius.. Es un adulto que nunca quiso perdonar ni olvidar lo que su familia le hizo. Vive con el resentimiento hacía sus padres y hermano, aun cuando estos ya no están. Sirius es.. Desconfiado de familias que están obsesionadas con la sangre pura y usan magia oscura. Cree que todos son iguales, pero no es así. Tú no eres así, Tom y no debes creer lo que ese idiota rencoroso diga de ti. Bien?
Tom sentía un nudo en la garganta del tamaño del huevo de un avestruz. Respirar no era tan fácil y sentía sus ojos arder y húmedos.
No pudo hablar, supo que si lo hacía iba a llorar y no pensaba hacer eso.
-Y será mejor que no uses la frase idiota rencoroso cerca de Lily o nos meteremos en un lío, de acuerdo, campeón?
Tom bufó de repente sintiendo cierta diversión de imaginar a la señora Lily reprender al pobre señor Potter.
Asintió de nuevo.
-Bien, te parece si cerramos este trato con un apretón de manos? O, podemos ir a la cocina y tomar un par de galletas para brindar con leche.
Tom miró al señor Potter y de repente sintió la necesidad de tocarlo, quería saber cómo sería, cómo se sentiría, sería como con la señora Lily? ¿Cálido y suave? Una parte de él no dejaba de pensar en ello desde ese día en San Mungo.
-Podemos hacer ambas?
El señor Potter sonrió ampliamente y a Tom le gustó que fuera por él, era la clase de sonrisa que le daba a Harry todo el tiempo.
El señor Potter extendió su mano y esperó por la suya, respiró hondo y acercó su mano, su corazón se agitó un poco y su boca se secó, pero no se echó para atrás. La mano del señor Potter era grande, áspera y cálida, gentil, no fue un apretón que aplastara sus dedos dolorosamente y Tom soportó unos segundos antes de apartarse.
El señor Potter tenía los ojos brillantes de lágrimas no derramadas. Tom no se burló, sabía que él estaba igual.
-Ahora, vamos por esas galletas?
Volvió a su habitación al ver que Harry no estaba en la suya, se sentía tranquilo y en calma, la boca llena del sabor de chocolate de las galletas y sus pies hormigueantes. El señor Potter lo había entretenido con una conversación divertida de su entrenamiento como auror y el tiempo había pasado volando para ellos.
Dió un par de vueltas en la cama hasta que el sueño se apoderó de él y se durmió.
Despertó más tarde al sentir la cama moverse, se tensó asustado y luego vió a la señora Lily dejando a un Harry dormido junto a él. De inmediato se relajó al ver su sonrisa.
-Buenas noches, Tom.
-Buenas noches, señora Lily.
Se fue de la habitación luego de guiñar un ojo.
Bueno, eso respondía a su pregunta de si los padres de Harry sabían que dormían juntos. Parecía que no les molestaba, a los Potter siquiera les molestaba algo?
Harry se dió la vuelta y lo vió por unos segundos antes de cerrar los ojos de nuevo. Tom se acercó más a él y abrazó a su amigo como una víbora antes de aplastar a su presa. No era tan buena descripción, definitivamente debía dejar de leer sobre serpientes.
El martes llegó demasiado lento, Tom estaba entusiasmado por hablar con Mark y contarle lo que había hecho.
El fin de semana había sido bueno, los padres de Harry habían pasado mucho tiempo con ellos y eso le había dado tiempo a Tom de conocerlos mejor, aunque a la señora Lily la conocía mejor, gracias a sus lecciones de pociones, la señora Lily solía ponerse parlanchina mientras picaban o buscaban ingredientes, Tom se había acostumbrado a su voz suave mientras buscaba en los innumerables envases de ingredientes de su estantería.
Pero había descubierto muchas cosas del señor Potter esos días y el padre de Harry parecía brillar solo con verlo, a Tom le gustó la atención que le daba, como entre ellos ya no era tan difícil conversar. Incluso jugó al ajedrez con él y se echó a reír encantado cuando le ganó, luego lo intentó la señora Lily y fue un empate. Hizo que a Tom le gustase más.
Ese martes, antes de ir a San Mungo, los señores Potter los llevaron a casa de los abuelos de Harry, unos Muggles. Harry parecía encantado de verlos y corrió a abrazarlos de inmediato, Tom los saludó a lo lejos, dándoles su sonrisa falsa y luego reprendiendose por ello. De igual forma no se quedaron mucho tiempo, tal parecía que los padres de la señora Lily cuidarían a Harry a partir de ahora mientras iban a San Mungo. A Tom le encantó la idea.
Cuando entró al consultorio de Mark se sentía feliz.
-Hola, Mark. - Entró confiado, directo a su usual asiento verde.
-Hola, Tom- Le sonrió - Cómo has estado?
-He estado muy bien y tú?
-Excelente, tuve un buen fin de semana y el tuyo cómo estuvo?
-Estuvo muy bien.
-Bien, bien. Eso me alegra mucho, Tom.
Mark parecía estar frente a un saco de oro. A Tom le pareció gracioso.
-Sí, resolví las cosas con el señor Potter. - no pudo evitar alardear sobre ello, por primera vez iba a una consulta con Mark habiendo cumplido sus tareas, se le permitía alardear un poco, no?
-¡Esa es una excelente noticia! Y bien? ¿Cómo fue todo?
-Dijo que no estaba molesto, se disculpó conmigo y me dijo que mi magia accidental es muy poderosa. Ah y nos estrechamos las manos.
-Bueno, eso es un gran progreso. Me siento muy contento con ello, Tom.
-Y además.. Traje la tarea.
Mark sonrió aun más.
-No vas a dejar de sorprenderme hoy, eh? Muy bien, qué tal si hablamos de lo que has descubierto?
Tom sacó las listas de su bolsillo.
-Podemos hablar de la señora Lily primero?
-Como tú quieras.
-Bien. Bueno, las cosas que me gustan de la señora Lily son: su comida, es muy buena. Su cabello. Me gusta su laboratorio de pociones, es muy ordenado. Me gusta que sea tan lista. Me gusta su sonrisa. Me gusta que no haga preguntas incómodas. Me gusta que se preocupe por mi. Me gusta.. Que le diga a otros que soy su hijo también. Me gusta que sea amable. Me gusta su perfume y me gusta que me de mi espacio si lo necesito. Eso es todo- Dobló la lista, algo avergonzado. -Puedo leer ahora la del señor Potter?
-Adelante.
-Bien. - Tom respiró hondo, de repente no tan confiado en revelar cosas que quizá eran tontas. - Lo que me gusta del señor Potter es que es divertido, no todo el tiempo, pero siempre intenta serlo, siempre está de buen humor y siempre trata de que todos estemos felices. Me gusta que no crea que soy un monstruo. Me gustan sus historias, son interesantes. Me gusta que nos deje a Harry y a mi hacer cosas que la señora Lily no, como comer más galletas después de medianoche. Es un poco infantil y aunque creo que se ve un poco tonto siéndolo por ser un adulto, también es.. entretenido. Me gusta como trata de participar en nuestros juegos y como se emociona cuando hago cualquier cosa. También me gusta su sonrisa. Eso es todo.
-Bien, eso está muy bien. Veo que tu relación con ambos ha mejorado y has llegado a conocerlos mejor.
Mark lo hizo sentir menos tonto.
-Sí.
-¿Y cómo te sientes cerca de ellos ahora?
-Es.. Menos difícil, aun no me siento completamente cómodo, pero ya no es tan malo.
-Bien, eso está bien. ¿Algo más que quieras compartir?
-Traje la carta de mi madre, pero no estoy listo para mostrarla.
-De acuerdo, está bien, gracias por decírmelo. Podemos hablar de ello cuando tú quieras.
Tom sentía la carta arrugada en su bolsillo, pesada como una roca.
-También traje una lista sobre mi. Aunque.. Harry me ayudó un poco.
-Bien, me parece excelente que tomes la iniciativa de enseñarme tu tarea, es un gran paso. A ver, vamos a escucharla.
Tom abrió la lista y se reconfortó con la letra desaliñada de Harry, habían hecho la lista entre ambos, aunque Harry había agregado muchas más cosas que él.
-Umm.. Bueno, la verdad es que Harry escribió la mayoría y yo.. no estoy muy seguro de que sea cierto. Pero él estaba muy seguro.
-Bueno, qué te parece si primero me dices lo que tú escribiste y luego lo que Harry escribió? Y así hablamos de ello luego de que termines.
-Bien. Lo que me gusta de mi: mi inteligencia, mi magia, mi sentido de la moda, lo bien que juego ajedrez. Eso es todo.
-De acuerdo.- Mark asintió. - Y qué escribió Harry?
Tom miró la lista, Harry casi había llenado la hoja.
-Lo que me gusta de mi, escrito por Harry, dice que soy: cariñoso, protector, buen amigo, que le gusta que puedo hablar con serpientes, dice que soy divertido - Tom puso los ojos en blanco. No lo creía, de verdad.- Leal- podía estar un poquito de acuerdo en ello, era leal a los que quería. Pero esa lealtad podía irse muy rápido. - Ingenioso- Harry había aprendido esa palabra y decidió agregarla. -Que doy buenos abrazos- se sonrojó. - también dice que le gusta que sea tan bueno preparando pociones y lo listo que soy en general. Pero no cuenta, o sí? Yo ya lo había mencionado. - Tom sentía que le temblaban y sudaban las manos, era difícil hablar sobre él mismo de esa forma, se sentía desnudo. -Eso.. Eso es todo.
Mark estaba sonriendo.
-Bueno, es una lista muy buena, la de ambos, logra definir quién es Tom, ¿no crees?
-No, Harry exagera, así es él. Debería hacerte una lista, así puedes conocerlo mejor y sabrás que se deja llevar mucho por el cariño que le tiene a las personas.
-Bueno, yo creo que Harry ha sido bastante acertado, te conoce bien. Pero, eso no es lo que me preocupa, por qué crees que lo que Harry dice no es correcto?
-Porque no lo es.
-Te parece si hablamos de cada punto que ha mencionado por separado? Y tratas de decirme por qué no estás de acuerdo?
-Bien. - Tom ya no se sentía entusiasmado. - Cariñoso. No soy cariñoso en absoluto.
-Por qué lo crees así?
-No soy como él, saltando sobre la gente y repartiendo abrazos.
-Bueno, el ser cariñoso no radica en arrojar tu cariño a cualquiera, también podemos ser cariñosos a nuestra manera. Cada persona es diferente, Tom, recuerda eso y como somos diferentes, actuamos de manera diferente. Harry es más expresivo, tú reservado, pero eso no quiere decir que no demuestres el cariño que sientes por algunas personas. Podemos demostrar nuestro afecto dando un abrazo, un beso en la mejilla, dando un regalo que sabemos que la otra persona quiere mucho o cuidando de esas personas. Has hecho algo como eso con alguien a quién aprecies?
Tom le daba abrazos a Harry cuando dormían, le tomaba de la mano, le cuidaba y acompañaba siempre que podía. Incluso hacía cosas que no le gustaban del todo porque lo hacían feliz. Y con la señora Lily.. La escuchaba con atención durante sus clases y hablaba con ella porque sabía que le gustaba escucharlo. Y ahora el señor Potter.. Tom le permitía estar más cerca y jugar al ajedrez, porque sabía que el señor Potter apreciaba esos momentos.
-Bueno, supongo que sí. - Admitió a regañadientes. - Pero no lo hago con todo el mundo.
-Nadie lo hace, para demostrar afecto debes conocer a las personas, compartir con ellas, no puedes demostrar afecto por un extraño. ¿No es así?
-No.
-¿Entonces? ¿Qué opinas? Eres cariñoso?
-Supongo que lo soy, a veces.
-Bueno, entonces qué tal si tomamos esta hoja y escribimos una nueva lista mientras hablamos, una lista que sea solo escrita por Tom? De las cosas que creas de ti mismo y te gustan.
Tom aceptó la hoja y el bolígrafo.
Anotó "Cariñoso, solo con aquellos que aprecio"
-Bien, qué es lo siguiente?
-Protector.
-Bueno, ¿por qué crees que no eres protector?
-Creo que es parecido a ser cariñoso, no soy protector con todos. De hecho, soy lo opuesto cuando alguien no me agrada, quiero hacerles daño. Como puedo ser protector entonces, cuando pienso en hacerle daño a otros?
-Y quieres dañar a todos aquellos que no te agradan?
-No, solo a aquellos que me hacen algo malo.
-Cómo qué?
-Como burlarse de mí, golpearme, insultarme y decirme cosas como que soy un mago oscuro.
-Bueno, es comprensible que no sientas agrado por aquellos que son desagradables contigo. Pero como hablamos la sesión pasada, la violencia no es la solución, de acuerdo? Y aquellas personas que son malas con nosotros solo esperan que sus palabras te afecten, buscan herirte de alguna forma, porque hay algo en ti que les molesta o porque sienten placer lastimando a otros. El no reaccionar como ellos desean es la mejor venganza, porque no les darás lo que quieren y demostrarás algo que ellos no tienen: madurez y amor a ti mismo.
-De acuerdo, ahora solo debo quererme a mi mismo, ¿no?
-Sí, pero eso no significa que las palabras o acciones no afectarán, pero, el amarte a ti mismo hará que las cosas que digan no te importen demasiado, porque sabrás que no son ciertas, porque te conoces a ti mismo.
Tom asintió, queriendo darle paso a la conversación.
-Entonces, volviendo al tema. Eres protector con aquellos que quieres?
-Sí.
-Entonces escríbelo.
Tom lo hizo. De repente el entusiasmo estaba volviendo.
-¿Qué es lo siguiente?
-Buen amigo.
-Por qué crees que no eres un buen amigo?
-Porque no lo soy, Harry y yo peleamos mucho y a veces lo hago sentir triste o molesto. Los buenos amigos no deberían hacer sentir así a sus amigos. Aunque.. Estoy tratando de no pelear, desde que fue traído a San Mungo.
Mark asintió.
-Bueno, debo decirte que las relaciones no son fáciles de llevar, las peleas a veces ocurren, porque, como ya he dicho, todos somos diferentes, tenemos maneras de pensar y actuar que quizá no van con lo que la otra persona cree que está bien. El pelear no es algo malo en sí, nos ayuda a conocer a la otra persona mejor y aprender a llevarse mejor. Lo malo es cuando nos enfrascamos en pelear continuamente todo el tiempo. Tú mismo lo has dicho ahora, no han peleado en unas tres semanas, porque estás tratando de no pelear, es decir, que has cambiado para ser mejor amigo y eso, a su vez, te hace buen amigo. No lo crees así?
Tom asintió, algo confundido. ¿Cómo era que Mark le daba la vuelta a todo y le hacía cambiar de opinión?
-Aun no creo que sea un buen amigo, pero no soy tan terrible como era antes.
-Bueno, eso está mejor. Podemos poner solo "Amigo" en la lista, hasta que sientas que eres un "Buen amigo".
Tom lo hizo.
-¿Qué sigue ahora?
-Mi habilidad para hablar con serpientes.
-Bien, dime, ¿por qué no lo pusiste en tu propia lista? Es una habilidad infrecuente, pero bastante interesante y útil.
-A veces me gusta, es solo que.. Tengo pesadillas, ya no tanto como antes, pero suelen ser sobre él y puedo escucharlo hablar en Pársel y recuerdo cómo decía que éramos superiores por eso. A veces odio hablar Pársel y ser parte de esa familia, pienso.. Pienso en cómo habría sido si fuera hijo de alguien más. Además, muchos creen que soy malvado solo porque hablo Pársel y eso me enoja.
-De acuerdo. Es comprensible que tengas estos sentimientos de rechazo hacia esa habilidad, pero hablar con serpientes no te hace malvado, hay muchos magos que quisieran poder entender como tú a los animales- Tom pensó en Harry. - Y, si bien tu familia posee esa habilidad, puedes elegir verlo como algo que es tuyo y solo tuyo, porque está dentro de ti y puedes elegir cómo usarlo. Tienes el poder de demostrar que no todos los hablantes de Pársel son malvados o magos oscuros, solo siendo tú. Además, el Pársel es solo una lengua, podría llegar ahora mismo un hombre de china y no entenderíamos nada de lo que dice y eso no lo hace malvado, o sí?
Tom negó.
-Entonces, qué dices? La lengua Pársel irá a la lista?
Tom suspiró.
-Sí, supongo. - Lo anotó.
-¿Qué viene ahora?
-Que soy divertido y en esto si no estoy nada de acuerdo, en serio. Harry se entretiene viendo volar a una mosca, todo es divertido para él.
-Bueno, el ser divertido no necesariamente debe estar relacionado a ser un comediante, Tom.
-No voy a ceder con esto, no quiero ser divertido, de todas maneras.
-De acuerdo, ¿qué es lo siguiente?
-Que soy leal. - Mark asintió. -Supongo que soy, solo con aquellos que aprecio. Pero puedo ser desleal si esas personas hacen algo contra mi.
-Bueno, eso tiene que ver con el perdonar y comprender, si bien es cierto que..
Tom dejó de escuchar a Mark en ese punto, en serio ya se estaba hartando un poco.
-¿Qué es lo siguiente?
-Ingenioso y lo agregaré a la lista sin debatirlo, considero que está bien para mi.
-¿Y leal?
-Ya lo agregué.
-Entiendo si estás cansado y abrumado, pero esta sesión ha ido muy bien, estamos trabajando en tu amor propio y eso es importante.
-Ya sé, solo es extraño.
-Qué es extraño?
-Relacionarme con esas palabras.
-Se volverá fácil para ti mientras pase el tiempo, te aconsejo poner la lista en un lugar que puedas ver, será un recordatorio de la persona que eres ahora.
Tom asintió, aunque dudaba poner la lista en algún lugar que alguien más que Harry pudiera ver.
-Bien, qué más?
-Que doy buenos abrazos- Murmuró.
Mark sonrió.
-No pondré eso en mi lista, es vergonzoso e innecesario.
-No es vergonzoso demostrar afecto, es ser cariñoso.
-Entonces podemos considerar que "cariñoso" incluye lo de los abrazos y olvidarnos de eso.
Mark asintió de acuerdo.
-Lo último: dice que soy bueno preparando pociones, es cierto, lo anotaré. Listo! ¿Ya terminamos por hoy?
Mark miró el reloj.
-Lo hicimos, de hecho tardamos un poco más.
Tom se levantó de su asiento.
-Gracias por la sesión de hoy Tom, me alegra tu progreso.
Él asintió.
-Lee tu lista todos los días y si hay algo que agregar.. Házlo.
Tom salió de la habitación, sintiendo que iba a explotar.
Notes:
Alguien más ama la manera en la que Harry piensa de Tom? Simplemente lo adoro, amo a mi niño Harry y su manera tan linda de cuidar y apoyar a Tom.
También me gusta este capítulo porque le doy un poco más de protagonismo al señor Potter, le hacía falta, pobre hombre, el solo quiere cuidar de todos.
En fin, gracias por leer, tengan una buena semana.
Chau!
Chapter 17: Cartas, narices de cerdo y familia
Notes:
Hello people! Happy New Year, atrasado jeje. Cómo pasaron su año nuevo?
Disculpen, mi navidad fue movida y olvidé actualizar. Peeero ya vine y el capítulo de hoy me encanta, me encanta, me encanta! Me divertí mucho escribiéndolo, espero les guste como a mi, se viene bomba emocional luego de esto, así que.. Disfruten, gracias por leer y sus bellos, hermosos, preciosos comentarios.
Nos leemos el próximo fin de semana.
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Chapter Text
Capítulo XVII
Cartas, narices de cerdo y familia
Tom había encontrado que, agradablemente, había logrado establecer una rutina sencilla en la cual se sentía cómodo.
Iba por la tarde a la casa de los Weasley a estudiar, volvía a casa de los abuelos maternos de Harry por la tarde, a esperar a que alguno de sus padres terminase primero con el trabajo, usualmente, la señora Lily iba por ellos. Después de que el señor James tuviera que volver de sus muy largas vacaciones a su trabajo en el ministerio.
A Tom le gustaban los padres de la señora Lily, le daban a Harry y él todo lo que pedían, siempre estaban sonriendo como tarados y mostrándose asombrados por su capacidad para hablar con serpientes. Harry les había contado.
Así fue como aprendió más de la señora Lily y su infancia, sus padres habían estado sorprendidos por la noticia de que era una bruja y el abuelo de Harry les había confesado que, desde entonces, se dedicaba a aprender trucos de magia para sorprender a otros.
También, les dejaban ver la televisión. Era diferente a la que había en casa de los Potter, en donde la magia solía interrumpir constantemente con el aparato, sólo podían ver películas en CD 's. En cambio, aquí podían ver la tele abierta, como decían los viejos y Tom se volvió adicto a ella y los programas que veían.
Su favorito era ¿Who wants to be millionaire?, Estaba aprendiendo muchas cosas y descubrió que los abuelos de Harry no eran tan idiotas. También aprendió a jugar bingo, charadas y damas. Y lo que más le gustaba.. Los abuelos de Harry no parecían verlo como un villano o una víctima, el señor se refería a Tom como: Soldado. Porque decía que Tom era listo, valiente y observador, como un soldado. A él le gustaba la comparación.
Los fines de semana la pasaba con los Potter, habían establecido que se celebraría un "Fin de semana familiar", motivado por Mark. En donde todos pasaban el tiempo juntos, jugando y haciendo preguntas, había un juego que se habían inventado llamado: Quién soy? Cada quién escribía algo de sí en un papel y lo rotaban, podía ser un pensamiento, un recuerdo, un objeto que le pertenecía y el otro debía adivinar de quién era la nota. Era una buena forma de conocer a los demás y le daba la oportunidad de elegir qué compartir.
Era agradable, Tom nunca se había sentido así, acogido, cálido y feliz.
Pero algo seguía molestandolo, algo que se lo comía desde las entrañas, masticando constantemente, era irritante, frustrante. Tom quería sentirse feliz, estaba feliz, pero no podía disfrutarlo por completo.
Sabía que era, las citas con Mark lo habían insinuado últimamente. Tom lo había evitado como la peste, pero no pudo evitar darse cuenta. Las lechuzas que llegaban a casa con cartas y que la señora Lily recogía con un gesto serio en la cara, siempre iba acompañado por una mirada en su dirección. Eran cartas de su madre, Tom lo sabía, había escarbado en la gaveta de la cocina en donde la señora Potter la había escondido una vez. Vió la dirección, no era una que conociera y el nombre de su madre: Merope Gaunt, en una caligrafía desordenada y chueca.
Soltó la carta como si le quemara, pero no pudo dejar de pensar en ello, por mucho que lo intentó.
Harry se abrazaba a él por las noches, acariciando su espalda en círculos y usando su empatía para calmarlo lo suficiente para dormir, porque durante la noche sus pensamientos no tenían a donde ir y se sentía tembloroso, con ganas de correr y llorar. Harry ayudaba mucho y no lo presionaba para hablar.
Tom se desprendió del cuerpo cálido de Harry, quién dormía acurrucado como un gusano, abrazando alguno de sus múltiples peluches. Era tarde, por la madrugada y no había podido dormir, aquello se había repetido por días y Tom comenzaba a sentir cansancio e irritación.
Sabía la razón. Las cartas del cajón de la cocina.
Bajó de la cama, salió de la habitación sin hacer ruido y caminó por la oscuridad del pasillo usando su memoria para llegar a las escaleras. Encendió las luces de la cocina y miró la casa silenciosa a su alrededor, vacía. De repente sintió un miedo desconocido.
Tom no le temía a la oscuridad, no cuando sabía que había cosas peores que la ausencia de luz. Aun así, aquello lo hizo sentir vulnerable y solitario.
Miró la gaveta y abrió el cajón con rapidez. Tomó un puñado de cartas sin siquiera leer la fecha, volvió a cerrar el cajón, apagó la luz y corrió escaleras arriba hasta su cuarto abandonado, cuya cama estaba vacía con sus sábanas perfectamente dobladas.
Encendió la luz y caminó a su escritorio, soltando las cartas en el y sintiéndose como un ladrón. Su corazón se había acelerado y no podía saber si era por la carrera o por su miedo a leer lo que había en las cartas.
¿Debería hacerlo? ¿Debería leerlas? ¿Qué pasaría si lo hiciera? Sabía que solo era un pedazo de papel, pero había sido escrito por su madre, la mujer sobre la que no podía hablar, sobre la que no había hablado, ni siquiera con Harry, desde su llegada a casa de los Potter, hacía ya poco más de cinco meses.
-Tom?- se sobresaltó y miró a un adormilado Harry en su puerta, estrujandose un ojo y sosteniendo su peluche. - ¿Qué pasa?
Miró las cartas, no estaba listo para ellas. No quería contarle a Harry.
-Nada, no podía dormir.
-Umm, quieres que te ayude con eso?
Tom asintió, tomó las cartas y las guardó en su cajón. Sabía que Harry no las tomaría, habían tenido su charla sobre la privacidad hacía un tiempo. Aun así, Tom se dió cuenta de su mirada curiosa.
-Vamos a dormir, Harry.
Lo tomó de la mano y juntos fueron de nuevo a su cuarto.
Ambos se acostaron y arroparon con las sábanas. Tom cubrió su cabeza y cerró los ojos.
-Harry?
-Si?
-Si pudieras leer algo que alguien ha escrito para ti, pero estás muy enojado con esa persona.. ¿Lo leerías?
-Creo que sí.
-Por qué? Si estás enojado con esa persona, ¿no sería mejor ignorarlo?
-Podrías olvidar las cartas si no las lees?
-Qué?
-Creo que.. Tendría demasiada curiosidad en saber que pudo haber escrito esa persona. Quizá sea una disculpa.
-Y una disculpa cambiaría algo?
-Supongo que depende de lo que haya hecho para enojarme.
-Ummm..
Tom no dijo nada más, Harry tampoco, pero poco a poco comenzó a sentir que aquel nudo en el estómago y los latidos alocados de su corazón se calmaban, su cuerpo se sentía como flotando en agua y cálido. Pronto se quedó dormido.
Las sesiones de esa semana con Mark estuvieron bien, más charla sobre el autoestima, confianza y convivencia. Consideró que lo estaba haciendo bien con los Potter, se llevaba muy bien con los padres de Harry y ya no tenía ese pensamiento constante de ser un estorbo o de ser complaciente.
Descubrió que podía ser un niño como Harry, aunque nunca lo sería realmente. Pero Mark le había convencido de cosas pequeñas, como dejar que la señora Lily hiciera cosas como limpiar su habitación, aun cuando podía hacerlo, tomar su plato de la mesa, aun cuando podía hacerlo o acomodar su cabello antes de salir. Era tonto, pero según Mark, un niño debía ser un niño y una de esas cosas es dejarse cuidar.
Tom no lo encontró tan terrible. Después de un tiempo se acostumbró un poco a recibir ayuda, aun cuando no la necesitaba. Era un lenguaje entre ambos, una actividad que parecía unirlos aun más, la señora Lily sonreía al escucharlo pedir ayuda y eso hacía que el tiempo juntos fuera mayor. A él le encantaba el calor en su pecho al verla sonreírle.
Esa mañana, ambos estaban en el laboratorio, ese día estaba enseñándole la poción encogedora. Él estaba feliz, era una poción de tercer año, cada que aprendía a realizar una poción le era más fácil con la siguiente.
En ese momento estaban mirando el caldero hirviendo en silencio, esperando a que llegara el momento de apagarlo.
-Señora Lily, puedo preguntarle algo?
-Claro que sí, cariño. ¿Qué es?
-¿Qué te escribe mamá en las cartas?
No había podido leer las cartas, había evitado su habitación la mayor parte del tiempo, excepto para vestirse y darse un baño.
La señora Lily se quedó en silencio unos segundos.
-Bueno.. Hablamos de muchas cosas. Pero sobre todo, pregunta por ti, cómo estás, si estás bien..
Tom asintió con la vista clavada en el caldero.
-Qué más?
-Me ha hablado de su trabajo y del departamento que ha rentado.
Tom se sintió pesado, sin saber si quería seguir preguntando.
-Quieres que leamos sus cartas? ¿O una de ellas?
-¿Las ha leído todas?
-No, no las que son para ti.
-Envía cartas solo para mí?
-Sí, desde la primera semana.
Tom sintió un vuelco en el estómago.
-No quiero leerlas, aun no.
-De acuerdo, si algún día quieres leerlas, puedes tomarlas del cajón de la cocina. Bien?
Asintió en silencio.
Sintió como la señora Lily peinaba su cabello, era algo nuevo para ambos, algo que Tom podía tolerar y amaba, desde aquel día en San Mungo cuando se dió cuenta de lo hambriento que estaba de tacto. Tom había tenido una charla con la señora Lily sobre lo que quería, dejando en claro que tomarse de las manos y acariciar su cabello estaba bien, pero los abrazos eran demasiado.
Con el señor Potter estaba bien un apretón de manos.
-Ahora, nuestra poción de encogimiento está lista. ¿Quieres probarla?
Tom se incorporó y rápidamente se dejó distraer por el entusiasmo de su siguiente experimento.
-Puedo traer a Harry para probarlo?
La señora Lily le sonrió y asintió.
-Ve a buscarlo, le encantará.
Salió corriendo del laboratorio.
-Tom! ¡Mira esto! Es un libro del antigüo Egipto Muggle. Podríamos llevarlo y compararlo con el que está en la biblioteca de casa. -Harry agitaba un libro mientras se acercaba corriendo a él. Estaban en casa de sus abuelos y habían decidido huir a la biblioteca del abuelo de Harry al ver llegar al gordo y molesto primo de su amigo.
Tom se sintió mejor al darse cuenta de que ni siquiera Harry le soportaba.
-Ustedes dos son unos ñoños- Dudley apareció de la nada y, dándole un empujón a Harry, le tumbó al suelo y le arrebató el libro. -Qué tienes aquí, fenómeno?
Tom vió rojo. Harry había caído de espaldas y había echado un pequeño chillido.
-Dudley.. Discúlpate. Ahora.
El gordo niño lo vió con diversión.
-¿O qué? ¿Qué harás fenómeno? No puedes hacer magia mientras estés aquí.
Tom apretó los puños, sintiendo la ira recorrerlo.
-Deja de molestar, Dudley. Dame el libro, ni siquiera te interesa leer.- Harry se había puesto de pie y se había acercado de nuevo al niño cerdo.
-Quizá ahora me gusta.
-Dudo que puedas entender algo más que el título.
Harry rió ante su comentario.
-Y tú puedes? Acaso te enseñaron a leer en ese orfanato de donde te sacaron los padres de Harry?
Tom sintió el momento exacto en donde su autocontrol y el ejercicio de respiración que Mark le había enseñado se había roto.
-Tom es mucho más listo que tú, cerdo analfabeta. - Insultó Harry. Se habría reído de no estar tan molesto.
Quizá..
Dudley jadeó de horror cuando sintió que se elevaba del suelo y comenzó a gritar.
-AAAAHHHHH, BÁJAME! ¡BÁJAME AHORA! ABUELAAAAA!
Tom no escuchó, subiéndolo hasta el techo.
-Qué está pasando aquí?- La abuela de Harry entró a la habitación. - ¡Oh dios mío! Dudley! - chilló horrorizada.
Tom dejó caer al niño, asustado de ser atrapado tan rápido.
Dudley cayó produciendo un ruido extraño, como el de la pasta de dientes saliendo del tubo al ser aplastada con fuerza.
La mujer corrió de inmediato hacía él y gritó.
-Qué te pasó en la cara?!
-Qué?! ¿Qué?! ¿Qué tengo?
Tom miró a Dudley, quién sujetaba aterrado a su abuela. Su nariz se veía redonda, rosa y alargada.. como la de un cerdo. Bueno, era una nariz de cerdo.
-Por Merlín.. - Harry se echó a reír al verlo, una verdadera carcajada. -Ahora si pareces un cerdo!
Tom sonrió.
-¡Harry! ¿Crees que esto es divertido?! Revierte esto de inmediato.
El abuelo de Harry entró.
-Pero que mierd..
-Harold!
-Qué le pasó en la cara?
-Fue ese fenómeno que adoptó mi tía, me levantó hasta el techo y me dejó caer.
-Oh, te lo tenías bien merecido. - Harry rápidamente estaba a su lado, defendiéndolo.
-Harry James! Esa no es esa forma de hablarle a tu primo.
Harry se encogió.
-Y tú Tom, esto no es un comportamiento apropiado. Revierte esto, ahora.
-No sé cómo.
Comenzó a sentir las manos frías y trató de controlar su temblor.
-Qué?! ¡No puede quedarse así!
-Qué pasa? ¿Qué es lo que tengo? - Dudley gritaba histéricamente.
-Tienes una gran nariz de cerdo hijo, eso es. - El abuelo de Harry veía la situación como si fuera un juego de fútbol.
-¡¿Qué?! ¡QUÍTAMELA! Tú! Fenómeno indeseable! - Dudley se levantó y se fue contra Tom.
-Déjalo en paz, cara de cerdo! - Harry salió en su defensa como un gladiador y lo empujó al suelo, igual que había hecho el niño unos segundos antes.
-¡Harry! Dudley! Harold has algo!
-Llamo a control animal?
Harry, en el suelo, se echó a reír.
Tom no podía controlar el temblor de sus manos, ni su respiración agitada. Asustado como estaba.
¿Qué había hecho? La señora Lily iba a enojarse con él, la abuela de Harry estaba enojada con él, no le dejarían ir más. Y si la señora Lily lo regresaba por atacar a su familia?
-Tom Riddle! Revierte esto ahora jovencito, ahora mismo! Y discúlpate con Dudley.
La abuela de Harry se había acercado a él, su rostro enojado y tenso. Tom se alejó asustado.
-¡Él no tiene la culpa! Dudley nos molestó primero.
-Eso no significa que deba levitarlo hasta el techo y ponerle una nariz de cerdo. - Regañó la mujer.
Harry se levantó y llegó a su lado.
-Que Dudley se disculpe con él, le dijo cosas horribles.
-Horrible o no, Tom no es quién tiene una nariz de cerdo.
Dudley lloraba en brazos de su abuelo. Aunque más bien era una rabieta.
-¡No es justo! Dudley siempre nos molesta, Tom solo se hartó y él debe disculparse?
-Tú también debes disculparte.
Harry hizo algo que Tom nunca pensó que haría, se paró firme, frunció las cejas, se cruzó de brazos y con un tono altanero dijo: - No me voy a disculpar.
Tom sintió que se había desatado el apocalipsis. Como el padre de Harry les había contado una vez que leyeron la palabra en un libro y el nombre estaba cerca para servir de diccionario.
-Ni yo, ni Tom.
Le tomó de la mano y lo sacó de la sala pisando fuerte, hasta lo que él sabía era el antigüo cuarto de la señora Lily.
-Harry..
-Shhh! - Tom nunca había visto a su amigo enojado. Tan enojado, al menos.
Cerró la puerta y lo miró en silencio. Lentamente, una sonrisa apareció en su rostro.
-¡Eso fue genial!
Tom sentía que iba a vomitar.
-No es genial, estuvo mal, tu abuela está enojada conmigo.
-Se le va a pasar, Dudley y yo siempre peleamos. Tranquilo.
-Tu mamá se enojará conmigo.
-Puede que un poco pero..
-No debí hacer eso- Tom jadeó, respirar era difícil. Su garganta ardía. - Todos están enojados conmigo.
-Hey, Tom.. Calma. Tranquilo, no es algo tan grave. Mamá y papá podrán revertirlo en un momentito.
Tom sintió una bruma de calma envolverlo y se sintió mal por ello, Harry estaba usando sus poderes en él.
-No hagas eso.
-Hacer qué?
-Usar tus poderes para calmarme, no merezco que lo hagas. Hice algo malo.
Harry lo jaló a la cama y ambos se sentaron.
-Tom.. He peleado con Dudley miles de veces y si, está mal y definitivamente no es algo que haga todo el tiempo. Pero a veces me harto de como me trata y me habla, de acuerdo? Es molesto y duele. Pero la abuela y el abuelo no me odian por que peleemos, menos mamá y papá.
-Pero tú eres su familia, yo no.
-¡Claro que eres nuestra familia!
-Harry, tú eres Potter, yo Riddle.
-Y qué? La familia no siempre es de sangre, la familia también surge del amor por personas que conoces.
-No es lo mismo.
-No, es aun mejor.
-Si fuera un Potter no pasaría esto.
Los ojos verdes de Harry brillaron.
-Algún día, serás un Potter, si eso es lo que quieres. Un Potter de verdad.
Tom sintió su pecho cálido, aquello le encantaría, le gustaba tanto la idea que no pudo evitar sonreír.
-Cómo haremos eso?
-No lo sé, pero lo averiguaremos, si? Y cuando seas un Potter, le pondrás una cola de cerdo a Dudley para completar el atuendo.
Tom no pudo evitar la risita que salió de él. Harry lo acompañó.
-No te preocupes, le diremos a mamá juntos lo que pasó. Vale?- Harry tomó su mano y entrecruzó sus dedos en señal de apoyo. Tom se aferró con fuerza a ellos mientras asentía.
-Mi hijo tiene una nariz de cerdo! No me pidas que me calme, Lily!- la madre de Dudley, Petunia, gritaba en la sala.
-Te dije que no lo trajeras mientras estaban esos niños aquí. Nunca me escuchas. - Vernon, el tío de Harry hablaba mientras apretaba la nariz de Dudley tratando de desprenderla a la fuerza.
Tom miraba todo mientras se aferraba a la mano de Harry.
-Y yo te dije que podemos arreglarla, Petunia. No es necesario gritar.
-¡Ese niño es una amenaza! Mira lo que le ha hecho a mi hermoso Dudley.
-Petunia, son niños. Los tres, las peleas entre niños son normales y tú hijo constantemente molesta a Harry y Tom, no podrás esperar a que estos aguanten las burlas de Dudley con una sonrisa.
-¡LE PUSIERON UNA NARIZ DE CERDO! - Gritó. - Dudley solo se siente excluido porque no le dejan jugar con él y usa los insultos como mecanismo de defensa.
Mark diría que eso es una estupidez. Pensó Tom.
-Pues la reacción de los tres no fue la correcta. Quizá si enseñaras a tu hijo a tratar bien a su primo y a los demás no estaríamos aquí.
-¿Es en serio?! Ahora es culpa de mi hijo?
-Solo digo, que incentivar a que todos se lleven bien en lugar de continuar arrastrando tus resentimientos sería mucho mejor.
Tom se sentía como en un partido de ese juego Muggle con palos circulares que golpeaban pelotas. Mirando de un lado a otro.
-¡Disculpa!?
-Lily, Petunia.. No estamos aquí para provocar otra pelea mayor. Lily, arregla la nariz de Dudley, por favor.
Con un movimiento de su varita, la madre de Harry se deshizo de la nariz de cerdo.
-No volveré a traer a mi hijo a esta casa mientras esos dos salvajes están aquí!
-Cómo los llamaste?! - La madre de Harry se transformó.
Tom sintió que la mano de Harry lo tiraba, miró sobre su hombro para ver al señor Potter llevarlos a otra habitación.
Tom sentía la mano de Harry húmeda, el efecto de calma que había tenido sobre él se había ido y se sentía de nuevo tembloroso, sus oídos pitaban y todo estaba muy ruidoso.
-Hey, ¿están los dos bien?
-Papá, Dudley nos provocó. Dijo que Tom era un tonto por venir de un orfanato y nos llamó fenómenos. - Harry se quejó, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas. - No es justo que siempre sea el malo sólo porque tengo magia! Y Tom solo me defendió porque Dudley me empujó al piso.
Harry sintió las lágrimas calientes caer por su rostro mientras su padre se arrodillaba frente a él y Tom, a quién no había soltado de la mano.
-Hey, tranquilo campeón. Sé que debes sentirte enojado, ambos. Y que por eso actuaron de esa forma, lo entiendo. Pero debemos tener cuidado con nuestra magia, más estando cerca de personas que no la tienen.
-No pienso disculparme con él, no quiero!- Harry pataleó sin importarle cuán ridículo podía verse haciéndolo.
-Campeón.. Sé que sientes que todo esto es injusto, pero aun así, lo que pasó con Dudley lo ha asustado y afectado mucho, y debes disculparte por eso.
-Pero no lo siento. ¿Cómo podría disculparme?
Tom no decía nada. Harry volteó a verlo, estaba pálido y sin levantar la mirada del suelo.
Tom escuchó como Harry trataba de explicarle a su padre lo que había pasado. Sentía la boca seca y cuando Harry se negó a disculparse, rápidamente olvidó ese detalle para hablar.
-Yo me disculparé, señor Potter. Harry no hizo nada, yo lo levanté del suelo y le puse la nariz de cerdo.
-Bueno, está bien, Tom. Gracias por ser honesto conmigo y lamento mucho lo que Dudley te dijo, eres un chico muy listo y no hay un libro en la biblioteca Potter que no puedas leer. Lamento que tengas una familia tan loca como la nuestra, espero no te arrepientas de nosotros.
Tom levantó la vista y vió la sonrisa del señor Potter. No era una sonrisa malvada ni mucho menos, eran esas sonrisas hermosas y grandes que adoraba recibir.
-No me arrepiento, señor.
-Bien, me alegra mucho.
Le extendió la mano y Tom la estrechó, sintiendo que aquella tensión en su cuerpo bajaba un poco.
-Ahora, nos sentaremos en el sofá un rato, mientras su madre y su hermana Petunia hablan. De acuerdo?
Tom supuso que el señor James había usado un hechizo insonorizador, puesto que no podía escucharse absolutamente ningún ruido en la habitación a la que se habían metido.
Harry había dejado de llorar y ambos practicaban su respiración juntos para calmarse. El señor James se les había unido en el suelo.
-James.. - La señora Lily entró y los vió a los tres en el suelo, de piernas cruzadas y manos tomadas. Sonrió. - Espero no interrumpir muchachos, pero hemos terminado de hablar aquí fuera. Ya pueden salir.
Se levantó del suelo y sintió que la sangre volvía a correr por sus piernas. Harry le tomó de la mano enseguida, Tom le dió un apretón. La señora Lily les acarició el cabello a ambos al pasar junto a ella y eso fue suficiente para él para calmarse por completo, sabiendo que al menos, no estaba molesta.
Fuera, estaba la familia de la señora Lily, su hermana, cuñado y Dudley.
Tom detestaba a Dudley.
-Tom, tienes algo que decirle a Dudley?- Preguntó el señor James.
-Lamento haberme enojado por lo que dijiste sobre mi y Harry, lamento haberte levitado hasta el techo y ponerte una nariz de cerdo.
El señor Vernon bufó, mientras lo miraba con desagrado. A Tom no le importaba especialmente lo que pensara de él ese horroroso y gordo hombre, mientras los Potter lo quisieran.
-Harry?
-Lamento haberte empujado, pero tú lo hiciste primero. Así que estamos a mano.
-¡Esa no es una disculpa!- Se quejó Dudley.
-Pues tú no te has disculpado con nosotros.
-¡No tengo porqué disculparme!
-Me empujaste, me tiraste al suelo, me quitaste el libro que iba a mostrarle a Tom y nos llamaste fenómenos.
-Y me dijiste que era un huérfano tonto.
Tom dijo con valentía. Se sentía acompañado por el carácter fuerte de Harry, que hasta ese día, no había presenciado. Bueno, no desde su pelea.
Dudley estaba rojo al igual que sus padres.
-¡No dije eso!
-¡Lo dijiste!
-¡Ustedes me pusieron una nariz de cerdo!
-Y te la pondremos de nuevo si no te disculpas!
Dudley chilló y se escondió detrás de su madre.
-¡Es suficiente! Nos vamos, mi hijo no se disculpará con esas bestias que ustedes llaman hijos por ser un niño normal. -Vernon se levantó de la pobre silla que lo sostenía.
Tom vió como en un dos por tres la señora Lily había sacado su varita, pero el señor James la detenía. Tom se tensó y su corazón se aceleró.
-Vuelve a llamar a mis hijos así y será lo último que digas! Ignorante xenófobo.
Tom no pudo evitar mirar con sorpresa a la señora Lily, sintiendo una sonrisa formarse en su rostro.
-Mis hijos no tienen porqué aguantar a tu malcriado hijo, mucho menos a ustedes. Nos vamos.
Lily lo tomó de la mano y salieron, con Harry pegado a él y el señor James en la retaguardia.
Llegaron a un lugar seguro y solitario y se aparecieron cerca de Potter Manor.
Harry y Tom estaban sentados juntos en el mueble de la sala de su casa, la señora Lily los miraba sentada en el sofá del frente.
-Ahora que estamos más calmados, pueden explicarme qué sucedió? - Hablaba suavemente, pausado. El señor James estaba de pie sosteniendo un vaso con, probablemente, alguna bebida alcohólica.
-Tom y yo estábamos en la biblioteca, tomé un libro del antigüo Egipto para leerlo juntos, pero Dudley apareció, me tiró al piso y me quitó el libro. Tom le dijo que se disculpara y me diera el libro. Él dijo que no lo haría y comenzó a meterse con Tom.
La señora Lily lo miró, quizá esperando a que dijera algo.
-Me llamó tonto huérfano.
La señora Lily suspiró, su mirada era furiosa.
-Me enojé y después.. No debí hacerlo, lo siento. - Tenía el corazón acelerado y ganas de llorar. Y si se enojaban con él? Y si lo obligaban a irse?
-Está bien, Tom. No estoy enojada con ninguno de los dos, aunque no está bien poner narices de cerdo en la cara de las personas. Pero entiendo porqué te enojaste y yo misma no soy un buen ejemplo de mantener la cordura. Lamento que hayan tenido que vivir eso.
Harry tomó su mano.
-Sin embargo, la próxima vez, busquen a sus abuelos antes de iniciar una pelea. O a cualquier adulto de confianza. De acuerdo?
Ambos asintieron.
-Bien, creo que todos estamos agotados. Vamos a dormir, si?
Todos se levantaron y subieron por las escaleras.
-Vaya día. - Comentó Harry luego de llegar de darse una ducha y ponerse el pijama. Tom ya estaba limpio y listo, esperándole.
No dijo nada, aun se sentía abrumado por todo lo que había sucedido.
Harry se arrojó como una bomba sobre la cama y lo miró con una sonrisa.
-Sé que está mal, pero aquí entre nosotros.. Me ha encantado lo que has hecho con la nariz de Dudley.
Aquello lo hizo sonreír. - Aunque esté mal?
-Es un idiota y nos insultó. Se lo merece totalmente.
-¿No crees que fue malo? Es decir.. Lo dejé caer desde el techo, pudo haberse roto un hueso.
Harry se echó a reír. - Fue genial.
Tom miró a Harry como si le hubiera salido otra cabeza, dónde había quedado el niño pacífico que no quería hacer daño a nadie?
-¿En serio? No me tienes miedo o algo así?
-Por qué te tendría miedo? Me defendiste de Dudley y yo también a ti. Eres los músculos y el cerebro, yo soy.. Pues tu fiel acompañante. Somos un equipo y mejores amigos. Además, Dudley me ha hecho cosas mucho peores y siempre se sale con la suya porque no tiene magia. Aunque yo nunca había podido hacer algo como tú.
-Por qué Dudley te odia tanto?
Harry suspiró. -Mamá dice que cuando eran pequeñas, la tía Petunia quería ir a Hogwarts, pero ella no era bruja, así que nunca pudo. Eso hizo que se pusiera triste y se enojara con mamá por hacer magia.
-Ummm.. Y con Dudley es lo mismo.
-Sí, supongo. Está celoso.
Tom lo miró y sonrió. -No puedo creer que lo llamaras cerdo analfabeta.
Harry se echó a reír. - Estudiar el diccionario es algo bueno, ¿no crees? Ese tonto estará pensando por días que significa.
Ambos rieron. Se metieron bajo las sábanas y como siempre, Tom se acurrucó cerca de él.
-Gracias por defenderme, Harry.
-Gracias por hacer lo mismo. Hay que cuidarnos entre nosotros, ¿no crees?
Tom lo miró a los ojos, quizá esta era simplemente otra faceta de Harry que debía conocer. Esa faceta de defensor, justiciero y bromista. Harry no tenía porqué ser perfecto, como él tampoco debía serlo, no había dicho Mark que nadie era perfecto? Pero para él, Harry era el mejor.
-La próxima vez, podríamos conseguir una serpiente y convencerla de que le dé un buen susto. - Maquinó con una sonrisa malévola.
Tom sonrió. - Puedo hacer eso.
Era divertido asustar a otros, más si eran bravucones que se lo tenían totalmente merecido. Al parecer, Harry y él estaban de acuerdo en eso.
-También podríamos pintar su cabello de azúl.
-Podríamos hacer sus dientes gigantes, como los de un conejo.
Harry se echó a reír.
-Crees que podrías encantar sus carros de juguete para que lo persiguieran?
-Consideralo hecho.
Pasaron mucho tiempo hablando de formas de asustar y gastarle bromas a Dudley, riéndose hasta que les dolió el estómago y estuvieron seguros de escuchar pisadas en el pasillo. Se dispusieron a dormir luego de eso, con sonrisas en sus rostros.
Tom entró a la habitación de la señora Lily ese fin de semana. La sesión del jueves con Mark había hablado sobre su pelea con Dudley y la pérdida de control de su magia por la ira.
También, habían hablado de su madre, aunque no de la forma en que se debería. Había sido breve y Tom rápidamente había cambiado el tema. Aun así, aquello se había quedado en su cabeza.
-Señora Lily?
-Hola cariño, pasa. - La señora Lily estaba inclinada sobre un libro abierto, Tom no pudo saber de qué era.
Había aprovechado ese momento al ver a Harry correr al jardín con el señor James.
Tom tenía muchas cosas que decir, hacía mucho tiempo, además. No se le había escapado como la señora Lily se había referido a él como "su hijo", ni como le había dicho a su familia que lo había adoptado, en lugar de admitir que lo estaban cuidando mientras su madre demostraba ser apta para cuidarlo. Simplemente, Tom tenía muchas cosas que decirle, aunque no sabía cómo.
-¿Qué está leyendo?
-Oh, es un libro nuevo de pociones. Escrito por un maestro de pociones de Brasil, es bastante interesante.
-Ah, genial.
-Sí, te enseñaré lo que dice cuando estés más avanzado.
Tom sonrió. Le encantaban las pociones, pero más le gustaba hacer pociones con la señora Lily.
Se quedó parado como un tonto, sin saber qué decir.
-Pasa algo cariño?
-No.. emm, sí. Nada malo.
La señora Lily le sonrió y palmeó su cama, Tom se sentó cerca de ella.
-Quieres decirme algo?
-Sí.
-Vale, soy toda oídos, cuando quieras decirme lo que tú quieras. - Sus dedos peinaron su cabello, rascando su cuero cabelludo suavemente.
Tom sintió la boca seca. Aun así, aquella caricia le dió el empujoncito que necesitaba.
-Solo quería decir.. - Miró sus manos y retorció sus dedos. - Gracias. Por cuidarme y dejarme ser parte de la familia, aunque causo muchos problemas a veces. Aquí me siento bien, feliz y es gracias a usted, el señor James y Harry. Nunca me había sentido así, bienvenido.
-Oh.. Oh cariño, para mi es maravilloso que estés aquí. - La señora Lily tomó su mano y Tom se atrevió a verla a los ojos, estaban llenos de lágrimas, pero sonreía. - Eres algo inesperado, pero hermoso y estamos contentos de tenerte.
Tom sintió la garganta apretada, sus ojos picaban y su vista era borrosa.
-Yo.. La quiero mucho señora Lily.
-Oh cariño, yo también te quiero. Demasiado.
Tom se arrojó en sus brazos como un bebé e hizo lo que nunca pensó hacer cuando llegó a ese hogar de locos, en donde el ruido era algo normal, al igual que las risas, la comida deliciosa y caliente, la música y los juegos. Se abrazó al cuerpo de la señora Lily, siempre amable, cariñosa y paciente y lloró como solo lo había hecho en los brazos de Harry. Pero la sensación de los brazos de la señora Lily a su alrededor era diferente y Tom había estado desesperado por volver a sentir esa calidez, esa comodidad que ni siquiera los abrazos de Harry podían darle.
Algo que había anhelado toda su vida. Amor puro y protección.
Tom no supo cuánto tiempo estuvo llorando abrazado a la señora Lily, solo era consciente de cómo le mecía en sus brazos y dejaba besos en su cabeza. Tom se hacía cada vez más pequeñito con cada uno.
Se separó cuando sus mejillas se secaron, empegostadas por la humedad en la camisa de la señora Lily. Aunque no demasiado, aun no quería renunciar a su abrazo, se sentía como un acaparador, pero quería más, quizá nunca iba a estar satisfecho, pero la sensación que le transmitía era algo que nunca había experimentado. Aquello le entristecía y a la vez le emocionaba y le hizo plantearse algunas cosas.
¿Por qué con su madre nunca se sintió así? Tom la había amado tanto, pero nunca había sentido que podría dormir tranquilamente en sus brazos, sus abrazos eran apretados, desesperados, con miedo a que si no apretaba con fuerza su madre se iría de nuevo, dejándolo atrás, abandonado y con hambre.
Con la señora Lily no era así. Tom no podía describirlo.
-Gracias por decírmelo, cariño. - La señora Lily acarició su rostro y Tom le dejó, aquel miedo había desaparecido por el deseo de ser abrazado y besado, como Harry lo era. -Es el mejor regalo que podrías haberme dado.
Dejó un beso en su frente.
-Señora Lily..
-Si, Tom?
-Puedo llamarte tía Lily? - Tom quiso decir mamá, pero se sentía demasiado arriesgado, a pesar de que la señora Lily se refería a él como un hijo. Pero nunca le había llamado así, no directamente.
-Claro que sí! Como tú quieras llamarme.
-Crees que al señor James le gustará si le llamo tío James?
-Oh, estará encantado.
-Le preguntaré primero.
La señora Lily, su tía Lily, se echó a reír.
-De acuerdo, tú has eso.
-Ahora.. ¿Qué te parece si salimos todos a comer y vemos una película en el cine?
Tom sonrió.
-Me gustaría eso.
-A mí igual, una salida familiar.
Tom se alistó rápido, con entusiasmo haciéndolo saltar y sonreír. Harry estaba igual y Tom tuvo que entrar a su habitación y convencerlo de que su camisa mostaza y pantalones verde perico definitivamente no se veían bien juntos. Harry se dejó vestir divertido, diciendo que Tom era, además de listo, un genio de la moda.
Tom no lo corrigió, si era cierto que tenía buen ojo para la ropa.
Ese día salieron, se atiborraron de pasta en un restaurante muggle, fueron al cine y comieron palomitas y chocolate hasta reventar.
Tom llamó tía a la señora Lily frente a ambos y vió como el señor James casi derrama su vaso en el mantel blanco.
-Tía Lily, eh? Eso me hace tu tío también, no?
-¿Me deja llamarle así?
-Claro que sí! ¿Qué mejor que tener un sobrino tan inteligente?
-No es como si pudieras tener otro, Dudley no le llega ni a los talones.
-¡Harry!- reprendió su tía Lily. Tom sonrió, aunque trató de evitarlo.
-Qué? Es verdad, Tom es mucho mejor que él!
Su tío James le guiñó un ojo y nadie dijo nada para rebatir las palabras de Harry.
Fue el mejor fin de semana de su vida.
Los días siguieron pasando, ya estaban a mitad de Junio y Tom no podía creer como había estado medio año con los Potter y como habían cambiado tanto las cosas. Estaba feliz.
Sus sesiones con Mark seguían teniendo momentos complicados e incómodos, pero cada vez se encontraba sonriendo y riendo más, en la seguridad del hogar de sus tíos y en el consultorio de Mark, en donde sentía que podía ser él mismo, sin preocupaciones. También las cosas habían mejorado con los Weasley, todavía le desagradaba Ron, pero hacía suficiente con ignorarlo.
El señor Arthur era.. Bueno, Tom seguía creyendo que era un poco tonto estar tan obsesionado con artefactos muggles, pero Tom amaba la televisión y los autos, asi que podía entenderlo un poco. Además, el señor Arthur sabía mucho sobre la física, la electricidad y las matemáticas, Tom debía admitir que no era tan tonto. Y la señora Weasley.. Bueno, Tom también gritaría y enloquecería teniendo tantos hijos, sobre todo con unos como Fred y George.
Las cosas iban bien, demasiado bien.
Por eso mismo se sintió listo para ver las cartas de su madre.
-Tía Lily? - Esa mañana era su lección de pociones, la tía Lily no quería enseñarle aun sobre venenos, así que harían una poción somnífera.
-Si, cariño?
-Podemos hacer otra cosa hoy?
-Claro que sí, qué quieres hacer?
-Quiero leer las cartas de mamá.
Vió como el rostro de la tía Lily se transformó, hubo tantas emociones en él, tan rápido, que fue difícil descifrarlas.
-¿Está bien?
-Claro que sí, ven. Vamos a buscarlas.
Tom la tomó de la mano, sintiendo que algo iba mal.
-Tía Lily, no te importa, verdad?
-Claro que no, es.. Me alegra que quieras leerlas.
Su tía abrió el cajón, Tom se había asegurado de regresar las cartas que había tomado días atrás.
Tom la vió tomar un puñado grueso de cartas.
-¿Las quieres todas?
-Quizá.. Solo las primeras tres, por ahora.
-De acuerdo.
Tom vió cómo revisaba las fechas y las seleccionó.
-Bien, aquí están.
-Podemos ir al jardín?
Su tía Lily asintió y ambos salieron, aun era temprano, por lo que hacía algo de frío y estaba silencioso.
Tom caminó hasta un banco bajo un árbol y se sentó. No sabía cómo iniciar.
-Puedo.. Puedo leerlas solo yo?
-Por supuesto, si eso quieres, yo te acompañaré mientras lees. Si?
Tom asintió, no sabía qué podría decir su madre en las cartas y se sentía.. Quería verlo por sí mismo, antes de compartirlo con alguien más.
Miró las cartas en sus manos, su tía Lily le sonrió en apoyo. Tom rompió el sobre de la primera carta. Era de Enero, tres días después de su llegada a Potter Manor.
Querido Tom,
Hay muchas cosas que quisiera decirte y no sé cómo, nunca fuí buena para decir lo que pensaba o sentía. Solo quiero que sepas que te amo y que lamento mucho haberte lastimado, lamento tanto no poder ser la madre que mereces y no poder cuidarte como necesitas. Espero algún día me perdones, el señor Potter te cuidará bien, tu solo espérame, si? Haré todo lo que esté en mis manos para recuperarte.
Te ama, mamá.
Tom sintió la garganta apretada y los ojos húmedos. La carta era desordenada, la letra descuidada y fea, errores ortográficos también. A pesar de asistir a la escuela su madre parecía no haber avanzado demasiado, no entendió porqué aquello lo afectó tanto.
La siguiente era una semana después de la anterior.
Querido Tom,
La señora Potter me ha dicho que estás bien y, como ya lo suponía, ignoras mis cartas. Entiendo tu molestia y no estoy enojada por ello, no ha sido fácil para ti, nunca ha sido fácil y es todo mi culpa. Lamento tanto causarte este dolor y espero por Merlín que algún día puedas ser un niño feliz, sería demasiado egoísta si quisiera que fueras feliz a mi lado? Estoy esforzándome por ser alguien mejor para ti, cuando vuelvas a verme, no me reconocerás. Cuídate mi niño, te amo.
Tom mojó el papel con sus lágrimas y abrió la última carta con manos temblorosas, con tanta fuerza que rasgó el papel, aun así, pudo leerlo.
Querido Tom,
¿Cómo estás? Aun guardo la esperanza de que dejes tu enojo a un lado, solo un poco y respondas a mis cartas. Hay tanto que quiero decirte, cosas que me muero por contarte, cosas que no quisiera decir en una carta. Solo quiero verte una vez más, ver que estés bien.
He encontrado trabajo hoy y he pensado en ti, es algo bueno para ambos. Tendré dinero, conseguiré un hogar para ambos, para comenzar de cero. Siempre que tú quieras, espero puedas darme una última oportunidad para ser tu madre, te amo.
Tom sintió cómo se sacudía su cuerpo por las lágrimas y cubrió su rostro con sus manos. Los brazos de su tía Lily le rodearon y se dejó abrazar, llorando y sosteniendo la arrugada carta en su mano.
Tom no pudo decir nada cuando dejó de llorar, solo se puso de pie y caminó a casa. Era domingo, así que Harry se despertaba tarde, subió las escaleras en silencio y entró cuando su amigo apenas y se desperezaba, preparándose para levantarse de la cama. Tom se quitó los zapatos, se montó en la cama y se abrazó a Harry, quién rápidamente le abrazó de vuelta, sin decir nada.
Tom sintió que aquel desastre en su interior se calmaba, hasta quedarse dormido.
Notes:
Qué les pareció el capítulo de hoy? A quién más le encantó la nariz de Dudley?
Chapter 18: Madre
Notes:
Buenas tardes! Feliz fin de semana. Cómo están? Aquí les traigo nuevo capítulo, espero les guste porque entramos en otro ciclo de bomba emocional, siento que estos capítulos no son tan interesantes y además son muy largos, aun así espero les guste.
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Chapter Text
Capítulo XVIII
Madre
Para Tom, los días ya no tenían ese tinte esperanzador y tranquilo que habían tenido antes, la vida con los Potter seguía siendo increíble y Tom nunca había sonreído tanto.
Aun así era imposible de ignorar esa bola que se acumulaba en su estómago de vez en cuando, al pensar en las cartas escondidas en la mesa de noche de su habitación, misma a la que no había entrado a dormir desde que estaban allí, como si fuera un Boggart atrapado en un cajón, esperando para asustarlo.
Era irritante cómo podía pasar de estar feliz y tranquilo a tener el estómago revuelto y las manos mojadas de sudor.
Había leído casi todas las cartas de su madre y aun no sabía cómo sentirse al respecto.
Leerlas era una tortura, pero a la vez era adictivo, no podía parar de abrir una detrás de otra, esperando a que se terminaran por fin y finalmente pudiera descansar de sus palabras. Pero sabía que seguían llegando, no con tanta frecuencia como antes, en donde enviaba unas cuatro por semana. Pero aun así, era una fuente inagotable y él estaba cansado de llorar, de sentir rabia y lástima y de nuevo ese odio corrosivo. Y amor.
Estaba confundido y no se sentía bien el no poder controlarse, cada vez era más común que Harry jugara con sus emociones para calmarlo y aunque Tom lo agradecía, también se sentía mal y desnudo ante su amigo, a quién tuvo que contarle cuando las pesadillas volvieron, junto a las patadas al dormir y el llanto al despertar. Tom lo odiaba, odiaba como su madre provocaba eso en él y su resentimiento crecía, pero también se sentía culpable por odiarla, no debería, era su madre, pero Tom la comparaba todo el tiempo con su tía Lily.
La tía Lily lo cuidaba, le enseñaba cosas, le daba de comer, lo escuchaba hablar y.. Y Tom no sentía la terrible necesidad de proteger a nadie, de ser un escudo humano, un arma siempre cargada para atacar, como había sido antes.
Cómo puedes amar a alguien y a la vez odiar todo lo que tenga que ver con esa persona?
Querido Tom,
Había llegado a odiar esas palabras, querido, querido, querido.. se sentían vacías después de leerlas en cada carta, como si el sentimiento que había en ella hubiera sido exprimido, como hacía Harry con su tristeza.
Han pasado meses desde que supe algo de ti, ¿cómo estás? Vas a seguir ignorándome por siempre?
Sí, pensó mientras arrugaba la carta. Ese tipo de cartas se repetían después de su encuentro en el callejón Diagon, cuando se negó a verla. Le daban náuseas al leerlas.
Querido Tom,
El trabajo va bien, nunca pensé que sería buena en algo, pero la señora Lily me ha ayudado mucho. Me ha dicho que, como yo, te gustan las pociones, aunque estoy segura que eres mejor que yo, eres mi niño inteligente, después de todo.
Mi jefe, el señor Freich, dice que mis pociones son decentes y me paga bien, pronto tendré un nuevo departamento, más grande. Quizá podamos tener un laboratorio de pociones en casa, la señora Lily dice que te encanta el suyo.
Espero no sigas enojado conmigo, deseo que respondas, aun sí es para que te deje en paz. Solo quiero saber de ti.
Había sido una de las cartas más decentes y a su vez la peor, le había hecho recordar ese lado de su madre que era.. Débil, iluso y amable. Aplastado por la maldad de Marvolo y Morfin.
Querido Tom,
La señora Lily me ha dicho que estás mejorando, se nota que te aprecia mucho y estoy aliviada por eso, me ha dicho que tú y Harry, su hijo, son aun más unidos que la última vez que los ví juntos. Me alegra que tengas un amigo y que te trate bien.
Responde, sí?
Tom quemó las siguientes cartas cuando se dió cuenta de que su madre parecía estar usando a Harry como un medio para conversar, astuto, mucho, de hecho. Pero eso solo funcionaba con Mark y no todo el tiempo.
-Tom?- Harry lo miraba desde el suelo de su cuarto, estaba armando un puzzle de mil piezas de la selva del Amazonas que su tío James había comprado en una librería Muggle.
Tom miró las sábanas de la cama, cubiertas de las cenizas negras de las cartas quemadas, el humo aun salía de ellas, oliendo a chamuscado.
Agitó su mano y desapareció las cenizas, el olor permaneció.
Su amigo se puso de pie y caminó hacia él, sentándose donde antes estaban las cenizas.
-Quieres ir al jardín?
Tom no quería hacer nada últimamente.
-O podemos quedarnos aquí y leer algún libro o.. Puedes ayudarme a armar el puzzle. Siento que no terminaré nunca, necesito tu cerebro.
Tom miró a Harry, sus ojos verdes brillantes, su sonrisa amable y sus manos que tomaban las suyas sin que se diera cuenta. Suspiró pesadamente y asintió, se apoyaría de Harry, aun cuando Mark lo había invitado a lidiar él solo con sus emociones y le había indicado a Harry no actuar para calmarlas. Cómo podía ser malo el usar los buenos momentos con Harry y su don para dejar de sentirse mal?
-Te ayudaré con el Puzzle.
Harry sonrió y tiró de él hasta el suelo junto a las piezas y mientras elegían las que quizá podrían ser pares, Tom comenzó a hablar sin que Harry lo pidiera.
-Ella.. Escribió sobre ti.
Tom hablaba sin mirar a Harry, concentrado en encontrar todas las piezas verdes que podrían estar relacionadas, era difícil, considerando que el verde era el color que más abundaba.
-Si? ¿Qué dijo?
-Eso no importa, escribe sobre ti porque quiere que le responda.
-Cómo eso tiene sentido? Quizá pregunta porque está curiosa.
-Así no es como funciona, yo.. La conozco.
Tom se quedó callado al decirlo, de verdad la conocía? Quizá un poco, esa parte débil y aplastada que Marvolo había encerrado en la cabaña.
-Umm.. Por eso has quemado las cartas?
-Me ha enojado que tratara de usarte para llamar mi atención.
-Quizá no lo hizo con esa intención.
-Umm- Encontró dos piezas que encajaban y las puso aparte.
-Sería tan malo que hablaran sobre mi? Es decir.. Hablo sobre ti todo el tiempo con Mark y tú haces lo mismo.
-Es diferente, es Mark. Además, Mark utilizó nuestra amistad para hacerme hablar muchas veces, esas cartas me parecieron lo mismo.
-Quizá puedas preguntarle a Mark, ¿no crees?
Él todavía no le había contado que estaba leyendo las cartas de su madre.
-En algún momento.
Dejaron la conversación para concentrarse en el Puzzle, no consiguieron avanzar mucho hasta que fue la hora de cenar, ese fin de semana había sido tranquilo, su tío James había tenido que trabajar, así que habían permanecido en casa, a él no le molestaba. Sobre todo desde que el asunto de las cartas había comenzado y sus ánimos habían comenzado a caer.
-Lo harás cuando estés listo, no hay prisa.
Tom lo vió sonreírle y le devolvió la sonrisa inevitablemente.
Tom miró el papel arrugado en su mesa de noche, Harry estaba acostado en su cama, boca arriba con un libro que estaba a punto de caer en su rostro, estaba agradecido de que su amigo se mantuviera cerca pero lo bastante lejos como para no ver lo que hacía.
El carboncillo del lápiz con el cual había escrito se había extendido debido a todas las veces que había abierto y vuelto a arrugar la hoja, había esquinas rotas y palabras en donde el lápiz había atravesado la hoja. Sostenerla se sentía pesado y le generaba malestar de estómago. La soltó y en su lugar tomó su diario, había escrito mucho desde que lo había adquirido.
Lo abrió en una página en blanco y escribió lo que sintió como palabras sin sentido, cosas que necesitaba dejar salir.
Tengo ganas de vomitar cada que pienso en ella.
Me siento incómodo al pensar en ella.
Sus cartas hacen sudar mis manos.
Quiero llorar, a veces.
Odio que escriba.
No quiero volver a verla.
He soñado con ella, con Marvolo y Morfin.
Sueño que vuelvo a la cabaña.
Quiero quedarme con los Potter.
Pero la extraño.
Estará bien? Ella dice que lo está.
Pero es tonta, escribe mal, no sé porqué me pone triste ver como escribe.
Soltó el lápiz cuando fue demasiado, su respiración había comenzado a ser más rápida y su corazón latía con fuerza. Cerró los ojos y respiró profundo, como Mark le había enseñado, contando siete segundos mientras inhalaba, manteniéndolo y luego soltando despacio, contando hasta ocho. Lo repitió varias veces hasta que sus puños se ablandaron y sus manos dejaron de sentirse tan frías.
Volteó y vió a Harry mirándolo con atención, su ceño fruncido en preocupación. Tom le sonrió para calmarlo, pero no servía de mucho, siendo Harry empático no era fácil ocultarle nada.
-Quieres ir por un helado?
-Son las nueve de la noche, Tom.
-Entonces no?
Harry sonrió y soltó el libro.
-Vamos. Será mejor que mamá no nos descubra.
Se permitió relajarse mientras caminaba de la mano con Harry por el pasillo hasta las escaleras. Comieron sus helados entre risitas nerviosas detrás del mueble enorme de la sala y viendo continuamente a las escaleras en busca de pies.
Tom no se perdió las miradas que Harry le daba, como si estuviera esperando a que le explicara qué estaba haciendo antes, cómo se sentía. Pero el día siguiente era lunes, tenían escuela y luego llegaría el día de ir con Mark.. Si había alguien con el cual no sentía miedo de explotar era con él. Además.. cómo explicarle algo que ni él mismo podía entender?
No, comió su helado en la oscuridad de la sala, sintiendo el calor del cuerpo de su amigo a su lado y permitió que el sabor de las fresas y el chocolate lo alejaran de pensamientos tristes. Quizá lo suficiente para dormir sin pesadillas.
Cuando volvieron a la habitación de Harry para dormir, su amigo fue el que se acurrucó junto a él, tomó su mano como lo habían hecho los primeros días de Tom en la casa Potter y lo miró a los ojos, de forma que Tom sentía que Harry leía sus pensamientos tan entusiasmado como sus libros sobre criaturas mágicas.
Sintió que su cuerpo se relajaba y la calma lo envolvía como una manta caliente.
-No deberías hacer eso.
-Hacer qué? - Harry siempre fingía que no usaba sus poderes con él, pero para Tom aquella sensación era tan común que podría identificarla en segundos. Aun así, le resultaba gracioso como los ojos de Harry se agrandaban al mentir.
-Mark dijo que debías dejarme lidiar con mis emociones.
-No estoy haciendo nada, solo vamos a dormir.
-Eres mal mentiroso, Potter.
Harry solo le bufó y cerró los ojos, Tom lo imitó mientras sonreía y se permitió dejarse llevar por la calma que Harry le daba.
No tuvo pesadillas.
El martes llegó y Tom se sentía demasiado ansioso, con ganas de ir al baño y sus pies y manos inquietos, moviéndose como locos. Sus tíos se dieron cuenta, pero no dijeron nada.
Había llevado su diario a la consulta, quizá para mostrarle a Mark lo que había escrito, aun no estaba seguro.
Entró a la oficina sintiéndose como la primera vez, aunque no estaba molesto o irritado.
-Hola, Mark.
-Hola, Tom. ¿Cómo has estado últimamente?
Tom sintió que la pregunta era un chiste.
-He estado.. Pues bien y luego no tanto.
Su sillón se sentía como un puerto seguro de repente y se recostó en el hasta que sintió el relleno hundirse en su espalda.
-De acuerdo y a qué se debe eso?
Tom apretó el diario entre sus manos, sin ver directamente a Mark. Sabía que no iba a ser una charla agradable, sería el tipo de charla que lo dejaría con ganas de salir corriendo y mirando el reloj rogando porque se terminara rápido.
-Yo.. Le pedí a la tía Lily las cartas que escribió mi madre, las he estado leyendo.
-Quieres hablarme de ellas?
-Obviamente, si no quisiera hablar de eso no lo habría mencionado. - De repente se sentía como una serpiente preparada para atacar, como si tuviera alguien justo frente a él dispuesto a dañarlo.
-Bien, cuéntame entonces. - Mark abrió una libreta que siempre tenía en su escritorio y tomó una lapicera.
Tom permaneció en silencio, no tenía idea de como comenzar, estaba comenzando a arrepentirse. ¿Por qué no podía dejar eso en el pasado? Olvidarse de su antigua vida y ser feliz con los Potter? Pero esa espina dentro de él aun latía, picaba y era incómoda. El hecho de que él no era realmente un Potter, a pesar del gran cariño que sentía hacía ellos y ellos hacía él, había algo en su interior que se sentía vacío, como si faltara una pieza importante.
Tom lo odiaba.
-No sé qué decir.
Sentía la boca seca.
-Qué tal si me dices cómo te has sentido leyendo sus cartas?
Tom podía oír el latido de su corazón en sus oídos.
-He escrito sobre eso en mi diario.
-Quieres leerlo?
Tom no quería.
-No me gusta hablar de ella, no quiero hablar de ella.
Mark asintió. - ¿Por qué?
-Me hace sentir enfermo. No quiero.
Tom podía sentir el sudor en sus pies.
-Quiero que deje de importarme, quiero que deje de escribir, quiero dejar de pensar en ella.
Tom estaba desesperado por dejar eso atrás, era un buen niño gracias a Mark, a los Potter e incluso los Weasley. Estar cerca de las cartas se sentía como estar rodeado de la suciedad de la cabaña, del frío, el hambre y el miedo que lo llenaba todo.
-Creo Tom, que la mejor manera de afrontar las cosas que nos afectan es comprenderlas y para eso debemos hablar sobre ellas y cómo nos hacen sentir. Reprimirlo y hacer como que no está allí no va a hacer que desaparezca.
Tom se sintió enojado.
-No quiero, solo quiero que.. Que se vaya.
-¿Qué quieres que se vaya, Tom?
-Quiero que deje de doler. - Sintió su garganta caliente y demasiado gruesa, como un tubo muy fino por el cual era difícil que el agua pasase, o en este caso, las palabras.
Sintió sus ojos comenzar a picar y bajó la mirada a sus manos, sus puños estaban apretados en su pantalón verde oscuro.
-Por qué crees que duele tanto?
-No lo sé, no deberías saberlo tú?- Fue grosero. No le importó, no estaba cómodo hablando sobre ella.
-Estamos hablando de tus emociones, no puedo suponer cómo te sientes, Tom. Es algo que tú mismo debes descubrir.
-No quiero, no puedo, aun no puedo.
-De acuerdo, Tom. ¿Quieres que hablemos de algo más?
-No, quiero irme. Por favor.
-De acuerdo, puedes irte, Tom.
Tom no se despidió cuando salió y arrastró a sus tíos sin decir nada de vuelta a las chimeneas para ir a casa.
Querido Tom,
Aun recuerdo cuando me enteré de que estaba embarazada de ti, estaba tan asustada en ese momento, era diferente a como me había sentido antes, ahora no era yo mi única preocupación, ahora había alguien más, indefenso e inocente. Te amé desde que te tuve en mi interior, a pesar del miedo y de mis errores.
Desprenderme de ti cuando lo hice fue un error que pagaré por el resto de mi vida, solo espero que puedas entender que mi intención no era hacerte daño, quise protegerte del mal y.. Egoístamente me acerqué a ti porque anhelaba desesperadamente tu amor, aun lo hago, aunque ignores mis cartas y no quieras volver a verme, aunque un día sea capaz de ser la madre que quieres que sea y ya sea tarde para ser aceptada.
Soy demasiado egoísta si deseo que vengas conmigo? Si pido a Merlín cada día por tenerte conmigo?
Te amo, lamento todo lo que pasó.
Tom terminó de leer la carta y se tapó el rostro con las manos, mordió sus labios hasta que dolió y sintió el sabor salado de la sangre. Podía sentir su pecho temblar y sacudirse, no quería despertar a nadie con su llanto, no estaba preparado para ser visto o consolado por nadie.
Tenía que terminar las cartas. No sabía porqué, simplemente había salido de la consulta de Mark y no había nada más en lo que pudiera pensar. Se había despertado en mitad de la madrugada, ni siquiera el don de Harry había impedido que su preocupación lo despertara.
Esa era una de las cartas más recientes de su madre, de hace un mes y medio, a finales de Abril.
Como siempre, la carta era desaliñada, la letra era descuidada y la ortografía espantosa, como si Dudley mismo la hubiera escrito. Aun así, no se atrevió a burlarse, ver esas cartas se sentía como una daga encajada directo en su corazón. En algún momento, él también había sido un desastre, aprendiendo solo por las palizas en el orfanato, los regaños y las burlas.
Se sintió mal.
El jueves llegó demasiado rápido, pero Tom estaba más preparado que la vez anterior, aun no estaba dispuesto a hablar enteramente del tema, pero se sentía como una de esas granadas de las que hablaba el abuelo de Harry, a punto de explotar con solo un toque demasiado brusco.
-Buen día, Tom.
-Hola, Mark.
-Cómo estás hoy?
-Bueno.. No muy bien.
-Okay y por qué es eso?
Tom rodó los ojos. -Por lo que hablamos el martes.
-De acuerdo, ¿quieres hablar un poco más de eso hoy?
Tom respiró profundo, sintió que sus pulmones no se llenaron como usualmente hacían.
-Ya casi he leído todas sus cartas.
-¿Y cómo te sientes con ellas?
-Me siento mal, enojado, triste, con ganas de vomitar.
Mark asintió ante sus palabras.
-Por qué crees que te sientes así? ¿Qué hay en las cartas que te hace sentir de esa forma? ¿Lo sabes?
-No, solo.. Me enojo cuando me pongo triste, si me pongo triste me da lastima y luego solo siento ganas de vomitar.
-Por qué sientes lástima?
Tom sintió que la pregunta daba directo en el clavo, en algún lugar de su cabeza. Estrujó sus manos juntas y miró sus pies.
-Solo pienso.. Pienso.. Si yo me siento tan mal, si lo que sucedió con él fue espantoso.. ¿Cómo se sentirá mamá? Cuando vivió con él toda su vida. No puedo evitar sentirme triste, sentir lástima, porque.. Si yo me siento así, ella debe sentirse mucho peor, ¿no? Pero luego pienso.. Que me abandonó y lo mucho que me dolió y yo.. Me molesta, no quiero sentir lástima por ella, cuando es su culpa que yo..
No pudo seguir hablando, su garganta dolía demasiado.
-Comprendo, bueno, podemos sentir muchas cosas a la vez que son totalmente opuestas entre sí. Pero es lo que sientes y es válido estar triste, sentir lástima y estar enojado, no debes sentirte culpable por sentirlo, de acuerdo?
-Dijo que quiere que vuelva con ella.
-Y tú qué quieres?
-Quiero quedarme con los Potter.
-Por qué?
-Por qué importa? Usted debe saberlo.
-Quizá, pero no importa lo que yo sepa o piense, importa lo que tú sientas y pienses.
-Y de qué servirá decir por qué quiero quedarme con los Potter?
-Porque te ayudará a ver porqué no quieres estar con tu madre y entender tus emociones de rechazo a ella.
Tom sintió su cabeza doler.
-No lo sé, solo.. Los Potter son agradables, amables, son muy amorosos y la señora Lily es muy buena conmigo, me hace mis comidas favoritas, me regala libros que piensa que me gustarán y me encantan, me enseña pociones y me defiende de sus parientes, ella.. Me considera parte de la familia, todos ellos, con mamá.. Nunca tuve una familia. Nunca fuí bienvenido, ni en el orfanato ni en la cabaña, ni siquiera por ella, no realmente.
Tom lo recordaba, como le recriminaba algunas noches, entre llantos histéricos, el haberla seguido, el haber roto su pacto y aferrarse a ella. Aquello había abierto una brecha en su corazón, que dolió, pero se había ocultado en el miedo.
-Por qué me seguiste?! Por qué no te quedaste en el orfanato?!
-Quiero estar contigo, mamá. No me gusta el orfanato.
-Este no es tu lugar, este no es lugar para ti, no lo entiendes? ¡Ellos no te quieren aquí y yo tampoco, te lastimarán!
-Mamá.. ¡No quiero volver, no me hagas volver!
-No podría regresarte aunque quisiera, ellos no te dejarán ir. A ninguno de los dos.
Tom sintió su rostro caliente, estaba llorando.
-Mark.. Quiero irme.
Los recuerdos de momentos que había sepultado habían vuelto y dolía, dolía tanto que no podía entenderlo.
-Bien, gracias por compartir esto conmigo, Tom. Escribe lo que sientas en tu diario, bien? Así podríamos hablar de ello la próxima sesión, solo lo que tú quieras compartir, bien?
Tom solo asintió.
-Adiós.
Tom salió de la habitación y, entre su vista nublada por las lágrimas, distinguió las dos figuras sentadas juntas en la sala de espera. Sus ojos se fijaron en el cabello rojo y brillante y caminó hacía allí, mientras el llanto aumentaba aun más. Se arrojó a los brazos de su tía Lily apenas llegó, sin importarle que alguien pudiera verlo.
-Cariño.. Tom? Oh, tesoro, estoy aquí, ambos estamos aquí- La voz suave y tierna lo envolvió como la magia calmante de Harry.
-Qué tienes, campeón?- Tom solo negó y sus pies se despegaron del suelo.
-Vamos a casa, campeón. - Sintió la mano de su tío James frotar su espalda y Tom sintió la calidez reconfortante como el fuego de una chimenea.
Se aferró a los brazos delgados y fuertes de su tía Lily y escondió su rostro en su cuello, húmedo con sus lágrimas y que olía a perfume, uno muy delicioso.
Harry miró a su amigo preocupado, Tom había llegado aferrado a los brazos de su madre, una gran tristeza lo envolvía, se sentía pesada, fría e hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas. Respiró para calmar sus propias emociones, pero era difícil, Tom las desprendía como una ducha y Harry sentía que estaba empapado de ellas.
-Mamá? ¿Qué pasa?
Su madre lo miró, Harry pudo sentir que estaba preocupada, igual que su padre.
-Solo un día difícil cariño, dónde están tus abuelos?
Ese día sus abuelos habían ido a casa a cuidarlo mientras llevaban a Tom con Mark, Harry había cambiado sus días a lunes y miércoles, porque Tom siempre salía muy abrumado y quería irse de inmediato.
-Están en la biblioteca, yo he bajado porque se acercaba la hora de que llegaran. El abuelo se quedó dormido y la abuela quiere leerme novelas aburridas- Hizo una mueca pero sus ojos no se despegaban de su amigo, que seguía abrazando el cuello de su madre y se movía mientras lloraba.
-De acuerdo, James.. Puedes llevarlos a casa, por favor?
-Claro, querida. Harry, ¿quieres venir?
Él se negó. -Quiero quedarme con Tom.
-Bien. Volveré en un instante.
Harry y sus padres subieron las escaleras con Tom a cuestas, su padre fue hacia la biblioteca y él continuó pegado como una lapa a su madre. Taladrando la mata de cabello castaño de su amigo, quién no había levantado la vista para verlo, ni había dicho nada.
Harry quiso usar su don, pero no sabía si debía, como lo tomaría Tom, presentía que esa vez había pasado algo muy malo, algo importante. Además.. Mark le había dicho muchas veces que debía dejarlo atravesar esos sentimientos, por su propio bien, aunque pudiera doler, porque así aprendería y se haría fuerte. Pero Harry no quería que Tom fuera fuerte si eso significaba sufrir, le parecía cruel. Pero Mark era un profesional, no era así? Y Tom estaba mucho mejor gracias a él, algo de razón debía tener.
-Harry.. ¿Por qué no vas a tu habitación un rato? Tom necesita descansar ahora, pero te llamaré cuando esté mejor, si?
Harry no quería dejarlo, quería abrazar a su amigo y acostarse bajo las sábanas, en donde Tom no tendría miedo de hablar y él podría escucharlo y usar su don para calmarlo. Quería estar con él, porque Tom siempre iba a él cuando estaba mal, por qué esta vez parecía ser diferente?
Accedió a alejarse y darle su espacio, a pesar de la gran preocupación que sentía, si Tom no lo quería allí él tendría que esperar.
Tom sintió a Harry alejarse mientras su tía Lily lo llevaba con ella a algún lugar, no lo sabía con seguridad.
Sus posiciones cambiaron un poco y Tom distinguió el tacto acolchado de la cama de sus tíos en sus piernas.
-Ya cariño, estás en casa y todo está bien, aquí estás a salvo.
Pero Tom no podía decir que ese no era el problema, que no era que no se sintiera a salvo, sino lo contrario, nunca antes se había sentido así cerca de su familia, su familia real, nunca había tenido abrazos de amor, sino abrazos fríos, apretados, temblorosos, llenos de miedo y lágrimas, abrazos que no se sentían en el corazón. Aun así, lo habían hecho sonreír en su momento, porque era la única vez que los había recibido, pero ahora se sentían incorrectos, vacíos, no eran lo que habían sido para él en aquella época de hambre, soledad y miedo.
-Tía Lily.. Alguna vez has pensado en perdonar a alguien que te ha hecho mucho daño?
La pregunta no salió fácil, pero era sencillo hablar con su rostro oculto en su cuello.
Lily no supo qué contestar al principio, sabía que Tom era cada vez más curioso sobre su madre y que leer las cartas le había afectado, había tenido una charla con Mark, sin que el niño lo supiera y sabía que no venía una temporada fácil para el pequeño Tom. Por lo que la pregunta que había hecho, muy seguramente era sobre ella, su madre.
-Bueno.. Sí, hay algunas personas a las que he decidido perdonar, a pesar de que fueron crueles, me jugaron bromas pesadas y me hicieron sentir mal.
-Pero.. ¿Por qué perdonarías a alguien así?
Ella suspiró.
-Porque los amaba más de lo que los odiaba, los quería en mi vida, quería estar bien con ellos. Y porque me dolía más odiarlos de lo que puede doler amarlos, a pesar de sus defectos y de que no son perfectos.
Tom guardó silencio, pero ella esperó paciente, acariciando su espalda.
-Tía Lily.. Puedo preguntar a quienes decidiste perdonar?
-Claro que puedes, cariño. Bueno, el primero fue un amigo de mi infancia, el primer amigo real que tuve, éramos muy unidos, como tú y Harry, pero luego entramos a Hogwarts y entramos a casas diferentes, yo hice otros amigos y él igual, comenzamos a cambiar y distanciarnos, pero él estaba celoso de mis nuevos amigos y quería que las cosas fueran como antes, yo no, así que comenzó a ignorarme, gastarme bromas crueles y lanzar mis libros al suelo.
Tom se tensó en sus brazos.
-Ya todo está olvidado, pero fue difícil en su momento, dolió mucho y pasaron muchos años hasta que tuve la madurez de buscarlo y preguntar el porqué de sus acciones, el porqué de su odio hacía mi. Tuvimos conversaciones duras, discusiones.. Pero al final decidimos perdonarnos, las cosas no son como cuando éramos niños y está bien, ambos estamos bien con eso y somos felices y amigos de nuevo, aunque somos diferentes y vivimos vidas diferentes. -Tom la abrazó más fuerte- De hecho, la persona de la que hablo.. Lo conoces.
-¿En serio?
-Ajá, recuerdas a Severus? En la librería?
-Tu compañero de trabajo?
-El mismo, ambos compartimos el amor por las pociones. - Tom se estremeció en sus brazos. Lily se echó a reír. - Severus es algo gruñón y poco amigable, pero es muy amable cuando lo conoces, incluso divertido. Pero ese es el tema, cariño. Las personas no son perfectas, tienen defectos, se equivocan, hacen cosas malas y buenas, pero si buscas la perfección en alguien nunca la encontrarás.
Tom se quedó en silencio un rato, pensando en lo que había escuchado, no podía creer que el hombre que había visto a Harry como una molestia fuera ese amigo de la infancia de su tía Lily, ese amigo que había sido como Harry era para él, como una persona tan dulce y genial como su tía Lily era amiga de ese hombre? Aunque.. Si lo pensaba, no era lo mismo que Ronald Weasley había dicho de él cuando apareció junto a Harry? Él y su amigo no podrían ser más diferentes, Harry era amigable, ruidoso, muy social y él lo opuesto, y aun así eran mejores amigos.
Supuso que la tía Lily tenía un punto, Tom también perdonaría a Harry, porque lo quería más de lo que podría odiarlo alguna vez, no podría vivir estando separados.
Le dió la razón a su tía, en eso, al menos.
-Sé que no hay personas perfectas, Mark y yo hablamos de eso, pero.. - Tom se quedó en silencio, no era lo mismo con su madre, simplemente no lo era.
-También tuve que perdonar a alguien a la que amo muchísimo, crecimos juntas y éramos mejores amigas.. Adivinas quién es?
-No.
-Bueno.. A ella también la conoces, mi hermana Petunia. - Tom se separó de ella de inmediato y la miró para ver si hablaba en serio. Su tía Lily se echó a reír. - Sí, mi hermana.
Tom no lo entendía, cómo podían haberse perdonado si ambas discutían y se trataban mal?
-Debes estar confundido y es complicado, nuestra relación no es tan sencilla como la mía con Severus.
-Pero.. Tía Lily, peleaste con tu hermana en casa.
Ella asintió muy tranquila. -Sí, lo hice, ambas.
-Entonces.. ¿Cómo puede ser que la hayas perdonado?
-Bueno.. Perdonar no siempre es hacer las cosas mejores, a veces hay tantas diferencias, tanto dolor, que simplemente es muy difícil recuperar la relación que había antes. Aun así, las cosas entre Tuney y yo mejoraron, quizá tú no puedas verlo, pero antes ni siquiera estábamos dispuestas a estar en la misma habitación, ahora pasamos las navidades en casa de nuestros padres, como familia y dejamos que Harry y Dudley convivan, aunque no siempre es sencillo, porque pelean mucho. Quizá no es la relación perfecta, pero tengo algo de mi hermana, pequeños momentos en donde la convivencia es buena, no hay peleas y recordamos momentos de la infancia.
Tom aun no lo entendía, por qué él querría estar cerca de alguien con el que peleaba todo el tiempo?
-Pero.. No te duele pelear todo el tiempo?
-Es doloroso, sí, pero ya había discusiones antes, cuando éramos inseparables, los hermanos discuten, los amigos discuten, las parejas también, porque hay diferencias de pensamiento.
Bueno.. Era cierto, Harry y él peleaban, antes, pero Tom lo odiaba, no quería discutir y hacer sentir mal a la persona que amaba, a su mejor amigo.
-Pero.. ¿Cómo puedes discutir con alguien que amas? No me gusta discutir, porque se siente mal y hace sentir mal a los demás, entonces.. Si amas a alguien, por qué harías algo que sabes lo va a lastimar?
Su tía lo vió a los ojos, en silencio, por unos segundos y Tom se sintió reconfortado por aquellos ojos verdes, tan parecidos a los de su amigo.
-Porque no somos perfectos cariño y a veces hacemos y decimos cosas sin pensar, porque nuestro descontento es tan grande a veces que nos ciega y no pensamos que lo que saldrá de nuestra boca o lo que hacemos, pueda lastimar a otros. Por eso el perdón es importante, porque no es solo para la otra persona, sino para ti mismo, para perdonarte por las cosas malas que pudiste hacer y sentirte bien contigo mismo de nuevo y comprender que cualquiera puede equivocarse, cualquiera puede lastimar.
-Pero.. ¿Cómo fue que perdonaste a tu hermana?
Tom sabía que Harry no la apreciaba precisamente, al igual que a su esposo e hijo. Eran personas desagradables, groseros, cómo podía querer estar cerca de personas así? Tom estaba seguro que jamás querría estar cerca de su tío Morfin, enfermo o no, menos de Marvolo, y su madre.. Últimamente no sabía donde ponerla.
-No fue algo que decidí un día, mucho menos el perdón llegó de inmediato. Lo pensé mucho, me enojé, no me entendía a mi misma y mi necesidad de buscar algo de ella que no sabía que era- Tom se sintió tocado por esa frase, era exactamente lo que podía sentir, esa confusión, ese porqué que no podía responder- Comencé a recordar todo lo que había pasado entre nosotras, traté de verlo desde otro ángulo, entenderla y a sus acciones, pero no pude comprender todo- Su tía Lily se echó a reír- Así que fuí a casa, tuve una charla con mi madre y pregunté, aun no era capaz de tener esa charla con mi hermana, pero mamá nos conoce a ambas muy bien, contestó mis preguntas desde su amor de madre, desde lo que había visto en Tuney y yo comencé a extrañar, comencé a desear verla, pero no era fácil acercarme después de tantas peleas, de tantas palabras que nos habíamos dicho ambas, tenía miedo de que nunca me perdonara o de yo no ser capaz de perdonarla y volver a discutir, de no resolver nada y llegar derrotada a casa, con el corazón roto. - Tom sentía su pecho apretado, como si alguien lo abrazara fuerte y no lo dejara respirar, sus manos estaban frías y húmedas, sus pies dormidos por estar tanto tiempo sentado. Se sentía incómodo, como si lo estuvieran viendo a través de una lupa, fue mucho peor cuando vió los ojos de su tía Lily llenos de lágrimas.- Pero no podía seguir mi vida, aquello me perseguía, así que un día me armé de valor y fuí hasta su casa, le eché un buen susto, le pedí hablar y me invitó a pasar, resultó que nuestra madre le había dicho que estaba preguntando por ella y que si iba a verla no fuera cruel y escuchara, esa tarde hablamos por horas, ambas estábamos incómodas y no solucionamos las cosas ese día, pero fue un inicio. Me marché y seguimos viendonos y hablando, a veces discutimos, nos enojabamos, pero seguimos viendonos. Luego conocí a Dudley, ella a Harry y en algún momento sentí paz, de que mi familia no estuviera quebrada, que a pesar de nuestras diferencias y de que algunas heridas simplemente eran demasiado profundas para sanar, podíamos llegar a un punto medio. Y no es perfecto, no es lo que yo podría querer, pero el perdón no se puede forzar, a veces se debe aceptar las decisiones de la otra persona y construir una relación nueva, con límites, con la que se pueda convivir.
-Y tú estás bien con una relación en donde peleen y sus hijos se lleven mal? - Tom se mordió los labios luego de preguntar, pero estaba tan curioso, tan confundido, por qué alguien aceptaría algo así?
Su tía suspiró. - A veces nuestras decisiones no serán bien vistas por los demás, pero perdonar no es algo que haces para complacer a los demás, es algo que haces porque deseas hacerlo, sin importar lo que digan los demás. Lo haces porque lo sientes correcto, porque lo necesitas. Aunque no sea perfecto, aunque pueda doler a veces. Supongo que también depende de cada persona, de lo que estés dispuesto a aceptar y de lo que no, está bien perdonar y tomar distancia, si es lo que quieres, como también estará bien perdonar y quedarte, con todo el daño que hay detrás y el que no puedes sanar, si es lo que tú quieres hacer. No hay respuesta correcta o al menos, es lo que yo creo, quizá Mark pueda darte un enfoque diferente.
Tom asintió. Su cabeza seguía siendo un embrollo, pero se sentía de alguna manera liberado de algo que no podía explicar ni ver, como si uno de los tantos nudos que lo ataban se deshiciera.
-Está bien, gracias tía Lily.
Su tía lo abrazó dulcemente y como siempre se derritió en sus brazos, rodeándola con sus brazos y disfrutando de la piel caliente, blanda y olorosa a perfume.
-Ahora.. ¿Quieres algo de comer?
-Podemos comer helado? - Tom amaba el helado y lo pediría siempre que pudiera, era su adicción.
-Claro, por qué no buscas a Harry y vamos todos a la cocina?
Tom se separó del abrazo a buscar a su amigo, conociendo a Harry estaría volviéndose loco en su habitación, queriendo saber qué había pasado.
La tarde pasó tranquila, Tom se permitió estar tranquilo rodeado de su familia en la cocina, comiendo todos helado y jugando al snap explosivo, aun no le gustaba que las cartas le explotaran en las manos pero le entretenía ver a Harry y al tío James chillar y reírse a carcajadas cuando pasaba.
Harry no preguntó nada cuando fue en su búsqueda más temprano, solo lo vió de arriba a abajo, lo abrazó fuertemente y bajó arrastrándolo de la mano por las escaleras. Tom agradeció su silencio, la charla con su tía había sido buena, lo había calmado, aunque esos sentimientos extraños seguían allí. Era mejor ignorarlos por ahora, no quería perderse esos momentos de juegos cuando había estado llorando y sintiéndose mal por semanas, quería volver a la normalidad.
La noche llegó y siguió a Harry a su habitación y debajo de las sábanas, aun sin decir nada. Para ser Harry, era un récord.
-Tom? - Supuso que no tanto tiempo.
-Umm?
-Te quiero. - Tom miró a su amigo, abrazado a un peluche de pinguino, con su pijama amarillo chillón y aquellos ojos que brillaban en la oscuridad de la habitación.
-Yo también te quiero, Harry.
Su amigo sonrió, cerró los ojos y dijo: - Buenas noches.
Fue extraño, usualmente sus noches eran más largas, hablaban de sus sesiones con Mark, o las sesiones de Harry con Mark o de las criaturas mágicas de las que estaba leyendo Harry en ese momento. No se iban a dormir de inmediato, menos después de un día tan caótico, aunque Tom debía admitir que no tenía ganas de hablar.-Buenas noches.. Harry?
-Sí? - Abrió los ojos de nuevo.
-Gracias.
Su amigo solo le sonrió. - Vete a dormir, Riddle.
Y así lo hizo, cerca del cuerpo de Harry y Merlín, su pingüino de peluche.
-Hola, Mark- Otro encuentro había llegado y Tom entró a la habitación, se sentó en su sofá verde de cuero, junto al estante lleno de figurillas de cristal que aun se escondían al verlo y la chimenea.
-Buen día, Tom. ¿Cómo estás hoy?
-Supongo que igual que la última vez, creo. Quizá un poco mejor.
-De acuerdo, ¿qué tal te fue este fin de semana, después de lo que hablamos?
-Hablé con la tía Lily.
-Puedo preguntar sobre qué?
-Hablamos sobre las personas que nos hacen daño y el perdón. - Mark asintió, parecía contento con sus palabras.
-Qué más?
-Dijo que el perdón es una decisión personal y que es algo que debes querer hacer, sin importar lo que otros digan y que no siempre las cosas serán iguales luego del perdón.
No recordaba exactamente su conversación, había sido larga y complicada de entender, aunque algunas palabras se le habían quedado grabadas en la cabeza.
-¿Y tú? ¿Qué opinas de lo que dijo?
Tom lo había pensado todo el fin de semana.
-No lo sé, solo no entiendo como puedes perdonar a alguien y solo seguir como si nada hubiera pasado.
-Bueno Tom, esa es la cuestión, el perdón no quiere decir que borrarás de tu memoria todas esas cosas que te hicieron enojarte con esa persona, es conservarlas en tu mente, tomando la decisión cada día de perdonar a esa persona por lo que sucedió, sin permitir que las viejas acciones interfieran en la nueva relación, es decir, continuar con el enojo, el resentimiento o la desconfianza. Claro que, son cosas que se irán a su debido tiempo y que no podemos forzar a marcharse, también dependerá de las acciones de la otra persona. Del cambio. Y en eso radica todo, el perdón Tom necesita del cambio, de la comprensión y aceptación de los errores y cuando eso sucede habrá un cambio de pensar, un deseo de hacer las cosas diferentes, porque lo viejo no funciona, está dañado. Miralo como.. Un ascensor que está dañado y solo puede subir tres pisos, pero tu vives en el décimo piso del edificio, entonces debes subir tres en ascensor y el resto por las escaleras y eso te cansa, te enoja, hace doler tus piernas, te hace sentir frustrado porque quieres llegar a casa sin tanto problema y llegas al punto de odiar el ascensor, de usar groserías cuando hablas de él, de patear el suelo cuando te bajas, dejas de cuidarlo y respetar las normas del ascensor, como no comer dentro de él, por ejemplo. Pero un día todos se cansan y lo arreglan y de nuevo puedes subir al décimo piso y para ti vuelve a ser un buen ascensor, vuelves a querer montarte en él, pero tus hábitos han cambiado, sigues sin cumplir las normas porque te acostumbraste a ser grosero y descuidado, a no cuidar su estructura porque no funcionaba, pero te das cuenta de que si quieres que siga funcionando tienes que cambiar tus hábitos y la forma en cómo lo tratas, para que no se vuelva a repetir lo de antes, para que el ascensor no vuelva a dañarse.
-No entiendo qué tiene que ver un ascensor con eso.
-Es solo una analogía, un ejemplo. Imagina esa misma situación con personas, cuando hay un conflicto, una herida emocional, la persona deja de funcionar como debería, cambia y se convierte en alguien que para ti es desagradable, insoportable, que hace y dice cosas que no te gustan y te hacen daño, y en respuesta a ello tú comienzas a hacer lo mismo, comienzas a defenderte, a tratarlo mal y dar lo mismo que te dan a ti. El perdón Tom, sucede cuando uno de los dos cambia, ya sea un pensamiento, una idea, un deseo de que las cosas sean diferentes, mejores y para eso se debe cambiar la forma en el que se ven las cosas, la forma en la que hablas, actúas y reaccionas hacía el otro y cuando haces eso obtendrás una respuesta, quizá buena, quizá no la que esperas, pero algo será diferente y si persistes y sigues cambiando, sin dejar que las palabras te afecten, tratando de comprender el porqué está sucediendo eso, el porque la otra persona es como es, sanarás, habrás cambiado y volverás a funcionar, pero no como funcionabas antes, serás diferente y la otra persona también lo será, porque a tus ojos ya no es un enemigo. Perdonar Tom, no significa olvidar, significa ver más allá de las heridas que esa persona ha causado, entender por qué las causó y aceptar, para obtener ese cambio en tí mismo que te permita no repetir esos mismos patrones y no herir a otros, y para eso es necesario recordar, no con ira, ni con resentimiento, sino con comprensión.
Tom sentía que le iba a explotar la cabeza.
-Aun así, no entiendo, cómo perdonar a alguien.
-Bueno, no hay un método que seguir paso a paso para ello, cada persona es diferente y su tiempo también.
Tom mordió el interior de su mejilla, sin saber qué decir, cómo había llegado al punto de pensar en el perdón? Después de todo el daño que había sufrido.
-Mark.. ¿Crees que soy una mala persona si elijo no perdonar?
-No se es una mala persona por ello, Tom. El perdón es una decisión propia que requiere tiempo, no eres malo por tener dificultades para superar cosas que dolieron y aun duelen, porque no es sencillo hacerlo.
-Es solo que.. No sé si quiero hacerlo, porque cada vez que pienso en ella duele mucho. Ya no quiero que me duela Mark, quiero ser feliz. - Tom sintió ganas de llorar y de inmediato bajó la mirada, avergonzado.
-Entiendo, pero sanar duele un poco Tom, los recuerdos duelen, pero recordar también nos ayuda a comprender, a encontrar respuestas a cosas que nos generan dudas y temores. El dolor es un efecto secundario, desde que iniciamos nuestro camino muchas cosas han dolido, no es así? - Él asintió. - Pero hemos logrado atravesarlo, avanzar y mejorar, no lo crees?
-Sí. Pero esto es diferente.
Tom se mantuvo en silencio y desconectó de las palabras de Mark.
-Mark.. ¿Puedo irme? - Lo interrumpió de golpe, simplemente sentía que no había más que decir, no estaba mal si no la perdonaba, si dejaba las cosas como estaban y elegía estar tranquilo y feliz, cortar esa parte de su vida y hacer como si no existiera. Mark decía que olvidar no podía ser, pero él lo deseaba, deseaba borrar esa parte de él y quedarse con la buena vida que tenía con los Potter. El dolor se iría en algún momento, reemplazado por cosas que hacer, la escuela, los juegos con Harry y las salidas con sus tíos.
-Puedes, pero.. Quisiera dejarte una tarea, no debes hacerla de inmediato ni traerla el jueves, traela cuando quieras.
Tom suspiró profundamente, dejando salir todo el contenido de sus pulmones, cansado de las tareas que lo dejaban agotado y que eran siempre difíciles.
-Escribe una carta o varias, todas las que quieras, sin mostrarla a nadie, puedes escribirla en tu diario si quieres. Y escribe allí todo lo que quieras decirle, lo que sea Tom, todo lo que tengas guardado, bien? Deja todas esas emociones complicadas en el papel y, si quieres enseñarlas después, cuando tú quieras, hablaremos de ello. De acuerdo?
-Bien. - No tenía pensado hacerlo, si realmente no era una obligación.
-Bien, ya puedes irte, Tom. Fue bueno verte hoy.
-No puedo decir lo mismo, doc.
Tom salió de la habitación y se unió a sus tíos, debían ir a buscar a Harry a casa de sus abuelos. Y él estaba más que feliz de alejarse de esa habitación y de Mark y sus conversaciones agotadoras.
Notes:
Y qué les pareció? Finalmente llegamos al tema de Merope, admito que he estado viendo podcast y leyendo mucho de psicología porque no logro meterme en la vibra de un trauma como el que ha vivido Tom con su madre, pero ahí voy. Quizá todos salgamos terapeados de aquí, debería subirle el sueldo a Mark.
Espero les haya gustado, nos leemos el siguiente fin de semana. Gracias por sus comentarios y sus kudos, amo cada uno de ellos.
Chauuuuu.
Chapter 19: Recuerdos, cartas y reencuentros
Notes:
Buenos días! Cómo están estrellitas? Yo ando animada porque tengo un capítulo para ustedes XD mi público de Wattpad tendrá que esperar a que termine el próximo capítulo.
Espero les guste el capítulo de hoy, siguen las bombas emocionales, finalmente vamos a descubrir los secretos de Tom y la relación con su madre. Espero poder terminar con esta etapa de la historia pronto, estoy ansiosa por iniciar una segunda etapa, siento que estoy metiendo mucho relleno. Pero bueno.. Considero que es importante saber ciertas cosas.
En fin, disfruten de la lectura. Gracias por su apoyo y seguir leyendo ❤️
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XIX
Recuerdos, cartas y reencuentros
Tom solo lo hacía como un último grito de victoria, como una despedida simbólica y formal a su vida anterior, quizás también estaba movido por el rencor.
Quemó el resto de las cartas con un nudo en la garganta, las viejas y nuevas, las que leyó y las que no, iba a desaparecer cada rastro, cada huella que pudiera dejar alrededor. Haría como si nunca hubiera estado allí, hasta olvidarla por completo.
Tomó su diario y su lapicera, pasó las páginas que solo eran rayos y tachones desordenados y escribió sintiendo la ira hirviente en su sangre.
Ni siquiera comenzaré esta carta con un saludo, solo quiero decirte que no quiero verte, ni saber de ti, que no te quiero, que encontré a alguien que es mejor que tú y que no me dejará cuando tenga miedo, que no es débil como tú..
Sin importar cuanto mordió su labio, cuanto apretó su garganta y los parpadeos constantes, aun así las lágrimas cayeron, manchando el papel.
Deja de escribir, ¿No entiendes que no te quiero? Las he quemado todas y seguiré quemando las cartas que lleguen, no quiero nada de ti, quiero que desaparezcas como todo lo demás. Ahora tengo una familia, una familia real, algo que jamás me diste y que no eres capaz de dar. Y no voy a dejarlo, no quiero dejarlo, así que alejate, alejate, alejate de mí, déjame aquí, olvídate de mí. No quiero estar contigo.
Su lápiz se quebró, sus manos temblaban tanto que no podía continuar escribiendo con la pequeña pieza que había quedado en sus manos. No podía controlar sus lágrimas, su pecho dolía como si alguien lo hubiera golpeado, ardía y no podía parar.
-¿Tom?- Harry entró a la habitación a pesar de que le había pedido espacio, pero no se enojó cuando sus brazos le rodearon, solo empujó el cuaderno al suelo con un manotazo y se aferró al cuerpo de su amigo mientras seguía llorando.
Aquello era una estupidez, una tontería, aquello de las cartas y Mark y ella y todo. Quería parar con todo.
-Tom.. Tranquilo, tranquilo..- Su cuerpo comenzó a relajarse en contra de su voluntad y se sintió mal, como si tentáculos de calma trataran de amarrarlo cuando se oponía a ello.
-No, no..- De repente era demasiado, el abrazo de Harry lo asfixiaba, la calma no llegaba, no podía, sentía miedo, demasiado. Se estaba ahogando.
Harry podía sentir el dolor de Tom, su desesperación, pocas veces había sido tan grande, tan pesado, no podía calmarlo, su amigo se revolvía en sus brazos queriendo escapar y él solo enviaba más y más calma, pero Tom solo chillaba, diciendo no. , no no.
Se asustó, no entendía porque no funcionaba. Se alejó de su amigo y lo vió ponerse morado como si no pudiera respirar. El pánico creció y se enfrió en busca de ayuda.
-¡MAMÁ! - Tom no parecía reaccionar, se derrumbó en el suelo mientras seguía llorando. -¡MAMÁ!
Lily acudió corriendo al cuarto al escuchar los gritos de Harry, lo encontró en la habitación de Tom, destrozada, mientras Harry lloraba y Tom estaba tirado en el suelo. Tuvo que respirar para no chillar ante la escena, no sabía qué había pasado con ambos, pero debía ser rápido.
-Harry, tranquilo cariño, ¿qué pasó? ¿Puedes decirme? - Se arrodilló en el suelo, cerca de Harry y Tom, miró al último, con la mirada perdida y pálida, el rostro lleno de lágrimas.
-¡Nariz! Estaba llorando mucho y entré porque sentí que estaba muy angustiado y.. No puedo calmarlo mamá.
-De acuerdo, tranquilo amor, Tom estará bien. - Lily respiró y se acercó a Tom. - ¿Tomás? Respira cielo, tranquilo, todo está bien, tu tía Lily está aquí, todo irá bien, trata de respirar un poco, ¿si? No te presiones, solo un poco. - Acarició su cabello con cuidado mientras Tom fijaba su mirada en ella mientras seguía llorando.
-No, soy malo, soy malo- dijo con la voz llorosa mientras más lágrimas caían y el cuarto se estremecía.
Lily supo que este era uno de esos episodios como el que James le había comentado, un ataque de pánico y que Tom no iba a calmarse fácil, ella no sabía cómo calmarlo.
-Harry, necesito que seas muy valiente y vayas a la bodega de pociones y traigas una poción calmante, está en el estante de la izquierda y está identificado por etiquetas. ¿Puedes hacer eso, cariño?
Su pequeño ni siquiera le contestó, salió corriendo de la habitación con ojitos asustados y su carita llena de lágrimas.
-Cariño, no pasa nada, no eres malo.
-Soy malo, soy muy cruel, quiero lastimarla- Se tapó su carita con sus manos y siguió llorando. Lily se tumbó en el suelo, cerca de él y acarició sus manitos fríos, que temblaban y sudaban.
-Amor, no eres un mal niño, eres dulce y amable, mi Tom no es un mal niño.
Nada, él no descubrió su rostro, no dejó de llorar y la habitación estaba hecha un desastre, hojas por allí, sábanas y ropa por allá, una silla rota, el papel tapiz rasgado.
-¡Mami!- Harry entró como un tornado al cuarto, se empujó al suelo de rodillas y le ofreció el frasco, ella leyó la etiqueta y lo destapó.
-Tom, cariño, déjame ayudarte, toma esto, te ayudará.
Tom negó con la cabeza.
Harry miró con pánico mientras Tom se negaba a tomar la poción calmante.
Su madre seguía tratando de convencerlo y Harry sentía que a cada momento se desesperaba más, las emociones de su amigo estaban fuera de control, había una gran culpa, tristeza y algo que hacía sentir su cabeza como si tuviera neblina, quizás era confusión, pero era intenso, pesado, no lo dejaba pensar, no podía respirar bien. Necesitaba que Tom se calmara, no podía verlo así, no podía.
-Tom, cariño por favor, esto va a ayudarte.
-No. - Tom negaba con la cabeza como una gallina nerviosa.
Harry se enojó, ¿por qué no quería tomarse la poción?
Se arrodilló, le quitó las manos de la cara bruscamente, sus ojos estaban hinchados y húmedos, su cabello pegado a su frente y sudoroso. Puso su cara más intimidante, esa que ponía su madre cuando hacía algo malo y dijo:
-Tom Riddle, tomate el maldito frasco! No vas a ganar nada quedándote en el suelo a sufrir. Tomatelo.
-¡Harry! - Su madre le gritó pero a Harry no pudo importarle menos. Le quitó el frasco a su madre de las manos y se lo tendió a su sorprendido amigo. Tom se veía mal, no había nada de esa fuerza en sus ojos, nada de esa expresión retadora que lo caracterizaba.
-Tomatela, por favor. - Sujetó sus manos con suavidad pero con fuerza, tratando de hacerle entender que estaba allí para él.
Tom le miró mientras sus labios temblaban, Harry estaba harto de verlo llorar, quería que su amigo dejara de estar triste, quería que fuera feliz cada día, no era justo que Tom siempre estuviera triste o enojado o confundido.
Harry puso el frasco en sus labios con algo de brusquedad y Tom la tomó directo de sus manos mientras Harry inclinaba la poción en su boca, hasta que no quedó nada. Harry sintió ganas de llorar y se arrojó sobre él, abrazándolo.
Tom no recordaba que había sucedido después, despertó en el cuarto de la señora Lily con Harry abrazado a su cuerpo como una sanguijuela.
Recordó la carta que había escrito y sintió miedo de que pudiera encontrarla.
Se levantó de un salto, como un recurso, asustando a Harry.
-¡Tomás! ¿Qué pasa?
-Mi diario, yo..
-Tranquilo, tranquilo..- Harry saltó de la cama igual que él y lo sostuvo. -Nadie ha entrado al cuarto y yo escondí el diario en tu gaveta, sin leerlo.
Tom se calmó de inmediato y Harry lo arrastró de nuevo a la cama, hasta estar acostado sobre las almohadas.
-¿Estás mejor? - Tom ascendiendo, sintiéndose avergonzada. - No debes sentir vergüenza, no hiciste nada malo.
-Destruí el cuarto, ¿verdad?
-Nada que la magia no pueda reparar. - Harry se encogió de hombros.
Tom no lograba sentirse mejor, había escrito esa carta llena de odio pero se había sentido tan mal hablarle así, aunque ella no estaba frente a él, aunque ella jamás escucharía esas palabras. Había dolido, había dolido mucho.
-Harry... Soy una mala persona.
-No, claro que no.
-Lo soy.
-¡No, no lo eres! Eres un buen amigo, mi mejor amigo, el mejor amigo que he tenido en toda mi vida. Te conozco, puedo sentir lo que tú, ¿recuerdas? Y no noto maldad en ti, ni una pizca.
Tom escuchó las palabras de Harry, mientras su amigo clavaba sus ojos verdes en su rostro muy seriamente.
-Tienes ocho años, conocerás otras personas y dejarás de pensar eso.
-Jamás tendré otro mejor amigo, tú eres y serás el único. Y no eres malo, yo soy el experto en emociones, ¿recuerdas? Y si digo que no eres malo, entonces no lo eres. De acuerdo?- Tom miró con diversión a mi amigo, era raro ver a Harry en su faceta de mandon y autoritario. -Además, en unas semanas cumpliré nueve. Eso me hace más listo.
Tom sonó - Tienes razón, estás bien, de acuerdo.
-Y sé cuando me mientes.- Tom le puso los ojos en blanco. - Pero lo dejaré pasar por ahora.
Tom no supone si agradecer o temer por ello. Harry se sentó a su lado y Tom sintió el calor de su cuerpo en todo su costado izquierdo.
-Perdóname por gritarte. - Harry y sus cambios de conversación le daban dolores de cabeza, aún después de meses de conocerlo.
-Está bien, disculpa si te asusté.
-No deberías disculparte por eso, no estoy enojado por eso.
-Yo tampoco estoy enojado de que me hayas gritado.
De hecho, viéndolo después de ese horrible momento, Tom pudo encontrar la gracia en ello.
-Que bien, porque mamá me regañó por maldecir.
-¿El bueno y correcto Harry Potter maldiciendo? ¡Por Newt Scamander!
Harry se tocó el hombro con el suyo.
-¡Sí! Estaba muy asustado.
Tom se echó a reír.
-Tom.. ¿Sabes que no tienes que pasar por esto solo, verdad? Puedes decirme, quizás no sea tan listo como Mark o un adulto, como mamá, pero me gustaría ayudarte. Como tu amigo. - De nuevo, ese nuevo giro, su rostro había pasado de la diversión a la seriedad. ¿Cómo no le dolía el rostro después de ello?
-Ya me ayudas lo suficiente, Harry. En serio.
Su amigo se mordio el labio.
-Es solo que.. Dijiste que había cosas que me dirías, alguna vez, que no podías decir ahora. ¿Esta es una de esas cosas que no quieres decirme?
-Lo siento, no estoy listo para contarte aun.
-¿Mamá y papá lo saben?
-Si.
-¿Marca?
-Sí, no te enojes conmigo, por favor.
-No estoy enojado solo.. Me aseguro que no estés lidiando con eso tú solo, no quiero volver a verte perder el control, ha sido horrible.
-Perdón.
-No te disculpes, no es tu culpa. Sé que algo horrible ha pasado y que no quieres decirmelo, pero lo sé, lo siento y está bien si no me dices. Solo quiero que sepas que puedes contarme, hasta donde tú quieras.
Tom sintió su pecho caliente. Las palabras de Harry siempre lograron hacerlo sentir amado, en calma y cálido.
-Gracias, Harry.
Su amigo apoyó su cabeza en su hombro.
-¿Dónde está la tía Lily?
-Oh, está abajo, papá acaba de llegar.
-Oh.
-Siempre puedes fingir que sigues dormido, si no quieres hablar.
-Está bien, no creo que me pregunten nada, de todas formas.
Y Tom no se equivocó, el señor Potter llegó con su uniforme puesto, les dió a ambos un abrazo y besó sus cabezas, se acostó en la cama en medio de ambos y su tía Lily se recostó como pudo a su lado, formando un sándwich. de Tom y pasó la noche escuchando los cuentos fantásticos de su tío en el trabajo, comiendo en la habitación y, para cuando fue muy tarde, se acostaron a dormir tras agrandar la cama.
Tom nunca estuvo tan cómodo en su vida y se pegó al cuerpo de su tía Lily como un pulpo, deseando que todos los días fueran así.
-Hola Marcos. - Otra sesión había llegado y Tom no sabía de qué podrían hablar ese día, el tema de su madre se sintió como una bola en su garganta que bajaba y dolía y le impedía hablar.
-Hola Tom, ¿cómo estás hoy?
Tom no sabía cómo describirlo, los días habían estado mejor desde su carta, pero a la vez se sintió culpable, ayudaba el mantenerse entretenido, arrastrando a Harry para jugar o ir a la biblioteca, incluso ganó ir a explorar y se enfocó en sus tareas. de la escuela.
Hacía como si nada pasara y no era tan malo. Solo debía no pensar en eso.
-Estoy mejor.
-Que bueno, ¿hay algo que quieras contarme?
-Umm, no, no creo. - Tom lo vio directo a los ojos al decirlo, Mark no iba a arruinar su felicidad al obligarlo a hablar de ella.
-La señora Lily me ha dicho que ha tenido un ataque de pánico hace unos días.
-No fue nada. - Tom se enojó, no con su tía Lily, jamás con ella, sino con Mark. ¿Por qué seguía insistiendo sobre aquello del perdón y el hablar de ella? Tom había tomado su decisión y eso era todo, quería dejar de ir a esas sesiones, quería dejar de llorar y de tener esos ataques de pánico.
Quería ser normal.
-¿Quieres hablarme de qué sucedió? ¿Por qué tuviste un ataque?
-¿No es por lo que lo tienen todos? ¿Una respuesta al estrés?
-Una respuesta a una situación que nos pone en peligro inminente o que nos hace sentir en peligro.
Tom se sentía incómodo e irritado.
-¿Algo te hizo sentir así?
-Obviamente.
-¿Puedes decirme qué fue?
-Ya no importa, ya lo resolví por mi cuenta.
-Bueno, me alegra escuchar que estás mejor.
-Lo estoy.
Mark miró a Tom como si estuviera tratando de descifrar un misterio.
-¿Entonces? ¿Quieres hablarme de algo hoy?
-Quizá, ¿cuándo puedo dejar de venir?
-¿Quieres dejar de venir?
-Por eso lo pregunto.
-Bueno Tom, si no te sientes cómodo puedes irte siempre que quieras. Aunque como tu terapeuta me gustaría seguir viéndote.
-Creo que ya no hay nada más que resolver, estoy bien, me siento bien y ya no quiero venir.
Mark lo miró serio.
-Bueno, tendré que hablar con tus tutores antes de darte de baja, si es lo que quieres.
Tom se enojó, ¿por qué no podía solo irse y ya?
-Pero.. Tom, los problemas no se irán solo porque pretendamos que no están allí, las heridas no sanan cubriéndolas y olvidándolas. Sé que es duro para ti hablar sobre lo que pasó siendo más pequeño, pero sanar es la mejor forma de continuar con tu vida y ser feliz, libre.
Tom se puso de pie y lo vio enojado.
-No lo creo, ya estoy harto de hablar de eso, no quiero hablar de eso y no lo haré. Terminé con eso, terminé con ella. Y no quiero venir más, no puedes obligarme, ni siquiera los Potter.
Tom salió como una fuerza de la naturaleza y esperó fuera mientras sus tíos pasaban a hablar con Mark, ignoró sus miradas preocupadas y les brindó sonrisas, de una vez en cuando fingir una sonrisa no estaba mal, si lograba calmarlos.
-Estás enojado.
-Ya lo sé.
-¿Qué pasó con Mark? Mamá y papá están preocupados.
Tom respiró profundamente, no quería tratar mal a Harry.
-Él decidió que no iré más a ver a Mark.
-¡¿En serio?! - Harry se mostró muy sorprendido - ¿Por qué? Mark es genial.
-Porque ya no lo necesito- Harry lo vió con duda. - Te tengo a ti si me siento mal, ¿no es así?
-Claro que sí –Harry sonriendo. - Pero Mark te ha ayudado mucho y sé que lo quieres.
-No lo quiero.
-Claro que sí- Harry se echó a reír. - Pero si no quieres ir más.. Bueno, está bien, creo.
-No estás seguro.
Harry se encogió de hombros.
-Bueno, me ha preocupado lo que pasó hace unos días, ¿qué si aún necesitas de Mark?
Tom no respondió.
Tom despertó, era la tercera noche consecutiva despertando de improviso debido a las pesadillas, ni siquiera Harry podía ayudar, ya que Tom abandonaba la habitación tan rápido como podía para evitar despertarlo.
No quería hablar con Harry sobre sus pesadillas, no quería alertar a nadie en la casa sobre ellas, ni siquiera quería admitir que las tenía.
Aun así, no podía sacar los gritos de su cabeza, el llanto, su voz que decía constantemente lo mismo:
Tom, por favor, no me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes..
Me moriría sin tí.
Eres un mal hijo.
¿Por qué quieres dejarme? Yo te amo, te amo, te amo.
Tom se sintió lleno de culpa y siempre terminaba en el mismo lugar, en el suelo de su habitación, llorando y tratando de convencerse de que estaba bien. Las palabras de Mark y su tía Lily eran un tambor en su cabeza, ¿por qué era tan difícil terminar que todo estaba bien?
-¿Tom?- de alguna forma, su tía Lily lo encontró en el suelo esa noche y lo acompañó sentándose a su lado. -¿Qué haces aquí solo?
-Tía Lily.. ¿Crees que soy malo porque no quiero perdonar a mamá? - La pregunta salió de inmediato.
-No creo que seas malo, he estado en tu posición, ¿recuerdas? No está mal preguntarse si queremos perdonar a alguien.
-Pero tú lo hiciste, la perdonaste. Yo no quiero hacerlo.
-Bueno.. Supongo que son situaciones diferentes y somos personas diferentes, ¿no?
Tom solo la vio con gran intensidad.
-No soy tan buena para hablar como Mark.
-All Right.
-Creo, que el perdón tiene momentos, fases y tú estás atravesando una de ellas. Te estás preguntando si tu decisión de no perdonar es lo correcto, lo que quieres.
-¿Y cómo puedo saber qué es lo correcto?
-Bueno.. Creo que aquella opción que te haga sentir que esa bola en tu estómago es más ligera. No es la opción fácil, ninguno lo es, la mejor opción será esa que, cuando tomes, sentirás que es lo correcto.
Tom no comprendió muy bien.
-¿Y si me equivoco? Y si luego me arrepiento y ya es tarde?
-Nunca será tarde para aceptar que te equivocaste, cariño.
-¿Pero no lastimaría a la otra persona?
-¿No crees que la lastimaría más tener una relación en donde sabes que estás arrepentido? En donde no hay amor ni aceptación.
Tom asintió en silencio.
-Tu solo piensa y si necesitas ayuda para decidirte..
Tom la interrumpió al ver su vacilación.
-¿Crees que debería volver con Mark?
-Si tú quieres volver con él te apoyaré.
No fue una respuesta, pero Tom sabía que en el fondo sus tíos ansiaban que fuera de nuevo a las terapias, lo veía en sus ojos preocupados y sus sonrisas tensas.
-Lo pensaré, gracias tía Lily.
Miró el papel y leyó sus palabras en el papel arrugado y roto en los bordes, se sintió tan mal el imaginarla enviarla, imaginarla leerla, ¿cómo se sentiría? ¿Acaso seguiría intentando encontrar un lugar para ellos después de ello? ¿Sería cierto algo de lo que dijo? ¿Pero por qué le importaba? ¿Por qué pensaba en ello? Él no se iría, no iba a renunciar a la oportunidad de comenzar de nuevo con otra familia, de dejar ir su pasado, ya había cambiado, lo había hecho. Él había cambiado, no era el mismo niño asustado y enojado y ella tampoco. era la misma.
Él había cambiado y ella había cambiado, porque él había cambiado.
Aquello lo golpeó en el estómago como una Bludger disparada por su tío James.
¿De verdad quería odiarla? No se sentía bien, tenía un nudo en el estómago, no podía dejar de temblar. No quería ser cruel, a pesar de que ella había hecho cosas para lastimarlo, ella nunca quiso ser cruel, no adrede, ¿por qué entonces él debía serlo con ella? Por qué no solo sacarla de su vida, sin ser grosero, sin ser malo. Porque sabía lo mucho que dolía, él mismo lo había sufrido, entonces ¿por qué hacerle lo mismo? ¿Solo porque podía?
No se sentía bien, como no se había sentido bien quemar las cartas, junto a la curiosidad de que podría haber estado escrito en ellas. Y aquellas que no eran tan malas, que no le hacían sentir molestia o dolor de estómago.
Tom se encontró sentado de nuevo en el escritorio, sus tíos habían arreglado su habitación y estaba como nueva, pero Tom aún podía ver el desastre, podía reconocer las sillas que se habían roto, la parte del tapiz que se había desprendido de la pared.
Pensó en todo aquello que había escuchado de Mark y su tía, no estaba listo para perdonar, no sabía cómo hacerlo, ni siquiera sabía si quería pero.. No paraba de darle vueltas a su cabeza con las cartas y lo que había escrito. Quizás escribir otra lo ayudaría a sentirse mejor, si eso tenía algún sentido.
Tomó un lápiz, pasó la página maltratada y comenzó en una nueva, respirando como Mark le había enseñado, para calmar su corazón agitado.
Lo siento, por las palabras que he escrito y por las que voy a escribir, por lo mal que te podría hacer sentir leerlas, pero aún no puedo perdonarte por lo que hiciste y quiero que lo sepas, quiero que sepas que me lastimaste, no por ser cruel, porque creo que ya no te odio, no te odio como al principio, pero tampoco te amo como lo hacía antes.
Soltó el lápiz con ganas de vomitar y se concentró en respirar, con los ojos cerrados al igual que sus puños.
Salió del cuarto apenas pudo sentir las piernas y fue en búsqueda de Harry y un poco de la tranquilidad cálida que transmitía, con o sin sus poderes.
La tía Lily ha estado cocinando mis comidas favoritas desde que dejé de ir con Mark, creo que trata de consolarme, pero me gusta, me gusta mucho la forma en que me cuida, me gustan sus abrazos, me gusta hacer pociones con ella, me. Me gustan nuestras charlas.. Pero me pone muy triste, darme cuenta que nunca tuve eso contigo, a pesar de que estuvimos juntos más tiempo.
Tom volvió a escribir en el diario después de esa segunda vez, no era todo el tiempo, solo cuando lo necesitaba, cuando un recuerdo venía a él y era tan intenso que no podía sacárselo de la cabeza hasta que estuviera escrito.
También había días en los que estaba enojado, demasiado enojado y dejaba que la ira guiara sus palabras.
Veo a la tía Lily y ella es todo lo que tú nunca fuiste, ella nunca abandonaría a Harry oa mi como tú lo hiciste.
Cómo pudiste dejarme ahí, en ese orfanato como basura, en mitad de la nieve y el frío, pude morir, ¿sabes? Las personas pueden morir de hipotermia y yo solo era un bebé. Pudiste dejarme en otro lugar, en San Mungo o en la puerta de algún mago como los Potter, al menos allí habría sido diferente, no habría pensado que era un fenómeno por tener magia, no me habrían castigado cada día, ni matado de hambre, ni odiado o temido. Habría tenido amigos, como Harry.
Pero ahora nunca podrá ser normal, por tu culpa, por lo que pasó y no puedo perdonarte por eso.
¿Recuerdas ese día, cuando te tomé de la mano y me aparecí contigo en la cabaña? Fue uno de los peores días de mi vida, pero las maldiciones no dolieron tanto como tus palabras, el escuchar que no me querías ahí, que no podía estar contigo cuando tú volvías una y otra vez al orfanato, a verme, haciéndome pensar que me. querías. Diciendome todo el tiempo te gustaría que estuviera contigo.
Esa noche pensé, por primera vez, que me habías mentido diciendo que me amabas. Porque no puedes amar a alguien y abandonarlo una y otra vez, sabiendo que eso duele y duele mucho. Yo jamás le haría eso a Harry oa mi tía Lily o al tío James. No abandones a quiénes amas.
Y tú me has abandonado demasiadas veces.
No sé cómo perdonarte por eso.
Veo al tío James todo el tiempo y escucho sus historias, cuida a la gente, es lo que hace todo el tiempo ya veces es algo torpe en casa y definitivamente ha sido la causa de algunos incidentes, pero sé que si lo necesito el tío James. Va a cuidarme sin importar qué, a mí, a Harry ya la tía Lily.
Nunca sentí eso contigo, allí, en la cabaña, dejaste que pasaran esas cosas, dejaste que me pasaran a mi, a pesar de que lloré no hiciste nada y eso me duele mucho, aun duele mucho.
Siento que siempre te amé más de lo que tú me amaste a mi. Y ahora te odio, por lo que no hiciste y por lo que sí hiciste y no sé cómo volver a quererte, porque mientras más escribo y pienso en ti, más te detesto.
Tom abrazó a Harry más fuerte mientras lloraba, era algo nuevo en su dinámica, que lo hacía sentir culpable y como una molestia.
¿Cuándo podría ser un amigo normal para Harry? Salir a jugar en vez de llorar.
Harry nunca se quejaba, ni siquiera se veía molesto, solo lo abrazaba más fuerte, en silencio y Tom sentía como Harry también lloraba y eso lo hacía llorar más. Era un desastre.
Tom también le había prohibido usar sus dones para calmarlo, porque después de hacerlo Tom se sintió mal, como una poción a punto de explotar por un ingrediente equivocado arrojado en el momento equivocado. Era como tener todas esas emociones dentro de él, retorciéndose como gusanos y quizás entendió un poquito las palabras de Mark y su orden de no usar a Harry para sentirse mejor.
Llorar ayudaba, pero estaba cansado de llorar.
Se separó de Harry cuando quedó vacío, cuando se sintió calmado.
Harry tenía los ojos rojos y húmedos, los limpió rápido y sorbió su nariz. Tom lo imitó.
-Perdón, Harry. No estoy siendo un buen amigo últimamente.
Harry negó.
-Siempre eres un buen amigo, solo estás triste. Me gusta ayudarte a dejar de estarlo, somos un equipo, ¿te acuerdas?
Tom sintió que sus ojos se humedecían otra vez.
-No quiero que te canses de mí.
-¿Por qué me cansaría de ti? Eso no tiene sentido.
-Porque todo lo que hago es llorar y tú quieres ir a jugar a la exploración o leer libros o jugar al snap explosivo y yo solo..
Yo estoy llorando todo el tiempo, encerrado en un cuarto escribiendo cosas, volviéndome aburrido . Pensó.
Harry negó y se acercó a él, tomó sus manos, las apretó y lo miró directo a los ojos, era la postura típica de Harry Potter de: Voy a decir algo importante así que será mejor que te cayes y escuches.
-Tom.. No estás aburrido, ni mal amigo por estar triste. Cualquiera puede estar triste y eso no quiere decir que los que están a tu alrededor dejen de quererte por eso. Eres Tom, mi amigo que me enseña palabras nuevas, mi amigo que me ayuda a controlar mi empatía y me deja usarlo como experimento, mi amigo que va de exploración conmigo y que juega a cosas que no le gustan solo porque a mí sí, mi amigo que me defiende de otros. No voy a cansarme de ti, nunca y siempre estaré contigo para lo que quieras y si ahora quieres llorar, podemos llorar los dos. ¿Bien?
Tom estaba llorando de nuevo, asintiendo y abrazó a Harry de nuevo.
Había días en los que no podía comprender como se merecía todo eso, una casa que no estuviera cubierta de moho, sucia y oscura, una familia amorosa y comida deliciosa, pero sobre todo.. Un amigo como Harry.
-¿Harry? ¿Podemos ir a jugar un rato al jardín?
-¿Quieres ir?
-Si.
-Vale, vamos.
Y Tom corrió escaleras abajo, sin siquiera ponerse los zapatos, tomado de la mano de Harry como un ancla.
Quizás sus días eran malos, pero Harry hacía la diferencia, siempre. Harry era aquello que habría deseado tener en la cabaña.
Hoy soñé contigo de nuevo, recordé algo y Harry estuvo conmigo cuando desperté, me abrazó mientras lloraba sin preguntarme nada y aún sigue sin preguntar aun cuando estoy escribiendo con él en la misma habitación.
Recordé una noche, él me había lastimado mucho porque estaba enojado, aunque él siempre estaba enojado. Pero se enojó porque te defendí, recuerdo que te lastimó, usamos maldiciones horribles contigo y yo no quería que te lastimara más, y le grité, me defendí ya ti.
Recuerdo que cuando terminó me llevaste a nuestra habitación, ni siquiera sé cómo pudiste, porque todo me dolía demasiado, pero lo hiciste y me pusiste en la cama y lloraste y me pediste perdón una y otra vez y me limpiaste como pudiste y me diste besos. y me dijiste que me querías. Y aunque estaba asustado y todo me dolía me sentí amado, me sentí feliz de que me cuidaras, de que te quedaras a mi lado, aunque tú también estabas asustada ya ti también te dolía.
Perdóname, por odiarte como lo hago, porque tú también la pasaste mal, a ti también te lastimaron y eso también me duele.
Tom entró de nuevo a la habitación, estaba igual a como la recordaba. Su mueble verde seguía junto a la chimenea y las piezas de vidrio seguían viéndole con cierto estremecimiento al sentarse tan cerca.
-Tom, me alegra que hayas vuelto, ha pasado un tiempo desde la última vez que te ví.
-Solo fueron dos semanas, Mark. - Tom pensó que era algo dramático. Mark se echó a reír.
-Dos semanas sin uno de mis pacientes favoritos, definitivamente fue algo aburrido por aquí.
-Apuesto que si, no tenías a nadie a quién molestar como a mi. - Tom terminó sus palabras con un largo suspiro, dejándose escurrir en el asiento hasta que parecía estarse derritiendo. - ¿No vas a preguntar por qué volví?
-No, dejaré que tengas la palabra hoy, dí lo que quieras decir o no digas nada.
Tom levantó una ceja.
-La última vez estabas muy preguntan, ahora no preguntas nada? ¿Tienes miedo de que me vaya otra vez? ¿Tienes problemas de dinero o algo?
Mark se echó a reír, Tom no entendía cómo era eso gracioso.
-Nada de eso, Tom. Solo quiero hacerte sentir en control, puedes decir y hacer lo que quieras por hoy. Iremos a tu ritmo.
Tom alzó una ceja. No era tan malo irse por un tiempo.
-Bueno.. ¿Y si no digo nada? ¿Igual tendré que pagarte?
-Tendrás que pagar si te quedas toda la hora.
-Ya llevo diez minutos, ¿igual tendría que pagar?
-Quizá un pequeño porcentaje. - Se encogió de hombros.
Tom ascendió. -Bueno, no salí de casa solo para verte y marcharme, no soy un tonto.
-No, claro que no.
-Hice lo que sugeriste, le escribí algunas cartas.
Mark se acercó y no dijo nada, después de un tiempo, Tom siguió hablando.
-Le he dicho que la odio y otras cosas, se ha sentido.. Bueno, no lo sé, le he dicho muchas cosas estos días. - Mark no dijo nada de nuevo- Traje mi diario en donde anoté todo, pensé que quizás querrías verlo, pero no pienso leerlo en voz alta.
-¿Por qué no?
-Porque fue duro escribirlo, no quiero volver y leerlo frente a ti. - Tom no quería llorar frente a Mark.
-Sabes.. A veces, cuando repetimos algo tanto y lo vemos constantemente termina volviéndose algo no tan especial, algo a lo que estamos tan acostumbrados que pierde eso que logra sacudirnos cada que lo vemos y dejamos de pensar en ello como algo extraordinario. Es lo mismo con las experiencias que nos marcan de una manera negativa, revivirlas y entenderlas hace perder ese algo que nos pone nerviosos, tristes o enojados. Leer esas cartas ahora es aceptar que las escribiste y te permitirá entender tus emociones, por qué escribiste esas palabras.
-Pensé que no ibas a hablar.
-Lo dije, sí. Solo quería dar esta pequeña opinión.
-Umm- Tom abrió el diario y comenzó a leer, sintiendo la garganta seca y su voz temblar, derramó algunas lágrimas y para cuando terminó estaba casi derretido en el asiento, casi echo una bolita.
-Gracias por compartirlo conmigo, Tom. Eso fue muy valiente y fuerte de tu parte.
-No me siento valiente por leer un diario.
-No es la acción de leer un diario lo que te hace valiente, te hace valiente el recordar tu pasado, el revivir esos momentos y compartirlos ahora conmigo. No es algo fácil de hacer.
Tom ascendió, no sintiéndose así en absoluto.
- ¿Quieres decirme algo más?
-Creo que sí.
-De acuerdo, soy todos los oídos.
-Yo.. No sé cómo decirlo, siento que cada día recuerdo más cosas y escribo y escribo y.. Hay días en donde la odio, días en donde me da la última y días en donde siento que quizás no fue tan mala.
-¿Por qué no tratas de verlo como trozos de pastel? Tu experiencia no tiene por qué definirse por un momento en específico y las personas tampoco se definen por una acción, todo es muy complejo, debemos considerar todo el panorama.
-¿Entonces? - Tom no había entendido nada.
- Entonces, es normal que cada día tus emociones varíen y esté bien, podemos hacer un ejercicio con ello, cuando recuerdes algo que quieras compartir hablaremos de ello, lo que sentiste en ese momento y lo ordenaremos.
-¿Ordenarlo?
-Si, será como hacer un palacio de la memoria. ¿Recuerdas lo que es? - Tom ascendió.
-¿Y de qué me servirá ordenarlo?
-Bueno, ahora mismo tus emociones son un desastre porque esos recuerdos están amontonados en tu cabeza, esperando su turno para aparecer. Ordenarlos y darles un espacio te ayudará a comprender mejor lo que cada uno de ellos significa para ti y definir cuáles son los que más te afectan y porque. Todo ello para saber cómo te sientes, aprender a lidiar con ello y aceptar.
-¿Qué debería aceptar?
-Que las cosas pasan, sin ninguna razón, sin importar quién sea. Solo llegan y tú debes decidir que quieres hacer con lo que eso hizo contigo.
-¿Te refieres a mamá?
-Me refiero a todo.
-Y cómo eso se relaciona de alguna forma con.. ¿El perdonar a alguien?
-Bueno.. Cuando sanas una experiencia que te hizo mucho daño, sueltas todo eso que te ata a ese momento, por ti y por tu paz. El perdón a veces llega en ese momento o llega después, pero eso dependerá de ti.
Tom lo veía bien, eso del perdón aun le parecía extraño, centrar sus energías en algo más era mejor, aunque fuera estresante.
-¿Algo más que quieres decirme?
Tom suspiró, se sintió bien, aunque sus manos sudaban y estaban fras y su cuerpo se sinti raro.
-Creo que por hoy estoy bien.
-De acuerdo, ¿quieres irte temprano?
-Nah, no te pagaré por la mitad de la hora, ¿por qué no me dices que estuviste haciendo mientras no estaba?
Tom no iba a admitirlo, pero estar allí con Mark se sintió como volver a la normalidad.
Notes:
Qué les ha parecido? Tom parece estar cediendo poco a poco y abriéndose más ante sus traumas. Estoy informándome sobre esos temas con Podcast 😂 pero no soy psicóloga, así que haré lo que pueda.
Ya nos leeremos la próxima semana, tengan una buena semana.
Chau.
Chapter 20: Madre (Parte II)
Notes:
Helou! Feliz inicio de semana, me disculpo por mi ausencia de ayer, pero aquí está el capítulo de esta semana.
Seguimos con la bomba emocional, en serio me ha costado escribir esto, simplemente son capitulos que no se dejan escribir propiamente, aun así, estoy lo suficientemente satisfecha con el resultado como para compartirlo.
Espero les guste y como siempre.. Gracias por leer, gracias por sus bellos comentarios que me encantan y por sus kudos ❤️
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XX
Madre (Parte II)
-Muy bien, Tom. ¿Cómo estás hoy?
Tom había encontrado que cada vez era más fácil hablar sobre sus experiencias, solía mirar la alfombra o jugar con un divertido juego muggle que el abuelo de Harry le había regalado, un cubo de colores en donde tenía que lograr que cada lado tuviera solo un color, no recordaba el nombre.
-Estoy bien, aunque aun tengo sueños. - Los sueños lo perseguían como un boggart, aunque ya no eran tan escalofriantes ni lo dejaban sintiendo que alguien apretaba su garganta. Era más sobre ella apareciendo, llorando en algún rincón, delgada, sucia y con la ropa rota, como Tom la había conocido, como había lucido siempre para él.
Aquella imagen le dolía demasiado.
Levantó su diario y leyó lo que había escrito esos días.
He soñado contigo de nuevo, te veo caminar en la nieve y se que hace frío porque tiemblas mucho y es invierno, y tú estás descalza y no tienes ropas que abriguen, sino pedazos de tela que se ven viejos. No creo recordar alguna vez en donde te haya visto diferente, con ropa limpia y que te quede bien.
Parece tonto, pero recuerdo lo bien que se sintió tener ropa nueva y limpia y me siento mal porque tu nunca tuviste eso.
Lo había escrito luego de su sueño, con una lamparita encendida y Harry enterrado de pies a cabeza en las mantas, totalmente dormido.
Miró a Mark en silencio, esperando algo, aunque sabía que no vendría nada a menos que él mismo preguntara algo o iniciara el debate.
-Escribí otra cosa, sobre ella.. Después de que enviara una carta.
Tom había reaccionado algo mal a la carta, podía darse cuenta de la desesperación en las palabras de su madre, sus cartas eran largas y con la tinta corrida entre palabras, como si ni siquiera esperara porque la tinta se secara.
-Me ha molestado lo que ha escrito.
Mark asintió. Tom suspiró, se sentía como hablar con un muñeco, forzando a sí mismo a hablar porque Mark solo se quedaba allí viendolo como un tonto.
-¿Qué te enojó?- Finalmente preguntó algo y Tom suspiró de alivio.
-Hizo lo que siempre hace, comenzó a decir cosas que no son ciertas, a prometer cosas, es como cuando los adultos malos de las calles te ofrecen caramelos para llevarte. Odio que haga eso.
Tom lo recordaba, siempre esas promesas vacías que escuchaba en Wools, sobre el amor, sobre una vida mejor, como le prometía que las cosas iban a mejorar, como le juraba que saldría de allí, algunos días, incluso llegó a decirle que ambos se irían, que haría todo por marcharse ambos de allí.. El problema con ella era que siempre se arrepentía de sus palabras después, fingiendo que nunca las había dicho, ignorándolas por completo. Aquello siempre lo confundía cuando era pequeño, pero ahora lo enojaba.
-Hacía lo mismo cuando estaba en el orfanato, para hacerme sentir mejor, para que dejara de estar enojado con ella o cuando ya no quería verla. Siempre decía mentiras y me prometía cosas, como llevarme de paseo o comprarme un juguete, siempre llegaba con las manos vacías y con excusas. Antes no me molestaba, bueno, si, pero.. -Pero él siempre la había perdonado, porque era su madre y Tom se sentía tan solo en Wools, sin amigos, sin adultos que lo quisieran o le dedicaran sonrisas. Ella era la única que le había dado un abrazo en todo ese tiempo- Nunca me enojaba demasiado tiempo, ella solía disculparse y prometía más y más, y yo le creía y luego.. Solo me acostumbré, creo, sabía que mentía, pero no me importaba, porque siempre iba a verme, al menos una vez por semana y me contaba historias de nuestra familia, de la magia y me daba abrazos y peinaba mi cabello.. Eso me gustaba. Pero ahora.. Ahora no es un buen recuerdo, me duele recordarlo, me duele que siempre me haya mentido y me enoja y me molesta todavía más que lo siga haciendo, como si yo fuera el mismo niño tonto que caerá en su truco.- Tom sentía su pecho a punto de reventar, su corazón estaba acelerado y él se sentía caliente, enojado.
Sus ojos se habían llenado de lágrimas.
-Por qué hace eso, Mark? ¿Por qué la gente miente? ¿Acaso no se da cuenta de que está mal?
-No podemos saber la razón de las personas para hacer o decir ciertas cosas, pero a veces, para algunos mentir es más fácil que admitir la verdad, les permite ignorar sus problemas y esconderlo de otros. Como un mecanismo de defensa. Claro que, no es una conducta que esté bien, pero entender porqué las personas mienten nos da algo de claridad.
-Qué clase de claridad?
-De que no hay nada malo con nosotros, de que no provocamos a las personas a decir esas mentiras.
Tom sintió algo en su pecho, como encajando en algún lugar, hasta ese momento no se había dado cuenta de que quizá pudiera sentirse un poco culpable por las mentiras. Quizá su madre mentía porque no contestaba las cartas, porque la última vez que se habían visto había sido cruel con ella, se había sentido culpable desde la primera carta, aun era así.
-Mark.. Creo que mamá miente porque la ignoro, estoy seguro de que lo hace, cómo no puede ser mi culpa?
-Porque mentir al igual que decir la verdad es una elección propia, Tom. Hay muchas cosas que podrías hacer, alternativas para hablar, quizá esta es su manera de llamar la atención hacia ti, porque no conoce una manera mejor.
-Porque su vida fue muy mala, no?
Mark lo consideró unos segundos.
-Digamos que es una armadura, como la que tú mismo tenías al llegar. La mentira puede ser utilizada como un escudo para protegerse del mundo exterior y evadir responsabilidades.
-Entonces está bien si miente porque solo se está.. Protegiendo de algo?
-No, la mentira es.. Complicada. Hay mentiras pequeñas, inofensivas, como decir que ya no queda pastel porque los niños han comido suficiente y de comer más se enfermarán. Son mentiras que tienen un objetivo bueno, como cuidar a los demás y que no va a herir a nadie o provocar una respuesta desagradable. Además, no las utilizamos todo el tiempo. Pero las mentiras grandes, como las promesas sin cumplir, no están bien, porque lastiman a los demás. ¿Me entiendes?
-Entonces.. Si ella miente, eso quiere decir que es una mala persona?
-Bueno, a veces el ser bueno o malo es difícil de definir, creo que todo depende de la intención de nuestras acciones.
Tom sentía que le dolía la cabeza.
-Me estás comprendiendo, Tom?
Tom asintió en silencio, pero una parte de él no estaba seguro de comprender o estar de acuerdo con sus palabras.
Tom agradeció la llegada del cumpleaños de Harry, era una distracción agradable de sus sesiones con Mark, hasta que pensó en qué podía regalarle.
No podía comprarle una mascota, su tía Lily se había negado cuando lo sugirió. Comprar libros era aburrido y estaba seguro de que su tío James y los padrinos de Harry estarían saqueando las librerías por libros nuevos de criaturas mágicas. La cama de Harry no aguantaba un peluche más, y él tampoco y.. Solo quedaban cuatro días para el 31 de Julio y estaba entrando en pánico.
-Oye Harry, qué crees que haremos en tu fiesta de cumpleaños?
Harry lo vió con una sonrisa traviesa. - Buen intento, Riddle, papá ha estado lanzándome preguntas así toda la semana. Aun no tienes tu regalo para mi?
Otra cosa que había descubierto de Harry era su obsesión por su cumpleaños, era como el mayor acontecimiento del mes, actuaba como si se tratara de un rey en su coronación y no abría la boca sobre lo que deseaba, según él, todos lo conocían lo suficiente como para saber qué podría querer.
Tom lo habría estrangulado de no quererlo como lo hacía.
-Mi regalo es mejor que el del resto, solo quiero saber qué ponerme.
-Ya lo averiguarás, no dices siempre que tienes el mejor sentido de la moda de los dos?
Harry Potter iba a sacarle canas verdes.
-Oye Mark, ¿cuál crees que sería un buen regalo para Harry?
Definitivamente debería estar más enfocado en hablar sobre lo que había escrito en su diario esa semana, pero estaba desesperado, iba cada que podía con su tía o con su tío al callejón Diagon y otros lugares mágicos a buscar regalos. Aun no encontraba nada original. Quedaban tres días.
-Bueno, ¿has pensado ya en algo que le guste?
-Sí, y no quiero darle libros, ni peluches y no puedo regalarle un puffskein.
Mark acarició su barbilla, pensando. Tom esperó ansioso.
-Qué te parece si..
Tom usó media hora de su sesión con Mark debatiendo sobre ideas de regalos y salió corriendo de San Mungo con una idea en mente y con los ojos húmedos de llanto, pero ya se ocuparía de lamer sus heridas cuando tuviera el regalo de Harry.
La casa estaba algo llena, los abuelos de Harry estaban allí, los Weasley con toda su flota -Que en opinión de Tom eran suficientes como para hacer un cumpleaños ruidoso y emocionante, como Harry deseaba- sus padrinos, los Dursley - Gracias a Merlín solo su tía y el odioso de Dudley- Tendría que vigilar esos regalos en la mesa, y algunas otras personas que Tom no conocía.
Nunca había estado rodeado de tantas personas, no desde su salida del orfanato. Era un tanto estresante.
Peor aun, Harry estaba de aquí para allá, aceptando regalos, abrazos y besos en la mejilla de desconocidos. Mientras él miraba todo desde la mesa de los regalos, sentado como un centinela bravucón.
-Eh, pero si es el soldado Tom. - El señor Harold se sentó a su lado y palmeó su hombro con cariño. Tom le sonrió.
-Sargento Harold.- Asintió hacia él.
-Muchas personas, no crees? - Tom se encogió de hombros - Espero que rinda el pastel o esta fiesta será un desastre.
Tom también lo esperaba, pero viendo a Dudley cerca de la mesa de postres, dudaba que el pastel saliera ileso.
-Y qué haces aquí montando guardia?
-Alguien debe proteger los regalos, señor.
El señor Harold se echó a reír. -Eso puedo hacerlo yo, por qué no te unes a los jóvenes y disfrutas un rato?
Tom no podía decirle que su relación con Ronald Weasley era cordial, que los gemelos Weasley eran demasiado traviesos para su gusto y que Ginny Weasley le desagradaba por esos ojos de borrego y esa sonrisa demente que tenía cada que lo veía llegar. Y Dudley no era una buena opción para nadie. Y Percy Weasley muy seguramente había venido tirado por las orejas, Tom no pensaba exponerse a una charla de cómo seguir las reglas y mantener la moral.
-Tom!- Harry llegó corriendo de entre los invitados sosteniendo algo en su mano. - Tom! Tom! ¡Mira!- Harry lo agitaba tan rápido frente a sus ojos que era difícil verlo.
-Tranquilo muchacho, vas a marear al pobre Tom.
Harry sonrió a su abuelo y Tom finalmente pudo ver su mano. Había un bolso en su mano, más bien era como un maletín. Tom no supo qué decir.
-Es un maletín extensible! Como el que tiene Newt Scamander! - Tom ya podía darse por muerto con su regalo, Harry estaba a punto de volar de lo mucho que saltaba con cada palabra, sus ojos brillaban igual que dos faros.
El señor Harold silbó.
-Es genial.- Harry apenas lo escuchó mientras seguía hablando sin parar.
-¡Lo es! ¡Y puedo decorarlo como yo quiera! Y trae tres hábitats diferentes! Lo imaginas? Así podremos salvar criaturas y llevarlas a un lugar seguro.
Tom pensó que su tía tendría un infarto al imaginar a Harry recogiendo criaturas y encerrándolas en su maletín. Después de todo, ni siquiera lo dejaba tener un puffskein.
-¡Tienes que venir! El tio Moony ha preguntado por ti, dice que te ha traído algo! - Tom se dejó arrastrar sorprendido ante el terremoto que se había convertido Harry.
Para la llegada de la noche, Tom tenía dolor en los pies, se había ensuciado la ropa, él y Harry habían usado el regalo de Fred y George para espantar a Dudley- Terminó yéndose temprano, pero con una rebanada de pastel- y tenía un libro nuevo, cortesía del señor Remus.
No estaba siendo un cumpleaños tan malo y los Weasley no eran tan terribles cuando se unían tras un flanco en sus travesuras. Molestar a Percy era simplemente encantador.
-Muy bien, ha llegado la hora de cantar cumpleaños y luego Harry abrirá los regalos que aun no ha abierto.- Su tía anunció y Harry lo arrastró de la mano a la mesa en donde un enorme pastel con forma de demiguise los esperaba.
Tom cantó el cumpleaños mientras veía las velas iluminar la sala, sus tíos estaban a cada lado de ambos, manteniéndolos en el centro y Harry aplaudía y reía y Tom no pudo imaginar otro momento en el que se sintiera tan feliz, tan parte de algo, tan cómodo.
Terminó derramando algunas lágrimas en medio del canto, pero no le importó, nadie lo notaría en la oscuridad.
La celebración terminó y todos pudieron darse un baño y ponerse la pijama, Tom no había permitido que Harry abriera su regalo frente a todos, avergonzado por lo genial que era todo lo demás, incluso pensó en deshacerse de su regalo, pero Harry se aferró a él como un pulpo.
-Bien, ya puedo abrir tu regalo?
-Puedes.
Harry despedazó el envoltorio en tres segundos y miró en silencio la libreta en sus manos, de cuero, color verde y con detalles en dorado. La abrió y hojeó las páginas.
-Es una libreta para que anotes tus descubrimientos, además puedes pegar fotografías y, como es mágica, si dibujas algo se moverá y tendrá vida propia e incluso te recordará cosas. Y lo mejor es que sus páginas son inagotables y siempre se verá pequeño y será ligero. - Uff, Tom estaba decepcionado, parecía un buen regalo, pero en comparación con un maletín expansible o una escoba nueva, una libreta era algo bobo.
El cuerpo de Harry chocó con el suyo como una roca y sus brazos lo apretaron fuerte. -¡Me encanta! Gracias, Tom.
-¿En serio te gusta? No crees que es.. Bueno, aburrido?
-Por qué pensaría eso? Un buen explorador necesita documentar todo lo que encuentra a su paso.
Tom se sintió un poco mejor.
-Gracias, ya puedes volver a respirar- Se burló.
Y así como así, Harry tenía nueve años, Tom sintió una gran alegría al darse cuenta de que era el primero de muchos cumpleaños con Harry y estaba emocionado de la idea de más.
-Algún día voy a regalarte una mascota.
Harry le sonrió, asintió y cerró los ojos, agotado por el día. Tom hizo lo mismo.
Lamentablemente, no podía huir de otra sesión con Mark. La fiesta de Harry y sus nuevos regalos lo habían distraído de escribir en su diario y tenía todas esas palabras en su cabeza, dando vueltas.
-Hey, Mark.
-Hey, Tom. ¿Cómo estás hoy?
-Bien, la fiesta de Harry ha sido un éxito. Gracias por tu idea, le ha gustado su regalo.
Mark le sonrió. Tom le correspondió y luego sintió que toda esa alegría se iba.
-No he escrito nada esta vez.
-De acuerdo, ¿quieres hablar de algo en particular?
-No lo sé, no sé qué hacer Mark, no entiendo que se supone que voy a lograr hablando de esto contigo. No me siento mejor, ni siento que quiera perdonarla, ni mucho menos entiendo porqué hizo todo lo que hizo, no lo entiendo, no entiendo como puedes mentir, abandonar y decir cosas crueles y no ser una mala persona o ser una persona que merece perdón. ¿Por qué?¿Por qué debería perdonar a alguien así?
-No se trata de perdón, Tom, no para ella, al menos. Lo que quiero lograr con esto es que muestres tus emociones, les des un lugar, que te permitas sentirlas y..
-Si vuelves a mencionar la sanación voy a enloquecer Mark, en serio.
Tom lo sabía de memoria, como una receta para una poción.
-Bueno, ya sabes a lo que me refiero.
-No siento que esté sanando nada. Sigue allí.
-Bueno, sanar no es fácil, porque implica recordar situaciones que nos molestan, nos incomodan y nos hacen sentir mal, y nadie quiere sentirse así. Pero también son emociones y la vida no solo está llena de momentos felices, Tom, no siempre estarás feliz y cómodo, a veces hay tristeza y frustración, rabia y desagrado.
Tom frotó su frente.
-No entiendo, Mark. - Odiaba admitirlo, pero aquello era como caminar en arena movediza y estaba bien admitir no saber algo, si era Mark, no tenía nada que proteger con él, bueno, no su dignidad al menos, Mark lo había visto llorar, destrozar su oficina, gritar y lastimar personas.
-Lo que trato de decir, Tom. Es que esto no se trata sobre tu madre, esto es sobre ti.
-Obviamente, yo soy el que está sentado en esta silla.
-Lo que quiero decir, Tom. Es que depende de ti lo que hagas con estas experiencias y sé que ya lo he dicho, pero debes encontrar eso en ti que no te permite seguir adelante, que te mantiene escribiendo y hablando de ella cada semana conmigo. - Tom se quedó en silencio.
-¿No se supone que es tu trabajo ayudarme?
-No puedo decirte que debes hacer, Tom.
-Lo estás haciendo, diciéndome que debo pensar en porque sigo pensando en ella.
-Es una sugerencia, algo que podría ayudarnos.
-Cómo podría ayudarme?
-Bueno, cuando sepas porqué te afecta tanto, porqué no puedes olvidarlo, podrás saber qué quieres hacer.
Tom se desinfló como un globo.
-Eso suena a tarea.
Mark asintió con una sonrisa.
-¿Una lista?
-Una lista.
Tom entró a la consulta de Mark sosteniendo el diario con fuerza, tanta que sentía sus nudillos doler y sus uñas clavarse en el cuero.
-Hola.
-Hola, Tom. ¿Cómo estás?
-Sanando no, te lo aseguro. - Su vena irónica respondió por él, estaba malhumorado, se sentía pegajoso e irritado, su corazón latía incómodo en su pecho. Tom sabía que sería un día duro, porque había estado dándole vueltas a las palabras de Mark esos dos días y.. Había escrito y pensado mucho. -Pero he traído la tarea.
Mark asintió.
-De acuerdo, compártela cuando quieras.
-Es algo extraño y desordenado.
-Está bien. Ya podemos ordenarlo nosotros.
Tom quería alargar el tiempo todo lo que pudiera, para no compartir lo que había escrito.
Razones por las que me cuesta perdonar a mamá
Me mintió muchas veces.
Me prometió marcharnos juntos, vivir felices en otro lugar, cuidarme y no lo cumplió.
Me dejó en Wools aunque le rogué que no lo hiciera, aunque ahora entiendo porqué no quería que fuera, porque su padre era muy malo y le tenía miedo. Pero siguió visitandome y prometiendo cosas.
Me dijo cosas que me hicieron sentir muy mal. Como que no quería que estuviera con ella o que había sido un error tenerme, lo dijo solo una vez y luego se arrepintió y me pidió perdón, pero aun lo recuerdo.
Tengo miedo de que vuelva a hacerlo
Razones por las que no puedo dejar de hablar de ello
Me siento mal cuando pienso que ella estuvo mucho más tiempo en esa cabaña de lo que yo estuve, con ellos.
Nunca tuvo ropa nueva o buena.
Nunca la trataron bien, no como los Potter me tratan. Recuerdo que siempre estaban gritándole y arrojándole cosas.
Nunca la ví feliz. Ni siquiera cuando estaba conmigo.
Creo que siento lástima por la vida que tuvo y por eso no puedo dejar de pensar en ella. En si tendrá pesadillas como yo, si estará asustada todo el tiempo como lo estuve yo.
Mark asintió ante su lectura, pero Tom no lo dejó hablar.
-Mark.. He pensado.. La tía Lily dijo que había muchas cosas que no podía entender y que hubo un momento en el que quiso ver a su hermana, hablar y preguntarle porque.
-Tú quieres hacer eso, Tom?
Tom se encogió de hombros. - Quizá. Es decir.. Hablar contigo ayuda pero, nunca sabré si vale la pena perdonarla o no, si no hablo con ella. Ya no quiero verla en mis sueños y sentir que la abandoné.
Tom sentía su corazón latir con fuerza. No sabía si su decisión estaba bien, pero quería arrancar eso de raíz, no tenía la paciencia ni fuerza para seguir con eso semana tras semana. No podía seguir escribiendo cartas que no enviaría, quería enviarlas, quería saber quién era su madre, el porqué había hecho las cosas que hizo y.. Y quizá descubrir si quería perdonarla.
-Bueno, verla es un paso importante y difícil, pero si estás seguro y quieres hacerlo, podemos concertar una reunión con tu madre, traerla aquí. ¿Te parece?
Tom sintió como algo dentro de él se hundía, no pensó que fuera tan rápido, quizá verla se demoraría unas semanas, no la próxima sesión. Quería hablar con ella, hacerle muchas preguntas, pero.. ¿Tan pronto?
-Pensé en enviarle una carta.
Mark asintió.
-Está bien, no quise ponerte nervioso, avanzaremos lentamente, de acuerdo?
Tom asintió.
-Ahora.. ¿Te parece bien si hablamos más de lo que escribiste?
Tom se encogió de hombros.
-¿Hay algo de todo lo que leíste que te cause incomodidad?
-Todo.
-¿Qué es lo peor?
-Tengo miedo de perdonarla y que nada cambie, que siga mintiéndome, que no me quiera, que no me proteja como lo hacen los Potter, que me deje solo otra vez.
Era como repetir todo lo que había escrito, pero al decirlo su voz se quebró.
-Por eso.. Cada vez que leo en sus cartas que me quiere de vuelta, que quiere vivir conmigo, me asusto. Porque no quiero, no quiero tener frío, ni hambre, ni miedo.
-Por qué crees que volverá a repetirse?
-Porque ella nunca hizo nada para cuidarme, cocinaba si él tenía hambre, prendía el fuego si él tenía frío, nunca hacía las cosas por mi. A veces.. A veces se olvidaba de mí.
-Cómo se olvidaba de ti, Tom?
-Peleaba con él y luego pasaba días, muchos días, ignorándome, no hablaba, era como.. No sé, como si no pudiera verme o escucharme.
Tom miró como Mark anotó algo en su libreta.
-Lo único que hizo.. Fue buscar al tío James y salvarme.
Tom sintió lágrimas calientes rodar por sus mejillas.
-Ella me salvó, no puedo odiarla después de eso, ella no puede odiarme si me salvó, si se escapó para tratar de huir conmigo.
-Tus temores son válidos Tom, es normal desconfiar después de tener esas experiencias y lamento el que las tuvieras. Pero hay herramientas para evitar que estas cosas no se repitan y es aprendiendo sobre el respeto, la confianza y los límites.
Tom lo vió entre sus pestañas llenas de agua.
-La confianza, como ya hemos hablado, se construye poco a poco. Aprendiendo sobre el otro, conociéndolo y poniendo límites sobre cómo quieres ser tratado y que no aceptarás nunca más.
-Como cuando mis tíos no me tocaban porque no me gustaba? O como cuando le digo a Harry que no quiero jugar, no?
-Exactamente, Tom.
-¿Y si ella no lo hace? Si no respeta lo que digo?
-Bueno, puedes hablar y tratar de descubrir porque no cumple con lo que pides, probar otras estrategias y si aun así no hay un cambio.. Deberás decidir si quieres seguir intentándolo o no.
-Entonces, si vuelvo a verla le diré que no quiero mudarme con ella.
Mark asintió.
-¿Eso no la hará sentir mal?
-Puede, pero poner límites siempre será incómodo y difícil, porque nos toma trabajo el ser honestos con lo que queremos, pero un poco de incomodidad es mejor que estar incómodos todo el tiempo.
-Pero yo no quiero estar incómodo.
-Qué te parece si hacemos un ejercicio, Tom? Te arrojaré esta pelota y cada que la tomes me dirás algo, un límite, algo que no quieres hacer ni que quieres que te obligue a hacer.
-Por qué?
-Así te acostumbrarás cada vez más a decir lo que piensas, sientes y quieres.
Tom recibió la pelota. Mark lo vió esperando algo.
-No sé qué decir.
-No tiene que ser sobre mí, puede ser cualquier cosa.
Tom vió la pelota negra de goma en sus manos y la apretó.
-No quiero que vuelvas a mentirme. - Arrojó la pelota de vuelta. -¿No sería mejor si tu dijeras algo también? Por qué yo debo decir algo y tú no? No es justo.
Mark asintió.
-Qué te parece si yo te cuento un secreto mío?
Esa iba a ser una sesión larga.
Mamá,
Tom se quedó mirando el papel, sentado en silencio en su escritorio. Era tarde en la noche, pero su cabeza no lo dejaba descansar. Quería escribir la carta, aquella de la que habían hablado él y Mark en su última sesión, pero las palabras no salían, no sabía qué decir.
¿Cómo podía comenzar su carta? ¿Podría reclamarle por dejarlo? ¿Estaría bien? No lo parecía, el fuego en su interior se había esfumado hacía días, el enojo también, aunque Tom sabía que seguía allí, como un dragón dormido en su estómago.
Tachó la palabra, escribir mamá no se sentía del todo correcto, nada se sentía correcto en sus manos, ni la pluma, ni el papel debajo de su mano, ni la silla.
Sus dedos se pegaron al papel producto del sudor.
Madre,
Sonaba un poco mejor.
No sé cómo comenzar esto,
La primera línea salió y de nuevo se quedó inmóvil.
He leído todas tus cartas, también las quemé todas, estaba muy enojado como para responder, aun lo estoy, pero no demasiado, casi nada. He hablado con Mark, mi psicomago, sobre ti, han sido muchas cosas que no puedo explicar. Quisiera poder decirlas contigo frente a mi, necesito entender porque hiciste todo, porque me abandonaste, porque no me cuidaste bien, porque me mentiste todo el tiempo.
Es demasiado y se terminaría el papel antes que mis dudas, quiero verte, quiero hablar contigo y que me digas la verdad por primera vez. Merezco saberla.
Tom.
Notes:
Qué les pareció? Cómo creen que va la cosa con Tom y su madre? Les ha gustado el cumpleaños de Harry? No salió como lo imaginé, pero me gustó el resultado.
Tengan una excelente semana, los quiero. Chau! ❤️
Chapter 21: Reconciaciones
Notes:
It's Britney bitch and I'm back! Perdonen por desaparecer, ya estoy recuperando la inspiración que perdí en los capítulos pasados, este capítulo se siente de nuevo como en casa y estoy feliz por ello.
Inicialmente iba a ser más largo, pero estoy teniendo problemas con la luz (Gracias Venezuela) y pues cada que tengo tiempo e inspiración para escribir estoy en el trabajo o en casa se ha ido la luz, así que está difícil. Por lo tanto, este capítulo se dividirá en dos partes.Finalmente se viene el cierre de esta etapa y se vienen cosillas muy emocionantes, espero les guste.
Por cierto, último anuncio, tengo una lista de reproducción que utilizo para escribir y que quisiera compartir con ustedes, podría acompañarlos en su lectura, aunque también, si la escuchan con atención, podrán tener uno que otro spoiler por alli jeje, no se vayan a asustar.. o sí 😈
Se las dejo aquí.https://open.spotify.com/playlist/3EMl7NQHZqpBpsZ3R8ohxX?si=SJVY9CGiRZanuXpN2z794Q&utm_source=copy-link
Y ahora sí, a leer.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXI
Reconciaciones
Querido Tom,
Aun no creo que hayas respondido a mis cartas, me alegra saber que las has leído, al menos la mayoría de ellas. Gracias por escribirme, hijo, prometo hacer las cosas mejor esta vez, si me dejas, no te arrepentirás, las cosas serán diferentes ahora. Yo también deseo verte y hablar contigo, te diré todo lo que quieras saber, tu solo dime cuándo y estaré allí.
Te ama, mamá.
Tom corrió a abrazar a Harry luego de leer la carta, sintiéndose angustiado por la respuesta y a la vez aliviado por ella, el escrito tenía rayones, unos cuántos borrones aquí y allá, manchas de tinta, quizá porque su madre había estado demasiado emocionada para cuidar el papel.
-¿Estás bien, Tom? - Como siempre, Harry se dejaba abrazar y lo envolvía con ese sentimiento de calma que lo dejaba como flotando en una nube, tan relajado que podría dormirse ahí mismo.
-No lo sé.
Harry no dijo nada más y ambos fueron a su habitación, en donde Tom finalmente se despegó y escuchó a Harry leer en voz alta sobre dragones de komodo, una criatura que los muggles consideraban casi una bestia, con sus dotes para la caza y su saliva venenosa. Era su nueva obsesión y Tom estaba feliz de escuchar todo sobre ellos.
-Los dragones de Komodo, también llamados ora, cocodrilo de tierra o biawak raksasa, habitan en las pequeñas islas de Indonesia de Komodo, Rinca, Flores, Gili Motang y Gili Dasami..- La voz de Harry lo arrulló todo el rato, mientras aprendía sobre la fauna muggle y se olvidaba por unos instantes de la carta de su madre y su primer contacto en meses.
Hola,
Creo que por ahora estoy bien con enviarnos cartas, te diré cuando esté listo para verte.
Tom.
Mark le había ayudado a redactar la respuesta, aunque Tom había omitido muchas sugerencias de Mark y había preferido ser algo serio en sus respuestas, demasiado preocupado de sentirse de nuevo ansioso por derramar sus sentimientos hacia su madre y demasiado nervioso como para escribir algo más que eso, de repente se había vuelto tímido, como si su madre fuera una desconocida.. Y lo era.
Querido Tom,
Está bien, cariño. Aun así me alegra saber de ti, seguiré escribiendo hasta que decidas encontrarte conmigo.
¿Cómo estás? Espero estés bien.
Te ama, tu madre.
Sus cartas iban y venían con más frecuencia, pero Tom las sentía vacías, como si no estuviesen siendo honestos, como si ambos se esforzaran para no arruinar las cosas entre ellos, esa nueva comunicación que tenían. Ninguno tocaba temas puntiagudos o al menos no demasiado profundamente. Ignorándolos, pero era difícil ignorar algo que había ocurrido durante toda la vida de ambos.
Hola,
Estoy bien, los Potter son increíbles, tenías razón en eso, de que iban a cuidarme bien, lo han hecho de maravilla. Estoy yendo a la escuela con Harry, aunque vamos en grados diferentes porque soy más listo, solo un poco más, de lo que él lo es. También he aprendido a jugar snap explosivo, ajedrez y Quidditch. Y la señora Lily me enseña pociones, aunque ya lo sabes, pero estoy viendo pociones de segundo y tercer año ahora, dice que podría tomar clases avanzadas cuando comience Hogwarts.
Y tú? ¿Cómo estás?
Tom.
Tom leyó sus palabras, sonaba demasiado entusiasmado, demasiado.. Simplemente era demasiado, ni siquiera sabía si debía enviarlo, eran demasiados detalles tontos, quizá con los Potter estaba bien hablarlo pero.. ¿Con ella? No sabía si estaba bien. Aunque había preguntado cómo estaba, pero.. No sabía si estaba bien compartir eso con ella, no se sentía del todo bien.
La dejó guardada en un cajón por dos días, intentando escribir algo mejor hasta que se dió cuenta de que lo otro sonaba demasiado cruel y frío, Tom no quería sonar así, quería ser un poco más amable.
Terminó tomando la primera carta y enviándola.
Querido Tom,
Me alegra leer que estás feliz allí, es un alivio para mi. Ya sabía yo que mi hijo es increíblemente inteligente, solo tú harías pociones de tercer año con solo once años. Me alegra que no hayas heredado la inteligencia de tu madre.
Conozco a los Weasley, son buenas personas y buena compañía.
¿Qué más has aprendido?
Hola,
Bueno.. He aprendido a armar puzzles, a Harry le gustan mucho, sobre todo cuando son de animales o paisajes, a Harry le gustan mucho los animales, quiere ser zoomago, así que tengo un gran conocimiento en criaturas mágicas y muggles, seguro me irá bien en esa materia cuando vaya a Hogwarts.
Y tú? ¿Cómo va tu trabajo?
Tom.
Sus conversaciones poco a poco eran más interactivas, pero aun así Tom se sentía mal tras cada carta enviada, arrepintiéndose de lo que compartía, como si dar información de sí mismo a ella estuviera mal. Mark decía que no se trataba de nada malo, solo era inseguridad y miedo, por retomar el contacto.
Al menos las pesadillas ya no eran tan comunes, volvió a dormir y Harry estaba un poco más tranquilo ahora que lograba controlar un poco mejor sus emociones, gracias a Mark, con quien redactaba todas sus respuestas, después de discutirlo largo tiempo, solo así se sentía seguro de enviarlas.
Querido Tom,
El trabajo va bien, mi jefe es paciente conmigo y me paga bien, lo suficiente como para alquilar un hogar acogedor para vivir, es limpio, luminoso y tranquilo, te gustaría, quizá algún día pueda mostrártelo.
Te ama, mamá.
Tom sintió bilis subiendo por su garganta al leer la última carta, podía notar las señales de su madre en las cartas, esas peticiones para verse disfrazadas de frases inofensivas, no era estúpido, por mucho tiempo había sido un niño manipulador, no estaba molesto por ello, su madre deseaba verlo desde su separación, pero Tom no se sentía listo, en ningún momento habían hablado sobre lo importante, sobre la cabaña, sobre como lo habia abandonado en Wools, sobre Marvolo y Morfin, sobre ellos y su relación extraña en ese lugar. Tom sentía miedo de no ser tomado en serio, de que su madre dijera algo que lo hiciera enojar o que lo hiciera sentirse triste, Tom podía recordar aquel dolor en el pecho y garganta, las ganas de llorar que siempre reprimía, el sabor de la sangre al morderse los labios con fuerza para que nadie escuchara que lloraba, ni en el orfanato ni en la cabaña. Tenía miedo de que volviera a lastimarlo, de arrepentirse de volver a tratar de ser algo más que desconocidos.
-Qué te parece? Ella no deja de lanzar esos comentarios, como si no fuera nada. Sé que quiere verme y que está comenzando a pensar que nunca pasará.
-Por qué crees que piensa eso?
-Porque es lo que yo pienso.
-Bueno, podría ser diferente con ella, son personas diferentes, quizá sus palabras son solo eso, un comentario.
Tom negó neciamente con la cabeza.
-No creo que lo sea.
-Bueno, creo que entonces todo se resume a una pregunta: ¿Quieres verla, Tom?
-Dije en mi carta que quería, nunca dije cuando.
-Quieres verla ahora?
-No lo sé- Tom retorció sus manos en su regazo, sintiendo la acidez de su estómago subir hasta su garganta. Cerró los ojos y respiró, tal como Mark le había enseñado. Cuando las náuseas pasaron volvió a hablar. -Tengo miedo, tengo miedo de que las cosas salgan mal, de que ella diga algo o yo diga algo y terminemos peleando y todo sea peor. No quiero volver a sentirme como antes.
-Peleabas antes con tu madre?
Tom solo asintió, mirando sus zapatos negros lustrosos, le gustaban los zapatos de vestir, los elegantes, aquellos que usaban los caballeros de esmoquin en las películas. Todos ellos eran ricos, importantes y poderosos, lo hacía sentir igual.
-Sobre qué peleaban?
-A veces, cuando estaba enojado con él porque me hacía daño, me enojaba con ella, porque no era capaz de protegerme, todo lo que hacía ella llorar y gritarle que me dejara en paz, él la callaba siempre, maldiciéndola. Cuando despertaba y quería acercarse yo..- Tom sintió lágrimas caer por sus mejillas, recordando aquellos horribles momentos en la cabaña. - Le decía que la odiaba, que era una inutil, una squib que ni siquiera era capaz de encender una vela- Tom no mencionó las palabrotas. -Era lo mismo que ÉL le decía a ella.
Tom se sintió culpable, su madre no había tenido la culpa de lo que ÉL le había hecho.
-Yo solo estaba enojado, porque ella no podía hacer nada contra él, porque estaba asustado y no podía decirle todas esas cosas a él, así que se las decía a ella.
Mark asintió, solo escuchando. Tom limpió las lágrimas de su barbilla y rostro con la manga de su suéter.
-El temor es algo normal, Tom. El miedo siempre va a existir y no es algo malo, el miedo nos enseña aquello que debemos enfrentar y superar, algo que deseamos que deje de asustarnos. Y la única manera de saber si algo es como lo imaginamos en nuestra cabeza es enfrentándonos a ello.
Tom asintió, aunque definitivamente no valoraba aquellas frasecitas filosóficas que Mark utilizaba, necesitaba un consejo, no una cita de superación personal.
-Qué te parece si te encuentras con ella aquí? Los ayudaré a hablar e intervendré si las cosas se ponen mal, en caso hipotético de que lo hagan. ¿Te sentirías más seguro de esa manera?
Tom sintió su corazón martillear en su pecho, sin que pudiera controlarlo, tan fuerte que podía escuchar los latidos.
-Sí.
-Quieres hacerlo la próxima sesión?
Tom sintió las náuseas volver.
-No sé. - No pudo respirar para calmarse, sentía que si abría la boca iba a botar el almuerzo.
-Bien, haremos lo siguiente: cuando te sientas listo, dímelo, puedes enviarme una lechuza o venir directamente, le escribiremos una carta y planificaremos un encuentro. ¿Te parece bien?
Tom asintió, aun con el almuerzo demasiado cerca de ser expulsado.
-Bien, vamos a respirar y cuando estés calmado podrás irte.
Tom salió ese día del consultorio de Mark con las piernas algo débiles, pero bien en general, directo a los brazos del tío James, quién era el único disponible para llevarlo ese día.
-Hey campeón, ¿quieres ir directo a casa o quieres hacer algunas cosas con tu tío favorito?
Tom no quería nada más que correr a los brazos calmantes de Harry, pero el tío James había comenzado a trabajar hacía unos meses y ya no era tan común verlo en casa, llegaba cansado y se quedaba dormido con las cartas de snap en el regazo, algunas incluso le explotaban en las manos, Harry y él lo encontraban divertido de igual forma, pero Tom lo extrañaba, aunque lo venía por las mañanas y en la noche.
-Puedo acompañarte a hacer las compras.
Su tío le sonrió. -Genial! Hay mucho que comprar, tu tía me matará si no compro comida, tengo suerte de que estés conmigo, así me ayudarás a no equivocarme de vegetales y a no olvidar nada. - Tom le sonrió mientras su tío despeinaba su cabello y lo llevaba de la mano a la salida de San Mungo.
Al llegar a casa, Tom corrió a ver a Harry, saludó a sus abuelos y Harry lo arrastró escaleras arriba antes de que pudiera hablar más a fondo con sus abuelos. En cuanto estuvieron en el cuarto de su amigo este lo abrazó como un pulpo, apretado.
-¿Estás bien?
Tom asintió con su barbilla en el hombro de su amigo.
-Estás nervioso y tienes algo de miedo. - Últimamente la curiosidad y paciencia de Harry se estaba agotando, Tom no podía culparlo, había estado acudiendo a él cada que escribia o recibía una carta, sabía que Harry se moría por preguntarle qué pasaba, aun cuando le había dejado claro que no había problema si no le contaba.
Tom suspiró profundo, quizá podía decirle solo un poquito, Tom extrañaba hablar con Harry sobre cosas que no fueran los animales y las clases o sus planes de bromas para Dudley, extrañaba los consejos de su amigo y sus palabras de ánimo.
-He estado hablando con mamá, le envío cartas.
Harry asintió, abriendo los ojitos verdes con interés.
-Pero.. Ha pasado mucho tiempo desde que la ví y.. Estaba enojado con ella, ya no estoy tan molesto, Mark me ha ayudado con eso. - Harry asintió sin interrumpirlo. - Y he estado pensando en verla, pero tengo miedo de hacerlo porque no quiero que peleemos ni quiero volver a sentirme mal. Así que he estado sintiéndome nervioso y con miedo, por eso.
Harry lo vió en silencio, sin expresión, hasta que le echó los brazos alrededor del cuello. - Gracias por decirme, Tom.- Se separó de él segundos después.
-Tu que crees? ¿Debería verla?
Harry se quedó mirando un lugar en silencio. -Bueno.. Creo que si piensas tanto en si quieres verla o no, es porque quieres verla. Antes no pensabas en ella como lo haces ahora, porque no querías verla, quizá porque estabas enojado, pero ahora que no estás molesto es lo contrario. - Tom sintió que las palabras de Harry eran mucho más claras que Mark.
-Pero tengo miedo.
-Lo sé, a mi también me da miedo pensar en ver a Neville, después de lo que le hice, pero me he disculpado y no fue tan terrible como pensé que sería.
Pero Neville no es mi madre, no me dejó en un orfanato, ni estuvo conmigo en una cabaña con un monstruo. Pensó, pero no podía decirle eso a Harry.
-Sé que las cosas con tu mamá pueden ser muy diferentes, sé que debió ser algo grave y por eso ni mis padres ni tú quieren decirme, porque piensan que soy muy pequeño para entender. - Eres muy pequeño para escucharlo, no quiero que lo escuches. Tom sintió miedo de que Harry estuviera tan cerca de la verdad, que de alguna manera supiera lo que había sucedido con él. - Pero también sé que no estarías pensando en verla si no pensaras que vale la pena hacerlo, al menos un poco. Solo tienes miedo de que salga mal, pero no va a salir mal, puedo ir contigo, si quieres y si algo sale mal nos iremos corriendo de ese lugar y no volveremos a hablar del tema, ¡solo si tu quieres! y te serviré como empático, así no estarás tan nervioso. - Tom sintió sus ojos húmedos, quizá Harry no le había dado una solución o respuesta a su problema, no la que quería, pero le había dado algo mejor, su apoyo y amor, una propuesta de hacerle compañía como su amigo.
Tom lo abrazó, oliendo el jabón y las galletas que su abuela siempre llevaba para ambos, sintiendo su cabello hacerle cosquillas en el rostro y tragarse sus lágrimas calientes.
-Gracias, Harry.
Aunque la oferta de Harry era increíblemente tentadora, Tom se oponía a la idea de que Harry supiera sobre su pasado, no quería ponerlo triste, ni que pensara diferente de él, no quería su lástima, aunque Harry siempre reaccionaba muy diferente a como él pensaba que lo haría.
Pero sobretodo, no quería arruinar la inocencia de Harry, aquella idea de que el mundo era una lugar seguro, de que las personas eran buenas, de que podía confiar, Tom podía ser el caballero negro y protegerlo de la maldad, para que Harry nunca supiera lo podrido que estaba el mundo y de la maldad que las personas eran capaces de hacer a otros, solo por placer y diversión, solo porque podían.
Así que luego de su charla y de unos cuantos días de silencio entre sus cartas con su madre, finalmente se decidió, ya no podía seguir fingiendo una falsa paz y tranquilidad en sus cartas, necesitaba sacarse esas palabras de encima, se sentía como tener atascado un huevo en la garganta y Tom ya no sabía que escribir, no sabía qué más podía decir.
Hola,
Lo he pensado mucho últimamente y por eso no he escrito más cartas, necesitaba un poco de espacio. Creo que es momento de vernos, lo he hablado con mi terapeuta, Mark, él cree que lo mejor es vernos en un lugar tranquilo, en su consultorio en San Mungo y yo me sentiría más tranquilo allí.
¿Tienes tiempo este jueves por la tarde?
Tom.
Tom había compartido la carta con Harry y le había preguntado qué le había parecido, antes de enviarla. La había escrito con Mark.
-Bueno, está bien.
-¿Eso es todo?
Harry se encogió de hombros.
-Harry.. Sé honesto.
-Bueno.. Parece la clase de cartas que papá escribe para el trabajo. Es algo serio.
Tom asintió. - Entonces está perfecta. - Harry le sonrió aliviado.
-Bien, entonces vamos a enviarla!
Tom lo hizo y vió volar a su lechuza apretando fuerte la mano de Harry, para luego ir a la cocina y comer la cena de la tía Lily, el tío James no tardaría en llegar.
Luego de la cena, ambos se refugiaron bajo las mantas de la cama de Tom, siendo alumbrados tenuemente por la lamparita que usaban para leer a oscuras, lejos de los ojos de su tía Lily, quien les daría un buen regaño de verlos leer en lugar de dormir.
-Tom.. Si las cosas salen bien con tu mamá.. ¿Te irás a vivir con ella?
Harry lo veía con aquellos ojos gigantes como los del búho de la familia, Tom pudo ver preocupación en ellos.
-Crees que soy un mal hijo si no quiero vivir de nuevo con ella?
-No lo sé, soy malo si deseo que no te vayas? - Tom sintió un retorcijón en el corazón, de alegría quizá.
-Nunca podrías ser malo.
-Entonces tú tampoco lo eres.
Se quedaron en silencio.
-No quiero ir con ella, quiero estar contigo, iremos juntos a la escuela en casa de la señora Weasley, seguiremos durmiendo juntos, iremos a Hogwarts juntos y luego de Hogwarts te ayudaré a estudiar para ser magizoólogo y yo seré el mejor maestro pocionista, para ayudarte a cuidar de las criaturas mágicas y luego iremos a buscarlos alrededor del mundo con ese maletín tuyo.
Tom vió como los ojos de Harry se humedecieron y algunas lágrimas cayeron directo a la almohada de su amigo.
-Vale, eso suena bien.
Tom le tomó de la mano el resto de la noche, sabiendo que Harry necesitaba de su contacto más que nunca. Él nunca podría irse de la mansión Potter, nunca podría dejar a Harry solo, era su mejor amigo, su único amigo, su hermano. Tom nunca había amado a nadie de la manera en la cual le amaba, la idea de separarse le rompía el corazón.
No, él solo quería hacer las paces con su madre, dejar de sentir aquella culpa, aquel resentimiento e ira. Quería estar bien con ella, porque era su madre.
El día del encuentro fue extraño, Tom fue a la escuela con Harry y estuvo distraído todo el día, no fue capaz de hacer nada, ni siquiera se alteró ante la presencia de Ronald y Ginevra y Harry estuvo cerca de él, tomando su mano y enviando olas calmantes en su dirección. Tom lo agradeció inmensamente.
-¿Ustedes son novios?
-Ginny! - La señora Weasley la reprendió. Tom salió de su nube de despreocupación al escuchar las palabras de la fastidiosa niña.
-Qué? Siempre están tomados de la mano y siempre van juntos a cualquier lugar.
-Eso es porque son amigos, ahora haz tu tarea.
-Pero Ron y Harry también son amigos, por qué entonces no le toma la mano a él también?- Tom la fulminó con la mirada.
-Eso es porque yo soy su mejor amigo, no Ronald.
-Los mejores amigos no se toman de las manos.
-Qué sabrás tú? No tienes amigos, por eso estudias con nosotros. - Tom se sentía molesto, la niña lo vió ofendida y sus ojos se llenaron de lágrimas antes de levantarse de la mesa e irse.
-¿Quién crees que eres para tratar a mi hermana así en su propia casa? - Ronald saltó en defensa de su hermana, con las mejillas rojas del enojo. Tom se arrepintió de sus palabras.
-Ella se metió con él primero!- Harry saltó en su defensa de inmediato.
-Ella solo preguntó algo, él no tenía porqué ser grosero con ella.
-Es cierto, lo siento, señora Weasley. No debí tratar así a Ginevra.
La señora Weasley le sonrió, siempre tan compasiva. - No te preocupes por mí, sé que Ginny es algo invasiva con sus preguntas. Solo discúlpate con ella en cuanto baje, así podremos seguir teniendo sesiones de estudio sin inconvenientes, de acuerdo?
Tom asintió y terminó haciendo justo eso cuando la niña bajó, pero aun con su disculpa los dos pelirrojos lo veían resentidos.
Aquello lo hizo sentir peor.
Llegó a casa a cambiarse y cambió de ropa unas tres veces hasta estar conforme con unos pantalones grises, una camisa de botones blanca con mangas largas y un suéter azúl marino.
-Te ves bien.- Tom miró a su amigo a través del reflejo del espejo frente al que se observaba. Harry se veía cansado, había estado calmándolo todo el día e incluso le había ayudado a dormir la noche anterior, debía de estar agotado. Tom se sintió culpable por ello.
-Gracias, deberías descansar.
Harry se irguió de inmediato, como si lo que hubiese escuchado fuese una total locura.
-Como podría? Dije que iba a acompañarte.
Tom sonrió, enternecido por su amigo. - Está bien, tus padres van conmigo y estaré con Mark, no es necesario que me acompañes y esperes en la sala de espera de San Mungo, estás cansado de ser mi empático.
-No es cierto, estoy fresco como lechuga. Además, prometí acompañarte.
-Y yo te libero de tu promesa, ve a descansar, Potter.
Harry hizo un puchero. - Pero y qué si me necesitas?
-Mark estará allí.
-Mark no te calma como yo.
-Wow, qué humildad. - Harry se encogió de hombros, algo presumido. - No podrás calmarme si estás cayéndote de sueño. Quizá te necesite para dormir, así que tu deberías descansar y recargar energía.
-Puedo dormir en la sala de espera.
Tom puso los ojos en blanco, apartando la mirada del espejo y encarando a su amigo.
-Harry, quédate, por favor.
Harry de repente perdió la sonrisa. - ¿No quieres que vaya?- Su voz.. Tom sintió que atravesaba su corazón con una daga.
-Tengo miedo de que descubras más de lo que te he dicho y no quiero que pase.
-No soy tan débil, además.. No puedo leer mentes, cómo podría adivinar algo?
Porque podría perder el control, porque mientras más se acerca la hora vuelvo a ser ese Tom del orfanato, ese Tom de la cabaña.. Aquel Tom que era malo, egoísta, cruel, manipulador, mentiroso y grosero. Y no quiero que me veas así, porque no has visto ni siquiera una parte de lo que era antes. Tom se mordió la lengua para no responder.
-Por favor, Harry.
Su amigo bufó, derrotado. - Bien, me quedaré.
-Gracias y lo siento.
-No, yo lo siento. No quiero estresarte más, si no quieres que vaya está bien, es tu elección.
-¿No estás molesto conmigo?
-Necesitas ignorarme o ser un idiota o ambos a la vez para hacerme enojar. Ahora mismo no me ignoras ni te portas como idiota, así que no.
Tom le sonrió, levemente, no estaba de humor para la clase de sonrisa que enseñaba los dientes y achicaba sus ojos.
Su amigo le dió un abrazo y se quedó con él hasta que llegó el momento de partir.
Tom deseó que pudiera acompañarlo, que aquella calidez y tranquilidad pudiera llevarse en el bolsillo, para acceder a ella cuando quisiera. Lamentablemente, no podía.
Se aferró a la mano de su tía Lily antes de desaparecer por la chimenea, directo a San Mungo, directo a su madre.
Tom miró la ropa de su madre, detalló todo su aspecto con gran precisión. Sus pantalones oscuros, su suéter de manga larga color verde, se miraba cómodo y era tejido con patrones bastante bonitos. Su cabello oscuro estaba limpio y peinado en una trenza, por lo que su rostro estaba a la vista por completo, ya no había ojeras, incluso las manchas en la piel que Tom había acariciado y observado tantas veces.. Habían desaparecido o eran más pequeñas. Sus ojos marrones brillaban con alegría, sus manos estaban limpias y sus pies estaban vestidos con botas de cuero.
Estaba linda, Tom casi no podía creer que era la misma mujer con la que había crecido, aquella delgada, con la piel cenicienta y sucia, el cabello grasoso y desastroso. Esta mujer estaba delgada, pero no se veía hambrienta, ni sus huesos se asomaban dolorosamente a simple vista.
Tom apretó la mano de sus tíos con fuerza y luchó para tranquilizar su respiración, los cuatro estaban en el consultorio de Mark, Tom de pie entre sus tíos, temeroso de decir algo, su madre se había levantado de su asiento al verlo entrar a la habitación, se había acercado unos pasos hasta que Tom había retrocedido con temor, no estaba listo para el contacto físico con ella, no podía darle un abrazo a alguien a quien desconocía y no sabía si podía confiar.
-Tom- Su madre jadeó al verlo, él tembló.
-Señores Potter, Tom, bienvenidos.
Tom vió a Mark, de pie a unos cuantos pasos de su escritorio.
-Merope y yo hemos estado hablando antes de su llegada, por qué no toman asiento?
Tom no sabía si quería que sus tíos escucharan la conversación, pero temía perder esa sensación de protección que le daban al sentarse a cada lado de él en el sofá, sin siquiera pedirlo.
Su madre no le quitaba el ojo de encima, mirándolo como un halcón, era un tanto espeluznante.
-Hola, Merope, que bueno es verte. - Su tío James inició la conversación.
-Gracias señor James y señora Lily, es gracias a ustedes que estoy bien, que ambos estamos bien.
Su madre les dió una sonrisa de agradecimiento, Tom notó que sus dientes ya no estaban amarillos. Quizá algo torcidos aun, pero limpios.
-Es un placer, Tom se ha convertido en parte de la familia.- Su tía Lily peinó su cabello con dulzura y Tom bebió de cada segundo de ello, inclinándose hasta reposar en su costado.
Su madre lo miró, como esperando algo de él.
-Hola. - El saludo salió entredientes, tembloroso.
-Hola, cariño. ¿Cómo estás?
-Estoy bien- Pero Tom respondió mirando a Mark, quien los observaba a todos como si fueran un programa de televisión Muggle.
-De acuerdo, Tom me ha pedido realizar este encuentro aquí para que ambos puedan hablar y aclarar sus problemas en un lugar en donde puedan tener una solución. Ya previamente le informé a Merope sobre ello. - Mark vió a los señores Potter. - Todos los presentes serán parte de la reunión?
Tom supo que no, no quería meter a sus tíos en eso, no quería que lo escuchasen si llegaba a enojarse o perder el control.
-No, tía Lily, tío James, pueden esperarme afuera?
Ambos asintieron, su tía volvió a peinar su cabello y su tío dejó un beso en su coronilla. Se levantaron y Tom pudo percibir en sus rostro inseguridad, pero ninguno dijo nada en contra.
Regresó la mirada a su madre, esta lo veía sorprendida.
-Nunca llamaste a Morfin tío. - Tom frunció el ceño.
-No es como si Morfin hubiera sido alguna vez un tío para mí, la tía Lily y el tío James si lo son.
-No sabía que los llamabas así.- Tom sintió cierta molestia crecer en su interior.
-¿Hay algún problema con que los llame así?
-No, por supuesto que no.- Ella respondió demasiado rápido. Igual a cuando él le hacía preguntas o la acusaba de algo. Tom trató de calmarse.
Él miró a Mark.
-Hablen lo que deseen, yo estaré aquí para ayudarlos a comprender y atravesar situaciones que puedan ser delicadas o demasiado densas para ustedes. Aprovechen este espacio para ser honestos y hacer todas las preguntas que quieran, la finalidad de esta reunión es mejorar la relación entre ustedes.
Tom asintió y rogó a Merlín por la fortaleza suficiente como para decir todo lo que debía decir.
-Bueno.. Creo que tú eres el de las preguntas, ¿no?
-Tú también puedes preguntar, Merope, ambos tienen derecho de ello. - Mark intervino.
-De acuerdo.
Tom pensó que ella seguía siendo demasiado sumisa. Aquello le dió lástima, más que avivar su rabia.
-Hay cosas que quiero preguntarte, cosas que no te dije en la carta. - Comenzó a hablar. - Son cosas que nunca me contaste o que nunca quisiste aclarar, creo que mi primera pregunta es.. Por qué me ocultaste tantas cosas, aun estando en la cabaña? ¿Por qué no me contaste sobre la razón por la que me abandonaste en Wools?
Su madre se estremeció, Tom vió cómo su cuerpo se desinfló al suspirar.
-¿Qué sentido tenía decírtelo? Cuando estabas en el orfanato.. No quise decírtelo porque no lo ví necesario, pensé que ya tenías suficientes preocupaciones como para escuchar que la verdadera razón por la cual no te conservé era porque tu abuelo intentó matarte siendo un bebé.
-¿Intentó matarme antes?
-Sí. Cuando naciste, Morfin me ayudó a esconderte. - A Tom le sorprendió que Morfin hiciera aquello, siendo el odioso y malvado monstruo seguidor de Marvolo. -Días después logré escaparme de casa y te llevé al orfanato, para salvar tu vida.
Tom sintió que su garganta temblaba.
-¿Él te hizo algo después de eso?
-No, pensó que estabas muerto, hasta el día que llegaste.
-Por qué no te fuiste después de regalarme en Wools? ¿Por qué nunca escapaste? Por qué no escapaste conmigo ese día? Habría sido mejor, nada de esto habría pasado.
Su madre soltó una lágrima. - Tenía miedo, no tenía nada de dinero y tu abuelo tenía a Morfin vigilándome todo el tiempo, él me habría encontrado tarde o temprano y te habrían hecho daño, mucho, de encontrarte vivo.
-No lo llames así, él no es mi abuelo.- Tom no pudo evitar reaccionar a ese término, odiaba el parentesco que los unía.
-Lo siento.
-Pudiste haber ido con los aurores, ellos te habrían ayudado. Pudiste haberme dejado en un mejor lugar, entregarme al ministerio de magia, algo mejor que un sucio y asqueroso orfanato muggle donde todos me trataban mal por ser anormal. No pensaste en lo que sufriría de estar en un lugar así?! - Tom se alteró un poco más, simplemente su ropa picaba, no podía estarse quieto, todas las dudas, todas las preguntas, finalmente iba a tener respuesta a todo.
-Yo no sabía qué hacer, padre nunca me dejaba salir, fuí a Hogwarts porque la ley mágica lo establecía y Morfin siempre estaba detrás de mí. No sabía nada del mundo exterior, debes entender que no te dejé allí porque era lo más cercano o fácil, simplemente fue.. El primer lugar que ví apropiado.
¿Wools apropiado?
-Consideras eso apropiado?
-Era mejor que la cabaña.
Tom tembló, en su interior sabía que no era su culpa, pero el resto de él parecía no entender.
-Mejor? Me mataban de hambre, me golpeaban todo el tiempo, simplemente porque no era como ellos, trataron de hacerme un exorcismo porque dijeron que era un hijo del demonio.
Su madre lloró más.
-Por qué no me llevaste lejos de allí, a otro lugar, en cuanto comenzaste a visitarme y darte cuenta de cómo me trataban? Pudiste haber intentado llevarme a un lugar mejor, en cambio solo ibas y me mentías todo el tiempo, diciéndome que pronto iríamos a un lugar mejor, que todo estaría bien. ¿Cómo pudiste mentir sobre algo así?! - Tom alzó la voz. - Tienes idea de lo mucho que dolía verte marchar todos los días? ver que tu madre, tu verdadera madre, te dejaba en ese nido de cucarachas todos los días? Tienes idea de cómo me sentía?! - Tom sintió las lágrimas caer y su respiración faltaba, pero no dejó de hablar, no podía parar. - Me hiciste sentir como basura, todos los días, me hiciste sentir que no era especial, que no era nada, que no merecía el amor de nadie, porque ni siquiera tú querías quedarte conmigo- Su vista estaba nublada por las lágrimas, por lo que ya ni siquiera podía mirar el rostro de su madre. - Ni siquiera cuando fuí detrás de ti, ni siquiera cuando soporté las palizas de ese monstruo para que no te hiciera daño, nunca me dijiste que te alegraba estar conmigo, siempre estabas regañandome y diciendo que no me querías ahí..
-Cómo podría quererte allí?! Cómo crees que podría desear ver a mi hijo ser torturado por mi padre?! Por eso te dejé en el orfanato, quería protegerte!
-Y crees que lo hacías diciéndome todo aquello? haciéndome sentir mal por querer estar contigo? ¿La única persona que me había dicho que me amaba? Cómo crees que fue escucharte decir que no me querías allí contigo, luego de mentirme durante años diciéndome que no querías nada más que vivir conmigo?
-No lo hice con la intención de lastimarte, era mi manera de protegerte, pensé.. Pensé que si decía eso tú hallarías la forma de volver a Wools, pero mi padre nunca te habría dejado marchar.
-Protegerme?! ¿Cuántas veces evitaste que él me lastimara?! - Tom gritó, su voz se cortó a la mitad, sonando como un gato al que le pisan la cola.
-Era más poderoso que yo, era más fuerte que yo y tenía miedo, Tom.
-Yo también tenía miedo y siempre te defendí, aun cuando te odiaba por ser débil y tonta, nunca me quedé en un rincón llorando viendo como te lastimaban.
Tom limpió su rostro con rabia.
-Tienes razón, te fallé, pero tú no sabes lo que es, crecer con miedo, vivir cada día pensando que ese puede ser el último.
-¿No lo sé? Esa fue mi vida por nueve años.
-Pues esa fue mi vida por veintiocho años.
Tom se quedó callado. Tenía razón, él mismo había sido una persona totalmente diferente al salir de la cabaña, agresivo, desconfiado, con miedo. Ella había crecido con un monstruo toda su vida, Tom le temía, aun lo hacía y solo había estado en ese lugar menos de la mitad de toda la vida de su madre, qué habría sido de él si hubiese crecido la mitad de su vida en ese lugar? Mark había dicho que el lugar en el que creces te moldea, te obliga a adaptarte para sobrevivir. Como esa teoría de la evolución de Charles Darwin.
-Cómo era? Vivir con ellos, quiero decir, cómo se sentía?
-Era como vivir rodeada de dementores, no tenía vida, ni sueños o aspiraciones, hasta que llegaste tú y tuve una razón para levantarme de la cama, para soportar sus tratos horribles.
Tom sintió un vuelco en el pecho.
-Sé que te hice daño con mis acciones, pero no tienes idea de lo desesperada que estaba, del miedo que tenía de que hiciera algo más que torturarte, de cómo dolía todo el tiempo mi cuerpo, por años, sin descanso. Hice lo que creí mejor para ti y me equivoqué. Lo único que hice bien en toda mi vida fue clavarle ese puñal en el pecho.
Tom escuchó sus palabras y entendió, entendió un par de cosas, pero aun así, aunque su madre dijera que lo sentía muchas veces, no dejaba de doler.
-Aun no creo que pueda perdonarte por lo que hiciste, entendiendo porqué lo hiciste, pero eso no quiere decir que confíe en tí ni que deje de doler lo que me hiciste. Me abandonaste, me mentiste, dejaste que me hicieran daño en Wools y en la cabaña, me trataste mal muchas veces, aun cuando no fuera tu intención.. Y eso no va a borrarse solo porque te disculpes.
Era decepcionante, porque Tom esperaba salir de allí más ligero, tenía la esperanza de que ese dolor se iría, pero parecía ser peor, era como si las viejas heridas que había cerrado con Mark se abrieran.
-No quiero lastimarte, porque no quiero ser como él, pero debo decirte lo que pienso- Tom miró a Mark, quién los observaba en silencio, como un chismoso. - Debo ser honesto contigo porque solo así sabrás como me siento y eso.. Nunca pude decirte como me sentí, solo fuí cruel contigo cuando estaba enojado y luego gentil cuando me sentía culpable por tratarte mal, pero estaba resentido contigo, por ser como los demás, por no ser lo que dijiste ser, por no amarme como lo necesitaba, por no cuidarme como quería, por hacerme sentir un estorbo, por dejarme en un lugar frío, por dejarme en lugares en donde pasé hambre y tuve miedo, por dejarme en lugares en donde abusaron de mi- Tom hablaba entre hipidos, llorando, podía sentir su nariz gotear desagradablemente. -La verdad es que te odiaba más de lo que podía amarte y aprendí con mis tíos y con Harry que todo lo que pasó estuvo mal y que no lo merecía, aun cuando él constantemente lo dijo, igual que todos en Wools. - Tom sintió que le temblaba la voz, podía escuchar el llanto de su madre incrementar y quiso vomitar. - Y ahora.. No te odio, me da lástima pensar en lo que tuviste que vivir tu sola y te doy las gracias por estar conmigo, por acompañarme, aun cuando me lastimabas la mayor parte del tiempo, no me dejaste solo, me diste algo de amor en esos lugares y eso.. Es importante para mi.
No podía seguir hablando, su llanto había incrementado tanto que no podía respirar, ni siquiera podía ver bien.
-Tom, respira conmigo..- La voz de Mark se coló en su mente, junto con palabras tranquilizantes que poco a poco fueron calmándolo lo suficiente como para llenar sus pulmones de nuevo.
Tomó un pañuelo de la mano de Mark y secó su rostro, lo sentía empegostado y caliente. Todo su cuerpo estaba.. Se sentía pesado, como si se hubiera dado un baño largo en la tina y fuera directo a dormir.
Sacudió su nariz y vió a su madre también secar sus lágrimas, sin mucho éxito porque más caían, Mark estaba diciéndole algo, quizá a ambos, pero Tom estaba exhausto, ya había tenido suficiente, quería irse.
-Lo siento. - Inicialmente pensó que necesitaba verla llorar, quizá arrodillarse por su perdón, pero Tom odiaba verla llorar tanto como odiaba llorar él mismo.
-Está bien, todo es verdad. No fuí una buena madre para tí, me equivoqué y te lastimé mucho, más de lo que creí. Solo espero.. Espero poder ser una mejor madre para ti.
Tom sintió su pecho apretarse con sus palabras, sintió como si un huevo se atorara en su garganta con algo que necesitaba decir.
-Puedes ser mejor, yo soy mejor que antes, pero.. No quiero vivir contigo. Me siento bien viviendo con el tío James y la tía Lily y con Harry, me gusta mi vida ahora. Sé que dijiste que tienes un departamento y quieres darme un hogar, pero quiero quedarme con los Potter. Yo solo.. Quiero que estemos bien, pero no quiero dejar a los Potter.
Tom vió el momento exacto en el que la poca calma y serenidad de su madre se hicieron añicos.
-Qué? Pero.. Tom, Tom! Lo estoy intentando! He cambiado! Tengo un trabajo ahora! Y una casa, mírame! Ya no soy la de antes- Su voz comenzó a elevarse, se tiró de su asiento y arrastró sus rodillas hacía él, Tom trató de apartarse pero sus manos sujetaron sus hombros con fuerza, apretandolo. -Por favor! Dije que volvería por tí y estoy aquí, nunca me he ido.
-Merope, sé que es difícil de escuchar, pero..
-Callese! ¡Usted y esas personas tratan de quitarme a mi hijo! Creen que estoy loca como mi padre, siempre lo han pensado, creen que no soy una buena madre. Pero voy a ser la mejor. Tom.. Escúchame, lo siento, lo siento tanto, pero no voy a cometer el mismo error, lo juro, por favor.
Tom no podía respirar. Las lágrimas volvían a salir, estaba asustado, su madre gritaba al punto de escupir su rostro y lo apretaba y sacudía al hablar.
-Merope, cálmese por favor, vuelva a su asiento.
-No! No voy a dejar que lo alejen de mi.
Escuchó más que ver, su madre chilló y las manos que lo sujetaban se fueron, pero las que apretaban su garganta seguían ahí.
Otras manos, más suaves, lo levantaron de su asiento, Tom se apartó asustado.
-Tranquilo cariño, soy la tía Lily. Vamos a salir un rato, si?
Tom solo se arrojó sobre ella y se dejó levantar del suelo, queriendo tapar sus oídos y dejar de escuchar el escándalo.
-No! ¡Aléjate de él! Tom! Tom!
Los gritos se hicieron lejanos y el sonido de la puerta al cerrarse fue lo último que pudo escuchar.
-Solo quería verte antes de irte a casa.
Sus tíos lo sacaron con rapidez del área de salud mental de San Mungo, pero lo mantuvieron dando vueltas y le compraron un chocolate en la cafetería, que Tom comió cuando dejó de llorar.
-Solo quiero decirte, que la reacción de tu madre no es tu culpa y que ella estará bien, he organizado con ella algunas sesiones privadas.
-Cómo no puede ser mi culpa? Se puso así por lo que dije, porque le dije que no iría a vivir con ella.
-Ha sido un shock para ella, sin duda, pero su reacción es solo su responsabilidad. Esto es parte de poner límites y ser honesto, Tom. No siempre, realmente casi nunca, las personas reaccionarán de buena forma y debemos afrontar eso también, es lo que da tanto temor de establecer límites.
Tom no dijo nada, ni siquiera tenía energía para rebatir con Mark o lanzarle un comentario ácido. Se sentía mal, estaba cansado, como si no hubiera dormido por días.
-Cómo te sientes ahora que has sacado todo?
-Me siento horrible.
-Te sientes horrible por cómo terminó? U horrible por todo en general?
-Estuvo bien un tiempo y luego.. Cuando le dije lo que sentía, me sentí mal porque sabía que la lastimaba diciéndole eso.
-Y tú? Si apartamos un momento los sentimientos que te causó ver a tu madre llorar, cómo se sintió decirle todo lo que tenías atorado?
Tom se quedó en silencio. - No lo sé, es como si ya no pesara tanto. Pero no se siente bien, me siento como si faltara algo.
-Poner límites no siempre nos dará inmediatamente una sensación de placer y gratificación, porque enfrentamos miedos y lastimamos personas en el proceso, pero el proceso de hacerlo implica saber que lo hacemos para estar mejor con nosotros mismos, que son cosas que necesitamos hacer aun cuando no sea fácil y se sienta mal. Habrías aceptado irte con ella si seguía llorando? Solo para calmarla?
-No.
-No hay nada que puedas hacer, no podemos controlar las emociones y reacciones de otras personas, solo las propias, entiendes? No es tu culpa que tu madre haya perdido el control y no eres malo por ser honesto y poner límites, eres valiente, un chico muy fuerte. Bien?
Tom sintió sus labios temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas, de pronto sintió muchas ganas de abrazar a Mark.
-Sí, gracias, Mark.
-Bien, nos vemos el martes?
Tom asintió.
-Mark.. Volveremos a traer a mamá?
-Si tú quieres podemos traerla cuántas veces quieras.
Tom asintió. -No quiero perder a mamá, quiero que seamos amigos.
Mark le sonrió. -Bien, tú solo dime cuando estés listo para verla de nuevo.
Tom recibió muchos mimos esa noche, su tía hizo nuggets de pollo con papas fritas, les dió porción triple de helado antes de dormir a Harry y él e incluso propusieron hacer una pijamada familiar en la sala.
-Podemos hacer la pijamada mañana? Estoy cansado.
Le hizo sentir bien el hecho de que trataran de subirle el ánimo, funcionó muy bien, sobre todo porque Harry no había soltado su mano desde que habían llegado. Aun no habían tenido ocasión de hablar, Harry había estado esperando en la sala, junto a sus abuelos y se arrojó sobre él apenas llegó.
Tom recibió abrazos y besos de ambos adultos, especialmente cariñosos ese día, antes de que el tío James desapareciera con ellos por la red Flú.
-Está bien cariño, vayan a dormir. Puedes ir a nuestra habitación en cualquier momento, si quieres, de acuerdo?
-De acuerdo, tía Lily.
Su tía lo envolvió en un abrazo apretado que duró mucho tiempo y llenó su cabecilla de besos. Luego hizo lo mismo con Harry y el tío James los cargó a ambos en sus brazos y subió las escaleras con ellos, entre risas y quejándose de que estaban demasiado pesados.
Los dejó en la cama, lanzándolos como almohadas, haciéndolos reír. Los cubrió con mantas y se despidió.
Harry habló apenas salieron.
-Cómo te fue?
Tom suspiró, poniéndose de medio lado y mirando de frente a su amigo, cuyos ojos verdes lo miraban atentos y brillantes.
-Fue.. No sé cómo describirlo. Incómodo y también.. - Tom se quedó en silencio, buscando las palabras. - Estresante.
Harry puso cara de preocupación. - Estás triste.
Tom asintió. -No salió tan bien, ella.. Le dije que quería quedarme aquí, no le gustó.
Tom sintió como las lágrimas volvían a salir.
Harry se acercó hasta abrazarlo y Tom lloró de nuevo, abrazado a su amigo. La calma llegó unos minutos tarde y al separarse pudo ver las lágrimas en los ojos de Harry.
-Lo siento.
Tom se encogió de hombros.
-Mark dijo que no es mi culpa como reaccione.
Harry asintió.
-El que no vivas con ella no significa que no vayas a verla nunca más, deberías decirle eso, el que no vivan juntos no quiere decir que dejan de ser familia. Ella también puede ser una Potter.
Tom sintió su pecho calentarse. - La aceptarías? No la conoces.
-Claro que sí, la ví varias veces.
-Eso no significa que la conozcas.
-Si tú la quieres entonces yo la querré y si un día decides que la odias yo también lo haré.
Harry lo dijo como si estuviera hecho, como si fuera sencillo.
-Solo a mamá?
-Aplica para cualquier persona.
-Y si odio a Ron? ¿También lo odiarás?
Harry se quedó callado un tiempo. -Bueno.. Lo que te dijeron esta mañana no estuvo bien.
Tom sonrió. -No es un insulto para mi.
-No?
-No, solo tienen envidia, porque me quieres tanto que piensan que somos novios. Saben que nunca los querrás como a mí.
Harry le sonrió. -Nunca querré a nadie como a tí. Pero debes mantenerlo en secreto, por siempre, si? No quiero hacer sentir mal a los demás.
-No es justo, quiero decírselo a todo el mundo. Que soy la persona favorita de Harry Potter.
-No seas tonto, con que tu y yo lo sepamos es suficiente.
Tom pensó que, aunque era muy tentador restregarle a cualquiera en la cara su amistad con Harry, era algo mágico reservar eso para ellos, como un secreto bien guardado.
Los días pasaron, Tom no recibió cartas de su madre y el silencio de sus palabras le pesó en el pecho, sus tíos seguían siendo más amorosos de lo usual y Harry y él lo disfrutaban bastante, Tom se sentía un poco mejor con el paso de los días, pero estaba lleno de culpa por no escuchar de su madre.
Supo que Mark le mentía cuando dijo que había estado en contacto con su madre.
Hola,
No han llegado más cartas tuyas y estoy preocupado. Lamento que las cosas terminaran mal, tuve que haberte dicho eso antes, en las cartas, para darte tiempo de aceptarlo, pero tenía miedo de tu reacción. Solo quiero decirte que el querer vivir con los Potter no significa que no quiera verte, quiero verte y pasar tiempo contigo, conocerte de nuevo, ser amigos. Harry me ha dicho que puedes ser parte de la familia también, el tío y la tía estarán de acuerdo también.
No quiero pelear contigo otra vez y no quiero no vivir contigo porque te odie, no es por eso.
¿Podemos volver a hablar?
Tom.
-Ves? Te lo dije, te dije que te buscaría.
Merope estaba ojerosa, no había dormido bien desde ese día, mucho menos había comido y su jefe se había enojado con ella al punto de amenazar con despedirla por faltar tantos días.
-Y eso qué? No quiere vivir conmigo.
-Eso es lo único que te importa?! Por Merlín, mujer. Ese niño te quiere tanto como para buscarte después de que perdieras el control. Él dice que quiere quedarse con ellos, eso es porque no cree que puedas cambiar, pero si lo demuestras, él vendrá contigo de nuevo.
-No vendrá. Los Potter son perfectos, los perfectos estudiantes de Hogwarts, con trabajos perfectos, con una casa que yo jamás podría comprar, con dinero como para no trabajar por el resto de su vida y además son buenas personas, no están locos como yo.
-Ellos no tienen lo que tú tienes.
Merope se echó a reír. -Un padre malvado que los torturó toda su vida?
-Un vínculo sanguíneo. Eres su madre, querida, él siempre va a necesitar de ti, te buscará. Aprovéchate de ello, de su inocencia, de sus deseos de una madre perfecta. Conviértete en la madre perfecta.
-Jamás podría serlo- Merope lloró.
-Y quién dice que debes serlo? Él solo debe pensar que lo eres.
Merope sintió escalofríos.
-Tom no es estúpido, se dará cuenta de que miento.
-Es un niño, todos los niños son estúpidos. Tú solo debes asegurarte de que te crea y lo tendrás de vuelta.
Ella podría hacer eso? Sabía lo que pasaría si Tom descubría su mentira, si se enteraba de sus intenciones, la odiaría por siempre, lo perdería.. Pero ya estaba perdiendolo con los Potter, ella podía ver el odio y rechazo en los ojos de esa maldita bruja de Lily Potter, por mucho que le sonriera y fuera educada con ella, Merope podía ver su desagrado, podía sentirlo.
Era cuestión de tiempo para que Tom se alejara de ella, teniendo un perfecto reemplazo de familia con los Potter.
Ellos ya tenían un hijo, no podían quedarse con el suyo solo porque tenían dinero y eran populares, no era justo.
-Bien, lo haré.
Su amiga sonrió y aplaudió. -De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer.. Primero, llama al medimago, irás a las sesiones.
-No quiero ir.
-Debes ir, debes hacerle creer a todos que estás dispuesta a sanar tu pasado y toda esa mierda. Dijiste que el niño confía en el medimago, necesitas hacerle creer al tipo que eres una mujer consciente y luego él se lo dirá al niño.
Merope se estremeció. -No puedo hablar de él. No quiero.
-Quizá te haga falta.
-No. - La mesa se estremeció.
-Bien, siempre puedo ir yo en tu lugar, pero tendrás que compartir tu pasado conmigo.
Merope sentía repulsión de solo pensarlo, pero lo haría, si eso le regresaba a Tom.
-Consigue un Pensive, te daré mis recuerdos.
-Bien! Esa es la actitud mujer. - su amiga sacudió su hombro entusiasmada. -Tu confía en mi, en unos meses volverás a ser su madre y yo seré la tía Becca.
Merope rogaba por no equivocarse ni un poco o significaría el final de su relación.
-Ahora, toma un pergamino, debes responderle.
Querido Tom,
Lo siento mucho, siento haberte asustado y lamento haberte hecho sentir mal. La noticia de que no quieres vivir conmigo no fue fácil de escuchar, creí que cuando todo mejorara volverías conmigo. Pero no puedo culparte si no deseas volver, como dije antes, no fuí la mejor madre, pero quiero serlo, quiero ser parte de tu vida y de tu nueva familia, quiero comenzar de nuevo aunque sé que no será fácil.
Me anima el que digas que quieres seguir viéndome, yo también lo quiero. Lamento no haber escrito antes, necesitaba tiempo para pensar las cosas.
Te amo mucho, mamá.
-Ya está! No soy genial escribiendo cartas? Me encargaré de responderlas de ahora en más, te diré que decir y tú escribirás.
-Y qué haré cuando viva conmigo? Se dará cuenta de que no soy la misma persona.
-Eso depende de ti y de que tan bien sepas actuar.
Su amiga se metió una galleta a la boca y le sonrió con diversión.
Merope suspiró, era la única amiga que había hecho en ese lugar, Becca era una mestiza del knockturn, ambas vivían en el mismo edificio y tenían historias parecidas. Solo que Becca no era madre.
Confiaría en ella, la había ayudado todo ese tiempo a sobrevivir en el callejón Knockturn, incluso le había prestado ropa para ir a ver a Tom.
Todo saldría bien, tenía que salir bien.
Notes:
Bueeeeeno, hasta yo me sorprendí por como terminó este capítulo, terminé creando un nuevo personaje que no estaba planificado, pero todo sea por aumentar la angustia y el drama 😈 qué les pareció? De nuevo nuestro niño Harry sale más tiempo, siento que lo dejé un poco abandonado en los capítulos pasados.
Pobrecillo mi niño Tom, en serio le estoy lanzando mucha mierda XD pero todo sea por la trama.
Y como siempre, me toca agradecer a todos los que leen desde mi primera actualización y a los que se suman, gracias por leer y por sus comentarios preciosos, son mi fuente inagotable de inspiración ❤️
En fin! Nos leemos pronto, espero.
Chau!
Chapter 22: Familia, planes malvados y decisiones
Notes:
Majestad.. Paolo está agotado, porque solo Paolo puede tomar esto! (Procrastinación) y esto! (Malestar de gripe) y transformarlo en un capítulo 😎
Cómo están? Feliz fin de semana! Vengo feliz, finalmente he terminado este capítulo y esta etapa que me ha generado bloqueos y dolores de cabeza. Me emociona pasar a la siguiente fase de esta historia, se vienen tantas cosas que muy probablemente ni se lo esperan 😈
Espero les guste, está bastante largo y es una bomba, en varios sentidos.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXII
Familia, planes malvados y decisiones.
-Merope, que bueno que hayas podido venir.
La mujer se sentó en un sillón color arena bastante cómodo, se sentía incómoda y observada.
-Lo pensé mejor, quiero una buena relación con mi hijo, no quiero ser una extraña para él. Me ha dicho que quiere que seamos amigos y yo también quiero eso.
-Eso está bien, bueno, siempre comienzo con mis pacientes haciéndoles la misma pregunta; ¿por qué vienes aquí? También me gusta que me cuenten un poco de su vida, así puedo conocerlos mejor.
-Bueno, he venido aquí porque quiero recuperar mi relación con mi hijo, como ya sabe y.. Mi historia es muy larga para contar y no creo estar lista para hacerlo.
A decir verdad, Becca consideraba la vida de Merope espantosa y terrorífica, no podía compararse con la suya ni con los amigos que había hecho en el callejón Knockturn. Merope había sido maltratada, física y verbalmente, desde que tenía uso de razón y quizá desde el momento en el que había sido concebida, pero no había manera de acceder a esos recuerdos que ni la propia Merope podía recordar.
-De acuerdo, hablarás cuando te sientas lista, no hay presión aquí. ¿Por qué no me cuentas cómo te sentiste en la reunión con Tom y hablamos de tu relación con él? Si eso te parece bien.
Becca respiró aliviada, podía con eso, que comenzara la función.
-Y? ¿Cómo te fue? - Su amiga saltó sobre ella enseguida, con los ojos saltones ojerosos y la ropa arrugada, estaba hecha un desastre.
-Me fue bien, actué como la madre desesperada perfecta, lloré incluso, pero se quedó más tranquilo cuando fuí cooperativa. Tendremos otro encuentro el sábado.
Merope asintió, jugando con sus manos nerviosamente.
-Segura de que no sospechó nada?
-Niña, estás hablando con una estafadora profesional, claro que no se dió cuenta.
Becca había sobrevivido en las calles del Knockturn desde muy pequeña, su madre la había abandonado frente a un bar de mala muerte y una bruja la había encontrado, gracias a Merlin Dorothea se dedicaba a extorsionar, robar y estafar, cosa que era preferible a ser una de las tantas muñecas de Gregor, vendiéndose por un plato de avena fría y mohosa. Había aprendido a engañar, mentir y escapar desde niña.
Merope suspiró aliviada. - Bien, le escribiremos hoy, no?
Becca le guiñó un ojo. -Claro, pero antes vamos a darte un baño, no puedes ser una madre perfecta oliendo y viéndote de esa manera. La imagen vale mucho, bien?
-Bien.
Becca arrastró a su nueva amiga al pequeño baño del pequeño departamento, Merope era como un cachorrito perdido y mojado bajo la lluvia helada, le daba pena, tanta que había decidido acogerla, una vez que descubrió que no tenía nada de valor para robarle. Además, nadie en el callejón Diagon ni Knockturn parecía quererla, todo por su padre Marvolo, Becca lo conocía, como todos. Aquel viejo baboso, grosero y problemático.
Merope le agradó mucho más cuando supo que le había clavado un cuchillo a su propio padre en el pecho. Nadie que fuera asesino podía ser aburrido.
Querido Tom,
¿Cómo estás? ¿Cómo van las vacaciones de la escuela? ¿Tienes planes para el verano?
te ama, mamá.
Hola,
Estoy bien, las vacaciones van bien, con Harry hemos hecho una lista de cosas que queremos hacer, la señora Weasley ha tardado demasiado en darnos vacaciones, así que comenzaremos tarde la escuela. Hemos pensado en ir a un parque de diversiones, al cine, al acuario, a la playa y al zoológico.
Tom.
Querido Tom,
Son muchas cosas por hacer, espero podamos vernos de nuevo cuando tengas algún tiempo libre. Yo, por mi parte, he planeado salir de paseo con una amiga, es mi vecina en mi edificio y me ayuda mucho, es muy amable y quiere enseñarme más lugares aparte del callejón Diagon y Knockturn.
Te ama, mamá.
-¿Es seguro hablar de ti? Y qué si sospecha algo?
-Vendrá a vivir contigo, sospechará si nunca le hablas de mí, además, tener amigos es una señal de que eres una persona que es medianamente estable a nivel social. No puedes hablarle todo el tiempo sobre el trabajo y tus deseos de verlo, te hará ver desesperada.
Merope asintió a las palabras de su amiga.
Hola,
Seguro, me gustaría verte de nuevo, seguir hablando, en el consultorio de Mark. ¿Te parece bien?
Tom.
-Es un pequeño odioso, es todo lo que dirá?
-Tom solo es serio, siempre ha sido así.
-Bueno, debes ir a este encuentro.
-Qué? Yo? ¿Estás segura?
-¿No quieres verlo?
-Y qué si lo arruino? Tú eres la que ha estado yendo a las consultas con el psicomago.
-Has visto todas las consultas por el pensive.
Merope sintió las manos llenas de sudor.
-Niña, no tendrás muchas oportunidades cuando este juego comience.
-Pero podré verlo todos los días, cuando esté aquí conmigo. Y tengo miedo de arruinarlo, no soy buena mintiendo, no como tú.
Becca suspiró hastiada. - Te enseñaré.
Tom llegó a la consulta de Mark, de nuevo de la mano de sus tíos, Harry había tenido que ir a la casa de Sirius porque Dudley estaba con sus abuelos.
Entró a la habitación y ahí estaba ella, con un vestido color arena, un suéter blanco tejido y botas. Su cabello estaba peinado detrás de sus orejas y sus ojos mostraban ojeras. Pero sonreía con calidez, aunque sus manos se retorcían nerviosamente en sus piernas.
-Hola. -Tom había trabajado con Mark los nervios que le causaban estar en una habitación con su madre, había aumentado la práctica de meditación y había adoptado el hábito de hacerlo cada noche antes de dormir, Harry también lo acompañaba, por lo que era divertido.
-Hola.- Su madre miró nerviosa a sus tíos. - Hola señor James, señora Lily. Yo.. Quería disculparme por lo que dije la última vez que nos vimos, actúe como una loca y fuí grosera, no estaba lista para escuchar todo lo que hablamos Tom y yo, espero puedan entender. - Tom vió que su madre parecía querer desaparecer en su asiento, sus uñas arañaban la piel de sus manos.
Su tío James contestó primero. - No es necesario que nos digas señores, Merope, puedes llamarme James. Y entiendo que su primer encuentro fue un shock para ambos, aun así, aprecio tu disculpa.
-Entiendo que no fue fácil de escuchar, pero Tom ha hablado con nosotros y queremos decirte que eres recibida en casa, siempre que quieras, Tom es parte de la familia y, como su madre, lo eres también. Soy madre también, así que entiendo como debes de sentirte.- Su tía Lily le sonrió y luego ambos se despidieron, asegurándole que le esperarían afuera.
Se sentó en su sillón de siempre, Mark lo había movido para que quedara justo en frente del sillón de su madre, para que fueran capaces de verse a la cara.
-Bueno, la reunión de hoy será algo diferente a la anterior. Les he pedido a ambos que hagan una lista de las cosas que les ha lastimado que haga el otro y otra lista de las cosas que los ha hecho feliz. A partir de allí hablarán, ¿está bien? Si necesitan parar pueden hacerlo y salir un rato.
Tom la sacó de su bolsillo, herméticamente doblada en un cuadrado perfecto. Su madre sacó una libreta, su mano temblaba un poco. Se sintió un poco menos nervioso por el hecho de que no era el único nervioso en la habitación.
Tom no supo qué hacer, debería comenzar primero? Las cosas que había anotado no eran buenas y le sentarían mal a su madre, pero Mark había tenido razón, una vez que volvió a hablar con su madre se dió cuenta de que se sentía mejor al no ignorar aquello que había tenido dentro por meses, aunque la culpa por decirlo no se había ido, si había disminuido bastante.
-¿Quieres comenzar tú? - Su madre preguntó.
-La última vez comencé yo, ¿por qué no vas tú?
Su madre mordió su labio y asintió, abriendo la libreta.
-Realmente, no hay muchas cosas que decir sobre lo que has hecho que me haya lastimado, creo que la mayoría está justificado.
-El objetivo del ejercicio, Merope, es reconocer las emociones del otro, sean justificadas, descabelladas o no justificadas. Eso ayudará a que sean más conscientes del otro y aprendan que sus acciones tienen consecuencias emocionales, de forma que aprendan cómo evitarlo en el futuro. Así que si evitaste escribir cosas solo porque crees que Tom está justificado, te pido que igual las compartas, siempre y cuando te sientas cómoda con ello, bien? Esto va también para ti, Tom.
Tom asintió. Se retorció en su silla, hacía demasiado calor y su ropa parecía tener grumos. Sus pies se sentían húmedos.
Su madre levantó un poco la libreta para leer. -Yo.. Bueno, esto es algo que pasó en la cabaña. Tenías ocho años en aquel momento y mi padre estaba enseñandote..- Tom se sentó en su asiento, no quería escuchar nada de aquello, no quería recordar esos días- Él siempre se metía conmigo, me decía cosas horribles, como squib andrajosa o, bueno, creo que ambos lo recordamos bien. Ese día te enojaste conmigo, estabas irritado porque no te dejaba descansar ni comer, él no me dejaba darte de comer y tú.. Recuerdo que quemaste mi mano con magia y me llamaste.. - Tom sintió sus ojos arder, recordando el momento.- Me llamaste maldita mujer inútil. Tomaste la comida del suelo y te fuiste, rabioso. Eso me dolió mucho, el que me llamaras como él lo hacía, el que me vieras con tanto desprecio.
Tom sintió sus lágrimas caer, esa no había sido la única vez que había tratado mal a su madre en la cabaña.
-Lo siento, lo siento mucho, mamá. No debí hacer eso, me arrepiento mucho de haber hecho eso.
Su madre asintió, también llorando. -Está bien.
-No, no está bien.
Ninguno de los dos dijo nada más. Tom miró su lista y leyó lo primero que había escrito.
-Recuerdo que, una vez, cuando era más pequeño, traté de seguirte fuera de Wools, tu te diste cuenta y te enojaste tanto conmigo que me gritaste, me dijiste que no podía ir contigo y cuando insistí me tomaste del brazo, muy fuerte y me llevaste de regreso, me miraste a los ojos y dijiste que si volvía a seguirte no volverías nunca más. Eso me dolió mucho, pensé que no ibas a volver más porque te habías enojado conmigo, ese día fue la primera vez que pensé que no era lo suficientemente bueno como para tener una mamá que me quisiera, que quisiera estar conmigo.
Su madre se tapó los ojos por un momento, estremeciéndose entre el llanto. Tom apartó la mirada a sus pies, no soportando verla llorar, aquello hacía que él llorara más fuerte.
-Tom, lo siento tanto, si pudiera volver el tiempo atrás.. - No dijo nada más, porque era obvio que no podía hacerlo. -No eres una molestia para mi, te amé desde el momento en el que supe que estaba esperándote, te amé cuando te ví por primera vez y siempre quise estar contigo, aun quiero estar contigo. - Tom lloró al escuchar sus palabras, subiendo la mirada para verla. - Puedo.. ¿Puedo leerte algo que me haga feliz de ti?
Tom asintió. -Cuando te tuve en mis brazos, luego de esconderte, eras tan pequeñito, recuerdo que eras muy silencioso, como si supieras que no debías hacer ruido. Pero cuando me sentiste llegar.. Te sacudiste como loco, recuerdo que lloraste y apretaste mi dedo- Su madre levanta un dedo. - Era como si me reconocieras y luego te alimenté y te ví dormir y estabas tan calmado, aun sujetándome del dedo, como si no quisieras alejarte de mi. Ese día me hiciste feliz, solo con respirar.
Tom lloró sintiendo como su cuerpo se sacudía fuertemente. Cuando se calmó, tomó su lista y leyó.
-Recuerdo el día en que me mostraste que era un mago, me mostraste trucos increíbles y te quedaste más tiempo del habitual, contándome historias de nuestra familia y de lo que ahora sé es Hogwarts. Recuerdo que nos sentamos bajo un árbol y peinabas mi cabello y me abrazaste todo el tiempo. Fue uno de mis mejores días en Wools.
Su madre sorbió sus mocos y asintió, con una sonrisa temblorosa. -Lo recuerdo, te enseñé el hechizo Lumos. - Tom asintió.
Ambos se tomaron un momento para respirar. Merope volvió a levantar su lista.
-Un día, cuando todavía estabas en Wools, llegué a verte y.. Bueno, nunca tuve buena ropa y pocas veces podía darme un baño en casa, la matrona salió a espantarme por mi aspecto y tú estabas en el jardín, barriendo la nieve. Recuerdo que estabas molesto conmigo por mi anterior visita y, cuando la matrona me echó unos niños comenzaron a burlarse de mí y hacer comentarios de que así terminarían los miserables de ese lugar. Y te reíste y me arrojaste la nieve sucia junto con los demás. Eso me dolió mucho.
Tom mordió su labio. ¿Qué clase de monstruo había sido para tratarla de esa manera? Ya ni siquiera podía recordar porque estaba molesto con ella.
-Lo siento, no debí tratarte así, está mal. Pude actuar de otra forma.
Su madre asintió.
-Está bien, te perdono por eso.
-Nunca haré eso de nuevo. - Prometió, nunca más trataría a nadie así. Su madre solo asintió.
Levantó su lista. - El día en que te seguí a la cabaña.. Me hiciste sentir horrible, después de lo que nos hizo, tu solo me gritaste y me reclamaste por seguirte, te echaste a llorar y me ignoraste el resto de la noche. Y yo necesitaba tanto que me dijeras que me querías, que estábamos juntos, quería tanto que me dieras un abrazo, pero no lo hiciste. Solo te acostaste enojada en el suelo y me diste tu cama para dormir. Yo solo.. Necesitaba una madre que al menos me hiciera sentir que no estaba solo. - Tom mordió su mejilla, sin poder seguir leyendo lo demás, era demasiado doloroso recordar ese día. Su pecho latía muy fuerte, le dolía como si alguien lo pinchara con una aguja continuamente.
-Lo lamento tanto, hijo. Lo siento, debí hacer las cosas diferente, ahora lo sé. Estaba asustada y enojada contigo, porque sentí que habías echado a perder lo que por años mantuve en secreto, pero eras solo un niño que quería estar con su madre y yo te culpé, echándote encima la responsabilidad de que las cosas se habían arruinado. - Dolió escuchar aquello. -Pero nunca fue tu culpa, yo debí tener más cuidado o.. Quizá nunca debí haberte visitado.
-No, no sé qué habría sido de mi si nunca hubieras ido. Fuiste lo mejor de Wools. - Tom la corrigió rápidamente. -Pero gracias, por disculparte por ello y por decir que no es mi culpa.
Su madre asintió.
-Oh, esta es buena. Una época de navidad fuí a verte, tenías cinco años y hacía mucho frío, esos monstruos te tenían limpiando la nieve de afuera, recuerdo que llegué y te ví, temblando de frío y entonces usé un hechizo de calefacción para calentarte, no salió tan bien, porque no tenía mi varita, pero al intentarlo varias veces salió algo decente. Te llevé lejos de las ventanas y nos sentamos juntos a hablar y me contaste historias de navidad que habías escuchado, estabas tan asombrado de que yo fuera una chimenea andante. - Su mamá se echó a reír. - Te quedaste dormido en mis brazos y luego te ví entrar, estabas calentito y feliz y yo estaba feliz por poder darte eso al menos, poder calentarte del frío.
Tom sintió nuevas lágrimas caer, pero estas no eran amargas, él lo recordaba. Recordaba el frío que atravesaba su ropa y las ganas de llorar por estar afuera con esa temperatura, recordó el alivio y la felicidad de verla llegar y el calor que le calentó el cuerpo, recordó las risas y sus brazos rodeándolo, como frotaba su cuerpo para mantenerlo caliente.
-Me gustó ese día.
-Sí, fue muy bueno.
Tom suspiró, listo para leer el suyo.
-Recuerdo que una vez me llevaste comida a Wools, cuando te dije que no había comido nada en días. Me llevaste pan con jamón y mermelada.
Su madre sonrió. -Sí, quizá no debería admitir esto.. Pero robé esas cosas de una tienda muggle. - Tom se echó a reír, aunque robar estaba mal, necesitaba reírse de algo y deshacerse un poco de la tensión.
-¿Lo hiciste?
-Era una buena causa, mi hijo estaba muriendo de hambre. - Tom sintió su corazón dar un vuelco.
Y así la conversación siguió, compartiendo buenos y malos momentos, hasta que los ojos de Tom se sintieron extremadamente pesados y simplemente no podía con nada más.
-Podemos parar?
Su madre lo vió algo descolocada, pero asintió.
-Bien, me alegra que hayan hablado de estas cosas. ¿Cómo se sienten?
Tom le sonrió a su madre. - Mejor. - Y lo decía en serio, no tenía idea de lo bien que se sentiría compartir todo con ella y escuchar a su vez lo que tenía para decir, había sido duro, pero ambos habían decidido perdonar los errores del otro, aunque pasaría un tiempo para que dejaran de doler algunos de ellos.
-Bien.
-Bien, bueno, creo que por hoy hemos terminado, hemos logrado un gran avance. Los felicito a ambos.
Ambos sonrieron.
-Tom.. Puedo.. ¿Puedo darte un abrazo?- Tom miró a su madre, con los ojos tan hinchados como los suyos.
-Está bien- Quería ese abrazo, después de toda esa charla.
Su madre se acercó y Tom la rodeó con sus brazos antes de que pudiera hacer algo, la apretó fuerte y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas al sentir su olor, que había cambiado y su calor. Su abrazo se sentía diferente también, era más seguro, más cálido y amable, lleno de amor y no de miedo.
-Perdóname por todo lo que te hice pasar, lo lamento con toda el alma. - Tom asintió, clavando su rostro en su estómago.
-Perdóname por haber lastimado tus sentimientos y haberte tratado mal.
-Te perdono, hijo.
Merope se sentía una basura.
-Quizá no tengamos que hacer esto, las cosas salieron bien en la sesión, puede que quiera volver conmigo sin hacer nada.
Becca la miró desde su asiento en la taberna. Encogió un hombro con indiferencia.
-Si crees que tienes lo suficiente como para traerlo de regreso..
-Puedo hacerlo, no quiero mentirle a Tom, me dijo lo mucho que le había dolido que le mintiera todo el tiempo, no puedo mentirle de nuevo. Hubieras visto sus ojos cuando lo dijo..
-Oh, los ví en el pensive. Desgarradores, sin duda.
-No puedo mentirle a Tom.
-Bien, entonces misión cancelada.
Merope asintió, un tanto insegura, pero firme.
Tom no dejaba de sorprenderse con lo buenos que podían ser los Potter, habían invitado a su madre a una cena, poco después de que Tom hablara sin parar de sus sesiones con ellos, justo después de salir de San Mungo. Incluso Harry lo escuchaba hablar sin parar, aunque Tom evitaba los temas escabrosos, aquellos que quería mantener en la oscuridad para Harry, quizá para siempre.
Las cosas iban bien, las sesiones con Mark seguían y cada vez Tom soltaba toda aquella carga que tenía dentro y su madre escuchaba y escuchaba y escuchaba. Se dió cuenta que tenía mucho más de lo que pensó que debía perdonar y perdonarse a sí mismo. Aun así, ya no era tan terrible como al inicio, aun había lágrimas y Tom llegaba a casa exhausto, usando a Harry como una pila emocional y abrazado a él por las noches.
Las cosas estaban mejorando y Tom estaba feliz, se sentía como si las cosas finalmente encajaran.
Hola mamá,
Mis tíos me han dicho que quieren invitarte a cenar, sé que ya deben de haber enviado su lechuza con el mensaje, aun así pensé en escribirte. Espero verte pronto.
Merope leyó la carta y sintió su sonrisa crecer solo al leer la palabra ¨Mamá¨.
-Vaya, parece que las cosas van bien.
Becca estaba en su departamento, aun la ayudaba con la ropa, Merope no era buena en ello, toda su vida se había vestido con harapos sin forma ni color, era solo algo para taparse del frío, para pasar inadvertida. Su sentido de la moda era inexistente y atroz, como Becca decía todo el tiempo.
-Me dice mamá en las cartas.
Becca asintió mientras le pasaba un vestido color azul oscuro.
-Eso es bueno.
Merope asintió. -Lo es.
-¿Y cuál es tu plan hoy?
-No tengo ningún plan, solo es una cena.
Merope vió la mueca de desaprobación en el rostro de Becca. Sintió su corazón comenzar a latir con rapidez y nerviosismo en su pecho.
-Segura? Niña vas a comer a la casa de las personas que técnicamente están adoptando a tu hijo, estarán juzgando hasta tu manera de tomar el maldito tenedor. Lo sé, son personas buenas, de la alta sociedad, de esos que no tienen ni un cabello fuera de lugar. Tom es ahora parte de ellos y ellos no querrán que su nuevo hijo se junte con alguien que.. Bueno.
Merope sintió su estómago retorcerse y sus manos sudar. Becca tenía razón, cómo no la tendría? Ella sabía más de la vida en el exterior que ella y Merope no se había imaginado las miradas de Lily Potter sobre ella esos últimos días, la mirada cálida y amable se había desdibujado y en su lugar había una mirada retadora, intimidante.
-Él es mi hijo, no van a prohibirme verlo.
-Eso será hasta que la cagues.
Merope no dejó de pensar en sus palabras mientras terminaba de vestirse ni al tocar la puerta en casa de los Potter, no era fanática de los viajes por Flú, la ponían demasiado nerviosa para intentarlo.
El señor James abrió la puerta, estaba tan apuesto como siempre, con sus cabellos oscuros rizados y fuera de control y esos ojos marrones tan brillantes y gentiles. Merope se retorció nerviosa al ver su ropa, se veía mucho más bonita que la suya, ella solo podía comprar ropa de segunda mano, aunque en buen estado. Ropa vieja y que a veces tenía manchas y olores extraños. Se sintió diminuta y quiso dar media vuelta y huir.
La casa de los Potter era gigante, su departamento cabía en su sala de estar e incluso era más pequeño que la enorme habitación. Los muebles se veían caros y limpios, ella solo tenía dos y no en las mejores condiciones, aunque lograba ocultar lo peor con cojines.
A donde sea que mirase había señales en cada rincón que solo decían una cosa: Ellos son mejores que tú, más ricos, más guapos, más listos.
¿Cómo podría Tom no amar estar en ese lugar?
-Bienvenida a nuestro hogar, Merope. Ven conmigo a la cocina, los niños no tardarán en bajar. - La voz del señor James la sacó de sus pensamientos, aunque ya estaba lo suficientemente nerviosa como para querer marcharse.
La cocina olía estupendo, otro punto para los Potter. Ella no sabía cocinar, a pesar de que lo había hecho toda su vida para su padre y Morfin.
Lily Potter estaba allí, con el cabello rojo y brillante, perfectamente peinado, ni siquiera arruinado por los vapores de la cocina, como sucedía con el suyo. Tenía un hermoso vestido blanco con un estampado de flores rojas y naranjas que lo adornaban. Estaba despampanante y ella se sintió una tonta con su soso vestido azúl, que había visto tan elegante, tan adecuado, con el que se había sentido bonita.
Sus esperanzas comenzaron a romperse.
Cómo Tom querría alguna vez volver con ella, cuando tenía todo eso?
-Merope! Bienvenida- Merope aceptó su abrazo a duras penas, demasiado conmocionada para saber cómo reaccionar.
-Gracias por invitarme- Se sentía como idiota, Becca le había aconsejado llevar algo, pero quiso pensar que se equivocaba, como con su plan con Tom, pero quizá llevar algo no era tan malo, no se sentiría tan nerviosa si hubiera llevado algo para regalar y sacar algo de conversación. -¿Quieres sentarte? ¿Deseas algo para beber?
-Agua.. Por favor- Recordó sus modales poco después de hablar.
El señor James se la dió y Merope soportó un largo momento de silencio tenso a su alrededor. Viendo al matrimonio trabajar.
-Y cómo te va, Merope?
El señor James la salvó de comenzar a hiperventilar.
-Bien, muy bien. -Ella no se lo creyó para nada, pero no podía decir que todo era una mierda desde que su hijo prefería a alguien más que no era ella.
-¿Y el trabajo? ¿Cómo va eso?
-Va bien.
Sintió sus manos sudar, por qué hacían tantas preguntas sobre su vida? Ella solo había ido a ver a Tom y cenar.
-¿Y cómo te has sentido estos días? Es decir.. Tom está de mucho mejor humor desde que comenzó a verte.
-He estado mejor, ahora que puedo ver a Tom.
El señor James asintió. Merope sintió que no era una simple conversación, era como un interrogatorio y se sintió igual de nerviosa que cuando estuvo frente a todos los miembros del wizengamot para su juicio.
La conversación siguió, con más preguntas y la señora Lily se unió, haciendo sus propias preguntas que la dejaban pensando y cuyas respuestas eran demasiado breves.
Cuando Tom bajó era un montón de piel y huesos temblorosos, llena de sudor en los lugares incorrectos.
-¡Mamá! - Recibió un abrazo apretado que no duró demasiado tiempo y del cual no pudo disfrutar. - Este es Harry, aunque ya lo conoces.
Merope vió al niño de ojos verdes, los mismos que Lily y aquel cabello rebelde y despeinado que su padre. Le perturbó lo bien que estaban divididos los genes de ambos padres en el niño, fue como ser juzgada por tercera vez.
El niño le sonrió y ella no pudo evitar responder, era una sonrisa pegajosa.
-Hola señora Merope, cómo está?
-Estoy muy bien.
Si seguía contestando así iba a comenzar a llorar.
-Podemos mostrarle la casa antes de cenar, tío James?
Merope sintió náuseas al ver los ojitos de su niño mirar al Potter mayor con tal adoración y amor.
-Claro que sí, campeón. La entretuvimos para que pudieras hacerlo, vayan, aun falta algo de tiempo para que la cena esté lista.
Merope estaba feliz de alejarse del matrimonio, sintiéndose más segura entre niños. Sobre todo ahora que Tom había aparecido.
Harry sintió sus emociones nada más bajar las escaleras, sintió su estómago retorcerse y sus manos sudar y tuvo que detenerse unos segundos para respirar, Tom lo esperó aun cuando sabía lo mucho que quería ver a su madre.
Esos últimos días había sido así, su amigo hablaba mucho de su madre y a Harry le gustaba saber más sobre su vida.
-¿Estás bien? - Tom se preocupó y Harry no quería eso, era raro que Tom estuviera genuinamente feliz, siempre estaba feliz pero preocupado, o feliz y nervioso, o feliz y luego enojado. Nunca había estado tan feliz. él no iba a arruinar eso.
-Sí, vamos.
Harry lo arrastró de la mano y de inmediato una ola de miedo y nervios llegó a él, logró bloquearla mientras Tom se arrojaba sobre su madre para abrazarla. Y después de su saludo se dió cuenta de que sus emociones parecían disminuir al alejarse de la cocina. Quizá la madre de Tom solo estaba nerviosa por verlo.
Le mostraron toda la casa y Harry podía sentir las olas de felicidad de Tom, lo cual lo hacía sonreír aun más, feliz por su amigo.
La cena llegó demasiado pronto, Merope prefería pasar el resto de la noche siendo guiada por los pasillos, viendo habitaciones y hablando con su parlanchín hijo mientras era arrastrada por su mano.
Todos se sentaron y se sintió mejor de tener la presencia de su hijo a su lado, aunque este se entretuvo un poco con su amigo Harry, sonriéndole todo el tiempo. Merope nunca lo había visto sonreír así, era completamente diferente a su sonrisa con los Potter mayores. Le hizo sentir envidia, ni en sus mejores momentos recibió una sonrisa así.
Apartó la mirada cuando los ojitos verdes del niño se toparon con ella, había algo en ellos que la hacía sentir nerviosa, como si pudiera leer lo que pensaba.
Comió y bebió, respondió más preguntas y rió forzosamente en los momentos en que debía, aun así se sentía desconectada de todos ellos, no encajaba en el cuadro de la familia perfecta y feliz. Y no sabía usar los malditos cubiertos, incluso su Tom ahora tenía una finura para comer que nunca había presenciado.
-Quieres más helado, cariño?
Ver a la señora Lily llamar así a su hijo hizo cosas espantosas dentro de ella y ver a Tom mirarla embobado, sonriente, como si fuera lo mejor del mundo.. Le dolió demasiado.
-Sí, gracias tía Lily.
Ella no parecía su tía, era su madre. Pasándole platos para comer y servilletas, acariciando sus cabellos.. Solo ella debería hacer esas cosas.
Odió a Lily Potter, deseó que desapareciera con su asqueroso cabello perfecto y su asquerosa sonrisa. Deseó que su magia no fuera un chiste y poder usar las maldiciones que su padre constantemente usaba con ellos, la destrozaría, la dejaría marchita e inutil, nadie la amaría cuando no fuera hermosa, ni amable.
-Mami.. Me duele la cabeza.
Merope vió como la mujer se levantaba de inmediato a socorrer a su hijo, el niño estaba pálido y temblaba, por unos instantes la miró y ella vió miedo en sus ojos, antes de que los apartara.
-Tranquilo amor, te daré una poción para el dolor de cabeza.
Tom se levantó de su asiento, dispuesto a seguirlos.
-Está bien, Tom. Quédate con tu madre y tu tío, ya volvemos.
Pero la copia de ambos adultos se aferró a la mano de su hijo, de su Tom y no lo soltaba.
-Voy con ustedes. Ya vuelvo, mamá.
Merope sintió que podía explotar allí mismo de molestia. Su hijo incluso prefería a un mocoso que a ella. Se había puesto un bonito vestido, había ido a esas sesiones con el psicomago y lo había dejado escarbar en su vida como un fisgón.. Y aun así no era capaz de acompañarla en la mesa, todo por un dolor de cabeza.
Harry se quejó y se tambaleó, su vista estaba nublada y roja, nunca había dolido tanto, ni siquiera cuando su padrino se había enojado y había terminado en San Mungo. Venía de esa mujer, Harry había leído sus emociones toda la cena, había incomodidad, nervios, tristeza, pero también ira, mucha ira. Tanta que incluso le costó reconocer que no era suya, Harry había apuñalado su pollo varias veces antes de notarlo cuando Tom tomó su mano con el ceño fruncido.
Aun más terrorífico era darse cuenta de que sentía una rabia fuerte hacía su madre, de repente quiso tomar el tenedor y clavarlo en su ojo.
Harry de inmediato soltó el cubierto.
-Mami.. Me duele la cabeza. - Quería alejarse de esa mujer, por qué estaba tan enojada con su madre? ¿Por qué estaba tan enojada al grado de desear hacerle daño?
Su madre quiso llevárselo, pero Harry no quería dejar a Tom solo con ella, ¿qué si le hacía algo a Tom? No soltó su mano, aun con el dolor de cabeza y las terribles punzadas que sentía no lo soltó.
Quiso pedirle que fuera con él, pero no podía hablar, ni siquiera podía ver. Aquello lo llenó de desesperación y se asustó aun más.
-Voy con ustedes. Ya vuelvo, mamá.
Harry se sintió tranquilo al escucharlo y sintió como unos brazos lo cargaban a algún lugar. Algo frío fue puesto en sus labios y Harry bebió hasta sentir como poco a poco su visión volvía y su cabeza dejaba de doler.
Miró a su madre que acariciaba su cabello y a Tom, cuya mano no había soltado. Harry sintió sus ojitos llenarse de lágrimas y su pecho doler.
-Hey.. Tranquilo amor, no pasa nada.
Harry comenzó a llorar, cómo podía haber pensado en hacerle daño a su mami? ¿Qué si le hubiera clavado ese tenedor? Él no quería hacerlo, no quería volver al comedor, no quería volver a ver a esa mujer ni tampoco quería que Tom estuviera cerca de ella, era mala y Harry iba a proteger a Tom, aun cuando se sintiese mal por hacerlo sentir triste o preocupado cuando estaba tan feliz.
Acaso por eso Tom no había querido verla? Por eso la odiaba? Definitivamente Harry ya no la vería de la misma forma, no cuando había leído la envidia y la ira en ella.
-Harry.. Tranquilo. - Tom estaba preocupado, podía sentirlo y Harry se sintió culpable, no quería arruinar su noche, había estado tan feliz.
Más lágrimas cayeron.
-Lo siento, no quiero que te preocupes por mí, no quiero arruinarlo todo.- Se cubrió el rostro con las manos. No podía hacerle eso a Tom, no quería hacerlo sentir mal.
-No estás arruinando nada. - Tom se acercó hasta abrazarlo y Harry lloró más. ¿Por qué su madre debía ser tan mala? Tom era bueno, el más genial de todos, se merecía ser feliz y esa mujer le había hecho tanto daño.. Harry sintió de nuevo ese odio visceral, aunque no tan grande y esta vez era suyo.
-Quiero ir a dormir.
Tom se separó de él y asintió. -Yo también, estoy cansado. Vamos a dormir. - Harry sabía que mentía, Tom no estaba cansado pero no le importó, no iba a dejar a su amigo cerca de esa mujer y si tenía que mentir un poquito lo haría. Estaba cuidando a Tom, como su amigo siempre hacía con él.
Su madre los acompañó a ambos pero antes Tom desapareció para despedirse de su madre, Harry lo esperó tenso junto a la escalera.
-Harry.. Cariño, ¿Ha pasado algo? ¿Te ha dolido la cabeza por algo que has sentido?
Su madre se agachó a su lado y peinó su cabello, Harry no supo qué decir, y si decía que si y no volvían a invitar a esa mujer? A él no le importaría, pero a Tom sí y Harry le había prometido que su madre sería parte de la familia, que la querría si Tom lo hacía, pero solo en ese momento se dió cuenta de lo importante y pesada que había sido esa promesa. Cómo podría quererla cuando había deseado hacerle daño a su mamá? Nunca podría, Harry le tenía miedo a Merope y no quería verla cerca de su familia de nuevo, pero no podía tomar esa decisión por Tom, sabía que su amigo se pondría muy triste y él no sería como esas personas que le habían hecho daño.
Harry solo estaría muy cerca de él y nunca lo dejaría solo con esa mujer, al menos Tom estaría seguro en su casa, con ellos y no la verían todos los días. Él lo cuidaría.
-No, ha sido de repente, pero no he sentido nada. Ella solo está nerviosa.
No era del todo falso, al conocerla Harry sólo había percibido sus nervios y miedo, pensó que solo necesitaba de su amabilidad y se había esforzado tanto por calmar sus emociones, porque todo saliera bien.
-Seguro amor? Puedes ser honesto conmigo, no pasa nada, cielo.
Harry asintió tercamente. -Estoy seguro, mami. - Harry se sintió mal por usar sus dones y calmar las dudas de su madre, ella no le creía, pero no podía permitir que alejaran a Tom de su madre, eso lo destruiría y Harry no podría soportar sentir eso otra vez.
-Bien, está bien.
Tom volvió corriendo y le tomó de la mano. -¡Listo! Vamos a dormir.
Esa vez, fue Harry quién se aferró a Tom como una boa, nervioso de que esa mujer pudiera alejarlo de él.
-Harry.. ¿Estás bien? Tú.. Sentiste algo viniendo de mi mamá, ¿verdad?
Harry miró a su amigo, sus ojos lo miraban con atención y como él, lo estaba abrazando con fuerza. Sintió que estaba ansioso por su respuesta, nervioso, con miedo. Él no quería romper su corazón, decirle que su madre quería lastimar a la suya.
-Ella estaba muy triste. - Mentir se sintió espantoso, Harry estaba rompiendo una de sus promesas, nunca mentirle al otro. Pero qué podía hacer? De inmediato sintió el alivio de Tom al decir esa mentira, como si estuviera contento de que Harry no odiara a su madre. Tuvo que morder su mejilla para evitar llorar.
-Por eso estabas llorando? - Él asintió, incapaz de decir nada más. -Lo siento, Harry, imagino que debe estar triste aun, porque no quiero vivir con ella.
-Sí, creo que sí.
Harry fingió dormir, aun cuando Tom roncaba un poco y solo dejó caer las lágrimas cuando estuvo seguro de que no iba a despertarse.
Le había mentido a su madre y mejor amigo esa noche, había permitido que esa mujer siguiera en contacto con ellos, pero no se sentía bien, estaba asustado de que pudiera volver a controlar sus propias emociones de esa forma. No quería hacerle daño a nadie.
Se preguntó hasta que sus párpados se cerraron por el cansancio, si había hecho bien en ocultar lo que había sentido.
Merope temblaba de rabia, no podía creer que su hijo se olvidara tan rápido de ella, que se despidiera como si nada, como si ella no hubiera estado preparándose por horas para esa cena.
Todos habían dejado la mesa, dejándola con el señor James, como si ella no fuera nadie.
Llegó a su casa aventando la puerta.
-Wow! Tómalo con calma mujer, esa puerta no es de tan buena calidad para que la azotes.
-Tengo que sacarlo de esa casa, ellos nunca van a dejarme tenerlo, nunca! - Becca la miró sorprendida desde su sofá, acostada perfectamente cómoda.
-Oookaayyy, puedes explicarte?
Merope la vió enojada. - Que ellos son más importantes para él que yo, incluso ese mocoso hijo de ellos tiene más control sobre Tom que yo. Lo alejó de mí como si nada y a él ni siquiera le importó que me fuera. - Merope sintió sus ojos húmedos. - Nunca aceptará venir conmigo a vivir aquí cuando tiene como hogar una mansión con gente perfecta.
-Supongo que la cena no salió bien, eh? - Becca se levantó. - No quiero ser odiosa.. Pero te lo dije.
-Vete a la mierda, Becca. Deja de presumir ser más lista que yo. - Merope quería destruir algo. Algo como la perfecta vida de los Potter, había cometido un error tremendo al dejarles a su hijo, se habían apropiado de él cuando Tom era suyo, su hijo, un Gaunt no un Potter.
-De acuerdo, deja de lanzarme tu mierda, chica. - Becca le vió molesta. - No es mi puta culpa que hayas creído en ese imbecil de San Mungo. Personas como nosotras estamos demasiado dañadas para comenzar de cero, deberías saberlo a estas alturas. La única manera en que vas a lograr conseguir a ese niño será con trucos sucios.
Merope asintió. - Lo sé, necesito que me ayudes otra vez.
Becca se cruzó de brazos. - No pienso volver a ayudarte si te arrepientes en tres días.
Merope negó, pensando en ese antiguo cuaderno debajo de las tablas de su cama, aquel que había salvado de la cabaña y que los aurores no habían podido localizar, junto a otros libros que estaban bien ocultos en la casa y que solo podrían ser localizados por un hablante de pársel.
-Necesito que juegues a ser la madre perfecta con ellos, que vayas a las sesiones con el psicomago..
-No estoy segura de que vaya a funcionar, hay que hacer algo más.
-De ese algo más me encargo yo.
-Uhh, da miedo esa mirada, ahora sí que pareces la hija de ese maníaco de Marvolo. -Bromeó Becca.
-Por primera vez mi padre va a ayudarme en algo. Supongo.
Becca subió las cejas. -¿Acaso planeas matarlos? Porque no pienso hacer nada que pueda ser un boleto directo a Azkaban y James Potter es un auror bastante bueno.
-Ni siquiera se darán cuenta de que algo está mal.
Becca negó con la cabeza. - Nada de eso, cuéntame tu plan y luego decidiré si quiero arriesgar mi cuello.
Merope fue a su cuarto, cerró la puerta, se arrodilló y se metió debajo de su cama hasta sacar la madera y tocar el cuaderno de cuero viejo y hojas amarillentas. Salió de la habitación con él en su mano, ondeandolo y sintiéndose poderosa con él.
-Que bien, un cuadernito secreto.
-Es un cuaderno de pociones, maldiciones y hechizos oscuros.
-Puedo conseguir eso en muchos lugares de este callejón.
-Está en pársel, directamente de los libros que Salazar escribió para nosotros, sus descendientes.
Becca la vió increíblemente interesada. - De acuerdo, has conseguido llamar mi atención.
Merope rodó los ojos. -Hay una poción que nos ayudará con Tom, tiene la capacidad de manipular las emociones y acciones de la persona, pero su efecto es lento, de forma que convence a la persona que sus emociones son reales. Sin sospechar en ningún momento que se trata de una manipulación.
Becca la miró sin palabras por varios segundos. - Diablos, Merope! No sabía que tenías esa vena maquiavélica dentro de ti.
Si hubiera descubierto esto cuando conocí a Tom Riddle Senior, nada de esto estaría pasando, seríamos una familia feliz en algún lugar muy alejado de Inglaterra. Pensó mientras miraba el cuaderno.
-No pienso perder a mi hijo, Becca.
-Bien, creo que esta noche va a ser larga así que buscaré el whisky de fuego y tú y yo hablaremos más de esta poción y sus efectos supuestamente indetectables.
Así lo hicieron, hablaron toda la noche y durante días buscaron los ingredientes para la poción, eran costosos pero Becca conocía muchas personas que le debían favores.
-Me debes una muy grande por esto, que lo sepas.
Merope le pagaría, haría todo lo que le pidiera si así lograba tener a su hijo con ella.
Mientras tanto, Becca iba a las sesiones con Mark, Merope estaba cansada de ello, de hablar de su pasado y escarbar en él. Qué podría saber un imbecil de traje lo que era subrir abusos y tortura desde siempre? Ella no necesitaba sanar nada, necesitaba a su hijo para estar bien, cuando tuviera a Tom todo estaría bien. Podría dejar esos recuerdos atrás y hacer una nueva vida, se desharía de ese cuaderno y volvería a ser ella, la Merope que Tom necesitaba.
-Hemos ido al zoológico, ha estado bien, me he divertido y tu chico también, tuve un pequeño inconveniente cuando quiso hablar con las serpientes del tanque, tuve que mentir y decirle que no quería usar el idioma. Así que ya sabes, nada de pársel, tienes un trauma.
Merope puso los ojos en blanco ante su amiga, quién llegó con un estrepito y dejó sus bolsos en cualquier lugar. Estaban en un almacén de un bar del callejón, era de un amigo de Becca que les permitió usar el lugar para hacer la poción.
-Ah, gracias, no es suficiente con todos los otros traumas que tengo.
Becca se echó a reír.
-Alegrate, tu hijo se conmovió y me dijo palabras muy bonitas, parecía querer consolarme y me confesó que al principio él tampoco quería hablar pársel.
-En serio?
-Ajá, pero ahora le encanta, sobre todo por ese amigo suyo, Harry. El niño es una enciclopedia andante y ama escuchar a Tom hablar con las serpientes.
-Ah, Harry. - Merope lo detestaba, era de todo lo que hablaba Tom o al menos el 85% de los que decía.
Becca se sentó cerca de ella y olfateó el aire. –Eso huele fatal. – Merope se encogió de hombros. – Por cierto, cuál es tu problema con el niño de los Potter? He estado tratando de ganármelo, ya que Tom adora el suelo que pisa, pero el niño parece detestarme, sin importar lo que haga, aunque lo disimula perfectamente cuando está Tom. ¿Qué le hiciste a ese niño?
Esta vez Merope prestó más atención. – No le he hecho nada, ni siquiera he hablado mucho con él.
-Bueno, algo hiciste, el niño es una molestia. No se despega de Tom para nada.
Merope suspiró enojada. – Entonces lánzalo de un risco o ahógalo en una cueva cuando vayas a la playa y listo.
-Wow, nena.. Necesitas calmarte, es un niño de nueve años, quizá solo está celoso porque piensa que quiero robarme a su amigo, cosa que es cierta.
-Entonces usa tu encanto y gánatelo. – ¿Qué acaso Becca no entendía lo ocupada que estaba? No tenía tiempo para escuchar tonterías, cualquier error y tendría que volver a comenzar y quizá se tardaría meses en conseguir los ingredientes de nuevo, ya sin la ventaja de los favores de Becca.
-Eso pensaba hacer, ya que tú eres incapaz de pensar como una persona normal y no como una psicópata.
Merope sintió como algo dentro de ella se retorcía. –¿Cómo me has llamado?
Odiaba esa palabra, había sido llamada psicópata en Hogwarts, loca, demente, ella y Morfin. La habían molestado siete años enteros.
-Solo digo.. Que no puedes deshacerte de los Potter, no puedes hacer que tu hijo se aparte de ellos de un día para el otro, ni que los odie, será demasiado sospechoso.
Merope no los quería cerca de su hijo. –Entonces qué?
-Debes convivir con ellos, compartir a Tom es mejor que no tenerlo en absoluto.
-Ya estoy compartiéndolo, Becca! Quiero que sea mío.
-De acuerdo, escucha, el chico no es un puto florero, en primer lugar. Y segundo, tendrás a Tom en casa, no en la de los Potter, cuando esto esté terminado. Pero vas a echarlo a perder si dejas que tu posesividad gane, compartirlo es mejor que perderlo por completo, porque si los Potter o Tom descubren esta parte loca y psicópata de ti.. Se llevarán a Tom lo más alejado posible de ti.
-Deja de llamarme psicópata.
-Bien, deja de comportarte como una entonces.
Becca se marchó y la dejó sola entre los vapores y la oscuridad del lugar.
Algo no estaba bien, Harry podía sentirlo. La madre de Tom era diferente, pero por fuera era exactamente igual, incluso su comportamiento tímido y miedoso.
Ese era el problema, todo lo que hacía no encajaba con sus emociones, si estaba triste por fuera por dentro estaba divirtiéndose, si tenía miedo por fuera, por dentro estaba aburrida. Estaba mintiendo, todos los días, cuando iban al parque a jugar, cuando iba a su casa a visitar a Tom, cuando fueron al zoológico.
Harry le temía cada vez más y quería gritar, a su papá le agradaba mucho, aunque su madre seguía un tanto recelosa, aun así no se daba cuenta, nadie se daba cuenta de que era una mentirosa, tampoco Tom. Y Harry debía ir a dormir todos los días sabiendo la verdad, mintiéndole a su amigo porque Tom estaba radiante, ya no lloraba, ya no estaba triste ni enojado, reía más, sonreía más y Harry no podía quitarle eso. Además, solo la veían dos veces a la semana y cuando comenzaran las clases sería menos y luego irían a Hogwarts y Tom la vería aun menos, todo iba a estar bien siempre y cuando nunca se alejara de él. Y Harry no lo había hecho ni un segundo.
-¡Hola, Harry! ¿Cómo estás hoy?
Ese día habían ido de paseo al callejón Diagon con su madre y habían invitado a la madre de Tom, quien cada día pedía verla más seguido.
-Estoy bien, gracias.
Odiaba fingir que le agradaba, pero todo fuera por Tom, por sus sentimientos.
Aquella mujer se agachó y le sonrió, amable. Harry leyó sus emociones: irritación, molestia. A ella tampoco le gustaba él, un punto más para temerle.
-Te he comprado algo, Tom me ha contado que te encantan las criaturas mágicas y he encontrado este libro, es bastante antiguo y habla de criaturas que están extintas y otras muy raras, pensé que te encantaría.
Harry se habría emocionado y saltado a sus brazos de inmediato, de ser alguien más, pero aceptar aquel regalo se sentía mal, no le interesaba el libro, por muy interesante que pudiera ser. Pero no podía despreciarla delante de Tom, quien la miraba feliz por haber tenido ese detalle con él.
-Gracias! - Fingió emoción, aunque no hizo tan buen trabajo. - Me encanta. - Tomó el libro y trató de mantenerlo lejos de su cuerpo, como si la maldad pudiera pegarse.
-Y para ti, mi Tom-Tom..- Otra cosa que Harry odiaba era ese estúpido apodo que le había dado a Tom, a su amigo tampoco le gustaba pero no le decía nada a su madre para no hacerla sentir mal. - Un libro de pociones! Son avanzadas y el escritor es un maestro pocionista francés.
Harry vió como los ojos de Tom brillaban de emoción. Incluso los de su madre.
-Es de Éthienne Dupont! Por Merlin, Merope! ¿Dónde lo conseguiste?
Era una pesadilla, Harry vió el momento justo en que su madre cayó en el embrujo de las mentiras de Merope Gaunt.
-Se pueden conseguir cosas geniales en el callejón Knockturn.
-Ya veo que sí, deberás llevarme un día de estos.
-Oh! Y una cosa más, te traje chocolate. - Harry quiso arrebatarle esa cosa de las manos, la malicia que sintió en ella le asustó.
Tom abrió de inmediato el envoltorio, picó un pedazo y lo probó. Harry esperó lo peor al ver como la mujer se alegraba aun más, pero nada pasó y durante el resto del paseo estuvo viendo a Tom, distrayéndolo de comer más chocolate, nunca dejando sus manos libres. Pudo sentir como a la mujer le molestaba, pero no le interesó, ahí estaba su madre y Harry confiaba en que los cuidaría.
-Tom! ¡Mira esto! - Era un poco agotador, Harry no disfrutaba los viajes con esa mujer ni el tiempo con Tom durante ellos, demasiado asustado y atento de esa mujer.
Su amigo se distrajo y Harry tomó el chocolate como si quisiera comer de él, Tom lo vió pero no hizo nada al respecto, siempre compartían las cosas, después de todo.
Vió un charco y sonrió, corrió hacía Tom como si quisiera mostrarle algo y fingió tropezar con sus propios pies y caer en el suelo, el chocolate rodó por el suelo, terminando en el charco, completamente arruinado.
-¡Harry!- Le dolía todo el brazo y las costillas y la rodilla. Pero había destruido ese chocolate y supo que había hecho bien cuando sintió el enojo de esa mujer elevarse al punto de sentir dolor de cabeza. Su madre y Tom llegaron de inmediato a su lado, preocupados.
Harry se sintió como un héroe de guerra.
Y aun mejor, su madre lo llevó a San Mungo y la visita acabó antes, Tom estaba más pendiente de él que de esa mujer. Bien. Misión lograda.
-¡Ese maldito niño! Tiró el chocolate! Tom solo le había dado un mordisco.
Becca entró en el departamento de Merope echa una furia, había tenido que permanecer en San Mungo fingiendo preocupación por ese torpe y estúpido niño. Y lo más importante, el chocolate con la poción se había perdido.
-Que?! - Becca vió a Merope enloquecer. - Cómo pudiste permitirlo?!
-Qué querías que hiciera? Que se lo metiera en la boca forzadamente?
-Debía comerlo todo! ¡Solo así sus efectos serían permanentes!
-¡Ya lo sé!
-¡Maldición! Te dije que lo lanzaras de un risco!
-Si quieres terminar en Azkaban hazlo tú sola.
-Cuánto chocolate comió Tom?
-Solo un mordisco. - Becca dejó salir el aliento, frustrada.
-Eso solo servirá por unas cuantas semanas, debemos hacer otro.
-No podemos hacer otra poción. Gasté todos mis favores ayudándote, otra poción nos costará miles de galeones. Además, muchos ingredientes son de países tropicales, tendremos que esperar a que llegue un nuevo cargamento.
Merope gritó, dejando caer una taza al suelo. Becca la miró sorprendida, la chica tímida y estúpida que había conocido parecía haber muerto.
-Y qué se supone que haga ahora?!
-En primer lugar, recoger esa taza rota y en segundo.. Cálmate, maldición. Redoblaremos los esfuerzos, la poción hará efecto pronto y él querrá venir contigo, solo debemos empujarlo en la dirección correcta.
-En cuanto pase el efecto querrá irse con los Potter de nuevo.
-No lo hará si somos listas, le mostraremos lo genial que puede ser vivir aquí. Le invitaremos..
-Esto no es una casa, es un basurero, Becca.
-Compraremos cosas para decorar. Compraremos comida para él.
Merope negó. Becca estaba a punto de darle una bofetada.
-Escúchame, confía en mí, te ayudaré a traerlo.
Tom no podía dormir, no dejaba de pensar en su madre, ni siquiera las olas tranquilizadoras de Harry lo habían ayudado, se había despertado poco después de que su amigo se quedara dormido y la cama se sentía.. No tenía sueño.
Esos días habían sido geniales, había pasado tiempo con su madre y se habían divertido todos juntos, con Harry y sus tíos, era todo lo que había soñado y más. Estaba feliz. Quizá era por eso que no podía dejar de pensar en su madre, en sus conversaciones, en su risa y como sus ojos brillaban de felicidad, vivos, como cada día había menos cosas malas que discutir en la consulta con Mark y lo bien que se llevaba con los Potter. Todos eran una familia ahora.
Fue a su cuarto, no queriendo despertar a Harry, quién estaba exhausto por cómo roncaba.
Hola mamá,
¿Cómo estás? Sé que nos vimos hace poco pero no puedo dormir y Harry está demasiado cansado para despertarlo y jugar, me preguntaba si podríamos ir a pasear el viernes, el tío James nos ha estado contando historias sobre botes y piratas y quisiera ir a navegar, dice que podemos hacerlo en el mundo Muggle. ¿Quieres ir? Aun no hemos hecho planes, pero podemos hacerlos, está libre del trabajo ese día y la tía Lily solo debe trabajar en la mañana. Tú solo avisame, si? Espero no despertarte, sé que es tarde. En fin, buenas noches.
Merope leyó la carta esa mañana y se la pasó a Becca, quién se preparaba para trabajar.
-Ya lo tenemos.
Habían pasado unos días y la poción estaba haciendo un efecto maravilloso, Tom era más abierto al contacto físico, más necesitado de su compañía.
-Es solo una carta.
-Deja de ser tan pesimista, ya lo tienes, solo debes tirar de la cuerda.
-Qué?
-Debo enseñarte ciertas frases muggles.
El viaje en barco fue genial, Tom se divirtió y con Harry vieron el cielo y buscaron estrellas, ya que su viaje se extendió tras su deseo de ver estrellas en el medio del mar. Su madre los ayudó, aunque no sabía mucho de ellas, Harry era un gran conocedor.
-Sabes mucho sobre estrellas, Harry.
Los tres estaban tirados en el piso del barco, sobre una manta. Tom en medio de ambos.
-Mi padrino es un Black, su tradición es nombrar a sus hijos como estrellas, me ha enseñado las principales.
-Oh! Eso es genial.
-Sí, Harry y yo seremos los mejores estudiantes de Hogwarts.
Su amigo le había sonreído y habían seguido buscando en el cielo.
-Claro que lo serán, mi Tom es el niño más brillante de todos y tú Harry, lo eres también.
Tom seguía enviando cartas con su madre, pero ya no hablaba con Harry sobre ellas, porque sus conversaciones eran diferentes y hacían sentir a Tom como un traidor, pero la idea de vivir con su madre ya no era tan horrible como había pensado. Había conocido su casa y era agradable, aunque pequeña, pero Tom había crecido y vivido en lugares horribles antes y debía admitir que eso no estaba mal. Estaba limpio, olía bien y era luminoso, no había lujos pero se veía como un hogar.
Además, su madre tenía razón en muchas cosas, casi nada cambiaría si iba con ella. Podría ver a Harry todos los días en la escuela y los fines de semana podría ir a su casa o viceversa, podrían hacer pijamadas si Tom lo extrañaba demasiado y luego irían a Hogwarts y estarían juntos todos los días. No sería tan terrible, ellos eran una familia ahora y Tom.. Quería estar con su madre, aunque sonara loco, pero era alguien diferente y Tom disfrutaba con ella y quería más y más y más.
Lo único que lo detenía era Harry y sus tíos, no quería hacerlos sentir mal por irse, pero en serio quería hacerlo y.. Mark siempre le decía que ser honesto es mejor.
Hablaría con ellos, pero primero debía decírselo a Harry.
Ese mismo fin de semana fueron a la playa. Tom no había invitado a su madre porque quería dedicar todo su tiempo a estar con su familia. Y debía hablar con Harry.
Harry había llevado su maletín, entusiasmado por salvar alguna criaturita acuática y guardarla allí, Tom debía asegurarse de que Harry no se marchara con un ser vivo oculto en él o ambos se enfrentarían a una reprimenda de la tía Lily. Aun así, podían divertirse un rato jugando a ser exploradores.
Apenas llegaron ambos se alejaron un poco de los adultos, con cubetas y pinzas en las manos. Harry iba adelante, corriendo como loco.
-¡Harry! ¡Espérame! - Tom corría detrás de él, descalzo. La arena estaba fría.
-Corre más rápido! ¡El abuelo Harold es más rápido que tú!- se burló Harry mientras se carcajeaba.
Tom no pudo evitar sonreír mientras perseguía a su amigo, con su traje de baño verde neón, definitivamente destacaba.
-Dudo mucho que sea capaz de correr!
Tom lo alcanzó y Harry detuvo su carrera al ver una concha de mar en la arena.
-Oh! ¡Mira Tom! Que linda, podemos coleccionarlas y hacer dos collares, serán collares de la amistad!
A Tom le parecía bastante apropiado y se dedicó a buscar con Harry, había de todos colores.. Blancas, marrones, moradas, naranjas. Harry chillaba cada que encontraba una y competía con él para ver quién recolectaba más.
-Podemos usarlos en casa de los Weasley, Ronald seguro se enojará cuando vea que tenemos collares de la amistad y él no.
-No seas malo, Tom. Pobre, Ron.
-¿No te pondrás el collar cuando esté él?
-Me lo pondré debajo de la camisa.
-Yo no, se lo mostraré apenas lleguemos.
Harry le rodó los ojos pero no dijo nada, desde que Ron se había enojado con él por su discusión con su hermanita, el niño pelirrojo le había declarado la guerra y Harry se lo había tomado personal, así que cuando se vieron durante las vacaciones, Harry había sacado su vena protectora y Ginevra los había molestado de nuevo llamándolos novios.
Harry le había cerrado la boca diciéndole que al menos él tenía novio, porque ella nunca tendría uno, al ser tan insoportable. Ginevra se había marchado corriendo y el pecoso de Ronald se había ido molesto con ambos.
Quizá las vacaciones harían que el enojo de todos bajara un poco.
-Le diré a Ginevra que mi novio Harry lo ha hecho para mi.- Bromeó. Harry le sonrió con diversión.
-Nunca vas a olvidar eso, ¿no?
-Que soy tu novio? Nop, para nada.
Harry solo negó con la cabeza, mientras seguía buscando conchas.
-Oye, Tom.. ¿Qué quieres hacer para tu cumpleaños?
Tom frunció el ceño. -Aun faltan unos cuantos meses para eso.
-No tanto, la próxima semana comenzaremos la escuela de nuevo, ya es Septiembre. No falta tanto.
Tom fue consciente de que para ese entonces estaría con su madre, debía decírselo.
-No lo sé, supongo que solo quiero pasar el día contigo.
Harry rodó los ojos. -¡Estaremos juntos, como siempre! Es decir.. Es tu primer cumpleaños en donde estaré contigo y quiero que sea especial.
Tom se sintió mal, Harry daba por hecho su presencia en su vida, todos los días, durmiendo juntos. Tom no sabía cómo podría dormir con Harry lejos, estaba acostumbrado a ser arrullado por la calma y el calor del cuerpo de Harry a un lado. Extrañaría sus excursiones a la cocina por helado y leer debajo de las mantas.
-Qué pasa? Estás triste. ¿No quieres celebrar tu cumpleaños?
-No es eso.- Tom no podía mirarlo a los ojos, se sentía un traidor. -Es que.. He pensado en hacer algo y no quiero que te enojes conmigo.
Harry dejó la búsqueda de conchas. - ¿Por qué me enojaría contigo? No estás siendo idiota o ignorándome.
-Es que.. Harry, quiero ir a vivir con mamá.
Tom vió como el rostro de Harry se desfiguró en una mueca de horror.
-Qué?- Lo digo tan bajo que casi no pudo escucharlo.
-Yo.. Quiero vivir con mamá.
Harry soltó la cubeta con conchas y Tom vió como el agua se llevaba la mayoría. A Harry no le importó.
-Pero.. Tú dijiste que no querías vivir con ella. Dijiste que nunca te irías, lo prometiste.
Tom se sintió terriblemente mal. Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas.
-¿Estás bromeando conmigo por el collar? Porque si es así me lo pondré y le diré a todos que eres mi novio y que me lo has dado tú, no me importa si se burlan.
-No es por eso, Harry. Ella.. Ha cambiado y quiero estar con ella.
Harry se alejó cuando quiso tocarlo. Tom sintió que su corazón se rompía.
-Harry.. Perdón..
-¡No puedes mudarte con ella! ¡Prometiste que estaríamos juntos siempre!
-Yo..
-¡Eres un mentiroso!
Harry pateó la cubeta y Tom vió lágrimas en sus mejillas. No pudo contener su propio llanto.
-Perdoname, por favor escúchame, aun estaremos juntos..
-No quiero que vayas con ella- Harry lloró, hipaba y todo su cuerpo se estremecía. -¡No me gusta ella, la odio! - Tom se quedó helado con sus palabras. - No me agrada, solo fingí porque tú estabas feliz, pero no me agrada, ni un poquito. No te vayas con ella, Tom.
Tom estuvo a punto de desistir, de escuchar a Harry y quedarse con los Potter, no podía soportar ver a Harry llorar, pero algo dentro de él le decía que eso era lo correcto, que debía hacerlo, que debía irse. Aunque estaba asustado y nervioso ahora que veía la reacción de Harry.
-Lo siento, pero quiero hacerlo, por favor no me odies.
Harry no dijo nada, solo lo miró mientras lloraba.
-No te odio.
Y sin más pasó a su lado corriendo, Tom miró como se acercaba a su padre y se arrojaba sobre él, llorando. De inmediato vió sus rostros preocupados.
Tom se sintió terrible y lloró más fuerte, dándole la espalda a su tío James.
Había echado a perder el viaje.
La vuelta a casa había sido un desastre, Harry no había querido ir con él al aparecerse y se encerró en su habitación sin dejar de llorar. Tom sintió miedo de haber arruinado su amistad, estaba abandonando a Harry, a todos, había traicionado su amistad, no era un buen amigo.
-Ven aquí, campeón. -Su tío James lo tomó en brazos y Tom se echó a llorar mientras se abrazaba de su cuello.
Esa noche habló con sus tíos sobre todo, Harry ya les había dicho algo y ellos escucharon y aunque no lloraron, Tom vió sus ojos húmedos y rojos.
-Bueno campeón, siempre supimos que podía existir la posibilidad de que quisieras marcharte con tu madre. Aun así te extrañaremos, pero si eso quieres hacer está bien, aun seremos tus tíos y tú seguirás siendo mi sobrino favorito. - Tom se había aferrado a su tío James en toda su conversación, no dejando su regazo. - Y puedes venir siempre que quieras, siempre seremos una familia.
Tom asintió y vió a su tía, estaba muy callada. Su tía lo robó de los brazos de su tío James y Tom respiró su olor y volvió a llorar.
-Te apoyaremos, sin importar lo que quieras hacer y.. Si deseas volver, estaremos felices de recibirte, siempre que quieras. Siempre tendrás un lugar en cualquier casa Potter y, más importante, en mi corazón, en el de tu tío y en el de Harry.
-Harry está molesto conmigo.
-Harry está triste, cariño. Pero con el tiempo lo entenderá.
Tom asintió, pero pensó que su amistad no sería la misma después de eso.
Tom logró entrar a la habitación con algo de magia. Vió el libro de criaturas mágicas que su madre le había regalado a Harry en el piso, Harry estaba en su cama, debajo de las sábanas, hecho un bulto. Tom se acercó y se montó en la cama.
-Hola. - Harry no respondió. -Sé que estás enojado conmigo, aunque dijiste que no lo estabas, sé que rompí nuestra promesa pero.. Eso no significa que no quiera ser tu mejor amigo, yo solo extraño a mamá, recuerdas cuando llegué aquí y estaba enojado porque quería ir con mi madre? - Nada- Pensé que no querría ir con ella de nuevo, porque estaba molesto porque me había dejado con extraños y.. Por otras cosas. Pero ella ha cambiado y la he perdonado y.. La quiero Harry, es mi mamá.
Harry se movió y Tom vió que su mata de cabello y ojos salieron de debajo de la manta.
-Perdóname, no es que no te quiera, porque te quiero muchísimo, eres mi mejor amigo en el mundo entero y siempre lo serás. - Tom sintió las lágrimas caer.
Harry salió por completo de su escondite y le abrazó. Tom se estremeció y lloró aliviado.
-Yo también te quiero muchísimo, Tom.
-Harry.. Lo que dijiste en la playa.. Sobre mamá..
Harry se separó de su abrazo. Tom lo extrañó.
-Lo siento, es la verdad.
-Por qué no te gusta?
Harry no sabía qué hacer, Tom quería ir con esa mujer y estaba tan triste cuando Harry le pidió no irse. Pero esa mujer no era buena, cómo podría dejarlo irse con ella? Pero Harry podía sentirlo, la decisión de Tom estaba tomada, ni siquiera sus ruegos habían funcionado.
¿Qué si le decía la verdad y Tom se enojaba con él? Y si aun así se iba y esa mujer no lo dejaba verlo más?
-Estaba celoso, porque tenía miedo de que quisieras irte con ella.
Tom lo vió herido, pero había entendido. Y el corazón de Harry dolió tras más mentiras.
-No debes estar celoso, eres la persona más importante del mundo para mi, ni siquiera mamá puede igualar eso.
Harry supo que era verdad.
-Te voy a extrañar. - su voz se quebró. ¿Cómo serían sus días sin Tom a su lado? ¿Qué haría por las noches? Y al llegar de la escuela? Cómo iba a dormir.
-Nos veremos todos los días en la escuela y podemos visitarnos los fines de semana y.. Podemos hacer pijamadas y dormir juntos, mamá dijo que no hay problema con eso. Y luego iremos a Hogwarts! Entraré a Hufflepuff si quieres, así estaremos en el mismo dormitorio y pasaremos casi todo el año juntos y cuando nos graduemos iremos a viajar por el mundo..
-Y después rentaremos un departamento juntos? - Harry no quería separarse, Tom se había vuelto parte de su vida, de su rutina.
Tom asintió. -Sí! Cuando seamos grandes viviremos juntos.
-Lo prometes?
Tom se bajó de la cama y tomó una libreta y un lápiz.
-Hagamos un contrato.
Harry asintió.
-Yo, Tom Riddle Gaunt, prometo ser el mejor amigo de Harry James Potter por el resto de mi vida. Y le acompañaré a la escuela de la señora Weasley, le visitaré los fines de semana y tan seguido que no va a poder extrañarme. Seré su compañero de habitación en Hogwarts, viajaré con él por el mundo y luego rentaré un departamento para vivir juntos. - Tom firmó abajo y Harry sintió su corazón latir más rápido. Harry tomó la libreta y escribió abajo.
-Yo, Harry Potter, prometo ser el mejor amigo de Tom Riddle Gaunt y ayudarlo cada vez que se sienta mal. Iré con él a la escuela, le ayudaré en sus tareas, lo visitaré los fines de semana y seré el mejor compañero de dormitorio de Hogwarts. Y lo llevaré conmigo en mis viajes alrededor del mundo y cuando terminemos, iré a vivir con él y nunca nos separaremos. - Harry firmó abajo.
Soltó la libreta y volvió a abrazar a su amigo.
-Cuando te vas? - Harry se apoyó en su hombro y miró la pared, triste.
-No lo sé, pronto, creo.
-Puedes irte cuando comience la escuela? Así podré verte al día siguiente.
-Está bien.
Harry no se despegó de su lado esa noche ni las siguientes, lloró cuando Tom hizo sus maletas y siguió llorando cuando fueron a llevarlo con su madre. Lloró toda la noche en la cama de sus padres, no podía ir a su habitación a dormir solo, ni tampoco a la de Tom y ver cuantas cosas faltaban de su amigo. Aunque seguía siendo su habitación.
Sobre todo, no podía ignorar la alegría maliciosa en la madre de Tom al recibirlo, ni la animosidad de la amiga de la madre de Tom. Esperó y rogó a Merlín que Tom estuviera bien.
Notes:
Tengo tantos sentimientos con este capítulo.. Detesto a Merope y Becca, siento pena por Harry y su inseguridad para contar la verdad y me siento culpable por mandar a Tom de vuelta con Merope.
Qué opinan ustedes de todo lo que ocurrió? Espero haberlo retratado bien, aceleré un poco las cosas porque en serio ya estaba un poco cansada de esto y no sabía como abordarlo.
La escena de la playa me ha hecho añicos el corazón, pobre Harry y Tom.
Espero les haya gustado, gracias por leer!
Chauuuu ❤️
Chapter 23: Nueva vida, nuevas oportunidades, nuevos cambios
Notes:
Se siente tan bien volver aquí con un capítulo y no con otra nota de aviso, hay muchas cosas que quiero decir, pero el capítulo es largo y ustedes querrán pasar a leerlo de inmediato apenas abran esto. Solo quiero decir gracias, de nuevo, porque de no ser por los mensajes de apoyo habría abandonado la historia, aun estoy batallando con mis emociones y ha afectado mi escritura, pero después de escribir varios días seguidos he logrado terminar este capítulo y estoy feliz por eso.
Prepárense, tiene un poco de bomba emocional, no mucho, he desconectado con los personajes, ya no los siento en mi cabeza como antes, aun así espero haber mantenido su identidad. Quizá no sea el capítulo que tenía en mente hace meses, pero dejaré de presionarme para hacer algo perfecto.
Eso es todo, espero que les guste y ya nos leeremos por allí. Por cierto, estoy trabajando en un Drarry que es mi confort story y que probablemente suba pronto (No me maten, las ideas salen fácil).
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXIII
Nueva vida, nuevas oportunidades, nuevos cambios
Tom consideraba que, tras tantos malos momentos que había pasado en su corta vida, volver a vivir con su madre no estaba tan mal. Su departamento era limpio y aunque se había acostumbrado a jugar a las escondidas en la mansión Potter y a la exploración de los enormes jardines, el departamento no estaba tan mal. Tenía su propia habitación y su madre le había permitido elegir los colores, Tom había usado un verde muy parecido a los ojos de Harry junto a un brillante beige. Había imágenes de dragones que escupían fuego de vez en cuando, sus tíos se lo habían regalado al escuchar su proyecto de decorar su habitación.
También estaba Becca, la amiga de su madre, a Tom le caía bien y le recordaba un poco a Harry, con esa personalidad divertida y alocada, hacía que extrañar a Harry no fuera tan desesperante. Además, casi siempre estaba en su casa, a pesar de tener un departamento propio, sabía que ayudaba a su madre con muchas cosas, pero a él le agradaba que su madre pudiera tener una amistad tan buena, como la suya con Harry.
Había pasado una semana y, aunque las cosas iban bien, Tom añoraba dormir con Harry, leer cuentos antes de dormir y llegar de la escuela y jugar juntos. Esos primeros días se había dedicado a organizar sus cosas, redecorar su cuarto y demás.
Además, su madre lo necesitaba, estaba bien pasar un poco de tiempo con ella para variar, aunque Tom no la consideraba una compañera de habitación grata, su madre constantemente pateaba y se retorcía, Tom había terminado en el suelo al menos dos veces y con moratones en las costillas. La cuarta noche decidió dormir solo, aunque no funcionó.
Extrañaba a sus tíos, no los veía tan seguido como a Harry, aunque su tía o tío solían quedarse en casa de los Weasley hasta que llegaba con su madre y Tom podía darles un abrazo, hablar con ellos y recordarse a sí mismo que seguía teniendo una familia, aun cuando no viviera bajo su techo. También ayudaba que Mark lo dijera.
-Tom! - Su amigo se abalanzó sobre él apenas llegó con su madre, solían viajar en transporte muggle porque a su madre le aterraba la chimenea, Tom se prometió trabajar en ello con ella, para ayudarla a superar su miedo. -¡Te extrañé!
Tom lo abrazó con igual o más fuerza y se dejó arrastrar hacía su tío James.
-Tío James!
-Hey! ¿Cómo está mi campeón?
Merope odiaba esa mirada en el rostro de Tom cada que veía a los Potter, su hijo no debería amar a nadie más que ella, maldijo a ese tonto niño de los Potter por tirar ese chocolate y se replanteó hacer la poción de nuevo.
Vió como su hijo se arrojaba sobre James Potter con envidia, pero también enternecida, deseando poder tener un esposo como él, guapo, inteligente, fuerte.. ¿Qué sería de su vida si Lily Potter desapareciera y James Potter se enamorara de ella? Todo sería fácil, quizá su Tom sería más feliz.
Sintió una mirada sobre ella y se topó con esos ojos idénticos a esa mujer, Harry la miraba con recelo y algo de enojo, aquello la sorprendió. ¿Qué demonios le pasaba al niño? Había hecho de todo en una semana para ganárselo, sabiendo lo mucho que Tom le quería, era una manera de estrechar su relación con Tom, según Becca, pero el niño la evitaba, le daba largas, nunca parecía soltarse.
Harry sintió ganas de vomitar al leer las emociones de esa mujer, la forma en la cual sentía sobre su padre, sobre él y Tom. Deseó poder tomar a su amigo y alejarlo para siempre de esa mujer.
Se aferró al brazo de su amigo como una babosa muggle y usó esa voz que su madre constantemente halagaba por sus dotes para convencerla de lo que fuera-Tom, puedes quedarte en casa este fin de semana? ¡Por favorrrrrr!
Sintió de inmediato la ira de la mujer, pero no le importó. Tenía siete días alejado de Tom y él quería protegerlo de la influencia de esa mala mujer.
Tom miró a su madre como pidiendo permiso. -Puedo mamá? ¿Por favor?
La mujer sonrió, pero Harry sabía la verdad. No estaba nada contenta.
-Claro, no hay problema.
Harry miró a la fea mujer y sintió que había ganado otra batalla. Trató de contener su sonrisa triunfal, aunque poco podía hacer, tendría a Tom de vuelta unos días, más allá de su deseo de alejarlo de su madre, estaba feliz de llenar ese vacío que había dejado en casa.
Querido mejor amigo Harry,
Mamá me ha dicho que debemos ir a Gringotts pronto para que pueda nombrarme como heredero Gaunt y que se me incluya en la propiedad de la bóveda de nuestra familia. Me ha dicho que registrará mi nombre y pensé que sería genial poder cambiarlo, ¿quieres ayudarme? Por cierto, ¿podrían tú y los tíos venir con nosotros?
Atentamente, Lord lengua de serpiente.
Tom y Harry habían comenzado a usar la frase Querido Mejor Amigo como un juego tonto cuando las cartas comenzaron, al igual que los nombres absurdos al final. Escribir cartas entre ellos era divertido y les permitía mejorar su caligrafía. El único que no estaba tan contento con eso era Nero, la lechuza parda de los Potter.
Querido mejor amigo Tom,
¡Claro que te ayudaré con el nuevo nombre! Haré una lista de los mejores nombres de magos de todos los tiempos y lo discutiremos en la casa de los Weasley durante nuestro descanso. Y por supuesto que iremos a Gringotts contigo!
Se despide, tu amor secreto Ginny Weasley.
Odioso mejor amigo Harry,
Lo de Ginevra fue innecesario y horrible, retiro mi invitación a Gringotts.
Se despide, El Mago de Oz.
Tonto mejor amigo Tom,
Muy tarde para eso, iré a Gringotts e invitaré a cierta personita pelirroja que adoras.
Se despide, Lord Harry Potter.
Harry Potter no te atrevas!,
La única persona pelirroja que aprecio y quiero en mi vida es tu madre.
No te mereces la cortesía de una despedida.
Mi muy querido y tonto mejor amigo,
Mamá estará muy feliz de escuchar que la quieres tanto, te extraña. Me ha dicho que le encantará acompañarte y que se asegurará de que papá se comporte con los duendes.
Y claro que me merezco una cortesía!
Se despide, Newt Scamander.
Querido mejor amigo Harry,
Te disculparé solo por la tía Lily. Newt Scamander sabe que robas su identidad para escribir cartas? Podrías terminar en Azkaban.
Atentamente, el mejor amigo que has tenido y que es tan amable como para perdonarte.
Querido mejor amigo Tom,
Newt sabe que lo hago con buenas intenciones, no habrá problema con eso.
Se despide, Harry dedos sangrantes Potter.
Posdata: Nero está agotado de enviar cartas, me ha picoteado los dedos, le he prometido que esta es la última carta de la noche. Hablaremos mañana, si? Buenas noches.
-Entonces solo quieres cambiar tu segundo nombre?
-Exacto, Tom está bien, me gusta.- Tom no habría pensado lo mismo antes, pero le gustaba como lo llamaba Harry, como lo llamaban sus tíos y sería extraño de repente ser llamado de otra forma, pero no quería llevar el nombre del hombre que había tratado de asesinarlo.
-A mí también. Marvolo es un nombre un tanto extraño, aunque los magos de familias antiguas suelen llamarse raro. - Tom se estremeció solo al escuchar el nombre. Harry le apretó la mano y de inmediato el malestar desapareció. Tom le sonrió agradecido, pero Harry no prestó mucha atención. - Bueno, he hecho una lista, he leído algunos libros de nombres de magos.
-Vale, cuales son?
-Bueno, Nicholas Flamel es un alquimista, mamá tiene muchos libros de él. Pensé que Nicholas era un buen nombre.
Tom hizo una mueca.
-De acuerdo, Nicholas no.
-Nicholas definitivamente no.
-Umm.. ¿Qué te parece Enoch?
-No suena tan mal.
-Oh- Harry lo vió con vergüenza- Fue un criminal mágico.
-Cómo fue que anotaste su nombre?
-No lo sé, me pareció lindo.
-Bueno, no me llamaré como un criminal.- Quería deshacerse de la esencia de Marvolo.
-¿Qué tal si buscamos nombres de estrellas? Como la tradición de la familia de mi padrino.
Tom no quería un nombre de estrella, menos si era una tradición Black. Pero se encogió de hombros y dejó que Harry anotara algunos nombres.
-A ver.. Están Alphard, Regulus, Pollux, Altair, Orión, Arcturus, Rigel.. No conozco más.
-Me gusta Altair y Orión.
-Tom Altair Riddle, no suena mal.
-O Tom Orión Riddle.- Tom hizo una mueca.- Suena mejor Altair.- Harry asintió. -Aunque aun no estoy seguro de tener un nombre de estrella.
-Podemos seguir pensando! Esto es divertido.- Tom sonrió, le encantaba la casa Weasley y su tiempo con Harry allí. Le hacía desear que la escuela fuera eterna.
-Oye mamá.. Hay algo que quiero hablar contigo.- Era la hora de la cena y Tom estaba sentado en un banquillo con un plato de comida frente a él.
-De acuerdo, que pasa, Tom-Tom?
Tom odiaba ese apodo. Aunque no quería decirlo en voz alta, su madre parecía bastante feliz de darle un apodo y él podía soportarlo siempre y cuando solo fuera ella. Era un progreso, no era así? Definitivamente, en el pasado no habría permitido nombres estúpidos para él.
-Quiero cambiar mi segundo nombre, cuando vayamos a Gringotts.
Su madre lo vió sorprendida.
-Es solo.. No quiero tener el mismo nombre de él. - Tom jugó con sus dedos nerviosamente.
Su madre suspiró y acarició su cabello.
-Claro que si, puedes cambiarlo cariño, podemos pensar en un nombre mejor.
-Oh! No te preocupes, he estado pensando en nombres con Harry, aun no hemos llegado a un acuerdo.
-Oh, bueno, eso está bien. Quisiera escucharlo antes de cambiarlo, eso si. - Tom no pudo evitar notar que su madre parecía un poco decepcionada.
-Tranquila, no será un nombre horrible. Oh! Les he invitado a todos a Gringotts, para mi registro oficial, no te molesta, verdad?- Tom miró inseguro a su madre, era realmente importante para él que todos se llevaran bien y que siguieran siendo una familia, por ello siempre que veía la ocasión de reunirse se aferraba a ella.
-Por supuesto que no.
Sintió que la tensión en su cuerpo desaparecía.
-Tienes que calmarte, tu hijo volverá en una hora y tú estás como una fiera.
-¡Ese mocoso le está eligiendo un nombre, tiene nueve años! ¿Qué va a saber de nombres?
-Bueno, tú le pusiste el nombre de tu padre, quién fue una maldita bestia, no tienes exactamente el mejor de los gustos.
Merope vió enojada a Becca.
-Qué? - Becca se encogió de hombros- Por eso quiere cambiarlo, yo también lo haría, ese viejo trató de matarlo.
-Pero por qué no elegir uno nuevo conmigo?
Becca suspiró. -Son niños y tu chico extraña a su amigo, déjalo cambiar su nombre, sigue siendo tu hijo.
-Invitó a los Potter a Gringotts para su registro.
-Wow, debemos hablar de algunos límites con Tom.
-No quiero a esos.. No los quiero allí. - Merope se sentía como una bestia enjaulada, con ganas de destrozar cosas y gritar, tomar a su hijo y declarar que era suyo a cualquiera que pasara a su alrededor.
-Sabes lo que diré, te conviene tenerlos cerca, son los tutores legales de tu hijo, aun el ministerio no te saca los ojos de encima. Pueden quitarte a Tom en cualquier momento.
-Ya para de decir eso! - Algunos vasos en la repisa de la cocina estallaron, aun así Becca solo suspiró y con un hechizo rápido los arregló. A Merope le molestó lo fácil que era para ella hacer magia.
-Es la verdad y necesitas escucharla.
-No veo el día en que me deshaga de ellos.
-Pues no cuentes conmigo si eso amerita magia negra.
Merope no dijo nada más, tratando de serenarse para recibir a su hijo. Lily Potter le había enviado una lechuza pidiendo llevarlo a cenar y luego a su casa, la había invitado, pero Merope no podía soportar estar cerca de ella y su odioso hijo.
Tom despertó ese día más entusiasmado de lo usual, había elegido su ropa con días de anticipación y se veía muy bien, como un mago respetable y mayor, le gustaba como le quedaban sus pantalones y camisa grises junto a su brillante capa azul.
-Wow, Tommy, vas muy guapo.- Su tía Becca lo alabó al salir, estaba en el sillón, mirando algunos libros que Tom se había traído de casa de los Potter, sus libros. A Becca le gustaban, Tom había descubierto que era una de las pocas maneras de verla quieta y en silencio.
-Gracias, mamá aun no está lista?
-Creo que no, está poniendo todo su esfuerzo en un vestuario.
-Pensé que tú la ayudabas con eso- Becca lo miró sorprendida.- ¿Qué? Mamá nunca tuvo buen gusto y vienes todas las noches y las escucho mover cosas en el armario que está junto a mi pared. Era obvio.
-Eres escalofriantemente inteligente. - Tom sonrió al notar la sonrisa de orgullo en el rostro de la mujer.
-Soy observador y atento, Mark dice que son mis puntos fuertes, aunque también mi inteligencia.
Tom podía jactarse un poquito, le gustaba reconocer sus habilidades y Becca estaba alabandolo continuamente, bueno, cada que hacía algo que era merecedor de un halago.
-Bueno, chico listo, traje el desayuno de hoy ya que tu madre no tenía tiempo de hacerlo hoy y.. Es un regalo de mi parte para ti, por unirte oficialmente al legado Gaunt.
Tom le sonrió agradecido. -Gracias, Becca. Lamento que no puedas venir.
-Tranquilo, de todas formas estaré ocupada en el trabajo.
Tom comió y vió como al rato su madre salió, llevaba unos pantalones estilo campana, una blusa blanca de mangas largas y blazer naranja.
-Wow, te ves bien, mamá.
Su madre le sonrió mientras se sonrojaba, Tom se había dado cuenta de que su madre, como él en el pasado, tenía problemas con aceptar cumplidos, así que siempre estaba diciéndole cosas lindas sobre su aspecto para mejorar su seguridad, a su madre le gustaba y le hacía feliz.
-Gracias, cariño. Y gracias por traer el desayuno, Becca.
La mujer se levantó del sofá e hizo un saludo militar que Tom amaba ver. - Siempre a la orden, ahora, ya que ambos están listos y lucen guapos, me iré al trabajo. ¡Hey! Eso rimó. - Tom le rodó los ojos con cariño.
-Iré a cepillarme los dientes y ponerme los zapatos.
Su madre asintió mientras se sentaba a comer.
Estaba siendo un día increíble.
-¡Harry!- Se arrojó sobre su amigo apenas lo vió, para luego abrazar a sus tíos.
Se distrajo de la conversación de los adultos y se llevó a su amigo algo lejos.
-Dime por favor que encontraste algún nombre - Rogó. Harry le sonrió y asintió. Tom sintió su cuerpo relajarse, su madre y Becca habían estado discutiendo nombres la noche anterior, ya que Harry y él no habían podido encontrar uno bueno.
-Qué tal Leviatán?- Tom había visto con horror a Becca.
-Es horrible, Becca, es el nombre de un monstruo. - Gracias a Merlín su madre había pensado igual que él.
-Bueno..
-Ni una palabra, Becca.
La amiga de su madre había suspirado.
-Es un nombre imponente, tenía una salamandra con ese nombre.
Tom no quería llamarse como una salamandra o como un monstruo marino, muchas gracias.
Esperaba que el nombre de Harry fuera mucho mejor.
-¿Y cuál es?
-Tom Charlus Riddle. - Tom frunció el ceño. - ¡Espera! Antes de que lo descartes.. Charlus es el segundo nombre de papá, pensé que usar su nombre sería como una manera de incluirte en la familia, bueno, la verdad es que papá lo propuso, dice que eres como el segundo hijo que nunca tuvo.
Tom sintió su garganta cerrarse y doler, sus ojos picaron con lágrimas frescas llenandolos.
-Te gusta?- Harry lucía inseguro.
-Me encanta. - Tom vió a su tío hablar con su madre y sonrió, realmente, el tío James era como el padre que nunca había tenido, sonaba bien, el cambiar el nombre de un monstruo que nunca lo amó por el nombre de un hombre que lo quería y cuidaba.
-Tom Charlus.. Suena genial. - Tom se acercó a su tío y lo abrazó sin decir nada, sintiendo sus lágrimas salir. Su tío lo tomó en brazos.
-Supongo que escuchaste el nombre que propuse para ti.
Tom se separó del hueco de su cuello para mirarlo.
-Sí. Me encanta, gracias tío James. - Para Tom la sonrisa de su tío fue el mejor regalo que había recibido, aun no se acostumbraba del todo a ser visto con esa adoración y amor profundo que caracterizaba a los Potter.
-Cuál será el nuevo nombre? - Su madre preguntó. Tom apartó su atención de su tío y se revolvió un poco en sus brazos para ver a su madre.
-Charlus. - dijo con orgullo.
-Charlus? - Su madre frunció el ceño.
-Sí, es el nombre de mi padre y mi segundo nombre, de hecho. Es una tradición Potter. Pensamos que sería una manera de mostrar que, sin importar la relación de sangre, Tom es parte de nuestra familia, al igual que tú. - Explicó su tío James.
Tom miró a su tío sintiendo su corazón latir muy rápido y se dió cuenta de que todo estaría bien, aun lejos de la casa Potter, Tom seguía siendo un miembro y ahora también su madre.
-Oh, eso es.. No tengo palabras. Es un bonito nombre.
Tom apretó el agarre en el cuello de su tío antes de que fuera llevado al suelo.
Se acercó a su madre y tomó su mano, su mano libre la usó para sujetar a Harry y entrar a Gringotts.
Gringotts era genial, Tom había visto algo divertido la advertencia al entrar, se sentía como entrar directamente a una aventura peligrosa, de esas que Harry y él leían a veces. Aunque dentro no era tan divertido, el suelo era de color marfil y estaba tan limpio que Tom podía ver su reflejo, habían muchos magos alrededor, haciendo fila y esperando. Habían muchos mostradores altos y detrás de ellos elfos, Tom pensó que eran feos y que no ayudaba su expresión de amargura con la que miraban a todos.
Todos ellos se acercaron a un mostrador que tenía un cartel que decía ¨Registros¨.
-Hola, buen día. Vengo para registrar a mi hijo.
El duende lo miró de arriba a abajo.
-¿Olvidó traerlo cuando nació? - A Tom no le gustó el tono en que lo dijo. Como regañando a su madre.
-No había podido hacerlo hasta ahora.
El duende se quejó, le rodó los ojos y asintió.
-Necesitaré una prueba de sangre y que llenen algunos formularios. - Los vió a él y a todos. - ¿Es solo este niño o el otro también?
-Solo yo.
-¿Y se necesitan tantas personas para un registro?
Tom lo escuchó refunfuñar y decir cosas como que los magos eran idiotas mientras bajaba por las escaleritas que estaban junto a su mostrador.
-Siganme.
-No te preocupes, Tom. Los duendes son malhumorados y groseros por naturaleza, no he conocido al primer mago que traten bien. - Su tío se agachó un poco para susurrarle al oído.
-No debe tener muchos amigos con ese carácter. - Opinó.
-Creo que está enfermo, me dolieron las rodillas cuando nos acercamos, quizá por eso está de mal humor. - Harry, el defensor de los débiles e indefensos, comentó.
-De peor humor de lo que están usualmente, entonces. - Bromeó su tío.
-James, vamos, nos hemos atrasado. - Su tía Lily los instó a caminar más rápido.
Tom caminó junto a su amigo, siguiendo a su madre, quién se había adelantado para ir detrás del odioso duende, él disfrutó viendo las grandes columnas de color crema y pulidas, el techo era tan alto que le dolía el cuello al intentar verlo por completo.
Finalmente entraron a una habitación y se sentaron, su madre y él frente al escritorio y los Potter detrás.
-Nombre del niño.
-Tom Marvolo Riddle Gaunt. - Contestó su madre.
El duende escribió.
-Ugh, disculpe señor, me gustaría cambiar mi nombre. -Interrumpió.
El duende lo miró con molestia y rompió el papel que había escrito en dos, justo frente a él.
-Entonces cómo se llama realmente? Será mejor que no se equivoque, el papel de los duendes es costoso.
Tom respiró profundo ante la actitud del duende.
-Es Tom Charlus Riddle Gaunt, señor.
El duende lo escribió.
-Nombre de la madre, el verdadero.- Añadió odiosamente.
-Merope Gaunt.
Así siguieron durante un rato, le pinchó el dedo y lo dejó caer en el papel, junto a la sangre de su madre para comprobar que eran familia.
-Sorprendente, supongo que la apariencia la sacó de su padre. Los Gaunt no son muy agraciados.
Tom sintió ganas de golpear a ese duende, no había sido más que grosero desde que habían llegado y ahora insultaba a su madre, quién no decía nada.
-No es como si usted pudiera hablar del aspecto físico, se ha visto en un espejo? - Escuchó la risa de Harry antes de ser silenciado por alguno de sus padres.
-¡Eres un mocoso impertinente! Como todos los magos.
-Y usted es grosero.
-Todos los magos son iguales, creyendo que tienen derecho de venir aquí e insultar a los duendes..- De repente su expresión furiosa se quedó en blanco, su boca se abrió y sus labios dibujaron una sonrisa. -Olvídalo, sigamos. - Tom lo miró sorprendido pero prefirió no decir nada.
Luego de eso le había explicado que, cuando tuviera diecisiete años, podría ser el cabecilla de la familia y, si lo deseaba, tener el control total de la bóveda, aun así, era un simbolismo, el duende se había burlado cruelmente de que todos sus tesoros habían sido vendidos y gastados por sus antiguos familiares, quienes habían despilfarrado la herencia del mismísimo Salazar Slytherin.
-Aun así, tu estado de sangre es bastante interesante, podrías venderla a los duendes por una buena suma de dinero. - Sus ojos habían brillado con avaricia y le había sonreído a Tom de una forma bastante perturbadora.
-Griphook, debo recordarle que los negocios con menores de edad están prohibidos? -Su tío James saltó de inmediato a defenderlo.
El duende hizo una fea mueca. Tom se sintió agradecido de ella, el duende había sido un tanto amable por minutos, pero la sonrisa en su boca había sido escalofriante.
-Bien, lo último que falta es determinar quiénes serán tus guardianes mágicos. Imagino que los señores Potter.
-Guardianes?
-Sí, señora Gaunt. Usted y su hermano no poseen uno, ya que su padre se negó.
-Los señores Potter ya son guardianes de Tom.
-Solo de papel, para el ministerio. Aquí se establecen vínculos mágicos, serían los padrinos del chico.
Tom pensó que sería genial tener a sus tíos como padrinos mágicos.
-¿Qué implica tener un padrino?
El duende hizo otra mueca de desagrado y se quejó, Tom lo miró mal, cuál era el problema con preguntar? Él tampoco lo sabía.
-Básicamente nuestra tarea será protegerte y cuidar de ti.- Su tía explicó.
Tom miró a su madre esperanzado. -Puedo tener padrinos?
Su madre sonrió y asintió.
-Sería un honor ser sus padrinos. - Sus tíos le sonrieron con cariño.
Tom siguió las indicaciones de Griphook al pie de la letra, tomando las manos de sus tíos y dando más sangre. Su madre también participó, diciendo unas palabras en un idioma raro, él también tuvo su turno para decir una frase y vió con asombro como un hilo plateado unía sus muñecas con su tía Lily y el tío James.
-Bien, Tom Charlus Riddle Gaunt. Eso es todo, ya pueden irse.
Harry miró a la madre de Tom, aun cuando sonreía y aceptaba cada sugerencia y petición de su amigo, la mujer por dentro estaba tan enojada que la cabeza de Harry dolía mucho.
Había estado enojada desde que se habían encontrado fuera del banco, enojada cuando Tom le había dicho el nombre que habían elegido para él, Harry también había percibido miedo y tristeza. Aun así, no fue capaz de empatizar.
Se alegró de que sus padres aceptaran ser los padrinos de su amigo, como Sirius y Remus eran los suyos. Tom estaba tan feliz que Harry canalizó sus emociones para dejar de sentir dolor de cabeza, aunque tuvo que usarlo para convencer al duende de no echarlos de la habitación cuando Tom lo había insultado.
-Eso fue increíble, aunque estúpido.
-No iba a quedarme ahí mientras insultaba a mamá y a todos nosotros.
Tom tenía un punto.
-Te imaginas que te hubiera cambiado el nombre en venganza? Podrías llamarte Rudolf o algo igual de feo.
Tom le rodó los ojos. - Dudo que lo hiciera, gracias a que lo convenciste al mejorar su ánimo.
Harry lo miró sorprendido -Te diste cuenta?
-¿Quién no? Pasó de querer matarme a sonreírme.
-¿Tu madre lo notó? Ella no sabe que soy empático, verdad? - Harry sintió una pizca de pánico.
-No, no se lo he dicho, es tu secreto, después de todo.
Harry se sintió aliviado y dió una lamida a su helado de chocolate con mani dulce. Habían ido a celebrar comprando helados para todos, Harry permaneció lo más alejado posible de la muy enojada madre de Tom y comió su helado a un lado de su amigo, mientras hablaban en susurros.
-¡Ya no lo soporto! He sido la madre perfecta, le permito hacer todo lo que quiere, cumplo sus deseos y en el primer momento que él ve a esos malditos Potter se olvida de mi!- Merope lloró amargamente, sentía su pecho doler tan terriblemente que pensó que se moriría como la mujer patética que era, en la sala de ese departamento del callejón Knockturn.
Becca llegó hasta ella y se sentó en el suelo a su lado.
-Eligió tener el nombre de ese hombre, ni siquiera me lo dijeron hasta hoy y no podía negarme. Es como si quisieran probar a toda costa que tienen más control sobre mi hijo que yo. Como si me sacaran en cara que los ama más que a mí.- Las lágrimas caían calientes y saladas por su rostro.
-Vamos Mer, quizá no es así, Tom no te ocultaría el nombre a propósito, es un niño muy honesto y te quiere, lo he visto.
La voz de Becca era como la de una madre conciliadora, a Merope le molestó el que le hablaran de esa manera, era el mismo timbre de voz que usaban con su hermano Morfin en esa sala en San Mungo, como si fuera tan idiota que no pudiera entender lo básico. Aunque, después de su accidente, no había quedado bien de la cabeza.
Merope se alejó de ella. -Incluso te quiere más a ti de lo que me quiere a mi. - Merope sintió que sus palabras eran como cuchillos que atravesaban su garganta.
¿Por qué era tan difícil? Acaso ese era su castigo por haber abandonado a Tom? ¿Por ser una cobarde, una estúpida que nunca pudo enfrentarse a su padre y defenderlo?
-Bueno, eso no es cierto.
-A todos les sonríe y los abraza, cuando está conmigo es.. Es como si solo fuera bueno porque no quiere ser grosero.
-Oh por Merlín, Merope! Estás tan traumatizada que no piensas con claridad. Tu hijo ama a los Potter porque se portaron bien con él, le dieron una puta cama, comida, ropa nueva y lo trataron bien. Quién no amaría a alguien así?
Merope vió a su amiga sintiéndose traicionada.
-¿Ahora eres fanática de los Potter?
-He hablado con Tom, sin poner mis prejuicios y traumas en la mesa y si, los Potter son unos jodidos ángeles. Deberías dejar ese rencor y disfrutar que una familia rica como ellos acogió a tu hijo y a ti por extensión. Yo conseguiría un mejor trabajo, una casa y viajaría mucho. Tienes una moneda de cambio sensacional, tu propio hijo.
-Vete, vete de mi casa.
Becca le rodó los ojos y suspiró como si no pudiera soportar estar con ella. Se puso de pie y sacudió sus pantalones.
-Bien, pero sabes tan bien como yo que me necesitas para hacer el desayuno, madre perfecta.
Merope entrecerró los ojos, queriendo arrojarle una roca a la cabeza -Vete a la mierda.
Becca solo dió media vuelta y se fue. Merope tomó un cojín del mueble y clavó sus dedos en él, tirando hasta rasgar las costuras y llenar el suelo del relleno del destrozado cojín, mientras gritaba y lloraba.
Ella solo quería ser una familia con Tom, con él y nadie más. Quería estar con su hijo por siempre, verlo crecer, envejecer a su lado. Quería ser el centro de su mundo, quería ser importante para alguien, pero parecía que sin importar lo que hiciera nunca era buena para nadie.
No era lo suficientemente talentosa e inteligente para su padre.
No era lo bastante atractiva para Tom Riddle.
No era lo bastante cuerda y capaz para el ministerio de magia.
Y no era suficiente para su hijo.
Era una suerte que Tom estuviera de nuevo en casa de los Potter, durmiendo. Y a su vez, era una tortura.
Los meses pasaban a gran velocidad y cada vez hacía más frío, el agua en el departamento salía fría por lo que Tom usaba su magia para calentar el agua en una vasija y bañarse con ella, se había convertido en un experto en hechizos de calefacción y calentamiento. Su madre no era tan buena en ellos y a él le gustaba ayudar.
Sus tíos le habían regalado abrigos para él y su madre y nuevos calcetines.
La tía Becca había adoptado un gato al que había nombrado Leviatán Segundo y que lo seguía a todas partes cuando estaba en el departamento, aunque a su madre no le gustaba demasiado, porque hacía popó en los muebles, por mucho que Tom tratara de impedirlo.
Harry había ido a visitarlo y juntos habían jugado con Levi, como Tom le llamaba a la bola de pelos de su tía Becca, si, ahora tenía otra tía. En términos generales, todo iba bien, aunque aun tenía problemas para dormir, no lograba descansar por completo y Harry y él habían comenzado a tomar siestas en casa de los Weasley al terminar la tarea, era la única manera de poder descansar apropiadamente.
-Pronto será tu cumpleaños, Tommy- Tom odiaba que su tía Becca lo llamara así, por eso lo hacía más. - No soy buena con los regalos, así que deberás decirme exactamente qué quieres.
Algunos fines de semana, Tom se quedaba con la tía Becca mientras su madre trabajaba, algunas veces le tocaba trabajar esos días y Tom se iba a pasear con Becca hasta que la hora de llegada de su madre se acercara. Aunque era bueno ir a casa de Harry, Tom apreciaba pasar tiempo con Becca, se sentía bien, cómodo, era una sensación extraña, era un sentimiento como el que había sentido al reunirse con su madre de nuevo y en sus salidas. Tom supuso que la tía Becca le había contagiado algo de su personalidad a su madre.
-Lo haré, solo si me compras dos regalos.
-Dos regalos?! Wow, niño, te has convertido en todo un sabandija como yo, eh?
-Eres una mala influencia- Tom se encogió de hombros. Le gustaba la tía Becca, le enseñaba cosas útiles, como las calles del callejón Knockturn y el Diagon, claro que Tom no mencionaba eso a sus padrinos ni a su madre, solo Harry lo sabía y se deleitaba con sus descripciones del callejón. Tom conocía a la mayoría de los comerciantes que eran agradables y los lugares a los que nunca debía ir.
Además, la tía Becca le había enseñado hechizos de defensa muy buenos cuando vió que estaba asustado por pasear por allí. Según sus propias palabras ¨ Ningún sobrino suyo iba a ir por allí con el rabo entre las patas¨. Tom había estado trabajando sus miedos con Mark también, sin hablar del Knockturn y Tom era un poco más capaz de ver una varita y no quedarse paralizado.
-Bien, dos regalos, eso de nacer en navidad es un fiasco para los que te conocen.
Tom sonrió, ese sería su primer cumpleaños teniendo un hogar. Harry había estado dando saltitos y estaba más cariñoso de lo normal desde que había llegado Diciembre.
-Más te vale que pidas cosas que estén en mi presupuesto.
-Puedes regalarme libros.
Su tía bufó.- Libros, por supuesto. Cómo no lo adiviné antes?
Tom se encogió de hombros. - Es que no eres muy lista, tía Becca.
La mujer lo miró asombrada mientras sonreía y frotaba su cabello, alborotandolo.
-Debería regalarte carbón, mocoso.
Tom se echó a reír. Pasar tiempo con la tía Becca era genial.
La navidad llegó más rápido de lo previsto, Tom no podía comprender cómo los días pasaban con tanta velocidad, así como así un año entero había pasado y todo lo que había vivido se había quedado atrás, aun fresco en su memoria, pero no era tan doloroso o aterrador como lo había sido antes. Las cosas eran tan diferentes, tenía un hogar que estaba limpio, cálido y era cómodo, su propia cama y libros que no hablaban de hechizos oscuros y maldiciones espantosas. Tenía padrinos, un mejor amigo, abuelos adoptivos y una tía adoptiva loca y graciosa, también estaba Leviatán segundo y bueno.. Mark.
Era más de lo que podría pedir y estaba feliz por ello.
Cuando los Potter se ofrecieron a hacer una fiesta en casa para él, Tom estuvo bastante contento, aunque dudaba de cómo sería el día. Todos habían llegado al acuerdo de celebrar el año nuevo y Yule en casa de los Potter y Tom pasó la mayor parte de la noche de Yule sentado con Harry cerca de la chimenea, jugando con regalos, bebiendo jugo de calabaza y comiendo dulces hasta reventar. Ambos también habían aprovechado para dormir juntos en la habitación de Harry, a pesar de que su madre había pedido pasar la noche juntos, Tom simplemente no quería dormir entre golpes y patadas. Aprovechó el hecho de que el abuelo de Harry sumergió en una conversación bastante larga a su madre que la distrajo como para no verlo huir.
También fue buena idea irse a dormir antes de que la tarta de melaza de Dudley explotara y lo cubriera por completo, pintando su piel de un arcoiris de colores. Harry y él fingieron su inocencia hasta el final a la mañana siguiente.
El tema de su cumpleaños era un gran acontecimiento, por lo que era una gran sorpresa, Harry se jactaba de ello a cada instante, recalcando que su regalo sería el mejor de todos. Tom pensó que no podía ser una gran sorpresa si Harry continuamente lo anunciaba, pero no quiso burlarse de ello, le alegraba lo emocionado que estaba su amigo por el hecho de que cumpliría diez años, nadie nunca se había entusiasmado tanto, ni siquiera su madre, su cumpleaños siempre había sido un día triste en Wools, con una visita rápida en la mañana por parte de su madre y luego una despedida amarga poco después.
Esta vez sería diferente y Tom estaba tratando de mantener a raya su entusiasmo.
El día de su cumpleaños llegó y su madre se había rehusado a llevarlo desde la mañana a casa de los Potter, quería un tiempo privado ya que le había hecho un desayuno especial, aunque sabía bastante como el desayuno que servía Tom, el dueño del caldero chorreante, pero él no dijo nada, menos su tía Becca, quien compartió la mesa con ellos.
Había obtenido de regalo un libro de hechizos de defensa que era para estudiantes de Hogwarts, Tom se había emocionado muchísimo, más cuando su tía se ofreció a enseñarle a realizar hechizos. También le regaló un set de plumas con tinta de colores y tinta invisible.
-Ya sabes, para que hables con tu amigo. - Su tía le había guiñado un ojo y Tom se había arrojado sobre ella a darle un abrazo, el primer abrazo desde que la conocía. Tom supuso que no estaba acostumbrada a ellos, porque se tensó y se alejó rápido, pero sus ojos estaban algo húmedos.
Tom había notado que la tía Becca era desconfiada y aunque extrovertida y disparatera, muy solitaria y poco abierta a las muestras de afecto, le recordó mucho a él y le hizo preguntarse que cosas habría pasado su tía Becca en el pasado. Era triste ver a personas que, como él, no habían tenido una vida feliz y privilegiada desde el inicio. Quizá por eso Tom sentía un afecto especial por ella, una confianza que había nacido extrañamente rápido, quizá también se debía al modo en que ayudaba a su madre a no ser tan desastrosa en algunas tareas que Tom sabía que se le hacían difíciles, aunque él fingiera que no lo notaba.
-Gracias, tía Becca. Me encantan mis regalos. - Le sonrió.
Ella se recompuso lo bastante rápido como para alborotar su cabello.
Su madre le regaló algo bastante genial, una repisa de madera oscura para sus libros que tenía la capacidad de cambiar de lugar en la pared a su antojo, así que un día podría tener todo su librero en el techo, con un hechizo de adhesión para que no le cayeran todos encima, o en el suelo junto a su cama. Era un poco desorganizado y no era tan divertido para Tom convencer a un mueble mágico de moverse para tomar sus libros, pero era un buen regalo y estaba seguro que podría encontrarle otros usos con ayuda de Harry. Su madre también le dió otros libros, uno de herbología e ingredientes para pociones que eran, según la portada, extremadamente raros.
-Gracias mamá, es bastante genial.- Su madre parecía tan contenta con esas palabras que Tom se sintió bien de crear esa alegría en sus ojos, se sentía bien hacer sonreír a su madre, en lugar de verla llorar.
Luego del desayuno lo habían llevado de excursión a un museo muggle de arte que Becca encontraba genial y habían almorzado pescado frito con patatas mientras viajaban en un ferry. Tom pudo apreciar que el mundo muggle no era tan terrible de la mano de su madre y su tía Becca, aunque cualquier lugar era mejor que Wools y la verdad los muggles eran bastante amables en ese lugar.
Harry apareció en la puerta segundos después de que su padre la abriera y se arrojó sobre él como era costumbre.
-Tom! ¡Feliz cumpleaños! - Tom se echó a reír y abrazó a su amigo, estaba feliz, con el estómago lleno y las mejillas doloridas de tanto sonreir y reir por su viaje por el Támesis. - ¡Pensé que no llegarías nunca!- Harry lo arrastró adentro.
-¡Harry! La señora Merope también está en la puerta. - Su tío James aprovechó para abrazarlo apretadamente cuando Harry lo soltó.
Harry se mostró un poquito apenado, Tom lo encontró adorable.
-Lo siento señora Merope, hola. Bienvenida. -Harry hizo una tonta reverencia y volvió a arrastrar a Tom adentro.
-Tom!- Su tía Lily llegó a él y lo levantó del suelo mientras lo abrazaba, Tom se derritió en sus brazos, como siempre. - Por Merlín, mi adorado Tom ya tiene diez años. ¿Puedes creerlo, papá?- Los ojos de su tía brillaban con una alegría y amor que era contagioso. Tom vió al señor Harold sobre el hombro de su tía y sonrió. Detrás de él se acercaba su esposa, también sonriendo. Tom buscó con miedo la presencia de un niño gordo y fastidioso, no lo consiguió, para su enorme alivio. Supuso que la broma de la tarta seguía fresca en la memoria de los Dursley, mucho mejor.
Se sorprendió de la asistencia de invitados, además de los Potter estaba el padrino hombre lobo de Harry, Tom ya no le temía tanto desde que le había regalado un libro en el cumpleaños de Harry. La señora y el señor Weasley, Ronald, Ginevra y los gemelos. Tom vió con desagrado a los dos hermanos más pequeños, ellos le respondieron de la misma manera, era obvio que su madre les había obligado a estar allí.
La sala estaba decorada con globos de color azúl y plata, además había un gran cartel que le deseaba feliz cumpleaños con su nombre en él y por todas partes revoloteaban globos con el número diez estampados que, al explotar, disparaban confeti de colores. Los gemelos hicieron su tarea de la noche: guiar los globos sobre las cabezas de los invitados y reventarlos. Tom lo encontró divertido.
Era más de lo que se esperaba, a decir verdad.
Tom saludó cortésmente a todos hasta que Harry finalmente pudo empujarlo a un rincón abandonado.
-Y? ¿Cómo te fue en tu paseo? - Harry parecía angustiado por saber.
-Fue genial, tomamos el desayuno en casa y mamá me regaló un librero mágico y la tía Becca plumas y tinta de colores. Oh! También me dieron libros, ambas. Y luego fuimos al Londres Muggle, me llevaron a un museo de arte y al Támesis.
Harry sonrió. - Oh, Tom, eso es genial! Espero te guste la fiesta.
-Es.. Nunca había tenido una fiesta de cumpleaños antes. - A decir verdad, Tom estaba conmovido y no tenía idea de qué debía hacer o cómo comportarse, era muy diferente al cumpleaños de Harry. Aquí toda la atención era para él y todos le sonreían felices y querían hablar con él. Era agobiante.
Harry le tomó de la mano y le sonrió, brindándole calma, pero no esa calma mágica que venía de sus poderes, era algo más especial que eso, la clase de calma que solo puede traer la confianza y convivencia.
-Lamento que no hayas tenido fiestas antes, a partir de ahora celebraremos cada cumpleaños. Sí?
-Siempre y cuando nunca invites a Dudley.. Ni vuelvas a invitar a Ronald o a Ginevra. - Tom quiso restarle seriedad al asunto, lo logró al ver a Harry reír.
-Pensé que estarías feliz de ver a la futura señora Riddle.
Tom hizo una mueca de disgusto. -Sigue así y te pondré orejas y cola de rata, te verás más feo que la rata de Percy.
-No lo creo probable. - Ambos se echaron a reír al recordar la rata obesa, olorosa y con falta de pelo del adolescente.
-Hey Fred, mira lo que tenemos aquí.. - Tom se sobresaltó y extendió la mano para defenderse, aunque rápidamente se calmó al ver que eran solo los gemelos, quienes sigilosamente habían descorrido la cortina y entrado a su rincón secreto.
-Oh, claro que lo veo, George. Parece que están..
-Escondiéndose.
Tom encontraba extraño que completaran las frases del otro. Miró a los pelirrojos que sonreían con malicia en silencio.
-Pues claro que lo están, Harry y Tom son novios. - Ginevra, la fastidiosa niña Weasley, apareció entre sus hermanos, mirándolos como si hubieran cometido un delito. Tom tomó nota para cambiar de escondite, si era tan sencillo ser hallados no era para nada bueno- Seguro han venido aquí a besarse.
Tom se preguntó si podría tapar la boca de la niña el resto del día sin repercusiones. Probablemente no.
-Oh vamos hermana, no estés celosa.
Tom no sabía quién hablaba para ese punto.
-Si Ginny, las niñas molestas nunca consiguen novio.
-Mucho menos si son feas también.
La niña se fue corriendo con los ojos húmedos.
Harry y él se miraron en silencio.
-No se molesten en agradecer..
-Sí, estamos para servir a los descarriados y a cualquiera que sea atormentado por Ginny.
-Gracias.. Supongo. - Harry habló por ambos.
Los gemelos miraron su rincón debajo de las escaleras, aunque era casi un sótano allí abajo y tapado por una sábana gruesa era como estar en un búnker.
-Lindo lugar el que tienen aquí.
-Acogedor, claro que sí.
-Gracias, bueno.. Harry y yo estábamos por salir.
-Oh! No se preocupen, Fred y yo nos iremos, así pueden seguir confesándose cuanto se quieren.
Ambos hermanos hicieron sonidos de besos y se fueron.
-Idiotas. - Tom vió con rabia como desaparecían.
-No permitiré que mamá los invite el próximo año.
Tom asintió.
Ambos salieron de su escondrijo poco después y Tom volvió a ser arrastrado por una turba de personas. El señor Weasley le regaló un juego de ajedrez mágico y lo retó a jugar frente a todos, Tom se divirtió al ver al señor Harold impresionado por las figuras vivientes, las porras de Harry y su tío James y el sudor nervioso del señor Weasley cada que Tom avanzaba lentamente a la victoria.
Al final, Tom ganó dos de tres rondas y se sintió tan orgulloso que su pecho se sentía a punto de reventar.
-De acuerdo, Arthur, ha sido suficiente, es obvio que Tom se ha vuelto mejor que tú en el ajedrez.
La señora Weasley trató de convencer a su esposo de renunciar a su deseo de defender su título de mejor jugador. El señor Arthur lo miró con orgullo en los ojos.
-Eso solo quiere decir que le enseñé bien. - Le guiñó un ojo y sacó del saco de su chaqueta un libro. - No es solo navidad, también celebramos tu cumpleaños, así que es correcto darte dos regalos.
Era un libro de ajedrez. Tom lo miró sin saber qué decir. No esperaba que el señor Weasley le tuviera tanto aprecio, ni que le agradara tanto.
-Gracias señor Weasley. - Tom sintió su voz temblorosa, el señor Weasley le sonrió.
-Gracias a ti, no había tenido un adversario digno desde hace mucho tiempo. - Tom sonrió.
-Tom podría ser un gran ajedrecista, claro, si no quisiera dedicarse a ser mago de lleno- El señor Harold lo alabó.
-Solo es un pasatiempo. - Tom se sintió cohibido por tanta atención, sentía las manos sudadas y estaba seguro que el señor Weasley había notado que temblaban al tomar su regalo. Todos los invitados estaban alrededor de la mesa, mirando el juego de ajedrez como si fuera un partido de Quidditch, bueno, excepto los engendros de los Weasley.
Tom observó que su madre se veía orgullosa.
-Has derrotado al enemigo en diecisiete movimientos y han sido bastante buenos, te lo digo, podrías ser muy bueno..
-Bueno Harold, Tom decidirá qué quiere ser cuando crezca. - La abuela de Harry calmó al señor Harold, quién veía a Tom como si fuera una estrella del ajedrez.
-Bueno.. ¿Qué les parece si cantamos cumpleaños? Ya casi es año nuevo. - Su tía Lily llegó a ellos y peinó sus cabellos.
-Eso estaría bien- Su madre le sonrió y Tom devolvió la sonrisa, no podía dejar de sonreír.
Todos se juntaron alrededor de la gran mesa decorada, su madre estaba a un lado y Harry empujó entre invitados para estar a su izquierda, Tom encontró divertido el ver a Harry empujar a su propio padre e incluso al señor Weasley.
Aunque Tom agradeció su presencia a su lado cuando las luces se apagaron y se encendieron las velas, diferentes voces cantaban y Tom podía sentir sus ojos picar y su cuerpo temblar. Todos sonreían, aplaudían y cantaban en voz alta. Se sentía incómodo, sin saber qué hacer, desnudo entre tantas personas y demasiado emocional. Comenzó a llorar en medio de su cumpleaños y la mano de Harry se aferró a la suya fuerte y Tom solo podía sentir una alegría inmensa que hacía latir su corazón tan rápido que pensó que tendría un infarto.
Los aplausos aumentaron y el canto paró, Harry le dió un empujoncito para que soplara las velas y así lo hizo, ni siquiera pudo pensar en un deseo aun cuando su tía Lily le dijo que podía pedir uno. Solo sopló, se alejó del humo de las velas y se dejó abrazar por el abrazo de boa constrictor de Harry, luego de él Tom tenía una fila enorme de personas que querían darle abrazos.
Gracias a Merlin ninguno de los Weasley menores estaba formado para ello, Tom estaba feliz, mucho, pero eso no significaba que los engendros de los generosos y amables Arthur y Molly le gustaran.
Minutos después, el ruido de fuegos artificiales los hizo correr afuera a observar el cielo.
-Feliz cumpleaños, Tom. A partir de ahora estaremos juntos para cada cumpleaños, ese es mi primer regalo de cumpleaños para ti.
Tom le sonrió a Harry, mientras los demás miraban fuegos artificiales.
-Prefiero que estemos juntos para siempre, a que estemos juntos solo en los cumpleaños. - Harry le rodó los ojos con cariño.
-Pues claro que si tonto, iremos a la misma escuela, luego a la universidad y después viviremos juntos, como hizo papá al graduarse de la escuela, vivió con sus amigos un tiempo. - Tom asintió de acuerdo.
-Ooooh, no te parece romántico, Fred?
-Estoy llorando aquí, George, tú nunca me has dicho esas cosas y compartimos matriz.
Tom miró a los gemelos inmiscuirse con fastidio.
-Por qué no van a molestar a otro lado, eh? O a averiguar diez rasgos físicos que los hagan iguales a la asquerosa rata de Percy?
Los gemelos se tocaron el pecho con las manos, fingiendo estar ofendidos.
-Has escuchado, Gred?
-Lo escucho pero no lo creo, Forge.
Tom pensó que era imposible ser tan idiota, hasta que conoció a los gemelos.
-Oh! - Harry jadeó con asombro al ver los rasgos de los gemelos cambiar, Harry lo vió solo por unos pocos segundos antes de sonreír. - Creo que yo puedo ayudarlos en eso. Definitivamente uno de ustedes tiene sus ojos y su nariz, es George o es Fred? No lo sé, no puedo diferenciarlos, ¿tú puedes Tom?
Tom acarició su barbilla, fingiendo pensar mientras los gemelos los miraban confundidos. - Nada aquí, Harry. Aunque el otro definitivamente tiene esas orejas picadas y sucias y.. Ugh, ese problema con la caída del cabello.
Los gemelos finalmente se dieron cuenta de lo que pasaba al verse mutuamente, ambos chillaron al instante y miraron a Tom con sorpresa.
Harry no pudo evitar reírse, aunque el aspecto de los gemelos era más asqueroso que gracioso, aunque para él también tenía su gracia. Así aprenderían a no ser unos idiotas fisgones o quizá siguieran siéndolo, siempre y cuando no los molestaran.
-Por Merlín! Fred! George! De nuevo están jugando con los libros de transformaciones de sus hermanos?! - La señora Molly llegó como si tuviera una sirena de emergencia sonando en su cabeza cada que a uno de sus hijos le ocurría algo.
Tom se tensó, no quería molestar a la señora Molly, ya le caía mejor y no quería manchar su reputación por un poco de venganza completamente merecida.
Ambos chicos solo los miraron con los ojos entrecerrados y se dejaron llevar por su madre, quién obligó a todos a irse antes para poder llevar a los gemelos a San Mungo porque, quién sabía qué hechizos habían estado usando ahora esos dos? Sea como fuera, Tom se deshizo de esos tontos, aunque sintió algo de gratitud y respeto por el silencio de ambos.
-Recuerdame nunca hacerte enojar.
-¿Qué crees que te quedaría mejor? Unos cuernos de venado o unos bigotes de bagre? - Bromeó. Harry lo miró con ojos entrecerrados.
-Ni siquiera lo pienses, Riddle, ni ahora ni nunca.
Ninguno de los dos se marchó del jardín por un rato, aun querían ver los fuegos artificiales. Aunque Tom podía sentir las miradas de los Potter y Evans sobre ellos, quizá preguntándose si el accidente de los gemelos había sido obra de los hermanos.
Harry lo arrastró arriba una vez que entraron a la casa por el frío, en el piso inferior solo quedaban los abuelos de Harry, el señor Remus, su madre y sus tíos. Su amigo había anunciado que iba a darle su regalo y que era super privado, todos los adultos habían sonreído, aunque Tom vió que su madre parecía algo incómoda. Quizá ya quería irse a dormir.
-Vamos Tom! - Harry lo jalonear por las escaleras con una sonrisa que era difícil no imitar.
Tom se sentía en casa corriendo por los pasillos de Potter Manor, lo extrañaba cada día, aunque le gustaba el pequeño departamento en Knockturn. Tom se había convertido en otra persona entre esas paredes, había encontrado el amor por primera vez allí. Esa casa siempre sería importante para él, como lo eran los Potter, como lo era Harry. Quién lo arrastró a su habitación y cerró la puerta.
-Y bien? ¿Qué se siente tener diez años?
Tom se encogió de hombros. - Lo mismo que tener nueve, supongo.
Harry se agachó y sacó algo de debajo de su cama. Tom lo miró sintiendo su estómago retorcerse de emoción.
-Bueno.. Pensé mucho en qué regalo podría ser el mejor, sé que has tenido cosas excelentes, así que decidí darte algo que te ayude a dormir mejor, así no me extrañarás tanto. - Harry le tendió la bolsa de regalo y Tom la tomó, abriéndola y descubriendo un peluche.
No pudo evitar sonreír, Harry y su obsesión por los peluches era algo que lo divertía.
Dentro había un búho de unos treinta centimetros, marrón y de plumas atigradas con motas blancas y ojos amarillos. Tom lo tomó en sus brazos y sintió.. Algo.
-¿Lo sientes?
Asintió. - ¿Qué es?
-Es mi esencia mágica, es solo un poco, porque aun soy muy pequeño, pero en el futuro podré poner más en él. - Tom no lo entendía. - Es como si tuvieras un pedazo de mi dentro del búho, así cuando vayas a dormir podrás sentir que estamos juntos y cuando me extrañes solo tendrás que abrazarlo. Además.. - Harry presionó el pecho del búho y la voz de su amigo se dejó escuchar, era una frase corta: Buenas noches Tom, te quiero. Pero era suficiente para poner sus ojos húmedos.
Tom miró al búho y luego a Harry y se arrojó sobre su amigo en un abrazo apretado.
-Gracias Harry, es el mejor regalo que me han dado.
-Me alegra que te guste.
Tom tuvo una idea. - Yo.. ¿Puedo hacer lo mismo con uno de tus peluches?
Harry se separó del abrazo y asintió frenéticamente.
-Sería genial, le diré a mamá que nos ayude a hacerlo, ella me ayudó con el mio.
Tom sintió su boca moverse involuntariamente en un bostezo. Harry le sonrió con dulzura.
-Vamos a dormir, no sé tú pero estoy cansado.
-Yo también, cambiar el aspecto de esos dos me dejó agotado. - Harry se echó a reír.
-Eres increible, serás el mejor estudiante de transformaciones, el mejor de Hogwarts! - Tom sintió su pecho hincharse de orgullo. - Y yo seré el mejor amigo del mejor estudiante de Hogwarts y me ayudarás con mis tareas, por supuesto.
Tom le rodó los ojos. -No te haré las tareas, Potter.
Harry hizo un puchero. - Eso dices ahora. Por cierto.. ¿Cómo vas a llamar a tu búho?
Harry y su obsesión por ponerle nombre a sus peluches. - No lo sé, quizá le ponga little Harry.
Harry lo consideró un tiempo. - Bueno.. Rechazar el nombre sería ofenderme a mí mismo así que.. Little Harry será.
Tom no pudo evitar sentirse un poco horrorizado.
-Qué? Tú propusiste el nombre, no me mires así.
-No pensé que te lo tomaras en serio.
-También puedes nombrarlo como tu verdadero amor.. Ginny. - Harry levantó ambas cejas con coquetería.
-Voy a ponerte esos bigotes. - Lo amenazó, señalando con un dedo y haciendo movimientos de varita, Harry tapó su rostro con nerviosismo. Tom se echó a reír.
-Se quedará como Little Harry. - Porque si Tom tenía un verdadero amor ese era Harry, su primer y único mejor amigo, quién no le tenía miedo, lo entendía y defendía de quién fuera. Además, una parte de su esencia estaba en ese búho, era justo que tuviera su nombre.
-Bien, ahora vamos a dormir.
Tom se cambió a una pijama propia que guardaba en su antigua habitación y volvió a la de Harry, no sin antes ver a su madre en el pasillo de camino a un cuarto para dormir.
-Buenas noches, mamá.
-Tom.. ¿Dormirás con Harry hoy? - Su madre se veía cansada, con ojeras y el cabello algo abultado por el frío de la noche.
-Sí. No te molesta, ¿verdad?
Su madre sonrió algo cansada. -No, no, claro que no. Es solo.. No pudimos pasar mucho tiempo juntos desde que llegamos.
Tom se sintió culpable, su madre tenía razón, había estado tan emocionado por ver a Harry, su cumpleaños, los regalos, ver a sus tíos, que se había olvidado de su madre.
-Lo siento, me emocioné mucho con la fiesta y me entretuve con Harry.
-Está bien, quizá mañana podamos ir de paseo con la tía Becca.
Tom asintió de inmediato. - ¡Estaría genial! ¿Podemos llevar a Harry?
Su madre sonrió, aunque Tom la veía cansada, algo extraña.
-Claro, cariño. Solo si sus padres aceptan.
Tom sonrió. - Bien. - Le dió un abrazo de despedida y corrió de regreso a la habitación de Harry.
Su amigo ya estaba bajo las sábanas, acurrucado en el lado izquierdo, como siempre. Tom se unió del otro lado y de inmediato Harry se pegó a él como una goma de mascar, abrazándolo.
-Buenas noches Tom. Te quiero. - susurró con los ojos cerrados. Tom podía estar cien por ciento seguro de que se escuchaba mucho mejor al escucharlo directamente de Harry y que definitivamente sus brazos se sentían mucho mejor que el calor reconfortante del pequeño Harry. Pero no iba a quejarse de su regalo, era genial, simplemente nada podría reemplazar a Harry.
Merope dió vueltas en la opulenta habitación de los Potter, se sentía como un perro rabioso, con ganas de rasgar las perfectas paredes, romper los cristales de las ventanas y desordenar la cama. La noche había sido una tortura, sentada y olvidada en una silla mientras todos charlaban y bebían, incluyendola solo cuando la recordaban, lo cual no había sido mucho rato.
Molly Weasley lo había intentado, hablando sobre sus hijos y lo difícil que era la maternidad teniendo tantos hijos, ella no podía entenderlo, no sabía cómo ser una madre para Tom, se suponía que las madres eran la persona favorita de sus hijos, su refugio, como los niños pelirrojos buscaban a Molly cuando estaban aburridos o con dolor de estómago. Tom no la buscaría, resolvería sus asuntos por sí solo o se vería arrastrado por Harry hacía las manos de sus increíbles tíos, ahora padrinos.
Le había comprado libros, un librero costoso, lo había llevado de paseo y aun así no era suficiente para recibir ese amor, no era suficiente para que Tom se abriera a ella de la manera en que lo hacía con los Potter.
Ni siquiera se había preocupado por su presencia durante la fiesta.
Merope sintió como las lágrimas caían calientes por sus mejillas mientras la noche nevada se hacía cada vez más oscura. Quería marcharse de esa casa y no volver jamás, se sentía atrapada, sin saber qué más hacer, desesperada por ser perfecta, por ser como los Potter, sin problemas de la cabeza, con suficiente dinero en el banco, con carisma y una sonrisa bonita, Su jefe siempre decía que espantaría a un dementor solo con su cara.
Y ahora invitaba a aquel mocoso, metiéndolo aun más en su vida, sin darle la oportunidad de pasar un rato a solas y demostrarle que ella también podía ser como los Potter.
Los meses pasaron, llegó Enero de nuevo y Tom se divertía con Harry en la escuela, espantando a los gemelos y tendiéndoles trampas, Tom era el cerebro y Harry era el secuaz que plantaba las trampas que armaban. También les ayudó a aprender cosas como poner escudos mágicos, porque definitivamente los gemelos prestaban una resistencia entretenida, de hecho su relación de alguna forma había evolucionado de enemigos a nemesis, los gemelos le agradaban porque parecían no tener un foco específico para burlarse, no eran matones exactamente, solo les gustaba hacer bromas y experimentar, pero también podían ser protectores y, lo más importante, no eran unos bocones que acusaban a Harry y él cada que les hacían algo, a diferencia de sus hermanos menores. Era un buen entretenimiento y también le dió al libro que la tía Becca le había regalado un buen uso.
Resultó que Harry era bueno en defensa, aunque sólo podían practicar los hechizos con la varita del señor Weasley, quién era mucho más permisivo que la señora Weasley y les dejaba jugar siempre y cuando lo ayudaran a aprender más de los cachivaches muggle que conseguía en el trabajo.
También estaba enseñándole magia sin varita a Harry, después de que le había insistido a Tom solo un poquito. Hasta el momento solo había aprendido a hacer un lumos muy tenue, pero Tom había aprendido a usar su magia sin varita por necesidad, miedo y básicamente para sobrevivir y no estaba poniendo a Harry en situaciones de riesgo para probar si era capaz de mejorar sus habilidades.
Sus días se volvieron rutinarios, cómodos y sin nada que agregar, Tom lo amaba.
Mark decía que estaba bien y sus reuniones se sentían menos tensas, era como ir a charlar con un buen amigo, aunque Mark todavía tenía el don de hacer preguntas que le explotaban la cabeza, pero Tom lo manejaba mejor. La vida lejos de los Potter no resultó ser una tragedia, veía a Harry todos los días, excepto algunos fines de semana y sus padrinos siempre lo saludaban por la mañana, le enviaban cartas o lo invitaban a su casa, comenzó a perder el miedo de ser abandonado por ellos, de no ser querido.
Los meses continuaron pasando más rápido de lo que le habría gustado y estaba dandole un buen uso a su kit de escritura y su tinta de colores.
Querido mejor amigo Tom,
Papá va a llevarme a un juego de Quidditch que hará su escuadrón del trabajo este viernes, ¿quieres venir?
Atentamente, el mejor futuro zoomago de todos los tiempos.
Querido mejor amigo Harry,
Nada mejor que pasar un montón de tiempo viendo personas arriesgar su vida encima de una escoba que milagrosamente logra sostener todo su peso. Seguro, ¿por qué no?
Atentamente, el mejor amigo del mejor futuro zoomago de todos los tiempos.
Querido mejor amigo Tom,
Suenas como un viejo de 135 años, no entiendo como el Quidditch no puede gustarte. Tendrás que comenzar a practicar para cuando debas gritar mi nombre desde las gradas cuando forme parte del equipo en Hogwarts.
Atentamente, un muy frustrado futuro zoomago.
Querido mejor amigo Harry,
Todo lo contrario, estoy cuidando mis cuerdas vocales desde ahora para poder gritar más fuerte que cualquiera. Y no soy un viejo de 135 años.
Atentamente, un muy atento mejor amigo de futuro zoomago.
Querido súper mejor amigo Tom,
Wow, que buen mejor amigo tengo. De acuerdo viejito, ¿nos vemos el viernes a las cinco? Iremos a buscarte a tu casa.
Atentamente, futuro asistente de Newt Scamander.
Querido mejor amigo Harry,
De acuerdo, le diré a mamá.
Por cierto.. Newt Scamander no tiene como 80 años? Crees que aun le guste viajar?
Atentamente, mejor amigo del futuro asistente de Newt Scamander.
Querido mejor amigo Tom,
Seré su asistente, puedo viajar por el mundo contigo e informarle de todo lo que vea.
Atentamente, ya no se me ocurre qué poner aquí.
Querido mejor amigo Harry,
Es una mejor idea. Aunque si es un trabajo tendrás que pagarme bien.
Atentamente, gracias a Merlín que ya no tienes ideas, yo tampoco.
-Oye Tom! ¡Ven aquí! - Su madre lo llamó y Tom salió rápido de su habitación para verla. - Qué te parece si tú y yo salimos mañana a dar un paseo? Hace mucho que no pasamos un día juntos.
Tom asintió de acuerdo, muchas cosas estaban pasando, la escuela, las lecciones de pociones que su tía Lily se ofreció de continuar apenas el año comenzó, sus sesiones con Mark.. Aunque ahora solo lo veía una vez a la semana. Estaba ocupado entre tareas y libros.
-Sería genial! ¿A dónde iremos?
-Bueno.. Estaba pensando que podríamos ir a un santuario muggle de reptiles, tienen serpientes de muchos tipos y podríamos hablar con ellas. - Su madre parecía entusiasmada.
Tom pensó en Harry de inmediato, ¡a él le encantaría ir allí! Abrió la boca para preguntar y su madre levantó la mano.
-No, sin Harry. Quiero tener una tarde contigo, en donde podamos hablar solo nosotros. - Su madre usó un tono firme, como el que usaba la tía Lily para reprender.
Tom asintió algo desanimado, aunque siempre podía ir de nuevo y llevar a Harry, sí, podía hacer eso. - Pero dijiste que no te gustaba hablar más en pársel.
Su madre suspiró. - Bueno.. Creo que es momento de superarlo, ¿no crees? Todo es diferente ahora y estamos bien, la lengua pársel no es mala.
Tom se sintió muy orgulloso de su madre, aunque se miraba algo nerviosa al hablar.
-Es cierto, además estaremos juntos, no hay porqué asustarse, yo te voy a cuidar.
Su madre se echó a reír y acarició su rostro, a Tom le gustaba su tacto suave en sus mejillas, su olor a avena, húmedo y viejo, aunque era un olor particular y no muy agradable.
-No necesitas cuidarme, yo puedo cuidarme perfectamente y a ti también.
Tom asintió y la abrazó, entusiasmado por la idea de salir a ver serpientes, hablar con ellas y pasar el día con su madre. Quizá podría pedirle su cámara a la tía Becca y tomar fotos para Harry, así podría mostrarles cuando lo viera.
Tom caminó de la mano con su madre, había muchas personas en el lugar, lo que hacía muy difícil escuchar a las serpientes e incluso a su madre.
-Hacen mucho ruido, no puedo escucharla. - Tom le lamentó apoyado en el cristal de una cobra real o como Harry le llamaría: ophiophagus hannah. Era extremadamente hermosa y grande.
-No pensé que habría tantas personas. - Su madre acarició su cabello, Tom se dió cuenta de que se veía triste.
-No importa, aun podemos verlas y leer los carteles. Aunque yo sé bastante de serpientes- Tom hinchó el pecho, sintiéndose muy orgulloso por todo lo que había aprendido con las lecturas obsesivas de Harry sobre las serpientes. - Esta es una ophiophagus hannah, es su nombre científico, aunque la llaman cobra real y es la serpiente venenosa más grande que existe, puede llegar a medir hasta seis metros y medio!
-Cualquiera podría saberlo! Lo leíste en el cartel! - Un niño con el rostro manchado de helado de chocolate lo interrumpió, también estaba junto al tanque, viendo a la cobra que se miraba molesta por tanto ruido, siseando agresivamente cuando alguien se ponía muy insistente frente al vidrio. - ¡Ves! - Señaló el cartel con su mano llena de helado derretido, a Tom le dió asco y le hizo pensar en cuántas personas tocarían a diario el cristal y el cartel, con las manos sucias, además. - Eres un mentiroso, no sabes nada de serpientes.
Tom se cruzó de brazos. - No soy un mentiroso y si lo fuera ese no es tu asunto.
El niño se burló y adoptó una pose de suficiencia que Tom detestó de inmediato. - A ver, dime algo que no salga en el cartel. - El niño tapó el cartel con su cuerpo.
Tom rodó los ojos. - Vámonos mamá, creo que tienen boas también, quisiera verlas. - Trató de tomar a su madre de la mano cuando el niño lo tironeó del brazo.
-Eh! A dónde vas?! Estaba hablando contigo! - Tom lo miró deseando ponerle una cola de cerdo, ahora que lo pensaba, se parecía algo a Dudley. Un Dudley de zoológico, era francamente aterrador.
-Pues yo no, deja de molestarme.
El chico abrió la boca para decir algo más cuando su madre se agachó hasta quedar a su nivel, el niño se asustó y pegó un salto hacia atrás.
-Escucha mocoso insoportable, mi hijo no es ningún mentiroso, es mucho más inteligente que tú y todos tus amiguitos, por qué no vas a limpiarte el rostro y lo dejas en paz antes de que me hagas enojar?
El niño la miró de arriba a abajo con petulancia. - Esta es tu madre? Vaya si es fea, de dónde has salido tú? - El niño lo miró con gran detalle. - De seguro eres adoptado, ¿a que si?
Tom no lo soportó más y pocos segundos después el vidrio de la exhibición de la cobra desapareció y la serpiente siseó emocionada mientras todos corrían.
-Hola, podrías darle un buen susto por mi? Si lo haces te llevaré lejos de este lugar espantoso.- Tom negoció con la serpiente, quién asintió y abrió sus fauces para sisearle al niño odioso.
-Largo de aquí! ¡Cría insoportable y sucia!- Tom no pudo evitar reír al escuchar su insulto.
El niño salió corriendo y su madre se arrodilló para hablar con la serpiente.
-Debo guardarla en mi abrigo para irnos, le agradecería si no me mordiera.
-Otra habladora! Que interesante, de acuerdo, pero si me lastimas solo un poco voy a hundir mis dientes en ti de inmediato.
Su madre asintió y la tomó, guardándola en su abrigo y tomando su mano con velocidad, caminando lejos del lugar aprovechando que todos gritaban y corrían. Tom sintió que sus mejillas explotarían de alegría.
-Tendremos que irnos de aquí pronto, quizá alguien nos vió tomarla. Lo siento.
Tom negó. - Está bien, creo que no me agrada verlas encerradas, además, me he divertido mucho.
Su madre lo vió con una sonrisa que hizo brillar sus ojos. - Si?
-Sí! Nunca había robado una serpiente para después liberarla. - Tom escondió la cola de la cobra que se balanceaba fuera del abrigo de su madre y caminó lejos del lugar hasta que pudieron llegar a un rincón y, aunque su madre lo odiaba, aparecerse.
-A ver si entiendo.. Lo llevaste a ver serpientes, se toparon con un mocoso insoportable al que amenazaste, Tom desapareció el cristal, liberó a la serpiente y luego tú le dejaste robarla para luego traerla a casa. - Becca enumeró cada situación con sus dedos, mientras Merope la veía desde su sofá, asintiendo.
-Así es.
-No se puede usar magia frente a los muggles. - señaló como si fuera tonta.
-Fue magia accidental, Tom se enojó.
Becca se cruzó de brazos, sin creerle. - Dudo mucho que Tom, quién hace más magia que nosotras juntas sin una varita, haya desaparecido un cristal solo porque un niño le molestó. Lo ha hecho a propósito.
Merope se encogió de hombros. - No fue algo tan grave, la serpiente no mordió a nadie y ese niño lo insultó muy horriblemente.
-Eres su madre, Mer. No puedes solo obviar el que Tom haga esas cosas.
-Fue solo una travesura, por qué haces un drama de eso?
-¿Un drama? ¿Qué si alguien los ve? ¿Qué pensaría el ministerio si te ve permitir esas conductas en Tom?
-Hablas de él como si fuera un delincuente.
-Tom no es un delincuente, pero es un niño que aun confunde lo que está bien y mal. Tú debes enseñarle que, por más que esté molesto con las personas no puede desaparecer vidrios, ordenarle a las serpientes asustar niños y luego robar.
Merope vió a su amiga enojada, quién se creía ella para juzgarla? - ¿Quién crees que eres para dar opiniones sobre Tom? Eres una estafadora, una mentirosa y manipuladora, además de una ladrona experta.
Becca sonrió sin nada de gracia y la vió con un brillo enfadado en sus ojos, acercándose a ella hasta que Merope se sintió encerrada.
-Y tú dónde quedas? Eres mentirosa, manipuladora y una estafadora también. Le mientes a tu hijo todos los días vendiéndole esta fachada de mamá perfecta cuando cada día debes planear todo lo que dices y haces para no cagarla y para dormir debes drogarte con pociones y.. Hablando de pociones, recuerdo una muy en particular que tú misma preparaste por motivos egoístas. - Merope miró la habitación de Tom con miedo, Becca no estaba siendo silenciosa en absoluto. - Además, ¿qué derecho tengo? Creo que el suficiente, después de todo, yo también soy la madre de Tom, ¿lo olvidas? - Arrojó aquel comentario como una flecha prendida en fuego. Merope tembló de rabia.
-Tú no eres su madre.
-Oh, supéralo, Mer. - Becca manoteó el aire con altanería- Cada persona a tu alrededor tiene un pedacito de Tom para sí mismo, así es como funciona cuando otros te aman. Tú no lo entiendes, por supuesto, pero es un hecho.
-Por qué estás siendo una perra conmigo?!
Becca se acercó aun más y la empujó contra la pared de la cocina con rabia.
-Porque si la cagas y se llevan a Tom por tu incompetencia, te haré responsable el resto de tu vida. Como dije antes.. Todos quieren un pedacito de Tom y yo no soy la excepción. Tu hijo es increíble, listo y un caballero y yo no voy a permitir que arruines a ese niño con tu mierda e inmadurez. Hoy es un incidente en un zoológico muggle, mañana podría ser algo peor. - Becca gruñía con los dientes apretados mientras clavaba un dedo directo en su esternón. Merope tembló bajo su mirada amenazante. - Quieres impresionar a tu hijo? ¿Quieres que le guste pasar el rato contigo? No tienes que jugar a la mamá cool y permisiva con él, la que le compra todo lo que quiere y piensa que todo él es asombroso, debes educarlo y hacerle entender que está mal arrojarle una serpiente a otro niño y robársela.
-Y como es que tú sabes tanto sobre como ser una madre ahora? - Merope aun estaba molesta y no se dejaría intimidar aun cuando Becca le daba miedo.
-He estado yendo a las sesiones con Mark que tú rechazas, he aprendido muchas cosas. - Becca se alejó y vió la pecera gigante con la serpiente dentro. - ¿Qué esperas que haga con ella?
-Tom dijo que iba a liberarla, pensé que podrías ayudar con eso.
Becca se rió. - Conozco algunas personas que me pagarían bien por ella.
-¡No puedes venderla para que la maten! - Becca rodó los ojos.
-Bien, hablaré con algún amigo que vaya a hacer un viaje a áfrica o la India o donde sea que viva esa cosa.
-Es una cobra real.
-Ajá, como sea.
Becca tomó a la serpiente y se fue, Merope fue a su cuarto y lloró, su día perfecto se había ido a la mierda sin siquiera poder disfrutarlo demasiado.
Querido mejor amigo,
¡No puedo creer que liberaras a una cobra real sin mi! No sabía que había una exhibición de reptiles en Londres, tenían dragones de komodo?A
tentamente, un experto en serpientes muy indignado por no ser invitado.
Querido mejor amigo Harry,
No era mi plan liberarla, desaparecí el cristal para asustar a un chico que me estaba molestando, un Dudley de zoológico, bastante horroroso. No pude ver mucho más después de lo que pasó, podemos ir de nuevo con tus padres, ¿te parece?
Atentamente, un experto parseltongue que pronto invitará a su mejor amigo.
Querido mejor amigo Tom,
No me imagino a alguien más odioso que Dudley, pero si era como él entiendo porqué lo hiciste, tienes suerte de no haber estado mamá allí o aun estarías castigado. Podemos ir de nuevo juntos y recorrerlo completo.
Espero atentamente tu invitación.
Posdata: te diste cuenta del cambio que hice?
Querido mejor amigo Harry,
Lo sé, ya hablé con Mark sobre ello, dice que no estuvo bien lo que hice y que debo controlar mejor mis emociones, después de todo fue peligroso para mi y los demás. La tía Becca está de acuerdo, aunque mamá ha dicho que no fue tan malo. No me castigó, aunque la tía Becca ha hecho algo parecido, no me deja ver a Leviatán segundo.
He visto tus cambios, me agrada, aunque aun quiero usar pseudónimos, es divertido.
Atentamente, un afortunado pero arrepentido parseltongue.
Querido mejor amigo Tom,
No imagino lo que nos dirían de enterarse de lo que le hemos hecho a los gemelos.
Y qué demonios es un pseudónimo?
Atentamente, un confundido experto en serpientes.
Tom se echó a reír ante la última carta de Harry.
Los meses pasaron y pronto otro cumpleaños llegó, Harry tenía diez años ahora y como un mago con una década de antigüedad Harry decidió que debía ser más maduro, hablar como un viejo o, en sus palabras, como él y prepararse para Hogwarts. Tom se burló de él por semanas, a diferencia de Harry no estaba desesperado por verse mayor, le gustaba ser un niño y no tener que preocuparse por comida, ropa, dinero o seguridad. Aunque la idea de madurez de Harry era limpiar su cuarto sin ayuda y encerrarse a leer libros en la biblioteca para ser más inteligente.
Harry se rindió un mes después.
Bitácora de la vida de Harry Potter,
Querido Tom, me he dado cuenta de que madurar es aburrido y cuesta mucho trabajo, decidí que prefiero seguir siendo un niño antes que pasar otro minuto en la biblioteca.
También había desarrollado un nuevo hábito de escribir sus cartas como si fueran la entrada de un diario de campo, a Tom le hacía reír todo el tiempo porque muchas veces no tenían ningún sentido.
Querido Harry,
Ya que no eres más un adulto en ciernes te gustaría planificar nuestro próximo golpe a nuestro dúo no tan favorito?
Bitácora de la vida de Harry Potter,
Tom Riddle no te soporto, ¿qué demonios significa "ciernes"?
Pero está bien, podemos hablar de ello mañana, Nero no quiere salir más por la noche.
Halloween llegó y los padres de Harry les hicieron disfraces geniales y los llevaron a pedir dulces en el mundo muggle, a pesar de que el 31 de Octubre no se celebraba igual en el mundo mágico. Pero Tom amó ir por allí disfrazados de momias y todo el chocolate que obtuvo, además de sentarse con Harry a contabilizar su botín e intercambiar dulces entre ellos.
-Ow! Ustedes dos se ven adorables! - Su tía Becca insistió en acompañarlo y tomó fotografías de ambos como loca. La tía Lily se echó a reír, al parecer se llevaban bien y eso le gustó a Tom, su madre no había podido ir con él, aunque estaba bien, no parecía estar cómoda con muchas personas, Tom no la juzgaba, él mismo no había sido bueno con las personas y todavía no era ningún experto.
-Tienes que pasarme esas fotografías, Becca.
-Por supuesto, haré copias al terminar la noche y te las daré. Ahora, ustedes dos, quiero ver las poses más aterradoras que tengan.
Harry estaba amando hacer poses gruñendo para la cámara, él no se sentía tan cómodo pero el entusiasmo de Harry era contagioso y se encontró imitando sus posturas y riendo.
Fue su mejor Halloween, quizá lo superarían el próximo año.
Diciembre llegó de nuevo, pasó navidad y su cumpleaños.
Harry le regaló libretas mágicas que estaban conectadas para escribir y enseñar el mensaje en la otra, cosa muy útil para conversar sin que Nero los picotease, molesto por ir de un lado a otro casi cada día. Sus tíos le compraron un caldero de cobre para hacer pociones en casa, para que Tom pudiera practicar, además de un maletín que se convertía en un cuarto de pociones en donde podía estar y tenía fuertes hechizos de protección que lo arrojarían fuera del maletín si corría riesgo. Su madre le dió un libro de historia sobre vampiros, su nueva afición y su tía Becca le regaló una libreta que gritaba las cosas que escribía, se suponía que era para recordar cosas, aunque ellos lo usaban para dejarse mensajes vergonzosos y que la cosa los gritase a los cuatro vientos. Los abuelos de Harry le regalaron ropa y los Weasley le dieron un suéter Weasley azul marino, Harry recibió uno verde, además de un puzzle cuyas fichas nunca se quedaban quietas en su lugar, aun cuando Tom estaba casi por terminar, era algo frustrante de armar.
Y así como así, Tom cumplió once años, aunque no iría a Hogwarts hasta el próximo año por cumplir en Diciembre, aunque no se quejó, así podría ir en el mismo año que Harry.
También cumplió su primer año en su nuevo hogar, las cosas aun no eran perfectas, su relación con su madre era buena pero Harry seguía manteniéndose a distancia de ella, pero nunca le dijo a Tom porqué no terminaba de agradarle, sabía que le gustaba más la tía Becca, aunque no confiaba en ella del todo. No quiso forzarlo, las cosas estaban bien y, como Mark había dicho, no podía esperar reconstruir la relación con su madre en tan poco tiempo, no después de ocho años de situaciones. Aun así, todo estaba bien.
Harry sabía que algo estaba mal con sus padres, ser empático le permitía darse cuenta de muchas cosas y sus padres no podían ocluir todo el tiempo en casa, Mark le había enseñado que la magia mental era agotadora y usarla constantemente era contraproducente, así que Harry espiaba sus emociones de vez en cuando, como lo hacía con todos, algunas veces para practicar, otras para vigilar, como hacía con la madre de Tom y Becca.
Los notaba nerviosos, tristes, ansiosos y aquellas emociones siempre aparecían cuando él estaba cerca, la tristeza aumentaba cuando Tom iba a casa de visita.
Él mismo estaba nervioso, no sabía porqué sus padres se sentían de esa forma y quería saber qué le ocultaban.
Una tarde sus padres lo retuvieron durante el almuerzo, era sábado y no habían dejado que Tom fuera, lo cual era raro, pero su amigo ya sabía que sus tíos estaban raros y pensó que quizá le dirían a Harry que estaba pasando. Ya después Harry se encargaría de decirle.
-Cariño, quisiéramos hablar contigo sobre algo. - Su madre juntó sus manos sobre la mesa y sintió sus nervios aumentar.
-Qué pasa, mamá? - Sus padres se miraron antes de suspirar.
-Harry, tu madre ha ganado un premio muy importante por una poción nueva que creó hace dos años, la recuerdas? - él asintió.
-Y si ganaste un premio ¿por qué no estás feliz? - Le preguntó a su madre.
Su madre parecía no recordar su don, porque se sorprendió un poco. - Estoy feliz- Ella sonrió. Harry pudo sentir el sentimiento y también sonrió.
-Bien, te felicito mamá. Eso es todo? Por eso estaban tan nerviosos? - Los adultos eran extraños, Harry cada día se convencía más de ello.
Ambos negaron. -No, hay algo más cariño, verás.. Este premio es muy importante, recuerdas que te hablé de que mi sueño era ganar el caldero de oro y estudiar con los Flamel en París?- Harry asintió. - Bueno.. Los Flamel me han enviado una oferta para estudiar con ellos y formar parte de su negocio al graduarme.
Harry se emocionó. - ¡Wow! ¡Eso es genial mamá!
Ella se echó a reír, aunque fue muy corto, su padre solo sonrió aunque fue más una mueca.
-Pero tendrás que viajar a París todos los días, ¿no? Y aprender francés! Podemos buscar un elfo doméstico para ayudarte, sé que no te gusta, pero lo trataré bien y..
Su madre lo interrumpió tomando su mano.
-No, Harry.. Voy a ir a París, a vivir, iremos todos.
Harry apartó sus manos de ella de inmediato. Su madre destiló tristeza y culpa.
-No quiero ir a París, por qué debemos mudarnos? Puedes ir usando un traslador. - No lo entendía, acaso sus padres no eran listos?
-Es muy costoso pagar un traslador todos los días, además de agotador. Mis clases no serán con horarios fijos y deberé ir a varias partes de Francia. - Su madre explicó con calma. Su padre no decía nada.
Harry sintió que lo bañaban con agua caliente de píes a cabeza. - No quiero ir a París, me gusta Inglaterra y.. Y Tom.. No podemos dejar a Tom. - Su voz tembló. - Además, yo iré a Hogwarts, no tiene sentido que me mude a París, puedo vivir con el tío Sirius o con los abuelos.
-No puedes irte a vivir lejos de nosotros Harry, somos tus padres. Y.. El premio ha venido con otras cosas, te han dado una beca en Beauxbatons. - Harry sintió que sus oídos zumbaban.
-Beauxbatons?!- Gritó mientras se levantaba de su asiento. - No quiero estudiar allí, Tom y yo iremos a Hogwarts!
Su madre parecía a punto de llorar.
-Lo sé cariño, pero es una gran oportunidad para ti y estarás más cerca de nosotros..
-No! ¡No me voy a ir a París! - Les gritó- ¡Cómo se atreven?! Primero dejan que a Tom se la lleve esa bruja mentirosa y ahora quieren abandonarlo aquí, somos su familia!- Harry lloró, se sentía desesperado, con ganas de tomar ese estúpido premio y quemarlo, hacer que dejase de existir. Sentía que no podía respirar bien, sus ojos estaban empañados de lágrimas. -No podemos dejarlo con ella- Lloró.
¿Qué sería de Tom sin él? Tom no tenía más amigos, no era bueno haciéndolos, Tom lo necesitaba y él necesitaba a Tom. Iban a ir a Hogwarts juntos y entrarían a la misma casa si era posible, irían a las mismas clases y Tom lo animaría en el Quidditch y molestarían a los gemelos juntos, Tom lo ayudaría con su tarea y se graduarían juntos. Debían estar juntos, Harry se lo prometió.
-Hijo, debes calmarte y entender, esta es una oportunidad única para tu madre.. Tenemos que apoyarla. - Su padre se acercó a él. Harry no podía creer lo crueles que eran.
-No me importa ese estúpido premio, desearía que nunca hubieras ganado nada! - le gritó a su madre, reuniendo todo el odio y tristeza que sentía y enviándoselo. Su madre jadeó y rompió a llorar. - Solo ha pasado un año y ustedes actúan como si estuviera bien irse y dejarlo, es parte de la familia! No podemos dejarlo atrás.
-Harry, Tom tiene su propia familia ahora, a pesar de ser parte de la nuestra, no podemos llevarlo a París con nosotros solo porque sí, no podemos separarlo de su madre.
Harry sintió que todos los secretos que había guardado se hacían añicos dentro de él. - ¡No pueden dejarlo con ella, ella es mala! ¡Nos odia! ¡No podemos dejarlo solo! - Sentía que la desesperación subía cada vez más- Por qué dejaron que se lo llevara?! - Les recriminó. - Estaba bien con nosotros, Tom dijo que nunca se iría con ella, lo prometió y de repente.. - Los hipidos le impidieron seguir hablando.
Su padre frotó sus brazos con cariño, Harry se retorció, no quería que lo tocaran.
-Hijo, respira, respira Harry. - él negó.
-Si me obligan a irme nunca los voy a perdonar, voy a odiarlos el resto de mi vida! ¡Lo juro!
-Harry James! - Su padre estaba preparándose para un regaño, pero su madre lo interrumpió.
Harry los odiaba, cómo podían obligarlo? No iba a ir a París, huiría, se llevaría a Tom y nunca los iban a encontrar.
Empujó a su padre, fuerte y se marchó a su habitación corriendo. Sin saber qué hacer.
Miró su libreta en la cama, no podía contarle aquello a Tom, se le rompería el corazón. Harry iba a solucionarlo, convencería a sus padres de no ir a París
Su madre entró más tarde a la habitación, con los ojos rojos y apestando a tristeza.
-Vete, no quiero hablar contigo. - le ordenó.
Su madre se sentó a los pies de su cama y Harry se volteó para no verla, cruzándose de brazos.
-Está bien si no quieres hablar, lo haré yo y espero que me escuches. - Harry quiso levantarse y salir corriendo de su cuarto para no hacerlo. - No estoy abandonando a Tom, Harry, no es mi intención hacerlo, como bien dices es parte de nuestra familia y lo amo como un hijo. - Harry bufó, ¡vaya amor! - Pero Tom tiene su lugar ahora, es feliz con su madre y no es el mismo Tom que conocimos hace dos años.. Él estará bien amor, siempre podemos ir a visitarlo o invitarlo a París y podrán hablar por correspondencia..
Harry volteó a verla. - Tú no lo conoces, Tom nos necesita, somos sus personas favoritas en el mundo, Tom te quiere más que a su madre y para ti es más importante Paris! - Harry sintió que sus lágrimas caían mientras hablaba.
-París no es más importante que ninguno de mis hijos, pero no puedo ir a su casa y separarlo de su madre Harry, aun cuando ella no te guste.
-Ella tampoco te gusta a ti, es mala mamá, lo he sentido. - Harry lloró, no podía dejarlo solo con ella, ella iba a lastimarlo, no iba a cuidarlo y amarlo como él, Tom era muy sentimental, aunque no lo pareciera, no se abriría a nadie más, iba a sentirse solo, qué si volvía a sentirse tan mal como al principio? ¿Quién iba a estar allí para él?
Su madre suspiró. - Ella ha pasado por muchas cosas Harry, pero está intentando cambiar por Tom y Tom la ama, no podemos separarlo de su madre y llevarlo a otro país.
-Entonces no nos obligues a irnos. - rogó.
Su madre suspiró. - Este es el sueño de mi vida Harry, lo que siempre he querido cariño- Su madre comenzó a llorar y Harry pudo sentir su dolor.- Es un gran sacrificio, pero nunca tendré esta oportunidad de nuevo.
Harry se sintió invadido por la ira. - Yo no abandonaría a Tom aunque Newt Scamander me pidiera ir al Congo con él. Eres egoísta, eres mala y te odio. - Harry lloró por sus palabras, porque sintió lo mucho que le dolió a su madre escucharlo, además de lo mucho que le dolió a él mismo decirle eso a su madre.
Su madre no dijo nada más, se levantó y dijo que hablarían después.
-No pienso volver a hablar contigo si me haces ir a esa estúpida escuela y mudarme a París.
Los días pasaron, Harry no estaba hablando con sus padres, iba solo por red flú a casa de los Weasley y lloraba cada noche. Sus padres trataban de convencerlo pero él era terco e inflexible. Le dolió ver que no parecían estar cambiando de opinión.
Harry escuchó como se lo contaron a sus abuelos, quienes parecían estar felices y los abrazaron, Harry los odió a ellos también. Nadie parecía recordar a Tom, a quién dejarían atrás y a nadie parecía importarle.
-Harry.. Vas a decirme que te pasa?
Harry odiaba a la madre de Tom, pero en ese momento estar en casa se sentía como estar en un campo de batalla, así que el jueves había tomado una mochila y se había marchado a casa de Tom, sus padres le habían dado un buen regaño por red flú, pero le dejaron quedarse después.
-No quiero contártelo. - Harry sintió el dolor de Tom, su amigo sabía que le ocultaba algo, pero era paciente y comprensivo y era justo lo que él necesitaba, porque todo lo que quería era llorar todo el tiempo.
-Por qué no?- Tom se arrimó hasta estar pegado a su cuerpo en la cama y lo miró directo a los ojos. Harry sintió que sus ojos se humedecían.
Harry no quería ser el que le dijera que sus padres estaban planeando irse a París y llevárselo con ellos, aun peor, obligarlo a ir a Beauxbatons.
-Porque es algo horrible y no quiero que te sientas mal.
-Ya me siento mal, has estado triste por dos semanas y no hablas con tus padres, además no estás durmiendo bien. - Harry sintió que su garganta dolía. Tom era su mejor amigo, quién mejor lo conocía, no podía estar solo en París, lo iba a extrañar demasiado.
-Mamá ganó un premio y le ofrecieron estudiar en París y quiere que todos nos mudemos- Soltó.
Tom se quedó petrificado, sus ojos se hicieron más grandes y dejó de respirar. Harry lo abrazó mientras lloraba.
-No voy a ir, no dejaré que me obliguen, no dejaré que nos separen.
Tom lo abrazó de vuelta, con mucha fuerza y no dijo nada, aunque Harry lo sentía temblar y su cuerpo estaba frío a pesar de los cobertores gruesos. Se obligó a calmarse, aunque le tomó bastante tiempo, para poder usar su don y calmarlo.
No podía decirle que también querían que se fuera a Beauxbatons, no esa noche.
El día siguiente llegó y Tom estaba abrazado a él fuertemente, a Harry no le molestó. Se ducharon para la escuela y Harry comió el desayuno que Becca había comprado en el caldero chorreante.
-Wow, ustedes tuvieron una pijamada loca anoche, eh?
Ninguno le respondió mientras comían o más bien, picoteaban.
-Será mejor que se coman todo, mocosos, esa comida cuesta dinero.
Harry miró a Tom, quién miraba la comida como si fuera pegamento. No podía dejar que Tom enfermara.
Tomó sus cubiertos y comenzó a comer, instando a su amigo a hacer lo mismo.
-Tom, Harry, ¿están listos? - La madre de Tom llegó a la escena y Harry se tensó, no pudo evitar el odio que sintió.
Tom se puso de pie y Harry lo siguió, saliendo por la puerta con su madre bien alejada de él.
Tom escuchó las palabras de Harry lejanas, como si tuviera los oídos tapados. No podía dejar de pensar en ello, preguntándose si sería verdad, no pudiendo respirar cuando aquello venía a su cabeza, Harry estaba demasiado alterado como para calmarlo.
Él no podía resistirlo más, así que el sábado, cuando llevaron a Harry a casa se quedó para hablar con sus tíos, Harry no le había dicho nada más y quizá había entendido mal, Tom quería aclarar las cosas, era poco probable que sus tíos se fueran y le dejaran allí.
Sus tíos le recibieron como siempre y Tom no pudo hablar hasta la tarde, usando de excusa sus lecciones de pociones. Estaban trabajando en pociones de tercer año.
-Tía Lily.. Quería preguntarte algo.
Su tía dejó los ingredientes en la mesa y lo vió con atención, Tom estudió su postura y se asustó un poco, ella parecía nerviosa.
-Claro cariño, puedes preguntarme lo que quieras.
-Harry me ha dicho que se mudarán a París, es verdad? - Tom no la dejó responder. -Creo que se ha confundido, pero ha estado muy triste y callado y yo solo quiero tranquilizarlo, no puede ser cierto que se van a París, no es verdad?
Su tía guardó silencio por unos segundos, suspiró y se sentó cerca de él. Tom sintió que su estómago se retorcía.
-Lo que te ha dicho Harry es cierto, cariño. Me han ofrecido una propuesta en París para trabajar y ser parte de un equipo de trabajo de Nicholas Flamel. - Tom sintió que su boca se puso seca y que el mundo se balanceaba. Su tía tenía un rostro lastimero, le recordó a todos esos adultos que le habían rechazado en Wools.
No pudo decir nada. - Sé que es una gran impresión para ti, tu tío y yo queríamos decírtelo juntos, pero no sabíamos cómo hacerlo, lamento que te hayas enterado de otra manera, me disculpo profundamente contigo, Tom.
-En serio van a irse? - Ella asintió.
-Pero.. Pronto comenzará Hogwarts. - Tom sentía su respiración alterada.
-Lo sé, no nos iremos tan pronto, vamos a acompañarte a comprar tus cosas para ir a la escuela.
-Solo a mi?
-Qué quieres decir?
-Hablaste de mis cosas, no mencionaste a Harry.
Su tía tenía un rostro extremadamente culpable.
-Harry no irá a Hogwarts, es mejor que esté cerca de nosotros en París.
Tom sintió que iba a vomitar, su visión estaba nublada. Hacía demasiado calor, su cabeza se sentía pesada, tenía ganas de llorar y salir corriendo.
-Tom.. Cariño respira, por favor.
Él no dijo nada mientras su tía se acuclillaba hasta quedar a su altura, no dijo nada cuando acarició su cabello y secó las lágrimas que caían de sus ojos.
No quería decir nada, pero por dentro Tom gritaba fuerte, destruía muros y ventanas, la empujaba y huía con el corazón roto, porque de nuevo la historia se repetía, de nuevo lo dejaban solo, aun cuando se había esforzado tanto por ser bueno, había hecho todo lo que le decían, había cambiado y actuado correctamente.
Acaso nunca sería suficiente para nadie el esfuerzo que Tom hacía cada día para ser bueno? Para ser amado y recibir amor. No entendía por qué sus tíos se marchaban.
-Ya no me quieren? Por eso se van? - Las primeras palabras salieron, su garganta estaba tan apretada que Tom sintió como si alguien la arañara por dentro, se sentía caliente y rasposa.
-No! Tom Charlus, jamás, nunca, dejaremos de amarte, eres parte de esta familia, desde ahora y para siempre. No nos vamos por ti- Su tía acarició su rostro y Tom sintió que toda su angustia explotaba y salía, sacudiendo su cuerpo mientras el llanto crecía. - Esta es una decisión difícil de tomar, pero no es porque hayas hecho algo malo, cariño. Es una oportunidad para mí, para mi trabajo- Tom miraba como los ojos de su tía se enrojecían, de sus ojos caían gotas de agua con la misma rapidez que en los suyos. - Lamento profundamente tener que distanciarme de ti, porque te amo inmensamente, pero irnos a París no cambiará eso, tendrás un cuarto enteramente para ti en la nueva casa, podrás ir a visitarnos siempre que quieras, escribiremos cartas y nosotros también vendremos de visita. La distancia no va a borrar lo que siento por ti- Su tía sostuvo su rostro con ternura y sus palabras eran dulces y suaves y a pesar de su tristeza y miedo, Tom se tranquilizó un poco, aun sacudiéndose por el llanto. -Eres mi hijo, Tom- Tom sintió que su corazón iba a explotar. - Sé que ya tienes una madre y es maravillosa, pero también tienes una en mi, si la quieres. - Tom solo asintió, incapaz de hablar por lo mucho que dolía su garganta. -Y yo nunca, nunca voy a abandonarte, siempre podrás contar conmigo, no importa la hora o el lugar, no importa lo que hayas hecho o cómo te sientas, yo siempre voy a estar para ti y nada cambiará eso.
Tom solo la abrazó, fuerte y fue recibido de la misma forma. Aun estaba triste, pero no dudaba de las palabras de su tía Lily, no dudaba de su amor, no necesitaba del don de Harry para saberlo, solo tenía que ver sus ojos para tener su respuesta.
No podía enojarse con su tía Lily, ni con su tío James, los amaba como nunca había amado a nadie antes. Era un amor necesitado, puro, fuerte y cálido, eran lo que siempre había deseado tener y Tom iba a aferrarse con uñas y dientes a ello, como un salvaje hambriento.
Notes:
Qué les pareció? Traté de resumir todo un año en un solo capítulo y hay muchas cosas por mencionar.
Qué opinan de Merope y el trato de Becca hacia ella?
Y sobre las acciones de los Potter? No los odien, es necesario que se marchen para el desarrollo de la trama y el salseo dramático que se viene. Ellos son mejores que eso, lo juro.A alguien más le encantan las cartas de Tom y Harry? Me divierto mucho escribiéndolas, ellos dos me encantan.
En fin, gracias por leer y espero les haya gustado.
Chau!
Chapter 24: Las despedidas siempre son agrias
Notes:
Hello! Primero que todo lo demás, pido perdón por desaparecer, la inspiración y las ganas de hacer cualquier cosa habían desaparecido de mi vida y tuve que recurrir a un Mark personal.
Pero ya que estoy un poco mejor se me ha encendido el foco para escribir. Quizá no es el mejor capitulo, sé que últimamente ha estado aburrido, pero espero darle más interés en esta segunda etapa de la historia que iniciará en el siguiente capítulo.
También quiero agradecer porque siguen dándole amor a mi historia y eso me ha motivado tanto a levantarme y escribir algo, lo que sea, bueno o malo, para ustedes. Gracias de verdad ❤️🫰🏻 Trataré de no enfocarme tanto en la perfección (Que me cuesta) y simplemente seguir con la historia hasta finalizar, ya después en el futuro podré acomodar algunas cosas.
En fin, espero les guste este capítulo, nos leemos, no sé cuándo pero espero no desaparecer tanto, mi meta es terminar EST este año.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XIV
Las despedidas siempre son agrias
Tom se abrazó al cuerpo de Harry apenas la conversación con la tía Lily terminó, se había topado al tío James en la sala pero no estaba mentalmente preparado para otra conversación sobre cuánto lo querían pero el deseo de ir a París era.. Bueno, el sueño de su tía Lily, Tom podía comprenderlo, era el estudiante de su tía Lily y había presenciado su sonrisa al estar en el laboratorio, la forma tan apasionada en que hablaba sobre fórmulas, ingredientes e instrucciones. Le recordaba la pasión de Harry por las criaturas mágicas y su propio amor por los libros. Sabía que era importante para la tía Lily, su sueño, pero no hacía que dejara de doler.
No impidió que el arrepentimiento de haber dejado a los Potter lo invadiera, si viviera aun con ellos y su custodia fuera de ellos no estaría ahora llorando y con ganas de vomitar, estaría planeando con Harry sus aventuras en París, buscando libros para aprender Francés e investigando sobre la escuela en Francia.
Se sintió egoísta al pensarlo, al recordar mucho tiempo después a su madre, cuando la fantasía había escalado deprisa en su mente. Irse la destrozaría, más ahora que vivían juntos, ella lo necesitaba, Tom podía darse cuenta de ello, su madre se esforzaba por ser buena, por hacer todo perfecto. Pero Tom podía olfatear el olor a quemado en la cocina, aun cuando su madre trataba de alejarlo con magia, podía escuchar las maldiciones murmuradas cuando algo no le salía bien y como salía en búsqueda de la tía Becca para resolver algo. Tom lo sabía, aun así fingía ser ignorante porque él mismo no era perfecto, le había tomado mucho tiempo sanar, aun estaba en ello con la ayuda de Mark y su madre no tenía a los Potter, no como él, ni tenía a un mejor amigo como Harry, sólo tenía a Becca y a él. Pero los tres lo hacían funcionar y Tom era feliz, no podía dejarla aun cuando el deseo era fuerte.
Tom sabía lo que se sentía ser abandonado, aun podía recordar el sentimiento y no pensaba hacer sentir a nadie así. Aun cuando su madre misma lo había hecho, Mark siempre resaltaba que actuar igual a los demás era el camino fácil, lo difícil era perdonar y hacer algo diferente. Además, su madre no lo merecía.
-¿Hablaste con mamá?
Tom se sorprendió al escuchar a Harry hablar.
-Pensé que estabas dormido.
-Finjo dormir, así no tengo que bajar y verlos. Estoy aplicando la ley del hielo. - Harry se volteó para quedar cara a cara con él. -Y bien? Hablaste con mamá, verdad? Estás triste.
Tom se encogió de hombros. - Es normal estar triste, los extrañaré.
Harry frunció el ceño y lo miró confundido. - ¿Por qué estás tan tranquilo? Pensé que enloquecerías junto a mi y planearíamos como escapar.
-Cuando hablas tanto con Mark como yo aprendes a manejarte mejor, supongo. Además, es la tía Lily, no puedo enojarme con ella o con el tío James. - Tom miró directamente los ojos verdes de su amigo mientras suspiraba. - La tía Lily me ha dicho que me ama y que estará allí para mi siempre que lo necesite y sé que es verdad, sé que me ama, como tu padre y tú. Somos familia, tengo el nombre de tu abuelo y tu padre. - Tom sintió sus ojos humedecerse. - Siempre estaremos unidos- Se le cortó la voz cuando las lágrimas salieron, Harry tembló antes de abrazarlo, también llorando.
-No me voy a ir, no te voy a dejar. - Harry lo abrazaba fuerte.
-Ellos no van a dejarte solo aquí, son tus padres, debes estar con ellos.
Harry se despegó, molesto. - ¿Por qué los defiendes?!
Tom se limpió las lágrimas. - Porque yo no quisiera separarme de mamá, es mi familia también Harry. Los padres deben mantener a sus hijos cerca, eso es lo que hace un buen padre. - Y Tom hablaba por sí mismo al decirlo, como había anhelado que su madre lo llevara a cualquier lugar, que se mantuviera cerca.
Harry lo vió en silencio. - Pero vas a quedarte solo. - Su rostro mostraba tristeza, incluso lástima, Tom podía reconocerlo en cualquier lugar.
Tom suspiró de nuevo y negó con la cabeza. - Estaré con mamá, con la tía Becca, con los Weasley que me agradan y también puedo ir a ver a tus abuelos, seguro te extrañarán y me darán más dulces sólo por eso.
Harry solo se quedó mirando sus sábanas pensativo.
-No tenemos que ir a escuelas separadas, Beauxbatons es un internado también! Podemos estudiar juntos y luego volverías durante las vacaciones!- Harry se sacudía con cada palabra que salía de su boca, su cuerpo saltaba en la cama y de nuevo tenía una sonrisa en el rostro, el entusiasmo comenzaba a inundarlo. - ¡Es lo mismo que si fueras a Hogwarts!
Tom lo consideró, era cierto, quizá las cartas tardarían más en llegar, pero Tom podía conseguir un cuaderno de doble vía y hablar con su madre.
-Es una buena idea.
-Claro que lo es! - Harry saltó aun más fuerte en la cama.
Tom sonrió un poco. -Aun debo decirle a mi mamá. - Harry dejó de saltar y cayó bruscamente, sentado desordenadamente.
-Oh, sí. Puedo ayudarte a convencerla. - Los ojos de Harry brillaban de nuevo, con esa chispa traviesa que Tom sabía que solo aparecía cuando planeaba hacer algo no tan bueno.
Tom negó. - No manipularemos la mente de mamá, Harry Potter.
Harry hizo un puchero. - Solo quiero asegurarme de que diga que sí.
-Hablaré con ella y luego te diré su respuesta. Ahora.. ¿Por qué no bajamos a comer?
Harry se cruzó de brazos. - Me niego, esta guerra aun no termina, si bajo será cómo izar una bandera blanca.
Tom rodó los ojos ante su terquedad. -Si no bajas te vas a enfermar.
Harry se quejó echando la cabeza hacía atrás, pero lo siguió cuando Tom abrió la puerta. Aun así, se negó a comer el sandwich que su madre le había preparado y prefirió hacer un desastre que él mismo pudiera comer. Tom miró con pena la cara triste de su tía y se enojó un poco, si él era capaz de entender y controlarse, Harry podría hacer lo mismo. Aun así lo dejó en paz, Harry era emocional y actuaba antes de pensar, y se le pasaría el enojo y entonces tendría que disculparse.
Tom entró al consultorio de Mark sintiéndose ansioso, sus consultas ahora eran más distantes unas de otras y sus conversaciones ya no eran tan profundas. Aun así, Tom siempre se las arreglaba para tener algo de qué hablar, principalmente sobre la convivencia con su madre, algo en lo que Mark tenía mucho interés, probablemente porque quería asegurarse de que fuera un buen ambiente para él.
Sea como fuera, Tom agradecía poder hablar con alguien que siempre le daba las respuestas correctas.
-Hola Mark- tomó su asiento de siempre y se puso cómodo.
-Hola Tom, es un gusto verte, como siempre. ¿Cómo estás? ¿Cómo te ha ido?
Tom estaba preparado para ello desde hacía días, solamente esperando a que llegara el día de su sesión con Mark para poder contarle a alguien más lo que pasaba por su cabeza.
-He estado algo ansioso.
Mark asintió. - Y a qué se debe la ansiedad?
Tom suspiró y acarició sus nudillos con su pulgar, una y otra vez, pasando por encima de la fila que formaban.
-Los Potter.. Se mudarán a París, me enteré hace poco.
Mark se mostró algo sorprendido, pero lo ocultó rápidamente. Tom no podía culparlo, era una noticia impactante, increíble incluso.
-Harry irá a Beauxbatons, ellos no quieren tenerlo en Hogwarts, porque está muy lejos y.. - Tom se encogió de hombros. - Eso me pone muy triste.
Mark asintió y por breves segundos Tom observó cómo sus ojos parecían brillar mientras pensaba. Decidió seguir hablando, solo para desahogarse.
-La tía Lily ganó un premio para estudiar en la academia de Nicholas y Perenelle Flamel en París, es una oportunidad única para ella y después de mucho pensarlo aceptó, me sentí asustado cuando me enteré, Harry me lo dijo, él está muy molesto con ellos, no les habla y eso pone a la tía Lily muy triste. Pero la tía habló conmigo y me dijo que no estaban abandonándome, que siempre serán mi familia y que tendrían una habitación para mi y mamá siempre que queramos ir, también dijo que podríamos pasar las vacaciones juntos. - Tom se sentía caliente, disparaba las palabras casi sin pensar, necesitando tanto decir todo lo que pensaba con la posibilidad de que, si las decía rápido, ese sentimiento de miedo y tristeza no vendría de nuevo. - Harry está molesto y se niega a irse, pero yo no puedo odiarlos, sé que la tía Lily me ama y el tío James también - Además, Tom no podía tratarlos mal, no podía demostrar su malestar, tenía miedo de hacerlo y disgustarlos, no quería verse desesperado por amor, no quería ser pesado y espantarlos.
Mark solo asentía y escuchaba.
-Bueno, es normal que las personas adultas tomen caminos diferentes, no se trata de egoísmo o un patrón de huida, se trata sobre crecer y mejorar, es sobre cumplir metas y es algo que todos haremos en algún momento. Sin embargo, la partida de los Potter a otro país supone para ti algo nuevo, porque ellos se han convertido en tu refugio emocional, tu sostén y lugar seguro y ahora que ya no estarán como desearías enfrentarás nuevas emociones y cambios que, si bien son normales, debes aprender a atravesar, para que no te afecte negativamente. - Tom escuchaba sus palabras como un fanático religioso, muy atento. - Por un lado tienes a Harry, cuya reacción es la ira y la negación, lo cual te afecta ya que son amigos. - Tom asintió. - Me has dicho que hablaste con tu tía Lily, ¿puedes contarme cómo fue?
-Al principio pensé que Harry había escuchado mal, pero la tía me explicó que era su sueño y que ella no quería lastimarme, le pregunté si ya no me querían y por eso se iban, ella dijo que no y que siempre iba a amarme como a otro hijo. Yo no pude decirle nada más, solo le creí y la abracé. - El recuerdo amargo comenzó a hacer lo suyo, revolviendo sus emociones.
-Y por qué no dijiste nada más?
-No quería ser pesado, no quería.. No quería molestarla. - Eso era lo triste, aun después de su charla y su abrazo, Tom seguía con dudas. Al llegar a la habitación de Harry y dormir, Tom se despertó en la madrugada y solo se quedó mirando el techo, imaginando que esa sería una de sus últimas noches en la mansión Potter con Harry a su lado. Ya no habría pijamadas extendidas ni paseos los fines de semana.
Aun no le contaba a su mamá sobre el plan para cambiarse a Beauxbatons, temía su respuesta.
-Y por qué crees que le molestaría saber cómo te sientes?
Tom mordió su labio, él quería confiar en los Potter, eran sus padrinos, eran sus tíos, eran su familia, pero Tom no podía evitar recordar a todos esos adultos que le habían fallado antes.
-Porque tengo miedo de que si le digo que no quiero que se vayan me odiarán o no querrán estar en contacto conmigo. - Finalmente el nudo de su garganta se rompió y comenzó a llorar.
Pensó que lo había superado, el tema de la confianza, pero no podía evitar los recuerdos, el sentimiento de sentirse y verse solo, viendo su esperanza de una vida mejor esfumarse.
-De acuerdo, y quién piensa eso? Imagina que hay dos Toms en tu cabeza, un Tom que ha crecido conociendo el amor, la protección, la amistad y otro Tom que solo ha vivido desde la carencia, que está solo y tiene miedo. ¿Cuál de los Tom aparece cuando piensas en la mudanza de los Potter?
Tom respiró entrecortadamente, tratando de calmarse para poder hablar.
-Creo.. Creo que el segundo.
-De acuerdo, el Tom asustado. - él hizo un gesto vago con la cabeza. - Bueno, ahora imagina que estos dos están en tu cabeza continuamente y que ambos tienen recuerdos y experiencias diferentes, por lo que reaccionarán diferente a los problemas o situaciones que vivas. Pero tú tienes control sobre ellos y puedes decidir qué Tom estará al frente y a cual escucharás. De acuerdo? Es normal que cuando te enfrentas a situaciones que detonan en ti recuerdos dolorosos el Tom que tiene miedo quiera salir, porque sabe cómo protegerte de ello, porque ya ha vivido esas situaciones, pero cómo quieres actuar tú? Cómo el Tom que tiene miedo o como el Tom que conoce el amor?
La analogía era algo confusa, pero Tom podía ver un punto irguiéndose no tan lejos.
-Quisiera no tener miedo, no quiero pensar que los Potter no me aman.
Mark asintió con una sonrisa afable. - Y qué te dice el Tom que conoce el amor?
Tom lo pensó, recordó la preocupación en los rostros de sus tíos, la tristeza al verlos a Harry y él, los ojos llenos de lágrimas de su tía Lily y sus abrazos, todos los que le había dado. Además de su tío James y cómo lo había defendido y cuidado, como le había dado su segundo nombre.
-Me dice que ellos me aman y no me están abandonando solo por irse a París.
Algo en su pecho se sintió liviano.
-Bien, ahora, cómo te sientes?
-Tranquilo, pero asustado.
-¿Qué te asusta?
-Tengo miedo de cómo serán las cosas cuando ellos no estén, tengo miedo de que Harry consiga otro mejor amigo en su escuela - Aunque el pelinegro lo había jurado millones de veces y Tom podía sentir su conexión, era como un hilo que los unía, aun así, Harry era mucho más amigable que él, tenía facilidad para llevarse bien con las personas, haría amigos rápido.
-Es normal hacer otros amigos, Tom. El tener más no significa que los otros sean menos importantes, cada persona es única y del mismo modo la conexión con cada persona será única y diferente. Si temes que tu amistad con Harry se debilite entonces busca opciones, ¿cómo podemos ser unidos incluso en la distancia? - A Tom le gustó el consejo.
-Bien.
-¿Hay algo más de lo que quieras hablar?
Tom de inmediato recordó su idea con Harry sobre la escuela.
-Harry y yo hablamos sobre cambiarme a Beauxbatons para estar juntos. Pero me da miedo preguntarle a mamá.
-Es una decisión importante y seria.
Tom esperó no ser regañado.
-Pensamos que es casi lo mismo a ir a Hogwarts, Beauxbatons también es un internado, por lo que mamá no podrá verme de todas formas y si ocurre algo en la escuela mis tíos podrían ir y en las vacaciones yo regresaría a casa o mamá se quedaría conmigo en la nueva casa de los Potter. - El entusiasmo lo embargó de nuevo ante la idea.
-No es un mal plan, en efecto, pero el tema escolar es algo que deben discutir con sus padres, tus tíos deben ser autorizados por tu madre para ser tus tutores en la nueva escuela y de igual forma estar de acuerdo en que te cambies a Beauxbatons. Es mejor que hables con ellos por separado y les expongas tu deseo. Pero recuerda Tom, que la distancia no es un impedimento para tener una buena y duradera amistad, no puedes basar tu vida y decisiones para perseguir a otros, de acuerdo?
Él asintió.
-Entonces los Potter se irán? - Su tía Becca se mostró sorprendida.
Tom no le dijo a su madre de inmediato la noticia de que sus tíos se mudaban, tampoco mencionó su deseo de cambiar de escuela, tomó algunos días para lamer sus heridas en privado y pensar sobre lo que había hablado con Mark. Aun así, una semana después no pudo con aquel secreto y tuvo que hablar.
-La tía Lily ha recibido un puesto como estudiante de Nicholas Flamel, es algo bastante importante.
Tom retorcía sus manos encima de sus piernas, su madre no decía nada.
-Vaya, eso es genial. Aunque ahora entiendo porque estuviste tanto tiempo extraño. - Tom asintió mirando a la tía Becca.
-¿Y cuando se van? - Su madre parecía muy sorprendida.
Tom se encogió de hombros.
-Creo que en Julio.
Su madre asintió, mordiendo su labio y con la mirada perdida en algún punto de la habitación.
-Debe ser duro para ti, ¿cómo lo llevas?
Tom se enfocó en Becca, de nuevo, mientras esta le daba una pasada a su cabello con una mano.
-Mejor, he hablado con Mark sobre eso y he estado haciendo ejercicios de relajación. - Tom volvió a ver a su madre, algo nervioso por su silencio.
-Bueno, aunque me encantaría seguir esta conversación.. Debo irme a dormir, mañana debo trabajar.
Tom la acompañó a la puerta y finalmente se quedó solo con su madre, cosa que prefería porque no estaba preparado para iniciar una conversación en presencia de la tía Becca.
Su madre seguía en silencio, con la mirada perdida, como si estuviera pensando.
-Mamá? - Le preocupó un poco verla en ese estado, por fortuna reaccionó apenas le habló.
-Si cariño?
-Quería hablar contigo de algo, ahora que la tía se ha ido.
-Claro! Cuéntame.
Tom se quedó de pie, aunque era mucho más cómodo sentarse frente a su madre, pero no quería estar tan cerca, se sentía nervioso de solo pensarlo. Respiró profundo y contó hasta diez para calmarse.
-Es sobre la escuela.. - Atrapó el borde de su camisa entre sus dedos. - Harry irá a Beauxbatons, porque estará más cerca de sus padres. - Su mamá asintió. - Y estábamos pensando que quizá yo también podría ir allí, así podríamos ir a la escuela juntos.. - Tom aceleró sus palabras al ver como el rostro de su madre cambiaba. - ¡Sería igual que ir a Hogwarts! Es un internado y hay vacaciones, yo vendría aquí durante las vacaciones, igual que si estuviera en Hogwarts, no habría una diferencia, no realmente. - El rostro de su madre no mostraba felicidad, se veía molesta y herida, Tom sintió que alguien apretaba su corazón al punto de causar dolor.
-Dime Tom.. Qué acaso no soy lo suficientemente buena para ti? - su madre susurró mientras se ponía de pie y lo enfrentaba. - Prefieres estar allá con ellos que aquí conmigo, siempre los Potter están primero, siempre son mejores que yo y ahora que se van.. ¡Tú quieres irte con ellos!- Su madre terminó gritando la última frase.
Tom retrocedió al verla acercarse, sintiendo miedo al ver su expresión transformarse en una máscara de locura e ira que no había visto desde hacía mucho tiempo, en la cabaña y en el rostro de Morfin y.. Él.
-No, yo te quiero, solo.. Quiero ir a la escuela con Harry.
-Harry esto, Harry aquello.. Acaso Harry es más importante que lo que yo quiero?!- Los platos y vasos de la cocina temblaron muy levemente.
Tom no podía decir nada con lo aterrado que estaba. Nunca pensó que su madre reaccionaría de ese modo, Mark le dijo que no era una decisión fácil de tomar, ni una petición fácil de hacer, pero no esperó gritos, no esperó ser mirado con ira por su madre.
-Por qué él no puede quedarse aquí? Te diré porque! Porque ellos planean alejarte de mí, quieren que te vayas lejos de mi, quieren separarnos. - Gesticulaba duramente y su voz se elevaba con cada palabra.
Su madre seguía tratando de acercarse para tocarlo y Tom continuaba retrocediendo, recordando sus días en ese horrible lugar y luchando para respirar.
-No es así, ellos no me han dicho nada, somos familia, ellos no quieren alejarnos..
-¡Ellos no son tu familia! ¡Yo soy tu familia!- Su madre se arrodilló y lo tomó por los brazos mientras lo sacudía y gritaba, escupiendo su saliva en su rostro. - ¿Cuándo vas a entenderlo?!
Tom la empujó, fuerte, con sus brazos y magia hasta que su madre salió despedida hacia atrás, chocando con el mueble y produciendo un ruido chirriante al arrastrar las patas de madera por el suelo.
-Pero qué es lo que está pasando?!- La tía Becca entró al departamento y Tom la miró muy asustado pero a la vez aliviado.
Su tía Becca lo miró con sorpresa, Tom temblaba y lloraba y su madre no hacía más que mirar al suelo, en silencio.
-Tom? ¿Qué pasa cariño?- Su tía se acercó, sin tocarlo cuando él se echó atrás.
No supo qué decir, aun sorprendido, aun sin entender porque su madre había reaccionado así. Se sentía triste, estaba asustado y quería salir corriendo de allí.
-Quiero irme. - Fue todo lo que atinó a decir.
-Tom, cariño.. Espera, lo siento, lo siento mucho.. - Su madre despertó al escucharlo, arrastrándose y queriendo acercarse a él mientras gateaba en el piso. Su tía Becca se puso en medio, impidiéndole acercarse más.
-Mer.. Llevaré a Tom a mi departamento para que duerma conmigo esta noche, mañana hablaremos, cuando estés en condiciones.
Tom nunca la había visto tan seria y agradeció que lo defendiera. Aunque no quería quedarse en ese lugar, quería ir con sus tíos, ser abrazado por la tía Lily y calmado por Harry, consolado por el tío James y tomar leche caliente para dormir. Aun cuando la tía Becca era genial y amable, no era lo mismo.
-Pero..
Tom no supo qué expresión puso su tía Becca, pero hizo palidecer a su madre.
-Tom.. Cariño si quieres buscar algo en tu habitación antes de irnos a mi departamento, ve ahora. - Le ordenó.
Él fue de inmediato, tomó a Little Harry, un pijama, una muda de ropa y el cuaderno de doble vía y volvió a salir.
Su tía lo esperaba en el mismo lugar y Tom vió a su madre llorar, en silencio y aun tirada en el suelo.
-Todo listo? - Él asintió. - Bien, vámonos Tom.
-Tom.. Lo siento. - Él no respondió a las palabras de su madre y solo escuchó como la tía Becca cerraba la puerta.
La siguió en silencio escaleras arriba hasta el quinto piso. Tom nunca había explorado o visitado su departamento, por lo que se quedó impresionado al entrar.
Era mucho más grande que el suyo y mucho más bonito, Tom no pensó que lo fuera, ya que todo el edificio se veía viejo y algo ruinoso, aunque limpio. Pero el departamento de la tía Becca era como entrar a otro edificio tras atravesar la puerta, el suelo era de madera oscura y pulida, las paredes de color beige y verde, plantas aquí y allá, sofás de cuero que se veían en mucho mejor estado que los de su departamento, una estantería de madera con libros y una chimenea de ladrillos grises. El techo era más alto y había una lámpara en forma muy realista de una araña gigante de cristal.
-Pensaste que tu tía Becca vivía en un cuchitril? - el tono de voz y expresión de Becca había cambiado, ahora se veía de nuevo esa sonrisa relajada y actitud chispeante. Se relajó un poco.
-No, nunca imaginé cómo era tu departamento.
-Bueno- su tía abrió los brazos. - Eres libre de explorar.
Leviatán II apareció entonces, maullando y pidiendo algo de afecto gatuno mientras se restregaba contra sus piernas.
-Quieres algo de leche caliente? - Su tía fue directo a la cocina, que también era amplia, tenía una ventana que tenía vistas a una playa muy soleada con palmeras que se movían con el viento. Obviamente hechizada para que mostrara esas vistas -Te gusta la vista? Puedo decidir qué quiero ver, tiene seis opciones para escoger, me gusta la vista de las Maldivas, ¿a ti no? Puedes dejar tus cosas en el mueble - Tom lo hizo.
-Es lindo. - Tom no sabía qué decir. Se sentía incómodo, avergonzado porque su tía hubiese presenciado una pelea entre él y su madre, culpable por causar la pelea y triste, porque su madre había reaccionado de esa forma, además de asustado por esa mirada loca en sus ojos.
Se sentó en uno de los bancos de la cocina mientras miraba a su tía calentar la leche. Leviatán II saltó sobre sus piernas, ronroneando y sacándole una sonrisa.
-Ese pequeño descarado, se lanza sobre todo aquel que le da mimos.
Tom no supo qué pasó, si fueron los mimos de Leviatán o la tranquilidad que su tía fingía, como si nada hubiese pasado.. Él no lo soportó más.
-Tía Becca.. ¿Crees que soy un mal hijo por querer a los Potter? - Su voz se quebró y sintió el rostro caliente mientras las lágrimas comenzaban a caer.
Su tía se acercó de inmediato.
-No! Claro que no, los Potter son geniales, quién no los querría?
Tom hipó mientras continuaba el llanto.
-Mamá odia que los quiera, odia que quiera estar con ellos.
Su tía suspiró y puso el rostro serio.
-Ella no los odia. ¿Te dijo que los odiaba?
-No, pero..
Sus palabras le quemaban en la cabeza ¡Ellos no son tu familia! ¡Yo soy tu familia!. Tom sabía reconocer el odio, él mismo había visto esos ojos por años en el espejo roto y manchado de Whools.
Su tía secó sus lágrimas, interrumpiéndolo.
-Entonces no los odia, ella solo está celosa porque tiene que compartirte con ellos. - La tía Becca lo dijo con sencillez, como si no fuera siquiera importante pensar mucho en ello.
Eso no lo hizo sentir mejor, mucho menos se lo creyó, solo lo hizo sentir frustrado.
-Pero por qué no puedo querer a varias personas? - Mark ya lo había dicho antes, se podía querer a muchas personas y con todos era diferente, por qué entonces ella no podía aceptar que Tom amara a otros? - Yo quiero que seamos todos familia, ella ha dicho que no son mi familia.
Su tía Becca cerró los ojos y suspiró, como pidiendo paciencia a un ser superior.
-Tu madre está confundida, no puedo decirte qué puede pensar, solo puedo decirte que tú puedes elegir quién es tu familia y eso no tiene que ver con la sangre, de acuerdo? Si quieres ser familia de los Potter entonces lo serás y no debes sentirte mal por ello, porque son muy buenas personas, ¿bien?
Él asintió.
-Mañana o cuando tú quieras, hablarás con tu madre y resolverán sus diferencias, bien?
Volvió a asentir. Supuso que no todos los adultos eran buenos para dar consejos o para hacerlo sentir mejor, estaba aun más confundido ahora, con el corazón roto y asustado de volver al que había sido su hogar por los últimos meses.
Aun así, estaba agradecido por el intento de hacerlo sentir mejor.
El olor a quemado llegó a sus fosas nasales y pudo ver la pequeña olla en la estufa, humeante junto al ruido chisporroteante de la leche que se evaporaba por el calor.
-Tía Becca.. Se ha quemado la leche.
-Maldición!- Se volteó a ver la olla y luego cerró los ojos, apenada. - No se te ocurra repetirlo- lo señaló con su dedo índice un segundo antes de apagar la estufa. Tom lo encontró gracioso. -Bueno.. Creo que tendremos que conformarnos con un té, ¿te parece?
Él se encogió de hombros.
Su tía Becca le dió una habitación para dormir, que realmente no era una habitación, sino un estudio con un mueble, un escritorio y papeles tirados por todas partes, era el lugar más desordenado de la casa.
Tom lo limpió con un movimiento de la muñeca, desesperado por sacar algo de energía de su sistema. La tía Becca silbó y lo miró con admiración.
-Magia sin varita y no verbal. Eres un verdadero genio, Tommy.
Tom ignoró el diminutivo.
-Déjame transfigurar el mueble, es magia más avanzada.
Lo hizo, con varita, pero en segundos Tom tenía una cama, sencilla, pero mejor que un sofá.
-Te conseguiré una cama para cuando quieras venir a hacer pijamadas.
Tom asintió con una sonrisa.
Puso a Little Harry en la cama y Leviatán de inmediato saltó sobre ella.
-Espero no te moleste dormir con compañía.
-No me molesta dormir con Levi.
-Bien- su tía aplaudió. -Puedes llamarme para cualquier cosa que necesites, bien?
Él asintió.
Al quedarse solo se encaramó en la cama y abrazó a su pingüino de peluche, sintiendo el aura de Harry rodearlo, sus ojos volvieron a empañarse de lágrimas y dejó que estas cayeran, mientras Levi se acurrucaba en su estómago y ronroneaba.
La tía Becca lo encontró a la mañana siguiente, en la sala, leyendo los títulos de algunos libros de su biblioteca. La mayoría eran sobre objetos mágicos antigüos de gran valor económico, cómo reconocer tesoros e historia de objetos mágicos. Además de una gran cantidad de libros sobre defensa y hechizos oscuros prohibidos. Tom reconoció algunos por la propia biblioteca de la cabaña, la simple visión le había dado retorcijón de estómago.
-Hey, buenos días. Pensé que estarías dormido aun.
-No dormí mucho. - Había sido imposible, al cerrar los ojos había revivido la escena, su madre gritando y sacudiéndolo con rabia, como si le odiara. Le había dado tanto miedo que dormir había sido difícil.
Su tía lo saludó revolviendo su cabello.
-Bueno, en ese caso.. ¡Desayuno para dos! - La actitud entusiasta de su tía Becca lo hizo seguirla a la cocina y de nuevo se sentó en el banco a mirarla. -¿Qué quieres hacer hoy?
Tom solo podía pensar en ir a casa de los Potter y refugiarse allí hasta que el malestar en su estómago pasara, pero la tía Becca parecía muy entusiasmada por pasar el día con él y Tom no quería llegar a casa de sus tíos y que Harry pudiera sentir su miedo y tristeza, no quería contarle lo que había pasado, sentía vergüenza, además.. Sabía que Harry no apreciaba exactamente a su madre, quizá Harry percibía en sus emociones algo que no le gustaba? La idea le golpeó como un bate en medio de un juego de Quidditch, acaso Harry sabía sobre el odio de su madre a ellos? Sintió más vergüenza.
-No lo sé, lo que tú quieras. - Tom se conformaba con no ir a casa de nuevo.
Su tía Becca sonrió traviesamente. - ¿Qué te parece si la tía Becca te enseña algunos hechizos divertidos para defenderte?
Tom asintió, hacía mucho que no salía de excursión con la tía Becca y mucho más tiempo desde que lo había dejado usar su varita. Sería algo bueno, así aprendería a acostumbrarse a estar cerca de una y no tenerle miedo, aunque ya no tenía tanto miedo como antes.
-De acuerdo.
-Bien! ¿Qué te parece si tomamos ese desayuno para dos en alguna taberna?
-Creo que la estufa te lo agradecerá- Bromeó.
-No te pases de listo conmigo, mocoso o te pediré lo peor del menú.
Tom se permitió contagiarse un poco de la alegría sin fin de su tía Becca, quería olvidar el asunto de su madre y, como había dicho Mark, él prefería alimentar al Tom bueno, aunque ignorar el asunto no era exactamente lo correcto.
Tom se había divertido, la tía Becca le había llevado a un campo abierto lejos de la ciudad a practicar, en donde la brisa batía furiosa y fresca contra su rostro.
Le había enseñado un hechizo para relajar los esfínteres y hacer que su adversario ensuciara los pantalones, Tom no se veía a sí mismo usándolo alguna vez, le parecía asqueroso e impropio, pero era divertido aprenderlo y escuchar las historias de cómo su tía lo había usado en tipos abusivos, aun siendo adulta. También le enseñó un hechizo para pegar la lengua del otro al paladar e impedirle hablar, un hechizo para hacer tropezar a alguien y otro para desaparecer la ropa.
-Por qué todos los hechizos son más vergonzosos que peligrosos?
-¡No voy a enseñarte nada letal, por quién me tomas?!
Tom sabía que su tía no se dedicaba exactamente a cosas buenas, no era ningún idiota, nadie que trabajara en el Knockturn era inocente, quizá solo su madre.
Así que lo único que hizo fue levantar una ceja.
-Te estoy preparando para la escuela, los niños son crueles, no dejaré que vayas a la escuela desprotegido.
Tom de inmediato sintió como su despreocupación se iba al tocarse el tema de la escuela.
-No quiero problemas en la escuela, menos ser un matón, además, no todos serán crueles.
Aunque Tom sí que sabía lo imbéciles que podían ser los niños, mucho más ante un desconocido.
-Mejor prevenir que curar, aunque sé que no tendrás ningún problema con defenderte, eres un niño brillante.
Tom no quería imaginarse ese escenario, ser el paria de la escuela, tener enemigos. Él solo quería aprender magia y graduarse para hacer sus estudios avanzados.
No dijo nada, solo se concentró en hacer los hechizos y su tía Becca también se cayó.
No mencionó lo de su solicitud para ir a Beauxbatons.
Tom estuvo dos días más en casa de la tía Becca, hasta que su madre un día llegó a la puerta y rogó entre lágrimas que la perdonara, de rodillas en el pasillo y con la ropa arrugada y sucia, como si no se hubiera preocupado ni un poco por su cuidado personal tras la discusión.
Tom la perdonó, decidiendo que prefería ser el Tom bueno y que, aunque le costara, debía entender a su madre y su miedo de quedarse sola, el mismo miedo que él podía experimentar al pensar en la mudanza de su familia. No fue fácil y Tom pudo sentir que ya nada era lo mismo, fue como si reventaran esa burbuja de familia feliz en la que había vivido desde su regreso con su madre, Tom ya no podía verla igual, pero sabía que no era fácil, se imaginó cómo habría sido él mismo sin Mark y sin los Potter, su madre solo necesitaba ayuda y Tom la perdonó con la condición de que fuera a ver a Mark más seguido.
El tema quedó allí y de nuevo la antigua rutina volvió, Tom trató de acoplarse a ella, ignorando el pasado.
El tema de su odio a los Potter nunca salió a la luz, quizá Tom estaba demasiado asustado de saber la verdad.
Aun peor que discutir y reconciliarse con su madre, fue su conversación con Harry y su revelación de que iría a Hogwarts.
-Mamá ha dicho que no, estará muy preocupada si estoy tan lejos.
Harry se había enojado, luego había llorado y finalmente lo abrazó, tan fuerte que Tom perdió el aire.
-Mark ha dicho que podemos encontrar formas para no perder nuestra conexión y que está bien hacer otros amigos.. - Tom en serio estaba tratando de convencerlos a ambos mientras su amigo se aferraba a él como una sanguijuela.
-Prometo que nadie más será mi mejor amigo, Tom. ¡Lo prometo! - Harry prácticamente le gritó y Tom parpadeó sus propias lágrimas.
-Yo prometo lo mismo.
Harry finalmente se separó, con la cara roja y los ojos hinchados.
-Te escribiré todos los días! A través del diario, luego de las clases.
Tom asintió.
-Pensé que podríamos enviarnos cosas cada mes, como acertijos o juegos y completarlos juntos.
Harry asintió, tratando de contagiarse de entusiasmo.
-Podemos comenzar una enciclopedia de criaturas mágicas, así cuando hagamos nuestro viaje, sabremos a donde ir.
Tom sonrió y ambos se sentaron más tranquilos en la cama de Harry.
-Y como nuestros cumpleaños son en las vacaciones, los pasaremos juntos!
Tom se propuso como misión pasar cada cumpleaños con Harry, haciendo hasta lo imposible por convencer a su madre.
-Y te ayudaré en tus tareas si tienes alguna duda. - Harry asintió con ojos abiertos, como en una plegaria silenciosa.
-Y yo te mandaré fotos de todo!
Y así siguió su tarde en casa de Harry, haciendo planes de su amistad a distancia, Tom se sentía feliz solo con el hecho de estar en la mansión Potter de nuevo, sintiéndose cómodo y en casa, principalmente después de esos días incómodos con su madre.
Se quedó cuatro días allí, pasando tiempo de calidad y siendo perseguido por Harry, su cámara y su deseo de atesorar recuerdos. Tom no se opuso y mostró una sonrisa para la mayoría de las fotos, incluso cuando fueron tomadas sin permiso en el laboratorio de su madre, que estaba mucho más vacío que antes, pero Tom lo ignoró y disfrutó la lección de pociones, disfrutaría todas las que le quedaban antes de que su familia se marchara.
Los días pasaron tan rápido que la ansiedad fue inevitable de sentir, con cada visita a la mansión Tom podía ver más cosas que desaparecían para ser atrapadas en maletines, la mitad del armario de todos estaba empacado y Harry, quién ya al menos respondía a sus padres con frases cortas, se veía cada día más triste.
Finalmente llegó Julio y todos se organizaron para comprar los útiles escolares, Harry usaría algunos libros diferentes para su escuela, al igual que el uniforme, pero sus varitas podían ser compradas en el mismo lugar.
Tom se aferró a Harry nada más llegar al callejón Diagon, pero a pesar de la fecha estaba algo concurrido, muchos niños revoloteaban por el lugar haciendo las compras, por lo que ir a la tienda de Ollivanders lo dejaron para el final, eligiendo ir a comprar el uniforme.
-Mi Tom se ve tan guapo!- Su tía lo alabó tanto que Tom podía sentir la cara roja, pero estaba feliz, aunque incómodo al ver la sonrisa de su madre que ahora sabía era falsa.
-Te lo aseguro! Mi sobrino favorito será prefecto y premio anual de Hogwarts.- Su tío no se quedó atrás en hacerle cumplidos.
Harry solo le tomó fotografías mientras sonreía. Tom trató de concentrarse en ellos y no en la culpa que sentía de no decirles la verdad, ni en esa vocecita interna que chillaba y le pedía marcharse con ellos.
Sus tíos pagaron su uniforme tras mucha insistencia, eligiendo la mejor tela. Tom pudo ver de nuevo la molestia de su madre que buscaba esconder.
Pasó lo mismo con sus libros y su baúl, sus tíos se ofrecieron a pagar, queriendo darle ese regalo antes de partir.
Y pasó un rato agradable con su tía eligiendo los materiales para pociones en la tienda de pociones que ella y ese odioso Snape tenían en común. Su tía había explicado que en las tiendas convencionales le venderían un kit con todo incluido que nunca era de tan buena calidad, por lo que ella elegiría artículo por artículo con él en su propia tienda.
La tienda era grande, sus estantes de hierro negro y su recepcion con mesones de madera, detrás de todo ello había una puerta que llevaba al laboratorio.
-Merope, Tom me ha dicho que también eres buena en pociones, supongo que su talento lo ha sacado de ti. Verás, ahora que me voy Severus necesitará dos empleados a cargo de la tienda mientras da clases en Hogwarts, ya ha conseguido al primero, pero necesita otra mano y pensé que serías perfecta para el puesto. Podrías incorporarte la proxima semana y tendrías dos semanas para acostumbrarte antes de que Severus y yo nos marchemos. - Su tía le ofreció y Tom había inclinado su cuerpo y parado la oreja a su conversación.
Su madre no era tan buena, Tom lo sabía, era pura bondad y amabilidad de su tía, pero lo agradeció, sería un mejor trabajo que el que tenía. Esperaba que su madre lo aceptara.
-Te dejaré pensarlo esta semana y si decides aceptar estaré gustosa de ayudarte en el período de adaptación.
Su madre solo había asentido y se había perdido mirando los ingredientes de los estantes.
Tom le dió una sonrisa de agradecimiento a la tía cuando sus miradas se encontraron y esta le respondió, agachándose a su nivel y guiandolo para tomar las cosas restantes que él no pudo alcanzar.
-Tía Lily.. Gracias por venir y por el uniforme y los libros.
Su tía besó su mejilla. - Es el primer año de mi Tom, no me lo perdería por nada del mundo.
Tom sintió que se derretía y parpadeó las lágrimas fuera.
Al salir tenía un caldero nuevo y un kit de pociones personalizado.
No compró ninguna mascota, Tom no se veía atraído por nada más que las serpientes, pero no era permitido llevarlas a Hogwarts a excepción de un permiso, además, ni su madre ni los Potter quisieron darle una.
-No te preocupes, prometo regalarte una algún día. - Harry le había guiñado un ojo y Tom vió como el señor Potter contenía una risa al escuchar las palabras de su hijo.
Tom no se veía a sí mismo con un sapo, una lechuza o un gato, Leviatán II tendría un infarto y una rabieta por celos. Así que al final decidió no llevar mascotas, quizá para los próximos años. Harry eligió una lechuza blanca preciosa a quién nombró Hedwig luego de que ambos buscaran nombres en un libro de la Historia de Hogwarts. A Tom le fascinaron sus plumas suaves y blancas y como el ave picoteó sus dedos con gentileza, como si le saludase.
Finalmente llegó la hora de ir a comprar sus varitas, Harry temblaba de emoción y sus ojos brillaron en todo el proceso de medición con la cinta mágica. A Tom le pareció sin sentido el tener las mediciones de los orificios de su nariz, pero no iba a discutir con el señor Ollivander y se quedó derecho y muy quieto mientras lo seguían midiendo.
-De acuerdo, Tom. Toma aquí, madera de Nogal, semi flexible, con núcleo de corazón de dragón, muy buena para transfiguraciones.
La varita en su mano se sentía fría y solo provocó un desastre al agitarla. De inmediato se la quitó de las manos.
-Esa no, por supuesto! - Continuó pasando varitas, incluso arrebatando una de cabello de unicornio de las manos casi al instante de dársela- ¡Pelo de unicornio! ¡¿En qué estaba pensando?!
Cada vez se ponía más nervioso, y si no conseguía allí su varita?
-No te preocupes, los clientes difíciles son mis favoritos. - Le restó importancia con un gesto de la mano- Prueba esta, madera de roble, rígida y con núcleo de pelo de Thestral, una varita bastante peculiar para un mago, no cualquiera se gana la lealtad de este tipo de varita.
Tom la tomó, bastante entusiasmado con la idea de la varita, pero aunque se sintió un poco mejor, la varita no parecía funcionar.
Ollivander se la quitó.
-Interesante, verdaderamente! Por qué no pruebo.. Claro! ¡Claro que sí! Es una varita vieja, eso sí, ha esperado por su dueño mucho tiempo, quizás seas tú. - Rebuscó en el almacén, derribando cajas y agitando polvo y luego volviendo como si flotara. Abrió una caja frente a él y dentro miró una varita blanca. Ollivander se la tendió mientras decía- Madera de tejo, núcleo de pluma de fénix, una varita bastante peculiar por su núcleo, la pluma del fénix viene del fénix del gran mago Dumbledore, director de Hogwarts.
Tom de inmediato sintió un tirón desde sus dedos hasta lo alto de su brazo, la varita vibró en sus manos y al usar un simple Winguardium Leviosa, las cajas flotaron.
Ollivander aplaudió.
-¡Maravilloso! Eres un jovencito muy especial, le aseguro señor Gaunt que hará grandes cosas con esa varita. Es una varita muy poderosa, sin duda.
Tom asintió, feliz de tener su varita y que fuera tan hermosa.
-Gracias.
Ollivander solo asintió y fue con Harry.
-Ah! ¡Los recuerdo a ustedes perfectamente! - Ollivander procedió a describir sus varitas. - Parece que fue ayer cuando les vendí sus varitas.
La medición de Harry comenzó, igual de rigurosa y extraña.
-Umm, de acuerdo. Prueba con esta: madera de laurel, muy flexible y núcleo de pelo de unicornio. - Harry la tomó, la agitó y un estante se vino abajo.
Ollivander solo le quitó la varita y buscó otra, sin importarle el desastre.
-Aquí, madera de cerezo, semiflexible y núcleo de pelo de unicornio.
Una caja voló por los aires, estrellándose en un estante.
-Mmm, curioso, pareces de carácter tranquilo y sereno, pero con una pizca de rebeldía. A ver.. - El hombre achicó los ojos, se frotó la barbilla y escarbó en un estante hasta sacar una caja. - Toma esta: Roble, núcleo de corazón de dragón, semi flexible. - A Tom le sorprendía cómo era capaz de saber qué varita era sin verla y entre tanto desorden.
Nada. Ollivander lo vió y luego a Harry.
-Podría ser..? Quizá, no estoy del todo seguro, pero puedo verlo, sí, la conexión, no sería raro.. - Ollivander levantó un dedo y se lo llevó a la cien, rascándose y desapareciendo.
Harry le dió una mirada, se veía divertido, como si estuviera conteniendo la risa.
-Aquí! Muy flexible, madera de acebo y.. núcleo de pluma de fénix. - Tom no se perdió la forma morbosa en que dijo lo último ni la mirada de loco que le dedicó a Harry al tomar la varita.
-Oh! ¡Está caliente!
Ollivander aplaudió. - ¡Rápido muchacho, haz un hechizo!
-¡Lumos!- Y de la varita salió una bola de luz brillante.
Ollivander se veía como un niño con un juguete nuevo.
-Magnífico! Insólito y al mismo tiempo tan obvio! - se rió.
-Disculpe señor.. ¿Por qué es magnífico?
-Les diré por qué niños.. Fawkes, el fénix que dió las plumas para sus varitas, sólo entregó dos, en todo el mundo solo hay dos varitas con el mismo núcleo y de la misma criatura mágica. Eso hace a sus varitas.. Hermanas!
Harry y él se miraron, sorprendidos.
-Al parecer ustedes dos tienen una conexión bastante fuerte, tanto que sus varitas han decidido estar juntas, a pesar de que muchas otras varitas habrían ido mejor con ustedes, eso simboliza una gran afinidad.
Tom le sonrió a Harry, aquello era genial. Varitas hermanas! De repente cualquier miedo de perder a Harry se esfumó, si sus varitas los habían elegido por su conexión entonces nada podría separarlos.
-Eso es genial.
-Genial, sin duda señor Gaunt. Ha sido un placer vender estas varitas, cuidenlas bien, son varitas poderosas, muy poderosas. Procuren usarlas sabiamente y con el corazón en el lugar correcto.
Les guiñó un ojo, aunque se vió bastante extraño.
-Las cuidaremos muy bien. - Prometió Harry y juntos salieron de la tienda, poniendo sus varitas juntas y emocionados por su relación.
-Que hombre tan raro, no crees? Estaba eufórico mientras buscaba nuestras varitas.
-Pensé que en cualquier momento iba a sacar esa cinta de nuevo y hacer más medidas extrañas.
Harry se rió.
-Crees que tu varita me funcione tan bien como la mía?
Tom le dió su varita y Harry la probó, la varita realizó un Lumos perfecto. Harry sonrió.
-Parece que sí. - Tom tomó la de Harry y usó un hechizo de limpieza en un charco en el suelo.
Funcionó.
-¡Eso es genial! Podríamos intercambiar varitas de vez en cuando!
-Chicos, las varitas, a pesar de ser hermanas, escogieron un dueño, no deberían forzar esa relación intercambiandolas continuamente. A menos que sea una emergencia. - El tío James se metió en su conversación.
Ambos asintieron.
-Quizá cuando estemos de excursión alrededor del mundo lo necesitaremos.
Tom asintió a las palabras de su amigo.
Luego de las compras fueron a comer y Tom convenció a su madre de quedarse a dormir, había logrado hacer un trato para quedarse con los Potter hasta su partida, quería aprovechar hasta el último segundo con ellos antes de su mudanza.
Su madre había aceptado el trabajo en la tienda de pociones y estaba en medio del entrenamiento, así que no estaba mucho en casa, de todas formas.
Eso le daba tiempo para estar con su amigo, a quién ayudó a empacar. Harry incluso le regaló libros y su manta favorita.
-Será como si estuvieras durmiendo conmigo, junto al pequeño Harry. - le explicó mientras la empujaba a sus brazos.
Tom tomó todo y trató de tragarse las lágrimas, las sesiones con Mark lo habían ayudado a aceptar el proceso. También ayudó el salir con los Potter, las fotos que tomaron en el parque, en el zoológico e incluso en la casa Potter durante el onceavo cumpleaños de Harry, Tom tenía una copia de todas, iba a llevarlas a Hogwarts para tenerlas cerca.
-Gracias Harry, yo debería darte algo también. - Sintió vergüenza, no tenía muchas cosas que darle.
-Puedes prometerme pasar el verano conmigo en París.
Tom sonrió. - Claro que iré, sin importar qué.
Harry asintió. -Bien. Entonces no me debes nada más. - Harry cerró su baúl y lo arrastró al jardín para jugar, Tom agradeció no tener que ver la habitación vacía de Harry y su baúl al pie de la cama.
Sus tíos lo robaron de la compañía de Harry una tarde y su amigo se fue sigilosamente a su cuarto, a sabiendas de ello.
-Tom, nosotros queríamos hablar contigo, a pesar de que Lily ya lo hizo yo no tuve la oportunidad de hablar contigo hasta ahora. Solo quería decirte que sin importar donde estemos tú siempre estarás en mi corazón, quiero que sepas que estoy orgulloso de ti y que puedes contar conmigo para cualquier problema, hijo, no importa qué, puedes escribirme, puedes llamar por red flú y yo siempre estaré allí para ti, de acuerdo? - Tom solo asintió mientras sentía que lágrimas calientes caían. - Y espero recibir muchas cartas de tu experiencia en Hogwarts, al menos la mitad de las que le enviarás a Harry, ¿bien? - Tom no pudo evitar sonreír un poco. - Y cuando lleguen las vacaciones de invierno nos veremos para pasar el yule y tu cumpleaños juntos. Y el verano, de acuerdo? - Tom volvió a asentir. - Ahora ven aquí, te daré un abrazo de oso.
Tom se arrojó a los brazos de su tío de un salto, aferrándose a su cuerpo cálido y fuerte con fuerza. Brazos le rodearon y pronto estaba siendo aplastado por sus tíos, aunque no le importó, lloró hasta calmarse en medio de ellos. Cuando finalmente se calmó, su tía limpió su rostro gentilmente con un pañuelo.
-Tu tío y yo queríamos hacerte un regalo, algo para que sea mucho más fácil hablar con nosotros, las cartas tardarían mucho en llegar así que pensamos que sería mejor si tuviéramos un medio más rápido. - Su tía sacó una pequeña caja y se la tendió, Tom la abrió y dentro vió un espejo. - Es un espejo de doble vía, tú tendrás uno y nosotros el otro, cuando quieras hablar con nosotros solo debes decir nuestros nombres frente al espejo y aparecemos. - A Tom le parecía genial. - Así podremos hablar y vernos en tiempo real.
Tom lo tomó, era liviano, ovalado y de bordes plateados.
-Puedo llamar cuando yo quiera?
-Mejor en la noche, cuando hayas terminado de estudiar y nosotros de trabajar, bien?
-También puedes escribirnos, si hiciste una travesura y no quieres un regaño inmediato. - El tío James le guiñó un ojo, Tom sonrió.
-Bien, me encanta, gracias.
Su tía besó su mejilla y volvió a abrazarlo.
-Más te vale no olvidar a tus viejos y aburridos tíos. - Tom la miró y pensó que era imposible que alguna vez se aburriera de ellos, nunca podría olvidar el amor, el olor de su ropa, los ojos verdes y dulces de la tía Lily o el espíritu bromista del tío James.
-Jamás, llamaré todos los días.
-Bien, si rompes esa promesa iré directo a Hogwarts.
Tom quizá podría olvidarse de llamar entonces, si eso haría que lo visitaran.
-De acuerdo, que les parece si hacemos pizza para la cena con pastel de chocolate?
-Sí!- El grito de Harry se escuchó desde las escaleras y Tom se echó a reír.
-Bien, pequeño espía, me ayudarás con la masa. - Harry salió de su escondite directo a su madre con una sonrisa de vergüenza.
-Nosotros haremos la salsa- Su tío lo ayudó a pararse y lo llevó a la cocina.
Y Tom se sintió en paz, en familia, tan pleno y feliz. Iba a extrañarlos, pero comenzaría una nueva etapa de su vida y sabía que la distancia no arruinaría el lazo que tenían, él solo debía ser paciente y muy valiente, el invierno no estaba tan lejos y ocupado por las clases pasaría aun más deprisa. Podría hacerlo, quizá en el futuro su madre cambiaría de opinión y él podría transferirse o los Potter volverían antes de tiempo.
Sea como fuera, Tom estaba seguro de que podría con eso.
Tom había saboreado suficiente los días malos, esos que no deseas que se repitan nunca más, esos que nunca olvidas por más cosas buenas que pasen después. Había sentido antes esa sensación en el estómago, ese nudo doloroso, la tensión, el frío y la desesperanza.
Para ser honestos el aspecto de la terminal de trasladores internacionales no era muy colorida o alegre, era bulliciosa, agobiante y estresante, con magos corriendo de un lado a otro con maletas y otros gritando reclamos.
Habían llegado temprano en la mañana, faltaba una semana para el primero de Septiembre, pero ellos debían marcharse para poner la casa en orden y familiarizarse. Tom no había dormido en toda la noche, Harry y él se habían quedado apretujados en la cama, hablando de tonterías, de sus planes, del futuro, de las visitas de Tom a París. También habían llorado, Harry finalmente mostró su disgusto a la negativa de la madre de Tom de dejarlo ir a Beauxbatons y Tom se mordió la lengua al último instante, incapaz de contarle a Harry lo que había pasado con su madre, no queriendo preocupar a su amigo por su bienestar, además, la distancia de su madre había mejorado las cosas, su madre se veía más feliz y con mejor semblante desde que había tomado en nuevo trabajo en la tienda de pociones, además de sus sesiones con Mark. Las cosas funcionarían, solo necesitaban tiempo.
Quizá en el futuro le contaría a Harry, cuando ya no fuera algo de qué preocuparse, no más que un mal recuerdo. Solo lo ocultaría por un tiempo, como lo que había pasado en la cabaña.
-Iré a registrar nuestra llegada- Su tío James se separó del grupo y desapareció en la multitud.
Harry apretó su mano fuerte y Tom miró a los invitados que iban a despedirse. El amigo de la tía Lily, Snape estaba allí con su típica cara de amargura, también los amigos del señor James; Remus, Black y Peter y por último su madre. Era una pequeña comitiva pero los padres de Harry ya se habían despedido de su círculo social con una cena, Tom había asistido y pudo ver de nuevo a los Weasley, pensar en que lidiaría solo con ellos en Hogwarts le enfermaba el estómago.
Su tía Lily se unió al grupo y eso los dejó un poco más solos.
Harry suspiró.
-No quiero que estés triste, hablaremos antes de entrar a la escuela, te llamaré por el espejo de mis padres, de acuerdo?
Tom asintió, ya había escuchado eso en la noche pero no le importaba volver a escucharlo, lo calmaba y distraía de sus emociones.
-Trata de hacer amigos, al menos uno, de acuerdo? Debes prometer que lo intentarás.
-Ya lo prometí anoche.. Pero vuelvo a prometerlo, lo prometo, haré un amigo.
Harry asintió satisfecho.
-Y siempre que tengas un problema me lo dirás, sin faltas.
Tom asintió. - Tú también me lo dirás, si alguien se mete contigo.
Harry asintió. - Y les diré que tengo un mejor amigo muy rudo que sabe hacer magia sin varita y conoce hechizos muy buenos.
Tom no lo soportó más y lo abrazó. - Te voy a extrañar en Hogwarts. - Hundió su rostro en el cuello del pelinegro.
-Yo también te extrañaré mucho. - Harry también lo abrazó fuerte y así estuvieron hasta que los demás quisieron despedirse de su amigo.
El tiempo comenzó a pasar velozmente y de un minuto a otro los tres se estaban despidiendo, entre abrazos, lágrimas y besos. Alejándose hacía el traslador.
Tom apretó los puños con fuerza, hasta sentir como sus uñas se le clavaban, lastimándolo. Podía sentir su cuerpo temblar y ganas de vomitar mientras veía a su familia alejarse hacia el área de los trasladores, Harry caminaba arrastrando los pies y antes de desaparecer detrás de la puerta se volteó, Tom vió su rostro lleno de lágrimas y quiso correr, tomar su mano y desaparecer con ellos a París, vivir con ellos de nuevo. Pero su madre lo sujetó del hombro fuertemente, como si supiera sus intenciones y lo retuviera a su lado, Tom sintió una ira corrosiva subir por sus pies, aun así no se sacudió la mano de su madre, solo para no causar más alboroto, pero por un instante la repulsión y el odio fue incrementando, tanto que las ganas de vomitar eran cada vez más amenazantes.
Solo la imagen de Harry agitando su mano, despidiéndose mientras lloraba, lo distrajeron un poco. Sus tíos hicieron lo mismo y Tom no pudo rechazarlos, no podía odiarlos a pesar de que se marchaban, dejándolo solo en Inglaterra, solo para ir a Hogwarts, solo en casa, sin amigos.
Los tres finalmente entraron y Tom se quedó hasta que el sonido indistinguible del traslador rompió el silencio, sólo entonces rompió en un llanto aun mayor, tan alto que todos a su alrededor volteaban a verlo. Su madre trató de animarlo, pero Tom se separó de ella, aun recordando como le había gritado, reclamándole por pensar en ir a estudiar a París y la manera en la que se había referido a su familia.
Caminó hacia la salida limpiándose el rostro en el proceso. Aunque el dolor que sentía en el pecho no era tan fácil de apartar.
Quizá en ese momento no podía ser el Tom bueno, solo quería llorar.
Notes:
Qué les pareció el capítulo? Que opinan de la reacción de Merope? Y de los Potter? No los odien, la verdad fue difícil para mi llevarlos a un segundo plano y lejos de Tom, pero es por el bien de la trama, quizá por eso se ve un tanto forzado.
Estoy contenta de volver a incluir a Mark en la historia, me estaba costando el papel de psicólogo estando inestable emocionalmente, ahora solo me copio de lo que dice mi psicóloga 🤣
Ya estoy escribiendo el próximo capítulo, así que espero no hacerlos esperar demasiado.
Eso es todo. Chauuu ❤️
Chapter 25: Hogwarts
Notes:
Pequeño recordatorio:
Cursiva: lengua parsel.
Recuerdos/sueños/pensamientos: en negrita.
Cartas: en negrita y cursiva.
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXV
Hogwarts
Merope odiaba la mirada brillante y emocionada de Tom cada que tomaba ese estúpido espejo para hablar con los Potter.
Solo faltaba una semana para el inicio de las clases y ella lo perdería, perdería a su Tom por meses, en un lugar en el que haría más amigos, en donde estaría alejado de ella y su vínculo, ya inestable, se destrozaría más.
Ella había tratado con todo, hacía sus comidas favoritas, le compraba chocolate, le hablaba de su nuevo trabajo, que parecía ser lo único que llamaba un poco su atención, pero aun así, la mayoría del tiempo estaba pegado a ese espejo, hablando, riendo, mirando cada rincón de la millonaria nueva casa de los Potter en París, definitivamente mucho más interesante que ese viejo, oscuro, mohoso y pequeño departamento que ella podía pagar.
A veces deseaba tomar ese espejo y destrozarlo, al igual que cualquier otra cosa que estuviera relacionada a esa maldita familia.
Obviamente no lo hizo, solo fingió estar feliz y ser una madre complaciente, desesperada por ser perdonada por Tom por su actitud del pasado y amenazada por Becca para comportarse adecuadamente.
Era como si todos tuvieran más derecho a su vida, sus decisiones y sentimientos que ella misma.
Pero no lo permitiría, ella tenía la ventaja ahora, los Potter estaban lejos y ella tenía a Tom para sí, podría debilitar su vínculo con los Potter con el tiempo, solo debía esperar el momento preciso para hacerlo y entonces le convencería de que los Potter no le amaban, no realmente, no como ella. Volverían a ser una familia y ella finalmente tendría una oportunidad para hacer las cosas bien, a su manera, para ser feliz con su hijo sin compartirlo con nadie.
Tom se aferraba a las conversaciones a través del espejo como si fuera un pedazo de pan duro en un frío y hambriento invierno de Wools.
La mudanza de los Potter lo había sumido en la tristeza absoluta por tres días, solo interrumpida por las constantes llamadas de Harry a través del espejo. Su amigo le mostró cada rincón de la casa, su habitación e incluso la habitación que era suya para sus visitas. Tom habló con sus tíos y su tía lo llevó de excursión a su lugar de estudios, Tom incluso pudo ver a Perenelle Flamel y recibir un saludo. Su tío James también lo había llevado al trabajo y se había burlado de la moda parisina de los magos, de los bigotes y gestos, Tom se divirtió cada día y se sintió menos solo y más tranquilo, quizá no podría abrazarlos pero si hablar y verlos, todo estaría bien y pronto llegarían las vacaciones de invierno.
Logró sobrevivir a la primera semana gracias a esas llamadas, su madre también estaba siendo comprensiva, le daba su espacio, peinaba su cabello, le compraba chocolates y le pedía hablar o salir, y aunque se frustró por sus continuas negativas no dijo nada y lo dejó estar. Tom lo apreció, supuso que era su manera de disculparse por su pelea, también, la terapia con Mark parecía estar funcionando.
-Cuando vengas en navidad te llevaré a la torre Eiffel, los muggles creen que es solo una estatua gigante, pero es mucho más alta de lo que parece y hay un ascensor que te lleva los pisos mágicos y tienen un restaurante en donde venden lo que sea que pidas! ¡Y también tienen abraxans y puedes montarlos y volar! - Harry hablaba entusiasmado, casi saltando desde el otro lado del espejo.
-Harry, si le cuentas todo a Tom no se sorprenderá de nada cuando venga. - Su tío se burló de su amigo y él no pudo evitar sonreír.
Harry hizo un puchero. - No importa cuanto te cuente, cuando lo veas igual será genial.
-Tranquilo tío James, no le quitemos a Harry la oportunidad de ser guía turístico de París. - Bromeó. En respuesta Harry achicó los ojos, viéndole con molestia.
-Eres desagradable, Tom Riddle.
Tom se echó a reír junto a su tío.
Si, todo iría bien. Tom podía soportar la distancia, las vacaciones serían su respiro y el espejo y su cuaderno de doble vía, su oxígeno.
-Oh, Tommy! ¡Te ves tan apuesto! - Solo faltaban horas para su ida a Hogwarts y Tom podía sentir los nervios en el estómago, el cual se retorcía ante la simple idea de comer.
Su tía Becca había ido al departamento esa noche para ayudarlo a alistar sus cosas, aun cuando Tom había hecho su baúl días atrás, junto a Harry y sus tíos del otro lado del espejo y su madre en su habitación, ayudándolo a doblar y recoger. Su decepción ante su responsabilidad la había hecho pedir obsesivamente verlo con su uniforme.
Tom tuvo que sacarlo de su baúl, agradeciendo que estaba en la cima de todo, porque tendría que cambiarse en el tren.
-¿En qué casa crees que entre, Mer?
También la amistad entre su madre y la tía Becca parecía haber regresado a la normalidad, Tom sospechaba que su tía había tenido unas palabras con su madre luego de la pelea.
Su madre solo lo vió con ojos húmedos, había estado muy sensible esa semana, llorosa, Tom había tratado de calmarla y pasar un poco más de tiempo con ella antes de su partida, podía entender sus sentimientos, lo extrañaría y se sentiría sola.
-No lo sé, en cualquiera estará bien, Tom lo hará excelente en cualquier casa. - Su madre le sonrió y él le respondió de la misma forma. Sintiéndose halagado y feliz por la mirada de orgullo.
-Slytherin o Ravenclaw, eso es seguro. - Su tía le guiñó un ojo.
Tom no pudo evitar sentir un cosquilleo incómodo en la espalda, de ir con Harry a Hogwarts Tom habría hecho hasta lo imposible por entrar a Hufflepuff para compartir habitación y clases. Ahora no era necesario y Tom se preguntaba cómo serían sus compañeros si entraba a Slytherin, si todos eran como Mark o la tía Becca estaría bien, pero si eran como Morfín o.. Él. No, Tom no quería ni pensar en ello.
Había hablado de sus miedos la noche anterior, con Harry, ambos acostados en sus camas, listos para dormir pero sin una pizca de sueño.
-Cómo crees que sea Beauxbatons?
Harry había suspirado. - Es lindo, fuí a visitarlo con mamá, tiene un jardín enorme y estatuas por todas partes, es como el castillo de un rey.
Tom pensó que sería genial poder ver Hogwarts antes, quizá así tendría algo más de ventaja.
-¿En qué casa crees que te quedarás? - Tom había iniciado una investigación sobre Beauxbatons junto a Harry, una manera para mantener tranquilo a su amigo y a él mismo, además de tener temas de conversación.
-No lo sé.
-Creo que estarás en Bellefeuille, es el equivalente al Hufflepuff francés.
Harry se había echado a reír.
-Pues si estás en lo correcto serás el primero en saberlo. Y yo creo que irás a Slytherin o a Ravenclaw. Eres muy listo, astuto y bueno, eres descendiente de Salazar.
Hubo un silencio en la llamada.
-Habría sido genial ir a Hogwarts, siempre soñé con ir a la misma casa que Newt Scamander. - Harry se lamentó.
-Sí, habría sido genial.
Y yo te habría seguido a Hufflepuff.
Pero Tom no lo dijo, solo siguieron hablando hasta que el sueño los venció y a la mañana siguiente Tom pudo ver a Harry del otro lado, aun dormido.
-No lo sé, será lo que el sombrero elija.
Tom incluso se planteó ir a Hufflepuff de igual forma, como una manera de permanecer cerca de Harry, así podría mostrarle el lugar, Harry enloquecería sin duda.
-De acuerdo señor seriedad, ve a ponerte el pijama y a dormir, no quieres tener ojeras mañana.
Tom se dió media vuelta y volvió a su habitación, su espejo comenzó a sonar al estar de nuevo vestido y contestó de inmediato. Al otro lado, sus tíos y Harry lo miraban.
-¡Que tengas un excelente día mañana, Tom!- Gritaron a coro y Tom no pudo evitar sonreír y llorar.
No volvió a salir salvo para informar sobre su llamada, mientras pasaba la siguiente media hora hablando con su familia, recibiendo buenos deseos y bromas de su tío.
-Quiero una descripción detallada de tu primer día, quiero saber como te fue, de acuerdo? - Su tía insistió.
-Y yo quiero ser incluido en la conversación.
Tom sonrió.
-De acuerdo, tío James.
-Y me contarás si Snivellius se porta como un cretino, tiene mala fama como maestro.
-¡James! - Su tía le dió un manotazo. - No le hagas caso, Tom, Severus solo es un poco.. Severo. - Su tío y Harry se echaron a reír. Tom sonrió por sus payasadas. - Te gustará como maestro, es muy buen pocionista, le gustará ver lo avanzado que estás. - Su tía le sonrió con dulzura.
-De acuerdo.
-Bien, creo que será mejor que nos despidamos, campeón. Tú y Harry deben descansar para el gran día de mañana.
Tom sintió ganas de pedirle q ue no terminara la llamada, quería verlos hasta dormirse, quería verlos por la mañana, durante el desayuno, quería verlos en kings cross. Pero no lo dijo, ellos también tendrían un día movido al día siguiente y habían llamado para darle ánimo.
-¡Que te vaya bien mañana, Tom! Tendré mi libreta en el bolsillo durante el viaje.
Harry acaparó el espejo solo para él y Tom memorizó su sonrisa, su cabello negro y despeinado y aquellos ojos verdes brillantes.
-Suerte, Harry. Te quiero.
Harry se puso serio, Tom vió como luchaba contra un puchero.
-Yo también te quiero.
Kings Cross era ruidoso, estaba lleno de personas, Tom había querido llegar temprano, pero su madre y Becca no eran exactamente puntuales. Ahora sería más difícil conseguir un vagón que estuviera solo, aunque Tom dudaba que pudiera encontrarlo ahora que veía a tantos estudiantes en el lugar.
Sintió náuseas.
-Oh, hace tanto que no veía este viejo tren, el viaje es lo mejor. - La tía Becca estaba muy emocionada, viendo todo con ojos brillantes.
-Crees que pueda encontrar lugar?
-Por supuesto! Nadie se queda sin asiento en el expreso de Hogwarts. Es mágico.
Bueno, era cierto.
Mientras Becca era entusiasta y habladora, su madre estaba en silencio y con ojos tristes.
-Les escribiré seguido, lo prometo. - Tom miró a su madre al hablar, aun cuando hablaba con ambas mujeres. Le preocupaba un poco su madre, no quería que estuviera triste ni que lo extrañara demasiado, él sabía lo que se sentía extrañar a alguien. - Y nos veremos en navidad!
Su madre asintió y con voz quebrada por las ganas de llorar, dijo: -Escríbeme todos los días, si Tom?
-Vamos, Mer! Todos los días? El pobre acabará con todo el papel de Hogwarts.
Su madre solo lo miró intensamente, esperando una respuesta.
-De acuerdo, te escribiré.
Su madre se acercó a abrazarlo, Tom había esperado por ese abrazo toda la mañana, se sentía cálido, muy apretado y desesperado, incluso duró demasiado, tanto que Tom ya deseaba separarse, pero no lo hizo, dejó a su madre abrazarlo y quizá memorizar la sensación. Finalmente lo dejó ir al escuchar el pitido del tren, ya solo quedaban diez minutos para partir.
Su madre acarició su rostro con dulzura y le dió un beso húmedo en la frente.
Tom sintió su corazón achicarse y sus ojos arder.
-De acuerdo, ven acá. - Su tía Becca le dió otro abrazo, más breve y un poco agitado. - Ahora vete o terminarás en la cola del tren. Ten un buen comienzo de clases. Y no te preocupes, yo le haré compañía a tu madre.
Tom asintió, podía confiar en ella para eso. Su madre estaría bien con Becca, se harían compañía y saldrían por allí.
-Bien, adiós.
Tom subió las escaleras junto a otros y caminó por el corredor buscando un lugar vacío y agradeciendo no toparse con los insufribles Weasley.
Oh, Merlín, que sea un buen año. Rogó.
El viaje en tren fue.. Diferente a lo que había imaginado, habló con Harry durante un rato hasta que su amigo no contestó su siguiente mensaje, muy probablemente estaría ocupado haciendo vida social, como se esperaba de él al ser muy amistoso.
Él por su parte tomó el libro que había elegido para su viaje y había leído el resto del camino, escuchando a lo lejos la conversación silenciosa de sus compañeros de vagón. Tom no se sentía cómodo con ellos, extrañó lo fácil que era hablar con Harry, sin miedo a ser juzgado o tratado mal. Sabía que debería estar haciendo amigos, pero Tom no pensaba obligarse a hacerlo, ya llegaría la oportunidad de conectar con alguien, quizá después de su selección.
Al llegar todo era ruido, ya estaba oscuro y Tom caminó por el abarrotado pasillo del tren hasta la salida, entre empujones, risas chillonas, conversaciones a viva voz y el calor abrumador de muchos cuerpos presionandose juntos. Pudo respirar una vez que salió y aunque había muchas cosas que ver, Tom se distrajo con la imagen de un hombre gigante, fornido, con ropas algo desgarbadas y gruesas, sosteniendo un farol y gritando indicaciones.
-¡Los de primer año vengan conmigo! ¡Primer año aquí!
Tom no fue el único sorprendido, más de uno jadeó al ver a aquel hombre que fácilmente medía dos metros y medio, con una larga barba que le tapaba casi todo el rostro.
-¡Es un gigante!
-Tonterías! Los gigantes viven en las montañas.
-Quizá alguien lo hechizó para que se vea tan grande.
Tom escuchó a algunos niños de primer año especular y los vió de reojo, algunos iban con él en el vagón. Una era una niña pelirroja que le recordó a su tía Lily.
-Muy bien, si están todos.. Quiero presentarme, mi nombre es Hagrid, soy el guardabosques de Hogwarts y su guía al castillo. Así que seguidme y será mejor que ninguno de ustedes se quede atrás, no querrán ser avergonzados su primer día de clases.
Tom siguió a Hagrid junto al gran grupo de niños, por un momento se sintió como un pato siguiendo a su madre. Se entretuvo mirando los árboles altos y los rostros de los niños. Ronald Weasley encabezaba el camino, ya hablando como una ametralladora con el pobre niño que tenía al lado y que se veía algo mareado, Tom decidió que se mantendría muy lejos de él, no queriendo una pelea el primer día y con la reputación de Weasley, muy seguramente sacaría la carta de que era un mago oscuro y malvado.
Finalmente llegaron a un muelle en donde una veintena de botes estaba atado, flotando en el agua oscura, a los postes de madera.
-Muy bien, solo cuatro por bote, mantengan sus extremidades dentro del mismo o serán comida del calamar gigante.
Tom sonrió al ver cómo varios niños ponían caras de horror y como otros chillaban de espanto.
Miró como muchos elegían a sus compañeros de viaje, tal parecía que se conocían de antes o habían hecho una amistad en el tren.
-Hey, quieres venir con nosotros? - La niña de cabello rojo le habló, era pecosa, con la nariz algo grande y ojos color marrón. Le sorprendió que no lo ignorara. - Nos falta uno.
-Claro. - Sonrió un poco, lo suficiente para verse amable. Mark le había dicho que era importante al relacionarse, verse amable y sonreír.
-Mi nombre es Susan, esta es Hannah y él es Colin. - La chica le recordó a Harry, siendo simpática, toda sonrisas y presentando a sus amigos. - Los otros dos eran rubios y también amables.
-Soy Tom. - Estrechó sus manos y luego se sentó en el barco, algo apretujado, pero aliviado de no quedarse solo o de último.
-Pensamos que eras algo tímido, en el tren. No te habíamos visto antes.
-Oh, no suelo salir mucho.
Era una mentira, pero era más fácil explicar que había vivido en un orfanato muggle, luego con su abusiva y disfuncional familia, luego rescatado por los Potter y de vuelta con su madre, su única familia de sangre que valía la pena conservar.
-Yo me enteré hace unos días que era un mago! Fue una locura, mis padres no se lo creían cuando la profesora Sprout se los dijo. - El chico Colin le recordaba a un perrito, saltando sobre el asiento, con ojos muy abiertos y una sonrisa que amenazaba con partirle el rostro. Hablaba tan rápido y chillón que Tom se lo imaginó con bigotes y una cola de ratón, se contuvo para no reírse.
-Debe ser sorprendente enterarse de un día para otro. - Susan parecía muy interesada, Tom sabía que muchos magos estaban obsesionados con los de origen muggle, por su tecnología y diferencias.
-¡Lo fue! Aunque esto es mejor que ir a la escuela secundaria, no tendré que ver matemáticas ni física o química, es genial!
-En Hogwarts debes saber de matemáticas, física y química. Pociones es como la química, aritmancia, runas y astronomía están relacionadas con las matemáticas y tendrás que saber de física para encantamientos y transformaciones.
Todos en el barco se quedaron mirándolo con mucho interés.
-Wow, no tenía ni idea. - Colin finalmente parecía haberse callado por unos instantes.
-Eres muy listo, Tom. De seguro serás un Ravenclaw. - Hannah, la otra niña, lo alabó.
Tom no veía nada de sorprendente en saber lo básico de sus materias, pero no dijo nada.
-Por Merlín! ¡Miren eso! - Tom volteó a ver lo que Susan apuntaba con su dedo y se quedó sin aliento, su corazón se aceleró y sintió sus manos sudar.
Frente a ellos y mucho más arriba, se alzaba un castillo enorme, con torres y aspecto viejo pero en muy buen estado, era como ver castillos de cuentos de hadas muggle, pero mucho mejor. Sus paredes brillaban con la luz naranja de las antorchas y una bruma se alzaba desde el agua del lago hasta sus escaleras.
-Frente a ustedes pueden ver el majestuoso castillo de Hogwarts, su segundo hogar o quizá el primero para algunos, durante siete años. - La voz de Hagrid retumbó y se escuchó en cada barco.
-Es hermoso. - Hannah tenía una sonrisa en el rostro y Tom incluso podía sentir su propio rostro relajarse y forzarse en una sonrisa.
La mayoría permaneció en silencio mientras los barcos atracaban en la orilla, al menos después de las carcajadas y gritos de burla cuando un chico del barco de Ronald cayó al agua. Tom también se habría arrojado de estar junto a ese insoportable durante el viaje.
Todos bajaron y Tom caminó junto a Susan y el resto de sus amigos, sintiendo el aire frío de la noche que hacía que la capa negra de su uniforme ondeara violentamente.
Finalmente llegaron hasta el frente de unas enormes puertas de madera, donde una mujer de capa verde esmeralda y sombrero a juego los esperaba, su rostro mostraba una expresión severa y seria.
-Buenas noches profesora McGonagall, lamento la tardanza, tuvimos un pequeño problema durante el viaje. - Todos voltearon a ver al niño mojado y tembloroso junto a Hagrid.
La profesora asintió y Hagrid se despidió de todos.
-Mi nombre es la profesora Minerva McGonagall, les enseñaré transformaciones y para todos aquellos que se unan a Gryffindor, seré su líder de casa. - Se presentó y todos guardaron silencio para escuchar- Hogwarts tiene cuatro casas: Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff. Dormirán y asistirán a clase con sus compañeros de casa, sus buenas acciones y esfuerzo en clase les darán puntos extra, y lo contrario les hará perderlos. Al final del año se declarará ganador a la casa con más puntos y recibirá la copa de las casas, lo cual es un gran honor. Espero de cada uno de ustedes lo mejor, esfuércense en sus clases y, sobre todo, muestren un comportamiento ejemplar y se llevarán bien conmigo.
A Tom le gustó la profesora, a pesar de que la mayoría quedó algo nervioso con el discurso. Pero le gustaba el reto de ser el mejor alumno.
-Ahora, formen dos filas y prepárense para entrar al comedor y ser seleccionados para sus casas. - La profesora apuntó con su varita al niño mojado y sin decir una palabra, sus túnicas ondearon y se secaron, al igual que el resto de él. La profesora le sonrió con amabilidad unos segundos al niño.
Tom apartó la mirada y se puso en la fila contraria a Ronald, justo detrás de Susan.
-Muy bien, todos listos?
Hubo muchas respuestas afirmativas y con eso las puertas se abrieron y ellos pudieron ver con todo su esplendor el comedor. Cuatro mesas estaban llenas de estudiantes, velas encendidas flotaban en el techo que mostraba la imagen del cielo fuera del castillo, todo brillaba con las luces de múltiples velas y era simplemente hermoso. Tom ya conocía el aspecto del gran comedor, lo había visto en la historia de Hogwarts, aun así, era hermoso.
Aplausos los recibieron y en el frente del salón una mesa larga estaba llena de lo que parecían ser sus profesores y justo en el medio estaba el director Dumbledore, con una bata color celeste y rimbombante, la barba blanca muy muy larga y los brazos abiertos a cada lado.
-Bienvenidos, bienvenidos! Como cada año recibimos a un nuevo grupo de jóvenes magos a quienes espero.. Hogwarts les enseñe algo más que hechizos. Estoy entusiasmado por ver su selección de casa, así que.. ¡Comencemos! - Las llamas de las velas se elevaron con un zumbido y todos aplaudieron.
En un banquillo que Tom pudo ver apenas Dumbledore se apartó, había un sombrero de cuero que se veía viejo, el cual de repente se movió, abrió la boca y comenzó a cantar, para asombro de muchos del grupo de primer año. Todos escucharon su explicación de las diferentes casas de Hogwarts y sus características y al final quedó claro para los más paranoicos del grupo que no tendrían que pelear con dragones o tener un duelo a muerte con un maestro.
Todos aplaudieron y la selección comenzó. La profesora McGonagall tomó un pergamino y comenzó a llamar por nombres. La primera fue Hannah, quién se unió a Hufflepuff de inmediato y Tom no pudo evitar pensar en la coincidencia de hablar con alguien que estaba en la casa favorita de Harry en Hogwarts. Susan y Colin también fueron de los primeros en ser seleccionados por sus apellidos, Susan fue a Hufflepuff y Colin a Gryffindor. Tom estaba en una discusión sobre qué sería mejor. Susan le agradaba, Hannah no estaba tan mal e ir a Hufflepuff le garantizaría tener dos conocidas, además, los de Hufflepuff eran amables y amigables, Tom era más de los que se quedaban en un rincón observando, Harry se había arrojado sobre él y se había hecho su amigo, Susan había dado también el primer paso.. Ir a Hufflepuff lo haría sentirse más cerca de Harry.
-Tom Riddle Gaunt. - Escuchar su nombre lo hizo salir de sus fantasías y caminar rápida pero elegantemente al banquito. Hubo mucho ruido y murmullos, principalmente de la casa verde que representaba a Slytherin, Tom sabía que su apellido era conocido entre los sangre pura, así que era una reacción que podía esperarse.
Se sentó y dejó que el sombrero cayera en su cabeza.
-Ah! ¡Otro Gaunt! Hacía un tiempo que no tenía el placer de seleccionar a un descendiente de uno de los fundadores. - La voz del sombrero era melodiosa, con un tono que era hipnotizante e incluso seductor. - Veo buenas cualidades en ti, inteligencia superior, creatividad, astuto, con un instinto de supervivencia algo alto para un niño.. Y una mente libre de la locura de tu antecesor, eso te hace muy valioso, podrías hacer grandes cosas en Slytherin, limpiar el nombre del linaje de Salazar Slytherin.
-Estaba pensando.. En ir a Hufflepuff. - Tom no lo dijo en voz alta, aun así el sombrero escuchó.
-¡Hufflepuff?! No es una mala casa, por supuesto, pero tus cualidades y aptitud sobresaldrían mejor en otra casa, como Slytherin.
-Solo quieres enviarme a Slytherin por mi linaje? También podría ser un buen Ravenclaw.
De repente se sintió nervioso, la mesa de Slytherin se veía fría, a diferencia del resto de la escuela faltaba esa carisma y felicidad, todos parecían figuras de porcelana, estatuas perfectas. Tom sabía que no le iría mal allí, sería fácil adaptarse al entorno, pero quería algo diferente, amigos como Harry, ruidosos y felices, no niños sangre pura y racistas.
-En efecto, serías un estudiante ejemplar en Ravenclaw, definitivamente podrías desarrollar tu potencial en Ravenclaw.
-Podría hacerlo en cualquier casa, no crees? Eso de las características es algo obsoleto, nadie es solo valiente y arriesgado, un Gryffindor puede tener cualidades de Hufflepuff y también de Ravenclaw y Slytherin, todos tenemos cualidades de las diferentes casas, podríamos encajar en cualquiera de ellas. A mi parecer.
-Umm, una mente brillante, astuto con las palabras, ya sé dónde te pondré.
Tom no tuvo un buen presentimiento.
-Me lo agradecerás después, Slytherin necesita una buena sacudida y tú, como su heredero, cambiarás las cosas.
-No! ¡No quiero ir allí! ¡Mándame a Ravenclaw!
-SLYTHERIN!
Tom se arrancó el sombrero con molestia, incluso despeinandose, mientras todos aplaudían.
-Voy usar tu cuero para limpiar mis zapatos. - Le amenazó lo suficientemente bajó para que solo el sombrero lo oyera.
Le entregó el sombrero a McGonagall y fue a sentarse, en su casa le aplaudían fuertemente y él se acercó a la sección de primer año, sentándose junto a una niña de cabello negro y corto y otra de cabello castaño, ondulado y largo.
-Vaya, estuviste mucho rato allí, poco más de diez minutos. - Un chico moreno y que se veía más amigable que los demás le habló. - ¿Qué te tomó tanto tiempo?
-Estábamos discutiendo sobre cuál opción era mejor. - A Tom no le agradaba demasiado contestar las preguntas de alguien que no conocía, pero el chico moreno parecía ser amable o al menos el más amable y él debía hacer el esfuerzo para hacer amigos.
-Que no es eso obvio? Slytherin es la mejor de las cuatro casas, tu deberías guardarle algo de respeto, Gaunt. - Un chico rubio, con el rostro arrugado como si hubiese probado un limón y el cabello peinado hacía atrás con lo que parecía ser una goma para el cabello muy fuerte, le habló. La manera en la que dijo su apellido le molestó un poco. -Si es que acaso eres de esos Gaunt. - Tom no pudo evitar verlo molesto. - No he visto ningún Riddle entre los sagrados veintiocho.
Iba a desmembrar ese sombrero y que se fuera al diablo la idea de hacer amigos.
-Es porque Riddle es un apellido muggle, hay algún problema con eso? O tu sangre incestuosa no te deja pensar?
Hubo un silencio en la mesa, principalmente de los chicos de primer año. La mayoría lo miraban como si fuese basura podrida y la otra mitad tenía los ojos muy abiertos, con sorpresa.
-Es una vergüenza como la casa Slytherin se contamina cada día más con asquerosos sangre sucia como tú. De seguro eres un asqueroso hijo de muggles que ni siquiera sabe dónde está parado. Será mejor que aprendas tu lugar, sangre sucia.
Tom deseó ahorcarlo hasta volver su piel pálida de color morado.
-Si yo fuera tú, tendría cuidado con lo que digo o te convertiré en una asquerosa rata y te daré de comer a las serpientes. - Siseó, mirando al imbécil con toda la rabia que podía sentir.
Todos se quedaron boquiabiertos y sin palabras.
Tom se distrajo con otra ronda de aplausos, se había perdido al resto de los seleccionados, aunque no sentía mucha curiosidad por los demás.
-¡Muy bien! Bienvenidos a sus nuevas casas y felicidades por su sorteo. Ahora, antes de iniciar con el festín me gustaría decir algunas palabras: Papanatas! Caracoles! ¡Recórcholis! Mazapán! - Todos lo miraron confundidos, Tom pensó que el director estaba definitivamente bromeando. - ¡De acuerdo, a comer! - y con solo levantar los brazos las mesas se llenaron de comida, más de la que Tom había visto en toda su vida.
Tom tomó lo que estaba más cerca de él, pero no bajó la mirada ante ese niño rubio ni de sus amigos obesos.
Las niñas a sus costados se habían alejado de él como si tuviese viruela de dragón e incluso el chico moreno y amable le ignoraba.
Maravilloso, Slytherin sería entonces cómo vivir en la cabaña.
Iba a quemar ese harapiento sombrero hasta los cimientos.
La sala común de Slytherin quedaba en las mazmorras y también cerca de Hufflepuff, por lo que Tom pudo intercambiar un saludo rápido con Susan y Hannah, quienes seguían siendo amables. Tom deseó poder ir con ellas, en Hufflepuff todos parecían ser amables y seguro a nadie le interesaría si era mestizo, hijo de muggles o sangre pura.
Las mazmorras eran frías y húmedas, la casa de Slytherin estaba escondida tras un muro que se movía a un lado con una contraseña bastante snob que, ahora sabía, cambiaba todas las semanas y que tendría que memorizar si quería entrar.
Todos sus compañeros de primer año caminaban al frente, ignorándolo y Tom se obligó a respirar profundo, no estaba resultando ser el inicio de año que esperaba, había comenzado tan bien.. Y ahora estaba destinado a pasar siete años allí.
Calma, es solo el primer día. Aun puedes hacer amigos aquí y si no es en Slytherin pues puedes hacer amigos en otras casas. Se tranquilizó.
La sala común era hermosa, elegante, con muchos muebles de cuero verde, marrón y aguamarina para combinar con la luz de la ventana que daba directo con el lago negro- Había multiples antorchas de color azúl, al parecer tenían un tema con el rojo.
-Bienvenidos a la sala común de Slytherin, como dije antes, soy Cornelius Burke y soy el prefecto de quinto año, encargado de ustedes junto a mi compañera Selma Selwyn. - Tom los miró. Ambos apellidos eran sangre pura. - Las reglas de la casa son breves, pero si quieren sobrevivir aquí, deberán cumplirlas o no les puedo garantizar una estancia agradable - Justo entonces el rubio pomposo se volteó a verlo con una sonrisa prepotente. Tom solo lo miró muy serio, la clase de mirada que le daba a todos cuando era el viejo Tom. - Se esforzarán por tener las mejores notas, nuestra casa se caracteriza por tener magos brillantes, de tener bajas calificaciones se les castigará y asignará un tutor, pero tengan en cuenta que aquí nada es gratis. - La palabra "castigo" le dió un mal sabor de boca a Tom, un retorcijón en el estómago. - No nos peleamos con miembros de nuestra casa en público, cualquier rivalidad o problema que tengan lo resolverán aquí. Fuera somos un fuerte unido, ¿han entendido? - Todos asintieron. - Tendrán un comportamiento ejemplar, respetarán el toque de queda y evitarán perder puntos e ir a detención, cualquier cosa que nos haga perder puntos como casa.. Deberán obtener el triple, si no quieren problemas. ¿Han entendido? - Todos asintieron en silencio, de nuevo. - Respetarán a sus mayores y obedecerán sus órdenes, Slytherin se rige por jerarquía, así que si quieren ser líderes en lugar de esclavos, será mejor que se esfuercen.
A Tom le parecía que era todo una tontería, eran niños, era una escuela no una prisión y aquí todos actuaban como si ya estuviesen en el mundo real, con empleos y responsabilidades más grandes que ir a las clases y hacer tareas.
-Ya terminaste de aterrorizarlos, Cornelius? - Snape, el profesor Snape y aparentemente el líder de su casa, apareció en escena. No se le perdió como lo miró unos instantes más que el resto. - Bienvenidos, supongo que Cornelius les ha explicado de forma explícita las reglas de la casa, sin embargo, si me permiten, agregaré una más: Nada de molestar a sus compañeros, no quiero bromas de ningún tipo, ni objetos desaparecidos, camas destrozadas o libros llenos de pintura. No aceptaré malos tratos hacia sus compañeros y al que encuentre haciéndolo.. Tendrá detención hasta el final del año. ¿Han entendido? - Tom respetó eso último, era lo más sensato que había escuchado hasta ahora. - Bien, seré su profesor de pociones y como su jefe de casa espero de ustedes excelencia absoluta en mi clase. Ahora vayan a dormir, Selwyn, Burke.. Guienlos a sus habitaciones.
Todos se dispersaron de inmediato, hasta que la mayoría era de primer año.
-Chicas a la izquierda, primer piso. - Selwyn se llevó a las chicas.
-Chicos a la derecha, siganme. - Tom de nuevo se quedó atrás, pero prefería no darle la espalda a ninguno de esos niños. Caminaron por un pasillo que había estado escondido detras de una columna con forma de espiral. Dentro las paredes eran de piedra color marfil, lisa y con antorchas a cada lado, una vez más de color azúl fantasmal. Al fondo había una puerta grande de madera y del lado izquierdo un pasillo que tenía una escalera de caracol que llevaba a los niveles superiores. - Hay sietes pisos en total, subirán conforme pasen de año, por ende estarán en el primer piso. - Abrió la puerta y dentro había una habitación con forma heptagonal, tenía tres ventanas que de nuevo daban vista al lago y seis camas.
Todos entraron de inmediato y escogieron sus camas. Tres a la derecha para el rubio, el moreno y un chico de lentes que ni siquiera hablaba, los niños gordos tomaron las dos camas frente a ellos y más cercanas a la puerta. Tom tomó la última, que por la disposición del cuarto quedaba justo en la punta, con la ventana justo en su espalda.
La cama se veía cómoda, con sábanas verdes, dos almohadas, sábanas gruesas y una cortina, también verde.
-La hora del desayuno es a las siete en punto, comemos juntos y a tiempo. - Cornelius les habló con autoridad. - Estén allí a tiempo.
Luego de eso, cerró la puerta.
Se hizo un silencio y luego todos voltearon a verlo. Tom respiró profundo y vió como su equipaje ya estaba frente a su cama, como sabían que esa sería su cama? No tenía una respuesta.
-Entonces eres su heredero, curioso que nunca se haya hablado de ti. - El chico moreno rompió el silencio.
-Sorprendente que hayan podido engendrarte, con lo enfermos que estaban. Merope y Morfin Gaunt, no? Hijos de ese viejo loco de Marvolo. - El chico rubio volvió a atacarle, usando sus palabras como dagas y de forma despectiva. Tom sintió sus pies y manos frías al escuchar ese nombre, después de años de jamás mencionarlo. Le dió asco. - Una decepción para el linaje de Salazar, solo hace que me dé más pena y repulsión. Eres una vergüenza para nuestra clase.
Nadie dijo nada y Tom se debatía entre convertirlo en rata, darle un puñetazo o algo peor. ¿Qué tenía ese niño contra él? ¿Cuál era su problema? ¿Qué le había hecho Tom?
-Tu abuelo le dejó una gran deuda a los Malfoy, a la mayoría del mundo mágico, en realidad. Ahora que te veo.. - El rubio ladeó la cabeza. - Podrías ser un buen elfo doméstico.
-Sus deudas no son mi problema, al igual que mi estado de sangre y familia no son los tuyos. ¿Te sientes tan inferior en tu primer año que buscas amedrentar a los demás para verte como un líder? Por eso me atacas con tus comentarios abiertamente racistas?
-No necesito amedrentar para hacer evidente que soy mejor que todos aquí. El linaje Malfoy es uno de los más puros de los sagrados veintiocho, además de los más adinerados.
-Me consta, también son amantes intrépidos y secretos de los muggles, preguntale a tu padre sobre la cacería de muggles de los Malfoy, no era precisamente para matar muggles, sino para yacer con ellos.
El chico se puso rojo y el moreno bufó con algo de diversión.
-¡Eso no es cierto! ¡Asqueroso sangre sucia! ¿Cómo te atreves a difamar el apellido Malfoy?
-Cómo podría difamarlos? Tu linaje ya se encargó de hacerlo. No hay nada que el dinero Malfoy no pueda comprar, ni siquiera el silencio, supongo. Aunque hay algunos que tienen la lengua un poco larga.
-Voy a acabar contigo, sangre sucia.
Tom rodó los ojos. - No tienes otro insulto? No me interesa cómo me llames. Agradezco no ser la producción incestuosa de mis padres, así no tendré malformaciones o enfermedades como esos dos- Tom señaló a los gordos que tenían cara de idiotas.
Ambos lo miraron enfadados y se pusieron de pie torpemente.
-Qui..Quién te cre..crees que eres?! - Uno de los gorditos habló, más bien tartamudeó.
-Disculpa, no entiendo tu idioma, hablas inglés?
-Burlate todo lo que quieras, Riddle. Yo que tú me andaría con cuidado.
Eso era seguro, Tom usaría los hechizos de protección que la tía Becca le había enseñado. No pensó que tendría que utilizarlos tan pronto. Pero aparentemente ya tenía cinco enemigos en la escuela y eran sus compañeros de cuarto.
Al diablo, no pensaba hacer las paces con esos imbéciles.
Luego de asegurarse de que sus cosas estaban protegidas, Tom entró a su cama, cerró las cortinas se puso el pijama detrás de ellas, no pensaba entrar al baño con esos cinco afuera esperándolo, y dobló su ropa en un montoncito acomodado al pie de su cama.
Finalmente tomó el diario, que había estado caliente desde hacía un rato. Solo esperó que Harry no estuviera dormido.
Hola Tom! Ya estoy en mi habitación y estoy tan cansado, hoy me fue genial. Estoy en Bellefeuille, justo como dijiste, aunque no me sorprende. Cómo te ha ido a ti? ¿A qué casa has ido?
Tom sintió que finalmente algo era bueno y que el resto de su noche sería mejor, al hablar con Harry. Además era el único con el que deseaba quejarse un poco de su situación.
Hola Harry, espero que estés despierto. A mi me ha ido bien, al menos al principio, he conocido a dos chicas, Susan y Hannah, Susan fue muy agradable conmigo, aunque no puedo considerarlas amigas. Estoy en Slytherin, comienzo a pensar que es la peor casa de todo Hogwarts, mis compañeros de cuarto son unos idiotas. ¿Qué tal tú? ¿Tienes compañeros de cuarto?
Por cierto.. Nunca me equivoco, Potter.
Disculpe usted, señor humildad. Me alegra que hayas conocido a nuevas personas y felicidades por entrar a Slytherin, recuerda que no es una mala casa por tus compañeros, tú estás allí también y eres el mejor! Y si esos cretinos te molestan.. Ponles una cola de burro y unas orejas a juego.
Mi habitación está bien, comparto con otros dos chicos. Somos 13 chicos en mi año y 7 chicas, así que las habitaciones para chicos pudieron aflojarse un poco con el tema del espacio. Mis compañeros están bien, son agradables, aunque no entiendo la mayor parte de lo que dicen, ambos hablan francés y yo solo puedo usar mi dispositivo traductor en clase, dicen que así podré aprender mientras escucho a mis compañeros. Me ayuda un poco poder leer sus emociones.
Yo tengo que compartir el cuarto con todos mis compañeros, solo somos seis chicos y cinco chicas, no somos tantos, aun así, desearía tener una habitación de tres y de preferencia no tener que ver a ese tonto rubio Malfoy.
Tienes de compañero a Malfoy?! Ron siempre decía que era un idiota, porque su padre molestaba al señor Arthur en el trabajo todo el tiempo. Los Malfoy son todos unos idiotas, aunque no le digas a mamá que dije eso.
Sorprendentemente, resultó ser más molesto que Ronald y sus hermanos y eso es una hazaña.
No le prestes atención, ya harás nuevos amigos y solo tendrás que convivir con él a la hora de dormir. Puedes ignorarlo el resto del día.
Es cierto, aunque no te he contado lo peor! Aquí todos son unos snob, tienen reglas estrictas como fingir ser amigos en público y pelear en privado, incluso nos amenazaron con sacar buenas notas y no ganar detenciones.
Parece que encontraste a la horma de tus zapatos, jajajaja
No eres gracioso, Harry.
De todas formas, no creo que tengas problemas con eso, así que serás el favorito de todos.
Tom lo dudaba, sería el sangre sucia de primer año, el último niño con apellido Gaunt y sangre de Salazar Slytherin que había ensuciado el honor de su casa por tener sangre mestiza. ¡Que ridiculez! Tom odiaba ese discurso, las palabras lo laceraban en su interior al recordar como ese monstruo de la cabaña constantemente le recordaba que no era puro, que era una abominación para la familia.. No, no seguiría pensando en él.
Quizá, ¿por qué no me cuentas cómo es Beauxbatoms?
El comedor tiene ninfas talladas en madera que cantan mientras comemos! Y todo huele a flores y está tan cálido, gracias a Merlin porque estos uniformes son delgados como el papel!
Su charla con Harry duró un tiempo más, Tom no le contó sobre como fue llamado sangre sucia múltiples veces y no volvió a quejarse de sus compañeros. Aunque en el interior sintió esa familiar sensación de soledad y rechazo que había experimentado por tantos años en Whools, no le había tomado ni siquiera segundos el retomar su comportamiento a la defensiva y grosero para defenderse, aunque el Tom del pasado habría hecho algo peor que solo insultar, aun así se sentía mal, como si no fuese él mismo.
Quizá solo era el cansancio, el estrés y el ir a Hogwarts sin Harry.
Siquiera habría entrado a Hufflepuff de estar Harry? Probablemente el sombrero no le habría dejado, pero Tom habría tenido la seguridad de ver a Harry por la mañana, de encontrarse en las mazmorras y caminar al comedor juntos, de ir a sus clases compartidas y pasar el tiempo libre explorando el castillo.
La mañana siguiente inició mejor de lo que esperaba, Tom se despertó primero que todos, tomó su uniforme que mágicamente tenía bordado el símbolo de su casa y su corbata ahora verde y plata. Entró al baño y usó hechizos de privacidad para evitar que nadie entrara. Cuando salió, se alivió de ver que apenas estaban despertando. Tomó sus libros y bajó sin ellos a la sala común.
El desayuno fue silencioso y solitario, nadie le habló, pero no se apartaron de él, demasiado. El profesor Snape les entregó su horario de clases, era jueves y su primera clase resultó ser pociones, en cada bloque se veía con qué casa compartirían clases. Tom tenía pociones a primera hora, con los Gryffindor, luego período libre, encantamientos con los Ravenclaw y transformaciones de nuevo con Gryffindor.
No tenía ninguna clase ese día con Hufflepuff. Aunque el viernes tendría astronomía con ellos.
El prefecto los llevó al salón de clases unos quince minutos antes de la clase y todos entraron. Las mesas eran de dos y tres integrantes y pronto todos hicieron equipo. Obviamente dejándolo por fuera, Tom lo prefería, no los necesitaba, pociones era su fuerte y no pensaba ayudar a ninguno de ellos. Terminó sentándose solo, detrás de dos chicas de su casa que ni siquiera lo miraron, pero tampoco lo molestaron.
Casi al inicio de la clase llegaron los Gryffindor, con alboroto, entre charlas y risas. Eran bastante dispares.
-Disculpa, puedo sentarme aquí? - Una chica de cabello castaño, tupido y de dientes grandes le habló. Todos los de su casa habían hecho grupos y la habían dejado por fuera.
-Claro.
Ella pareció aliviada, se la veía algo tensa, nerviosa. Los chicos de su casa la veían mientras aguantaban las risas.
-Mi nombre es Hermione Granger. - Ella le tendió la mano, él la aceptó y la apretó.
-Tom Riddle.
-También eres hijo de muggles? - Contrario a los Slytherin, Hermione parecía entusiasmada de encontrar alguien que era como ella.
-Mestizo, mi madre es bruja, mi padre muggle.
-Oh. ¡Eso es genial! Crecer entre ambas culturas, quiero decir, yo tuve que aprender todo por mi cuenta cuando me enteré que era una bruja, leí todos los libros de historia que encontré y repasé los libros de primer año, no quiero quedarme atrás.
Hermione hablaba demasiado, pero parecía nerviosa. No era particularmente agradable, pero no lo había insultado y hasta el momento era amable.
Tom no necesitó responder ya que en ese momento entró el profesor Snape al aula, los vió a todos con esa expresión para nada agradable y comenzó su discurso.
-Bienvenidos a la clase de pociones, soy el profesor Snape. Y ustedes están aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de ustedes dudarán que esto sea magia. No espero que lleguen a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente y engañando los sentidos - A pesar de su tono y su expresión sin emociones, Tom se emocionó con sus palabras. - Puedo enseñarles cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte.. Si son algo más que los inútiles a los que usualmente tengo que enseñar.
Nadie dijo nada, los chicos Gryffindor parecían temblar en sus asientos y sus compañeros Slytherin parecían considerarse especiales por solo ser Slytherins, pudo ver al chico Malfoy pavonearse en su asiento.
En cuanto a Hermione.. Ella tenía la mirada puesta en Snape, fascinada y concentrada.
-Trabajaran en equipos durante todo el año, así que espero hayan elegido bien a sus parejas, porque no podrán cambiarlas hasta el próximo año. Aun así, su nota será individual y dependerá de su desempeño. Este año les enseñaré lo más básico, hoy haremos la poción curadora de forúnculos, abran sus libros y vayan a la página trece, lean detenidamente las instrucciones e ingredientes y luego busquen los ingredientes en el almacén.
El profesor se dió la vuelta y comenzó a escribir algo en la pizarra mientras todos leían, Tom no lo hizo, solo fingió revisar, pero ya sabía cómo hacer una poción de forúnculos, incluso dormido.
Cuando llegó el turno de buscar los ingredientes Hermione brincó de su asiento para buscarlos y Tom tuvo que calmarse para no perseguirla y convencerla de que él buscaría los ingredientes.
Cuando volvió, Tom revisó y se alegró de que había escogido bien, incluso lo más fresco.
El profesor Snape comenzó su explicación y todos escuchaban atentamente mientras hablaba, pero Tom ni siquiera anotó, ya sabía todo aquello, así que solo tomó su pluma y fingió anotar.
Una vez que pudieron comenzar fue una batalla entre él y Hermione, quién parecía querer hacerlo todo.
-Qué haces?! El libro dice cuatro vueltas a la izquierda, tu hiciste cinco y una más a la izquierda!
-Esto ayudará a que espese más rápido.
-¡Estás inventando! ¡Lo estropearás!
-Mi tía es maestra pocionista y me ha enseñado, sé lo que hago, Granger.
Pronto estaban en medio de una discusión.
-No puedes hacer esas cosas sin consultarme primero, mi nota también depende de la poción.
-Y tendrás la nota más alta gracias a mi.
-Su discusión distrae a los demás, Riddle, Granger.. ¿Es la poción tan complicada para ustedes que no pueden trabajar en silencio?
Hermione lo miró molesta, como si fuese su culpa que el profesor los regañara. Perfecto, ya había conseguido su primer regaño y por el jefe de casa.
-No, señor. Lo sentimos.
El profesor solo los miró a ambos con una ceja alzada y luego al caldero hirviendo. Luego lo miró directamente.
-Parece que ha prestado atención a sus tutorías, señor Riddle. Continúen en silencio.
Hermione lo miró unos segundos sin decir nada, luego suspiró y se dedicó a picar lo demás y pasárselo, además de observar todo lo que hacía. Tom luego le entregó el cucharón cuando las instrucciones del libro no arruinarían la poción. Hermione se lo agradeció con una media sonrisa y Tom tuvo que admitir que no era tan mala, había picado y molido a la perfección, sus notas en el pergamino eran limpias y precisas, aunque había anotado los cambios que había hecho y sus efectos.
Al terminar guardaron la poción en un frasco y lo entregaron al profesor, quién lo miró, lo olió y solo dió un asentimiento seco. Mucho mejor que las miradas de desagrado rayando al odio que recibió la mayoría de los Gryffindor o la irritada que le dió a los gorditos de su casa.
-Para la próxima clase quiero un ensayo de tres páginas sobre la poción que hemos realizado hoy, su utilidad y todo aquello que hicieron mal en su preparación, sus consecuencias y cómo pudieron arreglarlo.
Hubo un quejido colectivo de Gryffindor que murió con una sola mirada de Snape.
Hermione a su lado pinchó con suavidad su brazo. -Tom.. Perdona por discutir, quiero que nos llevemos bien, después de todo seremos compañeros el resto del año.
Hermione parecía sentirlo en serio y Tom podía perdonarla, solo porque se había disculpado y porque su inicio tampoco había sido malo.
-Está bien, la próxima vez te avisaré antes de hacer algún cambio.
Ella asintió. -Me alegra que seamos compañeros, eres bastante bueno.
-Tu tampoco te quedas atrás, aunque eres algo rígida con las instrucciones. - A Hermione no pareció gustarle mucho su último comentario, pero no lo dijo y solo asintió.
Ambos tomaron sus cosas para marcharse de la clase.
-Qué harás en tu hora libre, Tom?
-Le escribiré a mi familia.
-Oh. - Hermione se vió algo decepcionada, quizá Granger estaba pasando por la misma situación de ser rechazada por su casa, a juzgar por la manera en la que Ronald parecía verla- Entonces nos veremos en transformaciones.
Tom asintió.
Queridos tío y tía,
Lamento no haber escrito ayer, fue un día largo y terminé muy cansado. Ayer fue un buen día, fuí seleccionado en Slytherin (El sombrero insistió que era lo mejor, pero yo quería ir a Hufflepuff o Ravenclaw), Slytherin está bien, es muy lindo, aunque mis compañeros de cuarto no son para nada agradables. Pero he conocido a otras personas, hay dos chicas de Hufflepuff con las que compartí el viaje en tren y que son bastante agradables, se llaman Susan y Hannah; también conocí a otra chica hoy, su nombre es Hermione, es mi compañera en la clase de Snape y es hija de muggles y parece saber mucho sobre pociones, también es algo mandona y casi tuve que arrancarle la cuchara de las manos para que no arruinara la poción, aunque al final me escuchó y quedó perfecta.
El castillo es genial y la comida deliciosa, aun no conozco mucho, pero me gusta.
¿Cómo están ustedes? Los extraño mucho, prometo escribir al menos dos veces por semana.
Los quiere, Tom.
Dejó la carta para sus tíos dentro de un sobre y se preparó para escribir la carta de su madre.
Hola mamá,
Lamento no haber escrito ayer, después de la selección y la cena fuimos directo a dormir. Ayer me fue bien, el sombrero me puso en Slytherin, como tú, la tía Becca y Mark, aunque mis compañeros de casa no me agradan, pero ya me acostumbraré. Hoy tuve mi primera clase de pociones con Snape, tu jefe, es buen profesor, aunque me aburrí un poco, también tengo una compañera en la clase, Hermione, que es agradable, aunque algo mandona y controladora. También conocí a unas chicas de Hufflepuff que son agradables.
Más tarde tendré mi primera clase de encantamientos y luego de transformaciones, espero sea tan interesante como pociones y que los profesores sean buenos, aunque mis tíos me han dicho que la profesora McGonagall es bastante buena.
En fin, estoy bien y la comida es buena. ¡Mándale saludos a la tía Becca!
Te quiere, Tom.
Una vez que terminó de escribir fue a la torre de las lechuzas y las envió a sus remitentes.
Era algo tonto enviar cartas cuando tenía un espejo de doble vía, pero sus tíos mencionaron que igual querían cartas y Tom no podría hablarles hasta la noche.
Su clase de encantamientos fue buena, los Ravenclaw eran normales, casi igual de serios que su grupo, a excepción de su obsesión por contestar las preguntas del maestro Flitwick , quién era un duende como los que trabajaban en Gringotts, aunque mucho más amable que los del banco mágico.
Tom se entretuvo aprendiendo sobre el hechizo de levitación y recibió halagos al lograrlo al primer intento, aunque muchos niños de la clase lo lograron, como el insufrible de Malfoy, muy probablemente porque la mayoría de niños eran hijos de magos y, aunque la ley lo prohibía, muy probablemente sus padres les habían enseñado en casa algunas cosas.
La clase no tuvo mayores complicaciones y al terminar la prefecta Selwyn estaba esperándolos para guiarlos a su siguiente clase.
El aula de transformaciones era enorme, luminosa y había cientos de objetos a los laterales, muy probablemente transfigurados. Sus compañeros de casa se apoderaron de los asientos del lado izquierdo, como robots y Tom odió la idea de sentarse cerca de ellos, pero recordó las estúpidas reglas de casa y como violarlas involucraría un castigo, no dejaría que le tocaran un pelo, pero quería ahorrarse problemas.
Así que tomó asiento detrás de las chicas, una de ellas era robusta, con el rostro rústico y nariz de cerdito, la otra era rubia, algo delgada y huesuda. Pero no se habían metido con él, ni siquiera le veían mal, solo lo ignoraban, así que Tom podía soportar estar cerca de ellas y preservar la imagen de unidad de casa.
-Hola, Tom. - Hermione lo saludó antes de sentarse junto a él.
-Hola.
Por la puerta comenzaban a llegar sus compañeros, ninguno la miraba, ninguno se preocupó por sentarse con ella. Bueno, era solo el primer día, nadie hacía amigos tan rápido. Tom se encontró con los ojos del chico Colin, quién lo saludó demasiado entusiasmado, Tom solo le dió una sonrisa solo elevando ligeramente la comisura de us labios.
-Conoces a Colin?
-Viajamos juntos en el tren y en el bote.
Hermione asintió.
-Y como te fue en encantamientos?
Tom la miró extrañado y confundido.
-Como sabes que tuve clase de encantamientos?
Hermione se sonrojó. - Es que memoricé el horario de las cuatro casas.
Tom pensó en una respuesta coherente para hacer tal cosa.
-Por qué hiciste eso? Con saber tu horario es suficiente.
-Es solo algo práctico, así podré saber cómo organizar mi tiempo para pasar el rato con mis amigos, si tengo amigos en otras casas. - Ella parecía estar avergonzada y nerviosa, pero también había un brillo retador en sus ojos, como si estuviera lista para defenderse si Tom se burlaba de ella.
Tom solo lo vió como un intento algo exagerado de la chica por agradar en un lugar nuevo y desconocido, no le parecía gracioso, Tom podía entender la necesidad de encajar y agradar muy bien.
-Solo creo que, cuando tengas amigos, puedes hablar con ellos en lugar de saber sus horarios, es menos trabajo para tí. ¿No crees?
Hermione solo se encogió de hombros y miró al frente.
-¿Ese es un gato en el escritorio?
Tom lo había notado al entrar, aunque solo pensó que era la mascota de la profesora tomando una siesta en el escritorio.
-Quizá la profesora trae a su mascota a la clase.
Hermione hizo un puchero. -Mis padres no me compraron ninguna mascota. Dijeron que tener una lechuza era ilegal al ser una animal silvestre, se horrorizaron al ver ratas de mascotas, ya sabes, porque producen enfermedades y se negaron con el gato porque dijeron que sueltan mucho pelo.
Hermione hablaba demasiado, pero curiosamente le daba más risa que irritación, le recordó al inicio de su amistad con Harry, cuando su amigo se le hacía molesto y ruidoso.
-Creo que tus padres solo no quisieron decirte que no desde el inicio.
Hermione asintió con cara triste. - Sí, yo pienso lo mismo.
-Si te hace sentir mejor.. Yo tampoco tengo mascotas, mamá se negó a comprarme una serpiente.
Hermione se vió asombrada. -¿No son peligrosas las serpientes?
Tom abrió la boca para responder y en ese momento el gato del escritorio maulló, saltó del escritorio y se transformó en la profesora McGonagall, Hermione jadeó bastante fuerte y hasta Tom quedó bastante impresionado.
-Llegan tarde. - Toda la clase vió como Ronald y el pobre niño que cayó del bote estaban atravesando la puerta, rojos y jadeantes.
-¡Lo lamentamos! Es que nos perdimos.
-¿Acaso su prefecto no los trajo a su clase?
Ronald parecía ser el líder de los dos, el pobre y rechoncho niño no podía ni hablar.
-Quisimos explorar un poco.
-Ya veo, la próxima vez que desee explorar señor Weasley le recomiendo que lo haga los fines de semana y no antes de mi clase. ¿Entendido?
-Si.
-Bien, siéntense.
Tom sintió un placer para nada culposo de ver como a Ronald ya estaban regañándolo en el segundo día de clases.
McGonagall estudió el salón de clases por unos breves segundos antes de hablar.
-Como todos saben mi nombre es Minerva McGonagall, soy su profesora de transfiguraciones y les enseñaré cómo modificar la forma o apariencia de un objeto animado o inanimado, como también el aspecto de una persona, sin embargo, eso será en años más avanzados. La transfiguración es una de las ramas más complejas y delicadas de la magia, se requiere de conocimiento, disciplina, control de la magia, concentración e intención, de lo contrario pueden obtenerse resultados catastróficos.. ¿Por qué no están escribiendo? - Solo unos pocos no estaban haciéndolo, Tom podía ver como Hermione escribía furiosamente en el pergamino, particularmente no entendía cómo le era posible mirar a través de ese manojo descontrolado de cabello. - Para aquellos que vienen del mundo muggle y piensan que se desharán de los conocimientos obtenidos.. Se equivocan, la transfiguración, aunque es una rama de la magia, no se exime de la presencia de la ciencia, para lograr la transformación de un objeto se debe conocer el peso de este, el tamaño, la composición, si se trata de madera, hierro, cobre o un organismo completo, como un animal o ser humano. También, la composición de su varita será algo a considerar, se percatarán de que algunos estudiantes tendrán mayor facilidad que otros y eso se debe a sus varitas, si las compraron en Ollivanders seguro habrán obtenido una detallada explicación de las cualidades de cada varita, algunos materiales son más afines a la transfiguración que otros. El núcleo de su varita y energía de la misma son factores a considerar y que los ayudarán a guiar su magia adecuadamente. Les enseñaré a medir la cantidad de magia que utilizan para los hechizos, a controlarla, así que definitivamente la transfiguración no será una materia sencilla, divertida? Más que ello, educativa y ventajosa.
Tom estaba entusiasmado mientras anotaba, la transfiguración se le daba bien sin varita, aunque no se sentía muy atraído hacia las varitas, aunque la tía Becca le había enseñado con la suya muchas veces, aunque en su mayoría eran hechizos fáciles.
-La transformación se divide en ramas, que según su nivel de dificultad son: la transformación, que es la que estudiaremos en su primer año, la detransformación o capacidad de revertir una transformación; la permutación, desvanecimiento y conjuración. Pueden buscar los demás tipos en la biblioteca, si les interesan, no será de utilidad justo ahora. - Solo el ruido del papel y la pluma era perceptible. - Ahora, la transfiguración también es una magia peligrosa y muy delicada, una de las más complejas que aprenderán en Hogwarts, así que cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Están todos advertidos.
La profesora siguió explicando, escribiendo fórmulas en el pizarrón y haciendo preguntas.
-Ahora, en la clase de hoy haremos un ejercicio sencillo, transformaremos este pedazo de cera en una aguja. Evaluaré el color, el grosor y la calidad de la aguja, mientras más similar sea a una aguja real su calificación será mayor. - Ante todos apareció un pedazo de cera alargado y del grosor de un dedo. - Mientras entre los objetos haya mayor similitud será más fácil conseguir la transfiguración. - explicó McGonagall. - Su reto será transformar la materia y la forma, no espero que ninguno de ustedes lo logre en la primera clase, así que pueden estar un poco tranquilos, aun así espero den su mejor esfuerzo.
Todos asintieron, Tom tocó su pedazo de cera con los dedos, le dió vueltas y sintió su dureza, la frialdad y algo de pegajosidad. De cera a metal.
-Alguien puede decirme como se llama el hechizo que usaremos?
Hermione levantó la mano tan rápido que Tom la vió levantarse como algo borroso. Respondió igual de rápido y McGonagall asintió.
-Muy bien, señorita..?
-Hermione Granger, profesora.
-Bien, cinco puntos para Gryffindor por contestar correctamente. - Hermione sonrió con suficiencia morbosa, pavoneándose de gusto por contestar una pregunta.
-Bien, hagan sus cálculos y podrán comenzar.
Tom lo hizo, aunque para él sería mucho más sencillo solo usar sus manos.
Hermione terminó al mismo tiempo que él y se puso en marcha de inmediato, Tom la miró con curiosidad y debió admitir que el primer intento fue decente, la cerilla había adelgazado un poco más, hasta tener el grosor del cordón de un zapato.
Se concentró en su cerilla y tomó su varita, conjuró el hechizo y movió la mano como McGonagall había explicado.
Unos cuatro intentos después, la cerilla era color plata, aunque seguía algo pegajosa, pero era mucho más delgada y su punta estaba algo afilada.
Hermione a su lado soltó un chillido de victoria al lograr su transformación. La profesora McGonagall se acercó a su mesa y tomó la aguja.
-La felicito, señorita Granger, una transformación casi perfecta, la aguja está algo doblada, pero aun así podría coger unas puntadas con ella. Diez puntos para Gryffindor por su esfuerzo.
Tom la miró algo molesto y celoso, estaba harto de ver su magia controlada por una varita, apuntó con sus dedos a su cerilla deforme y con un chasquido de dedos la transformó.
Hermione jadeó e incluso la profesora lo miró con sorpresa. Él podía hacerlo mucho mejor in su varita, definitivamente.
-Señor Riddle, puede volver a intentarlo con esta cerilla, por favor? - McGonagall le pasó otra y Tom lo hizo sin ningún esfuerzo, convirtiendo otra aguja perfecta. - Impresionante, tiene usted un control extraordinario de su magia, para ser tan joven. Magia sin varita y no verbal. Maravilloso. - La profesora lo veía con ojos brillantes y Tom pudo notar como todos lo miraban, sus compañeros de Slytherin tenían muecas de envidia que le hicieron sentir gusto. - Le daré doce puntos por esa transfiguración perfecta y sin varita, sin embargo, aunque estoy completamente a favor del desarrollo de las capacidades, le aconsejo practicar más a usar su varita y lograr los mismos resultados, le servirá incluso para mejorar su magia sin varita, al aprender a expandir y reducir su magia.
Tom asintió, feliz de ser halagado.
-El resto de ustedes, quienes no lograron transfiguraciones completas, escribirán un ensayo de dos páginas sobre el hechizo y la manera de realizarlo correctamente. Además de cómo influye en la transformación la diferencia de materia. Eso será todo por hoy.
Una vez que Tom se deshizo de Hermione y sus preguntas de cómo lograba hacer magia sin varita, comió su cena y se retiró solitario a su habitación.
Entró a su cama, cerró las cortinas y tomó su diario.
Acabo de tener el mejor día de escuela en mucho tiempo, mi profesora de transfiguración es increíble, pociones con Snape estuvo bien y tengo a un profesor duende que nos enseña encantamientos, aunque es bastante agradable.
Uff, el mío estuvo movido. A primera hora tuvimos historia y me sentí bastante perdido, hay muchas cosas que la señora Weasley no nos enseñó, al parecer Gran Bretaña no es el único país mágico importante. Luego vimos herbología, que estuvo bastante bien, me ha gustado y los jardines aquí son impresionantemente gigantes! ¡También tuve clases de pociones hoy! Mi profesora fue alumna de Perenelle Flamel, mamá estaba bastante feliz de escuchar eso.
Te dije que investigaras más sobre la historia de Francia, pero tú querías leer sobre su fauna, ahora deberás aprender sobre la marcha. Creo que el plan de estudios de Beauxbatons es mejor que el de Hogwarts, Hermione me contó que el profesor de historia de la magia es un fantasma, un profesor que murió aquí y ahora no quiere irse.
Como si no tuviera suficiente con aprender el idioma, todos aquí hablan con un acento muy raro. Quién es Hermione? ¿Ya hiciste tu primera amiga? Por cierto, un maestro fantasma es algo genial e interesante.
Aun no la considero una amiga, pero es inteligente y no ha sido grosera conmigo y al parecer somos los únicos con los que nadie más quiere sentarse en las clases. Aunque he notado que es algo.. Intensa, está obsesionada con ser la mejor de la clase.
Parece que encontraste la versión femenina de ti mismo.
¡No soy como Hermione! Me contó que memorizó el horario de las cuatro casas de primer año para que cuando tenga amigos puedan organizarse y pasar tiempo libre juntos. Yo nunca haría algo así.
¡Pobre Hermione! Debe sentirse sola, tienes que ser su amigo y salvarla, Tom! Además, es lista como tú, tendrán mucho de qué hablar si a ambos les gusta estudiar.
Tom no pudo evitar sonreír ante las palabras de su amigo.
No soy un superhéroe para rescatar a las personas, además, tú eres el que recoge a nuevos amigos por allí.
Pues deberías aprender algo de tu increiblemente empático y simpático mejor amigo, además.. Que hables bien de ella ya es un indicio de que te agrada al menos un poco, solo no te pongas a pelear por quién es más listo.
Tom pensó que si Harry estuviese allí ya sería amigo de Hermione, ya estaría invitándola a la biblioteca y contándole sobre su vida, arrastrándolo a él a hacer lo mismo. Para Harry era tan sencillo hacer amigos.
Acaso quieres deshacerte de mi, Harry Potter? ¿Por qué quieres arrojarme a una nueva amistad tan rápido? ¿Has hecho nuevos amigos?
Por favor, nadie podría reemplazarme jamás como tu mejor amigo. Solo quiero que tengas amigos en Hogwarts porque no quiero que te sientas solo y sé que te es difícil hacer amigos. He conocido a más de mis compañeros, les parece gracioso que no sepa hablar Francés y algunos se ofrecieron a ayudarme. Muriel y Hugo son de mi casa y nos hemos sentado juntos, son muy amables, Muriel es de Países Bajos, donde sea que quede eso.
No tienes que preocuparte tanto, puedo sobrevivir sin amigos y sino intentaré hacer las paces con Weasley. Me alegra que tengas amigos y por cierto, Países Bajos está entre Alemania y Bélgica, en el continente Euroasiático. ¿En dónde estaba tu cabeza cuando vimos geografía? Cómo serás un zoomago y explorador si no sabes geografía?
Era aburrido y además.. Tú serás el guía en los viajes, así que decidí que no tenía que preocuparme tanto por aprender geografía. Pero gracias a ti ahora sé donde está.
Más te vale que te esfuerces en la escuela, Potter o los tíos van a lapidar y yo te acabaré si te retrasas un año.
¿Qué clase de mejor amigo amenaza al otro? De verdad, Riddle, has cambiado.
Tom se rió ante el dramatismo de Harry.
Deja de ser tan exagerado y ponte a estudiar. Tienes un idioma y la historia de un país que aprender.
No eres divertido, adiós, Tom. Buenas noches.
Buenas noches, Harry.
Por cierto.. Estás tan desesperado que prefieres ser amigo de Ron antes que hacer amigos nuevos? Acaso finalmente vas a admitir tu amor secreto por Ginny?
Tom se arrepintió por su broma irónica.
Vete a estudiar, Potter. Y déjame en paz.
Puedo ayudarte a averiguar las flores favoritas de Ginny. Aunque tu plan de ganarte al hermano primero es bueno.
Tom no respondió, aun así estaba muy divertido ante las palabras de su amigo.
Su segundo día de clases inició y Tom fue al patio para su primera clase de herbología con los Hufflepuff, siempre unos pasos lejos de sus compañeros de casa.
Al entrar ví largos mesones en donde había espacio para cuatro personas, con cuatro macetas en cada punta.
-Bienvenidos niños, soy la profesora Sprout, su maestra de herbología. Dividanse en grupos de cuatro para trabajar, por favor.
Tom no supo exactamente a donde ir, pronto Malfoy estaba sentado con Zabini, Knott y Parkinson, aparentemente esos cuatro eran una unidad, los dos gorditos se juntaron con la chica robusta y la rubia huesuda. Eso dejaba por fuera a dos chicas más de su casa que lo miraron como si fuera su obligación unirse a ellas.
-Tom!- Susan le tocó el brazo para saludar, detrás de ella venía Hannah. - ¿Quieres hacer equipo con nosotras?
Él asintió y le dió la espalda a sus compañeras de casa, no les debía nada, de todas formas.
-Cómo te fue ayer?
-Bien, tuve clases con Snape, Flitwick y McGonagall.
-Nosotras tuvimos clases de vuelo a primera hora con Hoch, también tuvimos clases con Flitwick e historia de la magia. Puedes creer que el profesor es un fantasma? - Susan lo bombardeó con su plática de nuevo, pero a Tom no le molestó.
-Alguien me comentó del maestro fantasma.
-Es una locura y está obsesionado con los duendes, los de años superiores dicen que es de lo único que habla. - Hannah se unió a la conversación.
-Debería ser como el resto de los fantasmas, como el fraile gordo o Sir casi decapitado, sirven de guía en el castillo, pero no deberían enseñar, menos si solo hablan de un tema.
Tom estaba de acuerdo con ambas.
La clase comenzó y otro chico de Hufflepuff se les unió, un tal Zacarias que era algo prepotente e inmaduro, pero Tom no necesitó ponerlo en su lugar, Susan era bastante fiera ella sola. Le recordó mucho a Harry, quizá por eso le caía tan bien?
Su primera lección fue trasplantar mandrágoras y los oídos de Tom estaban zumbando muy fuerte aun después de salir de la clase, todo por culpa de los gorditos, cuya mesa estaba al lado y quienes cometieron el error de dejar caer a la mandrágora, que hizo un sonido tan espantoso que algunos incluso se desmayaron. Slytherin perdió cinco puntos.
Su siguiente lección fue defensa y de nuevo ahí estaba Hermione, quién se sentó a su lado. Tom no se quejó, la saludó y se convenció de que no estaba mal ser amigos, Hermione podría seguirle el ritmo en los estudios, no era una purista de sangre, ni tampoco grosera, quizá solo un poco competitiva.
Tom decidió participar más en clase solo para no verse como el compañero idiota de la chica, además de que era divertido ver las caras de furia de Hermione al no contestarlo todo. Su profesora estaba bastante contenta con ambos por haber revisado los libros de texto y juntos ganaron puntos para sus casas.
Practicaron algunos hechizos y Tom ayudó a Hermione, o trató de hacerlo, puesto que la chica estaba determinada a lograrlo ella sola. Era muy terca, pero al final de la clase lo logró y se libraron de entregar un ensayo.
A decir verdad, no tenía demasiada tarea, aun así haría los ensayos solo por entretenimiento y para aprender.
Su última clase comenzó a las once de la noche, todos estaban bostezando y arrastrando los pies, aunque había tiempo para dormir antes de la clase.
Rápidamente buscó a Susan y Hannah e hizo equipo con ellas.
-¿No te agradan tus compañeros de casa, Tom?
-No son muy agradables, no les caí bien. - Le explicó a Susan. Hannah miró a sus compañeros Slytherin con disgusto.
-La mayoría de los Slytherin son así, empeoró desde la guerra con Voldemort, a pesar de que ese loco está muerto desde hace años ellos se creen que ser sangre pura los hace superiores. Creen que son los mejores magos. Tu ignoralos, Tom.
-Eso hago, no me importa lo que piensen.
Las dos niñas asintieron y pasaron la noche viendo estrellas, haciendo mapas del cielo y anotando todo lo que veían a través del telescopio.
Fue una buena clase y Tom salió con deberes, no era exactamente fanático de la astronomía.
Esa noche no le escribió a su madre, estaba cansado y para ser justos no había mucho qué contar, el jueves había enviado la última carta y Tom había obtenido una respuesta algo larga de su madre esa misma mañana, contándole del trabajo, de Becca, de la casa y lo sola que se sentía, casi era como si su madre buscara más y más cosas que contarle. Él tendría que acumular más experiencias para contarle.
Con Harry habló poco durante su tiempo libre y para esa hora estaría dormido, así que se fue a la cama y decidió comunicarse con todos durante el fin de semana.
Nada más llegar al comedor y sentarse, una lechuza dejó una carta en su plato.
Querido Tom,
¿Por qué no me has escrito ayer? He pasado todo el día esperando para saber de ti, acaso Hogwarts es tan interesante que te has olvidado de tu madre? La tía Becca también se quedó esperando tu carta y tus saludos, sé que te estás divirtiendo mucho, pero espero puedas cumplir tu promesa y escribir hijo, te extraño mucho y no te veré en tres meses y luego de navidad no te veré por mucho más tiempo, solo quiero saber como te va y si estás bien. Espero que respondas.
Te ama mucho, mamá.
Quizá su madre se había enojado por la falta de carta, debió haber pensado en la promesa, pero había estado tan cansado ayer y era solo un día.
Aunque sabía que no había hecho nada malo, se sintió culpable.
Tomó su desayuno con rapidez y fue directo a la lechucería.
Hola mamá,
Disculpa por no escribir ayer, fue un día bastante agotador y preferí escribir hoy temprano, no es mi intención romper la promesa y mucho menos me he olvidado de ti o de la tía Becca.
Me ha ido bien, conocí a otra compañera y somos algo parecido a amigos, nos sentamos juntos en las clases que tenemos en común, hago lo mismo con Susan y Hannah, las chicas de Hufflepuff. Me ha ido bien en mis clases, todos mis profesores me han dado puntos por contestar preguntas y por mi desempeño.
Prometo escribir a diario, ya no me olvidaré. ¿Cómo está la tía Becca? Envíale mis saludos.
Yo también te extraño.
Con cariño, Tom.
Tom realmente no sentía la frase de extrañarla, ni siquiera había pasado una semana lejos de casa como para extrañar algo, quizá era porque desde pequeño había sido muy independiente, pero decirlo haría sentir mejor a su madre, Tom podía ser empático, no quería hacerla sentir mal ni mucho menos volver a pelear, quería que las cosas funcionasen.
Envió la carta y decidió ir a su cuarto, tomar el espejo de doble vía y el cuaderno, para hablar un rato con sus tíos, con quienes no había hablado, solo envió una carta el jueves.
La charla con sus tíos estuvo entretenida, le mostraron algunas calles de París, lo felicitaron por su selección y mostraron como su carta estaba guardada en el cajón más importante de la cocina, junto a las de Harry. Su tío quiso ver a sus amigas, aunque Tom aun no las consideraba como tal y sentía vergüenza de mostrarlas, aun así su tío le hizo saber que querría verlas algún día.
Con Harry habló poco, su amigo estaba ocupado en sus lecciones de Francés y él fue abordado por Susan y Hannah en el jardín, con quienes pasó el rato.
Por la tarde los tres fueron a la biblioteca y se sentaron con una sola Hermione, por petición de Tom. La niña le sonrió con ojos brillantes y se esmeró mucho por caerle bien a las chicas, quienes fueron amables a pesar de la extrañeza de Hermione.
Y así como así, pasó el fin de semana, entre hacer los deberes con las chicas, hablar con Harry, pasear por el castillo, escribirle a su madre y a sus tíos.
Notes:
Bueno eso ha sido todo por hoy. Qué opinan de Tom y su llegada a Hogwarts?
Se esperaban las amistades que ha hecho? Agregué algunos personajes que no van en la línea de tiempo, como Colin, pero meh, salió así.
Con quién más creen que Tom se relacione? Este capítulo no tiene tanto salseo, pero no puedo comenzar con las desgracias tan rápido.Que opinan del rechazo de los Slytherins a Tom por ser mestizo?
En fin, espero les haya gustado, aquí estamos batañando contra la perfección, la desgana y apatía, así que espero tener el próximo capítulo pronto.
Gracias por leer, chauuu.
Chapter 26: Amigos, bravucones y madres desesperadas
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Capítulo XXVI
Amigos, bravucones y madres desesperadas
-¡Mira esto! Cada vez es menos, hoy solo han sido seis líneas, como si le molestara escribirme o le cansara. Solo quiero saber de su vida y cada vez me cuenta menos.
Merope sacudió la carta arrugada frente al rostro de Becca.
-Mer, el chico te escribe todos los días, hace lo mismo todos los días, qué más puede contarte? Lo único que hace es ir a clase, estudiar, comer y estar con sus amigos. - Becca le explicó con una voz que evidenciaba cuanto le fastidiaba su preocupación.
-Te apuesto a que a ellos si les hace parrafos gigantes!
-Oh por Merlín, Morgana y todos los magos! Puedes ser una adulta madura de una vez?! Acaso has visto las cartas que les envía? Acaso en algún momento te ha dicho que le molestas? Tom es una dulzura escribiendo cada día, yo habría desaparecido a la semana, con lo molesta que eres, deja vivir al chico, no es tu propiedad, dejalo respirar o lo vas a hartar.
Las palabras de Becca fueron tan crueles que Merope sintió lágrimas picando sus ojos, buscando salir.
-Tú no sabes cómo se siente que tu hijo prefiera a extraños que a ti! ¡No sabes como me siento! - Chilló mientras golpeaba su pecho, el cual realmente dolía.
-No, es cierto, mis padres fueron unos cabrones que me abandonaron. Pero tú tienes una apariencia que mantener, una compostura que cuidar, porque Tom no vino contigo porque te amaba, lo obligaste.
-Cómo.. ¿Cómo puedes recordarme algo así? - Merope sintió una punzada de culpa y miedo al escuchar las palabras de Becca. ¿Cómo podía recordarle el rechazo de Tom? Ella solo lo había hecho porque quería lo mejor para él, quería ser parte de su vida, criarlo y ser su madre, nadie iba a amarlo como ella, por muy santos que los Potter se vieran, iban a abandonar a su hijo, la mudanza a Francia ya era una señal y solo ella estaría allí para Tom.
Becca se encogió de hombros, sin remordimiento alguno por hacerla sentir mal. Merope la detestó.
-Es la verdad, Mer. Si quieres ganarte el amor de Tom, comienza a ser una madre normal, ve al trabajo, vive tu vida y déjalo vivir la suya, los Potter no se ganaron su amor acosandolo todos los días, le dieron su espacio y lo llevaron con un psicomago. Que por cierto.. Piensa que eres una mujer más centrada y que poco a poco va superando sus traumas, gracias a mi. Así que no te conviene ser la mamá loca con Tom, porque cuando tenga su reunión mensual con Mark eso encenderá luces rojas, ¿no crees? Así que cálmate, Tom no te odia, solo no sabe qué más decirte.
Merope no dijo nada más, Becca siempre lograba hacerla sentir mal, culpable y asustada. Era su primer amiga y única, y la quería, pero también le temía, incluso Becca quería más a Tom que a ella. Era como si nadie nunca pudiera amarla por completo y dolía, dolía mucho.
Decidió cambiar el tema, para que Becca volviera a ser amable, ya ella podría lamer sus heridas en privado.
Septiembre se había esfumado más rápido de lo que pensó y pronto Octubre trajo el viento frío, transformando las hojas verdes a un tono naranja opaco, casi sin saber cómo Tom había sobrevivido a un mes y medio en Hogwarts.
Le entusiasmaba la cercanía de las vacaciones de navidad, pero más importante, su reunión con Harry y sus tíos.
Tom seguía adaptándose, aun no tenía buena relación con sus compañeros de cuarto, ni con el resto de sus compañeros de primer año, aunque no era algo que le interesara particularmente. Tom había atrapado a Parkinson y Greengrass mirándolo con curiosidad, aunque Tom sabía que era solo por el conocimiento de la mayoría de la casa de quién era él. Draco y sus compinches habían hecho una escena justo al finalizar el primer mes de clases, en medio de la sala común, solo porque Tom se juntaba con sangre sucias, o como él las llamaba: Hermione, Hannah y Susan. Sus amigas. En lugar de formar equipo con sus compañeros de casa cuando se necesitaba otro miembro, lo cual violaba la norma de ser un frente unido, pero Tom no iba a obligarse a estar con personas que le trataban mal y lo rechazaban, había trabajado su autoestima con Mark por mucho tiempo, aunque aun sin Mark, Tom no habría aceptado sentarse con ellos.
Así que Draco, así se llamaba el imbécil, le había dicho que su deber era restaurar las buenas costumbres mágicas, reconstruir el viejo orden, mostrar a los sangre sucia y mestizos su lugar fuera del castillo: su nulo derecho a estudiar magia. Tal como el loco de Grindelwald y su antepasado Salazar habían hecho o tratado de hacer. Tom casi podía escuchar la voz de ÉL hablando a través de ese engreido y estúpido niño.
No había resistido, obviamente, Tom estaba harto de sus compañeros de casa y aunque sabía que no debía darles importancia, estaba agotado de ignorar todo.
-Si tanto deseas restituir el viejo orden, hazlo tú. Yo solo vine a estudiar, Malfoy, no a seguir las instrucciones de un muerto psicópata.
En Slytherin, ofender a Salazar Slytherin era como entrar vestido con el uniforme de Gryffindor a la sala común y gritar que Dumbledore era el mejor mago de todos los tiempos.
Todos, sin excepción, los miraron, algunos chicos mayores se habían acercado a ellos.
-Más respeto a tu fundador, Riddle. Tu ignorancia y falta de modales ha nublado tu buen juicio, pero el que seas su descendiente no te da privilegios, menos cuando lo insultas de esa forma.
Tom ni siquiera sabía quién era ese chico. Pero se tensó al tenerlo tan cerca, sintiendo que lo acorralaban.
-Ninguno de ustedes podría sobrevivir bajo ese tonto viejo orden, creen que todos ustedes serán lideres y jefes? Serán esclavos mejor vestidos, eso es lo que quería Salazar, idiotas sin criterio para seguirlo, solo para tener poder.
No debió haberlo dicho, pero estaba cansado de Malfoy y su grupito. Tropezando contra él, "sin querer" en los pasillos, arrojando sus cosas al suelo, metiendo el pie para tratar de hacerlo caer. Incluso trataron de abrir su baúl un par de veces y cuando no lo lograron, vaciaron algo que parecía baba, de color verde y muy apestoso, en su baúl, en sus pantuflas y alrededor de toda su cama.
Tom no los delató, obviamente, eso sería como decir que no podía defenderse por sí mismo, además, eran acciones estúpidas de niños. Tom hacía cosas peores mucho más joven. Pero él solo estaba aguantando e ignorando, ya se aburrirían y no eran cosas tan extremas, él no quería convertirse en un bravucón, ni caer en el juego de esos idiotas.
-¿Qué podrías saber tú del viejo orden? Sangre sucia. - Cada que Tom escuchaba esa palabra podía ver los dientes podridos y negros de ÉL, casi podía respirar el olor de la boca sucia y dientes picados. Lo odiaba. - De seguro creciste en un basurero, con lo pobre que es tu asquerosa y deplorable familia, con ese abuelo tuyo pidiendo préstamos que no podía pagar. ¿Qué educación podrías haber obtenido? Tu tío es un loco maniático igual que tu abuelo y tu madre es una Squib a la que le dejaron estudiar en Hogwarts solo por ser del linaje de Salazar. - Tom sintió que su sangre hervía, que su rostro y todo su cuerpo hervía y se calentaba. No había nada que desease más que reventar la cabeza de ese chico, sacarle los dientes uno por uno. - Es tan tarada que de seguro el único empleo que pudo conseguir fue de puta, de seguro de allí has salido tú, de algún loco que decidió cogerse a tu horrorosa y estúpida madre.
Tom sintió y escuchó las risas de todos en la sala común y sintió el momento exacto en el cual perdió el control.
Deseó que el chico sufriera, tanto que enloqueciera, que sus órganos reventaran.
Ese idiota había jadeado, sosteniendo una mano contra su pecho y mirandolo con sorpresa.
-Qué están haciendo todos aquí? Ya es tarde, vayan a sus habitaciones ahora.
Fueron solo segundos, Snape le interrumpió y tuvo que soltar su agarre sobre ese malnacido, quién le miraba entre enojado y sorprendido, Tom solo lo miró fijo, con todo el odio que pudo reunir.
-Un día, cuando menos te lo esperes, voy a hacer que te arrepientas de lo que dijiste.
Luego de ese incidente había llegado a su habitación, con ganas de llorar de la rabia. ¿Qué había hecho él para que lo trataran con tanto odio y rechazo?
Draco había querido seguir la discusión y Tom pegó su lengua al paladar y con un manotazo lo arrojó volando a su cama.
-Si sabes lo que te conviene.. Déjame en paz, Malfoy. Esta noche no estoy de humor para soportarte.
Todos los demás se habían retirado a sus camas en silencio, muy probablemente por la expresión de maníaco que Tom sabía que tenía en el rostro.
Tom no le contó a Harry todo, sentía vergüenza de todo lo que le habían dicho, sobre todo de cómo habían hablado de su madre, llamándola puta y de cómo él era el hijo de algún hombre en la calle. Tom no lo sabía, no sabía mucho de la vida de su madre antes de su nacimiento, nunca habían hablado de ello, en realidad, habían estado más ocupados sobreviviendo en la cabaña y luego tratando de sanar su relación. Ambos querían dejar los detalles escabrosos atrás.
Aun así dolía, que le restregaran en la cara los defectos de su familia, le enfurecía que pudiesen saber de ellos, de sus días oscuros. A Tom no le importaban esos hombres, aun así sentía vergüenza por estar emparentado con esos monstruos y ser atacado a través de ellos.
También le daba miedo que pudiesen saber sobre él y lo que le había sucedido, eso sería material suficiente para destruirlo. Tom deseaba que aquello quedase sepultado en el olvido y confiaba en que su tío James protegiera la información de su caso, pero las familias sangre pura tenían contactos en el ministerio que podrían desempolvar cualquier archivo. Era un temor en el que no deseaba pensar, pero que estaba presente en lo más interno de su psique.
Después de ese día, Tom aprendió el nombre del chico, resultó ser William Bletchley, un imbécil de cuarto año que se creía superior por ser golpeador en el equipo de quidditch de Slytherin.
Su víctima en el futuro, Tom no pensaba dejarse intimidar por nadie. Incluso los chicos buenos podían ser malos a veces, por el bien común, estaba seguro de que Harry le apoyaría, si supiera lo que ese chico le había dicho.
De igual forma no se preocuparía por eso todavía, vería si Bletchley continuaba sumando razones para hacer algo contra él.
-Y bien? ¿Cómo te va en Hogwarts?
Con Mark habían llegado al acuerdo de verse una vez al mes, mientras todo siguiera marchando bien. Así que Tom tenía permiso de usar la oficina de Snape y tener sus sesiones vía flú. Era algo extraño y Tom extrañaba su sofá de cuero verde junto a la ventana.
-Está bien, el castillo es impresionante y finalmente puedo usar magia. - Legalmente, al menos.
-Eso está bien. Y qué tal tus compañeros de casa?
Como siempre, Mark siempre daba en el clavo con aquello de lo que Tom no quería hablar.
-Qué con ellos? -Tom no quería darle demasiadas vueltas al tema de sus compañeros de casa
-¿Has hecho algún amigo?
-No, son groseros, puristas de sangre y racistas. Desde que descubrieron que soy mestizo y no tengo la misma mentalidad que ellos, me hacen la guerra.
-Bueno, eso es una pena. Pero debes ser un poco más abierto a las circunstancias. La mayoría de esos chicos crecieron escuchando a sus padres, cuando les escuchas estás oyendo al menos el 90% de lo que dicen los adultos. Son niños, después de todo, ya crecerán y algunos de ellos cambiarán su pensar, serviría si tratas de demostrar ante ellos quién eres. Te sorprendería los amigos que harías.
Tom sabía que Mark saldría con algún discurso que le haría pensar diferente sobre sus compañeros o al menos intentarlo. Definitivamente no estaba intentando crear lazos con esos racistas extremistas.
-No puedo ser yo mismo con ellos, los detesto. Sería hipócrita y no tengo ningún interés en ser amigo de alguno de ellos.
Mark asintió y anotó algo en su libreta.
-De acuerdo, cuando hablas de que te hacen "la guerra", ¿a qué te refieres exactamente?
Tom suspiró mientras se cruzaba de brazos.
-Tiran mis cosas al suelo, rompen cualquier cosa mía que puedan tomar, trataron de abrir mi baúl y cuando no lo lograron lo llenaron de baba de Troll, junto a todo el piso. - Tom levantaba un dedo por cada acción que hacían, despreocupadamente y con fastidio de solo recordarlo. - Pero lo peor es que uno de esos chicos, Draco Malfoy, quiso humillarme en medio de la sala común y otro chico me llamó traidor a la sangre, sangre sucia y dijo cosas de mi familia.
Mark levantó las cejas. - Le has contado a algún profesor?
-Podría, pero no me cambiarán de casa por ser molestado, además.. Si me quejo solo sería peor, les demostraría que soy débil y tengo miedo.
-Tú no tienes porqué probarles nada Tom, eres solo un niño y quizá muchos de tus problemas se solucionarían hablando con un profesor.
-Y de qué serviría? La mayoría de ellos son hijos de familias ricas, sus padres son benefactores de Hogwarts, lo peor que pueden hacerles es restarles puntos y castigarlos. Ningún profesor va a perseguirme todo el día para evitar que se venguen de mí. - Tom sintió mucha rabia al dejar salir sus pensamientos- Son idiotas, prejuiciosos y creen que son mejores que los demás porque sus familias tienen dinero y sus padres se acostaron con sus primas o hermanas para mantener el linaje. - Mark lo vió con las cejas levantadas. - ¿Qué? Se lo que es el sexo, Mark.
-De acuerdo, dejemos esos temas a un lado, si te parece. - Tom encontró gracioso el que dejara a Mark un poco movido, ya pocas veces lo lograba. -Te sientes cómodo sin decirle a ningún profesor sobre la agresión de tus compañeros, Tom?
-Puedo manejarlo, hice cosas peores antes y era más joven, no me han hecho nada tan terrible. - Se encogió de hombros.
-Aun así, no es un ambiente agradable, Tom. Y violencia es violencia, sin importar si es suave en comparación con la violencia que viviste en el pasado. No dejará de afectarte y de doler solo porque no sea parecido a lo que tú hiciste o a lo que te hicieron. De acuerdo? No tienes porqué aguantar ni soportar la violencia, está mal. Si siguen molestándote, lo mejor sería hablar con tu jefe de casa o con cualquier figura de autoridad de la escuela con la que sientas confianza, ¿bien?
Tom podía recordar el estúpido discurso de inicio de año: Dentro de la casa pueden resolver sus problemas y mostrar su animosidad, fuera todos debían ser unidos. Todos eran una banda de hipócritas. Incluso Snape, por permitir que los estudiantes aun formaran a los pequeños de esa forma.
-De acuerdo, Mark.
-Bien, algo más que quieras contarme? ¿Cómo te sientes cuando eres tratado así?
-Me molestó, obviamente, también he sentido deseos de hacerles daño, pero al último momento de detengo, no quiero ser como antes. Aunque he pensado en vengarme, si continúan molestandome.
A Tom le daba miedo y las palabras de Mark ahora tenían más sentido, la violencia solo llamaba a más violencia y Tom los detestaba, aun cuando quería estar tranquilo, solo con ver sus rostros alegres o sus muecas dirigidas a él, una rabia y repulsión enorme crecía en su estómago. Al igual que el deseo de hacerles daño y demostrar quién tenía el poder, crecía. Tom sabía que tenía las capacidades para hacer las vidas de esos imbéciles un infierno y a veces la tentación de hacerlo oscurecía sus pensamientos.
Mark asintió. - Me alegra que hayas aprendido a controlar tus emociones, entiendo que debes sentirte molesto, lo cual es completamente normal, al ser tratado como lo has sido. Gracias por contarme y ser honesto.
Tom asintió, aunque sus palabras le parecían repetitivas.
-Aun así, la mejor solución para detenerlos es más política que física, si el acoso continúa hablalo con un profesor. O dimelo y te ayudaré.
Tom no se imaginaba a sí mismo pidiendo ayuda por ser acosado, no era lo suyo y su orgullo y autosuficiencia no le dejarían hacerlo, aunque confiaba en Mark, él podía encargarse solo de esos niños inmaduros.
-De acuerdo. - Al menos podía tranquilizar a Mark fingiendo estar de acuerdo.
-Y qué hay de los estudiantes de otras casas? Alguien que llame tu atención?
Tom sintió que no todo serían malas noticias. -Tengo tres amigas, quizá es muy pronto para llamarlas así, pero ellas me consideran su amigo y me obligaron a llamarlas de esa forma.
Mark asintió y sonrió contento. Era tan fácil hacer feliz al hombre, por Merlín
-Y te agradan? ¿Cómo son ellas?
-Susan es muy amable, habla mucho y es muy enérgica, me recuerda a Harry. Hannah también es amable, es amiga de Susan y ve el mundo como si estuviera pintado en rosa. Y Hermione es inteligente, bastante obsesiva con los estudios y algo mandona, pero es amable y no molesta a nadie intencionalmente.
-Intencionalmente?
-A nadie le gusta Hermione porque tiene una personalidad algo molesta. Pero ella también es amable.
Mark asintió. - Bueno, me alegra que hayas hecho amigos, Tom. Es algo muy bueno.
Tom pensaba que hacían un grupo bastante singular, solo les faltaba un Ravenclaw para tener una representación de cada casa en el grupo.
-Sí.
-Bien, hay algo más de lo que quieras hablar?
Tom lo pensó. - Creo que no.
Como cada día desde el inicio de Octubre, Tom dedicaba una hora de cada día a pensar qué podría incluir en su libro de aventuras con Harry. Harry había llenado el libro y hecho una bonita portada, bastante colorida y con muchas imágenes recortadas. Además de incluir su primer destino, cumpliendo con el mes de septiembre y enviándole a Tom el libro el primero de Octubre, para que él pudiera agregar algo más.
Era su proyecto para mantener su amistad sólida y a ambos les entusiasmaba planificar su viaje por el mundo durante los siete años de Hogwarts. Tom tendría el libro por todo el mes de Octubre y podría poner allí lo que quisiera, qué lugar del mundo visitar y qué criaturas mágicas podrían estudiar en ese destino.
Harry había elegido como primer lugar de exploración a Indonesia, Tom se sorprendió bastante al verlo, después de todo Harry no era muy conocedor de la geografía y que supiera que era Indonesia era aun más sorprendente.
Había elegido al país por la basta cantidad de criaturas mágicas que poseía, con islas volcánicas, playas y selvas, había mucha variedad de criaturas.. Aunque Harry había subrayado con mucho entusiasmo que podrían ver dragones de komodo, literalmente había escrito con tinta roja y en mayúscula: "Podremos ver dragones de komodo y dragones reales!", quizá esa era la razón de que su primer destino fuese Indonesia, después de todo.
Tom había decidido ir a Australia, le interesaba ir a la otra punta del mundo y Australia también era muy diversa con su fauna y flora, además tenían arañas de todos tamaños, serpientes, tiburones y medusas, bueno, tenían mucho más, pero Tom estaba interesado particularmente en esas especies. Además de las criaturas mágicas.
-Tom.. Para qué lees sobre Australia y las criaturas mágicas? No veremos cuidado de criaturas mágicas hasta tercer año.
Aunque Tom prefería trabajar en su proyecto en privado, sus amigas siempre lo encontraban en la biblioteca, ya fuera Hermione o Susan y Hannah. Ese día las Hufflepuff invadieron su mesa y no tardaron en preguntar.
Tom les había hablado de Harry, aunque vagamente, de alguna tonta y egoísta manera de mantener a Harry solo para él. El hecho de compartirlo, aunque fuese sus recuerdos, le hacía sentir celos, pero estaba trabajando en ello.
-Es un proyecto fuera de la escuela.
Susan vió el libro y leyó las anotaciones, una de sus cejas rojas se levantó con curiosidad.
-¿Estás haciéndolo con alguien más?
Tom tuvo que respirar profundo para no apartarla, las niñas eran mucho más invasivas que los niños, preguntonas y curiosas. Pero eran su única compañía y Tom podía soportar la falta de privacidad, hasta cierto punto, a cambio de tener amigas en la escuela.
-Sí. Con mi amigo Harry.
Susan sonrió entusiasmada. - ¡Eso es tan genial! Es tu amigo de Beauxbatons, ¿no?
-Si, es mi mejor amigo.
-¡Eso es tan lindo y dulce! - Hannah tenía una sonrisa bobalicona en su rostro. - Es increíble lo que se les ha ocurrido para mantener su amistad a pesar de estar tan lejos. - A Tom le gustó como Hannah lo dijo, sin burlas o celos.
-Tu y yo deberíamos hacer algo así - Le dijo Susan. - Pero de hechizos de belleza o algo así.
Tom la miró divertido.
-Pero si estamos todo el día juntas! - Susan miró a su amiga con molestia.
-Y qué? Podría ayudarnos a ser más unidas.
-Podrían hacer el proyecto con Hermione. - Las dos niñas guardaron silencio y se miraron.
Al pasar más tiempo con Hermione y compartir asiento en sus clases, Tom había descubierto el porqué pocos o casi nadie la soportaba. Hermione era una obsesiva de las normas, estaba hambrienta de halagos y aceptación de los profesores, quería ser la mejor de su clase para demostrar que merecía ser una bruja y aparte era mandona, engreída y testaruda, creyendo que era la mejor en todo. Era fácil encontrarla detestable.
Pero Tom más de una vez había visto como la molestaban, como la despreciaban y cómo se burlaban de ella por responder una pregunta sin ser insufrible. Incluso sus compañeros de casa se burlaban y hacían comentarios sobre cómo deberían crear una casa nueva solo para ella. Eso le enojó, más cuando vió como Hermione más de una vez tenía los ojos rojos al entrar a clase.
Tom sabía que incluso Hannah y Susan tenían problemas para llevarse bien con Hermione, pero quizá él podría darles un empujón.
-Hermione no es tan mala, solo se siente sola, quizá un poco de compañía le haría bien.
Las dos niñas lo miraron como si fuese un puffskein.
-De acuerdo, le diremos.
Tom asintió y volvió a concentrarse en su trabajo mientras sus dos amigas hablaban sobre qué podrían hacer las tres juntas.
Ya después se encargaría de darle algunos consejos a Hermione para llevarse bien con las chicas.
Te dije que podrías ser un buen amigo para Hermione! Fue muy ingenioso y amable de tu parte sugerir que la incluyeran en su proyecto.
Harry constantemente preguntaba por sus amigas, parecía más emocionado por la vida social de Tom que por la suya propia. O la escuela.
Bueno, aun no sé si habrá un proyecto. Por ahora todos están muy ocupados pensando en la fiesta de Halloween, pensé que celebraríamos el Samhain, pero parece que Hogwarts ha incluido tradiciones muggle.
Acaso vas a disfrazarte?
¡Por supuesto que no!
Aquí son más tradicionales, así que estaremos celebrando el Samhain y veremos la celebración Muggle en historia. Por cierto, mi francés ha mejorado mucho en un mes y medio, para cuando nos veamos en navidad te hablaré sólo en francés y tendrás que rogarme para que te explique cada palabra.
Tom envidió las ventajas educativas de Beauxbatons, no tenía ninguna intención de disfrazarse ese año, no sin Harry para darle confianza para hacerlo y menos en la escuela, rodeado de todos esos bravucones millonarios.
Me alegra que estés aprendiendo. Y si se te ocurre hacer eso, siempre puedo hablar en pársel todas las vacaciones.
Solo era una broma :C Aunque podrías enseñarme pársel!
Primero aprende propiamente el francés, Potter y luego quizá te enseñe el idioma de las serpientes.
Bien, ¡pero más te vale que cumplas con tu palabra!
Lo haré.
Genial, ¿cómo va la investigación de nuestro viaje?
Te gustará lo que escogí, lo verás el próximo mes.
Tom amaba el diario de doble vía y sus conversaciones diarias con Harry, aunque no era igual a tenerlo cerca, Tom podía sentir su esencia en cada palabra, también ayudaba tener a Little Harry con él y poder sentir su esencia para dormir.
Además, con Harry podían hablar de todo y nada, sin aburrirse. Definitivamente era mejor y lo prefería a las cartas diarias de su madre que debía responder, Tom se había quedado sin ideas y sinónimos para hablar de sus días en la escuela, así que había optado por dejarlo breve y simple, solo extendiéndose cuando sucedía algo fuera de lo común, cosa que hasta el momento era el accidente de Neville y Seamus en la clase de pociones, haciendo explotar el caldero y ganándose la mirada de odio letal de Snape y un viaje a la enfermería. Había sido divertido, a pesar de que Hermione no se rió para nada y lo llamó insensible.
Había llegado a sentirse abrumado, pero no quería mencionarlo, su madre ya estaba lo bastante emocional y Tom no quería otra explosión o pelea, mucho menos que su madre llegase al punto de ir a Hogwarts a verlo. él podía hacer el esfuerzo de responder a sus largas cartas y a sus preguntas repetitivas.
Quizá podría hablar con ella en navidad sobre escribir tres veces por semana.
Querido Tom,
¿Cómo estás hoy? Yo he tenido un día estresante en el trabajo, mi experiencia con pociones está algo oxidada y eso me causa problemas.
Querido Merlín, Tom solo rogaba que su madre no perdiese el empleo por la mala elaboración de pociones, ya era la quinta vez en dos semanas que mencionaba un accidente en el trabajo. Tom comenzaba a sentir un poco de vergüenza al ver a Snape a los ojos.
Siguió leyendo la carta, decidiendo que podría darle algunos consejos a su madre que harían que su escritura de cartas fuese más extensa, lo suficiente como para mantenerla feliz.
Aun así, Loyd es muy amable y me enseña con paciencia, estoy estudiando cada día y estoy mejorando. También me va bien con Mark y las terapias, he estado haciendo planes para navidad y tu cumpleaños, he pensando en tu regalo, quisiera saber qué quieres, así tendré tiempo de ahorrar y conseguirlo.
El único plan que Tom tenía para navidad era tomar un traslador internacional directo a Francia. Quizá también hacer turismo, Tom no sabía cómo iba a sobrevivir allí, sabiendo que su madre no era fanática de los Potter. Definitivamente otra razón para mantenerla feliz hasta las vacaciones de invierno.
Podríamos ir a patinar y al parque, pensé en ir de nuevo al mundo muggle de paseo, a los centros comerciales.
Tom tragó el nudo ácido que subió de su estómago a su boca.
En fin, que tengas un buen día cariño, te amo.
Tom suspiró.
-Tu madre te escribe todos los días?
Susan estaba junto a él en el jardín, era fin de semana y los cuatro habían decidido ir afuera, Hermione y Hannah habían ido por ropa más gruesa por el frío y eso los había dejado a ellos dos para hablar.
O para que Susan le interrogara sin testigos.
-Sí, le da algo de ansiedad nuestra separación.
La niña asintió. -Ya veo, debe quererte mucho.
Tom se sintió egoísta por sentir molestia por las cartas de su madre.
-Bueno, somos la única familia de sangre que tenemos. -Al menos la única cuerda, ya que su tío Morfin seguía encerrado en San Mungo, cada vez más loco- Aunque yo tengo dos padrinos, los padres de Harry.
Susan asintió. - Es genial que ustedes sean amigos y a la vez familia política.
Tom dobló la carta, pensando en responder más tarde.
-Lo es.
Susan no preguntó nada más, gracias a Merlín y para cuando llegaron Hermione y Hannah, los cuatro se dedicaron a jugar al ajedrez o al snap explosivo. Hermione y él batallaron en el tablero, mientras las chicas hufflepuff preferían algo más simple. Tom la pasó bien, más al ver la frustración de Hermione al perder en cada ronda.
Querido Tom,
¡Gracias por tus consejos de pociones! Eres un hijo tan brillante y atento, mis pociones han mejorado mucho más gracias a ti. ¿Cómo te va en la escuela? ¿Cómo están tus amigas? ¿Has hecho algún amigo? He hecho algunos cambios en el departamento, te gustará cuando lo veas, Becca me ha ayudado.
He pensado decorar la casa para navidad al estilo muggle, es mucho más festivo. ¿No crees?
Ten un buen día cariño, te amo.
Tom respondía todas las cartas, su madre de alguna manera encontraba siempre algo nuevo de qué hablar. Él admiraba eso, era mucho más creativa que él para sacar temas de conversación.
Hola mamá,
La escuela va bien, como siempre. Mis maestros siguen diciendo que estoy mucho más calificado que los demás y Hermione sigue enojandose cuando contesto una pregunta en lugar de ella, lo cual me sigue divirtiendo. Las chicas están bien y no, estoy bien con tener tres amigas en la escuela, no tengo la capacidad para manejar a alguien más, a menos que sea Harry.
Puedes decorar el departamento como quieras, seguro quedará genial.
También me alegra que mis consejos te hayan ayudado en el trabajo.
También te amo.
Se estaba volviendo bueno en eso de responder, solo debía espiar las cartas de Hermione a sus padres, le había dado muchas ideas y nuevas palabras que utilizar.
Las cosas en Slytherin no cambiaron, solo se intensificó más el desagrado de sus compañeros a él, principalmente Bletchley, quién siempre estaba soltando comentarios sobre él, humillandolo frente a los demás Slytherins, llamándolo "Sangre sucia traidor" y mencionando constantemente el estado de locura de los dos monstruos con los que solía vivir en la cabaña, además de llamar a su madre una "Puta squib", Tom se sentía al límite y Octubre aun no había terminado.
Estaba harto. Pero no hizo nada, solo se daba la vuelta y subía a su habitación, evitando pelear. Finalmente se volvió una costumbre no quedarse en la sala común, sino ir directo a su habitación y refugiarse en su cama, detrás de las sábanas.
Sus plumas seguían rompiéndose y su tinta botándose en su bolso. Era irritante y frustrante, el no hacerles nada.
Por algún motivo, Tom se sentía decepcionado de sí mismo por soportar esos insultos y trato, sabía que podría hacer la vida de esos imbéciles un infierno, conocía múltiples maldiciones que desprenderían la piel de sus huesos, que pudriría sus órganos o, en menor medida, llenaría sus bocas de excremento. No hacer nada lo hizo sentir débil y estúpido.
Aun así, trataba de lidiar con ello, convenciendose de que el antiguo Tom debía estar en el pasado.
-Tom debes decirle a algún maestro! ¡Han estado acosándote por semanas!- Hermione estaba enojada, quizá tanto o más que él, por la injusticia del asunto y por la negatividad de Tom de decirle a algún profesor lo que pasaba.
Realmente, todas sus amigas lo estaban, incluido Harry.
-No pienso demostrarles que estoy asustado de sus acciones.
-¡Eres un terco! No se trata de miedo, es sobre paz y respeto, planeas vivir el resto del año soportandolos?
Cuando Hermione se enojaba, su cabello hacía algo gracioso, esponjarse y desarreglarse aun más. La hacía ver como una loca.
-No me molestarán todo el año, se cansarán de que yo no responda y buscarán a alguien para entretenerse, si Merlín es justo ese blanco será Ronald Weasley. - Tom no pudo evitar pavonearse, en una manera de demostrarle a Hermione que él era perfectamente capaz de soportar burlas de niños idiotas.
Hermione arrugó la nariz con desagrado al escuchar el nombre de Weasley.
-Ser un bravucón está mal, nadie merece que le molesten.
-¿Ni siquiera Weasley?
Hermione se sonrojó. - La violencia no es buena.
Tom sonrió. - Apuesto a que si él es el blanco estarás contenta.
Hermione no dijo nada y ambos siguieron caminando a su clase de transformaciones.
Gracias a Merlín, Hermione dejó el tema el resto del camino.
Halloween llegó, para alivio de Tom. Cada vez estaba más cerca de las vacaciones y de sus tíos y Harry, lo cual era motivo de alegría y alivio.
Pudo haber sido una festividad divertida, con Susan y Hannah contagiando el espíritu de la "noche de brujas". De no ser por los imbéciles de Gryffindor que no tenían nada mejor que hacer que intimidar y burlarse de Hermione, hasta el punto de hacerla llorar y encerrarse en el baño.
Hannah salió con una expresión de frustración y pena del baño de niñas. Dentro se escuchaban reclamos y gritos, aparentemente Hogwarts no solo contaba con un fantasma como profesor, sino con el fantasma de una niña quejica y llorona, asesinada tiempo atrás.
-Ella se niega a salir, dice que los gemelos Weasley le dieron a comer algo que la transformó parcialmente en un gato. - Tom sintió que su sangre se enfriaba de la furia. - Hasta escupe bolas de pelo.
-Son unos idiotas! Deberíamos decirle a McGonagall- Susan, como él, estaba molesta.
Aunque Tom no estaba molesto, estaba furioso y hambriento de una víctima para dejar caer toda su molestia.
-Sue, tu ve por McGonagall. Yo iré a tener una charla con los gemelos. Quédate con Hermione, Hannah. - Tom se sentía como un rey en un tablero de ajedrez, dando órdenes a sus súbditos.
-Para qué irás a buscar problema con los gemelos? Son más grandes y te ganan en número. Deja que los profesores se encarguen.
Tom ignoró a Susan.
-Tranquilas, solo veré dónde están, además. No puedo estar un minuto más cerca de los gritos de esa fantasma o voy a enloquecer.
No entendía como Hermione podía soportarlo, quizá estaban peleando por quién podía ser más desdichado.
Los gemelos Weasley comían entre risas atronadoras en la mesa de los leones, a su alrededor muchos más reían divertidos, entre ellos su estúpido y descerebrado hermano menor y la mayoría de los chicos de primer año. Tom sintió repulsión, quizá Gryffindor no era tan diferente a Slytherin, solo eran aun más hipócritas y falsos.
Pudo imaginar de qué se reían tanto y la sangre en su cuerpo pareció aumentar de velocidad, haciendo latir su corazón más rápido.
Se acercó a la mesa, nadie le miró llegar, distraídos como estaban por el discurso burlista de los gemelos Weasley, que maullaban como gatos para luego llorar. Era asqueroso, indignante y le hacía sentir mucha pena por Hermione.
Finalmente llegó hasta los dos pelirrojos, que dejaron de reír para verlo con algo de sorpresa.
-Pero mira nada más! ¡El novio de nuestra nueva mascota!
Todos se echaron a reír por las palabras de George.
-Te parece divertido meterte con alguien más indefenso que tú? ¿Te hace sentir mejor hacer miserable a los demás solo para recibir la atención que tus padres no pueden darte? - Tom quería aplastarle el rostro contra la mesa hasta romper su nariz.
Hubo un "Uhhh" colectivo de los más cercanos a ellos en la mesa.
George parecía molesto.
-Y quién le ha hecho algo a tu novia, Riddle? Ella misma se ha puesto un disfraz por creerse mejor que todos los demás.
Fred salió en defensa del otro.
-Hermione es más inteligente que todos en esta estúpida casa, es capaz de hacer hechizos que ni siquiera ustedes pueden dominar. Si ella quisiera, haría una maldita transformación corporal perfecta. Le dieron algo y les conozco bien a ambos, sé perfectamente de lo que son capaces. - Tom hablaba con voz fría, sin inmutarse, sin levantar la voz, estaba tan enojado que tenía que contar a diez en su mente.
Ambos se cruzaron de brazos con altanería.
-Si fuera tan lista, no caería en bromas, no crees?
Tom sintió que algo se rompió en su interior, dejó salir su magia como tentáculos filosos y llenos de púas venenosas, mientras le ordenaba a su magia qué hacer. Uno de los gemelos se quejó y sostuvo su garganta con dolor, mientras graznidos comenzaban a salir de su boca, que se alargaba hasta formar un pico amarillo, plano y alargado a los costados. Todos jadearon de asombro y se apartaron.
Fred lo vió entre espantado y divertido, como si le diera placer ser castigado y retado. Era un maldito loco.
George siguió graznando hasta que su tamaño se redujo y de su piel brotaron plumas blancas, sus zapatos se rompieron y salieron patas de ganso amarillas que se fusionaron dolorosamente con el cuero negro desgastado del zapato.
Fred le siguió, rebuznando mientras su nariz se alargaba hasta formar un hocico de burro, comenzó a rebuznar más fuerte, como si se estuviera riendo. Su piel se tornó gris y peluda, sus manos se volvieron pezuñas, al igual que sus pies. Todos en la mesa estallaron en carcajadas y gritos de terror.
Tom admiró su obra, la propia transformación a medias de ambos. Habría preferido hacerles algo peor, como un cruciatus sostenido por quince segundos, pero los chicos buenos no torturaban a las personas.
-Pero qué está sucediendo aquí?!- La profesora McGonagall llegó oportunamente, seguida de Susan. Ambas mujeres miraron asombradas a los Weasley, el burro y ganso de Gryffindor.
-¡Fue Riddle! Les hizo algo profesora!- Ronald, quién hasta ese momento no había salido en defensa de sus idiotas hermanos, saltó ante la oportunidad de meterlo en problemas.
-Eso es ridículo, Ronald. ¿Cómo podría un estudiante de primer año hacer algo así? - McGonagall vió a los gemelos, examinando la transformación incompleta con el entrecejo arrugado.
-¡Él podría! ¡No es la primera vez que lo veo hacer algo así! Además, puede hacer magia sin varita!
-Una cosa es transformar una cerilla en una aguja, cómo podría convertirlos en.. Eso? Además, tus hermanos no están creando dulces que vuelven a los estudiantes animales malformados? - Tom se cruzó de brazos, mirando a Ronald con odio inmenso.
-¡Eres un engendro del mal! - El rostro de Ronald se volvió rojo intenso de la furia.
-Señor Weasley!
Fred y George solo graznaban y rebuznaban, haciendo tanto ruido que era imposible hablar sin gritar. McGonagall silenció sus voces con un movimiento de su mano.
-¡Es cierto! Los gemelos le dieron un caramelo a Hermione, ella misma nos lo dijo, dijo que después de comerlo ella se transformó en.. Bueno, usted ya lo vió profesora. - Susan salió a su defensa.
-De acuerdo, ustedes dos irán a la enfermería a que reviertan su estado, luego hablaré con ustedes y con la señorita Granger sobre lo que pasó.
El burro y el ganso solo se movieron como locos.
-Y Riddle qué? Él transformó a mis hermanos en.. Eso. - Ronald seguía con el pleito, queriendo meterlo en problemas.
Tom puso su cara más inocente e indignada.
-Es obvio que tus hermanos probaron esos dulces, yo solo vine a hablar con ellos sobre lo que le hicieron a Hermione. En qué momento pude hacerles algo? Prácticamente acabo de llegar. - Se defendió con calma y lógica, como si estuviera hablando con un niño pequeño.
Ronald infló sus mejillas como una ardilla, quizá preparándose para gritar.
Todos los demás asintieron a las palabras de Tom, creyendo su discurso.
-Eres un..!
McGonagall le interrumpió.
-Señores Weasley, a la enfermería, ahora. Señor Riddle, señorita Bones, pueden ver a su amiga en la enfermería. En cuanto a los estudiantes de tercer año - Hizo una pausa mientras les miraba- Cualquiera que quiera contarme de esos dulces especiales, es bienvenido en mi oficina bajo confidencialidad. Puede usted incluirse, señor Ronald.
Tom sintió un gusto en el estómago al salir impune, aunque por supuesto que disfrutaría de ser reconocido como el vengador de sus amigas. Aunque una amenaza no vista era mejor. Mucho más si podía ver el rostro frustrado de Ronald.
Susan le tomó del brazo y juntos caminaron detrás de McGonagall y los gemelos hacia la enfermería.
-Tú lo hiciste, ¿no? - Susan tenía una sonrisita en la cara.
Tom se encogió de hombros. - ¿Cómo podría? Son tan idiotas que comieron de esa cosa también. No soy tan poderoso.
Susan le miró dudosa, con los ojos entrecerrados. Tom rodó los ojos y asintió.
-Nadie se mete con mis amigas. - Sintió mucha satisfacción de decirlo. Susan se rió y entrecruzó sus brazos, apretándose contra él. Tom sintió el deseo momentáneo de separarse, nunca había tenido esa cercanía con nadie más que con Harry y se sentía como una traición a esa amistad. Pero no se separó, también había una sensación de comodidad y calidez que había extrañado.
-Eres genial, Tom. ¡El mejor mago de todos los tiempos y el mejor amigo también!
Él sonrió.
Para cuando llegaron a la enfermería, Hermione estaba sentada en una camilla, con Hannah a su lado.
Los Weasley entraron con ruido y Hermione los vió con sorpresa y un brillo de gusto en los ojos. Hannah se echó a reír.
-Vaya! Y a esos qué les pasó?
Susan y Tom compartieron miradas.
-Justicia poética. - Explicó Susan.
-Me parece justo. - Hannah asintió.
-¿Estás bien, Hermione? - Tom aun podía ver los ojos rojos e hinchados de su amiga.
La castaña asintió y sonrió grandemente. Tom miró sus dientes con confusión.
-Tus dientes..
Ella asintió.
-Aproveché la oportunidad y mentí diciendo que eran más pequeños, Ponffrey los redujo. - Se encogió de hombros con algo de timidez.
Susan se echó a reír.
-Va a ser un shock para tus padres esta navidad. - Más cuando eran odontólogos.
-Siempre puedes evitar sonreír todas las vacaciones. - propuso Hannah.
-Diles lo que quieras, menos que te transformaron en medio gato o te sacarán de Hogwarts más rápido que Neville arruinando pociones.
Hermione le sonrió y Tom se sintió satisfecho de lo bien que había salido todo.
Se perdieron la cena de Halloween, por lo que McGonagall les llevó parte de la cena a la enfermería. Así que los cuatro tomaron dos camillas, se sentaron, comieron y hablaron entre risas.
Tom se sintió feliz de verlas a todas reír y ser parte del grupo, por primera vez podía sentir que era posible hacerlo sin Harry a su alrededor, podía ser feliz y tener otros amigos, pasarlo bien y aun así ser mejor amigo de Harry.
Fue una buena noche y todos fueron tarde a sus habitaciones. Tom descendió con sus amigas hufflepuff y se despidió en las mazmorras.
Ya le contaría a Harry de su día por la mañana, al igual que sus tíos. Gracias a Merlín había escrito a su madre temprano y podía dormir en paz.
O al menos lo más pacífico que podía con las cortinas de su cama bañadas de sangre apestosa. De alguna forma habían logrado violar las runas de protección y sus sábanas y colchón se veían empapados.
Tom agradeció guardar a Little Harry en su baúl cada mañana o el infierno se desataría verdaderamente en ese dormitorio.
Solo suspiró ante la imagen y se dió la vuelta, caminando directo a la cama de Malfoy. Destrozó sus protecciones de un manotazo y abrió sus cortinas. Dentro, Draco estaba vestido con una pomposa y estúpida bata blanca que parecía de mujer, estaba despierto y leyendo un libro y se sobresaltó cuando abrió las cortinas que lo ocultaban.
-Levántate Malfoy. Ahora.
-¿Quién te crees para darme órdenes? Asqueroso sangre sucia.
-Me creo el puto heredero de toda la maldita casa de Slytherin y quiero dormir en una cama limpia. Así que me darás la tuya, ya que has destrozado la mía. - Tom no estaba de ánimo para seguir soportando a niños molestos.
Alrededor los muchachos abrieron sus cortinas para ver con curiosidad lo que pasaba.
-Y quién te ha dicho que he destrozado tu cama?! ¿Qué pruebas tienes?
Tom se cruzó de brazos.
-No necesito pruebas para darme cuenta de quién es la mente maestra. Levántate y dame tu cama o la tomaré yo mismo.
Draco se burló y bufó, cruzándose de brazos y levantando una ceja con altanería.
-Atrevete.
Tom solo entrecerró los ojos y al siguiente segundo Draco salió volando al suelo, golpeando su trasero y gritando.
Tom levitó la cama y la intercambió por la suya bañada de sangre, ante la mirada impresionada de todos.
Draco se levantó indignado, con el cabello despeinado.
-Cómo te atreves?! Mi padre se enterará de esto, Riddle! Voy a hacerte rogar de rodillas cuando termine contigo!
Tom estaba harto de las amenazas, de niños que se creían mejor de él por tener dinero. De callarse y aguantar.
Se acercó lentamente a Draco, con su mirada de psicópata que tanto miedo provocaba en Wools, hasta estar justo frente a él, tan cerca que podía oler el pomposo perfume de su jabón.
-Atrévete, Malfoy y haré de tu vida un infierno. Te daré de comer a monstruos que ni siquiera puedes imaginar.
Quizá fue una mezcla de su mirada y la lengua de las serpientes, pero Malfoy se alejó de él asustado.
-No le contarás a nadie lo que pasó, porque cada vez que lo intentes tu lengua dolerá tanto que pensarás que se caerá si continuas. -Le maldijo y supo que estaba mal, pero no iba a dejar cabos sueltos con Malfoy. Estaba seguro que el resto de sus compañeros no dirían nada, los Slytherin no hacían amigos, ninguno de ellos lo era del otro, eran solo contactos para el futuro, amigos del dinero, oportunistas.
Tom sospechaba que Theo y Blaise detestaban a Draco en secreto, los únicos idiotas que le besaban los pies eran Crabbe y Goyle, muy probablemente porque les faltaba un gran pedazo del cerebro.
Draco le miró asustado y furioso. Tom caminó a la cama y arrojó algunos hechizos de protección que no podrían violar con facilidad, ya se encargaría al día siguiente de tallar runas más poderosas.
También arrojó un hechizo de limpieza, sintiendo asco de tocar las sábanas usadas por Malfoy.
Se acostó en la cama y miró a todos con una ceja levantada.
-Ah y limpia tu chiquero Malfoy. Esa cama huele terriblemente mal, no querrás dormir en una cama sucia con ese costoso pijama de señorita. - Se burló y cerró las cortinas.
Suspiró de felicidad, cruzando sus brazos por detrás de su cabeza y recostandose en ellos. Miró el techo de su nueva cama y se permitió sonreír. La vida era buena y él estaba feliz de darles su merecido a los bravucones.
Hermione los buscó apenas salió de la oficina de McGonagall, por suerte para ellos era sábado y podrían pasar todo el día charlando, al menos hasta que Hermione enloqueciera por ir a hacer los deberes.
-Y? ¿Qué pasó? - Hannah ni siquiera esperó a que Hermione se sentase en la grama del patio.
Hermione se sentó junto a él y dejó salir un suspiro dramático.
-Veinte puntos menos para cada uno de los Weasley. McGonagall confiscó muchas cosas que tenían en su habitación y encontró los dulces, les ha castigado por dos semanas. Y ha prohibido cualquier juguete o dulce alterado, aunque muy probablemente ellos no harán caso.
-¡Deberían expulsarlos! Cedric y otros chicos mayores nos dijeron que los gemelos le juegan bromas pesadas a todo el mundo, incluso a Filch.
Bueno, nadie quería a Filch, era un viejo cascarrabias y grosero. Pero nadie estaría feliz de tener que lidiar con Fred y George.
Hermione sólo se encogió de hombros ante la molestia de Susan.
-McGonagall cree que un poco de disciplina los hará cambiar.
Tom rodó los ojos tan fuerte que le dolieron.
-Solo tendré más cuidado con ellos, no pienso tomar ni comer nada que venga de nadie.
-Y pensar que tienes que seguir viviendo con esos tontos. - Hannah se lamentó.
-Puedo entender el sentimiento.
Todas sus amigas le vieron entre molestas y cansadas por su falta de acción.
-Uff, no te envidio. Aun así, estar en Slytherin es mucho peor. Al menos Colin y Neville son amables conmigo.
Colin y Neville. Habían resultado ser inseparables una vez que Neville decidió separarse del insufrible de Ronald. Eran los únicos de primer año de la casa de los leones que eran amables con ella.
Tom solo se encogió de hombros, no estaba contándoles sobre su venganza a Malfoy, no quería a tres niñas furiosas en la oficina de Dumbledore, reclamando en su nombre.
Había dejado en su cama de nuevo talladas las antiguas runas, iría a la biblioteca y buscaría unas más poderosas para tallar en la madera de la cama y en su baúl. Más les valía a esos idiotas no intentar nada de nuevo o Tom robaría cada cama de la habitación hasta que le dejaran en paz.
-¡En fin! Iré a la biblioteca a estudiar, ¿alguien quiere venir?
Tom se levantó para seguir a Hermione y Susan y Hannah, siendo disciplinadas y buenas estudiantes, aunque no en exceso, les siguieron.
¡Pobre Hermione! Fred y George son unos idiotas, bueno, eso no es algo nuevo. Me alegra que les hayas dado su merecido, se lo ganaron totalmente.
Tom estaba aliviado de que Harry no pensase que era un matón.
Bueno, al final todo resultó muy bien. Hermione incluso tomó la oportunidad para reducir el tamaño de sus dientes. Y las chicas ahora se han unido a ella, Susan y Hannah son muy protectoras, así que la tontería de los Weasley hizo algo bueno.
Ellas tienen suerte, me habría encantado ver cómo los convertías en animales. Aquí no pasan cosas tan divertidas.
Tom también lo lamentó, aun cuando las chicas eran geniales, no eran un reemplazo para Harry. Ni siquiera se acercaban.
Cuando llegue a Francia saldremos a divertirnos.
Dudo que mamá nos deje transformar a personas por allí.
Siempre podemos hacerle una visita sorpresa a Dudley.
Eso estaría genial C: Pero el refugio de animales tiene mucha vigilancia.
Tom se echó a reír.
Siempre podemos convencerlos de venderlo a un matadero.
Quizá se había pasado.
Pobre Dudley, no caería bien, ni siquiera siendo un pedazo de jamón.
El resto de la noche continuaron bromeando y charlando. Tom le contó a Harry lo que sucedió con Malfoy, más por obligación que por deseo, ambos habían prometido ser honestos y Tom quería cumplirlo.
Llenó tu cama de sangre?! Es un maniático idiota, Tom. Le habría dado un puñetazo de estar allí.
Gracias a Merlín, Harry era protector y no tan rígido como Hermione. No iba a hacer un escándalo porque Tom se defendiera.
¿Le dijiste a algún maestro? ¿Qué hizo Snape?
No le diré a nadie. Eso solo les hará ser más insoportables, creerán que soy débil y les tengo miedo. Tom Riddle no le teme a unos niños de mamá y papá que limpian su trasero con servilletas de seda.
Sé que eres perfectamente capaz de defenderte, pero no puedes vivir los próximos siete años soportandolos.
Y qué se supone que haga? No tengo padres ricos.
¿No puedes cambiarte de casa?
Según el manual de Hogwarts sólo un acto extremadamente atroz que afecte mi vida y estabilidad mental hará que sea posible.
Y soportar a esos idiotas siete años no hará eso?
Lo hará, pero no de inmediato. No creo que aquí les importe demasiado la estabilidad de sus alumnos. Tienen el fantasma de una niña suicida de Ravenclaw apoderada de un baño de niñas.
Que espantoso, ¿por qué no le cuentas a mamá y papá? Papá tiene contactos en Hogwarts, es amigo de Dumbledore y McGonagall.
No quiero abandonar el barco como una rata cobarde.
Te golpearía, Tom Riddle. Si te tuviera frente a mi.
Te arrojarias sobre mí a darme un abrazo. Eres así de predecible.
Y tú eres terco y tonto. Cuéntame de inmediato si vuelven a molestarte. Si vuelven a hacerlo conviertelos a todos en ratas y sueltalos en el bosque prohibido, así te dejarán en paz.
Leer el discurso de odio de Harry fue divertido.
Dejarán este mundo si hago tal cosa, aunque no me quejaría de su ausencia. Pero prefiero no ir a Azkaban antes de comenzar mi segundo año en Hogwarts.
Pues entonces conviertelos en ratones y sueltalos en el castillo.
Tom sonrió.
Acaso Francia te ha vuelto una bestia vengativa?
Tus racistas y bravucones compañeros de casa me vuelven una bestia vengativa. No puedo creer todo lo que te hacen solo porque no eres un imbécil como ellos.
A Tom le enterneció que Harry se preocupara tanto por él como para enojarse con sus compañeros, aun sin conocerlos.
Mark dice que la mayoría de lo que piensan y hacen es un reflejo de sus padres y que no debería juzgarlos tan duramente.
Pues Mark debería ofrecerle a toda la casa Slytherin sus servicios, incluyendo a sus padres.
Muy seguramente renunciaría.
Nadie lo culparía.
Su conversación siguió hasta muy tarde, pero Tom estaba contento de hablar y bromear con Harry.
-¡Hola cariño! - Esa noche llamó a sus tíos, no había sabido de ellos en tres días y ya los extrañaba. Su tía Lily sonreía grandemente a través del espejo, acaparaba casi toda la superficie, dejando un espacio muy pequeño al tío James para ser visto.
Tom se había encerrado en su cama tras las cortinas y fuertes hechizos insonorizadores, además de las nuevas runas contra ataques y de defensa, que arrojarían bolas de fuego a cualquiera que disparara un hechizo hacia la cama.
-Hola tía Lily, hola tío James, ¿cómo están?
-Estamos bien. campeón. Felices de verte para navidad, pronto tendrás doce años.
Tom sonrió.
-Parece que fue ayer cuando llegaste a casa, mi Tom ha crecido mucho! - Tom se echó a reír por las palabras de su tía, aunque su corazón se calentó, al igual que sus mejillas. - ¿Cómo te va en la escuela? He escuchado que eres el mejor estudiante de primer año, junto a tu amiga Hermione.
-"Escuchar" no es exactamente la palabra que yo usaría, sino "espiar" y "interrogar a Snivellius"
Su tía golpeó el hombro de su tío mientras este se apartaba y reía. Tom sonrió como bobo, cuanto los extrañaba y las tonterías del tío James.
-Su nombre es Severus Snape y yo solo me preocupo por tu bienestar, cariño, no es mi intención invadir tu espacio.
-Hace lo mismo con Harry, si te hace sentir mejor.
Su tía volvió a golpearlo. Tom se echó a reír.
-No me molesta, tía Lily. - Para Tom era un halago, motivo de felicidad, el que sus tíos aun se mantuvieran en contacto, que quisieran saber de él. - Snape no es un profesor tan terrible, aunque la mayoría de los estudiantes lo detestan.
-Ah, eso es algo normal.
-James- su tía le regañó.
-Y qué he dicho ahora? ¡Es verdad!
Su tía rodó los ojos.
-Y cómo te sientes en Hogwarts, cariño?
-Estoy bien, las chicas son buenas amigas y buena compañía. Les agradarían.
-Oh! Algún día me gustaría conocerlas, cada una de ellas suena maravillosa.
Tom asintió. - Son geniales.
Su tía le sonrió con los ojos húmedos. - Me alegra tanto que te estés adaptando bien y hagas amigos. - Su tía parecía a punto de echarse a llorar.
-Estoy bien, tía Lily. En serio.
-Y estarás aun mejor cuando veas tu habitación en la casa Potter de Francia. - Su tío interrumpió el momento emotivo. -Será una navidad inolvidable y un cumpleaños maravilloso.
Su tía limpió sus ojos tratando de ser discreta, aunque Tom pudo ver una lágrima que no limpió con rapidez.
-Estoy ansioso por verlos.
-Y nosotros a ti, te enseñaré algunas pociones que he aprendido, solo son variaciones de las que ya conoces, aunque muy interesantes.
Tom se entusiasmó de solo pensar en volver a hacer pociones con su tía.
-Y yo te llevaré a comer y de paseo.
-Iremos todos, junto con tu madre, por supuesto.
Tom no pudo evitar sentir que su sonrisa se tambaleaba, al igual que la sensación de ser bañado con agua fría le recorría el cuerpo.
Cómo iba a sobrevivir a unas vacaciones con los Potter y su madre, cuando sabía que su madre no los tenía en alta estima? Quizá había cambiado? Tom podría pedirle ayuda a Mark, aunque en el pasado había decidido no mencionar el incidente, pero Mark podría ayudarla, ya que de nuevo estaba yendo a terapia. Así no tendría que sentirse como un traidor con su madre y un mentiroso con los Potter.
-Claro, allí estaremos.
El resto de la conversación fue sencilla, hasta que ambos se despidieron para irse a dormir.
Querido Tom,
Ya estamos más cerca de volver a vernos, deseo abrazarte y no dejarte ir jamás, te extraño tanto que a veces pienso en no volver a dejarte ir, ¿no sería mejor estudiar en casa? Eres más brillante que todos ellos, apuesto a que serías aun mejor estudiando por tu cuenta y sin retrasarte por los demás. Así podría verte cada día y pasar tiempo juntos.
-¡Acaso estás loca?! ¡El niño saldrá corriendo a Francia al leer esa carta!
Becca casi le arranca el papel de las manos.
-Por qué debería? Yo solo le estoy dejando saber cuánto le extraño - Quizá así Tom se daría cuenta de lo mucho que Merope le amaba y necesitaba, de lo mucho que necesitaba su amor y su compañía. Quizá así se esforzaría más en amarla.
-Estás siendo una madre asfixiante, Tom no te pertenece chica, el niño ya vivió años encerrado en diferentes infiernos, qué se supone que hará Tom encerrado en casa todos los días? Se volverá un huraño y los pocos amigos que ha hecho se perderán.
Para Merope no era el fin del mundo. Ella misma no había tenido amigos, solo a Tom para visitar de vez en cuando, luego de que su padre le dejara botada. Ella lo sabía mejor, las personas tarde o temprano te abandonaban cuando obtenían lo que querían, ella solo estaba protegiendo a su hijo. Pero no se lo diría a Becca, estaba aprendiendo a no confiarle sus pensamientos más profundos, Becca solo le gritaría y juzgaría, como si ella misma fuese perfecta, como si ella no hubiera ayudado a traer a Tom a su lado. Era una ladrona, una estafadora y mentirosa, lo más lejano a una buena persona.
No tenía ningún derecho a juzgarla.
-Si son sus amigos entonces no se irán. - Se encogió de hombros.
Becca solo negó con la cabeza, impacientada y con una expresión de frustración.
-Haz lo que quieras, Merope. Pero ese chico está cada vez más cerca de descubrir que no has cambiado en absoluto y cuando ese día llegue, no pienso ayudarte.
Merope sintió que su enojo le subía desde los pies a la cabeza.
-Pues entonces me aseguraré de decirle a Tom quién me ayudó todo este tiempo, apuesto a que te gustará que se enoje contigo.
Becca solo la miró sorprendida, ella misma estaba impresionada con su valentía para enfrentarla, pero no le interesaba, si tenía que ser una perra cruel para tener a Tom con ella, entonces lo haría.
-Así que ayúdame cuando pida tu ayuda y deja de ser una insufrible criticona con cada cosa que hago.
Becca asintió con una sonrisa que no auguraba nada bueno.
-Supongo que finalmente esos genes Guant están emergiendo en ti, eh? La manzana no cayó tan lejos del árbol. - La mujer se cruzó de brazos despreocupadamente. - Bien, un consejo: No seas tan obvia con tu obsesión de monopolizar a Tom o lo espantarás.
-No pedí tu consejo.
Becca se encogió de hombros y justo en ese momento la campana del final del almuerzo sonó en el bolsillo de Merope. Era momento de volver a la tienda.
-Bien, adiós. Buena suerte espantando a tu hijo.
Merope quiso derramar su café caliente en su rostro, pero se contuvo por muy poco. Solo caminó a la salida y caminó a la tienda de pociones.
Ella conocía a Tom, era un niño sentimental, aunque le era difícil expresarlo. Tenía complejo de salvador y si ella lo necesitaba, Tom estaría allí para ella, como en la cabaña. Ella solo tenía que presionar los botones adecuadamente y despacio.
Aun así, sé que pido demasiado, no podría separarte de tus amigos, cuando te hacen tan feliz. Solo te extraño mucho y la distancia entre nosotros me afecta un poco.
Estoy feliz de poder verte pronto.
Te ama, mamá.
Tom casi se atragantó con su jugo al leer la carta de su madre durante el almuerzo. Su corazón se había acelerado ante la posibilidad de que su madre le retirara de Hogwarts, la comida había subido directo a su boca, amenazando con salir aparatosamente y sus manos se quedaron heladas.
Gracias a Merlin, al final se había retractado, pero ¿qué tan lejos podría llegar su madre en su sentimiento de soledad?
Debía demostrarle que su vínculo estaba intacto y fuerte, solo así podría entender que nada iba a separarlos, no realmente, no en lo que importaba, eran familia.
-Te sientes bien, Tom? - Susan le preguntó al darse cuenta de que había dejado su sándwich de ensalada de pollo a medio morder.
Tom tragó, trató de calmar su respiración acelerada y sonrió falsamente.
-Me atraganté un poco.
Notes:
Hello! Espero estén bien. Gracias por continuar leyendo, por comentar y sus kudos, me han seguido impulsando a terminar.
El capítulo de hoy es algo corto, pero es suficiente para mi. Qué les ha parecido? A mi particularmente me encantan las nuevas amigas de Tom y como el viejo Tom ha salido, solo un poquito, para no dejarse pisotear.
Además.. Volvieron los tíos Potter! Los amo tanto.
Espero les haya gustado y nos leemos pronto.
Chau! ❤️
Chapter 27: Yule y cumpleaños
Notes:
Hey! Perdonen la espera, tuve un gran bloqueo escritor con este capítulo, en serio quería que fuera perfecto y que el reencuentro de los chicos fuera genial y retratara la esencia. Finalmente lo logré así que estoy de vuelta ☺️
Espero lo disfruten mucho ❤️
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXVII: Yule y Cumpleaños
-Debes prometer que escribirás! - Susan casi jalaba a Tom de las orejas frente al expreso de Hogwarts, había estado hablando todo el camino de vuelta a kings cross sobre sus vacaciones y su deseo de cartas detalladas y frecuentes de los demás.
-Por Merlín, Sue! Dale un respiro al pobre Tom o cuando inicien las clases te evitará como a la viruela de dragón. - Hannah estaba divertida, aun así salía en su defensa al ver el rostro algo fastidiado de Tom.
-Yo ya debo irme, mis padres están allá. - Hermione tomó su baúl, les sonrió a todos y les dió abrazos rápidos antes de irse en una caminata rápida.
-Solo mírala, antes nos perseguía como perrito y ahora no quiere presentarnos con sus padres- Susan se quejó.
Tom planeaba retrasar el encuentro entre su madre y sus amigas, sospechaba que su madre le avergonzaría tras las numerosas cartas cada vez más desesperadas en donde le hablaba de cuanto le extrañaba. Sí, esa reunión no estaba sucediendo.
-Yo también me iré, me están esperando del otro lado.
-Oh! Bueno, nos veremos después de Yule. Que te diviertas en Francia, Tom. - Hannah le abrazó y Tom respiró su olor a vainilla. Susan se le arrojó encima con algo más de fuerza.
-Mandale mis saludos a Harry. - Tom no pudo evitar sorprenderse. - ¿Qué? Es el mejor amigo de nuestro amigo, eso lo hace nuestro amigo. Así que saludalo.
Los hufflepuff eran extraños.
-Tom!- Su madre casi lo arroja al suelo con su abrazo apretado y fuerte, un abrazo que duró demasiado y que lo puso más incómodo que feliz. Aun habían personas en la estación, aunque Tom se había alejado suficiente de las chicas y con algo de suerte ellas no le verían. - ¡Te extrañé tanto!
-Ya, ya. No lo monopolices. - Unas manos lo separaron con fuerza del agarre de hierro de su madre y Tom finalmente pudo ver a Becca. - Me alegra verte, mocoso. - Becca le dió un abrazo rápido y revolvió su cabello. - ¿Cómo te fue allá?
-No había terminado de abrazarlo. - Su madre se quejó.
-Pues estabas a punto de abrazar un cadáver, el pobre Tom ya estaba algo azúl.
Tom contuvo una sonrisa ante la broma, aunque internamente estaba agradecido de la presencia apaciguadora de la tía Becca.
-¿Y tus amigas? Dijiste que las conocería.
-Sus padres llegaron temprano.
Tom prefería presentarlas en su regreso a Hogwarts luego de las vacaciones de yule, así podría controlar la situación.
-Bueno, eso significa que nos iremos rápido de este lugar, los niños son ruidosos.
-Yo soy un niño también.
-Eres un viejo prematuro. - La tía Becca enganchó su brazo en su cuello y lo arrastró hacía la salida.
-Las extrañé a las dos.
Y realmente lo sentía, aunque su madre fue un poco bastante insoportable con sus cartas, Tom podía entender lo que era extrañar a alguien y querer saber de él todo el tiempo. Aunque hablaría con su madre sobre escribirse tres veces por semana.
Su madre le sonrió con los ojos llenos de lágrimas y los tres caminaron lejos de allí.
Al llegar a casa lo único que Tom deseaba era correr a su armario, empacar la ropa y meterla en una maleta, quizá al día siguiente podrían irse a Francia.
Su madre fue directamente a la cocina a buscar platos para ordenar la comida que habían ordenado, Tom no había querido comer afuera, deseaba llegar a su pequeño departamento y descansar después del viaje. Su tía Becca se echó en el mueble de la sala como un gato fofo en la espera de la comida.
Mientras todo eso pasaba su madre comenzó a hablar.
-Estaba pensando en que para tu cumpleaños podríamos hacer una excursión a la montaña y pasar unos días en una reserva natural a un par de horas de aquí y mañana podemos ir al cine y al teatro, he visto unas obras- Su mamá no dejaba de parlotear mientras Tom dejaba su baúl en la sala al escuchar cada palabra con atención.
Tom vió la espalda de su madre con nerviosismo.
-Me gustaría ir al cine y al teatro mañana pero, habíamos acordado ir a Francia durante las vacaciones, para pasar la navidad y mi cumpleaños con mis tíos.
Fue muy rápido como todo se fue al diablo.
El ruido de platos rompiéndose contra el piso rompió el agradable y cálido ambiente de bienvenida.
-No puedes pasar ni siquiera media hora en casa sin nombrar a esas personas? ¿Qué tan infeliz eres aquí que nada más llegar ya quieres irte con ellos?! - Su madre se volteó y le enfrentó, sus ojos estaban vidriosos y enojados, su rostro entero estaba arrugado con una fea expresión de ira.
-Mer- La tía Becca se incorporó en el mueble y usó un tono tranquilizador.
-He hablado contigo cada día! Te he contado mis planes y tu has estado de acuerdo en todo, por qué ahora dices que no? - Tom nunca había aceptado nada, solo no había dicho nada, esperando a estar frente a su madre para hablar y aclarar las cosas.
Sintió que su corazón se aceleraba como una locomotora, pensó que su madre estaría contenta con su esfuerzo, sus cartas y con tenerlo allí, pero todo se había ido a la basura para él solo con verla molesta de nuevo.
-No quise hacerte sentir mal, pero cuando mis tíos se fueron acordamos pasar las vacaciones juntos- Tom trató de no alterarse y hablar con voz pausada, usando su expresión de niño bueno con su madre.
-Has estado lejos tres meses! Y ahora apenas y te veo y ya quieres irte con ellos?! Por qué te empeñas en hacerme sentir como que no valgo nada para ti?
-Por Merlín- Tom pudo escuchar y ver a su tía Becca acariciar su frente con cansancio, suspirando y hasta poniendo los ojos en blanco.
-Hemos hablado todos los días, mamá. Claro que eres importante para mi - De no serlo Tom habría comenzado a ignorar las cartas por ser tan frecuentes y hostigadoras. - Y no iré solo, se supone que iremos juntos a pasar tiempo junto a mis tíos y Harry.
A Tom le dolía, igual que le molestaba el hecho de que su madre no confiara en él y en sus sentimientos, qué más tenía que hacer para demostrarle que le importaba?
-Me dejarás plantada apenas los veas! Siempre haces lo mismo.
Tom se quedó callado, debía reconocer que era cierto. Pero los Potter eran más llevaderos, Tom no se sentía presionado a desprender amor por cada poro de su cuerpo a cada segundo solo para hacerlos sentir felices. No como se sintió al estar en Hogwarts exprimiendo su cerebro para escribir cartas a su madre y no como se sentía ahora.
-Mer, seguro podemos hablar de esto sin gritar ni buscar culpables. Es cierto que hiciste una promesa a Tom de ver a los Potter en vacaciones y Tom, debiste ser claro con tu madre en tus cartas y recordarle de su ida a Francia para que ella no hiciera planes- La tía Becca se levantó del mueble al hablar.
Tom agradeció hasta las entrañas la presencia de la Tía Becca en ese momento.
-Ahora, que les parece si llegamos a un consenso? Tom estará una semana con nosotras, es decir, hasta el 22 de Diciembre y se irá desde esa fecha hasta el 8 de Enero, para regresar a clases el 9. Están ambos contentos con eso?
Tom vió a su madre después de asentir. Ella no se veía muy contenta.
-Bien, podemos hacer algunas cosas de las que te hablé. - Las palabras salieron a regañadientes y Tom supo que no estaba siendo sincera.
-De acuerdo. - Tom sentía que había evitado una catástrofe de proporciones gigantescas en cuestión de minutos. Su cuerpo se sentía agotado y sus ganas de cenar en familia se habían esfumado, estaba molesto y cansado, ¿sería así todo el tiempo a partir de ahora? Desde que su burbuja de felicidad se había roto y había mirado la verdad Tom sentía que caminaba sobre pedazos de vidrio.
Tom podía describir sus vacaciones de una semana con su madre y Becca como: incómodas, divertidas, frustrantes y confusas.
Su madre no dejó de quejarse de cómo habría un montón de lugares que no conocerían por la falta de tiempo, aunque la tía Becca rápidamente aparecía para calmarla y aliviar el ambiente. Tom hizo todo lo posible para salir siempre los tres, su madre estaba pegajosa, queriendo abrazarlo a cada momento, llevarlo de la mano como si fuera un bebé y preguntando, de nuevo, por sus días en Hogwarts.
Tom pasó esos siete días contando con ansiedad a que llegara el 22 de Diciembre, en donde podría irse a Francia, ver a sus tíos y a Harry, quién había estado desilusionado con la noticia de que no iría de inmediato a su casa, pero tampoco se puso como un furioso trol de montaña. Mencionó que ese año celebrarían el Yule como Merlín mandaba, por influencia de los magos franceses, quienes eran mucho más tradicionalistas. El ritual comenzaría desde el 19 hasta el 31 de Diciembre, Tom estaba triste de perderse el inicio, pero podría participar para el resto del ritual y pasar su cumpleaños con su familia completa, ya vería cómo sobrevivir a los celos de su madre en el proceso.
Fueron a museos, parques silvestres, castillos muggles abandonados o convertidos en museos, hicieron picnics, fueron a un karaoke por influencia de Becca y Tom descubrió que no cantaba tan mal.
-Es increíble. Eres listo, un niño guapo, eres un excelente mago, hablas con serpientes, eres el primero de tu clase y ahora resulta que sabes cantar bien! ¿Hay algo que no sepas hacer?! - Su tía Becca se quejó, muy dramáticamente, después de que Tom cantara un dueto con ella. - Lo hiciste con amor, eh Mer?
Tom se sonrojó, pero miró a su madre con timidez, esperando que soltara la sopa sobre su concepción, quizá algo sobre su padre también.
-Becca! Esa conversación no es para niños. - Su madre se veía apenada y con la cara roja.
Tom ocultó su decepción muy bien.
-Apuesto cincuenta galeones a que sí- Su tía le guiñó un ojo y él sonrió, mientras su mamá apartaba la mirada con vergüenza . -De acuerdo, tu turno Mer.
Su madre cantaba terrible, aunque no era algo de que burlarse, la tía Becca y ella cantaron muchas canciones muggles y mágicas muertas de risa, tambaleantes por el alcohol que habían bebido. Tom no era particularmente amante del alcohol, los cigarros o cualquier otra cosa que nublara los sentidos, suficiente había visto en Whools como para saber que esas cosas pondrían en peligro a cualquiera. Pero su madre era más despreocupada y divertida estando borracha, quizá por eso la tía la había convencido de beber.
Sorprendentemente, los siete días pasaron rápido. Su madre y su tía le compraron ropa nueva, ya que Tom había pegado un estirón en Hogwarts, también obtuvo su regalo de cumpleaños adelantado, ya que su tía no podría ir con ellos, una verdadera lástima, aunque no podría abrirlo hasta su cumpleaños.
Tom pasó la noche del 21 arreglando su baúl, a través del espejo hablaba con Harry, quien estaba igual de entusiasmado.
-Te esperaremos en la sala de trasladores desde temprano. ¡Te encantará la nueva casa! Tenemos piscina, un solarium, un jardín botánico en donde mamá cultiva sus ingredientes de pociones e incluso Hedwig tiene su propia lechucería, junto a los buhos de mamá y papá!
Harry hablaba sin control y tan rápido que era difícil entender, aun así Tom no podía dejar de sonreír ante la idea de tenerlo cerca, físicamente. En serio extrañaba los abrazos de Harry. Ni siquiera le molestó que Harry le hablara, de nuevo, de la casa, Tom podía decir que la conocía solo de escuchar las descripciones entusiastas de Harry.
-Si me sigues contando todo no tendrás que darme un recorrido cuando llegue. - Bromeó.
-Ni siquiera podrías imaginarte como se ve, aunque yo te lo cuente.
Tom finalmente terminó de empacar y miró a su amigo con una sonrisa.
-Espero te hayas guardado algún secreto.
Harry asintió muy serio. - Exploraremos la nueva casa Potter.
Tom se echó a reír.
-Tom! - El gritó de su madre llamándolo interrumpió su momento.
-Ya debo irme, Harry. Son más de las once y mañana debo despertar temprano, nos vemos mañana, si?
Harry asintió, aun viéndose feliz.
-¡De acuerdo! Nos vemos mañana, Tom.
Tom sacudió su mano con energía antes de colgar la llamada y de nuevo ver su reflejo en el espejo.
Dejó el objeto en su cama y se levantó para salir.
Su madre estaba en su habitación, algo en su expresión no le gustó.
-Si, madre?
-Ayudame a empacar, no consigo algunas cosas.
Su madre era opuesta a él, en donde Tom era ordenado, metódico y limpio, ella era olvidadiza, descuidada, torpe y desordenada, aun cuando se esforzaba mucho por ocultarlo. Tom no lo veía como un defecto del cual preocuparse o para juzgarla, su tío James también era descuidado, desorganizado y olvidadizo, con su tía Lily detrás de él siempre recordandole las cosas. Así como su tía Becca y él hacían con su madre.
Pero esto era un verdadero desastre, incluso su madre había extraviado sus papeles y Tom, ya con ganas de dormir, había terminado convocando todo hasta que llenaron el baúl casi a la una de la mañana.
Ni siquiera dormir poco y mal lo puso de mal humor. Era imposible.
El viaje en traslador había dejado a Tom con dolor de estómago y náuseas, aun cuando habían hecho dos paradas. Algunos niños que viajaban con el grupo se habían desmayado o vomitado, su propia madre llegó un poco verde a Francia.
Lo bueno era que aquello parecía ser tan normal que les estaban esperando con pociones para el mareo.
Tom tomó aquella infusión con rapidez y brusquedad, empujando a su madre a salir de la habitación para encontrarse con sus tíos. No se perdió de la tensión en el cuerpo de su madre ni sus pies arrastrándose por el suelo, rezó a Merlín para que todo marchara bien entre todos mientras caminaba entre empujones a través de la masa de personas que llegaban desde todas direcciones.
Fue fácil encontrarlos, una enorme pancarta con letras brillantes y de color verde, se miraba por encima de las cabezas de la multitud. En ella se leía: Bienvenidos Tom y Merope!
Tom no pudo evitar sonreír y reírse al ver a su tío sostenerla, sus ojos encontraron a Harry unos segundos después, al mismo tiempo que su amigo le vió, sonrió y sin avisar a sus padres salió corriendo a su encuentro, Tom también se acercó, sin importarle que ya casi era un chico de doce años y que se veía definitivamente ridículo e infantil corriendo.
-Tom! - Harry no tuvo problema alguno en arrojarse sobre él con un abrazo que le robó el aliento, aunque To se aferró igual de fuerte a su cuerpo y sintió que sus ojos se humedecían al sentirlo más alto. Tom respiró y sintió que por primera vez se sentía completo desde que se habían marchado. - Te extrañé demasiado! - Harry habló fuerte y en su oreja, sin soltarlo.
-Yo también te extrañé, Harry!
Las risas de sus tíos hicieron que finalmente se separara de su amigo para ir a abrazarlos.
-Tía Lily! - Tom quiso ser más pequeño para que fuera correcto y bien visto el ser levantado en brazos, aun así, se conformó con ser apretado con dulzura, aspirando el perfume dulce de su tía, junto a su pecho cálido y cómodo.
-Mi Tom! Te extrañamos mucho, cariño. - Su tía lo movió de un lado a otro sin soltarlo y allí las lágrimas se sintieron cómodas para salir.
-Y qué hay de mi?! ¿Ya te olvidaste de tu pobre tío James?
Tom se separó de su tía mientras se reía, entre lágrimas, para recibir el abrazo de oso apretado de su tío, quien no tuvo ningún problema en cargarlo en sus brazos y sacudirlo algo brusco, aun así, a Tom le encantó y se echó a reír. Los extrañaba tanto que no le importaba algo de vergüenza pública, aunque él no se sentía para nada avergonzado, era como finalmente volver a casa.
-¡James! Vas a hacer que el pobre Tom se sienta mal por su viaje sacudiéndolo como un muñeco. - Su tía de inmediato le regañó.
A Tom le encantó escuchar cada palabra.
Su tío lo soltó al suelo y le guiñó un ojo mientras alborotaba su cabello.
-¡Estás más alto! - Su tía Lily sostuvo su rostro entre sus manos.
-Solo un poco. - A Tom le encantaba como se sentían sus manos, tan suaves y tiernas.
-Merope! ¡Qué bueno que hayan podido venir! - Su tía saludó a su madre con una sonrisa y Tom rogó que ella se comportase y actuara civilizadamente.
Harry lo jaló de la mano hasta que estuvo de nuevo junto a él, fue como antes, cuando al sentirse nervioso o ansioso Harry de inmediato se acercaba para calmarlo, aunque lo último que Tom quería era que Harry supiera sobre su madre, aunque su amigo lo sabía desde mucho antes, él aun podía recordar sus palabras en la playa, le dolía pensarlo, el hecho de que Tom no podría tener por el momento a su perfecta familia feliz, porque su madre había creado un muro para alejarse de los Potter, asustada de perder su cariño.
Él iba a arreglarlo, le haría cambiar de parecer.
-Tom estaba loco por venir- Su sonrisa fue tensa, pero al menos no había insultos.
-Los chicos se han extrañado mucho, es bueno para todos vernos en las fechas importantes, somos una familia pequeña, después de todo. - Su tío también la saludó, dándole un abrazo que su madre no despreció, aunque su tía Lily solo le había dado un beso en la mejilla.
-Es genial tenerlos con nosotros para el cumpleaños de Tom y Yule. - Harry solo le sonrió, manteniendo su distancia y apretando la mano de Tom.
-Gracias por venir por nosotros.
-No hay nada que agradecer, Harry no nos dejó dormir en toda la noche, recordándonos cada poco que teníamos que venir por ustedes. - Su tío bromeó de nuevo.
Su amigo le sonrió con algo de pena.
-Bueno, qué les parece un delicioso almuerzo en un restaurante francés? No están muy cansados, ¿verdad?
El almuerzo estuvo fuera de peligro, los padres de Harry entretuvieron a su madre con anécdotas de sus trabajos y él y Harry se dedicaron a hablar y bromear en voz baja, nada demasiado profundo que sus padres no pudieran escuchar.
No fue hasta que llegaron a casa que Harry lo arrastró de la mano como un loco.
-¡Le mostraré a Tom su habitación!
-¡Harry! Haremos una visita guiada!
-Tom y yo exploraremos la mansión a solas!
Su tío y Harry se gritaron mientras ellos seguían corriendo escaleras arriba, a Tom ni siquiera le dió tiempo de mirar nada con detenimiento, concentrado en no pisar mal y caer aparatosamente.
Habría plantado sus pies duramente en el suelo y regañado a su amigo si no fuese él. No podía imaginarse siendo arrastrado así por sus amigas en Hogwarts.
Harry se detuvo frente a una puerta de madera de color marrón, que olía muy bien y se veía muy grande. Su amigo jadeó un poco antes de hablar.
-Esta es mi habitación.
-Todo el tour guiado será así de rápido? Porque no logré ver nada.
Harry rodó los ojos. -Claro que no! Solo necesitaba hablar contigo a solas, papá y mamá son como espías, te lo juro. - Su amigo abrió la puerta de la habitación y lo invitó a pasar.
La habitación era gigante, con paredes de color beige y verde claro. Una alfombra verde un tono más oscuro cubría casi todo el piso, había un gran ventanal con vista al jardín y que dejaba entrar mucha luz justo frente a la puerta, Tom pudo apreciar a través de las cortinas abiertas que había sillas en el balcón y una mesita. Del lado izquierdo había una cama matrimonial con más almohadas de las que cualquier humano necesitaba, además de los múltiples peluches de Harry. A un lado de la cama había una mesa de noche de madera oscura y sobre ésta libros y cachivaches de Harry. Más allá había un armario inmenso de madera, con múltiples puertas y cajones.
Del lado derecho había una estantería, también de madera, para todos sus libros y una puerta que seguramente daba al baño.
-Aun no termino de decorarla a mi estilo, no tuve tiempo de hacerlo antes de irme a la escuela.
Tom pensaba que era hermoso y gigante.
-Es genial, mejor que el cuarto de Inglaterra. - Tom hablaba mientras sus ojos recorrían el lugar.
-Lo sé, aunque aun no me acostumbro. Es demasiado grande, no sé ni con qué llenar el espacio.
-Ya lo harás cuando comiences a dejar todo regado en todas partes.
Harry le golpeó con su codo en el costado, no muy fuerte.
-Te gustará aun más tu habitación. Pero aun no te la mostraré, ven. - Harry volvió a tomarlo de la mano y lo llevó al balcón. - Este lugar está hechizado para tener una temperatura perfecta, aun en invierno, así que no necesitamos abrigos. - Harry le comentó entusiasmado.
Tom se sentó en una de las sillas y Harry tomó la otra. En segundos, su sonrisa se fue y su rostro se puso serio.
-Ahora Riddle, escúpelo.
Tom frunció el ceño.
-Escupir qué?
-Estabas nervioso en la estación, tenso, asustado mientras nos saludabas. ¿Por qué? ¿Pasó algo?
Cómo olvidar el don metiche de Harry y su nula discreción para sacar a relucir temas sensibles. Era como tener otro Mark.
Demonios ni siquiera le había dejado llegar adecuadamente.
-No es nada, solo estaba nervioso por verlos después de tanto tiempo.
Harry entrecerró los ojos.
-Sabes que me puedes contar lo que sea, ¿no? Ya no tengo ocho años, Tom.
Él sabía, claro que sabía. Y aun así Tom no se sentía presionado a hablar, Harry no lo haría si él se lo pedía, pero había callado su disgusto por casi cuatro meses, solo, ni siquiera pudo hablar con sus amigas sobre ello.
Pero Tom no quería preocuparlo, estaban lejos, él volvería a Hogwarts luego de las vacaciones y tendría que hacer milagros para convencer a su madre de ir de nuevo en las vacaciones de Pascua, hasta el verano. Harry estaría preocupado cada día. Pero quizá hablar con él le ayudaría a sentirse mejor y planear la estrategia para mejorar la relación con su madre. Mark siempre decía que las penas compartidas eran menos.
-Discutí con mamá antes de venir, ella cree que los quiero más a ustedes que a ella, está celosa y no quería venir. La tía Becca tuvo que intervenir para calmarla.
Quizá no era la mejor forma de decirlo.
-Noté que estaba molesta y celosa cuando llegaron. - Harry asintió.
-Sí, ella - Tom no quería mencionar la discusión antes de Hogwarts, porque Harry haría un escándalo de eso, odiaría a su madre y Tom necesitaba que todos se llevaran bien. - Ella se siente muy sola desde que comencé la escuela, me hace escribirle todos los días y es algo asfixiante, pero lo hago de todas formas, sé lo que es sentirse dejado y solo. - Harry hizo una mueca y le tomó de la mano. - Ahora no me siento así, sé que los tengo a ustedes, sin importar qué. Pero ella quizá no sienta lo mismo, solo está vinculada a ustedes por mi, necesito que entienda que ella es parte de la familia también, quizá así ella se relaje un poco.
Harry se mordió el labio, muy seguramente conteniendose de decir algo.
-Entiendo, entonces debemos incluirla más.
Tom asintió.
-Bien. Y cómo te sientes tú? Solo has hablado de los sentimientos de tu madre, ¿qué hay de los tuyos?
Tom sintió que Harry le daba un puñetazo en el estómago.
-Estaré bien cuando ella mejore.
-Tu bienestar no puede depender de la salud de otro, Tom. - Sus ojos verdes serios le taladraron el alma.
-¿Acaso planeas quitarle el trabajo a Mark?
-Soy un ayudante no oficial de Mark- Se pavoneó. - No quiero que escondas lo que sientes, pero tampoco quiero forzarte a que me digas nada, aunque espero a que lo hagas.
Harry se había vuelto incluso más sensible y listo, era posible?
Tom miró sus manos unidas y se permitió relajarse, ya casi había olvidado la sensación de confianza que Harry le transmitía, el cómo era libre de hacer y decir cosas sin sentirse desprotegido cuando estaba con él.
-Siento que estoy desesperado por hacerla entender que puedo amar a otras personas y no solo a ella, siempre debo ir caminando de puntillas y hablar con cuidado para no ofenderla o herirla. Me siento asfixiado, Harry, siento que nunca soy lo bastante bueno o amoroso para ella, que siempre debo ser mejor - Tom sintió que pudo respirar mejor al dejarlo salir, mientras apretaba la mano de su amigo con la mirada gacha, no queriendo ver sus ojos, asustado de ver enojo en ellos.
Harry la odiaba.
La odiaba, la odiaba, la odiaba.
Aun más al escuchar a Tom hablar sobre su relación, podía sentir como sus emociones estaban revueltas entre la tristeza, el dolor y el rechazo. Tom estaba confundido, entre amar a su madre y querer ser perfecto para ella, y la necesidad de tener espacio para ser él mismo.
Él podía sentirlo todo, casi podía escucharlo. Harry seguía con sus lecciones de legeremancia y oclumancia con un maestro en la escuela que sabía sobre sus dones y había mejorado mucho más, había sido una recomendación directa de Mark, para no tener problemas en la escuela por su capacidad de sentir todo, aun así, Harry muchas veces experimentó migrañas que drenaban toda su energía. Pero amaba las ventajas, las personas cada día eran como un libro abierto para él.
Y él odiaba a Merope, porque podía ver su aura oscura y podrida, rodeada de envidia, odio, resentimiento y celos. Ella no era buena para su Tom, Harry agradecía que Tom estuviera en un internado y no conviviendo con ella cada día. Aun cuando deseaba decirle a Tom que la dejara, que fuera a vivir con ellos a Francia, sabía que no podía hacerlo, Tom la amaba, aun cuando ella era imperfecta. Harry sabía cuánto la amaba, Tom había decidido ir con ella, aun teniendo todo con ellos y aunque había sido duro de entender, sus padres y Mark le habían ayudado a comprenderlo, a ver que no se podía controlar la vida de otros, aun cuando se quisiera actuar de buena fe.
Harry podría ayudarlo, si eso era lo que quería, él podría pretender llevarse bien con ella por el bien de Tom, si eso le hacía bien y cambiaba las cosas.
Podía sentir a su amigo apretar su mano fuerte, ante su silencio.
-Por qué no me dijiste antes? - Harry lo dijo con suavidad, no quería que Tom pensara que estaba enojado con él.
-No quería que te preocuparas por mi. - Harry se echó a reír.
-Siempre me preocupo por ti, tonto. Aun cuando no hay una razón.
Tom finalmente elevó la mirada para verlo.
-Tampoco quiero que la odies.
Algo tarde para eso.
Harry no necesitaba leer sus emociones para darse cuenta de que Tom intuía que no la tenía como su persona favorita del mundo, ni cerca. Pero también había un brillo en sus ojos que le dejaba ver cuánto necesitaba su amigo el que Harry aceptara a su madre.
-Odiaré a quien odies y amaré a quien ames, te lo dije una vez, ¿no?
Aunque Harry recordaba haber mencionado que lo haría, siempre y cuando no hubiera una razón de peso para llevarle la contraria a Tom con respecto a sus elecciones de compañía.
Los ojos de Tom brillaron al verlo, había alivio en ellos.
-Gracias, Harry. Aunque odio tus sesiones brutas de intervención. - Se quejó con una sonrisa en la cara.
Harry le sonrió.
-Tu también tienes permiso de hacerlas. Y soy tu mejor amigo, no tienes porqué guardarte las cosas conmigo, los mejores amigos son para apoyarse, no solo para jugar y hacer tonterías.
Tom asintió, parecía algo arrepentido de haberle guardado su secreto.
-Pero tampoco estás obligado a contarme las cosas, lo siento si fui un bruto, es solo que no te veía desde hace mucho y cuando sentí tus emociones y las de tu madre- Harry pensó en una palabra que pudiera describir su emoción. - Enloquecí un poco.
-Está bien, eres mi empático, después de todo. Eres como un ángel guardián mágico.
Harry se sintió feliz de ver cómo el ánimo de Tom cambiaba a uno más feliz.
-¡Así es! Y Tom, nadie es perfecto, de acuerdo? No eres un mal hijo por querer algo de espacio. Solo habla con ella.
Tom asintió y a los ojos de Harry se vió como un niño pequeño por un momento.
-Ahora, quieres ver tu habitación?
Harry era como un huracán, yendo y viniendo con prisa y revoltosamente. Pero Tom se dejó arrastrar gustoso, una vez que su conversación profunda había terminado.
Por fin había logrado ver el pasillo del segundo piso, el suelo era de granito blanco pulido y brillante, el techo era alto y con lámparas que se asemejaban a gotas de cristal, la pared era de color crema y había al menos dos mesitas pequeñas de madera oscura con jarrones llenos de flores que servían de decoración. Había una ventana al final del pasillo, con un sillón debajo para sentarse y ver la calle.
Justo al frente de la habitación de Harry estaba la suya.
Las paredes eran de color beige y azúl oscuro, era una estructura parecida a la de Harry, a excepción del techo, que mostraba una imagen clara, nitida y en movimiento de la vía láctea.
-Papá hizo el hechizo, puedes nombrar cualquier estrella, galaxia o universo que quieras ver y te lo mostrará, no es genial?
Tom sintió ganas de llorar al ver como sus tíos le habían hecho un espacio en su nuevo hogar.
También había una mesa de trabajo que le permitía ver el jardín por la ventana. Y tenía una peinadora a un lado de la cama, con un espejo grande. Además de un armario justo a un lado de la ventana, pegado a la pared, como el de Harry.
-Te gusta? Aun le falta el toque de Tom, pero..
Tom le interrumpió. - Me encanta.
Harry le sonrió.
Después de su habitación, Harry le mostró el cuarto de sus padres, al final del pasillo y la habitación de su madre, frente a la habitación de sus padres. Aun así había dos habitaciones más en el segundo piso. Luego de la ventana, el pasillo se doblaba y mostraba dos puertas más.
Era enorme.
-Sirius y Remus vendrán para pasar la navidad en unos días. - Harry le explicó. - Y como la familia no deja de crecer, mamá decidió que necesitábamos algo grande para que todos estuviesen cómodos.
Tom se sentía fascinado con el tamaño de las cosas.
-¡Ven! ¡Amarás la terraza!
Harry de nuevo lo arrastró por otras escaleras al tercer piso.
Arriba el suelo era de madera, había rejas de metal negro que evitaba que cualquiera saltara al vacio a esa altura. La nieve caía en el suelo, pero no se sentía el frío helado allí, había algunos muebles que se miraban cómodos, una mesa grande alrededor de ellos y algo que parecía una cocina, hecha de bloques.
-Este espacio es para pasar el rato y hacer comida. - explicó Harry.
Tom miró sobre el hombre de Harry la estructura en forma de cúpula gigante detrás de él, simplemente se miraba demasiado grande para estar sobre el techo. Pero así era la magia.
-Este es el jardín de mamá- Harry lo guió por una puerta de madera y cristal, dentro estaba a una temperatura agradable y había plantas de todo tipo, todo era verde y de colores, a diferencia del blanco de la nieve cayendo afuera. - Aquí cultiva la mayoría de sus ingredientes para pociones. Aunque los más peligrosos están en el jardín de la casa.
-¡Es gigante!
Harry lo guió por un pasillo de mesas y porrones con tierra y plantas, había en el suelo y colgando del techo, todas identificadas y ordenadas por sus efectos. Tom lo amó.
Harry se echó a reír.
-Sabía que te gustaría, eres un ñoño de las pociones, como mamá.
Tom ni siquiera se sintió ofendido, Harry tenía razón, estaba enloqueciendo con la vista.
-Es el paraíso de los ñoños de pociones.
Harry asintió.
-Quieres ver el solarium?
-También está aquí en el techo?!
-No. Tampoco es tan gigante. Está en el primer piso. - Tom quiso hacer una broma de cómo todo su departamento entraba en ese jardín y que Harry y él tenían apreciaciones muy diferentes de lo que era gigante o no. Pero su amigo estaba tan emocionado y lo arrastraba con tal rapidez que no tuvo el tiempo de hacerlo.
Siguió a Harry escaleras abajo y al llegar al primer piso pudo escuchar el murmullo tenue de voces, muy probablemente sus tíos estarían dandole el tour a su madre. Él tendría que acercarse luego de terminar el suyo, no quería que su mamá pensase que se había olvidado de ella.
Abajo y a la izquierda había una puerta que según Harry llevaba a la cocina y diagonal a ella había dos puertas enormes de madera que llevaban a la sala de estar y comedor. Ya lo verían después, Harry le convenció de que estaba mostrándole lo más interesante de la casa.
Del lado derecho estaba la biblioteca, con su propio salón privado. Y una salida a un lateral de la casa que mostraba un jardín rodeado de una estructura de cristal, en donde el suelo era de una grama tan suave que los pies se hundían en ella, Había algunas mesas y sillas también allí.
-Mamá insiste en comer aquí para el desayuno y el almuerzo, incluso para tomar el té.
-Es hermoso.
Más allá había una estructura de madera, con escalones de madera y suelo de madera, era pequeño y con forma heptagonal, con columnas que se unían arriba formando un arco y un techo sobre todos ellos. La estructura era abierta entre las columnas, por lo que se podía ver a través de ella.
-Es un gazebo o así le llama papá. Lo hechizamos para que su techo se abra y deje entrar el sol cuando queramos, es el solarium.
Harry se veía muy entusiasmado por mostrárselo.
Tom entró con él a la pequeña casita de madera. Aunque dentro no era tan pequeña, veinte personas podrían estar dentro con facilidad.
-¡Ahora ven! - De nuevo lo arrastró de la mano, salieron del otro jardín por otra puerta de cristal y sus zapatos tocaron la nieve, también el frío lo recibió. -Allí al frente está un campo de Quidditch improvisado que papá hizo.
-¿Tu madre no logró evitar que lo hiciera?
Harry negó con la cabeza riéndose.
-¡Los hombres Potter somos tercos e insistentes!
Tom sonrió. Claro que lo sabía.
-Y detrás del campo está la piscina, que ahora es una pista de patinaje por el clima. - Tom lo encontró divertido. - Podremos ir después, papá prometió enseñarnos. - Merlín los ayudase a no romperse la cabeza.
Harry lo llevó al otro lado del jardín, ambos hundiéndose en la nieve e ignorando el frío.
-Y ese establo es donde está el nuevo laboratorio de mamá, pero ella dijo que te lo mostraría en persona, no le gusta que entre solo.
Eso era obvio, Harry era inquieto y revoltoso, no era buena idea dejarle entrar a un laboratorio de pociones.
-Cuando vengas en verano podremos nadar en la piscina!
Harry lo arrastró de nuevo dentro de la casa.
Frente a ellos estaba su tía Lily y los demás.
-¡Qué hacían allá afuera solos?! Hace mucho frío.
Tom podía aguantar el frío solo por ese paseo guiado.
-Solo le mostraba a Tom el campo de Quidditch y la piscina.
-No estuvimos tanto tiempo afuera, tía Lily. - La tranquilizó.
Su tía suspiró. -Vamos a la cocina, les daré chocolate caliente.
Tom sintió que su boca se derretía, amaba su chocolate caliente.
Tom miró a su madre a un lado de su tío y le sonrió, ella no lo hizo.
-Qué te pareció el tour mamá? Es hermosa la nueva casa, ¿no? ¿Viste tu cuarto? Es increíble.
Harry se pegó a él como una lapa en su camino a la cocina.
-Pensamos en ambos al decorarlos, aunque las paredes están encantadas para cambiar de color si prefiere otro. - Era muy diferente la manera en como Harry hablaba con su madre a cómo él hablaba con sus padres. Tom era amoroso, informal y estaba cómodo con sus tíos. Harry era educado, pero distante, no hacía bromas y su sonrisa era normal, no amplia y brillante.
-Es un cuarto bonito, me gustó la ventana.
Harry le sonrió.
-La vista en invierno no es tan genial, pero en verano podrá ver la piscina, el jardín de té y el campo de Quidditch.
-Tiene una linda vista en invierno, también. - Su mamá respondió con amabilidad y suavidad, lo cual fue un alivio.
La conversación siguió así, alabando aspectos de la casa y su mejor amigo y su madre siendo cordiales el uno con el otro. Gracias a Merlín la cocina no quedaba tan lejos.
La sala de estar estaba llena de ventanas, unas cuatro ventanas del tamaño de Tom y separadas por unos centímetros de pared. Todas ellas daban vista al establo de pociones de su tía.
Dentro había dos chimeneas, a cada lado del cuarto, muebles en tonos crema, amarillo y rosa pálido, una alfombra rosa pálido adornaba el suelo y un piano de cola estaba en una esquina, tocandose solo.
Había una puerta doble y grande que daba al comedor, en donde había una mesa larga de dieciséis asientos, en el techo había candelabros hermosos y había una puerta al frente que permitía la entrada directa desde la cocina. También había espacio para bailar.
Todos habían ido a la sala luego del chocolate, a seguir su charla y ver el árbol de navidad, sin decorar.
-Decidimos esperarlos para que lo decoraran con nosotros. - Explicó su tía.
El corazón de Tom se calentó.
Harry de inmediato corrió hacia unas cajas en el rincón de la habitación, abriendolas y haciéndole señas para ir con él.
-Ahora que llegaste podremos decorar! No pudimos esperar por ti para encender el tronco de madera de Yule, pero al menos podrás ser parte de esta tradición. - Su amigo le sonrió con sus ojos brillantes como las bolas de decoración en la caja.
Tom podía sentir que sus ojos se humedecían, pero no pensaba llorar en la sala con todos allí.
-¡De acuerdo!- Su tío se acercó a ambos y les despeinó. - Qué tal si decoramos y luego les enseño a ambos a patinar?
Tom sintió que su corazón se sacudía de emoción.
-No sabía que patinabas tío.
-Oh, no sé hacerlo! Aprenderemos todos juntos, hoy. - Tom no supo si reírse o temer por otro incidente como el de Quidditch.
-Merlín nos ayude- Su tía se quejó. - Yo les enseñaré a todos, no quiero lesionados en navidad.
Tom se sintió más tranquilo, incluso pudo ver que su madre se relajaba un poco, sentada en el mueble frente a la chimenea.
-Eso le quita toda la diversión. - Su tío hizo un puchero ridículo que le hizo sonreír.
-De acuerdo niños, el truco está en mantener las piernas firmes, no separen tanto los pies o perderán el equilibrio. Comiencen deslizándose lento hasta que tomen el ritmo. - Su tía les instruyó mientras él y Harry se aferraban el uno al otro para mantener el equilibrio.
Luego de terminar de decorar el árbol, tarea que les había tomado al menos dos horas y en la que incluso su madre participó, para su gran alivio, Harry insistió como loco junto al tío James para ir a patinar. Tom había extrañado lo tontos que podían ser esos dos juntos.
-Deben soltarse para poder moverse. - Su tía miraba divertida como Harry se aferraba a sus manos.
-Siento que voy a caerme. - Harry se veía algo incómodo.
Su madre se rió. - Para eso son todas las protecciones que les puse. Es más seguro que el Quidditch, te lo aseguro. - Se mofó.
Tom no pudo evitar reírse. Harry lentamente se soltó y ambos comenzaron a avanzar poco a poco, pero el suelo era resbaladizo, los patines hacían que sus tobillos bailaran de un lado a otro y unos segundos después ambos cayeron al suelo, cortesía de Harry quién veía a Tom como un buen objeto al cual aferrarse.
-Aw! Mi trasero! - Se quejó, aunque su rostro tenía una sonrisa alegre.
Detrás de ellos, su madre y el tío James eran instruidos por su tía, el tío James parecía estar haciendo bromas porque la tía tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Ambos batallaron un poco para levantarse y de nuevo comenzaron a deslizarse, la meta era dar una vuelta al campo.
Más de una vez se cayó al suelo aparatosamente junto a Harry, tantas veces que finalmente ambos decidieron descansar y sentarse a observar cómo los adultos lo hacían mucho mejor, incluso su madre parecía estar pasándolo bien.
-Me alegra que estés aquí. - Harry a su lado apretó su mano mientras ambos veían a sus padres. - Navidad no sería lo mismo sin tí.
Tom se sintió feliz de escucharlo.
-No me lo habría perdido por nada.
-Pronto tendrás doce años, es una locura, no? Cuando te conocí tenías nueve años. Parece que nos conocieramos de toda la vida, ¿no crees? - Harry le interrogó clavando sus ojos verdes en él.
Tom miró como su amigo parecía estar poniéndose sensible.
-Así es, ha pasado un tiempo y tú aun tienes un pésimo gusto en la ropa. - Bromeó, porque si seguía la línea de conversación de Harry con la misma seriedad iba a echarse a llorar como bebé.
Su amigo le rodó los ojos y tomando un puñado de nieve, le arrojó la bola al pecho sin mucha fuerza.
-Qué sabes tú de ropa? Solo usas cuatro colores. Yo soy más atrevido. - Harry levantó la nariz con aire presumido y Tom se echó a reír.
-Eres valiente y ciego, Potter.
Harry volvió a arrojarle nieve y pronto comenzaron su propia batalla que terminó con ambos siendo cubiertos por sábanas frente a la chimenea y con una taza de chocolate caliente, luego de mojar por completo sus ropas.
El día terminó bien y Tom estaba feliz de que su madre parecía estarlo también. Harry esperó unos minutos a que todos se fueran a dormir antes de entrar a su habitación con el pijama puesto.
-Hey, tienes sueño?
Tom estaba agotado, pero solo ver a Harry allí activó su energía.
-Aun no. - Harry sonrió y se lanzó como un clavado a su enorme cama, Tom no pudo evitar sonreír ante las tonterías del chico. - ¡Aww! ¡Es Little Harry! ¡Lo trajiste al viaje! - Harry tomó al pingüino en sus manos y lo abrazó.
-No quise dejarlo en casa, la tía Becca estará cuidando el departamento y Leviatán podría tomarlo como juguete. - La verdad era que Tom se había acostumbrado demasiado a dormir con el pingüino como para dejarlo, aun cuando estaría junto a Harry.
-También trajiste nuestro libro?
Tom asintió y convocó el libro desde el escritorio.
-Tienes que enseñarme a hacer magia sin varita. - Harry miró con la misma admiración su despliegue de magia no verbal y sin varita.
-Lo haré, serás un experto para cuando hagamos nuestro viaje.
Harry asintió contento y tomó el libro de sus manos.
-Ahora, ¿qué país elegiste?
Hablaron un buen rato sobre la elección de Tom de ir a Filipinas hasta que el sueño finalmente les alcanzó y decidieron esconderse bajo las sábanas y dormir.
Harry de inmediato se acercó a él, con los ojos cerrados por el cansancio y Tom sintió como todo su cuerpo se relajaba, por fin, después de meses, podría tener una noche de sueño perfecta.
-Extrañaba dormir contigo. - Harry susurró, más dormido que despierto, con sus ojos aun cerrados y el cabello negro despeinado, Tom sonrió.
-Yo también. Buenas noches Harry.
Los tíos de Harry llegaron la mañana del 24 de Diciembre con toda una cacofonía de ruidos que Tom encontró molestos, para ser solo dos hombres hacían mucho ruido, pero Harry los adoraba y Remus Lupin no era tan mal sujeto, Sirius era una persona non grata, sin duda, pero Tom trataría de esforzarse y ser educado, si Harry podía hacerlo con su madre él podría con Sirius Black.
También había más visitantes inesperados, resultó que el padrino de Harry tenía novia y le había invitado, así que la casa tenía más adultos para convivir, un alivio para él y una oportunidad para que su madre hiciera amigos o al menos entablara conversación con alguien que no fuera él. El día anterior había estado algo insistente con estar junto a él y Harry en todo lo que hacían, Tom pudo ver como su amigo muy pacientemente la incluía en sus juegos, en los que su madre era terrible, había sido raro e incómodo.
-Tío Sirius! ¡Te extrañé mucho!
-Harrykins! ¿Cómo está mi ahijado favorito? - El padrino de Harry no dudó en levantarlo en brazos y sacudirlo como a un muñeco mientras Harry se sacudía de risa.
-Soy el único que tienes.
-Eso es cierto. - El hombre lo miró a él y a su madre. -Merope, es bueno verte. Tom. - Asintió hacia ellos.
Tom forzó una sonrisa cortés.
-Hola, feliz navidad.
Sirius volvió a asentir y continuó apachurrando a Harry.
-Cómo estás, Tom? Ha pasado un tiempo desde la última vez que te ví. - El señor Remus se acercó para saludar y Tom estrechó su mano, ya había superado su miedo al hombre por su condición de hombre lobo. - Merope, cómo te va? - Su madre recibió un abrazo.
-Estoy bien, señor Lupin. Gracias, ¿cómo está usted?
El hombre le sonrió.
-Estoy excelente!
-Es un gusto verte, Remus. - Su mamá parecía contenta de verlo. Gracias a Merlín.
-Tom! Ven a conocer a la novia de mi padrino! - Harry apareció para tirar de su mano y alejarlo de su madre y tío.
Una mujer rubia y hermosa estaba junto a su padrino, se veía refinada, sin arrugas en su ropa e impecable, se veía como una mujer lista. Tom no entendía como esa mujer podía estar con ese hombre desaliñado y estúpido, pero quién era él para decir algo?
-Ella es Evangeline Fairfax. - Harry les presentó. La mujer le sonrió y Tom extendió su mano.
-Tom Riddle.
-Es un placer conocerte, Tom.
A Tom le agradó un poco, aunque si estaba con un tipo como Sirius no debía ser muy cuerda.
Tom envió los regalos de sus amigas por la mañana, no queriendo ser aplastado por la ira de las tres chicas y bastante consciente de que sería un día ocupado.
Luego de la llegada de las visitas y del almuerzo, todos habían desaparecido para arreglarse para el ritual de Yule, todos debían usar batas moradas y rodear el tronco que sus tíos habían preparado. El ritual era sencillo, cada uno tendría que encender una vela alrededor del tronco, una que debía durar hasta el 31 de diciembre, en donde quemarían sus deseos de año nuevo con el fuego.
Ya después podrían abrir los regalos.
-Por qué debemos usar capas moradas, tía Lily? - Tom fue de los primeros en bajar y salir al jardín, su tía ya estaba allí colocando el tronco en medio de un altar en el jardín, incluso rodeados de nieve no estaba haciendo frío, sus tíos habían decorado el lugar con lámparas que flotaban para iluminar, al ser un ritual mágico no podía hacerse en la casa, se veía bastante bien en la oscuridad de la noche, casi como si hadas flotaran sobre sus cabezas, al menos las hadas de los cuentos muggle.
Miró el cabello rojo suelto de su tía con fascinación, en serio amaba el color y se veía muy bien con la capa morada.
-El morado representa el cambio, la transformación, abrazaremos esa experiencia esta semana, cambiar para renacer. El 30 de diciembre deberemos vestir de negro para despedirnos y el 31 usaremos blanco, en señal de nuevos comienzos y renacimiento. El color de las velas también cambiará conforme a los días. - Le explicó.
Tom estaba fascinado.
-Cambiarán de color por si solas?
-Sí, la magia de Yule se manifestará a través de ellas.
-Es genial. - Tom miró las velas preparadas a un lado del tronco.
Su tía le sonrió y acarició su cabello.
-Lo es, es hermoso hacer este ritual en familia. También ayuda a regular nuestra magia, limpia nuestro núcleo y nos prepara para el resto de las festividades del año, es como un borrón y cuenta nueva, solo que nuestra magia es más fuerte después de esto.
Tom seguía asintiendo con atención.
-Y luego del ritual, celebraremos tu cumpleaños número doce. - Su tía le abrazó y dejó un beso en su frente. - ¡Estás creciendo tan rápido!
Tom se sintió como un niño pequeño con ese beso y sonrió.
-No te preocupes tía, no seré como los chicos grandes que creen que los adultos son aburridos.
Su tía le sonrió. - Más te vale o me dolerá mucho perder a mi compañero de pociones.
-¿Me enseñarás durante las vacaciones? - Tom ansiaba un tiempo a solas con su tía, extrañaba estar en su laboratorio, creando y hablando o en silencio, era tan divertido y cómodo, amaba el tiempo que su tía dedicaba solo a él y lo guardaba en su mente como un recuerdo preciado.
-Por supuesto! Snape se sorprenderá de tus conocimientos cuando llegues, incluso las pociones más básicas tienen cosas que cambiar. Te enseñaré algunas nuevas y otras viejas con nueva preparación.
-Ví tu jardín, es increíble.
Su tía sonrió con los ojos verdes brillando de entusiasmo, justo como Harry.
-Sabía que te gustaría.
-Harry dice que es un lugar para ñoños. - Bromeó.
Su tía se echa a reír.
-Definitivamente lo es.
Cuando todos bajaron y tomaron sus posiciones alrededor del tronco, el ritual comenzó.
La vela debía encenderse, desde el más adulto hasta el más joven, con magia. Tom vió como cada uno encendía su vela y sintió como el círculo se sentía más espeso, como si una energía vibrante se condensara en el círculo, era como ser golpeado por una tonelada de energía frenética que no hacía más que incrementar con cada vela que se encendía. Para cuando Tom encendió su vela con el simple pensamiento, se sentía drogado de la sensación y cuando Harry volvió de encender la suya, se aferró a su mano con fuerza, algo nervioso de esa sensación nueva y extraña en el ambiente.
Sus tíos iniciaron un cántico en un idioma que no reconoció, pero cuya letra de alguna manera conocía y comenzó a entonar, todos cantaron y terminaron bailando alrededor del tronco hasta que este se encendió con un fuego verde que fue oscureciendo poco a poco, hasta volverse violeta. Tom no supo cuanto tiempo bailó aferrado a la mano de Harry, sin notar el frío de la nieve en sus pies descalzos o en el resto de su cuerpo poco abrigado.
En algún momento pararon, gradualmente, jadeando pero temblando con la magia recorriendo sus cuerpos.
Todos sonrieron, despeinados y con las mejillas rojas. Tras proteger el altar con un hechizo burbuja, volvieron adentro.
-¡Me muero de hambre! Estos rituales siempre me dejan famélico.
El padrino de Harry fue el primero en hablar al entrar a casa.
-Siento como si un rayo me hubiera golpeado. - Harry habló, un poco demasiado fuerte. Sus manos seguían unidas, Tom podía sentirlo temblar a través de ellas, era gracioso y extraño al mismo tiempo, incluso sus pupilas estaban dilatadas.
-Es la magia del Yule, siempre es así después de un ritual. - Le explicó su padre, quien caminaba detrás de ellos, viéndose igual de desarreglado.
Harry asintió y lo vió con sus ojos brillando como las llamas del tronco cuando se encendió.
-Es la única manera de ver tu cabello desarreglado y tu ropa arrugada. - Harry bromeó.
-Y aun así me veo grandioso. - Tom se pavoneó, sintiéndose desinhibido y confiado.
Harry se echó a reír. - Suenas como Malfoy.
Tom hizo una mueca de disgusto. -Ugh, no me recuerdes a ese irritante y despreciable ser humano.
Su madre caminaba relajada pero muy callada, cerca de él.
-¿Qué te ha parecido el ritual, mamá? ¿Alguna vez habías hecho uno?
-Solíamos celebrar algunos, cuando era más joven. - Ella parece perderse en el pasado y Tom puede imaginar que no son exactamente recuerdos felices los que puede ver.
-Deberíamos continuar nosotros, crear nuevos recuerdos, no crees?
Su madre le sonrió y le asintió, a Tom le alegró que parecía estar de vuelta en sus cinco sentidos.
La cena fue silenciosa, puesto que la mayoría estaba más interesada en comer que en hablar y en cuanto terminaron Harry lo arrastró al árbol para abrir los regalos, Harry parecía tener el motor de un cohete en su pecho, había comido como desquiciado y muy rápido y se había levantado tan rápido que casi había tirado la silla.
-Este es para ti, Tom- Harry le pasó uno envuelto en papel verde y dorado.
Tom no pudo evitar divertirse ante el aspecto de Harry.
-Estás mucho más emocionado de lo normal.
Harry sonrió, mucho.
-No lo sé, siento como si me hubieran disparado mucha energía.
Tom solo levantó una ceja, observando a su amigo casi arrancarse las uñas de la ansiedad de verlo abrir su regalo. Probablemente Harry estaba recibiendo las emociones de todos, además de verse afectado por la energía vibrante del ritual.
Comenzó a arrancar el papel antes de que Harry sufriera una combustión espontánea.
Una libreta de cuero rojo lo recibió, se veía algo usada y cintas y recortes parecían salir de sus bordes. Al abrirlo miró que eran recetas de pociones, con imágenes detalladas de ingredientes y un paso por paso de la recolección, manipulación y preparación, además de los efectos y diferentes maneras de preparar cada poción según su evolución. Era impresionante.
Tom miró a su tía con la boca abierta, muy emocionado.
-¡Me encanta, tía Lily! Gracias.
Su tía le sonrió mientras le tomaba una foto con una cámara que salió de la nada.
-Oye, podría ser un regalo de mi parte. - Su tío se mostró falsamente triste.
-Si fuera un regalo tuyo sería algo que podría causar un accidente o algo de Quidditch. -Tom no pudo evitar burlarse. En segundos todos los adultos les habían rodeado junto al árbol.
Su tío se echó a reír.
-De acuerdo, este es para usted- Harry se acercó, casi saltando, a su madre y le entregó una cajita pequeña que su madre recibió algo sorprendida.
-Gracias.
Dentro había ropa y accesorios.
El intercambio siguió entre risas, bromas y un Harry más hiperactivo de lo normal.
-Oh! Este es para ti, Tom! - Harry casi se le arroja encima para dárselo.
-¡Harry! ¡Vas a aplastar a Tom! - Su tía se echó a reír.
Tom no necesitaba ser adivino para darse cuenta que el regalo era de Harry. Su amigo se veía nervioso.
El regalo era pequeño y ligero, lo que le dió mucha curiosidad. Lo abrió, con Harry casi devorándose el labio inferior de tanto morderlo. Tom trató seriamente de no reírse, su amigo estaba algo alterado por el ritual y no sería adecuado jugar con él.
Dentro había una caja sencilla y al abrirla vió un anillo con una piedra ovalada transparente de al menos un centímetro, el anillo era dorado y de textura lisa.
-Vas a proponerme matrimonio o algo? - Bromeó. Harry le empujó con las mejillas muy rojas mientras los adultos se reían.
-No seas tonto! Es un anillo sensitivo.
Tom le miró confundido. Harry sacó el anillo, tomó su mano izquierda y lo puso en su dedo índice, la piedra se iluminó y pintó de amarillo. Harry sonrió.
-El cristal del anillo se iluminará con tus emociones, tengo uno igual, así que podremos saber cómo se siente el otro cuando los conectemos, tu anillo mostrará mis emociones y el mio las tuyas.
Hubo un silencio en la sala.
-Te gusta? - Harry casi parecía que se pondría a llorar.
-Claro que me gusta, es genial. Así podremos saber más del otro.
Harry lo abrazó como un koala y Tom se echó a reír, aunque al mirar al frente no pudo evitar mirar a su madre, quién parecía estar molesta y no dejaba de ver a Harry como si quiera abrirle un hueco en la cabeza, Tom apartó la mirada, dispuesto a disfrutar la noche.
El resto de los adultos solo se veían divertidos.
-Es solo que quiero saber cómo te sientes, no quiero que pienses que por estar lejos estás solo, quiero poder estar ahí para ti- Harry le susurró, aun abrazado a él.
Tom lo veía como una ventaja y a la vez una desventaja, más con la situación de su madre, pero si Harry estuviera en Hogwarts con él sería igual, después de todo podía sentir sus emociones y Tom ya le había contado la situación con su madre, por lo que no tenía que ocultarle nada. En cierto punto, se sentiría menos solo, con Harry consciente de él y allí para escuchar y apoyar. También le gustaba poder saber cómo se sentía Harry, sería genial poder estar en clase y ver el anillo, sería como estar más cerca.
-Gracias, en serio me encanta.
-¿No sientes que me estoy volviendo un loco invasivo?
Tom se rió. - Te diré si alguna vez me molesta.
-Bien! - Harry se separó de él, de nuevo con esa chispa entusiasta.
Tom se inclinó para tomar el regalo de Harry de entre la pila y se lo entregó. Definitivamente no era tan genial como su regalo, Tom se había devanado un poco los sesos para encontrar un buen regalo.
Harry lo abrió con la misma velocidad frenética para encontrarse con un libro.
-Es un diccionario de Francés, al menos eso es lo que aparenta, pero puede hablar contigo y responder preguntas, incluso ayudarte a practicar tu pronunciación. Además, solo debes decirle qué quieres buscar y abrir cualquier página para ver la respuesta. Es un diccionario mágico bastante inteligente.
Harry lo miró sorprendido. - Wow, es genial!
-Sin duda lo es- Su tío veía el diccionario con ojos codiciosos. - Este idioma está matándome.
Harry volvió a arrojarsele encima para otro abrazo. - ¡Es increíble! Siempre piensas en todo, eh?
Tom se encogió de hombros, aliviado de que le gustara.
La entrega de los regalos continuó, hasta que solo él y Harry tenían regalos de sus amigos debajo del árbol que debían abrir.
Tom había obtenido una pluma de broma de su tío James que estaba hechizada para escribir mensajes en los pergaminos de otros, era algo complicada de usar ya que debía tener una intención muy clara de la magia, pero su tío estaba convencido de que la dominaría rápido. Él no pudo pensar en un uso para la pluma, pero no iba a decirlo. También le regaló un sobretodo gris que amó de inmediato y que definitivamente usaría los fines de semana en Hogwarts. Su madre le dió un set de pergaminos y plumas estilizadas que se recargaban solas al menos tres veces antes de expirar, le incomodó un poco, sobre todo porque su madre parecía regalarselo con el mensaje silencioso de que mantuvieran su constante contacto por escrito.
Incluso la señora Weasley les había mandado sus emblemáticos sweaters bordados, el de Tom era de color plomo con una T verde esmeralda y el de Harry era gris claro con una H en verde menta. Probablemente se había inspirado en el color de sus casas. Tom agradeció el gesto y los dulces que estaban incluidos.
Los regalos de sus amigas fueron mucho mejores. Susan le regaló un libro de transfiguración avanzada, después del incidente con Hermione, Susan estaba obsesionada con su capacidad de dominar la magia y lo veía como un especie de Merlín encarnado. Hannah le regaló un libro sobre hechizos de defensa que eran algo infantiles, principalmente para defenderse de bravucones y Hermione le envió un libro de mitología global ilustrada que se veía muy interesante. Además recibió cartas de todas deseándole una feliz navidad.
-Parece que tus amigas te conocen bien, eh? - Su tía vió los libros con sus ojos brillando con algo que se veía como orgullo.
Tom sonrió sintiéndose feliz y orgulloso de su elección de amigos.
-Sí, eso creo. Aunque nos conocemos desde hace poco.
Tom miró a su amigo con sus propios regalos.
-Muriel y Hugo te enviaron algo?
Harry asintió.
-¡Mira esto! ¡Es un globo terráqueo mágico! Muestra una imagen de cualquier lugar en el mundo al que quieras ir, como una bola de cristal turística.
Tom estaba sorprendido, era un muy buen regalo. El globo era transparente, con toda su silueta dibujada en líneas de colores sin rellenar y con solo presionar un destino o mencionarlo todo cambiaba para mostrar en la bola imágenes del lugar. Era genial.
-¡Lo usaremos para viajar por el mundo!
La novia del padrino de Harry se arrodilló con ellos en ese momento.
-Es un regalo muy bueno, Harry.
Tom la miró con sospecha. La mujer se veía algo despeinada y con los ojos nublados, la típica mirada que Tom tanto había visto en la señora Cole en Wools luego de beberse una botella de vino barato del mercado. No le gustaban los borrachos.
-Sí, lo es. - Harry como siempre, decidía ser el educado de los dos.
-Ustedes dos me recuerdan mucho a una amiga muy querida que tuve en la escuela. - La mujer suspiró con pesadez.
Harry compartió una breve mirada con él que le dijo que había algo más allí.
-¿En serio?
-Sí, éramos muy unidas, como ustedes. - Evangeline parecía estar un poco ebria.
-Eran?
La mujer suspiró.
-Fuimos pareja por un tiempo, pero no funcionó.
Harry y él se miraron sin saber qué decir. Todos en la sala también guardaron silencio.
-Eso es lamentable. - Tom le respondió lo más neutral y serio que pudo.
Ella asintió. - Espero que con ustedes no pase lo mismo, sería una pena. Manténgase juntos, si? - La mujer quiso tocarle la mejilla junto a Harry, pero Tom se apartó.
-Eva! Será mejor que vayamos a descansar, estás un poco pasada de copas. - Sirius llegó en ese momento, casi llevandosela a rastras.
La mujer señaló su anillo con una sonrisa.
-Cuando será la boda?
Harry y Tom miraron a los dos adultos alejarse mientras se tambaleaban, en silencio. La madre de Harry los siguió, algo preocupada por el estado de alcoholismo de la mujer, el padre de Harry les sonrió tratando de transmitir tranquilidad mientras también salía del lugar.
Afortunadamente su madre se había ido a descansar temprano. Y Remus se había excusado mucho antes, aparentemente sus días de bestia estaban cercanos y eso lo dejaba agotado.
-Eso fue espantosamente incómodo. - Su amigo fue el primero en hablar.
-La novia de tu padrino está loca, no es que me sorprenda, claro.
Harry comenzó a reír y pronto él se le unió. Cuando finalmente se detuvieron Harry le miró con unos ojos que destilaban maldad y picardía, Tom lo conocía demasiado bien como para saber que Harry diría algo que lo avergonzaría.
-Y bien? ¿Cuándo nos casaremos, Tom?
Tom sintió que su rostro se calentaba. Harry se echó a reír y Tom decidió seguirle el juego, solo por molestarlo un poco.
-Tú deberías decidir eso, no eres tú el que quiere casarse conmigo?
Harry fue el siguiente en sonrojarse y Tom se sintió muy satisfecho de voltear la tortilla.
-Oh no lo sé, y si después terminamos como la novia del tío Sirius? Será mejor que me devuelvas esa cosa. - Harry extendió la mano hacia él.
Tom le vió con ojos entrecerrados. - Ni hablar, Potter, ya no puedes echarte para atrás. - Retiró su mano hasta esconderla detrás de su espalda.
Harry suspiró como si fuera una situación imposible y difícil.
-De acuerdo, usarás vestido o traje?
-Oh, cállate ya! ¿Qué te dió Hugo de regalo?
Harry se volvió a reír.
-Debería aceptar regalos de otros hombres? No te pondrás celoso? - Su amigo continuó bromeando.
-Difícilmente Hugo es un hombre con once años. - Tom rodó los ojos. - Y yo me vería mucho mejor con traje, tú deberías usar el vestido.
Harry frunció el ceño.
-Por qué debería usar el vestido? ¡Tu tienes el anillo!
Tom sonrió con maldad.
-Porque eres más parecido a una mujer que yo.
Harry lo vió impactado y Tom no pudo evitar reírse.
-Sigue así, Riddle y me divorciaré de ti antes de casarnos.
Una risa los interrumpió y les hizo mirar hacía la mesa, su tío James estaba mirándolos con la diversión pintada en la cara.
-Oh, no se preocupen por mí muchachos, pueden seguir con sus planes de boda sin ningún problema, los dejaré solos.
Ambos se miraron pasmados, tan avergonzados que por minutos no dijeron nada.
-Bueno, eso sí fue incómodo.
-Y yo que pensaba que la novia de tu padrino había sido lo más incómodo de la noche. - Tom no podría ver a su tío a los ojos por días.
Harry se volvió a reír a la vez que enterraba el rostro entre las manos.
-Qué pasa allá dentro? - Su esposa no pudo evitar sonreír ante las carcajadas de Harry. Queriendo entrar para seguir tomando fotos de los niños.
James la detuvo con una sonrisa al recordar la conversación de los dos.
-Los chicos están planificando su boda, Lily.
Su esposa lo miró sorprendida. - ¿Qué?
-Lo mismo pensé, ni siquiera tienen edad para votar y ya están planeando casarse. - Bromeó.
-¡James! - A Lily se le escapó una sonrisa.
-Así que te recomiendo que no pases, yo tuve que enterarme de cosas terribles.
Su esposa le miró seria. - ¿Cómo qué?
James puso su rostro más serio -Que Harry será el que use el vestido.
Lily se echó a reír mientras hundía su rostro en su pecho. - En serio lo extrañaba. - Su voz se escuchó ahogada por la ropa.
-Yo también, aunque quizá en unos años se convierta en nuestro nuero.
Lily se separó de él, empujándolo en broma.
-Tonto, tú y Sirius siempre jugaban así. Y mira como resultó, nosotros casados y Sirius con una novia lesbiana que no supera a su ex.
James la chistó para que hablara en voz baja.
-No es su mejor elección de cita- Se rió. - Es lo que pasa cuando rechazas a un Potter. - Se regodeó.
Su esposa le rodó los ojos. - Sirius nunca ha tenido buenas elecciones.
-Solo yo, cariño, solo yo.
Su esposa volvió a reírse para luego besarlo.
-De acuerdo, Don Juan, ayúdame a llevar esto a la cocina.
Esa noche durmieron en la habitación de Harry, tan tarde que pudo ver como el amanecer estaba comenzando, pero había sido muy divertido pasar la noche hablando y la energía de Harry no se agotó hasta ese momento.
Su amigo cayó muerto en la cama.
Todos se dedicaron a descansar, aunque a media tarde salieron al jardín a patinar un poco más. Tom lo hizo mejor esa vez, no se dió tantos golpes contra el suelo y él y Harry se mantuvieron alejados de la loca novia de su tío, que los miraba con algo de vergüenza cada que pasaban cerca de ella.
También evitaron tomarse de las manos, avergonzados por las constantes miradas divertidas que su tío James les lanzaba.
-Estaba triste cuando nos lo dijo.
Harry sentía algo de pena por ella, como siempre.
-Y bastante ebria también. - Harry le sonrió divertido por su comentario.
-Eso no es lo peor- Harry vió a su padrino con lástima. - A ella ni siquiera le gusta mi padrino.
Porque le gustan las chicas. Pensó Tom.
-Quizá no tenía con quién pasar Yule. - Tom lo lamentaba, el sentirse tan sola que esa mujer prefiriera acompañar a ese perro de Sirius Black en lugar de soportar unas navidades a solas.
Definitivamente no era tan lista como se veía. O en serio era muy, muy miserable.
-Probablemente. - Harry se tambaleó un poco y Tom le ayudó a no caerse. - Debe ser horrible, no tener con quien celebrar Yule.
Tom podía confirmarlo. Sus primeras navidades felices habían sido a sus diez años, gracias a los Potter. Era solitario, incluso Tom podía recordar la amargura, la irritación, el enojo que sentía al ver todo decorado, personas felices en las calles mientras él estaba en un mugroso orfanato y luego, en la cabaña, los dos monstruos muchas veces ni eran conscientes de las fechas.
-Lo es.
Harry le tomó de la mano y le sonrió con dulzura. - Bueno, tú no tendrás que pasar las navidades solo nunca más, ya ella conseguirá a alguien.
Tom solo sonrió y continuó tratando de patinar en línea recta.
Los días previos a su cumpleaños fueron divertidos y geniales. Todos fueron juntos a conocer las atracciones turísticas de la Francia Muggle y también atravesaron las barreras hacía territorio mágico. Tom conoció el museo de Louvre, el muggle y el mágico, la torre Eiffel - Incluso montó un Abraxan que le dió un paseo por la noche estrellada de París-, conoció el palacio de Versalles, la catedral de Notre Dame - Lo mejor fue la explicación alquímica de la creación de las gárgolas que cuidaban la catedral, incluso les habían dejado ayudar en la preparación de una, a medias- También fueron al arco del triunfo y al monte Saint- Michel. Era una fortuna que tuvieran magia, definitivamente eso les ahorraba mucho tiempo en transporte.
Su tía Lily le fotografió en cada lugar, comieron en restaurantes deliciosos y estuvieron fuera de casa todo el día.
Tom estaba agotado, pero feliz. Era su primera vez conociendo otro país y según Harry, aun faltaba mucho por conocer, pero tenían otros seis años para explorar Francia.
-Debimos considerar Francia como nuestro primer lugar de exploración. - Harry le comentó mientras paseaban en un barco por el río Sena.
Era una de las últimas paradas del día, tomaron el barco que les dejaría ver el atardecer y luego de eso irían directo a casa a descansar, debían hacer el ritual de despedida en casa, para celebrar el 30 de diciembre.
-Aun podemos agregarlo a la lista, aunque no podremos comenzar a explorar apropiadamente hasta que seamos mayores.
-Podríamos ir a los jardines! Hay criaturas inofensivas allí.
Tom asintió. - Bueno, el siguiente país a agregar será Francia entonces y en las vacaciones de verano podemos explorar lo que encontremos.
Los ojos de Harry se iluminaron como faros.
-Oh Tom! ¡Serás un esposo maravilloso! - Su amigo se dejó caer de costado sobre él. Tom quiso lanzarlo del barco al agua sucia y contaminada del Sena.
Para su consternación, Harry en serio disfrutaba de las bromas sobre ser esposos después de unos días de vergüenza, ahora cada que tenía la oportunidad lanzaba un comentario burlón, principalmente si estaba la novia de su padrino para escuchar. Era aun más gracioso porque Harry ya tenía su anillo puesto.
Y en efecto, la novia de su padrino estaba justo frente a ellos, escuchando todo lo que decían y sus mejillas se pusieron rojas. Aunque el padrino de Harry solo lo fulminaba con la mirada cada que lanzaba una de sus bromas.
Tom no podía negar que le resultaba divertido ver como la mujer se avergonzaba, pero también él sentía mucha vergüenza con sus tíos.
-Voy a arrojarte por la borda, lo juro.
Harry se separó de él con ojos retadores. - No lo harías y si lo hicieras te arrojarías a buscarme después.
Harry no se equivocaba.
Esa noche, luego de dormir un poco y bañarse. Todos vistieron túnicas negras y fueron de nuevo al tronco de Yule en el jardín.
-De acuerdo, es momento de decir adiós a todo aquello que no deseen arrastrar al nuevo año, cada quién tomará su vela y le susurrará aquello que no desea arrastrar, la magia hará el resto.
Tom no se perdió el hecho de que las velas eran tan negras como sus capas.
Cada uno tomó su vela y se apartó un poco para susurrar. Tom no pensó demasiado antes de hablar.
-Deseo que mamá deje de ser tan asfixiante y desconfiada de mis sentimientos por ella. Tampoco deseo otro año en la escuela en donde me molesten. - Tom pensó un poco más. - Creo que eso es todo.
Era, sinceramente, un logro. Pero era un vistazo de cómo su vida había mejorado tanto. No había mucho de lo cual quejarse, tenía buenas amigas en la escuela, sus maestros lo adoraban, Harry seguía siendo su mejor amigo, sus tíos seguían amándolo, su tía Becca era genial y su madre tenía un mejor empleo, uno que tenía que ayudarle a cuidar. Ugh, no pensaría en ello en ese momento.
Tom vió como la flama de su vela se oscureció y posteriormente, cuando todos terminaron, uno por uno y en el mismo orden que antes, dejaron sus velas alrededor del tronco. Esa noche la energía era diferente, como si estuviesen drenandola.
Harry terminó muy exhausto después del ritual y como ya era de noche, Tom lo siguió de inmediato a dormir, mientras los adultos se quedaban a charlar otro rato.
Merope estaba harta y ni siquiera era el cumpleaños de Tom, pero ya deseaba irse de esa casa y llevarse a su hijo.
Se suponía que las vacaciones eran para pasar tiempo juntos, para que ella finalmente pudiera llenar el vacío que había dejado la ausencia de Tom, pero como siempre, Tom había encontrado la manera de escabullirse para no pasar tiempo a su lado, siendo arrastrado por el engendro de los Potter que misteriosamente estaba tratandola mejor, aunque ella no se tragaba esa sonrisa falsa del niño.
Tom le había mentido de nuevo, manipulandola para no pasar tiempo con ella. La había dejado atrás junto a todos esos desconocidos, Remus era el único sinceramente amable con ella, mientras los demás solo parecían hablarle por cortesía hipócrita.
Se sentía sola, como cada navidad con Morfín y su padre, siendo ignorada y sin ser tomada en cuenta para nada.
Y por si fuera poco, el niño Potter le regalaba a su hijo un anillo para leer sus emociones, como si quisiera demostrarle que tenía más poder sobre la vida de Tom que ella misma. Tom jamás le daría algo como eso a ella, aun si se lo pidiera y a Potter le aceptaba un regalo que violaba por completo su privacidad.
Sentía que iba a perder la cabeza, cada que lo veía sonreír junto a ellos, tomarse fotos abrazado a Lily Potter y su esposo, como si ellos fuesen sus padres y no ella. La única forma de ser reconocida era mostrar su cara de enojo a Tom, inmediatamente eso hacía que la notara un poco, hasta incluirla.
No pensaba volver a esa maldita casa de nuevo, sin importar cómo trataban de manipularla para "Hacerla sentir parte de la familia"
La mañana de su cumpleaños fue movida, literalmente.
Harry saltó sobre él gritando en su cara, Tom lo habría asesinado por despertarlo de esa manera, si no fuera Harry.
-¡Feliz cumpleaños, anciano!
Tom gruñó.
-Ugh, Harry! Estás aplastandome.
Su amigo lo ignoró. - ¡Ya tienes doce años! ¿Cómo se siente?
Tom miró a su amigo, con el cabello revuelto, el pijama de dinosaurios arrugada y una marca de la almohada en su mejilla.
-Ahora mismo me siento como si no pudiera respirar.
Harry hizo un puchero, pero se quitó de encima.
-Gracias, Harry. - Tom no quería hacerlo sentir mal.
Harry estaba de tan buen humor que no le importó.
-Debía ser el primero en felicitarte o sería el peor mejor amigo del mundo.
Tom se echó a reír. - Eso no te haría mal amigo.
Harry parecía estar en desacuerdo.
-Pero serías el peor de todos si me obligas a bajar ahora, estoy muy cansado. - Tom no lo entendía, solía ser madrugador, pero esa mañana sentía que el sueño cerraba sus párpados.
-De acuerdo, te dejaré dormir solo porque estás dandome mucho sueño.
Tom le sonrió antes de volver a dormirse.
Bajaron cuando Tom pudo levantarse de la cama. Su amigo se veía algo apagado de energía, lo que preocupó a Harry, quizá Tom estaba por enfermarse? Podía ver como su aura estaba algo opaca, era raro.
Sus padres se arrojaron sobre él con un abrazo que le hizo reír y sonreír, su padre incluso le cantó cumpleaños con un croissant y una vela incrustada. La madre de Tom también estaba allí, sentada en uno de los muebles de la sala de estar junto a Evangeline y el tío Remus. Harry pudo sentir la rabia visceral y pura que irradiaba de ella al ver como Tom era abrazado por sus padres y deseó sacarla de la escena de inmediato, si arruinaba el cumpleaños de Tom, Harry no se lo perdonaría jamás.
-No puedo creer que ya tienes doce! Cuando te conocí eras de esta altura- Su padre llevó su mano exageradamente abajo, indicando que Tom era como un duende al conocerlo. Tom se echó a reír para luego soplar la vela.
-¡Feliz cumpleaños cariño!- Su madre lo abrazó de nuevo, extremadamente feliz. Harry deseó que solo fueran ellos en casa, como la familia que debieron ser, con Tom en Beauxbatons con él y esa horrible mujer lejos de su amigo.
Harry había sentido como la madre de Tom detestaba cada segundo que pasaba con su familia, aun cuando la llevaron a turistear con ellos, a comer e incluso Harry la soportó los primeros días cuando quería estar pegada a ellos mientras jugaban, haciendo que Tom se sintiera muy incómodo y avergonzado. Él no lo entendía, qué le pasaba a esa mujer? Sus padres eran buenas personas, amables, sus tíos también y nadie la había tratado mal en ningún momento y ella se había pasado cada segundo odiandolos, molesta y celosa de cualquiera que se acercara a Tom.
No podía hacerlo, la odiaba. Solo le quedaba fingir ante Tom y ser cordial, hasta que pudiese llevarse a Tom lo más lejos posible de ella. Al diablo la terapia, esa mujer estaba loca.
-Gracias, a los dos. - Los ojos de Tom brillaban como los de un gatito fofo y consentido. A Harry le gustó ver y sentir su aura, su amigo estaba más allá de la felicidad, incluso su anillo brillaba de un cálido verde.
Vió como la madre de Tom se puso de pie con una sonrisa tensa, tanto como una cuerda deshilachada sosteniendo un bote viejo.
-Feliz cumpleaños hijo- Tom miró a su madre y se acercó a darle un abrazo apretado que su madre le regresó.
Harry respiró profundo.
-Gracias mamá.
-Tu tía Becca envió una carta, ya tienes permiso de abrir sus regalos - Su madre le tendió dos paquetes. - Y este es el mío.
Tom los tomó aun contento.
-Los abriré en la noche, técnicamente aun no he nacido.
Su madre asintió de acuerdo, aunque Harry vió que, de nuevo, estaba molesta.
¡Que Newt Scamander le ayudara!
-Cómo te ha ido en la escuela, Tom? - Su tío Remus le preguntó.
Cuando su padrino finalmente bajó al comedor pudieron desayunar adecuadamente en el jardín, su madre quería un desayuno con vistas a la nieve y más natural.
-Me va bien. - Tom seguía viéndose cansado y Harry podía sentir cómo su energía estaba algo baja.
-Es el mejor de su año- La madre de Tom presumió.
Su tío asintió, mirando a Tom con orgullo.
-Eso está muy bien, de seguro eres un genio en pociones gracias a Lily, no es así?
Tom sonrió y miró a su madre con cariño.
-Sí, pociones es bastante fácil.
-Y en qué casa estás? - Su padrino se metió a la conversación y Harry pudo ver cómo Tom se tensaba.
-Slytherin, el sombrero me envió de inmediato al descubrir mi descendencia.
-Oh! Somos de la misma casa, también soy una Slytherin! - Evangeline se mostró muy entusiasmada.
-Qué?! Nunca lo mencionaste, pensé que eras de Hufflepuff! - Su padrino parecía haber mordido un limón.
Harry se contuvo para no reírse, había descubierto que su padrino era demasiado prejuicioso con el tema de las casas y las familias mágicas, más por sus emociones que por sus palabras.
-Ningún Fairfax va a otra casa que no sea Slytherin o Ravenclaw. - Presumió Evangeline. - Con quién guardas parentesco que el sombrero te seleccionó tan rápido?
Tom se pavoneó un poco, solo un poco, al hablar.
-Descendemos de Salazar Slytherin.
Evangeline se quedó muda, a Harry le pareció gracioso, mientras Tom la miraba como si fuese ridícula, su amigo había dejado atrás la época en la que presumía demasiado su parentesco, por lo que ya no le gustaba del todo hablar sobre eso.
-¡¿En serio?! Wow! Entonces son los Gaunt! Hablan con las serpientes?
Tom asintió mientras lo miraba de reojo, Harry solo se encogió de hombros ante su llamada de auxilio.
-Sí.
-Increíble, debes ser muy popular.
Tom se encogió de hombros. -No realmente.
-Y ya has pensado en tus materias optativas, Tom? - Así era su tío Remus, un académico obsesionado con los estudios, aunque no menos divertido por eso.
-Por Merlín, Remus, ¡está en primer año! - Su madre salió en defensa de Tom.
-Tomaré aritmancia, runas y alquimia. - Tom lo dijo como si fueran materias sencillas y básicas, un juego de niños.
Todos en la mesa hicieron sonidos de apreciación.
Harry estaba tan orgulloso de lo listo que era su amigo.
-Estarás a rebosar de tarea en tercer año, no podrás manejarlo. - Su padrino tenía un aura de molestia hacia Tom que le molestó.
-Tom es un genio, claro que podrá. ¡Hace magia no verbal y sin varita desde los nueve años! Tu tienes casi cuarenta y todavía no lo dominas del todo. - Harry no iba a permitir que le dijeran a Tom que podía o no hacer.
Su padrino se vió algo avergonzado.
-En serio puedes hacerlo? - Evangeline parecía una fanática de las brujas de McBeth, mirando a Tom como si fuese un integrante de la banda.
-Sí. - Su amigo se encogió de hombros.
-Oh, por Morgana! Tom te has sentido agotado esta mañana? - Su madre casi brincó de su asiento, mirando a su amigo con preocupación.
Tom frunció el ceño. -Sí, mucho.
-El ritual de ayer limpia el núcleo mágico, entre más grande más se tarda y eso provoca el agotamiento físico y mágico por un par de horas. Te daré una poción energizante. - Su madre se levantó de su asiento con rapidez, corriendo a casa por la poción.
Así que eso era.
Tom asintió.
-Vaya, un niño de doce años tiene un núcleo más grande que el tuyo. - Se burló la novia de su padrino.
-Yo también me desperté muy cansado!
-Sí, porque te emborrachaste ayer.
Todos se echaron a reír.
Después del desayuno y de la poción energizante, Tom fue invitado por Remus a jugar ajedrez mágico y como hacía mucho tiempo que no jugaba, aceptó.
Todos en la sala estaban al pendiente de su juego, aunque la mayoría no entendía nada. Tom terminó ganando dos partidas y Remus una, todos les aplaudieron como si fuesen héroes nacionales.
Ese año la celebración de su cumpleaños fue singular, por la noche salieron vestidos con sus capas blancas a terminar el último ritual de Yule del año, Tom había accedido a picar el pastel después del ritual, después de todo, su cumpleaños iniciaría formalmente mientras llevaban a cabo el ritual y le emocionaba demasiado la idea.
De nuevo fueron al jardín y las velas negras se pintaron de blanco, el fuego brillaba de un azúl fantasmal que iluminaba el espacio, incluso Tom pensó que las lámparas que flotaban sobre sus cabezas eran innecesarias. Esa noche era para agradecer y desear cosas nuevas para el siguiente año, el ambiente se sentía cargado de magia, los vellos de sus brazos se erizaron, su corazón se aceleró y su cuerpo se sentía caliente y sudoroso a pesar de la brisa fría. Un vistazo a Harry le hizo ver que no era el único afectado, Harry lucía incluso más influenciado por la magia, de nuevo como si fuese un demente con demasiada energía. Le hizo sonreír verlo casi saltando en su lugar, parecía ido y sin escuchar una palabra de la que su tía y el resto de los adultos recitaban.
El campo de energía se hizo más intenso, Tom se unió al canto y pronto de nuevo estaban bailando alrededor del tronco, gritando sus deseos mientras saltaban y corrían, un torbellino de magia los rodeaba como una ráfaga de viento intensa que hacía que sus palabras fuesen difíciles de escuchar, aunque cada uno estaba perfectamente consciente de lo que pedían.
Para cuando se terminó, las velas se apagaron y el cielo se iluminó de pirotecnia muggle a lo lejos.
-¡Ya es año nuevo! - Harry gritó mientras se abrazaba a él. Tom no pudo evitar reírse. -Oh, pero ya no es tu cumpleaños! - Harry le vió con un puchero. - No cantamos cumpleaños en tu cumpleaños.
Tom se contuvo para hacerle una broma a Harry sobre su parecido con la novia de su padrino mientras estaba borracha.
-No importa, podemos cantarlo aun.
-Bien, porque tengo hambre.
Harry superó muy rápido la crisis del cumpleaños no cumpleaños, por suerte.
Todos estaban repletos de energía por el ritual, así que la celebración de su cumpleaños siguió una vez que entraron. Jugaron charadas, los adultos cantaron muy mal y alto canciones muy viejas y al momento de cantar cumpleaños incluso arrojaron confeti cuando sopló las velas. Harry fue el primero en abrazarlo, de nuevo y Tom se sintió feliz de celebrar otro cumpleaños rodeado de personas que amaba, ni siquiera el perro de Black le arruinó la sensación, extrañó a los abuelos de Harry, pero incluso ellos habían enviado un regalo y felicitaciones desde Gran Bretaña.
Recibió búhos con cartas de felicitaciones de sus amigas y regalos, que habían llegado hacía mucho rato y nadie se había percatado debido al ritual, al parecer sus amigas se habían puesto de acuerdo para enviar todo junto. Hermione le regaló unos guantes para pociones que protegían de quemaduras, cortes y muchos peligros, Susan le compró una bufanda que podía cambiar de color y Hannah un set especializado de herramientas para preparar pociones.
Su tía Becca le regaló una vuelapluma -Que definitivamente iba a utilizar para escribir a su madre sin que su mano doliera- y un par de camisas. Sus tíos también le dieron ropa, muy linda y de su estilo, además de zapatos. Remus le dió otro libro, Sirius unos dulces caros y su madre una foto enmarcada de ambos que le arrugó el corazón.
Y Harry, bueno, le dió una pequeña figura de cristal con forma de serpiente que también servía como lámpara. Bajo la promesa de que algún día le regalaría una serpiente de verdad. Su tía Lily casi tuvo un infarto al escucharlo.
Definitivamente fue un muy buen cumpleaños.
-Bueno, Tom, bienvenido a mi nuevo laboratorio de pociones- Su tía abrió los brazos con una sonrisa orgullosa mientras entraban. Como prometió, su tía sacó un tiempo para que ambos pudiesen pasar un rato juntos haciendo pociones, Tom lo agradecía, pronto tendría que regresar a la escuela y planeaba exprimir todos los beneficios de sus vacaciones.
Las paredes del lugar eran de madera de roble, los mesones de piedra, había una parte del techo, en el rincón trasero del lugar, que tenía una ventana en el techo y que permitía entrar la luz del sol o de la luna para la preparación de las pociones, también una bodega de almacenamiento para aquellas que debían guardarse en total oscuridad hasta estar listas. Las estanterías estaban hechas de metal y había miles de frascos en toda la pared del costado izquierdo.
-Es enorme.
Su tía asintió.
-Es genial, tía Lily!- Solo con ver la sonrisa de su tía, Tom supo que había tomado la decisión correcta en no odiarla por marcharse a Francia, no cuando estaba tan feliz y cuando seguía amándolo igual que antes, con el mismo cuidado y atención.
Además, amaba su habitación, ahora tenía tres habitaciones cuando antes solo había tenido un colchón sucio y roto, mohoso y duro, además de que ni siquiera había sido suyo, sino compartido o tan usado que no podía decirse que fuera de nadie. Amaba como los Potter le habían dado un espacio en todo lo que hacían, como cada rincón de la casa demostraba que habían pensado en él.
-Muy bien, elige alguna poción del libro que quieras aprender y te la enseñaré. - El entusiasmo de su tía era contagioso.
Tom ya lo había hecho la noche pasada, tras una larga y divertida conversación con Harry sobre qué podrían hacer con la poción que preparara.
-Podemos hacer una que provoque alucinaciones?
Su tía levantó una ceja con duda. Era una poción poderosa y también delicada de preparar, producía alucinaciones tan vívidas que podrías confundir un árbol con un dragón. Harry había elegido la poción la noche anterior, a pesar de ser una locura.
-Si esos idiotas de tu habitación te molestan de nuevo, vacía una gota en sus bebidas.
Harry había sonreído maquiavélicamente al leer los efectos de la poción, sentado de piernas cruzadas en su cama, con el diario que la tía Lily le había regalado.
Tom no estaba tan seguro.
-Será fácil darse cuenta de que están bajo los efectos de una poción, podrían expulsarme si lo descubren.
Harry se encogió de hombros. -Bien, entonces te inscribiremos en mi escuela. - Su respuesta relajada le dió algo de risa.
-Pensarán que soy un bravucón. - Y su madre probablemente preferiría darle clases particulares a enviarlo a Beauxbatons.
-Al menos nadie querrá meterse contigo. - Señaló. - Además, podrías hacerlo sin que se den cuenta, tener una coartada, es una poción que se vende solo en mercados negros y muy costosa, nadie creerá que tú se las diste.
-Los odio, me odian y vivo en el Knockturn. Continuo? - Señaló cada aspecto que podría señalarlo muy rápido como el culpable, subiendo un dedo por cada una.
Aunque sería divertidísimo hechizar a todos esos idiotas, Tom no estaba arriesgándose a ser visto como una mala persona cuando los profesores le amaban y era un estudiante ejemplar. Además, siempre podía obligarlos a imaginar cosas solo con ordenarlo.
Harry hizo un puchero. - No es divertido hacer planes de venganza contigo.
-Es divertido, solo que tus planes carecen de sentido común. - Fue el turno de Tom para encogerse de hombros.
Su amigo se cruzó de brazos, mirándolo con una falsa molestia y ojos entrecerrados.
-¡No trates a tu futuro esposo de esa forma!
Tom en serio comenzaba a detestar que Harry ganara todos sus debates con chistes sobre su supuesto matrimonio.
-Merlín me salve de tener un esposo tan quejón y tonto. - Tom usó una voz cansina y sarcástica para molestarlo.
Harry le dió un almohadazo en la cara que lo hizo reír a carcajadas.
Al menos haría la poción para mostrarsela, para complacerlo, pero no estaba arriesgándose a usarla.
O quizá Black podría ser su experimento. Con lo borracho que se ponía nadie pensaría que estaba bajo efectos de la poción. Ya lo pensaría mejor con la poción hecha.
-Esa es una poción muy difícil. - Su tía lo miraba pensativa.
-Lo sé, por eso me gusta.
Su tía sonrió.
-Te la enseñaré, pero no saldrá de esta habitación. Merlín sabe que Harry se volvería loco con esa poción cerca de él.
Tom puso su cara más inocente posible, aunque por dentro estaba regañando a su amigo por ser tan predecible.
-De acuerdo.
Su tía le sonrió y peinó su cabello.
-Bien, manos a la obra. Vamos a buscar los ingredientes.
Cuando terminaron, Tom estaba algo sudado y con el cabello esponjado y con frizz por el calor y humo de la poción. Había sido muy interesante de elaborar, sobre todo porque su tía le explicó en otro caldero como hacerla según los libros de la escuela y cómo los expertos en Francia lo hacían.
-Qué te parece si probamos los efectos de ambas pociones? Así podrás ver la diferencia.
Tom miró a su tía con sorpresa.
-Pensé que no saldría del laboratorio una vez lista.
Su tía negó con la cabeza, todo su cabello estaba esponjado y parado como si un globo con estática hubiera hecho una fiesta sobre su cabeza.
-Qué clase de pocionistas seríamos si no probamos los efectos de nuestras pociones?
Tom sonrió.
-Y con qué las probaremos?
Su tía lo miró con aquellos ojos esmeralda reflejando la misma mirada maquiavélica de su amigo la noche pasada y Tom supo que algo increíble vendría.
-No puedo creer que mamá te haya dejado probarla.
Harry miraba como su padre y el odioso de Black tomaban una dosis previamente preparada por su tía Lily. Ambos llevaban hechizos de rastreo encima y ropa cómoda, además de algunos brazaletes con runas de protección. Su tía quizá había tomado muchas precauciones, pero Tom no iba a oponerse, no deseaba perder a su padrino por una poción alucinógena.
Era absurdo lo rápido que dos hombres adultos podían acceder a ser hechizados por una poción que era casi ilegal, siendo ellos aurores. Aunque Tom no dudaba de que su tío James accedería de prisa, con lo intrépido y loco que era para probar cosas riesgosas. Black era un lamebotas que quería ganar puntos con Harry al tomar la poción, un idiota sin duda.
-Los pocionitas no somos tan aburridos. - Tom hablaba con una sonrisa en la cara cuando los dos hombres comenzaron a mirar a su alrededor con expresión de sorpresa.
Harry le miró.
-Entonces serás pocionista en el futuro?
Tom se encogió de hombros. -Quizá.
-Sería genial, mamá podría heredarte su empresa.
-Snape también es dueño.
Harry lo vió como si hubiese dicho una locura.
-Míralo nada más, es obvio que no tendrá herederos. - Harry se encogió de hombros y Tom levantó una ceja.
-A veces eres muy malvado.
Harry le guiñó un ojo con diversión. Tom volvió su atención al frente cuando el padrino de Harry comenzó a bailar mientras le gritaba a todos que estaba danzando con una hada del bosque. El padre de Harry estaba corriendo por el campo en una representación de un juego de quidditch sin escoba. Era muy divertido.
-De acuerdo, observaciones. Quién crees que tiene la poción original y quién la modificada? - La tía Lily se acercó a ambos, pero habló directamente con él, mientras Harry se reía de su padrino que ahora peleaba con una espada imaginaria con un árbol, mientras su tío James usaba su zapato para golpear a unos gnomos de jardín invisibles.
Tom pensó bien al verlos. Black parecía estar drogado e incluso su rostro estaba desencajado, cualquiera que lo mirara sabría que había algo raro con él. Además, el efecto de la poción había sido más errático y veloz, sus alucinaciones más constantes y cambiantes. Su tío seguía golpeando gnomos mientras él cabalgaba un thestral mientras perseguía a su novia Evangeline, una ficticia, porque la real estaba sentada en el jardín techado de su tía, junto a su madre y Remus, observando todo desde lejos.
De nuevo su alucinación pareció cambiar porque se arrojó al suelo, chillando que un criminal le había herido con una maldición, se levantó con una mirada psicópata a perseguir algo que no estaba allí.
-La original la lleva Sirius y la modificada la tiene el tío James.
Su tía no hizo ningún gesto que pudiera confirmar sus palabras. - ¿Por qué?
-Bueno, aunque ambos miran alucinaciones, las de Sirius fueron inmediatas y son cambiantes y veloces, su comportamiento es loco y errático, el cambio fue inmediato, muy obvio. En cambio el tío James se ve más tranquilo, no menos loco pero el cambio no fue inmediato, además su comportamiento y rostro no se ven como los de un lunático.
Su tía asintió.
-Bien hecho, buena observación. La versión modificada produce un efecto más sutil en la persona, no tan notorio y con alucinaciones largas y estables, así cuesta más distinguir quién está bajo sus efectos.
Tom asintió.
-Una poción perfecta, bien hecho.
-Gracias por enseñarme, tía Lily.
Su tía le abrazó con un brazo y besó su frente.
-Gracias por acompañarme, cariño.
Tom no se perdió la mirada de felicidad de Harry al verlos juntos, aunque rápidamente su amigo apartó la mirada, dándole un momento de privacidad con su tía para sentir la comodidad de su abrazo mientras los dos hombres hechizados continuaban haciendo payasadas en el jardín.
Los primeros días de Enero se desvanecieron con rapidez y Tom vió con tristeza cómo su partida se acercaba cada día, podía sentir como los abrazos de Harry eran más constantes y por cualquier motivo, Tom se aferraba a él con fuerza por las noches y las actividades diarias juntos eran más, ambos conscientes de que habría muchos planes sin llevar a cabo.
Fueron a más sitios en el país, a la playa y a la casa de Nicholas Flamel en exhibición.
Tom intentó convivir con su madre y los Potter a la vez, pero ella solo ponía mala cara cuando lo intentaba y apretaba su mano con fuerza para forzarlo a caminar alejado de sus tíos, aunque Harry siempre tomaba la otra con suavidad, tratando de transmitirle tranquilidad. Tom sentía vergüenza cada que eso pasaba, por lo que trató de hablar con su madre una noche, luego de que prácticamente le atrasara en su paseo al punto de alejarse hasta perderse de vista de los padres de Harry y casi extraviarse, para su suerte Harry estaba bajo hechizos de localización todo el tiempo que estaban fuera de casa.
Aun peor fue soportar ver a su madre tratar mal a Harry ese día y fingir no hacerlo a propósito, como si Harry o él fuesen estúpidos. Tom podía soportar sus caras amargadas y sus respuestas ásperas, pero no que tratara a Harry de esa forma, no cuando Harry era un sol andante, Tom se contuvo cada segundo del paseo, cuando definitivamente su paciencia se agotó al ver como con cada palabra y gesto Harry parecía tensarse más, obligándose a sonreír más amplio, Tom era perfectamente consciente de su amigo a su lado, que era tan santo y bueno que no se alejó de él aunque su madre estaba insoportable.
Al caer la noche fue de inmediato a encararla.
-Mamá, ¿podemos hablar? - Tom esperó hasta que todos se fueron a dormir, dejó a Harry solo en su habitación por un rato, sabía que Harry era consciente de adónde iría a esa hora. Tom había notado las sonrisas forzadas de su amigo, sus intentos por iniciar una conversación que su mamá fingía no escuchar o que respondía con acidez. Su ánimo había estado especialmente apagado ese día.
Tom quiso empujarla por tratar así a Harry. Él estaba intentándolo, pero estaba cansado, por qué tenía que ser él el que intentaba siempre? Su madre no parecía esforzarse por hacer algo, su tía Becca había intervenido al comenzar las vacaciones y su madre solo había actuado todo el tiempo incomoda, apartada de todos e indiferente, cuando sus tíos fueron amables e incluso hicieron una habitación para ellos. No era justo que fuera grosera, no era justo que los odiara cuando ellos eran tan buenos.
-Claro! - Su madre pareció alegrarse en extremo por verlo entrar. - ¿Quieres dormir conmigo hoy?
-No. Quiero hablar sobre hoy, sobre las vacaciones, en realidad.
Su madre lo miró sin entender. Tom sentía su corazón latir rápido, aunque él se mostró calmado.
-Qué pasa?
-Eso es lo que quiero saber, mamá. Desde que llegamos te has comportado como si no quisieras estar aquí, incomoda, me has hecho sentir incómodo por querer que te sientas bien. Pero sin importar lo que todos hagamos parece que no es suficiente. - Le dolía, las vacaciones habían sido perfectas, pero la sombra de su madre era imposible de ignorar. Le hacía sentir culpable por disfrutar, por pasar tiempo con los demás.
-No entiendo qué más quieres, Tom. ¡Me has ignorado desde que llegamos aquí! Aunque prometiste no hacerlo, me dejaste sola! Has pasado más tiempo con estas personas que conmigo y yo me he comportado, a pesar de lo mucho que me duele que prefieras estar con desconocidos que conmigo. - Su madre tenía el rostro crispado de ira y dolor, pero Tom ya había escuchado esas palabras antes y la culpa no era suficiente para solapar su molestia.
-¡No te he dejado con desconocidos! Conoces a mis tíos desde hace años, conoces a Remus y Sirius, tú has decidido aislarte de ellos cada vez, te he visto hacerlo! Y no te he ignorado, te hemos incluido en cada plan y celebración, te dejé invadir mi espacio y el de Harry mientras jugábamos. Pero no es justo que me culpes por querer pasar tiempo con ellos, son mi familia, igual que tú. Me tuviste todo para ti al inicio de las vacaciones y ahora quiero pasar tiempo con ellos, eso me hace egoísta? - ¿Por qué no podía entenderlo?
-Te hace egoísta que me dejes a un lado por ellos!
Tom respiró profundo, hablar con su madre a veces se sentía como hablar con un niño.
-Te dejo de lado porque eres grosera, te dejo de lado cuando les miras mal, te dejo de lado cuando dices algo ofensivo. Porque ellos no merecen que los trates mal porque estés celosa. Te dieron un lugar en su hogar, mamá. Hicieron una habitación para ti. No han hecho más que ser amables y aun así tú crees que son monstruos. - Tom podía sentir sus ojos llorosos de rabia reprimida por días. -¿Y cómo trataste a Harry hoy? - Tom podía recordar el color del cristal en su anillo, un rojo oscuro y vibrante que reflejaba su enojo, Harry nunca dejó de sonreír, ni de ser amable o intentar hablar con su madre, aun cuando Tom estaba consciente de sus emociones. Se odió por obligar a su amigo a ser amable con alguien que no lo era con él, su Harry jamás dejaría que alguien le tratara mal, Harry se alejaba de esas personas como si tuvieran viruela de Dragón. Y su amigo lo había intentado, lo había intentado mucho. - Fuiste grosera con él, ignoraste casi todo lo que decía todo el día, le miraste mal, cuando le contestabas fuiste grosera. - Su madre se cruzó de brazos, lucía avergonzada y molesta. - Harry no merece que le trates así. No merece que nadie le trate así.
-Ahora todo es mi culpa? ¡Siempre es mi culpa! Prefieres a Harry y a sus padres que a mi! Esta conversación es la prueba!
Tom quiso arrancarse el cabello de la frustración que sentía.
-¿Qué más tengo que hacer para que lo entiendas?! ¿Cuántas cartas debo escribir? A cuantos sitios debo ir cogido de tu mano para que entiendas que te amo y no busco reemplazarte? - Finalmente las lágrimas cayeron, pero Tom no estaba del todo triste, estaba enojado, tanto que su cuerpo temblaba. - No pienso abandonar a quienes amo para hacerte feliz, porque las personas que te aman no te ponen condiciones, estoy harto de no ser suficiente, de esforzarme porque te lleves bien con ellos, de tener una familia unida, cuando tú no muestras ni siquiera la mínima intención de cambiar.
Su madre estaba tiesa como una tabla en la cama.
-Sabes qué? Harry sabe lo importante que eres para mi y por eso está tratando de ser amable contigo, porque quiere que yo sea feliz, aunque tú no le agrades. - Tom lo sabía, las emociones de Harry por su madre no habían cambiado pero por él lo estaba intentando, se esforzaba por hacerlo y se contuvo muchas veces. - Él es mi mejor amigo y lo intenta, tú eres mi madre, mi sangre y no te interesa lastimarme mientras esté pegado a tu costilla.
Fue liberador dejarlo salir. No podía seguir conteniendose y si todo se iba a la mierda al menos podría refugiarse en Hogwarts por meses.
Su madre no dijo nada, solo apretaba la sábana de la cama entre sus puños temblorosos, con los ojos perdidos en la pared a su izquierda, sin mirarlo.
-No quiero pelear contigo, odio pelear, estoy cansado de eso, quiero poder estar contigo sin sentir miedo de decir algo que te haga explotar y quiero una madre que no dude de lo que siento por ella. Volví a casa porque quise estar contigo, aunque amo a mis tíos y a Harry, volví por ti. Deberías recordar eso cada vez que pienses que no te amo.
Tom salió de la habitación cuando ella no fue capaz de responder a nada. Se sentía destruida, no había palabras con las que pudiera explicar el dolor que implicó ver los ojos de Tom mirarla con rabia y lágrimas en las mejillas.
Ella no podía hacerlo feliz, por más que lo intentara. Siempre se equivocaba, siempre hacía o decía algo que le enojaba. Él amaba más a los Potter porque eran perfectos, ella estaba hecha pedazos, pequeños e irregulares, incapaces de encajar de nuevo.
Sus palabras le taladraban el corazón.
Volví a casa porque quise estar contigo, aunque amo a mis tíos y a Harry, volví por ti. Deberías recordar eso cada vez que pienses que no te amo.
Él no había vuelto por amor, había vuelto por magia, por trucos. Si ella no hubiese hecho el hechizo Tom jamás habría vuelto a sus brazos, estaría viviendo en esa casa lujosa en Francia con los Potter, lejos de ella y con el tiempo ella solo sería un mal recuerdo de su pasado, uno que él podaría para encajar en la perfecta familia feliz que eran los Potter.
Pero ella no podía soltarlo, aunque le hiciera daño, no podía estar sola, solo necesitaba tiempo y entonces él se adaptaría, vería que ambos estaban hechos de la misma cepa y que debían estar juntos, entonces todo estaría bien.
Él solo estaba tratandola así porque estaba cerca de los Potter, ganaba valor cerca de ellos, en casa jamás habría hecho eso. La distancia ayudaría.
Luego hablaría con Becca para que fingiera ser ella y arreglara las cosas con Tom, ella no podía fingir que quería arreglar las cosas con los Potter, cada día les odiaba más. Ante cada restriegue en la cara de su fortuna, cada sonrisa falsa de Lily Potter, cada mirada desviada de James Potter al verla cuando ella solo quería un poco de atención de su parte y ese maldito niño mimado de los dos, un mocoso que controlaba a Tom como una marioneta. Tom sonreía más en una hora con él que en un día entero con ella. Dejaba que le arrastrara a donde quisiera, como si su hijo no tuviera criterio propio y esas asquerosas bromas de matrimonio, sobre su cadáver Tom se casaría con un hombre, menos con el niño Potter.
Tom la trataba como si fuese un monstruo por culpa de ellos, ella lo había salvado del verdadero monstruo, se había sacrificado por él, había enfrentado su mayor temor por él y cómo le pagaba? Discutiendo y señalando todo aquello que no podía hacer bien.
Ella solo debía esperar a que se le pasara el enojo y ya luego hablaría con él, si tenía confianza en algo era en la nobleza de Tom y su capacidad de perdonar. Algo bueno había hecho ese psicomago, había amaestrado al antiguo Tom, lo había vuelto manso y confiado, fácil de manipular, el antiguo Tom desconfiaba de todo y todos, no daba segundas oportunidades. El antiguo Tom habría sido su pesadilla.
No iba a llorar esa noche, aun cuando su garganta dolía, estaba cansada de llorar por su rechazo.
Tom entró a la habitación rodeado de una nube negra y roja que se revolvía. Harry de inmediato se bajó de la cama para acercarse, Tom tenía la mirada clavada en el piso, huyendo de la suya, Harry se acercó hasta abrazarlo y entonces se dió cuenta de que Tom estaba temblando, pero su cuerpo estaba caliente y sudoroso.
Pudo sentir como la angustia, la rabia y la tristeza se retorcían en su interior. Harry respiró, se calmó y llamó a su mente todos sus momentos felices y pacíficos y los empujó a la mente de Tom, su amigo levantó sus brazos para abrazarlo apretadamente y Harry sintió su aliento caliente en su oreja.
Pudo sentir como Tom respiraba, calmado, su cuerpo dejó de temblar y por segundos solo estuvo allí, abrazado a su cuerpo, Harry pudo sentir el hombro de su camisa mojarse y detestó la sensación por lo que representaba, de nuevo Tom estaba triste.
-Lo siento. Perdoname Harry. - Tom lo susurró con la voz ronca y baja, como si le diera vergüenza hablar.
Harry no lo entendió. - ¿Por qué? No has hecho nada malo.
-Te pedí llevarte mejor con ella, dejé que te tratara mal y tú no dijiste nada aun cuando estabas molesto. No deberías tener que soportar eso.
Como siempre, la madre de Tom era la razón de sus emociones descontroladas. Harry había intentado hacer de las vacaciones algo genial y lo habían sido, pero la madre de Tom lograba arruinar los buenos momentos con una sola mirada o frase. Harry podía sentir cada vez que Tom se angustiaba por ella, cada que se entristecía porque ella se apartaba.
Intentó mucho llevarse bien e incluirla, pero esa tarde había sido insoportable y Harry pudo sentir como la mano de Tom apretaba la suya cada que su madre hacía algo que no estaba bien, como si Tom sintiera que era su culpa y pidiera perdón. Aquello le molestó más que su madre siendo grosera, Tom no merecía que le hicieran eso, no merecía que su madre fuera tan egoísta.
Harry le abrazó con cariño.
-No pasa nada, no importa, no debes sentirte culpable por eso.
Tom se separó de él, sus ojos estaban rojos y Harry tuvo que concentrarse en no enojarse con esa mujer por lo que le había hecho. Su amigo secó sus ojos y frunció el ceño.
-Es mi madre, es mi culpa que reaccione así. - Tom estaba serio, como si no hubiese llorado en su hombro segundos atrás.
Harry quiso golpearse la cabeza contra la pared.
-No es tu culpa, tú no le dices a ella que hacer ni controlas su mente con una máquina, Tom. Y ya te lo dije, no me importa lo que pasó, solo me importa cómo estás tú.
Tom estuvo a punto de hacer un puchero al escucharlo pero se controló bastante bien, Harry odiaba como las inseguridades que aun vivían en Tom se encendían por esa mujer, Tom era tan fuerte, divertido, confiado y listo, no se dejaba intimidar por nadie. Pero toda esa persona desaparecía cuando su madre le lastimaba y Harry lo detestaba.
-Me cansé y exploté, ella no dijo ni una palabra, ni siquiera me miró. No lo entiendo Harry, ¿qué estoy haciendo mal? - Tom volvió a hundirse en su hombro y de nuevo sintió su tristeza crecer, pero Harry le dejó llorar, había aprendido con sus clases lo importante que era para el cerebro humano sentir y drenar emociones, no podía continuar reprimiendo las de Tom solo porque odiaba verlo triste.
-No estás haciendo nada mal, Tom.
-Entonces porque nunca es suficiente? - La voz de Tom sonó tan rota, fue aun más doloroso lo silencioso que fue, como su cuerpo ni siquiera se sacudió, como si estuviera muerto por dentro y ya ni siquiera valiese la pena llorar con ganas, como si no tuviera la energía.
Porque tu madre es una perra egoísta. Obviamente, Harry no lo dijo.
-A ella ni siquiera le importa como me siento. - La voz de Tom sonaba carente de emoción.
Qué demonios podía decirle Harry? No había manera de excusarla y tampoco quería hacerlo.
-No quiero que mis tíos se den cuenta, me avergüenza demasiado que les trate mal cuando ustedes han sido increíbles.
Tom de nuevo se separó de él, algo rápido, tanto que Harry se tambaleó un poco.
-Odio llorar por esto. Odio llorar porque estoy enojado. - Se secó las lágrimas con rabia. Harry podía sentirlo, el enojo, calmado y concentrado en su pecho.
-Sabes qué Harry? No quiero que sigas intentando llevarte bien con ella, si es grosera contigo no tienes porqué aceptarlo solo por mi, porque no voy a aceptar que ella te trate mal y si vuelvo a verla hacerlo..- Tom no dijo nada más y Harry solo asintió.
Definitivamente era un alivio no tener que hacerlo, pero Harry igual se sentía mal, él pudo haber jugado con sus emociones para hacer que Merope no fuese una incomodidad para todos, una que sus padres ya notaban, aunque no iba a decirle eso a Tom.
-¿Estás seguro? Sé que tu madre ha pasado por cosas malas y que quieres llevar una buena relación con ella, puedo usar mi empatía la próxima vez.
-No, si ella quiere mejorar la relación que ella lo intente. Yo no pienso mover un dedo más.
¿Había algo peor que un Tom Riddle enojado? Un Tom Riddle decepcionado y agotado.
-Lo siento.
Tom se encogió de hombros.
-Yo soy el que lo siente, desearía haberla enfrentado en el mismo instante en que comenzó a tratarte mal.
Harry se sintió cálido al ver la lealtad que Tom demostraba por él, junto a su preocupación.
-No te culpo por nada, en serio, no me molesta. Solo me molesta verte llorar, odio que llores, me pone triste.
Tom sonrió sin ánimo.
-No volveré a llorar entonces.
-No te atrevas a llorar sin contarmelo, Tom Riddle!
-Eres una esposa fastidiosa. - Harry se quedó en silencio por unos segundos ante la broma de Tom.
-Lo soy y seré una pesadilla cuando seamos mayores, así que prepárate. - Harry sacó el pecho para verse más alto y serio. - Ahora, vamos a la cama, estar de pie tanto tiempo acalambró mis piernas.
-Okay.
Harry quiso encontrar la manera de unir a Tom a su cadera para que no tuviera más opción que quedarse con él en Francia e ir juntos a la escuela y a todas partes. Pero aun con lo molesto que estaba, Tom no parecía querer dejarla.
Lo arrastró a la cama de la mano y ambos se acostaron, Tom fue el primero en abrazarlo, su amigo tenía una manera peculiar de hacerlo, apretado y fuerte, como si quisiera evitar que se escapara, aun así Tom era cómodo y calientito.
-Buenas noches, Harry.
-Buenas noches, Tom.
Tom mantuvo una distancia muy evidente sus últimos dos días en Francia, continuaron saliendo a conocer Francia, la novia del padrino de Harry conoció a una chica parisina con la que se fugó sin avisar y dejó al padrino de Harry tan afectado que vació una botella entera de Whisky de fuego en menos de dos horas, Harry y él no pudieron evitar burlarse en la privacidad de su habitación. El padre de Harry quiso jugar hockey en la piscina congelada y terminó con un esguince de tobillo, por lo que su tía Lily casi lo deja en un refugio de mascotas y Harry y él se dedicaron a pasar el tiempo que les restaba juntos.
Para cuando la despedida llegó, Tom no quería soltar la mano de Harry, ni en el tren que habían insistido en tomar para postergar su regreso, ni al caminar en la estación.
Sus tíos le abrazaron y besaron las mejillas, ambos con ojos llenos de lágrimas.
-Nos veremos de nuevo en pascua, de acuerdo? Te amo muchísimo, que te vaya bien en la escuela cariño. - Su tía lo abrazó por tanto tiempo que Tom pudo guardar la forma de su pecho, la textura de su cabello y perfume para el camino de regreso.
-Yo también te amo, tía Lily. Gracias por invitarme.
-Eres bienvenido siempre que quieras. - Su tía besó su frente y Tom sintió que una lágrima caía.
Su tío lo tomó en un abrazo de oso apenas su tía lo soltó.
-Te voy a extrañar, cuidate campeón. Escríbeme si necesitas algo, lo que sea, si? - Tom asintió. - Nos veremos en menos de lo que crees.
-Vale, gracias tío James. Te quiero.
Su tío hizo un puchero y volvió a apretarlo. - Yo también te quiero mucho, Tom. Nos vemos en pascua, de acuerdo?
Lo soltó y Harry se aferró a él.
Sus tíos se dedicaron a despedirse de Remus y Sirius, quienes regresaban con él y su madre a Inglaterra. Tom ignoró a su madre adrede.
-Escribeme si pasa algo, si?
Harry estaba preocupado por él.
-Estaré bien.
-Te voy a extrañar, fue muy poco tiempo.
-Cuando llegue el verano vas a querer deshacerte de mí un rato.
Harry negó. -Eso jamás, eres mi mejor amigo, siempre quiero estar contigo.
Era como un bálsamo a su corazón.
-Nos veremos en Pascua, no?
Tom no estaba muy seguro, su madre parecía igual de molesta que él, no creía que usara una semana de vacaciones para ir de nuevo a la casa de sus tíos.
-Ya pensaremos en algo. - Harry pareció leer su mente porque de prisa respondió él mismo su pregunta.
-Bien, estaré esperando tu investigación de Francia para nuestro viaje.
Harry asintió cargado de entusiasmo. - Te lo enviaré junto con tu regalo de San Valentín. - Harry bromeó con tono coqueto.
Tom rodó los ojos, pero se le escapó una sonrisa.
-Más te vale que sea algo bueno o te enviaré el anillo de vuelta.
Harry se echó a reír y lo abrazó de nuevo, apretado. -Escribeme si te sientes mal, de acuerdo? No me molesta, quiero saber que estás bien. - Tom asintió con su barbilla pegada a la cien de su amigo.
-De acuerdo, es hora de irnos. - Su madre les interrumpió y Tom se separó tranquilo, era como si esas vacaciones reforzaran en él la confianza y amor, se sentía seguro de volver, sabiendo que tenía un espacio al cual volver en vacaciones y buenas amigas en el castillo, aunque no dudaría ni un segundo en dejar Hogwarts para estar junto a Harry, la idea de separarse no era tan espantosa.
De nuevo recibió abrazos rápidos de todos los Potter y caminó hacia el área de trasladores, sus ojos igual se humedecieron y su corazón dolió de añoranza al tomar el patito de hule que los llevaría a Inglaterra.
Tom fue directo a su habitación luego de saludar a Becca, aun enojado y con actitud educada pero fría y distante hacia ella. Merope estaba muy herida por su comportamiento, cada día en ese maldito país en donde su hijo abiertamente la dejaba de lado le ardió como navajas con veneno clavadas en su abdomen. Pero ella lo dejó estar, ya se encargaría ella de mejorar su comportamiento, de nuevo estaban en casa, en su territorio, lejos de esa escoria de los Potter, ella solo tenía que darle tiempo a solas.
-Vaya vuelta a casa más gélida. ¿Qué fue lo que le hiciste? - Becca la miraba de brazos cruzados en su sala, con una expresión de reprimenda y decepción.
-Por qué siempre es culpa mía lo que le pase? - Dejó caer su baúl en el recibidor con molestia. No estaba como para soportar a Becca creyéndose mejor que ella y más madura cuando era igual de arpía y culpable que ella.
-Quizá porque siempre es culpa tuya lo que le pasa? - Becca usó un tono irónico que no le gustó.
Aunque deseaba mandarla a la mierda y fuera de su departamento, Merope sabía que la necesitaba, Becca era desagradable e irritantemente buena en hacerle creer a Tom que tenía la madre perfecta y estable. La discusión de Francia no podía repetirse, Tom estaba dudando de su amor, estaba rebelándose y si ella seguía estropeandolo las cosas podían ponerse feas, no había dejado de pensarlo en esos días, ella necesitaba un paño de agua tibia con Tom, culparse por sus traumas de nuevo y pedir perdón, solo así su hijo volvería a ser amable y cariñoso. Ella lo odiaba, que tuviera que esforzarse cada día por tener su amor, cuando se lo había ganado, cuando ella le había dado la vida y se había sacrificado por él. Y los Potter solo tenían que abrir su billetera y llenarlo de lujos para que Tom los viera como héroes.
-Hice algo que le hizo enojar y discutimos. Bien?
Becca suspiró como si estuviera cansada de ella.
-¿En serio Mer? Y qué hiciste que Tom pudo enojarse tanto como para pasar de ti y encerrarse en su cuarto?
-Solo me enojé porque me ignoró todo el tiempo! Él estaba más interesado en ver a los Potter que pasar el tiempo conmigo.
Becca levantó una ceja con el rostro serio. - Tom fue a Francia a pasar tiempo con ellos, por supuesto que se centraría más en ellos. Pero no como para ignorarte, Tom no haría eso.
-Tú no estabas allí!
-No, pero te conozco.
Merope vió la puerta del cuarto de Tom, él podría escucharlas pelear a la perfección, con lo pequeño que era el lugar.
-Puse un hechizo insonoro cuando se metió a su cuarto. - Becca la tranquilizó un poco. - ¿Qué fue lo que hiciste realmente?
-Simplemente no puedo fingir que ellos me agradan, de acuerdo?! ¡No puedo! Se enojó porque yo no estaba cómoda, en lugar de quedarse conmigo como prometió. Y quizá traté al niño de los Potter un poco mal y él enloqueció.
Becca solo negó con la cabeza.
-En serio no te entiendo, sabes lo suertuda que eres? Una familia rica se enamora de tu hijo y lo hacen parte de tu familia, te invitaron a su mansión de lujo en otro país cuando nunca habías salido de Gran Bretaña, incluso te consiguieron un puto trabajo decente y te ayudaron a pagar el material de estudios de Tom. Sabes a cuantas personas les pasa eso?! Te sacaron de una puta cloaca a ti y a ese niño y tu te quejas y los odias porque estás obsesionada con tener el amor de un niño de doce años para ti. Mer deberías estar disfrutando de los beneficios, no alejando a tu hijo por tu malcriadez e inmadurez! No peleando con un niño de once años por ser el mejor amigo de Tom. Se supone que eres una madre sana y cuerda, eso es lo que finges ser para que Tom no tome sus cosas y te deje y tú lo estás arruinando por una tonta pelea que tienes contra ellos.
Estaba harta de ser tratada como una niña estúpida.
-Necesito que me ayudes a tranquilizar a Tom.
Becca la miró como si tuviera ocho ojos en la cara. - No, ve a las putas sesiones con Mark y comienza a ser una madre real, no tienes que vivir el resto de tu vida manipulando a tu hijo para que te ame chica. Y si realmente Tom está tan enojado como para pasar de ti, es porque en serio hiciste algo que le lastimó.
-Y tú nunca has hecho algo que le lastimara? - Era una hipócrita.
Becca sonrió con ironía. - Sí y cada día me esfuerzo por compensarlo, siendo la mejor puta tía que pueda tener, limpiando tu basura para que no note lo inestable que eres, metiéndome en sus peleas para que Tom no tenga que lidiar con una madre loca. Continuo?
Merope rechinó los dientes hasta que le dolieron. Ahora todos estaban en su contra como si fuera un monstruo malvado, todos la rechazaban, nadie entendía su necesidad de amor, su deseo de ser vista y apreciada, Becca ni siquiera era una buena amiga. Ella no podía contar con nadie.
-Si no me ayudas y Tom se da cuenta, se irá.
Becca se encogió de hombros. - Usa esa amenaza para ti misma y esfuérzate por ser esa madre que él quiere tener.
La castaña tomó su cacheta de cuero negro vieja del mueble y caminó a la puerta.
-Supongo que hoy no habrá cena de bienvenida, así que me voy.
Merope pensó en arrojarle uno de sus jarrones de decoración a la cabeza. Pero el momento pasó y no le quedó más opción que ir a su habitación a destrozarse la cabeza pensando en un plan.
Tom volvió a Hogwarts aliviado de alejarse del ambiente incómodo de la casa, su tía Becca sabía sobre el asunto de su madre o al menos su comportamiento lo demostraba. Tom esperó a que su madre le llamara para hablar y disculparse, pero no lo hizo, pasó un día entero en tensión y sintiéndose algo mal y culpable. Su madre era diferente a él, sus vidas y desgracias eran diferentes, ella había pasado por mucho más, sus heridas eran más grandes, Tom había trabajado con Mark por años hasta sanar y solo había tenido nueve años de un mundo duro y malvado. Su madre había estado atrapada mucho más tiempo.
Quizá para ella era más difícil.
Pero Tom había aprendido que los traumas no eran excusa para tratar mal a los demás y siempre que trató mal a Harry se disculpó. ¿Por qué entonces para ella era tan complicado?
Decidió perdonarla nada más montarse en el tren, pero no se lo dijo, aun esperando una disculpa de su parte. Tom podía perdonar sus celos e incluso sus ataques de ira, pero no que tratara mal a su familia, no que tratara mal a Harry. La distancia ayudaría a apagar el fuego y ya él podría escribir con la cabeza fría.
El reencuentro en el tren con sus amigas fue increíble, Tom recibió abrazos y sonrisas alegres de verlo que le hincharon el corazón. Pasó el resto del viaje compartiendo las experiencias de sus vacaciones, les habló más de Harry, de su recorrido por Francia y el ritual de Yule. Las demás le agradecieron por sus regalos y Hermione comenzó a preguntar si habían hecho sus deberes de vacaciones de invierno, a lo que Susan se quejó.
Tom estaba feliz de tener un lugar al cual volver y su viaje a Hogwarts estuvo plagado de risas y nada de silencio, se entretuvo tanto que ni siquiera pensó en el diario de doble vía ni en Harry.
Notes:
Qué les han parecido las vacaciones de Tom? Yo las amé, aun con Merope en medio. Simplemente amo a los Potter y la hermosa amistad que tienen mis niños.
Dejo como advertencia que después de esto las cosas se pondrán serias en la vida de Tom, como ya pueden comenzar a percibir, no me vayan a matar, es por la trama.
Muchas gracias por leer, en serio aprecio cada voto y comentario, más aun cuando han pasado casi tres meses desde mi última actualización y aun veo personas uniéndose a la comunidad.
Gracias infinitas 🫰🏻 Espero estar de nuevo pronto con el próximo capítulo.
Chapter 28: Capítulo XVIII
Notes:
He vuelto! Dios que lindo es volver a publicar un capítulo, lamento profundamente demorarme tanto pero además de todos los factores nuevos en mi vida este capítulo se me resistió bastante pero ya está listo, espero que les guste y no les parezca algo horrible.
Espero leerlos y saber qué opinan. Que lo disfruten 👋🏻
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XVIII
Querida madre,
He llegado bien a Hogwarts, por si te lo preguntas, el viaje ha sido algo largo pero ha pasado rápido en compañía de las chicas, cada una de ellas venía con un cuento extremadamente largo de sus vacaciones de Yule. Me han preguntado por ti, les gustaría conocerte la próxima vez.
Me he dado cuenta de que no has escrito como lo haces usualmente, está todo bien? Espero pronto puedas responder.
Con cariño, Tom.
Tom se estaba volviendo loco.
La escuela había comenzado sin problemas y estaba feliz de volver a los pasillos y aulas, pero la tensión entre él y su madre que no había logrado aligerar antes de marcharse le perseguía.
No creyó que fuera tan grave, la clave de una buena relación era la honestidad, si no podía ser honesto sobre cómo se sentía entonces como podía aspirar a que su relación con su madre mejorara?
Pero los días pasaron, la rutina lo envolvió como siempre, predecible y cómoda. Excepto por una cosa.
Su madre no había escrito ni una carta desde su llegada, mucho menos respondió a las que Tom le escribió, poco parecía importar la forma en que Tom rogaba discretamente por su respuesta, ni en lo excesivamente amable que sonaba en cada carta. Era extraño, había estado acostumbrado al comportamiento obsesivo y empalagoso de su madre en el pasado y ahora ni siquiera escribía para saber sobre su llegada a la escuela o sus clases. Su tía Becca le había asegurado que todo estaba bien y que su madre solo estaba ocupada. Tom sabía que era una mentira, una estúpida y vil, que solo un niño muy pequeño se creería.
Aun así, no dejó de insistir, la preocupación por el estado de su madre era mayor. Pensó que quizá algo malo le había sucedido y su tía Becca solo lo enmascaraba.
Querida madre,
¿Cómo estás? Aquí en Hogwarts las cosas van bien, soy el mejor en todas mis clases y los maestros constantemente están hablando de lo brillante que soy. Hermione se ha puesto algo celosa por ello, pero sigue siendo mi amiga sin problemas. ¿Cómo te va en el trabajo? ¿Tus pociones han mejorado? ¿Cómo está tu salud?
Espero que no estés muy ocupada esta vez, quisiera saber de ti. Te extraño.
Con cariño, Tom.
Ella tampoco respondió esa vez.
Hola mamá,
Hace un tiempo que no sé sobre ti, la tía Becca me ha dicho que estás estudiando mucho para mejorar en tu trabajo, eso me alegra mucho. Pensé que podría ser de ayuda si alguna vez necesitas algún consejo, sé que no soy un experto pero juntos podríamos aprender.
Las cosas en la escuela van bien, he aprobado todos mis exámenes y tareas de Enero con la mejor calificación de la clase. Los maestros dicen que estoy adelantado para mi edad en muchas asignaturas, Snape me ha dado pociones de tercer año para que no me aburra en clase, aunque siguen siendo fáciles y McGonagall dice que tengo un talento natural en la transfiguración, no es genial?
Espero que estés bien y pronto tengas algo de tiempo para responder.
Te quiere, Tom.
Tom no podía dejar de darle vueltas a un pensamiento intrusivo y doloroso.
Su madre estaba molesta con él y este era el castigo.
Cada día de silencio alimentó su ira, acaso no era libre de decir lo que sentía y pensaba sin ser tratado de esa manera? Pero su destrozada ilusión comenzó a resquebrajar su rencor desdibujandolo y torsiendolo hasta que Tom no estaba seguro de que pensar. Usaba cada noche para reflexionar en silencio, para rememorar cada palabra y momento del pasado, Tom buscaba errores con la misma concentración que un maestro evaluando un examen.
La culpa llegó después, Tom no dejaba de preguntarse si se había excedido con sus palabras en Francia, quizá había sido demasiado para su madre cuando para él había sido un alivio breve que ahora lo atormentaba.
¿Alguna vez podría tener un año sin drama familiar de por medio?
Tom lo dudaba.
Los meses pasaron y las vacaciones de Pascua llegaron entre clases, exámenes, soportar al indeseable grupito de Malfoy y los slytherin de años superiores, junto a las tardes cálidas con sus amigas en el patio o en la biblioteca. Le ayudó a bajar sus niveles de estrés y lidiar un poco con la ira y culpa que poco a poco lo carcomía, Tom ni siquiera fue capaz de conversar con Mark, estaba algo avergonzado de seguir bombardeando al hombre con sus problemas cuando cada día estaba más cerca de ser dado de alta. Además, quería hablar con su madre antes de mencionarle algo a Mark, estaba seguro de que él podía arreglarlo y no quería hacer sentir a su madre como una rata acorralada, quizá esa era la razón de su aislamiento. No saldría nada bueno si Tom iba con Mark a hablar sobre ella, ni siquiera sabía cómo estaban ellos dos en cuanto a terapia.
Simplemente no quería desencadenar otra pelea porque su madre pensara que había ido con Mark a hablarle sobre su discusión. Merlín sabía que Tom no estaba de humor para que Mark le exprimiera el cerebro, todo iba bien en su vida, en serio bien y no quería seguir gastando el dinero de sus padrinos con Mark cuando estaba seguro que podía solucionar las cosas hablando con ella, no necesitaba de Mark para saber que lo mejor era hablar con honestidad, tratar de no enojarse y entender a su madre.
Era la constante ecuación que Mark había repetido hasta el cansancio. No quería una sesión de una hora para escuchar el mismo discurso.
Así que cuando finalmente recibió una carta de su madre preguntando si iría a casa durante la semana de Pascua, tomó su baúl ya previamente empacado y pasó el camino a kings cross rodeado del ruido de sus amigas y el de su cabeza. planeando cómo tener una conversación que no terminara con él explotando de furia o irritación y con su madre comunicando de forma normal lo que sentía.
Que la madre magia lo ayudara.
Su llegada a casa fue tensa, su madre apenas le abrazó al bajar del tren y se marcharon rápido, sin despedirse de nadie, mucho menos de presentarse con las amigas de Tom.
Su madre se veía delgada, siempre lo había sido, claro. Pero la delgadez saludable que había tomado su cuerpo se había perdido, su cuerpo lucía como un perchero para su ropa, su rostro ovalado se veía caído y grisáceo, era como si su madre hubiese estado descuidandose esos tres meses. A Tom le dolió el estómago solo con verla. Aun así no dijo nada y se dejó llevar por el agarre fuerte de su mano fría. Sus dedos esqueléticos pinzaban su mano, pero fue incapaz de quejarse.
Presagiaba una explosión desastrosa al llegar a casa, igual que en las vacaciones de Yule y esta vez no había rastro de la tía Becca para hacer de apaciguadora.
Tom podía sentir cómo su cuerpo se preparaba para el enfrentamiento. Sus músculos se endurecieron tanto que dolía moverse demasiado, su espalda se mojó de sudor frío, su estómago dolía como si gusanos carnívoros se alimentaran de él y su corazón latía tan rápido que podía escuchar cada golpe del órgano contra su pecho como bombas. Odiaba la sensación, lo catapultaba a tiempos difíciles que ansiaba olvidar por completo.
Pero al llegar al departamento su madre solo le dió de comer, le acarició el cabello y dijo que iría a dormir porque tenía dolor de cabeza. Tom no supo qué hacer, ni siquiera sabía si debía ir tras la figura delgada y desgarbada de su madre, abrir la puerta y tratar de conversar. Habían sido tres meses de silencio entre ambos, su madre ni siquiera se veía molesta, solo estaba allí, era algo difícil de explicar.
Tom salió de casa directo al departamento de su tía Becca, pero dentro solo escuchó maullar a Leviatán.
Se sintió frustrado, qué se supone que debía hacer? La casa se sentía especialmente vacía, fría y despersonalizada, cuando antes Tom podía sentir calidez y protección. Estaba llena de polvo y olía a humedad, lo que transformaba su pequeño departamento en el hábitat perfecto para un dementor, era un escenario tétrico y carente de la amigable energía de antes.
Volvió a su departamento y se encerró en su habitación, aun era temprano para dormir así que tomó el diario de doble vía, decidiendo que hablaría con Harry esa noche y al día siguiente confrontaría a su madre sobre sus sentimientos. Una cosa a la vez.
Aun así, Tom seguía sintiendo un malestar en el estómago que por meses se había pegado a sus tejidos.
¿Había sido muy duro? Ignoró a su madre en Francia porque quería pasar tiempo con sus tíos. Era cierto que Tom la había echado a un lado como castigo por su conducta, pero no tanto como para hacerla sentir un fantasma. No tanto como para que su madre hiciera lo mismo, acaso quería demostrar un punto? Enseñándole cómo se sintió esos días. Su cabeza dolía. Era horrible no saber en qué estado estaban, si estaban peleados, si su madre ya no tenía interés en él, si había ido muy lejos con sus palabras. No lo sabía.
Aquella caricia en su cabeza se había sentido vacía. Él no había querido generar esa distancia, solo quería hacerla entender.
Harry apareció en el diario una media hora después, hablando sobre su viaje en carruaje por el cielo y anunciando que irían a Gran Bretaña para Pascua a ver a sus abuelos, por lo que Tom no tendría que ir a Francia esta vez. Tom no mencionó que definitivamente era poco probable que pisara suelo Francés con su madre enojada con él y negada a hablarle, Harry habló sobre lo entusiasmado que estaba por descubrir qué país había elegido Tom para su viaje y por pasar las vacaciones de Pascua en la mansión Potter.
Sus tíos y Harry llegarían en dos días, por lo que Tom tenía ese tiempo para reconciliarse con su madre y obtener permiso para ver a sus tíos en la mansión.
Tom pudo sentir el almuerzo revolverse en su estómago.
La mañana llegó y Tom prácticamente saltó de la cama con un objetivo en mente: hablar con su madre.
La encontró en la cocina, revolviendo lo que olía como salchichas y huevos revueltos. El estómago de Tom se quejó, sólo había cenado un vaso de jugo amargo y pan, no había nada más en la despensa.
-Hola mamá, ¿Ya te sientes mejor? ¿Cómo está tu cabeza? - Tom se sentía como si cada palabra estuviese pasando por un filtro de cristal roto, cualquier pedazo podría desprenderse y herir a su madre, generando un conflicto que no deseaba.
-Estoy mejor, ven a desayunar.
Nada de sonrisas, nada de cariño, ni siquiera una perorata interminable de sus planes para las vacaciones de Pascua. El desayuno se sirvió y comió en un silencio incómodo, con su madre con la mirada fija en su plato, como si nada fuese más importante.
Cada bocado fue insípido.
Al terminar su madre tomó los platos y procedió a limpiar todo en silencio.
Tom extrañó su voz entusiasmada, su sonrisa amorosa, la forma en la que sus ojos brillaban siempre que le veía. En Yule le habían incomodado sus abrazos, pareciendole interminables y largos, se había quejado en su mente por los planes de su madre porque quería ir corriendo con Harry y sus tíos. Y ahora no tenía nada de eso, para Tom fue como recibir un golpe en el estómago, finalmente se daba cuenta de todo lo que había despreciado y que realmente no era tan malo.
-Mamá, ¿podemos hablar?
Su madre dejó de mover las manos por unos segundos antes de continuar fregando un plato que ya estaba más que limpio.
-Sí. - Ni siquiera le miró.
-Puedes voltear y mirarme, por favor?
Su madre no lo hizo de inmediato, terminó de limpiar cada plato, vaso y utensilio sucio. Aunque solo era un par de cada objeto se tomó una eternidad, los puso a secar y luego de un suspiro prolongado se dió la vuelta. Su rostro estaba serio, sus brazos se cruzaron en su pecho y toda su postura le dejaba en claro que no estaba del todo cómoda o contenta.
-Quiero disculparme por tratarte como lo hice en Francia y por como te hablé, estaba molesto y no pensé en lo que hacía cuando te dije todo eso. Ahora entiendo cómo te sentiste allá y me doy cuenta de que pude haber hecho las cosas diferente.
-Quieres pedirme permiso para ir a pasar pascua en Francia, no es así?
Tom lo sintió de nuevo, el ansia, las manos sudorosas, aquel pitido en los oídos que le indicaba que se acercaba el peligro.
-No.
Su madre solo levantó una ceja.
-Solo quiero disculparme contigo.
-Por qué?
Tom no supo qué decir, a pesar de su discurso bien planeado la actitud de su madre le incomodaba.
-Porque no quiero pelear contigo, quiero que estemos bien.
-No estamos peleando.
No, esto era peor que pelear. La frialdad, la falta de amor y de interés era mucho peor. Era como volver a estar en Wools, mirando cómo otros niños eran elegidos sobre él. Le daba ganas de salir corriendo, de vomitar.
-No, pero no me escribiste al volver a la escuela.
Su madre asintió débilmente. - Estaba ocupada con el trabajo. - Mentira, lo estaba ignorando.
-Mamá, sé que estás molesta conmigo.
Deja de mentirme, deja de verme como si fuera un extraño al que no amas.
-No estoy molesta, Tom. - Pero su voz sonaba vacía, sin emoción. Tom no podía evitar mirar la oscuridad de sus ojos, desesperado por encontrar una señal que le indicase lo que realmente sentía su madre, así sería más fácil, sabría qué decir para arreglar las cosas, era bueno en eso, en convencer, pero con su madre era difícil.
-Ya lo entiendo, de acuerdo? Si esta es tu manera de hacerme entender, ya lo hice, entiendo como te sientes ahora y lo siento mamá. Perdoname por no incluirte más en las vacaciones, por hacerte sentir sola.
Se sentía como estar de nuevo en la cabaña esos primeros días, cuando la mujer amorosa que le visitaba en el orfanato se convirtió en una mujer que a veces le sonreía y besaba y otras veces le hacía sentir como si deseara que desapareciera. Había sido peor que cada rechazo en Wools, esta era su madre, Tom recordaba cómo era sentirse rechazado, no suficiente y esos sentimientos habían escalado lentamente a la superficie mientras estaba en la escuela.
Pero Tom no podía hablar de eso con sus amigas, así que se había incluido en cada sesión de estudio con Hermione para distraerse, no queriendo que su anillo mostrara sus emociones y alertar a Harry, empeorando el asunto por el hecho de que su amigo le había hecho prometer que no le ocultaría nada. Pero Tom había estado seguro de que su madre escribiría al día siguiente, a la semana siguiente, al mes siguiente y para cuando llegó la Pascua era algo tarde para decirlo, Harry solo se iba a preocupar y estaría enojado y angustiado durante las vacaciones, Tom quería disfrutar con él, divertirse. No quería usar a su amigo como un consejero y paño de lágrimas, Harry sólo tenía once años y Tom a veces lo olvidaba, porque era tan bueno para consolarle.
No quería que Harry se sintiera mal por él mientras estaban separados.
-Crees que no te escribí para castigarte? Así me ves todo el tiempo? Como un monstruo? - Su madre se veía más triste que enojada, su frente se arrugó y sus hombros cayeron al frente, perdiendo toda fuerza para sostenerla erguida.
Tom se sentía como una hormiga bajo una lupa.
-No, no dije eso.
-Claro que no, nunca me dices lo que piensas de mi, solo lo demuestras. Si quieres mi permiso ve a verlos, pero ve solo. Becca puede llevarte.
Tom se quedó inmovil ante sus palabras, era como si todo lo que había planeado decir se hubiese borrado de su mente.
-No vine a hablar contigo por un permiso.
-Bueno, ya lo tienes de todas formas. Debo ir al trabajo, estarás bien tú solo, ¿no?
Era como ver una extraña, una víbora y no a su madre. El pecho le dolió.
-Pero - Tom respiró profundo, infundiendose coraje. - Aun no solucionamos nada.
Su madre le vió como si estuviera demente.
-Tienes permiso para pasar las vacaciones con tus tíos y ya te dije que no estoy castigandote ni molesta contigo. No entiendo qué quieres solucionar.
Lo hizo sentir como si estuviera loco.
-Lamento todo lo que te dije, lamento haberte llamado grosera, celosa y egoísta. No debí decirte esas cosas, por favor deja de tratarme así.
Su madre suspiró y se descruzó de brazos.
-De acuerdo, ahora me iré al trabajo. - Su madre pasó a su lado directo al perchero cerca de la puerta para tomar su bolso y una chaqueta.
Tom sintió partes iguales de impotencia y rabia.
-¿En serio? ¿Vas a irte así como así? Acaso no te importa lo que dije?
Acaso yo no te importo?
-Ya dejaste tu punto claro, Tom. Ahora debo irme o llegaré tarde. - El tono de voz de su madre se escuchaba calmado, despreocupado, como si Tom le hubiese hablado del clima y no de sus sentimientos.
No pudo decir nada más debido al coraje y la rabia. Observó a su madre abrir la puerta y salir sin siquiera despedirse de él.
La sala explotó sin que pudiera controlarlo, el mueble se estrelló contra el fondo de la sala, cojines volaron alrededor, los libros cayeron de sus estantes y el polvo bailó en el aire. El cuerpo de Tom comenzó temblar, un vistazo a sus manos le mostró como la piedra del anillo brillaba de color rojo oscuro.
Harry estaba ansioso.
Se quitó el anillo y lo dejó en la mesa.
Cuando Harry y sus tíos llegaron, Tom estaba aun más ansioso.
Su madre evitaba estar en casa bajo la excusa de tener una gran carga de trabajo y al llegar dedicaba la mayoría de su tiempo a estar sola en su habitación.
Tom ya no se sentía tan culpable, ya no quería entenderla, estaba enojado, cansado de que su madre se comportara como una niña de siete años, sólo ansiaba que las vacaciones terminaran para volver a Hogwarts y poner distancia entre ellos. Aunque le hizo sentir mal pensar así sobre ella, Tom había intentado arreglar las cosas, si su madre no quería verlo él no pensaba insistir.
Estaba decidido a ignorar la sensación de gusanos retorciéndose en su vientre y la humedad en sus ojos cada que su madre le daba la espalda. No podía entender cómo podía sentirse tan triste y a la vez tan enojado con ella, cómo podía querer arreglar las cosas y al mismo tiempo no querer arreglar nada.
Huyó de casa apenas sus tíos llegaron. Becca le dejó justo en la puerta de la enorme mansión y Tom fue arrastrado por Harry adentro, casi sin tener oportunidad de despedirse de Becca o de saludar a sus tíos.
-¡Te extrañé!- El abrazo de Harry, apretado, cálido y largo era justo lo que necesitaba y Tom se hizo más pequeño para entrar en sus brazos sin problemas. Harry le miró a la cara con el ceño fruncido, Tom trató de verse normal pero sabía que su amigo adivinaría su estado de ánimo nada más con verlo. -Qué pasó? - No se ve molesto sino triste, desilusionado, como si estuviera decepcionado de que de nuevo él estuviera en ese estado.
Tom detesta esa mirada en Harry, porque sabe que su sensible amigo sufre cada vez que él lo hace. Le hace sentir culpable.
-No es nada, ya lo arreglaré.
Harry suspira, se ve que quiere discutir pero se detiene mordiéndose los labios.
-Bien, entonces ven acá, necesitas un abrazo marca Potter.
Tom deja que Harry vuelva a atraparlo en un abrazo y desea con todo su ser nunca tener que volver a separarse.
Sabe que su tía Becca ha dado alguna excusa para su madre porque en ningún momento llega a la mansión para saludar y nadie en casa le pregunta a Tom por ella, es incómodo y se siente mal por sus tíos, aunque Harry no lo deja pensar demasiado esos días, llevándolo con él a explorar y hablar con las serpientes que se encuentran en la propiedad. También juegan con su tío James al fútbol y Tom descubre que odia ese deporte, por lo que le dan el puesto de árbitro, rol que desempeña bastante bien y con justicia, para desgracia del tramposo de su tío.
Las tardes en la mansión Potter son cálidas, llenas de risas y visitas.
Tom vuelve a ver a los abuelos de Harry, el señor Harold se ve impresionado de verlo y acapara a Tom casi toda su visita, preguntando por la escuela y jugando al ajedrez. La abuela de Harry le da dulces como si se tratara de ingredientes ilegales de pociones y le peina el cabello con suavidad, burlándose de como peinar a Harry hace que sus dedos se enreden, mientras en el suyo discurren como la seda.
A pesar de la felicidad que les da verlos Tom no puede evitar sentirse culpable, siente y percibe la ausencia de su madre entre el grupo, antiguamente la idea le habría encantado, ser parte de los Potter y dejar su pasado atrás junto a todas las personas que formaban parte de él, pero ahora no podía pensar lo mismo, no después de descubrir lo bien que se sentía pertenecer a un lugar y ser amado.
Su madre nunca había tenido eso, quizá se sentía como Tom al principio: Defectuosa, indeseable, dañada, con el pensamiento de que no merecía ser amada.
Él no podía solo darle la espalda, aun cuando sus acciones le lastimaran. ¿Cuántas veces rechazó al señor Potter? ¿Cuántas veces peleó y rechazó a Harry? ¿Cuántas veces desconfió de su tía Lily? Ninguno de ellos se alejó, insistieron, le dieron más amor cuando él más se alejaba. Él podía hacer lo mismo por su madre. Si tan solo lo escuchara, si tan solo quisiera hablar con él.
Los días pasaron, las noches eran reconfortantes con Harry a su lado y cuando llegó el 21 de Marzo todos se prepararon para celebrar Ostara, esta vez solo eran ellos cuatro y Remus, reunidos en el patio alrededor de un altar con ofrendas para celebrar la llegada de la primavera y la fertilidad. Todos dedicaron un baile y una porción de su magia al ritual y por la noche se sentaron en la mesa con los abuelos de Harry para celebrar la Pascua. Fue hermoso y mágico, pero Tom no dejó de extrañar la presencia de su madre y Harry constantemente hacía algo para animarlo, como chocar sus pies, sujetar su mano debajo de la mesa o hacer bromas. Tom valoró mucho tener un amigo como él.
Demasiado pronto, las vacaciones terminaron.
-Sabes que no tengo problema con que me cuentes tus problemas. - Harry volvió a recordárselo mientras ambos esperaban en el cuarto de su amigo a que su tía Becca llegara por él.
Harry se había contenido mucho.
-Ya sé, pero tengo a Mark para eso, no quiero que te preocupes por cosas que puedo solucionar.
Su amigo solo suspiró.
-¿Estás contándole a Mark?
-Sí.
-Tom Riddle no me mientas. - Tom no pudo evitar reír al ver como el cabello negro de Harry se erizaba con su enojo y como su rostro se arrugaba como el de un viejito.
-Bien, no le he contado, pero es porque puedo arreglarlo yo mismo.
-Tom, sé que eres muy listo y que eres perfectamente capaz de muchas cosas. Pero Mark es tu terapeuta, te ayuda a solucionar los problemas y si te sientes mal por qué no le contarías?
Ahora se sentía como un tonto con Harry regañandole. Un niño de once años por Merlín.
-Lo sé. ¿Podemos ya no hablar de esto? ¿Por favor?
Harry lucía como si quisiera echarse a llorar.
-Bueno, perdón. Creo que estoy comportandome como un idiota ultimamente, no?
Tom sonrió. - Claro que no, eres un idiota a tiempo completo. Ya me acostumbré.
Su amigo le miró ofendido pero se echó a reír.
-Tonto.
-Vas a extrañar que me burle de ti, Potter.
Harry hizo un puchero.
-Siempre te estoy extrañando. Más te vale que me compres un regalo de cumpleaños decente para cuando vuelva a verte.
Tom hizo una señal militar.
Llegar a casa se sintió extraño, como si ese lugar ya no fuese su hogar. Solo en una semana se había sentido como si de nuevo viviera con los Potter, como si nunca hubiera dejado la mansión.
Su tía le dejó después de un rato de acompañarlo a cenar.
Su madre salió de su habitación apenas su tía se marchó, dandole un susto.
-¡Mamá! Pensé que estabas en el trabajo.
Su madre solo negó y caminó hasta que se dejó caer en el mueble, Tom decidió permanecer sentado en uno de los banquillos de la cocina hasta que el ambiente cargado de la casa le indicara que era seguro acercarse.
-¿Te divertiste con tus tíos?
Oh Merlín, él en serio no quería discutir.
-Sí.
-Que bueno, bien. - Su madre bajó la mirada a sus manos que atacaban nerviosamente un hilo descosido de un cojín del mueble. No dijo nada después de eso y Tom no estaba seguro de qué debía hacer, disculparse de nuevo quizá? - Yo solo quería decirte que lo siento. - Su madre seguía sin verlo, pero Tom podía ver como sus labios temblaban, como los apretaba y volvía a relajarlos, comenzaba a darle nervios. - Sé que te traté mal y he hablado con Becca hasta el cansancio sobre ello y he entendido que simplemente te he estado haciendo daño con mi comportamiento.
Tom sentía la boca seca.
-No es verdad que estaba ocupada antes, yo no quise escribirte cuando volviste a la escuela porque no sabía qué decir. Me sentí como una idiota porque mi propio hijo me había regañado y también estaba molesta porque creí que tú amabas más a tus tíos que a mi, que sé que no es así! - Su madre se corrigió muy rápido, levantando la voz. - La verdad es que estaba tan enojada que no escribí y luego simplemente no supe qué decir para arreglar las cosas.
Tom sentía como su pecho se expandía dolorosamente, era como si el aire se rehusase a entrar a sus pulmones, como algo presionando su torso justo en el medio, cerca de su corazón.
-Y cuando llegaste sentí pánico de que dijeras que querías ir a verlos porque.. Porque siento que son mejores que yo - Su madre seguía sin mirarlo, concentrada como estaba en atacar la costura del cojín, pero Tom tenía acceso a la expresión de su rostro. - Y cuando dijiste que querías hablar conmigo no supe qué hacer, no quería volver a pelear contigo, así que solo fingí que no sabía de lo que hablabas y me fuí. - Su madre tragó grueso. - Sé que no estuvo bien, pero no sabía qué hacer.
Su madre finalmente lo miró. Sus ojos mostraban un surco de lágrimas colgando y a punto de derramarse.
-Todo lo que he hecho hasta ahora, mi comportamiento con tus tíos y Harry es solo porque tengo miedo, tengo miedo de que me odies y te vayas. - Tom se desilusionó al escucharlo, ya cansado de oir lo mismo una y otra vez, pero no lo dijo, no quería interrumpir. - Y sé que me has dicho que no es así, pero no puedo evitar pensar de ese modo, es como cuando le tienes tanto miedo a algo que solo.. Pierde toda explicación. - Tom podía entenderlo. - Perdoname. No pensé que te estaba lastimando hasta que me lo dijiste ese día y luego estaba tan avergonzada, tan decepcionada y molesta de que rompí la promesa que te hice, que ni siquiera pude hablarte.
Tom no sabe qué decir, no esperaba una disculpa, no esperaba una explicación. Pensó que de nuevo tendría que ser él el que tomara la iniciativa, pero aquello alivió su corazón inquieto.
-Está bien- Tom tartamudea un poco, pero se recupera rápidamente. - Gracias por contarmelo. - De repente se siente como en una de las sesiones de Mark.
-Soy una madre terrible.
Tom se siente mal al ver sus lagrimas caer, su madre se ve tan indefensa en el sillón, tan delgada, tan frágil, es como verse a él mismo y Tom no puede odiarla por tener emociones, él mismo no es perfecto y cuando llegó con los Potter estaba muy dañado.
Se levanta y se acerca hasta sentarse a su lado, arrancándole el pobre cojín de las manos.
-No eres terrible, mamá. Me alegra saber que lo sientes.
Su madre no parece creérselo, ni un poco.
-Tengo que decirte algo.- Su voz sonó tan baja que Tom tuvo que inclinarse. - No he ido a las sesiones con Mark desde hace un tiempo.
Bueno, a Tom no le sorprendía del todo. Su madre había mostrado un gran avance luego de verlo y luego una recaída, eso podría explicarlo.
-Por qué dejaste de ir? - Él no menciona que es un acuerdo importante a cumplir para su relación.
-Porque es horrible, es horrible hablar de mi vida con él y porque.. Tengo miedo de nunca mejorar y que él se lo diga a tus tíos y me alejen de ti.
Tom se queda helado. Nunca lo vió o pensó de esa manera.
-Mis tíos nunca harían eso y yo tampoco.
Su madre sorbió su nariz y sollozó.
-Pero si ya estás harto de mi, no hago más que molestarte.
Sus hombros se estremecen mientras llora y el sonido es tan triste, tan lastimero que levanta cada vello en su cuerpo, siente la piel caliente y el cuerpo incómodo.
-No estoy harto de ti, solo- Tom no sabe cómo decirlo, es cierto que está cansado pero sigue amándola, no quiere romperle el corazón. - Solo estoy algo cansado de que pienses que no te quiero, de que dudes de mí.
Su madre clavó sus ojos rojos e hinchados en él.
-No sé cómo hacerlo.
-Deberías volver con Mark. - Es solo un susurro, Tom espera no arruinar el avance que han tenido, pero sabe que no puede ayudarla estando tan lejos, ella necesita de Mark tanto como él.
Su madre se tensa un poco pero termina asintiendo.
-Lo sé.
Tom no sabe qué más decir, se muerde el interior de la mejilla debido a la ansiedad. De repente hay demasiado silencio entre ambos.
-Iré, solo que no con Mark.
Tom se siente desconectado por alguna razón, como bañado por agua helada, no puede entender del todo porque.
-Por qué no querrías ir con Mark? - Le duele un poco el pecho, Tom agradece mucho a Mark, el hombre es incluso un ser muy querido para él, aunque ya no forma parte de su vida tanto como antes. No puede entender porque ella no quería ir con él, le hace dudar y pensar un poco mal, acaso Mark tiene algo de malo?
-No me siento cómoda con él, siento que me juzga constantemente porque es tu terapeuta.
-Mark no juzga a nadie.
Su madre traga con esfuerzo y retira la mirada al lado contrario de la sala.
-Pero si no te sientes cómoda con él- Tom se obliga a hablar de nuevo. - Busca otro terapeuta, es importante llevar una buena relación y tener confianza, si no la tienes con Mark entonces cambialo.
Su madre se desinfla como un globo a su lado, finalmente relajándose por sus palabras.
-Solo busca uno, si?
Su madre asiente y Tom le acaricia la mano con suavidad. La mano de su madre está fría y sudada.
-Lo haré, gracias Tom.
Tom siente que sus labios se tuercen en una sonrisa pequeña pero cargada de sentimiento. Su propio cuerpo se despoja de la tensión acumulada y decide abrazar a su madre porque ambos lo necesitan y porque sabe lo duro que es ser sincero y disculparse. Por ello lo aprecia aun más.
Cuando ambos se van a dormir, Tom está bastante satisfecho y feliz de poder marcharse a la escuela habiendo solucionado el problema con su madre.
Y sin Mark. No puede evitar regodearse un poco.
Me alegra que hayas podido arreglar las cosas con tu madre, Tom.
Obviamente Tom le contó a Harry sobre la charla con su madre, necesitaba tranquilizar a su amigo. Harry había estado algo ansioso y demasiado preocupado por él en sus encuentros, Tom lo encontraba dulce y le gustaba tener un amigo al que de verdad le importase, pero tampoco quería mantener al pelinegro con el corazón en la boca todo el tiempo.
Sí, te dije que podía solucionarlo solo, conozco a mamá.
Es algo lenta para asumir las cosas.
Disculpa señor humildad. De acuerdo, puede que hayas tenido razón.
Debería enmarcar esta frase y colgarla en la pared.
Tonto. No es la primera vez que te hago un halago.
Acaso se te han subido los humos a la cabeza como al resto de tus compañeros de Slytherin?
Esa es una ofensa muy grave, Potter.
Demandame, Riddle.
Haré algo peor: cancelaré nuestra boda.
Ja! No te atreverías, estarías tan desdichado que terminarías como la novia loca del tío Sirius.
Tom no puede evitar reírse, aunque el pensamiento de terminar saliendo con alguien como el padrino de Harry le hace hacer una mueca de asco.
Merlín me salve de ese asqueroso final.
Piensalo dos veces Riddle, los Potter somos únicos.
Únicos e irritantes, eso te lo concedo.
Vas a dormir en la sala el resto de tu vida como sigas así.
Tendré mi propia casa para escapar de ti, definitivamente no estaré durmiendo en el suelo en el futuro.
Eso fue un golpe bajo.
Tom sonríe como un bobalicón ante las palabras de Harry, era lindo poder despreocuparse por las noches detrás de las cortinas de su cama y hablar con él. Finalmente tenía lo que quería, un año escolar sin problemas ni preocupaciones, si no incluía a los idiotas que le acosaban.
Algo diferente en su rutina diaria eran las cartas de su madre, no eran tan frecuentes, lo cual era un alivio. Pero el contenido de las cartas era tan extenso, pesado y preocupante que Tom había decidido leerlas en sus horas libres en completa soledad.
Su madre estaba viendo a una psicomaga en el callejón Diagon y en cada carta le contaba sobre sus sesiones, era algo bueno pero Tom estaba algo abrumado.
Su madre había comenzado a contarle sobre su vida en las cartas y Tom no tenía ni idea de qué hacer con la información. Era terrible, espeluznante y hacía ver su antigua vida como un cuento bobo de miedo para niños. Comenzó a entender muchas cosas y a ver a su madre de una manera que nunca había considerado.
Querido Tom,
¿Cómo va la escuela? Seguro que excelente, con lo listo que eres no tendrás ningún problema, te he extrañado en casa pero Becca y Leviatán son una compañía agradable cuando no están tratando de destrozar mi departamento.
Esta semana he ido con Rachelle y hemos hablado de nuevo de mi infancia, ha sido mucho y me ha dado la tarea de escribir todo lo que no quise decir. Hablamos sobre mi madre y cómo murió cuando yo tenía dos años, sobre como papá me culpó por su muerte y constantemente me golpeó y dejó sin comer desde entonces para ver si moría, gracias a tu tío Morfin logré sobrevivir, aunque te cueste creerlo tenía sus buenos momentos. Hablamos sobre la vida en la cabaña, sobre como mi padre me trataba, sobre sus castigos medievales que debes recordar muy bien. Recordé muchas cosas, la sensación en mi estómago cuando tenía tanta hambre que podía sentir como todo ardía en mis entrañas, el miedo, el frío que hacía, lo sola que me sentía, lo mucho que dolían sus castigos y sus palabras.. Me ha hecho entender y ver de dónde vienen mis miedos, Rachelle dice que es normal el como soy después de todo lo que he pasado y que será difícil superarlo, pero que tengo algo por lo cual seguir e intentarlo: Tú, tú eres mi única razón para seguir.
Te amo, cariño. Ten una buena semana.
Era una de las cartas más sutiles y suaves que había recibido. Cada carta le dejaba con un mal sabor de boca, con la bilis subiendo y bajando por su garganta y la sensación apremiante de ir al baño.
Odiaba leer las cartas, le repugnaba leer sobre ÉL cuando Tom era tan cuidadoso con no nombrar a ese monstruo, pero no podía decirle a su madre que no escribiera sobre él, Tom entendía que era su manera de sanar. Su madre quería que él estuviera seguro de que estaba recibiendo ayuda y quería compartir eso con él.
Era como estar en el asiento de Mark en su consultorio de San Mungo. Tom sintió una nueva oleada de admiración por el hombre, no era nada fácil el leer cada cosa que su madre escribía.
Una vez papá me arrojó a un patio con dos perros muertos de hambre para poder entrar a robar algo de comida. Morfin curó como pudo las heridas en mis piernas.
Cuando estaba en la escuela se burlaban de mí siempre, porque era muy fea. Siempre he sabido que no soy atractiva, pero ellos eran muy crueles.
Me dejaban atrapada en el baño de la escuela durante todo el fin de semana en Hogwarts, nadie nunca me buscó. Ni siquiera Morfin. Nunca pude defenderme, mi magia nunca me ha obedecido, es casi un milagro que lograra ir a Hogwarts.
Cuando papá hacía pociones ilegales me obligaba a mi a tomarlas para ver sus efectos. Aun tengo secuelas de ello.
Cuando papá tenía deudas con otros magos, que era todo el tiempo, me obligaba a ir y saldarlas como pudiera, hasta que esos hombres no estaban felices no podía regresar a casa.
Tom quería vomitar, era demasiado, cada carta, cada secreto o experiencia de su madre. Algunas cosas que mencionaba lo hacía con el poco tacto que podía reunir, pero Tom sabía muy bien que siendo una niña su madre solo podría hacer un trabajo para pagar deudas a hombres sangre pura. Le hizo sentir el cuerpo pesado y sucio, con una furia que no sabía cómo descargar, era mucho peor por el hecho de que convivia con los hijos de esas personas a diario, sin saber cual de sus padres habría tenido a su madre como premio para saldar deudas.
Era repugnante y Tom oscilaba entre llorar, escribirle a su madre para hablar al respecto o salir corriendo a Francia por un abrazo de Harry.
Al final no hizo nada, su madre nunca esperaba respuestas elaboradas de él, sólo escupía información como si estuviera desesperada por salir del peso que le provocaba.
Tom no podía evitar analizarla como si se tratase de un libro. Su madre había sufrido de abuso físico, verbal y mental desde su nacimiento, como él. Pero Tom siempre había encontrado formas para defenderse con su magia, había sido rechazado muchas veces y había pasado hambre, si. Pero no había recibido palizas por tartamudear, por no tener la comida lista a tiempo o simplemente por respirar. Como su madre le había mencionado en sus cartas.
No podía siquiera imaginarse vivir por más de dos décadas de esa manera. Habría matado a esos monstruos en la primera oportunidad.
Pero su madre estaba indefensa, su magia era débil y Tom no podía estar seguro si eso se debía a las constantes palizas o a las uniones estrictamente incestuosas que su familia mantuvo para conservar la sangre de Slytherin pura y el don de la lengua pársel vivo.
Aun con todo el horror de sus cartas, su madre terminaba cada una de ellas con palabras amorosas para él.
Eres mi razón para seguir.
Tú me das la fuerza para continuar.
Eres lo único hermoso y puro que tengo.
Le das sentido a mi vida.
Tom no podía evitar pensar en lo realmente mal que estaba su madre, nadie podía estar normal con una vida como esa a cuestas.
Definitivamente agradeció que fuera más abierta con su vida, así él podría saber sobre sus sentimientos y su relación mejoraría, era algo bueno, también incómodo y abrumador, pero bueno.
No le contó a Harry sobre las cartas ni lo que sabía sobre la vida de su madre, no era correcto confiarle algo que no era suyo, así que retiraba el anillo de su dedo antes de leer las cartas y lo colocaba después de calmarse.
El resto del año fue tranquilo, Tom aprendió a evitar a los chicos de su casa que le molestaban, aprendiendo finalmente el método del resto de los marginados de Slytherin para evitar ser molestados. No le agradaba demasiado verse como un cobarde que agachaba la cabeza, pero sus amigas estaban al borde, a punto de ir a protestar directo a la oficina del director de la escuela si seguían molestándolo y Tom prefería pasar desapercibido a ser aun más odiado porque sus protectoras e ingenuas amigas acusaran a los niños ricos de la escuela esperando que eso fuera suficiente para que le dejaran en paz. Cosa que Tom sabía que era improbable e imposible.
Definitivamente debía respirar profundamente para no volver a sus viejas costumbres en Wools y maldecir a todo el mundo.
También le fue bien con Mark, quién finalmente le dió de alta luego de una conversación en donde Tom fue muy claro sobre cómo las cosas con su madre habían mejorado y aclararle que iba con una psicomaga del Diagon.
Muy rápidamente el año llegaba a su fin, Tom pasaba el rato estudiando hasta el cansancio con Hermione, cuyos rizos desordenados parecían no haber visto un peine en días. Y el resto del tiempo huyendo de Hermione y su agenda de estudio de la muerte, como Susan se refería a su diario rojo de anotaciones.
La llegada del verano le entusiasmaba, su madre le había dejado en claro en sus cartas que tenía permiso para ir a Francia y que no tenía problema con que visitara a sus tíos, cosa que le alegró tanto que los pies de Tom hormigueaban de felicidad.
Las conversaciones incómodas siempre traían buenos resultados.
Bajar del tren de Hogwarts le generaba a Tom cierto malestar de añoranza que se disipaba tan pronto como miraba a su madre y Becca. Esta vez no fue la excepción, ambas mujeres agitaban sus manos con entusiasmo y grandes sonrisas y esa vez Tom no vió ninguna razón para no presentar a sus amigas, quienes fueron muy amables y se despidieron con abrazos apretados y la promesa de un increíble segundo año.
Tom las adoraba.
-Tus amigas son muy amables. - Su madre no dejaba de sonreír y le había dado un abrazo de oso al verlo bajar que Tom imitó. Había deseado por meses poder darle un abrazo como ese a su madre luego de leer las cartas.
-Son geniales, sabía que te iban a caer bien.
-Me agrada la chica Susan, Hermione parece algo chiflada. - Tom miró feo a su tía.
-Hermione solo es muy.. Apasionada.
Su tía se echó a reír.
-Es la manera más linda de decir que es un dolor en el culo.
-Becca! - Su madre la reprendió.
-Tú también lo eres y aun así te invitamos a cenar. - Tom decidió responder como mejor sabía.
Su madre y él se echaron a reír.
Su corazón se sentía lleno.
La burbuja de paz se rompió al llegar a casa. Dentro olía a humedad, a ropa sucia y mojada, la casa estaba oscura y lucía abandonada.
Tom se cubrió la nariz con la manga de su suéter Weasley.
-Por Merlín bendito! Qué pasó en este lugar?!
Su madre se sonrojó y bajó la mirada a sus manos, cuyos dedos no dejaban de retorcerse y atacarse entre ellos, rasgando con las uñas la piel que pudieran tomar.
-No pude limpiar.
-Mer! Parece que no has limpiado en meses! - Su tía Becca estaba horrorizada y sorprendida, con el rostro arrugado en una mueca de desagrado ante la visión y el olor del lugar.
-Estaba algo cansada. - El tono de voz de su madre es suave, apenado, no es capaz de mirar a ninguno de ellos y Tom siente que algo dentro de él se enciende como dinamita.
-Cansada?! Estuve viajando fuera del país por meses y trabajando al menos dieciséis horas al día y mi departamento no luce como una pocilga!
Tom mueve su mano para abrir las ventanas, las cortinas se mueven ante el viento de su magia y sacuden una tanda de polvo que es fácilmente visible. Vuelve a hacer otro gesto con la mano para echar fuera el olor desagradable y el polvo, que sale como una nube gris por la ventana. Su tía Becca se da una vuelta para verlo.
-En lugar de pelear ayudemos a limpiar, si?
Tom no quiere que su tía le grite a su madre por el desorden, simplemente no quiere que le grite nadie.
Ambos trabajan eficientemente en silencio y Tom trabaja en mantener su rostro neutro para no mostrar el desagrado que siente. En el suelo hay ropa sucia que huele muy mal, platos de comida sin lavar, incluso Tom ve cucarachas correr como locas cuando comienzan a limpiar.
En todo el proceso Tom trata de respirar por la boca y evitar tomar bocanadas de aire grandes, solo respira lo necesario para funcionar. El departamento luce como la guarida de un vagabundo.
-No puedo creerlo, esto luce peor que los bares de mala muerte del callejón. - Su tía Becca sigue con su discurso de reproche.
Tom no sabe hechizos para limpiar ropa y se debate entre quemar cada prenda o dársela a su tía para que haga algo.
-Ugh, dame eso Tom. Un hechizo de limpieza no será suficiente para dejar esto en buen estado. - Gracias a Merlín su tía interviene y le quita la ropa que eficientemente ordenó en un rincón del suelo.
Pasan al menos una hora ordenando todo, su tía Becca hechiza una escoba y un trapeador para limpiar el piso y Tom se encarga de desaparecer el polvo del lugar hasta que el departamento de nuevo es habitable y limpio. Tom agradece que su cuarto no se haya visto afectado por el desorden al haber estado cerrado por meses.
-De acuerdo, ahora vamos a comer la cena fuera y hacer compras, de acuerdo?
Su tía Becca toma el mando de la situación con facilidad y Tom las acompaña a pesar del cansancio y la sensación que se le ha quedado pegada en la piel al limpiar, trata de ignorar las ganas de meterse al baño y darse una ducha caliente y se conforma con un hechizo refrescante que su tía Becca le arroja.
Tom estaba preocupado.
Su madre era diferente a lo que esperaba, no podía evitar compararla a una rama seca y hueca que podría desmoronarse con la fuerza del viento. Se veía cansada, algo retraída y emocional, pero también era dulce, le acariciaba siempre el rostro, le preguntaba por cualquier cosa que quisiera saber sobre su vida e intereses. Era lindo, pero Tom podía ver a través de sus ojos algo que no estaba del todo bien.
Su madre no era la mujer más coqueta del mundo, sabía que su tía Becca le ayudaba a vestirse. Pero ahora su madre se veía aun más descuidada con su aspecto físico, había estado viviendo entre basura y ropa sucia por semanas o quizá más.
Era extraño, Tom se daba cuenta que su madre tenía problemas para dormir por sus ojeras y porque podía escucharla caminar por la noche en la sala.
Algo no estaba bien con ella. Su comportamiento le recuerda a la madre de la cabaña: callada, cabeza baja, sumisa, un zombie.
Tom se decide a hacerle compañía, hablar largo y tendido, salir de paseo e incluso acompañarla al trabajo.
El verano es bastante largo, así que puede quedarse un poco más en Gran Bretaña antes de partir, necesita averiguar qué está pasando con su madre y si está realmente bien.
Esa mañana se despertó temprano, se alistó e hizo el desayuno mientras su madre batallaba para arreglarse para el trabajo. Se aseguró de dejar todo limpio y listo antes de irse, iba a tener un ataque al corazón si volvía a ver una cucaracha en el piso de su departamento, Tom odiaba la suciedad y todo lo que estuviera relacionado con ello.
Ambos caminaron hacia allí ya que su madre no era buena con las apariciones y la tienda no contaba con red flú, fue algo lindo el caminar juntos así que no le molestó.
Al llegar su madre se comportó como una hada en el bosque, queriendo mostrarle cada rincón de la tienda. Tom no le dice que ya la conoce y finge que es la primera vez que está en el lugar. Su madre se ve feliz y cómoda, es un alivio escucharla hablar de algo que no sea él o su trágica vida pasada.
-Te mostraré el laboratorio- Se ve entusiasmada, casi saltando sobre sus pies mientras le empuja a entrar con una mano en la espalda a la parte trasera de la tienda.
Su compañero de trabajo, cuyo nombre Tom no recuerda, se interpone.
-Los niños no pueden pasar al laboratorio.
Su madre se sobresalta un poco por el tono alto del hombre.
Tom sonríe para demostrar que no le importa.
-Está bien, mamá. Puedo quedarme aquí o dar una vuelta por el callejón.
-Pero no deberías ir por allí solo.
-No me pasará nada, puedo defenderme solo sin problemas. Iré a la librería.
Su madre suspira pero asiente.
Tom sale de la tienda con una misión en mente, necesita investigar qué está pasando con su madre.
La salud mental en el ámbito mágico deja mucho que desear, los libros aun conservan tratamiento barbáricos que le hacen dudar de la inteligencia de los magos. Pero Tom no planea ser un experto, ni mucho menos dedicarse a ello. Él solo quiere saber si su madre puede estar cursando con alguna enfermedad, algo que la haga estar tan.. Apagada.
Tom pasa página tras página hasta que se da cuenta de que no conseguirá nada en un libro que considera que la mejor forma de curar la fobia al fuego es someter al mago al contacto con dragones.
Está algo aburrido de leer sobre psicología, por lo que saca su cuaderno de doble vía del bolsillo y decide probar algo de suerte.
Hey, hay alguien por ahí?
Estás de suerte, hoy es día de estar en casa descansando.
Decretado oficialmente por papá.
El tío James no tiene la resistencia de un niño de once años.
¿Qué estás haciendo?
Estaba a punto de morir de aburrimiento.
Podrías adelantar la tarea del verano.
Podría morir más rápido si hago la tarea ahora.
Eres un exagerado.
Y tú, un viejo prematuro, ¿quién hace la tarea los primeros días del verano?
Tom sintió sus orejas calentarse, él ya había terminado su tarea de pociones y transfiguración, sus materias favoritas hasta el momento.
No sé ni para qué pregunto, es obvio que ya debes haber terminado todo.
No es un crimen ser aplicado y solo he terminado la tarea de dos materias.
Es tan común viniendo de ti. Ya decidiste el destino de nuestro viaje?
Tom tenía el diario por el mes de Junio, se lo entregaría a Harry al llegar a Francia para que decidiera el siguiente lugar, además de ver su última selección.
Obviamente.
¿Cómo está todo en casa?
Todo bien, algo aburrido ya que mamá y la tía Becca deben seguir trabajando. Así que vine a la librería mientras ellas trabajan.
Estamos destinados al aburrimiento, al menos hasta que vengas.
¿Ya compraste mi regalo de cumpleaños?
Aun no, he estado pensando en qué es lo más acertado: un sapo o carbón?
Me hieres, Riddle. Cuán bajo puedes caer como para darme carbón en mi cumpleaños?
Tom sonrió al imaginarse a Harry arrugando la frente.
Solo tú creerías que te daría algo así de cumpleaños. Te enterarás cuando llegue.
Bien, debes ser un buen esposo conmigo o te irá mal, Riddle.
Tu comportamiento me hace dudar sobre si es lo mejor para mí amarrarme de esa manera a ti, quizá debería de correr lejos antes de que me condene la vida.
Lo lamentarás si lo haces.
Quién sabe?
Yo lo sé.
Tu opinión no es la más válida.
¡Eso me ofende muchísimo!
Como tu empático te aseguro que lo lamentarás mucho!
Tom pasó mucho rato bromeando con Harry y riéndose de sus bobas discusiones, fue lo más entretenido del día.
Cuando llegó la hora del almuerzo decidió volver a la tienda.
-Solo atrasa el trabajo! No es capaz de hacer la poción más sencilla sin estropearla! Solo provoca pérdidas de material y yo siempre tengo que rehacer lo que ella echa a perder, estaría mejor estando solo, solo estorba!
Tom llega en el peor momento, la tienda está sola a excepción de él, los empleados y Snape. El mejor amigo de su tía, maestro de Hogwarts y socio de la tienda está parado frente a su madre, que retuerce las manos en su camisa al punto en que teme que la rompa.
Su compañero grita, quejándose de ella y Tom siente la necesidad de arrojarlo volando al otro lado de la tienda, pero también siente algo de vergüenza ya que sabe que su trabajo se lo debe a su tía Lily y no a sus capacidades.
-Me disculpo, señor. He trabajado muy duro para mejorar. - La voz de su madre es suave y suena avergonzada.
Su compañero bufa mientras se cruza de brazos.
-Esto es inaguantable, Snape. Ella solo nos da pérdidas, ni siquiera su salario paga todo lo que perdemos al mes por sus errores.
El cuerpo de su madre se inmoviliza y sus ojos se clavan en el suelo con desesperación. Tom desea sacarla de allí, le da demasiada pena con ella.
-Hablaré con mi socia al respecto, mientras tanto Merope continuará trabajando bajo mi supervisión. - La voz pausada y aburrida de Snape es como una poción calmante para él.
-¡Es una locura que siga trabajando aquí!
-Tú no decides quién puede o no trabajar en mi tienda, si no te gusta puedes irte. - El tono borde y agrio de Snape es igual de intimidante que en Hogwarts.
La cara del compañero de su madre se enrojece, las venas de su frente se dilatan y sus puños se aprietan tan fuerte que toda la sangre se va dejandoles un aspecto pálido. Se da la vuelta bruscamente y desaparece en el laboratorio sin decir nada más. Su madre sigue de pie, sin hablar y pálida.
-Merope, te daré una semana para que mejores las pociones más sencillas de elaborar, si no eres capaz de hacer eso tendré que prescindir de tus servicios. ¿Entiendes?
-Si, señor.
-Bien, te daré una copia de mi libro de pociones para que estudies.
Tom se siente incómodo de estar escuchando a escondidas.
-En cuanto a usted, señor Riddle- Snape le mira por encima del hombro- Escuchar a escondidas es de mala educación.
-Lo sé, lo siento, señor.
Snape solo le miró con su eterna expresión de desagrado y entró al laboratorio detrás de su empleado.
Su madre suspiró y dejó salir toda la tensión acumulada.
-No debiste ver eso, perdoname Tom.
-No hiciste nada por lo que debas disculparte.
-Debería ser mejor en mi trabajo, es lo que nos ayuda a sobrevivir y ni siquiera en esto soy buena.
Tom había aprendido con las cartas que su madre tendía a menospreciarse demasiado.
-Eso no importa, yo te ayudaré a mejorar. Soy el mejor estudiante de pociones de primer a tercer año en Hogwarts. - Tom se jactó con jovialidad para subirle el ánimo.
-Hacemos pociones mucho más complicadas que las que conoces.
-Snape dijo que debías aprender a preparar las básicas, no es problema para mi. Además tenemos el manual de preparación.
Su madre aun se veía algo triste, pero no rechazó su oferta.
-Ya es tu hora de almuerzo, no?
Su madre asintió.
-Bien, vamos a comer algo.
Tom sonrió y tiró de su brazo con cuidado para guiarla afuera, fue muy discreto en ignorar los ojos húmedos de su madre mientras salían.
Tom comenzó con sus lecciones de inmediato, las pociones que Snape le pedía a su madre eran sencillas, tanto que incluso un idiota como Crabbe podría hacerlas. Le sorprendió el que Snape no ordenara a su otro empleado que las hiciera o incluso él mismo, era cierto que eran aburridas y sosas de preparar por su escaso nivel de dificultad, pero era la clase de trabajo por la que Tom no pagaría a otro por hacer.
No se lo dijo a su madre, por supuesto.
Las instrucciones del libro eran tan detalladas e incluso ilustradas que lucía como un libro de pociones para niños más que un manual de trabajo.
Y aun así, su madre constantemente olvidaba algo que acababa de leer, agregaba un ingrediente antes de tiempo, cortaba los ingredientes con torpeza - Incluso cortó su dedo índice tres veces-, y confundió los nombres de dos materiales completamente diferentes.
La paciencia de Tom estaba por estallar. Su madre era la peor bruja que había conocido en la preparación de pociones y Tom había gozado de primera mano las lamentables habilidades de Neville Longbottom.
Snape incluso le había concedido a su madre salir más temprano de la tienda para estudiar, Tom no se perdía su mirada hastiada sobre su madre cada que volvía luego de su incursión en la biblioteca para regresar juntos a casa y aunque aquello solo alimentaba su deseo de arrojarle un hechizo punzante, Tom respiraba profundo y agradecía la amistad entre el amargado hombre y su tía, de otro modo su madre ya estaría en la calle sin empleo.
El olor a quemado lo sacó de sus preocupados pensamientos mientras su madre chillaba desesperada aleteando con sus manos para espantar el humo que salía del caldero. Tom suspiró y se contuvo para no rodar los ojos de pura frustración, agitó su mano izquierda para apagar el fuego y desaparecer el contenido del caldero.
Gracias a Merlín el edificio tenía un tejado en donde podían preparar pociones al aire libre o su departamento ya se habría incendiado.
Su madre lo miró con los ojos cargados de lágrimas, rojos y con el cabello esponjado y pegado a la cara por el vapor de las pociones.
-Lo siento, no sé qué hice mal.
Era la tercera vez que preparaba la poción alisadora, una poción de tres ingredientes, una poción tan sencilla que lo único que debía hacer era agregar los ingredientes en el orden y momento preciso y recordar los movimientos para mezclar, luego apagar el fuego al comenzar a espesar y continuar removiendo hasta obtener una pasta de color rojiza. Era tan sencillo que sintió ganas de gritar. Pero Tom sabía muy bien que su frustración y molestia era alimentada por su exigencia académica y sus conocimientos, en su mayor parte, al menos.
No podía decirle a su madre que era un desastre, aunque lo pensase.
-No apagaste el caldero. De nuevo.
Su madre apartó bruscamente todo el cabello pegado a su rostro con ambas manos mientras se quejaba en voz alta.
-No lograré aprender todo esto, soy un desastre.
-No lo eres, solo te cuesta un poco recordar los pasos, solo debes verificar cada uno antes de hacer algo. - Fue la primera sugerencia que le dió al verla fallar haciendo una poción de antídoto para venenos comunes hacía dos días, una poción más complicada que la alisadora porque contaba con nueve ingredientes que su madre no podía memorizar, ni recordar, ni distinguir incluso cuando Tom los había ordenado en la mesa para ella.
Gracias a Merlín la tienda vendía bezoares.
-Ya habías dicho eso antes y no funcionó.
Bueno, al menos podía recordar sus palabras.
-Por qué no nos tomamos un descanso?
Tom estaba agotado mentalmente, ya no sabía qué hacer, no pensó que su madre fuese tan horrible en su trabajo, pensó que solo era mala suerte de principiante pero era más que eso. Su madre olvidaba con facilidad líneas que acababa de leer, se distraía con frecuencia y su coordinación manual era nula, sus manos temblaban muchísimo al manipular el cuchillo para cortar trozos simétricos de algún ingrediente. Era la receta del caos y pesadilla de un pocionista en carne y hueso, pero más allá de eso, no era normal, era como si su cerebro no funcionase bien y eso le hizo sentir lástima, tristeza. Sabía que su madre había sido torturada con la maldición cruciatus desde niña y conocía perfectamente las secuelas que la maldición podía provocar, simplemente las había ignorado en el pasado, demasiado ocupado con sus propios intereses pero ahora podía verlo en los dedos algo torcidos y temblorosos de su madre, en su piel siempre grisácea y opaca, en la manera en cómo su memoria y concentración fallaba a cada instante.
No podía perder la paciencia con su madre, ni ser odioso o cruel. Su tía Lily le había dado ese trabajo para ayudarles y estaba muy seguro que esa era la única razón por la cual Snape no la despedía.
Tom sentía que su rostro iba a estallar de vergüenza.
Solo tenía cuatro días restantes para que su madre hiciera a la perfección las veinticinco pociones del catálogo y Tom estaba perfectamente consciente de que nunca lo lograría.
Los días se esfumaron como el vapor y su madre había logrado memorizar cinco pociones casi a la perfección y la ejecución no estaba tan mal. Pero no era suficiente.
Su tía Becca y él la vieron marchar al trabajo con la cabeza gacha y aspecto decaído, su madre se rehusó a ser acompañada y Tom definitivamente no quería estar presente para la paliza verbal que Snape le daría, suficiente tendría con arreglar el desastre emocional que acarrearía en su madre.
En cambio, su tía Becca y él salieron pocos minutos después con una misión en mente: conseguir un nuevo trabajo para su madre. Su tía conocía a los dueños de dos tabernas que podrían aceptar a su madre como mesera, no era el mejor trabajo pero era algo que podría hacer sin problemas, aunque Tom no estaba tan seguro al ver la escasa coordinación de su madre para cortar un pedazo de jengibre.
Solo así pudo pasar las insoportables horas de espera con algo de calma, centrado en buscar una solución que subiera el ánimo de su madre.
El callejón Diagon era mucho más amable en las ofertas de trabajo que el Knockturn. Los sueldos eran mejores y no pedían cosas como tener buena presencia física y ser joven, Tom no era ningun estúpido como para no notar que la mayoría de los trabajos mejor pagados en el Knockturn se debían a la prostitución. Tom no pudo evitar mirar ácidamente al hombre de la taberna de La Bruja Tuerta, un viejo con la ropa sucia, mohosa y tan pestilente que su estómago amenazó con vaciarse; cuando le ofreció a su tía Becca el trabajo.
Tom estuvo muy cerca de arrojarle un hechizo punzante.
Luego de eso su tía lo arrastró al Diagon.
Tras dos horas de buscar y preguntar, consiguieron dos ofertas bastante buenas. Una como camarera en la taberna de Tom y otra como cuidadora en la tienda de animales mágicos, habían convencido al dueño al hablarle sobre la habilidad de su madre de hablar pársel, ya que había muchos reptiles huraños y agresivos en la tienda.
Tom estaba orgulloso del trabajo que su tía y él habían hecho.
Ambos llegaron por aparición al departamento minutos antes, fingiendo que habían esperado tranquilamente por horas en la sala. Su madre tenía pinta de estar agotada de revolver, cortar y preparar pociones, el olor a vapor llegó a su nariz aun cuando estaba a unos dos metros de distancia de su madre.
Tom no quiso hablar, esperaba que una represa se quebrara, el llanto, las palabras de autodesprecio de su madre y una noche de palabras de consuelo y comida a domicilio.
-Y entonces? ¿Cómo te fue? - Su tía no tenía problemas con acelerar lo inevitable.
Su madre sonrió ampliamente y le dirigió una mirada de ojos brillantes, su rostro ceniciento y grasoso se transformó en una pintura de amor profundo y agradecimiento que le dejó sorprendido.
-Aun tengo mi trabajo!
Su tía se quedó tan callada como él.
-¡Eso es genial!- Tom reaccionó unos segundos después.
Su madre se echó a reír y corrió a abrazarlo tan fuerte que todo el aliento contenido salió de golpe.
-Todo es gracias a ti! Mi hijo brillante, mi hijo el mejor pocionista de Hogwarts!
Tom se echó a reír mientras su madre lo mecía de un lado a otro en el abrazo. Aun no entendía cómo, pero era un alivio no estar secando lágrimas.
-Todo vino a mi mente apenas comencé a preparar, no dormí en toda la noche memorizando cada poción, cada paso.. Estoy agotada, pero solo arruiné tres pociones y no fue enteramente mi culpa, el idiota de mi compañero de trabajo comenzó a decir cosas para distraerme, asi que Snape le regañó duramente.
Tom no lo podía creer. Snape defendiendo a otro ser humano? Su madre ejecutando veintidós pociones a la perfección? Era un milagro.
-Felicidades, Mer! Esto amerita una celebración, ¿no les parece? Los invito a cenar a un restaurante muggle pijo.
Su madre por primera vez desvió su mirada a su abandonada tía Becca.
-No diré que no a la comida gratis. - Su madre parecía haber sido tragada por un remolino de entusiasmo y felicidad, incluso con su aspecto físico desgarbado había algo en ella que brillaba de jovialidad.
Lo que lograba el buen humor.
-Vayan a cambiarse entonces.
Tom no se perdió el guiño de su tía Becca, ni su expresión de alivio que definitivamente él compartía.
Desastre evitado.
Sin duda se merecía una cena costosa y un paseo después de tanto estrés.
Para Tom las siguientes dos semanas se resumen en darle clases a su madre sobre preparación de pociones, que sigue siendo complicado y frustrante. Tom se ve continuamente obligado a apartar a su madre para evitar que arruine pociones estúpidamente sencillas. Esto deja sus armarios repletos de Skele Gru, poción pimentónica, poción calmante, poción crece pelo, que su madre comienza a usar, y muchas más. Tom se consuela con el pensamiento de que todas las pociones son necesarias y es bueno tenerlas en casa, sobre todo la poción calmante a la que Tom ha pensado en recurrir algunos días.
Nada es terrible, realmente ha tenido cosas mucho peores para comparar. Pero Tom debe corregir a su madre cada que hace mal una poción, cada que olvida algo para el trabajo, cada que deja algo tirado en el piso que dispara las alarmas de pánico a las sucias cucarachas que Tom odia. También están los días de terapia, los miércoles y viernes se han convertido en días estresantes, extenuantes, cansinos. Su madre siempre llega con los ojos inflamados con bolsas negras y llenas debajo de ellos, luciendo tan desdichada como un desfile fúnebre. Ella no pide demasiado, solo abrazos y mimos en el cabello, mientras le cuenta a Tom lo horrible que ha sido su vida, lo particularmente doloroso que ha sido esa sesión y como Rebecca cada día indaga más profundo.
Tom está harto de las historias de terror de su madre, de escucharla hablar de cómo la mutilaron, quemaron, golpearon, mataron de hambre. La culpa que siente por ello es tanta que no puede mirar los ojos de su madre cuando el deseo de saltar del mueble y huir a su habitación crece como una tormenta en su interior. Pero él no dice nada, solo son ella y él, con la tía Becca de nuevo ausente por el trabajo Tom es lo único que se interpone entre la soledad y la tristeza profunda de su madre.
Ella solo necesita del consuelo, de su presencia, porque constantemente lo repite cuando Tom pregunta qué necesita.
-Solo te necesito aquí, tu compañía es más que suficiente para ayudarme. Mientras estés aquí estaré bien.
Así que Tom se queda, cultiva su paciencia día con día y ve como los números en el calendario van pasando, el mes de Julio comienza y las preguntas de Harry no se hacen esperar.
-¿Cuándo vendrás?
Su amigo se ve desilusionado al otro lado del espejo, Tom casi puede sentir sus ansias por rodearlo con sus brazos y apretarlo como a un ratón. Sabe que cada día en casa es un día menos con Harry y eso le rompe el corazón, le hace sentirse dividido.
-Aun no lo sé, pero estaré allí para tu cumpleaños.
Ve como Harry hace una mueca, no está contento pero no lo dice, Tom no necesita ver su anillo para saber que está preocupado.
-¿Está todo bien allá?
Tom sonríe para tranquilizarlo y porque realmente las cosas están bien, su madre no ha dejado de ser dulce y amable, le lleva a pasear después del trabajo y a comer helado, siempre le recompensa por los días largos en el trabajo en donde debe esperarla en la biblioteca por horas. Tom no se queja, los libros le encantan y le permiten relajarse del mundo exterior. También le ayudan a encontrar respuestas, los libros de psicología muggle son sus nuevos amigos, allí encontró finalmente el término para definir la actitud extraña de su madre.
Depresión. Un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por una tristeza persistente y pérdida de interés en actividades habituales. Un breve resumen de lo que había podido leer en los libros de la biblioteca.
Al inicio fue aterrador leer sobre ello, pero al entender la teoría fue fácil de asimilar, con la vida de su madre era algo esperable. Así que Tom se dedicó a aprender cómo ayudarla. Cosas como mantener la casa limpia y organizada, el hacerla comer, ayudarle a mantener un horario estable, salir a dar paseos y recibir la escasa luz del sol y la brisa fresca, pasar tiempo juntos y darle lo que quería, principalmente abrazos y tiempo de calidad. No era nada en especial, le gustaba pasar tiempo con ella, sentirse útil, verla feliz y sentir que la conexión entre ambos se reconstruye poco a poco.
-Todo está bien Harry, en serio. Solo estoy pasando tiempo con mamá, nos hacía falta después de discutir tanto tiempo.
Harry asiente y Tom no sabe como decirle todo lo que ha descubierto, mucho menos sabiendo que entre su madre y Harry hay un puente roto que le dijo a su amigo que no se preocupara en reparar y no espera a que Harry lo haga tampoco, pero le da algo de vergüenza hablar sobre las cosas de su madre, son tan personales, tan horribles que volaría la cabeza de su amigo con preocupaciones.
-Bien, solo dime cuando vendrás, si? Así podré organizar tu fiesta de bienvenida.
-¿No tenías los globos colgados desde el primer día de vacaciones? - Tom se hace el ofendido.
Harry se echa a reír.
-Te daré globos cuando dejes de hacerme esperar. - Harry lo dice en broma, su rostro redondo y aniñado se ve dulce. Su rostro ha cambiado mucho desde que se conocieron, sus mejillas ya no son tan gordas, su nariz se ha afinado al igual que su rostro redondo, que ahora se afina en la barbilla como la tía Lily. Su cabello sigue siendo un desastre pero se ve diferente, más claro y con reflejos pelirrojos, quizá por la luz y el sol de Francia, tan escaso en Inglaterra. Lo único que sigue igual son sus ojos: verdes, impresionantes, profundos, intensos, Tom encuentra calma en ellos, la seguridad de que al menos algunas cosas nunca cambian, de que siempre podrá encontrar el amor que transmiten solo con verlos.
No encuentra reproches en sus palabras y eso es un alivio.
-No quisiera opacarte estando tu cumpleaños tan cerca.
Harry niega con la cabeza.
-No me importaría si eres tú, tonto. Solo quiero verte, pero si quieres pasar más tiempo con tu madre está bien, solo dime si necesitas hablar, si?
Siempre tan comprensivo, siempre tan razonable.
-De acuerdo, ahora. ¿Qué quieres hacer para tu cumpleaños?
Tom se entretiene esa tarde en la biblioteca escuchando los planes disparatados de Harry para su cumpleaños, tantos que Tom duda que dispongan del tiempo suficiente pero él no se queja y se acomoda en su asiento, feliz de ver y escuchar a su amigo bromear y hacer planes para ambos.
Para cuando el mes de Julio llega a la mitad su tía Becca aparece como una hada madrina de cuento de hadas, Tom se alegra de verla porque eso significa que su carga de tareas disminuirá y podrá irse con sus tíos sin sentir culpa o miedo de dejar a su madre y su frágil estado mental sola en el departamento.
No pide permiso de inmediato, no quiere parecer desesperado aunque lo está un poco, no quiere llegar a Francia con solo días para la llegada del cumpleaños de Harry, quiere unas vacaciones largas y tranquilas, no sabe cómo pedirle a su madre permiso, no quiere una explosión, han tenido tantos avances, principalmente a costa de hablar lo menos posible de sus tíos y Harry, su madre lo pidió como favor, era como el tabú de Tom con ÉL y aunque dolía, Tom obedecía. Pero su madre nunca se mostró molesta cuando le escuchó o entró a su habitación mientras hablaba con Harry o sus tíos por el espejo, Tom estaba esperando al momento en el que sus inseguridades fueran menos para introducir el tema de nuevo. Pero no iba a forzar las cosas.
Los tres se dedican a pasear, Tom recibe regalos de su tía Becca de sus viajes y escucha historias disparatadas sobre cómo conoció a un tipo muggle Persa que le propuso matrimonio y como solo extrañaba al gato sin pelo del hombre. Fue aun más entretenido por las mejillas rojas de su madre y sus intentos por frenar las palabras disparateras de Becca.
-Becca! Tom solo tiene doce años!
-Y qué? Hay algunas cosas que ya debe saber, a esta edad yo sabía muchas de estas cosas. - Tom presentía lo que se venía y se tensó de incomodidad en el mueble. Su tía le apuntó con un dedo y dijo: - Si una chica dice que no, es no. Tendrás edad suficiente para citas a los dieciséis y ni se te ocurra tener relaciones sin..
-Becca! - Su madre chilló espantada, tratando de taparle las orejas con las manos.
Su tía, tirada en el suelo y ebria gracias a un licor traído de Merlín sabía dónde, se echó a reír.
Tom quiso reir, pero también había un dejo de vergüenza, no era la misma sensación traviesa que experimentó cuando le confesó a Mark su conocimiento sobre el sexo. Era imposible no saberlo viviendo en un orfanato con paredes tan delgadas como el papel. Los chicos mayores solían experimentar y más de una vez Tom había escuchado rumores de chicas y chicos mayores de trece que se prostituían por comida y ropa, porque nadie quería adoptar adolescentes problemáticos y demasiado dañados. En general, Tom no pensaba en el sexo como algo divertido y placentero, como Becca lo hacía sonar, sino como una situación que exponía la debilidad, la necesidad, la crueldad de las personas. Pero como todo, no podía ser tan malo u horroroso, aunque él no estaba nada entusiasmado por explorarlas.
-No te preocupes mamá, ese tema está cubierto.
Su madre solo le vió con lástima, incluso Becca dejó de reír.
-¡De acuerdo! Entonces Tommy.. ¿Entusiasmado por ir a Francia?
Su tía arrojó otro tema, aun más puntiagudo que el anterior y Tom no supo qué hacer por unos segundos.
-Umm, sí.
-Podrías irte ahora, yo me encargaré de hacerle compañía a tu madre, quizá podría conseguirle un guapo novio muggle. - Becca movió sus cejas sugestivamente, dándole una palmada juguetona a su madre en la pantorrilla.
Su madre se estremeció.
-No quiero novios.
-Aburrida.
Tom pensó que su madre se contuvo para no responder algo grosero a Becca, solo por él.
-El cumpleaños de Harry está cerca, ¿no? ¿Ya le compraste un regalo?
Becca era como una radio descompuesta, cambiando el tono y sintonía en segundos. Tom agradecía hablar del tema pero al mismo tiempo le ponía nervioso, más aun por el silencio de su madre.
-Sí.
-Bien! Entonces deberías ir, no querrás perderte su cumpleaños, ¿no?
Tom miró a su madre, quien parecía sorprendida por como Becca manejaba la conversación, incluso borracha. Sus ojos se desviaron para verlo y con resignación Tom la vió asentir, casi como si alguien empujara su cabeza para obligarla a moverse.
Dos días después estaba tomando un traslador a Francia. Solo.
Tom no esperó viajar con su madre, no imaginaba como podría ser posible cuando su madre estaba trabajando su confianza hacia sus tíos y el rechazo que sentía hacia ellos por el miedo a perderlo. Aun así se sintió mal de viajar solo.
Pero una vez que atravesó las paredes de la oficina de trasladores en Francia y vió a sus tíos con pancartas con su nombre y a Harry, todo su malestar se esfumó.
Las cosas mejorarían, este era el proceso de su madre y Tom debía respetarlo, como Harry respetó el suyo, como Harry entendió que había temas que Tom no estaba preparado para contar, quizá nunca.
El verano desvaneció sus preocupaciones, casi por completo. Harry lo mantenía ocupado con expediciones en el jardín, nadando en la piscina, encerrados en la biblioteca aprendiendo sobre el nuevo proyecto de Harry del verano: las mantícoras; Tom adoraba ver sus ojos brillar emocionados y escucharlo leer en voz alta con un libro abierto entre las manos.
-Mira esto Tom. La piel de la mantícora repele casi todos los encantamientos conocidos y la picadura de su aguijón causa una muerte instantánea.
-Suena como algo con lo que no quiero toparme.
Harry le sonrió.
-Te imaginas cómo habrá sido toparse con una? Newt tuvo mucha suerte de no morir mientras investigaba sobre esta especie.
Un temor recurrente de Tom era la imprudencia que el ídolo de Harry compartía con él. El pelinegro era tan intrépido que se arrojaría a un acantilado antes de pensar en la caída libre y mortal que le esperaba.
-Prefiero no cazar criaturas que pueden asesinarme en segundos.
Harry asintió. -Pero aun así.. ¡Es increíble!
Tom lo dudaba, la descripción más adecuada sería: perturbador y peligroso. La fotografía del libro mostraba una criatura con tenazas de cangrejo como patas, el torso de un león con pelaje rojizo y aquella cola de insecto gigante que dejaba ver tres aguijones en la punta, lo más escalofriante era el rostro humanoide que portaba. Era como ver las invenciones extravagantes de un niño muggle jugando con animales de plástico desarmables.
-Y puede llegar a tener el tamaño de un dragón!
Que Merlín lo ayudara a sobrevivir a sus futuras excursiones con Harry o terminaría siendo comida de alguna bestia mágica de clasificación altamente mortífera.
-¿No estarás pensando en perseguir una de esas, verdad?
Harry le miró traviesamente.
-Quizá algún día, cuando trabaje como ayudante de Newt, es evidente que tú me sedarías para llevarme al otro lado del mundo, lejos de esa cosa.
Era algo que perfectamente él haría, sin duda.
-Pero esto me ha dado una idea. Mi proyecto de investigación de verano será Grecia.
Por supuesto, la tierra de origen de las bestias.
Aunque Tom lo encuentra arriesgado y peligroso no puede evitar emocionarse, le gusta mucho la idea de conocer las atracciones históricas.
También le encanta oír a Harry hablar sobre otras criaturas mágicas de Grecia mientras se apresura para hacer su parte del diario, ya que Tom no pudo entregarlo antes y Harry se negó a recibirlo vía lechuza cuando Tom perfectamente podía dárselo personalmente. Ambos se entretienen copiando mapas, pegando imágenes e investigando sobre las zonas mágicas y no mágicas de la isla, además de las criaturas que podrán ver. Tom elige una hidra, aunque es muy improbable que vean una. Harry a las esfinges. Tom a las arpías. Harry elige una criatura inofensiva en comparación a las demás cuando señala a los ceto. Luego Tom toma a las veelas y así continúan, agregando criaturas tan peligrosas que ni el mismísimo Harry se arriesgaría a buscarlas, pero es entretenido medir el nivel de espanto y miedo que cada uno siente con las opciones cada vez más horrorosas.
Ambos están de acuerdo con que el lado muggle es más seguro de recorrer.
El cumpleaños de Harry arrasa como una estampida de centauros y el resto del verano se esfuma de prisa, tanto que comienza a llenar a Tom de ansiedad por la pronta separación. Pero los días están repletos de comidas familiares, viajes a la playa, parques, museos que no vió en navidad, obras de teatro, paseos a centros comerciales muggle, ropa nueva para él y Harry, deportes extremos y estúpidos en el jardín, y nuevas pociones para aprender con la tía Lily.
Y las cartas de su madre.
Cartas que Harry ve como si tuvieran un maleficio cuando cree que Tom no está al pendiente, aunque controla muy bien la expresión de su rostro sabe que no puede ocultar sus emociones de Harry.
Tom no dice nada, porque no son cartas de odio hacia ellos o reclamos por abandonarla, son cartas que reflejan la soledad de su madre, el sentimiento de extrañarlo, sus inacabables relatos oscuros tras su sesión de terapia, de las que no se salva ni estando lejos. Tom responde cada una de inmediato y lo más largamente que puede, no quiere que su madre se haga una idea equivocada, ya es un avance que le dejara irse solo con sus tíos sin discutir o poner mala cara.
Harry no insiste cuando dice que no pasa nada malo, porque el malestar se esfuma apenas responde a las cartas o unas horas después.
Tom está feliz aunque su familia está separada, pronto iniciará su segundo año, verá a las chicas de nuevo, la relación con su madre va tomando buen rumbo y Harry adoró el libro que Tom le dió en su cumpleaños para entrenar aves, aunque Hedwig se indignó un poco.
Un nuevo año en Hogwarts inicia y Tom camina con sus amigas y con el resto de los estudiantes regulares a los carruajes llevados por thestrals.
Fue sorprendente verlos por lo que su presencia visible significaba para él, la mayoría del alumnado hablaba sobre el encantamiento de los carruajes para moverse al castillo, con la boca abierta y sonrisas felices. A Tom se le hizo un nudo en el estómago al ver aquel animal similar a un caballo desnutrido con alas, oscuro como la noche y de ojos rojos que parecían atrapar tu alma para masticarla entre sus dientes puntiagudos. No pudo evitar pensar en el dolor de su cuerpo, los gritos y el terror, mucho menos en el peso de otro cuerpo sobre el suyo.
-Tom! ¿Estás bien? - Susan, que desde que le vió se ha pegado a su costado como una sanguijuela, se acerca a su rostro con aspecto preocupado. - Estás pálido.
Hermione y Hannah detienen su andar para verlo también.
Tom les sonríe a las tres. Que difícil es tener amigas, un chico no se preocuparía tanto, bueno, todos menos Harry.
-Estoy bien, solo tengo hambre. Espero que la selección no se tarde demasiado.
Susan lo ayuda a subirse al coche como si tuviera una lesión, pero Tom no discute con el instinto de mamá gallina de su amiga.
-Será rápido, ¿viste cuántos niños hay este año? ¡Cada día hay menos!
Tom notó que la masa de niños era menor, pero realmente no le tomó importancia.
-Eso es porque muchas familias mágicas prefieren que sus hijos vayan a escuelas de magia tradicional como Beauxbatons y Durmstrang. Es una protesta silenciosa a las políticas pro-muggles que Dumbledore instauró en Hogwarts desde que se convirtió en director y miembro del wizengamot. - Hermione, la enciclopedia andante del grupo, rebota de entusiasmo ante la idea de iniciar un debate sobre educación y política.
-Exacto. La mayoría de los estudiantes de Durmstrang son sangre pura, Beauxbatons acepta variedad, pero es muy estricto con la norma de que los nacidos de muggles deben dejar atrás sus costumbres.
Suena como basura racista para Tom. Pero él está feliz de escuchar a sus amigas hablar sobre injusticias académicas y como Hogwarts es mejor desde la llegada de Dumbledore. Tom se abstiene de comentar que de igual forma no tienen más experiencias para compararlo.
Sentarse en la mesa de Slytherin es lo peor de volver a Hogwarts, aunque la presencia de Draco Malfoy con su séquito de idiotas es mucho peor. Tom odia tener que sentarse cerca de ellos por las normas hipócritas de la casa, pero los chicos están entretenidos riendo y hablando en cuchicheos de algo que los mantiene lo suficientemente entretenidos como para no prestarle atención, aunque Tom recibe una mirada larga de desprecio de todos ellos.
La selección comienza y Tom no presta demasiada atención, la única persona que reconoce del grupo es a Ginerva Weasley y un chico que debe ser hermano de Colin Creevey por como los dos gritan y se abrazan al llegar el chico pequeño y rubio a Gryffindor.
-Qué patéticos! - El grupito de Malfoy y otros estudiantes de Slytherin se burlan del espectáculo de los hermanos. -Dale a un sangre sucia una varita y verás como se desperdicia la magia.
Malfoy no tarda en hacer un comentario malintencionado que le molesta, pero incluso Tom encuentra a los hermanos un poco exagerados.
Nombres siguen anunciándose hasta que la hermana pequeña de Greengrass es seleccionada para Slytherin y Tom mira como Daphne se regodea como tonta.
-Hatley, Marissa! - Los murmullos en la mesa de Slytherin estallan, aunque Tom puede ver como hay una vibra distinta en el aire del comedor. Los Ravenclaw ven al frente con atención, muchos dejando las conversaciones de lado, aunque otros continúan como si nada. Es extraño, pero Tom lo nota: el interés inusual, la curiosidad.
-Slytherin!- El sombrero escupe su veredicto apenas toca su cabeza. Mcgonagall retira de nuevo el sombrero con rapidez mientras la niña se acerca a la mesa.
Nadie en su mesa aplaude, los de años superiores miran a Hatley con desprecio y Tom se sorprende por ello, después de todo solo está permitido ser un idiota racista en su sala común y en privado. Pero con Hatley es la excepción, solo Gryffindor y Hufflepuff aplauden, la casa de Ravenclaw también parece tener adeptos del rechazo de su casa.
La niña se pasea por la mesa y los niños de primer año tardan unos segundos en darle un espacio para sentarse, principalmente guiados por el desprecio de los mayores.
-Carne fresca- Pansy le sonríe a Daphne, su compinche del mal.
Una vez que se sienta todo vuelve a la normalidad, aunque en su mesa hay una atmósfera de peligro y animosidad que tiene a Tom tenso como cuerda, dispuesto a hechizar a cualquiera que quiera molestarlo, pero la presencia de Hatley parece haber arrojado un encantamiento desilusionador sobre él y el resto de los marginados. Los chicos de años mayores miran a Hatley como algo que quieren destrozar. Tom pierde de vista a la niña, es tan pequeña que se pierde entre los demás.
El resto de la selección sigue y Tom se concentra en escuchar lo que los chicos de su año dicen en susurros.
-Cómo tu padre permitió su ingreso en la escuela?!- Pansy le reclama a Draco.- Y además debemos soportar su presencia en Slytherin? Esto es una burla, suficiente tenemos con el sangre sucia de Riddle.
Todo el grupito le da una mirada despectiva que Tom puede sentir quemándole el cuerpo entero, quizá su fe estaba mal calculada.
-Riddle es mejor que esa golfa, al menos no se ha arrastrado por todo el suelo del knockturn. - Theodore replica con la voz ácida y Tom puede percibir un odio visceral que le sorprende.
-Alguien está muy afectado. - Blaise parece bromear y Nott lo golpea.
-Cállate, Blaise.
-No durará mucho tiempo, Selwyn se encargará de destrozarla y recordarle su lugar antes de que termine el año. - Draco señala con la barbilla a Selma Selwyn, quien está mirando un punto en la sección de primer año con unos ojos tan fieros como los de un dragón.
La selección termina y todos se callan para escuchar el discurso burlón de Dumbledore. Luego se concentran en comer y hablar de otros temas, como las joyas nuevas de Pansy, el chico de Durmstrang con el que quieren comprometer a Daphne o el hecho de que Millicent Bulstrode logró verse aun más horrorosa y gorda este año. Tom odia las conversaciones vacías y triviales del grupo, por lo que se dedica a comer con la guardia alta.
Tom se adapta rápido al ritmo de las clases, su horario es bastante bueno y a excepción de las quejas de Hermione porque solo comparten transformación y pociones, todo va bien.
Los matones de su casa no lo molestan demasiado y Tom no les da la oportunidad, los de años superiores están demasiado entretenidos con Hatley y un mestizo de cuarto año que eligió liarse con otro Slytherin que se encargó de divulgar en toda la casa que es homosexual. Tom ve a esos pobres desgraciados como su oportunidad para pasar a segundo plano y la toma, quiere al menos un descanso de ser el centro del universo de su casa, aunque tal parece que el blanco de sus compañeros de casa se renueva con la llegada de nuevos estudiantes.
De igual forma, él no tentará su suerte.
A Tom no deja de sorprenderle la ausencia de Snape cuando de intimidación se trata, sabe que la bravuconería de Slytherin es una tradición implícita, si no existieran los mestizos o nacidos de Muggles tomarían a cualquier chico cuya familia fuera menos importante y lo destruirían por placer. Así es en Slytherin, todo el mundo parece tener una vena sádica y maquiavélica esperando por surgir.
Pero con Hatley las cosas van de mal en peor.
Tom no lo notó los primeros días, concentrado en pasar desapercibido y su tendencia a permanecer alejado de la sala común a toda costa. Pero algunos días es inevitable darse cuenta. Los chicos de sexto y séptimo rodean a Hatley como un cardumen de pirañas en la sala común, nunca le dejan irse, la empujan, le arrojan hechizos, le escupen en el cabello y el rostro, la bañan de líquidos que huelen tan asqueroso que los niños de primer año se alejan de Hatley por una semana debido al olor.
Son detalles pequeños que ve aquí y allá, la ausencia de Hatley en el comedor junto al sospechoso retraso de Selwyn y sus amigos. Los "accidentes" en pasillos y en el comedor. Libros que se caen, plumas rotas, tinta que arruina su pergamino. Siempre hay algo nuevo y Tom se enfurece al ver cómo molestan a una niña pequeña.
Pero Hatley no es de las niñas que lloran. Tom la ha escuchado gritarle a Selwyn que es una maldita ramera loca, la ha visto lanzar patadas, escupir y arrojar cosas. Tom admira eso, al menos Hatley tiene carácter y fortaleza, pero en Slytherin defenderse es cómo robar el huevo de un dragón.
Es a finales de Enero cuando Tom entra a la sala común durante su hora libre porque estúpidamente ha olvidado un libro que necesita para estudiar cuando los ve. La sala común está vacía a excepción de chicos de séptimo año, Tom escucha sus risas como una alarma de peligro y se arrepiente de poner un pie dentro.
Pero pocos son los que se fijan en su llegada y rápido apartan la mirada con desinterés, porque claro es más divertido ver como Marcus Flint y sus amigos le arrojan monedas a una niña pequeña con cabello despeinado como si hubieran tirado de él, mientras baila de una forma que es todo menos inocente, con la falda subida a la altura de sus muslos. Todos los chicos la rodean en un círculo que se ve como una prisión, silbando y diciendo groserías que él solo ha escuchado en el Knockturn.
Tom siente que el estómago se le retuerce de ira, siente ganas de vomitar, su corazón se enfría y se paraliza.
Marissa Hatley baila de una forma antinatural, su cuerpo pequeño y delgado como una rama parece contorsionarse más que seducir. Sus piernas blancas muestran moratones verdosos y violáceos.
Es tan escabroso, sádico y desagradable que algo se rompe dentro de Tom al ver los ojos desenfocados de Hatley, perdidos más allá de los escupitajos que le tira Hermes Carrow y que aterrizan en su rostro. Tom reconoce la pesadez de la magia negra, la sensación de tierra que deja en la boca y el olor nauseabundo que emite.
-Por qué no le arrojas un beso a Rosier, linda? A su padre le encantaba chuparle las tetas a tu madre, quizá él haya heredado el fetiche. - Mulciber se ríe incluso cuando Rosier le golpea.
-¿A eso llamas baile? He visto perras muggles que lo hacen mejor. - Flint incluso se atreve a tocarla para obligarla a bailar mejor, como si fuera una muñeca y Hatley se deja hacer con una expresión vacía en el rostro.
-¿No es ella una perra muggle? - Alguien se ríe.
-No, es peor que eso. Es un desecho que salió de la vagina de una puta Squib. - Selwyn, quién está sentada en un sillón mirando todo, observa a Hatley como si el espectáculo macabro que han elaborado para ella no fuera suficiente.
-Quizá se motivará si le arrojas más monedas, ha de tener hambre. - Mulciber golpea su cabeza con ellas como si fueran rocas, con la intención de lastimarla con ellas.
Tom tiene suficiente, arroja su magia como tentáculos hacia Mulciber y sus amigos, los arroja contra las paredes con tanta fuerza que espera que se rompan algo. Todos jadean y sacan sus varitas disparando hechizos hacia él.
-Diffindo!
-Stupify!
-Incarcerous!
-¡Imperio!
Tom desvía cada hechizo sin decir nada, su cuerpo está caliente, tiembla y se estremece. Quiere destruirlos a todos. Se indigna cuando una chica trata de lanzarle un imperio y Tom responde arrojando un hechizo que provoca una ilusión muy dolorosa de cólico nefrítico. No le importa usar magia oscura, arroja hechizos para lastimar e inmovilizar, los más dolorosos que conoce y por segundos se desconoce, se pierde, está en Wools, en la cabaña, es él o ellos. Tom ignora el dolor cuando algún hechizo logra llegar a él y se enaltece cuando alguien grita de dolor.
Finalmente las varitas de todos terminan en su mano o al otro lado de la sala.
Todos le miran con partes iguales de odio y sorpresa.
-Vas a pagar por esto, maldito sangre sucia. - Una chica, que Tom cree que es prima de los Carrow, le amenaza desde el suelo.
Tom aprieta su mano izquierda en un puño y escucha como la chica grita y sostiene su cuello antes de desmayarse por la falta de oxígeno. Todos aquellos que no están inconscientes o retorciéndose por alguna maldición le miran con impotencia, pero Tom no se siente temeroso, ha peleado con verdaderos monstruos y ellos no son nada.
O quizá sí, por lo que le hicieron a Hatley.
Todo su cuerpo tiembla, puede sentir sus ojos calientes y la necesidad imperiosa de llorar de impotencia y rabia. Quiere matarlos, hacerlos desaparecer, pero ya se ha ganado un buen lío por meterse en una pelea con los de séptimo año.
Los ignora a todos y se acerca a Hatley, quién está en el suelo hecha un ovillo, encorvada se ve aun más delgada y frágil, de cerca Tom puede ver como algo chorrea en su cabello y ha mojado la espalda de su túnica, no es sangre, pero le preocupa lo que sea. Su cuerpo tiembla con suavidad, como si no se permitiera mostrar debilidad después de la experiencia más espantosa de todas. La maldición parece haberla liberado y él se arrodilla con cuidado para no asustarla, Hatley huele a licor.
-Marissa? Ya todo terminó, te ayudaré a levantarte, puedo? Tranquila, ya me encargué de ellos.
La niña retira sus manos de su rostro despeinado con una expresión de locura en su rostro, sus ojos miran en todas direcciones como buscando amenazas y Tom se ve en ella por segundos, cuando él mismo tenía momentos de desconexión después de las palizas que recibía en la cabaña.
Hatley se sienta como puede, su pecho se mueve con respiraciones irregulares y veloces, mira su cuerpo como quién ve una catástrofe y Tom casi puede sentir el momento en el que algo dentro de ella se rompe, hay un jadeo que suena más como un suspiro y sus ojos se llenan de lágrimas, su rostro parece desconfigurarse con el horror.
Tom no sabe qué decir, nada de lo que diga lo hará mejor y cuando Hatley se pone de pie con las piernas temblorosas y mira alrededor a sus agresores, él solo se queda de pie como una estatua.
-Debemos llevarte a la enfermería, yo hablaré con Snape y con el mismísimo Dumbledore de ser necesario..
-No necesito tu jodida ayuda. - La voz de Hatley es la de una niña, pero su tono es lo contrario, lleno de esencia adulta, pero no logra esconder como se le quiebra la voz, como si su garganta estuviera llena de agua.
Tom no puede creer lo que oye. No esperaba un agradecimiento luego del trauma pero tampoco eso.
-Nadie hará nada para defender a la hija de una puta del knockturn. Y yo no necesito a un niño estúpido que se cree heroe, crees que si lo haces tendrás derecho de pedirme algo a cambio? Vete a la mierda.
Y dejándolo perplejo, Hatley camina como un guerrero derrotado fuera de la sala común. Pero Tom lo ve más como una huida apresurada, no sabe si perseguirla es lo mejor, Tom conoce el sentimiento de ser herido de todas las formas posibles, lo que duele y avergüenza no poder hacer nada por sí mismo, el sentimiento de no confiar en nadie. Es demasiado para él y para cuando se da cuenta de ello no queda ni rastro de Hatley, se siente mal por no ayudar, sabe que Harry habría disparado al aire la calma, la habría seguido y hablado con dulzura, no se habría rendido para ayudar.
Pero él no es como Harry.
Snape nunca aparece y Tom nunca se ha sentido tan decepcionado del sistema escolar. Su odio a Snape escala a otro nivel, pero cuando él mismo se marcha dejando a los estudiantes heridos y renunciando a la idea del libro, se odia por no ir a la oficina de Dumbledore o en busca de un profesor en el que aun confie.
Odia como la cultura de Slytherin se ha cementado en él, porque Tom sabe que Hatley no miente, ha pasado un mes desde su llegada y nadie hace nada. Tom ve como intimidan a cada pobre chico en Slytherin y como lo más grave que obtienen sus agresores son castigos, prohibiciones a Hogsmeade y eventos deportivos de la escuela, porque son niños ricos y sus padres son los jodidos dueños del centro estudiantil de Hogwarts.
Además, ha usado magia oscura por primera vez en años. Está prohibida y es ilegal, sabe que los de séptimo no dirán nada, pero siendo un pobre mestizo sería suficiente para ser expulsado e incluso para ser vetado de otras escuelas mágicas por ser considerado peligroso y con la reputación de su familia se hundiría más rápido que una roca en el lago.
Tom es víctima de dolor corporal y manos temblorosas debido al uso de magia oscura. Nuevos rumores le siguen y los de años superiores lo ven como un contrincante a tomar en cuenta en lugar de otro chico más. Le halaga y a la vez le enfurece como puso una diana en su espalda por una chica que ni siquiera se lo agradeció.
Incluso después de la paliza que les dió, las burlas a Hatley siguen. Tom no sabe cómo curó sus heridas ya que nadie habla sobre ella en la enfermería ni nota siquiera interés de los maestros en ella. No puede evitar reprocharle en silencio a todos cada que los mira.
Escucha las burlas del baile imperioso de Hatley, Tom los ha visto imitar el momento, omitiendo la paliza que les dió. Los chicos gimen cuando Hatley pasa junto a ellos y le arrojan monedas a los pies, todo este comportamiento solo ocurre en la "seguridad" de la sala común. Tom los odia, pero no vuelve a meterse. No cuando la niña ahora también le ve con odio, como si fuera parte de los imbéciles que la torturan.
El jueves Snape nota el temblor de sus manos en clase, cosa que le molesta y trata de enmascarar cuando le pide que se quede después de clase.
Hermione, quién ha notado desde temprano sus ojeras y la palidez de su piel, le ve con preocupación, pero se va junto a los demás.
-Quería hablar conmigo profesor?
Snape lo evalúa con una expresión parecida al desagrado, aunque Tom lo conoce lo suficiente como para saber que es su vista habitual.
-Quisiera saber porque un estudiante de segundo año muestra signos de magia oscura en su cuerpo, tiene una respuesta para ello señor Riddle?
-No sé notar esa clase de signos en mis compañeros, señor. - Hacerse el idiota no es lo más inteligente, pero Tom no piensa responder a las preguntas de buenas a primeras.
Snape emite un sonido que le hace saber su descontento. Como un perro rabioso, Tom se pregunta si será la misma raza de perro que el padrino de Harry, quizá un híbrido.
-No me tome por idiota, señor Riddle. Sé perfectamente que posee un intelecto por encima de la media, aunque lo utilice en asuntos.. Indecentes e inapropiados.
Tom no dice nada, permanece quieto, sin mostrar ninguna emoción.
-Usaste magia oscura, apestas a ella. - Lo acusó como si fuera un juicio en el ministerio, incluso su voz se elevó. - Será mejor que confiese ahora que estaba haciendo antes de que le comunique al director que ha estado utilizando magia prohibida e ilegal.
Desea tanto que le explote ese rostro horroroso y amarillento que tiene, odia que le acuse como un criminal en lugar de mostrar preocupación como lo harían sus tíos.
-Estaba haciendo su trabajo, profesor. Debería recomendarle que esté más atento a lo que ocurre en la casa de Slytherin mientras usted está encerrado como murciélago drogándose con vapores de pociones.
-Detención, señor Riddle. Y puede apostar a que el director se enterará del uso de magia oscura en su escuela.
Tom aprieta sus puños tan fuerte que ve como Snape hace una mueca de dolor que desaparece casi de inmediato, el hombre le da la misma mirada que recibió en el callejón al conocerlo. Desconfianza, el conocimiento de que Tom puede ser peligroso incluso siendo un niño.
A Tom le complace, aunque sabe que está mal. Pero le odia tanto que no puede importarle menos lo que opine Snape de él.
-Bien, así podré expresarle al director como el jefe de Slytherin hace la vista gorda ante los abusos en su casa. - Tom se jacta, con una sonrisa ladeada que sabe que le hace ver como un pequeño patán atorrante. Es justo lo que quiere.
Snape levanta una ceja.
-Si los abusos son el caso, señor Riddle. Puede escupirlo ahora y ahorrarse la tarea de ser un mocoso insufrible.
Un frasco en la estantería detrás de Snape se rompe, el asqueroso murciélago se da la vuelta para ver como la sangre plateada de unicornio escurre por la madera. Tom sabe que es costoso, incluso inmoral tener sangre de unicornio para preparar pociones y sabe que obtener más le costará una fortuna.
Snape voltea a verlo con verdadero odio.
-Debe disculparme profesor, pero considero que no es mi responsabilidad hacer el trabajo de los adultos.
Tom toma su bolso, sin permiso de Snape para marcharse, pero historia de la magia es lo suficientemente insoportable con un fantasma obsesionado con los duendes como para también llegar tarde y perderse en el desvarío de Binns.
-Ahora, si eso es todo debo irme, tengo historia de la magia.
Snape luce como si quisiera matarlo. Tom lo mira con la misma animosidad.
-Una semana de detención por echar a perder un ingrediente imprescindible y no crea que se librará de ver a Dumbledore.
Tom se hace el desentendido.
-Me disculpo, a veces mi magia accidental aparece cuando estoy frente a injusticias.
Tom le sonrie una última vez y sale furioso del aula.
-Por qué Snape te pidió quedarte después de clase? - Hermione lo confronta luego de su última clase, faltan al menos dos horas para la cena, así que está atrapado con ella en su camino al jardín, en donde se encontrarán con Hannah y Susan, quienes tienen herbología a última hora.
Tom sabe que Hermione es una buena persona, pero es la clase de persona que se enfurece por las injusticias y no duda ni un segundo en señalarlas, lo más probable es que vaya directo con McGonagall si le cuenta lo que le han estado haciendo a Hatley en su casa.
Además, ya tiene suficiente con Snape mirándolo como si fuera la encarnación de Salazar Slytherin y Grindelwald, y la inminente visita a la oficina de Dumbledore.
-Quería saber porque me veo tan cansado.
Hermione no se ve muy convencida con la explicación. Tom contiene su molestia, pero es obvio que Hermione no se traga excusas sin sentido.
-En Slytherin volvieron a molestarme y usé un hechizo en mi defensa que es un poco ilegal.
Los ojos castaños de su amiga casi salen de sus cuencas.
-Qué?! Por qué usarías magia oscura?!
-Baja la voz! - Lo último que desea es que alguien les escuche en los pasillos.
-Tom no está bien usar magia oscura.
Esta vez rueda los ojos.
-Ya lo sé Hermione.
-Qué te dijo Snape?
-Detención de una semana y una visita a la oficina de Dumbledore. A sus ojos soy un señor oscuro en potencia.
Su amiga lo ve preocupada.
-Podrían expulsarte por usar ese tipo de magia.
-Ya lo sé.
Hermione detiene su andar en el pasillo con una expresión seria y decidida en el rostro, como un político a punto de dar el discurso más persuasivo de toda la campaña electoral.
-Debes contarle todo lo que esos chicos te han hecho desde el primer año, yo misma hablaré con Dumbledore sobre ello y como es natural recurrir a la violencia en momentos de desesperación y miedo.
Tom nunca se ha sentido intimidado por esos idiotas, sabe que tiene más magia en su dedo meñique que esos incestuosos en todo su cuerpo. Les odia, le irrita que le molesten, le indigna, pero.. Miedo? No, se enojaría consigo mismo por tener miedo de esos imbéciles.
Debía admitir que le preocupaba su estancia en la escuela, pero si iba a la oficina de Dumbledore la verdad del acoso a Hatley saldría y Tom se jactaría de humillar a Snape. Quizá el director tendría misericordia de él por defender a otro estudiante, sino podía olvidarse de Hogwarts y rezar para ser aceptado en otra escuela. Quizá Durmstrang, si su vínculo con Salazar Slytherin era suficiente como para ser aceptado siendo mestizo.
-Gracias, Herm. - Tom le sonrió y aceptó que la niña cruzara el brazo con el suyo.
-Y no eres un señor oscuro en potencia. Snape por otro lado..
Tom se divirtió el resto del trayecto burlándose del profesor de pociones con Hermione, no habría creído posible que su amiga hablara de esa manera de un profesor.
El viernes llegó y Tom recibe en el desayuno una nota de la mano de Snape con su horario de detención. Adiós a su hora libre luego de defensa y un fin de semana tranquilo.
Para empeorar las cosas, Hermione le ha contado a Susan y Hannah todo el asunto en el jardín. Sue se puso de su lado de inmediato, como suele hacer siempre, pero las tres forman una triada llena de odio hacia Snape que le enternece.
Al entrar a su detención se topa con un montón de calderos sucios, con la visión de la posición derramada a los lados y las conchas quemadas pegadas al caldero, posiblemente de los niños de primer año. Tom sabe que un caldero quemado no es bueno para hacer pociones, pero Snape parece haber perdido cualquier interés en decirle esto a sus alumnos, como si los condenara a ser mediocres e idiotas por una poción mal elaborada.
-Limpialos, sin magia. Te irás cuando termines.
Snape, con cara de haber chupado un limón. Le ve desde su asiento detrás del escritorio, con pergaminos frente a él.
-Tengo astronomía en dos horas.
-Entonces apresúrate.
Tom lo odia, pero no puede romper su silla y arrojarlo al suelo o quemar su escritorio sin obtener un castigo. Con el murciélago no servirá el truco de magia accidental y el pobre niño torpe.
Snape parece esperar por una reacción de su parte, por como lo observa. Pero Tom respira profundo, toma una esponja que es tan blanda que sabe que tardará horas en despegar el sucio del caldero y comienza a trabajar.
Luego de dos horas ha lavado con éxito nueve de diecisiete calderos.
Sus uñas están rotas y sucias de mugre, su mano entera arrugada por el agua y sus brazos adoloridos de tanto fregar.
Tom no pudo evitar recordar durante todo el castigo el trato en Wools, como debía limpiar los platos sucios de todos los niños para ganarse una asquerosa patata a punto de echarse a perder luego de un castigo. Los recuerdos son peores que el castigo de Snape y Tom odia al hombre aun más por ello.
-Debo irme.
Tom suelta la esponja, que ahora es un delgado trozo destrozado y ennegrecido.
Snape lo mira por encima de uno de los ensayos que lee.
-Mañana te quiero aquí a las siete de la mañana.
-Es la hora del desayuno.
-Comerás cuando termines.
Tom siente que se quema por dentro de la ira.
-Según el reglamento de Hogwarts, ningún castigo escolar puede privar al estudiante de necesidades básicas, como ir al baño o comer.
Snape luce como si estuviera considerando el homicidio.
-Ven inmediatamente luego de comer, apenas tragues el último pedazo de tostada.
Tom piensa comer muy lento el desayuno la mañana siguiente.
El sábado Tom lava calderos mientras enumera en su mente pociones y la preparación de cada una, es una buena forma de pasar el tiempo y evita que piense en los momentos oscuros de su infancia.
Al llegar esa mañana había trece calderos más que lavar, To se pregunta si Snape ha ensuciado algunos a propósito o si su plan es sacar calderos sucios cada que Tom piense que ha terminado. Es frustrante ver que su trabajo no hace más que acumularse, pero Tom no piensa darle el lujo de quejarse o de hablar.
No sabe si Snape realmente ha estado observando la situación con Hatley, a quién Tom no ha visto desde el ataque, pero sabe que el abuso sigue, puede escuchar risas en el comedor, como hablan de "La puta de Slytherin", a Tom le revuelve el estómago al escucharlo, la crueldad que le muestran a una niña de once años por las acciones de su madre.
Pero no comenta nada.
El domingo Tom va con sus amigas después de tres horas de detención y doce calderos limpios. Su irritación y molestia está llegando a terreno peligroso, cosa que todas notan, por lo que evitan el tema de las detenciones como a un cuerno de erumpent.
En su camino por los pasillos se topan a Hatley, perseguida por un grupo de Ravenclaws que deben estar en su cuarto o quinto año. Molestando, evidentemente. Tom ve rojo.
-Es horrible, no creen? Apenas ha ingresado y este es el recibimiento que le dan. - Hannah ve con rabia como los Ravenclaws tiran sus libros y los pisotean entre risas.
-¿Y los maestros? Por qué no hacen nada?! - Hermione observa furiosa a la chica gritarle obscenidades a los idiotas de Ravenclaw que solo se ríen y se alejan.
-Ves a alguno aquí? Como siempre tienen mejores cosas que hacer que proteger a los estudiantes. - No puede evitar el comentario puntiagudo y ácido.
-Han castigado a la mayoría, simplemente no le prestan atención a los castigos y siguen metiéndose con ella. - Sue suspira pero su rostro está lleno de rabia.
-Los castigos de Hogwarts son inservibles y ofensivos. Es como decirle a un niño que deje de golpear a un gato con un palillo y luego darle un bate. - Sus amigas le miran algo sorprendidas, usualmente Tom es calmado y callado, pero Snape puede arruinar el día de cualquiera.
Está comenzando a odiar a los adultos del lugar, incluso al lunático de Dumbledore, quién no le ha llamado a su oficina.
-Deberíamos ayudarla. - Hermione ya está dando unos pasos cerca de la chica, quién recoge sus libros con enfado. Tom la toma del brazo y la detiene.
-No te lo recomiendo. - Se odia por decirlo, pero sabe que la niña no confía ni en su propia sombra, puede entenderlo y recordar cuando él mismo era más una bestia que una persona.
Hermione lo vió como si quisiera arrancarle la cabeza.
-¡Es una niña! Además está en tu casa, deberías defenderla!
-Ya lo intenté, dijo que no necesitaba mi jodida ayuda. - Tom ya tiene suficiente con leer libros de psicología en sus tiempos libres para ayudar a su madre, mantener su correspondencia constante con sus tíos y su madre, trabajar en el diario de campo, lidiar con sus compañeros de habitación y los idiotas que aun se metían con él ese año (Draco) y las detenciones de Snape, como para ser el rescatista de todos los marginados de su casa, era cruel y sabía que estaba mal, pero él ya había intentado ayudar y no había recibido un buen trato.
Además, Hatley le daba escalofríos, le recordaba todo lo que una vez había sido y lo odiaba.
-Nunca nos contaste eso. - Sue está perpleja.
-¿Acaso usaste tu magia con los bravucones para defenderla? Por eso estás castigado? - Hermione, como siempre, es muy perspicaz.
Tom no tiene energía para negarlo.
-Por qué no lo dijiste desde el principio?
-Porque lo que estaban haciendole era horrible, ni siquiera ustedes deberían escuchar o saber de esas cosas.
Las tres se estremecen, pero Hermione vuelve al ataque.
-Y le dijiste a Snape?
Tom siente la culpa golpearlo ante la pregunta, las tres lo miran tan atentas que siente el cuerpo frío.
-No.
-No?!
-De acuerdo, calma los dos. No es el mejor lugar para hablar. - Sue interviene como su salvadora. - Vamos al lago.
En el camino Tom va pensando en la mejor forma de esquivar el tema, pero sus amigas caminan muy cerca y llevan una plática tranquila para aligerar el tema, bueno, Hannah y Susan hablan y Hermione va de brazos cruzados y con cara de estar pensando demasiado.
Una vez que llegan Hermione voltea a verlo para que hable.
Tom suspira.
- No le dije a Snape porque lo primero que hizo al sentir que usé magia oscura fue acusarme como criminal, además si acuso a esos chicos podría ser mi fin en Hogwarts, algunos son hijos de miembros del consejo estudiantil, tienen el cincuenta por ciento del poder, harían lo imposible para que me expulsaran por lo que le hice a esos monstruos.
-Dumbledore no permitiría que te expulsaran.
-Dumbledore no debería permitir el abuso en su escuela.
-¡Es porque no lo sabe! Tú no eres capaz de decirlo, Dumbledore no es clarividente.
-¿Y las señales? Hatley está más delgada que antes, ojerosa, su ropa siempre está arrugada y sucia, por más que castigan a los que la molestan el abuso sigue. ¡Por favor Hermione! No les interesa.
-Simplemente no saben todo, ni siquiera nosotras lo sabemos.
-Pues es su puto trabajo averiguarlo, por que yo debo arriesgarme a que me odien más en Slytherin para que ellos puedan intervenir? No soy un espía.
-¡Es lo que las buenas personas hacen!
Tom lo sintió como una puñalada.
-Qué, soy una mala persona?
-Wow, de acuerdo. Hermione, ese comentario estuvo de más y Tom.. Calmate.
Susan intercede con las manos arriba como pidiendo alto al fuego.
-No soy un perro, Sue.
Tom siente los puños dormidos de tanto apretarlos.
-Debemos entender ambos puntos de vista. Es cierto que es horrible no hacer más por Hatley- Concedió Susan- Pero también es cierto lo que dice Tom, el sistema de Hogwarts no es exactamente protector con los estudiantes, mi tía ha tenido miles de casos en el ministerio sobre acoso escolar, nunca llegan a ningún lado, las familias sangre pura están en el ministerio desde su creación y no permitirán que sus descendientes sean perjudicados por demandas.
-Pues eso es injusto.
Susan asintió.
-Lo es, pero no podemos hacer gran cosa teniendo doce años. Tom intentó defenderla y Hatley no quiso su ayuda. - Sue habla con un tono suave, como arrullando a un bebe. Tom lo encuentra molesto y divertido a la vez, detesta que lo traten como idiota, pero Sue es su amiga y está saliendo en su defensa, así que no va a quejarse.
Hannah solo los mira como a un juego de Quidditch.
Hermione suelta un largo suspiro y toda su postura conflictiva se cae mientras el aire sale.
-De acuerdo, entonces Hatley está condenada a aceptar malos tratos?
-Los Slytherin quieren que se vaya de Hogwarts.
Hermione se ve tan enojada que podría explotar.
-Pero por qué la odian?! ¿Solo porque no es sangre pura?
Tom no responde.
-¿Es algo peor que eso?
Tom asiente.
-Y no nos vas a contar?
-Creo que ya es lo bastante humillante para Hatley como para que más personas lo sepan.
Hermione parece rendirse.
-Bien, lamento haber dicho lo de las buenas personas. No creo que seas una mala persona, fuiste el primero en ser amable conmigo el año pasado y eres mi mejor amigo. Lo siento.
Si algo tiene Hermione Granger es que cuando se disculpa por ser una fastidiosa irritante, lo dice en serio.
-Acepto tu disculpa.
Tom aun está algo enojado, pero ya se le pasará.
-Bien! De nuevo somos una familia feliz! - Hannah emite tu primera frase desde que el conflicto comenzó y a Tom le parece tan divertido que no puede evitar sonreír.
-Gracias a Merlín. - Sue limpia su frente su frente como si estuviera llena de sudor. -Un día de estos sus debates van a matarme.
Hannah le toma las manos a Tom y tira de él para que se siente a su lado. Tom cede.
-Ahora, déjame ver esas uñas, Snape va a dejarte sin huellas dactilares. - Hannah ve con horror sus quebradas uñas, están tan cortas que Tom siente la piel debajo de ellas muy sensible.
-Cuando termina tu castigo?
-El jueves.
Hannah parece haber escuchado la peor noticia de su vida.
-Tengo un esmalte para uñas que actúa como protector, las fortalece y no se cae con facilidad. Es un color coral pastel, no se nota demasiado.
Tom la ve con horror.
-Usar esmalte va a catapultarme cinco puestos arriba en la lista de acoso de los Slytherin.
Hermione se contiene para no decir algo más.
-Siempre puedes usar un hechizo de No Me Notes. - Herm parece querer ayudar.
-Y lo retiras en los castigos de Snape, con lo oscuro que es el laboratorio no verá nada. - Sue añade su granito de arena.
-Bueno, cuando lo tengas a la mano puedes ponerlo.
Hannah sonríe y saca un frasquito diminuto de su bolsillo.
-Lo tengo aquí, dame esa mano Riddle.
Tom está tan sorprendido que todas se ríen de su rostro.
No puede creer como ha dejado que tres chicas pinten sus uñas como a una niña, pero Tom las ve tan felices en su misión que no dice nada. Tener amigos es genial y aunque nunca serán como Harry, Tom agradece tenerlas en su vida, hacen que la escuela sea entretenida y que se sienta cálida.
Y nadie hace nada?! Ni siquiera Snape?
No le interesa lo que sucede, se la pasa en su laboratorio de pociones la mayor parte del tiempo y los prefectos están a cargo. La intimidación en Slytherin es común, creo que solo le importa que Slytherin se vea bien sin importar el estado de sus estudiantes.
Le escribiré una carta a mamá, no puedo creer que le hagan todas esas cosas a esa chica y nadie haga nada.
Bueno, yo no soy mejor a ellos, pero Hatley no quiere recibir ayuda de nadie.
Después de su discusión con Hermione y escuchar como su amiga insinuó que era una mala persona, Tom sintió la necesidad de ser consolado, solo había una persona en el mundo que le diría que era bueno, incluso si no lo era.
No eres una mala persona, entiendo por qué no le contaste toda la verdad a Snape, además, solo eres un niño Tom, no es tu responsabilidad. Y Marissa debe tener mucho miedo, quizá por eso no quiere tu ayuda. Recuerdo cuando tú eras así.
Tom también lo recuerda y eso es lo que le produce rechazo hacía Hatley, pero no lo dice.
¿No crees que debí insistir un poco? Solo lo intenté una vez, pero ahora me evita como a la peste y me ve como si fuera el mismísimo Grindelwald.
Creo que no se puede ayudar demasiado a quienes no quieren aceptar la ayuda. Snape debería estar investigando, después de lo que dijiste.
Dudo que lo haga, parece más ocupado ensuciando calderos para que los limpie.
Tom incluso había tenido que raspar rastros de cerebro de mono seco de un caldero, el olor a descomposición le hizo toser y arquear, casi vomita sobre el caldero, así que sin importarle la media hora extra que Snape añadió al castigo, Tom usó un hechizo para anular su olfato.
Es un idiota, como dice papá.
Tom sonrió.
Sin duda lo es.
A pesar de que estaba desahogandose con él, Harry no sabía los detalles escabrosos, Tom los había suavizado un poco, pero sabía lo esencial como para sentir lástima y sed de justicia por Marissa.
Es injusto, ningún profesor es capaz de notar que una chica de primer año evita comer en su mesa y siempre se ve cansada? ¿Qué acaso son idiotas?
Es lo que yo pienso.
Dumbledore aun no te ha llamado a su oficina?
No, creo que Snape aun no le ha contado, parece disfrutar de la tortura psicológica.
Es un idiota, me alegra que hayas roto su estúpido frasco de sangre de unicornio.
Desearía romper todo el armario de ingredientes.
Debiste hacerlo.
Habría hecho lo imposible para expulsarme.
Y yo lo imposible para traerte a Beauxbatons.
Tom sonrió al imaginarse a Harry en Hogwarts, peleando y gritando a Snape por ser un hijo de puta con él, para luego tomar su baúl y arrastrarlo de la mano fuera del castillo.
Qué esposo tan atento tengo.
Soy el mejor, ya te lo he dicho Riddle.
Me querrías incluso si arruino la oficina de un profesor?
Te haría una fiesta si lo hicieras.
Aunque me encanta la idea, no puedo hacerlo. Ya tengo suficiente con la sentencia de expulsión sobre mi cabeza.
Pobre de ti, seguro te ha provocado pesadillas y dolor de estómago.
Tom se encuentra haciendo un ridículo puchero al papel.
Ha sido horrible.
No te preocupes, te enviaré un nuevo peluche para abrazar en las noches.
Si haces eso, Little Harry tendrá un ataque.
Te enviaré el mejor regalo de pre-cumpleaños que hayas visto.
Solo no me envíes un pajarito cantarín o una carta que explote con flores y corazones.
Amo que me des ideas.
Hablo en serio, podría morir si veo tal despliegue de afición.
Hablas como un caballero del siglo XV. ¿Qué demonios es la afición?
Tom se ríe.
Soy un caballero.
Usa tu diccionario y averigualo.
Y piensas igual que un viejo del siglo XV.
Eres insoportable.
Venía con el paquete.
Sabes que me adoras Potter.
Tonto, te extraño. Me encantó tu elección de viaje, como siempre. Aunque había muchos detalles del turismo muggle más que del mágico.
Susan fue con su tía a Budapest en las vacaciones de verano, me mostró las fotografías que incluí, me parece que es una parada justa después de tu elección mortal de Grecia.
Tú también estabas agregando criaturas letales a la colección.
Solo como material bibliográfico, no pienso montarme en un barco para cazar hidras o calamares gigantes. Mucho menos ir a cuevas a buscar mantícoras, no quiero morir a los 18 muchas gracias.
Hungría también tiene criaturas aterradoras y letales!
E s pura mala influencia, me estás corrompiendo.
Soy un muy buen ejemplo Riddle.
Claro que sí, el mejor.
Bien dicho.
Harry logra drenar todo su mal humor y lo manda a dormir con una sonrisa en la cara, vale la pena perder algunas horas de sueño por hablar con él.
La primera semana de Octubre es para Tom una tortura, Snape tuvo la idea de reemplazar los calderos por la tarea de drenar baba de caracoles y separar el cuerpo del caparazón, así que Tom está separando a los pobres caracoles en tres grupos de ingredientes. Agradece el uso de guantes, ya que de otra forma arruinaría los caracoles, aun así es asqueroso.
Tom sale del castigo oliendo a caracoles y con el sonido de los babosos cuerpos siendo desprendidos del caparazón en la cabeza.
Otro acontecimiento es Hatley. Tom la examina cuando entra a clase de encantamientos, porque la niña va entrando justo cuando su grupo va de salida, la nota ojerosa y con una mirada nerviosa que solo un niño traumatizado puede tener. La misma mirada que Tom vió en el espejo por años.
Siente como Hatley flaquea por primera vez, es como una premonición. Pero la niña nunca se había visto tan frágil, Tom sabe que es cuestión de tiempo para el punto de quiebre y se siente aun más culpable por no intervenir.
El jueves finalmente llega y es libre de Snape.
Podría celebrarlo de mil formas pero debe ir a dormir si no quiere caer muerto en herbología al día siguiente.
Claro que, cuando entra a la sala común todo su buen humor se desploma.
Lo primero que escucha son silbidos y risas, un flash lo ciega unos segundos en la entrada hasta que es capaz de ver la escena frente a él.
La sala común está decorada con bragas y sostenes diminutos, en sillas, colgando de postes, puestos en los marcos de retratos de magos importantes. La ropa interior se ve en mal estado, descolorida y estirada, como si fuera tan vieja que estuviera a punto de romperse. Tom alguna vez tuvo ropa así, hasta que sus tíos lo acogieron.
En el medio de todo está Hatley, cubierta de pies a cabeza de algo verde y viscoso que parece moco de troll mientras todos le arrojan monedas.
-¡Vaya lencería Hatley!
-Así piensas meterte en nuestros pantalones?
-Ten algo de vergüenza! Incluso las putas más baratas se arreglan para sus clientes!
Los gritos vienen de todos lados, pero Tom puede reconocer al grupo de la última vez. Marcus Flint, Hermes Carrow, Mulciber, Felix Rosier, Selma Selwyn.
Hatley se limpia el moco de encima y lo arroja al grupo con furia. Selwyn chilla mientras trata de protegerse, pero el moco cubre su falda y camisa. Hay más burlas, el ambiente se calienta y Tom presiente que las cosas van a empeorar muy rápido.
-¡Maldita perra! Voy a arrancarte la cabeza!
Carrow parece notarlo aunque Tom ha caminado lejos de todos, consciente de cada uno de ellos y deseando pasar desapercibido. El chico coloca una mano en el hombro de Selwyn y evita que se arroje sobre Hatley, con sus ojos fijos en él. ¿Es miedo o simple precaución? Tom no lo sabe.
-Estoy esperando por ello, ¿esto es lo mejor que puedes hacer?
Hatley tiene valor, Tom nunca dejará de señalarlo. Pero no sabe que tan tonto es provocar a un estudiante de sexto año cuando no sabe defenderse con magia.
Selwyn se ríe con ironía, tan alto que todo el mundo la escucha.
-¡Acabala Selwyn!
Tom ve como Draco y sus compinches observan todo como una buena obra de teatro, con el placer brillando en sus ojos. Hay incluso un chico que sostiene una cámara y dispara fotos, el mismo que lo cegó al entrar. Es el paquete de humillación pública completo.
-Te crees mejor que yo? Solo eres una perra sangre sucia arrastrada que cree que tiene el derecho de estudiar en Hogwarts porque ganó un boleto directo al mundo mágico desde la vagina de su madre squib. - Selwyn dispara su veneno mientras todos jadean, Tom ve como muchos estudiantes realmente se sorprenden gratamente, la situación de Hatley era una que solo los de años superiores y algunos otros conocían. Ahora toda la casa lo sabe.
Le asquea como todos se ríen.
Hatley tiembla ante las miradas, no es sencillo ser juzgado y rechazado de esta forma. Toda la casa está presente mientras la humillan y maltratan, y nadie hace nada.
Tom no puede quedarse callado, no puede ser parte de ello desde la inacción, no quiere ver de nuevo el rostro decepcionado de Hermione ni sentirse culpable por no interferir. No puede hacer la vista gorda con Hatley, aun cuando es lo mejor para él, los de años superiores no le han acosado aun cuando les atacó, Tom ha esperado la confrontación cada día desde entonces.
Da pasos hacia adelante y los estudiantes lo ven como si Tom fuera la salsa de tomate donde mojar las patatas fritas. Son unos malditos idiotas.
-¿Quién sabe qué enfermedades llevas encima después de que la mitad del mundo mágico se la cogiera?
-Pues entonces tu madre también debería revisarse, no vaya a ser que tu padre le contagie algo, con lo mucho que le gusta visitar a mi mamá.
Selwyn se enrojece de enojo mientras todos ríen y chiflan más fuerte.
-No te parece ridículo acosarme a mi cuando deberías enojarte con tu padre por preferir putas en lugar de a tu madre? O es cierto lo que dicen por ahí? Que las sangre puras son tan insulsas y poco complacientes que es mejor una puta.
Tom quiere aplaudir a sus palabras, pero prefiere erguir un escudo frente a Hatley para evitar que un hechizo cortante la alcance.
El grupo de monstruos lo ve con irritación y desafío.
-Apártate del camino Riddle, ya te dejaremos un trozo de tu novia para tu disfrute. - Carrow lo amenaza y Tom lo deja sin voz con un chasquido de dedos.
-Maldito sangre sucia, se reproducen como cucarachas. - Selwyn lo mira con tanto odio que sus ojos podrían explotar.
Hatley lo ve sobre su hombro y Tom puede ver como hay una batalla interna reflejada en sus ojos, algo que habla sobre la confianza y seguridad, como si estuviera midiendo si es un enemigo más o un aliado. Tom solo asiente, tratando de hacerle entender que cuidará su espalda y Hatley vuelve a darle la espalda como única respuesta.
Es todo lo que se necesita para que todo se vaya al diablo.
Hechizos comienzan a llover hacia ellos de todas direcciones y Tom erige un escudo burbuja para ambos antes de que puedan dañarlos, los hechizos se estampan en él sin romperlo produciendo chasquidos y sonidos similares a disparos y explosiones. Tom confía en la fuerza de su escudo, fue lo primero que aprendió a hacer siendo niño, muchas veces lo necesitó en la cabaña aunque su miedo terminaba por romperlo, pero aquí no hay miedo, solo rabia y Tom puede mantenerlo sin problemas.
Pronto se dan cuenta de que ningún hechizo logrará pasar y Tom decide ampliar su escudo como una onda expansiva que arroja a todos al suelo y hace temblar las paredes y el suelo, la expulsión de su magia es embriagadora, toda la casa se llena aire caliente, casi chisporroteante, Tom ama la sensación, extrañaba el control y fuerza de su magia defensiva.
El silencio es tan ruidoso que abruma, todos lo ven desde el suelo, sorprendidos. Solo Selwyn se pone de pie con la varita bien apretada en la mano.
-Deja de refugiarte en ese maldito lame botas y pelea conmigo, Hatley!
Tom no espera que Hatley se arroje sobre Selwyn como una acromantula hambrienta, Selwyn cae al suelo y Hatley patea la mano de su varita, arrojándola lejos de su dueña. Lo que sigue son golpes, jalones de cabello, gritos de dolor. Selwyn acorrala a Hatley en el suelo y le de puñetazos en el rostro y abdomen, Tom detesta el sonido de la carne siendo golpeada pero debe concentrarse en mantener a raya a los demás, ya que tiene a los compinches de Selwyn apuntandolo con sus varitas.
-Vamos Riddle, no querrás meterte con nosotros, ríndete y deja de meterte donde no te llaman.
Tom odia el tono de burla en la voz de Mulciber.
-Crees que te temo? Tengo más talento y magia que toda la casa junta. Deberías ser tú el que se rinda. - Todo el séquito de matones dispara a la vez hechizos de desarme, cortantes e incapacitantes que Tom les devuelve.
Mientras Hatley logra zafarse con una patada directo en la ingle y ahora es ella la que está encima de Selwyn, golpeando sus pechos como una loca, aun cuando Selwyn le tira del cabello hasta arrancarlo, la chica parece poseída mientras golpea y grita.
Selwyn le da un puñetazo en el costado derecho de la cabeza que la desestabiliza lo suficiente como para tomar el control de nuevo.
Tom siente que su pecho explotará de angustia, quiere detener los gritos y el ruido, se siente tenso y en alerta por las varitas que le apuntan, está tan abrumado que las ganas de vomitar aparecen para arriesgarlo todo, no puede tener un maldito ataque de pánico mientras es atacado por cuatro contrincantes y la niña que protege está peleandose con Selwyn.
Un siseo se escucha en la distancia, quizá de dolor, pero Tom ha escuchado ese tono antes y sabe que no es humano.
Una serpiente se arrastra hacia las chicas, no sabe de dónde viene pero hace a más de uno apartarse.
-¡Ama!
Hatley ve a la serpiente con un brillo en los ojos que Tom interpreta como alivio.
-Gola! Muerdela!.
La impresión es tanta que se distrae y es allí cuando algo lo arroja por el aire hasta chocar contra una mesa de madera. Su pecho duele tanto que su visión se nubla y sus piernas pierden fuerza. Tom solo escucha gritos cuando una voz alta y autoritaria habla.
-Qué está pasando aquí?!
La voz de Snape es lo último que escucha antes de desmayarse.
Tom despierta en la enfermería y a su alrededor puede ver a Snape, Dumbledore y la enfermera.
-No se exalte señor Riddle, tiene dos costillas rotas que deberá sanar esta noche.
Eso explica el dolor para respirar. La enfermera se acerca a él y le da un frasco.
-Esto ayudará con el dolor, le daré la poción de crece huesos una vez que hable con el profesor Snape y el director. - La mujer los ve con reprimenda. - Que sea rápido, no voy a permitir que ningún paciente sufra.
-Por supuesto Poppy, será rápido.
Tom ahora es capaz de ver a su alrededor, hay unas cinco camas ocupadas además de la suya. Todos son Slytherins y entre ellos distingue a Selwyn y Hatley.
-Es la primera vez que veo un caso de abuso escolar como este, de verdad Snape que me preocupa lo que haces con tus estudiantes.
La enfermera no espera una respuesta, solo va a atender a otro estudiante para dejarles tiempo de hablar con él. Tom se contiene a sonreír ante el regaño a Snape.
-Seré breve señor Riddle, hemos hablado con la señoritas Hatley y Selwyn sobre lo que ha pasado hoy, pero me temo que las versiones de ambas son.. Inconclusas. El profesor Snape me ha dicho que usted parece saber más y que podría ser el único Slytherin dispuesto a decir la verdad, además de ser el único en defender a la señorita Hatley.
Es una manipulación muy sutil para sacarle información, pero Tom ya ha mandado a la mierda dos veces su autopreservación, así que decide contarle a Dumbledore todo desde el inicio, lo más brevemente que puede.
-Le dije al profesor Snape la semana pasada que debería de estar más atento a lo que ocurría en la casa, en Slytherin el abuso parece ser una tradición.
Dumbledore le escuchó sin interrumpir ni una vez, Tom incluso admitió usar magia oscura.
-Es evidente que su casa continúa con esas desagradables costumbres, me avergüenza lo mucho que avanzó esta situación.- No se le escapa la mirada que el director le da a Snape. - De acuerdo Tom, gracias por contarme. Eres un jovencito noble y valiente por defender a tu compañera de casa, diez puntos a Slytherin por tu valentía.
-Pero usé magia oscura.
Dumbledore se encogió de hombros.
-Ellos también, no es así? - A pesar de su rostro de viejo santurrón Tom puede ver cierto brillo de picardía en sus ojos, como si estuviera orgulloso de los actos ilegales que acababa de cometer.
-¿Entonces no va a expulsarme?
-Expulsar a un joven mago que es el mejor de su año y que además tiene el corazón en el lugar correcto? No estoy tan loco. - Dumbledore le guiñó el ojo. - Sin embargo, una vez que sus huesos vuelvan a su estado original deberá ir a mi oficina, hablaremos con todos los involucrados en el caso de Hatley. Me aseguraré de enviarle un búho a su madre.
Tom sintió miedo por primera vez.
-Podría enviarle el búho a mis padrinos?
Dumbledore levantó una ceja.
-Mi madre no está en el mejor estado ahora, no quiero preocuparla. De igual forma puede estar seguro de que le informaré lo que sucedió. - Lo último que quería era mezclar a su madre deprimida con asquerosos sangre pura que seguramente la tratarían mal, además de la muy probable injusticia a la que se enfrentaría.
-Le escribiré al señor Potter entonces, ¿qué le parece?
Tom no puede creer su suerte.
-Sí, gracias profesor.
-Bien, te dejaremos para que descanses.
Tom asiente y siente que al menos hay un adulto en quién confiar en este lugar.
La enfermera llega con la poción de crece huesos en mano y le observa hasta que la toma entera. Tom sabe que le espera una noche dolorosa, por lo que la enfermera le da una poción de sueño sin sueños que le noquea de inmediato.
Cuando despierta ya es casi mediodía y sus amigas rodean su cama con expresiones de preocupación.
-Buenos días. - Todas le saludan.
-Nos diste un gran susto. - Sue se ve molesta y angustiada a la vez. - La mayoría de la escuela está hablando sobre como te batiste en duelo con toda tu casa para defender a Hatley y como Hatley y Selwyn tuvieron una pelea de puñetazos.
-Toda la escuela cree que eres un héroe y un prodigio de la magia. - Hannah habla emocionada.
-La casa de Slytherin solo tiene 10 puntos ahora. Los 85 que tenía se han esfumado.
-Esos diez son míos, Dumbledore me los dió por mi valentía y buen corazón.
Hermione acarició su mano con dulzura.
-Eres el mejor Slytherin de esa casa, solo tú te enfrentarías a una horda de personas para defender a alguien. Y ganaste.
Tom se siente muy halagado.
-Hatley también dió una buena pelea, molió a golpes a Selwyn. - A Tom le sorprende lo orgulloso que está de ello.
Sue ve sobre su hombro la cama frente a Tom.
-Sigue dormida, parece que estaba realmente cansada.
-Probablemente no dormía mucho cuidando su cama.
-Es horrible lo que le hicieron. - Hermione parece querer asaltar la cama de Hatley para cuidarla.
-Finalmente esos matones recibirán su merecido, hoy la casa de Slytherin ha estado callada. Todos se ven como niños regañados y la mayoría de los de sexto y séptimo tienen detención. - Hannah examina sus uñas, que aun conservan el brillo mágico.
-Sólo detención?!
-Por ahora, escuchamos que habrá una reunión de padres con Dumbledore. - Sue lo tranquiliza.
-Ah, sí. Vendrá mi tío James.
-Qué hay de tu madre?
-Prefiero no meterla a un cuarto lleno de puristas de sangre que le hicieron la vida imposible siendo estudiante.
Sue asiente.
-Bueno, más te vale presentarlo después.
Tom sonríe. - Mi tío James las va a adorar.
-Cómo no hacerlo? Somos geniales. - Hannah empuja una bandeja de comida a su regazo.
Tom se lo agradece con otra sonrisa.
Tom pasó sus días de reposo escribiendo a Harry una vez que su amigo se enteró por su padre sobre la pelea y envió un testamento regañándolo y maldiciendo a los Slytherins a la vez, gracias a Merlín Tom llevaba el diario a todas partes y pudo calmarlo lo suficiente. También recibió cartas de su tía Lily que eran más suaves, preocupadas, llenas de amor y contención, si Tom estaba siendo reprendido por ella no lo había notado. Aquello lo calmó enormemente, realmente no había internalizado lo preocupado que estaba de decepcionarlos y hacerlos pensar que había vuelto a ser el viejo Tom. Era lindo leer que había más amor que regaños en sus cartas.
Su madre y Becca fueron diferentes, ambas estaban tan enojadas que querían asesinar a los chicos, Becca principalmente, su madre aun estaba resentida por no haber sido convocada para la reunión, algo que Tom tendría que solucionar cuando no tuviera a los padres de esos chicos queriendo su cabeza por ser un sangre sucia que había golpeado a sus hijos.
Cuando su tío James llegó dos días después, Tom estaba terminando de alistarse con su uniforme. De inmediato se encontró metido en un abrazo cariñoso y delicado, no era usual en su tío, quizá no quería aplastarlo después de las fracturas en sus costillas. A Tom le derritió el corazón el cuidado despreocupado de su tío, haciéndolo sentir mucho mejor.
-¿Estás bien, campeón?
Su tío peina su cabello y lo examina de arriba a abajo. Tom sonríe con calma.
-Estoy perfecto, no fue la gran cosa.
-Está perfecto ahora, no debe preocuparse por ningún inconveniente futuro. - La enfermera, que se había convertido en su carcelera, apareció en segundos frente a ellos.
-Por supuesto que sí, en tus manos no lo dudo Poppy. Gracias.
-Tu padrino solía usar la enfermería como un salón de descanso tras cada travesura. - La enfermera no parece estar muy contenta con eso.
-Incluso tomaba los medicamentos de su estante si estaba ocupada con los demás. - Su tío le guiñó un ojo.
-Algo que NO debe hacerse, señor Potter.
Su tío hizo un puchero.
-Vamos Poppy, era tu favorito. - se pavonea.
La señora Poppy lo ve con horror.
-Eras mi mayor pesadilla.
Tom no pudo evitar reírse.
-Dumbledore les espera a los dos en su oficina.
Su tío parece recobrar su seriedad.
-Bien, vamos Tom.
El camino a la oficina de Dumbledore pasa rápido, su tío no es de guardar silencio y va interrogando a Tom sobre los hechos, porque él no contó los detalles escabrosos en sus cartas y tampoco sabe qué les contó el director.
-Y ese incompetente no tuvo la responsabilidad de investigar lo que sucedía en Slytherin?
Por supuesto, Tom no pierde tiempo en hablar sobre Snape con la primera persona que más le odia en el mundo.
-No, solo me amenazó con contarle al director que usé magia prohibida.
-Ese maldito de Snivellius..
-¿No vas a decirme nada por haber usado magia oscura?
Su tío lo miró muy serio.
-Sé que eres bastante maduro para tu edad Tom y que comprendes mejor las consecuencias de tus actos que otros niños, con que sepas que estuvo mal y sientas arrepentimiento por ello no veo razón para gritarte por algo que hiciste en defensa propia. - Tom siente que los nudos de su estómago se revuelven con alivio. - Pero si hay una próxima vez, usa hechizos legales, eres listo y creativo, no dudo de que eres capaz de defenderte sin usar maldiciones letales. De acuerdo?
Tom asintió, muy callado.
-Gracias tío James, prometo que no volveré a usar magia oscura.
Su tío le dió su mano para estrecharla.
-Bien, eso es todo. - Terminó la conversación con una palmada en la espalda y revolviendo su cabello como si aun fuera un niño de diez años y no un adolescente cercano a los trece.
A Tom le agradaba que su tío no se extendiera en sus conversaciones, todo era de fácil solución. Gracias a Merlín, así no temería por su corazón o estómago más de lo necesario.
La dirección está repleta de personas, Tom evalúa a cada uno con cuidado. Selwyn y sus compinches están de pie a un lado de los que deben ser sus imponentes padres, Tom nunca en su vida los ha visto pero la ropa extremadamente elegante y como buscan con cada gesto mostrar los anillos costosos en sus dedos y cada cosa de valor que llevan encima, le deja en claro quienes son.
Al otro lado de la habitación está Hatley, lleva puesta ropa muggle, un pantalón de color gris que parece que alguna vez fue azul marino y un sueter de mangas largas negro que le queda dos veces más grande y llega hasta sus rodillas. A su lado hay una mujer rubia que se ve muy joven y es hermosa, a pesar de las ojeras debajo de los ojos, de su semblante de preocupación y rabia y de la ropa que también se ve vieja.
Es un escenario que grita algo evidente: Los ricos son más y son una turba escandalosa unida para destruirlos.
-Bienvenido señor Potter, ya que estamos todos aquí deberíamos comenzar, no les parece? - Dumbledore está de pie detrás de su escritorio, acicalando a un ave fénix que se mantiene serena bajo su toque. Snape está a un lado de su escritorio, quieto como una estatua y con su repugnante rostro de murciélago mirandoles a todos con una seriedad que busca intimidar.
A Tom le parece asqueroso, ruin y cobarde.
-Seré claro Dumbledore, hemos hablado con el consejo estudiantil de Hogwarts sobre este asunto y como representantes de las buenas costumbres y de nuestros hijos encontramos inadmisible el que hogwarts permita la entrada a cualquier ser mundano que aparezca, como bien sabes hemos luchado incansablemente por el respeto de la cultura mágica como para permitir que nuestros hijos convivan con seres inferiores que no tienen intención de adaptarse y respetar.
-Disculpa, acaso estamos aquí por las mismas razones Rosier? Permíteme recordarte por si lo olvidas: Tu hijo Félix, junto a Hermes, Marcus, Selma y Angelus, acosaron a una niña, a esa niña - Su tío señaló a Marissa, cuyos ojos se miraban enojados. - Le arrojaron la maldición imperius, que es ilegal por si lo olvidas, la obligaron a beber alcohol y a bailar de forma inapropiada por horas. - El señor Rosier se sacude con repulsión, como si no se hablara de un ser humano, sino de una rata. - Rompieron sus útiles escolares, iniciaron una persecución incansable en los pasillos, sala común e incluso en su dormitorio, incitaron a alumnos de otros años a molestarla al punto en que Marissa era incapaz de dormir. - Tom nunca había visto a su tío tan enojado, sus ojos se ven de una coloración rojiza al igual que sus mejillas, se ve más alto, más fornido, como si se preparara para atacar físicamente. - Tomaron su ropa íntima y la desperdigaron por la sala común, violando su privacidad e intimidad, la llenaron de moco de troll, le tomaron fotografías, llamaron a todos sus compañeros a verlo como un espectáculo, incluso hay panfletos! - Su tío sacó uno de su saco y Tom se quedó sorprendido, no sabía de la existencia de ellos y parecía que Selwyn y sus amigos estaban igual de sorprendidos de ver que alguien sabía de la existencia de ellos. - Sí, no son tan listos como pensaron. - Su tío se burló de ellos. - "Acompañanos al espectáculo del año! No te pierdas a la puta de Slytherin ni sus increíbles pasos de baile en la sala común de Slytherin. Los primeros en llegar podrían ganar un trato especial"- Leyó.
Tom se mareó y su estómago se retorció. Cada uno de ellos estaba pálido y evitando la mirada del tío James, sus padres eran retratos que enmarcaban a la perfección la ira y altivez, se erguían como si cada palabra de acusación hacia sus hijos no fuera algo por lo cual avergonzarse o sentir culpa, como si Hatley no valiera ni un knut.
-No tiene ninguna prueba que indique que ellos son responsables de crear ese papel. - Un hombre de cabello cobrizo y piel cenicienta lo enfrenta.
-Podemos saberlo con un hechizo de rastreo de inmediato, Carrow. Después de todo somos magos.
Silencio absoluto.
Su tío James apuntó con su varita. - Revelio- Nada pasó, el papel seguía intacto. - Por supuesto, tiene protecciones.
-Si me permite señor Potter- Dumbledore extendió la mano y Tom vió a Selwyn contener el aliento y a Mulciber y Flinth compartir miradas angustiadas.
Un toque de su varita en el papel fue suficiente, Tom vió como algo se escribía en el papel poco a poco, como tinta derramada. Dumbledore leyó a través de sus gafas de medialuna.
-El hechizo revela dos nombres: Angelus Mulciber y Marcus Flinth. - Dumbledore les miró a ambos con una ceja alzada.
-Blasfemia! Potter pudo haber inventado ese asqueroso panfleto para incriminar a nuestros hijos, no es una casualidad que nadie haya encontrado ningún panfleto excepto él? - El que parece ser el padre de Mulciber sale en su defensa.
Dumbledore abre un cajón de su escritorio y saca tres panfletos más.
-Estos fueron hallados en manos de estudiantes de Slytherin de tercer año, el profesor Snape en persona los confiscó.
Todas las miradas van al murciélago, Tom no puede culparlos por odiarlo, aunque tienen razones diferentes para hacerlo.
-Este lo obtuve de un estudiante de Gryffindor, uno de los señores Weasley lo encontró en manos de un estudiante de cuarto año y lo robó.
La reunión estaba llena de sorpresas, Tom se preguntó quién habría sido. Quizá Percy?
-Me parece que hay suficientes pruebas contra los señores Mulciber y Flinth, no les parece? - Dumbledore parecía estar disfrutando de las miradas de reproche de los padres a sus hijos.
-Mi hija es una dama, nunca se rebajaría a la altura de esa.. Inmundicia. - El señor Selwyn, un tipo alto, de pecho amplio como un gallo de pelea y cabello rubio canoso, mira en dirección a las mujeres Hatley con los labios arrugados en una expresión de repulsión que despierta en Tom el deseo de arrancarlos de tajo. - Si actuó contra esa criatura habrá sido en defensa propia.
-Defensa propia? ¿Qué podría hacerle una niña de once años a una de dieciséis? Además, le recuerdo que cada vez que su hija estaba en presencia de Marissa estaba acompañada por Mulciber, Flinth, Rosier y Carrow, es imposible que Marissa pudiera ser una amenaza. - Tom de inmediato salió en defensa de la chica.
Selwyn le arrojó cuchillos con la mirada.
-¡Nos atacó con magia oscura! ¡A todos nosotros! ¿No es un crimen eso también? - Rosier lo señaló con un dedo y Tom sintió que su cuerpo se enfriaba junto a la sensación de un rayo impactando en su columna.
-Lo hice en defensa propia. - Mantiene la compostura, no va a demostrarles a esos idiotas lo aterrado que está por ser expulsado o ser llevado al ministerio por uso de magia prohibida.
-Nadie estaba atacandote Riddle.
-No, pero atacaban a Marissa, quién estaba bajo la maldición imperius, una maldición imperdonable que es condenada con Azkaban. Podré haber usado magia oscura, pero era mil veces más inofensiva que la tuya.
El padre de Rosier se burla de sus palabras.
-Así que castigas a nuestros muchachos pero no a un mestizo que es igual de culpable? Como siempre demostrando tu nepotismo Dumbledore. Exijo un castigo contra estos jóvenes por atacar a nuestros hijos.
El director se irguió y dejó en paz las plumas de su Fénix.
-¡¿Atacar a sus hijos?! Mi ahijado actuó en defensa de otro estudiante usando la misma magnitud de magia que los tuyos aplicaban, nunca ha tenido ningún problema en la escuela en dos años, mientras que sus hijos han sido acusados constantemente por acoso y agresión y ustedes pagan al ministerio para que hagan la vista gorda y borren los registros. - Su tío se acercó a Rosier al punto de gritarle en la cara. - ¿Crees que permitiré que castiguen a mi muchacho por defenderse? Yo también tengo dinero Rosier, mucho y buenos contactos en el ministerio. ¿Quieres una puta guerra? ¡Adelante!
Tom sentía partes iguales de miedo y orgullo.
-Cómo te atreves a acusar a nuestros hijos..! - El padre de Selwyn volvió al ataque.
-Me atrevo por mi conocimiento, por cada expediente que ví sepultado en cajas y cada carta que mi ahijado ha enviado hablando sobre el abuso que sufre en la casa de Slytherin debido a la crianza racista y abusiva que le inculcan a sus desagradables hijos! Me atrevo perfectamente a ir al ministerio y denunciarlos a todos y gastar casa maldito centavo de las urnas Potter y Black hundiendolos. - Su tío clavó su dedo en el pecho del señor Selwyn.
-Señores, por favor! Esto es una reunión escolar no un salón de duelo. - Dumbledore intervino antes de que su tío se enojara lo suficiente como para darle un puñetazo a los padres de Rosier y Selwyn. - Señores Flinth y Mulciber, como entenderán hay políticas muy claras sobre el abuso en Hogwarts y el rechazo entre compañeros, como director no permitiré estos comportamientos hacia otro estudiante y no puedo permitir que adolescentes que no temen usar maldiciones imperdonables contra otros reciban educación en Hogwarts, por lo que expulso a ambos de Hogwarts inmediatamente.
-Qué?! No puede hacer eso, mi padre ha dado millones a esta asquerosa escuela durante años!
-Su padre ha decidido donar dinero a Hogwarts por su propio pie, si cree usted que una acción que debería ser altruista puede ser utilizada para manipular el sistema escolar está equivocado señor Flinth.
El padre de Flinth lo echa atrás con una mano en su pecho.
-Va a arrepentirse de ello, perderá el financiamiento de toda familia respetable en el mundo mágico.
-Creame Flinth, hay suficientes familias mágicas verdaderamente respetables que estarán encantadas de colaborar con la escuela. - Su tío se burla con una sonrisa estampada en el rostro.
Las venas en la cabeza del padre del cretino se brotan como gusanos, contiene el aliento con tanta fuerza que sus mejillas se hunden y dejan ver su mandíbula huesuda y cadavérica.
-Bien, expulse a mi hijo, puedo inscribirlo en cualquier escuela de magia que desee, ¡la mejor! Pero ese chico- Tom se vió apuntado, los ojos de la habitación lo buscaron como faros. - También debe ser expulsado por lo que hizo, violó el reglamento de la escuela al usar magia oscura. No defiendes la justicia Dumbledore? Pues bien, lo quiero fuera.
Tom siente que va a desmayarse y agradece a su yo del pasado por evitar que su madre acudiera a la reunión, su madre habría explotado rogando porque no perdiera su plaza en Hogwarts, aterrada de tenerlo lejos.
-El señor Riddle ha quebrado las reglas y será castigado por ello. Pero sus acciones fueron en beneficio y ayuda de otro estudiante y Hogwarts no le dará la espalda jamás a aquellos que actúen en defensa de los débiles.
-Pero qué estupidez es esa?! Rompió una pared en la sala común, dos chimeneas explotaron y arrojó volando a toda la casa con un solo hechizo, ¡eso no es defensa propia! - Mulciber parecía decidido a hundirse en compañía.
Tom ni siquiera era consciente de que su onda expansiva había causado tantos desastres.
-Toda la casa estaba acosandola! - Tom miró a Hatley, desde que habían entrado no había dicho ni una palabra, solo se paraba allí de brazos cruzados y con expresión desafiante, como si no le interesara defenderse. Su madre miraba todo con el rostro pálido y ojos temerosos, una mano apoyada en el hombro de Hatley apretaba con tanta fuerza que Tom casi podía sentir los dedos clavándose en la piel. Era frustrante verla en pasividad cuando Tom sabía que era capaz de moler a golpes a cualquiera.
-¡Eres un peligro para toda la casa, traidor a la sangre asqueroso!
La chimenea de Dumbledore explotó en llamaradas y chispas.
-Hay violaciones más relevantes que usar magia oscura para salvar a un amigo. La crueldad, la discriminación, la premeditación para hacer el mal a un inocente por su estado de sangre.. - Dumbledore estaba tan furioso que su barba temblaba al hablar, el viento entraba por las ventanas y sacudía cachivaches que colgaban del techo. Toda la sala se llenó de su intoxicante magia. - Hogwarts es un colegio de magia que acepta a todos por igual, reconociendo que la magia puede venir de cualquier lugar, puede ser diferente pero igual de valiosa. Sus hijos esparcen en su casa una influencia que no hace más que hundirnos como sociedad, alejarnos de la modernidad y el nuevo conocimiento. Como director no permitiré que ninguno de sus hijos continúen estudiando en Hogwarts, espero logren encontrar una institución en la que no solo aprendan magia sino una nueva forma de ver el mundo.
-Esto es inaudito! ¡No puede expulsar a mi hija!
-Puedo y lo hago señor Selwyn. Su hija inició una campaña de odio contra la señorita Hatley, tengo múltiples testigos que puedo mostrarle en el pensadero. Solo fue lo suficientemente lista como para no hacer el panfleto con su magia, pero eso no la exime de participar en la tortura de un estudiante y golpearla por causas privadas y personales. - Dumbledore le miró por encima de los anteojos como si acabara de decir algo que solo ellos podían entender, aunque todos en esa sala eran conscientes de la "relación" del señor Selwyn con la madre de Hatley.
-Si se niega a expulsar a ese niño iré inmediatamente al ministerio y pondré una demanda, esto no se quedará así! Haré que lo releven de su cargo como director de Hogwarts, desde que llegó no ha hecho más que envenenar la mente de nuestros niños con sus excentricidades y política pro muggle. No permitiré que continúe haciendo lo que se le da la gana.
Dumbledore solo sonrió, una sonrisa de viejito senil en lugar de un mago adulto y coherente.
-Inténtelo entonces señor Selwyn.
La sala se silenció incómodamente.
-Sí, adelante. Ve y pon tu denuncia en el ministerio, yo te estaré esperando con carpetas enteras de todas las infracciones que han tapado por años con su dinero, veremos si a la nueva jefa del departamento de aplicación de la ley mágica le agrada ser silenciada con monedas de oro. Creo que la conoces, Amelia Bones. De hecho, su sobrina es amiga de Tom y te puedo apostar que Amelia tiene muy buena opinión de mi ahijado.
Tom no se lo podía creer, su tío James chantajeando a esas ratas puritas de sangre, fue lo más genial que había visto en toda su vida. Habría sonreído de no ser porque hablaban de él.
El señor Selwyn y el resto de padres inútiles eran como dragones furiosos amarrados con cadenas irrompibles, en sus rostros se notaba el deseo de tomar al tío James y hacerlo pedazos.
-Cuidate Potter, el peor idiota es el que cree saberlo todo.
-Puedo decirte lo mismo a ti Carrow.
Su tío puso una mano en su hombro cuando cada uno de ellos se marcharon de la oficina como un desfile de dignidad y moda, todos con la frente en alto y evitando las miradas.
De nuevo tuvo que morderse la lengua para no sonreír.
-De acuerdo, supongo que es todo. - Dumbledore se sentó con un plop, suspirando como si estuviera demasiado agotado. -Señor Riddle, aunque he decidido no expulsarlo eso no le exime de recibir un castigo por usar magia oscura- Tom se tensó, ¿era en serio? Acababa de salir de la enfermería, había limpiado calderos y destripado caracoles por una semana! - Pero, ya que el profesor Snape le proporcionó una dura semana de castigos supongo que ha aprendido la lección.
Tom asintió. - Sí señor.
-Bien, ya puede regresar a su dormitorio o a donde sea que vayan. - Dumbledore le sonrió achicando los ojos, se veía como un oso panda despertando de la siesta. - James.. Siempre es un gusto verte, enviale mis saludos a Lily, es una de mis más brillantes estudiantes.
Dumbledore les guiñó un ojo y les despidió.
Hatley y su madre se quedaron en la dirección y aunque Tom tenía curiosidad de saber qué discutirian prefirió arrastrar a su tío al jardín para presentarle a sus amigas.
-No pensé que tuvieras esa vena chantajeadora en ti, tío James.
Tom se siente feliz, está eufórico, es la sensación que invade su cuerpo cada vez que se siente amado y protegido. Tontamente podría echarse a reír a carcajadas y aceptar jugar cualquier tontería que Harry y su tío aman y que seguramente le provocaría una fractura.
-Yo también tengo mi lado Slytherin. - Le guiñó un ojo.
Harry iba a enloquecer cuando le contara.
-Ahora dime.. Tendré el placer de conocer a las asombrosas señoritas de las que me hablaste en vacaciones?
Tom sonrió. - Vamos justo a verlas. Te caerán bien.
Una mano despeinó su cabello y se apoyó en su espalda mientras seguían caminando. Era lindo ver al tío James incluso si tuvo que pelearse para ello, Tom los extrañaba siempre pero podía tener una buena vida compartiendo momentos durante las vacaciones y llamadas.
Notes:
👀 Qué les pareció? Creo que es uno de los capítulos más largos que he escrito, espero no les haya parecido aburrido, siento que pasaron muchas cosas en un solo cap y quizá debí dividirlo en dos partes pero bueno 🤷🏻♀️ quizá en el futuro me anime a cambiar cositas.
Qué opinan de los nuevos personajes que aparecen? Qué papel creen que tendrán para la trama? Y Merope? Qué opinan de su cambio? Siento que este capítulo inicia con las vibras que la historia pronto tomará y me emociona pero me asusta, mis personajes no quieren limitarse a la trama que estructuré cuando comencé esta aventura y me están partiendo la cabeza, pero igual les tengo cariño a todos.
En fin, espero volver pronto, gracias por esperar 🫶🏻
Chapter 29: Lazos de sangre
Notes:
Así es, soy yo. Volví de entre los muertos antes de lo que yo misma esperaba ☺️ Espero les guste este capítulo y no diré mucho más porque ya me extendí con mis comentarios al final de capítulo.
Que disfruten la lectura.
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Chapter Text
Capítulo XIX
Lazos de sangre
Papá es genial, habría dado toda mi colección de libros para verlo poner en su sitio a esos idiotas.
Cuando su tío James se fue y llegó la hora de marcharse a sus dormitorios, Tom de inmediato tomó su libreta y le contó a Harry todo, escribió tan rápido que su mano se sintió acalambrada.
Algún día te mostraré el recuerdo.
Bien. Pensé que terminarías expulsado, ya estaba hablándole a mis compañeros de habitación sobre mi increíble mejor amigo viniendo a estudiar con nosotros.
¿Tan poca confianza tenías en tu padre?
¡Confío en papá al cien por ciento! Pero quería tener todos los puestos cubiertos.
Espero que me hayas reservado la cama junto a la ventana.
Esa es la mía, pero tendrías un lugar justo al lado de la cama junto a la ventana.
Siempre podrías ceder tu cama.
Amo despertarme con la luz del sol Riddle.
¿Y amas más a una ventana que a tu mejor amigo?
Eso es manipulación.
¿Está funcionando?
Puedo ceder el lado izquierdo de mi cama.
Tom sonrió.
Me parece justo.
¿Y qué pasó con Marissa?
El elefante de la habitación. Tom no pudo hablar con ella después de la reunión en la oficina de Dumbledore aun cuando se moría por hacerlo, pero su mente aún estaba confusa, necesitaba asegurarse de lo que había escuchado en la sala común antes de perder el control y ser atacado por los hechizos de los compinches de Selwyn.
Ella y su madre estuvieron en silencio todo el rato, estaba desesperante, el tío James estaba a punto de iniciar un duelo en la oficina de Dumbledore solo porque me rompieron una costilla y la madre de Marissa no dijo ni hizo nada.
¿En serio?
Tom pensó en muchas razones, la madre de Marissa era una prostituta que asistía a algunos magos de sangre pura de gran influencia. Defender a su hija y exigir justicia le costaría esos clientes, comida y dinero antes que dignidad para ella y su hija. Tom podía ver los hilos frente a sus ojos, así funcionaba el mundo real, pero no le diría eso a Harry.
Sí, aunque el tío James defendió a Marissa también.
Me alegra que hayan expulsado a esos imbéciles. Aunque merecen mucho más que eso, yo rompería sus varitas, violaron las leyes de la magia!
Yo también usé magia oscura, mi varita también debería estar rota.
¡Pero lo hiciste en defensa propia!
Era una buena excusa, una en la que no había pensado cuando atacó. Tom conoció un vasto catálogo de hechizos de defensa legal gracias a su tía Becca pero cuando tuvo de frente al grupo de Selwyn deseó hacerlos sufrir, ver su piel caerse a pedazos y escuchar sus gritos, Tom pudo haber acabado con ellos con hechizos estúpidos e inofensivos, pero eligió los peligrosos, los dolorosos porque su magia lo exigía, ese instinto animal que habitaba en él y que llevaba dormido muchos años.
Pude haber usado hechizos inofensivos.
¡No es tu culpa y no mereces el mismo castigo que ellos!
¿Por qué? Porque soy tu amigo?
Porque eres una buena persona, protegiste a Marissa y si, te enojaste y actúaste, pero ¿quién no se enojaría al ver eso?!
Su pecho se expandió en llamaradas cálidas, era como si el aire que entraba por sus pulmones se paseara por toda su espalda, llegando a su cuello y bajando hasta su corazón. Sus labios se curvaron en una sonrisa.
Serías un muy mal abogado Harry.
Sería el mejor, perseguiría las causas justas.
La justicia no existía en el mundo real, la suerte era más confiable.
De acuerdo salvador, prefiero que protejas criaturas mágicas. No aguantarías demasiado siendo bombardeado por leyes, papeles y juicios.
Tom podía ver en su mente la mueca de desagrado en el rostro de Harry solo con imaginarse a sí mismo en esa posición.
Sí, definitivamente detestaría trabajar en el ministerio. ¡Soy un alma libre!
Claro que sí, debo ir a dormir.
Yo también, descansa. Te quiero Tom.
Yo también te quiero, alma libre.
Al día siguiente Tom fue recibido por una reunión de estudiantes en la sala común, los ojos se todos se posaron en cada paso que dió mientras todo su cuerpo se endurecía y calentaba, preparándose para atacar si era necesario.
-Finalmente nos acompaña señor Riddle, bien. - Snape, a quién no había visto en medio de la multitud, parecía ser el responsable de tenerlos a todos allí. - Como bien deben de saber todos, ayer han sido expulsados cinco estudiantes de nuestra casa por violaciones graves contra la integridad de otros estudiantes. - El murciélago hizo una pausa para mirarlos a todos, como si sus ojos fueran flechas apuntando a los culpables- Sé perfectamente que cada uno de los que está en esta sala ha sido un miembro consciente y silencioso de los abusos que ocurren en esta casa, con sus excepciones- Snape lo miró pesadamente por unos segundos al igual que todos. Lo último que necesitaba era ser apuntado como un faro.- Así que seré muy claro: cualquier estudiante de esta casa que maltrate a otro compañero será castigado severamente y ni sus padres y contactos les salvará de ello, he sido claro? - Nadie dice nada, solo miran a Snape con odio o con un rostro neutro y libre de emociones. - Tomen a Selwyn, Carrow, Flinth, Mulciber y Rosier como ejemplo de que su estado social no les salvará de incumplir las normas y leyes.
La habitación se siente pesada y más oscura de lo habitual, hay una tensión que echa chispas en el aire y un silencio que parece presionarlos a todos al punto de impedirle respirar profundo.
-Ya que Selwyn ha sido expulsada nombraré un reemplazo para tomar su puesto como prefecto. Burke - Snape identificó rápido a Cornelius Burke, el idiota que había hecho del primer año de Tom insoportable, entre sus demás compañeros. - Quiero una lista de candidatas en mi oficina al finalizar el día.
-Me encargaré de inmediato señor.
-Y otra cosa Burke: no creas que desconozco lo que hacen por ahí, espero un cambio de actitud hacia tus compañeros o puedes despedirte de ser prefecto y ganarte una audiencia con el director. He sido claro?
Burke lo mira a él cuando le responde a Snape, sus ojos parecen escupir palabras, ninguna de ellas agradable. Está claro que Tom ha subido un par de puestos en la escala de popularidad Slytherin, lamentablemente del lado peligroso, es evidente que todos le odian y culpan por ser amenazados por el jefe de casa y la expulsión de esos idiotas.
-Como el agua, señor.
Snape asiente.
-Al comedor, todos.
La orden presenta una resistencia silenciosa que se siente como una cuerda tirando hacia atrás. Snape no es más que un mestizo con talento para las pociones que ganó un puesto en Hogwarts, no es nadie importante para sus estudiantes más allá de su influencia para una buena calificación.
Tom se mueve al frente, no está dispuesto a una nueva confrontación, tiene mejores cosas que hacer cómo desayunar y buscar a Marissa Hatley.
Su avance parece cortar la tensión del grupo, chicos de primer y segundo año le siguen y como una cadena los demás van detrás, como un rebaño de ovejas obediente, pero Tom lo sabe mejor, esto es una manada de lobos guardando las apariencias para atacar más tarde.
Camina lo más rápido que puede para no ser rodeado por otros estudiantes y ser un blanco fácil para recibir un hechizo, aun con Snape presente es fácil atacar a alguien y salir impune entre una masa grande de personas.
No ve a Marissa en el comedor, pero guarda la esperanza de encontrarla al salir de su clase de encantamientos, ya que justo después Marissa tiene la misma clase. Mientras tanto sigue a Hermione a la clase de transfiguración.
-¿Estás bien? ¿Cómo están las cosas en Slytherin?
Hermione habla lo más bajo que puede a su lado, los dos han logrado transfigurar una cajetilla de encendedores en un cofre ornamentado de metal, por lo que pueden relajarse por lo que resta de clase, en silencio.
-Está calmado, por ahora. Snape nos recibió a todos con un discurso sobre tolerancia cero al abuso entre compañeros de casa esta mañana.
-Pues eso está muy bien.
-Sí, pero hablamos de la peor casa de todas Mione, ya hallarán la forma de torturar a sus víctimas.
Hermione frunció una ceja y sus ojos mostraron enojo.
-Deberían castigarlos a todos, todos estaban viendo como se metían con Marissa - Aunque por su tono ambos saben que pueden serlo.
Tom bufó. - Ni siquiera Dumbledore puede con todos los padres de Slytherin dispuestos a destruirlo.
-Ya debe estar recibiendo miles de cartas de queja.
-No me sorprendería si Draco Malfoy se queja de Snape con su padre. No me molestaría si lo despidieran.
-No deberías decir eso, Snape parece estar redimiendose.
-Sí, para que Dumbledore no le despida.
Hermione suspiró pero su silencio le dió la razón.
Tom esperó en la entrada de encantamientos junto a Susan y Hannah a quienes les contó su plan de emboscar a Marissa para hablar antes de su clase. Hermione le exigió contarle todo después de la cena.
-¿No crees que es más fácil esperarla en la sala común? Ni siquiera podrás hablar el tiempo suficiente con ella. - Los estudiantes entraban al salón en grupos pequeños y el tiempo corría, no había rastro de Marissa y Susan comenzaba a preocuparse por llegar tarde a clase.
-No creo que deje de esconderse, nunca pude encontrarla en la sala común ni en el comedor.
-Debe comer en las cocinas, con los elfos. Están escondidas en las mazmorras, en el retrato del Fraile Gordo. - Tom vió a Hannah con interés. - Quizá se esconde allí todo el día.
-Y le queda cerca de la sala común. - Susan asintió- Es un buen escondite. Podrías buscarla allí.
-Y así no llegarías tarde a tu clase de herbología.
Tom se sentía engatusado por las dos niñas.
-De acuerdo, probaré buscarla en las cocinas.
Las dos se vieron aliviadas y lo arrastraron del brazo para caminar lejos del salón de clases.
-Bien, no quiero el regaño fantasmal de Binns para comenzar mi semana.
Tom no buscó de inmediato en la cocina, los deberes de la escuela no se detenían y decidió que lo mejor sería estudiar el comportamiento de todos en su casa y si Marissa decidía aparecer, pero eso no sucedió.
En cambio, descubrió que la mitad de su casa le odiaba y la otra mitad le respetaba con desagrado por hacer temblar los cimientos de la sala común con un simple hechizo escudo. Más de una vez descubrió estudiantes mirándolo con interés y susurrando sobre él.
-Todo Hogwarts habla sobre eso, no es normal que de la noche a la mañana cinco estudiantes hayan sido expulsados. - Susan peinaba a Hannah con una trenza francesa mientras hablaba.
-Los chicos de quinto año nos detuvieron a Susan y a mí para preguntarnos qué había pasado. En nuestra sala común tembló un poco.
-Ronald Weasley está contándole a todos en Gryffindor que eres un mago oscuro y que de seguro tu intención era demoler la escuela. - Hermione habla de ese idiota con el mismo odio que Tom siente en su interior.
-Todos los Weasley son unos idiotas- Susan tiró un poco fuerte de un mechón rubio de Hannah que hizo que su amiga se quejara. - Perdón, Han.
-¿No es demasiado? Entiendo que te odie por convertir a sus hermanos en un burro y un ganso pero se lo merecían por hacerle daño a Hermione. - Los ojos de Hannah están muy abiertos por los tirones de Susan a su cabello, Tom considera por un momento decirle a su amiga que suelte a la pobre Hannah, pero prefiere mantenerse alejado de las manos femeninas, ya tiene suficiente con haberse pintado las uñas de nuevo, un retoque, porque sus uñas siguen débiles.
-Ron es amigo de Harry y los Weasley son buenos amigos de mis tíos, así que la señora Weasley nos dió clases a todos en su casa y Ron me odia porque soy el favorito de Harry y más inteligente que él. - Tom no dudó en jactarse.
-Bajale un poco a tu ego Tom o saldrás volando.- Susan sonreía con picardía.
Tom le sacó la lengua.
-Y solo por eso te odia? Es una tontería.
-Ronald nació tonto Mione. - Tom se encogió de hombros. - Y digamos que yo era algo difícil a mis nueve años, Harry era el único que me aguantaba.
Tom se siente algo nervioso de compartir pedazos de su infancia, eso lo acerca demasiado a detalles escabrosos que prefiere mantener ocultos, como Wools, la cabaña, como estuvo a punto de ser asesinado y como los Potter lo acogieron por meses por lo traumatizado que estaba.
-Harry suena como una linda persona, siempre que hablas de él tienes una mirada tierna. - Hannah le sonríe con dulzura.
-¡Es verdad! - Susan se ríe- Si Tom tuviera que elegir entre salvar a la humanidad o a Harry..
-Elegiría a Harry. - Completó Hannah. Las dos se echaron a reír mientras Tom sentía el rostro caliente de vergüenza.
-Ni siquiera hablo tanto de él, exageradas.- Aunque era cierto, Tom salvaría a Harry.
-No, pero siempre estás trabajando en ese diario que comparten.
-Es un trabajo de investigación, un proyecto para mantenernos en contacto.
-Es algo lindo que trabajes tan duro en mantenerte en contacto Tom, te hace un muy buen amigo. - Hermione tenía la misma mirada brillosa que Hannah.
-Gracias.
Susan le guiñó un ojo que le hizo revolver el estómago, sintió el rostro tan rojo que desvió la mirada al lago, esperando a que la brisa fresca calmara sus mejillas.
El jueves finalmente se atrevió a ir a las cocinas, tenía una hora libre antes de pociones y según el horario de primer año, Slytherin tenía doble bloque de hora libre los jueves.
Encontró la pintura del Fraile Gordo y acarició las peras que sostenía en un bol. La pintura se abrió hacia dentro dejando un agujero que emitió un deslumbrante rayo de luz que iluminó todo el pasillo, Tom entró de prisa y cerró la puerta, lo último que necesitaba era revelar el escondite secreto de Hatley.
Frente a él encontró una mesa de madera larga y bien pulida, a su alrededor los elfos iban de un lado a otro chillando, cargando ollas, revolviendo, picando y mezclando. Hacía mucho calor y la cantidad de olores era tan intensa que Tom se sintió mareado y abrumado. En la mesa Hatley comía una empanada horneada mientras miraba a una elfa decorar un montón de tartas de manzana. Se le veía tranquila, había una pequeña sonrisa en su rostro, su cabello se veía limpio y cepillado, pero lo más destacable era su postura: relajada, tranquila, segura.
Cambió en segundos una vez que lo vió.
-Hola. - Tom levantó ambas manos para dejar en claro que no quería hacerle daño. - He estado buscándote por días, quería hablar contigo.
-¿Usted es uno de esos niños que molesta a la señorita Marissa? - La elfa a su lado convocó una paleta de madera con un chasquido de dedos y la envió flotando a su rostro.
-¡No! Soy Tom, la ayudé a cuidarse de los bravucones.
Tom miró a Marissa buscando su ayuda, no quería pelearse con los elfos de la cocina, por muy poderoso que fuera él, la magia de los elfos era superior y había al menos una docena trabajando en las cocinas.
-Está bien, Happy. Él tiene razón.
-Oh! Así que usted es el señor Riddle! - Varios elfos lo miraron aterrados. - ¡Pensamos que la cocina se caería a pedazos!
Tom sonrió con los labios juntos y apretados.
-Me disculpo por eso, no controlo del todo bien mi magia.
Los elfos le miraban con sospecha y miedo, pero al menos comenzaron a cocinar de nuevo.
-Quería saber cómo estabas, no pude hablar contigo después de la reunión en la oficina de Dumbledore.
La postura relajada de Hatley se ha desvanecido, la empanada está abandonada en la mesa y todo su cuerpo está en tensión, como si se preparara para levantarse de su asiento si se siente en peligro real. Tom trata de no sentirse ofendido.
-Estoy bien. - Corto, escueto, seco.
Tom no sabe cómo sacar el tema, podría ser una locura, es algo casi imposible, pero él mismo no debería haber existido y aquí estaba, cerca de cumplir trece años. ¿Podría haber escuchado mal? Había mucho ruido alrededor.
-Es algo bueno, Snape ha amenazado a todos para no ser unos monstruos bravucones. - Hatley solo le ve en silencio.
Tom se harta muy rápido de tratar de ser amable e iniciar una conversación.
-La verdad es que quería hablar contigo por algo que oí antes de ser atacado por los amigos de Selwyn. - El semblante en blanco de Hatley no le dice nada. - Ví salir una serpiente de tu uniforme. - Su cuerpo se enciende como una chimenea, se yergue en su asiento y sus ojos claros se oscurecen. -Te oí hablarle.
-Y entonces? No puedo hablarle a mi serpiente? Ser mestiza me quita el derecho de hablar con ella también?
Su boca se seca, su corazón se acelera de impresión. ¿Podría ser posible?
-¿Hablas pársel?
Hatley asiente con rudeza.
-Puedes entender lo que digo?
Los ojos de Hatley se abren, sus cejas suben y bajan para fruncirse.
-Sí.
Tom siente que va a desmayarse. Marissa Hatley habla pársel. Ella se ve confundida, algo sorprendida pero no parece estar pensando en lo mismo que él, nadie en el mundo puede hablar pársel, nadie, excepto los descendientes de Salazar Slytherin y solo su madre, su tío y él estaban vivos en el desgraciado linaje.
-Tu serpiente se llama Gota, ¿no? - Quizá escuchó mal, quizá Hatley solo siseó de molestia y él malinterpretando las cosas.
-Su nombre es Gola. - El lenguaje se escucha tan raro, toda su vida solo escuchó el tono de los siseos de su madre y de los otros dos monstruos.
-Tú.. Sabes que casi nadie puede hablar pársel, ¿no?
Ella se encoge de hombros.
No lo sabe, cómo es posible que no lo sepa? De quién es esta niña en realidad? Es innegable que se parece a su madre, pero de quién es hija? ¿Podría ser de ÉL? o de Morfín? o quizá hay alguien más, alguien que desconocen.
-La lengua de las serpientes sólo puede ser hablada por los descendientes de Salazar Slytherin, el fundador de la casa Slytherin. - Hatley no dice nada. - Los Gaunt son los últimos descendientes. Mi madre es una Gaunt, se llama Merope, ¿la conoces?
¿Acaso su madre había tenido más hijos? Habría abandonado a Marissa con una prostituta y esa prostituta había realizado una adopción de sangre? Eso explicaría el parecido. No, su madre no podría haberlo hecho, los habría juntado a ambos en el orfanato de ser el caso, si lograba esconder de ÉL un segundo embarazo. No podía ser su madre.
-No la conozco.
La reacción de Hatley está enloqueciendolo, Tom está perdiendo la cabeza, descubriendo una posible familiar perdida y Marissa solo lo ve como una molestia que la detiene de seguir comiendo.
-Tu madre también habla pársel? - Quizá desciende de una larga línea de Squibs, muchos magos hijos de muggles heredan la magia de sus padres Squib. Sería una razón válida para ser rechazados siglos atrás, eliminados del árbol genealógico.
-¿Por qué te importa?
-Podríamos ser familia.
-Y entonces?
Tom quiere gritar.
-Solo somos mi madre y yo.
-Creí que tenías tíos.
-No tenemos relación consanguínea.
Si somos familia sería agradable conocerte, a mi mamá le encantaría saber de ti.
-No estoy interesada en conocer a nadie y no somos familia.
-¿Sabes quién es tu padre?
Hatley se cruza de brazos, se nota que está comenzando a enojarse, pero Tom quiere respuestas y sabe que Hatley será un más esquiva luego de esa conversación.
-No lo sé, la mitad del mundo mágico ha estado con mi madre, ¿no lo habías oído?
-Acaso se llamaba Morfín?
Su cuerpo se inclina hacia atrás, sus labios tiemblan, aprieta y suelta sus dedos.
Que hijo de puta más traicionero e hipócrita.
-Tu padre es Morfin Gaunt? - Ella no dice nada, pero en sus ojos está la verdad. - Es mi tío. ¿Lo conoces?
-No. Y no somos familia. Déjame en paz o le diré a Dumbledore que has estado acosándome. - Hatley se levanta de su asiento, en su rostro se ve la desesperación por salir de allí.
Tom se ríe sin poder creérselo.
-Acosarte? Te ayudé a deshacerte de los idiotas que te molestaban.
-Y eso te hace sentirte con algún derecho sobre mí?
-No estoy pidiendo o exigiendo nada.
-Happy, ¿puedes sacarlo de aquí? Está molestandome.
-Qué? Es ment..- Antes de poder terminar la frase es arrojado de espaldas, atraviesa la puerta de entrada y cae al suelo de culo, un suelo que se siente acolchado y cómodo. El retrato se cierra y Tom mira a su alrededor sin poder creérselo.
Tiene una prima.
Su tío Morfin tuvo una hija con una prostituta Squib mientras ayudaba a su padre a torturar a su madre por enamorarse de un muggle y tener un hijo mestizo.
Tom no sabe qué hacer, Hatley no quiere saber nada sobre su familia y Tom se siente tan esperanzado, tan ilusionado y emocionado. Tiene más familia, no son solo su madre y él. Pero sabe que la sangre no es todo lo que hace falta, sus tíos son su familia porque se ganaron ese lugar, Hatley parece ser una niña con una vida dura, al igual que él. Tom no imagina lo que es ser marginado por el trabajo de su madre, pero es marginado por la reputación de lunáticos y tarados de su familia, una que no es del todo falsa, tantas uniones entre familiares para mantener el lenguaje pársel en la familia hizo que los descendientes sufrieran malformaciones y problemas mentales que ocultaron por siglos asesinando o encerrando a los más afectados.
Podría quedarse todo el día tirado en el suelo frente al cuadro esperando a Hatley, pero no puede faltar a su clase de pociones cuando es el estudiante más odiado de Snape.
Marissa Hatley habla pársel.
QUÉ
Marissa Hatley habla pársel.
Tom no espera la respuesta de Harry para bombardearlo con más información.
La escuché hablar pársel el día de la pelea con Selwyn y sus amigos, una serpiente salió de su uniforme y ella le ordenó morder a Selwyn!
¿Por qué no me lo dijiste antes?
Me arrojaron un hechizo que rompió mis costillas, pensé que lo había imaginado. Pero hoy he hablado con ella y se lo pregunté directamente, tuvimos toda una conversación en Pársel!
¡Es increíble! Pero el pársel solo puede hablarlo un heredero de Slytherin.
Tom deben ser familia!
Es hija de mi tío Morfín.
WOW.
Lo sé, lo estoy procesando.
¿Tu madre sabría sobre ella?
Verás Harry, el monstruo que trató de matarme odiaba a los muggles y a los nacidos de muggles, estoy vivo gracias a un milagro. Así que mi tío ocultó a su hija porque sabía que su padre le mataría de encontrarla o saber de ella.
Lo dudo mucho.
Tom tenía sus dudas, ¿sabría Morfin que Marissa era su hija? Quizá Marissa lo rechazaba porque Morfin era un monstruo con su madre y con ella, tal vez se había enterado de su parentesco cuando Tom mencionó la herencia de Slytherin.
Merlín, le iba a estallar la cabeza.
Pues es algo genial Tom! Marissa es tu prima.
Yo pensé lo mismo, pero Marissa no estaba nada contenta, creo que ni siquiera sabía que Morfín tenía más familia. Me dijo que la dejara en paz o iba a decirle a Dumbledore que la estoy acosando.
Quizá fue porque la tomaste por sorpresa, Marissa no confía en nadie, dale tiempo. Podrías contarle a tu madre.
Mamá buscaría con la tía Becca por todas partes para encontrar a la madre de Marissa. ¿No sería peor? Yo me sentiría acosado.
Ellas son las adultas, que hablen primero y luego acuerden verse todos.
¿Cómo reaccionaría su madre? Tom constantemente se lo preguntaba con cada mensaje que enviaba y cada palabra que escribía.
Nada de emociones fuertes, nada de estrés, nada de problemas. Básicamente el mundo perfecto.
Podría alegrarle la idea de tener más familia, ya no se sentiría tan sola y podría hacerse amiga de la madre de Marissa, ya no sería él su única razón para vivir.
Bueno, no suena tan mal.
Sería bueno que hablaran entre ellas para aclarar las cosas.
Exactamente. Y tú mientras tanto, preocúpate por tus clases y por empacar tu mejor ropa para pasar la navidad en compañía Potter.
Tom sonrió.
De acuerdo.
Todo se acomodará con el tiempo, ya verás.
Querida madre,
¿Cómo estás? Espero que te vaya bien en el trabajo y que la revista de elaboración de pociones que te envié te sirva. Aquí las cosas están bien, todo ha vuelto a la normalidad y los maestros están bombardeandonos con temas para estudiar, aunque con Hermione en nuestro grupo de estudio es imposible quedarse atrás, además todo me resulta muy fácil, es un tanto aburrido.
Te tengo noticias, apuesto a que vas a sorprenderte demasiado asi que tomalo con calma, si? ¿Recuerdas a Marissa Hatley? La chica que defendí de los bravucones de mi casa. Noté algo diferente en ella el día de la pelea y quise asegurarme, hablé con ella hace unos días y descubrí que habla pársel, no solo eso, creo que es la hija de Morfín. Le conté sobre nuestro vínculo familiar pero ella no quiere saber nada sobre nosotros, creo que nuestro deber es hablar con ella y su madre y tratar de unirnos, somos pocos y sería lindo poder convivir, no crees? Pensé que podrías buscar a su madre, no sé su nombre de pila pero se apellida Hatley y trabaja en el Knockturn, por lo que he oído.
En fin, cuéntame si logras comunicarte con su madre, si no quieres hacerlo solo avisame, si?
Merope termina de leer la carta y se deja caer en el sillón, escuchando como los resortes se quejan.
Morfín tiene una hija, ese asqueroso y ruín tiene una hija, le reclamó por años haberlo traicionado a él y a su deber de preservar el apellido Gaunt mientras estaba revolcándose con otras mujeres y teniendo hijos.
Becca arrebata la carta de sus manos, la lee en voz baja y luego la mira con sorpresa.
-¿Morfín el hijo de puta tuvo una hija con una squib? Vaya ironía.
-¿Sabes quién es esa mujer?
-Hay una Hatley bastante conocida en el knockturn, aunque pocos conocen su nombre de pila, la mayoría la conocen por otro nombre: Ninfa.
Merope siente que su estómago se retuerce.
-¿Es una prostituta? - Becca asiente con el semblante cargado de diversión.
-Una muy popular entre los sangre pura, además.
Su cabeza da vueltas, se siente tan mareada que el suelo se inclina cerca de ella. Becca le hace recostarse del mueble empujandole con una mano en el pecho.
-Wow, Mer reacciona. No es nada del otro mundo que sea una prostituta.
-¡No me interesa que sea una prostituta! Ese.. Hijo de puta ayudó a mi padre a hacer de mi vida y la de Tom un infierno mientras tenía una hija ilegítima con una Squib! - Siente tanta rabia que su cuerpo se enfría y calienta a la vez.
-Ustedes los Gaunt están plagados de sorpresas, eh?
Merope desea darle un puñetazo para que deje de decir estupideces, pero se contiene.
-Entonces? ¿Buscamos a la tía pérdida de Tom?
Tom parecía entusiasmado con la idea de tener más familia, si la niña estaba emparentada con Morfín, Tom tendría una prima en Gran Bretaña su familia se agrandaría y ya no sentiría tantas ganas de marcharse a Francia con los Potter, se quedaría a conocer a su familia y con ella.
-Vamos a buscarla.
Becca entrecerró los ojos, evaluandola.
-De nuevo tienes esa mirada de psicópata. - Rodó los ojos. ¿Cuándo Becca iba a dejarla en paz? - Acaso planeas algo malvado para retener a Tom?
-Buscar a su familia es malvado, Becca? Solo haré lo que me pidió, eso lo hará feliz.
Becca asintió mientras fruncía los labios en una sonrisa que parecía una mueca. se cruzó de brazos y tomó su típica pose altanera, un tobillo cruzado detrás del otro y todo su peso descansando de una de sus piernas.
-Bien, ya estás aprendiendo a ser una mamá normal, me gusta.
Becca era como un mocoso altanero al que no podías disciplinar a golpes porque tenía padres poderosos.
Tom dejó en manos de su madre el tema con Marissa y se dedicó a estudiar y leer el ambiente en su sala común, ni siquiera el grupo de Draco le molestaba demasiado, solo recibía comentarios odiosos y tropezones de vez en cuando, Tom podía leer en sus ojos el miedo y respeto. No estaba tan mal ser reconocido como alguien poderoso, alejaba a las pestes de él. Pero la cantidad de estudiantes que le odiaban era superior, Tom casi podía escuchar sus deseos de arrojarlo por la torre de astronomia o ahogarlo en el lago negro y verlo ser despedazado por el calamar gigante desde las ventanas de la sala común.
Pero para su fortuna y la de todos los marginados de Slytherin, Snape ahora era una mosca en la pared que vigilaba constantemente a todos tratando de congraciarse con Dumbledore y el resto de profesores que le miraban con decepción en cada comida y cada encuentro por los pasillos. Tom se entretenía viendolo sufrir rodeado de niños, Snape no era tan difícil de leer, odiaba el contacto físico, las multitudes, el ruido, el desorden y tenía una nula capacidad para socializar que disfrazaba con su desagradable y abusiva personalidad.
No desaprovechó ninguna oportunidad para sonreírle cada que se lo topaba por los pasillos o para ser un mocoso presumido en su clase de pociones, Snape todavía era asquerosamente imparcial y le daba puntos como caramelos, aunque los merecía totalmente.
Era como volver a la normalidad con un cartel en su espalda que decía: No te metas conmigo. Ya una vez había sido señalado como amenaza, no le importaba ser visto así por los chicos de su casa si eso le conseguía algo de paz.
El callejón Knockturn se caracterizaba por ser oscuro y lúgubre, sucio y destartalado, con tiendas de fachada descuidada para no llamar la atención de los aurores. Era un pozo de ratas para todo aquel que navegara en aguas ilícitas.
Era sorprendente que la sociedad sangre pura disfrutara tanto de pasear por allí.
Becca lideraba el camino paseando con la finura de un gato, reconociendo y saludando magos y brujas de aspecto tenebroso, Merope aun no podía andar sola por el callejón sin ser asaltada o acosada aunque nunca mencionó el asunto a nadie. Era como si todos allí olieran su magia débil y patética, y vieran sus músculos delgados y flácidos. Ella odiaba lo fácil que era para todos molestarla.
-Aquí está. La taberna de Medusa- El edificio está pintado de un verde pastel manchado y sucio, tiene toda la pinta de ser una casa de muñecas vieja y descuidada. Merope debe subir la cabeza para ver los cuatro pisos de arriba, topándose con imágenes indecentes al mirar a través de alguna ventana.
Becca se ríe de ella.
-Será mejor que no te descubran mirándolos mucho, a los sangre pura no les gusta que les recuerden que son tan asquerosos como un muggle normal.
-Son como cerdos.
-En eso estamos de acuerdo Mer.
Ambas atravesaron la puerta.
Dentro olía a rosas, había unos tres candelabros de cristal iluminando el lugar e instrumentos encantados impregnaban el ambiente de música. Merope pudo ver muebles de terciopelo rojo y color crema en donde hombres y mujeres de ropa fina reían con prostitutos y prostitutas dándoles de comer en la boca y riéndose de cualquier tontería.
-Mucho más elegante que afuera, ¿no?
Ella asintió.
De nuevo Becca caminó muy segura hacia una recepción, ella la siguió.
-Hola. - Becca le sonrió a un chico con una camisa azúl traslúcida que parecía borracho. -Estoy buscando a Ninfa. - El tipo las miró a ambas.
-El precio sube si quieren estar ambas con ella a la vez.
Becca sonrió aunque ella estaba espantada.
-No te preocupes por el dinero cariño.
El chico hojea una libreta de tapa roja y asiente.
-Estará disponible en una hora.
Merope siente que va a desmayarse, el olor a incienso de canela es asfixiante y nauseabundo, las luces brillantes hacen que le duela la cabeza y está segura de que lo que escucha a su espalda son gemidos de los magos sentados en los muebles. Todo ello la pone nerviosa, con el pulso acelerado. Quiere salir de inmediato de allí.
-Puedo ofrecerles bebidas mientras esperan en la sala.
-¡No! Esperaremos afuera. - No le presta atención a la mirada ceñuda de Becca y sale del lugar.
-En serio Mer, como fue que lograste concebir a Tom siendo tan mojigata?
Ni siquiera puede respirar tranquila antes de ser atacada por esa idiota.
-No es tu problema.
-Lo es, el de ambas y cumplirá trece años pronto.
El constante recuerdo del vínculo oscuro que comparten gracias a Tom se siente como un cuchillo que presiona constantemente su espalda baja, clavandose poco a poco. Desearía poder deshacerse de Becca sin miedo a las represalias.
-De nuevo pensando en matarme?
-No planeo ir a Azkaban por ti. No vale la pena.
Becca sonríe y rodea sus hombros con un brazo.
-Bien, qué te parece si tomamos un trago para relajarte?
Luego de tres tragos y Becca siendo una cínica molestia, volvieron a la "taberna".
Una niña pelirroja que no puede tener más de quince años las guía al tercer piso, Merope se sobresalta y contiene el aliento cada que alguien le da una nalgada al pasar.
-Tranquilízate, maldición. Ella está acostumbrada a esos tratos.
Merope quiere lanzar a Becca por las escaleras. Por tercera vez en el día.
Finalmente entran a una habitación con paredes tapizadas con un fondo color crema y rosas. Dentro una mujer rubia, joven y hermosa cepilla su cabello.
-Bienvenidas- Les sonríe desde su asiento frente a un espejo. Se levanta y puede ver sus piernas blancas y carnosas, lo único que la cubre es una bata de tela fina y traslúcida de color blanco. No lleva brasier y Merope siente que sus mejillas van a explotar. -¿Puedo preguntar sus nombres? - Su voz es tierna y suave, su sonrisa es dulce y Merope siente asco de ello. ¿Cuántas veces deberá fingir esa sonrisa?
-Soy Rebecca.
-Merope.. Gaunt.
La sonrisa de la chica, porque no puede tener más de treinta años, flaquea.
-Es un gusto. ¿Tienen alguna petición en específico? ¿Algo que prefieran?
-Soy la madre de Tom, Tom Riddle. Defendió a tu hija Marissa en Hogwarts.
La sonrisa se desvanece por fin.
-Oh, ya veo.
-Quería hablar contigo, mi hijo me ha dicho que cree que tu hija es.. umm.. Bueno, hija de mi hermano Morfín.
La rubia palidece.
-Marissa dijo eso?
-Tom descubrió que puede hablar pársel, es algo que solo un Gaunt puede hacer.
Becca se dedica a pasearse por la habitación, toma una botella de licor rosa y una copa. Merope no puede creer su falta de madurez.
-Ya veo. Desea alguna compensación por las molestias que causó mi hija?
-Marissa no fue una molestia en absoluto, Tom detesta las injusticias y siempre protege a los que lo necesitan- Ella no puede evitar sonreír ante el recuerdo de su hijo. - Tom me pidió venir a verte, él quiere conocerte y a Marissa, somos una familia pequeña y nos encantaría si ustedes quisieran.. Formar parte.
El rostro de la mujer muestra estupefacción.
-Mi padre y mi hermano ya no forman parte de nuestra familia, desde hace unos años. Así que no debes preocuparte por tu seguridad o la de Marissa.
La mujer juega con el cepillo en sus dedos.
-Tener relación con nosotros arruinaría la reputación de tu hijo, pude ver que los Potter lo acogieron y que es el mejor de su clase, Marissa y yo solo arruinaremos eso.
-No nos interesa lo que digan los demás.
-Y los padrinos de Tom lo adoran como a un hijo, eso no cambiará con nada. -Becca se entromete por primera vez.
-A Tom le hace mucha ilusión tener una familia, solo piensalo, si?
La chica suspira y asiente.
-Bien, ya que pagamos una hora que les parece si nos sentamos a hablar un rato de temas menos puntiagudos?
Becca mueve la botella con guasa y pasan el resto de la hora hablando ella y la rubia, Becca logra hacerla reír y le ofrece un empleo mejor que ser prostituta que hace que la chica se incomode.
Al marcharse Becca se la ha metido en un bolsillo y Merope obtiene una sonrisa verdadera.
-Hablaré con Marissa, ella es desconfiada por.. Bueno- No es necesario continuar la frase, cualquier niño criado en un prostíbulo sería desconfiado.
-Lo entiendo.
La chica parece dudar. -Joyce.
-Disculpa?
-Mi nombre es Joyce, Jocelyn Hatley.
Merope asiente. -Es un placer.
Joyce se muerde el labio inferior como si dudara.
-Están ocupadas hoy?
El cuatro piso de la taberna de Medusa resultó ser el hogar de todos los trabajadores. Joyce las guió en secreto escaleras arriba hasta una habitación que parecía ser la suya.
-Este piso es más tranquilo, ningún cliente puede subir a menos que tenga nuestro permiso, es como un fidelius.
-¿No es igual de peligroso si un compañero invita a alguien con malas intenciones?
Becca, como siempre, arrojando comentarios innecesarios.
Joyce hace una mueca triste.
-Tratamos de cuidarnos las espaldas entre nosotros en ese tipo de situaciones.
Abre la puerta con el número 15 y las invita a pasar.
-Mamá? ¿Eres tú? - Un niño bajito y con el cabello hecho un desastre desordenado se asoma detrás de una pared.
Merope siente que va a desmayarse de nuevo. Es el rostro de Morfín, sus ojos de psicópata, aquella nariz ganchuda y las orejas grandes que el niño busca tapar con su cabello. Aunque su rostro es redondo y su barbilla puntiaguda y refinada, como la de su madre. Aun con los rasgos de su hermano el niño consigue ser adorable con ese cabello rubio rizado.
-Soy yo, ven aquí. Quiero presentarte a alguien.
El niño las ve desde la distancia, sus ojitos las estudian antes de avanzar con miedo.
-Estas son Merope y Rebecca.
-Hola. - Merope le da su mejor sonrisa y los ojitos del niño se abren sorprendidos.
-¿Puedes hablar como las serpientes?!
-Puedo y mi hijo Tom también.
-¡Eso es increíble!
Es innegable, incluso sin la lengua pársel este niño tiene el apellido Gaunt estampado en la cara.
-Merope es hermana de tu padre, cariño.
El niño vuelve a verla con sorpresa.
-¿En serio?!
En su pecho se acumulan múltiples emociones, dolor, traición y rabia. Su hermano, el hijo perfecto de su padre logró ocultar un secreto por el que su padre le habría asesinado. Dos hijos con una squib, dos hijos sangre sucia. Pero también había emoción en su pecho, este niño no la veía como la mayoría, con repulsión y rechazo por su físico, se veía emocionado y feliz, sus ojitos brillaban al verla. Tom una vez la había visto así, siendo más pequeño.
-En serio, es un gusto conocerte..
-Sylvester.
-Sylvester. - No pudo evitar volver a sonreír cuando el niño le extendió la mano.
-Tú también hablas pársel?
-Oh, no. Yo solo soy amiga de Merope.
-Pónganse cómodas, ya no debo trabajar más por hoy. Ha estado.. Algo flojo últimamente.
Merope no lo veía como algo malo, el no tener que acostarse con viejos asquerosos por dinero. Aunque podía entender la desesperación de una madre que no tiene dinero.
Sylvester la lleva de la mano hasta un sofá verde y viejo que rechina al sentarse.
-¿Qué edad tiene tu hijo?
-Tom cumplirá trece años pronto. Estudia en Hogwarts con tu hermana, así fue como supimos de ustedes.
-Papá dijo que no podíamos decirle a nadie que éramos sus hijos o nos arrancaría la lengua. Tampoco podemos decir que eres nuestra tía?
¡Maldito fuera el desgraciado de Morfín, eran solo niños! ¿Cómo los amenazaba así?
-Oh, no cariño, claro que no. Es un gusto enorme conocerte y puedes decirle a quién quieras.
Sylvester se encogió de hombros.
-Bueno, de todos modos no tengo a nadie a quién contarle. Nadie quiere ser amigo de Marissa o de mi, porque mamá se acuesta con personas por dinero.
Su estómago se revolvió con sus palabras.
-Bueno.. A tu primo Tom le encantaría conocerte, se emocionará mucho cuando sepa que tiene un primo tan simpático como tú.
Los ojos de Sylvester brillan con una alegría que le estruja el corazón. Merope recuerda los días de ser rechazada, las burlas crueles por quién era su padre y la soledad. Le rompe el corazón que otros niños vivan el mismo dolor. ¿Acaso la maldición sobre su familia alguna vez se terminará? ¿Por qué la desgracia siempre parece perseguirlos?
-¿En serio? ¿Crees que le agrade?
Merope sonríe y no puede evitar acariciar sus rizos.
-Va a convertirse en un muy buen amigo para ti.
Sylvester parece haber escuchado la mejor noticia de todas.
-Parece que ustedes dos se llevan muy bien- Joyce tiene una taza humeante en la mano y sonríe con algo de tristeza, pero al menos se ve tranquila con ellas allí.
-La tía Merope dice que tengo un primo que quiere conocerme!
Joyce sonríe al escucharlo.
-Lo sé.
Merope aun sigue sorprendida por el título de tía como para hablar.
-Es genial que los niños puedan encontrarse. La familia crecerá un poco más. - Becca bebe de su taza con bastante buen humor.
-Y la tía dice que no me cortará la lengua si hablo sobre ellos!
Becca la mira con horror a través de su taza. Ella se encoge de hombros. Ya le contará después.
Marissa se le acerca la primera semana de Diciembre, Tom ha salido de su clase de astrología con los Ravenclaw cuando la ve escondida detrás de una estatua y haciéndole señas. Sigue viéndolo como a un enemigo pero no hay tanto odio en sus ojos azules.
-Mamá me dijo que tu madre fue a buscarla a su trabajo.
Tom ya lo sabe, así como también sabe sobre Sylvester. La noticia lo agitó tanto que se enfermó del estómago por tres días seguidos lo que enloqueció a Harry de preocupación al ver el color amarillo repetirse constantemente. Su amigo casi toma un traslador directo a Hogwarts cuando escuchó sobre su primo pequeño.
-Sí.
Marissa se cruza de brazos y le ve como si deseara atravesarle el pecho con una lanza.
-Mi hermano me ha escrito innumerables cartas sobre las constantes visitas de tu madre. - Su madre estaba extasiada, sus cartas ahora eran más alegres e interesantes de leer, constantemente hablaba sobre Sylvester y lo amigable que era, lo amable que era, lo listo que era. A Tom le tranquilizaba y a la vez le entusiasmaba aprender sobre su pequeño familiar. -Quiero que se alejen de mi familia. No necesitamos caridad ni lástima. Sylvester no necesita otros inconscientes idiotas que alimenten su necesidad de amor para luego dejarlo tirado. Mi madre no gana demasiado dinero siendo una prostituta y tu tío no dejó dinero atrás antes de desaparecer.
Tom sabe que Marissa no será fácil de tratar, pero sus palabras lo angustian.
Su madre le había dado la ropa que ya no le quedaba a Sylvester e incluso lo había llevado de paseo al Diagon para comer ya que su madre debía trabajar hasta muy tarde.
-No buscamos nada material de ustedes, solo queremos conocerlos.
Marissa se ríe en su cara.
-¿Qué? Ahora les importa nuestra existencia?
-No sabíamos de ustedes hasta este año. Pensamos que éramos los únicos.
Ella parece saberlo muy bien, porque no replica.
-Nadie se queda demasiado tiempo cuando comienzan a ser señalados por estar con nosotros, ahorrenle el dolor a mi hermano y déjennos en paz.
-Nosotros tampoco somos muy queridos, creo que has podido ver como me aman en Slytherin.
Marissa levanta una ceja.
-Esa es tu trágica historia de horror? A mi me señalan en todas las casas, ni siquiera los de Hufflepuff quieren andar conmigo y a la mayoría de mis profesores les importo una mierda. - Para ser tan bajita y de aspecto aniñado, Marissa habla como una adulta, con un resentimiento que sabe a tierra podrida. - Me levantan la falda cuando les da la gana, me han acosado con propuestas de tener sexo estudiantes mucho mayores que yo.. Y todo porque mi madre es una prostituta. Tu linda familia adoptiva se alejará de ti cuando comiencen los chismes y tú correrás detrás de sus bolas de dinero en cuanto los veas alejarse.
Tom respiró profundo para no insultarla.
-No me conoces, no puedes solo suponer lo que haré basado en tu experiencia con otros.
-Y debo suponer que tú eres diferente de todos los demás? ¿Basado en qué? No te conozco Riddle.
Touché.
-Siempre quise una familia, no me interesa lo que digan los demás, mi vida tampoco ha sido una cama de rosas.
Tom detesta como suena, está rogándole a una niña de once años que le dé la oportunidad de conocerla, qué tan bizarro es eso? A Tom nunca le había importado agradarle a nadie, excepto a Harry.
-No me interesa tu vida, alejate de mi familia y que tu madre deje en paz a mi hermano y deje de meterle promesas y fantasías en la cabeza.
Marissa no espera una respuesta, se da la vuelta y le deja allí parado como un idiota.
Quizá heredó más que el pársel de Morfín.
Es oficial. Joyce y Sylvester nos quieren y Marissa desea iniciar una campaña de exterminio inmediata si no nos alejamos de su familia.
Solo dale tiempo, tú tampoco te adaptaste a nosotros de inmediato. Recuerdo lo conflictivo y cascarrabias que eras.
Tom también lo recuerda, las peleas con Harry, los deseos de hacerle daño, sus celos.. No es un lugar al que quiera volver.
Temo que ella nunca ceda.
Marissa era muy parecida a él, incluso después de todo lo que le habían hecho los matones de Slytherin, Marissa no lucía asustada al caminar por los pasillos, casi parecía un Lethifold con su capa negra y vieja ondeando detrás de ella y aquellos ojos que prometían sangre a quién los viera. Tom nunca había demostrado lo mucho que le dolía, nunca mostró miedo y se había disfrazado con una máscara de indiferencia y superioridad para alejar a los demás. Desde una edad muy temprana Tom había aprendido que era mejor ser ignorado y temido, odiado incluso.
Marissa parecía pensar lo mismo.
Solo sé su amigo, ten paciencia, acércate despacio.
No me acerqué en días aun cuando quise, no me habría acercado de no ser porque ella me buscó.
Tom detestaba cuando las personas se imponían en su vida, si Marissa era igual a él entonces pensaría lo mismo.
Todo sería más fácil si estuvieras aquí, sabrías qué hacer y cómo tratar con ella.
Este es uno de esos días en los que extraña demasiado a Harry, desea sus abrazos, ver su sonrisa y sentir esa burbuja calmante, cálida y llena de amor que irradia de él. Parece que nada bueno en su vida llega sin un precio.
Quisiera ayudarte más. Nos veremos pronto, para tu cumpleaños.
Está bien, ya se me ocurrirá algo. Por cierto, me gustó tu elección de viaje.
Rumanía es genial y está cerca de Hungría, podremos ver vampiros, hombres lobo, duendes.. Tantas criaturas.
Tenemos que ir al castillo de Drácula.
Obviamente.
-¿Es tu prima?!
Tom eligió no revelar el secreto a las chicas hasta el último día antes de las vacaciones de Yule. Sentados en el vagón, cómodos y calentitos.
-¿Por qué no nos dijiste antes?- El cabello de Hermione parece haber absorbido todo el impacto de la noticia.
-No lo sé, ella no quiere tener nada que ver con mi mamá y yo, así que no quise mencionarlo.
Hannah lo ve con ojos tristes.
-¿Por qué no querría? Tú no eres como esos abusivos que se metieron con ella. - Hermione vuelve al ataque.
-No confía en nosotros, el hermano de mi madre fue un padre terrible.
Es una buena excusa y no es una mentira.
-Es normal que no confíe en tí, imagina todo lo que ha tenido que vivir. - Hannah habla con un deje de lástima en la voz que le revuelve las entrañas.
-Y tu mamá cómo lo tomó?
Tom apretó los labios.
-Aun no le digo que Marissa me ordenó alejarnos.
-Bueno, realmente ella no puede ordenarte nada, tiene once años y si su madre permite que vean a Sylvester, ella no puede interferir. - Susan señaló muy seria.
Y Tom sabía que era cierto pero las cosas no funcionaban así en la mente de Marissa ni en las familias disfuncionales en dónde los roles y responsabilidades se invierten.
-No quiero imponerme.
Sus amigas suspiraron, todas con miradas tristes. Tom detestaba la lástima.
-Bueno, solo ten paciencia. Tratala bien, ayudala cuando puedas y poco a poco ella confiará en ti. - Hannah parecía tan convencida, como si fuera tan fácil como sumar 2+2. - Eres su familia, eventualmente se acercará. - Su rubia amiga apretó su mano con dulzura y toda la molestia que había sentido antes se evaporó.
-Sí, solo dale tiempo, es algo enorme que asimilar. Además tienes cinco años más para acercarte a ella.
Tom esperaba no tardar tanto tiempo.
La ilusión de llegar a casa se estrella como un avión de papel en el suelo.
Dentro todo está tirado, sucio, desordenado y oscuro, huele a humedad y polvo, es tan desagradable que la nariz de Tom pica al igual que toda su piel y cuero cabelludo. Es desagradable, horrible. Tom no había olvidado la imagen que le recibió meses antes pero pensó que la llegada de Sylvester y Joyce a la vida de su madre mejorarían las cosas.
Quizá era demasiado pronto para una mejoría.
-Lo siento, quise limpiar es solo que.. Todo se desordena muy rápido. Lo limpiaré! Ahora mismo! Lo siento muchísimo Tom! - su madre le ve con ojos llenos de lágrimas y con las curvas de los labios tirando hacia abajo en una mueca de desesperación y miedo, como si temiera que le reclamara por algo.
-Está bien mamá, podemos limpiar juntos en un santiamén.
-No deberías ver esto, es todo mi culpa, no soy una buena madre para ti, ni un buen ejemplo..- Su madre comienza a desmoronarse como la tierra tras un aguacero y él no puede permitirlo, todo está bien, todo va mejor, no puede permitir una recaída.
-Tranquila mamá, no es tu culpa. - Tom la abraza, ha crecido un poco más y ahora su frente se presiona contra el cuello de su madre en donde siente las arterias palpitar como un tambor, su piel está muy caliente como si tuviera fiebre. Ella también huele a humedad. El olor es desagradable, Tom odia la suciedad, odia la sensación pegajosa en la piel provocada por el sudor y la falta de un baño, siempre detestó la falta de higiene a la que eran sometidos en Wools, los piojos y el olor a orina de los colchones.. Pero no puede apartar a su madre y decirle que apesta como orfanato muggle.
Su madre se aferra a él y Tom siente sus huesos pinchando su pecho y brazos, sigue estando preocupantemente delgada. El abrazo se vuelve eterno para él, el aroma desagradable, los huesos puntiagudos y esa sensación de desesperanza y ansiedad que despide el abrazo, no como una bienvenida, sino como aferrarse a una cuerda para no ahogarse.
-Es que te extrañé mucho y pasé cada segundo libre que tenía con Sylvester para no extrañarte tanto y.. Casi no vine a casa.
Tom siente una punzada de culpa por Sylvester, acaso su madre solo lo utilizó para llenar el vacío de su ausencia? Espera que su madre no se olvide de él ahora que ha llegado a casa o Marissa tendrá razón.
-Está bien, no tienes que darme explicaciones mamá. De acuerdo?
Finalmente lo suelta, solo para tomar su rostro entre sus manos y clavarle una mirada que le pone el corazón a mil y lo llena de angustia y recelo.
-Eres demasiado bueno, eres un niño tan bueno. Mi niño Tom es tan dulce. - Reparte besos en sus mejillas y Tom lucha para no revolverse incómodo, odia los besos en las mejillas y como empuja su rostro a sus labios para llenarle de baba la cara como si fuera un estúpido bebé.
Pero su madre lo ama, lo ha extrañado demasiado y unos besos en las mejillas y frente no son el fin del mundo, Tom puede ceder con ello y dejarla demostrarle amor.
-De acuerdo, vamos limpiar, si? - Su tía Becca de nuevo está ausente por trabajo. Yule siempre es una buena época para el contrabando y al ser vacaciones la paga es mayor. Tom ya extraña su habilidad para restarle importancia a las cosas.
Agradece haber dedicado tiempo a aprender hechizos de limpieza.
Deja su varita a un lado y procede a abrir ventanas y limpiar el aire. Levanta ropa del suelo que huele asqueroso, encanta el fregadero para que los platos sucios se laven solos y así va con todo.
Su madre solo lo sigue con humillación pintada en su cara, como un niño regañado. Tom ya se siente bastante mal al ver su departamento como un chiquero como para verla andar detrás de él como una mártir. Pero se guarda su opinión.
Su madre lo ataca por horas con historias sobre sus paseos con Sylvester, aun cuando Tom ha escuchado todo en las largas cargas diarias que su madre envió a la escuela, pero no se queja aun cuando el sueño cierra sus párpados con fuerza y su espalda cada vez se encorva más.
-Invité a Joyce a pasar Yule con nosotros, ¡está ansiosa por conocerte! Y tu primo Sylvester está emocionado de pasar la navidad en compañía.
Tom reconecta su atención a la conversación justo en ese instante.
-Yule?
Su madre asiente con una sonrisa enorme. Tom siente que se le revuelve el estómago.
-Pero siempre celebro Yule con mis tíos.
-No siempre, antes de conocerlos lo celebrabamos juntos, en familia. Siempre celebras las fechas importantes con ellos, sería lindo quedarnos este año y conocer a nuestra familia.
Y así como así todo se va a la mierda, Tom lo sabe. Pero no quiere renunciar a sus vacaciones con sus tíos, ni celebrar su cumpleaños con personas desconocidas aunque sean sus familiares.
-Quiero pasar el Yule en Francia, mamá. Hemos hablado de eso antes, mis vacaciones serán en Gran Bretaña un tiempo y en Francia el resto.
La sonrisa de su madre se borra.
-Pero ya le he dicho a Sylvester que pasaremos las vacaciones de navidad con ellos, ¡no puedo cancelarlo! Tu primo es muy sensible.
Tom siente que una vena en su cabeza palpita.
-Debiste avisarme antes de prometerle esas cosas. - Tom se contiene para no dejar salir su frustración y cansancio. Siente que habla con una niña en lugar de con una mujer adulta. -He quedado con Harry para celebrar Yule y mi cumpleaños.
-Y yo qué? Vas a dejarme sola en navidad?!
-La última vez dijiste que no querías ir a casa de mis tíos. -Sus palabras son suaves, un murmullo delicado pero lleno de ansiedad.
-Pero es tu cumpleaños Tom! No merezco estar presente en esa fecha tan importante? - Sus ojos se humedecen y el corazón de Tom aumenta sus latidos, la habitación se calienta al punto de ser sofocante.
-Lo siento, es cierto. Estaba muy emocionado con las vacaciones y no pensé..
Su madre se puso de pie. -¡Nunca piensas en mi! Siempre es lo mismo contigo, los Potter siempre estarán un escalón por encima de todos los demás en tu vida.
-No es así, mamá.. Ya hemos hablado de esto antes, por favor..
-Si, ya hemos hablado, pero tú siempre pareces olvidarlo. - Se cruza de brazos y asiente furiosamente con la cabeza, tantas veces que Tom piensa que se va a desprender. -Bien, vete con ellos, yo pasaré Yule con personas que de verdad me aprecian.
Tom está atónito, es la única palabra que puede encontrar en su mente para describirlo. ¿Cómo es que todo sale tan mal cada que las vacaciones llegan?
-Nunca he dicho que no te aprecie, pero esto fue un acuerdo al que llegamos hace mucho tiempo, mamá. Sabes que esto es importante para mi.
¿Por qué no lo entiendes? ¿Por qué siempre tenemos que pelear?
-Y lo que yo quiero no importa? No te importa dejarme aquí por meses cuando vas a la escuela y no te importa dejarme sola de nuevo en las vacaciones? - Su madre comienza a llorar y sacudir todo su cuerpo producto de los sollozos. - ¿Qué tengo que hacer para que quieras quedarte conmigo?!
Tom siente que va a vomitar. ¿En dónde demonios falló? Todo iba tan bien en sus conversaciones. No debió decirle que no a las vacaciones de Yule estando solo, debió esperar a la tía Becca, cómo puede ser tan descuidado como para provocar un ataque de histeria en su madre a estas alturas?
-No te dejo sola mamá, es mi obligación ir a la escuela, es una ley mágica.
-¡Podrías estudiar en casa!
La idea le aterra demasiado como para siquiera imaginarlo.
-No tenemos dinero para tutores.
Guarda la calma Tom, mamá no te sacaría de la escuela. Becca no la dejaría.
-Cada que vuelves lo primero que está en tu mente es irte con ellos! Me esforcé esta vez para que tuvieras algo que te impulsara a quedarte, fui a buscar a tu familia porque me lo pediste, hice una bonita relación con ellos porque me lo pediste y ahora dices que todo mi esfuerzo fue en vano?!
No, oh Merlín no. Ella no hizo eso por gusto, lo hizo para conseguir algo de él.
Marissa me va a matar.
-No debiste buscarlos si no querías hacerlo por ti misma, es tu familia también.
-Por qué nada de lo que hago para ti es suficiente!? - Sus gritos hacen pitar sus oídos y con cada palabra incoherente su paciencia se evapora con mayor velocidad.
No te enojes, no puedes enojarte, ella no está bien por eso dice estas cosas. No digas algo de lo que te arrepentirás después.
-No debes hacer nada por mi, mamá. No es necesario que te esfuerces por ganar un amor y atención que ya son tuyos, ya te lo dije antes, te amo.
Ella niega con la cabeza y lo señala con un dedo.
-¡Tú no sabes amar! Eres un egoísta que solo piensa en sí mismo.
-Yo no sé amar?
Tom siente como si todo se apagara, el ruido pasa a otro plano, todo su cuerpo parece estar muerto e insensible, entumecido.
-Te enseñé pociones la mitad del verano para que no te despidieran de tu trabajo, salí con la tía Becca a buscarte trabajo en caso de que Snape te despidiera, respondo cada maldita carta que envías, leo libros de psicología para entender tu condición médica, aprendí hechizos de limpieza para arreglar este chiquero que mantienes y llamas casa mientras no estoy, le escribo a Becca semanalmente para preguntar por tu estado de salud, me preocupo por ti cada día: si comes o no, si duermes o no, si estás feliz o no. Dime mamá, qué más tengo que hacer para probar que te amo? - Sus lágrimas se escapan. - El verano pasado me prometiste cambiar, pensé que realmente habíamos avanzado pero esto me demuestra que simplemente esperas a que yo me adapte a lo que tú quieres. - Lo estás echando a perder, cállate. Cállate. Cállate. - Y no lo haré mamá.
Ella lo mira como si fuera un monstruo. La bilis sube a su garganta, caliente y amarga.
- Y crees que eso compensa todo lo malo que me haces pasar? - Se ríe maliciosamente. - Vete con ellos si es lo que quieres, pero no me culpes cuando no pueda darte el mismo amor de antes, no puedo seguir dando todo de mi por ti, no puedo seguir sacrificando mi felicidad por un pedacito de tu cariño.
Su madre se va a su habitación sin permitirle hablar.
Tom corre directo al baño y tira el almuerzo de Hogwarts con dolorosas arcadas que se sienten como cuchillos en su espalda.
El arrepentimiento llega de inmediato, la noche se le hace eterna sin poder conciliar el sueño, sin importar que tan fuerte cierre los párpados o lo mucho que se aferre a Little Harry, la ansiedad sigue allí.
No puede escribirle a Harry a esa hora, ni siquiera está seguro de si debería escribirle sobre lo que pasó. Le dirá que debió pedirle ayuda a Mark, que se equivocó, que no puede solo.
No, Harry jamás diría eso. Harry se enojaría tanto que compraría un traslador internacional para llegar a su casa, hacer sus maletas y llevárselo por el resto de las vacaciones. Tom lo dejaría, incluso fantaseó con verlo abrir la puerta de su habitación con el cabello castaño despeinado por la rabia y sus ojos verdes oscurecidos y destellando tan fuerte como relámpagos en el cielo lluvioso, ordenandole dejar de llorar y tomando su mano para sacarlo del departamento.
Sus fantasías lo acompañaron toda la madrugada hasta que el ruido de los pasos de su madre en la sala le alertaron de la hora, no salió a desayunar, sus palabras aun le dolían demasiado, no tenía un plan para salir del aprieto y calmar las cosas, solo estaba agotado y tan ansioso que su cabeza retumbaba con miles de voces, su estómago ardía y en su cuerpo había una sensación desagradable como de hormigas caminando debajo de su piel que solo le daba ganas de correr y rascarse como demente.
Cuando la puerta se cerró pudo volver a respirar.
Salió del cuarto, la cocina olía a huevos revueltos quemados y en efecto había una sartén sucia con restos de huevos ennegrecidos y humeando, a un lado había unas tostadas igual de quemadas. Sus ojos se humedecieron.
Le había dejado el desayuno, completamente quemado.
Tomó el diario de su mesa de noche y se quitó el anillo del dedo, en cualquier momento Harry iba a despertar y vería el color negro de la piedra.
Se vistió con pantalones y medias gruesas, un suéter mullido y el abrigo que su tío James le había regalado la navidad pasada, y salió a la calle. Iba a enloquecer si pasaba un segundo más en ese departamento.
El callejón Diagon era todo lo opuesto a su estado de ánimo: alegre, colorido, lleno de risas y la fascinación de niños pequeños con los estantes decorados con muérdagos y decoraciones navideñas muggles.
Se obligó a comprar una empanada de pollo horneada para desayunar que comió con más hambre de la que pensó que tenía, el sentimiento de soledad al comer en un banquillo le recordó a las mañanas eternas y vacías en el orfanato, donde Tom debía comer escondido en el patio para que los niños mayores no le quitaran lo poco que le daba la matrona para comer porque nadie lo quería en el comedor.
Deja de pensar en el maldito Wools!
Pasó un tiempo bastante largo mirando estantes y en la biblioteca hojeando libros sobre runas antiguas, tomaría esa clase en su tercer año junto con aritmancia, ya tenía una gran experiencia en ellas, no se enorgullecía de que todas las que conocía eran mortales, oscuras y rozando en la ilegalidad, pero le gustaba el misticismo de las runas, la precisión y concentración que se necesitaba para estudiarlas. Era una muy buena forma de callar las voces en su cabeza y deshacerse de la constante sensación de náuseas con la que había despertado esa mañana.
Para la hora de almuerzo no podía siquiera pensar en comer algo sólido pero su cuerpo se sentía tan débil que decidió que un helado no estaría mal. Dejó el libro de runas y salió de la biblioteca con la promesa de volver después y caminó a Florean y Fortescue pensando en un helado de chocolate con maní y caramelo salado, su estómago aprobó la idea.
Para su desgracia había un gran tumulto para entrar, parecía que todos los niños habían pensado lo mismo que Tom. Los gritos y risas lo aturdieron e hicieron doler su cabeza.
Mejor vuelvo más tarde.
Y lo habría hecho de no ser por una figura pequeña, de cabello castaño oscuro y ojos celestes que se paseaba por entre las personas con agilidad calculada, sin llamar la atención, sin hablar, tan insignificante con su ropa sosa y gris. Marissa tomaba billeteras y relojes con la precisión de un pocionista experto. La imagen lo espantó, lo último que necesitaba esa mañana era ver cómo se llevaban presa a la hija del bastardo de Morfín Gaunt.
Tom se acercó a ella y tiró de su brazo con brusquedad, Marissa jadeó asustada hasta que lo vió. Sus ojos pasaron de miedo a enojo.
-¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!
Tom la arrastró lejos de la multitud.
-¿Qué se supone que haces tú? Si te atrapan robando te meterás en un lío en el ministerio. - Marissa vió a su alrededor, algunas personas les veían con curiosidad.
-Nadie se habría dado cuenta, eres tú el que ha llamado la atención.
-Si yo pude darme cuenta, cualquier otro podría haberlo hecho.
Tom convocó las cosas de sus bolsillos y ella jadeó.
-Regresalo! - Trató de tomar las cosas poniéndose de puntillas.
-No. - Estaba tan enojado. - Robar no te traerá nada bueno, tarde o temprano te atraparán y echarás a perder tus oportunidades de tener una vida mejor que la de un ratero.
Marissa lo empuja del pecho y Tom siente que podría vomitar por el impacto.
-¡Vete a la mierda! Regresame mis cosas.
Tom las envió flotando a sus dueños.
-No son tuyas.
Marissa se ve como un basilisco furioso, lastima que su mirada no puede matar.
-Eres un maldito metiche, ¿cuándo me vas a dejar en paz? ¿Te crees con algún derecho de meterte en mi vida porque tu madre es hermana de mi padre?
-Sí, tengo el puto derecho. - Está harto, su cabeza duele y todo le da vueltas, necesita calma y silencio por unos segundos. - Así que deja de pelear, quédate quieta y entra conmigo a comer helados sin robar a nadie.
Marissa lo obedece con una expresión asustada.
Al entrar a la heladería Tom pide su ansiado chocolate con maní y caramelo salado.
-¿Qué vas a querer?
Marissa mira como idiota por mucho tiempo el estante con sabores.
-Pistacho y fresas con crema.
Ambos caminan a una mesa apartada de la entrada. Nada más sentarse Tom levanta un muffliato en silencio.
-Me regañas por robar pero tu haces magia sin varita? Eres un hipócrita.
-No hago magia para lastimar a nadie.
-Usaste una compulsión conmigo.
Tom frunce el ceño.
-No lo hice.
-Sé como se siente una compulsión, papá solía hechizarme para que dejara de molestar y me fuera a la habitación para que el pudiera tener sexo con mi madre.
-Todo un romántico, eh? - Tom necesita toda la azúcar que pueda consumir para sobrevivir a una conversación con Marissa. -Lo lamento, no me dí cuenta, a veces lo hago cuando estoy ansioso.
La niña lo ve de arriba a abajo.
-Luces como la mierda.
Tom siente. -Así me siento.
-¿Qué? Acaso tu cena de bienvenida no fue lo suficientemente pomposa?
-De hecho no, no lo fue. Terminé recibiendo gritos histéricos sobre como soy el peor hijo del mundo y un desgraciado insensible.
¿Por qué está diciendo estas cosas a Marissa? Ni siquiera es su amiga. Pero no quiere contarle a Harry y sus amigas ni siquiera saben el contexto de la relación con su madre ni como llegó con sus tíos.
-Pero tuve un desayuno de huevos y tostadas quemados.
Marissa solo lo ve en silencio por lo que se siente como una eternidad, hasta que está tan incómodo que se arrepiente de hablar.
-Al menos tuviste un desayuno mejor que el mío.
Tom se siente tan aliviado que toma una gran porción de helado y deja que el frío chocolate baje por su garganta.
-Tu que tuviste?
Marissa sonríe y ladea la cabeza.
-Una carta. "Marissa ve y consigue algo de comida para tu hermano y para ti". - Su tono es amargo, pero Tom está seguro de que por dentro Marissa carga una gran tristeza y desesperación, tan joven y la vida de alguien más depende de ella.
-Un gran gesto.
Ella solo se encoge de hombros. - ¿Qué puedo decir? Es lo que aviva mis mañanas.
Ambos comen en silencio después de eso, Tom no se siente mejor pero hay algo en estar acompañado que calma esa picazón en el cuerpo.
El helado se termina y ambos salen para dejarle la mesa a un grupo numeroso de personas que les miran como halcones.
-Vamos a comprarle comida a Sylvester. - Tom no deja que Marissa se vaya apenas salen.
-No gracias, puedo arreglármelas sola.
-Sé que eres perfectamente capaz, pero debo almorzar y no quiero hacerlo solo.
Marissa se burla de él.
-No es mi problema si te sientes solo.
Tom respira profundo para calmarse.
-Quieres robar billeteras y llevarle el desayuno a tu hermano cuando sea hora de la cena o prefieres aprovecharte de mi bondad y tomar comida gratis?
-No me gusta deberle nada a nadie, Riddle.
-Dije que te lo regalaría.
-Crees que si me regalas helado y comida voy a aceptar que vivas tu sueño de la familia feliz con mi familia?
Tom se rompe.
-Mi sueño de una familia feliz es una mierda estúpida que no pienso seguir construyendo, si quieres robar billeteras y terminar trabajando en el knockturn de contrabando o como tu madre es tu puto problema, yo solo te estoy invitando un maldito almuerzo porque sé lo que es salir a a calle con el estómago vacío.
-No necesito tu lastima.
-Bien. Entonces muérete de hambre.
Tom no piensa soportarla cuando ya lidió con su madre la noche anterior.
La silla frente a él se corre hacia atrás y Marissa se sienta frente a él, por su gesto Tom sabe que está molesta por dejar atrás el orgullo.
No dice nada, solo sigue mirando las palabras de Harry en el diario hasta que los ojos de la niña pesan sobre él.
Tom? Está todo bien?
Prefiere pelear con Marissa que llorar con Harry.
-Mi madre me dijo que planea una cena con ustedes en Yule.
-No pienso ir a esa cena.
Marissa se cruzó de brazos.
-¿Tan rápido desististe de tu deseo de ser una familia feliz?
-No me interesa estar en un lugar en el que no aprecian mi compañía.
-Si bueno, se lo prometieron a mi hermano.
-Yo no prometí nada, siempre paso Yule con mis tíos, eso no va a cambiar.
-Eres igual a todos los demás..
-Déjame en paz Hatley, tengo doce años, no soy un viejo asqueroso de setenta años que solo les busca para coger a tu madre.
Marissa le da una bofetada. Alguien en otra mesa jadea.
-No, eres igual a los matones de Hogwarts.
Tom la toma de la muñeca para impedir que se levante o se vaya.
-¿Crees que porque eres miserable y te han lastimado tienes el derecho de insultarme cuando quieras y señalarme como una basura? Tengo el derecho de enojarme y defenderme cuando las palabras de alguien me ofenden. Soy una basura por ello? Me parece que no.
Tom la suelta con un manotazo.
-¿Qué te pasa hoy? Pasaste de ser un angelito heroico a un imbécil. - Marissa se sienta de nuevo.
-No tengo derecho a ser un imbécil de vez en cuando?
-No vuelvas a hablar así de mi madre.
-Bien, no vuelvas a tratarme como si fuera basura si no te doy motivos para hacerlo.
El choque de azul con marrón es como el de olas rabiosas y salvajes contra las montañas en las Orcadas.
La comida llega y Tom la deja comer su plato mientras pide otro que llega casi de inmediato. Ninguno habla.
-Su comida para llevar. -Tom, el dueño, le tienda una bolsa de papel pesada que Tom le tiende a Marissa.
La niña levanta una ceja.
-Te sentí seguirme. - Se encoge de hombros.
-Tienes instintos callejeros.
Tom no dice nada, no piensa revelar más detalles de su vida a Marissa, nada le garantiza que no los comparta por allí para obtener beneficios.
-Esto no nos hace amigos Riddle.
-Ya lo sé.
Marissa se va de inmediato.
Al llegar a casa encuentra a su madre sentada en la sala de piernas cruzadas, está molesta y solo con notarlo algo en él se remueve despertando el malestar y la rabia que se había dormido.
-¿Dónde estabas?
-En el Diagon.
-Trabajo en el Diagon, no te ví allí.
-Estaba en la taberna de Tom.
La conversación se siente como un partido de Quidditch: tensa, salvaje, con un aire de peligrosidad que parece ir en aumento.
-No tienes permiso para ir afuera mientras estoy en el trabajo, es peligroso.
Tom no puede evitar reírse.
-Crecí robando en la calle por años, luego te defendí de un lunático homicida por años. Creo que puedo cuidarme por mi cuenta.
-No seas grosero conmigo. Soy tu madre, no me interesa si crees que puedes cuidarte solo, es mi responsabilidad mantenerte a salvo.
-Sí? No lo habría pensado jamás, pensé que tu intención era causarme una indigestión con el desayuno quemado de esta mañana.
Su madre se sonrojó de disgusto.
-¡Sabes que no soy buena cocinando! No lo hice a propósito.
-Antes, cuando quemabas la comida la arrojabas a la basura para que no la viera y comprabas comida.
Tom no quiere hablar con ella ahora, no quiere volver a discutir pero su cuerpo no piensa igual, ya explotó con Marissa, con quien desea tener una relación amistosa, nada bueno saldrá de hablar ahora.
-Iré a dormir.
Hola? Tom?
Puede sentir la ansiedad de Harry, nunca había tardado tanto en responder.
Hola.
Hola ¿Cómo estás?
Los nervios de Harry son evidentes cuando no inicia una conversación con ánimo y una frase larga y llena de signos de exclamación.
¿Podemos no hablar de eso?
Está bien, ¿cuándo vendrás?
Sabe que debe cumplir su parte del trato, debe quedarse hasta antes de Yule, pero una semana se siente como demasiado tiempo.
Espero que pronto.
¿Quieres que vayamos a buscarte?
Si.
No.
¿De qué quieres que hablemos?
Hoy ví a Marissa, la invitación a comer helado.
Eso es genial, es un buen comienzo para ser amigos.
Ella dijo que eso no nos hacía amigos.
Tom obliga a sus dedos a responder pero está agotado, siente que su charla con Harry está vacía y carente de propósito, pero a la vez no quiere dejar de hablar, desea meter los dedos en las páginas y tirar hasta sacar a Harry de ellas. Esto es lo más cerca que está del consuelo.
Es cierto, pero hacer amigos lleva tiempo, hablar y pasar tiempo juntos es algo bueno.
Supongo.
Estoy cansado, creo que me iré a dormir.
Bien, descansa. Te quiero.
Tom muerde el interior de su labio para evitar que las lágrimas caigan, pero el dolor del mordisco solo las saca más rápido.
Yo también te quiero, Harry.
Nos veremos pronto.
La mañana siguiente lo recibe con un plato de panqueques calientes y bañados en miel. Su madre sostiene la bandeja con una expresión culpable, sus ojos están hinchados y rojos, hay unas bolsas violáceas debajo de ellos y su cabello es como un nido de espantapájaros.
-Buenos días. - Se traba y permanece en silencio, la bandeja tiembla en sus manos. - Lo siento, lamento todo lo que dije y que volvamos a pelear, no era la forma en la que deseaba que pasaramos la navidad. - Las lágrimas en sus ojos brillan como diamantes. - Lamento decepcionarte de nuevo, no hago más que arruinar las cosas y romperte el corazón. - Las gotas de agua salada cayeron. -Sé que rompí nuestra promesa y que todo el tema de las vacaciones es mi culpa porque no deseo ver a los Potter y que por mi te sientes dividido entre ellos y yo. Y puede ser cierto que me acerqué a tus primos porque quería que te quedaras conmigo a pasar la navidad, sé que está mal pero no pienso bien las cosas antes de hacerlas, solo me obsesiono y actúo y cuando me doy cuenta he arruinado las cosas de nuevo. - Su madre dejó la bandeja en sus piernas antes de tirarla por lo mucho que temblaba. Juntó sus manos a la altura de su inglés y las juntas, Tom podía ver como clavaba sus uñas en la carne de sus manos. - Perdoname por el desastre en el departamento, por gritarte, por volver a dudar de ti y por darte comida quemada.
Tom no sabe cómo reaccionar, sus dientes siguen sucios, puede sentir la saliva espesa y maloliente atrapada en su boca, las lagañas en sus ojos que no ha podido retirar y ahora todo su cuerpo es como un tren a punto de arrancar cuando aún hay partes de él tratando de despertar.
-Solo quiero que dejemos de pelear, pensé que estábamos bien cuando me fuí a la escuela.
-Lo sé, es toda mi culpa.
El Tom de hace dos días le habría consolado y convencido de que no era su culpa, pero este Tom seguía herido.
-¿Las cosas con Rachelle van bien?
-Es.. Intenso, pero sigo asistiendo.
-Bien.
-¿Qué puedo hacer para que me perdones?
Cambiar.
-Hablar las cosas conmigo antes de hacer planes.
Pero eso ya te lo he dicho.
Su madre asiente como un perrito de juguete.
-Me encontré con Marissa ayer, ella no quiere tener una relación con nosotros y me pidió que nos alejaramos. No pienso dejarlo estar, pero no creo que forzar una cena sea lo mejor cuando ella no quiere vernos. Quizá podamos salir un rato con Sylvester y Joyce a comer antes de Yule.
Su madre se desinfla como un globo.
-Sylvester en serio quería esta cena.
Tom se siente culpable por el niño al que va a decepcionar.
-Quizá podamos hacerla cuando las cosas con Marissa se suavicen.
-¿Qué te parece si hablo con Joyce? Quizá ella pueda convencerla de cenar con nosotros.
Tom suspira.
-Bueno.
Silencio.
-Iré al baño antes de comer. - Levanta la bandeja y la deja en su mesa de noche. Su madre sigue parada como un perchero frente a su cama, insegura de qué hacer. - Te perdono.
Su madre lo abraza fuerte.
-Mejoraré, sé que no puedo continuar haciendo esto.
Tom lo dudaba pero de nuevo prefirió el silencio, comenzaba a pensar que su madre no cambiaba, solo fingía para mantenerlo tranquilo.
-Te ves muy elegante - Becca llegó luego de cuatro días de incomodidad, para su alivio.
-Gracias.
Su madre había logrado organizar una cena familiar esa noche antes de su viaje a Francia al día siguiente para celebrar Yule.
-Te ves tan feliz que tu sonrisa podría asustar a un boggart.
Tom le rodó los ojos a su reflejo en el espejo.
-Vas a contarme ahora por qué todo está tan tenso aquí o deberé darle veritaserum a tu madre? - Por supuesto Becca lo había notado de inmediato, la mala vibra de la casa podía tocarse.
-No es nada. - Lo último que quería era verse como un pequeño niño quejumbroso. Además, su madre no necesitaba otra discusión.
-Nada nuevo, querrás decir? - Becca estaba de pie, con los brazos cruzados y una ceja perfectamente peinada y maquillada tan arriba que casi tocaba su flequillo nuevo.
Se dió la vuelta para enfrentarla.
-El mismo asunto de pasar la otra mitad de las vacaciones con mis tíos.
Becca bufó.
-Lamento haber llegado tarde.
Tom se encogió de hombros.
-No es tu responsabilidad ser un apagafuegos, de todas formas.
-¡Hey! - Becca rodea su cuello por detrás con aire juguetón, sacudiéndolo. - Soy tu tía por elección y mi trabajo es hacer de este lugar un ambiente feliz y no una pocilga depresiva. La próxima vez estaré allí para recibirte en el tren.
Becca tiene una linda sonrisa y un bonito rostro, es la clase de rostro que produce simpatía y confianza, es el mismo que él luce en sus clases y con desconocidos. Un rostro que esconde mucho más que chistes y camaradería.
-No tienes que renunciar a buenos trabajos por mi.
Por favor no faltes otra vez.
-Tú no me mandas mocoso, seré la primera esperando este verano. - Becca deja un beso sonoro en su mejilla que le deja marcado su labial rojo.
Tom no puede evitar sonreír y Becca chilla contenta y lo sacude mientras le da un abrazo apretado que se siente reconfortante.
Para cuando su madre llega a casa Tom ha barrido el suelo con Becca en tres partidas de ajedrez, bastante aburrido si no fuera por las maldiciones de Becca cada que perdía.
Tom agradeció la presencia de Becca en la mesa, al menos alguien en la mesa es capaz de sacarle una sonrisa mientras esperan a los Hatley.
-¿Quieres un poco? - Su tía menea su vaso de Whisky frente a su cara.
-Tiene doce años Becca.
Tom solo sonríe mientras mira el menú, de nuevo.
-Entonces toma tú un trago, eres más divertida cuando estás borracha.
Su madre solo ve a Becca con molestia. Tom no puede evitar notar que algo entre ellas está mal, quebrado, solo lo siente, ya no hay esa energía amistosa entre ambas, esa protección de Becca hacía su madre. Quizá su relación no es la única quebrada.
-Creo que no vendrán.
Tenían casi una hora de retraso y su madre se negaba a pedir algo para comer, algunas personas que esperaban mesa los veían molestos por ocupar un lugar sin usarlo.
-Solo están retrasados.
-Tienen una hora de retraso Mer.
Su madre dejó salir el aire por su nariz como un toro furioso y se levantó de la mesa.
Tom la vió irse con ninguna intención de seguirla.
-Vaya humor.
Becca vacía el trago.
-Ya déjala, está estresada porque ha planificado esta cena por meses.
-Y dices que tu prima Marissa es la responsable de su ausencia?
Tom asiente.
-No le agradamos.
-Creo que conozco a esa niña, es bastante popular en el Knockturn. - Tom espera que no sea por ser la hija de una prostituta. - Es una carterista talentosa.
-Robar no es un talento.
Becca levantó los brazos como entregándose.
-¿Acaso piensas romperme el corazón?
-No se supone que deberías esforzarte por ocultarme tu oficio?
-Eres demasiado listo para eso Tom Tom. - Becca palmeó su cabeza.
Se echó a reír.
-¡Ya están aquí! - Su madre venía acompañada de un trío con un vestuario bastante interesante. Las miradas indiscretas siguieron a la madre de Marissa hasta que llegó a su mesa.
Tom se puso de pie y fue directo a presentarse. La madre de sus primos lleva puesto un abrigo largo y color borgoña que hace resaltar sus labios y uñas rojas, su cabello rubio está perfectamente peinado como una mujer de revista muggle.
-Señora Hatley es un gusto conocerla, formalmente, quiero decir.
-Oh cariño, dime Jocelyn. - Estrecha su mano. - Eres todo un caballero.
-Así es nuestro Tom Tom, es un viejito con buenas costumbres en el cuerpo de un adolescente. - Becca peina su cabello como si fuera una exhibición de un caballo de pura sangre.
Marissa, quien está a un lado de su madre con un abrigo verde de segunda mano que se ve resarcido, bufa con diversión.
-¡Yo soy Sylvester! - Un niño rubio y bajito se entromete y le sonríe con una energía que podría encender todas las velas del lugar.
Su rostro es una mala mezcla de Morfín y su madre, la nariz ganchuda es lo que peor se ve, sus ojos oscuros y saltones se disimulan un poco gracias a los rizos rubios en su frente. Al parecer alguien no se salvó de los genes Gaunt.
-Hola, mamá me ha hablado mucho de ti, Marissa también. Soy Tom- Sylvester lo sorprende abrazándolo. - Solo llega a su estómago, es así de pequeño, su aspecto es el de un niño de seis años, aunque sabe por su madre que tiene nueve.
-Syl! - Marissa lo reprende y lo jala a su lado como una madre celosa.
Joyce se ríe algo apenada.
-Sylvester es algo efusivo.
A Tom le agrada de inmediato, hay algo en él que le recuerda a Harry. Es la sonrisa dulce, los ojos inocentes, el cariño desmedido que da sin que Tom haga nada para ganárselo. Ahora entiende porqué Marissa lo protege tanto, es un conejo viviendo entre coyotes, demasiado blando para el afilado mundo en el que vive.
-No me molesta, es un placer conocerte primo.
Marissa podría haberlo ahorcado de no tener tanto público.
-¿Trabajas robando tesoros?!
-Syl! - Marissa parece haber adoptado el papel de madre con su hermano, siempre chillando y acomodando su ropa para evitar que se manche.
-Prefiero el término de contrabandista. - Becca le guiña un ojo.
-No deberías decirle eso. - Tom susurra.
Becca se encoge de hombros.
-Estos niños saben guardar secretos.
Tom no estaba seguro de que por las venas de Sylvester corriera el instinto asesino del Knockturn.
-Además, no le dije que también soy estafadora.
-¿No está implícito al ser contrabandista? - Tom se burla. Becca le saca la lengua.
-¿Es cierto que puedes hablar con las serpientes?
Tom devuelve su atención a Sylvester.
-Sí, puedo. - El niño sonríe aun más.
-Y tienes una? Marissa tiene una víbora.
-Lo sé, Gola, ¿no?
-¡Sí! La encontramos en un bosque.
-Debe ser entretenido hablar con ella, debe ser una mascota fenomenal. - Becca se dirige a Marissa.
-Es más simpática que la mayoría de las personas.
-Marissa.. - Su madre, que se ha concentrado en abarcar a su mamá en una conversación, la reprende.
Ella solo rueda los ojos.
-¿Y cómo es Hogwarts? Cuando yo entre estarás en cuarto año.
-Es genial, te gustará el viaje de bienvenida y los jardines. La casa de Slytherin tiene vistas al lago negro.
Tom dudaba que Sylvester fuera a Slytherin, todo él gritaba Hufflepuff. Harry y él juntos serían un desastre.
-La casa de Slytherin no tiene nada de especial, es una cueva de ratas. - Marissa apuñala su pie de manzana.
Tom sonríe.
-En eso estoy de acuerdo.
-¡Pero ustedes van allí!
-Yo quería ir a Ravenclaw, pero el sombrero no me dejó. - Tom se encoge de hombros.
Marissa lo sigue viendo como si fuera un idiota.
-La tía Mer dice que eres un prodigio.
-Solo me gusta estudiar. - No quería alardear y presumir que su terapeuta le había aclarado que era más listo que los demás porque tenía un IQ superior a la media.
-¿Me ayudarás a estudiar cuando entre? Marissa no es tan lista.
-Syl!
Tom sonrió, divertido por la imprudencia del niño.
-Claro, seré tu tutor.
Marissa toma el cuchillo de mantequilla tan fuerte que Tom se prepara para erguir un escudo en caso de que se lo arroje.
-¡Genial!
El resto de la cena es un ir y venir, responder a las preguntas de Sylvester, recibir malas miradas de Marissa y lidiar con la borracha tía Becca mientras su madre y Joyce hablan sin parar. No fue tan terrible como pensó, su mesa era algo ruidosa gracias a Sylvester y Becca, alegre y cálida, a Tom le gustó lo que podría llegar a ser.
-No estuvo tan mal, cierto?
Marissa y él tienen un momento para hablar, Sylvester está dormido y en brazos de Joyce y Becca coqueteando con un brujo que está más borracho que ella.
-Espero que no se repita.
Tom suspira, está tan feliz que no le importa su comentario.
-¿De nuevo eres el angelito heroico?
-Solo estoy de buen humor. - Marissa hace como que no le importa. - Gracias por venir, me encantó conocer a Sylvester, me recuerda mucho a alguien a quien quiero mucho.
-Mi hermano no es un baúl de recuerdos para ser usado.
-La persona a la que me recuerda sigue viva, es mi mejor amigo.
-Y entonces?
Tom se encoge de hombros.
-Nada, solo eso. Ya entiendo porque lo proteges tanto, hay personas que vienen a este mundo siendo demasiado sensibles y maravillosos para lo podrido y cruel que es el mundo, son frágiles aunque no lo quieran ver. Es algo que se debe proteger porque no aparece siempre.
Marissa lo mira con algo que nunca ha habido entre ellos. Entendimiento.
-Y por eso mismo no puede soportar decepciones, así que si están jugando a la casita con nosotros solo para mejorar la relación de mierda que tienen tú y tu madre, alejense de nosotros.
Tom siente que le dieron un puñetazo en el abdomen.
-¿Se nota demasiado?
-No, solo si sabes mirar.
-No siempre es así, entre nosotros, quiero decir.
Marissa guarda sus manos en los bolsillos de su abrigo.
-No, siempre logran compensar días de mierda con detalles bonitos pero eso no hace que deje de ser mierda al final.
-Marissa, es hora de irse cariño.
Sus ojos azules ya no tienen esa veta combativa, quizá porque sus palabras han calado tan dentro de Tom que se refleja en su rostro.
El desayuno de panqueques viene a su mente mientras ve como los tres se alejan y la mano de su madre se apoya en su hombro.
-Son asombrosos, ¿verdad?
En efecto, sabe cómo compensarlo.
Harry lo atrapa en un abrazo que se siente diferente a sus anteriores recibimientos, aunque está emocionado puede percibir ese deseo de su amigo de consolarle, como diciendo: todo está bien porque estamos juntos, apoyate en mi.
Tom ama sus abrazos.
Sus tíos también lo rodean y hacen un divertido abrazo familiar lleno de risas.
-Es una pena que tu madre no pueda venir.
Por la expresión de Harry está seguro que no es el caso para todos.
-Mamá quería pasar la navidad con mis primos, Sylvester es bastante emocional y se habría sentido mal si cancelaba los planes con ellos. - Tom sabe que es una mentira ridícula, su madre es la clase de persona que le seguiría al fin del mundo con tal de tenerlo al lado, además, en una semana cumplirá trece años.
Su tía lo abraza y Tom deja que su nariz se llene del olor a lavanda y vainilla de su abrigo blanco marfil.
-Tenemos mucho de qué hablar sobre tus primos, me alegra tanto que los hayas conocido. - Su sonrisa es sincera y brillante.
-Sylvester te caería bien, se parece mucho a ti Harry.
Harry de inmediato infla su pecho como un gallo de pelea.
-Entonces debe ser extraordinario.
Tom se deja guiar fuera de las oficinas de transporte mágico mientras sus tíos lo bombardean de preguntas sobre la escuela, sus primos y la situación con los bravucones de Slytherin.
Su llegada es algo caótica, los preparativos para el ritual de Yule están siendo ordenados por los padrinos de Harry en el patio delantero entre risas alcoholizadas y bromas. Su tío se une a ellos con una sonrisa alegre en el rostro mientras su tía los mira con cariño y lo arrastra a él y a Harry a la cocina.
-¿Tienes hambre cariño? - Tom desayunó antes de salir de casa, su madre lo estaba esperando con un desayuno inglés de proporciones exageradas para ellos dos ya que Becca no era capaz de ingerir nada sin vomitarlo.
-Comí muy bien en casa, pero si tienes chocolate caliente.. - Su tía sonríe contenta y peina su cabello, Tom ama como sus dedos acarician su cuero cabelludo, podría erizarse como un gato.
-Claro que sí, siempre tengo una olla entera de chocolate caliente para ti.
Harry trata de contener la risa.
-Que no se note que Tom es tu favorito mamá.
Su tía ve ceñuda a Harry.
-Los amo a los dos por igual! Con todo mi corazón. - Les lanza un beso y Tom siente que sus ojos se humedecen, obligándolo a apretar los puños y clavarse las uñas en la piel para tranquilizarse, pero las palabras le duelen.
Tú no sabes amar.
Su madre lo hace sentir tan amado y odiado a la vez que escuchar a su tía Lily hablarle con tanta dulzura derriba las barreras que construyó toda la mañana mientras esperaba por su turno para tomar el traslador.
Harry toma su mano y Tom desea sacudirla, porque es demasiada emotividad y él está tan sensible que podría echarse a llorar en la cocina.
-Aquí está cariño. - Tom trata de evitar los ojos verdes de ambos, pero no puede, siente que su pecho no puede tomar aire o sus lágrimas van a caer.
-Gracias tía Lily. - De alguna forma logra tomar el chocolate con ambas manos, jalandola del agarre de su amigo.
Como siempre, los Potter son metiches y se preocupan demasiado.
-¿Pasa algo cariño? ¿Te sientes mal? - La tía Lily ya no debe arrodillarse, ha crecido lo suficiente como para que solo deba flexionar las rodillas un poco para verlo a la cara.
-No, estoy bien, solo algo cansado, ayer salimos hasta tarde.
Sabe que su tía no le cree, tiene esa mirada de madre inquisidora que está perfectamente consciente de estar frente a una mentira.
-De acuerdo, ¿por qué no suben ambos un rato a descansar? Comenzaremos el ritual por la noche.
Tom casi suspira de alivio. Su tía retiene su rostro antes de que pueda huir y lo hace verla fijamente.
-Si te sientes mal puedes venir a hablar conmigo, de acuerdo cariño? - Tom solo asiente. - Bien, me alegra que estés aquí mi amor, te extrañé mucho. - Un beso en su frente y luego está de nuevo rodeado de brazos suaves, reconfortantes y que hacen que las lágrimas salgan.
Sus brazos se mueven buscando apretar más el abrazo y Harry, debe ser él, le quita la taza de las manos.
Llora como un idiota, clavando sus dedos en la espalda y cabello de su tía, agarrandose con desesperación mientras de su garganta salen sonidos que detesta emitir. Hunde el rostro lo más que puede en el pecho que lo sostiene, no quiere que vuelvan a verlo a los ojos, no quiere que lo vean con los ojos rojos y llenos de lágrimas.
¡Lo estoy echando a perder! Ni siquiera es la gran cosa para que llores tanto.
-Oh, mi amor, tranquilo cariño, estoy aquí para ti. - Su tía lo aprieta aun más.
Cuando deja de llorar se siente tan avergonzado que de inmediato clava los ojos en el suelo. Su tía lo guía como a un bebé hasta uno de los bancos de la cocina en donde Tom se sienta en silencio mientras su tía se mueve buscando cosas y abriendo el grifo hasta que vuelve con él con un paño húmedo con el que le limpia el rostro. El agua fría lo calma poco a poco y Tom se embelesa con la visión del cabello largo y rojo suelto, el rostro amable y hermoso y los ojos cargados de emociones de la tía Lily, que están rojos e hinchados también.
Ha llorado.
-¿Te sientes mejor?
-Sí.
Va a cumplir trece años en una semana pero la tía Lily logra hacerlo sentir como ese niño de nueve años que dejó entrar a su hogar años atrás.
-Sabes que puedes contarme lo que sea cariño, siempre estaré aquí para oírte y no es una molestia para mi, soy tu tía para ello, no solo para darte un lugar en donde vacacionar, si?
-Lo sé.
Su tía acaricia su mejilla con ojos tristes.
-¿Quieres contarme qué pasó?
¿Debería? Arruinaría las cosas, su tía vería a su madre como alguien incapaz para cuidarlo, solo generaría más conflicto, si su tía iba y hablaba con su madre se desataría el infierno, la relación con su madre se iría a la mierda, su tía iba a protegerlo como una leona. Su madre no se lo perdonaría jamás, qué si sufría de un ataque de pánico o su condición empeoraba?
Pero por qué debería guardar el secreto? Su madre estaba mal, Tom sentía miedo de lo que podría hacer para ganar su atención completa pero no podía ni quería un conflicto entre sus tíos y su madre. Harry ya odiaba a su madre, la tía Lily querría su custodia, volverían los servicios sociales mágicos a su puerta para evaluar a su madre. ¿Qué si se suicidaba si Tom se marchaba a Francia?
-Tom? - No se había dado cuenta de que había dejado de respirar. - Cariño si no quieres decirme ahora está bien, pero si es algo que te afecta o.. O te pone en peligro o te hace sentir mal, dimelo, te prometo que no haré nada sin consultarlo contigo primero.
Su tía tiene arrugas en la frente de preocupación, sus ojos son dos águilas en alerta máxima.
-Mamá tiene depresión.
No es exactamente lo que ha pasado, pero es un contexto que necesita dejar sobre la mesa, necesita que su tía entienda que no puede solo llegar como una mantícora a derribar la puerta de su madre reclamando.
-Ella ha estado yendo con una terapeuta en lugar de Mark, pero sus emociones son un desastre. - Su tía lo escucha y solo asiente. - Hemos discutido un par de veces en vacaciones y eso me ha hecho sentir muy mal.
No quiere decir más, siente que su garganta se cierra y que cada palabra tiene un espacio más reducido para salir.
-¿Puedo preguntar sobre qué discuten?
¿Debería decirle?
-Ella cree que no la amo porque quiero pasar la mitad de las vacaciones con ustedes. - No está mencionando que los odia a todos ellos no solo a las vacaciones. -Siente que los lujos y todo lo demás es mejor que lo que puede darme y eso la hace sentir insegura. Le he dicho que no es así y que la amo, pero ella duda de eso a veces.
Su tía tiene una expresión que no puede descifrar, parece estar pensando demasiado las cosas.
-Y esta vez pelearon por lo mismo?
-Sí. - Tom se muerde el labio inferior, siente tanto temor y angustia sobre qué podría decir su tía.
-Okay, ¿quieres que hable con tu madre sobre ello? Podemos hablar con ella juntos, como su familia, ayudarla a entender y también ayudar con su enfermedad, no tienes que hacerlo solo cariño.
-No creo que se lo tome bien.
Porque te odia y yo no debería hablar de esto contigo.
-Y qué crees que deberíamos hacer?
Algo en su tono lo hace sentirse como un bebé, un idiota incapaz de pensar con claridad y arreglar sus problemas por su cuenta. Tiene casi trece años, no debería dar esta clase de problemas, Tom ha solucionado situaciones peores por su cuenta pero la tía Lily parece tener veritaserum en los ojos, solo con verlo fijamente Tom siente la necesidad de contarle todo.
-Siempre espero a que se calme y luego ella siempre se disculpa, se disculpó conmigo antes de venir.
Su tía asiente con la misma expresión seria y pensativa.
-Ella está esforzándose por mejorar, lo que pasó en la cabaña fue realmente horrible para ella más que para mí.
-Por supuesto. - Su tía suspira, el asiento ya es incómodo en su trasero. -Entiendo que el proceso de tu madre es más complicado, pero tu eres solo un niño Tom, sé que eres muy maduro y listo por lo que has vivido pero puedes pedir ayuda, siempre, de acuerdo? Eso no te hace menos capaz.
-Solo estoy abrumado, pero estoy bien.
-Si vuelve a suceder una discusión entre ustedes, ¿podrías contarme?
-De acuerdo. - Ni loco.
Su tía levanta una ceja.
-¿Prometes no hacer nada si te lo cuento?
-Nada sin tu permiso, a menos que tu salud y bienestar estén en peligro.
Merlin, la he cagado hasta el fondo, ahora tendré a la tía Lily sobre mi cabeza como una mamá dragón.
-Las cosas con mamá no llegan a ese nivel, lo juro.
Sus hombros se relajan un poco.
-Bien, es un trato entonces.
Tom estrecha su mano. Siente que esta promesa entre ambos tiene una carga que se aleja de la veta infantil que la tía Lily ha tratado de mantener con él, esto se siente formal y serio. Quizá hacerse más viejo se llevará las conversaciones dulces y fáciles.
-Gracias por confiar en mí y contármelo cariño. - Y así sin más sus ojos vuelven a ser dulces.
Tom vuelve a abrazarla.
-Ahora, cuéntame sobre esos primos tuyos. Tu tío James me ha contado todos los detalles sobre el problema con esos chicos y no puedo estar más orgullosa de como defendiste a Marissa, pero la próxima vez que alguien te moleste en la escuela cuéntamelo a mi e iré directa a Hogwarts.
Tom se echa a reír.
-No gracias, no quiero que el castillo se caiga a pedazos.
Su tía se echa a reír y entrecierra los ojos haciéndose la ofendida.
-¿Qué estás insinuando con eso?
Tom la ama, la ama tanto que el pecho podría estallarle. Le aterra lo fuerte y poderoso que es, pero le gusta lo seguro que está de ello, de que nadie podrá quitárselo.
Encuentra a Harry en el jardín, riéndose de las payasadas de su padrino.
En cuanto lo ve deja abandonado al perro odioso de Black y se acerca corriendo como un leal golden retriever. Debería dejar de comparar a Harry con un perro, eso solo está para Black.
-Tom! - Choca contra él en un abrazo brusco que le arranca el aliento.
-Ya se olvidó de nosotros. - Su tío se burló en voz alta.
-¿Estás bien? - El susurro en su oreja le hace cosquillas.
-Bien, hablamos sobre ello.
Harry se separa de él y sonríe, se le ve preocupado pero feliz.
-Bien, qué te parece si patinamos un rato?
Tom podría levantar a su amigo en brazos y dar vueltas en agradecimiento, Harry entiende sin palabras que ya no le apetece continuar hablando sobre el tema, ya se ha desahogado con alguien y quiere liberar la energía tensa que aun navega en su cuerpo.
-Espero que hayas cuidado mis patines.
-¡Por supuesto! Incluso le pedí a papá afilar las cuchillas y usar un hechizo para que se adapten al tamaño de tus pies, ¡estás más alto! No es justo, ¿por qué sigues creciendo?
La respuesta está en las pociones nutricionales que Tom sabe que sus tíos ordenaron darle en sus bebidas durante el desayuno, simplemente está creciendo los centímetros que no obtuvo siendo un niño y ahora parece estar desarrollándose más deprisa ya que la poción nutritiva acelera el metabolismo.
-Quizá tú te estás encogiendo, a este paso tendrás que saltar para poder mirarme a los ojos.
Harry le vió feo y él se echó a reír.
Todo estaba normal ahora, como deseaba que las cosas pudieran solucionarse igual de rápido en casa.
Querido Tom
¿Cómo estás? Aquí todo se siente vacío de nuevo sin tí, no paro de pensar en cómo arruiné nuestro tiempo juntos mientras estás allá divirtiéndote, tus vacaciones no deberían ser así, ahora entiendo que jamás podrías sentirte cómodo pasando el tiempo conmigo cuando siempre te reclamo.
No he podido ver tan seguido a Sylvester, ama a su hermana tanto que quiere pasar todo el rato con ella y Joyce está muy ocupada trabajando, al igual que Becca. Mi única compañía es Leviatán y él odia a todos excepto a ti y Becca, así que no es tan buena compañía, mis manos rasguñadas pueden decirlo por mi.
En fin, quería desearte un feliz cumpleaños número trece cariño, no puedo creer lo rápido que has crecido! Espero que mi regalo te guste, Sylvester me ha traído ayer un regalo para ti, es un niño tan dulce!
Desearía poder estar contigo hoy, me entristece saber que no te veré cumplir otro año de vida, pero entiendo que no he sido buena y que lo último que deseas es pasar el día conmigo.
Prometo que tu próximo cumpleaños será mejor.
Te ama, mamá.
La carta entera es una maraña de manipulación emocional que Tom podría ver incluso en la oscuridad absoluta, le enoja leerlo, luego se entristece, por qué se enoja al leer cartas de su madre? no debería hacerlo, pero odia que sepa dónde golpear para hacerlo sentir mal y culpable, no quiere pensar mal, quizá no es a propósito y solo está escribiendo lo que siente, pero las palabras de Marissa le han dado vueltas por días.
Saben cómo compensarlo.
No quiere pensar en ello.
Junto a la carta hay un paquete de tamaño mediano envuelto en papel verde que simula escamas de dragón que brillan al moverlo. Dentro encuentra un libro con hechizos defensivos avanzados con una cita de Becca en la primera página.
"Para que patees traseros legalmente".
Tom no puede evitar reírse.
También hay una pluma que le roba el aliento, todo el cuerpo está decorado con escamas y la parte superior muestra la boca de una serpiente a punto de atacar. La pluma se ve costosa y el plumín luce exquisito, está seguro que escribir con él debe sentirse suave. Una hoja viene atada a la pluma.
"Feliz cumpleaños primo Tom! De parte de Sylvester y Marissa." Tom no puede evitar enternecerse, seguramente la pluma ha sido robada de alguna tienda fina de plumas o del bolsillo de algún cliente de la cueva de Medusa. No puede evitar pensar en el rostro de Marissa mientras Sylvester escribía su nombre en la nota, está seguro de que la niña no está en absoluto feliz de enviarle un regalo.
Su madre le manda otro libro, uno de autoría muggle que Tom hojeó en la biblioteca durante un paseo al mundo muggle planificado por Becca y que habla de las runas híbridas manejadas por muggles y magos en la antigüedad, podría servirle para un proyecto en la escuela cuando comience a ver runas por su tercer año.
-¿Pasa algo Tom?
La tía Lily se sienta a su lado en la mesa. El resto de los hombres está arriesgando su vida en el patio de Quidditch estrenando la Nimbus 2000 que su padrino le ha regalado por navidad, Tom prefiere observar todo en la distancia segura que le da el comedor en el jardín.
-No es nada, mamá envió una carta junto a los regalos de Becca y mis primos.
Su tía sonríe. -Marissa y Silvester te enviaron regalos?
Tom le mostró la pluma.
-Es hermoso cariño, es un lindo detalle.
-Becca me envió un libro de hechizos defensivos y mamá un libro de runas híbridas antiguas.
-Son regalos muy buenos.
Tom lo sabe, eso aumenta la culpa que siente.
-Estaba pensando algo- Su tía tiene una sonrisa en el rostro que parece nunca acabarse. - Mis padres estarán solos este año nuevo, Petunia y su familia decidieron ir a Miami para navidad.. Así que pensé que podríamos ir a Inglaterra y pasar año nuevo en la mansión, invitaremos a mis padres, a tu madre, a Rebecca y a tus primos si quieres. ¿Qué te parece?
Tom siente que su corazón se acelera de emoción.
-Eso me gustaría.
Manos peinan su cabello y recibe un beso en su frente.
Tom no pensó demasiado lo que implicaría juntar a su madre y sus tíos en el mismo lugar, estaba demasiado contento con poder estar con toda su familia al cumplir los trece años, pero temía la reacción de su madre.
Atravesó la chimenea del departamento solo, no quería que Harry o sus tíos se toparan con el desastre del lugar, suficiente tenía con su tía preocupándose por él por cometer la idiotez de explotar en su cocina.
-Hola? Mamá?
-Tom! - Becca aparece fuera del cuarto de su madre y Tom se alegra de ver todo medianamente ordenado. - ¿Qué haces aquí?
-Tom? - Su madre sale detrás de Becca y en cuanto lo ve sus ojos brillan de emoción.
-Hola.
Las dos mujeres se abalanzan sobre él felicitándolo por sus trece años.
-¿Qué haces aquí? Pensé que pasarías el resto de las vacaciones de navidad con los Potter.
-Decidieron venir a pasar el año nuevo aquí, así yo podría pasar mi cumpleaños y año nuevo con ustedes también y ellos con sus padres.
-¿Te quedarás aquí con nosotras? - Su madre sonaba esperanzada.
-Bueno.. De hecho vine a invitarlas, la tía Lily ha dicho que quisiera pasar el año nuevo con la familia completa.
Su madre va a decir algo pero el brazo de Becca sobre sus hombros parece silenciarla.
-¡Perfecto! No pienso perderme mi primera festividad en la mansión Potter, comeré hasta reventar.
Tom está tan aliviado de que Becca esté en el departamento.
-Ve a arreglarte primero Mer- Becca la empujó al cuarto. - Buscaré vestidos lindos en mi armario y Tom y yo compraremos una poción alisante para tu cabello.
-No necesito una poción alisante. - Su madre se ve algo disgustada, pero es más con Becca que con él.
-Vamos Mer! Te verás hermosa, es la fiesta de Tommy y pienso tomar muchas fotos de recuerdo.
-Acaba de llegar, quiero hablar con él, aun es temprano para arreglarme.
-Mis tíos se quedarán en Inglaterra el resto de las vacaciones mamá, así que tenemos una semana más para estar juntos antes de que comience la escuela.
-¿Me prometes que pasarás tiempo conmigo?
-Lo prometo. - Sus palabras le saben a óxido.
-Bien, iré a arreglarme.
Becca lo empuja fuera del departamento apenas su madre desaparece en el baño.
-Y? ¿Cómo estuvo Francia? - Ambos bajan las escaleras y sortean con precisión el callejón Knockturn hacia la tienda de pociones más cercana.
-Genial, como siempre. Gracias por ayudarme con mamá.
Becca choca sus hombros.
-¿Cómo ha estado ella?
Becca ladeó su cabeza como un gato curioso.
-Ha estado bien, visitó a tu primo un par de veces.
De seguro a Marissa le ha encantado.
-Viniste por el peso de tu consciencia?
Tom está seguro que su tía decidió pasar el año nuevo en Inglaterra por él, aunque no se lo preguntó.
-¿Estuve mal por irme?
-Sabes que no Tommy, pero es un lindo detalle de tus tíos el venir.
-Mamá no estará feliz, no quiero que haga una escena con mis tíos.
Becca se pavonea. - Yo me encargo de ella.
Tom se odia por hablar de su madre como si fuera un mocoso mal portado al que hay que controlar continuamente, pero no puede ni quiere levantar las alarmas de su tía más de lo que ya lo ha hecho.
Decide no invitar a sus primos, tiene suficiente con su madre como para preocuparse de Marissa tratando de robar adornos o siendo una grosera con todos, además está seguro de que la niña rechazaría la invitación de inmediato.
Pasa toda la tarde en el departamento para mantener contenta a su madre mientras Becca la maquilla, arregla su cabello y elige su ropa, él también se arregla con la ropa que hay en su armario y le regala a su madre historias de todo lo que hizo en Francia tratando de no mencionar demasiado a Harry o sus tíos, lo que vuelve todo mucho más breve y soso. Aunque desea ir a la mansión y pasar el día con Harry, Becca logra hacer que el tiempo sea divertido y ameno y que no se sienta tan aburrido de pasar su cumpleaños encerrado en el departamento mientras se arreglan.
Para cuando llegan a la mansión son pasadas las cuatro y Tom ya le ha suplicado a Merlín y Morgana que todo salga bien.
-¡Bienvenidas! Es bueno verlas de nuevo, ¿cómo están? Pasen por favor.
La puerta se abre apenas tocan y Tom presiente que no es casualidad que su tía los reciba sola, se siente como pasar por un detector de metales con los bolsillos llenos de cadenas de plata robadas y navajas.
-¡Feliz Yule! Trajimos Whisky de dragón y sidra de manzana para los chicos. - Becca de inmediato destella y resalta con su educación, aunque toda su vestimenta grita que es una revoltosa. Lleva un vestido rojo oscuro casi negro, una chaqueta de cuero negra y botas que Becca llama "compañeras de cacería", su cabello castaño está suelto y alocado, pero aun así se ve genial.
-Feliz Yule, gracias por invitarnos. - Su mamá sonríe de una forma que se le hace macabra, pero su tía les deja pasar y Tom decide que ha pasado la primera barrera de seguridad.
-Tom! Pensé que llegarías más tarde. - Harry le abraza apenas lo ve llegar, aunque lo ha visto hace unas horas y de nuevo fue el primero en felicitarle. - Hola señora Merope, hola..
-Por favor llamame Becca, si dices señora me caeré a pedazos.
Harry evalúa a Becca de pies a cabeza en segundos y luego asiente.
-Becca. Bienvenidas, estamos todos en el comedor principal, siganme, mamá debe ir a la cocina, aun está preparando cosas con la abuela y Andrómeda.
Tom frunce el ceño.
-Andrómeda?
-La prima de Sirius, los invitamos a ella y su familia, son los únicos Black que han sido desheredados y que son agradables.
Tom espera que sea más agradable que Sirius.
-Sirius Black está aquí? - El tono en que Becca habla hace que Tom se detenga tratando de ser discreto.
-Mantén tus botas de cacería lejos de Black si aun quieres ser mi amiga. - Murmura.
Becca sonríe.
-Mis botas tienen vida propia. - Mueve sus pies como si bailaran una danza sensual.
-Por Merlín, compórtate Becca.
-Te va a encantar Nym, es una animaga y le hablé de tu.. Habilidad con la transfiguración.
Tom de nuevo presta atención a Harry cuando llegan al comedor, está bastante lleno. Los padrinos de Harry, sus abuelos y dos desconocidos que deben venir con Andrómeda Black.
-Tom! El agasajado de la noche finalmente llegó! - El abuelo de Harry le hace señas para que se acerque apenas lo ve y los cuatro caminan hacia él como un frente unido.
El señor Harold le abraza y le tiende un paquete que tiene toda la pinta de ser un regalo.
-Espero te guste, pensé en regalarte un tablero nuevo de ajedrez pero mi esposa me convenció de que el que te dí aun sigue en buen estado.
-Gracias señor Harold. Oh, esta es Becca es mi tía por conquista. -Bromea un poco.
-Un placer.
-Tom! ¡Ya llegaste! - Su tío se acerca a saludar y después de una charla de adultos aburrida Harry lo arrastra lejos, Tom capta los ojos de Becca antes de darse la vuelta y es recibido por un guiño que le calma un poco.
-¿Becca planea conquistar a Sirius?
-Ugh, ¿lo escuchaste?
-Sus emociones son.. Intensas. - Harry se sonroja.
-¿Cómo se sienten?
-Muy calientes y eufóricas, con una necesidad de contacto físico.
Tom definitivamente no piensa abordar el tema de la atracción sexual con Harry.
-¿Vas a presentarme a Nym?
-Si, ven! Por cierto, es prima de Draco Malfoy. - Tom hace una mueca que hace reir a su amigo. - Te prometo que es mucho mejor que él.
-Eso espero.
Harry vió a Tom hablar entre risas con Nym, los dos parecían llevarse bastante bien y competían por cambiar partes de su cuerpo, Tom más discretamente que ella. Aquello le hizo reír y sonreir como un tonto pero estaba contento de ver a Tom feliz, últimamente verlo en ese estado era dificil, Harry había notado como sus emociones saltaban de la culpa a la alegría, de tristeza a rabia, de rabia a miedo. Y ni hablar de las emociones de su madre, era como estar atrapado en una burbuja sin aire, como estar bajo el sol en el desierto, había miedo, incertidumbre y un ligero enojo, siendo más pequeño no había podido leer tan bien las emociones de los demás, pero sus estudios en Francia habían agudizado su sexto sentido, no necesitaba ponerle palabras a las emociones para saber de qué se trataba.
-No puedo creer que ese idiota arruinara tu cama.
Tom se encogió de hombros.
-Le quité la suya y lo obligué a dormir en la que rompió. - Ver a su amigo jactarse es divertido.
Nym se echó a reír.
-Ese idiota crecerá para ser la copia perfecta de Lucius Malfoy, un idiota sexista y estafador. La tía Narcisa cometió un grave error al casarse con esa bestia.
Ellos siguen hablando y Harry vuelve a desconectarse de su conversación para mirar alrededor, su tío Sirius casi babea sobre su vaso de Whisky mientras observa a Becca y la mujer está bastante satisfecha de la atención, Harry aun no sabe en donde debe encasillarla, puede ver ese hilo tenso entre Becca y Merope, oscuro y chisporroteante que deja en claro que entre ellas la comunicación y convivencia no es grata, Becca parece controlar a la madre de Tom y ese poder sobre ella es confuso, por qué tiene poder sobre ella? Y luego están sus emociones por Tom, son casi totalmente puras pero hay un destello de posesión, un deseo de ser amada enfermizamente que se siente como miel hirviendo en la piel, dulce pero peligroso. No le gusta, pero en definitiva Becca no es tan amenazante como la madre de Tom, Harry ve con claridad su aura y el odio que siente por estar en su hogar, aunque no hace falta ser un genio, su rostro habla por ella aunque la mayoría ya está muy borracho para notarlo.
La madre de Tom arde en rabia, es como una olla llena de carne quemada que humea sin control, es espeso, pica en los pulmones, no deja entrar aire limpio y llena todo de una bruma negra y densa. Cada que lo mira hay odio puro.
La odia, desearía poder convencer a Tom de irse pero Harry puede ver como su amigo se aferra a esa relación, su necesidad de ser amado, la lealtad y sentido de protección.. Tom es demasiado bueno para ella. Así que usa su influencia para tranquilizar a la mujer y mantenerla al margen mientras aleja a Tom todo lo que puede, sabe que está mal pero realmente lo hace malvado el proteger a su mejor amigo de alguien que solo lo lastima?
Tom se ríe al ver como su abuelo tira su trago cuando Nym convierte todo su rostro en el de un cerdo y sus dudas se desvanecen, es su cumpleaños y Tom merece estar feliz, Harry hará que sus vacaciones sean buenas y luego Hogwarts lo protegerá de esas mujeres hasta que vuelvan a verse.
La noche termina muy tarde, Becca desaparece para continuar la fiesta en el Knockturn y su madre se va a dormir poco después.
Siente el estómago a reventar de comida y pastel pero se mantiene despierto y alegre mientras Harry tira de su mano escaleras arriba para darle su regalo de cumpleaños, debe ser algo muy íntimo como para que se lo dé en privado y eso le emociona.
Lo empuja para que se siente en su cama y va a su armario para sacar dos objetos cuadrados envueltos. El primero debe ser un libro y el otro es pequeño, puede tomarlo con una mano y no pesa demasiado.
-Cada año doy lo mejor de mi para elegir algo bueno. - Harry parece bastante feliz.
-Acaso vas a proponerme matrimonio formalmente? ¿Es por eso que me trajiste a tu cuarto?
Harry rueda los ojos. -Eso lo haré en público, para que la vergüenza sea tanta que no puedas decir que no.
Tom se echa a reír y abre el primero. "El misterioso arte de las runas antiguas, orígenes y significados"
-Le pregunté al profesor de runas de la escuela, dice que es bastante antiguo pero que las runas de las que habla el libro son las que permitieron la creación de las demás y habla de la evolución mundial de las runas. Estaba en Francés, mamá me ayudó con la traducción.
El libro es como un huevo de oro gigante, Tom desea abrirlo y leer toda la noche por lo interesante que suena.
-¿Te gusta? - Sus ojos se ven aun más verdes y gigantes, su sonrisa es contagiosa.
-Me encanta, gracias Harry.
-Serás el mejor estudiante de runas de Hogwarts. Abre el otro! - Su emoción le divierte.
El papel azul de la cajita cae despedazado en el suelo, una casa de madera pulida y sencilla lo espera, dentro hay una esfera transparente y en su interior bailan hebras doradas enloquecidas y juguetonas. La visión por sí sola lo hace sentir tranquilo, feliz y animado, es tan hermoso que se siente hipnotizado.
-¿Qué es? - Harry evita que la tome con su mano.
-Es una esfera con emociones atrapadas.
-¿Qué?
Harry sonríe con algo de vergüenza.
-Pensé que.. Como estamos lejos el uno del otro por tanto tiempo no siempre puedo calmarte cuando lo necesitas, así que pensé en una forma de exteriorizar mi habilidad para calmar las emociones y encerrarlas en un frasco. Así que cuando te sientas mal o simplemente me necesites puedes tomarla y ella te transmitirá mis emociones, será como si estuviera ahí para ti.
Es como embotellar el amor, los abrazos y la calidez de Harry y el detalle es tan dedicado que no puede evitar sentir que su garganta se cierra y cómo sus ojos se llenan de lágrimas.
-Es.. Es hermoso, gracias.
Su amigo lo abraza sin importarle su tartamudeo.
-Solo durará un tiempo, luego se agotará y deberé llenarlo de nuevo.
-¿Fue difícil?
Harry se encoge de hombros.
-Algo, pero estoy aprendiendo a exteriorizar mis emociones sin que me deje acabado completamente, usamos un hechizo parecido al que usamos con Little Harry. Por cierto.. ¿Aun tiene mi esencia?
-Un poco.
-Lo recargaré para ti en pascua.
Tom no puede creer lo afortunado que es de tener a Harry.
-¿Qué? Gracias, en serio, no sé qué sería de mi sin ti.
Se siente demasiado sensato, navidad nunca había sido una época feliz antes y ahora son agridulces con los problemas con su madre, pero sus tíos y Harry hacen que el dulce le gane a la sal y Tom está tan agradecido por no sentirse solo, por tener personas en las cuales refugiarse cuando la otra mitad de su vida esta hecha mierda.
Harry vuelve a abrazarlo al punto de tumbarlo en la cama, es más un ataque que un abrazo pero le saca a ambos una risa escandalosa. Tom levita ambos regalo a la mesita de noche de Harry mientras se calman.
-Yo tampoco sé qué sería de mí sin tí.
Estar allí acostados, uno al lado del otro, le recuerda las noches en donde sus charlas profundas eran debajo de las sábanas y terminaban en lágrimas, ahora tanto confía en Harry que no le molesta verse vulnerable.
-Serías el infeliz mejor amigo de Ronald Weasley, condenado a casarse con su hermana.
Harry se rió.
-¿Condenado a pelear a muerte contigo por el amor de Ginny?
-Definitivamente no pelearía ni con guijarros por el amor de Ginevra Weasley.
Harry suelta una carcajada que hace pitar sus oídos.
-De todas formas no te lo permitiría, propiedad eres Potter.
Tom siente que le arde el estómago.
-Solo te falta marcarme con un hierro caliente Potter.
Harry se encoge de hombros. -Me aseguraré de que no duela mucho. - Bromea.
Tom rueda los ojos.
-Ni en sueños vas a tratarme como una vaca.
Su amigo hace un puchero.
-Entonces solo me queda marcarte con mi olor como los perros. - Harry se le arroja encima y retuerce su cabello contra su mejilla.
-¡Acosar! ¡Basta de encima tonto! - Pero está riendo demasiado como para que lo tome en serio.
Y así como así llega un nuevo año, ahora tiene trece, su mejor amigo sigue siendo su mejor amigo, sus tíos siguen amándolo, su familia sanguínea ha crecido y la relación con su madre. Bueno, sigue mejorando.
Notes:
Amé este capítulo! Escribirlo fue refrescante para mi y espero que les haya gustado como a mi ver un poco más de la vida de Tom y su familia.
Qué les parece la aparición de los primos Hatley? Creo que nadie se dió cuenta del detalle del pársel de Marissa en el capítulo pasado o al menos nadie reaccionó a la escena 👉🏻👈🏻 cuál creen que sea la función de esos dos? Y qué opinamos de Merope? No sé cuántas veces le he dedicado groserías a esa mujer, la odio y la creé yo 😅 y Becca como siempre siendo la tía "chévere".
Ver a Tom rompiéndose me dolió mucho, en serio ambos somos un solo ser y cada que escribo esas escenas se me llenan los ojitos de lágrimas y el pecho de impotencia. Amo a mis papis Potter y amo escribir diálogos de ambos insinuando casarse (Pero solo son bromillas, no se emocionen todavía!)
En fin, que lindo es volver por aquí, esta vez no me tomó cuatro meses 🤣 Gracias por leerme y gracias a los que se unieron, les mando mucho amor a todos y les deseo feliz fin de semana ❤️
Chauuuuu.
Chapter 30: Corazones rotos y silencios
Notes:
Hola! Lo sé, de nuevo llego muy tarde para actualizar y me disculpo con todos, mi cabecita no deja de hacerme procrastinar para huir de mis múltiples pendientes y deseo de perfección (Estoy trabajando en ello).
En mi ausencia he recibido un crecimiento de consciencia como escritora y me he dado cuenta de que hay MUCHAS fallas en la historia, errores en cuanto al tiempo narrativo, el ritmo (Que está aburrido, perdonenme no tengo lector beta), y trama (Mis personajes me vuelven loca queriendo protagonismo e inmiscuyéndose, así que estoy haciendo malabares para que todo me lleve a donde quiero). En resumen, tengo que editar la historia porque esos errores me están matando la consciencia, pero no lo haré aun! Calma, probablemente será cuando termine la historia y la deje enfriar un largo rato.
Así que pido paciencia y disculpas si encuentran los últimos capítulos aburridos, estoy tratando de construir un personaje y situaciones que tengan sentido. Además cometí errores editando el capítulo y verán que en una parte hablan en tiempo pasado y otra en presente, pero ya estoy cansada de editar así que dejaré mi perfeccionismo a un lado y publicaré para poder seguir con mi vida y el siguiente capítulo.
En fin! Gracias por leer, gracias a mis lectores fieles y frecuentes que comentan apenas me ven llegar, los adoro inmensamente por llenarme el corazón de felicidad y satisfacción. Ah! Tengo algo que comunicarles, que no tiene que ver con este fic, pero lo dejaré para las notas finales para que este saludo no sea tan extenso.
Se me olvidó mencionar que ahora los pensamientos estarán entre comillas españolas 😀
Eso es todo, a leer!
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXX
Corazones rotos y silencios
Tom se le escabulle entre las manos el resto de las vacaciones de navidad, finge que está interesado en pasar tiempo con ella pero no se despega del quejumbroso e irritante niño Potter, el mocoso sigue mirándola como si fuese un monstruo cuando Tom no está mirando, sus ojos idénticos a los de su madre le dan deseos de atravesarlos con agujas, sabe que es culpa de ese mocoso que Tom se aleje de ella, que desconfie y la rechace.
Intentó ganárselo, ser buena y agradable, pero el niño siempre la detestó y arruinó sus planes de llevarse a Tom para siempre, si no fuera por ese niño que ahora abrazaba a su hijo tras soplar las velas del cumpleaños no tendría que preocuparse de perderlo, no tendría que esforzarse por ser perfecta todo el tiempo y no recibiría su trato desinteresado constantemente.
Como si el niño pudiera sentir sus ojos sobre él, clavó sus ojos sobre ella y la examinó con la profundidad de un adulto, se sintió observada de una forma que le incomodó, como si pudiera adivinar justo lo que pensaba de él. Apartó la mirada confundida y con deseos de buscar un lugar tranquilo para estar, quizá la habitación, tenía demasiado sueño.
—Estoy preocupada por Tom. —Lily no podía soportarlo más.
—Te habías tardado en contarme, ¿es por la larga charla que tuvieron en la cocina?
—Te has dado cuenta de que Tom siempre parece preocupado cuando su madre está cerca? Cómo nervioso.
James asintió y suspiró.
—Lo he notado, igual que la incomodidad de Merope en las vacaciones.
Lily no le llamaría incomodidad, eran celos, era rabia y envidia. La mujer los miraba como objetos de los que quería deshacerse. Siempre mirando a su hijo como si le perteneciera, como si Tom no pudiera estar cerca de alguien más que no fuera ella.
—Tom me dijo que su madre le dijo que tiene depresión —suspiró.
James la miró con sorpresa.
—Pero siento que hay más, Tom se derrumbó cuando le dije que lo amaba, se encogió como un bebé cuando lo abracé, Tom nunca había actuado así desde... —Lily nunca olvidaría cuando el pequeño niño que habían decidido acoger se había abierto con ella, agradeciéndole, diciéndole que la amaba y pidiendo amor a través de un abrazo desesperado que le sacó lágrimas, era el abrazo de un niño sin amor, un niño que siempre se había sentido solo y abandonado. Sus uñas se le habían clavado dolorosamente en la espalda y mechones de su cabello fueron arrancados—. Esto no está bien James, dijo que pelea constantemente con su madre porque ella cree que nos ama más que a ella—. Esa mujer nunca le había gustado pero lo había guardado para ella misma, desde el primer día en que le arrojó una mirada lasciva a James cuando aceptaron quedarse con Tom y la brecha estaba bien trazada cuando se dió cuenta de cómo miraba a Harry. Pero esto era el límite—. Tom parecía aterrado de contarme, tuve que convencerlo de que si ocurría algo debía contarmelo.
—¿Qué quieres que hagamos?
—No lo sé, Tom estaba aterrado de la posibilidad de que actuemos.
—Tiene miedo de que lo separemos de ella— razonó James.
El pensamiento le daba dolor de cabeza. Nunca quiso entregar a Tom, en su mente era un ángel que había llegado para ellos, el complemento de su pequeña y loca familia, escuchar su deseo de irse le rompió el corazón, pero no podía obligar a un niño a quedarse donde no quería. Aunque ahora se arrepienta.
—Es lo más probable, dice que está yendo con una psicomaga.
—Pensé que iba con Mark.
—No.
James de repente parecía tener diez años más encima.
—Debemos estar más presentes, llamar más seguido, sería bueno pasar pascua y el verano en Gran Bretaña —decidió.
—¿Quieres vigilar a Merope?
—Si me demuestra que no está capacitada para cuidar de Tom voy a intervenir —sentenció.
James se puso de pie y masajeó sus brazos.
—Lo sé cariño y está bien, solo debemos ser cuidadosos, Tom no es un niño que se abra con facilidad, debemos darle nuestra confianza.
Ella tenía un mal presentimiento. Era una sensación vomitiva, hacía que cada cabello de su cuerpo picara.
—Ese niño que llegó a casa no fue el niño que yo le entregué a esa mujer, James. Yo entregué un niño feliz, un niño sano y... —Su voz tiembla—. Esa mujer me regresó un niño roto, un niño que rompió a llorar a la mínima muestra de afecto.
Tom siempre había sido un niño dulce, siempre se derretía en sus brazos y a ella le encantaba abrazarlo y darle amor. Pero Tom aceptaba sus abrazos con la seguridad de alguien que sabe que habrá más siempre, este niño se aferró a ella con la desesperación de un niño que no quiere que lo dejen solo.
—Y ahora está el tema de sus primos.. Jocelyn Hatley es prostituta del knockturn.— Lily siente que el corazón le saldrá por la boca.
—¿Cuándo ibas a contarme eso, James?
—Lo hago ahora. Sus hijos viven con ella en un prostíbulo —añadió.
Si Lily no amara tanto a su esposo lo habría golpeado.
—¡Por Dios! Dónde mierdas está el ministerio en estos casos?!
—Están financiados por miembros del wizengamot y muchos miembros de los sagrados veintiocho van allí a divertirse.
Lily se separó del contacto de su esposo, su cuerpo estaba llegando al límite de emociones.
—Si llego a enterarme de que Tom está en ese lugar voy a explotar ese maldito edificio James y me lo voy a llevar a la Antártida, bien lejos de esa mujer —amenazó.
—Pensé en hablar con Joyce para ofrecerle un lugar, hay refugios para magos sin recursos...
—¡Eso es casi tan malo como un prostíbulo! —interrumpió—. Pobres niños.
James suspiró.
—No puedo hacer mucho, la madre de los niños parece más preocupada por su popularidad con sus clientes que por la seguridad de sus hijos. En Hogwarts fue incapaz de defender a su hija de los abusos sólo porque sus mejores clientes eran los padres de los abusadores.
Lily quería gritar. ¿Dónde mierdas había dejado a su niño? Deseó tomar sus cosas, abandonar sus estudios con los Flamel y volver a Gran Bretaña.
—¿Qué podemos hacer? Los niños no tienen la culpa de vivir en un ambiente como ese pero Tom no estará seguro pasando el tiempo cerca de esos ambientes. —Lily sentía deseos de arrancarse la cabeza.
¿Por qué no podía tomar a los tres niños y llevarlos con ella?
—Podemos ofrecerle a Merope vivir en la casa de Godric. Sacaremos a Tom del Knockturn y sus primos podrían visitarlo allí —sugirió James.
—Y tener a tres niños al cuidado de una mujer con depresión? —Lily le miró como si estuviera loco.
James parecía estar armando un puzzle imposible. Su pobre esposo no era el mejor ofreciendo soluciones lógicas cuando se trataba de niños.
—No podemos quitárselo Lily, Tom la ama y si quisiera dejarla ya lo habría dicho. Como cuando tenía nueve años y se negó a verla, Tom es firme con sus decisiones y deseos —James razonaba todo con una calma que desesperaba a la pelirroja, odiaba que tuviera un poco de razón.
—Ya lo sé, pero no puedo quedarme tranquila mientras Tom está sufriendo, tú no lo viste como yo, no viste sus ojos tristes ni escuchaste cómo lloraba.. —Lily siente su pecho calentarse, la tristeza e impotencia es demasiada y las lágrimas se le escapan.
Su esposo la abrazó mientras ella lloraba imaginando a su pobre muchachito y lo solo que debía sentirse.
–Quizá podamos llevar a Tom otra vez con Mark... —James susurra en su oído, su voz suave y calmada la arrulló.
—Es una buena idea.
—Y vendremos en Pascua y estaremos aquí el primer día del verano y nos iremos al último.
Ella asintió con la barbilla apoyada en su hombro.
—Y tomaré trasladores a Francia cuando sea necesario —completó la idea de James.
—Nos turnaremos para estar con los chicos.
Volvió a asentir, más tranquila.
—Y lo llamaremos dos veces por semana y no una cuando esté en la escuela y siempre preguntaremos por cómo se siente —estableció.
Ella siempre lo hacía, Tom incluso le había presentado a sus encantadoras amigas una tarde. Las había amado a las tres, eran dulces, divertidas, listas y querían a su niño, lo defendían y acompañaban.
—Y si algo sale mal, si nos cuenta algo que nos alarme o si notamos algo dejaremos cualquier pendiente de inmediato y vendremos por él.
—Ya estoy alarmada James. Esa mujer no me gusta. —Se sintió bien decirlo—. A Harry tampoco le gusta, podría decir que la detesta y si Harry la odia es por una buena razón. —Su hijo era un ponquesito de Hufflepuff, travieso y terco, pero dulce y amigable, además de leal y protector. Tenía su sorpresivo don que lo había hecho madurar más rápido que otros niños.
—A mi tampoco le agrada del todo, pero no podemos encasillarla luego de todo lo que ha vivido, solo debemos estar al pendiente y vigilar mejor a Tom. No arreglaremos nada si hacemos un alboroto legal.
A Lily le dolía el corazón.
—Una sola cosa más que me haga dudar de la seguridad de Tom y voy a hacer un escándalo. —Lily se separó de su cuerpo para mirar a su esposo con seriedad.
—Y yo te apoyaré. Ahora.. Vamos a dormir, si?
Unas carcajadas se escuchan fuera del cuarto y la hacen sonreír.
—Harry y Tom parecen estar pasándola bien.
—Tampoco es sano para Harry ser la esponja de Tom, debería hablar con él —dijo angustiada—. Tom le tiene más confianza.
Lily sentía que iba a explotar con tantas preocupaciones encima.
—Solo ve con cuidado, Harry ya no es el niño que nos contaba todo, ahora es un adolescente y comprende mejor las cosas.
—Y por eso mismo es importante que me hable sobre esto.
—Solo hazlo despacio, que no parezca que invades la privacidad de los dos. —Le aconsejó.
Lily sabía una cosa de su hijo, si se trataba de la seguridad de Tom, Harry era capaz de muchas cosas y si ella lograba hacer las preguntas adecuadas Harry le contaría todo sin pensarlo dos veces.
—Bien, vamos a dormir.
—Cuídate mucho cariño, que te vaya bien en la escuela, diviértete y recuerda decirle a tus amigas que están invitadas para celebrar Ostara en la mansión, si?
Tom le sonríe con dulzura.
—Les diré, tía Lily.
—Y también a tus primos, si logras convencerlos, me gustaría conocerlos.
Tom hace una mueca.
—Lo intentaré.
Ella acaricia su mentón, la grasa de bebé de Tom se está desvaneciendo muy rápido.
—Y recuerda llamarme si algo pasa, sí? Por más pequeño que sea, siempre estaré allí para escucharte y ayudar, una palabra, solo una y estaré en Hogwarts más deprisa de lo que vuela una snitch, de acuerdo?
Tom asiente y sus ojos se ven aliviados.
—De acuerdo.
—Bien, ven acá. —Lo abraza fuerte y lo escucha suspirar—. Te amo mucho cariño, nos veremos muy pronto.
—Yo también te amo, tía Lily.
Los ojos café de su niño la persiguen mientras camina de la mano con Harry y James, ver a Tom parado a un lado de esa mujer le revuelve el estómago de furia, desea regresar, tomarlo de la mano y llevárselo.
James encuentra a su esposa en su habitación, llorando angustiada en la cama mientras Harry corre como loco para preparar su baúl.
—Lily? ¿Qué pasa cariño?
—¿Qué si me estoy equivocando? Nunca debí aceptar venir a Francia para estudiar, qué estaba pensando al dejar a Tom solo? Soy una irresponsable egoísta! ¿Cómo pude dejarlo solo? Siquiera tengo el derecho de quejarme de esa mujer cuando yo lo abandoné con ella?
James se sienta a su lado. Su rostro está rojo, sus ojeras rosas e hinchadas, su cabello rojo es un desorden y aun así se ve hermosa, pero no es un buen momento para mencionarlo.
—No lo abandonaste y lo dejaste donde él eligió estar, con su madre. Tomaste esta oportunidad porque era tu sueño y fruto de tu esfuerzo y nunca has descuidado a Tom ni un día. —Trata de tranquilizarla. James tuvo que arrastrarla hacia su traslador para irse, sintiéndose como un cabrón por separarla de Tom.
—Eso no es cierto. Si me hubiera quedado..
—Él seguiría viviendo con su madre, su madre seguiría teniendo depresión y seguirían discutiendo porque Tom querría pasar más tiempo con nosotros. —Le interrumpe—. No es tu culpa lo que hace la madre de Tom.
—Pero si estuviera más cerca de él... —insiste.
—Tenemos a Tom la mayor parte de las vacaciones y el resto está en Hogwarts, el resultado sería casi el mismo.
—¿A dónde va Tom cuando su madre no es un lugar seguro, James? No dejo de pensar en ello desde que lloró en mi cocina. Con Rebecca? Es una contrabandista irresponsable que folló en mi jardín con Sirius!
James iba a matar a Sirius por ser tan imbecil como para tener sexo en su jardín. Solo esperaba que nadie más se hubiese dado cuenta.
Además, no sabía que su esposa sabía sobre el trabajo ilegal de Rebecca.
—¿Qué? Creías que no sabía a qué se dedicaba esa mujer? —Lily le miró con reprimenda—. Severus me lo dijo.
Maldición, nunca iba a ver el final de esa discusión solo porque no le había contado primero que ese idiota. Ya tenía puntos menos por no contarle sobre los Hatley.
—Tom parece quererla mucho. —Lily le vió con rabia—. Y ella parecía estar cuidando de él.
—¡Hasta que se emborrachó y fue a coger con Sirius!
—De acuerdo, sí. Pero ella en serio parecía estar al pendiente de Merope, como una niñera. —James sentía que estaba sonando como un idiota.
—¿A qué quieres llegar con todo esto, James? —Lily se cruzó de brazos, mirándole con sus hermosos ojos entrecerrados del enojo.
—Ya no lo sé. —James solo quería calmar a su esposa y evitar una explosión emocional en su habitación.
Lily se limpió el rostro con las manos, parecía bastante frustrada.
—Le pediré a Sev que le eche un ojo en Hogwarts —decidió.
—A ese idiota? ¡Ignoró a Tom cuando le advirtió sobre los abusos y lo castigó por una semana sin dejarlo explicarse! Crees que ese idiota se preocupa por Tom?
—Ya hablaré con Severus.
Su esposa tiene una mirada que luce letal y peligrosa, una que hace evidente que no aceptará un no por respuesta de Severus.
«Pobre diablo».
—Bien, podríamos hablar con McGonagall también, cuando fuí a Hogwarts me comentó lo buen estudiante que es Tom, es el mejor de su clase.
Lily sonrió.
—Tom es el mejor en todas las clases, es un niño tan hermoso y brillante.
Los ojos de su esposa siempre brillaban de una forma característica al hablar de su ahijado, acompañado por una sonrisa amplia y sincera. James amaba a Tom como a un hijo pero sabía que el amor de Lily por él era mucho más intenso, algo que no se podía explicar y solo ellos dos sentían.
—Estará bien, vamos a protegerlo.
—Solo espero no equivocarme con lo que estamos haciendo —Lily suspiró afligida.
Él también lo esperaba.
Llegar a Hogwarts es un alivio, Tom no tiene que ver el desastre en el piso del departamento, no hay gritos ni discusiones, no tiene la presión de cuidar sus palabras. Tampoco lo embargan los nervios de arruinar más las cosas con su tía Lily haciéndola que se preocupe por él, Tom aun le daba vueltas en la cabeza a la sugerencia de su tía de que volviera a ver a Mark, la preocupación en su rostro fue mayor cuando se negó. Tom le tenía mucho cariño a Mark pero volver al psicomago lo hacía sentir como si hubiera retrocedido por completo, él estaba bien, siempre y cuando sus tíos y Harry estuvieran allí, y las chicas siguieran siendo sus amigas.
Sí, definitivamente volver a Hogwarts es mucho más tranquilo y fácil de manejar.
—¡Finalmente conoceremos al famoso Harry! Pensé que este día nunca llegaría. —Sue bromeó.
Les había contado de la invitación apenas llegó el fin de semana.
—Les escribiré a mis padres desde ahora para que no hagan otros planes ese día. —Hermione sacó una agenda de tapa roja y broches dorados que sus padres le habían regalado, era mágica y hablaba para recordarle lo que debía hacer. Solo tenían una semana de clases y Hermione ya había llenado diez páginas.
Sue se rió disimuladamente de su amiga.
—Y tus primos irán?
—No lo sé Han, trataré de invitar a Marissa y salir vivo del encuentro.
—Aun no se llevan bien? —Su rubia amiga se ve decepcionada.
—Es complicado, pero tuvimos una cena familiar antes de Yule y conocí a mi primo Sylvester.
—¿Y cómo es? —Los ojos de Hannah brillan con curiosidad.
—Completamente diferente a su hermana. —En todos los sentidos. Marissa resaltaba por muchas razones, era una niña hermosa, tenía el rostro delicado de su madre y un cabello castaño largo aunque siempre despeinado, quizá por culpa de los abusos o por la falta de cuidado. También era desconfiada, despectiva y grosera—. Es bastante agradable y muy conversador.
—Es algo bueno. —Han sonríe con el típico optimismo que siempre muestra.
—Sí, al menos tengo mejor relación con él. —Tom se encoge de hombros.
—Ya mejorará tu relación con tu prima, no te preocupes demasiado. —Sue le consuela.
—Podrías invitarla a estudiar con nosotros u ofrecerte a ayudarla en algo, busca formas de pasar tiempo juntos. —Hermione parecía estar recitando un manual de como hacer amigos, era muy probable que estuviera sacando ese consejo de un libro, basado en las locuras que Mione estaba dispuesta a hacer para tener amigos.
—La última vez que hice eso un elfo me arrojó volando fuera de la cocina —masculló con amargura.
—Pues entonces usa un hechizo para cuidar tu trasero cuando te arrojen la próxima vez —sugirió Sue.
Todos se echaron a reír.
—¿Qué karma estoy pagando como para ser perseguida por ti? —escupe Marissa apenas le ve llegar.
Tom dejó sus libros en la mesa de la biblioteca y se contuvo de poner los ojos en blanco.
—No estoy persiguiéndote, solo vine a dejar un mensaje y me iré.
Marissa levanta una ceja con altivez, como si fuese una adulta en lugar de una niña flacucha de doce años.
—Mi tía Lily quiere conocerte a ti y a Sylvester, me pidió que los invitara a celebrar Ostara con nosotros.
Marissa bufó.
—¿Crees que esa cena te dió alguna cercanía conmigo?
—Solo rechaza la invitación para que pueda decirle que no irás.
Se cruzó de brazos con diversión.
—Que no sabes mentir? O te da miedo quitarte tu máscara de angelito con tus benefactores?
Tom respiró profundo.
—Entonces no irás —resumió.
—No lo sé, ¿debería? Quizá podría contarle que no eres exactamente lo que ella cree que eres —Le amenazó.
—Se supone que debo asustarme de que una completa desconocida quiera llenarle la cabeza a mi tía que me conoce desde que soy un niño? No lo creo Marissa, deja de ser una insoportable provocadora.
La niña solo lo vió con desagrado.
—Y así planeas ganar mi aprobación?
—No aspiro ganarme tu aprobación, ya te lo dije, no pienso seguir insistiendo como un idiota.
—Bien, entonces vete.
Tom tomó sus libros, había planeado sentarse y ofrecerle ayuda con su tarea si la charla iba medianamente bien. Dejó caer con delicada firmeza un paquete en la mesa, envuelto prolijamente.
—¿Qué es eso?
—Tu regalo de cumpleaños, Sylvester me dijo que fue hace poco.
Marissa hizo una mueca desdeñosa.
—No quiero tu regalo.
—Yo tampoco estoy entusiasmado por darte uno, pero la pluma costosa no pudo haber salido del bolsillo de Sylvester, debiste arriesgar el pellejo para robarlo. Considera mi regalo como una forma de saldar mi deuda. —No quiso seguir discutiendo sobre el tonto regalo y regresó a la mesa con sus amigas, quienes miraban sus libros y pergaminos con cero interes, todas levantaron la cabeza apenas ocupó su asiento vacío.
—¿Qué pasó? —Mione miraba con curiosidad a Marissa en su mesa.
—Dijo que no.
—Parecía que discutían.
—Siempre terminamos discutiendo, no importa cuanto intente no hacerlo.
—Bueno, del amor al odio hay solo un paso. —Hannah y sus frases motivadoras no estaban ayudando a su ánimo.
—Sí, un paso al paraíso o un paso al precipicio. —Se mofó Susan.
—¡Sue! —Hannah de inmediato le reprendió.
Tom no pudo evitar sonreír.
—En navidad hablamos un poco, pero Marissa es.. —«Solo está cuidando de sí misma, no quiere encariñarse de alguien que puede fallarle después», pensó—. Complicada.
Los días pasan con velocidad y Tom asume su nueva rutina. Sus tíos ahora le llaman todos los martes y sábados sin falta a través del espejo, su tía le habla de nuevas pociones y de su trabajo, le pregunta por sus amigas y la escuela, Tom a veces comparte el espejo con las chicas quienes adoran a la tía Lily y siempre están prometiéndole que le cuidarán.
—¡Por favor! Si yo soy el que las cuida a todas —presume.
Sue le saca la lengua y su tía ríe al otro lado del espejo.
—Tom nos trata muy mal a veces señora Lily. —Sue usa un tono juguetón que lo hace sonreír.
—¡Eso es totalmente falso!
—Deja en paz a Tom, Sue. —Hannah, su eterna defensora, sale en su ayuda.
—Todo lo que han dicho es mentira, yo soy la que los cuida a todos señora Lily. —Mione se atraviesa entre ambos y se jacta con su rostro formal de ratoncita de biblioteca.
—No diré nada al respecto, Hermione se toma la tarea de ser nuestra madre muy en serio. — Tom se encoge de hombros.
—Compró agendas de estudio para todos! —Hannah lo mencionó como un evento catastrófico más que un regalo.
—Y quiere que estudiemos como locos para los exámenes de final de año y estamos en Enero! —Sue se quejó.
—Estoy asegurando que tengamos buenas notas. —Hermione apretaba la agenda roja contra su pecho como a un bebé indefenso.
Su tía se echó a reír.
—Eso está muy bien Hermione, sigue cuidando a los chicos.
Tom sabe que la tía Lily está monitoreandolo, pero ama las llamadas por el espejo y poder verla seguido, hace que sus temores y el dolor en su pecho por no ser el hijo que su madre desea disminuya.
Con Marissa las cosas son neutrales, Tom puede ver que usa sus apuntes de primer año en la biblioteca, los que le obsequió por su cumpleaños luego de que Syl le confesara que sus notas del primer trimestre no eran buenas. Aunque Tom podía entenderlo, siendo acosada constantemente y con sus útiles escolares destrozados era obvio que Marissa no estaba preocupada por sus notas sino por sobrevivir.
Su madre continúa enviando cartas que erizan sus vellos y congelan la sangre en sus venas, Tom las contesta todas de forma automática, tratando de no enfrascarse demasiado en ellas.
La Pascua llega demasiado rápido pero él lo agradece. Pronto está montado en el tren acompañado por sus amigas de regreso a casa y con el corazón latiendo como loco en su pecho ante la idea de presentar a sus amigas con sus tíos, aunque la preocupación de mezclarlas con su madre y Becca le causa más temor.
Sus amigas se despiden en la estación y prometen verlo para celebrar Ostara.
Su madre llega algo tarde a la estación, con las manos manchadas de un púrpura intenso y el cabello hecho un desastre, su cuerpo huele a baba de troll y Tom se contiene a hacer una mueca cuando le abraza.
—¡Perdóname! Tuve un problema con una poción y no pude salir hasta arreglarlo. —Se disculpa.
Él sonríe para calmarla.
—Está bien mamá, no esperé demasiado. —Pero King's Cross está casi enteramente vacío.
Su madre se balancea sobre sus pies y retuerce sus manos, se ve ansiosa, como si quisiera salir corriendo de inmediato, incluso su abrazo no fue tan largo y asfixiante como siempre.
—Podrías.. Acompañarme al laboratorio? Tuve que cerrarlo por unos minutos para venir a recogerte porque mi compañero faltó hoy.
—Pudiste haberme avisado por carta, sé llegar a casa solo. —Tom de inmediato comienza a caminar hacia la salida.
—Aun eres un niño Tom, es mi deber venir por ti.
Tom se contiene a poner los ojos en blanco.
—Si Snape se entera de que me fuí y dejé la tienda sola me ganaré un gran problema —dice con miedo.
«Obviamente».
–Vamos entonces.
Lo primero que nota al entrar es el hedor, huele a caldero rostizado, a azufre y baba de troll. Es tan desagradable que le produce arcadas y Tom cubre su boca y nariz como puede.
—¿Qué fue lo que pasó?
Su madre se ve muy culpable.
—Dejaron un encargo de poción herbovitalizante desde San Mungo y Harper no estaba aquí, se debe entregar mañana por la tarde y pensé que podría hacerla e impresionar a Snape.
Tom encontraría el gesto de su madre como una prueba de constancia y deseos de aprender, pero su madre difícilmente era capaz de realizar pociones de nivel Timo como para hacer una que era nivel Éxtasis y cuya complejidad era mucha.
Entró al laboratorio manteniendo la calma pero dentro era mucho peor, las paredes y el suelo estaban llenos de un líquido viscoso y negro de olor nauseabundo. Un caldero de hierro estaba quemado y ennegrecido en una de las estufas. Al menos los ingredientes en el estante estaban a salvo gracias a los hechizos de protección que su tía y Snape usaban.
—¡Lo limpiaré de inmediato! —chilló su madre con desesperación—. Pero necesito tu ayuda antes de que llegue Snape.
Era un desastre, el laboratorio pulcro y armonioso estaba hecho un desastre, un caldero echado a perder e ingredientes desperdiciados.
—Mamá.. Debes tener cuidado con pociones que no conozcas y nunca has realizado antes. La poción herbovitalizante es complicada y peligrosa de preparar por los colmillos de Chizpurfle y la sangre de salamandra, puede provocar una explosión si cometes un error. —Trata de que su tono sea conciliador y no conflictivo, lo último que necesita es otra pelea en medio de este caos.
—Yo solo quería ser útil, Snape me mantiene aquí por lastima. —La voz de su madre deja en claro lo inutil que se siente.
Era triste de escuchar pero Tom ya sospechaba que su madre solo conservaba su empleo por la presión de la tía Lily sobre Severus.
—Puedes ser útil de otras formas mamá, pero poner en riesgo tu vida no es una de ellas.
Tom se acerca a la pared y observa con atención la baba que se desliza lenta y constante hacia el suelo.
—¿Esto es baba de troll?
—Creo que sí.
Tom siente que un ojo le va a estallar.
—¿Crees?
—¡No me hables como si fuera estúpida Tom! —Le grita.
Tom respira profundo pero se arrepiente ante el hedor que le llena los pulmones.
—¿Usaste baba de Troll en la poción? —Le habla como si su madre fuera un niño pequeño.
—Sí.
Va a enloquecer, ahora sí que va a enloquecer.
—¿Leíste las instrucciones de la poción?
—¡Claro que lo hice! —Ella señala el libro de apuntes que Snape le dió después de su casi despido, está todo lleno de una sustancia que Tom no está interesado en descubrir.
—Mamá.. La poción herbovitalizante usa baba de aguijón de billywig, no baba de Troll. Además, la cantidad no es tan grande como para llenar una pared entera —explica, manteniendo su voz calmada.
Su madre se cruza de brazos.
—¡De acuerdo! Me equivoqué, si? No soy buena haciendo pociones ni leyendo instrucciones, soy una tonta. ¿Ahora puedes ayudarme a limpiar este lugar? —Su madre explota irascible.
Tom desea por unos miseros segundos irse de la tienda y dejarla en medio de su desastre, pero es la tienda de su tía Lily, es su dinero, su esfuerzo, lo que ama y Tom no puede dar media vuelta y dejar todo destruido.
—La tía Lily y Snape tienen hechizos de limpieza específicos para estos casos, las paredes tienen hechizos de antiadherencia así que hay una capa jabonosa que no permite que nada penetre y se quede, es fácil de limpiar. —Con unos cuantos chasquidos de sus dedos Tom limpia las paredes, sintiendo su magia fluir y el hechizo bailando en su mente, Tom los conoce porque su tía usa los mismos en el laboratorio de su casa.
El hedor aun está presente pero es algo que solucionará luego.
Levita el caldero y lo saca por la puerta trasera de la tienda, directo a la basura. Su madre lo sigue como una niña perdida.
—Tendrás que decirle a Snape sobre el caldero y los ingredientes. —Su voz suena despersonalizada y plana.
—Me despedirá si le digo —lloriquea.
«No lo haría», piensa.
—Se dará cuenta de todas formas, falta un caldero e ingredientes importantes —señala, dedicándole una mirada seria.
De repente se siente agotado, toda la situación es frustrante y la reacción de su madre está enloqueciéndole.
—¡Los comparé!
—El cuerno de unicornio es costoso y solo se consigue en el Knockturn, no lo venden en números pequeños y solo están disponibles en temporada de verano. —Le explica como si se tratase de peras y manzanas.
«Además de otros ingredientes costosos como el acónito, los colmillos de chizpurfle y el cerebro de perezoso», piensa. Tom hace la matemática en su cabeza y sabe que no tienen para pagarlo.
—Te costará una fortuna —señala.
—¿Qué acaso eres mi padre?, ¿Por qué solo me regañas en vez de ayudar?! —grita. Él puede ver gotas de baba salir de su boca.
Tom frunció el ceño.
—No estoy regañándote, solo señalo lo obvio.
—Lo haces como si fueras más listo que yo, ¿Acaso te divierte verme sufrir? —Le acusa.
«¿Cómo demonios llegó a esa conclusión?».
—¿Me ves riendo? —espetó con rabia.
La decepción lo embarga de nuevo, como siempre su madre logra arruinar las vacaciones en menos de veinticuatro horas y como siempre es su culpa. No importa el tono que use, las palabras que elija, nunca logra que las cosas permanezcan quietas y sin alboroto entre ellos.
Su madre lo ve sorprendida por su tono y por la forma en que la ve.
Tom solo pasa junto a ella directo al laboratorio, toma otro caldero de los estantes y comienza a recoger ingredientes mientras los enumera en su cabeza, justo como los ha memorizado antes.
Corteza de árbol vitalizante, Moly, díctamo, zumo de horklump, moco de gusarajo, colmillos de chizpurfle, baba de aguijón de billywig, menta, zumo de bayaboom, mandrágora cocida, aguamiel, mucosa de cerebro de perezoso, rocío de luna, sangre de salamandra, espinas de pez león, cuerno de unicornio, acónito y raíz de asfodelo.
Los ordena a todos en la mesa, ignorando que su madre le ve con desconcierto.
—Abre la tienda y ve al mostrador a atender, si piden algo que no esté preparado les dices que se ha agotado y que vuelvan después. —Le ordenó sin mirarla.
—¿Harás la poción?
Tom asintió.
—¿Sabes hacerla?
No, Tom nunca lo había hecho. Con la tía Lily aun hacía pociones de nivel Timo y con las más complicadas siempre tenía su ayuda e intervención, pero sabía que Snape no llegaría a tiempo para hacer la poción para el día siguiente y no podía dejar que ambos quedaran mal con su principal comprador. ¡Era San Mungo!
–No. Pero sé la teoría.
Era su pasatiempo favorito para relajarse, sentarse con su libro de pociones y memorizar cada ingrediente, cada método de preparación, cada vuelta del cucharón, cada minuto que debe dejar reposando y el color y olor que debe tener. Es definitivamente una cosa de nerds y raros pero Tom lo disfruta tanto como Harry disfruta del Quidditch y las criaturas mágicas, Hermione de sus libros y Sue y Han de las novelas románticas.
Saca del bolsillo de su túnica su baúl encogido, lo regresa a su tamaño normal y mete la mano para sacar la guía de pociones escrita por su tía Lily.
Su madre se queda mirándolo sin saber qué hacer por unos segundos, pero Tom no se molesta en tranquilizarla, siente una ira fría que lo hace alejarse emocionalmente. Solo quiere acabar la poción e irse a dormir.
—¿Qué cantidad pidieron? —pregunta.
—Lo suficiente para llenar trescientos frascos.
Maldición. Es mucho. Tom tendrá que ser muy cuidadoso y hacer buenos cálculos. La cantidad de la poción del libro solo alcanza para llenar treinta frascos.
—¿Hiciste el cálculo para aumentar la cantidad de ingredientes? —cuestiona sin mirarla.
—No, pensé en probar con una pequeña cantidad primero.
«Gracias a Merlín».
—De acuerdo, ve al frente de la tienda. Tienes que reponer lo que dañaste vendiendo.
Su madre de nuevo le ve molesta.
—Ya entendí que fuí una estúpida, no tienes que restregármelo a la cara.
El párpado de Tom comenzó a temblar.
—¡No estoy restregándote nada!, ¡Simplemente estoy siendo un adulto aquí!, ¡Pudiste causar una explosión y volar toda la tienda! Pudiste haber muerto de no ser por los hechizos de protección que la tía Lily y Severus han puesto alrededor de la estructura y tú actúas como si solo fuera un pequeño accidente y eres incapaz de pensar en reconocer tu error con tu jefe! O denunciar la falta de tu compañero cuando tienen un encargo tan grande.
Siente que su magia crepita a su alrededor como relámpagos, trata de respirar y calmarse como una vez Mark le enseñó porque no quiere causar más desastre en la tienda.
Su madre abre la boca para refutar pero Tom está agotado, no quiere pelear, quiere unas buenas vacaciones con sus amigos y sus tíos, necesita paz.
—Ve y atiende la tienda. —Le ordena. Sabe que está mal usar la compulsión, las palabras salen de su boca como vómito ácido y espeso, como escupir tierra fétida, pero su madre se va sin decir nada más y él puede estar tranquilo.
Trescientas dosis. No hay calderos tan grandes como para preparar toda la poción de una sentada y a mayor cantidad e ingredientes mayor es la volatilidad.
Toma lápiz y pergamino y comienza a calcular. Sabe que Snape estará en Hogwarts un día más, todos los profesores lo hacen para reunirse y hablar de los estudiantes, así que Snape llegará por la mañana, eso le da tiempo suficiente para actuar, el reloj le muestra que son las cinco y media. Puede hacerlo, aunque tendrá que sacrificar una noche de sueño.
En el bolsillo de su pantalón la libreta encogida de doble vía se calienta, pero él no tiene tiempo para Harry justo ahora. Debe ponerse a trabajar.
Decide preparar una cantidad de cien frascos por caldero y comienza a picar, moler y batir. Lee las instrucciones al menos tres veces antes de comenzar y reza a todos los dioses por no echarlo a perder.
Pronto coge el ritmo, el calor del vapor del caldero le hace sudar pero es reconfortante junto al sonido burbujeante de la poción y los chasquidos bajos del fuego.
De vez en cuando escucha a su madre atender a alguien en el frente pero el ruido llega distorsionado e incoherente.
—Tom? Ya es hora del cierre.
Está tan concentrado que su voz lo sobresalta un poco, por suerte no bota las gotas de rocío de luna.
—Cierra entonces.
—Son las nueve de la noche.
Tom mira el reloj sobre su hombro.
Mierda! Apenas y estaba terminando la primera poción. Al ser mayor la cantidad de ingredientes era mayor el tiempo que tardaban en deshacerse y mezclarse adecuadamente.
—Está bien, solo cierra.
Su madre vuelve luego de escuchar los cerrojos ser pasados.
—¿Quieres cenar algo? —Su voz es suave y conciliadora, totalmente diferente a la furia explosiva de más temprano.
—No puedo marcharme, la poción debe reposar treinta minutos antes de agregar el cuerno de unicornio y el acónito —explicó.
—Iré por comida para ambos! —Se ofreció—. ¿Qué te gustaría?
—Lo que tú quieras —masculla.
Tom no está de humor para jugar a la familia feliz y normal, además cada que la ve recuerda que usó la compulsión para sacarsela de encima, es lo que hacía ÉL con ellos todo el tiempo, cuando Tom se negaba a golpearla, cuando cualquiera pensaba desafiarlo mínimamente. La culpa hace que sea difícil mirarla.
—¡De acuerdo, te traeré tus favoritos!
Tom asiente y su madre sale por la puerta trasera, porque se supone que ya han cerrado y él se permite disfrutar de la calma que solo las pociones pueden darle.
Cuando su madre llega la primera tanda de poción está lista y reposando, Tom tendrá que dejarlo estar una hora antes de agregar las hojas de menta y revolver una última vez a fuego bajo.
—Te traje un sándwich de ensalada de pollo, no tenían nada más. —Su madre hace una mueca de lástima—. ¡Pero tenían pastel de chocolate! Te traje una gran porción —. Le sonríe entusiasmada.
«Saben compensarlo», de nuevo la voz de Marissa lo atormenta mientras toma la comida.
—Gracias, vamos a comer afuera —propone. Lo menos que necesita ahora es que su madre arruine su poción arrojando comida encima.
La parte trasera de la tienda está limpia y la noche es fresca, y aunque lo único que tiene a la vista es una pared de ladrillo gris, Tom disfruta de la brisa y el aire puro, es allí donde se da cuenta de lo caliente que está su cuerpo gracias al vapor de las pociones.
—¿Terminaste la poción? —Su madre pregunta, por su tono bajo sabe que es su forma de iniciar una conversación.
Tom toma un gran mordisco mientras asiente.
—Y salió bien?
—Bueno.. No explotamos —responde con sequedad.
Tom estaba casi completamente seguro de que había quedado perfecta. Tenía el color, textura y aroma adecuado.
—Tom yo.. Lamento haberte gritado y tratado mal cariño, estaba asustada y me desquité contigo porque pensé que me estabas atacando —se disculpa con un tartamudeo leve.
Tom tragó un pedazo de pan y la miró en silencio.
—Okay.
El silencio de su madre no dura demasiado.
—Entiendo si estás molesto conmigo, no tuve el mejor comportamiento. No volveré a gritarte, lo siento mucho.
Su madre le limpia la comisura del labio con una servilleta cuando un poco de mayonesa se queda estancada allí. Para Tom la caricia no es para nada el gesto delicado y cariñoso que su madre quiere imitar.
—Está bien mamá, no estoy molesto —miente.
Prefiere ceder a continuar peleando, está exhausto, quiere darse un baño y aun quedan dos tandas de pociones por preparar.
—Oh, de acuerdo. —Su madre se aparta incomoda.
Ninguno de los dos dice nada y cuando terminan de comer Tom va derecho a sacar otro caldero y comienza a picar y moler de nuevo.
—¿Quieres que te ayude en algo?
Tardará media hora más en preparar los ingredientes, por lo que podrá agregar la menta a la poción y ponerla a hervir sin problema.
—No, es mejor que lo haga yo.
—Puedo picar y moler. —Se ofreció, juntando sus brazos y sonriendo con una inocencia que hacía mucho no tenía.
No, no podía. Tom recordaba los pedazos desiguales y su poca precisión y pulcritud para moler.
—Está bien mamá, yo puedo solo.
Tom ve que hay una mirada herida en su rostro pero su madre no discute, lo que es un milagro.
—¿Qué hago entonces?
—Puedes dormir o leer algo. —Tom ya no desea seguir hablando así que no responde al resto de las preguntas, ni siquiera las escucha adecuadamente al estar tan concentrado.
Las horas pasan, finalmente la primera poción está lista y a las dos Tom termina la segunda.
—¡Wow! ¡Se ve igual que en el libro! ¡Eres brillante hijo! —Su madre lo abraza luego de ver la poción.
Tom siente los pies cansados y entumecidos, las rodillas le duelen por estar de pie tantas horas, su cuello palpita y cruje cada que lo mueve y su espalda baja lo está matando, pero no se queja.
—Creo que podemos dejarlo hasta aquí, necesitas dormir. —Su madre acaricia su espalda y Tom lo permite porque duele tanto que la caricia alivia un poco.
Ya ha comenzado a moler los ingredientes para el último caldero.
—Ya no puedo dejar esto así, terminaré antes de las seis.
Su madre se ve preocupada por él.
—Tom te ves cansado, tómate un descanso. Yo puedo ayudarte.
«No, no puedes. Ni siquiera puedes distinguir ingredientes básicos de pociones, estamos en este lío por ti». Tom se contiene para no rodar los ojos y bufar con enojo. Para no responder lo que desea.
—Si me tomo un descanso Snape nos encontrará aquí por la mañana. —Los ojos de su madre se ven cansados y en serio puede ver un dejo de culpa en ellos, pero no le importa.
—Me parece que se equivoca señor Riddle. Hace ya un tiempo que sé que hay invasores en mi tienda.
Sus buenos reflejos evitan que deje caer los colmillos de chizpurfle a medio triturar.
Frente a ellos, en la puerta de entrada del laboratorio, se ve la figura de Snape con su capa negra y cabello largo y oscuro.
—¡Jefe! ¡Puedo explicarlo! —Su madre de inmediato comienza a balbucear excusas.
—Explícame entonces por qué tu y tu hijo están en mi laboratorio después de la hora del cierre y por qué tu hijo está preparando la poción de Wiggenweld que San Mungo ordenó —exige.
Su madre parece a punto de desmayarse, respira agitada, sus manos tiemblan y ella parece encogerse, quizá buscando esconderse.
—Es una poción herbovitalizante. —Le corrige su madre.
Tom pone los ojos en blanco y ve al suelo.
—¡Es lo mismo! —gritó Snape.
Su madre se sobresalta, asustada y Tom no puede evitar interceder porque aunque está enojado con ella no puede tolerar que alguien la haga sentir mal.
—Harper faltó al trabajo sin avisar y mamá trató de hacer la poción pero no resultó, así que me ofrecí a hacerla yo.
Snape parece una mamba negra a punto de atacar con su veneno mortal.
—Si no es capaz de hacer una sencilla poción herbovitalizante debió informarme de inmediato sobre la falta de Harper y yo entonces podría haber buscado una solución.
—Yo quería ahorrarle las molestias —murmuró su madre, para Tom luce como una niña siendo reprendida.
—Y le funcionó? Sabe que hacer trabajar a un niño es ilegal? Mucho más si le explota de esta manera y aun peor si el niño es suyo. —Snape le acusa mientras señala a Tom.
Su madre se ve aterrada.
—¡No es así! En ningún momento le he maltratado, traté de convencerlo de irnos pero él..
—Yo me ofrecí a hacer la poción, profesor. Sabía que no tendría tiempo de encontrar a alguien que la hiciera para la tarde de hoy. —Tom interrumpe el balbuceo de su madre, interponiendo su cuerpo levemente entre ella y Snape para que el hombre no pueda seguir viéndola tan cruelmente.
—Suponer es un hábito desagradable señor Riddle, los temas de adultos no son su problema como tampoco es su responsabilidad solucionar los problemas de los adultos.
Tom odia su voz condescendiente y pausada, como la del profesor Binns. Pero no está en la posición para discutir.
—Lo siento señor, solo quería ayudar.
Su madre tiembla como una hoja y Snape se acerca a los calderos que Tom ha preparado. Los huele, revisa la consistencia y voltea a verlo.
—Ya la habías preparado antes?
—No señor.
—Pudiste haberme costado mucho dinero si tu plan de buen samaritano no tenía éxito.
—Lo sé señor.
Snape ve la otra poción.
—Solo falta agregarle las hojas de menta y ponerlo a hervir —explica.
Snape profirió un sonido con su garganta que sonaba apreciativo.
Miró el resto del laboratorio con ojo clínico.
—Y la desaparición de algunos ingredientes extra se debe...? —Los miró a ambos dejando la pregunta en el aire.
—Es mi culpa, arruiné la primera poción. —Se disculpó su madre.
Snape le dió una mirada de desprecio que hizo que a Tom le doliera el estómago.
—Descontaré de tu sueldo los ingredientes que arruinaste.
Su madre jadea, Tom sabe que un mes de sueldo no es suficiente para pagar lo que desperdició.
—Y tú. —Snape lo mira—. ¿Estás interesado en tutorías de pociones durante el verano?
Tom no puede evitar fruncir el ceño.
—¿Tutorías?
—Es sordo, señor Riddle? Sí, tutorías. Tiene talento para elaborar pociones, un estudiante de segundo año no debería ser capaz de preparar una poción de nivel Éxtasis.
—La tía Lily ya me enseña pociones.
—Lily no tiene la capacitación para dar clases formalmente, yo puedo darte certificados que te servirán si deseas formarte como maestro pocionista. Estaría capacitado para darte clases extracurriculares en Hogwarts e incluso podrías presentar tus Timos en pociones antes de tu quinto año. Si comienzas ahora, al graduarte ya tendrías cinco años como aprendiz de maestro de pociones, mucha más experiencia que el resto y podrías competir para muchas escuelas prestigiosas.
Tom está sorprendido, aunque odia como le habla, Snape está haciéndole una oferta que es grandiosa, casi un sueño. Si no fuera porque Tom tendría que soportar al hombre por cinco años más de lo necesario.
—¡Es grandioso! Claro que acepta!
Tom se contiene para no mirar con enojo a su madre.
—Sin importar la edad de mis alumnos, valoro su opinión en cuanto a su futuro se refiere. Espero una respuesta de usted señor Riddle. Pero tenga en cuenta que la oferta expirará al finalizar las vacaciones, necesito encontrar un ayudante cuanto antes, este año se graduará la señorita River. —Los ojos negros y brillantes del profesor lo taladran y Tom se pregunta si puede leer su mente.
Siente su varita vibrar en su bolsillo y corre a arrojar las mentas en el caldero y encender el fuego, dejando a Snape parado como un pelmazo.
—¿No soy muy joven para ser aprendiz? —pregunta mientras revuelve la poción por última vez.
—Con sus calificaciones y desempeño en mi clase, como en el resto de las materias que ve, está claro que es capaz de tomar esta responsabilidad con el debido cuidado. De igual forma el director debe aprobar su candidatura y tendrá que hacer un examen teórico y práctico para demostrar que sabe lo suficiente como para no estorbar.
—¡Tom es una muy buena oportunidad! —Su madre grita de lo emocionada que está.
—Paso las vacaciones de verano en Francia, señor.
—¡Oh por Merlín! Tom esto es más importante! Es tu futuro! —Su madre le mira con enojo.
—Si vemos clases en Hogwarts estarás libre en vacaciones, pero solo si logras completar la malla curricular que haré para ti.
Odia a Snape, su conversación es similar a hacer negocios con el diablo. Podría soportar ver clases con ese idiota sin insultarle o mandarlo a la mierda? Tom no lo entiende, sabe que no es del agrado del hombre, por qué le ofrece una plaza que podría beneficiarlo?
—Lo pensaré y le daré mi respuesta antes de que terminen las vacaciones.
Su madre bufa y se cubre los ojos con una mano.
Snape solo asiente.
—Bien, ahora marchense a casa. Yo haré la última poción —ordena.
—La medida que usé es para...
—Cien frascos, conozco las medidas mejor que tú Riddle —interrumpe con bravuconería.
«Sí, no hay manera de que acepte clases de ese insufrible», piensa.
—Gracias señor, disculpe las molestias que causamos. —A su madre solo le falta arrodillarse y lamerle los zapatos.
—No vuelva a hacer pociones que no conoce y si Harper vuelve a faltar informeme de inmediato. —Snape la ve como a una mancha en el suelo.
Su madre asiente.
—Lo haré señor. Recoge tus cosas Tom.
Tom toma su libreta de apuntes bajo la fija mirada de Snape.
—Una libreta bastante peculiar —señala.
—La tía Lily me regaló una copia de sus apuntes.
Snape asiente con aprobación.
—Gracias por su trabajo señor Riddle, le haré llegar el dinero de lo que ganó una vez que entregue todo.
Definitivamente este era otro hombre. «Acaso era un ladrón bajo la poción multijugos?».
—Puedo asegurarle señor Riddle que soy lo bastante inteligente como para permitir que alguien tome cabellos para robar mi identidad. —Snape le ve con una ceja arriba, tanto que su nariz se inclina al mismo lado.
Tom asiente como un bobo y él y su madre salen por la puerta trasera.
—Irán caminando al Knockturn a esta hora?
Tom voltea y le sonríe presumidamente.
—Por supuesto que no, puedo aparecerme. —Y tomando el brazo de su madre lo hace con un chasquido.
Definitivamente debe aprender oclumancia, no quiere al detestable de Snape espiando sus pensamientos.
Su llegada a casa sacude el polvo de las paredes y el suelo, haciéndolo toser e irritando sus ojos.
—¡Lo siento! —Su madre corre buscando una escoba por el departamento, olvidando que puede arreglarlo con magia. —¡Lo limpiaré de inmediato!
Tom mira el desastre sintiendo que algo duele dentro de su pecho. El sofá está al menos tres tonos más oscuro debido a la suciedad, hay manchas de algo que no quiere saber en los cojines y en una alfombra frente al sofá que aparentemente es nueva, hay vasos y platos sucios en la pequeña mesa del comedor que parecen un cuadro muggle representando la miseria.
El olor es mucho peor. A podrido, húmedo y a orina de rata, Tom recuerda la sensación de patas peludas y pegajosas corriendole encima cuando estaba en el orfanato y los dientes afilados y pequeños que le mordían por órdenes de Morfin, para el entretenimiento de ese hipócrita sádico.
—Ve a dormir. —Ni siquiera nota a su madre yendo a su lado y empujándole hacia su habitación—. Yo me encargaré, debes estar exhausto.
Tom está más exhausto de la situación en casa que de hacer pociones pero se muerde la lengua hasta que duele para no decirlo.
—Pensé que estabas mejor.
Era lo que decía en sus cartas. Tom no creía del todo en ellas pero deseó que fuera cierto, como un idiota.
—Es... Difícil. —Su madre retuerce sus manos con nerviosismo.
Tom la mira en silencio, muy serio.
—Okay. —Solo espera que su habitación no sea un nido de ratas o en serio podría quemar el departamento.
—Tom.. Deberías considerar la propuesta de Severus. —La voz de su madre interrumpe su huida—. Es algo bueno para tu futuro.
—Severus es un idiota prejuicioso y desconfiable, no quiero tenerlo como maestro. Prefiero a la tía Lily. —Ni siquiera se molesta en dar la vuelta, ya estaba tan cerca de su puerta que es ridículo.
—Oíste a Snape, ella no es tan buena como él.
Tom no puede evitar ofenderse y se da la vuelta para encarar a su madre.
—Ella me enseñó lo que sé y es estudiante de los Flamel.
Su madre suspiró y sacudió la escoba en su mano con molestia.
—Tom no puedes rechazar esta oportunidad! —chilla con frustración.
—¿Por qué no? Es mi vida.
—Si tu adorada tía Lily te pidiera que la aceptaras lo harías, o no? —Tom se queda en silencio y frunce el ceño, pero eso parece ser suficiente para que su madre pierda el control—. Siempre es lo mismo, todo lo que te digo es una tontería a menos que los Potter digan lo contrario!
Tom pone los ojos en blanco.
—No veo la razón de sacarlos a colación mamá.
—No? Tú los mencionaste primero, tu excusa siempre son ellos. ¡Ni siquiera pensaste en mí cuando te negaste a ver clases con Snape!
Siente que su cabeza va a explotar ante el estrés y la frustración, pero no tiene la energía para pelear y tampoco quiere, ya tuvo suficiente temprano.
—Estoy demasiado cansado para tener una discusión a esta hora mamá, me iré a dormir.
Gracias a Merlín sus hechizos de limpieza han funcionado y mantenido lejos el mal olor y la suciedad.
En cuanto sus tíos llegaron a Gran Bretaña Tom se vistió y atravesó la chimenea directo a la mansión aprovechando el que su madre aun estaba disculpándose por haberle gritado y orillado a preparar pociones hasta la madrugada. Pero no estaba disculpándose por su pelea al llegar a casa, aparentemente estaban fingiendo que no había ocurrido.
Harry lo estaba esperando como un niño bajo el árbol de navidad, sentado frente a la chimenea. En cuanto lo vió su sonrisa flaqueó.
Como odiaba no poder esconder sus sentimientos algunas veces de él, no está en el mejor momento para hablar.
—Tom! —Su amigo se levanta y le aprieta. Un viento cálido y dulce eriza sus vellos, suaviza sus emociones revueltas, el mal humor y cansancio. No puede evitar apoyarse en él, suspirando de alivio.
—Hola Harry.
Su abrazo dura más de lo que usualmente se extiende, pero Harry es su pila emocional y se siente tan en paz y tranquilo entre sus brazos, ni le importa que su cabeza se apoye sobre la de su amigo al ser más grande, hace que esconderse en su cuello sea incómodo.
—¿Ya llegó Tom? —La voz de su tía viene desde la cocina y Tom finalmente se separa de Harry, quién trata de verse tranquilo pero sus ojos disparan rayos y muestran estrellas moviéndose alocadas—. Mi lindo niño, ¿cómo estás?—. Su tía le abraza y de nuevo ese amargo gusto a injusticia lo embarga, sus abrazos dulces son un recordatorio de lo que trata desesperadamente de esconder.
—Estoy excelente. —El bosque verde en sus ojos se ve triste y apagado, incluso hay ojeras rosáceas bajo sus ojos, él también luce unas que olvidó cubrir antes de viajar.
—¿Ya comiste?
Tom había comido rebanadas de pastel en la madrugada, cada que la poción le permitía alejarse un poco, por lo que su estómago se sentía pesado y enfermo.
—Sí.
Su tía parece querer decirle algo.
—¿Y el tío James? —pregunta.
—Papá fue a ver al tío Remus, hace poco fue la luna llena y estuvo algo loco. —Harry mira entre él y su madre con curiosidad, hace sentir a Tom como en un interrogatorio.
—Bueno, qué tal si vas a dormir un rato y cuando bajes tendré el almuerzo listo. —Su tía acarició su rostro y Tom pudo sentir cómo sus dedos acariciaban sus ojeras. Se sintió como un animal en cautiverio, siendo protegido por Harry y su madre.
Ambos se veían preocupados, como si estuvieran mordiéndose la lengua, pero Tom apreciaba que ninguno preguntase nada.
—Bien.
—Yo te acompaño. —Harry lo siguió como un espectro a su cuarto. Tom extrañaba su habitación de la mansión, sobre todo el orden y el espacio, sus libros nuevos comenzaban a llenar su estantería mágica, quizá tendría que comenzar a usar los compartimientos especiales de su baúl.
Se quitó los zapatos bajo la atenta mirada de Harry, se sentó en la cama y suspiró.
—De acuerdo, suéltalo.
Harry se encogió de hombros y se acostó en la cama, con sus pies a un lado de su muslo.
—Ven a dormir.
Tom frunció el ceño.
—¿Estás enfermo o algo?
Harry le sacó la lengua. Su cabello negro se aloca con el contacto de su cabeza con la almohada.
—Estás agotado, molesto y lo último que quieres es dar explicaciones. No preguntaré nada, sé que me lo dirás cuando estés listo. —La confianza en los ojos de Harry le derrite el pecho y la tranquilidad con la que habla es como un bálsamo.
Tom se dejó caer a un lado de su amigo, suspirando ante la comodidad y suavidad de las sábanas. Harry se voltea de medio lado para verlo mejor.
—No tienes que quedarte conmigo, son las diez de la mañana.
—¿Y qué? No voy a echarme a perder por dormir un poco más.
Tom desea pegarse a Harry, esconder el rostro en su cuello y dejarse llevar por el sueño.
Su amigo mira su mano, la que lleva el anillo y que Tom ahora se da cuenta que no lo retiró el día anterior. Podría darse un golpe por ser tan idiota.
—Está bien—. Harry le peina el cabello como lo hace su madre—. Vamos a dormir.
la calma lo inundó como una almohada fresca y suave. Tom se acercó y Harry pareció comprenderlo sin hablar puesto que movió su cuerpo para que ambos encajasen en un abrazo cómodo y cálido.
—Quisiera quedarme aquí para siempre —susurró en su cuello.
—Podemos hacerlo.
Pero él sabe que no pueden, Harry debe volver a Beauxbatons, él a Hogwarts y entonces el tiempo seguirá pasando y los recuerdos serán solo eso, lugares a los que volver de vez en cuando.
Al despertar ambos bajaron para el almuerzo, el tío James ya estaba en el comedor y parecía tener la misma mirada de preocupación que la tía Lily aunque lo disimulaba mejor con una sonrisa de dientes resplandecientes en cuanto lo vió.
—¡Mi sobrino favorito! —Su abrazo le sacó el aire del pecho—. ¿Cómo estás, campeón?
—Estoy bien tío James. ¿Cómo está Remus?
—Está hecho un desastre, se peleó con unos centauros y recibió una paliza.
Harry a su lado hizo una mueca.
—Vengan a comer los dos. —Su tía prácticamente lo arrastra a la mesa para que se siente.
Ambos comieron el pastel de verduras y pollo mientras escuchaban al tío James hablar sobre como los casos en Francia eran aburridos y sosos, como un mago que se emborrachó con vino y terminó haciendo magia frente a todo un bar muggle o un mago que intentando controlar la infestación de ratas de su departamento derribó un piso entero de su edificio, para suerte de todos no había nadie en casa en ese momento.
Tom lo disfrutó como pudo, ya que la mirada de su tía sobre él le indicó que vendría una conversación profunda cuando el tío James dejara de entretenerlos para bajar la tensión. ¿Acaso Snape le había contado? No sería raro, siendo amigo y socio de la tía Lily.
Trató de luchar contra la náusea y preocupación para poder terminar de comer.
—Tom.. ¿Cariño podemos hablar?
Justo mientras ambos lavaban los platos el traidor de Harry lo abandonó en la cocina con su madre después de dirigirle una mirada de disculpa.
—Ajá.
—Snape me habló anoche —admite. Tom se contiene para no bufar.
«Maldito murciélago chismoso».
—Me contó lo que pasó con tu madre y las pociones. —Tom no supo qué decir. ¿Debía disculparse? Excusar a su madre de nuevo?—. Sé que no te gusta que interfieran en tu vida o invadan tu espacio y sé que quizá tener esta conversación conmigo te incomoda, pero solo quiero que sepas que no estoy enojada contigo, independientemente de lo que haya dicho Severus.
Tom confrontó sus ojos por unos segundos y asintió.
—Snape ya se encargó de regañarme, nada es peor que eso —dijo para aligerar la preocupación que vió en los ojos de su tía.
Su tía hizo un gesto que estaba entre una mueca y una sonrisa.
—Tu madre está bien? Lo que sucedió pudo lastimarla.
La situación era mucho más seria como para que preguntase eso, la tía Lily debería estar enojada con su madre, probablemente queriendo protegerlo de su irresponsabilidad. El que tomara un enfoque calmado lo confundía y tranquilizaba.
—Está bien, se siente culpable por echar a perder ingredientes costosos —explica—. Lamento que mamá sea una molestia para el negocio. —Se disculpa.
Su tía le mira con tristeza.
—No es una molestia, quiero ayudarla.
—Mamá es un desastre haciendo pociones, ni siquiera puede hacer las de nivel Timo. —La idea de que su tía soportase las molestias, de que incluso convenciera a Snape de conservar a un trabajador que no hacía adecuadamente el trabajo, le apenaba.
Ella soltó los platos para verlo con expresión seria.
—Sé las capacidades de tu madre Tom, aun así no es tan terrible en su trabajo como para despedirla.
«Mentira».
—Snape ya lo habría hecho.
No sabía por qué está diciendo todo eso, acaso quería que despidieran a su madre? Ese empleo había evitado que estuviera en trabajos horribles y mal pagados en el knockturn. Pero Tom recuerda el desastre y el hecho de que su madre pudo morir en una explosión que habría destruido la tienda y todo lo que estaba a un radio de dos metros.
Pensó en los gastos, en los periódicos, en la reputación de la tienda de su tía Lily yéndose a la mierda.
—Es algo bueno que no todo recaiga en él, entonces —responde con terquedad.
Tom sabía que lo estaba echando a perder de nuevo, pero no deseaba perjudicar a su tía, no quería su ayuda si eso la dañaba de alguna forma.
—Mamá uso baba de troll en la poción, pudo haberse matado —reveló, fijándose obsesivamente en la imagen de los platos llenos de jabón para no enfrentar los ojos verdes que le escrutaban—. No puedo dejar de pensar.. Pudo haber destruido tu tienda, es tu dinero y el de Snape, ningún pocionista debería permitir que una persona tan poco calificada trabajara en su boticaria.
Su tía se quedó en silencio y él se sintió como un traidor, pero la culpa lo mantuvo en vela hasta las seis de la mañana. Además de la imagen mental de su madre muerta e irreconocible y en lo que sería de él.
—Yo.. Debo hablarlo con Snape. Podemos conseguir una tarea más sencilla para tu madre.
—No me enojaré si la despiden, sabes? Entiendo que te preocupas y que quieres que tenga una buena vida con mamá, pero es tu trabajo, tu reputación y tu dinero, también el de Snape. No es justo que pongas en peligro todo eso por mamá. —Su garganta picaba y un nudo repleto de púas cerraba el paso del aire. Tom sintió sus ojos humedecerse del coraje, de todo lo acumulado por la noche y del cansancio emocional que parecía aumentar con cada segundo.
Su tía estaba sorprendida pero Tom se mostró firme con su postura, una parte de él quería alejar a su madre de ese lugar y de todos aquellos a los que apreciaba, ¿cómo podría mirar a la tía Lily si su madre hubiera destruído toda su tienda?
«¿Por qué arruino siempre las cosas para alguien cuando quiero ayudar a otro?», se culpó.
—Hablaré con Snape y ya llegaremos a una solución, ¿bien? Tú no debes preocuparte por eso.
¿Quién más lo haría entonces? Su madre no entendía que sus actos provocaban consecuencias y Tom de una forma u otra siempre estaba apaciguando las cosas. De haber destruido la tienda los aurores habrían intervenido, ser despedida habría sido el menor de sus problemas. Una multa, una investigación, la prohibición de un trabajo en cualquier boticaria, incluso evaluarían el nivel de educación de su madre y eso perjudicaría la imagen de su tía y Snape. Y más temprano que tarde toda esa ola de desastre llegaría hasta él, la custodia de su madre y lo que se hacía cada vez más evidente: Ella no era capaz de cuidarle.
Podría empeorar su depresión, hacer que odiara más a sus tíos, que insistiera con más fuerza en que Tom se alejara de ellos y terminaría por erguir una brecha entre ambos cuando Tom trataba de cerrarla mes tras mes.
Pero qué podía hacer? Snape no era idiota, los hechizos de protección le dirían qué sustancia contaminó el espacio y no dudaría en decirle a su tía. Un regaño y el descuento de lo que dañó era un castigo menor. Cualquiera ya la habría echado a la calle.
—¿Cariño? —Su tía toma su rostro entre sus manos, solo ahí se da cuenta de lo frío que está su cuerpo—. Tom, escúchame bien. No es tu responsabilidad solucionar los problemas de los adultos, tu responsabilidad es estudiar y divertirte con tus amigos, ser un adolescente. —Su tono es suave pero decidido, hay un gran matiz de amor y angustia que solo hace que su culpa sea asfixiante.
«Es lo mismo que Snape dijo».
—No quiero causarte problemas. —Su voz salió como un graznido.
—No es ningún problema cariño.
Él no dice nada más, sabe que es mentira pero no debatirá el tema con su tía.
—La oferta de plaza de aprendiz fue idea tuya? —Cambia el tema.
No era una idea descabellada, si Snape era capaz de tener a una empleada descalificada por ella no sería raro si las tutorías también fueran cosa de su tía.
—Plaza de aprendiz? —Ella se ve muy confundida—. Severus te ofreció una plaza para ser su aprendiz?
Asintió. La expresión en su rostro cambia a felicidad y orgullo.
—Si Severus te ofreció ser su aprendiz ha sido por tu talento no porque yo se lo pida. Sev puede ser flexible en algunas cosas, pero el tema de la educación es algo personal para él, no tiene fama de ser un nepotista.
Su corazón se agitó en su pecho de emoción. ¿Por qué le emocionaba que el imbécil de Snape realmente quisiera ser su maestro?
—Me dijo que hiciste perfectamente una poción nivel éxtasis —alabó.
Se encogió de hombros.
—No fue tan complicado —presumió.
Su tía se rió y acarició su cabello.
—Para tí quizá. Y qué le dijiste?
—Le dije que lo pensaría, no estoy seguro de querer ser su aprendiz.
Su tía asintió, al menos no estaba haciendo un escándalo como su madre.
—Bueno.. Sé que Sev no es muy agradable y que la mayoría de las personas no toleran su carácter, pero no negaré que es excelente en lo que hace. Tú piénsalo bien, yo podría ayudarte a buscar alguna pasantía, pero es más probable que te acepten a los quince años.
Snape realmente no había sido terrible la noche anterior, pero Tom aun recordaba la detención y cómo lo había acusado de ser un mago oscuro. No se fiaba de Snape ni un poco.
—Sé que es una buena oferta, la mejor y la habría aceptado de inmediato de no ser... Él.
—Entiendo. Bueno puedes hablar con él sobre ello, expresarle tu molestia y tu problema con su actitud anterior. Pueden llegar a un acuerdo de que él no volverá a tratarte de una forma que te incomode o dañe y si se niega entonces rechaza la plaza.
Tom deseaba que las cosas fueran igual de sencillas con su madre, sin gritos ni drama.
—De acuerdo.
Su tía sonríe.
—Y si algo más pasa o si sientes que necesitas ayuda... Puedes llamarme.
La conversación no resultó en absoluto como creyó, esperaba ver a su tía enojada, alarmada por la incapacidad de su madre de ser una adulta funcional. Él se preocupaba tras cada mes porque era cada vez más evidente que su madre no era capaz de valerse por su cuenta, fuera la depresión o la consecuencia de los traumas del pasado.
—Lo de anoche no fue tan complicado. —Habría sido incluso divertido e interesante colarse en una tienda y hacer pociones de nivel éxtasis, pero la actitud de su madre lo había arruinado.
—Quizá no lo fue para ti, pero no te correspondía hacer el trabajo de los adultos, aunque lo hayas hecho excelente —reprende con suavidad.
Ahí está esa mirada que Tom detesta en los adultos, esa que dice: eres un niño.
—De acuerdo, lo siento tía Lily.
Los labios rosa pálidos se fruncen en un puchero que trata de disimular, la mano húmeda de su tía encuentra la suya y la aprieta con firmeza y suavidad.
—No hay nada de qué disculparse, solo quiero que estés bien. —Tom ya no está seguro de qué tan bien está.
—Estoy bien.
Verde y marrón se encuentran y Tom trata de mostrar algo que no existe.
—Bien, terminemos de lavar este desastre. —Su tía parece haberse rendido más que creer en él, pero debe ser suficiente por ahora.
Las náuseas no desaparecen, esperar por lo que sucederá con su madre y su empleo va a arruinar su estómago.
—¿Te ofreció una plaza de aprendiz?! —Harry está más eufórico que su madre con la noticia.
Tom terminó de abrochar los botones de su camisa verde y asiente.
Su amigo había reaccionado diferente a su historia del desastre en la tienda de pociones. Se enojó al escuchar la pelea con su madre y después se enorgulleció al escuchar cómo preparó una poción bastante complicada, sin ayuda y por primera vez, perfectamente.
—¡Es genial!
—Si, si no fuera un idiota que me acusó de ser un mago oscuro —rezongó.
Harry asintió, dándole la razón.
—Sabes.. Los aprendices de Snape siempre van a las mejores academias de pocionistas, suelen tener los puntajes más altos en los exámenes y Snape suele presentarlos con maestros pocionistas en cenas.
Tom miró la cabeza de Harry para asegurarse de que no tuviera cuernos o alguna criatura chupandole el cerebro.
—Acaso estás vendiéndome a Snape?
Su amigo se encogió de hombros y se inclinó para atar sus botas marrones, con sus jeans negros y camisa amarilla parecía un canario. Tom se contuvo de burlarse.
—Es lo que siempre he escuchado de mamá. Puede que sea un idiota y créeme que lo odio tanto o más que tú por como se portó contigo antes, pero es una oportunidad genial! Tienes solo trece años y un maestro pocionista te ofreció ser su aprendiz! —Las esmeraldas en su rostro destellan con tanto entusiasmo que su estómago se revuelve.
—Perderé la plaza si me hace enojar, no tengo una buena tolerancia con Snape. —Tom podría decir que era intolerante a ese murciélago con cabello grasoso.
Su amigo suspiró.
—Podrías obtener una beca para estudiar en Francia con los Flamel, o para la escuela en Moscú. O si te sientes más arriesgado podrías ir a Uganda, su laboratorio de pociones es impresionante y tienen un herbolario enorme y con plantas que solo se dan allí!
Tom frunció el ceño.
—¿Desde cuando sabes tanto de escuelas de pociones?
Harry se sonrojó.
—Desde que dijiste que querías ser pocionista he estado investigando. —Se encogió de hombros con vergüenza—. Podríamos estudiar en el mismo país. Hay buenas opciones para ambos.
Tom no puede evitar sonreír y se acerca para peinar el cabello de Harry con magia.
—Estoy sorprendido Potter, nunca habías estudiado tanto.
Harry le golpeó el hombro.
—Idiota, solo pienso en nuestro futuro.
Se echó a reír.
—De acuerdo. Quizá tengas razón.
Su amigo infló su pecho como una paloma orgullosa.
—Además, de igual forma tendrás que verlo hasta que te gradúes.
—Sí, pero solo serán dos horas, dos veces a la semana. —Si no le daba otra injusta detención.
De nuevo Harry asintió a su favor.
—¿Qué dijo mamá sobre la oferta?
—Dijo que lo hablara con Snape, pero sé que le encantaría que dijera que sí —resumió.
—A mi también me encantaría. —Harry bate sus pestañas como un idiota.
Tom encuentra el gesto tan tonto que sonríe.
—Acaso tu madre te mandó a convencerme?
—Nop, esto es todo mío.
—Si odias a Snape por qué quieres que pase tanto tiempo con él?
Harry esquivó su mirada.
—Cuando te gradúes de Hogwarts tendrás opciones, no estarás perdido sin saber qué hacer y podrás venir conmigo.
—Nunca he dudado de mi capacidad para conseguir una plaza en una escuela.
«Ya no».
—Sé que tienes otra cosa oculta por allí. —Lo escruta muy serio aunque secretamente divertido.
Harry parecía algo culpable.
—Si pasas más tiempo con Snape habrá un adulto que esté al pendiente de tí y en vacaciones no estarás solo con... —Se interrumpe—. Tendrás algo que hacer antes de ir a Francia.
Snape podría echarle un ojo y avisar a la tía Lily si Tom no estaba bien. Y Tom tendría excusas para limitar el tiempo con su madre, aunque Harry no había terminado la frase Tom sabía que se refería a ella.
No le gustaba la idea de ser vigilado pero entendía a Harry.
—No quiero a Snape siendo mi niñera y no creo que él quiera serlo tampoco.
—Bueno, piénsalo, si? En serio es una oferta genial y si aceptas podré presumir que mi futuro esposo es un genio de las pociones y que es aprendiz con solo trece años.
Tom rodó los ojos.
—No olvides mencionar que seré el esclavo de un infeliz y amargado hombre por años.
Harry lo empujó fuera de la habitación.
—No lo hagas por mi o mamá, si no quieres aceptar no lo hagas.
Ambos bajaron las escaleras.
—De acuerdo.
Abajo les esperaban sus tíos, su madre y Becca, quién oficialmente se auto invitó a las futuras reuniones Potter, gracias a Merlín.
Ostara llegó muy rápido y debido al accidente en la tienda Severus castigó a su madre obligandola a acompañarlo a hacer pedidos y recoger ingredientes que no eran para nada agradables o eso le contó cuando se quejó de no poder pasar tiempo con él.
Tom se sintió como un desgraciado por alegrarse de tenerla lejos.
—¿Cuándo llegarán tus amigas? —Su tía llevaba un precioso vestido naranja que llegaba hasta las rodillas y su cabello peinado con rizos gruesos, incluso había pintado sus pestañas.
—Hermione llegará justo a la hora que dice en la carta, Susan y Hannah vendrán unos minutos después para no parecer demasiado puntuales.
Tom las conocía demasiado bien.
—Estoy emocionada, ¡finalmente las conoceré! —Su sonrisa era contagiosa.
—Son realmente amigables. —Su madre, quién los observaba desde el sofá de la sala, tenía una sonrisa que no combinaba con sus ojos. Era evidente que le molestaba la cercanía de su tía.
—Lo son, Tom tiene buen ojo para las amistades. —Su tía le guiñó un ojo y Tom presiente que en cualquier momento se desatará el apocalipsis, su madre y tía se fulminaron con la mirada en silencio por segundos que parecieron eternos.
—¿Necesitas ayuda en la cocina, Lily? Puedo ayudar a poner la mesa o a mover algo a donde quieras.
Becca interrumpió el tenso ambiente como una hada saltarina. Su elección de vestuario era atrevido y socialmente mal visto, solo ella elegiría un vestido borgoña oscuro y más corto que el de su tía para celebrar Ostara, pero incluso así lograba mimetizarse con el entorno mejor que su madre.
—Pueden ayudarme todos a terminar el altar, debemos llevar las ofrendas afuera. Esta vez cenaremos en el patio así que hay que llevar todo.
Todos se pusieron en marcha tratando de mantener una charla amena. El ambiente se relajó un poco gracias al sol, la brisa y la linda decoración.. Y los poderes de Harry.
–No tienes que hacer eso. —Le reprende.
En cuanto tuvieron oportunidad huyeron lejos de los adultos para acomodar almohadas alrededor de la fogata y que sentarse en el suelo no fuera incómodo.
—No podía soportar ni un minuto más el ambiente tenso. —Se defiende.
La oscuridad y tristeza parecen pegarse a su abdomen, obstruyendo su garganta.
—Lo siento.
—No seas tonto, no es tu culpa.
Pero lo era, su tía ahora evaluaba a su madre y ella parecía intuirlo.
«Todo porque no pude cerrar la boca en Yule».
—Hey. —Harry le da un almohadazo—. No es tu culpa—. La firmeza de su voz le da la fuerza para asentir—. Hiciste lo mejor que pudiste ayer, algo que ningún otro chico de trece habría hecho—. Su amigo tomó su mano y le dió una sonrisa apaciguante. —Tom no es tu responsabilidad hacer esas cosas, pero siempre te preocupas demasiado por los demás, por protegerlos y no está mal, pero no te olvides de ti.
—¿Desde cuándo eres tan maduro?
Su amigo se encogió de hombros.
—He aprendido algo de psicología y sentir las emociones de todos me hace más consciente.
La calidez de su mano burbujeó hasta subir por su brazo, llenando su pecho de sangre que bombeó por todo su cuerpo como hormigas.
Harry se inclinó y besó su mejilla, dejándolo sorprendido.
—Quita esa cara larga, no quiero un esposo con arrugas —bromeó con una sonrisa.
Tom no supo qué decir pero Harry se apartó riendo y tomó más almohadas como si nada. Al subir la mirada Tom vió a Becca mirarlo con una ceja alzada y una sonrisa socarrona.
De inmediato fue por más almohadas.
—Tom! —Hermione viene con sus padres, su cabello está peinado y ordenado, lo que es un milagro.
—Bienvenidos a nuestra casa señores Granger, es un gusto conocerlos a ustedes y a su encantadora Hermione. —Su tía llega junto a él y Harry.
Las presentaciones fueron rápidas y pronto los Granger se unieron a los adultos, Tom esperaba que su madre se distrajera con la compañía.
—Mione, este es Harry. —Les presentó con nerviosismo bien disimulado.
Su amiga le sonrió y agitó su mano.
—Es un placer conocerte por fin Harry.
—A mi igual, Tom siempre habla de ti y de las chicas.
Tom sintió que sus dos universos estaban chocando frente a sus ojos, pero Harry rápidamente buscó un tema de conversación en el que Hermione pudo zambullirse mientras él sólo escucha y observa como su mejor amigo y su querida amiga ríen y hablan.
—Tom! —Susan y Hannah llegan como una fuerza de la naturaleza. Sue corre hacia él olvidando cualquier decoro y le abraza.
—Susan! Esta no es manera de llegar a un lugar nuevo. —La señora Bones viene detrás con un semblante amable.
Hannah se rió de la expresión en su rostro con disimulo mientras se acercaba con tranquilidad.
—Está todo bien señora Bones. —Tom le sonrió a la tía de Sue como el caballero que debía ser, nunca olvidaría a esa mujer ni la primera vez que la conoció, en aquella época había fingido ser un pobre niño indefenso para ganarse su lástima, aunque si Tom miraba hacia atrás podía ver como su supuesto teatro era, de hecho, una realidad.
—Amelia! ¡Tanto tiempo sin verte! —El tío James apareció para saludar.
Ambos se abrazaron y luego su tío saludó a las chicas.
—James es un gusto verte, gracias por invitarnos. —La señora Bones sonríe bastante relajada.
—Oh, es todo cosa de Lily y Tom, queríamos que los chicos pasaran más tiempo juntos.
Después de una charla aburrida los adultos se unieron al resto de invitados en la casa.
—Hola, tú debes ser Harry. —Sue le sonrió a Harry mientras extendía su mano.
—Y tú Susan, es un gusto. —El pelinegro estrecha su mano con entusiasmo.
—Yo soy Hannah.
Definitivamente Tom va a enloquecer por tenerlos a todos allí.
—¿Y cómo es Beauxbatons? – Mione es la primera en preguntar.
Harry se emocionó con la pregunta.
—Es hermoso, tiene unos jardines gigantes y con plantas de diferentes especies y países. El castillo perteneció a una familia mágica de la realeza, hasta que en la época de la caza de brujas decidieron ocultar el castillo y borrar la memoria de todos, así que la decoración es algo vieja pero genial.
—Y hablas Francés?
—Aun estoy aprendiendo, pero he mejorado. Tom me ha ayudado, me regaló un diccionario que habla. —Lo alabó mientras le sonreía.
Sus amigas lo vieron con ternura. Tom se retorció incómodo.
—¡Oh! Que lindo anillo, es igual al de Tom. —Hannah mira el anillo en el dedo de Harry y este lo levanta para que lo vean mejor.
–Son anillos del humor, el anillo de Tom le muestra mis emociones y el mío las suyas.
—Wow, es genial.
Harry se ve muy complacido con la admiración de Han.
—Incluso tienen anillos a juego, ni siquiera Han y yo tenemos algo así y nos conocemos desde que somos bebés. —Sue hace un puchero a Hannah que se ve ridículo.
—¿Y cómo funciona el anillo? —Hermione, como siempre, parece interesarse más por cómo funcionan las cosas que por el sentimentalismo.
—Cambia de color con la percepción del pH y la temperatura de la piel. —Mione asiente ante su explicación con los ojos clavados en las piedras. Ambos anillos brillan como esmeraldas.
—Es principalmente muggle, pero lo hechicé para que reflejara las emociones del otro. —Harry explica y se pavonea un poco mientras presume, Tom no puede evitar sonreír un poco.
—Así pueden estar más pendientes el uno del otro. —A Hannah la idea le resulta hermosa, por la forma en que sonríe.
—Exactamente. —Harry sonríe.
—Y siguen trabajando en el diario del que Tom casi nunca habla? —Mione de nuevo saca a colación los temas académicos.
Tom se contiene de burlarse pero Sue le dirige una mirada divertida que le deja en claro que ambos encuentran la situación muy cómica.
Pero Harry se ilumina con su pregunta.
—¡Sí! Este mes es mi turno de tener el diario.
—¿Y cuándo terminarán su investigación? Tom trabaja en ella desde el primer año.
—Oh, supongo que en séptimo. Es un diario de exploración, cuando nos graduemos iremos por el mundo visitando los lugares que incluímos y buscando criaturas mágicas.
—Harry quiere ser magizoólogo. —Tom explica, solo por si no queda lo suficientemente claro.
—¿Se tomarán un año sabático?! —Por su tono, Tom adivina que para Mione es como un crimen a la educación.
Harry asintió.
—¿E irán solo ustedes? —Hannah parece sorprendida.
Ambos asintieron.
—Y no les da miedo?
—¿Con Tom como acompañante? Nah! —Harry le miró como si fuera el orgulloso dueño de una quimera domesticada pero letal.
Sue sonrió.
—El mundo debería tener miedo de Tom si se meten con él. —Sue, como siempre, actúa como si él fuera una especie de hombre biónico indestructible.
—Tengo más miedo por Harry que por mí mismo —admite.
Harry le vió ofendido.
—Disculpa?
—Eres demasiado imprudente. —Harry entrecierra los ojos.
—Uno de los dos debe ser divertido, si la exploración dependiera de ti nos encerrarías en bibliotecas.
—¡Eso sería maravilloso! La biblioteca mágica rusa es impresionante!
Harry, Hannah y Sue miraron a Hermione con expresiones que iban desde la confusión a la diversión.
—Eso es demasiado.. —Tom no quería ofender a Hermione mencionando que pasar un año atrapado en bibliotecas no era exactamente su idea de vacaciones, al menos no desde que había conocido a Harry—. Yo solo me encargo de ser precavido. —Mejor ser algo ambiguo.
—¿Quieren jugar al snap explosivo? —Harry sacó las cartas de su bolsillo y a Sue le brillaron los ojos.
—¡Por supuesto!
Hannah gimió, todos en el grupo saben lo competitiva que es Sue, todos menos Harry.
Hermione se une aunque es bastante mala y sus manos ya están algo polvorientas por las constantes explosiones de las cartas en sus manos. Harry se ríe cada que le sucede y Tom no puede evitar ver la imagen de todos ellos reunidos como si se tratase de un retrato mágico, algo congelado en el tiempo. Es raro como en su vida hay momentos tan felices y tan amargos, su garganta duele de nuevo al recordar las palabras de su madre, su comportamiento infantil y el hecho de que Tom comienza a sentirse atrapado y sin salida, condenado a resignarse de que no puede tener la vida sencilla y feliz de otros.
Una mano cálida sujeta su mano derecha y lo catapulta de nuevo a su realidad junto a la tierna sensación acolchada y fresca de la calma. Los pozos verdes de Harry lo enfocan con atención mientras Sue destroza a una Hannah que chilla, su amigo no dice nada, solo aprieta su mano y masajea sus nudillos con el pulgar unos segundos hasta que el aire denso y pesado sale por su boca y siente que puede volver al presente y disfrutar. Solo entonces Harry lo suelta.
—Son tan lindos, ¿no creen? —Susan miraba cómo Harry y Tom ayudaban a servir sidra y la acomodan en bandejas junto a galletas.
—Harry es muy agradable. —Hannah asintió.
—Es extraño, Tom no suele actuar así en Hogwarts. —El ceño fruncido de Hermione casi alcanzaba su frente.
—Son amigos desde pequeños, ¿no? Tienen más confianza. —Hannah se encogió de hombros.
—Tom se ve feliz y relajado, es lindo verlo así. —Susan adoraba a Tom, como único niño del grupo y el protector de todas, pero Tom era como un viejo prematuro para muchas cosas, la mayor parte del tiempo Hannah y ella misma lo arrastraban a planes fuera de la biblioteca, obligándole a convivir. Con Harry no parecía ser así, Tom reía con facilidad, sonreía y demostraba una personalidad que pocas veces habían visto.
Tom se rió de algo que dijo Harry y todas sonrieron
—Harry es guapo, ¿no creen?
—Que Tom no te escuche Han o te declarará la guerra. —Le advirtió en broma.
Su amiga rueda los ojos.
—¡Es solo su amigo! Y es solo una opinión.
—¿Crees que a Tom le gusta Harry? —Hermione lucía como un animalito perdido, ella y Tom eran los intelectuales del grupo, con escasas habilidades sociales.
—Puede ser.. ¿Vieron como Harry le tomó la mano?! —Sue casi había dejado caer sus cartas, fue como ver una escena romántica de sus libros en vivo y en directo.
Hannah abrió mucho los ojos.
—¿Tú crees?
Ella se encogió de hombros.
—Yo no lo creo, somos muy jóvenes para pensar en esas cosas. Tom está enfocado en sus estudios. —Hermione se cruzó de brazos, muy seria.
Susan suspiró.
—Ay Hermione, Tom es perfectamente capaz de concentrarse en varias cosas a la vez.
—Ahí vienen. —Hannah advirtió.
Sue los miró. Ambos caminaban uno al lado del otro, sincronizados como si pudieran sentir al otro, Harry hablaba y en cada movimiento de sus labios había una sonrisa enorme que Tom imitaba. No se perdió de cómo su amigo sonreía en silencio escuchando al otro, sin fijarse en nada más.
—Hacen bonita pareja, ¿no creen?
—Me parece que tus novelas van a volverte loca. —Han se burló mezquinamente de ella.
Sue le sacó la lengua.
Una vez culminado el ritual Harry comenzó a volver a sus niveles normales de euforia, Tom pudo descansar adecuadamente y masajear sus brazos luego de ser arrastrado por Harry durante horas en un salvaje y descoordinado baile al que se le unieron las chicas para torturarlo.
Para desgracia de Tom, Snape llegó poco después con sus típicas túnicas oscuras y su semblante amargado de siempre.
Su tía era la única que parecía alegrarse de su visita.
—¿Ese es Snape? — Sue se sorprende junto al resto de sus amigas. Su cabello rojo era un nido de pájaros que compite con el de Harry.
—Mamá es su mejor amiga, incluso son socios. —Harry, cuyo cabello era un desastre, le explica con una sonrisa que generaba algo de incomodidad por lo grande que luce. El verde en sus ojos se había reducido a un delgado círculo alrededor de su enorme pupila. —El tío Sev es uno de mis padrinos.
—¿Qué?! Nunca me dijiste que era tu padrino. —Tom no pudo evitar hacer una mueca de asco ante la idea.
—Supongo que lo olvidé, además no lo veo muy seguido. —Su amigo se encogió de hombros.
—¿Qué hace aquí? Pensé que era alérgico a las reuniones sociales comunes. —No pudo evitar atacar al hombre, incluso cuando estaba lejos de él. Harry se rió.
—Quizá vino a rogarte que aceptes el puesto de aprendiz.
O a discutir con su tía Lily el asunto de su madre en el momento menos oportuno.
—¿Qué puesto de aprendiz? —Hermione atajó la información tan rápido como un buscador.
—Snape le ofreció a Tom una plaza para ser su aprendiz en pociones. —Harry lo presume como un padre orgulloso.
Sus amigas lo miraron con la misma fascinación y sorpresa, como si fuera un unicornio.
—¡Eso es genial! —Mione sonrió igual que Harry. —¡Serías el aprendiz de maestro pocionista más joven en décadas!
—¿Y cuándo comenzarás? —Sue sostenía a Hannah a su costado, su rubia amiga había terminado agotada del baile, aparentemente el deporte y el esfuerzo físico mínimo no eran su fuerte.
—Aun no acepto la plaza —admitió con incomodidad.
—Bueno.. Snape ha sido un idiota contigo, con todo el mundo en general. —Sue entiende su punto sin mencionarlo—. Pero imagina lo que esto hará por tu récord académico, eres inteligentisimo Tom y sé que te irá bien incluso si lo rechazas pero.. Es una muy buena oportunidad.
—Tom! —La tía Lily agitó su mano pidiéndole ir a su encuentro y Tom se alejó del curioso grupo de niños para unirse a su conversación.
Snape lo miró con su típica expresión de haber mordido un limón o estar oliendo mierda de troll.
—Señor Riddle.
—Profesor. —Tom asintió con la cabeza. Snape le tendió una bolsa.
—Su pago por colaborar en la elaboración del pedido de San Mungo.
La bolsa pesaba en su mano, podía sentir la silueta de las monedas en su mano. Se quedó mudo unos segundos, había olvidado el pago que el hombre le había prometido cuando no había llegado nada en días.
—Gracias señor.
Snape asintió.
—También me gustaría aprovechar la ocasión para saber su decisión sobre la plaza, en dos días volveremos a Hogwarts y necesito una respuesta inmediata para buscar otro estudiante si usted no está interesado.
Tom miró de reojo como su tía se balanceaba sobre sus pies con nervios. Era como estar en el ojo de la tormenta. Los comentarios de todos habían sido positivos, todos reconocían que Snape era un idiota pero la oportunidad era tan buena que ese enorme defecto pasaba a otro plano.
—Aceptaré la plaza señor.
Snape no se mostró emocionado o complacido, solo asintió con su perpetua cara de asco y lo descartó como una baraja vieja.
—De acuerdo, una vez que lleguemos a Hogwarts te daré tu horario de clases. Eso sería todo señor Riddle.
Tom se contuvo de bufar y rodar los ojos.
Regresó con sus amigos sintiendo que había vendido su alma al diablo por un mejor futuro, era como volver a tener esperanza de tener una relación sana con su madre, quién había estado misteriosamente desaparecida de su radar desde que sus amigas llegaron.
—¿Qué te dijo? —Harry es el primero en preguntar, casi saltando como un conejo.
—Me pagó por mi servicio en la tienda y acepté la plaza. —Tom estaba muy entusiasmado pero el abrazo demoledor de Harry lo hizo reír.
—¡Es genial! —El grito en su oreja casi lo deja sordo—. Y siempre puedes quebrar su reserva de sangre de unicornio si te hace enojar —susurra, haciéndolo sonreír.
Sus amigas le ven emocionadas y algo sorprendidas de las muestras de afecto abiertas y cómodas que comparte con Harry, Tom aun no es tan abierto con ellas. Pero Hannah es la primera que se acerca a darle un abrazo y eso detona a otros que vienen después.
Las vacaciones de Pascua resultan ser bastante buenas.
Snape lo mantiene en su oficina el martes, luego de su clase de pociones. Tom no tiene más lecciones ese día así que está a merced del hombre y ni siquiera es hora de almuerzo.
—He estudiado tu horario y lo mejor es que tengamos lecciones tres veces a la semana. Nos veremos los martes y cumpliremos un bloque de cuatro horas.
Sus ojos casi se salen de sus cuencas. Cuatro horas?!
—Tus clases tendrán un componente literario y práctico. Solo se te permite faltar en caso de enfermedad, tu ausencia por otro medio será reportado como una falta. Tres faltas y estás fuera.
—¿Qué otra cosa es considerado como una falta?
—Ignorar mis instrucciones y causar un accidente. No cumplir con la revisión del material de lectura que te asignaré y cometer errores que no estén al nivel de lo que te enseñaré. No tolero la mediocridad, la ignorancia y la falta de interés señor Riddle, espero lo tenga claro.
Él solo asiente.
—Nos veremos el viernes solo dos horas, durante tu hora libre antes de Astrología y los sábados en la mañana serán para revisión de material de lectura y estudio, será el día para hacer preguntas y presentar las asignaciones que te daré en el transcurso de la semana.
Estará bastante ocupado, Snape se está apoderando de espacios de libertad como un carcelero pero a su vez Tom siente un revoltijo en el estómago de emoción.
—En un futuro, cuando tenga la seguridad de que tienes la capacidad intelectual suficiente, te permitiré entrar a mis clases con los estudiantes de quinto año para que aprendas sobre el material de los timos y que me ayudes a orientar a los estudiantes. —A Tom le parece atractiva la idea—. ¿Ha quedado claro?
—Cada palabra.
—Bien, ahora te haré un examen para medir tus conocimientos teóricos y prácticos. En base a ello veré cómo orientar tu aprendizaje.
Tom saca su pluma y pergamino, ansioso ante la idea de mostrarle a ese baboso que sabe mucho más de lo que piensa.
El resto de Abril se desvanece deprisa entre las nuevas lecciones con Snape y las clases. Mayo llega con el polen que hace picar su nariz y las hermosas flores, aunque no es como si tuviera mucho tiempo para disfrutarlas. Tom ahora es un esclavo de los libros y el estudio, mucho más que antes, debe organizar su horario para poder rendir con todo: sus clases, las lecciones con Snape, pasar tiempo con sus amigas, elegir un nuevo destino para su viaje con Harry y además tener tiempo para escribirle a su madre y hablar con la tía Lily.
Snape no es tan terrible, luego de su examen el hombre parecía bastante complacido con él y eso se notaba en cómo le hablaba, Snape usaba términos que solo un experto en pociones o alguien muy adelantado en la materia conocía, apreciaba sus opiniones de la misma forma en la que derrumbaba sus creencias y conocimientos previos. No era ni de lejos su persona favorita pero Tom apreciaba la dificultad, el refrescante esfuerzo que su cerebro debía ejecutar para aprender era gratificante, como respirar aire fresco.
Odiaba admitir que Snape era el responsable de esa felicidad.
¡Hola cariño!
¿Cómo va la escuela? ¿Cómo van las lecciones de Snape? Estoy segura que le dejarás encantado con lo mucho que sabes, eres tan inteligente. Quiero darte las gracias por ayudarme a pagar la deuda con él, no debías hacerlo pero me alegra poder contar contigo, eres mi caballero de armadura brillante. Prometo que te lo devolveré mi Tom.
A Tom le dolió despedirse del dinero, eran veinte galeones que le habrían servido para comprar un regalo de cumpleaños para Harry o libros nuevos. Pero sabía que la deuda de su madre la perseguiría, aunque estaba seguro de que su tía Lily había hablado con Snape para disminuirla hasta convertirla en algo tonto y fácil de pagar.
Eso solo lo enojaba más.
Ignoró lo mejor que pudo su largo testamento hablando sobre la terapia y descubrió con decepción que la mayor parte de su carta eran más historias de su triste pasado que le daba más excusas para ganarse su lástima.
Espero que me cuentes todo sobre tus clases con Snape, estoy ansiosa por saber cómo te va.
Te ama, tu madre.
Decidió responder algo genérico que la mantendría feliz y siguió con su tarea.
Hola Tom, ocmo stas. genial yo, la tia neropee a bicitado lacasa y es bidertido
A Mar legusto su egalo espeero qie si la estraño mucho yaquieroque yegen las vasasiones para verlos a los dos
comote va em la escuela a mi terrible creoque no pobreir a howars soy muy tonto eso disen tobos perpoo la tia merepo diseque no losecuche y que zoy mui listo yo no creopero eya siempre lo rebite
Para Tom no había nada peor que las largas y complicadas cartas de su madre, llenas de errores ortográficos que corregía en su mente apenas leía, pero con Syl era aun más difícil. La caligrafía era un desastre, más parecido a rayones que a letras, la hoja estaba arrugada y sucia, incluso faltaba un pedazo que había sido arrancado, quizá no tenía suficiente papel.
Cada carta de Syl le permitía entender mejor a Marissa. Syl no era exactamente un chico listo, muchas veces ignoraba las preguntas de Tom, quizá porque no las comprendía o porque su capacidad de atención no era buena o quizá era una combinación de las dos.
No podía comprender su mente pero Tom podía reconocer patrones, había aprendido mucho al leer libros de psicología y era evidente que Syl tenía una leve discapacidad cognitiva, no era algo raro, su madre la tenía, Morfín la tenía, incluso ÉL era demasiado idiota, pero lo compensaba con su crueldad y maquiavelismo. Su primo no se había salvado de la herencia Gaunt pero contrario a espantarlo solo hizo que Tom se obsesionara aun más.
—¿Por qué lees libros de psicología?
La hora libre de los jueves, que Snape no le había robado, coincidía con la de Hermione, así que después de transformaciones ambos fueron a la biblioteca.
—Quiero ayudar a mi primo.
Los ojos de Hermione brillaron con interés.
—Oh, es muy lindo de tu parte. ¿Puedo ayudar?
Tom le pasó la carta más reciente de Sylvester pero antes de que su amiga la tomara la apartó.
—Esta es información confidencial. De acuerdo?
Su amiga agitó su cabeza arriba y abajo. Tom le cedió la carta.
—¡Oh! Esto me parece familiar. —Su cabello cubría casi por completo su rostro y Tom tuvo que apartar algunos mechones salvajes para poder ver la carta en manos de su amiga—. Mi primo West escribe así, tiene dislexia.
—Dislexia?
—Sí, las personas con dislexia tienen problemas para leer y escribir, incluso para concentrarse. —Mione parecía muy contenta de escupir la información como una enciclopedia.
Tom vió como un nuevo universo se abría en su cabeza.
—Puede que tu primo sea dislexico —razonó.
De inmediato se puso de pie, asustando a su amiga.
—Buscaré más sobre eso entonces.
Sabía que no debía buscar más cosas con las cuales ocuparse, pero ya que había abandonado la idea de leer más sobre la depresión -era depresivo hacerlo y comenzaba a perder la esperanza de ver un cambio-, Tom necesitaba llenar ese vacío con algo más. Definitivamente estaba loco, cualquiera pensaría que sus lecciones con Snape, sus clases regulares, su proyecto con Harry, su lectura sobre runas y el mantener una vida social era más que suficiente para robarle todo su tiempo, pero Tom se entretenía buscando más elementos para llenar esos pequeños momentos libres.
—Gracias Herm.
La dejó tirada en la mesa, sorprendida. Mientras se sumergía en las estanterías de la biblioteca.
Mayo se esfumó y Tom apenas pudo hacer una investigación que estaba cerca de lo mediocre sobre Noruega antes de enviar el diario de vuelta a Harry. Snape conspiraba para exprimir su ego y seguridad académica en cuanto a lo que pociones y herbología se trataba y sus debates con la enfermera de Hogwarts sobre la dislexia y posibles tratamientos mágicos lo dejaban drenado. Ni siquiera había tenido tiempo para pelear con Marissa porque apenas y la veía y cuando tenía tiempo de descansar sus amigas lo arrastraban fuera del castillo para hacer la tarea fuera porque: "Vas a quedarte tan pálido como un vampiro y no podemos permitir que tus hermosas pecas desaparezcan!". Tom se la pasaba tan cansado que permitía que Sue fuera todo lo mandona que quería con él.
Incluso se quedaba dormido muchas noches sin hablar con Harry, nunca habían tenido tanto tiempo sin hablar y sus manos dolían tanto por escribir que usaba su vuelapluma para charlar con Harry cuando el sueño no le vencía, Snape le prohibía usarla en sus lecciones.
"Escribiendo tu mismo se grabará mejor", decía el desgraciado, Tom tenía callos en las almohadillas de sus dedos gracias a él.
Pero a pesar del agotamiento mental y físico estaba satisfecho, estaba dispuesto a esforzarse al máximo para completar la malla académica y poder tener las vacaciones para sí mismo.
También descubrió que existían pociones para ayudar con la atención, creadas para magos que por ser distraídos causaban accidentes mortales, principalmente para trabajadores que dormían pocas horas, como los inefables.
Querido primo,
¿Cómo estás? He estado algo ocupado y no he podido escribir tan seguido pero he estado pensando en la forma de ayudarte con la escuela, verás Syl mamá tiene mucha razón al decir que no eres estúpido y esos imbeciles niños que lo dicen son unos bravucones que seguro tienen vidas miserables y por eso te molestan, tu solo pidelo y me encargaré de que no vuelvan a molestarte. Simplemente piensas diferente a los demás, como yo o como mamá, es algo de familia, somos diferentes y extraños, hablamos con serpientes, eso ya es bastante inusual, ningún otro niño en tu escuela puede hacerlo, o sí?
Lo que te envío es una poción que te ayudará a concentrarte mejor en la escuela y entender mejor, cuando inicie el verano te ayudaré a estudiar. Te he enviado una poción para cada día de la semana y el de color azul es un desintoxicante, debes tomarlo el sábado sin falta, de acuerdo? Sino te enfermarás, recuerdale a tu madre que debes tomarlo, es muy importante.
Cuentame como te va con la poción cuando la pruebes, espero que te sirva.
Te quiere, tu primo Tom.
.-.-.-.-.-.-
Hey tú, ¿hay alguien allí?
Hola Harry, lo siento he estado tan ocupado que en cuanto llego a mi habitación me quedo dormido.
Tom escribe sintiendo como sus párpados pesan y luchan por cerrarse.
Está bien, sé que Snape está exigiéndote mucho. ¿Cómo van las lecciones?
Es genial, odio admitirlo pero Snape es bastante bueno.
Tom estaba leyendo tres libros a la vez para seguirle el ritmo en las lecciones privadas, pero incluso en clase Snape le exigía más que a los demás, sus ensayos siempre debían ser más largos y detallados y sus pociones debían ser perfectas, Snape lo miraba como a un ratón de laboratorio. Hermione le pedía copias de los ensayos que Snape le asignaba leer y le ayudaba a estudiarlos en la biblioteca, la verdad es que era mucho mejor poder conversar con alguien y Mione era bastante lista.
Merlín, el mundo mágico va a colapsar, acabas de halagar a Snape?
Podría vomitar si debo repetirlo.
Pobre de tu estómago.
Pobre de mí, mis manos están cansadas, he pensado seriamente en adiestrar mi mano derecha para que escriba tan bien como la izquierda.
¿Puedes hacer eso?
Sí, pero llevaría demasiado tiempo acostumbrarme.
Tom bosteza al punto de que sus ojos se humedecen.
Tengo mucho sueño, te escribiré mañana.
De acuerdo Tom, ve a dormir.
El resto del año es igual, apenas y ve a sus amigas, apenas y habla con Harry. Snape le dispara información y tareas como un sádico psicópata de las pociones cuando Tom le expresa que no quiere clases durante las vacaciones, así que está viendo el contenido de un año escolar en cuatro meses.
Lastimosamente no logra completar la malla y Snape se lo notifica con una sonrisa vil y satisfecha en el rostro.
—Le enseñará a no ser un mocoso arrogante.
Sus palabras son como dagas en su pecho, aun cuando ha sacado calificaciones perfectas en pociones, mejores a las de su primer año y en todas sus materias le ha ido excelente, siente un vacío que lo carcome desde el pecho, está decepcionado, no puede creer que ha fallado en lo que mejor se le da.
—Deje de ser tan dramático, es imposible cubrir una malla curricular de diez meses en solo cuatro. Aunque su vanidad y soberbia le hayan dicho lo contrario.
Tom detesta al hombre, no puede ni siquiera imaginarse sacrificar su verano en un laboratorio de pociones con Snape.
—Nos pondremos al día durante el verano, tendrá más tiempo para enfocarse en estudiar y así quizá podamos cubrir lo que falta e iniciar el tercer año con la malla que le corresponde.
Tiene los puños tan apretados que sus uñas le lastiman la piel.
—Bien —escupe la palabra con los dientes apretados.
Snape cierra su maletín, el laboratorio se ve más vacío ahora que el verano está por comenzar.
—Tendrás cinco días de descanso, te daré lecciones en mi casa, en mi laboratorio.
—Pensé que me daría clases en la tienda.
—Eres un estudiante, si los aurores te ven o alguien denuncia tu presencia, el ministerio caerá sobre nosotros de inmediato por tener a un niño en el laboratorio, podrían cerrar nuestra tienda por un tiempo.
Perfecto, más cosas que sumar a la lista de los errores de su madre y de los suyos.
—Entiendo.
Lo último que necesitaba era estar en el territorio del murciélago hediondo y malhumorado de Snape.
—Y le recuerdo señor Riddle que soy un excelente legilimante.
—Y yo le recuerdo a usted que es ilegal usar legilimancia con un estudiante. —Tom toma su bolsa y se la pone sobre el hombro. No es la primera vez que Tom insulta a Snape en su mente, por alguna razón el maestro aun no lo ha corrido de su laboratorio, Tom deseó un par de veces que eso sucediera.
—Nos vemos pronto señor Riddle. —Tom odia saber que Snape ha ganado su debate, solo por esa estúpida sonrisa de suficiencia que le muestra.
—Desgraciadamente —murmura, tan bajo que Snape no puede escucharlo.
Tom desea que el viaje en tren sea eterno, tanto que al bajarse sea momento de iniciar el tercer año, lo lamentaría por no lograr ver a Harry y sus tíos pero la simple idea de toparse con el departamento sucio y maloliente le revuelve el estómago. Además de volver a convivir con su madre, es aun peor por el hecho de que no podrá ir a Francia estas vacaciones gracias al desgraciado de Snape.
—Tom? ¿Estás bien? — Han, quién usó su hombro para dormir al menos una hora, le habla al verlo tan ensimismado.
—Tendré que quedarme este año en Gran Bretaña, no logré terminar la malla curricular con Snape.
Su amiga hace una mueca de compasión que le molesta.
—Lo lamento mucho, pero mira el lado bueno: podremos visitarte estas vacaciones.
Tom trata de no mostrarse poco entusiasta.
—Wow, al menos disimula un poco mejor tu decepción. —Su amiga no parece molesta, es algo bueno—. No dijiste que tus tíos y Harry vendrían este verano?
—Eso dijeron.
Pero Tom casi no había hablado con su tíos de lo ocupado que estaba y sus conversaciones con la tía Lily eran mayormente académicas porque Tom disparaba preguntas como bludgers con un pergamino abierto y una pluma apoyada en el papel. Ni hablar de Harry, su amigo había escondido cartas con mensajes de apoyo en el diario de campo porque Tom estaba tan cansado entre semana que se quedaba dormido sobre el diario de doble vía.
—Pues entonces vendrán. —Hannah le restó importancia encogiéndose de hombros.
—Eso espero. —Tom necesitaba un lugar seguro, limpio y sin drama para descansar.
Hannah lo abrazó con ternura, impregnando su uniforme del calor acogedor de su cuerpo y del perfume de lavanda, a Tom le gustó que fueran los únicos despiertos en el andén y que de todas Hannah tuviera esa conversación con él. Sue era muy invasiva, Hermione igual de bruta que él con las emociones pero Han era dulce y comprensiva.
Tom supo que todo se iría a la mierda cuando vió a su madre sola en el andén, su ropa estaba sucia y arrugada y Tom la arrastró de la mano con rapidez para que nadie más la viera, no supo si era por vergüenza o en su intento de proteger a su madre de las miradas del público.
—Becca te envía una disculpa, el trabajo se complicó —explica su madre al abrir la puerta.
El departamento lo recibe con un olor agrio y ácido a vinagre, es tan intenso que hace que sus ojos lagrimeen. Tom prefiere no detallar demasiado el desastre.
—No pudo ayudarme a limpiar, ha tenido mucho tiempo afuera. He estado alimentando a Leviatán mientras tanto.
Por Merlin, Tom esperaba que el pobre gato estuviera con vida.
—¿Tienes hambre? Te hice la cena.
Tom no tuvo más opción que entrar, algo en el suelo se pegaba a sus zapatos con cada paso que daba hacia la cocina. La mesa estaba limpia y decorada con un mantel blanco que solo tenía una mancha amarilla que parecía mal lavada, había velas encendidas para iluminar la oscuridad del departamento y seis platos sobre la mesa que no olían muy bien. El aroma a vinagre y leche rancia era más potente allí.
—Son patatas al vinagre y pollo asado con salsa de champiñones. —Su madre hablaba con emoción y ojos brillantes de emoción—. También hice ensalada! —. Lo empuja con sus manos para que se siente y él trata de no hacer una mueca cuando siente la silla pegajosa en su trasero.
Observa con el estómago revuelto como le sirve en su plato una pechuga quemada bañada en salsa que hierve y parece burbujear, la ensalada no se ve mejor, la lechuga parece haber perdido su frescura y las patatas huelen tanto a vinagre que hacen que la bilis le suba a la boca.
—Un festín para el mejor estudiante de Hogwarts y el mejor aprendiz de pocionista de Gran Bretaña!
Tom desea corregirla, no era el mejor, Snape estaba acabando con él, su seguridad y orgullo habían durado muy poco cuando la carga académica subió al punto de consumirlo.
—No te gusta? —Su madre suena triste y decepcionada, como si estuviera a punto de echarse a llorar.
Tom no puede ver su rostro, pero de seguro su nariz está arrugada ante el penetrante olor del vinagre y su rostro verde del asco.
—Me encanta, gracias por hacer la cena mamá. —Se obliga a sonreír al mismo tiempo que se infunde de valor para llevarse a la boca la cena.
«Merlín dame fuerzas para comer esto», rogó.
—¡Bien! ¡A comer entonces! Quiero saberlo todo, cómo te fue con Snape? Estabas tan ocupado que casi no escribiste! —Su madre está tan ocupada interrogándole que no nota como Tom hechiza su comida para que desaparezca su sabor y olor, quisiera poder cambiar la apariencia para que fuera más sencillo de masticar y tragar.
Tom toma una patata, ya que parece ser lo más sano entre todo lo demás y se la lleva a la boca, manteniendo los ojos en su madre para no hacer una mueca de asco.
—Es agotador y exigente, no logré completar la malla curricular.
Su madre parece muy contenta de escucharlo.
—¡Eso significa que pasarás las vacaciones aquí!
—Ajá. —Traga otra patata.
—Prueba tu pollo Tom, las patatas no van a llenarte el estómago. —El tono jocoso de su madre le hace imposible rechazar el tenedor que le empuja a la boca. La salsa gotea del pedazo de pollo como grumos de una poción multijugos y Tom siente que podría vomitar.
Abre la boca y lo mastica solo dos veces antes de tragarlo.
—¿Qué tal está?
—Está bueno. —Sus ojos se llenan de lágrimas ante el asco, el pollo se siente viscoso y gomoso en su lengua.
—Es algo bueno pasar las vacaciones aquí. Podrás ver a Becca cuando llegue del trabajo y ver a tus primos, Sylvester te extraña mucho.
Su madre continúa hablando y haciendo preguntas y Tom se concentra todo lo que puede en la charla para no pensar en que está comiendo comida podrida y quemada, no ayuda que pueda oler la comida de su madre cada que ella toma un bocado. El sonido de sus dientes al masticar y la forma en la que traga le revuelve el estómago hasta que no aguanta más.
—La verdad... —Tom interrumpe la perorata de su madre—. Es que comí en el tren y estoy algo lleno.
—Oh. —Su madre se desinfla como un globo por unos segundos antes de sonreír. —No importa, lo guardaré para mañana.
«Definitivamente no».
—De acuerdo. —Tom sonríe con alivio mientras su madre retira su plato—. Iré a darme una ducha.
Tom entra al baño e insonoriza la habitación de inmediato, se deja caer en sus rodillas y vomita en el inodoro hasta que lo único que sale es la amarga y caliente bilis.
No se salvó de la limpieza, Tom descubrió para su horror que el baño olía a pis y excremento, las baldosas de la ducha estaban mohosas y de un tono amarillento que le revolvió las entrañas. Mejor no hablar del inodoro.
Usó su magia para limpiarlo todo y luego de media hora finalmente tuvo el valor de darse una ducha, con todo su cuerpo temblando de asco y estremeciéndose al tocar con los pies descalzos el suelo.
—Tom? ¿Estás bien amor? —La voz de su madre se filtró por la puerta del baño.
—Bien, solo estoy limpiando un poco.
—¡No lo hagas! Ya me encargaré yo, estás cansado por la escuela.
«Ni loco te lo dejo a ti», pensó con rabia.
—Cuando salga limpiaré la sala. —Aunque la idea de toparse con cucarachas o ratas le repugnaba, pero ni loco iba a dormir con la casa hecha un desastre.
—Tom... Yo puedo hacerlo. —Se lamentó.
«¿Cuándo lo harás?! Cuando el departamento se caiga a pedazos?», Tom solo puede recriminarle en su mente, lo último que desea es pelear cuando acaba de botar litros de vómito en un inodoro mugriento.
Él abrió la puerta.
—Lo haré yo —espeta y si su voz suena molesta su madre no lo comenta.
Limpia la sala y cocina bajo la mirada atontada y avergonzada de su madre. Ratas salen debajo del mueble y su madre grita mientras Tom les dispara hechizos punzantes, todo el ruido le estresa y enloquece, haciéndolo limpiar con rabia y brusquedad. Tira a la basura unas cortinas raídas por polillas y ratas, cojines del mueble, mantas llenas de orina de rata e incluso ropa sucia en el suelo.
—¡Esa es mi ropa! —Su madre corre a proteger la pila inmunda de ropa arrugada y apestosa que Tom levita a una bolsa plástica.
—Está sucia —señala con disgusto.
—¡Pues la lavaré! —masculla con indignación.
Su madre toma en brazos la ropa como a un bebé desgarbado y frágil. Tom desea quemarla hasta que no quede ni el polvo.
—¿Cuándo?! Igual que has lavado los platos? o como has limpiado el piso y los muebles? —Le recrimina.
Los ojos saltones de su madre se humedecen de lágrimas.
—No es mi culpa estar enferma Tom —susurra con voz lastimera.
Tom cierra los ojos y respira profundo.
—Vas al psicomago dos veces a la semana —puntualiza.
—Y por eso debería estar bien?!
«Es la idea».
—Se supone que vas para sentirte mejor.
—¿Crees que es muy fácil?! No sabes por lo que he pasado!
—Sí, sí lo sé. Me lo cuentas en cada carta que envías y sé que es una mierda mamá pero cada día estás peor, no puedes seguir así.
«Yo no puedo seguir así».
—¿Crees que quiero estar así?! Lo intento Tom! Te hice la cena y arreglé la mesa para ti.
Sabe que no debe decirlo, no debe, no lo digas Tom Riddle...
—La comida estaba podrida mamá.
—Eres un ingrato, un malagradecido! —chilla mientras tira la ropa como un niño haciendo una rabieta—. Ni siquiera mereces que te haga una cena de bienvenida. —Camina a la cocina y tira de la puerta del refrigerador, abriéndola con brusquedad—. ¿Quieres comer rosbif y caviar? Bien!
Saca el plato de cristal en donde ha guardado la comida, se ve aun peor que antes y Tom no quiere escuchar esa voz en el fondo de su cabeza que le advierte sobre lo que hará con esa cosa.
—Mamá...
—Vete con los Potter y finge con ellos que eres un buen hijo —sisea. Sus ojos castaños son como los de una serpiente furiosa—. Yo sabré la verdad y me quedaré aquí hasta que se den cuenta de lo desgraciado y miserable que eres.
Le lanza al plato a sus pies y Tom no se inmuta, ni siquiera al sentir como algunos trozos del plato han raspado sus tobillos. El hedor de la comida podrida impregna la sala y la humedad de la salsa le empapa los zapatos.
Tom siente como su corazón se detiene ante el shock, el sonido parece desvanecerse y todo a su alrededor da vueltas hasta que un empujón de su madre lo obliga a tambalearse, pisando la comida y los cristales rotos.
—¿Quieres limpiar? Bien, házlo —gruñe en su oreja, escupiendo saliva en la piel sensible, que se eriza y estremece.
El sonido de la puerta de su habitación estampándose contra el arco y las bisagras se escucha como un derrumbe en el pequeño departamento. Odia como su madre logra que se quede de pie como un idiota por tanto tiempo que sus pies duelen, detesta el miedo que le hace sentir, como puede hacer que se vea tan pequeño y frágil y como puede convertir algo malo en algo aun peor.
«Desgraciado. Miserable. Desgraciado y miserable. Eso soy para ella», las palabras le dan vueltas mientras las lágrimas caen silenciosas y calientes, mojando sus mejillas, barbilla y cuello.
—Te..Tergeo. —Su mano tiembla tanto que el hechizo no funciona. Tom no puede soportar el olor, no puede con la humedad viscosa en sus pies, no quiere ver el cristal roto y recordar las palabras que su madre escupió como una maldición. —Tergeo—. Le ordena a su magia expandirse y succionar la suciedad pero aun queda un poco, su voz es tan débil que su magia no está convencida de trabajar. —Tergeo! —grita y la madera del suelo se levanta ante la fuerza de su magia.
Tom cierra los ojos y levanta su cabeza al techo del departamento, como un pobre diablo que está a punto de ahogarse.
—Mierda! Mierda! —grita y pisotea la madera y rompe aun más el suelo, no le interesa hacer ruido, quiere que lo escuche destrozar su maldito y asqueroso departamento. Los gemidos de su llanto son tan audibles que no puede continuar ignorándolos.
«Qué más quieres de mí?!» gritó fuerte en su mente.
Una vez que está más tranquilo Tom decide que prefiere dormir en la puta calle que en casa, toma su baúl y apunta al estúpido hueco en el suelo con su mano izquierda temblando.
—Reparo —ordena a su magia expandirse con brusquedad, con rabia, lastimándola y enfureciéndola. Pero lo escucha y es lo único que le importa.
Sale de la casa con un portazo igual de fuerte y la madera de la puerta se astilla. A él no le interesa. Sube las escaleras y fuerza las cerraduras mágicas de Becca por unos minutos hasta que se abre la puerta y Leviatán corre a recibirlo como una arpía furiosa.
—Hola Levi. —Tom lo recoge del suelo y cierra la puerta tras de él. Milagrosamente todo está limpio, probablemente Becca le está pagando a alguien para que limpie.
Va directo a la oficina de Becca y se acuesta a dormir en la pequeña cama que ha dejado para él, con Leviatán ronroneando sobre su corazón que no parece entender que no está en un maratón.
Tom ignora los golpes de su madre en la puerta de Becca toda la mañana hasta que finalmente se rinde.
El diario de doble vía quema en el bolsillo de su pantalón como un carbón ardiente, Tom solo lee cada mensaje de Harry sintiendo su cuerpo anestesiado. Ha llorado toda la noche y su estómago es un desastre que se retuerce y estremece, clamando por vaciarse incluso cuando Tom no tiene más que agua limpia dentro.
Hola tú, ¿vendrás a casa cuando lleguemos o quieres que vaya a buscarte? Te extraño demasiado así que si no te veo en los primeros diez minutos de mi llegada a Londres voy a enloquecer.
Tom desea que su mejor amigo pueda llegar hasta él y sacarlo del departamento de Becca, era como si su alma anhelara su compañía y su mente se negara a mover su cuerpo.
Hey, está todo bien?
Se arranca el anillo de inmediato al leer el siguiente mensaje. ¿Por qué siempre olvida quitárselo?
¿Quieres que vaya por ti?
Tom aprieta el libro entre sus manos hasta arrugar las hojas, un poco más y va a rasgarlas.
Está bien, prometo no preguntar nada, solo responde, si? Prometo no decirle a mamá o papá.
Él sólo desea paz y tranquilidad, brazos confiables que lo sostengan. Alguien que no le haga sentir como un miserable y desgraciado monstruo.
Estoy en el departamento de Becca.
Garabatea con la mano temblando.
De acuerdo, iré por ti.
Tom aguarda frente a la chimenea sintiendo el cuerpo helado y con unas náuseas terribles. Harry llega con un estruendo y una explosión de polvo de colores, se tambalea fuera de la chimenea y de inmediato lo encuentra con la mirada. Tom podría perderse en las hojas frescas de sus ojos, pacíficas, hermosas y llenas de vida.
Su amigo se acerca y arrodilla a su lado, sus ojos le escanean como lo haría una madre preocupada y percibe cómo se llenan de rabia y tristeza, pero Harry cumple su palabra y guarda silencio mientras lo rodea con sus brazos, sosteniéndole y apretandole de una forma que saca todo el dolor que hay en su pecho como un exprimidor de jugo.
Si Harry pudiera se llevaría a Tom lejos de todos, borraría de su mente los malos momentos y dejaría el amor que él y sus seres queridos le daban a diario, si solo fuera más grande... Harry lo alejaría del monstruo que era Merope Gaunt y nunca más le permitiría ver a su querido Tom.
Si su obstinado y amoroso amigo se lo permitiera Harry lo arrastraría a Francia a como diera lugar. No podía entender por qué deseaba quedarse en un lugar en el que era infeliz, cómo era que no podía ver lo desalmada y egoísta que era su madre. Aunque Tom lo sabía, quizá no con la misma profundidad que él, pero lo sabía e incluso así seguía intentando complacerla, amarla y ser el mejor hijo. Era injusto que el bueno de Tom sufriera por alguien que no le amaba y valoraba lo suficiente.
El llanto de Tom era desesperante, hacía que lágrimas salieran de sus ojos y que su corazón doliera, pero estaba tan asustado de decir algo que pudiera alejarlo que Harry solo lo apretó más fuerte mientras Tom se estremecía con el rostro enterrado en su cuello, gimiendo de una forma que lo llenaba de furia y deseos de desaparecer a esa mujer de la faz de la tierra.
«Tom me perdonaría, después de un tiempo». Se convence.
Sabe que se ganará un buen castigo cuando su madre descubra que se fugó de casa pero no le interesa, Tom le necesita y él estará allí para su amigo.
Cuando Tom se calma Harry logra convencerlo de ir a casa, su amigo se deja llevar por la mano que tira de él a la chimenea y luego escaleras arriba en la mansión. Gracias a Merlín su madre tiene visitas y ambos logran evadirla para que no vea la cara manchada de lágrimas de Tom.
La ropa de Tom huele mal y está manchada de polvo, sus pantalones, calcetines y zapatos están llenos de algo viscoso que apesta en cuanto Harry retira la ropa. Detesta el silencio de Tom, como no se opone a ser tratado como un muñeco de plástico por él, extraña su picardía y comentarios irónicos e intelectuales. Tom parece estar muerto en vida y Harry lo odia, lo odia tanto que tiene ganas de llorar.
—Vamos a darte un baño, ¿quieres? —habla con dulzura mientras acaricia sus manos. No lo forzará si dice que no.
Tom solo asiente
—Bien, vamos.
Harry no es exactamente el más pudoroso pero Tom lo es en exceso y el hecho de que no le importe que Harry esté mirándole desnudo le preocupa y le arruga el corazón. Desea tanto usar su don y ayudarle a sentirse mejor, pero ahora que sabe más sobre los sentimientos y la importancia de experimentarlos se contiene de hacerlo, no lo hará a menos que Tom se lo pida o si lo ve necesario.
El pelinegro le lava el cabello y le pasa el jabón cuando Tom demuestra que ni en broma dejará que le restriegue el cuerpo, lo que alegra un poco a Harry. Al salir de la bañera se seca por su cuenta con una toalla, no con magia como suele hacer, y se viste con una pijama.
—Bien, vamos a dormir —ordena.
No es una sorpresa que Tom se duerma de inmediato, las ojeras debajo de sus ojos eran de un tono morado enfermizo y opaco. Harry emanó tranquilidad como una fuente hacia él para que su descanso no se interrumpiera por pesadillas y se dedicó a mirarle dormir en silencio, funcionando como una antorcha de paz hasta que el cansancio mágico le hizo caer rendido.
Milagrosamente nadie pregunta sobre la llegada de Tom, sus tíos lo saludan con abrazos apretados y besos en el rostro que le hacen sonreír, pero no hay comentarios ni interrogatorios. Quizá se deba a Harry, Tom podría apostar lo que sea a que les ha advertido a sus padres sobre no molestarlo demasiado, eso solo le hace sentir peor, como si tuviera una roca enorme en la espalda que amenaza con romper su columna y arrojarlo al suelo pero todos pretendieran no verlo para no incomodarlo.
Harry lo lleva al jardín luego del desayuno, que Tom pudo comer luego de que la tía Lily le diera una poción para su dolor de estómago.
—Les dijiste algo? —pregunta.
Harry niega con la cabeza, se ve muy serio, mayor de lo que realmente es y Tom siente culpa por siempre llevar preocupaciones a su amigo.
—Solo que te sentías algo mal y que fuí a buscarte a casa porque soy un amigo irritante e impaciente.
Tom está seguro que sus tíos no le creyeron, por la forma en la que le miraron en el desayuno, pero aprecia como los Potter le dan su espacio y hacen todo lo posible por hacerle sentir cómodo.
—Eres el mejor amigo que existe —dijo, con la vista clavada en el césped debajo de sus cuerpos.
Su amigo se inclinó para abrazarlo.
—Lo sé, tú también lo eres —susurra en su oído.
«No lo soy».
Harry tomó su rostro entre sus manos y le obligó a mirarle a los ojos.
—Eres genial, eres listo, gracioso y tienes el corazón y ternura de un gatito. —bromeó con lo último—. Eres mi mejor amigo en el mundo, solo mío y eres perfecto tal y como eres.
Tom siente como su boca se estremece, tratando de contener un puchero, pero sus ojos se nublan ante las lágrimas.
—Gracias Harry.
Su amigo le guiña un ojo.
—Ni siquiera lo menciones.
Pero Tom lo hace, en silencio, cada que Harry inventa una nueva actividad para distraerlo, cada que hace una broma que le saca una sonrisa, cada que le toma de la mano o abraza con dulzura. Logra sobrevivir a su segundo día de vacaciones ileso gracias a él, pero la ponzoña de su madre aun arde en su pecho, como veneno de serpiente.
Las cartas de su madre comenzaron a llegar al tercer día, Tom no quiso leerlas y Harry las tomaba de sus manos cuando veía cómo las manos le temblaban al recibirlas de Nero. No preguntó qué hizo Harry con ellas, en cambio se dedicó a comer y dormir hasta el día previo al inicio de sus clases con Snape.
—¿Te dará clases en su casa? —La tía Lily le sirvió un plato de lasaña que olía exquisito y no se veía como baba de troll.
—Sí, no pude terminar la malla curricular en Hogwarts, así que me dará clases particulares para iniciar el segundo año sin problemas.
—Y solo te dió cinco días para descansar? Es un dictador —Su tío James se quejó con la comida en la boca.
—No hables con la boca llena James —riñó la tía Lily y Tom no pudo evitar sonreír— Bueno entonces te llevaré mañana, te dijo que necesitas comprar algún ingrediente?
Tom frunció el ceño.
—No.
Su tía se mostró asombrada pero complacida.
—Bueno, entonces está bien.
—¿Por qué? ¿Debería llevar mis ingredientes?
—Bueno.. —Su tía corta un pedazo de lasaña con una sonrisa satisfecha en su rostro—. Usualmente le pide a sus estudiantes llevar sus ingredientes.
—Entonces debo llevarlos?
Su tía negó con la cabeza.
—Si no te lo ha pedido no veo por qué deberías. —Se encogió de hombros.
—No quiero iniciar mis lecciones con un regaño —explicó.
—Si te regaña le diré que deje de ser un gruñón insoportable. —Le tranquiliza su tía mientras le guiña un ojo.
—Puedes quedarte el resto de la lección si le dices eso? —pide y Harry y el tío James se ríen.
—¡Vamos! Severus no es tan malo.
Los tres hombres en la mesa la miran como si tuviera un cuerno de errumpent en la frente.
—Lo que hace la amistad... —masculla su tío.
Harry a su lado suelta una risita.
—Debo hablar sobre esa vez que Remus arruinó mi jardín porque lo invitaste a pasar la luna llena en casa? —amenaza su tía.
Su tío niega con la cabeza y se mete a la boca un trozo enorme de lasaña. Tom no puede evitar reírse.
Snape abre la puerta vestido con jeans y un suéter verde oscuro que cambia la química cerebral en la cabeza de Tom, quién no puede imaginar a su profesor con algo más que no sea una túnica negra y larga que le hace ver como un murciélago.
—Hola Sev. —Su tía lo abraza y Snape parece una persona real por primera vez al sonreír un poco y responder al abrazo con entusiasmo.
—Lily, debí suponer que querrías acompañar a Tom en su primera lección de verano. —Snape le clava sus ojos negros llenos de satisfacción morbosa por tenerlo encerrado durante el verano.
—Bueno también quería verte, desde que me mude a Francia no hemos tenido tiempo para ponernos al día. —Su tía le empuja hacia el interior de la casa y Snape cierra la puerta.
La casa dentro es acogedora, luminosa y con paredes de piedra y muebles de madera oscura. Los muebles de la sala son de un tono marrón oscuro con cojines color crema y la cocina, de concepto abierto, está justo frente a la sala, con un largo mesón de piedra pulida y detrás una cocina eléctrica y muggle bastante moderna. Tom no logra hacer que el hombre encaje en la casa, se esperaba una cueva oscura y llena de telarañas, paredes con olor a pociones y un clima frío y desesperanzador.
—¿Sorprendido? Es linda no? —La tía Lily parece burlarse de él, como si pudiera leer sus pensamientos.
—Lo es.
—Bueno, te mostraré el laboratorio y el baño, el resto de la casa es zona prohibida. —Parece que al imbecil no le importa la presencia de su tía para tratarle mal.
La salamandra con patas los lleva por un pasillo amplio que alberga tres puertas, Tom supone que son cuartos y el baño, hasta unas escaleras que llevan a un sótano que tiene el aspecto tenebroso que Tom estaba esperando. Paredes oscuras, ausencia de ventanas y luz que proviene de antorchas pegadas a la pared, el espacio es amplio y definitivamente debe estar bajo runas de expansión porque es imposible que una casa tan pequeña tenga tanto terreno. Snape tiene dos mesas largas de piedra pulida y tres cocinas separadas por un espacio de un metro, luce como un salón de clases más que un sótano de preparación de pociones hogareño. Al costado izquierdo hay una estantería tallada en piedra con frascos de todos los tamaños llenos de ingredientes etiquetados con letra prólija y grande, al fondo hay una pizarra y un escritorio mucho más moderno que el del aula de pociones.
Está ordenado y limpio, pero tiene un tinte medieval y tétrico que le desagrada, Tom prefiere el laboratorio luminoso de su tía Lily.
—Te quedarás para la lección? —pregunta Snape a su tía.
—Solo un rato, quedé con mis padres a las diez.
El murciélago asiente.
—Bien, toma asiento donde quieras.
Snape la despacha de inmediato para centrar su atención en él.
—De acuerdo señor Riddle, el bloque que estudiaremos las siguientes tres semanas será: hechizos curativos de segundo nivel. Estos, a diferencia del bloque anterior, están enfocados a tratar enfermedades y afecciones mágicas complejas provocadas por ataques de animales u hechizos que busquen provocar daño grave y físico. Ya aprendimos sobre las pociones que ayudan a recuperar y restablecer la salud en casos no tan complejos.
Tom sacó de su bolsa un pergamino y la lapicera que Marissa y Syl le habían regalado, tomó asiento en la silla más cercana y comenzó a escribir.
—Hoy estudiaremos una poción que es capaz de restituir el tejido, aunque ya existen algunas que pueden hacerlo, como la crecehuesos, pero ésta tiene la facultad de restituir cada uno de los tejidos lesionados a la vez que trabaja como un antídoto para venenos de especies mágicas como la acromántula, las arpías e incluso algunas plantas como la tentácula venenosa o el hongo de la muerte.
Tom anotaba furiosamente cada palabra.
—Esta poción tiene una enorme complejidad, porque es la única poción que puede proporcionar un antídoto a cualquier veneno letal sin importar la especie, de hecho la poción es un ente vivo y pensante que al ser consumido por el mago mutará en el organismo para combatir el veneno. —Los ojos de Snape brillan, como cada vez que explica una poción que le parece fascinante—. Es una obra maestra. Su nombre es vivus restituere, porque se le considera un restituyente vivo, aunque también le llaman sustituyente, por su capacidad de sustituir el tejido y sembrar nuevo.
—No es muy avanzado para Tom, Severus? La vivus restituere es difícil de preparar, ni siquiera está en el plan escolar de Hogwarts.
Snape voltea a ver a su tía con una mirada de molestia por ser interrumpido.
—Hablamos de dificultad frente a un estudiante que realizó a la perfección una poción herbovitalizadora con solo trece años? —El murciélago levantó una ceja con pedantería—. No espero que lo haga bien, pero cada estudiante tiene un plan de estudio diferente, adaptado a sus capacidades.
—No es una poción curativa de segundo nivel y lo sabes perfectamente —debatió su tía.
Tom se sentía muy halagado y algo molesto por la forma en la que Snape miraba a su tía como si fuera una tonta. Pero que el insulso de Snape creyera que era capaz de hacer una poción tan avanzada lo hacía sentir orgulloso y le subía puntos a su ego.
—No aprenderá esa poción en una semana, si lo haces aprenderla no podrás completar la malla curricular en vacaciones —continuó discutiendo, con el ceño fruncido y brazos cruzados. Se veía enojada.
—El señor Riddle tiene conocimientos variados, es capaz de hacer pociones de nivel timo y éxtasis, no es un alumno común al igual que su educación no sigue un parámetro específico como otros estudiantes. No le has enseñado tú pociones de complejidad superior? Le exigiré hasta que no pueda seguir el paso, de nada le servirá aprender pociones que podrá realizar por su cuenta, sin supervisión. —Su tía permaneció muda en su silla—. Y si te preocupa el tiempo... El señor Riddle tendrá tiempo suficiente para ponerse al día, habiendo iniciado su formación siendo tan joven —expuso Snape sin perder su normativa expresión de asco. —¿Puedo continuar mi clase ahora?
Su tía asintió perpleja.
Snape se volteó para mirarle de nuevo y continuó hablando:
—La vivus restituere, a pesar de ser extremadamente beneficiosa, causa un consumo importante del núcleo mágico del mago por lo que no es ni será utilizado en niños, muggles, squibs o magos cuyo núcleo mágico no sea lo suficientemente resistente. De otro modo causará la muerte. —Tom asintió tras una mirada de Snape que decía: ¿comprendes? —. Usualmente se induce al mago en un coma mágico mientras la poción hace efecto, así se reduce el gasto energético del núcleo y la poción puede alimentarse de él sin problemas mayores.
Tom ya podía sentir como la parte nerd de su cerebro chillaba de felicidad, la lección de pociones con Snape había logrado que la antipatía que se había apoderado de él se marchara, era como una inyección de poción energizante directo en sus venas.
—Ahora, antes de enseñarte los ingredientes y la preparación deberás aprender sobre anatomía y fisiología, debes comprender cómo funciona el cuerpo de un mago y qué es realmente el núcleo mágico. Una vez que lo aprendas te enseñaré cómo funciona la poción y luego cómo hacerla —Snape le dirigió una mirada maliciosa, la clase de mirada que le dejaba en claro a Tom que no se la pondría fácil—. Una vez que lo grabes en tu cerebro te permitiré prepararla, entendido?
—Sí señor.
—Bien. Te daré un resumen del contenido que debemos abordar este verano para completar la malla curricular y entonces comenzaremos la clase propiamente.
Snape caminó hacia una pizarra en el fondo de la pared y tomó una tiza blanca para escribir.
—Estudiaremos pociones para sanar quemaduras por ácido, fuego y veneno, obviamente provocadas por especies diferentes. —Escribió cada palabra dándole la espalda.
Su tía Lily levantó los pulgares cuando volteó a verla, una enorme sonrisa adornaba su rostro. Tom sintió que el estómago se le revolvía y sus ojos humedecerse un poco, junto con el recuerdo de las palabras de su madre.
No, no podía pensar en eso en medio de una lección con Snape. Respiró hondo y volvió la atención a la pizarra.
—Luego iremos con amputaciones. La esencia de dictamo entra en esta categoría, es la más sencilla de todas, ya que su efecto se limita a la piel, permitiendo que crezca tejido nuevo y resistente de inmediato. Es utilizada principalmente en casos inofensivos de despartimiento. —Tom no podía creerlo, era todo tan interesante—. Pero en casos de amputaciones traumáticas y agresivas, por ataques de criaturas mágicas, hechizos mal ejecutados o pociones mal elaboradas, se utiliza un ungüento para juntar nuevamente dos o más piezas del cuerpo.
Snape continuó hablando del contenido mientras Tom anotaba furiosamente en su hoja. Una vez que terminó borró la pizarra de inmediato, era tan imbécil que no permitiría que Tom tuviera un segundo vistazo si le había faltado algo.
—Ahora hablemos de la anatomía del cuerpo mágico...
La tía Lily se fue en medio de una lección interesante pero intelectualmente profunda y pesada del tejido cutáneo y Tom se quedó escribiendo sobre las capas de la piel, las células cutáneas y una molécula adicional que le permitía a la piel del mago ser más elástica y compatible con la magia.
Cuatro horas después Tom sentía el cerebro entumecido de tanta información, el cabrón de Snape había hablado sobre la piel, ligamentos y tendones en solo cuatro horas y le había dejado de tarea completar los demás para la siguiente clase, amenazando con un examen para medir su conocimiento antes de comenzar con el tejido óseo, muscular y cartilaginoso.
Iba a morir. Pero al menos no tendría tiempo para pensar en su madre, lo cual era genial.
—¿Cómo te fue en tu clase?
Gracias a Merlín la tía Lily llegó puntual por él o su nariz habría comenzado a sangrar.
—¿Puedo llamarle clase? Se sintió como un fusilamiento —se quejó mientras su tía Lily se reía y acariciaba su cabello.
—Tan malo fue?
—No, Snape es un buen profesor —gruñó, se estremeció de disgusto por decirlo en voz alta.
Su tía volvió a echarse a reír.
—Veo cuánto te cuesta admitirlo.
Tom la miró de reojo.
—No le digas al tío James que alabé a Snape.
Su tía sonrió y negó con la cabeza.
—Tranquilo, mantendré viva la imagen de chico dorado de tu tío.
Él amaba hacerla reír, por primera vez en días sentía que volvía a ser él mismo.
—Es solo que Snape piensa que el cerebro humano es capaz de tragar información como una máquina, sin descanso, por horas! —continuó quejándose.
—Snape es muy apasionado y se entusiasma mucho más cuando tiene estudiantes tan buenos.
Tom bufó.
—Siempre está diciendo que soy un idiota con infulas de grandeza.
—No escuchaste cómo alabó tu capacidad para hacer pociones? Sabes que Snape no te está enseñando pociones sencillas, verdad?
—Es solo porque disfruta torturándome —refutó.
Su tía suspiró, detuvo su andar y le tomó de los brazos con suavidad.
—Tom... ¿Sabes cuántas veces Severus le ha pedido a un estudiante ser su aprendiz? —inquirió.
—No.
—Nunca. —dijo con seguridad—. Los que consiguen la plaza son chicos que le acosan por meses y usan todos los contactos necesarios para que Severus los acepte y aun así la mayoría no termina la tutoría. Sev los echa por ser incompetentes —alega con los ojos destellando de emoción—. Pero a ti te lo pidió, dos veces! Nunca en todos nuestros años de amistad lo he visto mostrar interés por un estudiante. Severus nunca te dirá directamente que eres el mejor aprendiz que ha tenido, ni que eres listo, pero lo demostrará exigiéndote. Si te está enseñando pociones que son de nivel universitario es porque cree que puedes hacerlo, no porque quiera hacerte la vida imposible —Su tía hablaba con un fervor que era contagioso.
Tom podía sentir como sus palmas sudaban y su corazón latía como loco de la felicidad.
—Así que no te lo tomes literal cuando te llame idiota, es su forma de decir que está orgulloso de ti.
Qué acaso jugaba con su madre a ser el más abusivo con él?
«No vayas por ahí, además.. No importa lo que piense Snape de ti», pensó.
—Bonita forma de decirlo —masculló.
Su tía hizo una mueca y ambos retomaron el rumbo por la calle.
—Sev no tuvo una vida fácil, digamos que nadie le enseñó lo que era el amor o el cuidado —explicó.
Aquello removió algo en su pecho, era comprensión y empatía, Tom detestó sentir lástima por Snape.
—¡Casi se me olvida! —Escarbó en el bolsillo de su pantalón—. Te traje un chocolate, para que recuperes tu fuerza.
Se lo tendió y Tom hizo lo posible por contener la bola de púas emocional dentro de él. Era un gesto estúpido, la mayoría de los niños lo tomarían como si fuera algo de todos los días pero Tom no tenía una madre que lo acompañara a sus lecciones, que le preguntara sobre su día y subiera su ánimo solo con palabras dulces. Su madre habría iniciado un discurso de odio contra Snape, repitiendo una y otra vez que era el mejor del mundo, como si para ella fuera imposible que Tom no fuera capaz de hacer algo.
—Gracias tía Lily.
Su tía se inclinó para besar su coronilla, Tom había crecido al menos cinco centímetros más en Hogwarts y ya estaba a la altura de su barbilla.
—Estoy tan feliz por ti cariño. ¡Ay Merlín! ¿Cuándo vas a dejar de crecer? ¡Mira todo lo que has crecido! ¡Vas a dejarme atrás!
Tom podría echarse a llorar como un bebé pero prefiere reír y sonreír mientras ambos hacen el camino a casa caminando despacio, él no menciona que podrían aparecerse y estar allí en segundos, le gusta caminar y hablar de todo y nada con la tía Lily.
Notes:
Tenía planeado que este capítulo llegara hasta la mitad del tercer año de Tom, pero escribí casi 24 mil palabras y sentí que era demasiado, así que el siguiente será como una segunda parte en donde finalmente podré detonar la bomba que tengo por allí jejeje.
Qué les ha parecido todo? Siento que Tom, Lily y Merope fueron protagonistas que comunicaron cosillas importantes para la construcción (o deconstrucción) de Tom. También la reunión de los amigos de Tom me gustó mucho, aunque traté de resumirla muchísimo. Amé escribir la lección de Snape en vacaciones, literalmente estoy inventando mucho y exprimiendo la Harry Potter Wiki para encontrar nombres de pociones.
En el próximo capítulo los hermanos Hatley vuelven al foco con fuerza, serán importantisimos de ahora en adelante, quise incluirlos más en este capítulo pero no se me ocurrió como.
Entre otras noticias... Estoy trabajando en un proyecto a largo plazo ya que me he dado mi décima patada mental para dejar el miedo al fracaso y dedicarme a lo que me apasiona de una vez por todas, así que pronto crearé una cuenta de escritura en instagram y tik tok para hacer una comunidad de lectores y escritores en donde tendré contenido de lectura, escritura, tips para escribir y hablaré sobre mis proyectos sin publicar que solo han visto la luz del bombillo de mi cuarto. No será exactamente algo enfocado a lo que escribo aquí, aunque si tendré una sección dedicada a los fanfics. Por lo tanto, en cuanto cree mi cuenta y suba contenido se las compartiré, me emocionaría enormemente que me apoyaran en la nueva etapa que deseo con mucho miedo y ansias comenzar.
Eso es todo, espero que les haya gustado el capítulo y como siempre esperaré cualquier comentario, por cortito que sea, para alegrarme un rato el día. Tengan un buen fin de semana.
Chapter 31: Monstruos que despiertan y amigos que enamoran
Notes:
Hello! Feliz navidad, feliz año y feliz día de reyes. No me vayan a matar, sé que me tardé una eternidad pero aquí estoy, cumpliendo la promesa de no abandonar la historia.
Planifiqué en mi mente actualizar en Diciembre pero pasaron cosas, fuí victima de la tristeza colectiva de las festividades y bueno... En mi país las cosas han estado bastante movidas apenas iniciando el mes y la verdad es que mi cabeza estaba en otra parte y no quise escribir nada. Pero para su fortuna ya me estoy activando y vengo con fuerza, este capítulo tiene de todo y está devastadoramente largo, pido perdón por eso, pero estoy segura de que les gustará.
El próximo capítulo tendrá más avances, lo prometo, con este he sembrado algunas semillitas que necesito para lo que vendrá en el futuro.
Eso es todo, a leer!
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Chapter Text
Capítulo XXXI
Monstruos que despiertan y amigos que enamoran
Hey Tom Tom, se que cuando esta carta llegue a ti estarás en casa preguntándote por qué demonios no cumplí mi promesa de estar allí, mi jefe me dió un trabajo que no podía rechazar o me quedaría sin empleo, así que lo siento muchísimo.
Espero que Mer esté comportándose bien y que las cosas no vayan tan mal, trataré de llegar lo más rápido que pueda, te llevaré un par de cosas increíbles que he conseguido en Uganda.
P.D: mantén un ojo sobre Leviatán, sé que le pedí a tu madre que lo hiciera pero Levi no la aprecia demasiado y siempre huye cuando va a darle de comer.
Tom no puede culpar a la tía Becca, es una adulta y tiene responsabilidades, necesita dinero para sobrevivir como cualquier otro y no puede estar cuidando de una mujer contemporánea a su edad solo porque Tom se lo pida.
Pero eso no hace que la extrañe menos o le recrimine un poco.
—¿Una carta de tu madre? —Harry es como un fantasma a su alrededor últimamente, no dice mucho ni invade su espacio pero su fuerte aura emocional le roza de vez en cuando como tentáculos.
—Es la tía Becca, está en Uganda.
—Ahh, genial! Tenemos Uganda en el diario de exploración.
Tom sonríe sin ganas.
—Me pidió que cuidara de Leviatán. —Pero la idea de volver al edificio hace que le duela el estómago.
Harry siente su malestar de inmediato.
—Podemos traerlo a casa —ofrece.
—La tía Lily no quiere que tengas mascotas en la casa.
—No es mi mascota —dijo con una sonrisa astuta.
—No quiero ir al departamento —admitió.
Harry asintió y le tomó de la mano con una expresión amable y amorosa en el rostro.
—Podemos decirle a papá que vaya a buscarlo o puedo ir con él.
Tom se sentía como un tonto, por qué tenía tanto miedo de ir? No era como si su madre tuviera la fuerza suficiente como para encerrarlo y hacerle daño, él acabaría con el departamento de ser el caso.
—Okay.
—Bien, vamos al jardín?
Tom mira a su alrededor, tiene dos libros de anatomía abiertos, artículos y revistas que debe leer y copiar para su próxima lección con Snape.
Harry hace un puchero y abre grandes sus ojos para imitar la mirada de un cachorro consentido.
—Vamooooooossss, no hemos hecho nada divertido en una semana. ¡Me aburro Tom! Me aburroooooooo. —Harry se arroja sobre él mientras gimotea, cubriendo sus ojos con su antebrazo y fingiendo un desmayo.
Tom no puede evitar sonreír, la cabeza de Harry reposa entre sus piernas cruzadas, cubriendo el libro sobre ellas y probablemente arrugando las hojas.
—Moriré si no me prestas atención. —Se queja con voz llorosa.
—Acaso eres un puffskein?
Harry destapa sus ojos para fulminarlo con la mirada antes de volver a cubrirlos. Tom se aguanta una carcajada.
—Dime Tom... Acaso te has cansado de mí? ¿Te parezco aburrido? ¿Poco inteligente? —continúa con su drama con una voz lastimera que da más risa que pena.
Tom rueda los ojos con cariño y mueve la cabeza de su amigo para evitar que continúe arrugando su libro.
—Ahora mismo solo me parece que estás destruyendo mis libros. —Lo acusa en broma.
Harry vuelve a destapar sus ojos con brusquedad y se cruza de brazos.
—Eres un futuro esposo terrible.
Es difícil tomarlo en serio cuando hay un puchero en sus labios.
—¿Lo soy?
—¡El peor!
—¿Me dejarás por Ginerva Weasley?
Harry hace una mueca de disgusto que lo hace reír. Su amigo le corresponde con una sonrisa más grande.
—Ya te quité esa cara de gruñón, ahora debes ir afuera conmigo o en serio voy a enojarme. —Harry lo señala con su dedo índice, igual a como lo hace su madre cuando discute con su tío James.
¿Cómo puede negarse? Realmente le va a estallar la cabeza si sigue leyendo algo más sobre histología.
—Si te quitas de encima iré —cede.
Harry se levanta más rápido que un resorte.
Querido Tom
Sé que estás enojado conmigo y lo entiendo, ahora que he tenido tiempo para pensar me he dado cuenta de lo mal que estuvo y de verdad lo siento muchísimo Tom es solo que mis emociones son un desastre todo el tiempo y controlarme es tan difícil, nadie puede entender lo duro que es sentirse así todo el tiempo. Solo me preocupo por ti y tu futuro, quiero que tengas una vida mejor que la mía y trabajo para ser siempre mejor pero me enoja que nunca es suficiente tengo miedo de no ser lo que quieres y que me dejes y eso hace que reaccione como lo hice esa noche.
¿Puedes por favor volver a casa? Está limpio todo lo prometo y no volveré a cocinar comida en mal estado aunque no fue mi intención hacerlo solo quería hacer una cena de bienvenida especial. Leviatán no quiere comer y sé que a ti te hace caso puedes venir al menos por él?
Te amo.
A Tom le da náuseas la carta, los dedos que sostienen el papel son invadidos por hormigas furiosas que suben por sus brazos hasta su cuello, provocándole náuseas y dolor de cabeza.
—Tom?— Harry está a su lado en el mueble de la sala, en la televisión se reproduce una película animada a la que dejó de prestar atención cuando Nero entró por la ventana con una carta en el pico. —¿Es tu mamá?
Tom asiente mientras cierra la carta con rapidez para evitar que su amigo pueda leer lo que dice.
—Dijo que quiere que vuelva a casa.
Ha pasado una semana y Tom se ha encerrado en la mansión Potter como un prisionero en una jaula de oro, solo ha salido para ir a sus lecciones con Severus.
Harry frunce el ceño con descontento.
—¿Quieres volver?
—No.
—Entonces no vuelvas. —Harry se recuesta en su cuerpo, hundiendo la cabeza en su cuello y mirando la pantalla como si nada hubiera pasado.
Tom ha pasado cada día con un susto en la boca del estómago, pensando que en cualquier momento su madre llegará y tocará la puerta entre gritos y reclamos, exigiéndole volver. No es la primera carta que envía, a esta se suman cinco más que son iguales o peores; puras excusas y la ausencia de una disculpa sincera.
Él no piensa aceptar una disculpa escrita en un papel.
Tom quisiera contarle a Harry como se siente, lo mucho que le duele el corazón por ser tratado igual que cuando era un niño huérfano, pero claro que su amigo lo sabe, Harry siempre sabe y le da su espacio.
Tom la está pasando mal, Harry no debe ser un genio o un empático para notarlo. Sus sonrisas lucen como muecas incómodas, su rostro está más pálido de lo normal y aunque Tom las cubra después de levantarse por la mañana, Harry nota las ojeras como manchas del pelaje de un oso panda.
Por si fuera poco, su amigo es un huracán de emociones negativas que constantemente le provocan dolor de cabeza y un gran desánimo, Harry nunca lo admitirá pero es agotador lidiar con sus emociones en ese estado, más cuando Tom pasa de la tristeza al enojo, del enojo a la felicidad y de la felicidad a más tristeza. Le enfurece no saber qué sucede en su vida, solo ve a Tom un par de meses al año y aunque todo parece estar bien entre ellos cada que se ven odia la distancia que su amigo crea con cada encuentro, le duele más que caerse de su escoba desde una altura de tres metros o aquella vez que se fracturó el brazo por jugar al Quidditch más brusco de lo usual con su padre y Sirius.
También está el tema de sus padres, Harry ha estado tranquilizandolos durante el día para que dejen a Tom a solas y en paz, aunque sus padres parecen haberlo notado porque sus emociones ahora son tenues y sólo puede guiarse por su aura. Probablemente usen oclumancia para que no les espíe la cabeza y su madre debe charlar con Tom de camino a sus lecciones con Snape o cuando ambos se encierran a estudiar por horas en su laboratorio.
En casa todo se siente como un mar furioso con olas gigantescas que se estrellan contra las rocas, como en Sandwood Bay. Pero todos están demasiado aterrados o tensos como para decir algo y que todo el ambiente falso y cálido se vaya a la basura, él no les culpa, todos orbitan alrededor de Tom como planetas alrededor del sol y no le molesta, se siente correcto y bien hacerlo, Tom es el tipo de familia a la que hay que proteger y revisar seguido.
Solo le molestan los secretos, mientras más crece y desarrolla sus dones se da cuenta de la enorme pared que lo separa del resto. Algo que se siente sucio, pegajoso y aterrador y que todos parecen compartir cuando las cosas se ponen mal de nuevo. Aunque siempre están mal durante las vacaciones, todo por esa odiosa y malvada mujer que juega con el corazón de Tom como si no fuera nada importante; le hierve el estómago de rabia cada que su amigo la menciona y sabe que está mal pero a esas alturas a él no le interesa, solo quiere a Tom alejado de ella y si eso significa tenerlo en casa y quemar cada carta que llega de esa mujer para que él no las vea y se sienta mal por dejarla, lo hará con gusto. Muchísimo mejor si Tom finalmente decide ir con ellos a Francia y olvidarse de todas las personas que le han lastimado.
Justo a la mitad de su segunda semana de vacaciones recibe una carta de Sylvester que le recuerda su promesa de darle tutorías durante las vacaciones.
Le va a estallar la cabeza, sin duda.
—Tía Lily podemos ir a la biblioteca después de la lección con Snape?
Harry se ha ido con el tío James a visitar a sus padrinos y Tom se ha quedado solo en casa para prepararse para su lección.
—Seguro, quieres comprar algún libro?
—No, es que le prometí a mi primo Sylvester que le ayudaría con la escuela.
Su tía voltea a verle sorprendida.
—¿En serio? Bueno está muy bien, te llevaré entonces. Me gustaría conocerlos.
A Tom le duele el estómago solo de pensarlo.
—Marissa es un poco... Grosera —advierte.
Su tía sonríe y se encoge de hombros despreocupada.
—Tranquilo cariño. —Ella acaricia su cabello con suavidad—. Podemos invitarlos a almorzar y los conoceremos mejor.
A él no le preocupaba lo que podría decir o hacer Marissa, sabía que su tía no pensaría mal de él; le aterraba su reacción ante las palabras de su prima.
—¿Podemos invitar a Harry a la biblioteca? Él también quiere conocerlos.
«Y podrá mantener a todos bajo control». Le dolía pensar en su amigo como un instrumento pero Tom prefería ir seguro y evitar un mal rato, lo estaba haciendo muy bien pretendiendo que nada había pasado.
—¡Eso sería maravilloso! Lástima que tu tío no podrá ir.
—Bueno tendrá todo el verano para conocerlos.
Su tía toma su bolsa de cuero carmesí, un regalo de su tío y le insta a salir de casa. El viaje a casa de Snape se ha convertido en su rutina diaria especial, su tía los aparecía en el Diagon y de allí cruzaban al mundo Muggle e iban caminando hasta la casa de campo de Severus.
—¿Preparado para la lección de hoy?
Tom había consumido información como nunca antes sobre células, tejidos, procesos biológicos e histología. La tía Lily le había prestado apuntes y explicado muchas cosas, para su fortuna.
—Espero que sí. —Snape le había enseñado que siempre había algo que ignoraba, algo que debía mejorar o eliminar de su cabeza.
Su tía ríe con afecto.
—Lo harás bien, te has preparado con mucha dedicación y debes estar contento con eso.
—Lo estoy.
«No del todo».
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Harry se une a ellos apenas Tom sale de su lección con Snape, la cabeza le duele y sus dedos laten de tanto escribir pero siente que es menos idiota que hace tres horas.
—¿Cómo te fue cariño? —Su tía peina su cabello con los dedos y Tom desea pedirle que no se detenga, es tan agradable.
—Bueno.. Dijo que lo estoy haciendo bien con el material de estudio y que quizá la próxima semana me explique cómo funciona la poción en el cuerpo de un mago y su núcleo. Pero solo si paso el examen que me hará el lunes.
Su tía asiente entusiasmada.
—Eso es genial cariño! Ya verás que lo harás muy bien, te ayudaré a estudiar para que le cierres la boca a Sev.
Tom siente cálido el pecho ante sus palabras.
—Entonces te enseñará la preparación de la poción pronto! quizá para cuando sea mi cumpleaños. —Harry se muestra igual de emocionado que la tía Lily, sonriendo y dándole una palmada en la espalda.
—Es posible. —A Tom le preocupa, no cree terminar el temario de Snape en vacaciones, era demasiado. ¿Acaso ese infeliz estaba haciéndolo a propósito?
—Tranquilo, si no terminas el temario igual tendrás tiempo para hacerlo en Hogwarts, estarás apenas en tercer año, la mayoría comienza en quinto. ¿Verdad mamá? —Harry choca su hombro contra el suyo en un intento de animarlo.
—Es cierto, Snape también lo sabe, así que tómalo con calma cariño, ya estás adelantado aunque no lo parezca.
Es fácil para ellos decirlo, pero Tom no dice nada más sobre sus lecciones mientras caminan a un lugar lejos de ojos curiosos para aparecerse en el callejón Diagon.
Al atravesar la puerta de la librería Sylvester se arroja sobre él para abrazarlo.
—Tom!
Es lindo ser recibido con tanto amor por una persona que lleva su sangre, le da esperanza de que es posible tener una familia unida, pequeña y algo loca, pero unida.
—Hola Syl —responde su abrazo con otro igual de apretado. Detrás de él puede ver a Marissa, vestida con unos jeans grises que alguna vez fueron azúl marino y un suéter delgado y de mangas largas de tono verde oscuro. Su cabello castaño y largo cae como una capa de invisibilidad alrededor de sus hombros y espalda, le cubren parcialmente el rostro—. Hola Marissa.
—Hola. —Se ve incómoda con la presencia de Harry y la tía Lily, pero a diferencia de su madre, su tía nunca le dejaría caminar solo por el callejón Diagon.
—Estos son Harry y mi tía Lily. —Les presenta torpemente, está tan nervioso que se siente como un tonto.
—¡Es un placer! Tom me ha hablado mucho de ambos. —Su amigo se adelanta a su madre y estrecha la mano de Sylvester con entusiasmo y la de Marissa con suavidad, pero con una sonrisa que brilla tanto como las lámparas de la biblioteca.
—Es un placer conocerlos chicos, pueden llamarme Lily o señora Lily, como quieran.
Sylvester parece quedarse prendado de su tía en segundos, Tom entiende la fijación, su tía no solo es hermosa sino que su aura es pura y maternal.
—¿Es la que vive en Francia?
Su tía asiente con una sonrisa.
—Sí, antes vivíamos aquí en Gran Bretaña, pero nos mudamos hace unos años.
—¡Oh! Tom dice que Francia es genial y muy lindo.
Sylvester se pega como un chicle a su tía e incluso le toma de la mano y la guía a la mesa cuando ella comienza a contarle sobre Francia y quién sabe qué más. Tom no puede evitar reírse.
—Me siento olvidado —bromea Harry a su lado.
—¿Tú? Yo estoy peor.
—Tranquilo, aun me tienes a mi, nos haremos compañía en el frío invierno mientras mamá le da todo el chocolate caliente a tu primo. —Harry se pega a su costado como si estuviera viviendo en carne propia el invierno más helado de su vida.
Tom mira a Harry con horror.
—No puedo sobrevivir sin el chocolate caliente de tu madre Harry.
—Ustedes dos son unos idiotas. —Marissa rompe el momento como un martillo contra una vidriera.
Harry la mira con atención, como si estuviera analizando cada parte de ella y muy seguramente lo está haciendo.
—No puedo discutir contra eso, Tom y yo somos unos idiotas cuando estamos juntos, no Tom? —En ese momento Harry luce como uno de los gemelos Weasley, con ese tono juguetón y misterioso y la sonrisa socarrona.
—Cierto Harry.
Marissa parece estar analizando el cambio de su personalidad.
—Cuando acepté traer a Syl a la biblioteca lo hice pensando que vendrías solo.
—La tía Lily no me deja venir solo, le preocupa.
Su prima lo ve como su fuera estúpido.
—Pobre de ti, tan indefenso y tonto.
Se da media vuelta y va a la mesa a sentarse junto a su hermano.
—Bueno... Eso salió bien. —Harry a su lado lo alienta.
—Puede ponerse peor.
Harry lo instó a unirse a la mesa.
—Entonces Sylvester... ¿Cuál es tu clase favorita de la escuela?
Su primo saca la lengua por un costado de su boca mientras la muerde con sus dientes, es un hábito que aparentemente tiene cuando piensa en algo mucho tiempo.
—Me gusta hacer deporte, porque no tengo que aprender nada de un libro. —Su primo se balancea en su asiento con sus ojos brillando y una sonrisa gigantesca en el rostro.
Marissa a su lado es otra historia. Desde el momento en el que llegaron demostró que iba a hacerles la guerra, siendo grosera e insoportable.
—Podrías unirte al equipo de Quidditch cuando entres a Hogwarts! —Harry, como buen amante del deporte, de inmediato entra en la conversación.
—Sería genial! —chilla y luego con la misma efusividad con la que se entusiasmó se apaga como una lámpara—. Pero nadie me dejará entrar al equipo, nos odian a Mar y a mi.
—¡Eso es injusto! Si eres bueno no podrán decirte que no, mi tío Sirius dice que el equipo de Quidditch de Slytherin no ha sido bueno en décadas.
—Eso es porque son unos nepotistas —dice mientras se encoge de hombros para restarle importancia y tranquilizar a su primo—. Pero los integrantes del equipo también deben ser aprobados por el jefe de la casa.
Tom duda que Sylvester sea seleccionado en Slytherin una vez que entre a Hogwarts, tenía todas las cualidades de un Hufflepuff, igual que Harry.
—¡Exacto! Además quizá no estés en la casa de las serpientes, eso haría las cosas más sencillas.
—Es descendiente de Slytherin, obviamente irá a esa casa, todos sus descendientes van allí. —Marissa interrumpe a Harry con un tono ácido y enojado.
—Yo estuve a punto de ir a Ravenclaw —ignora a Marissa lo mejor que puede.
—¡En serio?! —Syl abre los ojos tan grande que los glóbulos de sus ojos se ven aterradoramente cerca de escaparse de sus cuencas.
—Él irá a Slytherin —zanja Marissa mientras se cruza de brazos con bravuconería.
Un silencio incómodo llena la mesa.
—¿Y cuál es tu clase favorita en Hogwarts Marissa? —Su tía vuelve a la carga, queriendo conocerlos.
—Encantamientos. —Al menos responde.
—¡Oh yo amaba encantamientos! Y transformaciones y obviamente pociones.
Marissa la ve con disgusto.
De nuevo hay un silencio tenso.
—He mejorado mucho en la escuela, ¡mira Tom! —Syl le pone el cuaderno en el rostro con brusquedad, pero no le molesta, Syl es efusivo y tosco—. Mis maestras creen que me he estado copiando, pero lo he hecho yo solito.
Tom lee la libreta, sus notas aun no son excelentes, pero son lo suficientemente buenas como para no repetir el año.
—Te felicito Syl.
Su primo parece estar por estallar de felicidad.
—¡Es por las pociones que me diste! ¡Me concentro mucho mejor!
—¿Pociones? —Su tía le mira con curiosidad.
—Son pociones para la concentración. También le dí el antídoto para evitar la intoxicación.
Su tía asiente, algo en su rostro lo alarma un poco, parece preocupada y curiosa.
—¡Sí! Desde que las tomo me va mejor en la escuela y ya no se burlan tanto de mi.
Su tía mira a Syl con compasión y ternura, Tom conoce esa mirada, es la de una madre que quiere arropar a sus hijos y alejarlos del peligro.
—¿No se supone que deberías estar enseñándole? No lo traje para que hablara. —Marissa, que ha decidido ser la discordia misma, de nuevo interrumpe el momento.
Syl se remueve incómodo en su asiento.
—Solo nos estamos conociendo un poco Mar. —Sylvester mira a su hermana con vergüenza y tristeza, a Tom le molesta que la chica le trate como un bebé y continuamente tome decisiones por él pero no puede meterse.
—Debemos estar en el departamento antes de las seis treinta, lo sabes.
Su primo hace un puchero pero no discute.
—Si no vas a enseñarle nada hoy entonces nos iremos, debemos ir a cenar. —Marissa le mira fijamente, se ve irritada pero cansada, como si la reunión con ellos la hubiera drenado.
—Podríamos ir a comer juntos y conocernos un poco más, ¿qué les parece?
Marissa ve a su tía con una desconfianza que le arde en el estómago.
—¡Sí! ¿Podemos Mar?
Su prima parece querer arrancarle los ojos de borreguito a su hermano de un golpe, pero asiente a regañadientes. Tom no se sorprende, sabe que su prima debe estar pensando en el estómago de su hermano y no en su orgullo.
Salen de la biblioteca con el ruido de felicidad de Sylvester, quien olvida por completo a su hermana para ir de la mano con la tía Lily. Todos le siguen de cerca y cada tanto su tía voltea a verles.
Marissa pasa el camino ignorando las preguntas de Harry y dedicándoles miradas odiosas.
—¿Tienes una tienda de pociones?! —Syl reacciona a cualquier cosa que la tía Lily dice con sorpresa.
—Sí, de hecho tu futuro profesor de pociones es mi socio.
—El maestro de Tom? —Su primo le vió.
—Sí, el profesor Snape es también el jefe de la casa de Slytherin.
—¡Genial!
—Snape es un cretino que no le presta atención a nadie, no entiendo por qué es jefe de casa. —Marissa destrozó con su tenedor el pobre postre en su plato. Aunque Tom estaba de acuerdo con ella esta vez.
—Severus no es muy bueno con las personas. —Le excusa su tía.
—No es muy bueno con nadie.
No le sorprende que Marissa lo deteste, después de todo no había notado los abusos ni intervino hasta que Tom ya lo había hecho.
—¿Hay algún profesor que te agrade? —pregunta Harry.
—Binns no se mete en los asuntos de nadie.
Su amigo frunce el ceño.
—¿No es un fantasma?
—Exacto. —Marissa sonríe un poco, aunque Tom sabe que está burlándose de Harry.
Aun así suelta una risita que esconde con un bufido, porque la idea de que a alguien pueda gustarle Binns es irrisoria.
—Y cómo te va en la escuela cariño? —Su tía pregunta con una sonrisa amable.
Marissa pierde la sonrisa de inmediato.
—No me llame cariño. —Los ojos claros de su prima miran a su tía con un odio que le hace difícil la tarea de no insultarla o usar su magia para hacer que se comporte.
—De acuerdo, me disculpo Marissa, es la costumbre cuando hablo con los chicos.
Tom se agria como un limón pero la sonrisa de su tía no flaquea. Marissa no responde a la pregunta y sigue comiendo.
—Le va muy mal, los profesores no la suspendieron por lo que pasó con esos bravucones, todos le hicieron pruebas para subir sus notas y Mar las pasó por los pelos.
—Syl!
—Es terrible lo que sucedió, no entiendo como en la escuela pueden ser tan descuidados con la seguridad de los niños... —Su tía la mira con pena.
—Es porque no somos niños ricos ni nacidos de muggles, esos se ganan la simpatía de todos porque son tan idiotas que le besan a culo a cualquiera para que les incluyan —responde con amargura en la voz—. Pero se hacen la vista gorda con los hijos de una prostituta porque odian que sus padres prefieran un prostíbulo de mala muerte que una cama con sábanas de seda. Incluso los profesores nos odian, somos ratas llenas de piojos para ellos, esperan verme desnuda con algún chico una noche en que hagan redadas en el castillo, lo sé, todos nos miran así. —Se encoge de hombros y se mete un pedazo de pastel a la boca.
Harry a su lado se tensa y Tom puede ver cómo su rostro se pone pálido, atrás ha quedado su carácter parlanchín y animado. Su amigo cruza miradas con él y Tom puede ver tantas preguntas en ellos que prefiere cortar el contacto.
Su tía no está mejor, sus mejillas se han enrojecido y su postura muestra lo incómoda que está.
—Eso... Eso no está bien Marissa, tienes derecho a las mismas oportunidades que el resto y también mereces respeto.
Su prima se echa a reír.
—El respeto es para los ricos e importantes señora.
Syl come su pastel sin prestarle mucha atención a las palabras de Marissa, como si ya las hubiera escuchado antes.
—Si usted no estuviera casada con un Potter sería tratada como una sangre sucia, menospreciada en su trabajo por ser mujer e hija de muggles. Solo tiene respeto porque tiene dinero y se casó con alguien con estatus, así es la gente.
Su tía parecía espantada por sus palabras, triste y preocupada.
—No todos tenemos esa forma de pensar.
—No, pero los importantes si. —Marissa mira a su hermano terminar su pastel y se levanta de la mesa, su primo de inmediato la imita como un títere—. Debemos irnos.
—Te llevaremos hasta tu casa.
Marissa mira a Harry con una sonrisa burlona.
—¿Va a meter a su hijo en un prostíbulo? Puedo ir sola.
Marissa toma a su hermanito de la mano y sale del lugar sin siquiera dar las gracias por la comida, dejando a su tía y a Harry perplejos y a Tom con deseos de aniquilarla.
—¿Por qué no me dijiste que la madre de tus primos es una prostituta?
Una vez que su tía Lily les había dejado ir luego de explicarle a Harry que era la prostitución y lo sucia que estaba la sociedad por discriminar niños por las acciones de sus padres y muchas cosas más, finalmente pudieron ir a la habitación de Tom.
—Por la misma razón que la tía Lily nos tuvo una hora en la sala hoy.
Harry frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—No soy un niño, puedo comprender muchas cosas. Y sé que es una prostituta Tom, vivo en Francia por amor a Merlín!
—Según la ley, lo eres.
Su amigo le dedicó una mirada rabiosa.
—Me refiero a que tengo la capacidad de entender muchas cosas, no voy a traumatizarme por averiguar que la madre de tus primos es prostituta o el hecho de que ellos viven allí. Por qué todos creen que voy a escandalizarme con todo? No es justo que me oculten cosas porque suponen que no tengo la madurez suficiente. ¿Acaso se les olvida que puedo percibir las emociones de los demás? Sé muchas más cosas de las que tú crees.
Harry estaba molesto, ni siquiera se había sentado en la cama, confrontaba a Tom con el cabello negro despeinado y alborotado, su magia se movía como un remolino furioso en la habitación.
—Lo siento Harry, yo solo quería protegerte.
—¡Tenemos la misma edad Tom!
—Pero no la misma vida Harry, yo crecí en un orfanato por años y es mucho peor de lo que puedas imaginarte; tú naciste en una cuna de oro en una casa tan grande que podría albergar a tres familias. Nunca experimentaste el hambre, el frío, la soledad o el miedo. Yo solo... Quería alejarte de todo eso, porque eres un niño Harry y no se supone que los niños deban pensar en cosas horribles, menos vivirlas o preocuparse por eso.
El bosque en los ojos de Harry muestra una tormenta a punto de desatarse, brillan con intensidad debido a las lágrimas que trata de contener y eso le duele. Hace mucho que no discutía con Harry, aunque el tono de la conversación no puede ser considerado una discusión.
—Tú también eres un niño, por qué está bien que tú lo sepas y yo no? —La voz de Harry se quebró al hablar.
—Ya te lo dije, porque...
—No, eso es una excusa Tom. —Las lágrimas comenzaron a caer—. ¿Por qué nadie me cuenta las cosas? ¿Crees que con eso me protegen? Es peor! Vivo constantemente leyendo sus emociones, sabiendo que algo está mal y sin saber por qué o cómo ayudar, es espantoso, me hace sentir... Como que me rechazan.
—Lo siento Harry. —Tom estaba en blanco, qué se suponía que debía decir?
Su amigo se acercó, igual de impredecible que siempre y se abrazó a su cuerpo como un koala.
—Sé que no lo haces con mala intención, pero me duele —susurró con la cara escondida en su pecho.
«Cuándo dejaré de hacerle daño a las personas? Desearía tanto contarte todo, pero tengo miedo de que nunca me veas de la misma forma cuando sepas lo que ocurrió». Tom se muerde los labios con tanta fuerza que siente el sabor de la sangre.
—No te sientas triste Tom, no quiero que estés triste.
Pero su camisa está mojada de su llanto y los brazos de Harry lo arropan como los tentáculos de un pulpo, uno cálido y suave. Tom no puede solo ignorarlo, no puede espantar la culpa que corroe en su interior, sabe que Harry llora por los secretos que Tom ha estado ocultando últimamente, sabe que llora porque tuvo que ir a buscarlo al departamento de Becca sin saber qué había sucedido, sabe que lidió con sus emociones en la oscuridad de la ignorancia, frustrado, triste, enojado y preocupado.
Harry debería estar disfrutando su verano con sus amigos, no encerrado en la mansión a la espera de la próxima crisis de Tom.
—Perdoname por hacerte sentir así, nunca quise hacerlo.
Harry respira hondo y asiente.
—Lo sé, te perdono. Perdoname por hacer una escena.
—Está bien, tienes derecho a hacerla.
Su amigo se ríe en su pecho.
—Ahora si sonamos como un matrimonio.
Se separa de él y Tom por fin puede mirar su rostro, está hinchado y rojo, sus mejillas lucen como chimeneas y su nariz está húmeda y mocosa.
—¿Tendré que dormir en el suelo?
Harry sonríe sin enseñar los dientes y niega con la cabeza.
Una vez que el ambiente se calma, ambos se dan una ducha, se ponen la pijama y caen en la cama desordenadamente o mejor dicho: Tom trata de ser una persona normal y Harry juega a ser una pieza de ese juego muggle Tetris que tanto le gusta; con la cabeza apoyada sobre el estómago de Tom y los pies hacia el costado de la cama, era la clásica pose de: no vamos a dormir aun, vamos a hablar.
—Sylvester me cae bien, te adora por cierto, cada que hablabas o le mirabas brillaba como una luciérnaga. —Se burló—. Marissa me recuerda mucho a ti.
A Tom no le sorprende, él mismo había visto las similitudes entre ellos.
—A ella le agradas, aunque no lo diga y quiere mucho a su hermano, le tiene miedo a mamá y piensa que soy un idiota —enumera subiendo un dedo por cada cosa que dice.
Él frunce el ceño.
—¿Le agrado?
Harry asiente con fuerza.
—Sep, pero es igual de testaruda que tú así que no esperes a que te lo diga.
Tom trata de mantener bajo control la calidez que invade su pecho ante las palabras de Harry, el que Marissa le quiera no debería importarle tanto, se supone que no lo hace pero es su familia de sangre y él en serio anhela algo como lo que tiene Harry: un lugar al cual pertenecer. Tom no era un Potter, por mucho tiempo que pasara con ellos, por más que les quisiera y sin importar que su segundo nombre fuera el del tío James. Tom no era Potter y eso dolía todo el tiempo pero con Syl y Marissa había una oportunidad de tener una familia de la cual apoyarse, un lugar al cual pertenecer.
—¿No crees que es una grosera insoportable?
—Lo es, pero solo está asustada. —Harry le miró con atención, con lástima en sus ojos—. Realmente está asustada de todo y muy molesta, se siente muy sola, pero ama mucho a su hermano, emite la misma luz que mamá conmigo o contigo. Es bastante intenso.
Tom era esa persona cuando llegó con los Potter, quizá de nuevo está siendo ese chico triste y enojado, solo a veces.
—Solo hay que tenerle algo de paciencia, ella no tiene a Mark para ayudar pero si nos tiene a nosotros. —Harry le toma de la mano y sonríe—. Son parte de la familia Potter, aun si no quieren.
—Gracias Harry.
—¡Mi Tom Tom! ¡Te extrañé mucho!
Apenas Becca llega a Gran Bretaña va a buscarlo a casa de sus tíos, con una mochila a cuestas y miles de regalos dentro, además del adorable Leviatán que corrió como un demente dentro de la casa apenas le puso en el suelo.
Tom se siente culpable por no ir a buscarlo pero Becca no se ve enojada y lo poco que vió del gato antes de su escape apresurado le dejó tranquilo.
—Yo también te extrañé. —Los abrazos de Becca siempre son refrescantes, Tom ahora se encuentra buscando en ellos paz y consuelo, ella es la única que conoce cada detalle escabroso de su relación con su madre. Becca es una aliada y una amiga.
—Perdoname por tardar tanto, sé que rompí mi promesa. —Becca siempre le acaricia el rostro de una forma suave que es un tanto extraña y reconfortante. Intimo.
—Está bien, es tu trabajo.
Becca lo suelta y se sienta a su lado en una banca en el jardín. Están lo bastante lejos de la casa para tener privacidad pero no lo suficientemente lejos como para que la tía Lily no pueda verlos.
—Ella no me dijo qué pasó.
Tom mira sus manos y suspira.
—Peleamos, como siempre porque no soy lo suficientemente bueno, amoroso y comprensivo. La casa estaba hecha un asco, me dió comida echada a perder porque ni siquiera se dió cuenta de que estaba dañada y cuando le dije que no quería ser aprendiz de Snape por mis vacaciones en Francia me arrojó el plato de comida a los pies y me dijo que era un desgraciado infeliz y que mis tíos pronto se darían cuenta. —Tom escupe todo sin respirar, su pecho duele por el esfuerzo apenas termina—. También se ofendió porque le dije que la comida estaba dañada.
Becca le mira en silencio, su buena vibra y felicidad han desaparecido. Es muy expresiva y Tom puede ver la forma en que su ceño se frunce, como sus labios se arrugan en una mueca de rabia y la manera en que sus orificios nasales se dilatan con cada respiración lenta y pausada.
—Hablaré con ella cuando llegue a casa.
—No vale la pena Becca. Mamá cada día está peor, creo que está volviéndose loca.
—¿Loca? Cómo no —bufa y se cruza de brazos.
—He estado quedándome aquí desde entonces.
Becca sacude la cabeza con decepción.
—¿Cuándo pasó eso?
—El primer día de vacaciones.
Becca parece estar a punto de levantarse y correr con un grito de guerra atorado en la boca derechito hacia su madre para tirarle de los cabellos o maldecirla.
—Santo Merlín bendito. —Despeina su cabello al pasar sus manos por el con frustración.
Tom se siente humillado pero hay algo placentero en dejarlo salir todo con alguien más.
—Haces bien en quedarte aquí Tom Tom, tu madre cada día es más insoportable y no tienes por qué aguantarlo. —Becca acaricia su cabello con dulzura, baja por su cuello hasta su espalda y dibuja círculos en ella.
—No soy un cabrón egoísta por dejarla sola cuando tiene depresión?
Becca se encoge de hombros.
—No puede ser una perra mala con todos solo porque tiene depresión.
Sus palabras le causan risa y su tía postiza rodea su cuello con el mismo brazo que antes le daba mimos en la espalda.
—Lamento no haber estado contigo pero lo estoy ahora y lo estaré siempre que quieras. Ahora te debo un favor por romper mi promesa así que puedes pedir lo que quieras, si es ilegal mejor. —Le guiña un ojo.
Tom se echa a reír.
—Prefiero algo completamente normal y aburrido.
Becca suspira con hastío.
—Eres demasiado bueno Tom Tom, es aburrido.
Becca se va después de una larga cena en casa, una donde repartió regalos para todos y compartió las experiencias de sus viajes, la parte legal al menos. Tom se preguntaba muy a menudo si su tío James no la investigaba solo porque era alguien preciado para él.
—Estás mandando todo a la mierda.
Becca llega a su departamento sin permiso, abriendo la puerta y entrando como si el lugar fuera suyo. A Merope le molesta no poder echarla, que su magia sea tan débil que ni los hechizos más básicos de privacidad le obedezcan.
—Hola Becca, ¿cómo te fue en el trabajo?
La castaña hace un desplante con su mano y se para frente a ella. Becca es más alta, siempre imponente y con esa actitud de alguien que es capaz de clavarte un puñetazo en el rostro.
—Le diste comida podrida, lo insultaste y lo trataste como un pedazo de mierda y me preguntas cómo me fue? No seas cínica Merope. —Incluso con esa maldita puta de Rebecca Tom tenía mejor relación—. Dijiste que tenías un plan para hacerlo volver, para que sintiera la responsabilidad de estar a tu lado. Crees que siendo una mierda con él va a querer estar de tu lado?
Ella no sabe en qué momento las cosas se habían retorcido tanto, Tom había sido tan comprensivo con ella al decirle que tenía una enfermedad mental, la había cuidado y ayudado sin quejarse de la casa sucia. Pero por más horrorosa que se viera ella, por más lástima que buscara darle, Tom seguía buscando a los Potter sin importarle su sentimientos.
—Ya lo arreglaré, le daré espacio para que se calme un poco.
Rebecca se ríe con ironía.
—Dudo que lo haga, realmente lo echaste a perder esta vez.
—Y cómo es que te ves tan contenta?
Rebecca se paseó por la sala, pateó la basura del suelo con chulería, miró las estanterías cubiertas de polvo y los cojines deshilachados y sucios. Sus ojos almendrados se fijaron en ella, barriendola de la cabeza a los pies con una superioridad que hizo que cada vello en su cuerpo se erizara de furia.
—Tom te odia y prefiere estar con sus amorosos tíos Potter, piensa que no tienes remedio y en cierto punto... Te tiene lastima. Yo soy la tía genial y amorosa que lo ayuda en todo, a quien cuenta sus secretos y en la que ve como un apoyo... —Rebecca se ríe y sonríe, cruzándose de brazos con suficiencia y chasqueando la lengua luego de relamer sus labios—. Incluso compartí una rica cena con sus tíos, quienes me tratan bien porque soy buena con su niño preciado. Es algo bueno tener el respaldo de un auror, ¿no crees?
La sangre en sus venas se enfrió.
—Tú estás a un paso de ser desplazada por completo y yo seré la que terminará quedándose con él, ¿cuánto tiempo tardaré en convencerlo de mudarse conmigo? —Los ojos de esa desgraciada la miran como una serpiente a punto de morder.
—Él nunca va a preferirte sobre ellos.
—Por ahora, pero me prefiere antes que a ti.
—Eso será hasta que descubra que me ayudaste a hechizarlo, hasta que se entere que has dejado que lo lastime para tu beneficio.
Rebecca se acerca de nuevo, tan cerca que su barbilla está a centímetros de su frente. Se inclina para verla directo a los ojos y Merope puede ver como el chocolate en su iris parece arder como el café a punto de quemarse.
—¿Una poción que es ilegal Merope? ¿Por la que te condenarían a Azkaban por toda tu vida? —Su aliento caliente le golpea en las mejillas como un mazo—. ¿Sabes lo que le hacen a las mujeres en Azkaban? Ni siquiera les importa si eres demasiado fea, jugarán contigo en turnos. —Rebecca se ríe y ladea la cabeza con diversión—. Aunque para ti no sería tan malo, tendrías alguien dispuesto a tocarte y estar contigo por un rato, justo lo que quieres, no es así?
Se aleja de la maldita de Rebecca y levanta su mano, estampándola en su mejilla con toda la fuerza que tiene, la carne de su rostro hace un sonido parecido al del plástico quebrándose, la mano le late y arde pero vale la pena al ver como la piel de esa perra se enrojece con la marca de su mano.
Rebecca la mira de una forma que le atemoriza, sus ojos son la viva imagen de la locura, es la clase de mirada con la que creció por años en la cabaña Gaunt, de esas que prometen dolor, gritos y mucho sufrimiento.
No tiene el tiempo para alejarse y correr, Rebecca la toma del cabello y enrolla su mano en ellos para sujetarla de una forma que hace arder su cuero cabelludo y sentir como su cabello se desprende de la piel.
—Él nunca va a amarte, porque eres horrible y estúpida. —sisea en su rostro mientras aprieta más su agarre—. ¿Crees que puedes amenazarme? Sé cómo deshacerme de un cuerpo de cinco maneras diferentes, tengo suficientes amigos como para hacerlo pasar por un accidente o una extraña desaparición, tú estás sola y eres débil, nadie te extrañará si te vas, será un alivio para todos. Él dejará de buscarte con el tiempo, demasiado feliz como para pensar en la loca que le hizo la vida imposible.
Todo su cuerpo tiembla de miedo ante cada palabra que dice, sabe que Rebecca es peligrosa pero nunca lo ha tenido tan claro como ahora.
—Abre la boca y verás que puedo hacer mucho más que ese enfermo de tu padre.
Rebecca la suelta con un empujón que la arroja al suelo, su cabeza se golpea contra la pared provocando punzadas que llegan hasta su ojo izquierdo. La castaña se agacha y la arrincona con su cuerpo.
—Espero haber sido clara, no te metas conmigo adefesio incestuoso.
Se levanta con gracia y hace una mueca de asco al ver su hogar.
—Y limpia esta maldita pocilga que llamas casa, da asco incluso respirar aquí.
Ella no dice nada, su cabeza duele demasiado y toda su ira se ha ido a otro cuarto, reemplazada por el miedo que siente en el estómago. Rebecca podría matarla en cualquier momento y nadie lo notaría, no tiene amigos reales y Tom ni siquiera responde a sus cartas, cuánto tiempo pasaría hasta que se diera cuenta de su ausencia?
Rebecca se va con un portazo que hace temblar los goznes oxidados de la puerta y eleva una capa de polvo en el pequeño recibidor.
Apenas pone un pie en la sesión de estudio de la biblioteca Tom desea salir corriendo en la dirección contraria.
Sylvester y Marissa lo esperaban en la mesa como ya era lo usual, había aceptado darle tutorías a su primo dos días a la semana, después de sus lecciones con Snape. Era refrescante de una forma que Harry no podía comprender y le daba una excusa para continuar ignorando los intentos de su madre de acercarse.
Pero ese día era diferente, su madre se erguía como una sombra oscura con guadaña, anunciando calamidad y escondida temerosa detrás de la delgada figura de Sylvester en la mesa.
—¡Primo! —Sylvester le llama haciendo gestos con la mano como si Tom no fuera capaz de verlos y por eso estuviera clavado en el suelo, congelado.
Tom se acerca maldiciendo a su mala suerte y su insistencia para que ese día de todos los días su tía y Harry fueran a hacer compras sin él.
—Tom! —Su madre se acerca a él con miedo, con las manos arriba y acurrucadas en su pecho como si estuviera conteniéndose para no extenderlas a su rostro. Sus labios se ven pálidos, rotos y secos y su ropa arrugada, Tom no quiere ni pensar en lo mal que debe oler.
No deja que le abrace por pura terquedad y resentimiento. En el fondo Tom anhela un abrazo sincero y cuidadoso, pero no quiere uno de las manos que con tanto odio le habían arrojado un plato de comida podrida a los pies.
Se obliga a sonreírle a Sylvester y toma asiento al otro lado de la mesa, usando el objeto como un punto de separación que espera su madre respete.
—Hola chicos. —Su sonrisa podría partirse por lo falsa que es.
—¡Tom ya hice lo que me pediste! —Syl empuja un cuaderno hacia él y Tom se aferra a el como un jugador de Quidditch con la escoba rota.
Le está enseñando matemáticas desde cero, resultó que Syl ni siquiera sabía cómo pronunciar números grandes y agruparlos, mucho menos sumar y restar.
Por segundos revisa todo en silencio, sintiendo una llamarada ardiente en su nuca, los ojos de su madre parecen escarbar su cráneo en busca de un gesto de su parte que le permita sentirse vista.
—Está muy bien Syl, aunque en este ejercicio señalaste la cifra con el término de millones, pero está mal, de hecho lo hiciste en tres ejercicios. —Tom le muestra los números y su primo clava sus ojos en el papel con atención— ¿Puedes ver por qué está mal?
Syl mordisquea sus labios por unos segundos hasta que niega con la cabeza.
—¿Cuántos grupos de tres hay?
—Cuatro —responde con rapidez.
—Exacto y cuántos grupos de tres hay en un millón?
Su primo cuenta con sus dedos en silencio. Tom siente el sudor caliente que le baja desde la nuca a la espalda, la mirada de su madre seguía sobre él como una varita a punto de disparar una maldición. Era inquietante.
—Tres.
—Bien, entonces esto no puede ser un millón, verdad? —Tom señala la cifra en el cuaderno.
—No.
—¿Cuánto sería si tiene 12 ceros?
—Un billón?
Tom sonríe.
—Sí, bien Syl, es un billón.
Su primo le sonrió ampliamente, dejándole ver los colmillos gigantes y algo torcidos de su dentadura.
—¡Qué niño tan inteligente eres Syl! —Su madre se cuelga de su cuello y le deja un beso sonoro en la mejilla que le incomoda y molesta. Syl solo sonríe como el niño inocente que es y se deja mimar por sus palabras de motivación.
Aun cuando cada una de ellas son una mierda.
—¡Serás el mejor estudiante de tu año, ya verás! Tom es inteligentísimo, el mejor! Incluso me ayudó a aprender pociones para el trabajo.
Su primo le vió con los ojos muy abiertos.
—¡En serio?!
Tom aprieta fuerte su mandíbula porque de otro modo se vería como todo su cuerpo está temblando.
—Sí. Continuamos?
Tom sigue la lección sin levantar la vista de la libreta de su primo, trata de no distraerse por los carraspeos de su madre, los golpeteos en las patas de la mesa que hacen que se mueva y las constantes disculpas de su madre cada que provoca que Tom deje un rayón en la libreta de Syl debido al movimiento inesperado.
Peor que eso, constantemente interrumpe la lección para contarle cosas buenas de él a Sylvester, como si fuera un político lamiéndole los pies al ministro de magia. Tom debe soportar cada pregunta asombrada de Syl porque no quiere ser un idiota con su primo.
—También hace magia sin varita, comenzó cuando era más pequeño que tú. —Su madre lo dice como si fuera una orgullosa y abnegada madre.
—¿En serio haces magia sin varita desde niño?!
—Sí.
—Y leyó todos los libros de la biblioteca familiar sin que nadie le enseñara a leer!
Falso, en el orfanato tenían maestros, unos muy malos y mal pagados, pero les enseñaban lo básico.
—¡Leíste todos los libros de la biblioteca familiar antes de los nueve?! ¡Yo nunca he podido leer tantos!
Los libros de la cabaña eran diarios más que otra cosa, la mayoría dañados por el moho y la humedad, así que no eran tantos como para asombrarse. ÉL le obligó a leerlos todos para aprender hechizos y maldiciones oscuras en la lengua pársel, cosas que aun quemaban en su cabeza cuando tenía un día particularmente nefasto. Recordarlo no era agradable.
—Sí.
—Y me ayudó a hacer una poción muy difícil para San Mungo en el trabajo. Tu primo es realmente genial, ¿no te parece?
—En serio preparaste una orden de pociones para San Mungo?!
Era el maldito colmo.
—Sí, aunque no volveré a hacerlo, es ilegal que un menor de edad trabaje. —Mira a su madre al decirlo, esperando que sus ojos expresen el desprecio que siente ahora mismo.
—Oh, aun creo que es genial, no sabía que eras tan listo.
—Syl deja de hablar y concéntrate, tenemos que irnos temprano. —Marissa, de todas las personas, le salva de seguir contestando preguntas y de la conversación indirecta con su madre.
Finalmente hay un poco de silencio, pero su madre comienza a darle pataditas debajo de la mesa y a carraspear para que le preste atención.
Está enloqueciendo, puede sentir como se llena de un gas corrosivo que hace temblar su cuerpo, cada vez es más difícil mantener una sonrisa amable en rostro cuando su estómago arde, lleno de ácido golpeando sus paredes y provocándole náuseas y cólicos. Le enfurece el cinismo con el que actúa frente a él, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera arrojado un plato de comida a sus pies e insultado horriblemente. Odia la forma en que se inclina sobre Sylvester como una madre amorosa y acaricia sus hombros con ternura cada que hace algo bien, sabe que lo hace para acercarse a él y eso le repugna.
—Iré a buscar unos libros, mientras termina tus ejercicios, si? —ordena y camina lo más rápido que puede hacia la seguridad de los libreros mientras siente cómo todo lo que ha contenido sube por su garganta como un eructo.
Las estanterías le cubren con su sombra y Tom trota sin una dirección fija, desea alejarse y asegurarse de que ella no pueda seguirlo. Se detiene en un área poco iluminada y algo sucia, los lomos de los libros se ven viejos y el olor a papel antiguo y polvo hace picar su nariz. Se permite respirar profundo, cerrando los ojos y abriendo y cerrando sus puños tantas veces que puede sentir solo un dejo de alivio, sí solo no tuviera que volver a la mesa y enfrentar a su madre por una hora más.
—¿Problemas en el paraíso? —La voz de Marissa le hace saltar con el corazón acelerado, revolviendo su estómago al punto de sentir como le sube la bilis por la garganta.
Lo último que Tom necesita en ese momento son los comentarios mordaces y groseros de Marissa, no cuando sus ojos están anegados de lágrimas que trata desesperadamente de mantener dentro de la cuenca de sus ojos.
—No es asunto tuyo. —Logra articular mientras trata de erguir su armadura con el cuerpo aun tiritando.
La niña canturrea en un tono irritante con sus ojos astutos clavados en él.
—Ustedes dos están peor que en Yule. —Se mofa mientras se apoya de una estantería con los brazos cruzados, obstruyendo la salida del claustrofóbico corredor.
Su estómago quema con mayor intensidad.
—La relación con mi madre no es tu asunto —espeta con voz cortante.
—Lo es cuando ella le escribe cartas a mi hermano.
Tom respira profundo, tratando de espantar el ácido que asciende dolorosamente por su esófago.
—¿Qué está diciéndole?
—Se queja todo el tiempo de lo infeliz que es, de cómo el mundo entero la odia, de cómo los Gaunt estamos malditos a ser miserables, rechazados y pobres —dice mientras rueda los ojos, parece enojada y cansada de la basura que su madre siembra en la mente de Sylvester.
Tom quiere golpear el estante hasta que todos los libros caigan, haciendo el ruido y estruendo que él no puede.
—Sylvester es ingenuo y fácil de manipular, esas cartas no le hacen ningún bien. —Marissa le ve con rabia, su barbilla está tensa y su cuerpo rígido.
—Ya lo sé, he hablado con él.
—Lo sé. —Marissa no suena tan enojada esta vez, hay un dejo de respeto o quizá agradecimiento en sus ojos—. Ha mejorado en la escuela gracias a ti.
—Hablaré con mamá sobre las cartas —No era su responsabilidad pero Tom no puede permitir que su madre lastime a Syl como lo hace con él. Syl jamás resistiría lo que él sí.
—Dudo que te escuche, los adultos nunca lo hacen. —Ella se encoge de hombros con el resentimiento anclado en su rostro.
—No todos los adultos. —Pero en el caso de su madre era probable que Tom terminase ganando más gritos y reclamos, quizá se ganaría otro insulto que le rompería en pedazos, algo para acompañar lo desgraciado y miserable que era, algo que se le colgaría encima como el emblema de una casa.
—Ah sí, tus queridos tíos si escuchan —resopla con amargura.
Tom no responde.
—Ella le dijo a mi madre que te fuiste de casa, qué te hizo? —Marissa ladea su cabeza como un gato, sus ojos muestran una curiosidad morbosa que le molesta.
Le sorprende su descaro, como pregunta con la certeza de que él responderá a lo que ella quiera.
—No es tu problema.
Marissa levanta una ceja.
—Somos familia, no?
Tom bufa.
—¿Lo somos? O solo quieres complacer tu enorme curiosidad?
—Apuesto a que tu tía no lo sabe y tu amiguito tampoco. Siempre están sobre ti como si fueras de cristal, como si no supieran que hacer a tu alrededor. Están confundidos y asustados, seguramente. —Marissa era muy buena leyendo a las personas.
—Y por qué tú deberías saberlo? No somos amigos, ni confío en ti. —Su cuerpo está pesado, preparado para atacar o salir corriendo.
—Soy la única que podría entenderlo —dice como si fuera obvio—. Estás rodeado de familias felices y de niños normales cuando sabes que tú no eres uno por mucho que lo intentes. Es molesto, las personas felices nunca podrán entender a los que son como nosotros.
Tom lo entiende, la vergüenza de confesar su pasado, de hablar sobre el hambre que erosionaba su estómago, el frío que entumecía su cuerpo, la suciedad y mal olor por no poder bañarse a diario, las paredes mohosas y pintura desconchada, el maltrato, la tortura... Era doloroso, narrar esos horrores a Mark le había costado tanto que no podía imaginar repetirlo todo el tiempo, ver la lástima en los rostros ajenos, ser tratado diferente luego de eso. No, él quería erradicar esa parte de su vida.
—Eso no es suficiente. —No va a caer en la manipulación de Marissa como un idiota principiante.
—Te contaré algo de mi si me cuentas qué pasó —negocia.
Tom se cruza de brazos, analizando la situación. Siente curiosidad por Morfin, Sylvester habla de ese monstruo con amor en los ojos, algo que él no puede imaginar siquiera. Si ella quería saber sobre su madre es justo que Tom sepa sobre su padre.
—Cuéntame de Morfin.
Marissa pierde su postura relajada y altanera, todo su cuerpo se estremece y se eriza como el lomo de un gato.
—¿Qué quieres saber de él? —Su voz suena forzada, como si su garganta se estrechara para evitar que salieran las palabras.
—Sylvester habla de él como si fuera un Dios.
Su prima rueda los ojos.
—Syl ve así a la mayoría —dice con amargura— Pero él no era tan malo.
Tom levanta una ceja con incredulidad.
—El mismo Morfin que usaba la imperius con ustedes para ordenarles dejar de molestar para poder estar con tu madre? —La ironía en su voz hace que Marissa le mire con rabia.
—Nos llevaba comida a Syl y a mi cuando teníamos tanta hambre que no podíamos dejar de dormir —cuenta con su mirada perdida detrás de Tom—. Y nos sacaba fuera del prostíbulo cuando los clientes se ponían agresivos. Gracias a él nunca nos tocaron un pelo a Syl y a mi.
«Me enseñó maldiciones y hechizos para defenderme, incluso robó una varita y me la dió para que pudiera cerrar bien la puerta del departamento. —Marissa sonríe, tan sumergida en su relato que no se da cuenta de cómo sus ojos se nublan—. Se sentaba a hablar con nosotros por horas mientras mamá trabajaba, a veces hablaba puras tonterías de la pureza de sangre y de cómo debíamos permanecer ocultos por nuestra seguridad... Pero también le peinaba el cabello a Syl, me decía lo bonita que era y cómo se alegraba que no fuera tan fea como él. Pasaba tiempo con nosotros, era algo que mamá no hacía, todavía no lo hace. Una vez maldijo a un niño en el callejón Diagon porque se burló de las orejas de Syl. —Marissa se ríe—. No era perfecto, ni el mejor padre, pero tenía sus momentos en los que no era tan malo. Syl y yo aprendimos mucho de él, sobre la magia y el pársel y yo aprendí a cuidar de mi hermano y de mí, gracias a él aprendí a usar mi magia, mamá no podría enseñarnos aunque quisiera, siendo una Squib abandonada por su familia.
Tom podría vomitar en ese mismo instante. Ese hombre no era el que él había conocido, Morfin había sido cruel, desinteresado y muy pocas veces se había metido a defenderle de ÉL.
—¿Alguna vez te lastimó? —pregunta.
—Usaba la imperius conmigo, ¿qué crees tú? —espeta.
Pero él no se refiere a esa clase de violencia, hablaba de las heridas que quedaban marcadas en el alma, que escocían, que hacían que su mente diera vueltas por horas al momento de dormir.
—Él siempre decía que esperaba que yo fuera más lista que mi madre, que era demasiado buena para pudrirme en el knockturn como una prostituta. —Marissa carraspea para ventilar las ganas de soltar un par de lágrimas—. Dijo que debía cuidar de Syl porque él no era tan listo como yo.
No estaba tan mal, siendo niños creciendo sin amor eso había sido como una bolsa de oro para sus primos. Su madre le había dado migajas también y Tom las había visto como un plato entero.
—¿Por qué no has ido a verlo? Si no fue tan terrible...
—Ya he contado suficiente, es tu turno. —Le interrumpe.
Tom no sabe por dónde comenzar.
—Mamá tiene depresión y está yendo al psicomago pero no está funcionando. La casa siempre está sucia, llena de basura y comida podrida, tengo que limpiar cada que llego de la escuela y siempre terminamos peleando porque... Es difícil estar cerca de ella, todo lo que hago está mal, nunca soy lo suficientemente amoroso o comprensivo, siempre debo ser el hijo perfecto y hacer todo lo que ella diga o quiera, de lo contrario soy un desgraciado miserable.
Marissa le mira inexpresiva.
—¿Te dijo que eras un desgraciado miserable?
Él cabecea.
—Pobre de ti. —Se burla.
Tom le rueda los ojos y la aparta con brusquedad para marcharse de vuelta a la mesa y terminar lo más rápido posible la lección.
—¡Hey! Lo siento! —Marissa le toma del brazo—. Papá me dijo cosas peores y en el prostíbulo constantemente escuchamos insultos, así que para mí es... Normal.
—No es normal, es una mierda. —Tom se relaja un poco.
El que Marissa le detenga y pida perdón es algo que le sorprende. Le molesta que se burle de él, como si fuera un niño idiota que se queja porque no tiene suficiente atención, pero ella no sabe el trasfondo, no conoce su vida ni lo dura que fue antes, es normal juzgar.
—Bueno, es lo que me ha tocado. ¿Por qué no te vas con tu tía si detestas vivir con ella?
La pregunta del millón. ¿Por qué se quedaba?
—Ella es inestable, podría hacer algo de lo que se arrepentiría si me fuera.
—¿Te amenazó con suicidarse si te vas? —Su prima bufa—. Es una manipuladora de primera, si lo sabes, ¿no?
Tom se remueve incómodo.
—No quiero que se muera por mi culpa.
—Algún día morirá —dice con indiferencia.
—Sí, pero no mientras yo sea un adolescente. —La reprende con la mirada.
—Prefieres vivir con una loca depresiva en un cuchitril en el knockturn que en una mansión en Francia? —Le juzga—. Estás demente.
—No soy un desalmado egoísta —replica.
—No, eres un idiota que deja pasar oportunidadades increíbles por culpa. La vida no es justa Tom, ni fácil, si yo tuviera unos tíos como los Potter tomaría a mi hermano y mandaría a la mierda a mi madre, nunca más pisaría el suelo lleno de pis y miseria de ese prostíbulo.
—Pues en eso somos diferentes.
Tom lo habría hecho de no haber ido con Mark, de no haber cambiado y visto tantas cosas, ahora era débil, un tonto que creía en las posibilidades, en las segundas oportunidades y en el cambio. Un idiota que anhelaba el amor cálido de una madre viniendo de los abrazos de la suya.
—Eliges ser miserable por alguien a quién no le importa a todo lo que renuncias por amor, ella nunca te va a recompensar lo que le das. Nunca lo hacen Tom.
La niña toma un libro de transfiguración en la estantería y se aleja, dejándolo con una herida sangrante en el pecho pero con un peso menos pesado en los hombros.
Vuelve a la mesa una vez que sus emociones están bajo control, para su alivio Harry y la tía Lily ya están allí. Ambos se muestran incómodos y confundidos por la presencia de su madre, era como el boggart de la habitación o como un dementor.
—Tom! —Harry va hacia él con una sonrisa que luce como un patronus para él. Su amigo le toma del brazo con dulzura y lo aparta un poco de la mesa hasta que una estantería los oculta de los demás a medias. —Te traje un chocolate—. Le tiende un paquete con envoltorio rojo brillante que se ve delicioso, él lo toma sin ánimo. Los ojos verdes de su amigo lo analizan con profundidad, escarbando en su mente hasta conseguir lo que busca. —¿Quieres irte de aquí?
—Aun no termino la lección de Syl —Pero Tom anhela irse, ya no soporta la sensación pegajosa en la piel, la taquicardia y las manos mojadas y frías.
Harry suspira.
—¿Quieres que haga que se vaya? —pregunta con seriedad, su amigo luce como un guerrero de las highlands y no como un chico de doce años.
—¿Qué? —dice incrédulo.
—Puedo hacerlo, tú solo dime y haré que se vaya —dice muy seguro de sí mismo.
—No puedes usar compulsión Harry! —sisea para no ser escuchado, inclinándose más cerca de su amigo.
¿Siquiera sabía cómo hacerlo?
El pelinegro rueda los ojos.
—Solo haré que le dé sueño o que sienta muchos deseos de estar en otro lugar —explica con inocencia, encogiéndose de hombros como si nada pero en sus ojos no había más que malicia.
Está mal, pero ella había invadido su espacio primero, ni siquiera se había disculpado apropiadamente y se apareció en la biblioteca tras manipular a Sylvester.
—No deberías usar tu poder para eso. —dice sin fuerza para continuar oponiéndose.
—Lo usaré siempre que pueda si eso te ayuda a sentirte mejor —Una sonrisa aparece en su rostro al mismo tiempo que acaricia con su pulgar el borde externo de su mano, que aun sujeta el chocolate.
Tom está avergonzado y sobrecogido por un sentimiento de vulnerabilidad que no es del todo desagradable.
—Además... ¿Qué clase de esposo sería si no te defiendo nunca?
Tom se sonroja.
—No necesito que me defiendas, soy más poderoso que tú.
Harry entrecierra los ojos y se aparta de él, se cruza de brazos y por último levanta una ceja negra y poblada. Es la aterradora pose de bravuconería de Harry.
—¿Estás rechazando mi amor Tom Riddle?
Una risita en su costado le hace voltear y ver a un par de niñas que les espían con poco disimulo, cubriéndose la boca para esconder que se ríen de ellos.
—Por Merlín bendito. —Tom cierra los ojos e inclina su cabeza hacia el techo.
—Con cada minuto de silencio estás cavando una tumba. —Sigue con su drama.
—De acuerdo, lo siento, eres perfectamente capaz de cuidarme y te doy las gracias por eso. —cede, solo para no ser humillado públicamente por los dramas bromistas de Harry.
Su amigo sonríe tras lograr su cometido.
—¡Bien! Entonces... ¿Hago que se vaya?
—No crees que eso me haría un hijo espantoso si te dejo hacerlo?
—¿Te sientes cómodo con ella aquí? —evade su pregunta.
—No, pero...
—Se disculpó contigo? —interrumpe.
Tom aun no le contaba a Harry sobre esa noche, pero no era extraño que su amigo supusiera que se trataba de una discusión, después de todo no era la primera vez.
—No —responde en voz baja, cada vez su cuerpo parece encogerse como un occamy buscando un lugar seguro y pequeño para esconderse.
—¿Tú la invitaste?
—No.
—Entonces no eres un mal hijo, ella debería disculparse adecuadamente, no perseguirte por ahí y esperar a que la perdones —exclama con el ceño fruncido. Está furioso, Tom no ha pensado demasiado en los sentimientos de Harry, ocupándose con sus estudios y luego tan cansado que solo quería dormir—. Hablarás con ella cuando te sientas mejor, si?
Harry se apodera del derecho de tomar sus decisiones pero a él no podría importarle menos.
—Bien.
Su amigo se inclina más cerca y besa su mejilla.
—Bien, vamos entonces, tienes una lección de matemáticas que terminar y luego verás una película conmigo antes de ponerte a estudiar —ordena mientras lo arrastra de nuevo a la mesa, con su mano aferrada al hueco de su codo.
—Suenas como una novia posesiva. —Se burla.
Harry le dedica una sonrisa torcida y le saca la lengua.
—Finalmente llegan. ¿Ya terminaron de besuquearse a escondidas? —Se burla Marissa en cuanto les ve llegar.
Su madre y la tía Lily no están a la vista, aquello le preocupa.
Tom fulmina con la mirada a Marissa.
—Oh sí, estuvo bastante bien —replica Harry con saña.
A Tom casi le estallan los ojos de lo grande que se abren sus párpados.
—¿Eres el novio de Tom?! —Sylvester deja su trabajo abandonado para mirarles a ambos con la boca abierta. Tom está seguro que ambos tienen la misma expresión.
—No —contesta enseguida.
—Sí —dice Harry, quién voltea a verlo con una ceja alzada, amenazándole en silencio con una nueva escena de drama.
—Sí —murmura sintiendo las orejas hirviendo de la vergüenza.
—Wow, los amigos de mamá dicen que los hombres que están con otros hombres son unos degenerados. Ustedes son unos degenerados? —pregunta, inclinando su cuerpo delgado sobre la mesa mientras les mira a ambos con enorme interés.
Tom desea que el suelo se abra como una gran boca y se lo trague entero. Harry estalla en una carcajada que cubre con una tos para nada convincente.
—No somos degenerados Syl, somos amigos —explica con la voz más serena que puede entonar.
Incluso Marissa está aguantando las ganas de reír. Eso es nuevo.
—Ahh y qué es un degenerado? —pregunta con el ceño fruncido.
—Es un insulto que usan para señalar a alguien como inmoral o despreciable. —Harry es quien se lo explica, increíblemente—. ¿Qué? —increpa al mirar su expresión. —Estudiamos el diccionario juntos, aun recuerdo muchas cosas.
—Creo que entiendo. —Sylvester asiente con la mirada perdida.
—Pero lo importante es que no somos degenerados, ¿crees que lo somos? —Harry se pegó a él, rodeando su cintura con un brazo y sonriendo para Syl.
—Creo que ustedes dos son asquerosos —opina Marissa.
—Mar! Es mentira, creo que son lindos. —Su primo les sonríe.
Tom no sabe cuál de los dos es peor.
—Gracias. —Harry se muestra complacido con las palabras de Sylvester.
—¿Dónde están mamá y la tía Lily? — Le pregunta a Marissa.
—Salieron a hablar apenas se fueron ustedes. —La chica señala la puerta de la biblioteca.
Tom tiene un mal presentimiento y Harry pegado a su costado se tensa.
—Saldré un momento a buscarlas entonces.
—Te acompaño. —Harry se suma de inmediato.
Ambos caminan fuera de la tienda, Tom con el alma a punto de fugarse de su cuerpo y Harry pegado a él como una garrapata.
Fuera un hervidero de personas que aprovechan para hacer las compras y gozar del buen tiempo que da el verano les reciben. Todos caminan con prisa, cubriendo el frente de los escaparates casi por completo, entre aquel tumulto es difícil encontrar a cualquiera de las dos.
—¿Chicos? ¿Qué hacen aquí afuera?
La mano de su tía Lily se posa sobre su hombro, asustándolo.
—Estábamos buscándote y a mamá.
—Ahh, tu madre tuvo que irse por trabajo, Severus la llamó a última hora por un encargo, también canceló tu clase de mañana porque es mucho lo que debe hacerse —explica y Tom le da paso a la tranquilidad en su organismo.
—Entonces podemos volver y que termines de enseñarle a Syl con calma.
Tom asiente a las palabras de Harry y camina con ambos a la biblioteca.
—Entonces serás un magizoólogo?
—Ese es el plan. —Harry asiente con una sonrisa cuando Sylvester vuelve a dejar su tarea en el olvido por quinta vez para iniciar una conversación con él.
—¡Genial! Y qué hacen los magizoólogos?
—Bueno... Cuidan a las criaturas mágicas, estudian dónde viven, qué comen y cómo se comportan. A veces intervienen para reubicarlos si están en peligro o los crían en granjas mágicas para evitar su extinción. También pueden dar clases.
—Es un trabajo para morirse de hambre, pero como eres un niño rico puedes hacer lo que te venga en gana. —Marissa asesina su buen humor con una de sus tantas frases negativistas.
Él está empezando a detestarla un poco, cada que se reúnen en la biblioteca es lo mismo con ella, Harry sabe que es un escudo que oculta su inseguridad, falta de control y miedo pero él no es de piedra y tiene derecho a enojarse si la niña siempre está provocándolo.
—Y cuál crees tú que es un buen trabajo? —Su tono de voz deja en claro que está cansado de su compañía y que la respuesta no le interesa en lo más mínimo.
—Eso es obvio, en el ministerio.
—Merlín me salve de pudrirme en una oficina mientras le beso el trasero a viejos con dinero.
Tom levanta la vista de su libro para darle una sonrisa floja pero divertida. Parece que no le importa demasiado que Syl de nuevo se haya distraído con él y prefiera charlar que hacer los deberes. Aunque Harry lo entiende, él tampoco querría hacerlos cuando el día está tan bonito que es el clima ideal para jugar al Quidditch.
—Oh no te preocupes, tus padres ya lo hacen para que tú no tengas que hacerlo.
Harry mira a la chica con la boca abierta, con la réplica hiriente y grosera en la punta de la lengua pero una mirada al simpático de Sylvester le hace cambiar de opinión.
—Los Potter no besamos traseros.
La niña sube una ceja y se burla de él con una sonrisita de superioridad que él detesta.
Harry en serio se está esforzando por llevarse bien con ella, pero Tom no exageró cuando dijo que era difícil e irritante.
—De acuerdo... Marissa deja en paz a Harry, si estás de mal humor no es nuestro problema. Syl la tarea no se hará sola.
Tom los controla a todos como un adulto en lugar de un adolescente de trece años con serios problemas emocionales.
—Perdón! —El primo de Tom se disculpa e inclina la cabeza tan cerca de su libreta que su nariz casi toca las páginas. Duda que pueda leer algo en esa posición.
—No eres mi padre ni el suyo, que se defienda solo —espeta la brujita fastidiosa mientras ve a Tom con desdén.
Harry se contiene de usar su don por muy poco.
—Gracias a Merlín no lo soy —murmura sin verla siquiera, lo que parece molestarla aun más.
Marissa se levanta de su asiento y se va a la estantería de libros sobre encantamientos luciendo como un kneazle furioso.
—No le prestes demasiada atención Harry, Marissa siempre es así cuando conoce nuevas personas. —El bueno de Syl saca su cabeza de la libreta para disculparse en nombre de su hermana.
—No te preocupes, no me molesta. —Le sonríe.
Tom le da una patadita debajo de la mesa como diciendo: eres un mentiroso. Harry lo ve con ganas de golpearlo apenas Syl vuelve a su tarea, su amigo cubre su sonrisa amplia detrás de su libro de runas antiguas que le regaló por su cumpleaños y Harry se concentra en su propia lectura sobre criaturas mágicas submarinas con una sonrisa igual de idiota en el rostro.
Si su amigo puede soportar el carácter insoportable de Marissa él puede hacerlo, siempre y cuando Tom esté presente.
No puedes ignorarme por siempre Tom, soy tu madre y no puedes irte de casa sin mi permiso y sin decirme a dónde. Vuelve de inmediato o iré por ti lo juro por Merlín.
Harry puede ordenar a Kreacher poner barreras frente a su casa de ser necesario para que esa mujer no atraviese ni siquiera el jardín. Sirius ni siquiera lo notaría con lo desordenado que es.
Las cartas no dejaron de llegar y ya ha pasado casi un mes, pronto será su cumpleaños y Tom sigue escondido en la mansión ignorando a su madre. A él no le molesta pero sentir lo miserable que Tom se sentía en los pequeños momentos en los que su mente no estaba ahogada en deberes le provoca un picor en el cuerpo y deseos de buscar a su madre y exigirle respuestas.
—Otra carta? —Tom siempre sabe cuando llegan, Nero no es exactamente discreto.
—¿Quieres leerla? —Lo último que desea es que su amigo la lea pero después de que Tom reaccionara algo mal a su impulso de quemar las cartas, Harry solo las guarda en un cajón en su habitación a la espera de que él las pida.
—No. —Su tono es seco y puntiagudo, sabe que su rechazo no es hacia él pero eso no evita que sus vellos se ericen.
Tom es muy rencoroso, lo sabe bien pero nunca había ignorado a su madre con tanta frialdad, no después de volver a vivir con ella, al menos. Eso solo hace que su curiosidad por el reciente problema entre ambos aumente, además de su odio.
—Bien.
Tom no pregunta qué dice y él no se lo dice.
Tom ha escuchado múltiples veces historias de Morfín de la boca de Sylvester en las dos semanas que llevan de clases particulares, su primo nunca se calla al respecto y para él es una forma de conocer la otra cara de aquel monstruo sádico que es su tío. Gracias a Merlín solo eran cosas buenas o se habría infartado al estar Harry presente en la mayoría de sus reuniones.
Por eso quiere llevar a Syl a verlo antes de su cumpleaños, increíblemente cumpliría cuatro días antes que Harry, así que Tom le organizaría una sorpresa antes de volcarse por completo en su amigo, quién tomaba toda la semana para celebrar su gran día.
Sólo debe hablar al respecto con Marissa y convencerla, luego debe planificar cómo ir a San Mungo sin que la tía Lily se entere, porque no está dispuesto a ir a ese lugar con ella ni con el tío James ni con nadie más que los Hatley. Tom se siente culpable por pensarlo, pero la culpa se va rápido entre sus estudios y jugar con Harry.
—¿Qué suelen hacer en tu casa cuando Syl cumple años? —Marissa levanta la vista de su libro y alza una ceja.
—Mamá suele trabajar todo el día para ganar dinero extra y compra un pedazo de pastel en la taberna de Tom, se roba una botella de cerveza de mantequilla y nos comemos todo a la medianoche —explica con su insípida y predecible voz amargada.
Tom siente frío el cuerpo, es espantoso, sabe lo solitario que es celebrar el cumpleaños de esa forma pero cuando se es pobre y miserable no se piensa demasiado en las fiestas o celebraciones.
—Quisiera darle una sorpresa a Syl, antes de su cumpleaños.
Marissa le escucha atenta, cosa que le sorprende.
—Me ha hablado mucho de su padre últimamente, pensé que podríamos ir a visitarlo. Syl lo extraña.
Marissa se echa hacia atrás en su silla, como si la idea de Tom la ofendiera muchísimo.
—¿Quieres llevar a mi hermano a San Mungo por su cumpleaños?
—Luego iremos a cenar y podemos ir al parque de diversiones muggle.
Su prima se cruza de brazos y arruga la cara con disgusto.
—Podemos ir cualquier otro día a verlo.
—No tienen el apellido Gaunt, harán demasiadas preguntas para dejarlos pasar. —¿Por qué todo debía ser tan difícil con Marissa? Harry le había dicho que le agradaba a la chica pero era difícil de creer.
—Seguro que cualquiera en ese lugar se preocupa por mi padre al punto de no dejar pasar extraños —dice con sarcasmo.
Tom suspira.
—Me gustaría acompañarlos.
—¿Para que te burles de nosotros?
—Dime una ocasión en la que me he burlado de ustedes.
Marissa entrecierra los ojos y dice:
—Creo recordar una vez que llamaste puta a mi madre.
—No me estaba burlando.
Marissa le fulmina con la mirada.
—Nunca fuí a verlo antes, tengo curiosidad por saber cómo está. —No era mentira, pero Tom solo quiere ver con sus propios ojos si el tío Morfin ha cambiado, al menos un poco.
—¿Y eliges el cumpleaños de Syl para saciar tu curiosidad?
—¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? Syl lo extraña y lo sabes, además nada puede ser peor que un pedazo de pastel y cerveza de mantequilla a medianoche.
Su prima suspira.
—Lo llevarás a comer a un lugar bonito y le comprarás todo lo que quiera —exige mientras le apunta con un dedo.
—No tengo tanto dinero.
—Entonces nos quedaremos en casa. —Vuelve a tomar su libro y cubre su rostro con él, ignorándolo y queriendo dar por zanjada la conversación.
Tom rueda los ojos.
—Bien. De acuerdo.
Marissa sonríe satisfecha.
Tom entra al departamento de Becca con el cuerpo tenso, espera no toparse con su madre por casualidad.
—¡Tommy! ¿Qué haces aquí? —Becca está vestida con pantalones holgados y una camisa que era evidentemente de un hombre.
—Dijiste que me debías un favor por no cumplir tu promesa.
Becca se cruza de brazos y le mira con una sonrisa perpleja.
—Eres un mocoso impertinente, ni siquiera vas a saludarme apropiadamente antes de cobrarme un favor?
Tom se acerca y se deja abrazar, Becca deja un beso sonoro en lo alto de su cabeza.
—Perdón, nadie sabe que vine. La tía Lily está en su laboratorio y Harry está dormido.
Becca le mira con una ceja alzada y las manos en la cadera.
—Y por qué te escaparías?
—Porque no quiero que se enteren de lo que te pediré.
—Uhhh Tommy, eres muy pequeño para hacer travesuras, sabes? —dice con tono socarrón.
Tom rueda los ojos.
—No soy como tú.
Becca abre la boca ofendida y le pellizca el brazo. Tom se echa a reír.
—Necesito que me lleves a un lugar sin que mis tíos o mi madre se enteren.
—Umm... ¿Y qué lugar es este? —dice con ojos entrecerrados, brillando con una chispa de entusiasmo y picardía típicos de Becca.
—San Mungo.
Becca se desinfla como un globo.
—¡San Mungo?! Creí que querías fugarte a un concierto en Nueva Zelanda o ir a una fiesta. —La mujer niega con la cabeza—. Eres un aburrido Tommy. ¿Para qué necesitas que te lleve a un hospital?
—Quiero llevar a mis primos a ver a Morfín.
Becca frunce el ceño y pone una expresión de asco y desprecio que le habría arrancado una carcajada a Tom de no sentirse en una carrera contra el reloj.
—¿A tu tío el diabólico hijo de puta?
—Sep.
—¿Por qué querrías verlo? Está más loco que antes, según tu madre.
Un loco podía juzgar a otro? Tom no lo sabía.
—Syl quiere verlo y será su cumpleaños pronto.
—Vaya regalo de mierda.
—Becca. —Le reprendió.
Su tía sube las manos sobre su cabeza, rendida.
—¡Bien! De acuerdo, haré el papel de tutora con ustedes.
Tom finalmente se relaja.
—¿Y podrías prestarme dinero?
Su tía rueda los ojos con cariño.
—Claro, ¿por qué no? Seguramente será más barato que llevarte a escondidas a otro país.
—Gracias Becca.
Ella le guiña un ojo.
—Espero que después de esto me pongas en el mismo pedestal que a tu tía Lily.
Tom se echa a reír y se mete en la chimenea.
—Bien, nos vemos en dos días. —Él la mira con severidad y le apunta con un dedo para enfatizar—. Temprano.
Su tía asiente con fastidio y amor en los ojos, Tom toma los polvos flú y vuelve a la mansión lo más silenciosamente que puede.
—¿Ustedes son los familiares del señor Morfín Gaunt? —Una enfermera les ve con duda.
—Ellos son sus hijos y sobrino, yo soy su tutora. —Becca miente con sencillez mientras les rodea los hombros a los tres con ambos brazos.
Tom está agradecido con ella por acompañarlo, aunque se siente mal por ir sin el permiso de la tía Lily pero no sabe cómo terminará la reunión y no quiere llorar y causarle más preocupaciones a su tía cuando ya le mira como a un caldero a punto de explotar.
—De acuerdo, les llevaré a su habitación. Aunque debo advertirle que el señor Gaunt tiene problemas de comunicación, así que probablemente no puedan comprender lo que dice, pero estoy segura que le alegrará tener visitas. —La sonrisa de la enfermera es tensa y Tom está seguro de que la mujer debe estar harta de atender a un hombre como Morfin.
—Está bien. —Tom le resta importancia pero Marissa y Sylvester se ven sorprendidos.
Los cuatro siguen a la enfermera por el largo pasillo del área, en donde huele a cloro y a limpio, todo se ve tan ordenado que es incómodo de mirar, demasiado perfecto, blanco y vacío. El ruido de los pacientes no ayuda, hay personas chillando y llorando o ancianos con la bata abierta y el trasero al aire.
Marissa se ve nerviosa, aunque lo disimula muy bien con el rostro pétreo y serio, su ropa es oscura y ancha y todo su cuerpo indica que no está dispuesta a que nadie le toque ni se acerque. Pero Tom ve como sus manos juguetean inquietas con un hilillo que cuelga de su chaqueta, enrollando y desenrollando hasta que su dedo índice está hinchado y rojo.
Syl es todo lo contrario, salta al caminar y sonríe como si San Mungo fuera un parque de diversiones y no un hospital. De los cuatro es el único que parece feliz de estar allí.
La enfermera se detiene en una sección frente a una puerta azul bebé que late con hechizos de privacidad y silenciadores.
—Las visitas son hasta las cuatro de la tarde. Si necesitan algo toquen la campana al lado de la cama. —Abre la puerta y mira dentro—. Tiene visitas señor Gaunt!
Se marcha con rapidez apenas les anuncia, quizá huyendo del monstruo que se oculta en el cuarto.
Una figura delgada y encorvada yace sentado en la cama, su cabello largo y enmarañado le cubre el rostro. No les ve ni se mueve.
—Les esperaré afuera. —Becca le peina el cabello y mira sus ojos para ver si está bien con ello.
—Bien.
Becca se retira a una sala de espera y Syl pone un pie dentro, impulsando a Marissa a seguirlo con una pose protectora, sujetándolo de los hombros para evitar que corra hacia el hombre como parece que quiere hacer.
—Papá?
La palabra parece hacer magia en él, de inmediato levanta su rostro y se aparta el cabello de la cara, Tom puede ver la incredulidad en sus ojos y como estos pasan de verse apagados y resentidos a mostrar amor. La imagen le hace sentir incómodo.
—Soy yo papá, soy Sylvester, si te acuerdas, ¿no?
Su primo camina más cerca, luchando contra su hermana que lo retiene con fuerza lejos de la cama.
—Sylvester... Marissa —sisea mientras extiende los brazos y recibe a Syl, que se le ha escapado a Marissa de las manos.
—Te extrañé mucho papá. —Syl llora abrazado al hombre que lo aterrorizó por años, al hombre que lo golpeó, que le escupía la comida y el rostro, que lo torturaba y robaba la comida. Es duro de ver, es duro tragar el resentimiento hacia su primo, el sentimiento de traición que se ciñe a la boca de su estómago.
Marissa no se mueve, parece una estatua mirando la escena sin intervenir mientras Morfin mece a Syl entre sus brazos, riendo de una forma que Tom solo describiría como desquiciada.
—Y tú Marissa? Me extrañaste? —Morfin la mira sobre el hombro de Sylvester y Tom solo puede ver como la respiración de su prima se acelera y sus hombros se tensan.
Su prima se acerca poco a poco pero no deja que la abrace, solo tiende su mano y Morfin la toma con dureza y brusquedad con una sonrisa aun más amplia que la que le ha dedicado a su hijo menor.
—Mi niña bonita, estás aun más hermosa. No has dejado que ningún baboso te ponga las manos encima, verdad?
—No. —La voz de su prima tiembla y se corta, como si contuviera las lágrimas.
—Eso está bien, muy bien... —Su atención parece perderse por un momento hasta que parece volver. —¿Y tu madre?
—Mamá no sabe que vinimos a verte, ni siquiera sabe que estás aquí, mi primo Tom fue el que nos trajo! —Syl explica con emoción.
Los ojos inyectados de sangre y acostados sobre sacos púrpura de ojeras le encuentran justo a un lado de la puerta, lejos se ha ido el cariño y emoción. Tom se encuentra con la expresión loca y sádica que le provocó pesadillas por meses tras salir de la cabaña, la misma mirada que se burlaba de sus gritos, de sus intentos por defenderse y de sus tripas chillando de hambre o de dolor.
—Tom... Tu madre dijo que estabas vivo, pero no le creí, nunca viniste a verme. —Se burla, su lengua sale de su boca y relame sus labios resecos.
«Como si quisiera visitar a un maldito que hizo mi infancia un infierno solo por gusto». Piensa y muerde el interior de su mejilla ,no desea arruinar el regalo de cumpleaños de Sylvester.
—Tom me está ayudando mucho en la escuela papá, no soy tan idiota como antes! Ahora entiendo mejor las cosas y los maestros dicen que lo estoy haciendo mejor. — Su primo salta en su regazo mientras habla en un intento desesperado por recuperar la atención de su padre.
Tom siente lástima por él, Syl es demasiado ingenuo para ver el mundo como realmente es, ama a personas que le lastiman y recuerda cada momento con amor como si no tuviera un hueco en el pecho o quizá no lo tenga, Syl no parece estar herido por nada, parece demasiado feliz y despreocupado, tan acostumbrado a las migajas que piensa que es el pastel completo.
—Ya veo. —Morfin ni siquiera mira a Syl a la cara cuando responde—. Sigues siendo un sabelotodo, eh?
Su tío se estira y sus brazos dejan de rodear a Sylvester y de sujetar a Marissa, todo su cuerpo se gira para verlo de frente. Su cuerpo se estremece con asco.
—Te ves bien, ahora pareces un señorito rico.
—Gracias. — No sabe qué más responder, todo su cuerpo tiembla de miedo.
Su tío golpea su paladar con la lengua, produciendo un sonido que eriza su piel y le recuerda a las noches en las que se retorcía en el suelo con espasmos y calambres dolorosos tras horas de tortura con la cruciatus.
Tom se encuentra con la mirada inquisitiva de Marissa quién les mira a ambos analizando cada gesto y palabra, él casi puede ver como en su cabeza se tejen miles de hilos para darle un sentido a lo que ve. Se siente arrinconado y amenazado, su magia responde en su interior, revolcándose inquieta y alerta.
—¡Todo esto es tu culpa y ni siquiera has tenido la decencia de venir! Maldito sangre sucia bastardo! —Le grita enloquecido y Sylvester a su lado se sobresalta con miedo en sus ojos. —Padre debió deshacerse de ti antes de que arruinaras a esta familia, mira cómo nos has humillado a todos! ¡Mira dónde me han encerrado!
Morfin se levanta de la cama como una quimera furiosa y camina veloz hacia él con las manos extendidas como cuchillas. La magia de Tom reacciona de inmediato irguiendo un escudo que lo golpea en el pecho y lo arroja hacia atrás hasta tirarlo al suelo.
La habitación se queda en silencio.
—Tu padre era un monstruo y estoy feliz de que esté muerto y pudriéndose como un don nadie en un cementerio muggle —sisea con todo el odio que puede reunir mientras su cuerpo tiembla y su magia chispea como rayos en la habitación—. Y tú estás en un lugar mucho mejor al que realmente mereces, maldito animal. Solo estás aquí porque eres tan enfermo y repugnante que se compadecieron de ti, pero mereces estar en el estómago de un maldito dementor.
Morfin gruñe en el suelo como un animal y trata de levantarse pero la magia de Tom le empuja al suelo con brusquedad.
—Eres un infeliz desgraciado! ¡Una desgracia para esta familia, una plaga, una mancha en nuestro linaje! —Le grita enloquecido, escupiendo saliva y retorciéndose tratando de escapar de los brazos invisibles de su magia que lo mantienen en su lugar.
Tom recibe cada palabra como un puñal frío en el abdomen.
—Debiste morir ese día, maldito sangre sucia traidor!
Tom mira a sus primos al escuchar el jadeo de su primo. Sylvester se refugia en los brazos de Marissa como un niño perdido, mientras su prima les ve con una atención gélida que le revuelve las entrañas. Tom no quería arruinar la sorpresa de su primo pero nada parece salirle bien últimamente.
—No vine aquí a pelear contigo Morfín, tus hijos querían verte así que haz el maldito esfuerzo de ser una persona decente por una maldita vez en tu vida y prestales atención.
Tom lo libera con su magia pero permanece alerta mientras se da media vuelta para salir por la puerta.
—Cada día te pareces más a ese maldito Muggle, creyéndote mejor que los demás.
Tom se voltea, confuso.
—¿Perdón?
—¡Ese maldito muggle de Tom Riddle! —chilla—. ¡El desgraciado con el que tu madre se escapó! Debe seguir en Little Hangleton presumiendo de su dinero. — Se ríe como demente en el suelo.
Tom no puede creer lo que oye. Nunca escuchó una palabra sobre su padre, su nombre, dónde encontrarlo, cómo era o si se parecía a él. Nada. Y resultó que todo ese tiempo estuvo tan cerca de él que era ridículo.
—No sé de quién hablas.
Morfin bufa con diversión.
—Oh claro que no sabes —dice con malicia en la voz—. Es otra de las víctimas de tu inocente y débil madre —escupe las palabras con resentimiento y sarcasmo.
La forma en que lo dice le da mala espina, su madre siempre fue una víctima de su padre y Morfín pero algo en el tono y los ojos del hombre le decían que aquello no era del todo cierto.
—¿Por qué no le preguntas a ella? Apuesto a que la respuesta te encantará. —Se ríe—. Maldito sangre sucia, eres aun más sucio de lo que piensas.
Tom quiere vomitar, va a vomitar.
No dice nada, solo sale de la habitación y camina, camina, camina hasta que está fuera de esa maldita sala de locos en un pasillo que se siente como una prisión sin aire. Entra a un baño en medio del pasillo con los ojos húmedos de lágrimas y se arrodilla en el suelo para vaciar su estómago en el inodoro, las arcadas apuñalan sus costillas como agujas gruesas y el ácido de su estómago le quema la garganta.
Finalmente todo sale de su interior y Tom se queda tirado en el suelo con el cuerpo resentido por las arcadas y un temblor de manos que no hace más que empeorar.
Tom sale corriendo de la habitación con el rostro pálido.
Su padre se levanta del suelo con una sonrisa de satisfacción en el rostro como si hubiera ganado una batalla. Ella sujeta a Syl contra su pecho, quien ya no se resiste a su agarre apretado, su hermanito tiembla con sus ojitos abiertos de impresión y miedo por lo que acaba de presenciar.
—Siempre es lo mismo con él, es demasiado temperamental. —Les dice como si no acabara de maldecirlo de muchas formas.
—¿A qué te referías con que Tom debió haber muerto?
Su padre suspira y se sienta en la cama, la mira de arriba a abajo y bufa divertido al ver como sujeta a su hermano lejos de él.
—Justamente eso, sí mi padre lo hubiera logrado seríamos invencibles, habría ido por ustedes y viviríamos juntos!
Marissa sabe que es mentira, él siempre endulzaba las cosas para hacerles bajar la guardia.
—¿Trataron de matarlo?
Syl se estremece contra su cuerpo.
—Padre trató, ese maldito hijo de perra tiene algo que él quería, tiene magia, magia como la de Slytherin. Iba a quitársela para tomarla nosotros pero esa maldita histérica de Merope buscó a los aurores y mató a padre antes de terminar el ritual.
Es espantoso, no es lo más terrible que ha escuchado pero la mirada en los ojos de Tom le arde en la cabeza. Nunca lo ha visto asustado, ni siquiera cuando se enfrentó a toda la casa de Slytherin para defenderla. Tom es invencible, el mejor de su año y mucho mejor que estudiantes de años superiores, tan listo que es aprendiz de pocionista con trece años. No es de los que se intimidan ni de los que tiemblan al ver a un adulto acercarse con malas intenciones. Bueno... A menos que se trate de la relación nefasta con su madre.
Tom le temía a su padre y mucho.
—Ya veo. Nos vamos.
No va a pasar otro segundo en esa habitación con él, se dejó engatusar por Sylvester y los recuerdos del pasado que estaban borrosos en su mente y lucían lindos y no tan terribles, pero ahora es mayor y puede elegir, no va a dejar a su hermano cerca de un tipo que ni siquiera responde a sus preguntas, que no se fija en ellos por enfocarse en atormentar a alguien más. Y sobre todo no va a dejar a su hermano cerca de alguien que le hace temblar y llorar.
—¿Se van?! Acaban de llegar! —Su padre se pone de pie y se interpone entre ella y la puerta, intimidante y amenazador. —No seas ridícula, te quedarás y me ayudarás a darme un baño.
La simple idea le provoca náuseas. Syl se encoge y pega a su cuerpo, tanto que lastima su estómago y costillas.
—Dije que nos vamos. —Los ojos de su padre la miran furiosos—. Apártate o me encargaré de decirle a todo San Mungo que solo finges estar loco para evitar ir a Azkaban.
Finalmente se aparta pero sus ojos la persiguen de una forma que hace que cada vello en sus brazos se erice como un vapor caliente que le quema debajo de la chaqueta.
Empuja a Syl delante de ella sin apartar la mirada hasta que su hermano está fuera de la habitación.
—La próxima vez que venga tu madre, estas enfermeras son unas malditas calentadoras.
Su ojo derecho tiembla con rabia.
—No habrá una próxima vez.
Y sale de la habitación.
Syl va corriendo con Rebecca y se abraza a ella mientras llora, la mujer parece a punto de gritar por ayuda al tenerlo encima.
Marissa tira de su hermano y lo aleja de la mujer para que se refugie con ella, Syl de inmediato hunde su rostro debajo de sus costillas y sus lágrimas calientes le mojan la ropa.
—Supongo que no les fue bien.
—¿En serio? —Detestaba lo inmadura que era la mujer.
—¿Dónde está Tom? —Rebecca mira sobre su hombro buscándole.
—No lo sé, salió de la habitación hace rato.
Rebecca cierra los ojos y maldice en voz baja.
—Iré a buscarlo, ustedes quédense aquí.
—Vamos contigo, este lugar me enferma.
Quiere alejarse de su padre y de la desilusión que ha sido verlo de nuevo.
—Bien, espero que siga en el hospital o su tía me va a matar. —Se queja en voz alta.
—No creo que le haya pasado nada malo, sabe cuidarse solo.
Rebecca la mira muy seria.
—Tom es un guerrero cuando se trata de magia pero es débil cuando hablamos de emociones. Además... Tu padre es un cabrón.
Marissa quiso golpearla por mencionar algo que solo le echaba más leña al fuego en la cabeza de su hermano, pero la curiosidad que había despertado el pasado de Tom frenaba su lengua para pedirle que se callara.
Arrastra a su hermano fuera de la sala y sigue a Rebecca por el pasillo, llamando a Tom.
Una hora después han paseado por todo el hospital y no lo encuentran en ningún lugar. Al estar tan agotados toman la decisión de descansar en la cafetería una vez que Syl se queja de tener hambre.
—Quizá se fue a casa? —Sylvester ya había dejado de llorar, aunque sus ojos seguían rojos.
—Sus tíos no están en casa hoy, fueron a una reunión de amigos en Glasgow.
—Igual puede entrar a la casa por red flú. — Rebecca no era la más lista.
—No lo sé, no lo creo. —La mujer acaricia sus sienes con cansancio.
—Y Harry? Quizá fue a buscarlo porque es su novio —sugiere Syl, metiéndose un pedazo del sandwich que Rebecca le había comprado en la cafetería en la boca.
—¿Qué?! —chilla la mujer—. Desde cuando?!
Marissa rueda los ojos.
—Harry podría saber de él, Tom es como su perrito faldero. —Era tan patético como le miraba que era lindo.
—Harry está con su padrino y Tom lo odia, no creo que haya ido a buscarlo.
—Pues entonces tendrás que decirle a alguien en el hospital. —Se harta de brindar soluciones.
—Si hago eso descubrirán que los traje a los tres sin permiso. —Rebecca se queda en silencio un rato—. ¡Ya sé lo que vamos a hacer! Llamaremos a Harry y le pediremos que venga y que nos ayude a buscar. Lo más probable es que Tom se esté escondiendo tras algún hechizo.
—Eres una adulta, ¿Acaso no puedes notar esas cosas?
—Niña... —Rebecca se inclina en la mesa para acercar su rostro al suyo—. Cuando Tom quiere desaparecer desaparece y es realmente difícil hallarlo, solo saldrá si quiere hacerlo. —Le explica como si fuera idiota.
Es demasiado drama para un chico de trece años, pero la mirada de Tom volvía a su mente cada vez que le juzgaba por desaparecer y la anclaba a quedarse. Además Syl se enojaría con ella si se iban.
—Bien, llámalo.
Harry siente su corazón desplomarse al suelo cuando la cabeza de Becca se asoma por la chimenea de Sirius en medio de una partida de snap explosivo muy reñida.
—Harry!
—Rebecca! Qué haces aquí?! Hoy estoy ocupado. —Su padrino se ve espantado, probablemente porque Harry acaba de descubrir a su nuevo entretenimiento de verano, como llama su madre a sus novias fugaces.
—Ya lo sé, vine por Harry.
Harry deja las cartas, que explotan al caer y se arrastra al frente de la chimenea para hablar con ella.
—¿Qué pasó?
En su mente hay un nombre que se repite con cada latido de su corazón. Tom. Tom. Tom. Tom. Tom. Tom.
—Necesito que me ayudes a encontrarlo. Se perdió hace una hora.
Se va a morir, va a morir y luego va a matar a esa mujer.
—¿Una hora?! ¿Dónde demonios están? —Se pone de pie de inmediato y se sacude los pantalones.
—Rebecca ese es el trabajo de un auror, no de un niño de doce años. —La riñe Sirius.
—Cumpliré trece en menos de una semana. —Harry le corrige mientras toma un puñado de polvos flu de la repisa de la chimenea.
Su padrino le toma del brazo y le aparta de la chimenea.
—¿A dónde vas? Harry eres un niño, un niño no puede buscar a otro niño!
—Por supuesto que no, vamos a ir a buscarlo, tú mismo lo dijiste, es el trabajo de un auror. —Harry sabe que Sirius detesta a Tom pero no le dirá que no a él y si lo hace... Bueno, usar su don para una buena causa no es malo.
Su padrino le mira impactado por haber caído en su trampa.
—¿Pueden apresurarse? Hay una fila de personas que desean usar la chimenea.
—Ya vamos, hazte a un lado por favor. —Le ordena a Becca con sequedad.
Harry toma a Sirius con su otra mano y lo empuja al interior de la chimenea.
—¡San Mungo! —Arroja los polvos a sus pies y se deja arrastrar.
El aterrizaje es aparatoso como siempre y su padrino lo sujeta del abdomen evitando que caiga en el suelo del pasillo del hospital.
Marissa, Sylvester y Becca les esperan del otro lado. Becca está angustiada y nerviosa, Sylvester está triste y asustado y Marissa enojada, curiosa y arrepentida. Nada de eso le tranquiliza.
—¿Qué sucedió?
—Fuimos a visitar al tío de Tom a la sala de Janus Thickey, él salió del cuarto en algún momento y desde entonces no lo hemos visto.
—Él y papá tuvieron una pelea muy fea, papá le dijo cosas muy feas. —Sylvester lo dice con los ojos húmedos y su hermana lo toma del hombro y niega con la cabeza.
Harry echa un vistazo a su anillo, está en blanco, Tom debe habérselo quitado. No era una buena señal.
—Pues hay que decirle al personal del hospital. —Su padrino está enojado porque interrumpieron su tarde de convivencia pero Harry no va a esperar a que alguien más vaya a buscarlo.
—No podemos hacer eso, traje a tres niños que no son míos sin permiso de sus padres!
—¿En qué estabas pensando cuando lo hiciste? ¿Estás loca?
—Solo estaba haciéndoles un favor!
—¡Son niños!
Harry siente que su piel arde, solo desea que dejen de pelear y le ayuden a buscar a Tom.
—Eso lo tengo claro Sirius!
Harry se aleja de ellos sigilosamente y se topa con los primos de Tom siguiéndole por el pasillo.
—¿Qué le dijo tu padre a Tom? —Le pregunta a Marissa mientras deja que su don se expanda como un campo de fuerza, captando las emociones de cada sala que atraviesan.
No quiere ni imaginar lo mal que está Tom si se quitó el anillo para que él no pudiera saber lo que estaba sintiendo. Tom ha sido un zombie por tres semanas enteras, negándose a hablar sobre la última pelea con su madre, porque obviamente hubo otra, evitando leer las cartas que le ha enviado y dejando que Harry le dijera qué hacer en la biblioteca con el rostro pálido y las manos temblando. Algo pasó, algo muy malo y le duele tanto que Tom no quiera contarle, le duele que no confíe en él ni en sus padres.
Debe ser realmente malo si no se lo ha contado a sus padres.
—Lo llamó sangre sucia —dice Sylvester—. Le dijo que era una plaga y una mancha para nuestro linaje.
Las venas de su cerebro iban a reventar, ya fuera por el esfuerzo de encontrar el aura distintiva de Tom entre miles en ese hospital o por el enojo sin precedentes que sentía crecer en su interior.
—Syl... No es necesario contarle todo. —Marissa se entromete como siempre—. Eso no te ayudará a encontrarlo. Ni siquiera estás haciendo algo que nosotros no hemos hecho.
Harry ve a Marissa por encima del hombro con rabia.
—Conozco a Tom mejor que tú y sí sé cómo se siente sé a dónde irá.
—Papá dijo que el abuelo trató de matarlo una vez y que por eso él está atrapado en San Mungo.
Harry detuvo su andar y volteó a ver a Sylvester.
—¿Qué? —Por su espalda baja un líquido caliente que adormece sus piernas. La desesperanza de los pacientes parece ser más profunda y abrumadora, pegándose a su corazón como una cuarta capa.
—No lo sabías? Pensé que lo sabías todo sobre él. —Harry mira con rabia a la prima de Tom, su tono sarcástico y condescendiente le revuelve las tripas.
—No, no lo sabía.
«Por Merlín Tom, eso fue lo que pasó hace tantos años?». Tiene que encontrarlo, de inmediato.
Su corazón va a estallar, las ganas de llorar le consumen mientras su pecho se hincha cada vez más con la tristeza y dolor que rodea las paredes y pasillos de San Mungo. Todo su cuerpo se llena de sudor por el esfuerzo y el miedo.
Suben al siguiente piso y Harry devora los escalones saltando de dos en dos e incluso tres.
Es allí cuando lo nota: el aura poderosa e intimidante, el viento arrollador y fresco del invierno, la frescura de una lluvia en medio de la noche. La magia de Tom está gritando descontrolada.
Frente a él los baños del pasillo de Janus Thickey gritan una melodía que solo él puede escuchar.
—Está aquí.
—Ya buscamos allí antes.
Harry entra, ignorando las palabras de Marissa. El baño está impecable y vacío, absolutamente silencioso.
El primer cubículo desprende magia en oleadas. Repliega su magia, con la cabeza a punto de estallar de dolor y se acerca a la puerta del baño.
Toca con sus nudillos sin obtener respuesta y empuja. Nada, no se mueve ni un centímetro.
—Te dije que no está aquí. —Marissa le siguió al baño con su hermano a cuestas, enfocada en hacerlo enojar aun más y en demostrar que sabe más que los demás.
Harry rueda los ojos y se muerde la lengua para no mandarla al diablo. Pega su frente a la puerta del cubículo, que está helada.
—Tom? Soy yo, ¿Puedes abrir la puerta? —susurra, conteniendo las ganas de llorar.
La puerta chirría y rápido se aleja para dejar que se abra, dentro no ve a nadie pero Harry puede sentirlo. Entra y cierra la puerta dejando atrás a los Hatley. De inmediato Tom se hace visible en el suelo del baño, acurrucado con las rodillas pegadas al pecho y sus brazos rodeandolas.
—¿Qué haces aquí? —Tom no lo ve a los ojos al hablar, su voz suena ronca y llorosa a pesar de que sus ojos están libres de lágrimas.
Se agacha con cuidado y se sienta frente a él, los baños son lo suficientemente espaciosos como para estar sentados los dos pero no lo suficiente como para no tener el inodoro frente a su rostro.
—Becca me llamó, curiosamente tiene la dirección de Sirius. Creo que están saliendo —bromea sin mucho humor. Tom luce perdido en su propia mente.
—¡Oh por Merlín! —Cierra los ojos y golpea su cabeza contra la pared.
Sus emociones le duelen. Hay resentimiento, miedo y un dolor profundo que le estruja el corazón como si quisiera hacerlo puré.
—No tenías que venir Harry. —Tom no abre los ojos pero Harry ve como sus labios tiemblan, como siempre que está aguantando las ganas de llorar.
—Cómo crees que iba a quedarme en casa de Sirius después de escuchar que estabas desaparecido?
Tom no hace ni dice nada. Sus emociones lo asfixian, es como una bruma que se mete por su nariz y llena sus pulmones de un aire tan caliente que los quema por dentro.
Harry se arrima al cuerpo de Tom, toma sus manos y las separa de sus piernas, estira sus piernas en el suelo y se mete entre ellas hasta que su espalda está contra el pecho de Tom y su rostro frente a la puerta del baño.
—Sabes que puedes decirme lo que sea, verdad? Ya no tengo ocho años, puedo entender mejor las cosas, no tienes que pasar por todo esto tú solo. —Habla con voz suave y dulce, como si buscara acercarse a un unicornio desconfiado.
Tom se estremece a su espalda y Harry lucha para controlar sus propias emociones desbordadas, trata de organizarlo todo y alejar todo aquello que no le pertenece.
—Si no quieres decir nada lo entenderé. —Aunque Harry comenzaba a desesperarse por su silencio, por los abrazos ansiosos de Tom por las noches y por la mirada apagada y perdida que mostraba desde que las vacaciones habían iniciado—. Pero quisiera que confiaras en mí y me contaras al menos un poco, no quiero dormir por las noches sabiendo que estás mal y no poder hacer nada para evitarlo.
La frente de Tom se apoya en su hombro.
—Confío en ti, confío en ti como con nadie más.
Harry muerde el interior de su mejilla para evitar que las lágrimas caigan.
«Entonces por qué nunca me contaste lo que te hicieron?». Pregunta en su mente, pero no es momento de recriminar, una vez Tom le dijo que quería protegerlo del mundo, que era demasiado bueno e inocente para entender y siendo honesto consigo mismo: habría sido una bomba para un niño de ocho años.
—¿Qué pasó?
Quiere saberlo todo: qué pasó con su madre? ¿Qué le dijo Morfín y cómo fue que a sus nueve años casi fue asesinado? Pero no puede presionar a Tom de esa manera.
—Ellos nunca me quisieron, nos trataban muy mal a mamá y a mí. —Tom habla con voz pausada y apagada—. No fue agradable vivir con ellos y en serio la pasé muy mal. Sylvester me contó sobre como era un padre no tan terrible y Marissa también dijo cosas buenas y yo creí que... —La voz de Tom se corta y Harry le toma la mano inerte que reposa en su pierna, Tom la retira y en cambio le rodea con sus brazos, encogiéndose más sobre su espalda—. Creí que era buena idea traer a Syl para verlo porque mañana será su cumpleaños y tenía curiosidad de verlo con ellos, ver esa otra parte de él.
Agua caliente moja su hombro derecho y Harry sujeta las manos entrelazadas de Tom con las suyas.
—No salió bien, obviamente —dice con un tono de voz lleno de dolor y amargura.
—¿Qué te dijo? —Es un idiota por querer escuchar de sus labios lo que Sylvester ya le ha dicho? Pero cómo puede Harry hablar sobre ESO si Tom no se lo cuenta? ¿Cómo puede explicar sus nuevos conocimientos?
Tom suspira entrecortadamente en su espalda.
—Dijo que era un maldito sangre sucia que había manchado el maravilloso linaje Gaunt, un desgraciado infeliz. —Su voz tiembla y Harry desea darse la vuelta y abrazarlo hasta fusionarse como un solo ser, hasta asegurarse de que Tom tenga tanto amor que nunca vuelva a experimentar la tristeza.
—Eso jamás será cierto, eres lo mejor que ha salido de esa familia. Eres bueno y dulce, eres listo y gentil, eres educado y protector, eres sensible y caballeroso, también eres divertido y el mejor pocionista de trece años que existe. Eres un orgullo para la casa Slytherin y lo seguirás siendo siempre. —Tom se abraza más fuerte a él—. No debe importarte lo que diga un hombre loco que nunca ha conocido el amor, la opinión de personas malas está podrida porque no piensan con el corazón ni desean nada bueno para nadie, qué peso podrían tener esas palabras realmente? No son verdad en lo absoluto, tú eres increible, el mejor.
Tom levantó la cabeza y posó su barbilla en su hombro, clavando su nariz en su mejilla.
—Gracias Harry.
—Siempre estaré aquí para ti.
Tom besa su mejilla con su nariz fría y húmeda.
—¿Quieres levantarte del suelo? El inodoro apesta a vómito.
Harry sonríe.
—No está tan mal. —Pero de inmediato se pone de pie junto a su amigo.
Apenas lo tiene de frente le abraza con fuerza y Tom se derrite en sus brazos.
—Nunca estarás solo, porque me tienes a mí, de acuerdo? Y yo siempre guardaré tus secretos, sin importar lo vergonzosos, oscuros o terribles que puedan ser.
«Espero que algún día puedas contarme lo que pasó».
—Harry... —Tom le mira a los ojos con intensidad, como si dentro de ellos hubiera todo un mundo catastrófico e inexplicable —. Algún día te contaré la historia completa, lo prometo. Sé que quieres saberlo ahora pero no estoy listo aun.
Él asiente.
—Lo sé. Solo prometeme que no me alejarás si te sientes mal.
—Como si tú fueras a permitirlo. —Se burla.
Ambos se separan. Los ojos castaños de Tom están rojos e hinchados, hay ojeras púrpura debajo de ellos y su rostro sigue pálido.
—Odio a ese desgraciado infeliz —sisea.
Tom levanta una ceja con impresión.
—Harry James Potter, ¿qué es ese lenguaje?
Pone los ojos en blanco.
—Los franceses aman las palabrotas.
—Tu madre te va a arrancar los dientes si te descubre diciendolas.
—Pues más te vale que me cuides el secreto o tendrás un esposo sin dientes.
Tom sonríe a medias.
—De acuerdo, salgamos ya, Becca debe estar colgándose de las paredes.
—No lo sé, me escapé de ella y Sirius porque no dejaban de discutir. —Se encoge de hombros.
Su amigo le ve como si fuera un caso perdido.
—Algo más que pueda hacer que nos castiguen hoy?
Niega con la cabeza.
—Nada más.
—Gracias a Merlín. —Tom abre la puerta y el ruido de una conversación llena el aire al caer las barreras de privacidad de su amigo.
Sylvester sonríe al verlos salir.
—¡Wow! Eres genial Harry! Cómo supiste que estaba allí?
—Es la magia de los novios —bromea guiñandole un ojo a Tom, quién no está de humor para sentir vergüenza o seguirle el juego.
—¿Ya terminaste con tu berrinche de mocoso malcriado? —La voz de Marissa rompe la frágil burbuja de paz que había creado en el cubículo. La niña está recostada en el lavamanos del baño, con los brazos cruzados en su pecho y una expresión de fastidio en el rostro.
Harry siente que el último cable eléctrico en su cerebro explota y el control sobre sus emociones se va al demonio.
—¿Cuál es tu problema con Tom? ¿Acaso no es libre de expresar sus emociones?
—Lo que sucedió con papá no fue tan grave como para que reaccionara así, le han pasado cosas peores, por favor. —Rueda los ojos con una despreocupación que hace que la sangre se le caliente y vea rojo. Rojo. Rojo.
—¿No es tan grave? —Siente cómo sus dientes se estrellan unos contra otros cuando habla—. El que tú estés acostumbrada a ese monstruo malvado no significa que él tenga que soportar que le llamen sangre sucia ni que le maldigan!
—Harry...
Puede sentir el pánico de Tom aflorando de nuevo. Pero está tan enojado.
—Ya estoy harto de que seas una bruja grosera cerca de él cuando Tom intenta una y otra vez ganarse al menos una pizca de tu cariño. —Harry manotea en la cara de esa irritante niña y Marissa descruza los brazos, quizá preparándose para golpearle en la cara.
—¿Intenta? —La niña bufa y se burla—. Creo que no conoces bien a tu amigo.
—Tom puede ser un cabrón si le tratas mal, nadie necesita decírmelo y seguro que tú te mereces cualquier cosa que te haya dicho, porque eres una insoportable!
«Si vuelves a tratar mal a Tom, en la escuela o en cualquier lugar te las verás conmigo. —Amenaza a la chica con un dedo apuntando a su rostro—. Tom no ha hecho más que ser amable y bueno contigo y tu hermano, él no tiene la culpa de las cosas que te duelen o de tus inseguridades ni mucho menos merece que otras personas le traten mal sin merecerlo. Tú no sabes por todo lo que ha pasado Tom! Y te burlas de él por llorar en un baño por algo que tú llamas una "discusión estúpida", no sabes cuanto le ha costado a Tom superar todo lo que ha pasado ni todo lo que le duele aun! ¡No sabes lo difícil que es su vida! —Le grita mientras lágrimas de impotencia le caen por el rostro sin control.
Marissa está impactada por su reacción, Harry no ha hecho más que ser amable con ella y su hermano pero no puede tolerarlo más, no cuando su amigo está cayéndose a pedazos en silencio y esta estúpida egoísta se burla de él por ello.
—¿Qué te ha hecho Tom, eh?!
Tom le toma del brazo y lo empuja lejos de Marissa, porque en su enojo la ha arrinconado en el baño.
—Ya está Harry, déjalo estar, solo vamonos. —Le ruega.
Pero no, Harry está molesto, está cansado de injusticias, está harto de las personas que lastiman a Tom.
—¿Crees que ser mala con él te hace genial?! Solo estás actuando igual que las personas que te lastiman y alejando a los que quieren ayudarte. No es justo que trates como basura a las personas que se preocupan por ti, Tom no merece que le trates así! —Arremete como un toro furioso, ignorando la mano de Tom que tira de él hacia atrás—. Te defendió en la escuela y acabó en la enfermería por defenderte de esos cabrones que se metían contigo, te acompañó a este lugar aun cuando nunca ha querido ver a su tío solo para cuidarlos y ganarse el cariño de ambos y aun así eres tan egoísta y malagradecida que ni siquiera te preocupa su bienestar ni como se puede sentir! —Vuelve a gritar y Tom finalmente logra alejarlo rodeandole el torso con ambos brazos.
Él no puede parar de llorar.
—Ya vámonos Harry —susurra Tom en su oído, tratando de calmarlo.
Pero el planta los pies firme en el suelo y se queda inmovil como una mandragora rehusandose a ser sacada de la tierra.
—Tom no es responsable de lo que te hicieron, Tom no te rompió el corazón ni te ha lastimado nunca, él no merece tu odio ni tus desplantes, las personas malas en tu vida si. Así que déjalo en paz, deja de tratarlo mal cuando él solo quiere ser tu familia, sé amable con él o te juro que hago que te arrepientas!
—Harry!
Esta vez se deja arrastrar por Tom fuera del baño, dejando a su prima con la boca abierta y sus ojos grandes e incrédulos.
Limpia las lágrimas en su rostro pasando su antebrazo con brusquedad, rascándose la nariz con la tela rugosa de su suéter. No puede parar de llorar.
Los brazos de Tom lo rodean y lo mecen mientras llora de coraje.
—Ya está, ya no llores más. —Acaricia su espalda con sus manos, de arriba a abajo.
—Yo debería consolarte a ti! —Llora contra su pecho.
—Creo que Marissa lo necesita más que yo, la has dejado sin palabras. —Su amigo se ríe y Harry agradece tanto poder sentir la vibración de la risa en su pecho.
—No pude aguantarlo más, cómo se atreve a tratarte tan mal!
—Quizá a partir de hoy no me trate en lo absoluto.
Harry se separa de su pecho.
—Ay por Merlín, lo siento Tom!
Su amigo se encoge de hombros.
—Está bien, todo lo que dijiste es cierto.
—Acabo de posiblemente arruinar tu relación con tus primos.
Tom suspira con una sonrisa triste en el rostro.
—Si va a ser una relación como esa creo que es mejor no tener ninguna, ¿no crees?
Harry siente que sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas.
—Además... Tienes suficientes personalidades como para llenar el espacio de muchas personas. Hacía mucho que no veía al guerrero protector Potter en acción. —Se burla con una sonrisa.
Harry sonríe y le rueda los ojos.
—Cómo no iba a aparecer mi guerrero interior en ese momento? Eres mi futuro esposo, no me iba a quedar callado.
Tom se ríe.
—Gracias por defender mi honor Harry.
Harry le guiña un ojo y le toma de la mano justo cuando Marissa sale del baño con Sylvester, Sirius y Becca vienen por el otro extremo del pasillo.
De inmediato mira con enojo a la chica y voltea la cara, tirando de Tom hacia su padrino y Becca, quienes parecen estar desesperados.
—Harry! ¡No puedes desaparecer así! —Sirius de inmediato le reprende hasta que nota sus ojos rojos. —¿Qué pasó? —Sirius de inmediato busca a Tom con la mirada para interrogarlo con el ceño fruncido.
—Nada, quiero ir a casa.
Sirius sigue viendo a Tom como si fuera Grindelwald y Harry lo cubre con su cuerpo como puede.
—¡Puedes dejar de verlo como si fuera un delincuente?! Por Merlín, pero qué le pasa a la gente con Tom?! —Explota de nuevo—. Por qué siempre piensas lo peor de él?!
Todos a su alrededor le miran callados, Sirius está muy sorprendido.
—No he dicho nada sobre Tom, campeón.
—Pero lo piensas! ¿Crees que no lo sé?!
Sirius se sonroja con vergüenza.
—Harry... —Tom le aprieta la mano para calmarlo.
—Quiero ir a casa. Ahora —ordena como un niño caprichoso.
—Tus padres llegarán hasta la noche campeón...
Harry siente deseos de gritar.
—¿Por qué no vamos a comer algo? Para cuando terminemos habrán llegado mis tíos de la fiesta.
Él voltea a ver a Tom como si estuviera loco. Pero su amigo mira de reojo a su primo cuya aura está gris y apagada de tristeza.
—De acuerdo, vamos a comer.
—¿Qué te gustaría comer Syl?
Es tan bizarro como Tom actúa como si nada luego de que Harry haya gritado y amenazado a su prima en el baño. Definitivamente es algo a lo que no desea acostumbrarse jamás.
Los adultos se quedan como unos idiotas mirando la escena, tan sorprendidos por el cambio de ánimo que prefieren no echarle más leña al fuego.
Tom le pasa un refresco sabor a cereza que ayuda a que su cuerpo deje de sentirse tan débil por el uso de su don en un sitio tan público. Harry lo toma con rapidez y mira a todos alrededor de la mesa.
Marissa está callada, de brazos cruzados y con la cara arrugada como un perro furioso. Sylvester le mira a ella un rato y luego a él, como esperando que comiencen a pelear de nuevo. Sirius ha ordenado un Whisky de fuego y Becca un margarita, Tom a su lado está sereno de una forma que le enloquece.
El olor a la pizza llega a su nariz cuando un trabajador trae dos enormes ruedas de pizza a la mesa.
Los ojos del primo de Tom se iluminan y su aura cambia de gris a un tenue amarillo que amenaza con extinguirse.
—Esto se ve bien. Pásame tu plato Syl, los cumpleañeros comen primero. —Becca se apodera de la situación actuando con una naturalidad que le enoja, aunque en el fondo agradece.
—Es tu cumpleaños?
Harry estaba tan enojado que ni siquiera presentó a su tío Sirius.
—No, cumplo diez mañana.
Su padrino asiente y le sirve un vaso de refresco a Sylvester mientras el niño mastica el primer pedazo de pizza.
—Entonces el próximo año irás a Hogwarts! Es genial, ¿estás emocionado?
El amarillo de Syl se enciende un poco más y Harry agradece que Sirius esté sacandole conversación.
—Sí.
—Y a qué casa quieres ir?
—Mar dice que debo ir a Slytherin porque es nuestra herencia.
Sirius asiente.
—Bueno... También hay otras casas geniales, no debes descartarlas.
Tom le pasa un pedazo de pizza en silencio, Harry está increíblemente incómodo, tiene a Marissa justo frente a él en la mesa por lo que levantar la vista es imposible sin verla.
—Te estás perdiendo de una deliciosa pizza —susurra Tom en su oído.
—Da igual, no tengo hambre.
—Debes comer algo.
—Harry encontró a Tom con su poder de novio! —Harry se conecta a la conversación justo cuando Sylvester arroja la bomba sobre la mesa.
Todos se quedan callados por unos segundos.
—¿Novios?! —Sirius se pone pálido.
—Me siento ofendida, cómo no me dijiste que tenías novio Tom Tom? —Becca entrecruza sus dedos y apoya su barbilla en sus manos unidas sobre la mesa.
Su rostro se calienta como un volcán. Tom a su lado parece tan incómodo como él.
—No somos novios —murmura en voz baja, metiéndose un pedazo de pizza en la boca.
—¡Oh! Acaso era un secreto? —Sylvester le ve asustado y preocupado.
Marissa carraspea para ocultar su risa.
—No estamos saliendo, es solo una broma —aclara Tom.
Becca y Sirius tienen reacciones diferentes. Becca está muy divertida y Sirius luce como si fuera a desmayarse.
«Merlín quiero ir a casa», piensa mientras muerde otro pedazo de pizza, rogando porque el tiempo vaya deprisa.
Tom aprovecha la oportunidad de hablar con Syl cuando se levanta para ir al baño, su primo no debe estar pasando un buen momento a pesar de la cena y la conversación animada que Sirius y Becca tuvieron con él.
Se queda como un idiota fuera del cubículo del baño hasta que su primo sale y le ve con el ceño fruncido.
—Quería disculparme contigo Syl, quería darte un día genial y terminó siendo desastroso, arruiné las cosas y lo siento muchísimo.
Syl sonríe y se encoge de hombros.
—No fue tu culpa primo, papá fue muy cruel contigo y por eso Marissa nos sacó rápido luego de que te fueras... —Syl se queda unos segundos en silencio, balanceándose sobre sus pies con las manos escondidas en los bolsillos traseros de su pantalón—. Papá dijo cosas horribles de ti, lo siento. —Su primo ni siquiera le mira a los ojos, su cuerpo sigue meciéndose frenético al punto de irritarlo un poco—. Y lo que Harry le dijo a Mar en el baño... Pues es verdad! Ya le he dicho que deje de ser tan mala contigo así que no te enojes con Harry, yo creo que él es genial y es un buen novio.
Tom puede evitar sonreír ampliamente.
—No estoy enojado con él y... Harry no es realmente mi novio Syl, es como dije antes, nos encanta bromear con eso todo el tiempo.
Syl deja de sonreír.
—¿En serio?! Pero por qué no? Se nota que te quiere mucho y tú a él.
Tom siente como sus mejillas se calientan.
—Pues sí, somos mejores amigos así que nos queremos mucho.
Syl entrecierra los ojos y le mira con picardía.
—Él dijo que era tu futuro esposo cuando estaban fuera del baño.
Tom debe controlar la bocota de ese tonto.
—Es parte de nuestra broma.
—¿Y bromean incluso si no hay nadie? —Syl no parece creerle.
Su rostro parece estar en llamas a ese punto.
—Pues sí.
—Yo creo que te gusta en serio y tú a él —dice con un tono meloso que le habría dado risa de no estar extremadamente incómodo.
Tom ve sobre la cabeza de su primo a Harry y Marissa compartiendo miradas asesinas.
—Volvamos a la mesa Syl, antes de que tu hermana y Harry usen los cuchillos para pelear entre ellos.
Su primo de inmediato le sigue, olvidando su conversación. Gracias a Merlín.
La terrible experiencia de San Mungo pasa deprisa gracias al entusiasmo contagioso de Harry por su cumpleaños, Tom se toma los días previos para descansar de las tutorías de Sylvester y enfocarse en diseñar un regalo para Harry -Porque no tiene dinero- y asistir a las lecciones con Snape que están alterando su química cerebral.
Huir de Harry esos días es imposible así que luego de su última lección de la semana con Snape va a la playa con su tía para recoger el regalo de Harry.
La transfiguración se le da bien y con la ayuda de las runas sería sencillo tallar rocas y formar figuras, le serviría como experimento académico y sería un regalo único y económico.
—¿Qué te parece esta? —Su tía le tiende una roca de aspecto rojizo con motas negras.
—¡Es genial! Puedo usarla para hacer un dragón. —Tom la mete en su saco.
El agua de la playa está congelando sus pies descalzos pero hay algo relajante y liberador en la brisa salvaje y fresca de la bahía, Tom no puede evitar recordar su último viaje a la playa antes de decidir volver con su madre y el llanto de Harry que le rompió el corazón. Ahora el recuerdo se retuerce en su interior como un obscurial corrompiendo su núcleo.
—¿Cuántas piezas harás?
Su tía se ve feliz con las mejillas enrojecidas y el cabello rojo despeinado y cubriéndole el rostro por la brisa. Cuando le contó su idea pudo ver sus ojos encenderse como un semáforo en verde, su emoción era palpable.
—Pensé en un dragón, un tejón, un ornitorrinco y una serpiente.
Harry gritaría si le hacía un ornitorrinco.
La tía Lily sonríe con diversión.
—¿Quieres provocarle un infarto de felicidad a mi hijo?
Se echa a reír.
—Solo quiero superar el regalo del año pasado.
Aunque el globo terráqueo mágico de Muriel era una competencia vigente.
—A él le encantará cualquier cosa que le des. —Su tía lo abraza y lo pega a su costado, instándolo a caminar por la orilla de la playa y olvidarse un rato de las rocas.
—Lo sé.
Harry es así de dulce, podría darle un calcetín sucio y se emocionaría como un elfo esclavizado de los Malfoy.
—Quería preguntarte... ¿Deseas que invitemos a alguien a la fiesta de Harry?
Sus pies se enredan al caminar y tropieza.
—A Becca le gustaría ir.
Su tía permanece en silencio por unos segundos en los que evita mirarla, en su lugar se fija en el mar, en las olas de agua oscura y turbulenta que chocan y provocan una lluvia de espuma grisácea que no se desvanece por completo antes de ser golpeada por otra oleada.
—De acuerdo.
El cumpleaños de Harry llega y lo que más le agrada es que la atención está sobre él por completo, lo que es un alivio más que bienvenido. Los abuelos de Harry son los primeros en llegar con regalos bajo el brazo y emocionados por los trece de su nieto, los Weasley llegan como una bandada de urracas por la red flú, todos chillando y hablando en voz alta y estridente, le sorprende que Ronald esté presente, al igual que Ginevra, gracias a Merlín los gemelos están castigados por una broma desagradable a su hermano menor y el soso de Percy decidió quedarse para beneficio de la diversión de todos.
Sirius llega con Remus y una mujer que se cuelga de su brazo como una sanguijuela.
—No dijiste que Sirius estaba saliendo con Becca? —susurra Harry con el cuerpo inclinado al suyo y sus ojos clavados en los dos adultos.
—Creo que no era nada serio —dice mientras mira como Becca habla con el abuelo de Harry bajo la mirada prejuiciosa y juzgadora de la señora Evans—. Tu abuela va a tener un infarto si Becca sigue hablando con tu abuelo.
Harry los ve y ambos se echan a reír.
—¿Solo ella? Mira a mamá.
La tía Lily parece esforzarse mucho en saludar a los Weasley con una sonrisa pero sus ojos se desvían con mucha frecuencia hacia Becca y sus padres. Tom siente algo de vergüenza por invitarla.
Harry le golpea el costado con su codo.
—No te preocupes, Becca no ve al abuelo con esa intención —dice con una sonrisa burlesca y los ojos brillando como escarcha verde.
—Es bueno saberlo.
Harry se ríe.
—Harry! Llegó una sorpresa para ti por la red flú! —El tío James sonríe desde la chimenea y Tom deja ir a su amigo porque no está dispuesto a internarse entre el montón de invitados.
Se dirige hacia los abuelos de Harry con una sonrisa amable y el señor Harold le ve como al campeón mundial del ajedrez.
—Tom! Pensé que ya te habías hartado de este viejo, cómo estás hijo?
La abuela de Harry se relaja con su presencia.
—Estoy muy bien.
—Lily nos contó sobre tus lecciones de aprendiz de pociones, debo felicitarte cariño, la propia Lily no comenzó sus estudios hasta el sexto año. —La abuela de Harry muestra sus dientes blancos y perfectos al sonreír, es como la portada de una revista muggle de mujeres que hornean pasteles con vestidos florales y collares de perlas.
—Gracias.
—¿Cómo te va en ese negocio? —El señor Harold pregunta.
—Bien, pronto Snape me dejará preparar una poción que hemos estado estudiando desde que comenzamos las clases en verano.
—¿Has jugado al ajedrez?
—No últimamente, he estado ocupado.
—Bueno podemos jugar una partida o dos esta noche.
—Por Dios Har, dejalo que se divierta con los demás niños.
—El único niño que le agrada es Harry mujer, cualquiera se da cuenta. —El viejo le guiña un ojo con complicidad y Tom sonríe.
—Tom! Tom ven aquí!
El abuelo de Harry suspira con dramatismo y niega con la cabeza.
—Ya lo hemos perdido. —Se lamenta en broma—. Será mejor que vayas antes de que venga a buscarte.
Tom asiente y se despide de ambos, Becca abandonó la conversación en algún momento porque no puede verla cerca de ellos. Mientras se acerca a Harry ve a dos niños a su lado que no reconoce pero que lucen familiares, la niña tiene bucles marcados de color castaño claro y el rostro redondo, el chico es bajito, flacucho, rubio con ojos claros y pecoso, le recuerda un poco a una lagartija.
—Chicos les presento a mi amigo Tom, Tom estos son Muriel y Hugo, vinieron de sorpresa por mi cumpleaños! —Harry está entusiasmado al punto de saltar levemente con cada palabra que dice con una entonación fuerte y cantarina.
Los dos niños le ven con curiosidad, Muriel es la primera en acercarse con una sonrisa amable y la mano extendida.
—Es un gusto conocerte por fin Tom, Harry habla tanto de ti que es como si estudiaras con nosotros.
Su cuerpo se relaja un poco.
—Yo soy Hugo, el premio de consolación de Harry en Beauxbatons. —El chico toma su mano y la estrecha con brusquedad y sin decoro. Contrario a la chica.
Muriel le sonríe y pone los ojos en blanco.
—Hugo dice que Harry le cambiaría sin dudar si así pudiera hacer que fueras con nosotros a la escuela.
Harry a su espalda sonríe y se encoge de hombros.
—Lamento decirtelo Hugo... Pero es totalmente cierto.
Los amigos de Harry se ríen, cosa que le alivia y pronto está siendo arrastrado por los tres a la mesa de dulces y cerca de los niños Weasley.
—Serías popular en Beauxbatons, siempre hacen un reconocimiento a los mejores estudiantes del año en el comedor cuando terminan las clases y les dan dinero. —Le cuenta Muriel—Incluso becas.
—En Hogwarts es solo un secreto a voces.
Muriel hace una mueca con la boca, como si con eso dijera que su escuela era mejor que Hogwarts.
—Momo quiere ganarse los 30 bezantes para poder pagar las revistas de modelos guapos que sus padres no le dejan ver —dice Hugo con burla antes de que la niña le de un golpe en la nuca.
—Y comprar más trajes de baño, porque los diez que tiene no son suficientes. —Se suma Harry.
Muriel o Momo, le rueda los ojos a ambos.
—¿Lees la revista witchteen?! —Ginerva se mete en la conversación como el meteorito que mató a los dinosaurios.
—Oh por Merlín, otra loca del chisme y la moda. —Se queja Ron en voz no tan baja, Tom no está exactamente en desacuerdo con sus palabras.
—Sí, aunque la versión francesa es mucho mejor, tengo una amiga de Manchester que me deja ver las suyas, los Británicos son algo sosos y repetitivos...
Las niñas pronto se pierden en una conversación que al resto no le interesa y pronto Hugo propone jugar al snap explosivo y Tom se obliga a sentarse en el suelo y fingir que no detesta a Ronald, todo para que Harry pase un buen rato pero cuando pierde por octava vez decide solo mirar y Muriel y Ginevra se unen para hacer del juego algo más salvaje y estruendoso.
Harry sopla las velas diez minutos antes de las doce y poco después todos comienzan a irse. Hugo y Muriel dicen que se quedarán un par de días con permiso de sus padre y Harry está encantado, le agrada verlo así, sabe que no ha sido la mejor compañía esas vacaciones, será bueno para él pasar el tiempo con otros amigos.
Cuando suben a la habitación de Harry para dormir, saca su regalo de su bolsillo y se lo tiende.
—Feliz cumpleaños.
Su amigo sonríe y toma la bolsa de terciopelo color mostaza que eligió con su tía Lily. Los estampados de hipogrifos y dragones se mueven por la tela en una batalla sin final.
Harry saca las figuras y de inmediato sus ojos se iluminan.
—No es el mejor regalo pero...
—¿Hablas en serio?! ¡Me encanta!
«Podría haber comprado las figuras y se habrían visto mejor».
—¡Es un ornitorrinco! —Harry sostiene la figurilla color aqua en su mano y la acerca a su rostro para mirar hasta el más insignificante detalle.
—Los hice yo mismo, con runas y transfiguración.
Harry le mira con atención, su boca se abre un poco y sus cejas se elevan con sorpresa.
—¿Tú los hiciste?
—Ajá.
Su amigo arruga los labios y de ellos brota un puchero, sus ojos se cristalizan con la llegada de lágrimas y sus brazos se extienden para jalarlo en un abrazo apretado que lo sacude de un lado a otro.
—Gracias Tom, son geniales. —Harry se separa de su cuerpo y saca el resto de la bolsa—. ¡Son como muñecos coleccionables!
—Era mi idea.
Los ojos de su amigo le ven con malicia y amor.
—Ahora tendrás que hacerme uno cada cumpleaños y navidad o estarás en problemas.
Tom sonríe.
—De acuerdo.
Harry lo arrastra a la cama para acostarse.
—¿Qué te parecieron Muriel y Hugo?
Muriel era linda, con inteligencia promedio y vanidosa, pero agradable. Hugo era revoltoso, rústico y bromista, era obvio que se llevaría bien con Harry.
—Son agradables.
Harry entrecerró los ojos con una sonrisa socarrona en la cara mientras se quitaba la camisa y se ponía la camisa del pijama. Tom trató de no reírse del estampado que rezaba: baby dragón, en letras góticas y rojas.
—Hugo no te cayó tan bien, no seas mentiroso.
—Solo porque cree que es una competencia para mí.
Harry puso los ojos en blanco y se tiró a la cama como si fuera una piscina.
—Pensé que tendrías más amigos que Hugo y Muriel.
Su amigo se quedó en silencio mirando al techo, su sonrisa se desvaneció un poco.
—Yo igual pero ahora que puedo ver el aura y sentir las emociones de las personas... Es difícil hacer amigos en los que pueda confiar.
Tom se sienta junto a él.
—Ya tienes un amigo problema, ¿qué tan malos pueden ser los demás?
Harry le miró con reproche.
—No eres un amigo problema y contigo es diferente.
Él suspira y termina echándose en la misma postura que su amigo.
—Lamento no haber tenido tiempo para ti últimamente.
Harry gira su cabeza para verlo.
—Está bien, yo te alenté a aceptar ser un aprendiz, sabía que no tendrías tanto tiempo como antes. —Se encoge de hombros.
—Deberías salir con Hugo y Muriel, desestresarte un poco.
De inmediato sus cejas se fruncen y sus ojos se oscurecen.
—No eres estresante Tom y si salimos lo haremos juntos.
—Ellos vinieron para verte a ti.
—No me interesa, irás conmigo.
No puede evitar suspirar con hastío.
—Quiero que te diviertas.
—Me he divertido mucho este verano.
—Harry... Has pasado un mes encerrado en bibliotecas y solo hemos salido unas cinco veces a divertirnos de verdad.
—¿Y qué? Ahora tú eres el que decide cómo me divierto?
—Te conozco y sé que no disfrutas estar encerrado estudiando.
—Bien, entonces me acompañarás con los chicos y me compensarás por tenerme encerrado —sentenció, cruzándose de brazos con la típica pose testaruda que hundía cualquier réplica.
—Bien, de acuerdo.
Él sonrió.
Los amigos de Harry hacen una buena combinación con él, son bulliciosos, siempre se están riendo de cualquier tontería y parece que el buen humor es su estadío normal. Llevarse bien con ellos es fácil porque los dos son amables y le incluyen en todo, definitivamente son unos hufflepuff franceses pero Tom agradece la sencillez de ambos, hace que su cuerpo entero se relaje y pueda caminar junto al grupo sin sentirse un estorbo aburrido.
—Harry dijo que puedes hablar con serpientes. —Hugo lo dice con emoción, como si fuera una atracción de circo y no un chico.
Muriel a su lado, que devora la galleta de su helado, lo mira con los párpados bien abiertos y asiente con el mismo entusiasmo que su amigo.
—Sí, soy descendiente de Salazar Slytherin.
—¡Es genial! En clase de historia han hablado de él, es increíble que hablemos con alguien que desciende de él.
Tom se siente algo engreído, solo un poco.
—Podemos ir a la tienda de mascotas y hablar con algunas serpientes, si quieren.
—SI! —Ambos chillan.
Sí, son demasiado fáciles de complacer.
—Momo y Hugo dicen que suenas como un aristócrata francés.
—Y eso es malo?
Harry se ríe mientras el carro de la noria se tambalea un poco.
—No, pero es gracioso, usualmente los ricos del colegio no se mezclan con los demás.
—Tú eres rico.
—Sí, pero no desciendo de príncipes o reyes. Además... Soy demasiado loco como para ser de la realeza.
—Prefiero eso a que seas como los Malfoy.
—Uff, yo igual.
Tom frunce el ceño.
—¿Tus amigos piensan que soy como Malfoy?
—Nooooo.
Tom entrecierra los ojos.
—Piensan que eres un poco... Formal.
—¿Qué demonios significa eso? Solo soy amable.
Harry le sonríe con dulzura.
—Lo sé, pero también creen que eres muy interesante, les encantó escucharte hablar en pársel.
—Tus amigos creen que soy un museo andante.
Harry rodó los ojos.
—No es así.
Los amigos de Harry gritaron desde el carrito del frente, saludandolos. Harry respondió por ambos, definitivamente no iba a gritar encima de una atracción que era todo menos atemorizante.
—Bueno, como sea... Me caen bien y son amables.
—Ellos creen que eres el chico más interesante que han conocido. Hablas con serpientes, haces magia no verbal y sin varita, eres aprendiz de un maestro pocionista y ni siquiera comienzas tu tercer año...
—Acaso estás tratando de alabarme para que me olvide del hecho de que tus amigos me consideran un estirado?
—Un estirado muy interesante y amable —corrige Harry.
Tom rueda los ojos con una sonrisa en el rostro.
—Bien Potter, no estoy enojado, si eso es lo que temes.
Harry suspira con falso alivio y luego ambos pasan el resto del paseo en silencio, escuchando como Muriel y Hugo siguen gritandoles desde su carrito.
Los amigos de Harry se marcharon tras cuatro días de pasear por parques de diversiones, ir al cine, a patinar, a comer y a museos muggles. Tom terminó siendo el centro de atención de ambos, fue raro pero no desagradable y al irse le dieron abrazos igual de apretados que a Harry.
La normalidad de la rutina vuelve apenas los amigos de Harry se van, no es que haya abandonado las lecciones de Snape durante su visita, pero definitivamente no dedicó tanto tiempo al estudio por irse de paseo.
Gracias a Merlín su tía le ayudó con eso o Snape le habría lapidado por no estar listo para su lección.
—Como bien debes saber ahora, el núcleo mágico es similar al núcleo celular, guarda en su interior el gen de la magia y las cadenas energéticas que le permiten al mago exteriorizar su magia, cadenas que no poseen los squibs. Además de ello el núcleo mágico funciona como un segundo cerebro, pero este es primitivo, instintivo y ligado estrechamente a la emoción, por lo que tiene una conexión directa con el cerebro , algo necesario para poder liberar las hormonas necesarias para utilizar la magia. La magia es una energía que se crea en su interior, que se degrada al no ser utilizada y que tiene la capacidad de reconstituirse con el tiempo y el descanso adecuado, pero de ser reprimida puede causar hemorragias, una exterioridad descontrolada de magia temperamental y salvaje como es el obscurus. —Snape habla y aunque Tom ha devorado el libro sobre la anatomía del mago, es interesante escucharlo—. La magia tiene memoria y eso es lo que permite su evolución y el fortalecimiento de las cadenas energéticas mágicas en su interior para el desarrollo del mago, de no tener esta capacidad la magia será débil y el mago incapaz de realizar hechizos avanzados o que exijan un control y cantidad de magia mayor, esto es algo más común de lo que te imaginarías.
Snape dibuja un círculo de hebras sobrepuestas y desordenadas en la pizarra, como una bola de estambre atacada por un gato.
—La vivus restituere interviene en el núcleo mágico para alimentarse de estas cadenas de energía como un parásito, utilizando la conexión directa de ellas con el cerebro para desencadenar la liberación de hormonas y la aceleración de procesos de reparación celular en el cuerpo, cuando se une a las cadenas energéticas mágicas las descompone y libera la hormona energética de la magia, que viaja por el torrente sanguíneo y asciende al cerebro para potenciar las respuestas comunes del cuerpo humano.
Snape hace un dibujo bastante bueno del proceso que Tom imita lo más rápido que puede en su hoja.
—El resto ya debes saberlo, así que no me extenderé demasiado con los procesos fisiológicos.
El murciélago le había hecho una prueba nada más llegar.
—Cuando este antídoto es administrado a un mago sin suficientes cadenas energéticas mágicas, causa la descomposición y muerte de las cadenas energéticas y los canales energéticos núcleo-cerebrales, esto provoca la muerte programada y rápida del núcleo mágico y el deterioro paulatino del sistema corporal, ya que todas las funciones cerebrales están ligadas al cerebro primitivo del mago. En resumen: el cuerpo se apaga, los órganos sufren infartos simultáneamente y la persona termina muriendo debido a las complicaciones corporales. —Snape voltea a verlo con el rostro templado y serio—. No existe hechizo ni poción que remedie esto, porque un núcleo mágico no puede restituirse una vez que se ha destruido por completo, he sido claro?
—Sí señor.
—Es por esta razón que la poción está prohibida en América del Norte, gran parte de Europa y América del Sur y ciertas regiones más desarrolladas de Asia. Algunos países de Oceanía son un poco más permisivos con su uso gracias a su flora y fauna particular y única y por poseer la mayor cantidad de criaturas mágicas venenosas.
Los vellos de sus brazos se erizaron al escucharlo, le atraía la idea de que algo fuera prohibido e ilegal. Quizá no era tan aburrido como Becca decía.
—También trae consecuencias para el mago que sobreviva a la poción, si rompe sus cadenas energéticas le haría más débil, su magia sería como la de un adolescente o peor.
Snape asintió.
—Y por eso es que está prohibida, a los magos no les interesa vivir si no pueden alardear de su poder y como esta poción tiene ingredientes tan costosos solo un sangre pura o un mago con buenas finanzas podría comprarla.
—Pero es posible recuperar estas cadenas.
Snape vuelve a asentir.
—Ahora que hemos terminado el componente teórico pasaremos a lo divertido. —Sus labios se elevan unos centímetros y Tom debe permanecer en calma para no alarmar a su profesor y hacer que vuelva a mirarlo con desdén.
—No es ilegal que me enseñe esta poción señor?
—Eres un aprendiz de pocionista, debes conocer incluso las de índole ilegal aunque muchos de mis colegas se oponen a violar las reglas del ministerio. —Snape frunce los labios y chasquea la lengua—. Un buen profesional conoce a profundidad su profesión, así que conmigo las aprenderás incluso si no las utilizas jamás.
La comisura de sus labios cosquillea y se eleva en una sonrisa entusiasta.
—De acuerdo, señor.
—Bien, entre los ingredientes tenemos los siguientes: caparazón de Chizpurfle, este es vital para el funcionamiento de la poción ya que los Chizpurfles son parásitos que se sienten atraídos a la magia y esto hará que al ingerirse la poción estos vayan directo al núcleo mágico, le debemos a ellos la capacidad pensante de la poción. —Tom escuchaba todo embobado—Ácido estomacal de cabra, el bezoar se crea gracias al ácido gastrointestinal de estos animales y tiene la maravillosa capacidad de curar cualquier veneno, sin embargo en esta instancia se utiliza el ácido, no la roca. Baba de hombrelobo.
Tom levanta una ceja y mira al profesor confundido.
—La baba de hombrelobo tiene propiedades curativas formidables, es antiséptico y restaura heridas con velocidad gracias al gen licántropo —explica—. También se usa tela de acromántula, es realmente importante durante la preparación de la poción que la tela sea agregada a temperatura ambiente, de lo contrario el calor rompe las formaciones químicas de la tela y descompone moléculas necesarias para la resistencia y tensegridad del tejido que busca ser restituido. El siguiente ingrediente es la sangre de dragón, igual que la baba de hombrelobo tiene propiedades curativas pero estas son mucho más efectivas que el anterior, además los dragones poseen células especializadas fagociticas cien veces mejores que las humanas, esto ayudará a erradicar el veneno del organismo de forma rápida y sin mayor consumo energético...
Snape sigue enumerando ingredientes y su uso hasta que doce de ellos se suman a la lista.
—Esta poción es extremadamente delicada, una metida de pata y se echará a perder sin remedio por lo que es importante que prestes atención o te haré pagar cada cosa que eches a perder.
Él asiente como un idiota pero no le importa como pueda verlo el profesor, está demasiado emocionado por hacer la poción después de un mes de estudio y todo suena cada vez más interesante y mejor. Se siente como el paraíso de los ñoños.
—Su preparación es mixta, utilizarás tu varita para descender y aumentar la temperatura para evitar destruir los enlaces moleculares de los ingredientes. Practicaremos con un caldero y agua hasta que demuestres que no lo echarás a perder.
Tom ni siquiera se ofende por su comentario, está muy ocupado buscando un caldero y agua, acomodandolo en el fogón y mirando como un cachorrito obediente a Snape.
«He vendido mi dignidad y orgullo por conocimiento. Si Harry me viera ahora se reiría de mí por años».
—Bien, comencemos.
Tom logra hacer una poción perfecta tras una semana intensa de prácticas e incluso recibe una felicitación levemente cálida de Snape que le deja flotando en una nube de satisfacción, desgraciadamente no tarda mucho en desvanecerse.
Las lecciones con Syl continúan, con una Marissa extremadamente silenciosa a su lado, quién no levanta la mirada de sus libros para verle a él, a Harry o a la tía Lily. Tom debería preocuparse por ello pero no le interesa demasiado.
Su madre sigue enviando cartas y Harry sigue tomándolas antes de que pueda leerlas. Becca le garantiza que no dejará que su madre vaya a casa de sus tíos a hacer una escena y aunque tiene dudas sobre ello, el primero de Septiembre llega y Tom va a la estación acompañado del tío James, quién decidió quedarse al ver que Tom no tenía intenciones de marcharse al departamento de su madre.
—Campeón... —Su tío le toma con firmeza del hombro antes de que entre al vagón—. Si pasa algo, cualquier cosa... Si necesitas hablar o que vaya a buscarte, solo dimelo, si? Tu tía y yo estamos preocupados por ti pero entendemos que hay cosas que no deseas compartir, estás creciendo muy rápido y siempre has sido muy capaz de cuidar de ti, pero queremos que sepas que estaremos siempre aquí para ti y que no vamos a juzgarte, ni castigarte ni enojarnos contigo. De acuerdo?
Sus ojos arden como si el humo hirviente de una poción tuviera contacto con ellos, sus puños se cierran nerviosos, pinzando la piel de sus palmas con las uñas. Sus tíos, al igual que Harry, han tragado sus emociones por meses para darle espacio y tranquilidad, no sabe si sentir culpa o gratitud.
—Vale, gracias tío James.
Su tío lo atrae en un abrazo que amenaza con desatar su llanto, pero logra contenerlo todo a duras penas, respirando tan profundo que se marea.
—Ten un buen tercer año y no dejes que Snape te aparte de la diversión, si? Diviértete en Hogsmeade con las chicas.
—Las lecciones con Snape son divertidas.
Su tío interrumpe el abrazo para verlo con horror.
—No me digas que ya te ha corrompido.
Tom se ríe y las lágrimas se alejan un poco.
—Un poco, pero tú sigues siendo más divertido.
Su tío suspira como si no pudiera creer lo que escuchan sus oídos.
—De acuerdo. —Le vuelve a mirar con seriedad—. Si me necesitas o a tu tía podemos vernos los fines de semana, si?
Su pecho se calienta con amor.
—Vale tío James. —Una sonrisa aparece en su rostro de inmediato y las lágrimas se van por fin.
—Bien, ve a subirte o no conseguirás buenos puestos. —Le empuja con suavidad hacia el tren.
—Gracias por traerme tío James. —Algo en su pecho se comprime con un anhelo abrumador que no sabe cómo explicar.
—Es tu tercer año, es importante.
Pero esa no es la realidad. Tom no ha visto ni hablado con su madre durante todo el verano y ellos están preocupados, el tío James se ha quedado para no dejarle solo aun cuando Becca pudo haberle llevado sin problema.
El silbato del tren resuena en la estación, estridente y chillón y el tío James le insta a subir antes de que quede atrapado en el desastre de chicos que llegan tarde.
—Te amo tío James, gracias por acompañarme —dice y corre a los escalones antes de que la avalancha de niños lo alcance.
Algo le tira por el cuello de su camisa con fuerza, un brazo rodea su pecho con fuerza y suavidad.
—Yo también te amo hijo— susurra el tío James en su oído antes de soltarle.
Tom sube los escalones como un autómata, con el corazón latiendo como loco. Voltea una vez que ya está dentro y sin importarle que otros se quejen porque cubre la entrada, se queda y busca al tío James con la mirada. Encuentra su cabello oscuro y alocado entre la multitud de padres, sus ojos le ven con amor y calidez y su mano se levanta para despedirlo, Tom le imita y camina por el pasillo en búsqueda del vagón de sus amigas, con las lágrimas ya cayendo por sus mejillas.
Cuando finalmente lo encuentra las chicas no dicen nada al verlo llorar, solo le abrazan con más calma de la habitual y mantienen una conversación sin chillidos y agitación hasta que es capaz de calmarse y unirse a ellas. Tom las ama más por ello.
Snape le pasa su nuevo horario en la mesa del desayuno al día siguiente y Tom toma un par de tostadas y dos huevos hervidos y se va a reunir con sus amigas antes de que termine el desayuno.
—¿Estás tomando todas las optativas?! Estás demente? —Sue mira a Hermione como si estuviera loca.
Tom opina lo mismo.
Hermione solo se sonroja ofendida y se cruza de brazos con orgullo y terquedad, levantando la barbilla tan alto como el pretencioso e insoportable de Draco Malfoy.
—Solo estoy asegurándome de cubrir todas mis opciones para el futuro.
—Mione... Es demasiado para un ser humano, yo casi enloquezco con la tutoría el año pasado.
Sue y Han asienten, de acuerdo con sus palabras.
—Eso fue solo porque iniciaste tarde y Snape quiso darte un año de formación en menos de seis meses, seguramente este año lo harás mejor.
—Renuncié a historia de la magia para tener más tiempo.
Hermione reacciona como si fuera la peor noticia del mundo.
—¿Por qué?! Es super interesante!
—El profesor es un fantasma que solo habla de las guerras de los goblins, puedo aprender historia solo leyendo libros.
Hermione no se ve contenta con sus palabras.
—Solo estamos preocupados de que sea demasiado para ti. —Hannah, gracias a Merlín por ella, toma de la mano a la cada vez más exaltada Hermione y le habla con dulzura—. Todos dicen que el tercer año es muy duro, podrías cambiar tu horario el próximo año si resulta que no te agradan tus opciones y aun así estarías a tiempo para prepararte para tus timos en quinto.
Sue y él asienten a las palabras de Hannah.
—Pero cómo podré decidirme si hay tantas opciones? ¿No es mejor probar todo? —Hermione comienza a sonar confundida y quizá un poco arrepentida por sus opciones.
—¿Incluso adivinación? Cuando leíste un libro sobre adivinación dijiste que era impreciso y ambiguo. —Tom no puede imaginar a la cuadriculada y lógica Mione dejando volar su imaginación para despertar su intuición.
Su amiga le ve con las mejillas rojas.
—Quizá asistir a las clases me haga cambiar de opinión.
Tom se contiene para no poner los ojos en blanco.
—También renuncié a astronomía.
Hermione abre los ojos como si una serpiente estuviera estripándola.
—¿Por qué?!
—Quiero poder dormir temprano. —Se encogió de hombros—. Además... Puedo aprender lo básico en los libros y no lo necesito si seré maestro pocionista.
Hermione se agarró a su comentario como un jugador de Quidditch a la escoba.
—Eso es porque tú sabes que quieres en el futuro. Yo aun debo descubrirlo.
Tom levantó las manos y le dedicó a Han y Sue una mirada derrotada.
—De acuerdo.
Mione finalmente se relaja.
—¿Qué elegiste entonces?
—Aritmancia, runas antiguas y cuidado de criaturas mágicas. —La última había sido solo por Harry, pero no iba a admitirlo en voz alta.
—Lo bueno es que te tendremos en todas nuestras clases —bromeó Sue, Hermione se contonea un poco, con una sonrisita de suficiencia en su rostro.
—Yo elegí adivinación y cuidado de criaturas mágicas. —Han se veía bastante contenta con sus opciones.
—¡Genial! Podemos ser compañeras en adivinación. —Mione le sonríe a Hannah, contenta de no estar sola en adivinación.
—Yo haré aritmancia y runas. —Sue sonrió con malicia—. Quizá podría ser inefable.
Hermione frunció el ceño.
—¿Qué?! —Sue se mostró ofensiva por la mirada de la castaña.
Tom se contuvo de soltar una carcajada.
—Podría ser, eres lo suficientemente curiosa y atrevida como para investigar cualquier cosa que te interese. —Es mejor apaciguar los humos de las dos antes de que una discusión se asome.
—Cierto o podría trabajar en el departamento de cooperación mágica internacional. Viajan mucho y todo está pagado por el ministerio.
Todos hablaron un poco más hasta que tuvieron que correr a su primera clase. Tom y Mione a transfiguración y las chicas a pociones.
Con Snape las cosas siguen siendo geniales, sus clases regulares se han convertido en un momento del día para trabajar en sus lecciones particulares, por lo que Snape le separa de Mione y le da una mesa individual junto a su escritorio que anuncia a todos que Tom es su aprendiz en formación. Tom nunca va a olvidar la expresión de envidia de Draco Malfoy al verlo en una posición de poder.
Definitivamente va a disfrutarlo.
Obviamente eso no le exime de rendir los exámenes, pero Tom no debe aburrirse preparando pociones que ya sabe hacer y puede tomar dos horas de su día para adelantar sus deberes de aprendiz.
El siguiente reto de Snape es preparar un emplasto de polvo de plata y díctamo, algo que se utiliza con las víctimas de mordeduras de hombres lobo para evitar la muerte por hemorragia y contrarrestar el veneno que es capaz de producir la licantropía, funciona bien, siempre y cuando la víctima no haya sido atacada en luna llena.
Tom descubre que es mucho más sencillo después de haber hecho la vivus restituere, incluso aprender lo que siguió de ello fue más rápido, Tom aprendió a preparar la poción protectora contra las llamas, un remedio para las quemaduras, la esencia de díctamo y algunos hechizos que no estaban en el plan de estudios inicial pero que eran necesarios para protegerse de posibles accidentes e incluso para actuar de forma rápida por algún accidente o emergencia.
Su tercer año arranca bien, mejor de lo esperado.
Becca ha estado evitando que te envie cartas, no puedo creer que te has aliado con ella para ignorarme. Crees que ella es buena y quiere lo mejor para ti, pero eso no es cierto, solo te está utilizando para ponerte en mi contra porque me odia. Por favor responde mis cartas Tom, ni siquiera me ha dejado ir a verte a la estación y tengo miedo de ella, me ha estado amenazando con deshacerse de mí.
Tom lee la carta escondido en un rincón del pasillo, en un recoveco que no permite que nadie le vea pero desde el que puede ver a todos.
Hey tú, ¿cómo estás? Aquí en Hogwarts todo va bien. Mamá me ha escrito hoy, ha dicho algunas cosas que me preocupan, es cierto que la has amenazado?
Tom espera con ansiedad la respuesta, debería plantearle a Becca la idea de tener una libreta bidireccional como la que tiene con Harry, así sus conversaciones serían más rápidas y él no tendría que esperar por un búho.
Hola Tommy! Aquí todo va bien, el trabajo del verano me dejó una buena ganancia y un merecido descanso de mi jefa.
Quizá la he asustado un poco para que se mantenga alejada de ti mientras tú decides que hacer, ¿quieres que deje de hacerlo?
Tom pone los ojos en blanco con sus respuesta, Becca es demasiado impulsiva y explosiva para su propio bien. Redacta una respuesta rápida y espera que el pobre búho no le picotee los dedos por enviarlo con una respuesta tan tarde en la noche.
—Tranquilo, puedes descansar en la lechucería y llevarlo después, si? —El animalito se estremece de gusto y acepta el pedazo de tocino que le tiende.
No es necesario que la mates de miedo, puedo ignorar sus cartas.
La respuesta de Becca llega durante el almuerzo.
De acuerdo, lo siento, no soy la adulta más responsable.
Si el búho pudiera leer le daría picotazos a los dos hasta abrirles la cabeza por volar tan lejos por una línea de mensaje.
Tom redacta la respuesta con rapidez y esta vez el animalito abre las alas y se marcha de inmediato.
Eso ya lo sé, señorita con un trabajo no tan secreto y completamente ilegal. Pero gracias por querer cuidarme, solo no recurras a la violencia.
Becca le envía un cuaderno de doble vía con el búho por la noche. Tom lo agradece al igual que la pobre ave.
La amedrentación leve no es violencia!
Es violencia verbal y emocional, tonta.
Deja de darme una cátedra, mocoso. Que te vaya bien en tus clases, diviértete al menos un poco o lo único que tendrás para recordar cuando seas un viejo amargado serán tareas.
Mejor eso que terminar en Azkaban antes de los treinta.
Nunca he pisado Azkaban.
Entonces si tienes más de treinta?
Eres un mocoso.
Tom sonríe y cierra la libreta mientras continúa con su cena.
—Señor Riddle... —Snape lo detiene antes de que se marche del laboratorio—. Quédese un momento, por favor. Tengo una propuesta para usted.
Tom levanta una ceja con horror.
—Tengo trece años profesor Snape, ¿no está usted sobrepasando los límites?
Snape le arroja un borrador a la frente que esquiva de milagro.
—Cinco puntos menos para Slytherin por su insolencia.
—Solo cinco? No es capaz de perjudicar a su casa ni aunque esté enojado. —Una sonrisa socarrona le llena el rostro mientras bromea con su profesor.
Es rara esta extraña dinámica de sacar de quicio a Snape, pero Tom la disfruta más de lo esperado.
—Sigue así y dejaré que Filch se encargue de tus castigos.
Tom de inmediato borra la sonrisa de su rostro.
Alguien toca la puerta y Snape le ordena entrar. Marissa pasa, con su cabello castaño largo y cubriendo su rostro como ya es costumbre. Tom no ha tenido ninguna interacción con ella desde el incidente de San Mungo.
—La señorita Hatley tiene problemas con sus clases, sus calificaciones en pociones y transfiguración en el primer año fueron catastróficas, incluso sus exámenes de reparación dejaron en claro las innumerables fallas en su educación, cosa que la ha retrasado en estas primeras semanas en las lecciones. Así que he pensado que usted podría ser un buen tutor para ella, ya que es uno de los mejores estudiantes de transfiguración y pociones, por lo que no le será difícil enseñarle a Hatley.
—En primer lugar: Soy el mejor estudiante de pociones. —Snape lo fulminó con la mirada—. Y en segundo lugar: Ya estoy un poco saturado con las clases y con las tutorías, no creo tener tiempo.
—Si le da tutorias a la señorita Hatley tendrá créditos para cualquier asignatura y al ser tutor tiene el beneficio de entregar sus asignaciones con un poco de retraso con respecto a sus compañeros en el caso de que se le haga difícil de vez en cuando, siempre que no haga de esto una costumbre.
—¿No puedo tener un tutor de otra casa? —Marissa finalmente habla.
—Podría, pero consideré la situación del año pasado y la participación de estudiantes mayores de todas las casas y pensé que el señor Riddle era una opción confiable.
Marissa solo suspira, rendida. Tom no puede creer que ceda tan fácil.
—Bueno... ¿Podría darte clases el fin de semana? ¿Está bien a las tres?
Su prima lo mira con desinterés.
—Bien.
—Está hecho entonces, espero ver una mejoría en sus clases señorita Hatley.
Marissa asiente, sus ojos se ven algo resentidos.
—Ya pueden irse.
Hermione se sienta en la mesa de la biblioteca y deja caer un libro grueso y de tapa roja con un golpe que levanta el polvo y hace que la señora Pince la mire con furia.
Hannah se disculpa con una sonrisa y toma asiento junto a Sue.
—¿Qué te hizo la pobre mesa? —Sue bromea mientras ve a la castaña tener lo que parece ser una crisis nerviosa.
—Hoy fue la tercera clase de taseomancia y Hermione... —Han mira a la castaña con ojos apenados.
—Dijo que no tengo ni una pizca del tercer ojo, que mi mente es tan calculadora y cuadriculada que no hay espacio para la intuición! —Mione la interrumpió.
Hannah asintió con lentitud, como si temiera enfurecer más a Hermione.
—Trelawny enloqueció porque Hermione no dejaba de insistir en que la figura en su tasa no representaba nada, que eran solo restos de hojas de té.
Tom contuvo una carcajada.
—¡Solo ella podría ver un trébol de cuatro hojas en ese montón de desperdicio!
—Yo ví una mariposa. —Hannah se encogió de hombros.
Sue le miró con diversión.
—Mione... Solo deja esa tonta clase. —Tom miró a Han con pena—. Sin ofender Han.
Su rubia amiga se encoge de hombros.
—Tranquilo.
Pero Hermione Granger tiene de terca lo mismo que de inteligente.
—¡No puedo! Si dejo de ir reprobaré.
—¿Y qué? No te gusta la adivinación.
—Podría gustarme más adelante, quizá cuando probemos el tarot o la quiromancia.
Tom negó con la cabeza y soltó un largo suspiro.
—¿Estás escuchándote? ¿Tú? ¿Confiando en cartas con arquetipos establecidos para predecir el futuro?
—¡Hey! El tarot es bastante certero si se sabe leer adecuadamente. —Hannah frunce el ceño, ligeramente ofendida.
—Perdoname Han.
Susan mira todo con una sonrisa divertida.
—Podrías solo callarte y apoyarme Tom?! —Hermione parece a punto de llorar.
Levanta sus manos como un soldado rindiéndose.
—De acuerdo, lo siento mucho Mione.
Su amiga deja caer su cabeza en su hombro, derrotada. Apenas era hora del almuerzo.
—Y tú qué viste en tu tasa Han? —Sue preguntó, los ojitos de Hannah se iluminaron mientras contaba cómo ver una pluma simbolizaba un mensaje del más allá.
Hermione escuchó con su ceño arrugado, se notaba que le preocupaba no estar a la altura de la clase pero si Tom era sincero, todo lo que decía Hannah era pura especulación más que algo certero. No podía verse a sí mismo en esa clase.
¿Cómo van tus clases optativas? Las mías son bastante buenas.
Tom se propuso organizarse mejor para hablar con Harry por las noches, no quería repetir la terrible distancia de los últimos meses de su segundo año. Snape se lo había puesto difícil al asignarle a Marissa como su estudiante pero no podía echarse para atrás.
Apuesto a que lo son, elegiste las más sencillas.
Harry había elegido las mismas optativas que Hannah, lo que era increíblemente curioso y gracioso, por lo afines que eran.
Cuidado Riddle, podrías hacerme enojar.
Merlín no lo quiera o quedaré tan traumatizado como Marissa en los baños de San Mungo.
Más te vale que lo recuerdes.
Me va bien, amo runas antiguas y la profesora Babbling es increíble, los libros que leí antes me dieron una pequeña ventaja. Aritmancia es aun mejor y complementa el estudio de las runas. Cuidado de las criaturas mágicas es sencillo, la mayoría de las cosas ya las sé gracias a ti.
Finalmente reconoces mi trabajo educandote Riddle, creí que nunca vería este día.
Que no se te suba a la cabeza, solo han pasado tres semanas, aun puedo encontrar algo que no me hayas enseñado.
Lo dudo mucho.
Vaya, qué humildad.
Se me ha pegado de ti.
Tom sonrió.
Pues a mi me gusta adivinación, se me da bastante bien, Cassandra dice que se me da natural.
Cassandra sabe que haces trampa con tu don?
¡No hago trampa! No puedo leer las emociones de un objeto inanimado.
Pobre de ti, vas a enloquecer leyendo restos de tacitas de té.
Sigue burlándote de mi Riddle, pero cuando prediga tu futuro vas a estar asustado.
Ya puedo predecirlo: tendré que lidiar con un loco por el resto de mi vida.
Estás perdiendo tus puntos de esposo.
¿Existen los puntos de esposo?
Acabo de inventarlos y no tienes ni uno ahora!
No soy tu esposo, obviamente no los tengo.
Eso fue muy bajo de tu parte.
Tom suelta una carcajada, puede imaginarse el puchero de Harry y su típica pose de pelea.
Si te cuento algo increíble me regresarás mis puntos?
Depende de qué tan interesante sea.
Seré el tutor de Marissa en pociones y transfiguración, Snape prácticamente me obligó.
Espero que te trate bien o le enviaré un aullador justo en el desayuno.
Tom sabe que Harry es perfectamente capaz de hacerlo.
¿Me he ganado mis puntos de vuelta?
Te los daré como un premio de consolación, puedes hacerlo mejor la próxima vez.
Puedes leer mi desgraciado destino como tutor con tu té?
Harry no respondió. Tom se echa a reír de nuevo, molestó a Harry por días cuando descubrió que iba a tomar adivinación, aun estaba un poco sensible.
He perdido mis puntos por esa broma?
De acuerdo, buenas noches querido futuro esposo, quien es un excelente maestro de criaturas mágicas.
Buenas noches Tom. La tasa me dice que eres un idiota.
Tu tasa miente, buenas noches Harry.
Las lecciones con Marissa inician en el último fin de semana de Septiembre, los dos eligen una mesa retirada de la multitud, internados en la biblioteca y se sientan en un silencio que es asfixiante.
—Pensé que hoy podríamos comenzar con una prueba para medir tus conocimientos, me ayudará a saber lo que sabes y así será más fácil enseñarte.
Marissa le ve con sus ojos celeste llenos de aburrimiento y se encoge de hombros.
Trabajan en silencio, uno casi armónico y cuando Marissa termina la prueba él lee con la misma calma frágil.
—Bueno, transformaciones parece ser la que peor llevas. Comencemos por ahí.
Sorpresivamente Marissa escucha en silencio, asiente cuando pregunta si ha comprendido y pregunta de vez en cuando si no le quedó claro. Tom no lo menciona por miedo a romper la burbuja de cero agresión que les rodea.
El lunes llega con el diario de exploración forrado en un paquete que lleva la lechuza de Harry muy orgullosamente. Su amigo ha elegido una locación pequeña y cercana esta vez, las Islas Feroe, Tom puede ver que es por la ubicación de una reserva de dragones en la zona y la enorme fauna acuática del lugar. Harry también señala un montón de rascacielos, granjas muggle y lugares para acampar. Suena bastante bien y Tom termina escogiendo las Islas Åland porque se ven tan hermosas como la otra y además están cerca la una de la otra.
Con el tema de escoger el siguiente destino resuelto, puede enfocarse en estudiar para la tutoría de pociones.
Octubre se desvanece rápido al estar ocupado estudiando para ocho asignaturas, las tutorías de Snape y enseñarle a Marissa, Tom está al borde del colapso pero de alguna manera lo hace funcionar, agradece estar ocupado y como las preocupaciones académicas minimizan la culpa de no responder a las cartas de su madre que quema en el fuego de la chimenea cuando nadie le ve.
Hermione es otra historia.
Su cabello nunca se ha visto tan mal, sus ojeras amenazan con convertirla en una anciana y parece estar a punto de quedarse dormida sobre su comida cada que voltea a verla en el comedor.
Tom no puede resistirlo, sabe que es solo tozudez y ver a su amiga al borde de las lágrimas cada que se sientan a estudiar está estresándole mucho.
La arrastra al jardín nada más salir de runas antiguas, Mione se queja con la excusa de que debe estudiar pero él no le escucha y continúa caminando.
—Tom! ¡Estoy perdiendo tiempo valioso!
Jala su mano hasta que se libera de su agarre.
—Estás perdiendo la cabeza Mione, eso es lo que verdaderamente estás perdiendo.
Su amiga le ve con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Por qué todos ustedes solo se burlan de mí por querer aprender?! —Rompe a llorar—. ¡Yo no me burlo de tus elecciones!
—Solo me burlé una vez y lo siento, pero estoy preocupado Mione, te ves terrible, ¿cuándo fue la última vez que dormiste?
Su amiga se cruza de brazos y huye de su mirada.
—He dormido.
—Si? ¿Cuánto tiempo?
—Dos horas —admite sin mirarle a los ojos.
Tom suspira para no regañarle.
—Mione necesitas descansar, no vas a aguantar este ritmo por lo que resta del tercer año.
—Me acostumbraré.
—Mione... Yo tengo ocho asignaturas, las tutorías de Snape y de Marissa y estoy a punto de perder la cabeza.
—Pero puedes hacerlo, si estuvieras cursando todas las optativas seguirías viéndote fresco y perfecto!
—Mione esto no es una competencia de quién es mejor, se trata de disfrutar de lo que aprendes y aprender lo que realmente te servirá para el futuro.
Su amiga hace una mueca de tristeza.
—Yo solo quiero ser la mejor —susurra.
—Eres una de las mejores Mione, mejor que esos idiotas sangre pura.
—Y aun así sigo siendo... Me siguen llamando sangre sucia y siguen diciendo que no pertenezco aquí porque no sé nada de su cultura. —Su amiga se encoge como un niño abandonado y hambriento de la calle.
Tom ve rojo.
—¿Quién te ha dicho sangre sucia?
Hermione suspira y rehuye de su mirada.
—Malfoy y su pandilla del terror. Y algunos de años superiores que no conozco.
Tom asiente, preparando una venganza en su mente.
—Escuchame Mione. —Tom la sujeta con suavidad de los antebrazos—. Eres la chica más brillante que he conocido jamás, cuando llegué a Hogwarts fuiste la única que me hizo sentir intimidado. Eres mejor que esos idiotas y tú te ganarás un puesto en donde sea que quieras estudiar o trabajar por tus capacidades, no porque tus padres te compren todos los puestos. — Hermione levanta la mirada y sus ojos castaños se llenan de lágrimas, haciendo que brillen como diamantes—. Ellos siempre sabrán en el fondo que no son tan buenos, ni tan listos, que no son nada sin su dinero para comprar la conciencia de los demás. Tú serás reconocida en todas partes por lo que sabes y haces, ellos solo por el tamaño de sus bolsillos. Así que deja de sentirte inferior a esos idiotas y deja de obligarte a ver clases espantosas solo porque quieres competir contra unos tipos que no pueden seguirte el ritmo.
Hermione le abraza una vez que se calla, llorando como una niña pequeña y mojando la camisa de su uniforme.
—Gracias Tom. Gracias por decirlo —dice una vez que se separa, con el rostro rojo e hinchado por las lágrimas.
—Si no lo decía iba a explotar.
Su amiga se ríe, se ve más ligera ahora.
—Estará bien si dejo de ir a adivinación y estudios muggles? —Muerde su labio inferior con indecisión y retuerce sus dedos como una mosca limpiando sus patas.
Tom le da un manotazo suave para que deje de intentar sacarse los dedos.
—Claro que sí, solo habla con McGonagall.
Hermione respira profundo y asiente.
—Bien, quieres ir a las cocinas por un postre? Necesito azúcar o voy a caer muerta del cansancio.
Tom sonríe y le tiende su brazo, Hermione se cuelga de él mientras ambos caminan de vuelta al castillo.
—Lo siento.
Tom suelta su pluma y voltea a mirar a su prima, quien no despega la mirada del papel ni mucho menos deja de escribir.
—¿Qué?
Marissa suspira con fastidio y le pone los ojos en blanco al papel.
—Que lo siento mucho, okay? No volveré a decirlo.
Tom no sabe cómo reaccionar, pero la calidez que se pega a su pecho es reconfortante.
—Lo que papá dijo... Lo que dijo que te hicieron... Es horrible. No he dejado de pensar en eso desde ese día y Sylvester ha sido realmente una molestia pidiéndome que me disculpe contigo. —Marissa garabatea sin sentido su hoja, la pluma perfora el papel pero ella no lo ve a los ojos.
El tema le sabe a tierra podrida.
—No es como si fuera tu culpa.
—No, pero me burlé de ti aun después de escuchar lo que te hicieron. —Marissa suspira y finalmente levanta la mirada, sus ojos claros lo encuentran y en ellos ve una honestidad que le sorprende—. Harry tenía razón en que soy una bruja irritante y ya no recuerdo qué más me dijo porque habla demasiado rápido.
Tom no puede evitar reírse un poco.
—Como sea... Fuí una perra contigo y lo siento, aunque tu idea de llevar a mi hermano a visitar a un demente por su cumpleaños sigue siendo una mierda.
—Lo sé, la próxima vez lo llevaré a un parque de diversiones muggle o al zoológico.
—Bien. —Marissa le sonríe un poco, aunque otros dirían que la comisura de su labio se elevó un poco—. Y... Gracias por los apuntes que me diste, me ayudaron mucho.
Acaso alguien había reemplazado a su prima?
—Es... Genial que te hayan servido.
Ambos se miran en un silencio incómodo por unos segundos.
—¿Tienes otro pergamino?
Tom le pasa uno nuevo y ambos continúan con la lección como si la disculpa anterior no hubiese sucedido, pero el ambiente ya no se siente asfixiante y tenso, había una comodidad y paz a la que Tom podía acostumbrarse.
Definitivamente había sido un día productivo, por la mañana había ayudado a su amiga a dejar materias inútiles y por la tarde su prima se disculpaba con él. La vida sería perfecta si sus problemas se resolvieran con la misma facilidad.
Para cuando Noviembre llega Tom ha logrado conseguir un balance entre sus clases, las tutorías con Snape y las clases con Marissa. No es perfecto y está agotado, pero Snape va a un ritmo que puede seguir sin desfallecer y runas es sencillo gracias a su estudio previo, igual que cuidado de criaturas mágicas, así que es un alivio poder relajarse.
Pero el tiempo extra le da cabida a pensamientos intrusivos que aparecen al tomar un bocado en la mesa del comedor o con cada sesión de estudio con Marissa.
Las palabras de Morfin le queman la cabeza como un látigo en llamas. Tom Riddle. Es su nombre, el que ha conocido siempre, pero ahora puede haber allí afuera alguien más que comparta eso con él y eso... Le aterra pero llena de una esperanza imposible de ignorar.
Decide internarse en la biblioteca de la escuela, visitando los registros de estudiantes y leyendo cada apellido que inicie con R en la interminable lista, busca en el año de su madre, previo a ella e incluso después pero solo consigue una alergia debido al polvo.
—¿Qué haces? —Marissa aparece en su mesa con un libro de pociones bajo el brazo.
—Estoy buscando algo —murmura sin levantar la mirada del tomo pesado que ha tomado del librero.
—¿Y se puede saber qué es?
Tom no le ha mencionado a nadie sobre su padre, ni siquiera a Harry, no sabe porque, se supone que no hay secretos entre ellos pero el verano había sido bastante deprimente y preocupante para todos sin sumar a la lista un padre desconocido y misterioso. Además... No mencionarlo había servido para ignorar su existencia, hasta que nada que hiciera frenaba el ruido en su cabeza.
—Nada importante. —Cierra el tomo, la portada está tan desgastada que sabe que no podrá leer nada.
Marissa se encoge de hombros con desinterés y le tiende una carta.
—Syl te envió un mensaje. —Su tono de voz ya no suena tan irritado como las primeras veces que sucedió.
Tom le había contado a Syl que Marissa se había disculpado y en consecuencia su primo había ideado una estrategia para obligarlos a convivir más, enviando cartas para ambos en un solo pergamino, no dejaba espacio para la privacidad de sus conversaciones pero no podía negar su eficacia. Syl parecía tener su vena Slytherin después de todo.
—Gracias por traerla hasta aquí.
—Tenía que preguntarte algo sobre pociones, de todas formas.
Tom hace a un lado el registro de estudiantes y Marissa toma asiento en la mesa como si fuera algo normal. La dinámica entre ellos no era perfecta pero se llevaban mejor que al inicio y luego de su disculpa estaba implícito una ley de no agresión.
—Bien, pregunta.
—Pero miren nada más, si es la parejita sangre sucia de Slytherin. Hacen un buen par, no crees Goyle? El hijo de una puta trastornada y la hija de una prostituta del Knockturn.
Malfoy aparece desde una esquina con una de las bolas de grasa vestida de estudiante detrás de él. Tom le fulmina con la mirada ante sus palabras, Malfoy se había mantenido alejado de él por bastante tiempo, casi un récord pero Tom le tenía en la mira desde que Hermione le había contado sobre las burlas.
—Por qué no vas a chuparle la polla a los de años superiores para ganarte su favor Malfoy? Quizá así te den ese puesto en el equipo de Quidditch que tanto quieres y que tu papi no puede pagar, ni siquiera donando escobas nuevas. —Marissa dispara un comentario lleno de odio que alegra a Tom y le hace sonreír.
—Oh no podría, ya tienen la polla agotada después de que se las chuparas tú.
Marissa luce como si estuviera a punto de lanzarle un avada kedavra.
—Una pena para ti entonces, tendrás que esperar a que tengan ganas para que te presten atención —dice y Marissa resopla tratando de ahogar una carcajada.
Malfoy se pone rojo de furia y cierra los puños mientras parece luchar para no perder la compostura.
—Rianse mientras puedan, asquerosos sangre sucia. Creen que son mejores que todos lo demás pero yo tengo el poder de hacer de sus vidas un infierno, provengo de dos familias sagradas y antiguas, tengo más asientos en el wizengamot que Albus Dumbledore y cuando llegue el momento los pisotearé como a las cucarachas, arruinaré cada oportunidad que puedan tener y a ti Riddle... —Malfoy le barre con la mirada, como si fuera una bolsa de basura en medio del comedor—. Destrozaré cualquier asqueroso y patético sueño que puedas tener. Porque puedo, porque tengo poder y dinero para comprarlo, tú no tienes nada.
Tom se levanta de la mesa con lentitud calculada y se acerca a Malfoy como un león a punto de arrojarse sobre su víctima. La bola de grasa trata de interponerse y con un manoteo Tom lo derriba, cae al suelo inconsciente y con un ruido sordo. Malfoy trata de echarse a correr y él lo petrifica con otro gesto de su mano, rodea el cuerpo que le da la espalda y se encuentra con la expresión de miedo del rubio.
—Tú no sabes nada de poder, asqueroso imbécil. Solo eres un peón en la vida de tus padres, una pieza que controlarán a su antojo porque eres tan idiota e inutil que quebrarías el imperio que tus antepasados construyeron. —Los ojos grises de Malfoy se mueven de un lado a otro, quizá buscando ayuda pero nadie iba a esa zona de la biblioteca—¿Quieres saber qué es poder? —Con un chasquido de dedos los ojos de Malfoy se oscurecen, de su garganta salen pequeños y débiles gemidos de pánico. —Eso es poder, podría hacerte mucho daño con solo desearlo, sin siquiera esforzarme y sabes que es lo mejor? —susurra en su oreja—. Nadie nunca sabría que he sido yo, porque sé cómo ensuciarme las manos y salir impune.
Se aleja del cuerpo de Malfoy que a pesar de la petrificación tiembla incontrolablemente.
—¿Qué carajo le hiciste? —Marissa mira a Malfoy con una fascinación morbosa.
—Solo un hechizo de petrificación y otro de ceguera momentánea, completamente legales. —Se jacta con un encogimiento de hombros.
Marissa le ve como si fuera un vengador diabólico.
—Te enviarán a la oficina del director apenas sus padres se enteren.
Tom le sonríe con suficiencia.
—No se van a enterar.
De nuevo se acerca a Malfoy y apunta con su varita, este tipo de hechizo requiere un poco más de concentración y precisión.
—Ilusio sonus —recita y mira con placer como los pantalones de Malfoy se mojan con su propia orina. Arranca un puñado de su cabello de su cabeza y se lo guarda en el bolsillo.
Se aleja ante el desagradable olor a pis y por un par de segundos solo observa como gimoteos salen de su boca, su rostro se desencaja en una expresión de horror que llena su pecho de un calor reconfortante que eriza los vellos de su cuerpo. Es más satisfactorio como el chocolate caliente de la tía Lily.
—¿Qué demonios le estás haciendo? —Marissa ve a Malfoy con nerviosismo.
Anula el hechizo en los ojos del imbécil y de inmediato el rubio le busca con la mirada.
—Hola Malfoy. —Le sonríe de una forma que sabe lo aterrará aun más, con esa expresión de locura digna de Morfin.
Lágrimas caen por sus mejillas y su cuerpo se resiste cada vez más a la petrificación.
—No te preocupes por tu bola de grasa andante, está perfectamente, es realmente increíble como un par de estímulos pueden producir tanto miedo, ¿no crees? —El gusto que le provoca torturar a Malfoy es enfermizo, sabe que está terriblemente mal pero no quiere aguantar abusos de nadie y el que se metieran con Hermione al punto de hacerla llorar... No, es inaceptable.
—Ahora, escúchame bien, esto es lo que va a pasar a partir de ahora. No quiero escuchar ni una maldita cosa saliendo de tu boca que suene como una amenaza o insulto, hacia mi, mis amigas o Marissa. De hecho... No quiero escucharte en absoluto. —Los ojos de Malfoy se sienten como puñaladas en su pecho, el miedo en ellos le hace replantearse sus acciones y algo en su cabeza grita que se está propasando. Tom empuja la voz al fondo de su cabeza—. No harás nada que me perjudique a mi, mis amigas o Marissa. Porque eres un débil idiota y aunque lo hicieras yo me aseguraré de devolverte el golpe diez veces peor. No me interesan tus malditos asientos en el wizengamot, a diferencia de ti no necesito tener diecisiete años para hacer de tu vida un infierno, puedo hacerlo hoy mismo y mañana y cada día de tu maldita estancia en Hogwarts y después, te destrozaré al punto de que serás un trapo usado cuando salgas de aquí, alguien a quién sus padres jamás amarían. —El cuerpo de Malfoy desaparece de la sala, incluso la biblioteca, la mesa, los libros, todo se va y él está en la sala de su casa con un plato de comida podrida roto en sus pies, la esquelética figura de su madre lo mira y Tom se llena de cólera y resentimiento—. Dame el placer de hacer de tu vida un infierno y haré que te arrepientas cada día de tu vida hasta que ya no desees vivir ni un día más.
Libera a Malfoy, quién sigue temblando y llorando, sin darse cuenta de que es libre de irse.
Tom le toma por las solapas de su capa con una fuerza que le sorprende.
—No le dirás a nadie lo que pasó aquí ni lo que te hice, cada vez que lo intentes o siquiera pienses en delatarme te dolerá tanto el cuerpo que pensarás que estás a punto de morir. Si tratas de hablar tu lengua dolerá tanto que creerás que se romperá si continuas. Tus dedos se retorcerán si intentas escribirlo y tus ojos quemarán si me miras con sospecha —recita la maldición con el menor remordimiento, la magia pársel es adictiva, produce algo en el cuerpo que genera un despliegue de euforia exorbitante.
Lanza a Draco al suelo y despierta al idiota de su compinche, el rubio ni siquiera espera a que su compañero se levante, sale corriendo con sus pantalones mojados y dejando una estela de olor rancio a orina. Su amigo se levanta confundido y les mira con sospecha antes de seguir a Malfoy.
—Eso fue lo más jodidamente maquiavélico que te he visto hacer. —Marissa le ve con sorpresa genuina en sus ojos claros.
—Malfoy no se quedará tranquilo a menos que haga algo que lo asuste lo suficiente.
—Parecía traumatizado.
—La ilusio sonus crea sonidos en la mente de la persona a la que se le arroja, le hice creer que estaba torturando a su bola de grasa con la cruciatus.
Marissa levanta una ceja. Tom lee un cúmulo de emociones en su rostro: incredulidad, sorpresa, quizá algo de admiración pero también hay algo en su cuerpo, algo que grita que está en alerta, preparada para la defensa.
—Te meterás en muchos problemas si halla la manera de romper la maldición.
—Solo un descendiente de Slytherin podría hacerlo y estoy seguro que odias a Malfoy tanto como yo.
El silencio de su prima le da la razón.
—Solo creo que perdiste un poco la compostura, Malfoy no te ha molestado en mucho tiempo. Aunque puedo entender que eso no hace que el odio que siento por él sea menor.
La euforia de su cuerpo comienza a desvanecerse y con cada segundo la mirada de juicio de Marissa sobre él pesa un poco más.
—Pensé que no te importaba lo que sucediera con las personas que te hacen daño.
—No me importa Malfoy pero me sorprende tu reacción, es todo. La última vez que te ví explotar acabaste llorando y colgado de Harry.
Él no dice nada y Marissa suspira.
—Será mejor que nos marchemos, alguien lo habrá visto salir de aquí.
Su prima se va primero y pronto Tom se encuentra caminando veloz hacia los baños del primer piso. Necesita estar solo. Los recuerdos de lo que hizo en la biblioteca ya no se sienten placenteros ni se miran en su mente como un castigo justo e inofensivo. Torturó a Malfoy usando técnicas que había aprendido en la cabaña, usó gritos que escuchó cada día, como el canto de un gallo al amanecer y se desquitó con el rubio mientras pensaba en su madre.
Entra al baño y corre al lavamanos mientras el vómito le sube peligrosamente rápido por la garganta, su pecho se arquea y sus manos sujetan la porcelana mientras el contenido de su estómago sale aparatosamente. Su nariz pica, sus ojos lloran y su estómago arde.
—¡Ugh! ve a vomitar a otro lado la próxima vez! —La voz de una niña le hace voltear con miedo.
Una figura corpórea y traslúcida con el uniforme de ravenclaw le mira desde un ventanal alto en la pared del baño.
—¡Oh! Eres muy guapo.
Tom la ignora para enjuagar su boca y desaparecer el vómito del lavado.
—Acaso estás enfermo? ¿Es algo mortal? ¿Crees que morirás pronto? Podríamos compartir el baño si quieres.
La niña fantasma le coquetea descaradamente.
—No estoy enfermo.
—¡Qué pena!
Tom no deja que la molesta fantasma le ahuyente, es mejor que salir a los pasillos y dejar que todos vean sus ojos desorbitados, su frente llena de sudor y el remordimiento que lo devora por dentro.
—Mi nombre es Myrtle Warren, cuál es el tuyo? —La niña fantasma se acerca flotando.
—Mark.
—Es un nombre hermoso, en que año vas?
—Cuarto.
La voz de la chica no le deja pensar, los horrores que desató siguen flotando en su cabeza pero Myrtle no deja que se ahogue en ninguna de ellas mientras arroja más preguntas que debe contestar y pronto Tom es el que pregunta más y más hasta que el ruido se atenúa, hasta que la culpa es una roca pequeña en su estómago, una ligera molestia.
—Ya debo irme Myrtle, debo ir a clase.
—De acuerdo, me visitarás otra vez?
El baño de Myrtle tenía sus ventajas, según la chica las niñas la detestaban porque se encargaba de hacerles pasar un mal rato, la impopularidad del baño era cultura general entre las chicas de Hogwarts y eso hacía que fuera un escondite ideal.
—Cuando tenga tiempo vendré.
Myrtle le sonríe contenta y se sumerge en uno de los inodoros.
—¿Estás buscando a tu padre, verdad?
Tom ve a Marissa con incredulidad.
—Revisé el libro mientras torturabas a Malfoy. —Se encoge de hombros.
No debió descuidarse.
—¿Para qué lo buscas en los libros? Ya sabes dónde está.
Ni Tom lo sabe con certeza, quizá es su forma de prolongar la búsqueda, de quedarse anclado en un paso que le impida continuar.
—Quería saber si tenía algún origen mágico. —Tom acaricia los bordes gruesos del libro, evitando la mirada interrogante de Marissa.
—Mi padre mencionó que era un muggle.
La niña cruza sus brazos sobre la mesa, algo en su mirada le dice que no está convencida con sus respuestas.
—Quizá era hijo de muggles.
—Y sí es un mago?
—No he encontrado registros de él ni de ningún Riddle.
Marissa asiente.
—Pues ya lo sabes, eso cambia algo?
—No.
—Y para qué quieres buscarlo? ¿Crees que será mejor que ella?
—Solo tengo curiosidad.
Una enorme curiosidad, un anhelo culposo por encontrar a un padre que fuera bueno y lo aceptara, alguien con quien pudiera refugiarse.
—Entonces ve y búscalo. —Marissa zanjó el tema con facilidad y le pasó su libro de transfiguración—. Ahora explícame esto, por favor. McGonagall nos hará una prueba al regresar de las vacaciones de yule y necesito aprenderlo o me pondrá en su lista negra.
Las vacaciones de Yule llegan junto al clima helado del invierno y Tom vuelve a casa en tren, escuchando a sus amigas reír y bromear, Hannah y Sue se entretienen leyendo el mapa de sueños de Hannah y sacando conclusiones de él, Hermione las mira con una ceja que a cada segundo sube un milímetro más y los labios fruncidos en una línea, contenidos para no soltar ningún comentario ofensivo.
Te veré pronto, chico del cumpleaños.
Él toma ventaja del tiempo libre para hablar con Harry.
Mi cumpleaños está un poco lejos, te estás adelantando un poco Potter.
No puedo esperar a darte tu regalo.
¿Me dirás lo que es para apaciguar tu ansiedad?
Quizá lo haga, si dejas de escribir como si fueras un viejo de otra época.
Pobre de ti Potter, eres incapaz de reconocer la finura de una carta, el cuidado y planificación que requiere cada palabra...
Me dormiré si continuas.
Dejarme hablando solo te restará puntos de esposo.
Aburrirme al punto del sueño es pecado capital Riddle.
Dijiste que era la persona más genial que habías conocido, acaso me mentiste Potter?
Eres genial, tonto.
Asustado de mi, Potter?
Cuidado Riddle, ya comienzas a sonar como Malfoy.
Ugh, acabas de matar la diversión.
Acaso la conversación era divertida?
Sus labios se curvan en una sonrisa amplia.
Acaso esta es tu manera de decirme que tu corazón ha caído rendido de alguna extraña manera por el amor de cierta Weasley? Vas a dejarme Harry?
No seas ridículo.
Tom se echa a reír.
Cuidado Potter, no te alteres demasiado o te dará un infarto.
Tengo trece años, no me dará ningún infarto.
Y no podría caer rendido jamás a sus pies, me los cortarías antes de que mis rodillas tocaran la grama ridículamente alta de su jardín.
Seguro? Es bastante popular en Hogwarts.
¿Estás al pendiente de Ginny en Hogwarts?
¿Celoso?
¿Debería?
No.
Bien.
Las palabras escuetas de Harry se revolvieron en su estómago como vapor caliente, Tom lo siente subir a su pecho, sus manos sudan y hormiguean, su rostro se calienta y el vagón parece más pequeño.
Te veré pronto.
Vale.
—¿Tienes frío Tom? —Hermione escanea su rostro como la lupa de un detective, hacen que se sienta avergonzado por alguna razón.
—No. —Su voz suena rara.
—Tus mejillas están rojas. —Su amiga frunce el ceño.
—Es el efecto Harry, Tom estuvo haciéndole ojitos a su cuaderno desde que se subió al tren. —Sue bromea con una sonrisa, sube y baja sus cejas con los ojos brillando con picardía.
El vapor en su estómago se intensifica.
—No estaba haciéndole ojitos.
—¡Oh no! Solo estabas riendo y sonriendo como bobo.
Ojalá pudiera hacer que Sue se callara.
—Irás a Francia este año? —Bendita sea Hannah por cambiar de tema.
—No, Harry vendrá con mis tíos. Oh, qué harán en vísperas de año nuevo?
—Papá y mamá quieren que pasemos la navidad con mis abuelos. —Hermione parece tranquila con ello.
—Probablemente tendré que acompañar a mi tía a una aburrida cena con gente aburrida del ministerio. —Sue se queja.
—Yo estaré en casa.
—Bueno... Si tienen tiempo y permiso podrían ir a la mansión Potter, la tía Lily me dijo que las invitara a mi cumpleaños.
Sus amigas le ven como si quisieran asesinarlo.
—¡Tom Riddle! Y hasta ahora nos lo dices?! —Sue le grita.
—Es navidad, todo el mundo está con sus familias.
—Pues yo iré, mi tía no me extrañará en el ministerio.
—Podría ir después de cenar. —Hannah lo resuelve con la calma de siempre.
—Debo preguntarle a mis padres, pero mis abuelos se van a la cama temprano, probablemente no les importe si me voy después.
Tom les sonrió.
—Bien.
—No podemos dejarte solo para Harry, es momento de que te eclipsemos un poco. —Sue le guiña un ojo.
Tom siente que su rostro vuelve a calentarse.
—¿Crees que el naranja me queda bien? —Harry posa frente al espejo con los labios fruncidos y el ceño arrugado.
Tom se muerde la lengua para no reír. Es su fiesta de cumpleaños, finalmente, y Harry actúa como si fuera una cena en el ministerio.
—Si fueras la carnada de una quimera... Sería ideal.
Harry le mira mal a través del reflejo del espejo.
—Pareces un mango, Potter. Camisa naranja y pantalones verdes? ¿Vas de vacaciones a Brasil?
Harry se voltea con un dedo apuntándole en advertencia. No puede aguantar por más tiempo, las risas escapan de su boca.
—¿Qué sabrás tú de la moda? Solo usas cuatro colores.
—Son cinco, para tu información y siempre han alabado mi increíble estilo.
—Tu estilo de viejo millonario —bufa, irritado.
Tom rueda los ojos, va al armario y saca una camisa de mangas largas y botones, genérica, común pero genial.
—Ponte esta.
Harry arruga la nariz al ver la camisa.
—Pareceré un muñeco de torta con eso. No quiero verme aburrido.
—¿Prefieres verte como un carnaval mexicano?
—Cuidado Riddle— Vuelve a amenazarlo con su dedo apuntando como una varita a su cara.
—Ponte encima la chaqueta de cuero de dragón.
Los ojos de su amigo brillan con gusto.
—Bien.
Harry se cambia y vuelve a posar frente al espejo como un idiota narcisista.
—¿Para qué te arreglas tanto?
—Vienen tus amigas de visita, debo dar una buena impresión.
Tom se cruza de brazos, un pinchazo en su estómago derrama ponzoña amarga en su interior.
—Acaso quieres impresionar a alguna de ellas?
Harry entrecierra los ojos con una sonrisa picarona.
—No quiero verme como un mango mexicano mientras tu luces como el familiar perdido de los Malfoy.
No puede contener la risa.
Su amigo se queda en silencio unos segundos, la camaradería del cuarto muere.
—¿No has escuchado nada de ella?
Su madre.
—No.
Ha ignorado cada carta suya desde la llegada del tren. Tom salió de la estación por su cuenta y fue directo al departamento de Becca, durmiendo allí hasta que Harry le llamó por la red flú.
—¿Crees que venga?
—Espero que no.
Harry muerde su labio, balancea el peso sobre sus pies, quizá sopesando si debería seguir la línea de la conversación.
Ni siquiera Becca estaría presente para su cumpleaños, un trabajo en el Congo la había dejado atrapada hasta la mitad del próximo año, le había dicho a Tom que la paga era tan buena que podría comprar una casa en Godric's Hollow si quisiera.
—Tú solo dimelo y arreglaré todo. —Su amigo se ve serio y firme, como un vengador o un guerrero.
—No será necesario, puedo arreglármelas solo.
Sus amigas llegan como una estampida luego de la cena, Sue arrastrando a Han de la chimenea y Hermione acompañada de sus padres, quienes le entregan un paquete envuelto que se siente como libros y hablan con sus tíos por un rato hasta marcharse tranquilos.
—Tom! —Sue le abraza con fuerza y le saca el aire de los pulmones—. ¡Feliz cumpleaños!
Tom la adora, ama la locura y carisma de su loca amiga.
—Deja de acapararlo. —Hannah la empuja y le abraza con mayor suavidad, su cabello rubio y suelto huele a lavanda.
Hermione toma el turno luego de Han, igual de cariñosa y un poco más efusiva que la anterior.
—Harry! —Sue ataca a su amigo apenas baja las escaleras, el pobre no tiene oportunidad ante la estampida de sus amigas. —¡Estás muy guapo!
Harry se pavonea, satisfecho. No puede creer lo tonto que se ha vuelto.
—¡Vamos al salón! Hay pasteles y bebidas, incluso si cenaron pueden comer algo.
Todo lo que él desea es alejarse del estridente ruido de las personas pero su amigo es un increíble anfitrión y bueno... No es como que pueda huir de los invitados toda la noche.
—¿Ese es Ronald Weasley? —Sue se cuelga de su brazo mientras Harry va adelante con Han y Mione.
—Desgraciadamente, este año aceptaron venir, por alguna extraña razón.
Sue mira cómo el pelirrojo devora los pasteles de chocolate de la mesa hermosamente adornada del salón.
—Vaya, que atractivo se ve comiendo como bestia —bromea y ambos sueltan una carcajada.
—No dejes que el chocolate en su cara te engañe, realmente es horrible.
Su amiga vuelve a reír.
Sue y Han les obligan a bailar. Harry las ama y los tres crean coreografías extrañas que salen bastante bien mientras él baila un vals lento con Mione, los dos lo hacen bastante bien y prefieren mantenerse alejados de los tres locos que ríen con estridencia y chocan con cualquiera que esté cerca de ellos.
—A tu madre no le gusta bailar, Tom? —Mione pregunta mientras se deslizan por el salón.
—No se le da bien, ¿por qué preguntas?
Su amiga señala con su barbilla a un punto detrás de ellos, Tom odia la sensación de temor que se arremolina en su columna, no quiere ver sobre su hombro pero ahora que sabe que está ahí no podrá ignorarla.
Su madre le ve como una acosadora, con los brazos cruzados sobre su pecho, apretados y tensos, incluso de lejos puede leer su incomodidad, su furia, la repulsión que todos le producen.
—¿Le pasa algo? Parece enferma.
Su madre se ve como un gatito hambriento de la calle. Delgada, despeinada, desgarbada, con la ropa oscura y arrugada, la piel que cubre sus huesos se ve grisácea y enferma, su cabello largo se ve opaco y pegado a su cuero cabelludo como si estuviera muy sucio, probablemente lo está. Es como ver una banshee.
—Ha estado enferma, sí.
Mione no puede apartar los ojos de ella por más canciones que bailan, por más vueltas que dan en la pista, por más que sus amigos hacen tonterías que deberían distraerla. Un cambio de parejas trae a Harry a sus brazos y de inmediato Tom nota cómo sus ojos van a la esquina del salón. Ninguno dice nada por unos segundos, solo se mecen en sincronía con la música mientras las palmas de Tom se mojan por su sudor nervioso.
—¿Quieres que haga que se vaya?
No debería, no ha visto a su madre en medio año, no han hablado en demasiado tiempo, es navidad y su cumpleaños, no debería acercarse solo para saludar?
—No estás obligado a nada con ella, lo sabes, ¿no?
—Es molesto que sepas lo que pienso todo el tiempo.
Harry hace un puchero.
—No puedo seguir ignorándola, siento que va a abrir un hueco en mi cabeza.
Su amigo asiente, aunque su ceño fruncido denota preocupación.
—¿Puedes distraer a las chicas? No quiero una escena.
No se ve contento, sabe que Harry desea jalarlo del brazo y alejarlo de su madre para siempre, como una madre osa celosa. Pero si no va con ella será peor, no quiere ventilar sus problemas familiares en su cumpleaños, frente a sus amigas y los Weasley.
—Bien. —Harry suspira y Tom acaricia su cabello en agradecimiento.
Tom se aleja de la pista y camina con sigilo y rapidez hacia la figura de su madre. De cerca se ve más demacrada y delgada, es doloroso y desagradable de ver.
Su madre abre la boca para hablar y Tom solo niega, con un gesto le indica salir. Camina esperando a que lo siga en silencio hasta la oficina del tío James, abre la puerta y entra, su madre lo sigue y él cierra la puerta.
—Viniste. —Su voz sale estrangulada por el nudo en su garganta.
Su madre se cruza de brazos como una niña haciendo una rabieta.
—Creíste que me lo perdería solo porque no me invitaste?
Tom se retuerce en su lugar, su cuerpo se siente rígido al punto de que teme moverse y desarmarse.
—Lo siento.
—No me mientas, no sientes nada. Me abandonaste por meses, me ignoraste, no te importo en lo más mínimo.
—Mamá... Es navidad, es mi cumpleaños, podemos hablar de esto después?
—Ah! ¡Claro que podemos! —Levanta sus brazos al techo con dramatismo, torciendo el gesto en una mueca sarcástica—. Después de tu graduación en Hogwarts, quizá?
Tom mira sobre su hombro, la puerta cerrada filtra el ruido de la música hasta convertirla en un murmullo inentendible.
—Me arrojaste un plato de comida podrida a los pies, me llamaste desgraciado. Crees que soy un cesto de basura al que puedes arrojarle tus desperdicios y tus groserías? —farfulla, sus palabras salen como cuchillas afiladas.
—¡Me disculpe por lo que hice!
—Y crees que eso es suficiente? Una disculpa no hará que las cosas se solucionen como si fuera magia, no soy un plato quebrado que puedes reparar con magia y estará como nuevo. Todo lo que dices y haces me duele y me seguirá doliendo sin importar cuantas veces te disculpes.
—Y qué hay de lo que tú haces?! Eres el único aquí al que le duele?!
—El que estés lastimada no te da impunidad sobre tus acciones. ¿Acaso esperabas un abrazo? Que corriera a pedirte perdón? Ya no tengo nueve años.
Su madre respira como un toro furioso, guarda silencio ante sus palabras con los ojos destellando como una brasa de fuego infernal.
—Debes volver a casa, nunca te dí permiso para irte.
—¿Desvías la conversación ahora que no tienes razón?
La expresión vacía e indiferente de su madre le aterra y enfurece.
—Si no vuelves iré al ministerio a poner una denuncia de secuestro contra los Potter.
Sus palabras suenan como una explosión que deja sus oídos pitando.
—Si? Adelante, házlo y yo les contaré como me has descuidado por años, sobre tu depresión, tu incapacidad para ser responsable en tu trabajo, sobre como he tenido que limpiar tu chiquero cada que llego de la escuela y sobre el incidente con la comida podrida. —La mandíbula de su madre tiembla, las venas de su cuello se marcan y laten como locas—. Atrévete, me harías un favor.
—Eres un monstruo, igual que tu abuelo, igual que tu tío.
Sus palabras duelen como un puñal enterrado en sus costillas. Llena su boca de veneno y su cuerpo con una fuerza que lo convulsiona y hace temblar, deseosa de salir y destruirlo todo.
—Si? ¿Y tú qué eres?
—Soy una víctima de todos ustedes.
—¿Eres la víctima de un muerto? ¿La víctima de un psicópata que está encerrado? De mi? —Tom golpea su pecho con fuerza, deseando poder redireccionarlo a ella—. No estás cansada de echarle la culpa a otros para no afrontar tus problemas?
—Tú no sabes...!
—Si lo sé, te aseguraste de enviarme cartas con cada experiencia traumática que viviste. Sé lo que viviste, y qué? Eso te hace una santa?
—Dijiste que nunca te alejarías, que nunca ibas a abandonarme... —Su madre comienza a llorar con la voz quebrada.
A Tom le duele el pecho, tanto que cree que su corazón va a reventar.
—Y tú dijiste que ibas a intentarlo, que todo sería mejor, pero no lo es. Somos igual de mentirosos los dos, pero yo sí lo intenté, aguanté y aguanté, mentí y aguanté más. —La voz le tiembla, lágrimas caen por sus mejillas, pegajosas y calientes—. Ya estoy cansado mamá.
—¿Me vas a dejar entonces? —Sus lágrimas desaparecen, como si nunca hubieran caído.
—No lo sé, no quisiera hacerlo.
—Ya lo hiciste.
—Y qué opción tengo contigo? ¿Una casa sucia? ¿Comida podrida? Una madre que no puede cuidarme? Ya no puedo seguir fingiendo que no me importa, porque me importa. —Su pecho se contrae y el cuerpo de su madre se desdibuja ante las lágrimas que invaden su visión—. Quiero una madre que esté feliz, una que me hable de sus logros, de sus amigos, una que no esté llorando todo el tiempo con la ropa sucia y arrugada. Quiero una casa limpia, no me importa si es una caja de fósforos, solo quiero que esté limpia. Quiero estar tranquilo en casa, quiero querer quedarme y que eso no implique el exterminio diario de mi energía. No estoy pidiendo mucho, solo quiero una familia normal y aburrida, sin conflictos, sin problemas, no tiene que ser perfecto, no tienes que ser perfecta, puedes llorar y tener malos días porque todo el mundo los tiene pero no quiero ser tu cesto de basura emocional, ni tu saco de boxeo con el que te desquitas.
Tom limpia sus lágrimas con la manga de su suéter, quiere poder ver todo con claridad.
—No estoy bien, te lo dije hace tiempo.
Otra excusa.
—Estoy demasiado rota, tengo una condición y tú lo sabes! Si tan solo me apoyaras...! —El tono de su voz sube, casi un grito.
—¡Nunca voy a tener algo más que una excusa viniendo de ti?!
—¿Piensas que todo lo que digo es una excusa?!
—¡Es una excusa! Tu trágica antigua vida no te deja mejorar? ¡Adivina! Yo también tuve una infancia de mierda y tuve que ir a un maldito terapeuta a sacar mi mierda una y otra vez y no fue bonito, fue una mierda y se sentía horrible, pero lo hice y mejoré porque tenía personas a mi alrededor que no merecían que yo fuera una mierda con ellos y yo quería estar bien. Es así de sencillo! Quieres estar bien o no! Tu prefieres ser una víctima de lo que pasó y aprovecharte de ello para seguir igual.
—¡Tú no viviste ni la mitad de lo que yo viví!
—No, pero mi vida sigue siendo una mierda aun después de ir con Mark y no voy por ahí haciendo de la vida de mis seres queridos una mierda, esa es la puta diferencia.
Tom suspira, cierra los ojos y abre y cierra los puños.
—No voy a seguir perdiendo mi tiempo aquí. No estás invitada y no te quiero aquí. Vete a casa, por favor.
Su madre abrió la boca, bufó y rodó los ojos, mirando a su alrededor mientras mordía su labio inferior, arrancando la piel con sus dientes.
—Soy tu madre, no puedes librarte de mi.
—No estoy buscando deshacerme de ti, solo no quiero pasar mi cumpleaños encerrado discutiendo contigo sobre un tema que sé que seguirá igual aunque lo hablemos por un día entero.
—Puedes hacerlo sin echarme.
—¿Realmente puedo? Llegaste y miraste a Harry como si desearas clavarle un puñal, no respondiste cuando la tía Lily te saludó y te fuiste a un rincón a mirar a todos con rabia hasta que fui a hablar contigo. Es mi cumpleaños, si, pero también es navidad y nadie merece pasar las festividades incómodo por tu presencia.
—¿Mi presencia te asquea tanto?
Tom frunce el ceño y pone los ojos en blanco.
—¿En qué momento dije que me asquea?
—No es necesario, puedo sentirlo.
Su cabeza duele y trata de aliviarlo presionando sus dedos contra su tabique.
—No voy a seguirte el juego para seguir discutiendo.
—No estoy discutiendo.
—No, tú solo arrojas fuego a la hoguera y te alejas para verlo arder.
—¿Siempre seré la causa de todos los problemas?
—No pienso seguir con esta conversación.
Va a la puerta, su cuerpo se siente hecho de cemento, rígido y duro, cada paso es pesado, lento y complicado. El frío pomo de la puerta quema la palma de su mano mientras lo gira y abre, el ruido de fuera lo golpea como una avalancha, las luces destellantes, las risas, el sonido de las copas de cristal chocando en un brindis, los cuerpos bailando en el salón, abrazados y juntos. Es como entrar a un mundo paralelo en donde todo es ideal y perfecto, mientras que su mundo interno se está cayendo a pedazos.
Su cuerpo se llena de sudor, uno que sin importar cuantas veces limpie sus manos en sus pantalones va a desaparecer. Su pecho se siente como una caja fuerte de la que no puede dejar salir nada, sus ojos arden y su corazón se acelera.
—Por favor vete, si de verdad quieres verme después solo cúmpleme esto —dice sin girar su cuerpo.
Los pasos de su madre se aproximan hasta que puede sentir su presencia en su espalda.
—Me iré porque tú me lo pides, pero en serio quería pasar tu cumpleaños contigo, no quería que estuvieras solo hoy, es un día especial.
—No estoy solo.
—No, pero ninguno de ellos es tu familia.
Su corazón se retuerce, huyendo de la lanza de sus palabras.
—Los Potter son mi familia.
—No de verdad. —Su madre aprieta su hombro con su manos huesuda por unos segundos—. Feliz cumpleaños Tom —susurra en su oreja, se aleja y lo último que percibe de ella es el viento que se mueve al pasar por su lado, fuera de la habitación.
Siente que va a desmayarse, se recuesta del arco de la puerta mientras respira, buscando algo de calma, pero es imposible conseguirla con el ruido de fuera, sabe que tendrá que salir y fingir que nada ha pasado. Sus amigas están allí, ignorantes de su historia familiar, de su pasado. No puede romperse frente a ellas, no puede romperse frente a la tía Lily, no quiere contestar preguntas, no quiere volver a sentirse como lo hacía en aquel sillón verde en el consultorio de Mark.
No sabe cuánto tiempo ha pasado desde que su madre se fue, se alivia de no verla en su camino por la sala en busca de sus amigos. Gracias a Merlín la mayoría de los adultos están borrachos y concentrados en bailar y hablar entre ellos, ninguno le dedica más allá de una sonrisa y una caricia en el hombro o en el cabello.
Llega al rincón en donde dejó a sus amigos, puede ver como Hannah lee la mano de Harry, dibujando las líneas de la piel de su palma mientras Sue se ríe y Hermione frunce los labios para no decir nada que lastime a Han.
Harry levanta la mirada y se encuentra con su mirada, ni siquiera ha hecho ruido ni nada que indique que está cerca, pero su amigo podría encontrarlo en el fin del mundo con facilidad.
Sus amigas siguen su mirada y le ven. De inmediato sonríe, se acerca y se sienta cerca de Harry.
—Hey, estás experimentando de primera mano el don de Hannah con la quiromancia?
Harry frunce el ceño, su amplia sonrisa se degrada a una mueca que tensa todo su rostro, desprovisto de la diversión de antes.
«Por favor Har, solo déjalo pasar». Ruega con la mirada.
—Es genial, en Beauxbatons aun estamos trabajando en el despertar de la intuición. —Harry le sonríe, radiante como siempre.
—El plan de estudios de Beauxbatons es mejor. —Hermione se queja con un suspiro.
—Hannah acaba de leer que tendré una muy larga vida, que tengo un alma aventurera que me llevará a explorar el mundo peeeero me dará muchos problemas para tener una relación estable porque mi alma está hambrienta de intensidad y cosas nuevas. —Su amigo golpea su hombro contra su costado, con una sonrisita que le deja en claro que viene alguna broma—. Pero ves esto de aquí? —Harry levanta la palma de su mano hasta que está frente a sus ojos y señala una línea—. Dice que tendré una pareja por un muuuuuuy largo tiempo y que tendré pocos amores, a mamá le encantará escuchar eso, siempre se quejó de que papá tuvo demasiadas novias en Hogwarts.
Tom escuchaba su parloteo como si estuviera bajo el agua.
—¡Es muy romántico! La idea de que tendrás un amor para toda la vida. —A Hannah solo le falta llevarse las manos hacia el pecho y suspirar como una mujer de la época victoriana.
Harry le mira con el rostro ladeado y ojos perversos.
—Tú qué dices Tom? ¿Crees que Ginny me espere tanto tiempo? —señala con su cabeza la cabellera larga y pelirroja de la niña, bailando con su padre en el salón.
Hannah jadea, Hermione abre sus ojos como una ardilla siendo arrollada por un auto y Susan se echa a reír.
—¿Te gusta Ginny Weasley?! —Han mira a Harry como a una novela romántica.
—Ni siquiera Harry tiene tan mal gusto —espeta, con el vapor de su estómago quemándole por dentro.
—Ginny Weasley no es ningún adefesio Tom. —Mione sale en defensa de la niña.
Tom se contiene de tirar su bebida sobre su ropa.
—Es tonta, metiche, insoportable y sus hermanos son unos idiotas bravucones —enumera cada defecto con sus dedos.
—¡Ella no tiene la culpa del comportamiento de sus hermanos!
—No le hizo una broma de mal gusto a una chica de Ravenclaw este año? —Sue intercede.
—A Lovegood —añade. Sue le mira con ojos divertidos y una sonrisa incrédula.
—¡En serio estás espiándola en Hogwarts?! —Harry le mira sorprendido y se echa a reír.
Su rostro se calienta.
—No la espio, el rumor llegó a Slytherin.
Harry ríe más fuerte hasta que un empujón de su mano lo lanza al suelo.
—Espera... ¿Te gusta Ginny, Tom? —Los ojitos de cachorro de Han le ven con sorpresa.
Harry, en el suelo, fija sus ojos verdes en él. Su risa incesante brota lágrimas de sus ojos.
—¡Claro que no!
—Pues parece que ustedes dos se pelean por ella.
La risa de Harry se extingue y la sonrisa en su rostro cambia a una expresión de espanto.
—Tom me llevaría a la sala de Janus Thickey si alguna vez digo que quiero casarme con Ginny. —Su amigo se levanta por fin del suelo.
—Te daría un antídoto de amortentia, solo para asegurarme.
Su amiga los mira confundida.
Harry se inclina sobre él hasta que su nariz golpea su oreja.
—¿Celoso?
Tom lo empuja lejos, la sensación de su aliento sobre su piel levanta cada vello de su cuerpo y envía ráfagas de calor por su cuero cabelludo.
—Eres un idiota rencoroso. Además... Ella no es competencia.
—Entonces... —Sue les interrumpe—. Cuando te casas con Tom, Harry?
Su amigo voltea a ver a Sue sin inmutarse ni un poco, no como él. Su cuerpo está tenso, nervioso, sudoroso, como un ratón asustado de una serpiente.
—No lo sé... —Harry mira al techo como si meditara la pregunta y luego voltea a mirarlo—. ¿cuándo nos casaremos Tom?
¿Por qué su corazón late tan malditamente rápido?
—¡Chicos! Es hora de cantar cumpleaños, si esperamos un poco más tu padre querrá jugar al quidditch con los ojos vendados. —Su tía Lily llega al rescate, con el cabello algo despeinado y las mejillas rojas de tanto reír.
Tom se levanta como un resorte de su asiento.
—¡Bien! ¡Vamos!
Harry no le da tregua, siguiéndolo como un perrito y tomando su mano mientras caminan al salón principal.
—¿Estás bien?
Se encoge de hombros.
—Hablemos de eso después.
Harry aprieta su mano con fuerza y Tom ignora las miradas de sus amigas hacia sus manos, no está de humor para explicar la broma que comparte con su amigo desde hace años, además necesita del calor de Harry a su lado mientras todos le cantan cumpleaños, necesita su presencia a su lado para no caer derrotado al suelo, para que el dolor que contiene en su interior no explote en ese momento.
Una calma cálida y suave como plumas rodea su cuerpo como una sábana de seda, mira a su amigo quién ya está esperando sus ojos para clavarle las esmeraldas encima, la mayoría en la habitación podría pensar que está alegre, despreocupado mientras canta pero Tom puede leer las preguntas escritas en sus ojos.
El canto termina, los abrazos lo asfixian y golpean su maniatado corazón. El pastel se reparte con rapidez y todos salen al jardín a esperar por la llegada del año nuevo.
Las chicas forman un círculo apartado de los adultos para mirar el cielo y Tom se une, arrastrado por la mano de Harry y la nube de alegría artificial que batalla para sepultar el sentimiento de amargura que lo pudre por dentro. Milagrosamente nadie le presta demasiada atención, Harry domina la conversación, bromea, hace preguntas y entretiene a las chicas hasta que los estallidos de la pirotecnia hace que todos miren al cielo en silencio.
Harry tira de él lejos del jardín, sus pasos lo llevan hasta el laboratorio de su madre, rodeando la construcción para esconderse de la vista de todos.
—Harry de verdad que no quiero...
Su amigo le empuja hacia su pecho, rodeándolo con sus brazos.
—No te traje para hablar, pero sé que necesitas un momento. Estoy aquí para ti, como siempre, puedes hacer lo que quieras.
Tom se refugia en su cuello y deja algunas lágrimas caer, pero no se siente bien, caen forzadas en la piel de Harry, dejando una sensación de vacío en su pecho. No es lo que quiere, el dolor sigue allí, latiendo y pinchando, cada vez es peor.
Se desprende del abrazo apretado, no desea llorar, está enojado, tan enojado...
Toma su varita de su bolsillo y apunta a la grama verde del jardín, puede escuchar el estruendo de los fuegos artificiales en el cielo, su reflejo pinta de colores el suelo, su cuerpo, el de Harry, todo a su alrededor. Una luz roja e intensa lo consume todo, con un ruido insoportable para sus oídos.
Mueve su mano, siente su magia pulsar excitada, empujándose al exterior y él la deja salir. Una y otra vez. Como rayos que impactan la tierra y despedazan el perfecto jardín verde. El polvo se levanta, la grama verde vuela y el agujero en el suelo crece más y más. Piedras golpean su cuerpo, cúmulos de tierra se desintegran con el choque de su magia y su odio se entierra en la fosa que cava con odio, sus esperanzas lloran y tratan de aferrarse a él, pero las empuja, las cubre bajo la tierra sin importarle cuanto duele.
Su cuerpo se queja de cansancio, sus brazos tiemblan sin que pueda hacer nada para controlarlos, su varita cae de sus dedos dormidos y magullados. Sus rodillas ceden y se deja llevar al suelo, no le importa ensuciarse, no le interesa nada.
Harry se sienta a su lado, toma su varita con cuidado y se la tiende. Tom niega con la cabeza y Harry la deja a un lado.
El estallido de fuegos artificiales continua, puede oír aplausos y gritos al fondo pero Tom no puede acompañarlos, no puede celebrar.
—Deberías ir con ellos, es año nuevo. No te pierdas eso por mi. —No mira a Harry, solo puede ver la fosa que ha abierto detrás del laboratorio de su tía.
—El próximo año también será año nuevo y el próximo a ese. Además... Siempre hacemos lo mismo, mirar los fuegos artificiales.
—No quiero que los recuerdos que tengas de estas fechas sean así, siempre debes sacrificarte por mi. No quiero que lo hagas.
Harry toma su mano, su piel está caliente en contraste con la suya.
—No es un sacrificio para mi, cuando quieres a alguien nada es una carga o un sacrificio, es... Se siente bien.
El cabello de Harry está despeinado por el viento y su ropa cubierta de tierra pero sus ojos... Sus largas pestañas negras lucen como las rejillas de un jardín secreto y maravilloso, no cubren su hermosura, la realzan.
—Creo que nunca voy a llegar a merecerte —susurra.
Las cejas pobladas de Harry se fruncen con descontento.
—Eres demasiado terco, ¿cuántas veces debo decirte que te mereces todo?
Tom siente sus ojos llenarse de lágrimas.
—No lo sé... es que nunca siento que lo merezca.
Harry se acerca con cuidado, sus piernas caen sobre las suyas, sus brazos rodean su torso y su nariz roza su mejilla, su piel cálida y suave dibuja círculos pequeños en su pómulo que puede sentir en cada recoveco de su ser.
—No importa, pasaré toda la vida recordándotelo hasta que te lo creas.
Su aliento acaricia su mandíbula y cada palabra suaviza el dolor en su corazón. Tom rodea su cuerpo con sus brazos con el pánico de un niño aferrado a su protector.
—Harry... En serio estarás conmigo siempre?
—Vas a proponerme matrimonio aquí, Tom Riddle? —Puede sentir sus labios sonreír contra su piel.
Tom bufa.
—No lo sé, quieres que llame a las chicas para que Hannah pueda verlo y fantasear con nuestra historia de amor después?
Harry niega con la cabeza, su nariz choca con la suya y Tom contiene el aliento.
—No, te mataría si hicieras una petición en público.
—Vas a mantenerme en secreto? Eso es cruel.
Harry mueve su rostro hasta que la punta de su nariz choca contra la suya y lo único que Tom puede ver es verde. Verde. Verde. Verde. Hipnótico. Hermoso. Enmudecedor.
—Te presumiré en todas partes, hasta que te hartes de ser reconocido a donde sea que vayas.
—Que aterrador.
Apenas y mueve sus labios al hablar, los de Harry están tan cerca que teme tocarlos, le aterra la sensación que se apodera de su pecho con su cercanía. Quiere apartarlo con la misma ansiedad con la que lo quiere más cerca.
—Seré más irritante que Malfoy.
—Lo dudo, eres demasiado agradable para eso.
Una ceja de Harry se levanta con picardía, ladea el rostro como siempre que está preparándose para una broma y sonríe con la misma emoción que transmiten sus ojos. Es el cuadro perfecto de la locura.
—Eso es todo? Soy agradable?
—Si?
Los brazos de su amigo van a su cuello, rodeándolo como una pitón.
Tom siente que se va a morir.
—No dirás eso cuando me pidas matrimonio, o si? Porque me sentiré muy ofendido si lo único que dices sobre mí es que soy agradable.
—¿No confías en mi don de la palabra? Haré un discurso tan convincente que no podrás decir que no.
Harry se ríe, es una risita tierna, tonta, una que nunca ha escuchado. Sus labios se tuercen sonrientes sin permiso.
—Solo espero que no sea tan largo que te duelan las rodillas de tanto estar en el suelo.
—Ah, así que también debo arrodillarme.
Harry asiente y su nariz vuelve a rozar la suya. Su corazón va a escapar por su boca.
—Y quiero flores.
Tom asiente esta vez, disfrutando de la sensación de la piel caliente rozandose.
—Anotado.
—Y quiero llorar, así que debe ser un discurso estúpidamente cursi y emotivo.
Esta vez es él quién se echa a reír.
—¿No estás leyendo demasiado Witch teen?
Harry entrecierra los ojos y le empuja con una mano en el hombro, pero en ningún momento se separa de él, se inclina junto a su cuerpo con el empujón y Tom muerde sus labios para no chillar.
—No te burles de mí.
—No me burlo, es una pregunta genuina.
Su amigo rueda los ojos y aprieta el agarre a su cuello. Su cabello hace cosquillas en su frente y el hormigueo desciende a su cuello como agua tibia.
—Me gusta el romance.
Tom se ríe.
—Bien. Puedo hacer yo alguna petición? O el cajón de sugerencias está lleno?
Harry cabecea y Tom casi percibe sus pestañas rozando sus párpados.
—Si hago todo eso... Debes prometer que dirás que sí. No me dejarás arrodillado como un idiota.
Las esmeraldas brillan con malevolencia.
—Para eso debe ser en privado, nadie te verá fracasar si digo que no —susurra, tan cerca de sus labios que Tom se contiene de respirar y moverse, solo su corazón puede dar una voltereta en su tórax, demasiado abrumado para mantenerse sereno.
—Acabas de perder cinco puntos de esposo.
Harry vuelve a reír, a Tom le encanta como la vibración de su pecho se transmite al suyo, como su corazón la toma y sigue su ritmo.
—Ya los recuperaré después.
—No te los daré con facilidad.
Harry se acerca aun más. Acaso es posible? Y le ve directo a los ojos.
—Claro que sí.
Tom podría darle mil malditos puntos en ese momento.
—Me darías todos los que quisiera si te lo pidiera.
La mirada de Harry, la forma en que entona las palabras, su proximidad... Todo es nuevo, aterrador, atractivo, ya ni siquiera sabe si están bromeando o es en serio.
—Harry! Tom!
La voz de su tía rompe la nube que los rodea, la quiebra con brusquedad, despidiendo el calor y la sensación de estar en las nubes.
Harry aparta sus brazos con una tranquilidad que Tom envidia, sus piernas liberan a las suyas de su agarre y su torso se separa del suyo. Quisiera rogarle que no se alejara, en su mente maldice la maternidad responsable de la tía Lily pero no puede odiarla por preocuparse.
Su amigo se levanta, se sacude la tierra de los pantalones y le tiende la mano. Tom la coge, queriendo aferrarse a la sensación de comodidad que segundos antes los había envuelto, se levanta del suelo y se sacude como puede.
Harry le tiende su varita en silencio, aun con esa mirada intensa en el rostro que hace que sus mejillas se calienten.
—¿Puedes taparlo? Mamá tendrá un ataque si ve así su jardín.
Su voz bromista aparece de nuevo y Tom se decepciona de la pérdida de la suavidad anterior en su tono.
Apunta con su mano al agujero y mueve la tierra para cubrirlo.
—Tienes que enseñarme a hacer eso.
—¿A tener un ataque de furia desmedida?
Harry le rueda los ojos.
—Magia sin varita, tonto.
—Gánate tus puntos primero y lo pensaré.
Harry entrecierra los ojos y Tom puede ver de nuevo esa mirada.
—Me enseñarás en el verano.
—Si? ¿Por qué debería?
Su amigo le toma de la mano y balancea sus brazos mientras sus ojos se agrandan, como los de un perro hambriento.
—Porque soy la persona a la que más quieres en el mundo.
Tom se cruza de brazos y ladea la cabeza.
—¿No estás llevando tus fantasías demasiado lejos?
—Harry! Tom! Dónde están?! —Los gritos de su tía se desvanecen en el ambiente cargado.
—Tú eres la persona a la que más quiero.
Los ojos de Harry hacen cosas en él que se sienten raro y es tan abrumador que desea que se detenga.
—Bien, de acuerdo. Te enseñaré.
Harry sonríe victorioso.
—Eres un manipulador.
Su amigo le saca la lengua.
—No mentí al decir que eres lo que más quiero.
Harry le toma de la mano y lo empuja a ir al encuentro de los demás.
Tom espera que nadie pueda ver sus mejillas rojas.
Notes:
Quedé gritando con esa última escena, mis niños se salieron de control esta vez, les juro que no tenía planeada esa interacción, pero Harry está loco por dejar salir su personalidad coqueta y yo no pude resistirme.
Qué les ha parecido este cap? Amé la lección con Snape y la nueva relación que está construyendo con Tom. Qué creen ahora de Becca? y Marissa? La odian un poco menos ahora o nunca podré redimir a su personaje? Merope sigue siendo despreciable, ugh, la odio. Las interacciones de Harry y Tom me siguen enloqueciendo, son tan lindos!
Que creen que pasará en el siguiente capítulo? Dejé algunas pistas bastante obvias pero me gustaría saber qué creen que pasará y las repercusiones que tendrá en todos.
Gracias por leer, espero les haya encantado como a mi y pido perdón si en algunas partes la continuidad se vió algo atropellada, ya estaba cansada de escribir, fueron casi 40 mil palabras, Paolo está agotado su majestad.
Nos leemos pronto (No prometo nada), chauuuuuu.
Chapter 32: Raíces podridas y verdades dolorosas
Summary:
Esto es un milagro de año nuevo, hacía mucho que no actualizaba tan rápido, mis lectores de esta plataforma no lo saben pero hace poco mi historia llegó al ranking #1 en la categoría tomarry en Wattpad y me inspiró para escribir con mayor constancia.
Este capítulo está corto y fuerte, lloré escribiéndolo (Pero yo soy llorona), así que tomen sus previsiones. También quería recomendarles acompañamiento musical porque estoy obsesionada con la playlist que armé para el fic y creo que amarán leer con las canciones que me ayudaron a crear este cap. Para el inicio algo suave: Tek it de Cafuné , como se cura una herida de jaci velasquez (Es mi canción de confianza cada que escribo a Tom y Merope) y por último Sparks de coldplay, arms y for all you give de the paper kites.
https://open.spotify.com/playlist/5rlZZWTXvLQxmXlsVn1hfd?si=cSLzhQK-Rv6Sr-zfAZuh0Q&pi=8uiIla8KQxu55
Nos leemos al final! Espero les encante ❤️
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Capítulo XXXII
Raíces podridas y verdades dolorosas
Tom agradece a Merlín y Morgana por el exceso de alcohol de ese año, la mayoría de los adultos están más preocupados por tomar la próxima cerveza que por la ausencia de él y Harry. Desgraciadamente sus amigas son muy jóvenes para beber.
— ¿Qué hacían Harry y tú escondidos? —Sue se cuelga de su brazo en un descubierto de Harry para cuestionarlo. Tiene una media sonrisa en la cara y sus ojos despiden un aura curiosa y divertida que solo indica problemas.
—Solo hablábamos.
Sue levantó una ceja.
—Estás rojo como un tomate.
—Hace frío.
Su amiga sonríe y niega con la cabeza.
—Ajá, frío.
Hermione y Hannah están entretenidas con Harry, unos pasos por delante de ellos, su amigo ya ha logrado encantarlas de nuevo con cualquier cosa que les esté diciendo.
—Mione nos dijo que vino tu madre.
El comentario es inofensivo, lo sabe, pero de inmediato detona la ansiedad que Harry había logrado disipar.
—Vino por un momento, tuvo que irse, no estaba sintiéndose bien.
—Pobre, es horrible pasar la navidad enfermo.
Tom se encoge de hombros, con la mirada fija en cualquier lugar menos en los ojos de Sue.
—Es bastante enfermiza.
—Está muy delgada, ¿no deberías ir con ella?
La necesidad de separarse de su brazo y alejarse es tan intensa que debe morder el interior de su mejilla para controlarse.
-¡Tomás! ¡Demandar! Pasen ya, hace frío. —Harry, gracias a Merlín, les interrumpe. Su amigo le toma de su mano libre y tira de él dentro de la casa, llevando a Susan a cuestas de su agarre.
Milagrosamente Sue no vuelve a sacar el tema y pocos minutos después las tres lucen como zombies somnolientos que son arrastrados por su tía a la habitación de visitas que compartirán.
Harry lo empujó de inmediato a su habitación mientras sus tíos e invitados continúan la fiesta.
—Hiciste que las chicas se durmieron? —No puede evitar la diversión que brota de su voz.
Harry le sonríe sobre su hombro.
—Quería darte tu regalo y... Yo también estoy cansado.
Tom no abrió ninguno de sus regalos esta vez, los llevó a su habitación para abrirlos después, menos el regalo del abuelo Harold y el de sus tíos.
La proximidad de Harry en la habitación le recuerda a la escena del jardín y lo hace esperar como un idiota a que se repita pero cuando Harry se aleja para ir a su mesa de noche, la nube rosa sobre su cabeza se despeja y la verguenza llega muy rápido.
Su amigo se acerca con una bolsa de terciopelo negro entre las manos, tiene una expresión nerviosa ya su pobre labio inferior mordisqueado entre los dientes.
—Creo que no es el mejor obsequio que te he dado, siento que cada año es un poco más difícil, ya sabes... Te he dado demasiados regalos.
Tom sonríe, la inseguridad de su amigo es divertida y tierna.
—Las chicas siempre me dan libros y tu abuelo solo me regala cosas de ajedrez.
Esta vez le había dado un tablero de madera pintado de blanco y rojo, era bastante bonito.
Harry suspira y le tiende la bolsita.
—¿Acaso vas a copiarte de mi idea de regalarte animales tallados?
Su amigo le rueda los ojos.
—Soy creativo Riddle, puedo pensar en mis propios regalos.
Sus dedos acarician el nudo de la bolsa y lo desatan con suavidad, dentro puede ver un kit de tallado de runas. Un kit muy costoso.
—¿Te gusta? —De nuevo su pobre labio está siendo masacrado por sus dientes, su mano retuerce sus dedos y se balancea sobre sus pies.
—¿Cómo lo conseguiste?
Los ojos de Harry se iluminan de alivio.
—Papá conoce lugares increibles en el bazar francés.
—Es...
—Hueso de dragón. —Su amigo suena bastante orgulloso de sí mismo.
Tom no puede decir nada coherente por unos minutos. El pequeño martillo para tallar es de unos diez centímetros, el puño muestra pequeños orificios del hueso trabecular, hace que el agarre sea firme y que no resbale, el color grisáceo y tornasol del hueso es espectacular y Tom puede imaginarse a sí mismo sacando su kit en medio de la clase, incluso la profesora babearía al verlo.
Hermione iba a enloquecer.
—También trae un observador. —Su amigo lo señala y lo saca de la bolsa. El objeto es circular, con un agujero en el medio para observar a través de él—. Es de amatista.
No hace falta que lo aclare, Tom lo supo al ver la tonalidad violeta intenso del cuarzo. El borde externo está pulido como un anillo, mientras que la parte interna del círculo muestra los cristales en su estado natural, es hermoso.
—Dicen que es el mejor, podrás ver runas incluso en la oscuridad con esto, brillarán del mismo color cuando la encuentres e incluso aumenta la sensibilidad y percepción del que lo usa. —Harry continúa describiendo las propiedades del observador como si Tom no lo supiera, como si no conociera cada material existente y sus bondades. Pero no va a interrumpirlo cuando se ve tan feliz.
—Es... Me encanta. —Su amigo le mira con una sonrisa, la misma que no ha cambiado desde que se conocieron—. Gracias Harry.
Harry se arroja encima de él en un abrazo apretado.
—Feliz cumpleaños Tom— susurra en su oído. Tom puede sentir el temblor incluso en los dedos de sus pies. —Ahora... —Se separa de él—. Veamos el resto de tus regalos, quiero ver si alguien ha logrado superarme.
Este cumpleaños ha sido extraño, sus amigas han estado presentes, sus tíos parecen haberles dejado la cuerda más floja y los invitados han celebrado con más entusiasmo la navidad. En términos generales ha sido una fecha feliz. Tom se siente culpable por disfrutarlo y estar feliz, por ignorar con tanta facilidad la última y repetitiva pelea que ha tenido con su madre.
Harry toma su mano y le devuelve al presente.
—¿Quieres hablar de lo que pasó?
Tom odia como la alegría se ha disipado de su rostro en segundos, ahora de nuevo es el niño que le consolaba al llegar de las citas con Mark o después de un día terrible. Siente que está robándole momentos importantes, justo como su madre lo hace con él.
—Tom... No tienes la culpa de nada.
Tom se inclina, buscando su cercanía y sin palabras que la exijan, pero Harry le entiende a la perfección, acercándose para que Tom pueda apoyar su frente de su hombro.
—¿Quieres decirme qué pasó?
Deja salir el aliento aprisionado en sus pulmones, siente la suavidad de su ropa contra su mejilla, la calidez de su cuerpo que se filtra a través de la ropa y el aroma a jabón, intenso como una colonia.
—No quiero arruinar el buen ánimo.
—No estás arruinando nada, solo haremos una pausa. —Las manos de Harry dibujan círculos en su espalda y su cuerpo responde descargando más peso sobre él, al punto de que si su amigo se aleja sin avisar caerá directo al suelo.
—Lo mismo de siempre, es como si estuviéramos repitiendo todo el tiempo la misma discusión. Ella no quiere aceptar lo que digo y yo sé que está mal lo que dice. —Las palabras salen entre la bruma de la tranquilidad que Harry irradia solo con su presencia, no hay empatía de por medio esta vez—. Creo que nunca vamos a poder solucionar las cosas.
Harry se abraza a él, con su barbilla en su hombro.
—Y qué vas a hacer si lo puedes arreglarlo? —Sus palabras suaves esconden el miedo que siente.
—No lo sé.
—No puedes seguir huyendo todo el verano.
—Lo sé.
Harry guarda silencio, Tom casi puede ver como está mordiéndose los labios, con la duda de si soltar lo que tiene en mente o no.
—Siempre puedes... Venir con nosotros.
Lo sabe, lo sabe y es una estupidez que esté pensando si irse o no, sabe que la decisión correcta es marcharse, dejar de sufrir por una persona que no planea cambiar, que solo le trae problemas e infelicidad... Entonces por qué es tan difícil tomar la decisión?
—Lo sé.
—No estás seguro.
Tom niega con la cabeza.
—No le debes nada, lo sabes, ¿no? No eres malvado por elegir lo que te hará feliz.
—Lo sé.
Harry no dice nada más, le abraza hasta que su cuello duele por la posición, hasta que sus pies laten por el cansancio de estar calzados todo el día.
—Si quieres... —Su amigo se interrumpe pero Tom entiende lo que el silencio significa: "si quieres dejarla"—. Siempre puedes decirmelo.
—Lo sé.
Harry bufa.
—Acaso has perdido la capacidad de decir algo más?
—Te quiero —dice, porque no hay nada más que decir en ese momento.
—Yo también te quiero.
Cuando finalmente se separan, Harry va directo a los regalos sobre la mesita y ambos los abren en silencio, comentando sobre los mejores y peores. De nuevo tiene un sueter Weasley, esta vez de color negro y con una T dorada, bastante lindo. Hermione le ha regalado un libro de aritmancia, Hannah le ha regalado un libro muggle con el título de Frankenstein y Sue uno llamado el diario de Dorian Grey, es un alivio que no sean académicos. Remus le ha regalado unos lentes que le permiten leer en la oscuridad, no es tan útil considerando que tiene la lámpara de serpiente de Harry, pero no dice nada. Sirius le ha regalado un libro sobre magia prohibida que seguramente es parte de su campaña Anti-Tom.
Son buenos regalos. Excepto el del perro sarnoso de Black.
—Usemos los suéteres de la señora Weasley mañana —propone Harry mientras levanta su regalo de yule. Esta vez es rojo con una H dorada, quizá la señora Weasley quiso cumplir el sueño de su tío James de ver a Harry con los colores de Gryffindor.
—Acaso quieres presumir frente a las chicas?
Harry sonríe, obviamente es su intención.
—Vas a mearme la pierna o algo más para marcar territorio?
Su amigo le ve con molestia.
—No estoy marcando territorio. No es necesario, es evidente que soy tu favorito. —Se pavonea.
Tom le da unos golpecitos en la frente con una expresión de fingida preocupación.
—Todo bien allí dentro?
Harry le empuja, fulminandole con la mirada.
—No me agradas justo ahora Riddle.
—Eres un mentiroso.
Su amigo se levanta del suelo y le tiende la mano.
—Vamos a dormir, ya es tarde.
Le sorprende que no insista con el tema aunque no discute mientras toma su mano y se impulsa hacia arriba.
Harry se abraza a él como un oso panda, con brazos y piernas rodeándolo, Tom no entiende cómo es tan cómodo dormir con él de esa forma. La bruma del suelo llega rápido entre el calorcito de sus cuerpos juntos y las sábanas esponjosas, el cabello de Harry le acaricia el rostro pero Tom ama cada espacio de sus cuerpos que se une y lo bien que se siente estar juntos de nuevo, ni siquiera en su cama individual de Hogwarts puede dormir sintiéndose completo, no hay mejor descanso que el que toma con el peso de Harry a su lado.
Sue les ve salir a ambos de su habitación por la mañana, Harry está aun batallando con las lagañas en sus ojos así que no le presta atención a las cejas levantadas de la pelirroja, ni a la sonrisa que indica que ha descubierto algo jugoso o a sus ojos oscuros brillando como un diamante negro.
Su amigo se tambalea escaleras abajo con su suéter Gryffindor puesto orgullosamente, como un jugador de Quidditch.
—¿Tú y Harry duermen juntos?
—Es tradición. —Se encoge de hombros, restándole importancia.
Se precipita a las escaleras hasta alcanzar a Harry, con su amiga siguiendo sus pasos.
En la cocina Hannah habla con su tía Lily mientras come unos pancakes, las dos se ven encantadoras y con un halo de paz que las rodea, Tom no deja de sorprenderse con el parecido de Han con sus personas favoritas.
—Buenos días, bellos durmientes. —Su tía atrapa las mejillas de Harry entre sus manos para darle besos en la frente y en cuanto está cerca hace lo mismo con él.
—Ugh, no me siento bello en absoluto, quiero dormir más.
—Es hora de almuerzo Harry.
Harry le mira ofendido, con un puchero rabioso en su boca.
—No trabajas en el ministerio Tom, son vacaciones.
Su tía les palmea la espalda para que se sienten. Sue se les une en el mesón.
Harry se derrite en el asiento como si acabara de escuchar que el mundo se ha acabado.
—¡Oh! ¡Tienen suéteres a juego! —Hannah mira los suéteres tejidos con emoción.
Su amigo asiente, aun con la energía disminuida.
—Sí, igual que toda la manada Weasley. La señora Weasley hace uno para cada miembro de su familia en navidad.
—¡Son muy lindos!
Su tía le pasa unos pancakes y una taza de chocolate caliente que huele a gloria. Harry bebe de su chocolate como si fuera café pero la bebida hace lo suyo, activandolo como una bomba nuclear.
—¿Dónde está Hermione?
—Tuvo que irse temprano, sus padres solo le dieron permiso hasta las diez. —Hannah hace un puchero—. Dijo que dijéramos adiós de su parte.
Harry se ve triste por su partida.
—Quería llevarlas a todas a ver la propiedad... Bueno, podemos hacerlo e invitarla otro día.
Tom se mete un pedazo de pancake en la boca y les deja conversar mientras su tía se une a ellos con su propio plato.
—¿Qué tal tus lecciones cariño? Snape te dejó tarea?
Bufa y asiente.
—Ya sabes como es, ni siquiera me permitirá disfrutar de las vacaciones. Dijo que quiere que le lleve un filtro de muertos en vida y un informe de mil palabras sobre cómo puedo mejorarlo.
—¿No es una poción de quinto año? —Sue habla con comida aun en su boca.
—Séptimo. —La corrige.
—Bueno... Podemos hacerla en el laboratorio. —Se ofrece su tía, se ve contenta de volver a su vieja rutina.
—Espera... ¿Estás haciendo pociones de séptimo año?! —Sue está a punto de atragantarse.
—No realmente, hago también pociones de años inferiores, todo depende del sádico plan de estudios de Snape.
—Eso es... ¡Genial! Deberías ver clases con los de séptimo. —Han le sonríe con orgullo.
—Hermione tendría un ataque. —Se burla Sue y Tom se ríe un poco.
Hannah los regaña a ambos con la mirada.
—¿Tardarás mucho en hacerla? —Harry se ha tragado su desayuno como una aspiradora humana y ahora le mira con cansancio, con su brazo apoyado en la mesa y su puño sirviendo de apoyo para su cabeza.
—No creo, me adelanté con la teoría. Pero aun debo averiguar cómo puedo mejorarla, lo descubriré cuando la haga.
—No puedo creer que me he sacado la lotería de amigos, tengo a los dos cerebritos de Hogwarts en mi poder. Esto es demasiado. —Sue hace drama mientras niega con la cabeza como una loca—. Hermione se va a infartar cuando le cuente que vas a hacer una poción de séptimo año con tu tía y que se lo perderá por completo.
Harry se ríe y Tom solo puede verlos a todos a su alrededor, agradecido de tener una mañana normal y apacible.
Harry se niega a soltarlo antes de ir con su madre a tomar el traslador, no es la típica resistencia de niño malcriado, Tom lo sabe, él mismo desearía poder ir con ellos al traslador y mandar al diablo todo, aunque extrañaría a sus amigas y sus primos, a Leviatán y Becca. Le deja un sabor amargo en la boca admitir que no extrañaría a su madre.
—Nos vemos en pascua, Tom.
Su amigo le comunica mil cosas con la mirada, puede ver lo exhausto que está de ser mantenido en la oscuridad, de sus respuestas cada vez más breves y poco explicativas. La discusión con su madre en su cumpleaños fue algo que pateó debajo de la mesa como si fuera suciedad, pero Harry ha estado acumulando secretos durante meses y puede ver el cansancio haciendo mella en él cuando se permite ser vulnerable.
—Nos vemos en pascua.
Su amigo se aleja con su madre, con su abrigo bermellón con un espantoso y voluminoso felpudo que luce como el estropajo de su abuela, definitivamente no van bien con sus botas de cuero amarillo, no puede creer que Remus se las haya regalado. Tom ve al crimen de la moda marcharse, entre divertido y nostálgico.
—¿Listo para ir a Hogwarts, campeón? —Su tío se ha quedado con él, de nuevo.
La oficina de viajes internacionales mágicos está casi vacía por ser tan temprano pero sus tíos esperaron hasta el último día para volver. Harry y su tía irían directo al campo de abraxans en Francia para tomar el carruaje de Beauxbatons y su tío lo llevaría al expreso.
Tienen suficiente tiempo para desayunar así que van a una cafetería muggle frente a la estación y su tío le pide un sándwich de pollo.
—Tom... Puedo preguntarte algo?
Mira a su tío con un pedazo de su desayuno siendo masticado en su boca, no es definitivamente su mejor momento para hablar así que solo asiente.
—Tú y tu madre... Están distanciados últimamente, no la vimos durante el verano pasado y esta vez se presentó para tu cumpleaños y no habló con nadie antes de irse. ¿Ha pasado algo?
Tom traga, respira profundo y trata de mostrarse sereno, sabía que llegaría el momento en el que sus tíos harían una intervención, le habían dado meses para que él les contara, cosa que evidentemente no había hecho.
¿Qué podía decir? Me dió comida podrida, me lanzó ese mismo plato de comida podrida a los pies y me llamó desgraciado miserable. Ah! Además tuve que limpiar su guarida, que luce más como un basurero que como un departamento. Eso sin incluir todo el cúmulo de problemas de antes.
—No estamos... Tan unidos ahora.
Su tío asiente, aunque es obvio que esperaba una respuesta más elaborada.
—¿Discutieron?
Tom toma un sorbo de su bebida y ladea su cabeza de un lado a otro.
—Un poco.
—Tom... Sé que tienes tus razones para mantener tus cosas en privado y lo respeto, pero tu tía Lily y yo estamos preocupados por ti. El verano pasado llegaste a casa con mal aspecto y no quisimos molestarte porque sabíamos que necesitabas espacio. —Su tío hace pausas al hablar, junta los labios hasta formar una línea y luego los suelta—. Pero han pasado meses desde esa vez y no vemos que la situación haya mejorado, solo queremos saber si estás bien y si necesitas ayuda con algo. No haremos un escándalo ni te reprocharemos nada, solo queremos verte bien.
¿Qué puede decir a eso? Sabe que si le cuenta lo que pasó la tía Lily irá directo al ministerio a pedir su custodia completa y luego a Hogwarts para sacar su trasero de Inglaterra. Sabe que es la mejor opción, es lógico y sano. Harry ya lo ha mencionado en la madrugada del primero de Enero y su prima Marissa ya tendría sus maletas y las de Syl listas para marcharse cuanto antes.
¿Por qué no puede dejar de pensar en la estúpida promesa de quedarse con su madre? En esos días en el sillón de Mark donde ambos estaban dispuestos a intentar. ¿Por qué no deja ir la imagen del rostro de su madre cada que algo le duele? Está casi enteramente seguro de que todo es una manipulación, se echó a llorar en su cumpleaños y luego se limpió las lágrimas como si nada!
—No quise que se preocuparan tanto tío James, hablé con mamá en mi cumpleaños y nosotros estamos... Por ahora las cosas no están tan bien pero algo de distancia estará bien para los dos hasta que podamos hablar.
«Eres un idiota, un estúpido! Por qué sigues preocupándote por ella cuando te trata tan mal?!». Si su mente tuviera brazos ya lo habría golpeado.
El tío James parece agotado, la comisura de sus labios está deprimida, sus ojos le gritan que sea sincero y sus manos acarician sus brazos cruzados una y otra vez, como un tic nervioso.
—Okay, de acuerdo. Solo... Tom si pasa algo que te incomode o que te haga sentir muy mal... ¿Puedes decirnos, bien? No haremos nada extremista sin tu permiso o conocimiento.
—De acuerdo, prometo que te lo diré.
Volver a Hogwarts no se siente tan apacible esta vez, Tom siente que la presión a la que estuvo huyendole por seis meses ha montado un campamento en su espalda. Su tío le dejó en la estación de Kings Cross después de un abrazo apretado que se sintió desesperado, el mismo que Harry le había dado antes de marcharse.
Ya no puede huir de la situación, ya no puede seguir ignorando y escondiendo las cosas para evitar tomar una decisión.
Su madre no está bien, no le hace bien, hace que la vida perfecta que trata de construir se desmorone, es la manzana podrida del árbol y él ya no puede encontrar razones para quedarse. Solo lástima. Solo culpa. Solo remordimiento de conciencia, una que escarba en su cabeza como el spattergroit.
Los deberes son una excusa para evadir la realidad, una a la que se abraza para posponer sus pensamientos. Se centra en corregir los deberes que Syl le envía por lechuza, en las lecciones de Marissa y la tutoría de Snape, quién está especialmente malhumorado porque Tom descubrió que tuvo una cita candente con una mujer bastante mayor que él, todo por su colonia extremadamente olorosa y una carta que despedía perfume sobre su escritorio. Tom definitivamente le contó a Harry y al tío James.
Con Hermione estudia aritmancia y runas a profundidad en sus horas libres, su amiga compartió su emoción por el kit de runas que Harry le dió por navidad y trabajó con él en experimentos sencillos. Han y Sue se encargaron de que no pasaran toda su vida escolar encerrados en la biblioteca.
Todo está bien, controlado, manejable.
Excepto por las cartas. Llegan cada tres días en el desayuno y son la causa de su falta de apetito por las mañanas y sus mareos por falta de azúcar entre clases. Su madre ha retomado el hábito de bombardearlo con cartas. Lo peor? Él ha estado leyéndolas en búsqueda de algo que le haga tomar una decisión con firmeza.
Estoy tan triste de que me ignores ahora, dijiste que hablaríamos y de nuevo te fuiste sin mi.
¿Cuántas veces tendré que disculparme? Lo que hice fue algo del momento, no estaba pensando, papá hacía cosas peores cuando se enojaba conmigo.
Era increíble cómo excusarse era tan sencillo.
Vas a castigarme toda la vida por cometer un error? No te he hecho ni la mitad de lo que mi padre me hizo y actúas como si fuera un monstruo que te arruina la vida. Yo te amo Tom, como solo una madre puede amar a un hijo, ¿cuánto tiempo más tendré que rogarte por una respuesta?
Había sido tan cínica que Tom la quemó nada más leerla.
Acaso tendré que ir a Hogsmeade para poder hablar contigo?
Tom va a perderse cada excursión si eso lo salvaba de verla.
—¿Hablaste con él?
—Lo hice pero no fue la mejor charla que hayamos tenido.
Su esposa le mira preocupada.
—Apenas y me dijo algo— aclara—. Solo que su madre y él hablaron en su cumpleaños y que han decidido alejarse un poco hasta resolver... Lo que sea que pasó.
Lily cierra los ojos y deja escapar con un suspiro largo la frustración que ambos comparten.
—Le pregunté a Harry de nuevo pero él no me dijo nada.
—No extrañas la época en la que era un libro abierto? —bromea.
—Extraño tenerlos a los dos en casa. —Sus manos delgadas y preciosas peinan su cabello con descuido, un tic que James reconoce como señal de estrés—. Algo pasó, eso es obvio. Tom nunca se había comportado con su madre de esa forma, no desde que volvió con ella. Esa perra le hizo algo y Tom lo está ocultando por alguna razón.
Que Merlín lo ayude a contener a su esposa para que no vaya directo a Inglaterra a buscar a Merope Gaunt.
—¿Crees que Harry sabe algo?
—Son como uña y mugre, debe saber que diablos pasó pero si Tom le pidió no hablar, no hablará. —Se deja caer en el sofá con la espalda encorvada y expresión derrotada—. Detesto haberlo criado con principios.
James no pudo evitar sonreír.
—Amas lo bueno que es, ambos lo son.
—Detesto verlo tan triste y me duele que no me diga nada.
A él también le dolía, James sabía que Tom les amaba a ambos pero su relación con su esposa era diferente, su ahijado orbitaba alrededor de Lily casi con la misma intensidad con la que lo había con Harry. Tom se abría con cuidado y precaución cuando se trataba de él, pero últimamente sus ojos transmitían un vacío que sentía que solo él podía llenar.
—No puedo seguir esperando James, no cuando sé que lo está afectando. Me contuve tanto el verano pasado! Y durante Yule... Casi tomo a esa mujer del brazo para exigirle respuestas.
—No podemos llegar entre gritos y reclamos —dice con serenidad, tratando de transmitirle un poco
—¡Al diablo con las buenas maneras James!
Se arrodilla a la altura de su esposa, sus ojos verdes lucen como la maldición asesina al encontrarse con los suyos.
—Hablaremos con él en Pascua, bien? Nos sentaremos y hablaremos con honestidad.
—No puedo esperar tres meses.
—Esperaste seis, mientras esté en la escuela estará bien. No podemos hacer una intervención a través del espejo.
—Somos los peores guardianes del mundo. —Su esposa se inclina y oculta su rostro en su hombro.
—Fuimos padres jóvenes y luego adoptamos a un niño de nueve años con severos traumas, estamos aprendiendo Lils. —Acaricia su espalda para calmarla—. Además tenemos un niño empático que nos obliga a hacer oclumancia de vez en cuando y yo soy pésimo en eso.
Lily se echa a reír.
—Bien, pascua.
James asiente y deja caer su cabeza sobre la coronilla de su esposa.
—Hasta pascua.
—Nunca había oído sobre Little Hangleton.
El nuevo entretenimiento de Marissa, además de darle dolores de cabeza y preguntar cosas absurdas de sus materias, es escarbar en la investigación sobre su padre. Tom debería esconder mejor sus cosas pero hay un regusto de alivio y comprensión cada que su prima inicia el tema.
—No deberías, es un pueblo muggle.
Su prima frunce el ceño.
—Sí, lo sé. Una gran ironía para una familia extremadamente racista y xenófoba.
—Y tu padre vive en el mismo lugar? ¿Cómo fue que nunca te lo topaste?
Los recuerdos llegan con escalofríos. Tom no quiere hablar sobre el encierro, sobre los castigos, sobre cómo por años estuvo secuestrado entre cuatro paredes, siendo adiestrado como un soldadito del mal y recibiendo palizas que habrían acabado con la vida de cualquier niño normal.
—Mamá nunca habló sobre él, llegué a pensar que estaba muerto o que no sabía sobre mi existencia.
—O que abandonó a tu madre.
Tom se encoge de hombros.
—Era una posibilidad igual de buena que las demás.
Marissa lo mira por encima de los papeles que ha esparcido sobre la mesa.
—Y qué harás? ¿Vas a ir a buscarlo?
—Sí. —Tom recoge los papeles, zanjando el tema.
—¡Genial! ¿Con quién irás?
—Probablemente con Becca. —Tom toma una nota mental para preguntarle a su tía.
—Podrías llevar a tu madre, quizá vuelva a enamorarse de él y se obsesione con alguien más que no seas tú.
Tom la fulmina con la mirada, Marissa ni se inmuta.
¡Hola cariño! Lamento tanto haberme perdido tu cumpleaños, pero la mayoría de mis compañeros están en la cárcel en Brasil y la otra mitad cayeron tras una oleada de viruela de dragón extremadamente contagiosa, así que me he vuelto una esclava del oficio más que nunca, pero puedes contar conmigo para tu excursión! Iré a buscarte a la estación este año sin falta!
Espero que disfrutes de tu tercer año y las salidas a Hogsmeade, amé poder salir del castillo cuando tenía la oportunidad. Haz cosas malas de las que esté orgullosa y no dejes que te descubran!
Tom sonríe al leer la carta de Becca y finalmente deja ir la tensión y estrés que Little Hangleton y su padre le han provocado por meses.
Tercer año es una pesadilla, somos niños no máquinas muggles! Por qué demonios mandan tanta tarea?
Necesitan llenar un cerebro que se vació en vacaciones.
No eres divertido.
Quizá no estarías sufriendo si hicieras los deberes a tiempo y no dejaras todo para el último momento.
Hola? ¿Está mi mejor amigo allí? Quiero que le pase a mi padre nuestro diario para ser regañado por un adulto.
Tom no puede evitar sonreír ante sus niñerías.
Solo soy sincero.
Yo solo pido un poco de comprensión Riddle, soy un chico agotado.
Pobre de ti, tus tacitas te están dando demasiados problemas...
Eres un idiota.
¿Te lo ha dicho el fuego o eres tú genuinamente?
Te lo advierto Riddle...
¿Qué?
La adivinación es un arte incomprendido y que requiere conexión con el alma y la mente. Es una rama de la magia completamente respetable.
No me digas que vas a abandonar la idea de ser el próximo Newt Scamander para leer bolas de cristal...
Y qué si lo hago?
Tendré que esconderte en casa para protegerte de las críticas de los intelectuales.
En este momento preciso desearía estar allí para darte un puñetazo.
Bendita distancia.
No has visto lo último de mi Riddle.
Vas a predecirme un terrible futuro?
Puede ser...
El silencio de su amigo es un augurio de que se acerca algo grande que le hará tragarse sus palabras, pero esa divertido esperarlo, más que leer las cartas de su madre o contestar las llamadas de su tía Lily, cuyo nivel de sutileza muere con cada llamada.
Febrero llega con un paquete pesado de Harry que debe ser su diario de viaje encerrado en una caja. Al abrirlo figuritas de papel con forma de corazón de color rosa y rojo le explotan en el rostro en medio del desayuno y rodeado de los insufribles de su casa.
Hedwig apenas se queda para recibir un pedazo de tocino antes de elevarse al techo y salir por una de las ventanas.
Marissa mira la caja como si fuera una amenaza a la vida misma, aunque ha estado de pésimo humor desde que las decoraciones de San Valentín llenaron cada pasillo del castillo, además de los comentarios de idiotas que se burlaron de su físico.
Una carta de sobre rojo le espera sobre el diario y rodeada de confeti de corazón. A su alrededor todos le ven con desagrado, mientras los estudiantes de Hufflepuff, Tom evade la mirada de Sue y Hannah, cuchichean y se ríen.
No pensó que Harry en serio le enviaría un regalo de San Valentín.
«Te voy a matar Potter».
Querido Tom,
¡Feliz San Valentín! Espero te gusten los chocolates y que te guste mi regalo, estoy practicando para ser el mejor esposo posible, ¿qué tal me fue?
Tom se contiene para no soltar una carcajada. Ese tonto de Harry...
Me encantó tu selección de viaje, ¡Puerto Rico suena genial! Creo que deberíamos seriamente aprender español, ¿no crees? Definitivamente quiero quedarme mucho tiempo en suramérica e ir a la playa.
Espero que nadie más logre igualar mi regalo increíblemente creativo, lleno de amor, colores y corazones. Y si Ginny Weasley se atreve a hacerlo entenderé si decides cambiarme por ella :C
Tom no puede evitar reírse esta vez. Sabe que se ve como un estúpido y que toda su casa está mirandolo como si fuera un completo desconocido, nunca ha sonreido o reido cerca de ellos.
Mis tacitas me dijeron que te encantaría un regalo para San Valentín y cómo negarme? Ellas siempre lo saben todo.
P.D: No seas demasiado cruel con tu respuesta o me romperás el corazón.
Oh, Tom ya estaba planeando una venganza.
—Tu novio se lució esta vez, eh? —Marissa se sacude el cabello pero el confeti se niega a salir de la maraña castaña de su prima.
Tom siente el momento exacto en que los chicos de su casa guardan silencio para escuchar su conversación.
—No es mi novio. —Tiene que hacer un esfuerzo titánico para no reírse.
Las venganzas de Harry eran en definitiva las más creativas.
Marissa le mira de arriba a abajo como si fuera idiota.
—¿Él lo sabe?
Tom le rueda los ojos pero siente el pecho caliente, caliente, ardiendo.
—No lo entenderías.
Su prima niega con la cabeza y renuncia a un desayuno libre de confeti, apartando su plato con amargura.
—No es como si quisiera hacerlo.
Tom toma la caja y empuja todo el confeti que puede dentro, una idea se está gestando en su cabeza y quedan unos veinte minutos antes de su clase de criaturas mágicas. Se pone de pie con ojos de todas las casas siguiéndole como halcones, alguien silba mientras atraviesa las puertas del comedor pero Tom ya está enfocado en correr a su sala común a planificar su respuesta.
Una sonrisa maliciosa se pega a su rostro durante todo el camino.
—¿Así que Harry te manda regalos de San Valentín?
Sue no desperdicia ni un segundo de su hora libre para mencionar el regalo de Harry. Que entrometidos eran los hufflepuff.
—Harry se divierte con la idea de hacerme pasar vergüenza.
—No parecías avergonzado, tenías corazoncitos en los ojos. —Le clava su codo en las costillas mientras sube y baja las cejas con coquetería.
Tom frunce el ceño pero no puede negar que sus mejillas se calientan.
—Tenía un mar de confeti de corazones encima.
Hannah mira con reprimenda a su amiga.
—Sue déjalo en paz.
—Harry es un amor, solo digo eso. —Sue se encoge de hombros tratando de parecer inocente, pero hay una sonrisa de picardía en su rostro.
Tom entrecierra los ojos.
—Fue bastante romántico. ¿Tú le enviaste algo?
Tom muerde el interior de su mejilla.
—Puede ser.
De solo pensarlo sus mejillas duelen, no habría sido demasiado para una broma? Ya no podía recuperar lo que había enviado, su sorpresa llegaría por la noche, justo para la cena.
—¡No puede ser! ¡Mira tu rostro! ¿Qué le enviaste?
Ni loco iba a mostrarle a Susan lo que había escrito, nunca vería el final de las bromas si lo hacía.
—No es de tu incumbencia.
Susan puso una mano dramáticamente en su corazón.
—¡No puedo creerlo! Después de todo lo que hemos vivido no piensas decírmelo? Cría cuervos y te sacarán hasta las entrañas después.
Hannah se echa a reír.
—Acabas de romperle el corazón Tom, no podrá recuperarse de eso hasta la cena.
Tom se ríe con ella y Sue les mira muy ofendida.
—¿Están uniéndose contra mi?
Hannah entrelaza un brazo con el suyo.
—Puede ser.
Tom adora a Hannah.
Harry se sienta en su banco del comedor con un mar de ansiedad carcomiendo sus entrañas, no era para menos luego de que Tom había escribiera en el diario un sencillo:
Ya verás lo que te espera Potter.
Todo el día se dedicó a buscar búhos que vinieran directo a él, pero nada llegaba y cada minuto era una oportunidad para dejar volar su imaginación y el resultado era cada vez más desastroso.
¿Qué se suponía que iba a hacer Tom? Harry sabe que Tom detesta las muestras públicas de afecto y los detalles chillones y cursis, su idea era justamente gastarle una broma, pero su amigo es de los que responden con piedras a bombas de agua.
Merlín lo ayudara.
La cena se sirve y todos llenan sus platos como bestias hambrientas. Hugo toma más de lo que puede consumir y Muriel aun tiene el estómago lleno luego de comer tantos chocolates, ha sido un buen San Valentín para ella.
Quizá la respuesta de Tom no llegará para la cena y Harry podrá salvarse de la humillación pública.
Un sonoro ¡Pop! le arrebata toda esperanza. Un elfo doméstico aparece en el comedor vestido con alas, un arco y flechas doradas. Harry ruega en silencio a Merlín, Morgana y todos los dioses que esto no sea para él.
Todos en el comedor lo miran impactados, las risas comenzaron a inundar el lugar.
—Busco al jovencito Harry Potter, de la casa Bellefeuille —gritó el elfo.
«No puede ser».
Sus compañeros le miran con la boca abierta y Hugo se echa a reír.
—¡Aquí está! —El traicionero de su amigo lo señala y el elfo va hacia él con un caminar extremadamente cómico, algo que va entre un bailecito descoordinado y saltos, todo acompañado a su trajecito de cupido.
Harry no puede creer lo que ve, la impresión y las miradas del comedor entero sobre él impiden que la carcajada que quiere soltar salga con libertad.
—Hola señor Harry, su amado le envía este mensaje directo de Hogwarts.
Harry esconde su sonrisa detrás de su mano.
Lo iba a lapidar.
—Podrías darme su mensaje en privado, por favor?
El elfo lo mira como si quisiera darle un calcetín.
—¡Por supuesto que no! El señorito Tom dejó muy en claro que debía ser en el comedor.
—Claro que se aseguró de eso... —susurra tan bajo que solo Hugo puede escucharlo—. De acuerdo, adelante.
Todo el comedor guarda silencio y su estómago hierve con miles de burbujas explotando al mismo tiempo en su interior, su rostro pica por sonreír con todo lo que tiene y su cuerpo entero vibra con energía, deseoso de levantarse de su mesa y correr por todo el comedor.
El elfo saca un sobre de su bolsillo, el mismo en el que había enviado su carta. Su corazón va a salir de su pecho por la intriga mientras elfo abre el papel, hay una preparación graciosisima que dura unos tortuosos segundos en los cuales carraspea y saca el pecho como un gallo. Harry suelta una risita ante lo cómico que es ver las alas moverse en su espalda.
Y luego comienza a recitar:
Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche
y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso
El niño que hechizó mi corazón con sus pijamas de dragón
Espero ganar su amor y si no es demasiado.. Un pedazo de su atención.
Te ama tu increíblemente apuesto, inteligente y futuro esposo, Tom. ¡Feliz San Valentín!
El aire en su pecho se marcha a una tierra lejana, sus mejillas están en llamas y su alma en otro plano. Tapa su boca con una mano sin saber qué decir.
—¡Oh, casi lo olvido! —Confeti vuela sobre él, su comida y amigos cercanos. Era el confeti de corazones que Harry había enviado.
Eso fue suficiente para que todo el mundo se echara a reír.
Una rosa fue puesta frente a sus ojos junto con una cajita de cartón blanco delgado.
—El señor Tom le envía este regalo y me pidió que le dijera que no se enojara demasiado con él.
Harry finalmente sabe que hacer y no le queda más que sonreír y reírse. Tiene confeti en el cabello, uniforme y su ropa, muy probablemente habrá hasta en sus zapatos, de seguro Tom lo multiplicó antes de enviarlo.
—Gracias. —Toma la rosa, es amarilla, su color favorito— ¿Cómo te llamas?
—Soy Dobby señor. —El elfo hace una reverencia ridícula con la que su nariz toca el suelo. Increíblemente no cae de bruces al suelo.
—Vale, gracias Dobby.
—¡Oye elfo! ¿Puedes repetir el poema una vez más? —Gabrielle, un chico de quinto año y que tiene la fama de ser un idiota de bromas pesadas, le grita a Dobby.
—¡Claro que sí!
—Dobby no es necesario, puedes irte...
—¡Vamos Dobby! Apuesto a que Harry estaba tan impactado que no logró escucharlo la primera vez.
Sus mejillas se calientan como un volcán.
Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche
Y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso
El niño que hechizó mi corazón con sus pijamas de dragón
Espero ganar su amor y si no es demasiado un pedazo de su atención.
Te ama tu increíblemente apuesto, inteligente y futuro esposo, Tom. ¡Feliz San Valentín!
La mesa se llena de nuevas carcajadas e incluso hay un chico que se cae de su silla debido a la risa.
Dobby hace otra reverencia y desaparece con un chasquido.
—¡Guau Potter! ¡No sabía que tenías un amante tan apasionado!
No va a dejar de escuchar bromas en un largo tiempo.
Eso fue sanguinario Riddle. No era necesaria tal matanza.
Tom se echa a reír en su cama, está aliviado de que Harry no esté enojado.
Te gustó el pastel de durazno que te envié?
Una deliciosa pero pobre compensación.
¿Debería esforzarme más el próximo año?
¡Ni se te ocurra!
Le duele el estómago de lo fuerte que se ríe.
Ni siquiera entendí la mayoría de las cosas que escribiste, ¿qué demonios es un sapo en escabeche? Y como te atreves a comparar mi cabello con una pizarra?
Eres un público difícil...
Tu poema no fue lo suficientemente encantador.
Lamento escucharlo, lo escribí con el corazón en la mano.
ja ja, ahora todo el mundo me llama Don Juan.
En serio creen que eres un conquistador de corazones? Si es obvio que ese papel es mío.
Estoy completamente a favor de que vengas y lo aclares.
Están molestándote demasiado? Si es así lo siento muchísimo.
Son bromas inocentes, todo el mundo disfrutó el disfraz de Dobby. Fue bastante entretenido, tu creatividad no deja de sorprenderme.
Y ni te imaginas lo que haré el próximo año..
Me parece que deberíamos declarar la paz entre nosotros...
Tom no puede dejar de sonreír.
O simplemente enviar regalos discretos.
Me parece perfecto. Por cierto, gracias por la rosa.
De nada, gracias por los chocolates.
Febrero es su mes favorito, por obvias razones, Tom navega en una bruma de felicidad y diversión que ni siquiera los bravucones de otras casas pueden apagar.
—Deberías responderle Sue, ya terminó Febrero y aun no le has dicho nada. —Hannah, la nueva consejera del amor del grupo, usa cada rato libre del grupo para sacar el tema de Sue y Zacarias Smith a colación.
Tom ama ya no ser el centro de atención de las bromas de Susan. La vida es así de buena.
—¿Qué se supone que le diga? Me trata mal por dos años seguidos y de repente se aparece con flores? Que demonios le pasa por la cabeza? —Susan se cruza de brazos con sus cejas arrugadas como la cara de un anciano amargado.
—Al menos a ti te han regalado algo. —Hermione lo menciona a la ligera mientras arranca la grama con sus finos dedos, sus ojos están en esa tarea en lugar de en ellos.
—Créeme, es mejor no tener nada que recibir un regalo de un baboso idiota.
Mione solo murmura algo inentendible.
—Además... ¿Cómo podría aceptar ir con él a Hogsmeade?
—¡Pues solo dicelo! Ya estoy cansada de que nos mire en el comedor y durante clases.
—¡Ya lo hice! Y solo dijo: —Sue hace una interpretación con voz grave y burlona de Zacarias Smith—. No aceptaré un no, esperaré todo lo que haga falta hasta que me digas que sí.
—Qué romántico.— Se burló.
—No tanto como tu caja con corazones —replica.
Tom elige el camino del silencio.
—¿Vieron todas las cartas que recibió Cedric Diggory? —Hannah suspira como boba—. Hay que tener suerte para que siquiera te dé una mirada.
—Ced es increíblemente amable, le da su mirada a todo el mundo.
Hannah hace un puchero mientras mira a Sue con ojitos de cachorro.
—¿Le enviaste una carta?!
Tom se muerde los labios para no reírse.
—¿No es dos años mayor que tú? —Mione se une a la conversación solo por la causa y la legalidad.
Hannah se sonroja.
—Lo hice anónimamente —admite en voz baja.
Susan y él se echan a reír.
—Ay Han... Parece que el único que tuvo suerte ha sido Tom. —Su pelirroja amiga se deja caer en el césped con un suspiro. Hannah la sigue.
Todos guardan silencio pero Tom puede ver las manos de Hermione trabajar con ese ritmo frenético que conoce muy bien, ese que aparece cuando le da demasiadas vueltas a algo.
Una roca gris y rugosa se atraviesa en su visión y Tom la toma entre sus manos, cierra sus ojos y por minutos se concentra en sentir la textura dura y rústica del objeto, imagina sus bordes ablandandose y siendo limados, visualiza la forma que quiere darle y se centra en el calor entre sus manos y el polvo que se acumula entre ellas. Abre sus manos y ve un dije de unos tres centímetros con forma de corazón, sopla la tierra que sobra en su mano y toma una rama delgada del suelo para transformarla en una cadena de cuero, no tiene la habilidad para convertirla en metal, aun.
Atraviesa el dije con la cuerda de cuero y la tiende con orgullo frente a los ojos de Hermione, quién tarda unos cuantos segundos en darse cuenta de lo que está frente a sus ojos.
—Feliz San Valentín. —Le sonríe. Los labios de Mione tiemblan y sus ojos se aclaran con un bonito brillo.
Sue y Han se incorporan para ver su obra mientras Hermione lo toma de sus manos con cuidado.
—Es hermoso Tom. —Hermione parece a punto de echarse a llorar—. Gracias.
Sus brazos rodean su cuello mientras su amiga lo abraza por unos largos segundos.
—¡Wow! ¡Es increíble! —Sus amigas de inmediato se encargan de disparar elogios hacia una sonrojada y feliz Hermione.
Tom podría ser feliz justo así, con ese momento congelado para siempre, solo harían falta sus tíos y Harry para ser pleno. No le importaría estar atrapado allí para siempre si fuera con ellos.
La temporada de Pascua llega con malas noticias por todos los frentes.
—Lamento cancelar nuestros planes, pero tu tía está muy mal por la viruela de dragón y debo quedarme en el hospital a cuidarla. —El tío James se ve asustado, tiene ojeras debajo de sus ojos y su cabello está más desastroso de lo habitual.
Para él es como un balde de agua fría, es como cerrar una válvula que estaba lista para abrirse, como concentrar una explosión en su interior.
—Lo lamento mucho.
Tom le sonríe.
—Está bien tío James, no es culpa de nadie. ¿Cómo está la tía Lily?
—Perenelle Flamel en persona la está cuidando. —Su tío compartió con él una mirada que reflejaba cariño y alivio—. Así que está bien.
—Sentiría envidia, si no fuera una enfermedad tan horrenda.
Su tío se ríe.
—Desearía poder ir a buscarte, pero hay un brote terrible en Francia ahora mismo, vino con unos magos que viajaron desde Asia con dragones de contrabando y hay una epidemia. En Beauxbatons declararon una cuarentena, no le permiten a los estudiantes salir ni recibir correo.
Malditos contrabandistas. Tom amaba a su tía Becca pero sabía que era probable que ella estuviera entre los causantes.
—Está bien, lo entiendo.
Su tío luce destrozado, Tom puede leer en su expresión cuánto desea ir por él, hace que sea un poco más soportable.
—Seré peor que una sanguijuela cuando llegue el verano, iré a buscarte directamente a Hogwarts, te raptare del viaje del expreso.
Tom se echa a reír.
—Vale.
—Irás a casa para pascua? —La pregunta sale tensa de la boca de su tío, un recordatorio de la conversación que tuvieron antes del inicio de clases.
—Creo que me quedaré, si hay una epidemia es probable que llegue a Inglaterra pronto. Es mejor no arriesgarse.
Su tío suspira.
—De acuerdo, si, está bien. —Asiente varias veces—. Ya debo irme campeón, pero puedes llamarme cuando quieras, si? A cualquier hora.
Tom asiente.
—Lo sé, cuidate tío.
—Te amo campeón, nos vemos pronto.
El espejo se oscurece y Tom se queda solo con su reflejo y sus deseos de un abrazo amoroso enterrado en su interior como un cuchillo.
Lo lamento mucho Tom Tom, estoy al borde de la muerte en San Mungo, la maldita viruela es espantosa. No podré salir de aquí hasta que me recupere y eso no será pronto. Lamento no poder acompañarte, podríamos hacer lo que quieras en el verano, si estás dispuesto a esperar a esta pobre alma moribunda.
No te preocupes por Leviatán, lo he dejado a cargo de un amigo.
Pídele a Merlín por mí.
Las carta de Becca termina de lapidar sus intenciones, no puede creer su mala suerte.
—¿Se cancela la excursión a casa de papi? —Como cosa rara Marissa deja a un lado sus apuntes de transformaciones para fisgonear las cartas que le llegan.
¿Por qué demonios sigue permitiendo que Marissa lea sus cartas?
—Así parece.
Marissa forma una mueca con sus labios.
—Era la ocasión perfecta, no habrías tenido que mentirle a tus adorados tíos.
Tom lo sabe, aunque no se alegra de que la tía Lily esté enferma.
—Todavía puedes ir. —Se encoge de hombros—. Simplemente firma la lista de vacaciones y luego regresa antes de tiempo.
Es tan estúpidamente obvio que le ofende no haberlo pensado.
—Puedo acompañarte si quieres, de todas formas debo ir a ver a Syl.
No debería aceptar, su relación con Marissa es extraña y aunque ya no es tan inestable tampoco es la mejor... Pero la alternativa de ir solo le aterra.
—No tengo donde quedarme.
Marissa ladea la cabeza y sonríe con malicia.
—Puedo ofrecerte una habitación muy poco higiénica en el prostíbulo.
Tom contiene una mueca de horror.
—Puedo pagar una habitación en la taberna de Tom.
Marissa suelta un bufido burlón, perfectamente consciente del desagrado que siente hacia el burdel.
—¡Bien! Iremos a conocer a papi Riddle.
Tom frunce el ceño.
—No le llames así.
Marissa le guiña un ojo y vuelve a posar sus ojos sobre su pergamino.
Debe dejar de llevar su correspondencia a la biblioteca.
Tom se encuentra con Marissa temprano por la mañana. Hay una sensación agobiante en su cuerpo que lo persigue desde su despertar, como si estuviera hundiéndose en agua turbia. No durmió en toda la noche, pasó las horas con la mirada clavada en el techo de madera de la taberna, escuchando pasos en el pasillo, golpeteos y risas, Tom lo prefirió al silencio abrumador que le ofrecían los encantamientos silenciadores, le daba algo más en que pensar, algo para huir de su preocupación.
—Estás horrible, no dormiste nada? —Siempre tan sutil y sensible.
—Había mucho ruido.
Su prima sube una ceja, se cruza de brazos y le ofrece su mirada de: me crees estúpida?
—Okay, vamos entonces?
Bendito Merlín, agradece tanto que no insista.
—¿Ya desayunaste?
Ella asiente.
—Le pedí un desayuno a Tom y lo puse a tu cuenta, así que gracias. —Le sonríe.
Está tan nervioso que ni siquiera puede contestar con uno de sus comentarios sarcásticos, solo se da la vuelta y deja que su prima le siga. No le dice a Marissa que puede aparecerse sin problemas, duda mucho que pueda llegar al pueblo sin sufrir una despartición.
Tomar el autobús le da tiempo para pensar y calmar lo acelerado que late su corazón.
—¿Qué piensas decirle cuándo estés allí? —Marissa le pone de los nervios sin siquiera intentarlo demasiado. Su presencia es suficiente para sentir que va a vomitar.
—No lo sé, ¿que soy su hijo?
Su prima frunce el ceño y asiente sin estar muy convencida.
—¿Y qué? Si resulta ser alguien bueno irás a vivir con él?
Él niega de inmediato, su cuello se queja de su brusquedad.
—No, no lo conozco de nada. ¿Por qué iría a vivir con él?
Su prima le ve como si fuera idiota, aunque probablemente es el estado natural de su cara.
—Bueno... Entonces para qué quieres buscarlo?
—¿Por qué fuiste a San Mungo a ver a tu padre? —espeta con molestia.
Marissa levanta sus manos en un signo de rendición.
—Bien, ya entendí.
El resto del viaje es silencioso, ve los altos edificios disminuir mientras avanzan y como el paisaje natural y poblado de árboles y construcciones más pequeñas se hace más común. Marissa ha cerrado los ojos y recargado la cabeza del asiento, tomando una siesta. Tom quisiera tener su paz mental.
Parada tras parada su cuerpo entra en mayor tensión, el deseo de escapar por la ventana del autobús es mayor, sus manos y pies sudan al punto de sentir sus medias mojadas y sus pies bailar dentro de sus zapatos.
Finalmente el vehículo se detiene frente a la parada de autobuses de Little Hangleton y por un escalofriante momento Tom percibe el hedor de la humedad, la suciedad y el encierro. Codea a Marissa y se levanta de su asiento antes de arrepentirse, camina con las piernas temblando y entumecidas hasta la salida del transporte, con la niña a su espalda.
—Little Hangleton —lee Marissa—. Bien, llegamos. Tienes idea de dónde puede vivir?
No, no lo sabe. Ni siquiera sabe dónde está la cabaña, estuvo encerrado en ella por años y el recuerdo de su madre llevándolo por error es difuso.
—Bueno... Tienen el mismo nombre, preguntaremos por él. —Su prima le toma de la mano con una firmeza que dispara una cálida y débil seguridad a su cuerpo.
Se deja guiar como un niño pequeño mientras mira todo a su alrededor, desorientado y sin reconocer nada. Marissa camina con seguridad a una tienda de comida frente a una plaza pequeña cerca de la parada de autobuses y se acerca al recibidor con la confianza que a él le falta.
—¡Hola! Estamos buscando a una persona, Tom Riddle. Nos han dicho que vive aquí pero no sabemos exactamente donde.
La mujer detrás del mostrador les ve de arriba a abajo, frunce el ceño y se limpia las manos gruesas con un pañuelo.
—¿Vienen solos?
—Nuestros padres nos dejaron en la parada del autobús.
La mujer, Rita según el broche de identificación en su pecho, les mira con sospecha.
—Dígame si sabe donde vive Tom Riddle. —La orden cambia el semblante duro y áspero de la mujer a uno relajado y desorientado.
—Sí, sé dónde vive —responde con la voz pastosa y extraña. Tom está acostumbrado a esta voz al usar la compulsión.
—Dígame dónde vive.
Su prima le ve con una sonrisa y una ceja alzada, parece estar en un duelo interno entre la admiración y la irritación. Tom la ignora y sale de la tienda, con las instrucciones de la mujer dando vueltas en su mente.
—Eres aterrador cuando hechizas a la gente. ¿Se supone que puedes hacer eso? Eres menor de edad.
—Es magia mental y sin varita, si no uso mi varita no es posible que la ola de magia sea rastreada hasta mi.
—Suenas como un idiota presumido cuando dices eso.
Tom le rueda los ojos.
—Si? O solo te molesta que pueda hacerlo y tú no?
Marissa aparta la mirada con molestia.
Sus pasos suenan crujientes contra el suelo de grava, se internan en un camino angosto y largo, lejos de los edificios y casas del pueblo, más cercano a los árboles.
—¿Qué tan lejos viven? —Se queja—. Quizá se equivocó de dirección?
Pero Tom puede ver el cementerio cada vez más cerca y algo en él le indica que están en el camino correcto. Su boca se seca hasta que su lengua es un pedazo de cuero, respirar es difícil y sus piernas hormiguean.
Van en lado contrario al cementerio, a una villa que se comunica con el terreno desolado y limpio del cementerio. Tom puede ver la casa erguirse sobre una colina y la bilis le sube por la garganta como fuego de dragón.
Marissa silba en apreciación.
—Villa Riddle —dice y señala un letrero en el camino—. Vaya, tu padre parece ser rico.
Aquello solo hace que sus tripas se retuerzan en su interior. Reconoce el camino, sabe donde está, podría encontrar la cabaña a partir de allí y la idea de haber estado tan cerca por años y nunca haberle visto hace cosas en su pecho que le abruman.
Marissa ve todo con fascinación, señala las ventanas largas y anchas, lo alto de las paredes, los autos estacionados al frente y el prolijo jardín verde, perfectamente podado, con arbustos decorados con figuras idénticas. Todo derrocha lujo. Tom odia lo que ve, odia haber crecido muerto de hambre, siendo torturado y maltratado mientras su padre vivía rodeado de opulencia.
A su alrededor todo es cantar de aves y el ruido del viento, tan pacífico que le perturba. Marissa camina decidida a la puerta y se voltea a verle desde el pórtico, de brazos cruzados y ceño fruncido, como si su demora fuera una ridícula molestia. Pero mientras más se acerca menos fuerza tiene.
—¿Estás bien? Estás pálido como un fantasma. —No se ve preocupada del todo, sino curiosa.
Tom solo asiente, extiende su mano y golpea la puerta de madera maciza con su puño izquierdo temblando. El ruido de la naturaleza se amplifica, el piar de las aves es insoportable, el viento rasguña su piel y le provoca una picazón que debe ignorar cuando la puerta comienza a abrirse.
Una mujer con un elegante vestido marfil abre la puerta. La primera impresión que Tom tiene de ella es que se nota muy arreglada, su cabello está peinado en ondas grisáceas perfectas, su cuello adornado con un collar que reluce, sus uñas perfectamente arregladas, largas y pintadas. Es la imagen de una persona que no debe preocuparse por nada. Tom se ha vestido con su mejor ropa, pantalones de vestir negros, camisa de botones gris pálido y el sobretodo de su tío James, está ridiculamente elegante, según Marissa, pero al compararse con esta mujer luce como un tonto.
—¿Se les ofrece algo? —La mujer le mira de arriba a abajo, desde su cabello peinado con gel hasta sus zapatos de cuero negro. Su labio superior se frunce con repulsión, sus dedos se aprietan contra la puerta que no ha soltado, abierta apenas lo suficiente para que su cuerpo sea visible.
Ni siquiera se fija demasiado en Marissa, aunque la ha visto, sus ojos siguen evaluándolo, poniéndolo nervioso.
—Yo... Estoy buscando al señor Tom Riddle.
La mujer no parece sorprendida de sus palabras, asiente como si fuera algo obvio.
—Ya sabía yo que algún día ibas a aparecerte. —No hay felicidad en ella, solo una amargura que hace que su corazón duela—. ¿Qué quieres? Dinero? Tu madre ya lo intentó antes, no pienso darle ni un centavo ni a ti ni a la bruja de tu madre. Vete de mi propiedad antes de que llame a la policía.
El rostro de la mujer es como una estatua, al hablar nada se mueve ni flaquea, su expresión seria se endurece con cada segundo que pasa.
—No vine a pedir dinero, yo solo quiero conocerlo. —Tom no entiende de dónde saca la fuerza para hablar cuando el deseo de vomitar es enorme.
—¿Por qué querrías conocerlo? No eres más que una abominación, la semilla del diablo que salió del vientre de esa puta rastrera que se lo llevó. Mi hijo jamás habría estado con esa enferma mental. ¡No eres más que una vergüenza, una mancha que atormenta a mi familia!
Su rostro se contorsiona, puede sentir como sus mejillas tiemblan, como su boca se tuerce y su corazón se acelera.
—Madre? ¿Qué es este alboroto?
La mujer lucha por empujar el cuerpo del hombre que insiste en salir y verlos, la batalla dura unos ridículos segundos hasta que unos ojos azules se fijan en él, robándole el aliento, dejando su cuerpo petrificado. Es él, es como ver un reflejo de sí mismo, más alto, con barba y algunas canas en lo alto de la cabeza. Luce igual de elegante que la mujer, su madre. Su abuela.
—¿Qué hace él aquí? —El gesto del hombre se descompone, le mira como si fuera la muerte misma tocando a su puerta.
—Él ya se va cariño, vuelve adentro. —La mujer le empuja de nuevo pero sus manos chocan contra una roca que se ancla en el pórtico.
—¿Qué haces aquí? —espeta con dureza, el odio que irradia pone todo su cuerpo en alerta máxima.
—Yo... Quería conocerte. Hace poco me enteré de que eres mi pa...
—¡No lo digas! ¡Ni siquiera te atrevas a mencionar esa palabra! No eres mi hijo, yo no soy el padre de ninguna abominación, no estuve de acuerdo, ni siquiera fuí consciente de lo que sucedió todo ese tiempo! —Su doble le interrumpe, grita, todo el porte educado y perfecto se quiebra hasta mostrar a un hombre nervioso y molesto.
Sus palabras son rocas que golpean su cuerpo sin piedad.
—Tom... Ve adentro, esto no te hace ningún bien.
—No sé qué fue lo que sucedió, ella nunca me ha dicho nada y sé que no es una persona cuerda, pero solo quiero saber... Quiero saber qué pasó.
Su padre se acerca a él, lo sujeta por las solapas de su sobretodo y lo agita como a una varita mágica.
—¡Ella es una maldita, una bruja! ¡Me arruinó la vida! Me humilló, me llevó lejos de mi familia y me obligó a mantenerla, me hizo algo para impedir que me fuera y me hizo tocar su asqueroso y deforme cuerpo. —La saliva del hombre cae en su rostro mientras grita en su cara—. Tú eres el maldito recuerdo de que esta pesadilla jamás se termina, debí patearla más duro, debí llevarla a una clínica para que te arrancaran de su vientre, no eres más que un monstruo depravado, una maldita alimaña que vive para atormentarme junto a ella. Qué más quieren de mí?! —Lo sacude tan fuerte que puede sentir su ropa presionando contra su carne como cuchillos.
—Oye, ¡déjalo en paz! —Marissa interviene y le golpea en la espalda, golpea sus manos y brazos hasta que su doble adulto lo empuja al piso y se voltea para abofetear a su prima, quién chilla y le lanza una patada en la espinilla.
La vieja suelta su agarre angustioso de la puerta y va tras Marissa, le sujeta del cabello y tira de ella lejos del pórtico, mientras su prima grita y se sacude como una salamandra. Todo sucede como una película frente a él, los gritos de Marissa, los quejidos de la vieja, los gruñidos y maldiciones de su padre. Padre... No, no es su padre.
Se levanta con sus piernas temblando y con un manotazo arroja volando a la vieja lejos de su prima, la mujer grita de espanto al aterrizar contra el césped del jardín.
—Tú... Maldito fenómeno! ¿Cómo te atreves a tocarla?! —Los ojos de Tom Riddle crecen en sus cuentas y se enrojecen como los de un vampiro.
Tom levanta su mano frente a su cuerpo y el tipo se detiene.
—No vuelvas a tocarme o te haré algo mucho peor. —Sus palabras tiemblan al salir de su garganta, lastimadas, nerviosas, tímidas—. No vine aquí a pedirte ser un padre, ni por tu dinero, ni tu maldita casa. Vine porque tengo tu sangre en mis venas y no es mi maldita culpa cómo llegó allí, ni siquiera me conoces como para tratarme como lo hiciste, no tienes idea de quién soy o por lo que he pasado con la otra parte de mi familia ni las dificultades que he vivido. Me llamas monstruo pero eres tú el que nos ha gritado y lastimado, si no querías verme solo tenías que decirlo, no tratarme como lo hiciste.
Cada palabra que sale le roba fuerza a su cuerpo, dejándolo tembloroso y frío.
—Tú no tienes ni idea de lo que viví con esa psicópata que te parió, no tienes idea de lo que se siente despertar con miedo de que esté de nuevo junto a mi, manipulándome, controlándome sin que yo pueda oponerme, no sabes lo que es no tener el control de tus acciones, ver como te pasa la vida como si fueras un espectador. —Sus ojos se humedecen, cada palabra que sale de su boca es temblorosa y chillona. La expresión atormentada de su rostro se graba en su cerebro—. Gritar en tu cabeza y que nada salga por tu boca. Nunca voy a poder tener una vida normal, nunca podré volver a confiar en nadie, mi reputación quedó arruinada, mi vida entera se paralizó por lo que me hizo. No me interesa si no es tu culpa, eres un recordatorio vivo del infierno que pasé y todo lo que desearía es que desaparecieras, así podría estar tranquilo de que no hay nada que me ate a esa desgraciada.
Duele. Duele demasiado. No debería doler tanto como lo hace. Tom no lo conoce, ni siquiera tiene más de media hora en su pórtico pero cada cosa que dice se clava en su corazón como una estaca de madera en el pecho de un vampiro.
—Vivo con ella, sé perfectamente cómo se siente.
Por unos segundos todo lo que pueden hacer es mirarse y Tom cree alcanzar a ver un deje de lástima que se esfuma con rapidez.
—¡Larguense de mi casa, malditos animales! —La vieja sale de la casa con una olla hirviendo que arroja sobre Tom, su magia se extiende en su defensa, irguiendo un escudo que no permite que el agua caliente de la olla lo queme.
La vieja se queda inmovil, con la olla hirviendo entre las manos cubiertas por guantes, su boca se abre con asombro y miedo, suelta la olla y toma a su hijo de la mano como si pudiera protegerlo con eso.
—No vine a hacerles daño ni a recordarte lo horrible de tu pasado. Simplemente quise creer que alguno de mis padres podía ser bueno. —Odia que su voz se quiebre, odia que sus ojos se llenen de lágrimas.
—¡Él no es tu padre! —La vieja le grita, fuera de control, con el cabello hecho un desastre y el collar descolocado.
Tom sonríe mientras su mundo interior colapsa entre gritos y lamentos que su padre nunca escuchará.
—No, ya veo que no. —Una última mirada a Tom Riddle le muestra lo que nunca podrá tener, alguien a quién pueda admirar y amar, alguien con quién compartir ese vínculo que todos deberían tener. Un padre que le ame y que haga más fácil el tener una madre que constantemente lucha por arruinar su felicidad.
Pero cuando algo en su vida ha salido como esperaba?
—Vayanse de mi propiedad o llamaré a la policía para que los saque —amenaza la vieja, jala de la manga del brazo a su hijo y juntos entran, cerrando con un portazo.
—Malditos imbéciles. Hijos de puta! ¡Son unos desgraciados! Yo debería llamar a la policía por maltrato infantil! —Marissa grita, pateando los jarrones de flores del pórtico, que caen y se desprenden.
Tom puede ver como se asoman en una de las ventanas, detrás de las cortinas, como si fueran delincuentes o un dementor a punto de chuparles el alma.
—Vámonos Marissa, no vale la pena.
Tom baja los escalones del pórtico para reunirse con ella.
—¡Son unos malditos! Cómo pueden tratarte así?! Cómo permitiste que ese idiota te zarandeara como un muñeco?! —La decepción en su tono hunde otro puñal en su corazón.
—Vámonos. —Le toma del brazo pero su prima se zafa con rabia, se inclina y toma una de las muchas piedras que decoran el camino de entrada.
—¡No! Si tu no piensas hacer nada yo si. —Levanta la piedra y apunta a la ventana tras la que se ocultan. Marissa la lanza con saña y una sonrisa maliciosa—. ¡Vayanse a la mierda!
Toma una tras otra, lanzándolas a las ventanas de los autos y a otras dos ventanas de la fachada antes de que ruidos de sirenas les alerten de la pronta presencia de la policía.
Esta vez su prima se da media vuelta y sin esperarlo sale disparada a la salida, corre bastante rápido para tener piernas tan cortas. Tom la sigue por el camino del cementerio, saltando tumbas y pasando junto a la vieja iglesia de madera. Logra alcanzar a su prima y tirar de su brazo para hacer que se detenga.
—¿Qué?! ¡Nos va a atrapar la policía!
—Puedo aparecernos.
Marissa lucha por recobrar el aliento mientras le empuja furiosa.
—Y por qué nos hiciste viajar en autobús?!
—No recordaba con exactitud el lugar.
Marissa le rueda los ojos pero le tiende su mano, Tom se aferra con fuerza mientras cierra los ojos y piensa en el callejón Diagon.
El aterrizaje es aparatoso, sus cuerpos se golpean contra el suelo sucio de un callejón detrás de una tienda de ropa anticuada a la que casi nadie va.
—No eres muy bueno apareciendote. —Marissa se incorpora con una mueca de dolor mientras sacude su ropa y las rodillas de sus jeans.
—Perdón.
Su prima suspira y la molestia en ella se desvanece para mostrar algo que no desea ver en ese momento.
Preocupación. Lástima.
—¿Estás bien?
Obliga a sus labios a ascender en una sonrisa que duele. Sus hombros se encogen con rigidez.
—Sí, no es como si esperara que me recibieran con una fiesta.
—Tampoco esperabas una maldita olla de agua hirviendo.
Tom desvía la mirada y camina para salir del callejón y huir de la conversación.
—Son unos malditos idiotas, no te llenes la cabeza de estupideces por lo que dijeron. —Por supuesto, Marissa le persigue.
¿Cómo no hacerlo? Habían dicho cosas espantosas y las cosas que dijeron de su madre... Tom no podía pasarlo por alto. ¿Qué le había hecho su madre a los Riddle?
—Gracias por acompañarme, Mar. Es mejor que vayas a casa.
Su prima le mira muy seria, hay algo en sus ojos que le dice que lo último que desea es dejarlo solo.
—No quieres ir a comer un helado o... ¿Algo?
Tom no puede evitar sonreír.
—Acaso estás preocupada por mi?
Marissa le rueda los ojos.
—No quiero que tu noviecito francés me amenace de nuevo.
Pensar en él le entristece un poco, no podrá verlo hasta las vacaciones de verano.
—No le diré a Harry que te fuiste.
—Le vas a decir o te lo guardarás? Estaba realmente sorprendido cuando Syl le dijo lo de tu abuelo.
Su corazón se paraliza junto a sus piernas.
—¿Cómo?
—¿No te lo dijo? Syl fue el imprudente de siempre y le contó todo lo que dijo Morfin. —Marissa se encoge de hombros como si no estuviera soltando una bomba en el peor momento.
«Mierda, mierda, mierda, mierda! ¿Por qué Harry no dijo nada?!». Ahora el llanto y la explosión de furia de su amigo en San Mungo contra Marissa tiene más sentido.
—¿Algo más que deba saber?
—No, a menos que le hayas contado tus secretitos a alguien más.
«No puedo lidiar con todo esto a la vez».
—No. Ahora vete. Debo ir a otro lugar.
—¿Es buena idea confrontar a tu madre en este momento?
Detesta que Marissa sea tan asertiva.
—No es tu asunto, nos vemos después.
—¡Vaya! Claro que no, idiota. —Su insulto no tiene el odio de siempre, incluso suena cariñoso.
La boticaria está libre de clientes al ser hora de almuerzo, cosa que agradece mientras se escabulle a la parte de atrás. No quiere oídos chismosos escuchando y es un alivio que Snape tampoco esté presente. Solo un nuevo ayudante que Tom hechiza con facilidad para que le ignore.
La figura cadavérica de su madre le da la espalda, ocupada ordenando los frascos en sus estantes y pegando etiquetas de identificación en cada uno. Una tarea que la magia podría hacer.
Carraspea con sutileza y su madre se sobresalta, pega un chillido y se da la vuelta con sus ojos saltones asustados.
—Tom! ¿Qué haces aquí? —Su madre sonríe con una inocencia y júbilo que le revuelve el estómago. Se limpia las manos con un pañuelo que lleva en el bolsillo y arregla su cabello, peinándolo con las manos para bajar un poco el frizz que provoca el vapor de las pociones—. Quieres... ¿Quieres salir a comer? Ya es casi mi turno del almuerzo, podemos ir y hablar... —Tom odia su tartamudeo, como actúa tan bien como una madre entusiasta y normal, como si la discusión de su cumpleaños no hubiera pasado jamás.
Sus ojos se fijan en cada frasco perfectamente etiquetado, en cada caldero que hierve en la habitación, en el piso limpio y brillante. No puede sostenerle la mirada.
—Fuí a ver a mi padre.
El cambio es inmediato. La sonrisa se va, la postura relajada se estira y endurece, los ojos que destilaban cariño se convierten en cuchillos.
—¿Cómo...?
—¿Cómo lo encontré? Morfin me habló sobre él. Fuí a verlo en las vacaciones de verano. —Cada palabra es entonada con frialdad e ira. Con la furia de haber sido atacado con agua hirviendo, de haber sido maldecido por su propia sangre.
Ella está callada, las venas de su cuello resaltan y Tom puede verlas latir apresuradas, junto con el movimiento de su garganta, tembloroso y constante.
—¿Qué te dijo? —El pañuelo se retuerce entre sus manos nerviosas.
—Me odia. No, de hecho esa no es la palabra para describirlo. Me desprecia. Me aborrece. Maldice el día en el que fuí concebido. —Tom ve como el cuerpo de su madre se estremece, como sus hombros se encogen y su cabeza se inclina hacia el suelo—. Dice que eres una bruja, que todos nosotros somos una abominación del mismísimo satanás, bueno... Eso lo dijo su madre.
—Tom... Lo siento mucho.
Su nariz arde y su visión se nubla con las gotas calientes que invaden sus orbes.
—Dijo que jamás habría estado con alguien como tú, que cada día de su vida es una tortura, que cada que recuerda tu rostro siente... —Se detiene, estúpidamente se detiene, no quiere que ella escuche lo que dijo su padre—. Dijo que le hiciste algo.
Los ojos de su madre huyen, clavados en el suelo. El cuerpo de Tom sufre una convulsión de pies a cabeza, un hormigueo espantoso seguido de un espasmo que hace retorcerse sus brazos y piernas, que estallan en llamas desde el interior y le roban la poca fuerza que ha conservado.
—¿Qué le hiciste?
El silencio de su madre se escucha como una explosión. No puede sentir el latido de su corazón, quizá las manos sudadas, la dificultad para respirar y la debilidad que se apodera de él sean un indicio de que está a punto de desmayarse.
—Él me dejó Tom. —A su madre se le corta la voz y él podría creerle, desea hacerlo, si no la conociera tan bien.
—¿Por qué? —No hay peticiones en su tono.
—¡Porque es malo! Porque no nos ama! —Su madre se rompe demasiado rápido, con una desesperación en su tono que exacerba sus temores.
—¡Para ti nadie es suficiente! Podrían amarte con todo su corazón y eso no sería suficiente. —El control se le escabulle entre los dedos con cada segundo que pasa sin una respuesta—. ¿Qué fue lo que le hiciste?
Ella niega con la cabeza y frunce los labios como si estuviera a punto de llorar.
—Yo solo lo amé, con todo mi corazón. —Se lleva las manos al pecho y lo presiona, como si la sangre se escapara de un agujero enorme dentro de él.
—Dijo que lo obligaste, que no tenía control de su cuerpo ni de sus decisiones. Podría creerte pero sé perfectamente lo que puede hacer la magia. Dímelo, por favor. Dime qué pasó.
«Dime porqué me odia tanto».
—Me odia por quién soy, por mi padre y hermano. Cuando se enteró de que era una bruja...
Tom podría oler su mentira a kilómetros de distancia.
—No te creo. Dime la verdad.
—Esa es la verdad!
—¿Sí?! Porque él me dejó muy en claro que le pareces repulsiva, que nunca en su sano juicio te habría puesto una mano encima, que te odia con cada ápice de su ser.
Su madre gimotea, se ve cómo sus palabras le han lastimado. No le interesa, tuvo que soportar gritos, maldiciones y jaloneos como un idiota ignorante, un estúpido que tenía la esperanza de reencontrarse con un padre que quizá ni siquiera sabía nada de su existencia y todo lo que se topó fue a un adulto traumatizado y lleno de desprecio que le deseó la muerte para encontrar la felicidad.
«Feliz maldita Pascua para mí».
—¡Cómo puedes ser tan cruel para decirme estas cosas?!
—Solo repito lo que él dijo. Así que explícame como un hombre así pudo estar contigo y embarazarte cuando te odiaba mucho antes de descubrir que eras una bruja.
—No es tu asunto, Tom. No deseo hablar de eso.
Su madre le da la espalda y vuelve a su tarea de ordenar y etiquetar. Tom cierra los ojos, respira profundo y cuenta hasta diez para evitar que su magia enloquezca y explote todos los frascos de la habitación.
—Vas a decirme qué pasó hace quince años y qué fue lo que hiciste a Tom Riddle —ordena.
Su madre se da la vuelta con la mirada perdida y el rostro desencajado, su mandíbula cuelga y deja ver sus dientes amarillentos y torcidos.
—Yo estaba enamorada de él, desde el día en que lo ví por primera vez. —Incluso bajo la compulsión su madre logra que su tono sea meloso y romántico—. Lo veía a escondidas desde la ventana de la cocina cuando mi padre y Morfin no me vigilaban, pasaba con su caballo por el camino frente a la cabaña y era tan guapo... Un día papá me descubrió y me golpeó por enamorarme de un muggle, me dijo que mi deber era preservar la sangre Gaunt y tener hijos con Morfin, pero yo odiaba a mi hermano, era malo conmigo y no tenía ni una pizca de la hermosura de Tom Riddle. —A Tom le asquea el como era tan común para los sangre pura unirse a su propia familia para preservar el linaje.
«Cuando terminé Hogwarts, papá comenzó a insistir para que Morfin me embarazara, pero yo también le parecía repulsiva a mi hermano en aquella época, prefería divertirse aterrorizando a magos y muggles. Mi padre constantemente debía salir a buscarlo y me dejaban sola. Fue entonces cuando planeé escapar. —Su madre se balancea como si el recuerdo fuera amargo y quisiera correr—. Me entristecía irme y no ver a Tom nunca más, además yo no tenía dinero y no conocía nada más que la cabaña. Así que traté de hacer que Tom se enamorara de mi, cada que papá salía a buscar a Morfin yo salía a buscar a Tom pero él me trataba muy mal, me jalaba del cabello, me escupía, me arrojaba rocas y se reía de mí con sus amigos. —Su madre se queda en silencio, sus ojos se mueven a través de la habitación pero no parecen reconocer nada, es como si estuviera atrapada en el recuerdo—. Así que decidí que no me quedaba más opción que embrujarlo.
Tom contiene la respiración, sabía que se trataba de eso pero escucharlo de su boca es aun más espantoso.
—Busqué el libro de pociones y preparé amortentia, cuando estuvo lista perseguí a Riddle por días para que se la tomara pero él rechazaba todo lo que le daba. Tuve que lanzarla directamente a su boca abierta para que la bebiera. Se enamoró de inmediato, me sacó de la cabaña ese mismo día y me llevó a su casa pero su madre me detestó en cuanto me vió y nos echó a ambos. A él no le importó, alquiló un departamento en la ciudad y vivimos juntos allí, era perfecto, amable, atento... Me daba todo lo que quería y me trataba como la mujer más hermosa del mundo. Luego me embaracé y pensé que no era necesario darle más poción, estaba segura de que me amaba de verdad tras tanto tiempo juntos y con un bebé en camino estaría feliz. Pero fue todo lo contrario, me gritó, me golpeó y me abandonó en la calle. —Una lágrima rodó por la mejilla de su madre.
El efecto de la compulsión finalmente se va, Tom no puede seguir manteniendo el control. No después de lo que ha escuchado.
—¿Cómo pudiste hacer algo tan espantoso? —Tom no puede soportar la picazón en la garganta, los escalofríos en su piel, la sensación babosa, fría y abrumadora que se adhiere a él como un dementor hambriento.
—Estaba enamorada.
Su excusa, ruín y cínica, lo hace explotar.
—¡Eso no es amor! Sabes lo mal que está lo que hiciste?!
—¡Solo quería que me amara! —Su madre grita y las paredes del laboratorio tiemblan.
—¡Lo violaste! Le diste una maldita poción para nublar sus sentidos, para manipular su libre albedrío!
Su madre asiente, abre los ojos enormes y abre los brazos todo lo amplio que puede, riendo con un sarcasmo que le pone los pelos de punta.
—Y qué esperabas que hiciera? ¿Que lo conquistara? Mírame! —grita, golpeando su pecho con rabia—. Quién podría quererme así? Quién podría querernos así? Nadie elige a los Gaunt, Tom! Nadie nunca nos elige. Tu padre nunca me eligió, ni tu abuelo, ni tu tío, ni siquiera Becca.
La habitación se siente diminuta, calurosa, asfixiante. Cada paso que su madre da para acercarse es uno que él da para alejarse.
—Él no tenía la culpa de tus inseguridades.
—¿Crees que era un buen hombre? Ya pagué por lo que hice, hace mucho tiempo. —El odio y dolor en sus ojos hace que sus orbes luzcan como obsidianas reflectadas por la luz—. Me golpeó cuando lo dejé libre, tanto que casi te desprende de mi vientre, fue tu magia la que te salvó. —Su madre sonríe, pero no hay felicidad en su rostro, solo una expresión de desesperanza profunda, un deseo de que él pueda entenderla—. Me abandonó en la calle sin preocuparse por ti, aun cuando ibas a nacer en cualquier momento. Se burló de mí cuando regresé con mi padre y hermano, me arrojó piedras, pagó para que hombres fueran a sacarnos de casa porque no quería verme, envió muggles para demandarme y enviarme a la cárcel... Tuve que ver al hombre que amaba odiarme, tuve que soportar sus golpes, ser perseguida, ser golpeada por mi padre por lo que había hecho, además de abandonarte en un orfanato.
A Tom también le duele, le duele el pecho al imaginar a su madre sufrir pero duele más comprender cómo terminó en un orfanato, como terminó abandonado y repudiado por su padre. Duele saber cómo fue creado.
—Lo lastimaste, lo tuviste secuestrado por meses bajo una ilusión. La amortentia no crea amor, solo una peligrosa obsesión. No puedes forzar a alguien a que te ame.
—Cuando estés solo en el mundo entenderás que serás capaz de hacer lo que sea por amor.
—Jamás sería capaz de hacer algo como eso.
Su madre se ríe.
—Eres un Gaunt, el amor y la felicidad huyen de nosotros. Las cosas buenas nunca nos duran demasiado, es nuestra maldición.
—No creo en tu ridícula maldición. Quieres saber por qué te abandonó Riddle? Porque lo embrujaste, lo secuestraste, lo violaste, lo engañaste...!
Una bofetada interrumpe sus palabras, el ardor flameante del golpe hace hormiguear sus labios y pómulo. Sus manos se mueven y empujan el cuerpo flacucho de su madre lejos de él. Sus pies se tambalean hacia atrás hasta que su espalda puede sentir la dureza de la mesa del laboratorio.
—¡Cállate! ¡No sabes lo que dices! ¡No lo entiendes! —Su madre grita mientras tira de su cabello, tan fuerte que probablemente lo despegue de su cuero cabelludo.
Tom levanta su mano, su cuerpo se estremece con furia incontrolable y no sabe si es el miedo, la rabia o el asco, pero por su mente solo pasan escenarios peligrosos, cosas que arruinarían su vida para siempre si se atreviera a hacerlas.
—No vuelvas a tocarme. Tengo derecho a decir lo que me dé la gana. No te agrada escuchar la verdad? Eres un monstruo, igual de vil que tu padre, igual de macabra que tu hermano y me das asco, me repugna verte, me avergüenza estar emparentado contigo y tu maldita familia. No quiero volver a verte, estoy harto! No pienso seguir sintiendo lástima por ti porque eres igual de dañina que ellos. Se acabó, esto se acabó.
—Qué... ¿A qué te refieres con que se acabó? —Su madre detiene su enfermo y psicótico comportamiento para verlo presa del pánico.
Va a vomitar. El vapor de las pociones le repugna y marea. Quiere irse y nunca más volver.
—A que me voy con mis tíos, no deseo vivir contigo, no deseo llegar a limpiar tu chiquero ni soportar tu inestabilidad y manipulaciones. Tú crees que soy un idiota que no se da cuenta de lo que haces, pero te he dado demasiadas oportunidades porque quise creer en ti, porque pensé que había algo bueno en ti... Pero ahora entiendo que eso a lo que me aferraba es solo algo que me inventé para no sentir que estaba tomando una mala decisión.
La mandíbula de su madre cede, sus párpados se abren y hacen ver sus ojos enormes y grotescos.
—No puedes dejarme.
—Puedo. No eres apta para cuidarme, por ley eso autoriza a mis padrinos a tomar mi custodia.
La cabeza de su madre se sacude en negación, cierra los ojos y golpea sus oídos con los puños cerrados como una loca. Su cuerpo se balancea sin dirección aparente y golpea frascos que caen y se quiebran en el suelo.
—¡No puedes dejarme, no puedes ser igual que tu padre! —Su saliva le aterriza en la cara y Tom se limpia con asco, con la bilis a punto de salir de su sistema.
Su madre se desploma al suelo, se abraza de sus piernas y emite un rugido semejante al de un animal siendo masacrado. Tom la empuja con sus piernas, arrojando patadas que no llegan a ningún lugar, luchando por no perder el equilibrio y la calma. Su magia descontrolada surge como un escudo troyano y la aparta de él.
—Me quitaste la oportunidad de tener una vida normal, de tener un padre, de una maldita adolescencia feliz. Le miento a mis amigos a diario porque no quiero ser un fenómeno o una molestia, porque quiero algo de normalidad. —Sus cuerdas vocales le fallan y su voz sale como un graznido—. No tienes el derecho a exigir nada, hice el intento de quedarme contigo y ha sido una pérdida de tiempo, no pienso perder ni un segundo más.
Desde el suelo su madre le mira con sus ojos de serpiente, su rostro luce espantado y desencajado, pálido y amarillento por la luz tenue del laboratorio.
—No dejaré que te vayas.
—No estás en la condición de negarte. La tía de una de mis mejores amigas es Amelia Bones, una charla con ella es todo lo que necesitaré.
La risa de su madre le pone los vellos de punta.
—No te irás, tú me perteneces, ¡yo te creé! Perfecto, hermoso y listo. Deberías agradecermelo, te dí un padre mejor que Morfin, habrías sido un adefesio enfermo si yo no hubiera hecho lo que hice, te dí una oportunidad.
—Qué tan enferma tienes que ser para creer que violar a una persona para tu beneficio me ha dado una oportunidad? Tienes idea de lo que se siente... —Su voz se quiebra— ¿De la repulsión que siento ahora mismo?
—Todos los Gaunts hemos nacido por el deber, todo sangre pura lo ha hecho. ¿Crees que mi madre estaba de acuerdo?
Un corrientazo bajó desde su cabeza a sus pies.
—Eso no hace que esté bien.
—Nadie en nuestra familia ha tenido una vida perfecta o feliz, esto es así Tom. Estamos malditos, todos nosotros. No me culpes por hacer lo que era necesario.
—No quiero vivir contigo.
Su madre ladeó la cabeza.
—Ah no? Le contaré a cada periodista mágico tu historia, todo sobre ti. Sobre el orfanato, la cabaña, tu padre...
El aliento que sale de su nariz es caliente y ácido.
—Te ganarías un boleto a Azkaban.
—¿Y qué? He estado en lugares peores.
—Es ilegal que compartas información de mi vida.
—El profeta nunca ha seguido las leyes y será una historia única. Les encantará y no tendrás que ocultarle a nadie quién eres.
Se siente peor que una patada a su estómago.
—No dejaré que digas nada.
—Tendrás que matarme para deshacerte de mí. No importa a donde vayas, iré a buscarte. —Sus palabras le asustan al punto de sentir el vómito en su lengua y llenando su boca. Traga el desagradable líquido porque no puede permitirse ser vulnerable—. Soy tu madre, tu lugar está conmigo, a mi lado.
—No soy un juguete, no te pertenezco.
—Yo te creé, eres mío.
—Haz lo que quieras, no pienso volver a tu departamento.
Su madre toma uno de los cristales del suelo, de aquellos frascos que quebró con su ataque psicótico, sus dedos lo aprietan hasta que la sangre corre por sus muñecas. El estómago de Tom se queja de dolor ante la angustia que va en aumento. Su madre le mira a los ojos y lleva el pedazo de cristal a su cuello, lo presiona contra su piel y lo desliza de un lado a otro. La sangre brota como una manguera, la presión empapa las mesas, las paredes, el suelo y su ropa. Puede sentir la sangre espesa y caliente pegarsele como una segunda piel, el olor a óxido es intenso y nauseabundo y por segundos solo puede mirar en estado de shock el cuerpo de su madre, tirado en el suelo y desangrándose a una velocidad estrepitosa.
Se mueve con lentitud, aturdido por la imagen y el gorgoteo que sale de la garganta de su madre junto a chorros de sangre menos abundantes. Hay demasiada sangre, es un baño sangriento que se apodera de todo. Se agacha junto a su cuerpo y su madre clava sus ojos en él, hay un destello malicioso y satisfecho en ellos, como si dijera: te tengo justo donde quiero. Y lo hace, lo tiene, Tom no puede dejarla morir.
Toma la varita de sus pantalones con las manos llenas de sangre y temblando como una gelatina, apunta al cuello de su madre y ruega a Merlin para que sus manos dejen de sacudirse.
—Vulnera sanentur... —susurra y tartamudea. La sangre sigue saliendo, el pecho de su madre apenas se mueve. Los gritos de dolor de su niñez invaden su cabeza. El pánico se apodera de él—. Vulnera sanentur! —Está en el suelo gritando, miles de gusanos devoran sus venas y no deja de escuchar su risa macabra, esa que se hace más intensa mientras su dolor se intensifica. —Vulnera sanentur— murmura y con la vista nublada ve la luz fantasmagórica brotar de su varita, hilos van al cuello de su madre y lo rodean como vendas—. Vulnera sanentur. —Sus manos siguen temblando pero su magia ha decidido ayudarlo y la sangre en el suelo comienza a ser absorbida de nuevo, la respiración de su madre se estabiliza con cada minuto que pasa, sus labios blancos se llenan de color y el quejido agonico que salía de sus labios finalmente se calla.
Una vez que su herida se cierra, Tom se aleja de su cuerpo. Ella se sienta, las ojeras de su rostro se han acentuado y hay más arrugas en su frente, pero hay una expresión de sádica satisfacción que hace que le duela el pecho.
—Que... ¿Por qué hiciste eso?
—Si te vas me mataré y será tu culpa. Me romperás el corazón si te vas.
Su corazón duele como si lo apretaran en un puño. No puede creer lo que oye.
—¿Por qué me haces esto? Por qué cada vez que puedo ser feliz tú quieres arruinarlo? —Las lágrimas que el shock no dejó salir corren por su rostro en libertad, el miedo aun golpea su corazón como un puñal y sus manos siguen temblando como presas por los efectos secundarios de un cruciatus.
—Yo solo quiero que seas feliz conmigo. —Lo dice con una inocencia que le da asco.
—No puedes suicidarte porque quiera irme. Acaso no tienes nada de amor propio?!
Su madre no dice nada.
Se apoya de la mesa para levantarse y mira a su alrededor, el laboratorio es un desastre sanguinolento pero no quiere limpiar, no puede, siente que si lo hace se agotará la poca fuerza que le queda y tiene miedo, como nunca antes, de lo que su madre podría hacerle.
—Si te vas con tus tíos me suicidaré, juro por mi magia que lo haré! —Tom escucha el momento exacto del chasquido, el sonido que certifica que el pacto consigo misma está hecho—. Y enviaré una carta al profeta con todo lo que necesitan saber sobre ti y dejaré muy en claro que es tu culpa. Si le dices a alguien me mataré en cuanto tenga la oportunidad y será tu culpa, tú me matarás.
Tom voltea a verla y por un momento piensa en el destello de luz verde saliendo de su varita y el cuerpo de su madre, quieto y callado, por fin. Pero el destello del avada kedavra se transforma en los ojos de Harry, no puede hacerle eso, no puede hacerse eso a sí mismo. Menos a sus tíos.
—¿Quieres que me quede contigo? Bien, pero haré que te arrepientas cada día de tu vida hasta que me gradue de Hogwarts. Vas a desear que me vaya y te deje en paz. —La promesa se ciñe a su cuerpo como pitones asfixiando a sus presas—. Haré que te arrepientas de todo lo que me has hecho.
Su madre tiembla ante sus palabras, pero Tom no puede quedarse ni un segundo más. Sale con rapidez por la puerta trasera y se interna en el callejón, camina en piloto automático hasta que el dolor de su estómago es tan fuerte que detiene su andar y se inclina para vomitar en plena calle, escuchando los ruidos de desagrado de magos que caminan por su lado. Ni siquiera la humillación es suficiente para suprimir el dolor que siente.
Algunos miran su ropa llena de sangre y Tom debe usar la poca energía que tiene para limpiarla antes de que alguien llame a los aurores.
La taberna de Tom se asoma como una luz al final del túnel y él entra, directo a la entrada del mundo muggle, golpea los bloques y atraviesa el agujero como una pobre alma desesperada. Corre a un callejón en donde no puedan verlo y gira sobre sus pies, implorando por no dejar un brazo, una pierna o algo peor.
La calle de los abuelos de Harry aparece en su campo de visión y Tom camina despacio, tratando de calmar su respiración y secar sus lágrimas, ha actuado sin pensar en lo que dirá o que excusa utilizar para su visita. Le toma más tiempo del que desea calmarse, solo entonces golpea la puerta y espera a que los Dursley no estén de visita.
La abuela de Harry abre la puerta, abre sus ojos al verle y sonríe.
—Tom! ¡Qué sorpresa! Pensé que te quedarías en Hogwarts por la pascua, ven cariño, pasa. —Su mano suave se posa en su hombro y lo guía dentro.
El aroma a canela y naranja le tranquiliza un poco, todo está limpio y pacífico y provoca que su interior duela al punto de llenar sus ojos de lágrimas.
—Llegaste a tiempo para el almuerzo, has comido?
Niega, ocultando sus ojos de la visión de halcón de la madre de su tía Lily.
—Bien, entonces quédate a comer. Harold! Tom vino de visita! Ve a la sala, está tan sordo que seguro no ha escuchado nada. —Su mano acaricia su cabello con una dulzura que detesta por lo vulnerable que le hace sentir.
Va a la sala mientras la abuela de Harry se pierde en la cocina. El señor Harold está sentado en su sillón naranja favorito, el único que hay porque todo lo demás es color crema. Entre sus manos hay un períodico abierto que cubre su rostro y que baja una vez que se acerca.
—Tom! —El señor Harold sonríe contento hasta que sus labios se paralizan y descienden, sus cejas se fruncen y su cuerpo se inclina al frente para verle de cerca. —¿Estás bien, soldado?
Tom debe esforzarse por no echarse a llorar ahí mismo.
—Sí, yo solo... No tenía nada que hacer y quise pasar a saludar. —La mentira suena tan falsa como su máscara facial.
—Ya veo. —El abuelo asiente y se repliega en su silla de nuevo—. Es una visita bastante agradable. ¿Te apetece una partida de ajedrez?
No, Tom solo quiere sentirse a salvo por un momento, quiere dejar de pensar en la sangre, en la sensación viscosa en sus manos. En las palabras tan horribles que su propio padre le gritó a la cara, en la humillación, en la repulsión que siente hacia sí mismo. En la amenaza de su madre y en su deseo desesperado de desaparecer.
—Claro. —Su sonrisa es un poco mejor ahora.
—Vaya, parece que hoy tienes la cabeza en otro lugar. No es común que te gane tantas veces.
El abuelo recoge sus piezas con reverencia. De nuevo le ha dado una paliza, en quince ridículos movimientos pero no le importa demasiado, la partida le ha ayudado a distraerse un poco, lo suficiente para evitar lo más escabroso de la experiencia. Pero su pecho duele tanto que es imposible de ignorar.
—¿Me disculpas un momento? Iré a la cocina a ver porqué la abuela se tarda tanto. —El señor Harold le sonríe y se levanta de su asiento con algo de dificultad.
—De acuerdo.
—¿Quieres un refresco?
«No».
—Está bien.
Harold entra a la cocina directo al teléfono colgado en la pared.
—Te ha contado que le pasa? —Su esposa le pregunta con preocupación.
—Cerrado como tumba, pero algo le pasa.
Su esposa suspira y mira con tristeza la puerta que divide la sala de la cocina.
—Le diré que se quede a dormir.
Él asiente.
—Yo llamaré a James.
El teléfono suena un par de veces hasta que finalmente lo toman.
—Harold! ¿Cómo estás? ¿Llamas para saber de Lily? Está bien, como te dije la viruela de dragón ya no es tan peligrosa como antes, ahora tiene una cura y la propia Perenelle Flamel la está atendiendo, así que está en muy buenas manos.
—Es un alivio saberlo, pero no te llamo por eso. Tom está aquí.
—Tom? —La voz de su nuero se oye preocupada.
—Sí, llegó hace una hora y media luciendo muy alterado. Le pregunté qué le pasaba pero no me dijo nada, lo que sí puedo decir es que no está bien. Le gané cinco veces en ajedrez, eso no pasaba hace mucho.
—No dejes que se vaya, voy para allá.
—¿Quieres que lo ponga al teléfono?
—No le digas que me llamaste. Dí que llamé para informar de Lily.
—Bien.
Harold se aparta del teléfono y llama al chico. Tom acude con la tez pálida y ojos nerviosos.
—Tu tío acaba de llamar para dar noticias de tu tía, le he dicho que estás aquí y quiso saludarte. —Empuja el teléfono a sus manos cuando el niño duda sobre cogerlo.
El abuelo Harold va al refrigerador a servirse algo para tomar y le deja con el auricular en la mano, sin más remedio que contestar la llamada.
—Tío James? —Odia que su voz se oiga tan débil.
—¡Hola campeón! —Tom puede imaginar la sonrisa en su rostro al hablar, la forma en la que le habla hace que sus ojos se humedezcan, es tan contrario a como su propio padre le ha hablado—. ¿Cómo estás? Creí que pasarías las vacaciones de pascua en Hogwarts
—Marissa me invitó, Syl quería vernos y... Bueno.
—Ya, ¿cómo están tus primos?
Marissa está furiosa con los Riddle, como una veela salvaje.
—Están bien. ¿Cómo está la tía Lily?
Su tío suspira y tras unos segundos en silencio responde:
—Está muy bien, tiene a los mejores encargándose de su tratamiento.
Tom muerde su labio, necesita cortar y dejar de hablar, cada cosa que dice hace más evidente que miente y él solo... Solo quiere un lugar donde tranquilizarse.
—Eso es bueno, espero que esté bien pronto. ¿Puedes saludarla de mi parte?
—Claro, le encantará saber de ti. —Su tío guarda silencio otra vez—. Está todo bien, campeón?
La pregunta que no quería enfrentar. Sus labios cobran vida propia y se fruncen con el deseo de llorar a gritos, las lágrimas se acumulan en sus ojos, peligrosamente cerca del borde, a punto de derramarse.
—Ajá.
—Sabes que puedes decirme lo que sea campeón, verdad? Yo te voy a escuchar siempre y estaré ahí para ti si me necesitas.
Las gotas caen por su rostro y Tom se mueve para limpiarlas con rapidez, no quiere que los abuelos de Harry las vean.
—Sí.
—¿Quieres que vaya a verte?
Tom asiente aunque no puede verlo.
—Sí. —Muerde su labio apenas la palabra sale de su boca.
—Bien, espérame allí con tus abuelos, si? Llegaré pronto.
—Okay.
Una vez que la llamada termina va directo al baño a derramar algunas lágrimas que no puede contener y a lavarse la cara.
Su reflejo le muestra a un chico exhausto, con ojeras púrpura que hacen ver sus ojos pequeños, sus labios de un blanco enfermizo y la ropa arrugada. Hay rastros de vómito en la solapa de su sobretodo que no pudo limpiar bien y gotitas de sangre que desaparece de inmediato, aborreciendolas más que el vómito.
Al salir los abuelos de Harry actúan como si no pudieran ver sus ojos hinchados y rojos, no tiene sentido ocultarlo y no tiene la energía para hacerlo. La abuela de Harry le da una taza de té de manzanilla y unas galletas de canela que come sin sentir el gusto de nada.
Ese día hacen una excepción y deciden comer frente a la televisión, sentados en los muebles y atentos a una película a la que Tom no presta demasiada atención pero que sirve de distracción. Anhela que su vida sea normal y monótona, sin cambios bruscos y preocupaciones, ni siquiera le molestaría ser un muggle si su vida pudiera ser así.
James atraviesa la puerta de la casa de sus suegros con sus venas latiendo bruscamente en su cuello, a punto de reventar. Ya es casi de noche y el cansancio de una insufrible espera interminable en la terminal de viajes mágicos internacionales le ha dejado los nervios a flor de piel. No sabe cuántas veces maldijo en Francia por no poder llegar más rápido.
Escuchar la voz de Tom al teléfono lo había alertado, su niño había sonado tan triste, había algo en su voz que no era suyo, un dolor y pena que le había apresado el pecho y empujado a ir a su lado.
Harold lo recibe en la puerta con el rostro serio y los labios apretados, no dice nada y camina con cuidado a la sala, guiandolo como si fuera un extraño. Pero una vez que lo ve, entiende su sigilo.
Tom está dormido en el mueble. Sus brazos cruzados sobre su pecho y sus cejas oscuras fruncidas, mostrando una preocupación que parece acompañarlo en su descanso.
—Déjalo descansar un rato, se ve que está cansado. Ven a la cocina.
Su suegro vuelve a llevarlo, con una mano apoyada en su hombro, mientras van a la siguiente habitación.
El comedor lo recibe con el típico olor a galletas de su suegra y James cae pesadamente en una de las sillas de madera de la mesa.
—Hola querido. —Susanne le saluda con un beso en la mejilla y le tiende un plato de galletas.
James solo atina a sonreír y asentir.
—¿Qué pasó? —preguntar se siente mejor que no hacer nada, no sabe cómo llenar ese vacío incómodo que los rodea a los tres.
—Llegó pálido como un fantasma, se veía aterrado de algo... No sé. —Susanne suspira y niega con la cabeza, con el rostro arrugado de preocupación—. Lo invité a entrar y lo llevé con Harold, siempre se han llevado mejor.
Su suegro niega con la cabeza.
—No habló a menos que le preguntara algo directamente. Se sentó a jugar al ajedrez como si tuviera la cabeza vacía.
No le sorprende, Tom siempre ha sido un chico reservado, llevarlo a terapia fue duro y cada conversación con él implicaba paciencia, mucha resistencia y lágrimas. Tom no se abría al diálogo a menos que ya estuviera preparado para eso.
Se suponía que él y Lily hablarían con él durante las vacaciones de Pascua, nunca imaginaron que la viruela de dragón fuera un problema.
—Gracias por llamarme.
Su suegro pone una mano en su hombro, un pobre consuelo pero viniendo de él es enorme.
—Ustedes son más padres que esa niña loca.
Lily y él nunca le han hablado a sus suegros sobre los problemas de Tom y su madre pero Harold es un gran observador y siendo sinceros cualquier idiota notaría que Merope Gaunt estaba desequilibrada.
—Yo... Iré a hablar con él, si quieren suban a dormir, lo llevaré a la mansión a descansar.
Su suegro se levanta de su asiento con un suspiro de cansancio, su suegra es más delicada, limpia la mesa antes de salir de la cocina y le desea suerte y buenas noches.
James lo necesitará, presiente que la conversación que tendrá con Tom no será fácil de oír.
Al entrar de nuevo a la sala se topa con los ojos abiertos de Tom, quizá las pisadas de sus suegros le han despertado. Su niño le mira como si nunca le hubiera visto antes, como si estuviera a miles de kilómetros de distancia y no justo frente a él. Su rostro está serio, vacío de emociones pero al acercarse James puede ver cómo se deforma, puede ver como la dureza en sus ojos se ablanda, como su garganta se estremece, como sus labios tiemblan y su respiración se altera.
Es como ver a ese pequeño de nueve años de nuevo, justo después de salir de terapia, tras un día especialmente malo. Le rompe el corazón.
James se acerca al sillón en el que su cuerpo reposa, sus rodillas ceden y caen al suelo, todo bajo la atenta mirada de Tom.
—Hola campeón. —Solo eso hace falta para que la frágil coraza de Tom se rompa.
Se levanta del mueble y se lanza sobre él en un abrazo que pide a gritos contención mientras su pecho se estremece con la llegada del llanto, un llanto que le quiebra el alma, que humedece sus ojos, que le duele en cada parte del cuerpo.
Tom llora con cada parte de su cuerpo, con sus brazos que lo aprietan con un agarre mortal, con su garganta que profiere gritos y chillidos, con sus pulmones que apenas y le pasan algo de aire, con sus ojos que se desbordan.
No puede hacer más que sostenerlo, soportar el duro ruido del llanto y el dolor que solo su cuerpo puede expresar.
No sabe cuánto tiempo ha pasado, sólo sabe que no puede sentir sus rodillas y que su cuerpo le duele por la dureza del suelo.
Tom se separa de él con una falsa calma que le preocupa. Se sienta con las piernas cruzadas debajo de su cuerpo y él imita lo mejor que puede una posición cómoda. Su ahijado se aferra a un cojín que ha caído al suelo cuando se lanzó sobre él y clava la mirada en el espacio entre sus piernas, lleno por el cojín y sus manos temblorosas.
Su boca se abre y cada vello de su cuerpo se eriza.
—Encontré a mi padre. —La frase le duele en el corazón, en su mente no hay nadie más que pueda portar ese título—. Hace meses fuí a escondidas a San Mungo con Marissa y Syl, Becca nos llevó y... —Tom sorbe su nariz, apenas puede hablar con fluidez, cada palabra sale con una rapidez que marea—. Vimos a Morfin, él me dijo quién era y dónde encontrarlo y yo... Quise conocerlo.
James no se pierde el momento en el que su voz se quiebra al final de esa frase.
—Becca no pudo ir conmigo así que Marissa me acompañó. Fuimos al pueblo y llegamos a su casa y... Toqué la puerta. —Tom se interrumpe para morder sus labios y frenar el temblor que los invade—. Salió su madre y ella me reconoció de inmediato y... —Sus ojos se humedecen de nuevo, Tom aprieta el cojín del mueble entre sus manos. —Me pidió que me fuera, dijo que yo no era bien recibido y... dijo cosas muy horribles, no puedo recordarlas ahora—. Se ríe con la voz temblorosa.
A James le duele escucharlo, ver cómo su niño se desmorona segundo a segundo.
—Creo que dijo algo sobre que era un... un... Un enviado del diablo o algo parecido, ya no sé. Dijo que había arruinado la vida de su hijo y que... Que ella era una bruja.
Ella. Su madre.
—Luego salió él y dijo... —Los ojos de Tom se paralizan, atraviesan el cojín y parecen ir más allá— Dijo que yo no era su hijo, que yo era un recordatorio de... ¿Cómo fue qué dijo? —Rasca su mejilla y frunce el ceño. Le rompe el corazón como pasa de estar completamente afectado a lucir como si nada pasara, no imagina cómo habrán sido sus sesiones con Mark siendo un niño—. De todo lo que quería olvidar, dijo que mi existencia arruinaba su vida, si, eso y luego dijo que debió patear el estómago de ella más fuerte cuando se enteró de que estaba embarazada.
James quiere detenerlo, quiere cubrir su boca y frenarlo para que deje de decir cosas tan espantosas pero sabe que si lo hace Tom no volverá a abrirse de nuevo, no puede dejarlo con todo ese dolor dentro de él.
—Yo le dije que no tenía la culpa y no sé qué más, ni siquiera entiendo cómo pude hablar después de... Bueno —bufa, con una sonrisa triste que se le quedará grabada para siempre en la memoria—. Después su madre enloqueció porque... Bueno, Marissa lo golpeó porque me sujetó de la ropa y me sacudió muy fuerte. Así que ella tomó a Mar del cabello y... La arrastró para que nos fuéramos.
Desea ir a esa maldita casa y golpear a ese cabrón
—Me dijo cosas horribles de ella, como la odiaba y a mi y a la magia y como éramos adefesios y hijos de satanás. —Tom vuelve a reírse pero no hay nada de gracia en su tono, sólo un profundo dolor que está desesperado por ocultar—. Luego yo le dije algo... Algo como que él ni siquiera sabía quién era yo y como debió darme la oportunidad de explicarme, bueno... No dije lo de la oportunidad, pero fue algo parecido.
Mece su cuerpo como si fuera un bebé y James puede verlo como tal, no encuentra más que fragilidad en su cuerpo encorvado y nervioso.
—Él dijo de nuevo que yo no era su hijo y algo más, algo sobre como no era su problema lo que yo quisiera porque su vida ya era miserable, tan miserable que tiene cinco autos, vive en una maldita mansión y usa un maldito traje que seguro es muy costoso. —Nunca ha escuchado al correcto y bien hablado Tom maldecir—. Mientras yo me moría de hambre a metros de distancia, siendo golpeado por un psicópata y viviendo aislado por años! Pero yo arruiné su maldita y rica vida, si, claro. Como siempre arruino todo... —El veneno en su voz le quema por dentro.
Trata de tomarle de la mano, quiere apaciguar un poco su dolor pero Tom se aparta de inmediato, su cuerpo se estremece con miedo y rechazo. Puede ver lo avergonzado que se siente por alejarse pero también la necesidad de tener su espacio.
Su niño limpia las lágrimas que vuelven a caer de sus ojos.
—Luego su madre salió con una olla de agua hirviendo y me la lanzó encima.
James va a matar a esos hijos de puta.
—Mi magia no dejó que me tocara el agua. Ser un engendro del mal tiene sus ventajas, ¿no?
Odia su sarcasmo, odia cada palabra despectiva sobre sí mismo que ha soltado.
—No eres un adefesio Tom, eres un mago, como yo, como tu tía, como Harry, como tus amigas.
Su ahijado se encoge de hombros, es como si cada palabra que ha dicho no llegara a sus oídos.
—Nos echaron y dijeron que llamarían a la policía. Nos cerraron la puerta en la cara y Marissa rompió sus ventanas arrojando piedras.
James está muy orgulloso de su prima.
—Luego nos fuimos.
Tom culmina con torpeza, con la necesidad de detenerse, pero él siente que hay algo más ahí, algo que hace que su cuerpo no deje de temblar y mecerse, algo que hace que sus uñas abran un agujero en la costura del cojín.
Su ahijado lo mira, por fin.
—Eso es todo.
Él asiente, necesita horas para procesar todo pero no puede darse ese lujo.
—Lamento todo lo que tuviste que pasar Tom .—¿Cómo mierda puede comenzar? ¿Qué puede decir para que todo vuelva a como era? Nada—. Sé que nunca podré entender cómo te sientes pero prometo estar aquí cada que sientas que no puedes más e incluso quisiera estar mucho antes, quisiera acompañarte y protegerte de todo este dolor para que no tengas que esperar a estar mal para buscarme.
Su niño se muerde la mejilla, sus ojos, rojos e hinchados de tanto llorar, vuelven a llenarse.
—Lamento tanto que no te hayan dado la oportunidad pero ellos se lo pierden, se pierden un tesoro maravilloso, un chico increible que no necesita ser el mejor de su clase, ni el más educado para resaltar, porque su nobleza y buen corazón es suficiente para amarlo—Su voz se rompe, recuerda al pequeño Tom, aquel niño malhumorado que le temió por meses. Recuerda verlo cambiar poco a poco, sus primeras sonrisas, sus primeros abrazos, sus primeras bromas compartidas... —Tú no tienes la culpa de sus decisiones ni de cómo eligió vivir su vida, mucho menos del odio que lleva por dentro, eso no es tuyo campeón, no envenenes tu corazón con eso.
Ve cómo las lágrimas de Tom vuelven a caer y James se arriesga a tomar su mano, esta vez Tom le deja, aprieta su mano como si la vida le fuera en ello.
—No eres un engendro del mal, ni nada de lo que te hayan dicho, nunca permitas que nadie te haga sentir que eres despreciable por tener un don tan maravilloso como la magia, algo que forma parte de ti, de tu esencia, algo que te hace único y especial, algo que amas. No dejes que personas que ni siquiera pueden ver más allá de su odio te quiten eso.
Su ahijado aparta la mirada, sus labios tiemblan y su llanto ha vuelto expresarse con quejidos y lamentos. James se acerca a su cuerpo, rodea su espalda con su brazo y Tom se acurruca junto a él como un niño pequeño.
—Tu eres un regalo, un milagro, sobreviviste a tantas cosas... No pasaste por un infierno para vivir el resto de tu vida odiándote por las decisiones de otros. —Tom vuelve a verlo, esta vez sus ojos están atentos, él escucha cada palabra que dice como si fuera un salvavidas—. Y no arruinaste nada. Mi vida y la de mi familia es mejor desde que llegaste, somos más felices desde que llegaste, alegraste la vida de mi hijo y eres el mejor amigo que jamás tendrá. Haces feliz a Lily con solo respirar y a mí con existir.
Tom solloza y se cubre la cara con las manos. James acaricia su cabello con dulzura, le abraza y le deja llorar hasta que se calma un poco, hasta que descubre su rostro.
—Y sabes qué? Que se vayan a la mierda, tu no tienes nada que buscar ahí, tu padre está aquí contigo, tirado en el piso y con un nudo en la garganta, increíblemente molesto por lo que le han hecho a su hijo unos muggles hijos de puta.
Tom lo mira de una forma que le aprieta el corazón.
—Tú eres mi hijo, desde el momento en que llegaste a mi casa, incluso antes de que me amaras... Eres mi hijo, no necesito sangre para saberlo, solo amor.
El llanto que ha retenido toda la noche le libera y su hijo se abraza a él, con más fuerza que antes pero también con un alivio que puede sentir en su cuerpo relajado y en los suspiros que suelta con el rostro escondido en su pecho.
—Perdón por no habertelo dicho tío James —llora.
—No tienes que disculparte por nada, hijo.
Tom se odia por no contarle sobre su madre, odia el miedo que le cierra la garganta y el recuerdo de la sangre caliente sobre su cuerpo, la sangre que estará sobre él toda su vida si ella cumple su promesa.
No quiere nada más que irse a Francia, lejos de su pasado, lejos del dolor.
Pero las palabras del tío James logran calmarlo por completo, cierran ese agujero en su cuerpo que esperó abierto por años a la espera de alguien. Y es suficiente, aunque le duela el rechazo, las palabras y los golpes, aunque nunca olvide que hay alguien en el mundo que participó en su creación... El tío James es más padre de lo que Tom Riddle jamás será para él. Y él prefiere al tío James. A su padre James.
Tom se queda dormido en medio de sus brazos y James lo levanta tras hechizarlo con un encantamiento de ligero como pluma y un muffliato para no despertarlo. Se siente bien cargarlo, como si fuera un bebé al cual llevar a su cuna.
No se inmuta en absoluto, agotado por todas las emociones del día.
James camina hacia la chimenea de la sala, deseando llegar a casa y poder dormir.
—Eres un muy buen padre chico, estoy orgulloso de ti. —Su suegro le pega un buen susto, recostado de la escalera y mirándolo como un espía.
—Pensé que estabas durmiendo.
—¿Cómo podría? Su llanto se escuchaba en toda la casa.
James suspira, el cansancio del día ha dejado su organismo agotado.
—Ese tipo es un hijo de puta, ¿pero tú? Eres lo mejor que le ha pasado a Tom y debes estar muy orgulloso de lo que has hecho por él.
Sus palabras lo hacen sentir como un niño, le hacen anhelar el abrazo de un padre que desapareció hace mucho.
—Gracias Harold. Ya nos vamos, vendremos a comer mañana.
Su suegro asiente.
—Vengan cuando hayan descansado bien.
James se dirige a su habitación y deja caer a Tom en la cama con cuidado, le quita los zapatos y con un hechizo se deshace del sobretodo. Va directo al baño y se permite unos minutos para descomponerse en la seguridad de su baño.
Llora hasta que el cansancio puede más que la tristeza, se pone el pijama y va de nuevo a la cama. Tom está desparramado en medio, con piernas y brazos abiertos, es una visión divertida y angustiante, ¿dónde demonios va a dormir él? Consigue un rincón en el borde de la cama y se acuesta muy quieto en ella.
El sueño lo encuentra de inmediato.
Notes:
No me maten, por favor, es por el bien de la trama, lo juro!
Ahora que leo a mis personajes me doy cuenta de lo mucho que han crecido y cambiado, me alegra muchísimo darles voz a todos. Qué opinan ahora de Marissa? Es uno de mis personajes favoritos aunque ustedes no saben todo lo que hará en el futuro, pero yo la amo. Sue, Han y Mione me tienen enternecida. Harry como siempre es un amor. Pero el premio de este capítulo se lo lleva papá James, es el mejor de todos, me hizo llorar demasiado con todo lo que dijo, no sé como explicarles que cada palabra fue suya.
Qué creen que pasará ahora con Tom y cómo creen que será ahora la convivencia?
Gracias por leer, me encanta interactuar con ustedes y poder compartir mis momentos de fangirl con personas que pueden entender mi emoción. Gracias por ser tan lindos conmigo en esta travesía que ha sido y es escribir Entre Tejones y Serpientes.
Les mando un besote con desierto, selva, nieve y volcán incluido XD
Chapter 33: Capítulo XXXIII: El inicio del fin
Notes:
Buenas noches! Y feliz casi inicio de fin de semana.
Este capítulo está bastante largo pero entretenido. Les advierto que toca temas bastante sensibles y habrá escenas que pueden llegar a ser desagradables, ofendivas y degradantes.tampoco es tan horrible para dejar de leer, creo, pero les aviso.
Como siempre gracias por leer y seguir la historia 🫶🏻
(See the end of the chapter for more notes.)
Chapter Text
Capítulo XXXIII
El inicio del abismo
Tom despierta con todas sus extremidades quejándose de dolor, su pierna izquierda está completamente entumecida y su hombro derecho late como un corazón sangrante. Extrañamente ha dormido muy bien.
A su lado un quejido ronco y el crugido propio de las articulaciones al moverse le alertan de que su tío está despierto. Su rostro está marcado por las sábanas y su cuerpo está en un estado de equilibrio en el extremo derecho de la cama, milagrosamente se mantuvo lejos de una caída aparatosa.
—Buenos días, hijo. —Su tío luce como si el despertar fuera lo peor que le ha sucedido en el día. Sería gracioso si Tom no estuviera sentido por todo lo que ha vivido en menos de veinticuatro horas.
—Buenos días tío James.
Su tío se levanta con el cabello más desastroso que nunca y los ojos entrecerrados, luchando contra los rayos de luz que entran por la ventana.
—¿Dormiste bien?
Una nube negra durante la noche, había estado bien.
—Sí.
—Genial, quieres… ¿Qué quieres hacer? Tus abuelos nos han invitado a desayunar, aunque creo que son más de las once del mediodía. —Hace una mueca ante la hora.
Tom se siente extraño, la facilidad de la conversación, el ambiente tranquilo y calmado es todo lo opuesto a la noche anterior. El tío James siempre ha tenido un don para fingir que todo está bien después de ver todo desmoronarse.
—Quiero darme una ducha y cambiarme de ropa.
Su tío asiente como si fuera el mejor plan del mundo.
—Bien, hay ropa en tu armario, creo. —Se rasca la cabeza con duda.
—Sí, dejé algo.
—Perfecto, entonces ambos nos damos un baño y luego vamos a comer a casa de tus abuelos? ¿O prefieres hacer algo más?
Se encoge de hombros, su cerebro parece haber sido invadido por una bruma que lo mantiene embobado.
—Está bien así.
—Bien, vamos a arreglarnos. —Aplaude como si estuviera iniciando una partida de Quidditch.
.-.-.-.-.-.-.-.
Los abuelos de Harry se comportan un poco más tensos, la abuela de Harry le da más mimos que en todos sus años juntos, le ofrece galletas, le peina el cabello entre sus manos y le pregunta qué desea comer para prepararlo. Harold se recupera rápido del clima incómodo y los invita a ver televisión. El tiempo pasa con lentitud, como si estuvieran atrapados en una burbuja de perfecta comodidad. Tom no puede huir de la idea de que en cualquier segundo una avalancha se los llevará a todos, una que lo ha arrastrado por años y ahora amenaza con ahogarlo.
Pasan todo el día con los abuelos hasta que de nuevo es hora de dormir y ambos regresan a la mansión en silencio.
—Tío James… ¿No deberías ir a Francia? La tía Lily debe necesitarte.
Su tío suspira y lo invita a sentarse en el mueble de la sala. Su corazón se estremece en su pecho, con miedo de lo que puede venir.
—He hablado con Perenelle antes de venir.
—Pero podría pasarle algo…
Su tío niega.
—Ella está bien, está en buenas manos y puedo llegar con un traslador en segundos, tú me necesitabas más.
Tom presiente que la conversación va a ser retomada, pero no quiere hablar de ello, no de nuevo, siente que el tema le repugna, que su cuerpo rechazará cada intento de hablar.
—Tú… Le dijiste a mi tía que vendrías?
Niega con la cabeza.
—Estaba dormida cuando vine, le dejé una nota con Perenelle.
—Puedes… No decirle nada? Al menos hasta que esté bien.
Muerde su labio inferior, conteniéndose para no escupir un ruego. Su tío suspira y asiente.
—Claro campeón, de todas formas no es una buena idea contarle mientras está enferma.
—Tampoco le cuentes a Harry… Por favor.
Tom ha ignorado a Harry por dos días, su diario está en el fondo de su baúl, encogido en el bolsillo de su sobretodo.
—De acuerdo. —Asiente—. Podemos conservar la situación entre nosotros por ahora y hablar de ello siempre que quieras.
—Realmente no quiero volver a hablar sobre eso —habla tan rápido que sus palabras se enredan al salir.
El tío James parece querer decir algo pero solo exhala agotado y asiente.
—De acuerdo. Solo… Tom recuerdas lo que te dije ayer, verdad?
Nunca podrá olvidarlo, la forma en la que anunció con sencillez que era su padre, con la firmeza y amor que a Tom Riddle le había faltado. Lo había hecho ver tan fácil.
—Sí.
—Está bien callar cuando duele demasiado pero no se puede callar para siempre, este tipo de cosas… Tarde o temprano se vuelven demasiado pesadas para cargar con ellas solo. No tenemos que hablar sobre ello o sobre cómo te sientes, podemos solo salir y pasear o romper cosas o hacer cualquier cosa que te haga sentir que la carga es más ligera.
Tom siente sus ojos húmedos, le escuecen y duelen de tanto llorar.
—Solo me gustaría que… Me incluyeras, cuando lo necesites. —Las lágrimas en los ojos castaños de su tío hacen que su cuerpo tiemble. No ha pensado en cómo puede sentirse después de verlo llorar, la mayoría del tiempo ha sido la tía Lily quién ha lidiado con sus explosiones emocionales.
—Está bien… Gracias por venir a verme.
—Es lo que un padre hace. —Se encoge de hombros para luego tirar de él y envolverlo en un abrazo.
El tío James lo lleva a Hogwarts tras tres días en la mansión, luego de convencerlo de que debe ir a cuidar de su tía y de que ya está mejor.
Realmente Tom necesita estar solo, agradece la compañía que le brindaron mientras estuvo sumido en la miseria pero necesita un tiempo a solas y Hogwarts será perfecto en ese momento, la mayoría estará en casa unos días más para celebrar Imbolc y él podrá estar tranquilo en su habitación, alejado de sus indeseables compañeros, libre para llorar, pensar o hacer lo que le venga en gana.
—Vendré a verte más seguido, eso te gustaría? —Su tío acomoda las solapas de su camisa como si quisiera alisar una arruga que Tom sabe que no está allí.
El patio de Hogwarts está vacío, quizá porque es mediodía o porque la mayor parte de la población estudiantil está pasando un buen rato en sus hogares.
—Estaría bien.
Los ojos del tío James lo examinan con la atención de un auror.
—Y por favor escríbeme si necesitas un consejo o… Quieres hablar o solo… Extrañas a este viejo. —Le sonríe mientras hace un puchero tonto que le saca una sonrisa.
—No estás viejo tío James.
Él se encoge de hombros, aun sin soltar su agarre sobre él. Tom ve como aprieta los labios, como mira sus zapatos y luego a él.
—Puedes decirme papá, si quieres… Pero si te sientes cómodo con tío James… Está bien.
Es como si le sacaran el aire de los pulmones de un porrazo.
—Yo… Es que es la costumbre.
Su tío asiente y sus manos se mueven para apretar sus hombros con afecto y luego le sueltan.
—Vale, sí… Es cierto. —Parece decepcionado y Tom siente ganas de llorar de nuevo. Tiene a un hombre al frente que no es muy sutil en su petición para que le llame papá mientras su verdadero padre está pudriéndose en dinero en un pueblucho muggle en decadencia.
—Te gustaría si te llamara papá?
El tío James se estremece y de nuevo desvía la mirada a tres objetivos diferentes. Las puertas de entrada del castillo. Un árbol inmenso de gran sombra que es popular entre el alumnado para estudiar al aire libre. El lago negro.
—Bueno… No importa como me llames, para mi eres mi hijo, sin importar cómo decidas llamarme.
—Pero te gustaría?
—Bueno… ¿A qué padre no le gustaría?
Tom lo ama, lo adora, ama al tío James de una forma demoledora. Le dió protección, un hogar, personas a las cuáles llamar familia, lo sacó de esa asquerosa cabaña y estuvo presente en todo el proceso legal, incluso cuando su labor terminó al sacarlo de la cabaña. Gracias a él estaba vivo y bien. Gracias a él tenía un segundo nombre que no le provocaba arcadas.
—Bien, nos vemos pronto papá.
El tío James… Su padre. Lo abraza muy fuerte y por un largo tiempo antes de dejarlo ir.
Tom Riddle si no me respondes voy a montar un abraxan y volaré a Hogwarts para verte!
El último reclamo de Harry dispara un golpe cálido en su pecho, no es suficiente para provocar una sonrisa.
Tu madre se levantará de su cama en el hospital para matarte si haces algo así.
Harry responde pocos minutos después.
Tom! Dónde estabas?
Lo siento, estaba ocupado adelantando las tareas de tutoría de Snape.
Es una mentira terrible.
Ya veo. Las terminaste?
Casi, decidí salir de mi cueva para responderte, no quiero perder más puntos de esposo.
Ya no te queda ni uno.
Bueno, ya me ganaré otros después.
No está de humor para bromear o hablar, por la forma en que escribe intuye que Harry sabe que miente y prefiere caer desde la torre de astronomía a contarle a Harry sobre su expedición a Little Hangleton.
Solo quiere olvidarlo.
Olvídalo, no estoy enojado. Te extraño, pasar la pascua en Beauxbatons es terriblemente aburrido. Hugo y Muriel se han ido a casa y los únicos que quedan son chicos de años mayores que se han quedado para estudiar.
Tom lo ama pero leer las quejas de Harry le agotan con rapidez, solo quiere echarse en su cama y dormir por horas. Solo quiere algo que le ayude a dejar de pensar, algo que no requiera su esfuerzo.
Podrías aprovechar para hacer nuevos amigos.
Lo he estado haciendo, conocí a algunas personas interesantes.
Genial.
Uno de ellos ama la zoomagia como yo, me dijo que hay programas especializados para estudiantes durante el verano.
Su cabeza duele y late. Desea cerrar el diario y arrojarse en su cama, escondiéndose bajo las sábanas.
Suena increíble, lo harás?
No lo sé, el verano es nuestro, si voy al campamento no podré verte.
La idea de no ver a Harry durante el verano es espantosa, pero él mismo ha aceptado una plaza excelente para ser pocionista, no puede decirle a Harry que es mala idea.
Es todo el verano?
Solo cuatro semanas.
Bueno… Aun tendríamos otro mes de vacaciones.
Lo pensaré, de todas formas tengo que estar en cuarto año para poder entrar. Aunque si entro podrías venir a Francia y quedarte con papá y mamá mientras vuelvo.
Tom recuerda a su madre, tirada en el suelo en un charco de sangre. La bilis le sube por la garganta, ácida, amarga y caliente.
Puede ser.
Por minutos no hay una respuesta.
Te quiero, desearía poder ir a verte.
Tom no lo desea, quizá es la primera vez que lo quiere lejos.
Yo también te quiero.
Las vacaciones se acaban demasiado pronto, Tom debe despedirse del silencio acogedor de la habitación en las mazmorras, del fuego de la chimenea y de la comodidad de los muebles de la sala común. Ahora que ha llegado todo el mundo no puede disfrutar de ellos, debe volver a su rutina de fantasma, pasando la mayor parte de su tiempo fuera de su casa y lejos de sus compañeros de Slytherin.
Es agotador.
Marissa se une a él durante el desayuno, en la punta de la mesa, cerca de las puertas del comedor. El lugar de los rechazados.
Incluso en su propia casa era tratado como un indeseable solo por existir.
—Hey. —Desliza una carta hacia él—. Syl quiere que veas sus notas, le está yendo mejor en la escuela gracias a ti.
Marissa deja la carta entre ellos y se dedica a llenar su plato con huevos, salchichas y tostadas.
Tom la toma porque no tiene nada mejor que hacer, sus ojos se deslizan por los resultados sin sentir nada en particular.
—Que bueno.
—Estás bien? —Marissa al menos finge un poco de desinterés tras su pregunta, huntando mantequilla en sus tostadas y desviando sus ojos de él. —Te ves cansado.
—No he dormido bien —admite.
Su prima sube y baja las cejas, delatando una expresión que demuestra que no le sorprende.
—Bueno… Fue una mierda lo que pasó.
Él solo puede asentir.
—Y qué pasó con tu madre? —Sus ojos celestes lo encuentran antes de una mordida a su pan.
—Fue aun peor.
Las ventajas de hablar con Marissa es que no necesita explicar lo que ya sucedió, hay una vibra entre ellos que no existía antes, una complicidad y entendimiento que le hace sentir en confianza.
—Y qué harás ahora?
—No lo sé, solo quisiera no haber ido a ese lugar.
Marissa mastica con calma, traga, toma un sorbo de jugo y asiente.
—Bueno… Lo hecho, hecho está. Tienes un padre de mierda, yo también, tienes una madre de mierda y yo también. Solo nos queda resistir hasta que podamos valernos por nosotros mismos. —Se encoge de hombros—. Pero si yo fuera tú ya estaría en Francia.
—No puedo ir a Francia.
De repente es demasiado consciente de su alrededor. Del ruido de voces de otros estudiantes en el comedor, el tintinear de los cubiertos, las risas, los chillidos extasiados. Un vistazo a los chicos de su casa le muestra personas que hablan con recato y voz baja mientras sus ojos miran de arriba a abajo a todo aquel que llama su atención.
—Hablemos de esto en privado.
Marissa asiente y traga su comida con desespero.
Tom evita mirar sobre el hombro de su prima, no quiere encontrarse con los rostros de Han y Sue, no tiene la energía suficiente para soportar su animosidad, su cotorreo despreocupado y sus bromas.
Apenas y logra masticar una salchicha y una papa asada antes de que Marissa termine su desayuno y se levante con premura, obviamente muy entusiasmada por escucharlo.
Es un alivio dejar atrás el bullicio del comedor, su cuerpo tenso se relaja un poco mientras sus pisadas se alejan del comedor y se acercan a las puertas del patio frontal. Tienen al menos veinte minutos antes de que acabe el desayuno.
—Tan mal fue, eh? —Marissa no le ve a la cara. Camina con sus ojos examinando su entorno, vigilando el ancho pasillo que los lleva a la salida del castillo.
No sabe exactamente qué decir, hay algo en Marissa que le hace desear hablar, quizá la confianza de que su prima no le contará a nadie o el hecho de que ella podrá comprender cómo se siente.
—Entendí porqué me odian, yo también me odiaría… Si fuera él.
Fue lo más doloroso. Tom no deja de pensar en ello cada que cierra los ojos al dormir. La idea de que alguien lo manipule para quedarse a su lado y el miedo, la impotencia de no poder hacer nada… Está viviéndolo en carne propia y lo odia.
Marissa tira de su brazo y juntos atraviesan las puertas del castillo, se deslizan por el costado izquierdo hasta llegar a un pequeño patio privado, oculto por las ramas de un árbol frondoso. Hay un banco ancho justo debajo al que su prima le empuja y obliga a sentarse.
—¿Qué fue lo que le hizo tu madre? —pregunta. La seriedad de su voz dista de la curiosidad ansiosa del comedor.
Tom siente las manos frías y sudadas.
—No puedes decirle a nadie.
Ella rueda los ojos.
—Ya lo sé.
—Ni siquiera a Syl.
—Eso es obvio.
—No, debes prometerlo.
Su prima frunce el ceño.
—Acaso quieres que haga un juramento inquebrantable? —La indignación de su voz combina con sus cejas arrugadas y expresión molesta.
—Es muy delicado lo que voy a decir, ni siquiera debería estar diciéndolo.
—No sé cómo hacer un juramento inquebrantable.
Tom saca su varita y con un gesto le insta a sacar la suya.
—Levantala a la altura de tus ojos y repite: juro solemnemente no compartir con nadie la información que Tom Charlus Riddle Gaunt me confiará, a menos que él mismo me autorice a hacerlo.
Marissa entreabre los labios con perplejidad y por un momento Tom cree que lo mandará al diablo. Pero su prima suspira y repite el juramento, hasta que su varita emite una luz blancuzca que le indica que está hecho.
—Le dió amortentia a Tom Riddle y lo manipuló para que la sacara de la cabaña en la que vivía con Morfin y su padre porque era miserable ahí. Se fue con él a Londres a fingir ser una pareja, estuvo con él íntimamente y… Quedó embarazada de mi, cuando se enteró dejó de darle la poción y él la abandonó de inmediato. Ella me tuvo poco después y me dejó en un orfanato muggle llamado Wools, crecí allí por años. Ella volvió a la cabaña sin mi porque su padre me habría matado por ser hijo de un muggle. Tom Riddle tuvo que vivir con la mujer que lo embrujó y violó a la vuelta de la esquina… Por eso me odia, por eso la odia a ella.
Marissa le mira con una expresión que no puede descifrar, no sabe si es horror o shock. Quizá ambos.
—Wow… Esa es verdaderamente una historia de mierda.
Tom asiente, porque… ¿Qué puede decir? ¿Habría su tío dicho todo lo que dijo si hubiera sabido la verdad? Tom Riddle era un desgraciado, sí. Pero él podía entender su odio y rechazo.
—No puedo culpar a Tom Riddle por odiarme —admite.
—Eso no hace que deje de ser un malnacido, pudo haberte cerrado la puerta en la cara en lugar de sacudirte como si fueras polvo en su abrigo caro.
Marissa se cruza de brazos, parece que está recordando el momento justo en el que se abalanzó sobre el hombre para defenderlo.
—Lo que no entiendo es… ¿Qué demonios haces aquí en Hogwarts luciendo como el barón sangriento? Deberías estar en Francia, denunciando a la psicópata de tu madre.
El sabor ahumado de la salchicha asciende por su garganta junto con trozos mal masticados del embutido. Tom debe tragar grueso para obligarlos a volver abajo, hacia su estómago.
—Le dije que iba a dejarla, estaba listo para hacerlo… —Frente a sus ojos la hierba verde y fresca del jardín se desvanece, se oscurece y convierte en un suelo de madera cubierto de sangre que brota del cuello de su madre como una manguera descompuesta—. Ella… —Sus manos tiemblan, la comida en su estómago se revuelve dolorosamente—. Se cortó el cuello frente a mi porque dije que la dejaría y tuve que arreglarlo, no podía dejar que se muriera.
Escupe las últimas palabras con rapidez, deseando dejarlas atrás junto a la asquerosa sensación que le produce recordar ese momento.
Marissa jadea y una de sus manos sujeta su rodilla y la aprieta, antes de apartarla.
—Hizo un juramento de que si la dejaba ella volvería a intentarlo y no fallaría la próxima vez.
El viento se siente helado contra su piel, a pesar de que el frío húmedo del invierno se está desvaneciendo con la cercanía del verano.
—Me amenazó con contarle a todo el mundo la historia de mi vida, absolutamente todo lo que quiero mantener oculto de los demás.
Voltea a ver a Marissa porque su silencio le preocupa demasiado. Su prima es un lienzo de emociones cambiantes, desde el horror hasta el enojo, del asco a la tristeza.
—Es una maldita enferma —espeta, con una ira que le hace sentir menos culpable por pensar lo mismo—. Yo que tú la dejo que se muera.
Tom bufa y aparta la mirada, es mejor fijarse en la corteza del árbol que los cubre y no en el reproche de Marissa.
—Nunca podría vivir mi vida sabiendo que murió por mi.
—Tú no la matarás, ella lo hace porque sabe que nunca te atreverás a irte.
Su pecho duele.
—Lo sé.
Marissa lo toma del hombro, empujándolo con dureza para que enfrente su mirada. Sus ojos azules se han oscurecido con su enorme ira.
—Te destruirá si te quedas con ella, te dejará peor que a ese desgraciado de Little Hangleton.
Su boca sabe a sangre, quizá porque se ha mordido la lengua demasiado fuerte.
—Le dije que me quedaría pero prometí hacer de su vida un infierno, prometí hacer que se arrepintiera de retenerme.
Marissa levanta una ceja y ladea la cabeza mientras con todo su cuerpo parece decir: no es buena idea.
—Y te quedarás odiándola toda la vida? Eso suena horrible.
—Cuando termine Hogwarts no importará, me iré entonces.
—¿Cuál es la diferencia de irse en cuatro años a irse ahora? Morirá de todas formas.
—No puedo verla morir ahora.
«No cuando aun hay algo de amor por ella en mi. Y no estoy listo para la avalancha que traerá hacia mi: mis secretos ventilados, Harry conociendo toda la verdad de golpe, mis amigas…».
La realidad lo golpearía tan fuerte que lo destruiría.
Marissa exhala con frustración y suelta su hombro.
—Esto es una mierda, no pensé que tu vida fuera tan espantosa. —Tom la mira con una ceja alzada. Ella se encoge de hombros, sin culpa—. Tenías toda la pinta de un niño mimado y altanero, ropa cara, uniforme perfecto, comportamiento ideal… Familiares que te quieren… Pensé que lo que sea que habías pasado no podía ser peor que vivir en una casa de putas… —Se queda en silencio—. Hasta que Morfin habló sobre lo que su padre te hizo.
—Tenía nueve años cuando pasó, el tío James fue el auror que llevó mi caso. Después de eso aceptó cuidarme porque ella se lo pidió, así fue como los conocí. Al inicio los detesté y quería volver con ella. —Se echa a reír—. En aquel entonces me parecía que ella era la mejor, me salvó de que el enfermo de su padre me clavara un puñal en el pecho en medio de un ritual y pensé… Verdaderamente me ama.
Tom puede recordar ese primer día en San Mungo, despertar y verla. Ella lucía como alguien dispuesta a hacer lo que fuera necesario por su bienestar.
—Harry tuvo que soportar lo peor de mí, yo era un psicópata en ciernes cuando llegué a su casa. Me llevaron al psicomago y me tuvieron bajo su custodia por meses, fue así cómo me convertí en alguien diferente, aprendí que el amor no era lo que había experimentado siempre y sentí amor verdadero por primera vez.
El nudo en su pecho parece aflojarse para luego crecer con cada palabra que dice.
—Gracias a ellos no soy un monstruo como… —Se detiene al ver a su prima.
—Puedes decirlo, no pienso volver a acercarme a papá.
Tom solo suspira y su espalda se encorva sin poder soportar más la carga de permanecer erguido.
—No les has contado a ellos lo que pasó, verdad?
Niega con la cabeza.
—El tío James vino a verme ese mismo día, fuí a casa de los abuelos de Harry después de confrontarla. Le conté sobre Tom Riddle pero no sobre lo que pasó después.
Marissa vuelve a suspirar con cansancio.
—Quizá él sepa que hacer, si le cuentas.
—El juramento consiste en que si le cuento a alguien para que me ayude a irme o si me voy ella morirá —explica con amargura.
—Y no es riesgoso que me lo cuentes a mi?
—Sé que no harás nada si te lo pido.
Su prima sonríe por primera vez, pero es una mueca sardónica y furiosa.
—Y supongo que el amor de tu vida tampoco lo sabe.
Vuelve a negar.
—No quiero ser para siempre el chico de vida trágica que debe cuidar, detesto que sienta que debe estar al pendiente de mí todo el tiempo. Harry apenas tiene trece, no quiero arruinar su vida perfecta con toda la mierda que arrastra la mía.
Marissa se estira como un gato, su espalda cruje como si fuera la de un viejo y sus piernas se sacuden en el aire, como si patearan el ambiente pesado.
—No me imagino a Harry guardándote ese secreto, te arrastraría lejos de tu madre aun si eso la matara.
Tom sabe que Harry no es una mala persona pero también sabe que su amigo es capaz de muchas cosas si logra ayudarlo. No quiere involucrarlo en ese conflicto.
—Entonces tendrás que ir con ella cada verano y en vacaciones —dice pensativa, con la mirada perdida más allá del árbol. Una sonrisa se asoma en su rostro y va creciendo con rapidez, es atemorizante—. Bien, vamos a joderle la vida juntos. Haremos que te ruegue por algo de piedad, estará tan desesperada que anulará el juramento para deshacerse de ti.
Sus ojos destellan como cuchillas afiladas y por primera vez Tom siente que puede tener la fuerza para sobrevivir a la convivencia con su madre.
—Gracias por escucharme, Mar.
Ella golpea su hombro con el puño.
—Me debías una explicación después de que la vieja loca de tu abuela me arrancara parte del cabello.
Tom se ríe y hace una mueca de pena.
—Lamento mucho eso, te haré una poción crece pelo.
—Bien, es lo menos que merezco después de la golpiza.
—Creo que los vidrios quedaron peor.
Marissa sonríe.
—¿Crees que los han arreglado ya?
—Probablemente.
—Deberíamos volver y embrujarles la casa.
Se echa a reír.
—¡Nah! Tom Riddle ya tiene suficientes recuerdos como para atormentarse toda la vida.
Solo esperaba que él no permitiera que sus sombras lo devoraran.
—Estoy segura que sí —murmura su prima.
A lo lejos las campanas del reloj de la torre de astronomía suenan, anunciando la llegada de las diez de la mañana y la pérdida de la primera clase de ambos.
—Ahora tendremos que quedarnos aquí hasta el siguiente periodo. —Marissa no se ve nada disgustada—. Podrías aprovechar el momento para contarme más sobre tu amorcito Harry.
—No es mi amorcito.
Sus mejillas se calientan.
—Pero quisieras que lo fuera. —Le pincha las costillas con su dedo índice.
—Eras más divertida cuando solo me insultabas.
Marissa entrecierra los ojos.
—No negaste lo que dije en ningún momento.
Tom desvía la mirada a sus manos.
—Harry es como mi hermano, es… Más que un hermano.
—Bueno siendo un Gaunt no sería raro si te gustara tu hermano. —Se echa a reír.
—¡No seas asquerosa! Tienes un hermano!
Marissa rueda los ojos.
—Que sensible.
—Voy a coserte la boca si sigues.
—Te golpearé si te atreves.
Tom no puede evitar la sonrisa que se asoma en sus labios, ni siquiera Marissa.
La presión en su pecho se ha ido y el aire cálido de la mañana ya no quema su nariz al pasar, los pájaros al piar ya no suenan como bombas y la brisa le reconforta como una manta mullida y suave.
Tom despierta con el sonido de un chapoteo constante, a su alrededor todo es oscuro y poco nítido. Bajo su cuerpo un catre en mal estado y de tubos oxidados chirría al levantarse. Sus pies descalzos son azotados por un suelo helado y pegajoso, puede sentir la viscosidad meterse entre sus dedos y se contiene de pegar un salto y volver a la cama.
Frente a él una tenue luz se asoma a través de lo que parece ser una puerta y Tom se precipita hacia ella, guiado por el chapoteo que ahora es errático, salvaje, como un jugo espeso cayendo a borbotones.
Empuja la puerta con su mano y sale a una sala que conoce perfectamente. Las paredes de madera oscura y enmohecida, las repisas chuecas, el suelo hecho de trozos de madera desperfecta y torcida que cruje al pararse sobre ella. El líquido en sus pies se vuelve tibio mientras el olor a sal y óxido se intensifica, golpeando su nariz como una ola.
Su cuerpo se mueve con voluntad propia, lo arrastra al frente mientras su corazón se acelera con terror. Tom no quiere ver lo que está más adelante, quiere ir a la puerta y salir corriendo de ese lugar… Pero tras unos cortos pasos el origen del ruido se manifiesta frente a sus ojos.
En el piso de la destartalada cocina yace un cuerpo delgado, a su alrededor un charco de sangre que brota de su cuello la rodea. El líquido cae en el suelo con un chapoteo que le da náuseas y le hace doler la cabeza.
Tom quiere gritar, marcharse de allí pero hay una figura cubriendo el paso a la salida. Tom Riddle sostiene un cuchillo ensangrentado en la mano mientras lo ve, el odio en sus ojos no se ha desvanecido ni siquiera con el pasar de los días. Juguetea pasando sus dedos por el filo del arma sin apartar la mirada de él.
—Ahora solo faltas tú —dice, pero sus ojos se desvían al cuerpo de su madre.
El cadáver lleno de sangre gira su cuello y le regala una sonrisa escalofriante de dientes enrojecidos.
—Tom… Ven conmigo —ruega. Pero no hay nada lastimero en ella.
Extiende su mano hacia él y Tom descubre que no puede alejarse, sus pies están pegados al suelo gracias a la sangre seca a su alrededor. El cuerpo de su madre se arrastra por el suelo hacia él mientras Tom Riddle se ríe con maleficencia.
Su magia no funciona, su voz desaparece, todo lo que puede hacer es mirar como su madre se acerca a él como un dementor a punto de chuparle el alma.
Su mano esquelética le agarra por el tobillo y solo entonces Tom es capaz de gritar, justo cuando ella lo arroja al piso, debajo de ella.
Despierta gritando en su cama, tocando sus tobillos y pies, buscando la sangre con la que se ha llenado, pero no hay nada. Las lágrimas le caen por las mejillas y su cuerpo tiembla de frío.
Fuera de sus cortinas no se oye nada y está demasiado asustado para abrirlas y echar un vistazo. Sabe que ha sido una pesadilla pero eso no logra tranquilizarlo.
Mete su mano temblorosa debajo de la almohada y saca una pequeña bola de cristal transparente que guarda en su interior hilos dorados que bailan con euforia. Tom la aprieta contra su pecho mientras siente cómo la calma lo invade como un parásito, la esencia de Harry lo rodea como un perfume y hace que su cuerpo deje de temblar hasta que solo tiene un deseo intenso de vomitar.
Suelta la bola y vuelve a guardarla, se seca la frente con la manga del pijama y se recuesta de nuevo. No tiene el valor para salir de la cama en medio de la madrugada.
Little Harry ha quedado en medio de sus pies, pateado por su pánico somnífero. Tom lo rescata y abraza como un salvavidas.
No es capaz de cerrar los ojos de nuevo, tiene demasiado miedo de volver a soñar con ellos. Algo le dice que si duerme volverá a repetirse.
—Señor Riddle si mi clase le parece poco entretenida puede irse.
El profesor Snape le mira con el ceño fruncido y los labios crispados con una expresión de perro rabioso.
—No es así señor.
La mazmorra es insoportablemente húmeda y calurosa gracias a la llegada del verano, combinado con el vapor de las pociones es un ambiente en el que cualquiera podría sentirse acurrucado y mecido por el sueño.
—¿Ha escuchado algo de lo que le he dicho? —Los labios de Snape están fruncidos con molestia y sus brazos cruzados sobre su pecho.
—Comenzaremos a trabajar con pociones que produzcan cambios físicos en el que los consuma, señor —repite como un perico tras una mirada sutil a la pizarra detrás de Snape.
—¿Y qué poción trabajaremos hoy?
Tom se queda en silencio. No lo sabe. Ha estado escuchando su voz sin poner atención a una sola palabra.
—No lo sabe —espeta y su tono suena como un cristal rompiéndose contra el suelo.
—Lo siento señor, no le escuché.
Los ojos negros del profesor le taladran el alma, por segundos todo lo que puede percibir es el borboteo de una poción pigmentonica en los calderos a su izquierda y una gota de sudor que desciende con lentitud por su cien.
—Eso es evidente, que no se repita o cancelaré la clase. No perderé mi tiempo con un estudiante que está poco dispuesto a aprender.
Tom se muerde la lengua para evitar refutar. No está poco dispuesto, está muerto de cansancio.
No puede dormir.
Cada que cierra los ojos se encuentra con charcos de sangre y personas que le odian a muerte. Despertar es la salvación a esos horrores, incluso si implica estar extremadamente cansado después.
—Hoy trabajaremos en la solución fortificante. No es demasiado complicado averiguar para qué sirve —explica con una nota de sarcasmo—. No es una poción de uso regular, la magia facilita muchas tareas que pueden implicar un esfuerzo físico. Sin embargo es utilizada en reservas de dragones, obviamente por los cuidadores para aumentar sus probabilidades de supervivencia y habilidad física. También se ha reportado en el mercado que la poción es utilizada para fines de… Protección. Aun así es importante que conozcas esta poción y su preparación, ya que aprenderás aspectos que recrearás en otras pociones.
Tom asiente y toma apuntes lo más prolijamente que puede.
—Estaremos aprendiendo pociones que produzcan cambios parciales y poco notables, una vez que los domines trabajaremos en aquellas cuyos cambios son excesivos. Necesitarás repasar cómo afecta una poción a la célula de un mago.
Snape habla con rapidez, como siempre que está molesto o quiere terminar rápido la lección.
—Luego de eso iremos con pociones que nublan los sentidos.
Su cuerpo se tensa al escucharlo, la bilis le sube por la garganta y no le queda más que tragar el espeso y caliente líquido de vuelta a su lugar de origen.
La hora y media que le queda de lección se esfuerza por empujar sus problemas a un rincón de su mente, antes de que Snape le lance un cucharón a la cabeza por no prestar atención.
—¿Estás bien, Tom? —Sue acaricia su cabello con suavidad. Sus cejas rojizas están fruncidas con preocupación.
—Snape fue un poco intenso con la lección.
Intenso era un eufemismo. Canceló la clase cuando no pudo recordar los ingredientes de la poción curadora de forúnculos, después de preguntarle por los ingredientes y preparación de unas diez pociones como si le estuviera arrojando cuchillos a la cabeza. Terminó ordenandole realizar un informe de ochenta centímetros sobre la solución fortificante. No era una poción tan importante como para llenar ochenta centímetros.
—Estás pálido. —Han posó su mano en su frente—. ¡Estás hirviendo! ¡Tienes fiebre Tom!
Se aparta del toque de su amiga como si le quemara.
—No es nada.
—Deberías ir a la enfermería. Tienes toda la semana luciendo enfermo! —Hannah insiste.
—Sep, como un zombie. —Sue le echa sal a la herida sin saberlo.
—¡Chicos! —Hermione llega corriendo con un libro apretado contra su pecho—. ¡Los he buscado por todas partes!
Su amiga frena aparatosamente su carrera, respirando entre jadeos mientras se desploma en la grama del patio frontal del castillo.
—Tom está enfermo. —Sue ni siquiera le da la oportunidad a Mione de decir algo.
El cabello alborotado y lleno de frizz de Mione toma vida propia, levantándose como si un globo estuviera frotándose contra él.
—¿Qué? Pues vamos a la enfermería!
Él niega.
—Estoy bien…
—Tiene fiebre y mira lo pálido que está, ¡ya casi ni se ven tus preciosas pecas! —Se lamenta Hannah.
—No seas dramática.
—Tom… Mueve tu trasero y levántate para ir a enfermería antes de que te obligue a hacerlo. —Mione le amenaza, muy seria.
Es ridículo, Tom no podría ser manipulado a la fuerza por ninguna de las tres, pero pelear le agota tanto que cede a ser escoltado por las chicas a la enfermería.
—Estás resfriado. —Madame Pomfrey aparta su varita de él luego de lanzar el hechizo de diagnóstico—. Es normal en esta época del año, con el cambio de clima y estación. Te daré una dosis de poción pimentónica, tomarás una diariamente por cinco días. Hablaré con tu jefe de casa para que esté al pendiente de que lo tomes.
—No es necesario señora Pomfrey, sé perfectamente cómo funciona y cómo debe tomarse. Soy aprendiz de pocionista.
La enfermera hace una mueca de disgusto.
—Sigues siendo un estudiante, deberás consumirla con permiso de un adulto.
Sus amigas asienten a todo lo que dice la enfermera como perritos.
Tom se contiene a poner los ojos en blanco.
—Ahora… Ustedes jovencitas esperen afuera, es hora de revisar a mis pacientes y no debe haber visitas. Tom saldrá en un momento.
Madame Promfrey lo mantiene en una camilla como un pobre diablo hasta que Snape llega minutos después. Su capa negra se desliza como la vestimenta aterradora de un dementor y su eterno ceño fruncido lo hace ver irritado, probablemente lo está, es fin de semana.
—Severus, que bueno verte.
—Hola Poppy. —Su profesor lo ve con atención, sus ojos lo examinan de arriba a abajo hasta que pierden interés en él—. Dijiste que me necesitabas por la salud delicada de un estudiante.
—Así es, el joven Riddle tiene una gripe algo fuerte pero no es la razón por la que te llamo.
Tom frunce el ceño ante las palabras de la enfermera.
—Quería hablar esto en privado querido, solo con la presencia de tu jefe de casa. —Le explica con voz suave pero expresión severa.
—¿Qué ocurre con Tom, Poppy?
—Tiene un caso leve de anemia y además mucho estrés.
Tom siente que su corazón se detiene en su pecho. Snape lo ve con una ceja alzada.
—Pero si como bien…
—Comer hasta llenarte el estómago no es comer bien señor Riddle, debes tener una dieta balanceada entre proteínas, carbohidratos y grasas.
—Le aseguro señora Pomfrey que como bien, no tengo anemia.
La enfermera le da una mirada asesina.
—Yo soy la enfermera y te digo que tienes anemia, leve, pero la tienes.
Snape suspira al verlos.
—Necesita pociones nutritivas.
—Justamente, además de supervisión.
Su profesor asiente, su cara de perro ha disminuido un poco.
—Cada mañana antes del desayuno durante tres meses y además debes tomar la poción pimentónica, preferiblemente de noche, ya que da algo de sueño.
Lo último que desea es dormir.
Tom los ve hablar unos minutos más hasta que ambos desaparecen en la oficina de madame Promfrey para buscar lo necesario para su tratamiento de una semana.
Tom se pone de pie y se aleja de la cama, solo hay tres estudiantes además de él.
Un tintineo lo hace mirar un armario con puertas de cristal cerca de su cama. Ve frascos de cristal etiquetadas con nombres de pociones. Hay una reponedora de sangre, skelegru y otras, pero hay una en específico que llama su atención como un Hufflepuff en las gradas de Slytherin durante un partido de Quidditch. La poción de sueños sin sueños, casi puede escucharla llamarlo y Tom ni siquiera puede pasar por un filtro sus pensamientos, se mueve como un ratero experto, abre la puerta y roba tres frascos con una rapidez y precisión que le enorgullece.
Justo a tiempo para la llegada de Snape y Promfrey.
—Bien Tom, he hablado con el profesor Snape sobre tu dieta. Él se encargará de hablar con los elfos para planificar tus comidas. —Promfrey parece no querer dejarlo ir—. También hablamos sobre el estrés, eres un estudiante estupendo pero la cantidad de chicos que llegan enfermos de cansancio y estrés son muchísimos. Tú solo estás en tercer año y tienes una carga académica similar. Así que debes descansar.
Quizá con las pociones de su bolsillo finalmente lo haría. Al menos por tres días.
Snape puso una mano en su hombro y lo sacó de la enfermería.
—Riddle… —Tom odia escuchar el nombre de ese infeliz cada que alguien le llama, pero es imposible huir de ello—. ¿Te sentías mal durante la clase?
Él solo puede asentir.
—Bien, te daré esta semana para descansar y recuperarte de la gripe. Duerme, tienes ojeras y luces enfermo.
—Gracias?
Snape lo fulminó con la mirada.
—La próxima vez que estés indispuesto comunícamelo. No soy un ogro.
—No me había dado cuenta señor.
Snape le da una bofetada en la nuca.
—Eres un mocoso.
La poción de sueño sin sueños hace maravillas, Tom se encierra detrás de las cortinas y se deja llevar por la bruma arrulladora de la poción, es arrastrado por brazos frescos y vaporosos hacia un estado de relajación y vacío absoluto.
Cuando despierta el domingo se da cuenta de que se ha perdido el desayuno. Snape lo va a matar. Pero al descorrer las cortinas encuentra una poción junto a su mesa de noche y una bandeja con el desayuno que come con los dientes sucios y el aliento desagradable de la mañana. No le importa, ha dormido demasiado bien.
Las chicas lo esperan en medio del pasillo de las mazmorras, en su camino al primer piso.
—Tom! —Sue lo alcanza de inmediato y pone una mano sobre su frente como una madre preocupada.
No puede evitar reírse.
—Estoy bien Sue, solo es un resfriado. Madame Promfrey me dió una poción pimentónica y debo tomar cuatro dosis más.
—Vimos entrar a Snape a la enfermería, nos ordenó marcharnos. —Hermione se muerde el labio como si no quisiera revelar más.
—Pomfrey le ordenó vigilarme para que se asegure de que tomo las pociones y le ordenó que no me exigiera tanto porque según su diagnóstico… Estoy estresado.
Sue asiente.
—Me parece bien, ¡ya casi ni tienes tiempo para salir a pasear al patio!
Tom prefería pasar su tiempo libre charlando con su prima o solo con sus pensamientos.
—Te perdiste el desayuno. —Hannah hace un puchero.
—Snape me dejó una bandeja en la mesa de noche.
—Vaya, que atento.
—Me dió una semana para descansar de la tutoría.
—¡Genial! Mira lo que ha hecho el descanso en ti, ya tienes mejor semblante! —Sue le toma de la cara con ambas manos sobre sus mejillas mientras habla.
—¿Qué les parece si estudiamos en el patio? Podemos llevar los libros de la biblioteca.
Sue y Hannah miran a Hermione como si hubiera propuesto ir a patear gatitos.
—Mione… Tom necesita descansar, nada de estrés.
La castaña se sonroja.
—Se estresará más si no tiene hechos los deberes.
—Solo debo hacer los de aritmancia, runas y defensa. El resto los he adelantado entre semana.
Hermione sonríe.
—Puedo ayudarte con eso.
Sue bufa.
—Ustedes dos estudiarían incluso en medio del fin del mundo.
Hermione le mira antes de echarse a reír. Tom siente que ya no es tan difícil estar cerca de ellas, su mente está más clara que en semanas.
—Eres como un gatito Tom.— Hannah se ríe mientras acaricia su cabello y él suspira de gusto, con su cabeza sobre sus piernas extendidas y su cuerpo acostado sobre una manta que Hermione ha traído para sentarse y no mancharse la ropa con la tierra y la grama del patio.
—Pobrecillo, es un gatito agotado. Snape está acabando con él. —Sue hace un puchero.
—Sería bueno hacer un horario de estudio para prepararnos para los exámenes de fin de año, así podríamos estudiar unas 3 horas por día y no terminar tan cansados.
Tom abre los ojos y nota a Hermione con la mirada fija en él y las mejillas enrojecidas.
—Mione… Danos un respiro. —Sue se queja.
Su amiga agacha la mirada.
—Si nos planificamos bien tendríamos tiempo para descansar.
—Dudo que tenga mucho tiempo. Debo hacer un trabajo final para Snape para finalizar mi primer año como aprendiz, también sigo siendo el tutor de Marissa.
—Hablando de ella… ¿Por qué no la invitas a estar con nosotros? —propone Hermione.
Tom suspira.
—Marissa no quiere.
—Debe sentirse muy sola.
Tom se encoge de hombros.
—Hablamos mucho.
—¿En serio? Casi no nos cuentas nada.
—No hay mucho que contar, desde que comencé a enseñarle nos llevamos mejor.
—¿Y cómo está Harry? — Sue interrumpe la conversación.
—Bien.
—¿Solo bien?
—No he hablado mucho con él desde Pascua.
Tom siente que sus orejas hormiguean. Su corazón duele y sus brazos se sienten flojos.
—¿En serio?! Acaso pelearon?
Tom frunce el ceño.
—No.
—Deberías escribirle, Harry le envió una carta a Sue preguntando por ti.
Tom se levanta de las piernas de Hannah como un resorte.
—¿Qué?!
Hannah le mira culpable.
—Dijo que estás actuando raro y que casi no respondes sus mensajes.
Su estómago arde de rabia y a la vez de miedo.
—Merlín… —Peina su cabello con una mano, deseando tirar de él.
—¿Seguro que no discutieron?
—Estoy seguro Sue, sabría si tuvimos una pelea.
Su amiga levanta ambos brazos con una expresión sorprendida en el rostro.
—De acuerdo, no es necesario que te enojes.
Tom suspira y aprieta su tabique al sentir como su cabeza late y duele.
—¿Hace cuánto te escribió?
—La semana pasada.
Debe escribirle a su amigo antes de que envíe un aullador.
Hola.
Hey extraño.
Harry Potter es capaz de mostrarse enojado incluso en papel, es un don, sin duda.
Lamento no haberte escrito antes.
Han pasado dos semanas.
Tom se muerde el labio, tan fuerte que rompe la piel.
Lo siento muchísimo.
Ya.
Demonios.
Sé que soy horrible, realmente detestable y ni siquiera merezco que me respondas pero te prometo que no volveré a desaparecer.
¿Por qué desapareciste en primer lugar? Desde Pascua estás actuando raro.
Mierda, no iba a ser una conversación divertida y llena de bromas. Justo lo que temía.
He estado estresado, Snape me exige cada vez más y las tutorías con Marissa me drenan junto a las otras asignaturas. Incluso me enfermé y Madame Promfrey le reclamó a Snape para que no fuera tan duro conmigo.
Harry tarda minutos en contestar.
Seguro que es por eso?
Casi puede ver su ceja alzada, su rostro serio y esa expresión de: no me estás engañando. Dibujada en medio del papel de la libreta.
En serio ha sido una locura.
Bueno.
Harry no dice nada más y el temor de su enojo lo hace apartar la libreta de su agarre, no puede ni quiere enfrentarse a las preguntas de Harry.
Toma la segunda botella de sueño sin sueños y la bebe como un alcohólico necesitado de su droga. Necesita huir del sentimiento de culpa, del miedo que crece en su pecho con cada mentira que Harry no cree, del nerviosismo y pánico que le da el que su secreto salga a la luz y todo lo que intenta mantener en su sitio se desplome como un castillo de naipes.
Ya verá como se consagra con Harry en el verano, ahora mismo no puede con más angustia.
Harry está angustiado, angustiado y furioso. Ni siquiera la llegada de la primavera en Beauxbatons es capaz de calmar el fuego en su estómago y la picazón en sus manos y pies que le acosan con el deseo de salir corriendo del castillo directo a Gran Bretaña.
Algo grande había ocurrido en pascua, algo que lo hacía pasearse por los jardines como un perro furioso y apretar sus sábanas entre sus manos por las noches para calmar la angustia.
Había hablado con sus abuelos por teléfono durante las vacaciones de pascua y a su abuelo se le había escapado por accidente, y Harry sabe que es un accidente porque después de decirle se quedó en silencio por un rato antes de cambiarle el tema; que Tom había estado en su casa en pascua, junto a su padre. Realmente los adultos no eran los más astutos cuando de secretos se trataba.
Por si fuera poco, su padre había evitado el tema cuando preguntó. Y Tom estuvo desaparecido durante la pascua y las primeras dos semanas de clases. Eran demasiados incidentes en común como para que no hubiera pasado algo.
Momo le da un codazo en las costillas para que preste atención a la clase de adivinación, estaban estudiando el tarot para predecir eventos y leer situaciones poco claras.
—Para la clase de hoy deberán enfocarse bien en la pregunta que desean hacer, recuerden que deben dejar la mente en blanco primero. Si hay dudas o poca claridad la lectura será imprecisa o puede que no logren descifrar el mensaje. Pasaré por cada mesa para ayudarlos en su interpretación y al finalizar la clase deberán entregar un informe sobre su pregunta, las cartas y su interpretación.
La profesora se pasea entre las diez mesas ordenadas a su alrededor en un círculo perfecto. Solo seis de ellas están llenas con tres estudiantes, pero a Harry le gusta la paz que se respira en el aula de adivinación. Está en la zona norte del castillo, en una torre con ventanas del piso al techo con forma rectangular que le dejan ver las montañas de los Pirineos y sentir el viento furioso, fresco y relajante. Es aun mejor por el hecho de que no tiene que lidiar con las auras y emociones de miles de estudiantes, a pesar de que sus habilidades de oclumancia han mejorado muchísimo todavía se siente como un cachazo en la cabeza cuando alguien tiene emociones demasiado intensas. Los partidos de Quidditch son una locura que no puede soportar, prefiere verlo desde la torre este, en el palco pacífico del castillo, con binoculares.
Momo vuelve a darle un golpecito, esta vez en las manos.
—¿Qué te pasa hoy? —sisea.
Se contiene de suspirar, no quiere contarle a Muriel como sospecha que su mejor amigo en el mundo, su padre y su abuelo le están ocultando algo pesado, algo que ha despertado cada alarma de su cuerpo.
Su amiga juguetea con un mazo de dorso dorado y púrpura en sus manos, es un set de cartas precioso que presumió apenas iniciaron las clases. A la profesora le gustaron tanto que paso por alto el hecho de que Momo había ignorado la petición de comprar un set de cartas estándar.
—Me cuesta un poco concentrarme.
Momo suspira y pone cara de drama.
—¿A ti?! Yo aun no logro una lectura decente.
Harry sonríe a medias, Momo estaba más preocupada por preguntar sobre asuntos del corazón que por hacer preguntas realmente interesantes. Además, la única respuesta que ansiaba era saber si terminaría el año con novio o no, y si ese novio podía ser Austin Catchpole, un chico británico y rubio de Papillonlisse. Harry no iba a decirle que en su tirada de la semana pasada las cartas habían anunciado que Austin estaba comprometido con alguien de tierras lejanas.
—Tu siempre aciertas en todo.
—La adivinación no se trata de acertar en todo, te iría mejor si dejaras de preguntar por Austin Catchpole.
Muriel se sonroja y arruga los labios con molestia.
—Tu te pasas cada clase preguntando por Tom, ¿por qué yo no puedo hacerlo?
Ahora es su turno de sonrojarse.
—No pregunto por él en todas las clases.
Muriel se cruza de brazos y entrecierra los ojos.
—¿Todo bien por aquí? —La profesora Cassandra se acerca con su bata lila de aspecto vaporoso y larga hasta los tobillos.
Su amiga se ve desesperada por no haber iniciado aun.
—Estoy algo disperso hoy. —Harry hace una mueca con los labios.
Cassandra asiente, con sus ojos verde oliva fijos en los suyos.
—Oh eso es evidente, es completamente entendible. Tu intuición está despierta y tu habilidad para sentir y presentir te alerta de muchas cosas. ¿Cómo están los riñones de tu amigo?
Harry frunce el ceño.
—Bien, creo?
Cassandra ladea la cabeza.
—Umm, creo que aun no. Pero pronto, debe estar más al pendiente o se enfermará. —Cassandra pone una mano sobre su cabeza, sin tocarlo, pero Harry puede ver y sentir su aura verdosa y pacífica como una llamarada de fuego sobre su cuero cabelludo—. Su cabeza está muy dispersa, por eso te cuesta concentrarte, debes aprender a separar tu energía de la suya.
Muriel lo mira con la boca abierta, sus manos ahora están sobre la mesa, con el mazo de cartas en su mano derecha.
—Yo… Estoy muy preocupado por él.
Cassandra asiente, sus ojos se muestran compasivos.
—¿Qué hay de ti Muriel? ¿Has podido ver algo en esas cartas? —Harry quiere preguntar más, quiere tomar de la muñeca a su profesora y exigirle respuestas pero sabe por experiencia que ella solo dirá lo que desee.
Su amiga baraja las cartas de nuevo, pobres, y saca tres que dispone en la mesa sin tomarse el tiempo para meditar su pregunta o calmarse un poco.
—¿Qué crees que te dicen? —Cassandra la ve con una ceja cobriza alzada.
—Umm… No lo sé con seguridad.
—Bueno, según mi interpretación las cartas quieren decirte que no está mal desear amor pero este llegará con el tiempo, obsesionarte con ello sólo hará que tomes malas decisiones y te precipites, si continuas por ese camino te espera mucho dolor y angustia.
Su amiga parecía a punto de caer desmayada.
—Además, ese chico que te gusta está comprometido querida. Tus cartas te lo han dicho por semanas.
Cassandra da una palmadita en la mesa y mira a Harry con algo de reproche y diversión.
—Con respecto a ti… Debes ser paciente y saber esperar, solo así podrás alcanzar la felicidad y superar momentos difíciles.
Harry siente su corazón congelarse.
—¿Qué quiere decir con eso, exactamente?
Ella solo se encoge de hombros.
—Hay cosas que es mejor no escarbar querido, debes darles su tiempo para que emerjan solas.
Cassandra se aleja de su mesa, dejándolo con miles de preguntas en la boca y más angustiado que antes.
—¿Sabías que Austin estaba comprometido? —Momo le ve como si quisiera arrancarle la cabeza.
«Merlín ayudame».
Tom bebe la última botella de poción la noche del martes y el miedo a una nueva pesadilla lo persigue durante todo el día, manteniéndolo de mal humor y alerta. Sus amigas lo notan pero no dicen nada, todas piensan que está molesto con Harry y él prefiere no aclarar la situación.
Va a transformaciones con Ravenclaw a primera hora de la mañana, agradeciendo que sus amigas no estén presentes. Logra convertir un ratón en una caja de madera algo peluda, pero se da por satisfecho cuando el resto de su clase tiene cajas con cuatro patas, colas, una que al abrir chilla como ratón y otros que solo han logrado cambiar el color del pelaje de sus roedores. McGonagall le da diez puntos y ordena a todos hacer una informe sobre el hechizo de transformación.
Sale entre el mar de estudiantes, evitando a sus compañeros de casa como la peste. Draco Malfoy se queda rezagado en el pasillo, ha sido así desde que lo confrontó en la biblioteca, evita cualquier acercamiento y retiene a las dos bolas de grasa parlantes que tiene alrededor para que tampoco se le acerquen. Blaise, Theodore y el resto de las niñas de su año le ignoran como es usual, con alguna que otra mala mirada y Parkinson arrugando su nariz de bulldog como si oliera a mierda.
—Tom! —Hermione le encuentra en medio de su camino a Defensa. —¿Cómo estuvo transformaciones?
—Mi caja de madera tenía pelo gris.
Su amiga se ríe.
—La mía escupió el pelo cuando la abrí.
Tom sonríe, le gusta que Mione pueda entretenerse fácilmente con temas académicos.
—Pero McGonagall dijo que estaba bien para ser la primera clase.
—A mi igual.
Mione aprieta los libros contra su pecho y vuelve a sonreír, sus ojos se ven brillantes, como un diamante encerrado en su iris.
—¿Ya te sientes mejor?
Él asiente.
—Sí, terminaré de tomar la poción pimentónica el jueves. Pero me siento bastante bien.
Si ignoraba el temor a cerrar los ojos esa noche y volver a tener otra pesadilla.
Su amiga asiente y la conversación termina al entrar en el aula de defensa. Como siempre se empareja con Hermione para practicar, es una suerte que sea la única de la clase que pueda seguirle el ritmo o Tom estaría atascado con idiotas que no le agradan por dos horas.
Despierta gritando y presionando su estómago con una mano, está bañado en sudor y su corazón late tan rápido que no puede escuchar nada más que los tambores ruidosos y desenfrenados en su pecho.
Salta de la cama cuando un líquido pastoso y ácido le sube por la garganta a gran velocidad. Sus pies descalzos caen sobre el suelo helado de la habitación, mira las cortinas cerradas de las camas de refilón en su huida al baño y logra llegar al primer inodoro antes de caer de rodillas, justo a tiempo para que un enorme eructo le haga abrir la boca y salga el vómito.
Vomita hasta que sus arcadas lastiman sus costillas, hasta que el aroma amargo del vómito se le pega a la pijama húmeda de sudor.
Baja la cadena del váter y mira con desagrado el resto de su cena bajar. No tiene la fuerza para levantarse del suelo del baño para ir a la cama, todo le tiembla y el frío del suelo se siente reconfortante contra su piel caliente y húmeda. Así que se queda allí, tirado frente al inodoro, con las piernas estiradas y desparramadas, con la cabeza presionada contra una de las mamparas que separa un cubículo de otro.
Los recuerdos de su sueño lo atormentan de inmediato. Tom puede sentir en la piel sobre su estómago la hoja afilada del puñal de ÉL, clavado hasta sus entrañas, latiendo dentro de él como una maldición cruciatus. Los gritos en su cabeza se escuchan abrumadoramente altos en el silencio del oscuro baño, las risas de Morfín, de Ella y aquel monstruo, todos rodeándolo mientras se retuerce en el suelo, mientras ÉL retuerce el cuchillo en su interior y lo hace gritar, convulsionarse y suplicar. Lo último que ven los ojos de Tom antes de morir es la figura delgada y desgarbada de Ella inclinarse sobre su cuerpo despedazado para susurrar junto a su oído: si no eres mío, no serás de ellos tampoco.
De nuevo tiene ganas de vomitar pero cuando se inclina sobre el inodoro nada sale de su boca, por más que su cuerpo se convulsiona.
Solo cuando las ventanas con vista al lago comienzan a aclarar las paredes de piedra tallada del baño, Tom se mete en la ducha para darse un baño de agua helada.
—¿Qué le pasa a tus amiguitas? Acaso todas están enamoradas de ti? —Marissa se queja mientras mira con malhumor a la mesa de sus amigas, a su espalda—. ¿Por qué te miran tanto?
Tom suspira con desgana y no se molesta en mirar detrás de él.
—Creen que estoy enfermo, de nuevo.
Su prima le ve, paseando sus ojos celeste de arriba a abajo.
—Bueno, si luces bastante mal. ¿Sigues teniendo pesadillas?
Tom solo le da una mirada, tratando de transmitir lo miserable, cansado y harto que se siente.
—Eso es una mierda.
—Lo es. Haz tus deberes, rápido. Tengo que enviarle las correcciones de su tarea a Syl y luego hacer un trabajo sobre runas primitivas del continente americano.
Marissa hace una mueca.
—En serio no te envidio.
—Podría decirte lo mismo.
Su prima le rueda los ojos pero no dice nada más.
—¿Qué harás este verano? —Marissa habla sin levantar su mirada de su pergamino, incluso su mano sigue moviéndose y escribiendo su ensayo de la poción
—Aun no lo sé. —Harry seguía sin escribir y él estaba demasiado nervioso por su pesadilla para lidiar con su amigo enojado queriendo interrogarlo.
—Yo digo que hagas una poción para congelarla por el verano y descongelarla un día antes de ir a Hogwarts.
Tom la mira con el ceño fruncido.
—Es ilegal darle un filtro de muertos en vida.
—¿Y qué? No creo que Becca diga algo y a nadie más le interesa ella como para preguntar.
—Lo tendré en cuenta. Ahora haz tu tarea.
—Tienes que admitir que es una buena idea —dijo, levantando la mirada y apuntándolo con su pluma.
Tom se concentra en la letra desprolija y casi ilegible de Syl mientras tacha con su pluma los errores y escribe en las orillas sus correcciones. Marissa no dice nada más.
Hey, cómo estás? Lamento haberme enojado contigo por desaparecer. No quiero pelear, te extraño mucho y aun quedan meses para el verano.
Harry aparece el jueves como un patronus brillante e incandescente. Tom ha usado dos veces más el orbe con su energía y teme el día en que se acabe, la calma embotellada de Harry le ha salvado de tener un ataque de pánico en su habitación y despertar a sus compañeros. Tom definitivamente no quiere a esos idiotas siendo conscientes de lo mal que lo está pasando por las noches, no puede lidiar con bravucones, ya tiene demasiado.
Hey, también lo siento. Te extrañé.
Y es cierto, Tom lo extraña, extraña pasar el día sin preocupaciones, solo riendo por todo lo que Harry dice y hace o abrazarse a su cuerpo cálido al dormir. Su presencia le sirve de excusa para evitar dormir, Tom ya no se siente cómodo detrás de las cortinas esmeralda, ni con todas las runas de protección que ha tallado al inicio del semestre. Es como dormir sobre un saco de patatas, solo que el saco está en su mente y no en el colchón.
¿Cómo va Hogwarts?
Enloquecedor, elegir tres optativas está matándome. Marissa y Syl se encargan de aniquilar la poca energía que me queda.
No me arrepiento ni un poco de mis electivas.
Debiste tomar runas, es una buena herramienta para un zoomago.
Ugh, ni hablar. Ya es un espanto tener que tomar pociones cuando tu madre es maestra pocionista, siempre está enviandome revistas para principiantes e insistiendo en que no puedo reprobar siendo su hijo. Por Merlín Tom! No podrías reprobar una sola vez para que mamá no me de la lata?
Te quiero Potter, pero no lo suficiente para reprobar. Además… Snape me colgaría de las orejas si repruebo.
¿Cómo vas con tus lecciones?
Bastante bien, sigue siendo un sádico que piensa que puedo estar despierto veinticuatro horas y con la misma capacidad cerebral.
¿No es demasiado? Apenas es tu segundo año de aprendiz. Se considera segundo año?
Tengo un escalograma diversificado, gracias a mis lecciones siendo un niño. Y sí, es mi segundo año.
Gracias a mamá Snape te tortura, es verdaderamente injusto.
Tom sonríe un poco al imaginar un puchero en el rostro de su amigo.
No es tan espantoso, me gusta aprender.
Eso es obvio, tu y Hermione son como robots.
Listos y guapos, querrás decir.
Cuidado con ese ego Riddle, te caerás justo sobre tu nariz.
Se echa a reír.
Te extraño.
Lo escribe sin pensarlo demasiado, es solo algo que grita desde su pecho, su cuerpo duele ante la necesidad de un abrazo, de uno que solo Harry puede darle.
Yo también te extraño, mucho, desearía que pudieras venir.
No puedo usar mis salidas a Hogsmeade para visitarte, me expulsarían si me descubren.
Podrías decirle a ese elfo doméstico que enviaste en San Valentín…
¿El elfo empleado de Hogwarts? ¿El mismo que es mejor amigo del director y que viste calcetines que le regala Dumbledore en las orejas? No creo que salga bien.
Eres terrible para idear planes macabros.
Difícilmente escaparse del colegio es un plan macabro.
Pobrecito, eres tan inocente…
Idiota.
Tom sonríe.
Te enviaré el diario pronto, me he retrasado un poco, lo siento.
Tranquilo, de igual forma no he tenido tiempo para investigar.
La escuela cada día es peor. Muriel lloró en transformaciones porque no logró convertir su rata en una copa de madera.
Mi caja de madera tenía pelo de mi ratón.
Bueno, quizá si le digo que mi inteligente y perfecto mejor amigo también tuvo problemas en transfiguración se quede más tranquila.
No olvides añadir que soy guapo y el mejor.
Como si ella no te tuviera en un pedestal… A veces creo que le gustas, si no estuviera obsesionada con Austin Catchpole.
Tom hace una mueca.
Sin ofender a tu amiga pero no es mi tipo.
¿Tienes un tipo?
No soy una planta Harry, claro que tengo.
Sus orejas se calientan.
No estoy burlandome tonto, solo que nunca me habías contado que tenías un tipo.
¿Tú tienes uno?
Obviamente.
La respuesta le revuelve el estómago.
¿Cuál es?
¿Qué? Vas a encontrarme pareja? ¿Quieres saber si hago match con cierta Weasley?
Te arrojaría al calamar gigante del lago si alguna vez sientes interés por ella.
«O por cualquiera que no sea yo». El pensamiento le hace fruncir el ceño, sus manos se humedecen en segundos con un sudor caliente, todo su cuerpo sube unos cuantos grados de temperatura.
Me gustan listos, divertidos, atléticos y que les guste la aventura. ¿Tú qué?
Tom no puede evitar sonrojarse, cada palabra se tacha en su cabeza como una lista de compra. Él es todo eso, quizá no atlético, odia los deportes y el contacto innecesario que se requiere para practicarlos, pero cada palabra calza con él como un zapato a medida.
No lo sé. Creo que no quiero a alguien que sea un idiota total que no pueda seguirme el ritmo, alguien que no sea cruel y aburrido.
Hay mucho más que podría decir, pero mientras más lo piensa todo lo que puede enumerar es un rasgo de su mejor amigo. Tom solo puede pensar en su risa, en la calidez de sus abrazos, en lo dulce que es, en lo bueno que ha sido con él siempre, en como todo lo que dice le hace reír y sonreír, en lo mucho que le encanta su pésimo gusto al vestirse y su interés obsesivo con las criaturas mágicas… Siente ganas de vomitar de nuevo. Esta vez no se trata de las personas a las que más detesta haciéndolo sentir miserable, es todo lo contrario.
Puede que le guste Harry, como algo más que un amigo.
Eso es algo que solo Tom Riddle podría decir.
No, él podría decir mucho más pero está tan confundido por la antorcha que se ha encendido en su corazón que no puede pensar en una respuesta ligera que lo saque de su terremoto emocional.
Ya debo irme a dormir, mañana tengo astronomía y debo dormir bien.
Disfruta tus estrellas.
Y tú trata de no quedarte calvo. No vuelvas a desaparecer o voy a llegar en un abraxan a darte una paliza.
Si llegas a verme en un abraxan te convertirás en el amor platónico de todas las mujeres de Hogwarts.
Puedes decirles mis gustos para que no se ilusionen.
Tom se echa a reír.
Eres un idiota, buenas noches.
Soy genial, buenas noches. Te quiero.
Yo también te quiero.
—¡Hola campeón! ¿Cómo va todo?
Además de sus deberes, lidiar con sus primos y actuar normal frente a sus amigas, debe centrar todas sus fuerzas en tranquilizar al tío James durante sus llamadas.
Ni hablar de la tía Lily.
—Hola tío James, el tercer año está acabando conmigo, pero sobreviviré.
Desde el espejo su tío sonríe.
—Cuarto año es más sencillo, disfrútalo, luego tendrás tus timos y enloquecerás de verdad.
—Eso debería tranquilizarme?
—No realmente. —Se echa a reír.
Tom tiene suerte de que nadie le haya informado a sus tíos sobre la anemia, sabe que a su madre sí porque le ha enviado decenas de cartas desde entonces pero Tom ha quemado cada una de ellas.
—¿Cómo está la tía Lily?
—Cansada, la viruela de dragón la ha golpeado con fuerza, tanto tiempo en cama la ha dejado algo débil. Pero está fuera de peligro.
Tom asiente.
—Y tú qué? ¿Qué tal Hogsmeade? ¿Lo has disfrutado?
—Mucho, gracias por enviarme dinero pero no es necesario.
—¿Bromeas? El mejor placer de visitar Hogsmeade es comprar todos los dulces que puedas pagar. Además de tomar cerveza de mantequilla.
Tom hace una mueca con la nariz.
—No me gusta la cerveza de mantequilla.
El tío James se lleva la mano al pecho como si le doliera y cierra los ojos.
—No puede ser…
—Lo siento, pero es la verdad, no es taaaan delicioso como todos dicen.
Tal parece que le ha roto el corazón a su tío con sus palabras.
—No sigas… Por favor, vas a acabar con el corazón de este viejo.
Tom se echa a reír.
—Oye, tu próxima visita es en dos semanas, ¿no?
Tom asiente.
—Te gustaría si te visitara? Tengo un tiempo libre.
Su boca se seca y su saliva se espesa.
—Eso… Sería genial.
¡No, no maldición! No ha dormido bien en dos semanas, dos terribles semanas, el orbe de Harry está a punto de acabarse, solo le queda un uso más y Tom cada noche se convence de que puede tener un sueño aun peor, tan aterrador que sea necesario usarlo. Eso lo mantiene cuerdo, soportando hasta que los pocos rayos de sol logran penetrar el agua del lago negro e iluminar un poco la habitación, dormitando en uno de los sofás cerca de la chimenea de la sala común, hasta que es hora de ir a ducharse y quitarse el sudor de encima.
Ha aprendido a usar un glamour para ocultar su aspecto cansado con destreza, a la perfección. Para huir de las preguntas angustiadas de los profesores y de sus amigas.
—Bien, nos vemos entonces hijo.
—Vale, está bien. Nos vemos.
Su sonrisa desaparece apenas la llamada se corta. Por un segundo Tom desea estampar el espejo contra la pared detrás de su cama pero eso solo le traería más problemas y arrepentimiento instantáneo. Ya lo está pasando terriblemente mal en su esfuerzo por mantener el ritmo en todas sus asignaturas, cumplir con la agenda de aprendiz, corregir las tareas de Syl… Maldición, debe preparar una nueva tanda de la poción que su primo ha estado tomando, enseñarle a Marissa y aparentar normalidad con sus amigas.
Si la falta de sueño y pesadillas no acaban con él , lo hará lo demás.
Una nueva pesadilla lo despierta en la madrugada con el corazón latiendo dolorosamente, al punto de que respirar solo lo empeora y Tom batalla por lo que parece ser una eternidad contra su cuerpo para lograr inhalar el aire y dejar de sentirse al borde de la muerte. El aire trae consigo volutas de polvo que se adhieren a su garganta y lo poco que ha podido llevar a sus pulmones sale con una tos desesperada que despedaza su garganta y hace que lágrimas broten por su garganta ante la desesperación de no poder respirar y la picazón ardiente.
La bilis se acumula y asciende por su garganta destrozada, sin importarle la batalla que está librando contra su cuerpo. No, se precipita sin ningún interés, obligándolo a doblarse sobre su estómago, apartar las cortinas de su cama y largar el ardiente y apestoso líquido que sale de él con arcadas violentas que se sienten como puñetazos.
Tom llora cuando finalmente el vómito deja de salir y puede aspirar una bocanada de aire que se siente como surgir a la superficie tras casi ahogarse en el lago negro. Tiene el cuello de su pijama húmedo de vómito y saliva y su cortina también se ha embarrado un poco. La habitación está en una penumbra escalofriante que lo obliga a encender su lámpara de serpiente que ilumina todo con un brillo verduzco fantasmal, pero el suficiente como para ver sus manos, sus piernas enrolladas entre las sábanas, las manchas de su desastre en el suelo y unos ojos mirándolo del otro lado de la habitación.
Se estremece y retrocede asustado ante los ojos, le toma unos segundos a su mente comprender que no es su madre oculta tras las sombras, ni ninguno de los monstruos de sus pesadillas. No, se trata de Blaise Zabini, el chico Francés y amigo de Malfoy. Sus ojos claros lo miran con atención largo rato antes de que su cuerpo vuelva a recostarse y sus cortinas se cierren.
Toda su debilidad se marcha de un plumazo, como si un chorro de adrenalina lo hubiera empapado. Tom toma su varita debajo de su almohada y apunta al piso, odia que su mano izquierda tiemble como una hojita al viento cuando su mente se encuentra en otro lugar, como detrás de una pared que le impide sentir nada.
—Tergeo —murmura y el vómito del suelo desaparece. Vuelve a repetir el hechizo con sus cortinas y ropa. Su cuerpo se siente limpio, de una forma extrañamente fresca y desagradable de la que no puede desprenderse a menos que se dé un baño.
Tom renuncia a dormir y va directo a las duchas, sus ojos se desvían de nuevo a la cama de Zabini, pero no hay nada que ver más que cortinas.
Pasa las tres horas que le restan en la sala común, acurrucado en un sofá y abrazado al pingüino de peluche que irradia la energía de Harry tenuemente. Tom no lo sabe con seguridad, pero la energía de Harry se ha vuelto más débil mientras más se aferra al peluche. Su cuerpo no para de temblar, aun cuando se ha bañado con agua caliente y ha encendido el fuego de la chimenea frente a su sofá. Ni siquiera entonces se atreve a usar lo que le queda a la bola de energía.
Así que se queda allí, bajo las sombras que emite el fuego en las paredes, repitiendo una y otra vez su pesadilla.
Puede ver los ojos verdes de Harry verlo con odio y asco, rechazando su abrazo y diciéndole cosas tan dolorosas que Tom no puede evitar llorar abrazado a Little Harry.
—Estoy harto de ti, todo contigo siempre es un problema. ¡Pobre Tom! ¿Qué le pasa ahora a Tom? Ahora quién ha querido matar a Tom? —Se burla—. ¡Estoy harto de aguantarte! ¿Por qué no nos haces un favor a todos y te vas con ella de una vez?
Todo a su alrededor es negro, una inmensa habitación desprovista de luz.
Tom no puede entender qué está pasando, no sabe cómo ha llegado allí ni qué hace con Harry en ese lugar.
Su madre aparece a su espalda, riéndose como loca y abrazándose a su torso como una víbora. Tom se sacude para deshacerse de ella pero ella es fuerte y se ciñe a él como una segunda piel.
—Harry por favor, perdóname! Prometo que no volveré a molestarte, seré mejor, nunca tendrás que volver a preocuparte por ella…
Su amigo bufa y se cruza de brazos, rueda los ojos y luego los dirige a él, pero Tom no puede encontrar calidez en ellos, solo odio.
—¿No lo entiendes Riddle? Nunca me has importado! He tenido que fingir por años que te quería por órdenes de mis padres. Mi papá necesitaba un ascenso para cambiarse a las oficinas de aurores de Francia y ayudar a un pobre y asqueroso huérfano como tú sería la pieza perfecta para sumar puntos. Ellos solo fingen quererte para mantener las apariencias pero yo estoy cansado, ya estoy lejos de ti y nadie te necesita. No deseo seguir fingiendo y soportando a un estúpido llorón con vida trágica. No es mi maldito problema.
Tom se queda estupefacto, sus palabras se le clavan como un puñal en el corazón y hacen que una cascada de lágrimas emerja de sus ojos.
—¡Te lo dije! ¡Te lo dije! —Su madre gruñe en su oído mientras lo aprieta aun más.
—Vete con ella y déjame en paz. —Le ordena con rabia, mientras da unos pasos atrás para alejarse de él.
—¡No, No! Harry por favor! Harry no te vayas!
—Dejalo, te lo dije, él no te ama, ninguno de ellos te ama como yo.
Tom ve a Harry sonreír con gusto al ver como no puede deshacerse de los brazos de su madre, que lo aprietan y halan de él hacia ella, como las patas de una araña.
—Ni siquiera ella te ama, nadie podría amarte porque eres un monstruo antinatural, no deberías existir, deberías hacerle un favor a todos y desaparecer. —Tom Riddle, quién apareció mágicamente a un lado de Harry, habló.
La risa de Harry le rompió el corazón, más que ver a su padre verle con repulsión y decirle aquellas cosas horribles. No, ver a Harry satisfecho, feliz de verlo miserable fue el doble de doloroso.
—Para ella solo eres un reemplazo, un muñeco que le recuerda a mi pero demasiado lejos para satisfacerla. Tú lo sabes, solo te mantiene cerca porque me ama a mi.
—Puaj, qué asqueroso. Por eso querías quedarte con ella Tom? ¿Querías ser el reemplazo de ese tipo? Eres un asqueroso, un enfermo! Me da asco haber compartido mi cama contigo! —Harry arruga el rostro con asco al verlo.
—¡No! Harry eso no es verdad! —chilla desesperado, forcejea contra los brazos de su madre, que se han multiplicado y se ven peludos y le aterran al punto de gritar de pavor.
—Mejor me voy, no quiero estar ni un minuto más cerca de ustedes. Son asquerosos.
Harry se da la vuelta con una facilidad que le aterra. Es como ver su única salida y escapatoria desaparecer, como una puerta cerrándose o una vela apagarse en medio de una negrura infinita.
—Harry! Harry! ¡Por favor! ¡No me dejes aquí! ¡No me dejes con ella! Harry por favor! Seré bueno, prometo que nunca volveré a hablar de ella, haré lo que quieras!
Harry no deja de caminar, cada vez su figura pierde nitidez.
—Harry! Te amo! ¡Por favor!
Harry se paraliza pero no se da la vuelta por más que Tom grita y ruega en su interior a que lo perdone.
—Yo no te amo. —Las palabras suenan claras y duras, a pesar de la distancia entre ellos.
Tom termina de romperse y chilla con desesperación cuando Harry sigue caminando. Las patas de araña de su madre lo aprietan tanto que se le clavan en la piel, no puede entender los gritos que lanza directo a su oreja, Tom no quiere ni verla detrás de él. No puede dejar de ver como su última esperanza se aleja mientras su cuerpo lucha por desprenderse del agarre mortal de su madre, no le importa que con cada retorcijón las patas se le claven como estacas en el cuerpo. Prefiere morir despedazado a quedarse con ella, a estar sin Harry, a vivir sabiendo que Harry lo ha abandonado.
Tom se estremece y aleja el recuerdo como puede, abrazándose a Little Harry como si su vida dependiera de ello.
—Harry nunca me haría eso, Harry nunca haría eso… Harry me quiere… —Lo repite una y otra vez como un mantra, aferrado al peluche y temblando mientras sus lágrimas continúan cayendo.
Cuando el primer rayo de sol aparece reflejado en las ventanas Tom se pone de pie, se limpia las lágrimas y se arroja un hechizo de glamour al rostro, encoge de tamaño a su pingüino y lo mete en el bolsillo de su túnica. Se dirige al comedor con la esperanza de que el desayuno ya esté disponible.
—Estás muy callado.
Marissa lo increpa tras unos minutos de silencio.
Tom desearía que la relación entre ellos no le diera la confianza para interrogarlo o el conocimiento de que definitivamente algo está mal con él.
—Se supone que debo estarlo para que hagas tus deberes.
Su prima levanta una ceja.
—Te ves terrible.
No puede evitar fruncir el ceño. Se ha visto en un espejo cada mañana para comprobar su hechizo de glamour y se encarga de refrescarlo durante el día al menos cuatro veces.
—Me veo bien.
—Físicamente, pero vas por ahí como un pobre diablo. —Marissa señala sus ojos con inteligencia—. Se te nota. ¿Sigues sin poder dormir?
Asiente porque… ¿Qué más puede hacer? Marissa conoce toda la historia, no tiene sentido mentirle.
—¿Ya sabes qué harás durante el verano?
La idea de volver le revuelve el estómago, Tom no desea vomitar, sabe que eso no es bueno para su anemia y sabe que debería decirle a Snape que apenas y puede mantener el desayuno y la cena en su estómago.
—Debo volver.
Los ojos de Marissa brillan con malicia, su prima se reclina sobre su asiento, cruza sus brazos y ladea la cabeza como un gánster.
—Dijiste que harías que se arrepintiera, aun estás dispuesto?
Tom no quiere mirarla, la imagen de su madre se ha tergiversado en sus sueños. A veces como una araña humanoide, otras como una banshee, otras como un inferi… Le aterra. Pero si busca en su interior puede encontrar aun la llama encendida de la ira, hirviendo con la misma intensidad.
—Sí, creo que sí.
—Bien, pues eso haremos. Puedes dormir en mi casa, si quieres.
Tom hace una mueca.
—Creo que iré con Becca.
Marissa le sonríe con burla.
—Asustado, Tom?
—No me hagas ser un idiota.
Su prima rueda los ojos.
—Bien. ¿Qué haremos primero?
Tom lo piensa pero no llega nada, descubre que solo pensar en ella hace que sus entrañas duelan.
—Aun no lo sé.
Marissa suspira y le mira con tristeza.
—¿Quieres que te diga lo que pienso?
—No.
—No estás lo suficientemente molesto, estás muy cerca de tu límite pero aun no has llegado a él.
No. No era eso. Tom había llegado a su límite ese día, pero cuando se cortó el cuello todo se había ido a la mierda. Su miedo era inversamente proporcional a su ira.
—Puede ser. No lo sé.
—Permaneceré en contacto, tu solo escribeme y podemos ir a cualquier lugar fuera de tu casa.
Tom no puede evitar sonreír, le sorprende lo comprensiva y atenta que Marissa puede ser, es un cambio tan drástico que le enternece el corazón. Está tan agradecido de tenerla en Hogwarts, de poder destapar su olla de presión al menos por un par de horas.
—Gracias Mar.
Su prima le guiña el ojo.
Tom se ha acostumbrado muy rápido a pasar las madrugadas en la sala común, a veces baja a las dos de la mañana, otras veces duerme hasta las cuatro y no debe estar en la oscuridad durante tanto tiempo. Le agrada, por primera vez desde su selección a la casa Slytherin puede disfrutar de su sala común y familiarizarse con ella. Sin el resto de los estudiantes Tom la encuentra preciosa, altiva y encantadora, con muebles extremadamente cómodos y unas cinco chimeneas que se mantienen encendidas la mayor parte del día porque al estar bajo el lago negro siempre hace frío.
Little Harry le hace compañía como un perro fiel, Tom sabe que debe verse ridículo abrazado a la pequeña y tierna cosa pero no le importa mientras la esencia de Harry le calme el acelerado corazón luego de sus pesadillas.
Otra cosa nueva en su vida es hacer los deberes durante la madrugada, tarda mucho más en concentrarse y entender, pero logra adelantar lo suficiente y también distraerse del miedo. Le ayuda a tener más tiempo en el día y mantener el ritmo en sus clases, termina tan agotado que incluso si no quiere cerrar los ojos por la noche su cuerpo le obliga a hacerlo.
Es un círculo vicioso en el que él mismo participa en su tortura.
Asiste a sus clases como un robot, contesta preguntas y sonríe con encanto, justo como en sus días en Wools, en donde una sonrisa encantadora podía hacer que los adultos que visitaban para llevarse a los más chicos le regalaran monedas por lástima. Tom se aferra a su máscara como si su vida dependiera de ello y realmente lo hace, necesita la calma, necesita el control, necesita la rutina para no volverse loco, no puede soportar más cambios bruscos.
Incluso con sus esfuerzos, Tom puede ver como cada día se resquebraja, como sus mentiras pierden fuerza y ojos curiosos comienzan a seguirlo durante clase. El primero en interrogarlo es McGonagall, cuando sigue teniendo problemas con su estúpida rata, por más que lo intenta no puede hacer una caja perfecta, ahora de cristal, es algo tan frustrante, tan ilógico, Tom sabe que puede hacerlo, demonios ha realizado transfiguraciones parciales en humanos a la perfección y ahora no puede transformar una maldita rata en una caja de cristal.
—Señor Riddle… ¿Puede quedarse un momento? —McGonagall lo frena en su tarea de recoger sus cosas, algunos estudiantes de ravenclaw lo miran de reojo antes de salir, ninguno está particularmente interesado en él.
Mientras Tom mete con orden y calma su pergamino, su bote de tinta y pluma en su bolsa, siente que agujas diminutas se clavan en su piel, inyectandole un líquido que es helado y cálido a la vez.
—He notado que has desmejorado un poco en clase, es decir… Eres mi mejor alumno de tercero, incluso podría decir que estás a la altura de estudiantes de sexto y me sorprende que tengas problemas con una transfiguración que… Bueno, debido a tus habilidades, pensé que se te haría sencillo.
Tom la mira a los ojos, se ven jóvenes, con una chispa de furia, rectitud y astucia, pero rodeados por arrugas y cejas fruncidas con preocupación. McGonagall se ha acercado a su mesa hasta estar lo suficientemente cerca como para que Tom pueda detallar las canas en su cabello.
—He hablado con Severus y con algunos de tus profesores y todos han notado que hay un deceso en tu rendimiento.
Tom aprieta los puños a los costados de su cuerpo y se concentra en respirar para no entrar en pánico, para no explotar ante la sensación de sentirse vulnerado, invadido y acosado.
La mujer le mira como si esperara una respuesta de él.
—Estoy bien, solo tengo muchos pendientes, el tercer año es más exigente.
—Eso lo sé, pero no tuviste ningún problema hasta después de pascua.
Su cuerpo se estremece de miedo y Tom debe esforzarse para no demostrar su temor, para que los músculos de su rostro no se contorneen sin su permiso y muestren todo lo que debe ocultar.
McGonagall suspira y le ve como si estuviera decepcionada.
—Snape me ha dicho que tienes anemia y que la enfermera ha pedido que redujera su exigencia contigo.
Malditos sean los adultos metiches y el imbécil de Snape, le agradaba más cuando hacía la vista gorda.
—Si tienes algún problema Tom puedes venir a mi oficina y conversarlo, si?
Tom frunce el ceño como si no entendiera su preocupación.
—Solo estoy cansado profesora, soy aprendiz de pocionista, veo ocho asignaturas, soy tutor de una estudiante de segundo año, ayudo a mi primo con sus tareas a través de correspondencia y además trato de mantener una vida social. Solo estoy cansado, como cualquiera lo estaría.
La jefa de Gryffindor le mira con una ceja alzada.
—¿Haces todo eso?
—También tengo un proyecto de investigación a distancia con un amigo. —Tom asiente.
McGonagall suspira.
—De acuerdo, solo no te exijas demasiado Tom, eres un chico brillante pero el descanso es importante como ya puedes notar. —Tom asiente como un idiota—. Bien, de igual forma no te preocupes tanto por tus notas, ser tutor y aprendiz te da créditos extra en cualquier asignatura en la que lo necesites.
—Lo sé. —Asiente.
La profesora finalmente se relaja, Tom ve como sus hombros descienden, escucha el aliento retenido en su pecho salir y las arrugas de su rostro suavizarse. Sus ojos ya no lo ven como una presa y eso le tranquiliza.
—Bien, ve a tu próxima clase. Pero si tienes problemas siempre puedes acudir a mí o con cualquier profesor que te inspire confianza.
Tom sonríe como si sus palabras le divirtieran.
—Puedo ir a verla si tengo un montón de tarea y deseo que me ayude? —bromea.
McGonagall sonríe. Los adultos son tan tontos y confiados.
—Podría darte un poco de orientación.
Tom hace una mueca.
—Entonces creo que estaré bien.
En cuanto sale del aula rumbo a encantamientos, su sonrisa se borra y un sudor frío le baja por la espalda, el corazón se le acelera como si estuviera corriendo un maratón y su visión del pasillo se nubla. Tom no se permite recargarse de las paredes de piedra, camina sin rumbo, tratando de mantenerse estable y en equilibrio, no quiere que nadie vea como sus piernas tiemblan.
Llega tarde a encantamientos y Flitwick le pide que se quede al final de la clase, con el mismo discurso estúpido que McGonagall y todo lo que Tom puede escuchar en su cabeza son cosas que le hieren.
«Eres inutil, eres débil, ya ni siquiera sabes comportarte a la altura, eres un maldito llorón, un cobarde. Todos se han dado cuenta de lo que te pasó, todos notan que algo está mal contigo». Tom no puede golpear su cabeza para que el ruido se detenga. No frente a Flitwick.
—Debo admitir que es preocupante señor Riddle, su rendimiento ha disminuido en todas sus asignaturas y su salud se ha visto afectada. Me parece que debería priorizar más su descanso, no es sano que un joven se exija tanto, usted y la señorita Granger son estudiantes brillantes, pero demasiado dedicados, ¡no es que esté mal! ¡Por supuesto que no! —Flitwick balbucea y gesticula con las manos. A Tom le duele el cuello por mirar hacia abajo por lo que le parece una eternidad.
«Eres patético, a este paso todo el mundo va a enterarse, no sirves ni para guardar un maldito secreto…». Odia la maldita voz en su cabeza, odia que sea él quién habla, siempre es él y le duele, le duele como él mismo puede ser tan cruel.
«¡Cállate! ¡Cállate ya, maldita sea! Vas a volverme loco».
Pelea consigo mismo, todo mientras su pequeño profesor sigue parloteando sobre la importancia del descanso para el núcleo mágico.
«Loco? Ja! Con la madre que tienes no sería una sorpresa».
«Vete a la mierda».
—¿Señor Riddle? —La voz de Flitwick lo saca de su discusión silenciosa—Vaya a descansar, se nota que hace mucho que dejó de prestarme atención. —Para su fortuna no hay rastro de molestia en su rostro, solo preocupación.
Genial.
—Yo… Ya hablé con McGonagall sobre esto, le aseguro que estoy bien profesor, solo estoy cansado.
El hombre asiente.
—No debe ser sencillo, quedé bastante sorprendido al enterarme que serías el pupilo de Snape. El más joven en su historia, es un honor. —Flitwick le sonríe y palmea el hombro. —No quiero que te preocupes Tom, tus calificaciones siguen siendo excepcionales solo… Bueno, se nota un esfuerzo menor en tus trabajos y en clase ya no intervienes tanto.
Claro que no, Tom guardaba fuerzas para aritmancia y runas, incluso para defensa y transfiguraciones, encantamientos era sencillo, igual que herbología y pociones. Prefería soñar con los ojos abiertos y pincharse los dedos con su pluma para no caer dormido sobre la mesa de su escritorio.
—Solo quiero que sepas que esto no es un regaño, solo estamos preocupados de que la carga académica de este año sea demasiado para ti.
—Solo debo adaptarme, pero estaré bien.
Su profesor suspira y asiente. Merlín, ¿cuánto tiempo más tendrá que estar allí? Es su última asignatura del día y Tom está mortalmente cansado.
—Bien, marchese entonces y vaya a dormir.
Tom sonríe, está llevando al límite sus sonrisas hipócritas en un día.
—Lo haré.
Pero no es así, llega a su habitación, se da un baño aprovechando que sus compañeros están en la sala común y se encierra detrás de las cortinas de su cama con todos sus hechizos protectores puestos. Tom sospecha que grita en sueños, es bastante probable y no quiere repetir el episodio con Zabini.
Toma el libro que Susan le regaló, el retrato de Dorian Gray y se sumerge a leer. Mientras más se adentra sus mejillas más se calientan, su cuerpo se retuerce de incomodidad algunas veces y de un sentimiento de comprensión, se siente como el retrato corroído de Gray, manchado por el dolor, los secretos, el miedo y el odio que le carcome, condenado a estar escondido para verse perfecto ante los demás, para ser feliz, para mantener un mundo en el que trata de encajar con desesperación. A veces el pensamiento es tan abrumador que su mente se aísla de la historia y solo es él y sus emociones a punto de desbordarse, y cuando las lágrimas salen y se secan, finalmente se queda dormido con todo el cuerpo tenso y dolorido, aterrado de la próxima pesadilla que tendrá.
Harry mira el anillo en su dedo, la roca en el centro brilla de un aterrador tono negro, como un carbón. Ha estado así por días, incluso semanas, desde las vacaciones de pascua.
Se ha vuelto una costumbre obsesiva observarlo, durante la comida, en clase, en sus horas libres, durante la noche… Harry se tumba sobre su costado y observa por horas el anillo mientras sus compañeros roncan y descansan. Se ha quedado despierto hasta muy tarde con la esperanza de ver el color cambiar, al dormir Tom la piedra solía verse azúl o verde, reflejando la calma y relajación de Tom. Hace mucho que no ha visto otro color que no sea negro. Siempre es negro, a toda hora, algunas veces es de un rojo intenso y brillante que indica que está mortalmente enojado.
No lo entiende, pero no le importa entenderlo, le preocupa. Desea meterse en una chimenea y viajar a Hogwarts, incluso si eso hace que lo expulsen, Tom está mal y detesta que su padre no le cuente la verdad, que se haga el estúpido con él.
Tom ha vuelto a desaparecer, el diario ha estado frío contra su pecho por días, no hay nada nuevo que decir. Le enoja, le preocupa, quiere ir y darle una bofetada y exigirle la verdad. Quiere verlo, quiere abrazarlo, decirle que lo ama, que no está solo. Pero hay una distancia entre ellos que no es solo espacial, Tom se ha alejado de él y le duele en partes que no puede señalar, no entiende por qué le oculta cosas, no sabe en qué momento todo se complicó.
—¿Qué haremos en Hogsmeade? —Sue lo arrastra del brazo por los jardines como si fuera un muñeco de trapo, balanceando su cuerpo como una borracha.
—¡Ir a las tres escobas! Eso es obvio. —Hannah de inmediato le responde.
Ella y Mione caminan más calmadas, a un lado de ellos, pateando guijarros con sus zapatos hacia el lago negro, jugando a ver cual de ellos logra tocar el agua.
—Yo veré a mi tío —dice mientras se sacude del brazo de Sue y reemplaza el suyo por el de Hannah. Su amiga rubia le sonríe con diversión y se une a su amiga en un caminar chistoso y descoordinado. Tom no entiende cómo eso puede ser divertido.
—¿Toda la visita? —Mione entrecruza su brazo con el suyo y Tom está aliviado de que su andar sea normal.
—No lo sé.
Hermione se ve algo triste ante la idea.
—Pensé que podíamos ir a la biblioteca de Hogsmeade.
Sue se bufa exageradamente.
—Hermione! Es una salida a Hogsmeade, es diversión! —Sue adopta una expresión de sufrimiento bastante exagerada—. Además… ¿Hay algún libro que no hayas visto ya?
Mione se sonroja y baja la mirada a sus pies.
—Los libros son divertidos. —La defiende—. Y el señor Gregorium siempre está comprando nuevos libros.
Susan entrecierra los ojos, como si no pudiera creer lo que dice Hermione o como si no quisiera escucharlo a él.
—Sí, los libros son divertidos… Los que no son académicos.
Hermione levanta el rostro con las cejas fruncidas.
—Los libros que poseen verdadero conocimiento son interesantísimos y muy importantes para la historia y cultura mágica!
—Si, pero son tarea, son aburridos —refuta Sue.
Hannah pone los ojos en blanco mientras lo mira.
—Chicas… No vamos a discutir sobre libros. —Gracias a Merlín, intercede para evitar la tercera guerra mágica entre las chicas.
—Podemos ir a la biblioteca y luego a las tres escobas —propone.
—Y a honeydukes —añade Sue.
Tom asiente.
—Bien, parece que ya tenemos un plan. —Hannah se ve contenta.
Realmente no puede entender su entusiasmo por ir a Hogsmeade, es un pueblo pequeño que puede recorrerse en un día y cuyos lugares emblemáticos visitaron la primera vez que pudieron ir.
—Pero Tom estará con su tío. —Mione frunce el ceño—. Quisiera que mis padres pudieran venir a visitarme de vez en cuando, pero no sabrían cómo llegar. Mamá aun no entiende cómo se supone que funciona la red flu.
—Es muy dulce que venga a verte, le has dicho que te sientes mal y vendrá desde Francia? —Hannah lo dice con un tono relajado que hace que todo su cuerpo se tense.
—No me siento mal, ya no estoy resfriado.
Sus amigas se quedan calladas y comparten una mirada que lo hace sentir juzgado.
—Bueno… No queríamos presionarte porque has estado un poco distante y siempre reaccionas mal cuando tocamos el tema… Pero hemos notado que estás distinto —dice Mione, reflexionando al hablar, eligiendo las mejores palabras entre pausas y apretando sin estar consciente el agarre a su brazo.
Es como ser una hormiga bajo una lupa.
—Estás triste. —Sue es más tajante, como siempre—. Desde las vacaciones de pascua has estado raro, cuando llegamos a Hogwarts nos evitaste adrede y desde entonces estás… Parece que no estuvieras presente del todo.
Los ojos marrones de su amiga lo increpan, es como si quisiera sacarle las respuestas con una cuchara o como si pudiera leer toda la mierda que se oculta en su mente. El corazón le sube por la garganta y sus manos se empapan de un sudor frío. Su cuerpo se paraliza y Mione choca contra su pecho por accidente, emitiendo un quejido.
—¡No queremos invadir tu privacidad! —Hannah de inmediato suelta a Sue y le toma de la mano, Tom quiere apartarse, no quiere que sienta la humedad, el frío, como tiembla—. Es solo que nos preocupa y bueno… Después de que Harry escribiera pensamos que había sucedido algo. No es necesario que nos digas nada, ya sabes, solo… Si necesitas algo puedes pedirlo, somos amigos, nos apoyamos y nos cuidamos la espalda, no siempre tienes que ser el que nos cuide a todas, nosotras también podemos cuidarte.
Tom está muy cerca de vomitar, quiere que Han lo suelte, que Hermione lo suelte, detesta cómo se siente el contacto contra su cuerpo.
Sus dos amigas se apartan de inmediato con un chillido y la mirada sorprendida. Su magia las ha atacado.
—No me pasa nada, el tío James solo viene a verme porque no nos vimos en pascua.
Tom ignora su despliegue de magia accidental y usa una excusa absurda. Sus amigas vuelven a mirarse pero Hannah es la que habla después.
—De acuerdo.
—Yo… Debo volver al castillo, dejé mi libro de aritmancia en mi habitación.
No espera a que las chicas lo despidan, se marcha como un prisionero de Azkaban escapando de un dementor. Tampoco le interesa demasiado lo que puedan pensar de él las chicas, solo desea alejarse.
—Bueno… Eso salió bien. —Sue suspira y se cruza de brazos, mirando como Tom se aleja con pasos largos y apresurados, subiendo por la colina de grama directo al castillo.
—¡No debiste ser tan directa! —La regaña Han.
Sue frunce el ceño.
—Y qué se supone que dijera? Ya sabes como es Tom, siempre le da la vuelta a las cosas, había que ser directo.
—Yo estaba acercándome de una forma menos agresiva. —Hermione se une a Hannah con su ceño fruncido hacia ella, también algo irritada.
—Estabas redundando, te faltó acariciarlo como a un puffskein!
Hermione se sonrojó furiosamente.
—¿Y tú qué?! Lo arrojaste como una bomba sobre él. Hablamos de cómo abordar esto antes.
Los vellos de sus brazos se erizan con algo de miedo, sus amigas lucen como unas veelas furiosas.
—¡De acuerdo! Lo eché a perder!
Sus amigas ruedan los ojos y ambas miran con preocupación al lugar por el que Tom desapareció. Ahora solo es un punto negro cercano al castillo.
—Su magia se salió de control… —Hermione lo dice con una tristeza que puede sentir en su cuerpo.
—Su mano estaba helada y llena de sudor, estaba temblando. —Hannah se estremece y se cruza de brazos.
Hermione asiente.
—Lo sé, lo sentí.
—Y qué vamos a hacer ahora?
Sus amigas se encogen de hombros.
—No nos dirá nada, menos ahora. —Hermione se peina los rizos alocados detrás de sus orejas.
—Ni siquiera Harry lo sabe, esto debe ser malo. —Las dos voltean a verla con perplejidad—. ¿Qué? ¡Es obvio! ¿Por qué nos escribiría si no?
—¿Qué crees que pueda ser? —Mione la increpa.
—Dijo que no estaba peleado con Harry —añade Han.
—No creo que estén peleados, esto es otra cosa.
Hermione se cruza de brazos, frunce el ceño y se queda quieta mirando al lago negro por lo que parece una eternidad.
—En navidad… Su madre no estaba —dice—. Estábamos bailando y la ví en una esquina mirándonos, en cuanto se lo mencioné reaccionó como ahora, bueno… No tan mal. —Se muerde el labio inferior con una cara de concentración—. Le dije que si no quería hablar con ella y él no parecía muy feliz de verla, Harry cambió conmigo para bailar con él y hablaron un rato. Luego de eso Harry nos ofreció jugar al snap explosivo y él desapareció, ¿lo recuerdan?
Sue asiente.
—Sí y cuando llegó estaba muy callado. —Hannah también frunce el ceño y hace un mohín como si le doliera la cabeza al recordar—. Y luego desaparecieron con el show de fuegos artificiales! Y Tom parecía más calmado después de eso.
—Yo pensé que habían estado besándose en el jardín. —Se encoge de hombros.
Hermione la mira incómoda, retorciendo sus manos.
—No creo que haya sido eso. —Hannah niega con la cabeza.
Sue se contiene a poner los ojos en blanco.
—Entonces qué?
—No lo sé, pero su mamá se veía enferma. Quizá es eso. —Hermione suspira, sus ojos cafés persiguen el camino que su amigo acaba de atravesar casi corriendo.
Todas se quedan en silencio.
—Bueno… Acabamos de perder nuestra pequeña hora libre. —Suelta un bufido exagerado—. Debemos ir a clase Han.
Hannah se cuelga de su brazo de nuevo y Hermione las acompaña al castillo, las tres en un silencio contemplativo.
—Y después dicen que las mujeres somos complicadas. —Se queja.
Hannah y Hermione le dan una mala mirada.
—No debiste decir eso frente a ella. —Apenas dejan atrás a Hermione para ir a su clase en el tercer piso, Hannah aprovecha para regañarla.
Es el colmo, ya ha tenido muchos regaños y ni siquiera ha terminado el día.
—Alguien debe hacerlo! Ella no quiere darse cuenta.
—Ni siquiera tú lo sabes.
—Han… Tom es gay, muy gay y es obvio que le gusta Harry —murmura, lo más cerca que puede del oído de Han para que ningún estudiante las escuche hablar en el pasillo.
Su amiga hace una mueca y muerde su labio como si estuviera dudosa. Susan tiene que clavarse las uñas en las palmas para no zarandearla.
—Quizá no, Tom es muy dulce con todas, es muy detallista y él y Hermione tienen muchas cosas en común. —Su tonta amiga se encoge de hombros con los brazos cruzados sobre su pecho.
Susan rueda los ojos.
—Hannah… Tom se sonroja cuando ve a Harry, babea cuando sonríe Harry y siempre está dejando que le tome la mano y se le acerque demasiado, ¿cuánto tardamos nosotras en lograr darle un abrazo?
Hannah suspira.
—Quizá es porque se conocen desde niños.
—O quizá es gay, muy probablemente.
Hannah rueda los ojos.
—No es nuestro asunto.
—Lo es si ella está loquita por él, será un golpe duro.
—Estás pensando todo eso en base a suposiciones, no sabes si a ella le gusta.
Susan bufa como una vaca, Hannah la ve con el ceño fruncido pero con una sonrisa dibujando en sus labios.
—Claro que le gusta, quería ser tu acariciándole el cabello hace semanas, quería que sus piernas fueran la almohada de su cabeza —dice mientras dramatiza, señalando sus piernas y llevándose las manos cruzadas al pecho.
Hannah la fulmina con la mirada.
—Eres increíblemente metiche.
Sue se echa a reír.
—No finjas que no amas que lo sea, siempre te doy el mejor material.
Hannah le sonríe pero aun hay algo de reproche en sus ojos.
—En serio debes mantener esos pensamientos para ti, ni se te ocurra hacerle pasar vergüenza a Hermione! —La amenaza con su dedo índice apuntándole a la cara como una varita mágica
—¡No lo haré!
—Lo digo en serio, Sue. —Han la miraba con una seriedad escalofriante.
—¡Bien!
Para su fortuna llegan en ese momento al salón de clases.
El siguiente fin de semana a Hogsmeade llega y Tom siente que va a un funeral y no a ver al tío James. Se viste lo mejor que puede desde temprano, con las manos temblando y el estómago ardiendo después de haber vomitado de nuevo. Pasó el resto de la madrugada con Little Harry aferrado a su pecho, muerto de un frío que se aferró a sus venas hasta que no tuvo excusas para no salir de la sala común.
Toma el desayuno en una mesa casi vacía, la mayoría sigue durmiendo porque es fin de semana.
Se retira al patio a esperar a sus amigas, les ha prometido acompañarlas a Hogsmeade antes de irse con el tío James y no quiere ni pensar en el espectáculo que harán si no cumple. Han estado sospechosamente calmadas, ignorando el incidente de semanas atrás y el interrogatorio del que huyó luego de que su magia se volviera loca y las atacara.
Sus pesadillas ahora tenían más protagonistas. Hannah, Susan y Hermione. Las tres burlándose de él, de cómo lo detestaban, de lo terrible amigo que era, de como Harry era increíble porque finalmente se había librado de él. Hannah incluso le había clavado un puñal en el estómago.
Odiaba los malditos sueños con puñales. Era casi tan horrible como ver a su madre morir en sueños.
Las chicas aparecen fuera del castillo a las ocho de la mañana, todas vestidas con demasiado esfuerzo para un paseo a un pueblo diminuto.
—Tom! —Hannah corre hacia él y se prende de su brazo de inmediato.
Sus ojos escanean su atuendo con algo de terror. Hannah lleva un conjunto extremadamente colorido, pantalones del color de la tierra del bosque prohibido, un sueter amarillo que le queda algo grande y zapatos amarillos, luce como un jodido pollo pero de alguna manera se ve bien.
Tom casi puede ver a Harry frente a él, es algo que definitivamente usaría.
Sonríe lo mejor que puede, ha practicado patéticamente sus expresiones frente al espejo como cuando era niño y ha usado un hechizo de glamour prestando mucha atención a su aspecto.
—Hey, acaso van a una fiesta? ¿Por qué van tan elegantes?
—Lo dices en serio? ¡Parece que vas a una fiesta de gala! —Sorpresivamente Mione es la que se burla de él. Su amiga lleva unos jeans ajustados de bota ancha, tenis blancos y una blusa de rayas de colores que luce como un arcoiris y se ciñe a su torso, nunca la ha visto con algo que se le pegue tanto. Aunque Tom ve como lleva una chaqueta de jean apretada en su pecho como si quisiera cubrirse.
Tom mira su ropa con el ceño fruncido.
—Siempre me visto así.
Hannah se echa a reír.
—A mi me parece que estás muy guapo.
—Gracias Han.
—Parece que vas a ir al ministerio con esa ropa, pero si. Lindo. —Sue levanta un pulgar y le guiña un ojo.
Sue se pavonea y da una vuelta con los brazos abiertos para que tenga una visión completa de su atuendo. Pantalones negros y una blusa roja oscuro, sobre sus hombros hay una capa morada de terciopelo que llega hasta sus rodillas, le queda bastante bien con su cabello naranja suelto.
—Bueno… ¡Vamos entonces! Quizá podamos ir a la biblioteca antes de que llegue tu tío. —Hermione casi está saltando de la emoción.
Susan no tanto.
Tom baja la colina hacia Hogsmeade apretujado al cuerpo de Hannah, con el perfume de vainilla y canela de su amiga picandole en la nariz. Es un ejercicio vigorizante para sus piernas y Tom se concentra en el movimiento de todo su cuerpo para no pensar en lo nervioso que está por ver a su tío. Ha ensayado su conversación tres veces hasta que le ha salido natural, con la chispa perfecta de entusiasmo y normalidad.
—¿Qué vas a buscar en la librería, Mione? Hogwarts tiene una biblioteca bastante surtida.
Hermione parece haber visto un unicornio con su pregunta, se enciende como una bombilla y sus labios sonríen.
—¡Oh! Es un ensayo sobre runas del siglo veintiuno y el deterioro en el estudio y creación de runas de protección, una publicación de Thabata Turpin. Leí en la revista de Magic Research que había publicado algo nuevo y creo que sería genial para el informe de fin de curso.
Susan mira a Hermione con la boca abierta.
—¿Ya estás trabajando en el ensayo de fin de curso?! Pero si apenas está terminando Mayo!
Hannah mira con una sonrisa burlona a Susan y le mira a él antes de poner los ojos en blanco.
—Nos queda menos de un mes y medio de clases Sue y también tenemos que estudiar para los exámenes, si no lo adelanto ahora, estaré en un lío después. —Hermione suena como una viejita seria y mandona, a Tom siempre le da risa verla. Incluso se pregunta si él mismo se ve así cuando habla de sus proyectos académicos.
—Yo haré mi ensayo sobre runas primitivas de América del Sur y como estas son la base para la construcción del sistema rúnico actual, además de sus increíbles capacidades para construir ciudades autosustentables.
Susan ahora se ve algo preocupada.
—Escucharlos me da ganas de vomitar, ni siquiera puedo pensar en un tema innovador que le agrade a la profesora Vector. —Se queja, cabizbaja y arrastrando los pies.
Hermione se echa a reír y palmea su espalda para calmarla.
—Puedo ayudarte a escoger un tema.
—¡En serio?! —Susan abraza a Hermione y la sacude entre sus brazos, completamente eufórica—. Eres la mejor Hermione! No volveré a quejarme de que seas un ratoncito de biblioteca, amo que lo seas —dijo, frotando su mejilla contra Mione, cuyas mejillas están rojas de la risa.
—Veamos cuánto le dura eso —susurra Han en su oreja.
Tom la mira y sonríe.
—Te apuesto a que solo el día de hoy.
Hannah le da un codazo amistoso y apura el paso cuando las tiendas del pueblo se ven más cerca.
Los cuatro salen de la biblioteca tras media hora. Hermione terminó enamorándose de un libro sobre historia de la magia en el continente asiático luego de leer el primer capítulo y él encontró un libro ilustrado y detallado sobre idiomas de criaturas mágicas terrestres, sería un regalo excelente para Harry, siendo un futuro zoomago le vendría bien y su cumpleaños se acercaba, Tom podía añadirlo a las rocas transfiguradas.
Hannah compró un libro de adivinación y Susan no se decidió por nada antes de salir.
—¿Qué compraste? —Tom le muestra la tapa del libro a Susan.
Su amiga ladea la cabeza.
—Acaso quieres matar el poco tiempo libre que te queda?
Tom se echa a reír.
—No, es para Harry. Su cumpleaños es en Julio, solo me estoy adelantando y ya tiene la mayoría de los libros que hablan sobre criaturas mágicas, pero ninguno sobre idiomas.
Hermione voltea a verlos, sus ojos se fijan en el libro y luego en él.
—Es un lindo detalle.
—Espero que lo sea, se está haciendo algo difícil darle regalos. Era más sencillo cuando le gustaban los peluches.
Tom se sonroja al recordar que sigue durmiendo abrazado a uno.
—Iré a las tres escobas, el tío James ya debería estar allí —anuncia.
—¿Qué tal si entramos a tomar algo y lo saludamos? —Hermione propone con entusiasmo, con sus nuevos libros apretujados contra su pecho.
Hannah y Susan asienten y se unen en su camino a las tres escobas.
Que Merlín lo ayude a lidiar con todos a la vez.
El tío James es como un dragón en medio de una habitación, Tom logra encontrarlo nada más entrar porque su mesa está rodeada de personas, entre ellas Rosberta, quién no para de reír y ponerse una mano sobre el corazón como si se le fuera a salir, con las mejillas regordetas tan rojas que parece un sarpullido. Hay dos hombres que también ríen mientras palmean los hombros del tío James con brusquedad.
Tom guía a sus amigas entre el río de personas, el local está tan lleno que es difícil escuchar algo que no sean gritos y risas que se entrelazan desde las distintas mesas. Es un desastre ruidoso que detestó desde su primera visita y que debe soportar por las chicas.
Su tío lo ve cuando está a unos diez pasos de la mesa, tratando de pasar a un grupo de chicos de Ravenclaw que llevan tres botellas de cerveza de mantequilla en cada mano. Le sonríe y se levanta para ayudar con el tráfico de personas que evitan que llegue a la mesa.
Los brazos del tío James lo abrazan apenas lo tiene en frente y Tom siente que su cuerpo tenso se derrite, que el estrés y el miedo finalmente retroceden ante la seguridad que su padrino emite. Es reconfortante y tan agradable que Tom se aferra por un largo rato hasta que la presencia de sus amigas a su espalda vuelve a su mente. Su tío peina el cabello de su frente y le mira a los ojos con una sonrisa que destila amor por todas partes, a Tom le alivia verlo después de semanas de pesadillas en donde es visto con odio.
—Tal parece que extrañaste a este viejo, eh?
Tom sonríe.
—Difícilmente eres un viejo, tío James.
Él se ríe y Tom se da la vuelta para incluir a las chicas, qué mejor que ellas para calmar la angustia de su tío? Tom lo mantendrá corto y agradable, solo espera que ellas cooperen o todo se irá a la mierda.
—Hola señor James. —Hermione se adelanta a sus planes y saluda con una sonrisa.
—¡Hey! ¿Cómo están todas ustedes? Siéntense un rato, hay que aprovechar esta mesa vacía, de otro modo no creo que logren comprar nada hoy. Este lugar siempre ha sido un desastre cuando los alumnos de Hogwarts tienen paseos al pueblo.
Tom se desliza a un lado de su tío y deja a las chicas frente a él. Fácil, evita el ambiente confrontativo y desvía la atención de su tío a ellas.
—Estamos bastante bien, Hogsmeade es bastante lindo. —Hermione habla como una pequeña adulta.
—Es algo pequeño pero es mejor que estar encerrados en el castillo durante meses. —Susan se encoge de hombros.
—Yo compré un libro nuevo. —Hannah levanta su libro con las mejillas sonrojadas de vergüenza.
El tío James les sonríe a todas y Tom disfruta de una conversación tranquila en donde las preguntas son sencillas de responder, las chicas se quedan a beber cerveza de mantequilla y se ríen de los chistes de su tío.
Salen de las tres escobas cuando un grupo de estudiantes se queja de que están acaparando una mesa, su tío decide acompañarlos a honeydukes.
Las chicas se adelantan y ambos caminan más lento, Tom sabe que es porque ha llegado la hora de las preguntas profundas.
—¿Cómo has estado, campeón? —Predecible y veloz.
Tom suspira y se encoge de hombros, desliza sus ojos alrededor del pueblo sin enfocarse en nada y luego vuelve la mirada al suelo.
—Bien, la mayoría del tiempo, a veces recuerdo lo que sucedió y… Bueno. —Se queda callado unos segundos y deja la frase inconclusa.
La mano del tío James se posa sobre su hombro, reconfortante y cálida.
—Lo entiendo, sé que no es sencillo lidiar con lo que sucedió.
Tom asiente y sube la mirada para encontrarse con los ojos castaños del hombre.
—Sí.
Tom lo ve suspirar y ambos se detienen frente a la tienda, Tom ha perdido de vista a las chicas, hay un gran tumulto fuera de Honeydukes que cubre incluso los escaparates.
—No me apetece entrar a esa tienda de locos —dice con una mueca de disgusto.
El tío James se ríe.
—Bueno… Espero que las chicas te consigan algo bueno. Seguimos? —Señala con su barbilla el camino a su derecha, uno que se extiende entre las tiendas y que puede ver como se pierde en la distancia.
Tom lo sigue y la conversación se reanuda.
—Tu tía casi tiene una crisis porque no le invité a venir conmigo. —Se ríe—. Aun no puede viajar o hacer actividades extenuantes.
—Lo sé.
Su tío carraspea.
—Yo… Bueno, hablé con McGonagall antes de venir… —Tom lucha para que su cuerpo no muestre el horror que siente con esas palabras—. Dijo que tu rendimiento ha bajado y que estás anémico.
Maldita sea, los adultos responsables eran una molestia.
—Tío James… ¿Puedo ser honesto? —Tom lo enfrenta y encuentra el rostro nervioso y cariñoso de un hombre que lo trata como si fuera una cáscara de huevo—. Lo que sucedió en pascua me afectó mucho y tengo días malos cuando lo recuerdo pero estoy bien, Marissa y yo hablamos mucho sobre ello y las chicas me cuidan como si fuera su mascota… —Guarda silencio para considerar sus palabras—. Y he estado algo estresado con las clases, tengo dos actividades extracurriculares, ocho asignaturas y le ayudo a Syl con la escuela y… también trabajo con Harry en el diario de campo. Sinceramente tío James, no soy un robot, además no he bajado mis calificaciones, solo estoy menos presente en clase.
Su tío lo ve con una seriedad que le hace sudar.
—Y Madame Pomfrey dijo que la anemia era leve y ya estoy tomando una poción para eso. Leí en un libro de pociones que en los niños mágicos el estrés podría causar anemia —escupe datos como un Harry de ocho años, esperando a que realmente su tío baje la guardia.
—Claro… Yo… Solo me preocupo, pero entiendo que es tu proceso y que lo llevas de la mejor forma que puedes. —Asiente con más seguridad—. Pero quisiera enterarme por ti de estas cosas y no por McGonagall, no voy a enojarme o a armar un espectáculo campeón y realmente… Esperaba que lo que sucedió tuviera un efecto en ti. —Suspira y le mira con los labios apretados en una fina línea, como si estuviera pensando algo—. ¿Les contaste a las chicas?
La pregunta lo aturde por unos segundos. Niega.
—No estoy listo para contarles. Tú… ¿Le contaste a la tía Lily?
—No, es tu proceso, como dije y tú debes escoger a quién contarle y cuándo.
En su pecho algo se enciende con sus palabras.
—Gracias tío James, por esperar.
Un brazo rodea sus hombros.
—Siempre estaré aquí para acompañarte, hijo. Solo… Quiero que sepas que es normal pasarla un poco o muy mal, pero no significa que debas pasar por eso solo, si? Y si te afecta como ahora quiero estar al tanto, no me enojaré solo quiero saberlo y estar allí para ayudar, de acuerdo?
Tom asiente, sin saber si lo que siente en su pecho es alivio o estrés.
Mira al frente y se topa con una casa vieja, de múltiples pisos y muy descuidada. Ha caminado sin darse cuenta del camino.
—Esta es la casa de los gritos.
No le dice al tío James que lo sabe, ya ha estado allí antes, con las chicas.
—Dicen que está embrujada.
Su tío se echa a reír.
—Te contaré un secreto sobre la verdadera historia de esta casa. —Su tío sonríe con nostalgia bañando sus ojos—. Cuando era un estudiante tenía un grupo de amigos con los que causaba muchos problemas, ya los conoces, Remus y Sirius y un chico llamado Peter que luego resultó ser un idiota traicionero. —A Tom no se le escapa el rencor en su voz—. ¡En fin! Descubrimos que Remus era un hombre lobo en cuarto año y pasamos todo ese año tratando de convertirnos en animagos para acompañarlo en las noches de luna llena.
Tom abre los ojos, espantado.
—¿No es eso peligroso?
—No, Remus tomaba la poción matalobos.
—Oh, claro.
Su tío inhala profundamente.
—Lo logramos a mitad de nuestro quinto año y descubrimos que la casa de los gritos fue un invento del director Dumbledore para que Remus pudiera pasar oculto las noches de luna llena, cerca del castillo. A partir de ese momento lo acompañamos y hacíamos todo tipo de tonterías como animales, al día siguiente el pueblo estaba aterrorizado por el ruido y nosotros nos divertíamos con la idea de ser los fantasmas de la casa de los gritos. —Se ríe y la vibración de su cuerpo le hace cosquillas—. Por supuesto, nadie ha vuelto a escuchar nada desde que nos graduamos, pero dejamos un legado de leyendas tenebrosas —dice con una sonrisa orgullosa.
«Es importante tener buenos amigos en la escuela, con un poco de suerte lo seguirán siendo incluso después, cuando estés viejo y ya no seas tan guapo. —El tío James termina su reflexión con una broma ligera.
—Dudo mucho que alguna vez deje de ser guapo.
Su tío hace una mueca.
—Dí eso cuando tengas noventa y ocho años.
El tío James se va una hora antes de que termine la visita a Hogsmeade.
Hay una sensación de triunfo en su pecho que lo mantiene en un estado de egocentrismo que usa como motor para deslizarse entre masas de estudiantes y esconderse de sus amigas. Hay algo más que debe hacer antes de volver al castillo y si es descubierto tendrá que esperar otro mes para poder salir.
Finalmente llega a pociones J. Pippin, una tienda de ladrillos rojos y paredes de madera oscura, con una vidriera que deja a la vista una mesa con tres tipos de calderos de diferente material y sus precios. Tom entra de inmediato y una campanilla anuncia su llegada.
Cuando sale sus bolsillos están pesados y llenos, el dinero que el tío James le ha dado para comprar dulces ha desaparecido.
Encuentra a las chicas fuera de las tres escobas, de pie como niñas perdidas y mirando a todas direcciones. Hermione es la primera en verlo y agita su mano para llamar su atención.
—Tom! Estábamos a punto de volver, creímos que habías vuelto solo. —Su amiga le pasa una bolsa de papel—. Te compramos algunos dulces. —Las mejillas de Mione se tiñen de un rojo furioso al entregarsela.
—Gracias. —Sonríe—. Fuimos a ver la casa de los gritos y el tío James me contó el origen de la leyenda.
—Bueno tendrás que contarnos la historia de camino al castillo, debemos volver ya—. Sue se cuelga de su brazo y lo empuja a caminar hacia la escuela.
Mione y Hannah los siguen de cerca.
—Bueno hay algunas cosas que debo obviar pero aun así les parecerá muy interesante…
Las chicas lo escuchan embelesadas y el viaje al castillo no se siente como una prueba de fuego. Gracias a Merlín.
Tom está muy orgulloso de haber sobrevivido a una visita de Hogsmeade actuando con total normalidad.
—¡Por Morgana Harry! Acaso escuchaste algo de lo que dije?
El grito de banshee de Muriel le hace saltar y chillar del susto.
Su amiga le ve con el ceño fruncido desde el otro lado de la mesa.
—¿Es necesario gritar? ¡Es demasiado temprano! —Hugo se queja por él, con la cabeza enterrada entre sus brazos cruzados sobre la mesa del comedor.
Harry está de acuerdo con él.
—Es la única manera de que me preste atención. —Se defiende—. Te he estado hablando por cinco minutos y ni siquiera me mirabas. —El aura de su amiga irradia tristeza y molestia. El amarillo y el rojo bailan a su alrededor como la llama de una vela.
—Perdón, ¿qué decías?
Su amiga se cruza de brazos.
—¿Dónde tienes la cabeza últimamente? Todo lo que haces es mirar el anillo y revisar el diario cada que puedes.
Hugo levanta la cabeza y le ve con algo parecido a la lástima.
—Tom aun no responde?
Harry siente que su estómago se retuerce y el sabor de su desayuno se amarga en su boca. Está enojado. Mucho.
—No. —Empuja el resto de su desayuno lejos de él.
No deja de pensar en Tom, en las vacaciones pasadas, en lo que Sylvester le contó sobre el abuelo de Tom, si es que a ese monstruo se le podía llamar así. Está desesperado por saber más, algunas veces desea preguntarle directamente pero no puede hacerlo, las palabras de Cassandra lo frenan y el hecho de que Tom aun no se lo confíe le duele y le hace sentir como un criminal por buscar formas de averiguar la verdad bajo presión.
—¡Pues enviale una carta! Por Merlín, acaso todos los hombres son unos idiotas orgullosos? —Muriel niega con la cabeza y Harry percibe su frustración como picaduras de mosquito.
Vuelve a mirar su anillo, ayer estuvo azul por un tiempo, fue muy corto y variaba entre amarillo, naranja y azul, pero era algo más que el terrible negro. Pero durante la noche la oscuridad volvió y esa mañana era más de lo mismo.
—Ya lo hice, le envié el diario de exploración.
Muriel asiente, ahora está satisfecha y Harry puede tener un descanso de los pinchazos en su cuerpo.
No es como que tenga un descanso de todo lo demás, pero al menos le alivia un poco.
—Bien, ¿ahora podrías enseñarme el hechizo para ahuyentar a los boggarts?
Harry asiente, Momo no es muy buena en los hechizos defensivos, ni en defensa, en realidad.
—Oh Mark, pensé que nunca volverías! Nadie nunca vuelve a este baño una vez que me conocen.
Myrtle revolotea a su alrededor como una mariposa herida, con las manos entrecruzadas sobre el pecho y hablando con un tono de voz lastimero.
Tom se obliga a sonreír y deja cerca de uno de los cubículos un caldero viejo que ha robado del almacén de Snape después de una de sus tutorías. Dentro los ingredientes que ha comprado en Hogsmeade tintinean al chocar contra los bordes del caldero.
—Lo lamento, he estado muy ocupado con la escuela, se acercan los exámenes de fin se curso así que he estado bastante ocupado.
Myrtle le sonríe como una tonta enamorada. Le daría pena si su presencia no fuera tan escalofriante y sus acercamientos completamente inapropiados.
—¡Oh te entiendo, es verdaderamente horrible! Aunque siendo un fantasma ya ni siquiera puedo recordar lo miserable que era en ese tiempo. Ahora solo hago lo que deseo.
Tom lo dudaba.
—¿Qué es todo eso? —La chica echa un vistazo curioso dentro del caldero.
—Necesito practicar para mis exámenes de pociones, no soy tan bueno en la materia y Snape me matará si vuelvo a meter la pata en clase —dice mientras hace una mueca apenada marca Neville Longbottom.
—¡He escuchado mucho de ese Snape! Dicen que es peor que un ogro.
Tom asiente
—Lo es. —Tom mira a su alrededor fingiendo miedo—. Se supone que no debería estar haciendo pociones fuera de clase, si me descubren podrían expulsarme.
Myrtle abre los ojos con horror y niega con la cabeza como una frenética.
—De ninguna manera! ¡Vigilaré la entrada por ti!
La adolescente fantasma atraviesa la pared del baño y desaparece de su vista.
Es tan fácil que siente un poco de remordimiento, debe ser increíblemente aburrido estar condenado a vagar en Hogwarts por toda la eternidad. Aun peor si tienes la personalidad incómoda y fastidiosa de Myrtle.
Pero no va a detenerse a sentir lástima por alguien muerto, tiene el tiempo medido para preparar una poción y se ha esforzado mucho para huir de sus amigas.
Se mete en el tercer cubículo y cierra la puerta. Baja la tapa del inodoro y coloca cuatro rocas que ha encantado con runas calentadoras, con suerte calentarán tanto que permitirán que la poción hierba. Cubre la tapa del inodoro con un hechizo protector de calor y finalmente coloca el caldero encima de las rocas planas y alargadas.
Saca de su interior el asfódelo, el ajenjo, los granos de sopoforo, la esencia de ortiga, las ramitas de lavanda, el moco de gusarajo y la valeriana.
Llena el caldero de agua con un aguamenti y activa las runas en las rocas para iniciar la preparación.
Una hora y media después está empapado de sudor por el vapor del caldero, su túnica yace en el suelo del baño y la poción del caldero luce de un perfecto color púrpura. Desactiva las runas en las rocas y se dedica a esperar a que la poción se enfríe lo suficiente para envasarla.
Llena treinta frascos en el silencio del baño, lo único que puede escuchar es el líquido fluyendo de su cucharón a los frascos de cristal que ha conseguido en una tienda de segunda mano en Hogsmeade.
Termina y guarda los frascos en uno de los agujeros extensibles de su baúl, que ha encogido para meterlo en su bolsillo y llevarlo consigo. También guarda el caldero y limpia todo rastro de sus actividades con un movimiento de su varita. Está agotado y le vendría bien una siesta para probar la efectividad de su preparación.
Myrtle le sonríe al verlo salir del baño con su túnica colgando de su brazo derecho, está muy acalorado para ponérselo encima.
—Mark! ¿Terminaste?
El pasillo está desolado, probablemente porque es fin de semana y hay un partido de Quidditch sucediendo fuera.
Tom le sonríe a la chica y asiente.
—Bueno… No quedó perfecta, tuve que arrojarla por el inodoro pero al menos mi caldero no explotó. —Se encoge de hombros.
—¡Oh , no importa! Puedes venir siempre que quieras a practicar. Yo te cubriré la espalda. —Myrtle guiña un ojo.
Él vuelve a sonreírle.
—Gracias Myrtle. Debo irme ya, debo ir a hacer el resto de mis deberes a la biblioteca.
La chica hace un puchero y Tom está seguro de que ve lágrimas fantasmales en sus ojos.
—¿Tan rápido? Casi no pudimos hablar…
Maldita sea.
—Vendré más seguido a hablar, lo prometo.
Myrtle no se ve convencida.
—¡En serio! —Se echa a reír con encanto—. Volveré.
La chica finalmente asiente, más relajada.
—Bien, espero que cumplas tu palabra o iré a Slytherin a atormentarte.
Tom asiente, manteniendo su máscara encantadora hasta el final.
—Vale, nos vemos!
Una vez que baja a las mazmorras se permite abandonar su máscara.
Está irritado, cansado y su tolerancia está extinta. Una semana entera de pesadillas e insomnio lo han transformado en un ogro. No fue sencillo encontrar el momento adecuado para preparar la poción a escondidas, de noche era imposible salir de la sala común y durante las madrugadas su mente estaba tan rota que pensar era una tarea imposible. Así que soportó otra semana de pesadillas y cansancio extremo hasta que el momento fuera perfecto.
Su boca saliva con la fantasía de tragar un frasco de la poción y dormir por horas sin la preocupación de las pesadillas.
Entra a la sala común y mira a unos siete estudiantes que dedican el día libre a holgazanear en los muebles de cuero y otros a estudiar. Pasa de ellos con prisa y entra a su habitación, para su mala suerte Nott está presente, acostado sobre su cama con un libro entre sus manos. Lo ve y levanta una ceja, como si con ello pudiera hablar y preguntar qué está haciendo allí cuando todavía es temprano.
Nott debería estar afuera, junto con el resto de estudiantes exaltados por el partido.
Tom lo fulmina con la mirada y se decide a ignorarlo, no puede soportar el cansancio, sus párpados pesan una tonelada y los músculos de su nuca se sienten como una roca.
Se mete detrás de sus cortinas y las cierra de un tirón, es raro estar en la habitación para dormir a esa hora de la tarde, más con Nott alrededor como un espía, no se siente correcto o cómodo, incluso cuando sabe que sus runas de protección lo mantienen a salvo de esos idiotas.
Saca su baúl encogido del bolsillo y lo agranda en su cama, saca una de las botellas y vuelve a encoger su baúl. Saca el tapón como si descorchara una botella de vino, Tom se embelesa con el perfecto color celeste de la poción por unos segundos antes de beberla. Tira la botella a un lado y se tumba sobre su almohada, no le interesa cambiarse a una ropa más cómoda ni limpiarse el sudor o el olor al vapor de la poción.
De inmediato su cuerpo se relaja, sus extremidades parecen caer por completo sobre la cama y la pesadez se va, el dolor de cabeza que le ha acompañado desaparece mientras su visión se nubla y todo se torna negro.
Harry mira su anillo tornarse azul y su corazón se agita en su pecho, siente sus ojos humedecerse de alivio, uno que espera que pueda durar.
Vuelve la mirada al frente y trata de volver al hilo de la explicación de su profesor de transformaciones, pero sabe que es inutil ahora que lo ha visto, pasará el resto de la clase pensando en Tom y en lo que pudo haber pasado para lograr que esté calmado por fin.
No obtiene una respuesta en su libreta a la hora de la cena, su búho ya debería estar en Hogwarts y Tom debería estar respondiendo en el diario después de sus palabras, pero no es así. El anillo sigue azul y la única respuesta coherente es que está dormido.
Tom despierta por la mañana sintiendo su cuerpo amasado por manos expertas. No sabe qué hora es pero al observar las camas vacías razona que es lo suficientemente tarde para darse prisa.
Los ojos de Snape le atraviesan el cráneo cuando entra al comedor parcialmente vacío, la mayoría come deprisa y usa el resto de la hora del desayuno para estudiar o pasar el rato con sus amigos.
Sue y Hannah le hacen señas desde su mesa, Mione también está sentada con ellas y en cuanto se sienta junto a ella le pasa un plato con huevos revueltos, tostadas y jamón. Ver el desayuno no es agradable, ha pasado tantas mañanas con el estómago ardiendo y revuelto que el recuerdo ha generado un gran rechazo.
—Gracias Mione.
La castaña le sonríe con los ojos brillando como las estrellas.
Toma el tenedor y siente un alivio extraño al sentir el frío del metal.
—Entoncessss… —Sue se inclina sobre la mesa con una sonrisa pícara y traviesa—. Alguien te mandó un paquete ayer en la cena y como no estabas para recibirlo lo hemos robado y solo te lo daremos si adivinas quién lo envió.
Tom se mete un bocado de huevos revueltos en la boca y muerde una tostada.
—Tengo alguna pista? —pregunta después de tragar.
Sue lo piensa, lo piensa y lo piensa. Hannah le pone los ojos en blanco a Sue y Hermione parece incómoda por alguna razón.
—¿Qué? Acaso alguien que me odia la envió?
Hannah hace una mueca y juguetea con sus dedos.
—¡No era nuestra intención leerla! —Hermione revienta tras su inexistente presión.
Tom frunce el ceño y una corazonada se le asienta en el estómago.
—Lo mandó Harry, ¿verdad?
Las tres asienten y Sue le pasa el paquete abierto.
—En nuestra defensa… Los delincuentes de Slytherin rompieron el papel antes de que se lo quitáramos de las manos!
—Eso no es excusa Sue! —Hannah la reprende.
Mione ni siquiera le mira a los ojos.
Ha perdido el apetito.
Toma el paquete de las manos de Sue sintiendo el peso del diario de campo, Harry lo ha envuelto en un papel soso y marrón. Tom observa la rasgadura en una de las esquinas y como se agranda hasta el medio. Dentro está el diario pero además hay un sobre blanco cuyo sello está roto.
Tom fulmina a Susan con la mirada.
—¿Acaso el sello de la carta también lo rompieron los Slytherins? —Su voz molesta hace que las chicas se pongan algo pálidas.
Sue presiona los labios juntos y se sacude en su asiento, al menos ahora si se ve arrepentida.
Empuja su plato lejos de él y abre la carta cerca de su cara para que nadie más pueda leerla.
Tom.
Ya que contactarte por la libreta es una tarea tan imposible como matar a un maldito kraken, he tenido que mandarte una carta junto con nuestro diario de campo, así quizá no puedas ignorarme como lo haces cada vez que escribo.
Ni siquiera me disculparé por ser un idiota contigo, estoy enojado, mucho y no puedo creer que rompieras tu promesa de no desaparecer justo después de hacerla! No sé qué demonios está pasando y detesto que me dejes a oscuras, ya es terrible estar lejos de ti por meses como para que ahora me ignores! Sé que está pasando algo y sé que no te sientes listo para decirmelo, esperaré al verano si es necesario pero no es justo que te alejes solo porque no quieres contarme, sé que últimamente he sido fastidioso e insistente pero es porque me preocupo por ti y te quiero.
¿Puedes por favor responderme? Te extraño demasiado. Por favor respondeme. O te juro Tom Charlus Riddle que voy a colarme por la chimenea de la directora e iré a Hogwarts a golpearte! Eres el peor futuro esposo del mundo! ¿Cómo puedes hacerme esto?!
Tom no puede evitar la sonrisa que curva sus labios y el resoplido divertido que se escapa por su nariz.
Muriel dice que soy peor que una bruja viuda, deberías verme caminar por los pasillos, dice que luzco como un dementor. ¿Quieres que sea un dementor? Me vas a seguir chupando el alma con tu ausencia?
Harry definitivamente tenía una vena gruesa de dramaturgo. Fue terrible que sus amigas leyeran esa carta.
¡Más te vale que me escribas cuando recibas esto! O te enviaré un aullador! Te lo juro!
Jodido Merlín. No sabe si está avergonzado o mortalmente enojado.
Sus amigas le miran en un silencio sepulcral que es eclipsado por el sonido de pasos de estudiantes que corren fuera del comedor para llegar a tiempo a su clase.
—Señor Riddle, a menos que quiera pasar un día en la enfermería tomando pociones, le recomiendo que termine su desayuno y luego vaya a clases. —Snape, como un fantasma, se yergue sobre su espalda y lo hace pegar un brinco.
Tom pega la carta a su pecho, lo último que necesita es que alguien más lea la carta de Harry. Morirá de vergüenza si ese alguien es Snape.
—Comeré señor.
Snape asiente con el rostro arrugado, como si hubiese bebido leche agria. Se da media vuelta y se va.
Tom dobla la carta, la guarda en un bolsillo de su pantalón y vuelve a tomar su plato, metiendo la comida en su boca con rapidez, sin disfrutar el sabor pero sintiendo como cae en su estómago como rocas. Sus amigas lo observan como si fuera una de las criaturas mágicas que estudian en clase, definitivamente esperando a que diga algo.
Cuenta hasta diez y de vuelta a cero mientras mastica hasta dejar el plato vacío.
Levanta la mirada y ve a Sue, la pelirroja tiene una mirada nerviosa y los labios rojos de tanto morderlos.
—No vuelvas a abrir mis cartas y mucho menos vuelvas a leerlas —espeta, no pone cuidado en sus palabras ni en la rabia que siente.
Sabe cómo debe verse, mortalmente serio y desprovisto de esa suavidad que siempre usa con ellas, pero Susan ha cruzado una línea invadiendo su privacidad y Tom lo detesta. No está tan enojado como para vengarse o alejarla de su vida pero no puede solo fingir que no ha sucedido.
Además… Han leído las cartas privadas que él y Harry comparten, las bromas, el cariño soso y meloso que expresan en ellas. Es algo que solo es suyo y de Harry y ahora se siente mal.
Se levanta de la mesa, toma su paquete y se va sin decir nada más.
Hermione lo alcanza en el pasillo de camino a la clase de pociones, jadea y su cabello está despeinado.
—Tom! Lo siento muchísimo, sé que estuvo muy mal lo que hicimos!
—Mione… No finjamos que tuviste algo que ver, ni Hannah, fue todo idea de Susan. No soy idiota.
Su amiga parece desesperada.
—Debimos haberla parado! Pero nunca pensamos que… Bueno, pensamos que sería una carta diferente.
Mione desvía la mirada con las mejillas rojas. Él mismo se sonroja. Sabe que leerá la carta de nuevo en la privacidad de su habitación y tendrá un pequeño ataque de amor por las palabras de Harry, por cómo puede estar enojado, regañarlo y al mismo tiempo bromear.
—Ummm… No sabía que tú y Harry salían.
Tom desea que el maldito pasillo se acabe de una vez. Por qué demonios el aula de pociones debe quedar tan lejos en las mazmorras? Apresura el paso, espera que no se note demasiado.
—No lo hacemos.
Hermione voltea a verle con el ceño fruncido y el labio inferior atrapado entre sus dientes.
—Solo bromeamos con ser esposos —admite en voz baja, pero sabe que su amiga pudo escucharlo.
Aunque Tom ya no lo siente como una broma, no desde que se dió cuenta de que le gusta su mejor amigo. Ahora las palabras de Harry le aceleran el corazón como el expreso de Hogwarts. No es que vaya a decírselo a Hermione o a nadie.
—Oh, ooooh! —Hermione se echa a reír y su rostro parece aliviado—. Pensé que podía ser eso, se lo dije a Susan para que no te acosara con bromas pesadas.
—Dudo que lo haga ahora.
Hermione niega con una sonrisa en la cara.
—Definitivamente no, está aterrada, debes estar preparado para una gran disculpa. Hannah debe estar dándole un escarmiento.
Tom finalmente sonríe.
—Definitivamente.
La hora libre luego de encantamientos llega tortuosamente lento, Tom va a la biblioteca con Mione y toma una mesa al fondo que está alejada de todos. Hermione desaparece en las estanterías en busca de libros para estudiar para sus exámenes de fin de curso y le deja solo para sacar el diario de su bolsillo y una pluma de su bolsa.
Hey, espero que no te hayas atascado en la chimenea de la escuela o que te hayan atrapado y ahora estés en detención.
Ja ja, muy gracioso. Búrlate Tom Riddle, solo estás sumando problemas a tu condena.
Esa fue una respuesta increíblemente rápida, ¿no tienes clases?
¡Me has ignorado por semanas! A quién le interesa la historia de la rebelión de los goblins? Te lo juro, es eterno, se supone que vimos un montón en primer año y aun estamos viéndolo. ¿Acaso los goblins saben lo que significa la palabra “paz”? ¡Es lunes, por amor a Merlín!
Espero que tú si, no quisiera que me arrancaras la cabeza.
Estoy siendo muy considerado contigo al no reclamarte nada, considera eso suficiente.
Lo sé, pensé que ibas a escribir un testamento, una oda al peor amigo del mundo.
¿Qué demonios es una oda? Como sea, no me importa. ¿Cómo estás?
Estoy un poco mejor.
¿Estás durmiendo bien?
Tom frunce el ceño.
Sí.
De acuerdo, no puedo fingir demasiado, perdón. He visto el anillo todas las noches y todo el día, ha estado negro casi todo el tiempo.
Mierda, era un idiota! Cómo había podido olvidarlo?! Claro que Harry estaba insistente y no se tragaba sus mentiras, tenía el anillo para decirle la verdad.
Lo siento, prometí no preguntar y no fastidiar, al menos hasta el verano.
Ya estoy mejor, ayer dormí muy bien.
Pero has dormido mal por meses.
Lo sé, es… Ya estoy mejor, te prometo que no debes preocuparte tanto a partir de ahora.
No me preocuparé a menos que vuelvas a desaparecer.
Prometo que escribiré.
¡No me mientas de nuevo, no rompas tu promesa! No tiene que ser una conversación, un “buenas noches Harry” me sirve.
De acuerdo, no quiero que Muriel me escriba una queja por tu conducta deprimente en los pasillos de Beauxbatons.
Bien, algo más que quieras contarme? ¿Cómo está todo en Hogwarts?
Bueno… Marissa y yo ahora somos amigos, aunque se niega a pasar el tiempo conmigo cuando estoy con las chicas. Tengo tanta tarea que siento que me estallará la cabeza y Snape está esforzándose al máximo para que aprenda cinco pociones más antes de las vacaciones para que no tenga que estudiar durante el verano.
Aquí es igual, todo el mundo está enloqueciendo por las pruebas. Para mi es mucho peor, ya sé francés pero no se me da tan bien como a los demás y algunos hechizos que hemos aprendido en encantamientos este año están en francés y son una pesadilla impronunciable.
La hora libre pasa volando y Harry se va bruscamente, muy probablemente para evitar que su profesor descubra que está hablando con él en medio de su clase.
Por la noche solo envía una cálida despedida antes de tomar la poción, aunque ha descansado no ha recuperado el montón de noches en vela y con los exámenes encima de sus cabeza no es como que tenga mucho tiempo para dormir.
Sue lo enfrenta al día siguiente, con la tez pálida y ojeras bajo los ojos, se ve bastante miserable y Tom se pregunta si ha exagerado un poco al enojarse con ella. Hannah y Hermione les dan su espacio en medio del pasillo, caminando detrás de ellos, fingiendo que no están mirándolos.
—Hola. —Sue se peina un mechón de cabello detrás de la oreja y estira las mangas de su suéter con nerviosismo.
—Buenos días.
Los ojos de Sue son como los de un puffskein, gigantes y húmedos, le da tanta lástima que Tom ya la ha perdonado antes de que abra la boca de nuevo.
—Tom… Perdoname por abrir la carta, no tengo ninguna excusa. Estuvo muy mal y no debí hacerlo y… —El labio inferior de Sue tiembla—. Juro que no volveré a invadir tu privacidad ni hacer nada parecido.
Él solo asiente y se cruza de brazos.
—Qué demonios te dijo Hannah como para que luzcas como una criminal condenada a ir a Azkaban?
Sue no puede evitar mirarlo feo.
—¿Es todo lo que dirás a mi disculpa?
Se encoge de hombros.
—Te perdono, no puedo soportar verte a punto de llorar en un pasillo lleno de gente. —Realmente no puede soportar ver a nadie llorar—. Pero no quiero nada de comentarios sobre la carta, ni bromas. Hablo en serio.
Las mejillas de su amiga se enrojecen.
—Vale.
Tom le tiende su brazo y Sue se cuelga de él con energía renovada y una sonrisa que dispersa la humedad de sus ojos.
—Eres realmente aterrador cuando estás molesto, pensé que no ibas a hablarme nunca más.
No puede evitar bufar con diversión.
«Nunca me has visto molesto».
Mione y Hannah se unen a ellos como si nada, hasta que las chicas deben desviarse para ir a encantamientos y él a transformaciones.
—¿Y entonces? ¿Cómo te fue? —Hannah la interroga apenas pierden de vista a Tom.
Se encoge de hombros.
—Bien, no parecía molesto hoy.
—Ayer estaba bastante molesto. —Hermione hace un mohín con los labios.
—Obviamente lo estaba, lo que hiciste estuvo mal!
Susan fulmina con la mirada a Hannah.
—Oh y ustedes me detuvieron con mucho afán! No se hagan las inocentes, tenían tanta curiosidad como yo, Harry nunca le envía cartas a Tom por lechuza y lo que decía la carta…
Hermione se sonroja y aprieta más sus libros contra su pecho.
—No es nuestro asunto, prometimos dejarlo en paz.
Susan frunce el ceño.
—Incluso cuando el mismísimo Harry sabe que hay algo mal con él? Y Tom no se lo cuenta?
—Se ve mejor desde la visita de su tío.
—Eso fue hace cuatro días Hermione, podría volver a empeorar.
Hannah manotea para llamar la atención de las dos y hacer que bajen el volumen.
—Como sea… Me dijo que no quiere escuchar ni un comentario sobre lo que decía la carta, mucho menos bromas. —Hace un puchero—. Merlín hay material tan jugoso en mi mente que nunca verá la luz del sol!
—En serio te entristece no poder burlarte de él? —Hannah la mira enojada.
—Bueno…
—Parecía avergonzado por la carta, me dijo que él y Harry bromean con eso de ser esposos. —Hermione habla con la mirada clavada en sus zapatos, como si así pudiera disimular la sonrisa que se forma en sus labios.
«Por Merlín bendito, alguien que ayude a esta chica a abrir los ojos». Grita en su mente.
Hannah la mira como si pensara lo mismo pero niega con la cabeza en una orden silenciosa para que no diga nada.
Tom finalmente se siente como él mismo, las pesadillas se han ido y puede enfocarse en estudiar para los exámenes del final del semestre sin el cansancio abrasador ni la acidez estomacal de una madrugada llena de vómito y llanto.
—¿Qué es esto? —Marissa levanta el manual que acaba de entregarle. Su entrecejo está arrugado en confusión.
—Es mi manual de estudio de segundo año. Lo hice con Hermione, tiene un resumen de todo lo que debes saber de cada materia.
Marissa mira la pila de papeles como si fuera la cosa más desagradable que ha visto.
—Son como cien páginas, acaso Granger y tú no saben lo que significa resumir?
Rueda los ojos.
—Son sesenta y ocho páginas y ves siete asignaturas, es un resumen perfectamente aceptable.
Marissa solo bufa pero no vuelve a quejarse.
—Snape dijo que para el próximo año no debería necesitar un tutor.
Tom se siente algo afectado con sus palabras, le gusta el tiempo que su prima y él comparten en la biblioteca, es relajante y Mar es divertida de una forma ácida y cruel que le gusta. Además, es ese momento de la semana en el que no tiene que fingir.
—¿Qué es esa cara? Acaso vas a extrañar darme clases? —Se burla.
—Es el único momento en el que te veo, acaso tienes una capa de invisibilidad?
—Estás demasiado ocupado con tus amiguitas para notarme —dice con algo de rencor.
—No es cierto.
Marissa pone los ojos en blanco. Tom se fija mejor en su aspecto, ha cambiado mucho desde su primer año, incluso desde el inicio del segundo año. Su piel pálida ya no se ve enferma sino resplandeciente, su cabello ya no luce como un nido de pájaros grasoso y sus ojos tienen un brillo saludable que los hace ver como el agua cristalina del mar y no como un cielo nublado y triste.
—¿Tienes amigos?
La chica frunce el ceño.
—Acaso eres mi madre? ¿Qué te importa?
—Soy tu primo, me importa.
Marissa se detiene en sus ojos por unos segundos con una expresión que luce muy parecido al cariño.
—Puede ser.
—Entonces si. Quién?
Su prima no parece ni un poquito feliz con ser interrogada.
—Solo alguien.
—No es un idiota contigo o si?
—¿Por qué supones que es un chico?
Tom sonríe.
—Entonces es una chica, de tu año?
Marissa lo fulmina con la mirada y abre el manual de estudio, decidida a cortar su conversación.
—Me alegra que tengas una amiga.
—Si, si… Ya deja de actuar como un tonto. —Su prima lo mira de reojo—. Tú estás bien?
Asiente.
—Mejor.
—Bien.
Tom vuelve a fijarse en su libro sobre países de suramérica, Harry ha escogido Argentina y la mayoría de su investigación se ha centrado en la patagonia, él elige Chile para continuar la investigación del área y porque le encanta la idea de ver las estrellas en el desierto de Atacama.
Hay una ventaja en estudiar de madrugada y es que sabe muchas cosas que el resto de sus amigas ignora, así que no tiene que encerrarse en la biblioteca tres horas al día para estudiar como loco.
En cambio lo hace para ayudar a las chicas.
—¡No es justo! ¿Cómo es que siempre que vienen los exámenes estás fresco como una lechuga? —El cabello de Sue está amarrado como un nudo sobre su cabeza, probablemente no lo ha lavado en mucho tiempo.
La señora Pince les sisea para que bajen la voz desde su escritorio. Han llegado tarde y todas las mesas de la sección de atrás de la biblioteca están ocupadas, nadie quiere estar cerca del vejestorio amargado de Pince.
—Porque estudié todo el año y no solo memoricé para pasar las pruebas —presume desde su postura cómoda sobre la mesa, con sus brazos cruzados sobre la madera y su cabeza apoyada en ellos.
Sue hace un puchero y se desploma sobre el montón de pergamino, tomos abiertos y plumas.
—No tengo tu cerebro Tom, soy una chica normal.
Tom se ríe.
—Yo también lo soy.
Sue se incorpora, se cruza de brazos y le mira con seriedad.
—Tom… Haces magia sin varita desde que eres niño, eres el aprendiz de pocionista más joven que ha tenido Hogwarts o Gran Bretaña…
—Nicolas Flamel comenzó a los once años.
Su amiga lo ve con ojos entrecerrados, como tratando de descifrar si se burla de ella o habla en serio.
—No eres normal Tom, punto. Tienes el cerebro de un viejo sabio.
Hermione, quien está sentada a su lado, carraspea para ahogar una risa.
—¿Te parece gracioso que se burle de mi intelectualidad? —dice con una sonrisa.
Mione se sonroja furiosamente y niega con la cabeza. Tom frunce el ceño, últimamente Mione parece algo tímida a su alrededor, quizá porque todas piensan que está actuando extraño?
—¿Por qué no usas tu increíble sabiduría y ayudas a esta pobre estudiante de tercer año que anhela salir al jardín al menos por veinte minutos? —Sue le toma la mano entre las suyas y lo sacude.
—Bien, ¿qué estudias?
—Aritmancia. Lo odio, ya no quiero trabajar en el ministerio, prefiero comprar una granja de puffskeins y venderlos.
—Eso es legal? —Hermione parece estar a punto de comenzar una campaña en pro a los derechos de los pobres puffskeins.
Sue suspira, suena más como un bufido, y se desploma en su silla como si estuviera exhausta de existir.
—No lo sé Hermione, solo estoy bromeando. Tom, ayuda, por favor, voy a reprobar y mi tía va a matarme.
Tom se incorpora y se estira como un gato, con los brazos sobre su cabeza.
Unas chicas pasan junto a su mesa justo en ese instante y le clavan una mirada lasciva mientras ríen entre ellas.
—Parece que tienes nuevas admiradoras Tom. —Sue se ríe. Las dos chicas se alejan de su mesa hacia la salida de la biblioteca.
Frunce el ceño.
—Yo?
—Acaso no te has dado cuenta de que la mayoría de las chicas de nuestro año te miran como si fueras Gilderoy Lockhart?
Hannah se echa a reír al escuchar a su amiga.
—No?
Su amiga le ve como si fuera un caso perdido.
—Y que terrible es ser comparado con ese idiota de Lockhart.
—¡Es un héroe y un mago excepcional! —Hermione salta en su defensa.
Sus labios se fruncen con desagrado, no puede evitar verla como si estuviera demente.
—Mione es un farsante, todos en el knockturn hablan de que se roba las historias de otros magos y las hace pasar por propias.
—¿Cómo pasamos de las admiradoras de Tom a la vida secreta de Lockhart?! —Sue vuelve a la carga con el tema—. Tom, hay una lista de los estudiantes más guapos de Hogwarts y estás entre los primeros treinta!
—No es un puesto muy alto.
—Estás por encima de Blaise Zabini —agrega Hannah, como si fuera algo espectacular.
—Alguien cree que ese idiota es guapo?
—Sí— contestan sus amigas, excepto Hermione.
—Es malvado pero eso no le resta lo lindo. —Sue se encoge de hombros.
Tom levanta una ceja.
—Debo preocuparme porque comiences a salir con Zabini?
Su amiga le golpea el hombro.
—Hay incluso una lista que habla de quienes serán los más lindos en quinto y la mayoría ha dicho que serás el más guapo de quinto, sexto y séptimo. —Han se ríe mientras lo cuenta.
Tom las mira con la boca abierta.
—¿Quién demonios hace estas listas?
—Las chicas… Y algunos chicos.
—Soy amiga del chico más guapo de quinto —presume Susan, pellizcando su mejilla.
Él se aparta de sus dedos que magullan su pobre piel.
—No estoy en quinto.
—No, pero llegarás ahí. Incluso dicen que serás más guapo que Cedric. —Sue lo ve como si fuera un abraxan de pura sangre.
Puede sentir como todo su rostro se contorsiona de disgusto.
—¿En serio?
—Te lo juro.
Tom se echa a reír.
—Ustedes están locas.
—¿Locas? Me volveré loca cuando todas las chicas de la escuela quieran llegar a ti a través de mí.
Sue abre los ojos con espanto, como si estuviera a punto de enfrentarse en una batalla campal a muerte con chicas de tercer año.
—No me interesan las chicas que hacen listas de quién es más guapo.
—Oh claro que no, te vas a casar… —Tom la fulmina con la mirada antes de que termine de hablar—. Umm… Eres demasiado serio para eso.
—Lo soy. —Toma el libro de aritmancia de Susan para ignorar el hecho de que estuvo a punto de mencionar que iba a casarse con Harry.
Y el hecho de que sus mejillas arden.
—¿Quiénes son ellas, de todas formas?
—Lavender y Patil, son mis compañeras de habitación. —Hermione, quien escuchó su conversación en silencio, se une a ellos.
—¿Interesado, Tom?
Le rueda los ojos a Sue.
—No son mi tipo.
—¿Tienes un tipo?! —Su amiga chilla y la señora Pince chista tan fuerte que todos los alumnos de la biblioteca voltean a verles.
—¡Sue! ¡Nos sacarán de la biblioteca!
—Ugh, me harían un favor.
Hermione la fulmina con la mirada.
Susan se vuelve hacía él.
—¿Y bien? ¿Cuál es tu tipo?
—¿Por qué? ¿Acaso te gusto, Sue? —dice con una sonrisa encantadora mientras se inclina cerca de ella.
—Ugh, ni en tus sueños más locos Riddle. —Lo aparta con un manotazo.
—¿Votaste por mí como uno de los más guapos de Hogwarts?
—No, voté por Zabini —dice mientras levanta su barbilla con altanería.
Tom se pone una mano en el pecho como si doliera.
—Eso fue muy bajo de tu parte.
—Yo voté por Cedric —admite Han, con los ojos brillantes, probablemente imaginando un mundo donde ella y Cedric viven juntos y enamorados por siempre.
Él y Susan se echan a reír.
—¿Y tú Hermione? ¿Por quién votaste?
Su amiga se encoge como un cervatillo asustado ante la mirada de todos, sus ojos marrones lo miran fijamente por tres segundos que se extienden, sus mejillas se enrojecen y aparta la mirada.
—Por nadie, no me gusta participar en esas cosas.
—Ajá, seguro que no…
Hannah golpea las costillas de Sue con su codo.
Los días se desvanecen entre sus dedos, todo el castillo vive con prisa y ansiedad por los exámenes, Tom ya ha visto a los de quinto y séptimo desmayarse en mitad de los pasillos o llorar histéricos en la biblioteca porque no logran recordar todo el material de estudio.
Él está contento con el caos, el que estén tan ocupados que no le presten demasiada atención. Las chicas han bajado la guardia después de que se mostrara relajado y tranquilo, Harry le escribe por la noche para pedir ayuda con transfiguración y pociones, y el tema de la preocupación ha desaparecido entre ellos, aunque sabe que es más una pausa que un descuido, Harry solo espera al verano para preguntar de nuevo.
Pero nada de eso importa, está calmado por primera vez en meses y está feliz con ello.
Hasta que comienza el dolor.
Agujas clavadas en su espalda baja cuando sube y baja las escaleras para ir a clase, que se convierten en puñales mientras avanza el día. Duele tanto que se le nubla la vista, que las voces a su alrededor son solo ruido que se intensifica y lo aturde. Al principio era solo un pinchazo, pero después de una semana es tan horrendo que solo logra conciliar el sueño porque la poción le ayuda.
El examen de defensa es especialmente terrible, la profesora idea un maldito circuito en el campo de quidditch en donde deben enfrentarse a obstáculos y batirse en duelo con un compañero seleccionado por ella. A Tom lo empareja con Theodore Nott porque Hermione ha sido su compañera todo el año. No fue difícil en absoluto, solo molesto, increíblemente molesto y doloroso. Tom termina empapado de sudor frío mientras sus piernas tiemblan. Para su fortuna la profesora le deja irse cuando lo pide, felicitándolo por su increíble desempeño.
Asiste a cada examen con el cuerpo tenso, irritado, temeroso de moverse demasiado y que el dolor empeore.
Se niega a ir a enfermería y que Pomfrey vuelva a examinarlo.
Falta solo una semana para que inicie el verano y puedan irse a casa. Tom intenta no pensar en lo que significa volver, pelea con las imágenes de las pesadillas, con los gritos, las patas de araña de su madre, el olor a óxido de la sangre y con la sensación de tener un puñal clavado en el estómago. Incluso con la poción no puede evitar los nervios que le corroen en el día, ni siquiera sus exámenes son suficiente distracción.
No sabe cómo actuará al verla, su odio sigue allí, dormido, reprimido por el miedo que las pesadillas le han provocado.
Y aun peor, la tía Lily aun no puede viajar a Gran Bretaña al estar delicada por la viruela de dragón, menos cuando en Gran Bretaña los casos de viruela no se han controlado gracias a la mano del mercado negro del knockturn. Sería letal si volviera a enfermar. Así que no hay verano en Gran Bretaña este año, Tom tendrá que ir a Francia y sabe que ella pondrá todas las trabas que pueda. Lo sabe. Lo presiente. Puede escuchar su negativa neurótica en su cabeza.
No le ha contado sus inseguridades a Harry, no quiere algo que le recuerde lo que le espera una vez se acabe el año escolar.
Despierta por la noche con la sensación de tener una navaja atravesando el costado izquierdo de su espalda baja. Es tan terrible que no puede levantarse de la cama, solo se retuerce como un gusano y deja escapar quejidos mientras sus puños aprietan las sábanas húmedas de sudor.
La noche pasa con lentitud, es eterna, el dolor es tan intenso que no puede pensar.
Sus compañeros de habitación se despiertan, Tom los escucha a través de sus cortinas, como arrastran los pies y hablan entre ellos. Se queda acostado hasta que el último de ellos sale y entonces se levanta.
Sus piernas tiemblan, débiles como una ramita y su espalda duele tanto que la bilis le sube por la garganta.
El camino al baño le parece eterno, su cama es la última de la habitación, pegada a la pared y frente a la puerta, a metros de ella, donde puede ver a todos y protegerse la espalda. Pero ahora que debe recorrer el espacio con un malestar que amenaza con tirarlo al suelo desmayado, se arrepiente de su elección.
La enorme necesidad de orinar se antepone a sus deseos de vomitar. Va a los inodoros y se sienta, no tiene la fuerza para mantenerse de pie y gracias a Merlín que está sentado porque cuando las primeras gotas de orina salen, miles de agujas se le clavan, no puede reprimir el grito que sale de él ni las lágrimas que le corren por la mejillas.
Mira hacia abajo y encuentra la cerámica blanca del inodoro llena de sangre, sangre que sale de su… Su visión se nubla, el asco y el miedo lo controlan hasta que todo se oscurece a su alrededor.
Despierta con un bofetón en la mejilla que le deja atónito y confundido. Todo a su alrededor se ve opaco y borroso, y su boca está seca como si hubiera tragado polvo.
Frota sus ojos con sus manos hasta que su visión se enfoca. Está acostado en un mueble, en una habitación de paredes de piedra, sigue en el castillo pero no es su habitación. Tom ve una repisa de madera oscura llena de libros y cachivaches, hay antorchas pegadas a cada lado de la pared, una mesita frente al mueble y… Un Severus Snape con cara de ogro que tiene toda la pinta de querer asesinarlo.
—Bienvenido al mundo de los vivos señor Riddle, puede explicarme de dónde sacó una dotación de sueño sin sueños para un mes?
Mierda, estaba jodido. Hundido. Snape iba a contarle a la tía Lily y ella al tío James y muy seguramente vendrían a verlo durante el verano y verían a su madre y harían preguntas sobre por qué no estaba durmiendo bien y lo sabrían, ellos lo averiguarían…
—Estoy esperando por usted, señor Riddle, a menos que quiera hacerle una visita al director.
—Yo… No podía dormir —balbucea.
Snape lo ve como si deseara desintegrarlo.
—Eso es evidente —espeta—. Es tan idiota y descuidado que ha olvidado una noción básica de la ingesta de pociones? Si se toma una poción con regularidad se debe depurar al cuerpo con regularidad para limpiar al organismo de los restos o puede sufrir de un doloroso y peligroso cólico nefrítico, por insuficiencia renal.
Tom desea golpearse él mismo, cómo pudo olvidarlo? Es una de las primeras cosas que aprendió, es cuestión de lógica! Pero estaba tan distraído, se olvidó de la misma forma que olvidó el anillo…
Snape se ve más decepcionado que furioso, aunque logra que su decepción se vea igual que un dragón rabioso a punto de escupir fuego.
—¿Olvidó usted que estaba bajo la ingesta de una poción nutritiva? ¿Olvidó sus componentes principales? Olvidó que la poción nutritiva está hecha para alojarse en el organismo, que tiene un comportamiento acumulativo? Cómo entonces pudo ser tan estúpido como para tomar sueño sin sueños?!
Tom se incorpora, no soporta escucharlo gritarle y se siente débil, en desventaja, al estar sentado y mirar a Snape desde abajo.
—Sí, lo olvidé. ¿Está satisfecho con escucharlo?
El murciélago hace una mueca de disgusto, sus labios se arrugan como si quisiera mostrarle los dientes y arrancarle la cabeza de un mordisco.
—Nunca, en todos mis años como maestro tuve un alumno tan descuidado, tan insolente…!
—¡Bien, entonces deje de darme clases! ¡Estoy harto de complacer a todo el mundo en este maldito lugar! —explota, se levanta y manda a volar de un manotazo la manta suave que le cubría el cuerpo—. Debo ser el estudiante perfecto, el aprendiz perfecto, el amigo perfecto, el hijo perfecto, el ahijado perfecto! No tengo libertad para equivocarme porque sino algo está mal conmigo… Merlín! Es imposible que Tom Riddle no responda a todas las malditas preguntas en clase, es imposible que entregue un trabajo con el número exacto de pulgadas que pedí cuando siempre hace el triple, es imposible que se vea cansado, ¡él siempre puede con todo! —grita y Snape solo lo ve con una ceja alzada y los brazos cruzados.
—¿Terminó?
Tom quiere matarlo, debería arrojarle la maldita estantería encima.
—No, váyase a la mierda, usted y su maldita tutoría. Busque a un pobre diablo que quiera ver su grasosa y fea cara y piense que es lo mejor que le ha pasado en la vida y déjeme a mí en paz!
Una punzada espantosa le hace perder el equilibrio, Snape llega como un salvador y evita que se desplome al suelo. El dolor es insoportable y Tom se aferra a la capa de Snape, hundiendo el rostro en el torso del hombre, sin importarle que acaba de gritarle que se vaya a la mierda.
—¡Me duele!
Snape lo carga como puede hasta una silla y lo deja con toda la delicadeza que puede sobre ella. Tom ve estrellitas negras hacerse grandes y pequeñas, su aliento se calienta y su cuerpo se siente frío.
—No se desmaye de nuevo, abra la boca.
No puede ver a Snape con claridad pero Tom hace lo que le pide.
Su lengua saborea un líquido helado, suave, ligero y con un regusto cítrico que no lo hace agradable. Lo traga con una mueca y siente el frescor descenderle por el tracto digestivo hacia su estómago, es como tragarse un cubo de hielo que no se derrite.
El dolor cesa un poco, puede sentir las punzadas pero no es tan espantoso como para estar a punto de desmayarse.
—Le dí un depurador, limpiará sus riñones pero no lo hará de la noche a la mañana. Se produjeron cálculos por el consumo de las dos pociones, algo particular ya que los efectos adversos no suelen ser tan rápidos.
Snape se aleja de él y guarda la botella vacía en un maletín que reposa en una mesa detrás del sillón en el que despertó, con otro montón de pociones sin abrir.
—No puedes tomar ninguna poción en al menos dos meses o las consecuencias serán para siempre —explica, sin voltear a verlo, mientras cierra su maletín.
—Ya lo sé.
Snape se da media vuelta y lo fulmina con la mirada.
—Y es un hábito para usted ignorar reglas básicas aun cuando conoce sus consecuencias?
—Necesitaba dormir.
Severus asiente, se cruza de brazos y se apoya en la mesa, de espaldas a esta. Sus ojos oscuros lo analizan como a una de las ratas de práctica de McGonagall.
—Y qué le impedía hacerlo sin ayuda? —El tono condescendiente de su voz es detestable.
—Necesitaba estar a la altura con mis clases, cada que cerraba los ojos solo podía pensar que debía estar haciendo más.
Una ceja poblada y gruesa del profesor se levanta, como un auror asomado al alféizar.
—Madame Pomfrey dijo que debía descansar pero simplemente no podía, así que al principio le robé tres frascos de poción y pensé que estaría bien, pero después fue lo mismo y venían los exámenes y yo necesitaba estar bien, así que… Compré más —escupe cada palabra con rapidez, no está seguro de que el hombre lo haya entendido.
—¿Estás seguro de que eso fue lo que sucedió?
La forma en que lo examina le intimida, es como si cada palabra rebotara en él. No le cree.
—Sí.
Snape suspira y Tom ve como su máscara de profesor insufrible desaparece para mostrar un rostro compasivo que luce tan extraño y fascinante como un gigante enamorado de un unicornio.
—Sabe señor Riddle he sido profesor por mucho tiempo y he visto muchos estudiantes como usted… En apariencia tranquilos, buenos estudiantes, chicos que no se metían en líos, pero que guardaban muchos secretos sobre lo que realmente era su vida.
Sus hombros se endurecen, como si de repente sus articulaciones se compactaran y fuera imposible para su tórax expandirse con cada respiración.
—No tenían una vida fácil, ninguno de ellos. Uno puede notarlo, hay algo en los ojos, una chispa de malicia que no está en los demás, una madurez inusual.
Una capa de hielo se le pega a la espalda, tan pesada que le hace imposible ponerse de pie y salir corriendo.
«Deja de hablar, por favor deja de hablar».
—Veo eso en usted, desde el primer día que lo ví. Ví en usted lo mismo que ví por años en el espejo.
Una bola se atasca en su garganta, impidiéndole respirar.
—Sé lo que es tener miedo, sé lo que es vivir bajo el techo de una persona que te hace sentir diminuto, débil y miserable. Y lo difícil que es irse y pedir ayuda. Sé cómo es sentirse solo.
Sus ojos pican y se humedecen, quizá porque su espalda duele aun o porque no puede respirar o porque cada palabra de Snape se clava justo en el lugar en donde cada palabra hiriente de su madre está alojada.
—Pero no tienes que soportarlo, Tom. Eres brillante, tienes un futuro brillante y no tienes que arruinar eso por proteger a alguien que no te protege a ti.
Las lágrimas caen por sus mejillas sin su permiso y de inmediato baja la cabeza para que Snape no pueda verlo llorar.
«Deja de llorar, por favor deja de llorar”. Repite una y otra vez en su cabeza. “No pueden saberlo, ellos no pueden saberlo. Va a morir, va a morir si lo saben. No puedes… Vas a matarla».
—Tom… —La mano de Snape en su hombro lo hace saltar. No se atreve a mirarlo a la cara—. Si no quieres decir que sucede no te presionaré. Entiendo cómo se siente, lo hago, en verdad. Pero soy tu profesor y tu mentor y mi deber es velar por tu integridad.
—Acabo de renunciar a las tutorías… —murmura, sacudiéndose para que la mano de Snape se aleje de él. Gracias a Merlín lo hace.
—No, acabas de tener un quiebre emocional después de meses de retener tus emociones.
Hunde los dientes en el interior de su mejilla, fijándose en el suelo oscuro de la habitación y en las mínimas motas de sucio que puede encontrar.
—Si quieres dormir sin pesadillas la poción de sueño sin sueños no es la mejor opción.
—Lo sé.
—¿Lo sabes? —El sarcasmo vuelve a su voz, gracias a Morgana.
—Causa insomnio y alucinaciones si se consume con regularidad —recita, como si lo leyera directamente del libro.
—Y tú la tomaste por meses.
—Solo desde la segunda semana de junio— aclara—. Estaba bien.
—Tu riñón izquierdo está muy mal.
—Ya estaba mal antes, me cruciaron por mucho tiempo cuando tenía nueve años, en San Mungo dijeron que tenía insuficiencia renal y lo arreglaron con pociones, pero ya sabe, nunca queda igual.
«¿Qué mierda estás haciendo?! Por qué le cuentas lo que pasó?!»
Snape no dice nada. Su silencio es como la calma antes del caos y Tom aprovecha ese momento para reprenderse por ser tan bocón.
«Que mierda está mal contigo!?».
—Ya veo, bueno, entonces no podrá tomar pociones por al menos cuatro meses.
¿Importa? Volverá a esa casa del infierno, no podrá dormir en paz, ni siquiera si lo noquean.
—Te enseñaré algo mejor que una poción.
Tom se fija en Snape, que camina hacia su estantería y acaricia los tomos con la yema de los dedos hasta detenerse en uno de tapa dura, color azúl oscuro y letras doradas.
—¿Has escuchado algo sobre la oclumancia?
Asiente.
El hombre camina de regreso y le tiende el libro.
—El arte de proteger la mente. Podrás erguir escudos invisibles para evitar que alguien pueda entrar a tu cabeza y leer tus pensamientos. Pero la oclumancia es más que ello, te ayuda a controlar tus emociones cuando lo necesitas. —Palmea el libro en sus manos—. Aprende a construir un castillo de la memoria, aprende a darle un lugar a tus recuerdos y emociones y cuando no quieras que te molesten encierralos.
Tom se encuentra con sus ojos.
—Evitará que tengas pesadillas, reducirá tu ansiedad y te permitirá vivir tu vida sin que tengas un ataque de ansiedad cada que respires.
El libro en sus manos se siente como la piedra filosofal.
—Sin embargo, no debes depender de la oclumancia para siempre, llegará el día en que deberás enfrentar las cosas que te asustan. De acuerdo?
Es increíble que Snape, de todas las personas, esté preocupado genuinamente por él. Que sea tan amable.
—De acuerdo. Gracias profesor.
Snape suspira y en sus ojos aun puede ver su preocupación, el deseo de hacer más.
—Y si necesitas algo… Puedes venir a visitarme durante el verano.
Se le va a caer la mandíbula.
—Señor… ¿En serio es usted?
Snape se ríe. ¡Se ríe! Acaso Tom está muerto y todo esto es un extraño pasaje al mundo de los muertos?
—Le dije que no era un ogro.
—Bueno… Hace un muy buen trabajo fingiendo ser uno.
El profesor pone los ojos en blanco.
—Ya te sientes mejor, supongo.
—Aun duele, pero es soportable.
—Toma mucha agua y nada de esfuerzos. Dentro de una semana debes tomar otra poción depurante. Te la daré al final de curso. Tienes que tomar tres en total.
Tom asiente.
—De acuerdo, hablaré con Septima para que te repita el exámen durante tu hora libre.
Mierda, el exámen de aritmancia. ¡Se lo había perdido!
—¿Qué hora es?
—Son las diez de la mañana, tu clase de criaturas mágicas comenzó hace media hora.
Tom hunde la cabeza entre sus manos.
—¡Tengo exámen!
—Si se apresura todavía puede llegar. Le daré un pase para que Grubbly le permita incorporarse.
Snape se mueve con velocidad, toma un papel y pluma de la mesa y garabatea algo que no logra observar. Se lo tiende y Tom la guarda en el bolsillo de su… Pijama? Mierda!
—Usted… ¿Cómo me encontró?
—Faltaste al desayuno, le pregunté a Nott por usted y dijo que no había salido de la cama. Fuí a buscarte para obligarte a comer y me topé con una cama llena de protecciones rúnicas. Me costó unos minutos desactivarlas y descubrí que no estabas ahí. Entré al baño y te conseguí tirado en el suelo.
Su rostro se calienta como si estuviera frente a la chimenea. La idea de que Snape lo haya encontrado desnudo es humillante.
—Si quiere llegar a su clase será mejor que se vaya ahora.
—Tengo que ir a cambiarme, para cuando llegue solo tendré media hora.
Definitivamente no desea correr por los pasillos.
Snape lo apunta con su varita y su pijama verde se oscurece hasta tornarse negra, sus pantalones de seda ahora son de algodón y sus pantuflas son zapatos de cuero negro. No hace falta verse en un espejo para saber que ha transfigurado su pijama en un uniforme.
—Un finite incantatem bastará.
—Lo sé. Gracias señor.
Su profesor lo guía a la salida de su oficina y Tom se topa con el aula de pociones, sola.
Camina entre las mesas y se para frente a la puerta, antes de abrir mira atrás, al maestro de pociones. Es difícil creer que le haya tratado tan bien.
—Podría… No contarle a mis tíos sobre esto?
—No planeaba hacerlo.
Tom no ve rastro de mentira en su rostro.
—Gracias profesor Snape.
—Siempre estaré presente para ayudar a un estudiante que lo necesite.
—No fue muy bueno en primer y segundo año.
Snape lo fulminó con la mirada.
—Ahora lo soy.
Tom hace una mueca parecida a una sonrisa.
—Bien, gracias señor.
Se apresura a salir de las mazmorras, agradeciendo a Merlín que esté cerca del primer piso y de las puertas principales. Le espera una caminata de diez minutos que tratará de hacer en cinco para no perder más tiempo.
La profesora Grubbly acepta su tardanza y le entrega una hoja de exámen que Tom ataca con su pluma con desesperación, tiene que responder todo y luego hacer una parte práctica que la mayoría de sus compañeros están haciendo. Sue y Hannah le miran a lo lejos con expresiones confundidas y Tom sabe que tendrá que dar explicaciones más tarde.
Es una lástima que Babbling no haya fijado el exámen de aritmancia para ese día, así al menos podría huir de las preguntas de Sue y la preocupación de Hermione.
Así que mientras responde con rapidez las preguntas piensa en una excusa sencilla y creíble para explicar por qué ha llegado tarde.
Logra sobrevivir al viernes con presteza y durante la cena la mirada de Snape lo recorre como si estuviera buscando algo que le indique que está a punto de caer desfallecido.
Por la noche se acuesta con sus ojos clavados en el techo, analiza cada detalle del día y recuerda su charla con Snape, carcomiendose la mente con recriminaciones que la voz sardónica y cruel de su cabeza le arroja.
«Va a contarle todo a la tía Lily, eres un idiota por creerle. Mañana vendrán y te sacarán de Hogwarts y a ella la buscarán para encerrarla y morirá cuando le digan que no te verá nunca más. Vas a matarla por ser tan sentimental, por no callarte la boca».
«No me creería de otra forma».
«¿Y qué? Renunciaste a la plaza, pudiste mandarlo a la mierda e irte».
«Habría sido peor».
«Como sea, ¿para qué te preocupas tanto? La odias, deseas que se muera, déjalos encerrarla en Azkaban, morirá de todas formas con el contacto con los dementores». La voz se escucha contenta.
«No quiero que muera».
«Y cómo planeas deshacerte de ella? ¿Volverás a su casa y dejarás que te pisotee de nuevo? Eres un tonto, eres débil, una decepción».
Tom pelea con la voz en su cabeza hasta que el sueño lo vence.
Despierta en algún momento de la madrugada, su espalda late con un dolor lacerante y su corazón actúa como si estuviera siendo perseguido por una horda de acromántulas. No vuelve a dormir, solo se dedica a abrazar a little Harry y llorar de frustración, desea dormir, ha tenido un día largo y estresante y ahora solo está más agotado que antes.
Trata de consolarse con el calor de las sábanas y la esencia débil de Harry. Había sido un sueño especialmente aterrador, un recuerdo de ese día, vívido y realista, colmado de detalles, olores y sensaciones. En el sueño su tortura se repetía una y otra vez, el crucio se extendía por minutos hasta que Tom se desprendía de su cuerpo, tras gritos agónicos y súplicas, el monstruo lo remataba con un puñal en el corazón para luego arrojarle el cuchillo a su madre y que ella se degollara el cuello, tirándose sobre él mientras se desangraba, susurrando que estaría con él para siempre.
Era desesperante de tantas maneras que no podría explicarlo sin volverse loco.
El fin de semana es una tortura. Va por los pasillos como una esfinge furiosa, callado, con mala cara y malhumorado.
La cuenta regresiva para su regreso le revuelve el estómago por las mañanas y aunque lo único que desea es apartarse de la mesa e irse a un lugar solitario, se obliga a comer antes de que Snape se levante de su asiento y le empuje una cuchara llena a la boca.
La comida es insípida.
La última semana de clases es calmada, los exámenes ya han terminado y todos se dedican a descansar y pasear por los jardines, bueno… Todos aquellos que han aprobado.
Para Tom es una desventaja el tiempo libre, sus amigas notan su malhumor y él debe esforzarse para fingir que está bien. También está Snape, quién ahora le mira como un guardián secreto y protector, no deja de tener esa cara de perro bravo pero ahora no parece detestarlo como antes. Es molesto, todos le recuerdan lo que desea ignorar.
El miércoles todo se va a la mierda apenas pone un pie en su habitación. Es de noche, todos deberían estar descansando, Tom decidió entrar a esa hora para no toparse a nadie despierto. En cambio encuentra a sus compañeros despiertos, con sonrisas satisfechas y en medio de una charla burlesca y animada que en lugar de fallecer al verlo llegar, se enaltece.
Tom descubre con una mirada hacia el fondo de su habitación cual es la razón de su alegría. Sus cortinas están echadas a un lado y no puede sentir la magia de las runas latir como cada vez que está cerca de la cama.
Alguien ha roto su círculo rúnico de protección.
Blaise se echa a reír y las risitas de Goyle y Crabbe se le unen. Zabini está recostado en uno de los postes de madera de su cama, con sus brazos cruzados y una postura altanera, sus ojos ámbar lo desafían, brillan con la expectativa de lo que hará. Nott está calmado, sentado sobre su cama, con una pierna cruzada sobre la otra y su rostro contorsionado con la misma crueldad sádica de los demás. Tom ni siquiera se molesta en analizar a las dos bolas de grasa sin cerebro del grupo, no, sus ojos captan la figura pálida de Draco Malfoy, de pie junto a su cama, sus hombros encogidos y hundidos, como si quisiera hacerse pequeño, sus ojos no se mueven del suelo y Tom está seguro de que si lo mirase encontraría el terror en ellos.
—¿Qué pasa Riddle? Acaso pensaste que eras tan poderoso como para hacer una protección impenetrable? —Blaise habla por el grupo, evidentemente es la nueva figura líder del grupo desde que Malfoy actúa como un niñito asustado.
—No, pero sé que soy más listo que ustedes.
Los cinco están rodeándolo como una media luna, cubriendo parcialmente la vista a su cama. Tom respira y controla su rostro para evitar mostrarles lo ansioso que está por revisar sus cosas.
—Ya no más, hay un nuevo orden en el dormitorio Riddle y no eres bienvenido.
Era sorprendente, de todos Zabini había sido el menos interesado en meterse con él. Pero Slytherin hacía eso con los estudiantes, Tom había visto cómo los chicos de primer año terminaban el año escolar pisoteando a sus compañeros, incluso a sus amigos, para asegurarse un mejor puesto para su siguiente año. En la casa de las serpientes no había amigos, solo alianzas y puñaladas por la espalda.
—No recuerdo ser bienvenido ni una vez —dijo con aburrimiento—. No me interesa lo que piensen ni pienso aplaudirles por derribar mis protecciones rúnicas cuando es evidente que tuvieron ayuda. Estoy cansado y no tengo ganas de lidiar con unos niños idiotas y racistas que creen que intimidar a los demás les da poder.
Zabini se separa del poste de su cama para enfrentarlo, se acerca a su cuerpo y la magia de Tom responde, erizandole los vellos del cuerpo. Tom puede sentirla como una corriente alrededor de la habitación, los idiotas también lo sienten, lo demuestran sus jadeos asombrados.
—¿Crees que puedes salirte con la tuya por ser heredero de Slytherin? —Tom frunce el ceño sin entender a qué se refiere—. Le hiciste algo a Draco, Goyle nos contó que después de verte en la biblioteca se comporta extraño. ¿Qué le hiciste?
Tom bufa. Los intentos de esos niños de intimidarlo eran tan inocentes.
—¿Por qué no le preguntas? —Se burla.
—Creo que sabes que ya lo hemos hecho, lo embrujaste, le lavaste el cerebro! Crees que te saldrás con la tuya con esto? —Zabini se aproxima más y golpea su pecho con su dedo índice. Tom lo soporta mientras el veneno se apodera de su interior—. Le he contado a mi madre lo que le pasa y cuando el señor Malfoy se entere estarás muerto, serás más inutil y patético que Filch. Pudriéndote en el Knockturn, quizá debas pedirle trabajo a tu prima la puta para sobrevivir.
Tom siente su ojo temblar.
—Tienes pruebas? O solo me acusas porque me odias?
El moreno le ve con desprecio pero Tom sabe por la frustración en sus gestos que no tiene nada más que un chismorreo de una de las morsitas de Malfoy.
—Sé que fuiste tú, cada que mencionamos tu nombre se asusta y reacciona extraño.
—¿Y qué? La mayoría de las mujeres de Hogwarts reacciona muy parecido.
—Te crees muy graciosito, no tienes idea de quién soy ni de lo que soy capaz de hacer.
—Sé quién eres, tú madre es una bruja con una vida muy desafortunada que ha perdido muchos maridos de formas muy peculiares, todos con perfecta salud que inesperadamente enferman de repente y mueren al poco tiempo, dejándole mucho dinero. Bastante extraño, si me preguntas, incluso conveniente. Es bastante popular entre los aurores.
Zabini respira con fuerza, como un dragón furioso.
—Fue ella la que te dijo cómo romper mi círculo rúnico, ¿verdad?
El moreno no dice nada. Tom desea mirar su santuario, ahora invadido y arruinado, ha dejado cada posesión preciada detrás de sus cortinas y los gorditos idiotas le cubren la visión.
—Yo que tú me cuidaría Tommy, mi madre es una mujer astuta y siempre se sale con la suya. —Le amenaza.
Él solo levanta la ceja de nuevo. Ugh, está demasiado cansado como para ser amenazado por un adolescente de trece años que se cree el rey del dormitorio.
—Bien, terminaste con tu amenaza? ¿Ya repetiste las líneas del guión que te envió tu mami? —susurra con falsa dulzura, como si le hablara a un bebé idiota.
Los puños de Zabini tiemblan a los costados de su cuerpo.
Tom pasa a su lado sin importarle que el chico haya sacado su varita y le esté apuntando. Crabbe y Goyle se yerguen frente a su cama como dos golems salvajes.
—Apártense— ordena y los dos obedecen con la mirada perdida y nublada.
—No he terminado contigo Riddle.
—Oh… Acaso habías comenzado? —Se burla mientras se acerca a su cama. Lo que ve le deja mudo, paraliza su corazón, le hierve la sangre y le hace ver rojo.
—Ah, viste nuestro regalo? Pensamos que te gustaría, era tiempo de una renovación… Los chicos y yo pensamos que estás muy grande para dormir con muñecos. No te gusta?
Little Harry está despedazado en medio de su cama, el relleno de algodón está esparcido por sus sábanas, su cabeza está clavada en una estaca como si fuera un maldito vampiro y sus ojos brillantes han sido arrancados, todo su cuerpecito ha sido rasgado y apuñalado. Tom toma el cuerpo despedazado y nota que la esencia de Harry ha desaparecido, su lugar seguro, su apoyo en las noches de insomnio. El regalo de Harry para que no le extrañara se ha ido.
También hay trozos de cristal en el suelo que crujen cuando sus zapatos los pisan, Tom reconoce la lámpara de serpiente que usó algunas noches para leer o para evitar quedarse a oscuras detrás de las sábanas. Su baúl no ha sido violentado, la única forma de abrirlo es con su tacto.
—Miralo, le ha gustado tanto que se ha quedado sin habla. —Goyle, Crabbe o cualquiera de esos idiotas se burla de él.
La calma fría que había mantenido a raya explota en su interior y una carcajada que no transmite ni una pizca de diversión se le escapa entre los labios.
Los va a despedazar.
Se da la vuelta y se encuentra con los cuatro frente a él como una muralla de guerreros adolescentes planeando una emboscada, le parece irrisorio, ellos en serio piensan que tienen una oportunidad.
Zabini levanta una bola que reconoce de inmediato, es el orbe de la energía de Harry con el último uso revoloteando con alegría en su interior, los hilos dorados parecen sentirlo porque se pegan al frente del cristal como si desearan alcanzarlo.
—Interesantes cachivaches, debo reconocer que este llamó mucho mi atención. —El que sus dedos toquen la esencia pura de Harry le enloquece, le repugna al punto de desear ver su cabeza estallar. Zabini juega con el orbe, paseandolo entre sus dedos—. Quién es tan idiota como para regalarte una porción de su magia? Ningún sangre sucia como tú lo merece.
Tom lee lo que sucederá en los ojos de Zabini segundos antes de que el chico lance el orbe con fuerza al suelo. Los hilos dorados se esparcen en el suelo y Tom los ve retorcerse y tratar de unirse de nuevo con desesperación, como niños inocentes asustados, jura que puede escucharlos gritar.
La habitación se sume en un silencio tenso que aturde, todos le ven esperando su reacción, quizá que se vuelva loco o grite, algo que les dé material para burlarse.
—Realmente intenté ser bueno con ustedes, todo estaba tan bien entre nosotros… —Algo en su cerebro parece desconectarse, la tristeza de perder sus posesiones más preciadas se apaga y en su lugar algo oscuro emerge, el cansancio, la frustración, la ira y el miedo forman una bola descontrolada de energía en su pecho que solo pide una cosa: quiere verlos sufrir—. ¿Por qué tenían que arruinarlo?
Con un chasquido de los dedos de su mano izquierda la puerta se cierra con llave, encerrandolos a todos y un encantamiento insonorizante cubre las paredes y los encierra como si se tratara de un domo.
Cuatro varitas lo apuntan al pecho. Vuelve a reírse, su magia se enrosca en su estómago, asciende, se encoge, sube y se estira para salir. Las varitas de los cuatro salen volando de sus manos.
—Ahora… Si están tan curiosos por saber lo que le hice a Draco, les mostraré.
Tom sostiene a Zabini frente a él, el chico italiano está pálido, su piel morena ha perdido el brillo, está empapada de sudor y se ve con un tono enfermizo que le hace ver como un muerto. Apenas puede respirar y sus ojos lo evitan con una desesperación que le hace sonreír.
—¿Qué pasa Zabini? —Tom le hace subir la cabeza para ver sus ojos inyectados de sangre—. Aun no he terminado contigo. —susurra.
El chico tiembla y gimotea.
—Goyle— llama y uno de los gorditos le mira con miedo desde el suelo. Crabbe y Nott están tirados como muñecos después de que Tom los liberara de las maldiciones que usó—. Ven.
El chico se levanta tambaleándose, sus piernas le tiemblan pero la compulsión lo obliga a acercarse.
Tom suelta el agarre sobre Zabini y se sienta en el colchón de su cama.
—Golpealo —ordena.
El pobre gordo ni siquiera pone resistencia, su mente es tan débil y estúpida que levanta los puños y los empuja a la cara de Zabini.
—Blaise… No te defiendas, ni grites, ni te quejes. Dejarás que te haga lo que yo le ordene.
Si algo puede reconocerle Tom a los gordos idiotas es que tienen mucha fuerza, la cara de Blaise queda hecha un desastre con rapidez. La habitación se llena con los sonidos de la carne siendo golpeada, de la sangre cayendo al suelo, de los gruñidos de esfuerzo de Goyle con cada golpea que da. Blaise cae al suelo tras un puñetazo que le rompe la nariz.
—Patealo— dice, cuando el idiota se queda inmóvil.
Tom disfruta ver el rostro de Zabini contorsionarse de dolor, las lágrimas que caen de sus ojos y como lucha por desprenderse de la compulsión le llenan de una satisfacción y placer que no ha sentido en mucho tiempo.
—¡Basta! Goyle! ¡Ya déjalo! —Nott, se ha puesto de pie, con una expresión horrorizada que nunca podrá olvidar. Sus ojos lloran con pánico pero ni siquiera él es capaz de entrometerse para salvarlo. No, ninguno de ellos metería la mano al fuego por el otro—. ¡Ya basta! Riddle! ¡Lo va a matar!
Su grito desesperado y ronco atraviesa la cacofonía de la golpiza.
Es irritante, Tom lo está disfrutando tanto…
—Goyle… Ahorcalo —ordena, sin siquiera fijarse en el asqueroso despojo que es Zabini en ese momento. En cambio habla con sus ojos fijos en Nott y disfruta al ver cómo su cuerpo se estremece.
Ve por el rabillo del ojo como Goyle se arrodilla y rodea el cuello de Zabini con sus manos regordetas.
Nott no le mira, las lágrimas le caen por las mejillas sin control y el espanto que ve en ellos acaricia su magia como una almohada de plumas.
—Riddle, por favor! ¡Por favor! Goyle suéltalo ya!
Nott se abalanza sobre el gordito y lo golpea en la espalda. Goyle no se defiende, en su cerebro solo hay una misión: asfixiar a Zabini. Y Tom no suelta la orden, la endurece, la arroja de forma insistente a su mente.
Tom debe reconocer algo, Nott es mejor amigo de lo que pensaba.
—¡Blaise! Goyle por favor! ¡Suéltalo! —Golpea la cabeza del gordito una y otra vez con un llanto desesperado que deja de ser divertido. —Suéltalo!
—Goyle… Suéltalo.
Goyle se detiene por fin y se fija en el desastre que es Zabini a sus pies. Cubierto de sangre, con el rostro hinchado y desfigurado, apenas capaz de respirar por su cuenta. El niño jadea y se ve las manos con terror, tiemblan llenas de sangre y destrozadas.
Nott lo empuja lejos de Zabini, llorando de alivio. Tom detesta que el llanto de ese idiota le haga sentir culpable, odia como su corazón se encoge y duele.
Se levanta de la cama y Nott se inclina sobre el cuerpo magullado de Zabini, como un escudo de carne tembloroso.
—Ya déjalo Riddle, por favor, ya hemos entendido, hemos entendido todos. —Su voz suena calmada y política, a pesar del temblor de su cuerpo.
Goyle parece haber sido besado por un dementor, con la boca abierta, los ojos desorbitados y perdidos más allá de la habitación y un hilo de baba que le cuelga de la boca.
Tom se mueve, empujado por el dolor, por la rabia, por el sentimiento de injusticia y hastío. Llega a los pies de Zabini y Nott, se arrodilla delante de ambos y saca su varita de su bolsillo.
—Tom! Por favor
El que Nott le llame por su nombre se siente retorcido, es como si no se refiriera a él sino a esa parte oscura y podrida que se le aferra a los huesos desde hace meses.
Apunta a Zabini con su varita y le advierte con la mirada a Nott que no intervenga.
—Episkey.
La nariz de Zabini chasquea cuando el hueso vuelve a su lugar, los cortes en su rostro se cierran y la hinchazón disminuye considerablemente. Tom vuelve a lanzar el hechizo a su cuerpo para curar los moretones que muy seguramente tiene hasta que ya no luce como un adefesio.
—Tergeo. —La sangre desaparece de su ropa y su piel.
Zabini parece resucitar, su respiración mejora y ya no está ese sonido silbante y débil como de un anciano a punto de morir.
—Hola Zabini, bienvenido al mundo de los vivos.
No hay nada que desee más que marcharse, aun cuando el cuarto está en silencio no deja de escuchar los gritos, el llanto, los ruegos… La piel de Zabini siendo golpeada y los gruñidos de Goyle. No puede creer lo que acaba de hacer, lo que está haciendo.
Es un monstruo, un maldito psicópata que torturó a sus compañeros porque rompieron un peluche.
Mierda. Nadie nunca puede enterarse de lo que hizo. Lo expulsarán, le romperán la varita y lo mandarán a Azkaban. Sus padres van a arruinarle la vida.
No deja que nada en su expresión corporal o gestos demuestre lo aterrado que está. En cambio se pone de pie, imperturbable, lento, como si tuviera todo bajo control.
«Eres un psicópata. ¿Cómo puedes actuar tan tranquilo? Eso es, no estás fingiendo, no realmente. Eres igual a ellos». La voz en su cabeza pone en riesgo su máscara imperturbable.
—Ahora… Esto es lo que va a pasar. —Tom recorre con la mirada el cuarto. Crabbe está desmayado aun en medio de las camas, Malfoy llora con sus brazos rodeando sus piernas, encogido sobre el colchón de su cama. No fue necesario que Tom le hiciera nada, Malfoy solo observó como maltrataba a sus compañeros, bajo la amenaza de que podría ser él—. No puedo dejarlos ir a menos que sepa que lo que sucedió se quedará aquí. —Su voz tiembla y carraspea para aclararla.
Nott abraza a Zabini con un brazo, sus ojos lo enfrentan con valentía y ferocidad pero no dice ni una palabra.
Tom apunta con su varita a Crabbe.
—Rennervate— murmura. El pobre gordito despierta con un chillido, sus ojos se pasean por el cuarto, encuentran a todos sus compañeros hasta toparse con él y proferir un chillido aterrorizado.
—No recordarán nada de lo que sucedió aquí. Entré a la habitación, ví mis pertenencias destruídas, los mandé a la mierda, los amenacé y le dí un par de puñetazos a Zabini en la cara. Luego me marché. —Siente repulsión al ver como los cinco entran en un estado similar a la hipnosis—. Descubrirán que sus sospechas hacía mi son una tontería y que Draco solo está actuando raro por motivos que desconocen. Seguiré siendo para ustedes el detestable bastardo del linaje de Slytherin que prefieren ignorar.
Todos lo ven como si fuera una bombilla y ellos las polillas, como si fuera un Dios y no un loco que los ha torturado. Es repugnante lo fácil que es para él causar daño y salirse con la suya.
Tom se da media vuelta y sale de la habitación dejándolos allí tirados, confundidos, solos para ordenar en sus mentes lo que sucedió, para darle forma y lógica y tragarselo.
La sala común está desierta y él se escabulle por la puerta, conteniendo el aliento para no ser atrapado por los prefectos. Pero fuera está oscuro, las antorchas apenas iluminan el pasillo principal de las mazmorras. Tom se guía por su memoria para salir y sube las escaleras al primer piso, luego al segundo, hasta entrar a trompicones al baño de Myrtle.
Dentro está igual de oscuro, hay una atmósfera tétrica y abandonada que le pone los vellos de punta, pero no se quejaría si una banshee sale de uno de los cubículos y lo mata con un alarido.
Debería morir, todo sería más fácil. No tendría que preocuparse por volver cada verano al Knockturn, no tendría que recordar cada mentira que ha dicho ni practicar en el espejo sus expresiones para no mostrar lo miserable que se siente. Si muere primero… No tendrá que verla morir a ella después, no habrá culpa, no habrá nada.
Sus piernas ya no soportan sostenerlo y Tom se deja caer al suelo, con las lágrimas cayendo espesas por sus mejillas.
—Mark? —Myrtle aparece de la nada, quizá alarmada por su llanto— ¿Qué tienes?
Tom solo puede llorar, sujetar su estómago con sus manos porque duele demasiado y morderse los labios para que sus alaridos no llamen la atención de cualquiera que pase por el pasillo del segundo piso a esa hora.
—Mark… Por favor habla conmigo, ¿qué pasó? —Suena asustada. Es irónico, ¿puede un fantasma estar asustado?
—Soy una mala persona, Myrtle. Soy un monstruo —berrea.
La chica niega con la cabeza, sus ojos fantasmales se abnegan de lágrimas y hay una angustia en ellos que empeora su ansiedad.
—Eso no es cierto, eres un chico muy amable.
Él niega con la cabeza.
—No lo soy, soy una mentira, una estafa. Todos creen que soy bueno pero realmente estoy podrido, estoy tan podrido como ellos.
La niña no lo entiende, solo se pega a él hasta que su figura etérea casi lo traspasa. Tom se estremece de frío pero no se queja, Myrtle es la única compañía que tiene ahora.
—¡No es verdad! Conozco a todos en esta escuela y sé que alguien bueno no estaría llorando como lo haces tú. Los chicos pueden ser muy crueles. —Myrtle habla con dulzura, sus manos se le acercan como si quisiera tocar sus mejillas y hace una mueca de pena cuando no lo consigue.
—No entiendo por qué me odian tanto, no los he molestado nunca —solloza.
Myrtle asiente.
—Te entiendo, Olive Hornby era igual. Puso a toda la casa en mi contra solo porque yo no era como ellos, me molestaron hasta que… Bueno, no lo soporté más.
Tom se queda helado con su confesión, Myrtle se ve tan desdichada. Hay un destello de arrepentimiento, de un sufrimiento que parece carcomerla y que sólo ahora puede verlo.
—No dejes que esos idiotas te hagan lo mismo Mark, no vale la pena.
Tom sabe que se refiere a estar muerta, no vale la pena estar muerto y vagar por toda la eternidad sufriendo por personas de mierda.
—No quiero volver a casa, quisiera quedarme en Hogwarts todo el verano —confiesa.
La niña parece feliz por unos segundos.
—¿Por qué? ¿Qué pasa en tu casa?
—Mi madre es espantosa. Ella… —Tom ni siquiera encuentra palabras para describirla. No existen, no hay forma de expresar cómo se siente ni el escalofrío que lo recorre al pensar en ella.
Myrtle le ve con lástima.
—Y no tienes a nadie más?
—Mis tíos pero… He hecho cosas terribles y les he mentido tanto que tengo miedo de que lo descubran.
Myrtle suspira y ladea la cabeza como si estuviera pensando en una respuesta que lo tranquilice.
—Son buenas personas?
—Los mejores.
—Bueno… Entonces no importa lo que hayas hecho, ellos entenderán. Estar muerto te hace ver las cosas de una forma diferente, sabes? Te da mucho tiempo para darte cuenta de que todo lo que te preocupa pudo haber sido resuelto tan fácil…
Myrtle se “sienta” a su lado, con la mirada puesta en las ventanas sobre los cubículos del baño, por ellas entra un débil haz de luz plateada que irradia la luna en el cielo nocturno.
Tom no dice nada, ella tampoco, solo se quedan allí acariciando sus propias heridas.
Los siguientes días pasan como un ventarrón.
Se siente terrible. La culpa lo carcome cada que ve a Zabini mirarlo con indiferencia, ignorante de su sufrimiento, de su llanto y de lo que le hizo.
Los oye reírse de él, hablar sobre cómo quemaron los restos de Little Harry cuando huyó para llorar. Le duele en el pecho no haber tomado los restos de su pingüino, pero eso no hace que la culpa sea menos. Lo que ellos le hicieron fue una broma pesada, lo que él les hizo fue una aberración y nunca podrá perdonarse por disfrutarlo.
No se molestó en mejorar las protecciones de su cama. No puede dormir, no es necesario hacerlo cuando está en vilo toda la noche. No cuándo ha convertido la sala común en su santuario durante la madrugada.
Evita a sus amigas con excusas, usando a Marissa la mayor parte del tiempo. Su prima no se queja ni lo confronta, de hecho ni siquiera le pregunta nada. Solo lo ve de reojo en sus largas tardes en la biblioteca o en los jardines, preguntándose en silencio qué le ha pasado y apareciendo durante el desayuno para acompañarlo. Tom le agradece su compañía en silencio y espera que ella sepa leerlo en su rostro.
El año termina con Gryffindor como ganador de la copa de las casas y hay una gran fiesta en la mesa del león rojo. Todos gritan felices como si ganar una tonta copa fuera la clave del éxito, de la felicidad y una luz para apartar los problemas.
Tom envidia su ingenuidad, su capacidad para ser felices y despreocupados.
Snape lo retiene después del desayuno para darle la siguiente toma de la poción y Tom tiene un pequeño ataque de pánico al pensar que los chicos de alguna forma lograron recordar lo que sucedió y lo han acusado.
Se siente como una mierda cuando descubre que no es así. Se toma el líquido y se va sin decirle nada a Snape, que parece querer interrogarlo por su actitud de los últimos días pero se contenta con entregarle la última dosis para que la guarde.
El viaje en tren se le echa encima como un demiguise sangriento y Tom reúne la poca energía que le queda para afrontar el viaje junto a las chicas.
—¿Qué harán este verano? —Hannah pregunta, es lo usual tras cada viaje contar sus planes y lo emocionados que están por las vacaciones.
—Supongo que no mucho, mamá y papá deben trabajar así que estaré visitando a mis abuelos y a mis primos, creo. Pueden venir a casa o yo puedo visitarlos.
Tom escucha a Hermione hablar, pero no levanta la vista de su libro, aspirando a que no lo molesten demasiado.
—Yo iré a Rumanía con mi tía, ella irá por negocios y yo por placer —presume Sue.
—Puedes venir a mi casa Hermione, no tengo nada interesante que hacer.
—¡Bien! Iré entonces.
Hay un silencio sepulcral y no tiene que ser un experto para saber que le están mirando.
Las tres están expectantes, Hannah y Susan frente a él miran el libro en sus manos y luego sus ojos, Hermione, justo a un lado, parece querer extirparle las palabras con el poder de su psiquis.
—Estaré en casa y luego iré con mis tíos, lo de siempre.
—Irás a Francia este verano?! —Hannah ama Francia.
Él se encoge de hombros.
—¿No vienen este año? —Sue hace la pregunta con curiosidad.
—No, la tía Lily no se ha recuperado por completo de la viruela y dicen que en Gran Bretaña aun hay casos nuevos apareciendo cada tanto. Podría recaer si viene.
—Entonces no te veremos este verano? —Hermione parece decepcionada.
—Probablemente no.
—Bueno… Entonces debes escribirnos seguido.
Lo último que desea es sentarse a escribir mentiras para sus amigas.
—Lo haré.
—Y traernos chocolates de Francia, yo les traeré regalos de Rumanía.
Tom agradece la conversación fácil de las chicas y cuando se está haciendo agotador seguirles el ritmo cierra los ojos y finge estar dormido.
Ver kings cross le revuelve el estómago, desearía poder salir corriendo pero no puede demostrarle a sus amigas su inseguridad.
Tom espera a que todas se marchen antes de dirigirse a la salida. No tiene la buena fortuna de marcharse solo al Knockturn. La ve a ella, luciendo como un esqueleto viviente vestido con capas oscuras y el cabello oscuro suelto.
Se ve como en sus pesadillas y le provoca náuseas. Tom se acerca con precaución, manteniendo una distancia con la que se sienta seguro, tristemente es imposible, solo con verla se siente golpeado por meses de terror nocturno, ansiedad y rabia.
Becca se para a un lado de ella, como un faro de luz entre las tinieblas. Tom va directo a ella, evitando que su cuerpo esté demasiado cerca de Ella.
—Hey, Tom Tom! —Ni siquiera la buena de Becca puede hacer desaparecer la tensión, la incomodidad y el recelo que muestra.
Los ojos enormes de su madre lo examinan de arriba a abajo como un depredador, solo le falta sacar la lengua y lamer sus labios como si tuviera hambre. Es incómodo y desagradable.
—Hey.
Becca rodea su hombro con un brazo, sirviendo como barrera entre él y Ella.
—¿Cómo te fue este año? —El abrazo de Becca lo hace sentir un poco más seguro, sabe que ella no permitirá que Ella se le acerque.
—Estuvo bien.
Desearía poder ignorarla, pero voltea a verla como esperando a que se le arroje encima.
Mira su cuello, delgado, con las venas marcadas con cada respiración, arrugado como si fuera una anciana y pálido, muy pálido. Tom puede ver la sombra de la cicatriz de su intento de degollarse si presta mucha atención y entrecierra los párpados.
—¿Tienes hambre?
Becca lo empuja a la salida y él la sigue como un títere.
—No realmente.
Ella hace una mueca.
—Pensé que tú y yo podíamos ir a comer al mundo muggle, hay un nuevo lugar que descubrí hace poco…
—Él no irá a ningún sitio contigo, no tiene mi permiso para salir. Estará en casa.
Su voz se escucha como un chirrido, como cristales rompiéndose en medio de una habitación calmada. Irrumpe la paz, la armonía y comodidad.
Becca mira sobre su hombro y Tom la imita.
—Y quién eres tú para prohibirle algo?
El esqueleto viviente se pone rojo de furia. Fulmina a Becca con sus ojos y pone las manos en sus caderas como si así pudiera verse más amenazante.
—Soy su madre.
Becca bufa y se echa a reír.
—Ya, claro. Habló la madre del año —Se burla—. Llevaré a Tom a cenar y a dar un paseo en Londres. Considerate avisada, es lo único que vas a obtener de mí.
Becca nunca ha sido tan borde y grosera con su madre cerca de él, siempre había un toque sarcástico e irónico. Esto es frontal, como si estuviera declarándole la guerra justo en la cara.
—Si te lo llevas te acusaré de secuestrarlo.
Becca solo levanta una ceja con altanería.
—Si? Pues yo tengo bastantes cosas que a los aurores podría interesarles sobre ti. ¿Quieres jugar a ver quién sabe más de la otra?
Ella le clava los ojos encima, Tom se tensa con el rencor y desprecio que ve en ellos. No hay amor allí, solo un deseo de hacer valer su voluntad, de querer controlarlo y fracasar.
—Si no vienes conmigo voy a…
Becca le quita un brazo de encima, da dos pasos cerca de ella y le propina una bofetada que suena como un tambor en medio de la estación de trenes. Tom se queda con la boca abierta.
—No te atrevas a amenazarlo, maldita psicópata —susurra, lo bastante alto como para que Tom pueda escuchar—. No dejaré que estés cerca de él ni un segundo durante el verano. Y si se te ocurre hacer algo que lo lastime te vas a arrepentir.
Ella se ríe, dobla su cuerpo sobre su estómago y da unos pasos atrás cuando pierde el equilibrio.
—¡Bien! Házme lo que quieras, él sabe que no puede dejarme. —La sangre en sus ojos luce como una telaraña, la hace ver como un vampiro sediento. Peligrosa e inestable—. Sabes que no puedes Tom.
Becca frunce el ceño y voltea hacia él, con una pregunta grabada en su rostro.
—Solo voy a comer, no me estoy escapando. —Odia que le tiemble la voz.
Ella se incorpora de nuevo, satisfecha con verlo encogido como un niñito indefenso.
—Iré con ustedes.
—No. Te vas a tu pocilga y esperas a que lleguemos.
Becca lo sujeta de la mano y se lo lleva con rapidez hacia la salida al mundo muggle. Ignorando los gritos de Ella en la estación vacía.
Becca apoya los codos sobre la mesa, cruza sus dedos y apoya la barbilla en ellos. Sus ojos astutos parecen analizar cada parte de él.
—¿Me contarás por qué no supe nada de ti por meses? —No hay reprimenda en su voz, de hecho hay cierta dulzura y cuidado, como si temiera asustarlo.
El restaurante muggle al que lo ha llevado es lindo, es una terraza al aire libre en el tercer piso de un edificio. Un lugar en el que la brisa londinense les despeina y en el que el ruido de los autos se oye a lo lejos, por debajo de la música instrumental del lugar. Becca ha elegido una mesa lejos de otros comensales para darles algo de privacidad.
Tom juega con un servilletero entre sus manos, sopesando todo lo que sucedido y todo lo que Becca no sabe.
—Fuí a buscar a Tom Riddle con Marissa porque tú estabas enferma. —Becca asiente—. No resultó bien, es un cabrón que me odia pero no puedo culparlo. Me dijo que nunca había querido estar con… Con ella. Nos gritó a Mar y a mi, además de decirme cosas que… Bueno, fue una mierda de escuchar. Nos fuimos porque llamaron a la policía. —Tom sonríe ante el recuerdo amargo—. Marissa les rompió las ventanas.
Becca se echa a reír.
—Me agrada esa chica.
Tom asiente.
—Sí, supongo que algo bueno salió de eso. Somos amigos ahora.
Becca se muestra verdaderamente feliz por ello, palmea su hombro y sonríe y Tom se siente menos miserable. Seguro.
—¡Eso es genial! Que ese Tom Riddle se vaya a la mierda.
Tom curva sus labios con una sonrisa tímida.
—Fuí la tienda de mi tía a hablar con ella y preguntarle porqué los Riddle nos odiaban tanto… —Guarda silencio y su mente traicionera lo lleva al pasado, al laboratorio de la tienda, al vapor de las pociones. Al rostro desencajado de Ella y sus pobres intentos de mentirle—. Me dijo que le dió amortentia por meses para que estuviera con ella y que cuando estaba por darme a luz dejó de dársela porque creyó que él estaba enamorado —bufa y niega con la cabeza. Nunca deja de sonar espantoso.
Becca está muy callada, con la incredulidad pintada en el rostro.
—Le dije que era repulsivo, que… —Hace una mueca cuando la bilis le sube por la garganta. Duda que pueda comer lo que sea que Becca ha pedido—. Que ya no quería vivir con ella. Y… —Su cuerpo se enfría, se llena de sudor, su garganta se estrecha y de repente la música está demasiado fuerte, la brisa le irrita la piel y los autos que tocan el claxon debajo de ellos suenan como la bocina de un barco enorme.
«Se cortó el cuello… Delante de mí.
Becca se queda paralizada, por su rostro pasan miles de emociones en segundos. Sorpresa, lástima, incredulidad e ira. Esta última se queda tatuada en su cuerpo entero.
—La curé —continúa con alguna fuerza que saca de su diafragma—. Y ella hizo un juramento inquebrantable de que si la dejaba ella moriría.
Deja que su espalda repose en el asiento de la mesa porque se siente tan débil que necesita algo que lo sujete y no lo deje caer al suelo.
—Esa maldita… —Becca aprieta el mantel como si fuera el cuello de Ella.
Le hace sentir mejor que Becca se enoje por lo que le hizo.
—Tom… ¿Por qué no me dijiste nada?
Se encoge de hombros.
—Estabas enferma, qué podías hacer?
Becca se ve impotente.
—La habría molido a golpes por lo que te hizo! —Becca golpea la mesa con furia.
Su vista se nubla con las lágrimas que se aferran a sus lagrimales.
—Yo necesitaba fingir que nada había pasado —susurra.
Becca se inclina sobre la mesa, encuentra su mano derecha y la aprieta con consuelo.
—Tom… Hay formas de evadir un juramento inquebrantable, más si fue lanzado sin cuidado, sin ser específico.
Por primera vez escucha algo que hace que el sudor se enfríe en su cuerpo.
Claro! ¡Claro que se puede evadir! Ha estado tan aterrorizado que ha olvidado cosas que aprendió siendo un niño. Ha sido descuidado y tonto.
—No tienes que quedarte con ella en el departamento, ¡no lo harás! Te quedas conmigo. Pasaremos a verla diez minutos cada día y eso será suficiente, sin importar lo que ella diga no la estarás abandonando.
La bilis regresa al tragar grueso y él solo puede asentir.
—¿Qué pasa con tus tíos? ¿Cuándo vendrán?
—No vendrán este año, la tía Lily aun se está recuperando de la viruela de Dragón. —Tom la ve con sospecha—. ¿Cómo es que tú estás bien? ¿No deberías estar encerrada?
—Me curé hace meses y no podía seguir en cuarentena indefinida, tenía que trabajar. Además, el mundo muggle es seguro. —Becca se encoge de hombros—. Entonces irás.
—Ella no firmará los papeles para dejarme ir.
—La obligaremos.
—Soy menor de edad, esos papeles están hechizados para detectar cuando alguien los firma sin consentimiento.
Becca suspira con desgana y antes de que pueda decir algo más llega una pizza a la mesa. El mesero les sirve coca cola en dos vasos y les desea un buen provecho, da un vistazo al escote de Becca y se va con las mejillas rojas.
Tom lo sigue con una ceja alzada.
—Tienes otro admirador. ¿Vienes seguido aquí?
—Me gusta, es bastante lindo.
—El mesero o el lugar?
Becca entrecierra los ojos haciéndose la ofendida.
—El lugar. El chico tiene veintiuno, demasiado joven.
Tom sonríe.
—Como sea, hallaremos la forma de que puedas ir.
—No sé si quiero ir este año— dice. Toma un pedazo grasoso de pizza entre sus dedos y lo deja caer en su plato.
—Bueno… Eso es nuevo. Acaso te golpeaste la cabeza o algo? Siempre quieres ir a ver a Harry y por extensión a tus tíos.
Tom rueda los ojos.
—El tío James sabe lo que pasó con Tom Riddle, no con ella. Si lo supiera ya estaría en Azkaban o bueno… Muerta. —Juega a estirar el queso y descubre que es extremadamente flexible entre sus dedos—. Ese día después de que ella hiciera eso… Fuí a casa de los abuelos de Harry y ellos llamaron al tío James. Terminé contándole todo y… Si voy a Francia tendré que lidiar con ellos sobre mi, haciendo preguntas, actuando con cautela a mi alrededor. Harry sospecha que pasó algo horrible y se enojó conmigo porque no le cuento nada. Apenas y hablamos después de pascua.
Tom no le ha escrito después de su sesión de tortura en las mazmorras. No podía prestarse para bromear y fingir ser un santo después de lo que les hizo a los chicos.
—Si voy tendré que contarles y no sé qué decir. Ella dijo que… —Tom abre enormemente los ojos—. No puedo contarte, se supone que no puedo contarte!
Mierda! Cómo pudo ser tan idiota!? Estaba tan cómodo con Becca, escupiendo todo con confianza y sin recordar la guillotina que tenía alrededor del cuello.
—Tom… ¡Cálmate! —Becca vuelve a sujetarle la mano—. ¿Qué decía exactamente el juramento?
—No lo recuerdo bien, pero Marissa… Le conté también. Creo que si no haces nada contra ella todo estará bien.
La morena se ve como una cobra a punto de morder, Tom no duda de que sea capaz de ir y golpear a su madre.
—Bien, absolutamente nada o…?
—Nada que haga que me aleje de ella para siempre, como acusarla con los aurores.
Ella asiente.
—De acuerdo. ¿Hay algo más que decir?
Tom se muerde el labio inferior.
—Torturé a mis compañeros de habitación porque destruyeron mi peluche y otras cosas que Harry me regaló. Y luego les borré la memoria para que no pudieran acusarme.
Becca abre levemente la boca.
—Oookay. Bien.
Tom vuelve a sudar.
—No está bien, Becca. Le desfiguré el rostro a uno de ellos.
—Ellos son unos hijos de puta. ¡Se lo merecen!
No puede creer que no pueda ver lo horrible que es lo que ha hecho.
—¡Son niños Becca! Tienen trece años, ellos rompieron un peluche y otras pertenencias, yo les rompí la cara, usé maldiciones ilegales y los traumé.
—Bueno… ¿Se considera trauma si no lo recuerdan?
Tom la mira con decepción, se cubre el rostro con las manos y exhala con frustración.
—Estuvo mal y jamás podré perdonarmelo. No quiero ser como ellos, no quiero ser un monstruo.
La mano de Becca masajea su hombro con suavidad.
—Lo siento, no soy un ángel, como puedes ver. Crecí en las calles, bajo la ley del más fuerte, para mi no está mal que les hayas dado una lección.
—Podría ser expulsado del mundo mágico si alguna vez alguien lo averigua. —Puede sentir algunas lágrimas mojar la palma de sus manos.
—Bueno solo… Mantente lejos de ellos, bajo perfil.
—He hecho eso por tres años! Pensé que ya no les interesaba y de repente salen con esto!
Tom se aleja de la mano de Becca, descubre su rostro y se cruza de brazos. Voltea hacia los edificios de la ciudad y disfruta de cómo el sol se esconde poco a poco, pintando el cielo de un hermoso color naranja y rosa.
—No sé qué decirte… No te dejarán en paz hasta que te defiendas. Haz que te teman y no volverán a molestarte.
—Son cinco contra uno, sus padres son dueños de la mitad del wizengamot. El tío James no tiene tanta influencia.
Becca niega con la cabeza, toma un pedazo de pizza y le da un mordisco.
—¿Por qué no comemos primero antes de seguir hablando?
Él hace una mueca.
—No tengo hambre.
—Estás delgado y muy pálido, debes comer algo.
—¿Desde cuándo eres tan protectora?
—Desde ahora niño, come.
Él hace el intento y logra comer un pedazo y medio antes de desistir. Becca lo lleva a caminar por el támesis hasta bien entrada la noche y solo cuando el reloj del Big Ben canta las doce con unas fuertes campanadas, deciden regresar.
El edificio sigue igual. Con la fachada descascarada y sucia, la madera cada día más oscurecida y el recibidor con un fuerte olor a moho. Ambos suben por las escaleras, que chirrían bajo su peso hasta que llegan al piso de Ella, aquel en el que solía vivir y pensaba que era un buen lugar.
Becca se detiene en el rellano de las escaleras de ese piso y Tom sabe que es porque Ella está ahí, como un dementor acechando.
—¿Por qué han llegado tan tarde? —La acusación en su voz es molesta.
—Estábamos divirtiéndonos. —Becca se encoge de hombros y acaricia su cabello—. Tom se quedará en mi casa a dormir.
—No.
Becca se cruza de brazos, Tom no puede ver su rostro pero apuesta lo que sea a que está mirándola como si quisiera pasear su cuerpo por las escaleras del edificio a base de golpes y patadas.
—No te estamos pidiendo permiso.
—¡Él no puede abandonarme!
Becca voltea a verlo con una ceja alzada.
—¿La estás abandonando Tom?
—No, solo iré a dormir en tu departamento.
La castaña se voltea y se enfrenta al gancho de ropa frente a la puerta.
—Ya escuchaste. Lo verás mañana, en algún momento.
Becca suena escalofriantemente calmada, Tom esperaba que armara un alboroto, que gritara y hechizara a… A Merope. Tom se negaba a llamarla madre, nunca más, ni siquiera en su cabeza.
Ambos la dejaron plantada con una expresión enfurecida que le desfiguraba el rostro.
Becca le prepara el dormitorio que usó la última vez que tuvo que huir de Merope. Leviatán maulla a sus pies y le acaricia las piernas, paseándose por ellas con la cola levantada y bailando.
El gato se sube a la cama apenas Becca transfigura el sofá.
—Espero no te moleste tu compañero de cuarto.
Tom niega con la cabeza y sonríe.
—Bien. Buenas noches.— Becca le despeina el cabello con una mano y sale del cuarto.
Está tan aliviado de no tener que dormir bajo el techo de Merope que la tensión en su cuerpo disminuye al menos cinco escalones en el castillo mental que ha estado construyendo. Aunque lucen más como escombros que como algo definido, no ha tenido tiempo para aprender oclumancia como es debido, no después de lo que le hizo a sus compañeros de cuarto.
Ve a Leviatán en su cama, muy cómodo y con sus ojos clavados en él, como esperando a que le acompañe.
Tom no quiere dormir, las pesadillas no han parado desde que dejó de tomar la poción de sueño sin sueños y realmente quiere postergar el momento en el que despierte bañado en sudor, con el corazón latiendo furioso y el cuerpo temblando.
Así que saca su baúl encogido de su bolsillo, lo expande y saca el libro que le ha regalado Snape. El diario de doble vía reposa sobre su ropa, parece brillar con algunos mensajes de Harry insultandolo en su interior, muy probablemente. Debería responderle pero no sabe qué decir, siente que cada día que pasa es menos merecedor de su amor puro, qué diría Harry si le contara sobre lo que le hizo a Malfoy en la biblioteca? ¿O sobre lo que le hizo a sus compañeros de cuarto?
Se sienta en la cama, abre el libro de oclumancia y comienza a leer.
Los días pasan tortuosamente. Por varias razones.
No ha tocado el diario de doble vía desde su llegada. Las pesadillas ahora han sumado la tortura en la habitación de Slytherin, pero en ellas Harry entra y termina rompiendo su amistad, llamandolo monstruo y odiandolo. También ha soñado con escenarios en los que Harry se burla de sus sentimientos, lo llama asqueroso bastardo marica y lo deja solo y llorando. Incluso el sueño en donde Harry, Tom Riddle y Merope aparecen juntos se ha repetido al menos tres veces.
Si logra dormir dos horas al día sin pesadillas es un milagro.
También debe enfrentarse con Merope por las mañanas, tocando la puerta como una desquiciada hasta que Becca la abra y pueda meterse sin permiso al departamento. Lo hace solo para verlo cada día y para decir alguna tontería que lo hace sentir terrible.
Se ha vuelto una costumbre salir temprano e ir al callejón diagon a ver a sus primos. Syl está feliz de sus excursiones y Marissa actúa como un ancla a su lado con la que puede abrirse y contarle lo que sucede.
Gracias a ellos y a Becca su verano no está siendo tan miserable como pensó que sería.
Sus tíos se mantienen comprensivos y expectantes en Francia, les ha mentido diciendo que desea pasar un tiempo en Gran Bretaña, sin querer admitir que es imposible que Merope le firme el permiso para viajar con traslador. La tía Lily le ve preocupada en cada llamada, no sabe si el tío James le ha contado lo de su padre, tampoco le pregunta.
Harry nunca aparece en las conversaciones por el espejo, incluso un día ignoró la llamada de su madre para que le saludara. Le dolió tanto que cortó la llamada poco después, pero él se lo ha buscado, ha roto su promesa y se ha comportado realmente mal con Harry por meses.
Eso solo hace que las pesadillas empeoren.
Días después de su llegada las cosas se van a la mierda, Merope tiene un ataque en el que parece a punto de morir de un ataque al corazón y él decide volver al departamento, que al menos está limpio. Becca va todo el tiempo, aunque Tom no se queda tanto como para que sea necesario que le acompañe.
Lo peor siguen siendo las noches porque Tom debe quedarse en su cama, con miedo a salir y encontrarsela en la sala convertida en una acromantula gigante.
—Eres un ingrato, un infeliz! Cómo te atreves a dejarme sola?! Mírame! ¡Te estoy hablando!
Siempre hay gritos para la hora del desayuno, en casa de Becca también los escuchaba así que ya se ha adecuado a ellos y los ignora de la mejor forma que puede.
—No me quedo aquí porque quiera, lo hago para que no te quedes tiesa y fría en el suelo —responde con acidez.
Su desayuno ya se ha enfriado en su plato, no tiene apetito, nunca lo tiene a primera hora del día.
Becca a su lado lo insta a comer. Gracias a Merlín por ella y por su presencia constante.
—¿No tienes un trabajo al que ir? —Becca lo dice en un tono que deja claro que desea que se marche.
—No eres bienvenida en mi casa, lárgate!
Cada mañana es igual, Merope pierde la paciencia nada más despertar, grita, maldice, los reta y ellos optan por ignorarla y pretender que no les interesa lo que haga. Al inicio todo su cuerpo temblaba, pero ahora podía decir que se estaba volviendo un experto, solo tenía que buscar a aquel Tom de su niñez, aquel que no le temía a nada, que se cuidaba a sí mismo y veía solo por él. Cada día era más fácil.
—¿Terminaste, Tom?
No. Pero aparta su plato y se levanta.
Marissa va a visitarlo a la casa algunas tardes, Merope no puede quedarse por las tardes porque Snape le ha amenazado con despedirla si faltaba un día más, así que se dedican a hablar, holgazanear y Tom puede quejarse, maldecir su mala suerte y hablar mal de Merope con una persona que lo apoya a ser todo lo grosero que quiere.
Syl suele ir al departamento de Becca a jugar con Leviatán o se distrae con las tareas que Tom le da para el verano, así que no es necesario para ellos guardar las apariencias con el niño.
—Aun estás a tiempo de darle un filtro de muertos en vida. Becca estaría feliz de ayudarte.
Su prima se encoge de hombros y juguetea con un mechón largo de su cabello castaño. Está tirada en su cama, el único lugar que no aborrece del departamento.
—Snape la despediría, mi tía preguntaría porqué no está yendo al trabajo y todo acabaría en ellos viniendo o en Snape haciendo una visita social. No te conté que ahora parece ser un trabajador social mágico?
Marissa bufa.
—Que hombre tan hipócrita.
—Bueno… Me ayudó aquella vez pero no pienso confiar demasiado, es cercano a la tía Lily, dudo que no le cuente lo que sucedió si se entera de algo más.
—No hay una manera de evitar que ella… —Marissa hace una mímica para representar a una persona muerta, Tom no sabe si es gracioso u horrible.
—Si la dejo y ella no hace algo para acabar con su vida su magia lo hará para obligarla a cumplir con el juramento.
—Y no se puede romper?
—Quizá un inefable sepa hacerlo. —Se encoge de hombros.
Su cama se ve vacía aun con ellos tirados allí, Tom extraña la esencia de Harry y el afelpado y suave pelaje de su pingüino. Dormir es mil veces peor ahora que no tiene nada a lo que aferrarse. Ahora no tiene nada que lo acompañe al despertar aterrorizado en las madrugadas.
—¿Estás bien? —Marissa parece notar su tristeza, no lo ha disimulado para nada.
—Mis compañeros de cuarto rompieron mis cosas antes de marcharnos.
Marissa levanta una ceja.
—Había algunas cosas que Harry me regaló.
Todas eran de Harry.
—¡Ooooh! ¿Los dejaste vivir? —pregunta con diversión.
Él se tensa. Marissa abre sus ojos celeste con curiosidad morbosa.
—¿Qué les hiciste?
—Algo tan bajo que tuve que borrarles la memoria después.
Algunas noches ni siquiera lograba dormir, el miedo de que su compulsión y la magia pársel no fueran suficiente para borrarles la memoria lo perseguía. Un obliviate era mucho mejor pero no era tan poderoso como para hacerlo.
—Wow.
—Tía Merope! —El grito alegre de Syl les alerta que Merope ya ha llegado.
El rostro amigable y relajado de su prima se transforma en una mueca de disgusto.
—¿Se supone que iba a llegar a esta hora?
Tom mira el reloj en su mesa de noche. Son apenas las tres treinta de la tarde.
—No. Pero ya ni siquiera le importa que Snape quiera arrancarle la cabeza por irse temprano.
Otra cosa de la cual preocuparse, otra cosa que se suma a su lista de futuras mentiras… Tener que excusarla con sus tíos para que piensen que todo está normal cada día es más difícil.
Marissa pone los ojos en blanco al escuchar a Merope hablar con su hermano con voz chillona y cariñosa.
—Iré a salvar a mi hermano de las garras de esa arpía.
Se levanta de la cama con furiosa determinación.
—Vas a quedarte?
Becca ha estado muy ausente de su trabajo durante el verano y le ha costado factura, las visitas de Mar y Syl le permiten salir a hacer trabajos breves en los alrededores de Gran Bretaña, por lo que siempre llega a eso de las seis de la tarde y Tom solo debe esperarla media hora, encerrado en su habitación para no convivir con Merope.
Claro que una vez que lo descubrió, comenzó a salir del trabajo más temprano.
—Hasta que llegue Becca, solo déjame salir y traer a Syl aquí dentro. No pienso dejarla cerca de él.
Tom se siente mal por Syl, es demasiado ingenuo y cariñoso, se haría amigo de un dementor y se dejaría chupar el alma si Marissa no estuviera siempre detrás de él.
Acompaña a su prima fuera de su habitación y se topa con la imagen de Sylvester atrapado entre los brazos huesudos de Merope. Le acelera el corazón, la vista le juega sucio y Tom está seguro de que los brazos se transformaron en patas peludas, solo por unos segundos.
—Marissa, estás aquí también. —Merope le habla con una sonrisa falsa y tensa en el rostro, su voz suena amable e incluso feliz, como si fuera una ama de casa cualquiera llegando del trabajo y se encontrara a sus sobrinos en casa.
—Sí, Syl… Ven acá, Tom dijo que te enseñaría algunas cosas para prepararte para tu primer año en Hogwarts.
Marissa extiende una mano, esperando a que su hermanito la tome como siempre hace pero los brazos de Merope se niegan a soltarlo y Tom está viviendo el peor maldito fashback de su vida.
—Es cierto! Por Merlín Syl, pronto entrarás a Hogwarts!
Odia que se comporte como una mujer dedicada y amorosa, cuando es un monstruo cruel y manipulador.
—Mi cumpleaños será en dos días. —Su tonto primo sonríe, volteandose en los brazos de Merope y mirándola directo a los ojos, como si quisiera ver la sonrisa escalofriante en su rostro.
Cierto, el cumpleaños de Syl sería el veintisiete de Julio y luego vendría el de Harry… Tom ha transfigurado rocas como regalos, pensó que podría mandarlos vía lechuza junto con el libro. Quizá así Harry no lo detestaría tanto por desaparecer.
—Es una ocasión que debe celebrarse por todo lo alto! Qué tal si hacemos una fiesta aquí?
Syl luce como un elfo doméstico con un calcetín en la mano, reluce de felicidad y entusiasmo. Es una mierda cuando Marissa revienta ese globo rosa en su cabeza.
—Ya hemos organizado una celebración.
Su prima no es nada sutil cuando tira de su hermano fuera de los brazos de Merope.
—Ohh.
Tom ve el momento exacto en el que Merope se da cuenta de que Marissa lo sabe, en el que deja de ser una simple niña a un enemigo al cual odiar.
—Pero… Mar podemos hacer algo diferente…
Su hermana lo silencia con una mirada fulminante y Syl se rinde con facilidad, dejando caer los hombros y con un puchero en los labios.
Tom detesta sus ojos tristes.
—Bueno… Puedo hablar con tu madre para ver si podemos cambiar los planes.
Hay una guerra de miradas entre ambas mujeres, nunca se ha tratado sobre Syl y su cumpleaños, se trata de poder, de control, del poco que Merope puede tener sobre cualquiera de ellos.
—Mamá siempre me lo deja a mi y yo ya lo he organizado.
—Pero puedes venir! —Syl parece notar la tensión en el aire porque de inmediato busca una forma de hacer que el ambiente se aligere.
No de la mejor forma, pero lo intenta.
Merope les dedica una mirada a ambos, ignorando a Syl, algo en sus ojos marrones canta victoria con presunción.
—Por qué no vamos por unos helados? —propone.
Su pequeño primo le ve como si fuera un héroe.
—Sí! Vamos! Vienes tía Merope?
—No, el helado no le hace bien.
Lo toma de la mano y lo arrastra fuera de casa antes de que a ella se le ocurra una excusa para unirseles. Confía en que Mar vaya detrás de ellos.
—Es demasiado tonto para su propio bien.
Marissa se queja en voz baja mientras su hermano mira embelesado un tanque lleno de serpientes en la tienda de mascotas del callejón diagon.
—Mira Mar! Es igual a Gola! —Syl se voltea a verles, señalando una pequeña serpiente en el tanque que está atraída por el niño, probablemente porque Syl ha hablado con todas ellas.
Ambos le sonríen y asienten. Sylvester vuelve a ignorarlos por una víbora de escamas verdes.
—Qué sucedió con Gola? Nunca más la ví.
—Después de que mordiera a esa perra de Selwyn me prohibieron llevarla a Hogwarts, así que se queda con Syl.
Tom asiente.
—No sé que vamos a hacer cuando comience la escuela. —Marissa mira com verdadero dolor a su hermano.
—Syl estaría mejor fuera de Slytherin, lo sabes.
—Pero en Slytherin puedo vigilarlo, estar cerca de él. Si está en otra casa solo podré verlo durante clase y en las horas libres, si alguien se mete con él será más difícil darme cuenta. Y créeme… Van a meterse con él.
Syl se ríe de algo que ha dicho una de las serpientes y unos niños cerca de él lo miran como si fuera un fenómeno. Es increíble el temor e ignorancia que existe hacia el pársel, incluso en el mundo mágico.
—Lo cuidaremos, no dejaremos que le pase nada.
Tom puede estar seguro de una cosa: No dejará que Sylvester sufra lo que él y Marissa sufrieron en sus primeros años en Hogwarts.
—Ya estoy harto de que crean que pueden pisotearme.
Marissa levanta una ceja y se cruza de brazos.
—Y qué vamos a hacer? Pelearnos con toda la casa todos los días?
—En Slytherin hay un sistema de jerarquía. Cada año tiene un líder que va escalando una vez que termina el semestre, cuando inicia un nuevo curso debe demostrar que puede con el puesto o lo perderá por otra persona de su año.
Nunca le ha interesado el sistema de poder de la casa pero ahora que Syl va a entrar y que han ido tan lejos como para violar sus protecciones y destrozar sus cosas, sabe que si no tiene poder y respeto nunca podrá estar tranquilo.
Aunque se le revuelva el estómago solo de pensarlo.
Pero no volverá a hacer lo que hizo, se lo ha prometido, solo fue un desliz, un accidente por sus emociones fuera de control, igual que con Malfoy. Tom solo había redireccionado su furia y frustración a esos chicos porque no podía hacerlo con Merope.
Era la excusa que le daba algo de paz por las noches.
—Blaise Zabini es el líder de tercer año, destronó a Malfoy a mitad del semestre. Cuando inicie el año escolar solo debo desafiarlo a un duelo, si le gano seré el líder de cuarto y tendrán que obedecerme, tendré poder sobre tercero, segundo y primero.
Marissa se ve gratamente convencida.
—Entonces eso haremos este año? Aspirar a unirnos a la élite sangre pura de la escuela?
Tom asiente.
—Te enseñaré a defenderte para que pelees el lugar de tercer año, quizá para después de pascua estés lista.
Marissa levanta una ceja.
—Ni aunque ganara me dejarían ser la líder de tercero.
—Si ganas y no te quieren entonces te desafiará otro líder o todos ellos, pero tienes la oportunidad de elegir un segundo para tus peleas. —Tom se señala a sí mismo.
—Y tú nunca pierdes.
Él se encoge de hombros.
—Tengo mis momentos de debilidad…
—Pero le pateaste el trasero a la mitad de la casa cuando estabas en segundo.
Tom asiente. Marissa mira a su hermanito y suspira.
—Bien, nos uniremos al círculo elitista de esos idiotas. Solo por Syl.
—Y por nosotros, no nos volverán a molestar.
Marissa parece satisfecha con sus palabras, hay algo en su postura que le deja claro que aun tiene problemas en la escuela, ese algo que no deja que se sienta segura.
Él no le pregunta, no puede ser tan malo como antes y Marissa parece más confiada, más alegre, quizá por esa amiga misteriosa que tiene.
Llega al departamento a las seis en punto, desgraciadamente Becca no ha llegado del trabajo y Tom se topa a Merope sentada en el sofá viejo y con manchas de suciedad, de brazos cruzados y con un mohín en sus labios como si hubiera masticado un limón.
—Hasta que te dignas en volver.
Tom la ignora como puede y se dirige a su habitación en silencio.
—Le contaste.
Se detiene, sin darle la espalda ni por un momento.
—Qué?
—No me creas idiota Tom, le contaste a esa maldita mocosa! —Grita, su cuerpo contorsionandose en el sofá con tanta fuerza que piensa que va a caerse.
—Marissa no necesita que le diga nada, es lo bastante lista para darse cuenta que eres una escoria.
Merope se echa para atrás, con expresión enojada y ofendida.
—Tú eres el verdadero monstruo, mira como estoy por tu culpa! —Abre los flacos brazos a cada lado de su cuerpo y se mira con asco y repulsión—. Es tu culpa que esté así! Porque eres tan egoísta, tan cruel conmigo, porque me odias tanto cuando yo intenté tanto ser buena para ti, pero me despreciaste una y otra vez hasta que ya no me quedaron fuerzas para insistir! Eres tú el monstruo! Eres igual a todos esos hombres que me han hecho daño, digno hijo del maldito de Tom Riddle!
Las bombillas de la sala de estar estallan con una chispa de luces que la hacen gritar.
—No te atrevas a querer hacerme sentir mal con esa basura, eres tú la enferma, el monstruo, la loca de mierda que manipula y enloquece a los demás para tener control sobre ellos. —Su voz tiembla, al igual que sus manos, pero no se detiene. Debe enfrentarla, debe plantarse firme y responder o ella pensará que tiene el control—. Te trato como te has ganado que te trate, deberías agradecer que al menos te dedique una mirada y que sea un ser humano lo bastante decente como para quedarme cerca y que el juramento que hiciste no te liquide.
Ella se ríe. Pero cualquier cosa que vaya a salir de su boca se paraliza al escuchar ambos un crugido que viene de la chimenea.
Harry sale de ella como un proyectil, rodando por el suelo y lleno de hollín y polvos flu. Tom se burlaría de su entrada aparatosa si no estuviera a tres latidos de un infarto.
Los ojos de su amigo escanean la habitación mientras se pone de pie. Merope grita del susto y se levanta de su asiento luciendo como un inferi muerto de hambre.
El verde intenso como árboles en verano se topa con sus ojos y lo hace despertar de su estupefacción.
Harry está allí, de pie, vestido con jeans, camisa negra y chaqueta roja. Luce guapo.
—¡Qué demonios haces entrando así a mi casa?!
Merope chilla, enfrentándose a Harry como una mantícora furiosa. Tom teme que se avalance sobre Harry y le haga daño.
Su amigo no se amedrenta con la figura esquelética de Merope frente a él, sus ojos la enfrentan como cañones de un barco, esperando un movimiento en falso para disparar. Nunca lo ha visto tan enojado, es como si pudiera asesinar con sus ojos y le aterra que Harry pueda dirigir tal mirada a alguien. Incluso si ese alguien es Merope.
—Harry… —Finalmente sus pies se mueven para acercarse a él, pasa junto a Merope, lo más lejos que puede hasta que consigue cubrir el cuerpo de Harry con el suyo.
Su amigo parece muy ofendido al verlo actuar como escudo y lo demuestra empujándolo a un lado y tomándole la mano, pero no hay nada de calidez en sus manos, su apretón es fuerte y posesivo. Aun así se aferra a su piel caliente, a la forma en que sus dedos lo rodean y presionan, en cómo se siente más vivo y presente con su toque.
—Te he hecho una pregunta. —Merope se pone las manos a cada lado de la cadera, patéticamente piensa que eso le hace ver intimidante.
—Vine a llevarme a Tom a Francia —espeta Harry.
Tom siente que el corazón se le va a escapar por la boca.
Merope se ríe, inclinándose sobre su estómago y sujetándose las rodillas con las manos. Su cuerpo se contorsiona de una forma que le asquea. Está demasiado delgada.
Se incorpora con los mismos movimientos psicóticos de antes y apunta con un dedo esquelético a Harry.
—Tom no tiene permiso, ni ahora ni nunca. ¡Ahora márchate de mi departamento!
Debería decir algo, debería gritarle que no le hable así a Harry, pero él no le da tiempo de abrir la boca.
—Oh, no te preocupes, no deseo quedarme en esta asquerosa pocilga ni un segundo más. Pero me lo llevo con o sin tu permiso, no me interesa. —Harry hincha el pecho, arruga la piel de su frente y Tom puede jurar que sus ojos se han oscurecido a un verde Avada Kedavra que asusta.
Harry tira de él hacia su habitación y su madre se atraviesa en su camino, la sala es tan estrecha que es difícil pasar sin tocarla.
Tom no la quiere cerca, ni de él, ni de Harry.
—¡No puedes llevártelo!
Su amigo la ignora, continúa caminando y hace algo que lo deja con la boca abierta, empuja a su Merope con un choque de hombros que suena como una rama rompiéndose y lo lleva a jalones a su cuarto, la puerta se estrella contra la pared y retumba en toda la casa. Harry toma su baúl del suelo y abre su clóset, arrojando la poca ropa que no se lleva a Hogwarts sin orden ni sentido. Su amigo tiembla de furia, ni siquiera le mira mientras lanza sus pertenencias al baúl como un poseso.
—¿Me estás escuchando?! —Merope los sigue dentro de la habitación, luciendo como una arpía furiosa. Sus ojos enrojecidos se fijan en Harry, que guarda incluso los libros de su librero—. Dije que no tiene permiso! Ahora márchate de mi casa antes de que haga algo de lo que te arrepientas, mocoso malcriado.
Tom no tiene tiempo de reaccionar, Harry se yergue como una cobra preparada para atacar y dirige una mirada gélida a su madre.
—No dejaré a Tom ni un maldito minuto más en esta casa, crees que no sé quién eres? Lo que le haces? Eres mala, estás podrida por dentro, eres lo peor que pudo pasarle a Tom! Y no voy a dejarlo ni un día más en esta casa! —Su amigo habla con un siseo similar al de una serpiente, cada palabra destila su rabia y desprecio.
Sus dos mundos están colisionando terriblemente, de nuevo.
Merope le mira son esos ojos brotados y enloquecidos.
—No te permito irte.
La advertencia en su tono le provoca náuseas, puede oler la sangre de nuevo, sentir su viscosidad en el cuerpo. El miedo de ver cómo su pecho se ralentiza.
Harry le toma de la mano y una oleada de calma lo arrolla como una ola.
—Tom se va conmigo.
Merope se cruza de brazos y se interpone entre ellos y la puerta, como una araña peluda y frágil, pero terrorífica.
—Sin mi permiso no puede ir a ningún lado —dice con satisfacción, con un tono lleno de maliciosidad.
Su amigo sonríe y se pavonea.
—No necesita tu permiso.
Suelta su mano para cerrar su baúl y Tom apunta con su mano y lo reduce de tamaño para que pueda guardarselo en el bolsillo. Su amigo está tan molesto que ni siquiera agradece el gesto.
Vuelve a cogerle de la mano y mira a su madre con una ceja levantada y altanera. Tom no deja de asombrarse por su porte serio y firme, por su falta de temeridad.
Merope no se aparta y Tom se estremece.
—Quítate del medio —ordena y ella se aparta con brusquedad, como empujada por un ventarrón.
Harry aprieta su mano y pasa junto a su madre con una agilidad que él no siente.
—¡No puedes irte! ¡Moriré si te vas!
Tom se para en seco y voltea a verla. No puede creer que lo haya dicho, sin importarle la presencia de Harry.
—No te pasará nada, pórtate bien. Volveré. —La última palabra sale más como un quejido, pero espera que sea suficiente para que el juramento lo entienda.
Harry lo empuja a través de la puerta justo cuando Becca está bajando de su departamento al suyo. Los ve sorprendida mientras sus pies se mueven por inercia, siguiéndolos.
—¿Qué está pasando?
Su amigo la mira sobre su hombro con la misma mirada asesina de antes.
—Me lo llevo lejos de aquí —masculla y aprieta su mano como si temiera que Becca quisiera impedirlo.
Tom se siente como un niñito sin voz ni voto, no tiene la fuerza ni las ganas de oponerse a Harry mientras lucha para no tropezarse con un escalón y romperse la nariz en una caída aparatosa, su amigo no parece tener ningún problema motriz al arrastrarlo corriendo escaleras abajo.
Salen a la calle como un ventarrón que arrastra tierra, papeles y mugre. Frente al edificio hay una moto con cabina que Tom reconoce como la del insoportable perro sarnoso que se hace llamar a sí mismo padrino de Harry. No puede creer lo que ven sus ojos.
Sus vecinos del Knockturn ven todo como viejas chismosas, no los culpa, es extremadamente raro ver una motocicleta muggle en medio de la calle, nadie es tan idiota como para dejarla a merced de los ladrones.
Su amigo toma uno de los cascos y se lo pone en la cabeza, Harry es puro silencio y rostro fruncido de rabia. Le asusta que incluso con él actúe con brusquedad y no se opone cuando le sube en la cabina de la moto y se pone en silencio su casco.
Tom mira a Becca sintiéndose extrañamente perdido y maniatado.
—Hola Sirius, ¿trabajas ahora en el sector de transporte? —bromea con Sirius en un tono coqueto.
El padrino de Harry pone los ojos en blanco y mira a su ahijado con seriedad.
—Debemos irnos ya, tus padres me mataran si se enteran que te saqué de tu casa.
Tom siente que su corazón le sube por la garganta.
—Tus padres no saben que viniste?!
Harry le fulmina con la mirada y todo su cuerpo se paraliza.
—No. —Su amigo se monta justo frente a él, recostando su espalda a su pecho. Al menos no está tan enojado como para evitar su tacto.
—Espera… Irán a Francia en la motocicleta?! —Becca chilla con euforia.
El perro de Black exhala con cansancio.
—Es la idea. —Enciende el motor con un movimiento de su muñeca y Tom siente la vibración en su cuerpo encogido—. Ya debemos irnos, quizá podamos llegar a una hora decente y aparentar que dimos una divertida vuelta por París antes de buscar a Tom a la oficina de viajes internacionales. —Es obvio por su tono que no cree que eso sea posible.
Tom siente que su corazón explotará. ¿Qué se supone que le dirá a sus tíos al llegar? ¿Qué excusa puede usar? ¿Cómo explicará que su madre no le ha dado permiso? Y su discusión con Harry! Incluso insinuó que se haría daño en frente de él! ¿Cómo va a convencerlos de que todo está bien?
La mano de su amigo se estira detrás de su espalda para sujetar su mano, no quiere incomodarlo así que extiende la suya al frente, hasta dejarla sobre sus piernas. Inmediatamente una oleada de calma, está vez no le ataca como un vendaval, lo rodea. El pulgar de Harry acaricia la palma de su mano y Tom casi puede escuchar en su cabeza: todo está bien.
Le alegra que su amigo no esté molesto con él.
—Llegaremos a tiempo si nos vamos ahora.
El perro mira a su ahijado como si estuviera demente.
—De acuerdo, cuidense y escríbeme en cuanto llegues Tom Tom. —Becca le guiña un ojo con una sonrisa traviesa.
—Lo haré, puedes… —Tom echa un vistazo a la ventana del departamento del tercer piso, en donde la sombra oscura de su madre se asoma como un dementor entre las cortinas.
—Yo me encargo de todo, tú ve y diviértete.
Tom no sabe cómo lo hará esta vez. Tiene miedo de que su madre se arranque la cabeza con una soga al cuello. Tiene miedo de las pesadillas y un vacío en el estómago por lo que le hizo a Malfoy y a los chicos de su año. Tiene miedo de Harry y lo que sabe sobre él. Siente que todo le explotará en la cara en cuanto llegue a Francia. No tiene un plan elaborado, ni una sarta de mentiras y excusas convincentes que ofrecer.
Va a darle un infarto.
Harry le aprieta fuerte la mano y Tom puede sentir el calor de la preocupación y miedo invadir su cuerpo como el fuego de dragón. Al diablo con la empatía de Harry, va a tener un ataque de pánico mientras vuelan a otro país.
Su amigo voltea con una expresión que va desde la angustia a la furia.
—Tom… Respira.
—Va a vomitar? —El imbécil de Black lo ve como si fuera un peligro para el asiento de cuero de su motocicleta. —Si está enfermo deberíamos dejarlo en San Mungo y no llevarlo a Francia.
Tom lo fulmina con la mirada.
—¿Quieres una poción calmante? Puedo buscar una —ofrece Becca.
—Solo… Cállense. —Logra articular.
Harry lo sujeta con sus manos en cada mejilla y esta vez no hay nada de ira en ellos, solo amor. Sus manos están frías en contraste a su piel sudorosa.
—Hey… Todo estará bien, no pasa nada. No le diré nada que no quieras a mamá y papá. Y Sirius tampoco lo hará. —Harry le lanza una mirada amenazante al idiota.
—Sí, como sea, ya les guardé el secreto de la otra vez.
—Y todo estará bien aquí, yo le haré compañía a Mer. Ya te eclipsamos mucho tiempo. —Becca le sonríe algo tensa, es evidente que está mintiendo para que Harry y Sirius no sospechen de la patética relación con su madre, no cree que Harry le crea, de todas formas.
Parece que todos han cambiado su estado de ánimo porque está enloqueciendo en una mortal motocicleta que definitivamente es ilegal.
Tom aspira el aire fresco de la tarde como un desgraciado sediento, lo retiene unos segundos y lo deja ir, repite la acción hasta que ya no siente que va a desmayarse.
—Bien, ya estoy bien.
Su amigo le sonríe y se da la vuelta para acomodarse, aunque se roba sus manos para llevarlas a cada lado de su cuerpo, así que termina abrazado a él, como si fuera su fallecido pingüino de peluche.
—De acuerdo, acomodense, serán cuatro horas muy entretenidas. —El sarcasmo de Black es irritante.
El perro apunta con su varita a la moto y esta desaparece, al igual que ellos. Tom mira el callejón Knockturn alejarse debajo de sus pies, los edificios viejos y de paredes oscurecidas por el moho y la suciedad, las calles angostas y oscuras, perfectas para ocultarse… Desearía que esa fuera la última visión del lugar, desearía no tener que volver a ese pozo deprimente y peligroso que es el Knockturn y detener la angustia que le late en el pecho, porque sabe que tarde o temprano deberá volver.
Pronto la ciudad es un punto de múltiples colores bajo sus pies, es imposible distinguir dónde están o a dónde se dirigen mientras el viento les alborota el cabello. La sensación de volar en un objeto que no puede ver le da un vértigo terrible, Tom no es bueno con los métodos de transporte mágicos que implican volar, prefiere la red flú o la aparición, desgraciadamente no puede quejarse.
—¡No es genial?! —grita Harry frente a él.
Tom se reserva sus comentarios, está seguro de que vomitará si abre la boca.
Notes:
Eso es todo por el capítulo de hoy! Espero que lo hayan disfrutado como yo al escribirlo. Fue eterno pero me gustó el resultado.
Ahora... Qué opinan de mi linda Marissa ahora? Me encanta la amistad que tiene con Tom y como ambos se cuidan, los adoro. El trío de señoritas amigas de Tom me mata, escribir sus escenas siempre es divertido y me gustó darles más protagonismo en la historia, después de todo están en una escuela, no todo puede ser una crisis emocional de Tom.
Ni siquiera diré nada de Merope, la odio, la odian, es de lo peor, nada nuevo.
Snape tiene un nuevo papel protagónico que dudé si dárselo o no, realmente en la línea original Tom descubría la oclumancia él solito pero creo que nuestro profesor de pociones podría ser un buen comodín (roguemos para que no me obligue a cambiar más cosas en el futuro 🛐).
Ahora, la pregunta que más deseo que respondan es: qué les pareció esa entrada furiosa de Harry al departamento de Merope? Fue la primera escena que escribí del capítulo y parte de la línea original que escribí hace años, sentí una satisfacción tan grande al verlo materializarse... Uff, lo máximo. Amo a Harry, amo su intensidad, su preocupación, su pasión, como protege a Tom como un león. Ya quiero llegar al final 🤣🤣🤣
Pero en fin, gracias por leer este extremadamente largo capítulo y por seguir acompañándome cada que vuelvo a aparecer, me prometí actualizar al menos una vez al mes y lo estoy cumpliendo 🫣
Nos leemos en Abril! Chauuuuu.

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Kurama1606 on Chapter 1 Wed 30 Oct 2024 03:02AM UTC
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