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Midsommar Sun

Summary:

Los dos mejores amigos, Cregan Stark y Dalton Greyjoy, rompen su rutina de vida tranquila y serena en su natal Finlandia, un lugar tan al Norte que es bastante diferente a otros lugares.

Es ahí donde conocen a dos extranjeros que podrían cambiar su vida.

Notes:

Empecé a escribir mi primer Jacegan y como soy yo, traje a mis otros niños para tener un PirateSun (Qylton) como debe de ser.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Enorme taza de café

Chapter Text

MIDSOMMAR SUN

 


1

 

Cuando lo conoció no sabía quién era, por lo que cuando le dijo que se llamaba Jacaerys y que en realidad estaba tomándose un tiempo del trabajo para poder saber si era a lo que se quería dedicar toda la vida, lo tomó como lo que le diría cualquier persona que deja su trabajo y se pone a viajar por el mundo.

Ahora recordaba aquellos días como algo sobrenatural, imposible de creer, como lo que sucede en las películas románticas, esas donde la protagonista conoce a alguien y lo toma por cualquier persona y lo trata hasta mal y de esa forma lo enamora.

Y no es que lo tratara mal en realidad, solo que antes de hablarle por primera vez criticaba un poco su forma de comportarse.

Pero el punto es que él no es la protagonista de una película y no va a enamorar a nadie. Por lo menos eso creyó al principio.

 

 

-Ahí está ese wey – le dice su mejor amigo y lo señala con un movimiento de cabeza. Ese wey era el joven atractivo que llevaba unos días tomando café en el mismo lugar, sentándose en una mesa pequeñita afuera del local, con la taza enorme que normalmente seria para el té, pero que él usaba para servirse más café de lo usual.

-Ay no puedo creer el nivel de pendejo que es, no se da cuenta de que esas tazas no son para café cuando es el único que se siente como si estuviera en el Starbucks bebiendo casi un litro de bebida altamente estimulante.

No puede evitar reírse porque la primera vez que lo vieron con su enorme taza se burlaron, pero como lo repetía cada vez fue obvio que no entendía que no eran para eso, que las tazas pequeñas eran para café porque no se debe abusar de esa bebida.

-Además ahora tiene una bicicleta y lo he visto casi tener unos diez accidentes en los últimos días, yo creo que piensa que anda en el parque. Definitivamente está todo pendejo.

Se vuelve a reír, porque recién lo vio andar en bicicleta el otro día y pedalea sin fuerza, se mueve de lado a lado de forma desordenada y no acelera casi nada, provocando que otros tengan que rebasarlo y si no ha chocado contra otros ciclistas o peatones es porque ha tenido mucha suerte.

-Bueno, es extranjero, ¿qué esperabas?

-Ay no sé, los turistas respetan, este pendejo cree que se puede quedar a vivir aquí y no entender nada de nada.

Su amigo se sienta a cambiar sus tenis por unos adecuados para correr, así que deja de prestar atención al hombre joven que bebe café y mira su celular. Por eso su amigo se pierde lo que podría causarle una mayor ofensa que la taza en la que bebe o la forma en que anda en bicicleta. De dentro de la cafetería sale un empleado, alguien que también llegó a vivir hace meses desde un país del sur, que también no entendía nada pero que se adaptó de forma más natural.

Hablan un momento, seguro le está pidiendo comida en lugar levantarse e ir al mostrador. Otro problema de los turistas es ese, los empleados no toman pedidos en las mesas, no es un mesero, es un barista. Pero como lo ve como un extranjero con problemas para adaptarse seguro que se ha compadecido de él.

-Ay no, ¿qué diablos hace hablando con mi novio?

-No es tu novio, sólo te gusta, pero no has tenido el valor de hablar más allá de un “¿me podría hacer un latte macchiato con tu leche?”

-Pendejo, sólo lo dije una vez, estaba muy putamente nervioso.

Se ríe de su amigo porque recuerda la cara del barista, como un ratoncito asustado porque no sabe si escuchó mal o simplemente se está burlando de él.

-Con una vez basta, ahora si te acercas al mostrador él te dice “¿quieres lo mismo que la otra vez?”

Se sigue riendo de la cara que pone, porque es la misma expresión de bochorno que ha impedido que pueda hablar de alguna otra manera y que tenga que conformarse con el mirarlo de lejos, desde el otro lado de la calle.

-Ven, vámonos, dejemos de parecer estúpidos.

-Ya, tú pareces estúpido, yo no – responde su amigo, aunque le hace caso, lo deja que corra unos segundos solo mientras sigue mirando al bonito venadito de grandes ojos que le gusta sonreírle al pendejo que ahora ya le sacó platica. – No entiendo, no entiendo, ¿qué le ve?

Echa a correr detrás de su amigo y aquellos serán diez kilómetros siguiendo el contorno del lago.

 

 

2

 

Sería casual encontrarlo en el supermercado, pero no lo es. Viven cerca, frecuentan los mismos lugares y cuando está decidiendo sobre la conveniencia de llevar una botella de vino, aparece y se detiene a su lado, aunque mira las cervezas.

- ¿Cuál elegirías tú?

-Una Lapin Kulta porque si eliges una cerveza oscura que podrías encontrar un bar de Londres, yo te preguntaría ¿qué diablos haces aquí?

Esto le saca una risa y si tal vez antes no hubiera sido cautivado con sus bonitos labios o su cabello rizado, su risa tan natural y nada elegante, le encantó.

-Bueno yo, soy de Londres.

-Sí, pero no estás ahora ahí – le responde con una sonrisa que corresponde a la que le está regalando. No lo puede evitar, verlo así es contagioso, reiría con él si no tuviera que responderle algo coherente y no perderse en su hermosura. – Esto es Helsinki y deberías beber “el oro de Finlandia”.

Toma una botella de su cerveza favorita, es clara, tiene un sabor intenso aun así y un bajo grado de alcohol en comparación a otras.

-Gracias – le dice al recibir la botella. Claro que ninguno de los dos se dio cuenta que sus dedos se rozaron por un segundo. No, él no se dio cuenta. - ¿Es tu favorita?

-Lo es, disfrútala.

Está listo para irse, para tomar la primera botella de vino que quede cerca de su mano y salir corriendo de ahí antes de avergonzarse como su amigo, porque seguramente lo hará. Le dirá tienes ojos preciosos o ¿me dejas contar las pecas sobre el puente de tu nariz?

-Jacaerys Strong.

Se detiene al escuchar su voz, aunque ya había tomado la botella de vino, pero no echó a correr.

-Cregan Stark – responde como corresponde porque el otro se ha presentado y no, para nada esperaba que tuviera un nombre tan armonioso. Suena lindo, Jacaerys, nadie se llamaba así porque sólo a él le corresponde. Estaba pensando tonterías, debería cuidar de que no llegaran a su boca o pasaría tantas vergüenzas.

-Mucho gusto, Cregan.

-El gusto es mío.

 

El plan de Cregan de salir de ahí antes de avergonzarse no se pudo concretar y terminó caminando de regreso a su barrio porque el clima era perfecto y eran sólo quince minutos a pie.

Pasaron junto a la biblioteca publica y un montón de niños se cruzaron frente a ellos obligándolos a frenar.

- ¿Y sus padres? – pregunta Jacaerys.

-Probablemente esperando el concierto que iniciará a las seis – señala las sillas en la plaza y los adultos ahí sentados.

-Los dejan entonces correr libres.

-No les va a pasar nada, están seguros.

Siguen caminando y cruzan por el parque donde hay más niños jugando, sus madres sentadas en una banca no lo están mirando, porque tampoco les va a pasar nada y pueden tener la confianza de dejarlos jugar sin abrumarlos. Al fondo está el lago y el circuito por donde suele correr, en la esquina está la cafetería donde trabaja el interés amoroso de su amigo. Se sorprende al ver a su amigo dentro, hablando con el chico sureño sin colapsar.

- ¿Cómo pueden vivir en un lugar donde los bares cierran a las once?

-Algunos cierran a las diez.

Lo ve reírse de nuevo, decide que si está en su mano lo hará reír todas las veces posibles. Han dejado el lago atrás, cruzan un par de calles más y llegan a un edificio de departamentos bastante bonitos.

-Aquí vivo, gracias por la compañía.

-No es nada, vivo bastante cerca – le responde. Debería irse, pero quiere decirle algo más, intranscendental, pero lo único que se le ocurre. – Si quieres, te puede llevar a un buen bar que no cierra temprano.

- ¿Con buen ambiente?

-Pides demasiado.

Vuelve a reír y ahora está seguro de que lo llevara a donde quiera si es que se lo permite.

-Vale, el viernes, ¿está bien?

-Paso por ti a las siete.

Se da media vuelta y comienza a caminar para bajar por la calle, en teoría debería llegar a la esquina y doblar a la derecha.

- ¿No quieres que te de mi número?

Se detiene, se siente idiota, pero no aceptará que eso no fue a propósito.

-No, no quiero que canceles por mensaje, así que al no poder decirme que no irás, tendrás que ir, porque eres alguien que no me podría dejar plantado.

Lo hace reír una vez más y entonces dobla a la derecha y lo pierde de vista.

 

3

 

-El viernes es Juhannus

-Aja – le responde su amigo – así que disfrutamos el sol de medianoche y no dormimos absolutamente nada, aprovechando que nuestras familias están relativamente lejos y celebramos tú y yo.

-Oh dioses, lo olvidé – se talla la cara pensando en lo estúpido que fue. – Invité a Jacaerys a salir ese día.

- ¿A quién?

Su amigo se molesta por unos minutos hasta que comienza a pensar que es la mejor idea del mundo. Los dos les mostrarán a los extranjeros lo divertido que puede ser celebrar el día más largo del año como todo un finés.

Así que cuando lo ven sentado en la misma mesa de la cafetería que mira hacia el lago, deciden que es el momento de poner todo en acción.

-Hola – le dice su amigo a Jacaerys y la expresión confusa de este le parece adorable, claro que le parece más adorable cuando esa expresión cambia y le sonríe a él, porque obviamente ya se conocen y pueden sonreírse. – Así que…van a salir el viernes.

Se sientan en su mesa, en las sillitas pequeñitas que hay.

-Ahhh pues sí, ¿o hay cambio de planes? – le pregunta dudoso.

-No, para nada Jacaerys, todo sigue en pie – responde Cregan.

-Por cierto – interrumpe – soy Dalton Greyjoy, mucho gusto.

-Mucho gusto soy…

-Jacaerys Strong, tengo días escuchando de ti así que parece que te conozco porque no sabes elegir cerveza y tampoco sabes tomar café, pero esos son detalles.

Dalton le provoca una risa nerviosa, no la otra natural y despreocupada. Esto alegra a Cregan de una forma que no sabe interpretar.

- ¿No sé tomar café?

-No te preocupes por eso -le dice Cregan tratando de quitarle importancia a aquello. Casi estuvo a punto de tomar su mano para tranquilizarlo, pero al final solo la roza con la punta de los dedos.

-La taza – le explica Dalton – pagas, vas a la mesita donde está la cafetera y el calentador de agua. Las tazas grandes a la derecha son para el té y las tazas pequeñas y blancas a la izquierda para el café.

-Ay no mames – dice Jacaerys y ahora es Cregan quien se ríe nervioso, no quería complicarle con algo tan tonto porque si nadie en el local le ha dicho algo es que no importa, que puede tomar la taza que quiera, aunque todos ahí siempre sepan que el café se toma con moderación.

-Eres de Londres, supongo que ahí te la pasas bebiendo enormes vasos de Starbucks…

-Y pequeñas tazas de té, sí, justamente – se tapa la boca con la mano, de verdad se nota apenado. - ¿Por qué nadie me dijo?

-Porque no tiene importancia – llega a aclarar el barista, quien como siempre va a ver si al joven no se le ofrece nada. – Si te gusta el café que preparo eres libre de tomar una taza grande o dos, no hay problema.

-Tú café sabe muy bien – le dice Dalton ahora ignorando al mundo porque el barista llegó.

-A ti te gusta el de especialidad, ¿quieres lo de siempre?

-Por favor – le dice antes de guiñarle un ojo tomando un poco más de valor. – Pero como debe de ser, iré a la barra, pagaré y traeré mi propia orden a la mesa.

-No mames, ¿todo se ordena directamente en la barra? – el bochorno se apodera una vez más del joven y Cregan tiene suficiente, toma su mano para llamar su atención.

-No te preocupes, no tiene nada de malo.

-Entiendo que tienes diferentes costumbres para el servicio en una cafetería, por eso siempre vengo a ver si necesitas algo – dice el barista.

-Ah si, pero mi café – regresa Dalton para reclamar que no lo ha seguido dentro del local. El barista sonríe, se disculpa y va dentro para hacer lo que le pide.

 

-Qué pena.

-No pasa nada, ese chico también es extranjero, por eso lo entiende, así que no hay problema.

-Hay muchas cosas diferentes, como la hora a la que se mete el sol.

-O la hora que no se pondrá el sol.

Jacaerys le sonríe, sabe que no entiende, pero no le pregunta. Cregan suelta su mano, justo ahora se da cuenta de que la sigue sosteniendo.

-El viernes no se pondrá el sol, hay fogatas y fuegos artificiales y mucha gente celebra en la calle.

- ¿De verdad?

-Sí, es la versión finesa del Midsommar.

-Oh – exclama Jacaerys y al sonreír le tiembla suavemente el labio superior. - ¿No hay sacrificios extraños?

Ahora Cregan suelta la carcajada porque, aunque ha escuchado eso muchas veces está vez sus nervios hacen que tenga que reír para tranquilizarse.

-No, esos son los suecos, los vecinos, son raros.

Los dos ríen al mismo tiempo y luego suspiran fuerte.

-Aquí sólo es una fiesta en la calle.

-Normalmente y en los pueblos más pequeños, es una fiesta familiar, pero ni Dalton ni yo vivimos con la familia.

Jacaerys lo mira con atención, directo a los ojos, si fuera sencillo interpretar al otro diría que hay interés ahí, pero Cregan no desea hacerse muchas ilusiones.

- ¿Dónde está tu familia?

-La mía más al Norte, es un lugar llamado Winterfell, está en pleno círculo polar ártico y la de Dalton en la isla más grande del archipiélago, se llama Pyke.

-Una de esas islas que se ve cuando llegas en barco – dice recordando cuando llegó, todos habían dormido temprano y luego despertado de madrugada porque ver el amanecer entre las islas, medianas y pequeñas, era algo que no te podías perder de Finlandia.

-Sí, la más grande, ahí viven como quinientas personas y hay fortificaciones militares de hace mucho tiempo y casas de los Greyjoy.

-Wow.

-Te estoy aburriendo – Cregan sabe que lo que cuente de su estilo de vida es demasiado sencillo, demasiado común, por ello muchas veces los extranjeros no suelen gustar de vivir ahí y fácilmente se regresan a su lugar de origen.

-No, para nada, sólo que una isla donde vive toda tu familia es raro.

-Mucho, por eso Dalton pues no es que viva muy lejos, navegando está a una hora, pero vivir de este lado le da libertad.

Justo en ese momento Dalton regresa a la mesa con su café y un emparedado para Jacaerys.

-Te lo manda él, yo lo pagué así que me debes – le dice y cuando Jacaerys parece que buscará su cartera, Cregan pone su mano sobre la suya para evitarlo. Niega con la cabeza como diciendo que no le tome la palabra sobre deberle. – Se llama Qyle Martell y está libre el viernes.

-No sabías su nombre – le dice sonriendo Jacaerys y Dalton le va a responder con una grosería porque su incapacidad de formular oraciones coherentes frente al barista había sido un problema de meses.

-Dalton dejaba su usual seguridad cuando se trataba de hablar con el barista – aclara Cregan, luego baja la voz y se acerca al oído de Jacaerys -, un día le dijo que quería de su leche.

Jacaerys suelta la carcajada y Dalton habría dicho algo, le mentaría la madre a su amigo y mandaría a la fregada al otro, pero mientras uno reía el otro miraba encantado, como si de un embrujo se tratara y no pudiera quitar su mirada de él.

Bien, uno de los pactos de amistad entre Cregan y Dalton decía que si uno se enculaba el otro debía ser tolerante con las tonterías que hiciera por ese enculamiento. Y él era realmente un buen amigo.

 

 

 

 

Chapter 2: Lo llevé a casa

Summary:

La noche de Midsommar ha llegado y parece que algo tan sencillo como pasar la festividad juntos los ha unido un poco más.

Notes:

Perdón la tardanza, quería publicar justo el 21 de junio que fue la noche de Midsommar, pero todo se me complicó.

Espero que sea de su agrado.

(See the end of the chapter for more notes.)

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4

 

La mañana del día más largo se fue rapidísimo. Juhannus era un día donde muchos dejaban la capital y se iban al hogar familiar a pasar la festividad. Su padre, su madre, sus hermanos habían llamado insistiendo en que fuera a casa y aunque lo había hecho años anteriores, arrastrando a Dalton con él, este año era especial.

Salió tempranísimo a correr, mucho antes del horario de cualquier cafetería, pero más adelante en el día estaría apurado. Debía cerrar el negocio temprano, porque más tarde nadie iría comprar nada y porque no tendría empleados ese día, los había dejado faltar para celebrar sin preocupaciones.

Después de eso iría a casa, comería y se prepararía para aquella cita tan fuera de lo común. Jacaerys era la primera persona que invitaba a pasar un día así lleno de tradición y celebración y eso debía significar algo.

Tal vez algo más a que sólo le gustara.

Tal vez pensaba que había algún otro sentimiento.

Si, es muy posible que por ello se sintiera tan nervioso por una simple cita.

Se fue a casa y en el camino se cruzó con Dalton, no era nada raro pues este trabajaba en los botes que ofrecían paseos por la bahía. Ese día también cerrarían temprano y si fuera un buen hijo de familia estaría en el último barco a la isla. Pero estaba aquí, emocionado y con las manos sudorosas.

-Creo que la voy a cagar – le dice mientras caminan en dirección a los departamentos que rentan. Son pequeños, uno vecino del otro, a dos calles más arriba de la Iglesia de piedra.

-No lo harás – le dice serenamente, aunque por dentro se siente igual. Dirá una tontería, hará algo estúpido y entonces el bello Jacaerys sólo fingirá estar a gusto, pero al día siguiente evitará ir a dónde suele encontrarlo, no se detendrá en la cafetería donde trabaja Qyle y si lo ve en la calle se irá por otro camino para no encontrarlo.

-Es que es muy bonito, todo bajito y con cara de niño, seguro le diré que lo quiero terminar de criar y me mandará a la verga y no a la suya.

Cregan quiere tomarlo con seriedad, pero su amigo no ayuda demasiado, así que se echa a reír por la tontería que ha dicho, aunque a decir verdad es lo mismo que siente sobre salir con Jacaerys. Tiene tanto que no sale con nadie, sólo Dalton y ellos son amigos, no tiene miedo a decir algo tonto, la verdad es que se la pasan diciendo estupideces la mayor parte del tiempo.

-Estarás bien, él también te mira mucho, es demasiado obvio que le gustas.

-Ay cállate wey – Dalton lo avienta, se nota que está al borde de un ataque de ansiedad por la anticipación de la noche. – Te juro que me la voy a jalar pensando en él, tengo que sacarme las ganas o le diré que me lo tengo que coger.

-Dalton, no necesito saber eso.

-Bueno no, pero hazlo también, así te relajas tantito.

Se despiden en las escaleras, el departamento de Dalton está en la planta baja y el de Cregan en el último piso, el departamento de la buhardilla el cual tiene cierto encanto además de una buena vista.

Es grande comparado con los otros departamentos, pero no suele presumirlo. Ahora, cuando entra, se imagina trayendo aquí a Jacaerys y por ello en lugar de bañarse, termina limpiado y dejando el lugar muy bien acomodado. Suena su alarma, ya no tiene tanto tiempo, así que se concentra finalmente en el baño, en vestirse de forma casual pero no como siempre, algo que se le vea un poco mejor a la ropa deportiva.

Para cuando le gusta el aspecto que tiene, con pantalones negros, una camisa blanco y negro y una chaqueta de cuero, ha agotado el tiempo y tendría que salir en ese momento para no ir corriendo. El día no es cálido del todo, como siempre, hay una brisa fresca que hace que llevar una chaqueta sea necesario. Se peina cuando casi sale del departamento y se mira en el espejo. Su cabello siempre está alborotado y no es del todo agradable a la vista, según su apreciación. Parece que el aire lo atrapó cuando iba a la cita. Así que se regresa corriendo al baño y cepilla hasta lograr aplacarlo y lo ata en un pequeño chongo en la parte de atrás de su cabeza. Se ve arreglado, con eso le basta.

Ahora si sale corriendo, Dalton y él han quedado de verse frente al mercado, porque Jacaerys vive en un bonito edificio algunas calles más debajo de donde ellos están, pero Qyle vive totalmente del otro lado, frente al edificio de la opera de la ciudad. Así que se ha ido para llegar a tiempo y poder llevarlo hasta el bar donde pasaran la noche y la madrugada.

Cuando sale a la calle ve mucha gente caminando, todos van para el muelle donde para los turistas habrá muchos eventos y los restaurantes y negocios de ese lado de la ciudad se mantendrán abiertos.

Faltaban cinco minutos para la hora acordada y no esperaba que Jacaerys ya estuviera ahí, pero lo estaba, mirando hacia el lado de la calle por donde se había ido la otra vez, aunque en esa ocasión llegaba por el contrario. Verlo esperar y que se muestre nervioso le provoca algo, el llegar y abrazarlo, preguntarle si lo ha extrañado.

-Hey.

Jacaerys salta al escuchar la voz a su espalda, se gira con rapidez, sonríe al verlo y Cregan vuelve a quedar hechizado por esa sonrisa tan bonita.

- ¡Llegaste! – le dice casi gritando, Cregan siempre disimula bien los nervios, pero su cita parece estar cediendo ante ellos, quiere tranquilizarlo, asegurarle que nada podría hacer él para arruinarlo, que si alguien lo va a arruinar será el mismo Cregan.

-Quiero que caminemos y veas la fiesta que hay en Seurasaari.

-He salido en la mañana y vi muchos preparativos, pero no sé dónde está el lugar que dices.

-Es un museo a cielo abierto, en la isla dentro de la gran bahía que se abre al mar.

Caminan por la calle, van subiendo por la avenida, podrían tomar el tranvía, pero Cregan cree que no tiene sentido, tienen mucho tiempo y hay tanto qué ver.

Llegan a otro muelle, Jacaerys mira para todos lados, se nota que no ha venido de este lado en su visita.

-Este barco seguirá dando servicio toda la noche.

Se suben después de que Cregan pague, es pequeño y se mueve mucho, pero el viaje es corto, la isla la pueden ver al frente y es tan obvio que hay una gran fogata en la playa que es bastante impresionante.

-Se ve increíble.

Jacaerys camina mirando a todos lados menos al piso, Cregan lo toma del brazo para cuidarlo porque seguro se va a caer si sigue así y lo último que quiere es que se lastime. La gente baila, la gente canta, la música está por todos lados y en la playa las fogatas más pequeñas se multiplican.

-Es muy bonito.

Cregan le dice que sí, que lo es, pero realmente se refiere a su acompañante, que se maravilla de forma tan sincera que lo tiene encantado.

 

-¡¡Creg!!

Dalton los encuentra mientras están comiendo sopa de salmón, Jacaerys le ha dicho que es adicto a ella y por eso Cregan le compró un tazón. Qyle viene con él y está comiendo un plato de albóndigas que huelen demasiado bien.

-Sabía que andarías por acá.

-Podríamos habernos puesto de acuerdo – le responde. Mira a Qyle, verlo sin el mandil de la cafetería le parece curioso, sin el cabello peinado. Se ve más joven y peor aun cuando Dalton le pasa el brazo por los hombros y lo atrae a sí. Parece protector, su amigo suele ser muy dominante, pero a Qyle no le molesta, lo deja hacer.

Dalton saluda a Jacaerys, este los mira sorprendido, después a Cregan y parece decirle que no entiende cómo Dalton pasó de no saber su nombre a caminar abrazados. Cregan no es tan rápido, respeta demasiado al otro, le da su espacio y lo más alocado que ha hecho es tomarlo del brazo para que no se cayera.

Cuando le dan toda la vuelta a la isla toman el barco de regreso, los cuatro caminan como si fueran los únicos en la calle, de hecho, podrían serlo porque la gente va a la isla, no se aleja de ella. Pasan por los lugares más usuales, más conocidos para Jacaerys, las calles que ya se ha aprendido en las semanas previas.

-Ya cerraron la cafetería – dice Jacaerys al pasar enfrente. Qyle se ríe, parece decirle algo a Dalton sobre su lugar de trabajo.

-Sí, sólo la zona del muelle principal es considerada turística y los negocios de ahí no van a cerrar.

Pasan al lado de muchas familias, los niños aprendiendo con la bicicleta, Cregan los mira y se ríe, le recuerdan a Jacaerys porque lo hacen muy mal.

- ¿Estás pensando en mí? – le pregunta y de repente le quiere responder que sí, que ha pensado en él todo el día, más cuando metió a bañar y siguió el consejo de Dalton. Luego el cerebro de Cregan entra en razón y entiende que lo dice por lo mal que los niños manejan la bicicleta.

-Debes tener más habilidad para andar en bicicleta por aquí, no es un paseo, es un medio de transporte y se espera que seas rápido y eficiente.

-Y yo soy lento e ineficaz.

-Un poco – le responde con sinceridad Cregan, esto provoca la risa de Jacaerys, una buena carcajada y el que tome su brazo y lo sacude levemente. El contacto es agradable, le quiere pedir que no quite su mano nunca. Pero la retira, claro que sí, había sido sólo algo del momento.

Cruzan de nuevo por la plaza, rodean la biblioteca y toman una calle comercial con grandes plazas y tiendas departamentales, el tranvía circula a su lado y Jacaerys lo mira por un momento.

-En Londres no hay tranvía.

-No, claro que no, hay metro y muchos autobuses y tráfico. Aquí parece todo más fluido.

-Lo es, la gente suele caminar o andar en bicicleta, así que no necesitamos tantos camiones o coches.

-El tranvía es muy bonito, parece fundirse con la ciudad de una manera natural.

Hay algo en el tono de Jacaerys que le hace pensar que le gusta lo que ve, que podría acomodarse a vivir ahí y olvidar Londres. Pero tal vez sólo esté teniendo muchas esperanzas, ilusionándose de más.

-Ven – lo toma de la mano para cruzar una calle, lo lleva entre edificios de departamentos y tiendas pequeñas, ahí todo está cerrado, pero cuando toman otra calle a la derecha y salen a la plaza de la iglesia, esa mole de color blanco en lo alto de una colina, hay muchos turistas tomando fotos, los restaurantes alrededor siguen abiertos y hay música en todas partes. Suben hasta arriba corriendo por las escaleras y miran alrededor.

-Aquí todo es muy tranquilo, pero antes de ir al bar quiero que veas algo.

Caminan ahora en dirección contraria a dónde han llegado, bajan por la calle y llegan al puerto. Ahí está un edificio de gobierno de la ciudad, unos pasos más allá está otra iglesia, una ortodoxa que rompe un poco con las construcciones del resto de la ciudad y es un recuerdo permanente de lo cerca que están a Rusia, llegarían tan rápido. Luego el embarcadero y el mercado. La plaza del muelle sigue llena de puestos donde se venden recuerdos para turistas, así como artesanías en todo el sentido de la palabra, figuras de cuernos de reno y pieles de reno que hacen que la expresión de Jacaerys se oscurezca.

-Nos comemos a los renos – le dice Cregan – pero es algo normal, es como ustedes comiendo vaca.

-Dioses, no lo había pensado así – mira el puesto con las pieles, pone su mano encima de una, es suave y cálida. – Aun así, me da mucha tristeza.

Cregan lo mira con admiración, tiene un corazón muy bello y quisiera poder abrazarlo, decirle que todo está bien, que es parte de la cultura ahí, que aquí las vacas no sobrevivirían al invierno, mucho menos más al norte donde las condiciones no son nada benignas. Pero los renos sí toleran las peores condiciones y mantienen a todos vivos y por eso son tan queridos y apreciados que se aprovecha todo de ellos. Su vida no sería despreciada o desperdiciada.

Esta vez no se puede aguantar, lo toma de los hombros y sí lo abraza, es breve, pero significativo, cuando se separan, Jacaerys sonríe y tal vez olvidado lo que lo ponía triste porque ahora lo mira como si no pudiera prestar atención a nada más. Cregan se abochorna, sólo un poco, no está acostumbrado a ser tan espontaneo, pero tenía que reconfortarlo.

Cruzan el mercado viejo, está lleno de olores, la sopa de salmón vuelve a ser objeto de atención de Jacaerys y Cregan termina comprándole otro tazón. Va caminando por el pasillo mirando los platillos que ofrecían, cuando estaba por ver el local donde se servía carne de reno, Cregan lo toma de la barbilla y lo hace ver para otro lado para no causarle estrés.

Detrás de ellos las risas de Qyle y Dalton lo hacen pensar que se dieron cuenta de lo que hizo, parece que Qyle tiene el mismo tipo de humor que su amigo, eso es bastante interesante porque el chico le parecía muy dulce e inocente.

 

Terminan por fin en el bar al aire libre que han elegido, es bonito y agradable, les asignan mesa casi de inmediato. Hay gente cantando en el muelle y algunas fogatas en las zonas de playa que están cubiertas de rocas.

- ¿Qué van a beber? – pregunta la mesera.

- Lapin Kulta -responde Jacaerys de inmediato.

-Ay mira, ya le sabe – dice Dalton entre risas.

-Yo no la he probado – comenta Qyle.

-Ah no, que vergüenza, tenemos que corregir eso mi vida – se gira a la mesera y le pide que traiga para todos. Cregan y Jacaerys se vuelven a mirar, de nuevo Dalton ha hecho muchos avances en su relación con Qyle, en el fondo les parece adorable que quiera ir tan rápido.

Después de tres rondas Qyle se está riendo bastante, pero Jacaerys parece aguantar sin problemas.

-Esto es leve si sueles beber Guiness – aclara cuando recibe la cuarta botella de forma natural.

-A mi no me gusta, es muy amarga -se queda Dalton.

-Es que esto es dulce – Qyle se ríe y toma su nueva botella, parece que esta le está contando un chiste porque sigue riendo sin sentido. Luego alza la cara y nota que sus compañeros de mesa lo miran confundido. – Perdón, creí que había hablado. Es que en casa yo sólo bebo Heineken y…

-Ay no, eso no, ¿cómo crees que vas a beber esa cosa? Nada, tú síguele, yo te cuido, te cargo a tu casa si es necesario, así que tú no te preocupes de nada, mi amor.

Qyle suelta la carcajada y luego se lanza a los brazos de Dalton.

- ¿De dónde eres, Qyle? – pregunta Cregan.

-De Texas, a dónde no quiero regresar, no me manden de regreso.

Dalton lo abraza, lo besa enfrente de ellos, como si se hubiera olvidado de dónde estaban o en compañía de quién.

-No, si te quieren sacar de aquí te casas conmigo y ya.

Cregan y Jacaerys se sueltan riendo, ninguno de los presentes está ya muy coherente y apenas es medianoche. La luz es igual a lo que había a medio día, aunque no tan intensa.

Cerca de las cuatro de la mañana, cuando la luz bajó lo más que estaría ese día antes de un nuevo amanecer, los fuegos artificiales azules y verdes iluminaron lo que quedaba de la noche dando fin a los festejos. Qyle salió derrumbado en la espalda de Dalton, Jacaerys y él los seguían, caminando lento y dando tumbos el uno con el otro. Chocaron tantas veces que Jacaerys se detuvo y se puso frente a Cregan para que este lo rodeara con sus brazos y caminaran así pegados el resto del camino.

De milagro llegaron sin caerse al edificio moderno donde vivía Jacaerys, lo iba a dejar sólo en la entrada, pero lo vio tambalearse al intentar subir las escaleras.

-Anda… ve – le dice Dalton y casi lo avienta, aunque eso lo desestabilizara por seguir cargando a Qyle.

-Te ayudo – Jacaerys le trata de sonreír, pero más bien termina riendo y dejándose caer sobre Cregan, quien lo recibe sin resentir su peso y lo sube por las escaleras entre las risas que despertarían a todos si no fuera porque en esa noche nadie duerme. Llegan a la puerta de su departamento y lo ve pelear con sus llaves hasta que lograr abrir. Son los brazos de Cregan los que lo atrapan y evitan que se caiga de cabeza dentro del departamento.

- ¿Podrás llegar a tu habitación?

-Sí, sí puedo – le sonríe con esa expresión algo alcoholizada que se le ve bastante adorable. – Pues… gracias… fue divertido beber y beber hasta perderse…

-Me alegra que te hayas divertido.

Jacaerys se recarga en la puerta, esta se abre más y él casi se cae, provocando la risa de ambos.

-Descansa, nos vemos cuando estés en todos tus sentidos.

Cregan se agacha para darle un beso en la mejilla, Jacaerys se gira para besar sus labios. Es algo muy sencillo, ninguno de los dos podría hacer algo más. Se despiden cerrando la puerta, Cregan se queda unos minutos en la puerta, esperando no escuchar un estruendo o el sonido de un golpe, cuando creyó que todo estaba bien salió del edificio y se fue caminando a casa.

 

“Me lo llevé a mi casa”

“Dalton, pórtate bien”

“¿Acaso crees que podría deshonrar a mi futuro esposo?”

“¿Se van a casar?”

“Obviamente, somos el uno para el otro”

Cregan piensa lo mismo de Jacaerys y ahora se arrepiente de no tener su número de celular para mandarle mensajes vergonzosos donde le dijera que lo ama, que le parece demasiado hermoso, que también quiere ser idiota como Dalton y casarse con él.

 

Notes:

¿Qué les ha parecido?

¿Qué bonito giro de tuerca creen que habrá?

¿Cómo va mi primer Jacegan?

¿Son fans del Qylton así de mucho como yo? Si, ya sé que estoy un poco sola en esto jajajaja

Gracias por leer!!! Si quieren más locuras me pueden encontrar en FB como Nimirie o mis edits piteros en Tiktok como NimirieHux

Chapter 3: La noche del día después

Summary:

En futuro siempre parece tan brillante antes de que las nubes cubran el sol.

Chapter Text

5

 


 

Se forzó a levantarse a correr antes de medio día, pero en realidad lo logró por un par de kilómetros antes de ceder al cansancio y al dolor de cabeza. Tenía demasiado tiempo sin beber con total descontrol y eso lo estaba pagando justo ahora.

Regresó caminando sin prisa, había ya un poco de movimiento, sobre todo niños y sus padres que habían salido a la calle porque los comercios estaban cerrados y así seguirían todo el día. No iba a trabajar, era un día de asueto salvo por aquello dedicado exclusivamente a turistas. Por eso no le sorprendió encontrar a Dalton en el muelle, hablando con Qyle. Ambos parecían una pareja en toda la extensión de la palabra, su amigo tomando al más pequeño por la cintura y dejándole beso tras beso en los labios.

-¡¡Cregan!!

Le grita Dalton cuando él ya había decidido no interrumpir y regresar a su departamento. Su amigo corre hasta él, sonriendo.

-Oye, cerraremos temprano, ¿quieren comer en casa?

Cregan no pasa por alto el hecho de que Dalton pregunta en plural, donde por entendido que no es sólo una invitación para él.

-Yo encantado, pero… - lo piensa, debería pasarse por el departamento de Jace para ver cómo está, si necesita algo o invitarlo a comer con Dalton.

- ¿No has ido a verlo? Pensé que sería lo primero que harías.

Cregan niega con la cabeza, su amigo lo empuja para que salga de sus pensamientos.

-Anda, ve con Qyle, ya hay gente que no bebió de más pidiéndole informes.

Dalton voltea rápidamente, ve al más pequeño con una expresión de susto, parece que le están hablando en un idioma que no entiende.

-Voy a salvar a mi hombre – le dice Dalton antes de echarse a correr de regreso al muelle - ¡¡Nos vemos a las seis!!

 

Cregan está frente a la puerta del departamento de Jace. Ha tocado una vez, dos veces y en la tercera ya comienza a preocuparse. De nuevo, la tontería de no pedirle su número de teléfono le está pesando.

Espera, pero después de un rato un vecino abre la puerta de su departamento y se le queda mirando, es también extranjero, primero le habla en alemán para decirle si necesita algo. Le dice que sólo venía de visita, pero que no ha tenido suerte.

Salió a la calle y la cruzó, esperó ahí otra media hora hasta que se da cuenta de que ya ha sido demasiado tiempo, que le está dando frío porque la tarde no es tan cálida y que debería ir a bañarse.

Se va con una mala sensación, no creyó no tener ninguna noticia, pero de nuevo es su culpa por no corregir su error sobre el número de Jace.

Llega hasta a su casa a toda prisa porque no tiene con qué anotar, toma una hoja de cuaderno, pone su número de celular ahí, sus redes sociales y regresa corriendo para deslizra esa hoja debajo de la puerta de Jace.

En la hoja puso también un corazón evidenciando su enamoramiento adolescente.

Lastima que no lo era y se veía muy mal demostrar lo terriblemente enculado que estaba.

 

Pasan las horas, baja al departamento de Dalton. Qyle le abre la puerta, le lleva una cerveza, se regresa a la cocina para ayudar a Dalton quien aun está cocinando. Los mira sintiendo un poco de envidia, ellos dos en cosa de nada estaban tan bien acoplados, parecía que llevaban años de relación.

Qyle reía de todas las tonterías de Dalton y este tardaba en terminar la comida porque cada dos minutos se distraía abrazando a Qyle.

Cregan volvió a mirar su celular y nada. Ni mensajes, ni alguna llamada perdida que casualmente se haya ido a buzón o algo.

Nada.

-No esperes por él, mándale mensaje – le dice Qyle cuando por centésima vez lo atrape mirando la pantalla, cambiando entre sus redes y buscando mensajes. – Si me lo preguntas, Jace te mira encantado y cuando no te habías animado a saludarlo él me dijo que tomaba siempre esa mesa por la vista.

- ¿La vista?

-Sí, yo también me quedé pensando a qué se refería porque pues si bien tenemos al lado enfrente, pues sólo son árboles y agua y ya. No es que sea algo espectacular. – Qyle sonríe al recordarlo, Cregan siente que sus palabras son importantes, se siente ansioso por que continue con lo que estaba diciendo. – Debió ver mi confusión porque señaló a donde estabas ustedes, Dalton y tú.

-Ah, esa historia es buena – le dice su amigo llegando a escuchar después de lavar los platos. – Qyle casi saca las garras.

-Cállate, no debí contarte – Qyle le tapa la boca a Dalton con la mano para poder seguir con lo que decía. – Bueno, sí, casi saqué las garras porque como dije, estaban los dos enfrente y pues mi mente idiota pensó que le gustaba Dalton.

-Me ama, sólo piensa en mí – Dalton abraza a Qyle y le bea el cuello, Cregan sólo quiere que termine de decir lo que inició.

-Basta. Pero sí, eso pensé. El punto es que me dijo, así como apenado, el rubio. Ahí descansó mi alma, no quería echar su cadáver al lago.

Dalton suelta la carcajada y Cregan mira al más joven, parece realmente estar hablando en serio y le sorprende. Bueno, no tanto, ambos están en una rutina como si llevaran años en la relación y eso solo se logra si los dos estuvieran perdidamente enamorados del otro, aunque sólo hubieran logrado interactuar al ordenar el café.

-Este niño ahí dónde lo ves es intenso.

-OK – responde Cregan con una sonrisa. Esa intensidad para Dalton era totalmente deseable, se comparaba con la suya. – Pero…

-Sí, perdón. Pues antes de que le hablaras él ya te tenía en la mira, todos los días se sentaba ahí para verte correr. Así que descuida, seguramente está inconsciente por el alcohol o la cruda o lo que sea, pero mañana irá al café y ahí estará babeándose por ti.

 

Pero no lo estuvo.

Cregan fue a buscarlo de nuevo sin obtener resultado.

De repente parecía acosador, iba al departamento en la mañana, en la tarde en su hora de comida y en la noche al salir del trabajo. No había movimiento. No se encendían las luces ni se corrían las cortinas.

Tuvo que pedir ayuda a Dalton y a Qyle o de lo contrario iba a patear la puerta, tres días era demasiado. Qyle preguntó al encargado del edificio sobre departamentos vacíos y le mostraron dos listos para rentar, uno que tenía tiempo vacío por ser el más grande y al tener terraza era bastante más caro que otros. El otro era un bonito departamento que recién habían desocupado, lo que hacía especial el lugar era que tenía la cocina recién remodelada.

-No hemos venido a limpiar, si lo renta quitaremos todo lo que haya dejado el anterior huésped, no se preocupe.

Qyle da una vuelta, hay un par de cosas en la cocina, tazas y platos sucios, el refrigerador está lleno de comida y latas de refresco y en la habitación hay un abrigo que se le hace familiar. Pero justo cuando está por salir ve junto a la puerta una hoja de cuaderno, la toma sin que el encargado se dé cuenta.

Sale del edificio y camina sin prisa hasta donde Dalton y Cregan lo esperan. Se acerca al rubio y sin decir más le entrega la hoja.

A Cregan se le cae el corazón al piso.

 

 

6

 


 

 

Un par de días después de entender que se había ido y ni siquiera había tomado su hoja donde dejó su número, intentó buscarlo en redes sociales. No era muy activo él mismo en esas plataformas, no era alguien que se tomara fotos o videos y los subiera a redes. Le pasaba fotos a su familia por whatsapp, pero era todo. Aun así, tenía perfiles, abandonados, pero existían.

Cuando intentó encontrar a Jacaerys no había ningún perfil disponible aun con un nombre tan poco común como el que tenía el joven.

Se reunió después del trabajo con Dalton y Qyle y al comentarles eso, el más joven sacó su celular e hizo lo mismo que él había hecho antes. Notó que torcía la boca, seguramente porque no había un solo perfil a su nombre o alguno similar.

-Esto es raro.

- ¿Qué es raro, mi amor? – le pregunta Dalton a Qyle.

-Esto – le pasa su celular a Cregan – busqué en Google y al pasar a la sección de noticias sale un artículo donde habla de que la familia real de Inglaterra solicitó que en redes sociales se retiraran los perfiles falsos con los nombres de los jóvenes herederos al trono.

Cregan frunce el ceño, no entiende, pero al bajar un poco la noticia dice que entre los nombres solicitados para retirar perfiles falsos estaban los de los hermanos de la Reina, Aegon, Aemond y Daeron y los de sus hijos, Lucerys y Jacaerys.

La noticia enfatizaba que sobre todo el nombre de Jacaerys no se permitía en ninguna red como nombre de usuario a menos de que se comprobara legalmente que se tenía ese nombre además de tener más de trece años.

-Es un nombre poco común – dice Cregan tratando de evaluar lo que acababa de leer, lo cual era imposible y era hacerse una idea muy tonta. Qyle recupera su celular y comienza a buscar algo más.

-Estuve buscando a Jacaerys Strong, pero qué tal si ponemos Jacaerys Targaryen.

- ¿Targaryen?

Qyle levanta la vista para ver a su novio y a su amigo, los dos parecían confundidos.

- ¿No saben nada de la monarquía de Inglaterra? – pregunta y los dos hombres niegan con la cabeza. - ¿No hay rey en Finlandia? – ellos vuelven a negar con la cabeza.

-Esto es una democracia – le aclara Dalton.

-Sí, también el Reino Unido y aun así tienen una Reina y es Rhaenyra I, su apellido es Targaryen, así que …

Qyle baja la mirada a la pantalla y se queda callado, esto llama la atención de Cregan pero no tiene la confianza para quitarle el celular. Dalton se asoma para mirar y se queda con la misma expresión de sorpresa. Su amigo le muestra lo que ha visto.

Es otra noticia, de hace dos días.

Tras unos meses de vacaciones después de cumplir la mayoría de edad, el heredero al trono de Inglaterra inicia su servicio militar. En un claro intento de fomentar el que los jóvenes se alisten de forma voluntaria, Jacaerys Targaryen…

Había una foto con la noticia y pues era imposible negar que era la misma persona que conocían como Jacaerys Strong aunque con el cabello sumamente corto, nada de rizos preciosos.

- ¿Heredero?

-Al trono de Inglaterra – responde Dalton. - ¿Cómo chingados estuvo aquí todo este tiempo y no nos enteramos?

-Bueno, ni siquiera sabían cómo se llama la Reina…

- ¿Sabes cómo se llama el Rey de Suecia? – pregunta Dalton con una sonrisa, Qyle niega con la cabeza. – Yo tampoco, solo quería aparentar.

-Un día será un rey – dice Cregan y sus amigos no saben qué hacer ni qué decir. – Sólo se fue…

-No estoy seguro Cregan, de verdad no parecía que quisiera irse, dejó cosas en la habitación y el refrigerador totalmente lleno de comida. Si pudiera decir algo diría que vinieron por él porque tenía que hacer esto del servicio militar…

Se queda callado al ver que Cregan parece bastante desanimado.

-Hey, lo que Qyle trata de decirte – comienza Dalton poniendo una mano en la espalda de su amigo – es que tal vez no tuvo opción más que irse.

Cregan sigue incrédulo ante aquello, ¿Por qué no se lo diría? Explicarle quién era no debía ser tan difícil. Se pone las manos en la cara, trata de relajarse y pensar con claridad. Jace tampoco tenía su número ni sus redes ni el teléfono del negocio o el contacto de Qyle o Dalton. No tenía nada. ¿Qué podría hacer si ya estaba lejos de él en su vida normal?

O no tan normal, porque tendría que vivir en una instalación militar, cumplir con el entrenamiento, pasar semanas en una zona en conflicto. Esto le generó incomodidad, ¿por qué tenía que ser así?

-Amigo – Dalton lo mira con una expresión preocupado.

-No pasa nada, tengo trabajo, cosas que hacer.

Bebe la cerveza que había pedido e ignorado, aprieta los labios, se quiere convencer de poder hacer aquello, simplemente seguir adelante considerando que en el fondo de su ser jamás creyó que fuera real porque esas cosas no pasaban. No encontrabas al amor de tu vida sentado en una mesa tomando café en una taza enorme.

Lo lamentable es que sólo tenía que mirar a su mejor amigo tomado de la mano del barista y entender que el punto aquí era que esas cosas buenas no le pasaban a él.

 

Retomó su vida como siempre, salía a correr, abría la tienda, mantenía el inventario, pagaba a sus empleados y evitaba mirar noticias pensando que si no quería enterarse de nada sobre ese Heredero a cierto trono de cierto país seguramente lo haría. Vería algo, un vídeo, una foto y pensaría en que no significaba nada para él, que simplemente lo había abandonado como con algo que no importaba. Dejado atrás sin mayor contemplación.

Luego se arrepentía de pensar todo aquello, de juzgar a Jace tan a la ligera sin saber lo que había pasado, lo que lo había orillado a irse cuando parecía que en realidad disfrutaba la vida en pequeña gran ciudad.

Es en esta espiral de pensamientos que se da cuenta de que necesita irse, dejar de pensar en las que cosas que pudieron ser si fuera más valiente, si no hubiera tardado tanto en hablarle o en invitarlo a salir.

Le ofrece a Qyle el quedarse como encargado de la tienda, lo capacita durante dos semanas antes de hacer su maleta y tomar el tren al norte, más allá del circulo polar artico, tan arriba en el planeta que podría ver auroras boreales todo el año o hasta tal vez conocer a Santa Claus.

- ¿Estás muy seguro? – le pregunta Dalton.

-Lo estoy – responde Cregan.

-Me preocupa, les has explicado todos los detalles a Qyle y hasta él cree que no vas a volver.

-No entiendo por qué dices eso – le responde mientras le pone unas llaves en la mano.

- ¿Qué es esto? – pregunta Dalton, aunque parece muy claro lo qué es.

-Las llaves de mi departamento, podrías decirle a Qyle que vivan ahí y le evitarías una renta y el tener que desplazarse tanto de su trabajo a casa.

Dalton niega con la cabeza, Cregan sabe que la sensación de que no regresará es grande, pero más bien es que piensa tardar un tiempo y no quiere que la tienda esté mal atendida o que su departamento sólo guarde polvo.

-Hazlo, vale la pena, así tu querido novio podrá ahorrar algo de su salario.

-Vale, pero cuando regreses nos bajamos a mi caja de zapatos.

Cregan se echa a reír, aunque es difícil contradecirle a su amigo que es resto de departamentos son en realidad muy pequeños.

Dalton se despide desde el andén, el viaje es de 9 horas sólo para llegar a Rovainemi y de ahí el viaje al norte sólo sigue. En realidad, se está yendo muy lejos, si la posibilidad de ver de nuevo a Jace la parecía remota, ahora se estaba volviendo imposible.

 

Chapter 4: Un año después

Summary:

Ha pasado un año, las cosas han cambiado, nadie está donde estaba ni es lo que era.
Pero las esperanza de reencontrarlo no se perderán tan fácilmente.

Chapter Text

7

 


 

EL SIGUIENTE JUNIO

 

Qyle es buen administrador, demasiado responsable, acostumbrado a trabajar más que otros y ser siempre el que cargaba con la mayor responsabilidad. Era por eso por lo que Dalton solía terminar su día de trabajo y lo encontraba en el local de Cregan, ocupándose de todo para que el día siguiente tuviera menos pendientes.

Estos días Dalton solía terminar más tarde porque las semanas previas al Midsommar los días eran más largos y poco a poco la luz del sol hacia el día más y más largo. Lo cual era bueno para el negocio, los turistas querían ir a las islas, podían pasar más tiempo en ellas y regresar al puerto en la noche.

Qyle cerró el negocio, hizo el viejo camino, el que llevaba a la cafetería donde antes trabajaba, le gustaba verla, al personal que ahora estaba ahí y pensar en lo diferente que era su vida ahora. Dalton no lo dejó más, no quiso separarse de él una vez que iniciaron aquella relación y cuando su visa de trabajo fue rechazada, se casó con él sin pensarlo.

Va distraído recordando lo mucho que era diferente desde hace un año que cuando gira su cabeza y encuentra una escena conocida, tiene que parpadear para darse cuenta de que no es un recuerdo, que lo está viendo ahora.

Es el joven que conoce bien, que le ha servido su comida muchas veces, al cual no tuvo el corazón para corregir que la taza en la que servía su café no era la correcta y que le parecía que bebía demasiado. ¿Por qué no lo corrigió? Porque él venía de un país donde consumían café que no era café, que era una cosa dulce llena de jarabes que lo último que tenía era un chorrito de café mal hecho. Así que, si al joven le gustaba tanto el café real, pues que se sirviera todo lo que quisiera.

Estaba ahí, sólo que no había lindos rizos en su cabeza y parecía un poco menos delgado.

Tal vez no lo era, tal vez sólo era alguien que se parecía mucho, demasiado. Tenía que asegurarse, tenía que descartarlo o confirmarlo y deseaba de verdad con todas sus ganas el confirmar que lo era. Se acerca caminando a toda prisa y cuando está a un paso, le habla.

-Jace.

El joven levanta la vista despegando esta de su celular. Qyle se da cuenta de la sorpresa que sufre al reconocerlo, de un movimiento está de pie y se ha lanzado a abrazarlo.

-Hey, ¿todo bien? -corresponde el abrazo con bastante alegría, de verdad le agradaba verlo una vez más.

-Sí, ahora sí.

 

Fueron a comer al muelle, frente al mercado, lo que siempre comía, Qyle sonrió al verlo pedir la tradicional sopa de salmón, emulándolo porque en realidad también era algo que disfrutaba mucho. Quería preguntarle tanto, decirle por qué razón se había ido sin decir nada de forma tan inesperada y por qué no se había puesto en contacto de alguna manera.

-Ya no trabajas en la cafetería y Dalton no está en el muelle.

Qyle se da cuenta de que los ha estado buscando, en los lugares usuales donde el verano pasado se conocieron.

-Dalton trabaja esta temporada en las islas, regresa en la noche al embarcadero donde guardan los barcos así que no pasa por este y yo – sonríe con suavidad dándose tiempo de pensar cómo lo dirá y si es esto lo que está esperando saber. – Y, yo, pues ahora me encargo del negocio de Cregan, de la oficina, la que hace los envíos.

La expresión de Jace está un poco en blanco, tal vez nunca había ido allá o conocido a lo que se dedicaba Cregan, tal vez ni siquiera tuvieron tiempo.

- ¿Cregan te dejó su negocio?

-No, claro que no, sólo me encargo de la administración de la oficina, porque toda la venta es por internet – hace una pausa tratando de leer la expresión del joven. - ¿Si sabes a qué se dedica Cregan?

Jace mueve la cabeza negando. Qyle saca su celular para mostrarle la página de Instagram del negocio que se conecta con la web donde se hacen las compras.

-Cuando Cregan te hablaba que todo lo que se obtiene de los renos se aprovecha te lo decía con conocimiento. En el Norte del país, más allá del circulo polar ártico, en lo más recóndito de Rovainemi, ahí donde el trineo de Santa Claus da la vuelta, está Winterfell.

- ¿Rovainemi?

Qyle parpadea, luego suspira.

-Estos dos no sabían quién es la Reina de Inglaterra y tú no sabes dónde vive Santa Claus – le da un trago a su cerveza - ¿cómo es posible que el tipo que viene de Texas sepa más que ustedes?

- ¿No sabían quién es la Reina de Inglaterra? Bueno en realidad es del Reino Unido, no sólo de Inglaterra.

-Es lo mismo -dice Qyle aunque de inmediato, al ver la expresión casi ofendida de Jace, corrige – bueno, sé que no es lo mismo, pero mira el punto es esto. Apenas comenzaban a conocerse y listo, no hay más. Después nos enteramos de que viajas con pasaporte de realeza y pues fue algo inesperado, o sea, eres guapo tipo príncipe, pero no creíamos que fueras de hecho uno.

Jace se sonroja, aunque Qyle lo de guapo se lo dije de forma general no con ninguna otra intención.

-Mira – le muestra la página en su celular – en Winterfell desde hace como 200 años los Stark se dedican a criar renos, antes era para mantenerse con vida porque como te dijo, en el norte no es fácil sobrevivir y muchos animales no van a prosperar allá, como las vacas. Después comenzaron a vender carne, luego productos de piel y al final, artesanía con los cuernos. Es un gran negocio, de verdad.

Jace mira todo lo que puede en la página, de hecho, no hay nada que identifique a Cregan, ni en el perfil de Instagram. No se menciona el apellido Stark ni alguna otra cosa que pudiera darle una pista, lo único tal vez que el perfil de Dalton sigue esa cuenta.

-Dioses, cuando lo conocí un poco más me horrorice de lo que se hacía con los renos, casi lo insulte sin saberlo.

-No te preocupes, es algo que muchos extranjeros solemos tomar a mal, pero tiene razón, yo vivía en un rancho de vacas y sabemos para lo que las usan y de una forma menos responsable te lo puedo decir.

Jace suspira, parece algo superado con todo aquello y es que es normal, apenas comenzaba a conocer a Cregan, que salieran juntos una vez no es nada y aunque se llevaran tan bien ese día, como sucedió con Qyle y Dalton, no significaba nada. En su caso Dalton construyó día a día esa confianza que los llevó a vivir juntos, a casarse y aunque algunos levantaron la ceja al enterearse porque parecía algo por conveniencia, aunque no lo era. Le convenía no se regresado a su país, pero en realidad quería estar con Dalton para siempre.

-Cregan, ¿se fue allá a dónde dices?

-Sí, a Winterfell.

- ¿Cómo llegó hasta allá?

 

 

- ¿No le vamos a decir nada a Cregan?

Qyle niega con la cabeza, está buscando en los estantes por ropa adecuada para Jace quien en un arrebato de locura quería irse con las maletas que llegó de Londres. El texano, pese a no saber nada de nada, había visitado a Cregan en Navidad y aunque Dalton le llevó todo lo necesario para no congelarse, se había sentido pésimo durante los primeros días y no tan mal durante los últimos.

Le dijo que estaba loco, que lo que traía para el verano en Helsinki era ropa inadecuada para el verano en Winterfell y que si quería no reencontrarse con Cregan en el hospital tenía que usar dinero, bastante dinero, en comprar ropa de abrigo.

Así que estaban en su tienda favorita de ropa de abrigo para el frío del norte, Jace se estaba probando las capas necesarias, porque creía que era comprar una chamarra y ya, pero Qyle le explicó y luego Dalton confirmó, que las capas deben de ser adecuadas, que deben ajustar a su cuerpo para no dejar pasar el frío y luego seguir con las demás que vayan aislando hasta convertirse en una especie de armadura de calor.

-Deberíamos advertirle.

-No, no lo haremos, porque ahora solo estamos dirigiendo a Jace en el camino correcto, porque no tenía idea de dónde encontrarlo y había pasado dos días en la ciudad dando vueltas esperando encontrarse con nosotros. Pero tú y yo estamos más ocupados que el año pasado y a veces nos vemos en el departamento y ya, no andamos en el muelle o en los lugares turísticos.

Dalton escoge un gorro y se lo pone a Qyle en la cabeza, su pequeño esposo se ve adorable con gorros.

-Pero, Cregan está allá, besando renos, amargado, ¿no deberíamos avisarle para que lo esté esperando?

-Creo que debemos darle su tiempo, que se reencuentren, que se conozca, que hagan lo que no pudieron hacer hace un año y listo.

-Qyle…

-No nos meteremos más y sólo lo hago porque ni uno ni el otro tenían forma de comunicarse y Cregan no se ha parado en Helsinki desde que se fue y este príncipe de otro reino ha estado buscándolo como pudo. Sólo por eso.

-Qyle…

Dalton pone sus ojitos tristes, Qyle le da un beso antes de ponerle una gorra en la cabeza, es de color rojo, cree que ese color se le ve precioso.

-No te quemes tu carita, usa la gorra.

Dalton sonríe por el amor y cariño que Qyle le demostraba con una simple acción.

 

 

8

 


 

Jace Strong viajaba con una pasaporte común y corriente, no de la realeza, como había dicho Qyle. Por eso quien se lo pidió a la hora de comprar su boleto a Rovainemi no vio nada raro en su persona. Era como cualquier otra persona que como primera acción después de liberar su servicio militar, toma un avión a Helsinki esperando poder retomar lo que había dejado en pausa un año atrás.

Eso esperaba, que sólo fuera una pausa.

Había estado incomunicado la mayoría de los días con excepción de los domingos, donde hacía servicio social y sus fotos salían en las redes sociales de la familia real. Tenía acceso a su celular ese día, pero no tenía forma de comunicarse, no tenía su número y se arrepentía tanto de no haberlo pedido.

Pero creía tener más tiempo y la verdad es que no fue así.

Ahora estaba aquí, sin dar mayor explicación a su familia, sólo tomando el camino que creía correcto y esperando que todo pudiera volver a estar bien. Darse tiempo para conocerse, darse tiempo para hacer crecer algo.

El no encontrarlo en dónde creía que lo encontraría casi lo hace perder toda esperanza, por ello cuando Qyle le dice que hay forma de corregir aquel entuerto, tomó la oportunidad. Irse al norte, pedirle perdón por no decirle la verdad y perdón por el tiempo que pasó cumpliendo su deber. Pero ahora que tenía oportunidad lo único que quería era volver a empezar.

Se quedó pensando en la sorpresa de saber que Dalton y Qyle se habían casado, decían que por la visa, pero lo que ellos proyectaban era puro amor. Siempre tomados de la mano, siempre se robaban besos y tenían conversaciones en perfecto silencio tan sólo con las miradas. Él quería eso, lo deseaba tanto. Sus historias habían comenzado casi al mismo tiempo, con Cregan hablando con él al mismo tiempo que Dalton pasaba de sólo ordenar café a preguntarle su nombre e invitándolo a salir. Pero un año después ellos vivían juntos y se llamaba esposo y Cregan había regresado a su hogar familiar, alejándose del lugar dónde creía que jamás volvería.

Pero volvió, lo primero que hizo fue volver y no encontrarlo lo había sumido en una tristeza demasiado grande. No creyó que fuera demasiado tarde, tenía esa esperanza. Verlo de nuevo correr frente a la cafetería, llamarlo por su nombre, esperar por su sorpresa y luego explicarle.

No fue así pero no tendría por qué ser malo, ahora estaba en el tren directo a la tierra de Santa Claus, como decía Qyle, pero una vez allá tendría que tomar un transporte para llegar lo más al norte posible y después esperar porque todo estuviera bien.

 

El clima cambió a medio viaje y aunque los paisajes seguían verdes, la temperatura iba disminuyendo, aunque no creyó que tanto como para necesitar las capas que había empacado con Qyle. Se adormeció en su asiento y se quedó dormido a mitad del camino, despertando cuando el tren se sacudió al llegar a la estación.

La estación era un andén, un pequeño edificio y un estacionamiento casi vacío. Jace baja del tren con un puñado de viajeros y un grupo grande turistas, a los cuales esperan con un camión que es lo más destacable del estacionamiento.

Dalton le dio un número de teléfono de un taxi para llevarlo a la ciudad más cerca a Winterfell, la siempre nevada Muonio.

Son otras dos horas de viaje y le sorprende como de paisajes verdes ahora hay nieve en el camino, en los prados y en los pinos.

-Es frío por acá, qué bueno que vino preparado, los turistas luego suelen subestimar el clima.

El taxista le dice al verlo quitarse los guantes y arrepentirse, porque sus dedos comenzaron a doler.

- ¿Conoce Winterfell?

-Todos conocen Winterfell en este lado del mundo – le responde sin quitar la vista del camino. – Es una enorme granja de renos, la mayor de todo el norte y es el hogar de los Stark, ellos no tienen miedo al invierno ni a congelarse el trasero.

Escuchar el apellido de Cregan lo hace sonreír, siente que la esperanza de volverlo a ver no es una tontería si no una posibilidad grande.

-Si necesita ir a Winterfell está todavía a poco más de una hora de Muonio, ¿qué día quiere ir allá? Podría llevarlo.

-Mañana, a primera hora.

 

Jace llega a la habitación de su motel. Arruga la nariz al ver ese nombre, pero Dalton le dijo que estaba super bien ubicado en el centro de la ciudad y tenía el mejor precio. Era cierto, había muchos turistas las áreas comunes parecían modernas con un restaurante tipo cafetería. Compró un emparedado y preparó café en su habitación antes de dormirse. Estaba agotado, había viajado todo el día y ahora a las siete de la noche ya no podía más.

Aun así, despertó a las cinco de la mañana para bañarse, vestirse en las capas de ropa de abrigo como Dalton le enseñó y desayunar. El chofer del taxi estaba ahí a las ocho de la mañana, listo y emocionado y muerto de miedo por lo que podría pasar. Ni siquiera sabía si podría encontrarlo, pero la cuenta de Instagram marcaba que ese día la granja estaba abierta de nueve de la mañana a cinco de la tarde y que se podrían hacer tours con los renos y conocer el proceso de producción de las artesanías.

-Cuando quiera volver me manda un mensaje, tardaré así que tome la precaución de llamar con una hora y media de anticipación.

-Sí, gracias – responde al chofer y cierra la puerta, el coche echa a andar y tras dar media vuelta en la carretera, se perdió rápidamente de vista. Frente a él estaba una cerca, campos medio nevados donde pastaban renos y más renos, y al fondo de los campos, un castillo.

Winterfell era en realidad un castillo.

Jace no pudo evitar sonreír, estaba escapando de sus deberes reales, de su propio castillo, para venir a encontrar a Cregan en el suyo.

Chapter 5: Helada bienvenida

Summary:

Las ilusiones a veces pueden romperse, pero él conserva la suya sobre reencontrarse con Cregan y darse una nueva oportunidad.

Chapter Text

9

 


 

-Buenos días y bienvenido al lugar más frío de Finlandia.

Winterfell aún no está abierta, falta una hora para que eso suceda, así que entra a una cafetería que se encuentra en la entrada a la propiedad, es exageradamente posible que sea parte del negocio que tienen montado. Un negocio que espera incluya un tour por el castillo y una cita con un miembro de la familia.

-Gracias, sí hace frío para el verano – responde Jace quien no sufre por el insidioso viento que ha soplado desde que llegó.

-Así es nuestro verano – le responde la chica que está lista para tomar su orden. – Perfecto.

-Claro – sonríe un poco tenso - ¿podría traerme un café y waffles?

La mesera levanta una ceja para luego mover la cabeza negativamente.

-El café está bien, pero mejor comes algo más típico del norte, ¿te parece?

-OK

La chica se aleja y Jace mira a los otros pocos comensales, lo que tienen en sus mesas no parece nada tan extraño, así que considera que algo más típico no será nada terrible, pero definitivamente no es un desayuno inglés, que a él no le gusta, ni algo más común, como hot cakes o waffles.

Saca su celular, busca una vez más las redes de Cregan y se encuentra con lo mismo, cuentas que se notan abandonadas y a la que no puede mandar mensajes porque son privadas. Intentó buscarlo cada domingo que le regresaban su celular, pero como atendía a un evento familiar tras otro, casi nunca tenía tiempo para hacer una búsqueda con más cuidado.

Ahora no era necesario, por supuesto, estaba a unos metros del hogar familiar de los Stark, de su negocio y esperaba que de Cregan, que no se haya ido a otro lugar sin decirle nada a Dalton o Qyle. La chica regresa con un plato con avena y una fruta que le parece rara, pan, jamón, queso y un par de huevos duros, además de su taza enorme de café.

-Gracias.

-De nada, espero te guste.

Jace se queda mirando la comida, pero la taza de café es lo que más destaca, es enorme, como aquella que tomaba todos los días creyendo que era normal cuando estaba en Helsinki. Mira la mesa a su derecha, no puede jurar que tomen café, pero tienen tazas pequeñas, mira a la izquierda y es lo mismo, es el único que tiene una taza tan grande.

Algo se remueve en su pecho, tal vez está exagerando, creyendo que algo como una taza de café es una especie de señal del universo cuando sólo es una taza de café de gran tamaño. Espera que Cregan entre y le diga que lo extrañó, que ha estado bebiendo tazas enormes porque no puede dejar de pensar en él.

No sucede, claro que no, debe ser una tonta coincidencia. Hace un sándwich con el jamón y el queso entre el pan que es super suave y al comer ruega porque no sea jamón de reno, aunque espera que eso no exista; luego se come la avena con la fruta que no reconoce, una especie de baya que es muy dulce y deliciosa termina con su taza de café recordando el sabor del que preparaba Qyle y aun esperando por la llegada de Cregan.

- ¿Vas a la granja de renos?

La chica regresa por sus platos, le pregunta eso como si no fuera obvio, los últimos kilómetros en el taxi han sido puro campo nevado, no hay otras propiedades más que el castillo, la granja, la cafetería y una tienda de productos de la granja.

-Sí.

-Toma, un cupón para dar de comer a los renos bebés.

Lo recibe y lo examina, es lo que ha dicho la chica, pero se le hace extraño, ¿por qué le daría eso?

-Es por desayunar aquí y no quejarte de mi avena con bayas del pantano.

- ¿Bayas del pantano? – Jace parece confundido, la fruta sabe dulce, muy parecida a una mermelada de durazno.

-Es algo típico de Laponia, la vendemos en la tienda, deberías llevarte unos frascos si te gusta, nadie la prepara como yo.

Jace agradece, paga por su desayuno y sale con el cupón en la mano que sigue pareciéndole extraño, pero tal vez sea normal, la verdad es que no se fijó si a las otras personas desayunando les han dado lo mismo. Se acerca la taquilla, finalmente está abierta y pues comprará un boleto y cuanto tenga el valor suficiente caminará al castillo hasta que alguien le diga que esa zona no es para turistas y él pregunte por Cregan y pida hablar con él.

Se sentía como un tipo del pueblo buscando audiencia con un lord. Sonrió ante el pensamiento porque él no era alguien del pueblo.

- ¿Una entrada plus con tour al castillo?

Llega al frente de la pequeña fila que sólo eran las personas que estaban antes que él en la cafetería, no ha visto los precios, pero cuando le ofrecen eso mira lo que dicen las pantallas y ningún paquete incluye entrada al castillo.

- ¿Cuánto cuesta?

Paga, es un precio solo levemente superior a la entrada que incluye lo de ver renos bebés y paseo en trineo, así que no le parece mal. Aunque de nuevo es demasiado coincidente con lo que él pensaba y quería, poder ir al castillo, buscar a Cregan.

Sigue a los otros turistas, va poco a poco, se da su tiempo de ver lo que hay, los corrales con animales que se notan jóvenes, los ejemplares más grandes están lejos del camino de entrada, pero son los que llaman su atención así que no duda en dirigirse hasta allá. Los animales le parecen impresionantes, bastante más altos que él y con unos cuernos largos que no se parecen a los que se asocian al trineo de Santa Claus.

-Son alfas, crecen más y los usamos para reproducción, pero tienen mal carácter así que no te acerques tanto.

Jace se gira y un adolescente de ojos muy azules le sonríe, le ofrece una bolsita de comida que toma sin dudarlo, aunque de nuevo se le hace raro, leyó en la entrada que cada bolsa tiene precio.

- ¿Cuánto te debo?

-Nada – responde rápidamente el chico - ¿te dieron un cupón para ir con los bebés?

-Sí.

-Sígueme, ya no son tan pequeño, nacieron a finales de junio así que ya comen algo más que leche.

Hace caso y va detrás de él hasta llegar a otro corral, entran y en el fondo hay pequeños renos que nada más verlos echan a correr hacia ellos.

-Estuve presente cuando nacieron, así que me quieren mucho.

Los renos pegan sus hocicos en las manos del joven, parece que lo saludan y saltan contentos a su alrededor, son seis y sí, no son tan pequeños ya, sus largas patas ya dan pasos seguros y corren con mucha libertad. Aun así, su pelo es suavecito y se dejan acariciar, aunque uno de ellos descubre que tiene la bolsa de comida y comienza a insistir para que le de comer y pronto todos los otros dejan al joven y comienzan a perseguirlo.

-Traeré más comida, ¡resiste!

 

Jace agradece al chico haberlo ayudado, pasa casi una hora con los renos bebés hasta que llegan otros turistas y él tiene que dejar ese pequeño momento privado que ha tenido con el adolescente donde le ha explicado mucho de la ciencia de la cría de renos y del trabajo de la granja. Le dice también que están tan al norte que no viene mucha gente, pero los que vienen tienen la ventaja de poder tener un paisaje nevado aun en verano y pasear en trineo, cosa que no sucede más al sur.

Le da un cupón para un paseo en trineo y le dice que regrese más tarde para cambiarlo.

Le sigue pareciendo raro que le regalen cosas que deberían cobrarle, pero no tiene tiempo para pensarlo cuando de hecho en lo único que piensa es en Cregan así que sus pasos lo llevan al camino del castillo. Los turistas siguen dando de comer a los renos y él es el único que va para el otro lado.

El lugar tiene la pinta de un viejo castillo, con una barda perimetral gruesa y pocas almenas, una torre central circular grande. Cruza el puente y el río debajo no está congelado, se queda mirando el correr del agua porque le es difícil dar los siguientes pasos.

Qué le dirá para que entienda la razón de no decirle quién era en aquel tiempo, apenas había cumplido 18 años en enero y se sabía que tendría que cumplir con su servicio militar en el verano, era algo que no podría saltarse y tampoco lo haría sus hermanos menores, pero no le hacía nada de gracia.

Desapareció y aunque intentó convencer a su padre para que lo dejara permanecer un día más, no fue posible, había dejado pasar demasiado tiempo y tenía que presentarse para la ceremonia oficial que ese año sería comandada por la Reina en persona, porque su hijo mayor cumpliría sus obligaciones, ¿cómo diablos no iba a estar presente?

Ese fue un día de los pocos en que su padre fue muy intransigente y por ello dejó atrás tantas cosas, entre ellas sus ilusiones de una relación bonita, una construida poco a poco, una que le hiciera muy feliz.

Cruza el puente, llega a la reja, está recogida y puede pasar al patio central donde hay gente en su rutina diaria como se verían en algún otro castillo abierto al público. Jace mira a las personas llevar cosas a la cocina, otros están barriendo el patio y hay alguien cuidando a los perros. Parece más bien la rutina de una casa, no la de un museo como normalmente se comportar esos castillos que reciben turistas.

Es raro.

-Hola, ¿compraste el tour del castillo?

La chica que lo atendió en la cafetería está ahora ahí, una gran sonrisa y mucha amabilidad.

-Sí.

-Es por aquí.

Toca su brazo para que la siga y él lo hace de inmediato, pasando por el patio donde la gente la saluda, le llaman señorita Sara como si no fuera una empleada más o la encargada de la cafetería. Ella empuja la puerta que da a la cocina, deja salir a unos niños que dejan detrás risas muy agradables. Pasan entre dos enormes mesas y Jace aspira el sabroso aroma del pan recién horneado, salen de ahí por otra puerta que da a un comedor inmenso y que se nota antiguo, las paredes están recubiertas de madera para disminuir el frío de la piedra y han pendones de colores gris y azul que muestran la figura de un lobo.

-Debería ser un reno – dice ella al verlo apreciar los tapices – pero no es muy elegante eso.

Jace se ríe por el comentario y ella continua su recorrido, baja unas escaleras y terminan en una especie de solar, donde hay muchas flores que serían complicadas que sobrevivieran en el frío exterior.

-Espera aquí, nuestro guía certificado en la historia de Winterfell está por llegar.

 

10

 


 

Ha caminado dando vueltas entre las flores, las macetas son lindas, están pintadas con diversos diseños de colores intensos y las mismas flores son una colección interesante, la mayoría son azules o moradas. Le gustan, tienen mucha personalidad. De repente, el sonido de unos pasos sobre el suelo de piedra. Jace levanta la mirada, alguien se ha detenido en la puerta del solar, no lo puede ver, pero no tiene duda alguna de que está esperando para entrar.

Su esperanza es real, siente que lo debe llamar para que se acerque, aunque no tiene la seguridad de que sea él.

Sólo que en realidad sabe que es él.

¿Qué habría pasado si en su lugar estuvieran Dalton y Qyle? Separados por un año por las obligaciones de uno de ellos, reencontrándose a kilómetros de donde se conocieron en un viejo castillo. Imagina a Dalton corriendo entre la granja de renos, cruznado el puente y entrando al castillo, todo eso mientras gritaba el nombre de Qyle. Pensaba que Qyle lo habría visto entrar y cuando lo escuchara entrar como un torbellino al castillo, hbaría salido corriendo de su habitación, bajado las escaleras a saltos para lanzarse a sus brazos.

Ellos eran pura emoción explosiva.

En cambio, ellos estaban en la misma habitación, pero ninguno avanzaba hacia el otro. Jace respiró profundo y trató de tomar valor. Recordó lo ilusionado que estaba de conocer a ese guapo hombre que todos los días corría frente a la cafetería y la nula iniciativa que tuvo por miedo a ser rechazado.

Así que ahora le correspondía dar el primer paso para volver a hablar con él.

- ¿Cregan?

Se aventuró a preguntar desde donde estaba, seguía sin mirar a la persona en la puerta, sólo el saber que estaba ahí porque se escuchó un suave movimiento de pies. Jace sintió un impulso de ir hasta él, pero no pudo adelantarse, estaba como clavado al piso de lo nervioso que se sentía.

- ¿Eres tú?

Pregunta de nuevo porque no obtuvo una respuesta. Tal vez hablarle sin verlo no es correcto y debería dar la cara como no lo logró cuando se fue, sin explicar, sin intentar que le llegara un mensaje, algo, para que no creyera en que lo había abandonado después de tener la mejor de las citas del mundo.

Así que avanza, detrás las flores y se acerca a la puerta, hay una enorme planta alta de flores blancas que es lo único que lo separa y cuando la rodea, ahí está. Era lo que esperaba ver, pero al mismo tiempo lo llenó de terror estar en su presencia una vez más y que no hubiera ese reencuentro de película, correr a los brazos del otro como si fuera una grosería estar separados.

Su rostro estaba serio, su cabello bien arreglado un poco más largo que la última vez que lo vio, su ropa de abrigo en color negro.

-Es momento de iniciar el tour, venga conmigo.

Jace no se movió, aunque el otro dejó la puerta para salir del solar, esperando que lo siguiera. Un frío horrible lo recorrió y luego se instaló en su abdomen, apretando y haciéndolo sentir miserable. ¿De verdad le iba a dar un tour en lugar de…?

¿Qué esperabas, Jace? Escucha su voz critica que lo censura y se talla los ojos porque los ha sentido húmedos. ¿Esperabas que realmente quisiera verte después de este tiempo? ¿Acaso querías un final de libro romántico para adolescentes?

Sí, acepta para sí mismo, pero si no sucedería entonces era mejor irse y no conservar ilusión alguna.

Sale del solar y Cregan lo espera con la misma expresión seria, algo vacía, la tristeza se afianza en su pecho y sabe que tiene que salir de ahí.

-Perdón, no tengo tiempo para el tour, lamento haber molestado.

Dice con la sonrisa más amarga de todas y se echa a correr recordando el camino por el cual lo llevó la chica, cruza el patio, la reja, el puente y la granja de renos.

- ¡Hey! ¡Espera!

Ve que el adolescente de los renos bebés sale del corral y lo sigue, pero él no se va a detener porque no quiere incomodar más, después de un año, seguramente Cregan no lo recuerda ni como amigo.

- ¡Sara!

Ve como la chica sale de la cafetería cuando él pasa enfrente y como no tiene coche, pues sigue caminando a toda prisa por el camino medio nevado por donde el taxi lo llevó.

- ¡Jace! Eres Jace, ¿verdad? ¡Espera!

- ¡No te vayas! ¿Te dijo algo malo?

Los dos jóvenes van detrás de él tratando de alcanzarlo, pero Jace vuelve a correr de nuevo, ha marcado al taxista, pero la llamada se corta después de unos timbrazos. No importa, en algún momento le responderá, pero por ahora sólo quiere alejarse lo más rápido que pueda.

 

Se detiene después de una hora en donde solo siguió por el camino hasta que llegó a un caserío, lo recuerda, el pueblo sigue estando lejísimos. Intenta llamar de nuevo pero su mano tiembla y el celular se le cae entre unas piedras al lado del camino. Salta la zanja que separa el camino de prado y trata de meter su mano entre las piedras y aunque está a punto de tomar el celular, el ladrido de un perro lo hace saltar y levantarse de golpe. El perro está del otro lado del camino y más parece un lobo gris bastante grande. Pero no hay lobos aquí, ¿verdad? Además de que los lobos no ladran o eso es lo que él cree.

Pero el perro que parece lobo vuelve a ladrarle y entonces Jace da un paso para atrás o por lo menos eso creyó, más bien pisó las piedras y resbaló, cayendo hacia atrás entre la hierba del prado, golpeando su espalda y su cabeza con lo que fuera que había allá abajo.

 

Cuando abrió los ojos había muy poca luz en el cielo y no estaba seguro de que fuera de tarde, tal vez era de noche ya porque de nuevo, igual que el año pasado, quedaban pocos días para Juhannus y los días duraban más tiempo.

Se levantó no sin quejarse porque su cabeza dolía, se tocó con los dedos y había sangre en su cabello, no tanta, pero aun así sintió un mareo provocado por el susto de saberse herido. Escuchó su celular sonar así que gateó hasta las piedras para darse cuenta de que este seguía atrapado ahí y ahora no conseguía meter la mano ni el brazo para poder sacarlo.

Le sorprendió alcanzar a ver la pantalla y ver el número de Qyle. Le había dejado varias formas de contactarlo, redes sociales con nombres falsos y el número de su hermano menor por si era necesario ante cualquier emergencia.

Esto no era una emergencia, sólo un inconveniente. Esperaba que Qyle no llamara a Lucerys porque su hermanito tenía 16 años y estaba aun estudiando en Eton, lejos de casa y seguramente no podría hacer nada y sólo se preocuparía.

Se rindió sobre su celular y trató de subir al camino, le costó por la zanja era alta, más de lo que sintió al saltarla, pero cuando cayó desde ella se dio cuenta de que no era cualquier cosa. Una vez arriba sabe que no tiene de otra, seguir caminando, tal vez tarde mucho, pero llegará al pueblo de donde partió y una vez ahí podría recuperar sus cosas y regresar a Helsinki.

Había sido una estupidez, una muy grande, el esperar que Cregan lo recibiera con los brazos abiertos, feliz por volverlo a ver. Ahora pagaba por ser un iluso y esa caída y ese golpe no era nada comparado al dolor que sentía en pecho.

Chapter 6: Crepúsculo

Summary:

Hay que tomar tiempo para volver al camino, hay que tomar tiempo para dejar que los verdaderos sentimientos regresen a sus corazones.

Chapter Text

11

 


 

Seguía caminando por la carretera, varios coches lo había alcanzado y sobrepasado, al principio creyó que alguno de ellos podría ser de Cregan, pero no había sido así, por lo que después de contar veinte vehículos, dejó de tener esa esperanza.

No tenía nada roto y la sangre que vio en su cabeza fue por un corte con un arbusto, no se ha torcido nada, no se pegó con una piedra, sólo fue el golpe con el suelo y tal vez si perdió la consciencia, pero no estaba del todo seguro.

Se dio cuenta de que sólo se había nublado y por eso creyó que era más tarde de lo que en realidad era, una hora después el cielo se despejó por completo y de hecho hacia algo de calor. Así que tenía buen tiempo para caminar todo lo posible hasta que sus piernas dolieran, su única ventaja ahora es que había pasado un año haciendo ejercicio cinco días a la semana y ahora su condición física era bastante buena y caminar al aire libre no era lo peor que le podía pasar, podría resistir aun de noche, bajo una torrencial lluvia o sin tener nada que beber.

Bueno, eso no era del todo esperanzador, en su mochila no tenía nada útil, ni comida ni una botella de agua, ni nada. No creyó necesitar nada, porque Cregan seguro estaría feliz de verlo y lo dejaría quedarse.

-¡¡Qué pendejo!!

Grita porque no hay nadie que lo escuche y puede sacar la enorme frustración y tristeza sin tener que dar alguna explicación o incomodar a nadie.

-¡¡Oye!! ¡¡Espera!!

El ruido de una bicicleta llega hasta sus oídos, voltea para encontrar al chico de los renos bebés pedalear a toda prisa. Se detiene a su lado y parece haberse esforzado demasiado porque tiene que recuperar el aliento.

-¿Por qué te fuiste?

-Bien… - Jace no estaba listo para responder aquello, se había ido porque Cregan no estaba feliz de verlo una vez más y eso lo había lastimado. Se imaginó pensando que Cregan podría no haberlo extrañado, no conservar en su corazón aquellos pocos días del año pasado. – Creo que no esperaban mi visita, así que es mejor no imponerse.

-Oye, si eres Jace, ¿verdad?

-Jacaerys Targaryen – le responde presentándose sinceramente con su nombre real, le ofrece su mano y el más joven la toma con un apretón fuerte y firme.

-Branden Stark, mucho gusto, soy hermano menor de Cregan, el que casi se muerte, ¿te contó algo de mi?

Jace siente un vacío en su estómago, claro que no sabía nada de su hermano, no tuvieron tiempo de decirse muchas cosas, pero si de terminar muy borrachos en el día más largo de todo el año donde el sol nunca se ocultó.

-No, no pudimos hablar de muchas cosas.

-Ah pues, un día me pateó un reno, tenía siete años y tuve una fractura en el cráneo, fue horrible.

Branden le habla con mucha naturalidad, baja de su bicicleta y comienza a caminar a su lado, no quiere convencerlo de regresar, por fortuna, porque no lo haría, no después de pensar en lo insensatas de sus ilusiones.

-Qué bueno que no te pasó nada malo.

-¡Qué va! Me tuvieron que operar varias veces y a veces se me va la onda, pero de que no me morí, no me morí.

Jace no puede evitar reírse y el joven parece complacido por ello, sin decirle nada lo guía a otro camino, uno que parece muy largo pero que termina en una pequeña casita que no habría visto de estar solo.

-Es un Airbnb, Sara lo reservó mientras yo conseguía una bicicleta – le explica – porque sin vehículo tardarás todo el día en llegar en Muonio y de noche aquí asustan.

El chico se echa a reír, aunque no estaba del todo seguro de que fuera una broma en realidad. Llegan a la casa, es pequeñita pero basta.

-Sara te enviará comida y te ruega que no te vayas, que le des tiempo, nuestro hermano es medio pendejo, serio como nadie, no es capaz de relajarse y tomarse las cosas como vienen. El pendejo te extraña, pero ahí está de orgulloso sin poder ceder a lo que desea porque no lo cree correcto.

Escucha con cuidado lo que dice el más joven, que Cregan tenga un alto orgullo no le parece malo, pero que ese orgullo le impida recibirlo de nuevo en su vida es bastante hiriente. ¿Pesa más eso que las otras cosas que pueda sentir por él?

-No puedo forzar a Cregan a recibirme de nuevo, tal vez sólo tenía una oportunidad y la he gastado.

El chico se acerca Jace y lo toma de los hombros, lo sacude un poco, son casi de la misma altura y ese chico no tiene más de catorce años.

-No lo vamos a forzar a nada, es lo que quiere, pero es que él no lo entiende y tú tampoco, los dos son medio raros, pero Sara y yo nos encargamos.

Jace quería reírse, se le hacía muy gracioso que un chico más joven le hablara como si tuviera todas las respuestas y las maneras para recuperar su oportunidad con Cregan. ¿Sería posible? Es que él no veía la manera, pero eso podría ser porque no lo conocía del todo y aunque aquellos días Cregan lo miraba como si no hubiera nada más hermoso en el mundo, le faltaban tantos detalles de su personalidad.

 

Así que acepta quedarse en aquella casita lejos de todo y usa el tiempo libre que tiene para construir un perfil en redes bajo el nombre de Jace Strong, el nombre que habría tenido si su madre no fuera la Reina y el apellido Targaryen el que debía heredarse. Usa la computadora que está en el lugar porque, aunque parece un sitio pequeño, tiene todas las comodidades posibles.

Entra a su nube, manda mensajes para que lo acepte Qyle y Lucerys, su hermano menor. A los dos les avisa que está bien, que sólo perdió su celular de una forma muy tonta. Por fortuna lo hizo en ese momento porque ellos dos estaban contando las horas en las que no había respondido y unas cuantas más y habrían iniciado una búsqueda internacional.

“Así que ahora tienes redes???”

“Cumplí con mi deber, merezco hacer ahora lo que yo quiera”

“Mamá espera que vayas a la universidad”

“No me interesa por ahora”

“Eso no le va a gustar nada de nada”

No podría importarle menos, justo ahora sólo quiere arreglar las cosas con Cregan. Tal vez podría ser buena idea regresar a Winterfell y pedir perdón por todas las cosas que ha hecho mal. No decirle en realidad quién era, no buscar la manera de explicarle hace meses el que se tuviera que ir de esa forma, no buscar la manera de estar en contacto, aunque fuera por carta o algo así de aberrante y sobre todo, el haber salido corriendo cuando lo vio y este no se lanzó a sus brazos.

¿Por qué Jace no se lanzó a los brazos de Cregan? ¿Temía el rechazo? Pero, si lo rechazaba, ¿por qué no insistir de nuevo y de nuevo y de nuevo hasta que lo escuchara?

Se había dado por vencido tan rápido, como si fuera un adolescente que no vio cumplida su historia de amor.

Dejó su perfil listo con las bonitas fotos de aquel día con Cregan, son tan pocas, cuando ya tenía muchas cervezas encima se olvidó de tomar más fotos. Ni del sol que jamás se ocultó, ni de los fuegos artificiales, ni del guapo rubio que estuvo todo el día con él.

 

- ¿De verdad te vas a quedar?

Sara ha llegado con la comida ya bastante tarde, pero gracias al sol que se oculta muy noche no es ningún problema. Jace acarrea cajas desde una pequeña camioneta y ve las cosas que ha traído, son cosas bastante básicas, pero se ven muy sabrosas como el pan, jamón, dos tipos de quesos y bastantes frutas y verduras.

- ¿Cuánto es de esto?

La chica está metiendo botellas de leche al refrigerador así que parece que no lo ha escuchado, Jace se acerca listo a repetir su pregunta cuando ella se encoge de hombros.

-No te quedaste para tu comida de cortesía por comprar el paquete con visita al castillo.

- ¿Qué?

Jace sonríe con cierto nerviosismo, aquello le siguen pareciendo inventos que tanto ella como Bran le han dicho.

-Tu comida de cortesía, así como el paseo en trineo o el tour de auroras boreales.

-Yo no compré nada de eso.

-Oh, claro que sí, va incluido en el paquete.

 

Jace se levantó al día siguiente, se sentía muy cansado, pero con un café comenzó a mejorar. Decidió que lo más inteligente era pedir otro teléfono, pero la página de la compañía finlandesa no tenía opción para cambiar el idioma y lo único que entendía eran los precios. Así que pidió de Amazon un celular y de la página de telefonía celular el chip prepago que parecía tener los mejores beneficios.

Decía que todo llegaría al día siguiente, lo cual era obvio, porque estaba casi lo más lejos posible al norte sin salir del país.

Como sólo tenía la ropa con la que estaba vestido, pues tuvo que volver a usarla, aunque se bañó y agradeció no tener que secar su cabello el cual seguía muy corto. Se puso la chamarra, el gorro y salió a caminar. Era realmente el lugar más tranquilo del mundo, no había personas ni otras casas cerca y, sin embargo, no tenía miedo a estar tan aislado.

Por eso fue tan fácil ver cuando por la carretera apareció el joven Bran montado en su bicicleta sujetando con cierta dificultad otra bicicleta. Jace suspira, no es por nada, pero si le ofrece subir a esa cosa preferiría volver a saltar desde la plataforma de 10 metros a la piscina, aunque aquello le había causado mareo.

- ¡Jace! ¡Buenos días!

Él tenía razón al pensar que lo invitaría subir, para cuando llegaron hasta Winterfell tenía dolor en el trasero y ganas de tirarse a descansar por horas. Sin embargo, la emoción de Bran por haberle conseguido un vehículo y el hecho de que lo haya invitado al tour por el castillo que quedó en pausa por la intempestiva salida que tuvo, le impide el negarse a lo que le pide, el chico contagia su alegre estado de animo y no tiene corazón para decirle que no.

Que no quiere entrar otra vez y encontrarlo, que teme lo que le pueda decir si es que le habla.

Dejan las bicicletas en el patio, la gente ya está en movimiento, aunque es suficientemente temprano para que no haya visitantes y al igual que el otro día lo único que esté abierto es lac cafetería. Bran lo lleva por la cocina, lo sienta en una mesa donde después de muchos saludos por parte de las personas que están ya trabajando, les dejan un poco de café, para él, y un buen plato de avena.

El café está servido en una taza enorme.

No quiere preguntar porque aquello sí significa algo para él, pero eso ha sucedido porque Bran o Sara saben lo que significa o es por qué Cregan está cerca, sabe que él está ahí y le ha mandado aquello.

Jace no se da cuenta cuando se le han llenado los ojos de lágrimas hasta que una corre por su mejilla y se la tiene que secar.

Luego del pequeño desayuno comienza a caminar por el castillo.

-No me sé todas las historias como si lo sabe Cregan, pero hemos pensado abrir los tours al público en general, no sólo a los VIP, porque la gente pregunta si lo puede visitar, pero alguien tendría que dedicarse a atender a los grupos y mi hermano no siempre tiene tiempo.

Jace escucha aquello y piensa en la vida de Cregan en Helsinki, parecía estar asentado allá, tenía trabajo, hablaba de la vida lejos del hogar familiar. ¿Ahora se quedaría aquí? ¿No iba a volver a la ciudad?

-Joven Bran, ¿levantó la ropa de su habitación o tendré que encargarme?

Bran se gira de golpe y encuentra a una mujer mayor pero que a ojos de Jace se veía muy fuerte y activa.

-Perdón Hilda, todo está tirado – le responde con algo de pena – pero dame cinco minutos.

-Sólo cinco – Bran echa a correr por un pasillo y la mujer se queda con Jace, cuando lo mira a él siente lo pesado que es estar siendo examinado por ella. – Por favor, sígame.

No pregunta a dónde o porqué, tal vez es obvio que Bran no terminará en cinco minutos, así que no se queja y va detrás de la mujer por otro pasillo, largo e iluminado por luz tenue. Abre la puerta de una enorme habitación con doble techo, está llena de libreros de madera que parecen eternos.

-Soy Bella – murmura para sí y no está seguro de que ella lo haya escuchado porque vio que sonreía un poco, aunque el gesto se perdió al momento.

-Espere aquí, Bran lo encontrará cuando terminé de recoger su muladar.

-Está bien, gracias.

Camina entre los libreros, parece una biblioteca, tiene una escalera para ir al segundo nivel y al centro tiene una agradable zona donde hay sillones para sentarse a leer. De repente se da cuenta, se frena, aunque sus pasos habían sido muy audibles, así que cualquiera sabría que estaba ahí.

Cualquiera refiriéndose a Cregan, que está sentado junto a unas pequeñas ventanas que iluminan esa área de lectura. No levanta la vista, no dice nada, sólo sigue con los ojos mirando las páginas del libro que sostiene entre sus manos.

Jace da media vuelta, se esconde entre los libreros y se plantea la posibilidad de salir y esperar en el pasillo. Pero cuando pasó los ojos sobre los títulos que tenía enfrente se dio cuenta de que había ahí una edición ilustrada de…

- ¿Crepúsculo? ¿Existe una edición ilustrada?

Aunque la sensación de ser Bella, de La bella y la bestia duró poco porque no era un lector ávido y aquel libro, pero en su versión tradicional, era de los pocos que había leído, por no decir el único en realidad por elección y no como tarea escolar. Pero aquello no se lo había dicho a Cregan, claro que no, era una vergüenza según Lucerys, el que el Heredero al trono del Reino Unido no lea libros.

Un mal de la sociedad moderna pensó, ahora todos son resúmenes hechos por alguien para ver en YouTube.

Pero en lugar de tomar ese libro que ya conocía, tomó el de junto, parecía un libro de temática policial, por lo menos la portada con un cuerpo cubierto con una sábana ensangrentada se lo parecía. Crónica de una muerte anunciada, decía, lo cual se le hizo curioso. Regresó a los sillones y aunque no se sentó cerca de Cregan, bastaba que uno levantara los ojos para conectar.

No lo hicieron, él comenzó a leer, lo cual en sí ya era un milagro, y no pudo detenerse. Aquello estaba muy bien escrito, demasiado y era tan atrapante que si nadie lo interrumpía lo leyera todo de corrido pues apenas superaba las cien páginas.

Fue hasta que cerró el libro que escuchó que Cregan se levanta del sillón donde estaba y por pena de cruzar sus miradas mantiene los ojos en la contraportada.

-Es hora del almuerzo.

Cregan le dice o más bien, dice al aire, porque tal vez se lo dijo a sí mismo y no a él. Jace piensa que han pasado unas tres horas, no es un lector rápido, es ya un logro haber leído un segundo libro en su vida, así que rapidez es lo menos que iba a tener. Regresa el delgado libro a donde estaba y busca la puerta de salida. Bran está afuera, le sonríe.

-Mi habitación es un templo, nada fuera de lugar.

 

 

12

 


 

Es hora del almuerzo no significaba ven a comer conmigo como se dio cuenta un poco después. Sara y Bran comen un emparedado mientras miran a los turistas alimentar a los renos. Jace los acompaña, pero de Cregan no tiene noticias, pensó que lo podría ver de nuevo o algo así, porque se siente tan apenado que seguro miraría la comida entre sus manos y no al hombre con el cual tiene ahora que disculparse más veces.

Perdón por no decirte quién soy.

Perdón por no decirte mi nombre real.

Perdón por decirte que estaba escapando de mis responsabilidades.

Perdón por no lograr comunicarme contigo en todo un año.

Perdón por asumir que me estarías esperando.

Perdón por huir cuando me di cuenta de que no era así.

Perdón por tener ilusiones sobre lo que podrías aun sentir mí.

Perdón por …

Si Jace seguía pensando encontraría más razones para pedir disculpas.

- ¿Me acompañas con los renos?

Bran y Sara esperan que tome el último trago de su jugo y luego los tres caminan hasta los corrales, hay que atender a los ejemplares más grandes, los de largas astas, a Jace le da un poco de miedo, pero justo ahora ser atravesado por aquellas cornamentas no parece mala idea. Dolería menos que el rechazo de Cregan.

-Toma, sirve la comida.

Le da una cubeta pesada con alimento, lo va repartiendo por los comederos, los animales se le acercan, lo huelen y prefieren el alimento así que no le hacen mucho caso. Esto lo repite varias veces, tienen un buen número de renos y hay que hacerse cargo de todos. El día pasa sin que él se de mucha cuenta de la hora que es, no suele usar reloj y su celular debe haber muerto sin batería entre las piedras donde cayó. La luz es incierta, hay la misma claridad excepto cerca de medio día, así que no puede adivinar del todo bien qué hora es, pero sus brazos le dicen que ya ha pasado mucho rato acarreando comida.

- ¿Quieres comer con nosotros?

Jace habría dicho que no a la nueva invitación, pero estaba cansado, si tuviera que tomar la bicicleta y regresar a la casita tal vez se habría quedado a medio camino. Además, por el hecho de que aun hubiera turistas y gente formandose para el paseo en trineo, sabía que no era el fin del día y sería una comida así de rápida como el almuerzo.

Se sentaron en la cocina y para sorpresa de Jace pusieron enfrente de él un plato lleno de sopa de salmón, ni siquiera pudo contener la felicidad que eso le producía y agradeció demasiado a la cocinera que le sirvió. Si antes le gustaba ahora la amaba, sabía mil veces mejor que las que había probado y se le salieron las lágrimas porque extrañaba tanto el sabor, pero no había tenido animo para comprar una cuando estuvo en Helsinki.

-En serio te gusta – murmuró Sara muy maravillada por verlo comer, parecía su última cena por la forma en que lo hacía.

-Mucho – respondió apenas vaciando el plato, acto seguido se lo retiraron y él cerró los ojos para disfrutar el momento, recordando el caminar con un tazón desechable mirando las fogatas de Juhannus. Cuando abre los ojos Cregan está junto a la puerta, no dice nada, no hace ningún movimiento para acercarse a la mesa.

Sólo lo mira, serio y sin expresión en el rostro, pero esta vez no siente nada negativo en esa mirada.

- ¿Quiere otro plato de sopa? – pregunta la cocinera.

- ¡Sí!

Sara y Bran se ríen por la emoción de Jace.

 

Para cuando Jace sale de Winterfell va feliz, no ha hablado con Cregan, no se sentaron a comer juntos, para nada, pero esas cosas quién las podrías saber si no era él. Su amor por la sopa de salmón a un nivel extremo, el beber café en tazas enormes, esos detalles, pocos, pero importantes, eran casi una señal que bien podría mal interpretar.

No cambiaba nada si lo hacía, porque ahora estaba feliz de haber alimentado renos, de que le doliera de nuevo el trasero al subir a la bicicleta y de la enorme paz y tranquilidad que le daba sentir la brisa en su rostro y la soledad del camino.

Viviría aquí el resto de su vida si pudiera.

Llegó a la casita, dos paquetes en la puerta, el celular y el chip prepago. Pero además estaba su maleta, cosa que apenas iba a pedir al recuperar su número y comunicarse con las personas del hotel, pero ya estaba ahí, esperando por él.

Se dedicó un rato a acomodar su ropa, parte de su felicidad residía ahora en poder bañarse y cambiar su ropa y lo siguiente en poder comunicarse con su familia. Primero a Lucerys, luego a su madre y al final a Qyle.

El primero respondió creí que caíste en una zanja, casi tenía razón.

La segunda le recordó que había un calendario de ocupaciones reales que tenía que cumplir y en 10 días debía estar en casa para hacerlo. Le dijo que no podía ignorarlo, que lo lamentaba, pero eran sus responsabilidades.

El tercero le dijo cuéntame el chisme.

Se tarda un buen rato, pero le cuenta todo.

Al final abre en su celular el perfil que había creado, no tenía mucho que subir desde su nube, pero encontró un par de fotos con Luke que le gustaban bastante y fotos del año pasado en Helsinki. La cafetería de Qyle, la taza de café, la vista de el hombre rubio y alto que se detenía después de correr frente a él. Subió todo lo que pudo, aunque no tenía una sola foto con él, lo cual le entristecía bastante.

Fue un par de horas más tarde que Qyle le pidió seguir su cuenta que este lo etiquetó en una foto que no sabía que existía. Estaba un poco borrosa por la iluminación del lugar, pero Cregan lo tenía abrazado mientras bebían cerveza. Le pareció increíble, la guardó en su galería, la hizo su fondo de pantalla.

Chapter 7: Brain freeze

Summary:

Las cosas pueden mejorar con un poco de tiempo, pero siempre hay que atesorar cada momento.

Chapter Text

13

 


 

Le llegó un mensaje a su cuenta de Instagram.

“Has sido invitado a un evento: Paseo en Trineo. Favor de confirmar el horario en el que acudirá”

La cuenta era la de Winterfell, castillo y granja de renos. Veía perfectamente a Sara llevando esa cuenta, así que la invitación debía de venir de ella. Tal vez era tonto, pero le hacía mucha ilusión poder ir en ese paseo.

Puso seis de la tarde al saber que era de una hora y pensando en que debía regresar después de eso, así que se preparó el resto de la mañana para lo que haría en caso de ver a Cregan.

-Hola, oye, ¿crees que podamos hablar? – le dice al espejo aparentando la seguridad que no siente. Mira la hora, aun no ha comido nada y tampoco tiene muchas opciones, pero sabe preparar pasta y es lo que hace. Mientras espera a que el agua hierva mira los mensajes. Su madre sigue preguntando lo mismo, cuándo regresa, cuándo se incorpora a las actividades de la familia y por qué no sabe nada de su aplicación a la universidad.

Jace suspira y es que las respuestas no serán del agrado de su madre. No quiere regresar, no quiere ser parte de las actividades de la Corona y no aplicó a ninguna universidad porque no sabe qué hacer de su vida. Justo ahora cree que dar de comer a los renos es su opción de carrera más viable.

Después de comer sale listo para tomar la bicicleta y enfilar a Winterfell, la tarde es cálida y agradbale y el camino cada vez se le hace más fácil de circular, no tan agotador como la primera vez. Deja la bicicleta en la entrada y camina hasta la cafetería donde encuentra a Sara.

- ¡Jace! ¡Vamos, el paseo va a iniciar en unos quince minutos!

La chica atraviesa todo el local, entre las mesas donde hay gente ocupada en sus asuntos que sólo le dirige una mirada. Ella lo toma del brazo y lo lleva de nuevo al exterior para cruzar la entrada de la granja de renos y la mayoría de los corrales. Atrás, entre el puente hacia el castillo y el camino de regreso están varios trineos, el paseo incluye a por lo menos unos veinte turistas que están ya subiendo a estos y tomando su lugar. Los renos son imponentes y magníficos, más los del primero trineo a donde lo conduce Sara.

-Nuestro último cliente – dice nada más acercarse al conductor – y el último lugar es justo aquí.

Jace sabía que algo así podía pasar, que la hermana de Cregan forzara un encuentro, pero se sintió algo abochornado cuando el conductor es precisamente el rubio con el que quiere hablar y el único lugar es el que está a su lado.

-Sube, anda – le dice Sara dándole un pequeño empujón. Jace se toma del respaldo y sube sin esfuerzo, sentándose al lado de Cregan. – ¡¡Listo señoras y señores, podemos empezar el paseo!!

La gente vitorea ante las palabras de Sara y ella se echa para atrás para que tras una orden de Cregan, los renos comiencen a avanzar. Los dos trineos que sigue al primero van conducidos por hombres mayores y muy barbados que no había visto antes, toman un camino entre la nieve que lleva a un bosque de pinos y todo le parece hermoso.

-Me sorprende que haya tanta nieve en junio – dice iniciando una conversación, su esperanza es que Cregan responda y no lo deje hablando solo.

-Ajá – le dice como respuesta y Jace genuinamente tiene que voltear a verlo porque no entiende cómo puede solo decirle eso. Cregan tiene lentes oscuros para no ser deslumbrado por la nieve y poder conducir a los renos con seguridad así que la mayor parte de su expresión está velada.  Jace pasa saliva, no debe rendirse aún.

-Qué renos tan grandes son estos, seguramente este tipo no terminan en el mercado, ¿verdad?

-A veces – le responde esta vez. Jace se refería a la carne de reno que vieron hace un año, situación que había causado gran tensión en él pensando que no era posible que comieran a los animales. Cregan había tapado sus ojos para que no se estresara viendo platillos hechos de carne de reno y ahora le decía que a veces a estos renos enormes también se los comen. Vaya, si que había una diferencia en el trato, pero Jace estaba comprometido con lograr algo de comunicación así que ni eso lo iba a desanimar.

-Entiendo, supongo que todo puede ser utilizado de estos renos, desde su trabajo hasta su carne.

Suspira, para eso no espera una respuesta, sólo sigue mirando el camino y le parece bello el momento, disfrutar de algo así era bueno, aunque si le ponían un plato de reno enfrente eso si lo tendría que rechazar.

-El gobierno pone un límite al número de renos adultos que se puede tener en el país, todos los ejemplares están censados, eventualmente al nacer más, algunos tendrán que ser sacrificados para no acabar con los recursos. En las granjas se tiene planificado todo eso, también para mantener el abasto de carne y pieles…

Jace se estremece al recordar las pieles que vendían, algo tan normal pero que le hace sentir triste. Se abrazó a si mismo para no demostrar que lo afectaba, después de todo aquella aclaración era lo más que Cregan le habían hablado desde que volvió a verlo, así que no quería arruinar el momento.

-Lo siento, sé que no te gusta pensar en eso.

-No hay problema, no te disculpes.

Pero lo había arruinado, se quedaron en silencio por el resto del paseo, que duro unos cuarenta minutos rodeando el castillo, un enorme lago y el bosque de pinos. Todo era hermoso, más allá de cualquier imaginación que hubiera tenido sobre el hogar de Cregan al norte de Finlandia.

Los trineos regresan a dónde partieron, Cregan salta de su lugar al instante en que frenan para ver cómo baja la gente y ayudar a un par de persona, Jace se queda sentado un momento más en su lugar y para cuando reacciona, el rubio está mirando el último trineo para ver que nadie haya dejado nada. Sólo él queda sentado y en su imaginación, Cregan regresaría, le ofrecería su mano y le diría de forma cálida con su voz grave “my Prince” y entonces él respondería con una sonrisa y un “my Lord.”

Claro que eso era una soberana estupidez y no iba a suceder para nada así que sólo se tendría que bajar del trineo, cosa que casi hace de manera sencilla.

Casi porque sin querer tocó uno de los renos y este se movió, arrastrando un poco el trineo y provocando que él cayera de cara en la nieve.

Sintió unas manos que lo tomaron de los hombros para levantarlo y luego le quitó la nieve de la cara.

- ¿Estás bien?

-Sí, claro – le dice, aunque siente la nariz congelada.

-Tienes nieve en la nariz, sopla… - Cregan lo sostiene mientras Jace se pona la mano en la cara y sopla su nariz para sacar el hielo. Siente la cara congelada gracias a eso y le está comenzando a doler. – Espera, sujétate a mi…

El dolor de cabeza golpea, como cuando bebe algo exageradamente frío, es intenso, aunque lo sabe pasajero. Se recarga en el pecho del rubio, es un lugar cálido que le ayuda a soportar la molestia que está durando ya varios segundos.

- ¿Va pasando?

-Sí – responde mientras el dolor había llegado a su máxima intensidad para luego ir bajando poco a poco. Siente la mano de Cregan dejar su hombro izquierdo para luego colocarse sobre su espalda y dejar caricias ahí que lo estaban tranquilizando. Había sido una caída vergonzosa, pero no espero luego tener un dolor de cabeza por congelamiento que lo hiciera sentir totalmente incapaz de moverse o hablar o hacer nada más.

-Jace…

- ¿Sí?

-Vamos adentro, ¿está bien?

Jace asiente, Cregan lo toma de la mano y lo hace caminar detrás de él, despacio, paso a paso para que no se volviera a caer. En el camino el dolor se esfuma poco a poco, pero el calor de la mano de Cregan y el saberse cuidado por él lo hace mantener el contacto y dejarlo guiar, aunque cuando llegan al castillo ya no hay dolor y puede caminar solo.

- ¿Quieres algo caliente? – le pregunta, Jace mantiene la vista en el piso, tal vez se siente muy avergonzado o tal vez no quiere que vea en su rostro que ya no necesita más cuidados. - ¿Café?

-A la cocina – le dice y como Jace no se mueve, Cregan lo vuelve a tomar de la mano y lo conduce cruzando el patio. – Siéntate aquí.

Jace hace caso, se toca la nariz para ver que no esté chueca o algo así, sólo la nota exageradamente fría.

-Tu nariz está bien – le dice y se sienta frente a él, es una de esas mesas largas con bancas, parece que aquí cabe una familia enorme. – Toma.

Recorre la taza de café, enorme, por cierto, hasta él.

-Gracias – toma la taza entre sus manos, es demasiado agradable el calor y más aún el sabor de la bebida, totalmente le recuerda la de Qyle, la cual era en extremo deliciosa. – Cregan…

-Tengo que encargarme de los trineos, lo dejé todo a medio camino.

El rubio se levanta y en tres zancadas sale de la cocina, dejándolo ahí sentado solo y confundido. ¿Se había dado cuenta de que quería hablar de algo más que no fuera su nariz congelada?

Es posible.

Terminó la taza de café y se levantó, ya sin dolor ni molestia, dispuesto a regresar a la casita.

 

 

14

 


 

-Jacaerys, quítame del altavoz.

-Lo siento madre, estoy andando en bicicleta, si tomó el celular con las manos voy a caer.

Jace está de buen humor, aunque el día anterior cayó sobre la nieve, el paseo en trineo fue algo muy agradable y tomar la mano de Cregan y que lo cuidara hasta saberlo sin ningún riesgo, le hizo sentir algo tan cálido en su pecho que le recordó por qué razón había pasado un año soñando en ver de nuevo al rubio.

Le gustaba tanto, lo hacía sentir tan seguro, quería quedarse a su lado y sentirse feliz, ilusionado y enamorado el resto de su vida.

-Jacaerys, ¿por qué estas ignorando tus responsabilidades?

Se frena, no tiene prisa por llegar, aún así no quiere hacer esperar a Sara ni a Bran, los dos le han invitado a un paseo por la noche, es importante que sea ese día porque después de este fin de semana los días comenzarán a invadir las noches hasta llegar a la noche de Juhannus. No habrá más auroras boreales hasta que comience el otoño y serán poco coloridas y pequeñas hasta que durante el invierno regresen a ser un precioso espectáculo.

Sólo hoy podrán ver la última aurora boreal, es importante ir. Estarán su padre y su madre, la familia completa, lo cual al parecer es muy emocionante para los chicos.

Jace quiso negarse porque le sonaba a algo de familia, ellos le dijeron que no fuera ridículo, que ellos lo querían ahí.

-Madre, no son mis responsabilidades, son de la Corona y yo no quiero hacerlo.

-Jace, ¿qué dices? Siempre has sido muy coherente con lo que se espera de ti…

-Pues no quiero ser, no quiero hacer lo que dice el protocolo y me niego a tener que estar a la disposición de la agenda – deja la bicicleta la cual cae sobre el asfalto de la carretera, él salta la zanja, la que al principio lo hizo caer y ahora no le generaba ningún problema. Está sobre la hierba, respira el aire limpio y siente los rayos del sol sobre su rostro. -  Tienes a Luke y a Joff, yo simplemente no quiero que esa sea mi vida.

-Jace, por favor, no digas tonterías.

-No lo son, madre, mis sentimientos y deseos no son tonterías.

Y corta la llamada. Por primera vez en su vida hace algo impulsivo como rebelarse ante su madre y poner distancia. Lo intentó antes del servicio militar, pero sabía que sería difícil porque era algo que debía cumplir no solo por la Corona si no por su país. Aun así, el irse de Helsinki fue más obligado que por un deseo de ser responsable. Después de conocer a Cregan no era sólo su deseo de libertad y autonomía, fue más bien el deseo de explorar los sentimientos que había desarrollado por él.

 

Llega a Winterfell y está alterado, cree que ha hecho lo correcto, sin embargo, él ha sido el hijo obediente por años y ahora, no serlo, le causa un poco de estrés.

Se sienta junto a una roca en el camino, justo a la entrada de la granja de renos, la bicicleta a su lado y el celular en su mano mirando los cien mensajes que su madre ha estado mandando. Molestos, decepcionados y tristes. Lo entiende, ella está sorprendida, pero no puede simplemente decirle que volverá, que hará lo que le pide, que cumplirá con lo que se espera de él y en el proceso olvidará a Cregan. No quiere, lo ha estado extrañando por un año, pensando en lo que sería estar con él y no preocuparse por nada más.

Sólo que Cregan le diga que no quiere nada con él, que se vaya, que deje de insistir.

Siente la pesadez sobre su pecho, como si realmente Cregan hubiera dicho aquello cada vez que lo ha ignorado.

No lo ha dicho, se repite, no lo dirá.

Llega un nuevo mensaje de su madre, es un audio, coloca el celular sobre su oreja y escucha a su madre.

“Jacaerys Targaryen, iré por ti si es necesario, no hagas esto más difícil…”

Lo pausa, no quiere escuchar nada más, bloquea a su madre y aquello es algo extremo, primero le cuelga y ahora esto. No quiere hablar con ella, no quiere escuchar esto, no quiere que le diga que tiene que hacer. Es suficiente, no puede ignorar más lo que él quiere hacer y definitivamente no quiere ir a eventos de la Corona, no quiere estudiar alguna estupidez en Oxford, no quiere hacer lo que los otros esperan de él.

Y no lo hará.

 

-Jace…

Levanta la cara, los ojos enrojecidos, las lágrimas corriendo por sus mejillas y una expresión de tristeza pese a que es él el que ha tomado esa decisión. Cregan se sienta a su lado, lo abraza, aunque no le haya dicho lo que ha pasado, tal vez es suficiente con verlo así de afectado.

- ¿Pasó algo malo? ¿Necesitas…?

Jace se enconde entre los brazos de Cregan, no necesita nada más que eso, un momento en un lugar seguro, para pasar esa sensación de desazón, de estar haciendo algo malo, aunque sienta que es lo correcto.

Después un par de minutos se tranquiliza, respira profundo y se levanta para terminar con aquel abrazo, pero Cregan no lo deja ir tan fácil. Solo un momento más, se dice a sí mismo, terminará en un momento más.

-¡¡Es hora de irnos!! – grita la voz aguda de Sara. Jace y Cregan saltan al mismo tiempo, se levantan como si no hubieran estado abrazados un segundo antes. Sara y Bran los están esperando, hay que subir a una camioneta grande, cuando pone un pie en ella dos pares de ojos lo están observando como si hubieran esperado ese momento.

- ¿Jace? – pregunta un hombre de mediana edad.

-Por supuesto que es él – dice la mujer en tono de regaño - ¿quién más va a ser?

-No sé, ¿Dalton? – le dice él y ella se ríe sin haber esperado esa respuesta.

- ¿No te acuerdas de Dalton, papá? – Bran se adelanta para que su padre vea su sonrisa – Pero dicen que el que tiene problemas de memoria soy yo.

-Jace, querido, toma asiento, yo soy Gilliane y este es Rickon – señala a su esposo – es un gusto conocerte.

-El gusto es mío – responde algo impresionado por aquella recepción, cuando se sienta al lado de Sara, ver que Cregan lo ha hecho en la última fila de asientos junto a Bran. Tal vez lo imaginó, pero hay ligero tono rojo en sus mejillas que no puede dejar de ver.

-Nos quedaremos toda la noche, hará un demonial de frío…

-Bran, nada de malas palabras.

-Demonial no es una mala palabra – se queja Bran y se enfrasca en una pequeña discusión con sus padres sobre lo que puede o no puede decir.

- ¿Trajiste suficiente ropa de invierno? – le pregunta Cregan  en un susurro.

-No tengo gran cosa, aunque Qyle me ayudó a empacar para vestir en capas.

-Traemos chamarras y cobijas extra, no pasarás frío.

Jace gira un poco más su cabeza para poder ver al rubio, la verdad que el que la hable y se preocupe porque no muera de frío lo hace sentir bien, lo hace sentir importante.

-Gracias.

- ¿Por la chamarra extra?

Jace suspira, no quiere tener que aclarar.

-No es por eso…

-Lo sé y no tienes nada que agradecer.

 

Jace tiene su mano sobre el respaldo del asiento, Cregan la cubre con la suya.

 

Chapter 8: Aurora Boreal

Summary:

Si tuvieran el tiempo para ir poco a poco, para explorar lo que sienten y lo que pueden construir a futuro...

Chapter Text

15

 


 

Se queda sin palabras, han ido mucho más al norte, según palabras de la madre de Cregan, tan cerca de la frontera con Noruega que podrían cruzarla en cualquier momento sin darse cuenta. Hay un gran manto blanco hasta donde alcance su vista, parece que están en diciembre en una escena navideña, los pinos parecen cargados de ramas y soportando el peso de la nieve y la luz del cielo a la que aun llega a la noche.

Aun así, el cielo se pinta de colores preciosos en un espectáculo que nunca antes había visto y son tenues luces que no se perciben con total claridad, de todos modos, le maravillan y se queda ahí, mirando sin hacer otra cosa nada más ha bajado de la camioneta.

-Jace – le dice Cregan al verlo que no se mueve. – Ven, vamos a montar unas tiendas de campaña, poner café a calentar…

El rubio lo toma de la mano, Jace entonces lo voltea a ver, aquello ha sido más sorprendente que todas las luces en el cielo.

 

-Ahora se ve bonito, pero en un par de horas, cuando oscurezca lo más posible, se verá mil veces mejor, así que no te preocupes, veremos un gran espectáculo.

La madre de Cregan se queda a su lado y le pasa una tacita de café para que entre en calor mientras Cregan, su padre y hermano estaban peleando con las tiendas de campaña.

- ¿Cree que deba ayudar?

-Ay no querido, déjalos, les gusta pelearse con las cosas para hacerlas funcionar – le responde ella.

-Es que lo están haciendo mal.

La madre de Cregan tal vez pensaría que Jace, quien tiene una dulce belleza obvia para cualquiera que tenga ojos, no parece fuerte ni capaz de hacer trabajos físicos de forma fácil. Por supuesto que ella no tenía idea de que si Jace hizo su año de servicio militar fue en las mismas condiciones que los otros con los que lo compartió. Tomó una de las tiendas de campaña que no habían podido colocar, observó la estructura y comenzó a montarla solo y sin necesitar a nadie que lo ayudara.

- ¡Tu novio nos ganó! – grita Bran y salió corriendo a la única tienda armada, Jace lo ve pasar y su mirada va directo a Cregan al escuchar las palabras de su hermano menor. “Su novio”, aquello no era ni remotamente cierto, nunca lo fue y tal vez podría no serlo; sin embargo, Cregan no evitó su mirada, no la desvió, no hizo nada para demostrar que le hubieran molestado las palabras de Bran.

Jace entonces tuvo una tonta ilusión y ojalá pudiera ser real, quería tanto que lo fuera.

- ¡Ayúdame! – Sara lo toma de la mano y lo lleva para instalar su tienda, pero Cregan seguía atento, no lo perdió de vista ni un solo momento, hasta que se acercó para pedirle ayuda también con la última tienda.

La instalaron en poco tiempo, porque tal vez Jace sabía cómo hacerlo, pero al tener a Cregan tan cerca se ponía nervioso, sintiendo que podría tener alguna esperanza y no sabiendo cómo comportarse ahora que el rubio no se sentía tan lejano y poco a poco le recordaba su forma de ser al conocerlo.

-Voy a preparar glögi, denme unos minutos.

La madre de Cregan anuncia, Sara y Bran van detrás de ella y el padre de Cregan se queda acomodando las cosas dentro de las tiendas.

- ¿Qué va a preparar tu madre?

-Glögi, es vino con jengibre y arándanos y algunas cosas más, es muy típico de la Navidad – le explica el rubio, está acomodando una colchoneta y cobijas gruesas y esponjosas. – Pero a mi mamá le gusta mucho así que si hace algo de frío ella ya estará preparando glögi.

- ¿A ti te gusta? – pregunta Jace mientras acomoda almohadas y bolsas para dormir.

-Es dulce, muy rico – responde, pero justo cuando va a agregar algo más, Jace se tira sobre la colchoneta y acostado así puede ver el cielo a través de la amplia puerta de la tienda.

-Creo que estoy de cabeza.

-No, así estás bien, ves mejor el cielo y estás más cómodo que estar sentado afuera, sobre un tronco.

-Ajá, tienes razón.

Jace se pierde en los colores que ahora tiene tonalidades que no se ven en invierno, pero aun así se ve todo tan perfecto que es difícil prestar atención a algo más. Aun así, el movimiento en la colchoneta advirtió a Jace que Cregan se había acostado a su lado.

Se quedaron en silencio hasta que Jace lo rompe con un sonido sorprendido cuando Cregan lo toma de la mano.

 

-Había pensado preguntar muchas cosas sobre lo que pasó hace un año, pero no sé si sea adecuado.

-Puedes preguntar lo que gustes.

Estaban acostados en la colchoneta, sus manos unidas, se sostenían con fuerza porque tal vez si se soltaban otra vez irían en direcciones contrarias, como hace un año. El cielo tenía colores verdosos, aunque la oscuridad del cielo fuera parcial, un par de semanas más y sería la noche más larga del año, por ello anochecía demasiado tarde, confiriendo a las luces unos colores que no podían ser más que observados aquí, tan al norte en el país que nadie venía, era muy lejos, alejado de todo lo que podría ser considerado turístico.

A Jace le parecía perfecto, de por si durante todo su año alejado de Cregan había estado pensando y pensando en los días en los que lo llenaban de felicidad del año pasado. La vida en Helsinki era muy tranquila y ahora que conocía la vida al norte le parecía el ideal.

- ¿Por qué no me dijiste quién eras? ¿Por qué mentiste sobre tu nombre?

-No lo hice, mi nombre legal es Jace Strong, si gustas puede mostrarte mi pasaporte oficial.

- ¿Tu nombre no es Jacaerys Targaryen?

Cregan se levanta para ver a Jace, se recarga en su codo mientras busca algo en su rostro que lo evidenciara como mentira, que no esté diciendo la verdad aun en esos momentos donde parece que los dos han decidido tener esa platica que les había hecho falta. Más allá de ser el chico que tomaba en la taza enorme de café y el hombre joven que corrían alrededor del lago con pantalones que marcaba sus nalgas y una playera que apretaba en sus brazos mostrando sus músculos.

El cabello de Cregan caía en cascada al estar mirándolo así, Jace levanta la mano y toca las hebras rubias. Sí, si estaba escuchando con atención y respondiendo de manera sincera, pero se tomó un momento para ver y apreciar lo bello que era el rubio y más cuando estaba tan cerca de él, de su persona. Jace pasó saliva para poder responder lo que le había preguntado.

-No, no realmente. Targaryen es el apellido de mi madre, la que ha heredado el titulo de Reina, pero mi padre se apellida Strong. ¿No sabes la historia?

-No, ni siquiera sabía quién era la Reina hasta que Qyle nos informó a mí y a Dalton.

Jace suelta la carcajada, aquellas semanas en Helsinki habían sido liberadoras, muy diferentes a sus días en Londres donde siempre era posible que pudiera acabar en algún portal de chismes. En realidad, ya se había acostumbrado a eso, a sus fotos filtradas sentado en el salón tomando clases o comiendo en algún lugar de la escuela, como si aquello fuera grandioso o trascendental.

- ¿De verdad? Y yo preocupado de que alguien me reconociera.

- ¿En Helsinki? No, nadie lo haría.

-No soy popular.

-No mucho.

No se lo dice de mala manera, en realidad lo siente como algo bueno, ser una persona normal, común y corriente, que puede caminar por las calles y sentarse en todos los lugares bonitos que ha conocido, entrar a una tienda, comprar su ropa o su comida en el super, fue algo que no había experimentado en toda su vida. También hacer las cosas solo, equivocarse, como cuando compró la bicicleta y se convirtió en una molestia para los otros conductores por no ser realmente bueno al usarla.

-Bien, la historia de mis padres es algo muy sencillo, se conocieron en la universidad, salieron un tiempo en secreto, pero mi padre es de una familia totalmente plebeya así que deberían haber fracasado como pareja. Así fue un tiempo, después de terminar sus carreras, se separaron. Mamá salió con un par de príncipes y algunos lores, pero cuando reencontró a mi padre volvieron a intentarlo y listo, llegué al mundo.

-Pero ¿por qué entonces en todos lados te nombran como Jacaerys Targaryen?

-Es el nombre real, me refiero a un nombre de la realeza como tal. Príncipe Jacaerys Targaryen, se usa para eventos, para salir en las noticias y cosas así, pero imagina que me dijeran así en la escuela, no me acabaría las burlas nunca. Te juro que en el servicio fue más fácil ser el cabo Strong aunque me vea así todo chaparro y sin masa muscular.

-No estás chaparro y… -Cregan quiere corregirlo, pero Jace sabe que sí lo está, porque su hermano menor es más alto que él ahora y seguramente seguirá creciendo al ritmo que lleva.

- ¿Flaco? Sabes que sí, aunque ahora ya tengo un poco de músculo y por lo menos crecí dos centímetros gracias al ejercicio, ¡es algo!

Se miran por un segundo antes de reírse, Jace interpreta el sonrojo en las mejillas de Cregan y él no puede más que avergonzarse por decir eso. Se ríen hasta que les duele el estómago, se ríen y aún así siguen tomados de la mano, aunque Cregan ha caído sobre la colchoneta y Jace trata de respirar de nuevo con normalidad.

-Ahora entiendo lo del nombre.

-Mi hermano Luke Strong es Lucerys Targaryen, pero él adora ese nombre, dice que suena demasiado elegante y lo usa aun en su vida escolar y le encanta que le digan príncipe, es algo vanidoso.

- ¿Qué edad tiene?

-Diecisiete, la verdad es que no lo veo yendo el año que viene al servicio.

Cregan se toma con seriedad aquello, pierde la sonrisa, cosa que hace que Jace toque su mejilla, le había gustado verlo reír con libertad, sonreírle en lugar de mantener la seriedad con que le había hablado los días previos, cuando parecía no importarle ya. 

-Pero tendrá que ir, igual que tú.

-A menos que mi madre, que lo ama con todo el corazón, diga que con mi ejemplo ha sido suficiente.

-Sería injusto…

-No sería la primera vez. A mi me ha matriculado en la escuela pública, como ejemplo de que la educación es de calidad, pero a Luke lo dejó ir a Eaton y para su cumpleaños de este año le regaló un coche y yo tengo que usar el metro porque no debemos contaminar.

-Tal vez quiere que seas alguien que conozcas las dificultades de la vida de las personas normales… -responde Cregan después de valorarlo durante un momento. No es algo que no hubiera pensado Jace durante todo el año pasado, que hacía aquello para que la Corona y el reinado de su madre fuera uno más en contacto con las personas normales, no tan alejado de la realidad como muchas veces se había acusado a la familia Real. Pero él no lograba conectar con aquellas aspiraciones, no quería estar en contacto con la vida normal, quería vivirla.

-Lo que ha logrado es que no me guste el futuro como heredero del reino.

- ¿No te gusta?

-No, para nada.

- ¿Qué es lo que te gusta?

Jace suspira, Cregan se ha levantado de nuevo para poderlo ver a los ojos y es algo encantador poder ver esos ojos azules tan preciosos. Toma valor, porque lo necesita, podría ser que tras decir aquello fuera horriblemente rechazado.

O tal vez no.

-Me gustas tú.

 

-Trajimos el glögi…

-Mamá, no entres…

Sara había entrado a la tienda, escuchó sus pasos y luego su voz, seguida por la de la madre de Cregan, había olvidado por completo aquello, que no estaban solos, porque no le importaba nada más en el mundo que no fuera volver a sentir los labios de Cregan en los suyos. Se había necesitado solo aquello, que le dijera que le gustaba, que extrañaba la forma en que habían pasados las horas de Juhannus el año pasado, como lo cargó a su departamento, la forma en que sus manos le daban seguridad y lo atento que era con él. Era precioso su recuerdo, lo había mantenido con ilusión durante meses y meses y ahora, un solo beso lograría que todo valiera la pena.

Por eso, los labios de Cregan acariciando los suyos causaron una explosión en su cuerpo, lo atrapó con sus brazos, lo hizo acercarse más para que no quedara espacio entre ambos.

Se escucharon las risas de Sara y su madre, no le importaba, tal vez sólo estaban apenadas por haber entrada cuando ellos se besaban, acostados sobre la colchoneta, el cuerpo de Cregan sobre él más pequeño de Jace, dominando la situación en apariencia, pero siendo guiado por el menor que le marcaba el camino, que le indicaba lo que quería y lo que estaba bien.

 

 

 

16

 


 

De regreso a Winterfell se sintió cansado, porque casi no durmieron por estar mirando el cielo, compartiendo la comida que había traído la madre de Cregan y, además, el beber glögi lo había dejado un poco adormilado. Te hacía entrar en calor, por su puesto, por el vino y el vodka que le añade, aunque sea sólo un chorrito; sólo que a Jace lo había hecho reír y sonreír mucho y ahora, en la camioneta, le produjo sueño. Terminó recargado en el hombro de Cregan, escuchando el sonido del motor y una conversación de fondo.

-Cregan, debes ser realista…

-No, mamá, no le digas eso. No tiene por qué ser realista, mejor que le diga a Jace que se quede en nuestra casa y así ya no tiene que hacer largos paseos en bicicleta…

-Sara, él no se va a quedar …

-Mamá, no digas eso.

-Es la verdad, por eso le pido a Cregan ser realista. Esto es algo de unos días, después tendrá que volver a su casa, con su familia.

-Nosotros podemos ser su familia…

-Sara, por favor, no alimentes la ilusión…

-Madre…

La voz grave de Cregan lo hizo removerse, quería escucharlo mejor, aunque estuviera medio dormido y tal vez no recordara nada de esto al llegar a su destino.

-Lo siento hijo, pero ya se fue el año pasado porque tenia obligaciones, ¿no es así?

-Pero hace un año no conocía a los renos, ni el castillo ni las auroras boreales de mitad de año…

-Bran, no alientes…

-Madre, lo entiendo, no te preocupes.

Jace no sabía qué era lo que Cregan entendía, quería abrir los ojos para preguntarle qué era porque ni siquiera él sabía lo que pasaría después de esto. No se quería ir, pero su madre seguiría insistiendo y el sentido de responsabilidad que había tenido toda la vida podría hacerlo cumplir con lo que ella quería.

Pero había ya algo más, algo que no podría simplemente negar o ignorar y era eso lo que le hizo tomar el vuelo a Helsinki sin avisar sin preguntar o pedir permiso. Esto era lo que deseaba su corazón, una vida donde sólo tuviera que estar al lado de la persona que quería, en la que no había dejado de pensar ni un solo momento.

Quería una oportunidad, la quería con todo su corazón.

-No quiero que te rompa el corazón de nuevo…

-Madre…

-Pasaste semanas sin hablar con nadie, me preocupaste tanto…

-Madre…

-Es un niño muy lindo, pero tiene toda la vida por delante, ir a la universidad, cumplir con lo que sea que tenga que cumplir con su familia y eso…

- ¿Y por qué no podría hacer todo eso al lado de Cregan?

La voz enojada de Bran hizo que Jace sonriera un poco, seguía dormitando, sin embargo, había notado el tono con el que dijo aquello.

-Es todavía un niño, es más cercano a tu edad que a la de tu hermano, también debe pensar en eso, viven dos momentos diferentes. Cregan se encarga del negocio y él debe estudiar, como lo hace Sara. ¿Qué dirían si Sara se quisiera salir de la escuela por irse con un tipo?

El silencio después de eso deja a Jace con una sensación extraña, quisiera despertar y decirles que no es así, que de él se esperan tantas cosas que no quiere cumplir y no es sólo por Cregan, es porque no quiere, no es lo que ve para él ni lo que anhela en su futuro.

Pero en realidad está más dormido que despierto y cuando el único sonido es de nuevo el del motor de la camioneta, cayó profundo en el sueño y ya no escuchó nada más.

 

Cuando llegaron a Winterfell y todos se ocuparon bajando sus cosas, Jace se quedó esperando a que Cregan, después de ayudar a su madre y hermana, regresara para despedirlo. Le quedó esa sensación de que lo dicho por la familia del rubio había sido malo, aunque no recordaba bien todo lo que escuchó.

Miró su celular, ahora ya tenía señal de nuevo y se dio cuenta de que había una cantidad increíble de mensajes y no eran sólo de su madre o de Luke, Qyle, Dalton, Joff, su padre, su abuelo y hasta su tío se habían tomado el tiempo de buscarlo.

- ¿Jace Strong?

La voz en un tono oficial lo hace levantar la vista antes de que pudiera abrir el primero de los mensajes. Dos hombres vestidos en uniformes de policía están esperando por su respuesta.

-Sí.

-El gobierno del Reino Unido ha solicitado su extradición, deberá acompañarnos.

- ¿Qué?

Uno de los oficiales ha caminado los pasos hasta él que los separan, lo toma del brazo con firmeza y le da un pequeño tirón.

-Su estadía en Finlandia ha terminado, debe acompañarnos ahora para abordar el primer vuelo a Londres que esté disponible, su gobierno así lo solicita.

-No, no quiero…

-Lo siento jovencito, esto ya no es de sí quiere regresar o no, legalmente no se puede quedar más.

El segundo oficial de policía hace lo mismo que el otro, lo toma del brazo y jala para que comience a caminar.

-No, de verdad, no me puedo ir así.

Cuando Jace nota que los dos oficiales están hablando en serio y que ya lo están conduciendo a una patrulla que estaba sobre el camino de entra a la granja de renos, sabe que o Cregan o alguien de su familia salen en ese momento o de nuevo parecerá que sólo se ha ido; como aquella madrugada donde su tío llegó y le informó que debía de irse y que no aceptaba un no como respuesta. Esto era lo mismo y la relación con Cregan no soportaría una segunda decepción.

-No, esperen, debo despedirme.

-Esa es una cortesía a la cual no tiene derecho – le responde el oficial a su izquierda. Jace sabe que sí de todos modos lo van a sacar del país, hacer una tontería de lo más estúpida no cambiará nada. Los dos oficiales son más altos que él y seguro supondrán que no tiene con que resistirse, así que, aunque su agarre es firme, no están ejerciendo mayor fuerza.

Jace se sacude, jala los brazos y se tira para atrás, lo que hace que él y el oficial de la derecha, caigan. Ambos lo sueltan por un segundo, cosa que él aprovecha para levantase y salir corriendo en dirección a la granja, saltar sin problema una de las rejas y comenzar a correr entre los corrales y los renos que lo ven pasar.

Los oficiales gritan, si hubiera más gente ahí tal vez ya habrían llamado la atención, pero Cregan le dijo que tenían anunciado en sus redes que ese día no iban a trabajar y todos los empleados tenían el día libre.

Así que eran él y los renos y las rejas que tenía que saltar para seguir cruzando hasta llegar al puente que llega al castillo. Eventualmente llegó al corral de los renos con astas enormes, entró en él y uno de los machos se atravesó delante de los dos policías que ya estaban por atraparlo, permitiendo que Jace saltara la última valla sin mayor esfuerzo. Algo de bueno le había dejado el entrenamiento, hace un año se habría cansado después del primer salto.

Aceleró para cruzar el puente y llegar a la puerta que atravesaba la muralla, la cual estaba abierta, entró al patio y se dirigió a la cocina. Ahí estaba la madre de Cregan avivando el fuego.

-Jace, qué bueno que has venido, ¿quieres café?

-Mi madre ha pedido que me regresen a Londres y lo ha hecho de manera oficial, así que hay dos policías que me llevarán al aeropuerto justo ahora.

- ¿Qué? – ella deja la jarra de café y se asoma por una ventana, ve a los oficiales llegar al patio y de inmediato cierra la puerta de la cocina. – Ve con Cregan, es subiendo la escalera, pasillo de la izquierda, la quinta puerta. ¡¡Corre!!

Jace le hace caso, corre, sube la escalera, se va por donde la ha dicho y entra de golpe, sin tocar la puerta, al cuarto de Cregan.

-Jace, ¿qué…?

Cregan estaba saliendo del baño, había cambiado su ropa por algo que parecía adecuado para ir en bicicleta, tal vez estaba pensando decirle que lo acompañaba de regreso a la casita. Tal vez habría sido un lindo paseo, tal vez habrían entrado y platicado un poco más, intercambiado más besos como los de la noche anterior.

-Cregan, esto no debería decirlo así, lo siento, pero no tengo tiempo.

Se lanza sobre de él, lo toma de la cara, acaricia su bonita y suave barba, para luego besar otra vez sus labios. El rubio lo toma de la cintura, parece que no tiene objeción y responde el beso con dulzura.

- ¿No tienes tiempo…?

-No, no tengo tiempo, pero lo siento, haber desaparecido sin decir nada, sin qué supieras ninguna de mis razones para irme. Siento ser quien soy y tener responsabilidades y siento que ahora que quería quedarme me vuelve a obligar a irme.

- ¿Quién te va a obligar?

-La policía – responde Jace, Cregan arruga la nariz, se nota confundido. – Pero escucha, de verdad me gustas, te quiero y sé que podríamos sentir algo más si tuviéramos la oportunidad. Por favor ven, si me sacan de Finlandia a ti no te pueden negar el viajar a Londres, no hay motivo, no se atrevería a tanto.

- ¿Te sacan de Finlandia?

-Sí y no puedo negarme sin crear un caos de relaciones entre ambos países, que me arresten sería terrible, ¿sabes?

-Iré.

Esa era la respuesta que quería y más porque la acompañó con un beso. Cuando los policías entraron en la habitación los dos estaban sentados en la cama, las manos entrelazadas. Estaban tranquilos porque ahora habían intercambiado toda su información, Jace tenía los números de Winterfell, de los padres de Cregan, de Sara y Bran, además de sus redes. Cregan tenía los números del padre de Jace, de su abuelo, de Lucerys y Joff, en quienes confía que no se pondrían de parte de su madre en todo esto.

Porque definitivamente no iba a hacer lo que esperaban de él esta vez.

Chapter 9: Camino al fin del mundo

Summary:

Cregan no duda en ir tras Jace tan sólo con unos días de diferencia y todo parece indicar que el más joven tenía ya todo planeado si es que el mayor aceptaba que son el uno para el otro.

Chapter Text

17

 


 

-No tienen que acompañarme.

Cregan les repite por milésima vez, Qyle y Dalton se miran y saben que deben ser pacientes, las emociones de su amigo están a flor de piel y ha pasado muchas noches sin dormir mientras lograban organizar el viaje.

Ya eran cuatro días desde el día en que Jace partió de Winterfell.

-Te acompañaremos, pero definitivamente volaremos en Ryanair – anuncia Qyle mientras termina de comparar los vuelos y siendo uno sin escalas y el del mejor precio, se decide por ello. Aunque todo mundo sabe que esa aerolínea es barata porque es demasiado básica, no tomarán ese vuelo pensando en las comodidades del viaje, más bien en el objetivo al llegar.

- ¿No se va a caer el avión? -pregunta Dalton mirando el total que cargaran a su tarjeta de crédito.

-Obvio no, pero llegaremos con dolor de espalda – responde Qyle hablando de los asientos tan malos que tiene esa aerolínea. Cregan se ha quedado callado, mirando la pantalla, llena sus datos personales cuando tiene que hacerlo y terminado el trámite, vuelve a sentarse en el sillón donde ha estado toda la mañana, mirando esa cuenta de Instagram que se hizo Jace en los días pasados y donde había compartidos fotos que le traían buenos recuerdos.

- ¿Cregan?

Dalton se acerca a su amigo, parece perdido en sus pensamientos mientras pasa foto tras foto hasta llegar a la última y luego, empieza de nuevo.

-Debí tragarme mi orgullo y simplemente aceptar que quería retomar donde lo dejamos.

-Tenías derecho a estar herido y a responder con cuidado.

- ¿Y a dónde me llevó a eso? Desperdicie días ignorándolo en lugar de simplemente…

-Basta – Qyle cierra de golpe la computadora después de terminar el proceso de compra, da un salto para bajar del banco y pone esa expresión de molestia que tanto le gusta a Dalton cuando tiene que hacer ese movimiento para bajar del banco que está hecho para gente que supera el 1.80 de altura. – Vayan a empacar, sólo lo que queda en una mochila, documentar en esta cochinada de aerolínea cuesta mucho y no te dejan llevar maleta en cabina.

Los dos se le quedan mirando como si no entendieran nada, Qyle recuerda que nos les dijo nada sobre el vuelo que acaba de comprar para los tres.

-Tenemos dos horas para llegar al aeropuerto, el vuelo sale a las 5 de la tarde, ¡vámonos!

 

 

Se alojan en un Airbnb a dos calles del Museo de Londres, ninguno de los tres ha estado antes en la ciudad, les ha costado un poco entender el metro para llegar del aeropuerto hasta el pequeño departamento que han rentado.

Cenan en un puesto de la calle, pescado y papas, Qyle mira las calles tan llenas de gente y vehículos, le susurra a Dalton que le gusta más donde viven y Cregan es testigo de la manera en que ambos se besan y se prometen regresar a casa y estar siempre juntos.

Dalton no perdió el tiempo con Qyle una vez que estuvo seguro de que le interesaba y no lo dejó ir nunca más. Él debió hacer eso una vez que Jace viajó tanto solo para verlo, ¿por qué no lo hizo? ¿Por qué se tuvo que comportar como si no le interesara más, como si un año fuera un obstáculo tan grande?

Definitivamente fue un idiota, pero en realidad tenía miedo y había dolido tanto.

Se acomodan en el departamento, les deja la habitación a sus amigos y él se queda en el sillón de la sala, de todos modos, no cree poder dormir, el insomnio lo ha golpeado como nunca en la vida y es sólo el cansancio el que hace que finalmente cierre los ojos. Pero pasó una hora nada más y se despertó de nuevo y tal vez fue porque estaba muy estresado o por algo más. Al revisar su celular lo encuentra en línea, pero es sólo cosa de segundos hasta que ya no lo está y la desilusión casi hace que aviente el celular lejos de él.

Es bueno que no lo haya hecho porque tiene un mensaje de él. Es una noticia que dice que ese mismo día, alrededor de las diez de la mañana, el Príncipe de Dragonstone y el Duque de Driftmark, los títulos de Jace y de su hermano, estará en un evento de caridad donde tendrán varias actividades que se veían enlistadas en la publicación.

Cregan tienen que buscar todo, no sabe dónde están las cosas en ese lugar, así que planea como llegar al hospital donde estarán y no tiene la más mínima idea de la forma en que podrán entrar. Habrá seguridad y…

Se distrae al ver que llega un mensaje de un número desconocido que inicia con un críptico “no ignores esto.”

 

 

-Hay demasiada gente, pero ni los van a dejar entrar.

Qyle dice sobre las personas fuera del lugar amontonadas cerca de la entrada, pero él está en su ambiente porque les han dado un pantalón de vestir, una camisa blanca con rayas negras y un mandil negro muy elegante. Aunque sea de caridad el evento tiene un buen catering porque se espera que se hagan donaciones importantes para comprar equipo médico muy caro para el hospital. El chico ve a sus dos acompañantes con la altura de dioses nórdicos y sonríe, resaltan demasiado para ser meseros, pero no tienen de otra, así tendrá que ser.

Les da una capacitación rápida para sostener una charola con copas y les recuerda que deberán cruzan varias habitaciones ofreciendo la champaña hasta que lleguen a la puerta que les han descrito, esa que lleva al edificio de gobierno y donde en las oficinas de la directora del hospital se firmarán varios convenios para entregar dinero al mismo.

Todo es simbólico, claro que sí, pero se tienen que tomar fotos y hacer la publicidad adecuada.

- ¿Están listos?

El rubio que los dejó entrar, la misma persona que intercambió mensajes con Cregan durante la madrugada, los espera en la puerta. Qyle asiente con la cabeza porque el tipo es de pocas palabras y se ha molestado antes cuando Cregan le hacía tantas preguntas sobre lo que iba a suceder.

-Repartan la champaña, esperen a que la gente salga a los jardines, entren a la oficina y esperen.

Eso es lo que había dicho el tipo ese antes de barrerlos de arriba abajo y torcer la boca como despreciándolos. Qyle tuvo ganas de darle un golpe, pero también era más alto que él, así que le diría a Dalton que lo hiciera una vez que ya no les fuera útil y hubieran logrado reunir a Cregan con Jace.

Los tres comienzan a moverse entre los elegantes asistentes, a Qyle no le cuesta ofrecer las copas y termina su charola muy rápido, echa un ojo a Cregan y este no se detiene ni cuando alguien hace el amago de querer tomar una copa. Va a su lado y le recuerda que debe hacer el trabajo.

Es así como pasan, poco a poco y supervisados por Qyle, entre gente de todas edades que parecían estar esperando sólo por algo y es que es verdad, ni Jace ni su hermano están presentes en el momento de aquel refrigerio. Llegan hasta el otro lado, donde hay un letrero de “no pasar”, justo como dijo el rubio chocante, ahí es donde abre la puerta y se meten sin mirar atrás.

La zona del edificio de gobierno está llena de personal de seguridad, pero Qyle señala las escaleras que bajan al pasillo de la cocina, un largo corredor que lleva de forma subterránea hasta la bodega y los agentes asienten. Sabe que no son los primeros que pasan y que en teoría deberían regresar con algunas cajas para llevar a los salones donde se organizó el catering.

Pero ellos no van a regresar porque saben perfectamente a que hora los agentes saldrán con dirección a los jardines, así que sólo es cosa de esperar en el corredor unos cinco minutos y subir de nuevo.

Caminaron sin prisa hasta una oficina, la que tenía puertas dobles y sabiendo que no habría nadie dentro, se metieron y esperaron de nuevo.

Cregan caminaba como león enjaulado y Dalton no dejaba de querer ver algo con la ventana. Afuera estaba el evento en jardines, más comida, más bebida y más gente sacándose fotos para sus redes.

-Hay un chico muy joven que tiene una fila enorme de gente queriendo hablar con él, el rubio papanatas está detrás de él, parece un águila cuidando a su polluelo, tiene cara de que dará de picotazos si alguien se acerca de más.

Qyle quita a Dalton de la ventana, pero alcanza a ver al chico que describió, es un joven precioso de rizos y bonita sonrisa.

-Debe ser el hermano menor de Jace.

Nada más decir el nombre de la persona que querían ver, Cregan refunfuña. Ha estado así todos esos días, culpándose de lo que hizo, de lo que dejó de hacer y de su forma de tratar a Jace.

Unos minutos después se escuchan unos pasos, sabía que esto sería así y de todos modos sintieron el nervio en la boca del estómago pensando que alguien los atraparía ahí.

La puerta se abre y una hombre rubio y barbado entra, los ve y tras comprobar algo, deja que otra persona entre detrás de él.

Jace entra hablando por teléfono, los mira y con un gesto de su mano les pide silencio.

-Si mamá, sólo dejé mi propio celular en algún lugar, Erryk me prestó el suyo y me acompañó a la oficina de la directora, pero no, no está. Así que si no respondo tus mensajes es por eso, tal vez lo dejé en el coche.

El rubio barbado aprovecha para revisarlos a ellos, que no estén cargando nada que pudiera ser peligros, una vez que queda conforme se dirige al escritorio de donde saca una mochila grande.

-Cambio de ropa, tienen cinco minutos – les dice y luego se gira a donde Jace lo observa sabiendo que lo que harán enojará a muchas personas. - ¿Estás seguro?

-Lo tenía ya preparado, pero no fui tan valiente para hacerlo tras regresar del servicio.

Jace habla con el rubio, quien parece ser el encargado de su seguridad, pero mira a Cregan en cuanto dijo que no fue tan valiente.

¿Cómo habría sido todo de haber sido valiente? Cregan se imagina de lo que hablan y si Jace hubiera llegado diciendo que había renunciado a toda su vida para intentar algo con él y Cregan lo rechazara. ¿Qué habría pasado? Jace tuvo razón al no ser valiente, debía primero averiguar si seguía interesado y luego insistir porque él era tan tonto para no recibirlo con los brazos abiertos.

-Mi renuncia certificada, sólo tienes que entregarla a mi madre.

El hombre toma un sobre de la mano de Jace y suspira.

-Lo dices como si eso fuera sencillo.

-No te preocupes Erryk, ella tiene a Lucerys y a él le encanta este tipo de atención.

 

 

18

 


 

- ¿Y así se renuncia y ya?

Salieron del hospital por la puerta privada que tenía la directora, llegaba al estacionamiento, donde subieron a una camioneta que estaba esperando por ellos, Qyle tuvo que manejar porque ni Cregan ni Dalton saben cómo siendo que en sus vidas diarias es más probable usar una bicicleta o el transporte público que su propio auto.

La autorización para que salieran del estacionamiento se las dio el rubio de barba que cuidaba de Jace y una vez en la calle Qyle iba pensando en que debe manejar por la izquierda, cosa totalmente contraria a lo que haría en Texas.

-Tal vez debiera hacerlo bajo un protocolo o ante la Cámara de los Lores, pero la verdad no me importa.

Cregan, después de apurarse a cambiar su ropa, había tomado a Jace por la mano, luego acarició su rostro como si lo viera por primera vez y se perdiera en su perfección, para luego besarlo y sonreír al darse cuenta de lo mucho que lo había extrañado.

Ahora estaba sentados en el asiento trasero, el brazo de Cregan pasando por los hombros de Jace, encajando perfectamente.

-Tu madre se podría oponer, obligarte otra vez a regresar…

-Es cierto – acepta Jace- pero primero tendrá que encontrarme.

- ¿A dónde piensan ir? – Dalton se gira para mirar a su amigo, Cregan parece tan tranquilo, exageradamente seguro de lo que harán.

-Al fin del mundo.

 

Qyle y Dalton toman un vuelo de regreso a su casa, a Helsinki, pero antes de que salga su avión vieron partir a Cregan y Jace, dirigiéndose a un punto levemente diferente. Los amigos se abrazaron con cariño, sabiendo que no podrían buscarse en algún tiempo y Jace le agradeció a Qyle la forma en que nunca dudó en ayudarlo.

Más porque ahora Cregan les pidió dejar Helsinki a la brevedad y mudarse a Winterfell para ayudar a sus padres y sus hermanos con la granja y el resto de las cosas que han estado planeando hacer.

Ellos han dicho que sí, dejando tranquilo a Cregan.

 

- ¿No te has arrepentido?

Lo primero que hacen al tocar tierra es tomar un taxi e ir a un centro comercial, compran maletas y un montón de ropa abrigo para poder sobrevivir al lugar más frío que conocen.

-Me arrepiento de muchas cosas, Jace, como por ejemplo comportarme como un culo – dice sin miramientos y Jace al escucharlo suelta la carcajada – pero arrepentirme de llevarte conmigo tan lejos como podamos, de eso jamás.

Jace lo abraza con fuerza, Cregan responde rodeando con sus brazos el cuerpo más menudo del joven.

-Estoy haciendo que te alejes de tu familia.

-No hablemos de eso o me sentiré mal al saber que por mi culpa no estás yendo a la universidad.

Jace pone los ojos en blanco y levanta los hombros, han hablado de muchísimas cosas durante el vuelo y el obtener un título universitario no es su prioridad por ahora.

-Está bien, lo hemos dicho, hay cosas en este momento las cuales podemos sacrificar.

Se miran a los ojos, se dicen sin palabras que al igual que hay cosas que pueden dejar ir en este momento, hay otras a las cuales se van a negar. Tienen que darse esta oportunidad, saber si hay algo real entre ambos, si lo que dejaron en pausa fue atracción o algo que puede ser amor.

Se toman de la mano para salir a la calle jalando sus maletas que han llenado con las bolsas de ropa, ninguno se da cuenta que muchos voltean a verlos, ninguno reconoce a Jace, para nada, pero si les parece que un par de jóvenes atractivos que se ven tan enamorados es algo digno de apreciar.

Caminan buscando un hotel, hay opciones, pero algunos funcionan más como hostales para tener precios bajos y ellos quieren algo de privacidad, así que encuentran uno de habitaciones pequeñas con camas individuales. Agradable, aunque lo de las camas les causa risa.

Compran comida para llevar a la habitación, se sienta mirando por las pequeñas ventanas y acompañados de dos botellas de Lapin Kulta, brindan por la primera noche donde no tienen miedo de que esto desaparezca de un momento a otro, de que no pueden quererse como desean o que esto no sea real, que sea sólo un sueño tonto.

-Debimos comprar más – dice Jace con la botella de cerveza en mano.

- ¿Quieres emborracharte? – le pregunta Cregan mientras se levanta. – Puedo traer más, la tienda cierra en una hora.

-Sí, si quiero.

Cregan está pagando las cervezas cuando escucha a algunos turistas preguntar por la Ópera de la ciudad y cuando les responde le dicen que justo ahí se celebra ahora la Noche de San Juan, el día anterior a Juhannus, lo cual hace que regrese corriendo a la habitación de hotel y dejando las cervezas en la mesita, agarre de las manos a Jace para que lo siga. Se ponen las chamarras, gorros, guantes y corren las 4 cuadras que los separa de la zona del lago que forman las diversas islas que forman la capital.

Ambos se detienen en seco al ver las fogatas, Cregan mira el precioso rostro de Jace iluminado por la luz y es algo que lo lleva al año pasado, cuando tenía la ilusión enorme de construir algo con este joven que había conquistado su corazón.

-Estoy muy seguro de que te amo – le suelta al estar añorando ese tiempo perdido y soñando con el tiempo que tiene a futuro. Jace no parece asustado por lo que le dice Cregan, más bien sonríe, su rostro es angelical, una sola sonrisa le cura las heridas y cicatrices que le han dejado el abandono, ya no duele nada y nada lo lastimará si Jace está a su lado.

-Yo también siento eso – le responde Jace totalmente embelesado mirando a Cregan – que te amo, que te amo de verdad.

Se lanza para abrazarlo, porque aquello lo hace feliz, estar lanzándose a algo desconocido y tener toda la mejor intención de construir algo hermoso entre ambos.

 

Al regresar a su habitación Cregan entra al perfil de Instagram de Lucerys, el hermano menor de Jace es muy activo en esa red social y tiene el permiso de su madre para ello. Publicó una selfie donde dice que las cosas se van a poner interesantes. Luego de eso una foto con el rubio ese que parecía un ave de presa cerca de él.

- ¿Quién es este? – le enseña la foto a Jace quien ya se ha acostado.

-Ah… - el menor abre los ojos y mira por un segundo la foto. – Es Aemond, el tutor de Lucerys, lo acompaña hasta a Eaton. Mi hermanito necesita que lo presionen para estudiar, así que desde hace dos años tiene a Aemond como tutor, es hijo de la mejor amiga de mi madre y es de muy buena familia, los Hightower.

-Vaya, lastima que yo no soy de buena familia…

Jace aprovecha aquello para preguntar algo que le hace ruido, se pone de pie y va a donde está Cregan, lo empuja para sentarlo en la silla y entonces toma asiento sobre de él.

-Hey…

-Tengo una duda – le dice Jace.

-Dime.

-Dices que no eres de buena familia – hace una pausa y Cregan asiente – entonces, ¿por qué tienes un castillo en el norte de Finlandia?

Cregan suelta una carcajada.

-El único castillo de Laponia, por supuesto, así estamos anunciados en TripAdvisor – Cregan deja un beso en los labios de Jace, ahora los veía con tanta claridad, esponjosos y antojables, - pero tener un castillo tan al norte es raro, los Stark amaban el invierno, el frío, el norte del mundo y construyeron hace como quinientos años este bastión que no era necesario para nada porque por ahí no pasa nada.

- ¿No es un lugar estratégico para evitar las invasiones de…?

-De renos solamente.

Los dos sonríen y Cregan se da un momento para apreciar lo bello que es Jace, aun extraña los rizos, pero aun sin ellos es una obra de arte.

-Pero los Stark fueron una familia capaz de construir un castillo.

-Y vivir lejos de todos, aislados.

-No me parece malo.

-Pues los Stark son conocidos en el norte de Laponia, pero nada más, no somos una gran familia, somos todos los que conociste y nadie más.

-Para mi son una gran familia, me agradan tus padres y tus hermanos.

-Y tú los tienes encantados, como el hermoso príncipe que eres.

-Mi señor, en los próximos días, cuando mi madre entienda lo que sucedió, dejaré de ser príncipe y sólo seré Jace.

Cregan tomó una mano del hermoso joven que estaba sentado en sus piernas y le dejó varios besos en el dorso, Jace se sonroja y para Cregan no hay mejor visión que esa.

-En mi corazón eres el Rey.

-Cregan… - Jace baja la cara y sonríe nervioso.

-Es la verdad, lo eres y siento tanto haberte tratado como lo hice…

Jace lo calla con un beso, Cregan no ha podido disculparse de manera adecuada por eso mismo, porque no lo deja hablar o decirle todo lo malo que hizo.

-Tenemos que salir temprano – le dice Jace antes de besarlo de nuevo.

-Nos quedan siete horas de camino antes de llegar a la siguiente ciudad y seré yo el que maneje.

-Entonces tienes que dormir muy relajado.

Cregan suspira al ver a Jace levantarse y ponerse de rodillas frente a él.

-No es necesario…

-Sólo levántate un segundo para bajar tu ropa y déjame encargarme.

 

 

19

 


 

Cregan no está seguro, tal vez es muy pronto, ayer aun estaban planeando un escape de lo más extraño y que sólo se concretó porque el padre de Jace se sentó a hablar con él y lo escuchó en realidad y entendió lo miserable que estaba siendo por no poder tomar sus decisiones.

Aún así, dudaba de que fuera correcto el simplemente dejarlo hacer lo que le proponía porque…

Cregan se quedó en blanco en el momento en que Jace abre su boca y dice algo que pareció ser un “por favor”, realmente no lo escuchó, estaba totalmente perdido por la visión del precioso joven que estaba arrodillado frente a él.

-Cregan, por favor…

Ahora si que lo había escuchado y estaba perdiendo un poco la cabeza porque se veía dulce y delicioso al mismo tiempo convirtiendo a ese momento en algo demasiado tentador como para pensarlo dos veces.

Se levanta para hacerlo que le ha pedido, bajar su ropa y dejar al aire su miembro endurecido por la sola imagen de Jace frente a él. Es algo vergonzoso, no lo sabe, lo piensa, porque no necesita gran cosa para estar listo cuando su hermoso príncipe le pide por favor que le permita atender su excitación con esa misma boquita de labios esponjosos.

Demasiado hermoso su príncipe, tanto que le es difícil mantenerse ahí sentado esperando por él.

-Yo nunca he hecho esto…

Su príncipe confiesa en un susurro y a Cregan se le pone más dura nada más de pensarlo, aunque Jace sonríe después de decirlo, como si le estuviera diciendo que si quiere una fantasía con él podría tenerla.

El virginal príncipe perfecto, el más hermoso de todos y el Lord de un castillo que nadie recuerda.

Aunque la realidad es bastante más fuerte, más intensa y cuando se acerca a la cabeza de su miembro y saca la lengua para lamerlo podría haberse corrido en ese instante. Tuvo que controlarse, tuvo que recordarse que debía atender a su príncipe y no sólo entregarse al orgasmo que la visión frente a él le exigía disfrutar.

Su respiración se vuelve pesada en cuanto Jace comenzó a lamer, yendo de la base a la cabeza una, dos y tres veces antes de detenerse y mirarlo con grandes ojos para luego atrapar la cabeza y meterla a su boca.

- ¡Joder! -exclama Cregan al sentir la humedad que ahora lo rodea y el ritmo lento donde chupa con cuidado y sin nada de prisa. Jace al escucharlo lo mira, es algo que hace que el mayor cierre los ojos para no sobre estimularse y terminar en la maravillosa boca en un minuto.

Seguro lo que vio le encantó, porque retoma lo que hacía dejando que su miembro entre mucho y aunque por un momento le preocupa el hacerle daño, se pierde en la sensación ya sin poder hacer nada más coherente que no fuera gemir lo más suave que puede para no asustarlo y dejar que siga con lo que hace.

Jace jadea y lo saca de su boca, Cregan abre los ojos y lo encuentra con la respiración alterada y un evidente cansancio. Debía creer que esta era su primera vez y entonces tomar la acción. Se termina de quitar los pantalones y luego pierde la playera que vestía y la ropa térmica, lo deja todo tirado en el piso.

-Ven – le ofrece su mano a Jace y este la toma para levantarse, caminan los pocos pasos a la cama, esa cosa individual, pequeña y poco útil para estos quehaceres. Pero no importa, podría ser otra fantasía, entrar en la habitación del dormitorio de la escuela, coger en silencio para no alertar a los compañeros de cuarto.

Jace parece distraído, lo atrapa recorriendo su cuerpo con la vista. Cregan sabe lo diferentes que son y le gusta que lo admire, que se refleje en su mirada algo que no sabe si es el deseo más obvio que ha presenciado demostrando lo muy inocente que es el joven que está llevando a la cama.

Se toma un momento, le quita la chamarra y comienza a sacar pieza por pieza de ropa, no es del todo sensual desnudarse cuando hay tantas capas que retirar; pero vale la pena porque con cada prenda perdida el sonrojo en Jace se vuelve más y más evidente hasta que la risa le gana al verse solo con una playera y su ropa interior levantada cual tienda de campaña.

-Recuéstate – le dice Cregan aunque quisiera tirarlo sobre la gruesas colchas, pero debe ir con cuidado si desea poder controlarse el suficiente tiempo para no subirse en él y simplemente enterrarse entre ese bonito culito que es demasiado perfecto para cualquiera. Cregan cree que no lo merece, no al verlo sin una sola pieza de ropa y saber que no necesita nada para ser más bello, que todo a su lado desmerece, que su piel, la multitud de pecas esparcidas por ella, que los lunares que está descubriendo solo se suman a todos los detalles que aprende y graba en su memoria y que lo vuelven simplemente perfecto.

Perfecto, su príncipe es perfecto.

-Cregan…

Su joven príncipe lo toca con sus manos, delicadas, no se había percatado de lo elegantes que son. Disfruta que lo toque, que pase por su pecho y luego le deje delicadas caricias en su abdomen. Lo ve relamerse los labios antes de tomar de nuevo su miembro con la mano, Cregan jadea perdiéndose en la sensación, sintiendo de nuevo que con esos ligeros toques va de cero a mil en su excitación.

Pero lo quiere hacer bien.

-Espera – le toma la mano a Jace para retirarla por un momento, abre sus piernas y acaricia su rosada entrada con la punta de sus dedos. Jace se estremece y se tapa la boca con una mano para no gritar. Sólo lo ha tocado por lo que Cregan se detiene preocupado. – No tiene que ser ahora.

-Creg … - le responde con un tono de voz más agudo de lo normal - … quiero que sea ahora.

-Respira, Jace, mi príncipe…

Desliza suavemente la punta de su dedo, Jace jadea, respira con fuerza sin poder relajarse así que Cregan se agacha para tomar la verga del menor en su boca para distraerlo. Sabe a desayuno inglés, té y galletas, Jace se deshace en gemidos, el mayor desliza la punta de sus dedos dentro, poco a poco, mientras con su lengua recorre la perfecta longitud de su príncipe.

Jace se corre en su boca sin previo aviso, sus piernas tiemblan, su cadera se empuja hacia adelante y Cregan aguanta el golpe del sabor inesperado. Es dulce, no podía ser de otra forma.

-Lo siento… - la voz de Jace es un susurro agudo, repite esas dos palabras varias veces y Cregan no tiene nada que perdonarlo, es un poema magistral cuando disfruta su orgasmo, aunque no lo viera venir. Así, repentino, intenso, así le gusta.

-No lo sientas, fue hermoso.

Cregan aprovecha que está relajado por fin para ir más profundo con sus dedos, para abrir y cerrar con delicadeza sus dedos y prepararlo para lo siguiente. Cuando tiene tres dedos adentro y Jace no se tensa más sabe que podría hacerlo, que podría recibirlo. Pero debe escucharlo, por lo que sale de dentro del joven y este parece irritado.

-No.

- ¿No?

Jace le mira con una expresión difícil de interpretar, sus esponjosos labios tiemblan levemente, Cregan se adelanta para besarlo, en realidad no debería haber ignorado esos labios, esa boca tan atenta.

- ¿Podrías…?

- ¿Qué quieres que haga? – lo vuelve a besar antes de dejarlo responder, Jace se ríe durante el beso y trata de apartarse para decirle lo que quiere.

- ¿Podrías entrar…?

- ¿En dónde? – Cregan hace que Jace se sonroje, pero para no hacerlo sufrir más con las palabras se toma el miembro con la mano y lo lleva a la preparada entrada de su príncipe. - ¿Será que lo quieres ahí?

Jace jadea, la cabeza del miembro de Cregan roza y empuja suavemente antes de detenerse.

- ¿Es ahí mi amor?

-Sí, por favor, ahí.

El mayor hace caso, empuja y siente la resistencia, pero Jace exhala el aire que contuvo y lo recibe, aunque da un pequeño grito al darse cuenta de la diferencia.

-Es más grande, perdón.

-Presumido – responde el menor y ambos ríen. Se siente tan cómodo con él aun en aquella situación, apretados uno sobre el otro en una cama pequeña, conociendo lo que es entregarse al otro sin ninguna restricción.

- ¿Estás bien?

-Sí.

Eleva sus piernas, rodea su cintura y Cregan entiende que está bien, que sólo necita un poco más, que lo penetre un poco más profundo, que lo dejé sentir lo que es estar así de lleno y que se mueve dentro y fuera para arrancar sus jadeos y gemidos.

Jace comienza a sonar demasiado sensual siendo los sonidos que su boca deja escapar una delicia.

Y Cregan siente lo mucho que lo aprieta, la humedad de sus paredes y como, tras golpear repetidamente un punto dentro del menor y provocar un nuevo orgasmo, le fue difícil no acompañarlo.

Lo sujeta de las caderas, aprieta con sus dedos con más fuerza de lo debido. Se agarra firmemente y aumenta la velocidad de sus movimientos, Jace languidece sobre la cama, perdido aun en el segundo orgasmo que fue diferente a otros, que lo hizo estremecer en cada célula de su cuerpo.

Su perfecto y hermoso príncipe, desvanecido en la cama, con una sonrisa en los labios y soltando suaves quejidos con cada estocada que Cregan le da.

Esa visión, la sensación de entrar en ese cuerpo bello y la seguridad de haberlo complacido, lo llevan a correrse dentro. Un jadeo fuerte y sostenerse con sus brazos para no caer sobre Jace.

-Quiero tu peso encima – le dice al notar que intenta evitar aplastarlo – quiero abrazarte toda la noche.

Cregan cede, se deja caer sobre del menor, comparte el calor de su piel en aquella noche tan iluminada que casi es el día más largo del año.

El día donde el sol no se oculta.

 

 

Chapter 10: Tomado de tu mano para el resto de nuestras vidas

Summary:

Este es el inicio del resto de sus vidas.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

20

 

 


 

 

La noticia los alcanzó tres días después de que iniciaran aquella huida, una vez que decidieron ir por carretera poco a poco. No era un viaje normal porque tendrían que ir por caminos que discurren entre los fiordos y por ellos era mucho más fácil llegar si se cruzaban la frontera a Suecia, sería mucho más directo y tomaría menos tiempo. Pero ellos no querían volver a cruzar la frontera y deseaban mejor pasar tiempo juntos entre destino y destino.

Están en Trondheim, a seis horas de Oslo, cuando hace caso al celular para otra cosa que no fuera sacar fotos de los paisajes y es por ello por lo que le caen muchísimas notificaciones de golpe.

- ¿Es tu hermano? – pregunta Cregan antes de salir del vehículo, Jace está mirando fijamente a los mensajes sin ir a las otras notificaciones que incluyen casi cien menciones en historias de Instagram o en publicaciones.

-Y mi padre y mi abuelo y hasta mi tío, qué horror, no sabía que tenía idea de cómo mandar mensajes a través de una aplicación.

- ¿Nada de tu madre?

Jace niega con la cabeza y no sabe si eso le alivia o le preocupa, teme que terminara abriendo un día la puerta del hotel donde se estén quedando y ella esté ahí, con los brazos en jarra y las manos sobre las caderas y el pie golpeando desesperado sobre el piso.

Su madre en modo Reina se tomaba todo demasiado en serio y esto que ha hecho Jace va en contra de todo lo que había planeado.

Pero, ser heredero de un título así no le interesa en absoluto, nunca lo hizo y ahora menos que nunca. ¿El Reino no se merecía alguien que trabajara por ellos y que disfrutara hacerlo? Como su madre, ella siempre se vio como la futura Reina excepto cuando hizo la tontería de casarse con su padre, un hombre común y corriente como cualquier otro súbdito. Tontería no para ella, claro, si no para todos los que la aconsejaron en contra.

-Creo que es lo mejor, si ahora me hablara me diría cosas que seguramente no siente y tal vez terminaríamos lastimados.

Jace se deja caer en el asiento, cierra los ojos. Recuerda lo que acaba de leer, Luke le mandó capturas de las noticias más escandalosas como que había tenido un problema tan grande que la Reina se había visto forzada a correrlo y desheredarlo por múltiples razones como que se había comportado de forma vergonzosa o había embarazado a alguna mujer o que estaba relacionado con drogas.

Otros defendían que Jace siempre había sido muy correcto y si ahora había abandonado un evento oficial era porque seguramente estaba muy enfermo y la noticia sería dada en el momento adecuado.

Los que fueron tachados de locos fueron las dos personas que dijeron que lo vieron en el aeropuerto de Londres o el que juraba que lo vio en un vuelo a Noruega.

Esas dos cosas ciertas, nadie la creía.

Jace siente los labios de Cregan sobre los suyos en un beso muy sencillo pero que lo hace volver a la realidad que ha elegido.

-Aprietas los labios, aunque estés relajado – le explica el rubio – pones boquita de pato.

-Los patos no tiene boca – le corrige Jace antes de reírse.

-Pico de pato entonces – le responde Cregan volviendo a besar sus labios. – Un pico de pato muy esponjoso y perfecto, mira qué lindo.

-Olvida lo del pato y sólo sigue besándome.

 

Dos días después estaban en otra pequeña ciudad a la orilla del lago que forma los fiordos, por fortuna en todos los países escandinavos hablan un perfecto inglés porque no podrá dominar nunca el noruego, pero mucho menos el finlandés. Cuando Cregan lo habla Jace solo lo mira confundido, aunque en la voz del rubio se escucha exageradamente sexy.

Se queda fuera del hotel mientras Cregan consigue una habitación y de nuevo prende sus datos para recibir los mensajes. Esta vez hace caso a lo que le dice Qyle. Ellos siguen en Helsinki arreglando todo para mudarse a Winterfell, lo cual lo hace exageradamente feliz porque al final de ambos viajes estarán viviendo relativamente cerca.

Lo relativo está en el hecho de que serán dos países diferentes, pero a menos de un día de camino.

Qyle le envía una foto de él comiendo sopa de salmón y aunque no tenía hambre antes de verla ahora ya está muriendo por el antojo.

- ¿Están bien Dalton y Qyle?

Cregan llega por detrás de él y lo abraza por la cintura, dejando su cabeza recargada sobre su hombro lo que le permite ver la foto que le ha enviado su amigo y que lo ha hecho morir de hambre.

-Sí, están preparando todo, no es tan fácil como pensaron.

-Yo sé que será cosas de unas semanas en lo que logran poner todo en orden y se mudan – suspira para luego dar de besos en la mejilla de Jace. - ¿Tu madre te ha buscado?

Jace revisa otros mensajes, siguen siendo de su padre, abuelo, de Luke. Pero nada de su madre, nada aún.

Abre el de Luke, está en una fiesta, su tutor está detrás de él y trata de quitarle un vaso que seguramente contiene alcohol.

-Se divierte.

-Sí, por lo menos Aemond no lo deja pasarse de la raya – responde mientras mira las otras fotos y un vídeo donde está cantando a todo pulmón. - Aun es muy joven, mi madre pondría el grito en el cielo si aparecen fotos de él bebiendo, siendo menor de edad.

-Cosa que tú jamás harías – le dice Cregan y le da un beso en la mejilla.

-Cierto, yo sólo me escaparía para vivir con la persona que he decido amar.

-Eso está bien -le reparta más besos que hacen que Jace se olvide del celular y se gira para abrazar a su novio, a su amor, a su compañero de vida. – Estoy feliz de que hayas roto todas las reglas para elegirme a mí.

 

 

Dos días después Cregan le enseñaba a pescar en los lagos entre los fiordos, habían viajado en ferry viendo los maravillosos paisajes noruegos de bajas colinas verdes que parecían postales, había tomado tantas fotos que ya eran cerca de mil y no estaban cerca de llegar a su destino.

Se detuvieron a descansar en una casita que se rentaba por Airbnb y Cregan rentó el equipo para pescar. Jace nunca había visto el agua tan azul reflejando el cielo y las montañas pequeñas. Era perfecto.

-Vamos a hacer sopa de salmón – le dice y si estaba distraído con el paisaje eso lo trajo de inmediato a la realidad. – Pero tenemos que pescarlo.

-No sé hacer esto – le confiesa, aunque ha estado en viajes de pesca antes jamás se había interesado por aprender.

-Habilidades para sobrevivir en el norte – le entrega una caña sencilla, Jaca casi la tira – debes aprender a pescar.

Pasan todo el día en un pequeño barco, Cregan pesca lo suficiente para varios días y Jace sólo un ejemplar de buen tamaño. Su novio le toma una foto con el pez y esta se convierte en su nueva foto de perfil para Instagram.

Nunca había sonreído tanto para una foto, se sentía legítimamente feliz.

 

En la última jornada cruzaron la frontera entre Noruega y Finlandia donde hay un pequeño monolito que dice Suomi, que es la palabra en finés para Finlandia precisamente, justo ahí se unen tres de los cuatro países de Escandinavia, porque también se hace frontera con Suecia y por ello hay un mirador donde se puede apreciar a en 360 grados planicie verde y montañas que para Jace parecen colinas.

Se detiene como lo hacen otras personas, se toman una foto y con cinco horas por delante, Jace manda el mensaje de su vida a dos personas que se encargarán de los demás.

Llegan a media tarde a Rovaniemi, la siguiente ciudad que es lo suficientemente grande para tener ayuntamiento y se dedican a dormir. Por la mañana, se despiertan con el toque intenso en la puerta que les avisa que del otro lado están sus hermanos, sólo ellos tocan como maniáticos.

Sara y Rickon se lanzan a abrazarlos con fuerza.

Dalton los ha ayudado con los tramites que en teoría deberían ser en persona, pero convenció a la chica del mostrador en el ayuntamiento de que era muy importante que hiciera la búsqueda de antecedentes de Cregan y Jace y ello lo hizo, aunque no debería porque los solicitantes tendrían que hacerlo por ellos mismos.

Cregan Stark, ciudadano finlandés jamás había estado casado y Jace Strong, de nacionalidad neozelandés tampoco. Jace había pedido a su padre desde que se fue al servicio que le realizara un tramite que ninguno de sus hermanos tenía, la doble nacionalidad que le confiere el ser su hijo y este, sin saber por qué, lo hizo. Así que tenía un pasaporte de Nueva Zelanda totalmente válido que no estaba marcado como su pasaporte del Reino Unido y por lo tanto, era legal el que se casara con Cregan sin levantar ninguna alerta pese al nombre.

La boda es una oficina, más sencilla imposible. La atestiguan la familia de Cregan y sus amigos, Qyle y Dalton. Obtienen un certificado de matrimonio y unas fotos donde usan ropa de verano, aunque Jace muere de frío y se pone la chamarra un segundo después. Comen en un restaurante de comida local llamado Arctic, se sacan fotos con una figura de un oso polar que está afuera y se mueren de la risa cuando le sirven salmón en una vieira a Jace. Aquello es comida de autor muy deliciosa y un poco cara, pero es su primera comida como esposos y vale la pena gastar.

Regresan a Noruega por la misma frontera al día siguiente y siguen viajando hasta llegar a donde piensa vivir hasta estar seguros de que nadie usará sus facilidades diplomáticas para sacarlo del país y hasta que Jace pueda usar la nacionalidad finlandesa que el matrimonio con Cregan le dará después de unos meses.

Así que viajan por medio día rodeando más fiordos hasta llegar a su destino.

Un pueblo de unos tres mil habitantes llamado Kautokeino que es conocido también por dedicarse a la cría de renos.

Las primeras noches se quedan en un hotel impresionante que parece hecho de piedra gris y en la noche lo iluminan de tal forma que parece un edificio rojo. Le encanta, le hace montones de fotos porque adora cómo se ve el lugar.

En cuanto empiece la semana Cregan irán a sacar un permiso de trabajo y buscarán donde rentar de forma más definitiva.

Jace comparte las fotos de la boda, los mensajes de Luke y su padre se desbordan, sufriendo por no haber podido estar ahí.

De su madre aun no recibe nada y eso duele cuando hasta Joff siendo aun un niño sí es capaz de escribirle para felicitarle y para pedir que un día lo invite a conocer a los renos.

 

 

 

Lucerys cumplió dieciocho años un día después de que su hermano cumpliera veinte y lo hizo con una enorme fiesta que salió en las noticias por la gente que estuvo invitada. Pero la fiesta fue lo de menos, porque la tarde siguiente subió a un avión comercial por primera vez en su vida.

Aemond trató de decirle que no lo hiciera, pero refutó con un “soy mayor de edad” así que supo que no tenía de otra más que acompañarlo. También podía delatarlo, pero eso habría roto la confianza entre ambos y no quería que pasara.

Así que dos vuelos después ambos estaban en un lugar congelado, totalmente nevado y donde parecía que la Navidad aun no se iba. Irían lo más lejos que podían sin pedir ayuda, así que contrataron un auto para llevarlos a Muonio y de ahí, buscaron otro que los llevara a Winterfell, después de todo era un lugar turístico que aparecía en el mapa.

Eran las diez de la mañana, dos días después de su cumpleaños, tenía frío, sueño y aun se sentía medio afectado por los efectos de haber bebido como jamás lo había hecho.

Se quiso acerca a la taquilla, pero decía que abrían a las 10 y media.

-Ya voy, ya voy – le dice un chico cuyo acento es extraño, diría Luke que habla como vaquero con un tonito chistoso. – Qué puntuales son, deben estar emocionados de ver a los renos.

-Sí, sobre eso…

-¡¡Luke!!

El chico vaquero sólo lo vio una vez antes de lanzarse a abrazarlo, era más bajo que él y aunque parecía mayor, realmente era pequeño.

- ¿Qué?

- ¡Suéltalo!

Luke mira a Aemond y le pide que espere, es raro, pero tal vez aquí no sea del todo desconocido, tal vez su hermano les ha enseñado sus fotos o algo así.

-Perdón – dice el chico soltándolo finalmente. – Pero me hace tan feliz haber ganado.

- ¿Ganado? -pregunta confundido.

-Sí, Dalton decía que vendrías en un festivo o algo así y los padres de Cregan que lo harías en vacaciones, Sara dijo que en verano porque tal vez no te gusta el frío y Rickon que lo harías para Navidad.

- ¿Apostaron? – Luke sonríe aun sin saber bien qué decir sobre aquello.

-Claro que sí y yo gané, porque dije que lo harías en cuanto cumplieras dieciocho, porque en realidad si quieres ver a tu hermano, pero no obtendrías permiso si lo pedías.

- ¿Y tú quién eres? – Aemond le pregunta sin ocultar su molestia por lo que ha escuchado.

-Ah, sí, lo siento. Soy Qyle Martell, esposo de Dalton, quien es el mejor amigo de Cregan.

-Estuviste en la boda – le dice Luke al recordar las pocas fotos que Jace compartió.

- ¡Claro que sí! No podías perdernos tan enorme acontecimiento.  - Luke suspira, habría querido estar presente. Qyle lo mira con una expresión dulce. – Por cierto, feliz cumpleaños.

-Gracias.

 

 

Dalton los sube a su camioneta, Aemond lleva una cara de molestia que es graciosa porque la camioneta no es nueva y huele un poco a reno. Luke va emocionado mirando paisajes que se le hacen imposible siendo que él normalmente no suele salir de la ciudad porque es alguien a quien le gustan las comodidades.

Pasaron la noche en Winterfell y decidieron que saldrían antes del amanecer, esperando que si a Luke lo comenzaba a buscar su madre no pudieran encontrarlo antes de cruzar la frontera. Las cosas no llevan mucha prisa en ese lugar del mundo, si lo buscaban en Helsinki un día tal vez en Rovaniemi pasar una semana para que lo comenzaran a buscar y en la frontera tal vez un mes. Pero no se sabía qué tanta urgencia le pondría a la solicitud de una Reina.

Nadie miró el nombre de Luke dos veces y de repente estaban ya en Noruega, los paisajes eran igual de bellos y parecían inmensos y como si nunca se fueran a terminar, blanco, solo nieve y más nieve hasta que llegan a una pequeña ciudad llena de casas de color marrón y rojo, todas iguales. Dalton no se detiene cerca del centro, circula por otros quince minutos hasta llegar a una casita con un granero y un establo. Luke mira a un par de renos sobre lo blanco de la colina.

- ¿Ahí viven?

-Sí, Cregan trabaja en una granja de renos, pero se trae a casa a los que no saben convivir con los turistas hasta que los entrena para jalar los trineos. Jace trabaja en el centro de turistas para la ciudad, ha salido en la página de turismo de la región porque es tan guapo que la gente hace fila para una foto con él.

Luke suelta la carcajada, aquello era tan normal en la vida de su hermano.

Qyle le pasa su celular para mostrarle, Jace sentado en un mostrador en medio de una placita, sonriendo y viéndose todo bello porque sus rizos han crecido de nuevo.

-Jace Stark listo para recibir a los turistas en un nuevo día de trabajo – lee lo que dice la foto y recuerda que no le preguntó si había cambiado su nombre al casarse, ahora ve que es así.

-Le va muy bien, creo que la región está lista para naturalizarlo noruego si su nacionalidad finlandesa se tarda más – le informa Qyle. – Pero es que en Finlandia nada apura, no hay prisa para nada, es lo bueno y lo malo a veces.

Dalton entra tocando el claxon dos veces, los renos se alejan y la puerta principal de la casa se abre. Luke se baja de la camioneta y cuando su hermano se da cuenta de quién es y sale un poco de su asombro, corre para llegar hasta él.

Se unen en un abrazo.

 

 

Lucerys es nombrado heredero al trono una semana antes de irse al servicio militar así que las fotos de cuando le cortan su cabello son parte del chisme de todo mundo. Se mantiene en contacto con Jace y sabe lo miserable que se siente porque no le gusta hacer ejercicio y odia despertarse temprano, pero como realmente quiere ser el sucesor de su madre cumple con todo lo que le piden y lo hace lo mejor posible.

Todo fue normal hasta que tuvo prácticas en paracaídas y entró en crisis en el avión. No fue el único soldado que la tuvo, muchos se acobardaban a la hora de saltar en pleno vuelo; pero Lucerys aseguraba que si saltaba se iba a matar.

Lo hizo, llorando y gritando y casi se fractura un pie al caer, pero lo logró. Una semana después acabó el servicio y pudo regresar a casa, totalmente avergonzado de que la gente supiera lo que le había pasado. Aquello podría ser una vergüenza, pero lo volvió muy humano ante los ojos de la población y su popularidad aumentó por millones.

Esa popularidad la iba a necesitar muy pronto.

Estaban en Helsinki para Juhannus, aunque debería ser una fiesta familiar, para Cregan, Jace, Qyle y Dalton, era casi como su aniversario de bodas. Ese día querían festejar, ir de puesto de comida a otro puesto de comida buscando la más deliciosa sopa de salmón, bailar en cada hoguera y terminar bebiendo en el mismo bar que aquella primera vez.

Lucerys había bebido de más y después de todo el día de andar de fiesta hizo algo sin pensar. Como hacía tantas cosas, pero esto debió haberlo valorado un poco más.

Besó a Aemond, quien seguía detrás de él como su tutor, poniendo énfasis en su entrada a la universidad ya que durante el servicio solo habían estudiado una vez por semana y eso a través de una llamada de Zoom.

Así que Rhaenyra le encargó de nuevo ir con él a todos lados para lograr que su ingreso a Oxford fuera exitoso y no tuviera problemas con las materias. No imaginó que Luke tenía años enamorado de él y que terminaría besándolo enfrente de un montón de desconocidos justo cuando el sol no se ponía ni siquiera de madrugada.

Alguien tomó una foto y no es que los hubieran reconocido, sólo fue una foto que hablaba del amor enuna noche tan especial.

Y esa foto llegó a otras personas hasta que alguien dijo que, si ese no era Lucerys Targaryen, heredero al trono de Inglaterra. Sí, dijeron cientos, luego miles, y luego millones, ese es Lucerys Targaryen y está besando a otro hombre.

Cuando la gente se enteró que ese otro hombre era Aemond y era su tutor y era mayor que él por cinco años, las redes se incendiaron.

 

 

Había estado hablando con su mamá por video llamada desde unas semanas después de la boda, pero no le había dicho a nadie porque secretamente temía que ella se molestara por alguna razón y volviera a ignorarlo. Después de todo no estaba cumpliendo lo esperado y por esa razón Luke había tomado su puesto en la línea de sucesión de su madre.

Pero ahora, con el escándalo de la foto de Aemond, su madre había estado al borde de una crisis porque la mitad de la población decía que debía quitarlo de la sucesión porque si le gustaban los hombres no podría tener herederos y la mitad de la población decía que si no se podía discriminar a nadie por su orientación sexual cómo diablos se iba a discriminar al heredero al trono.

Muchos decían que entonces se volviera a considerar heredero a Jace y empezaron a preguntase dónde diablos se había metido y porque había renunciado.

Jace, al no sentirse avergonzado más bien estaba orgulloso de todo lo que había sucedido en su vida desde que podía tomar decisiones por sí mismo, había filtrado su certificado de matrimonio y su nuevo pasaporte finlandés.

-Mamá, calma.

La Reina Rhaenyra se tallaba el rostro frente a la cámara, se notaba las ojeras y el cansancio no era para nada fácil de ocultar.

- ¿Calma? Estoy calmada Jace, pero ¿cómo no lo vi? El hijo de Alicent, era obvio, siempre estaban juntos.

-Tú le indicaste a Aemond estar siempre con Luke, ¿cómo podrías haber sospechado si solo estaba siguiendo tus ordenes?

-Sí, claro, mis ordenes – su mamá se queda en silencio unr ato después de esto, para cuando habla y rompe el silencio su voz se escucha extraña. – Tú papá se fue de la residencia, está molesto porque le dije a Luke que no debía mostrarse tan abiertamente en la relación con Aemond, piensa que me avergüenzo de él y no es así.

- ¿Papá se fue?  - Su mamá asiente y se nota que está luchando por no llorar. – Hablaré con él.

-No, es mejor que no. ¿Sabes? Tiene razón, yo mandé en un viaje enorme para no tocar Finlandia y cruzar por una frontera no supervisada para poder casarte con Cregan y no te he visitado. Tu padre ha ido tres veces…

-Mi padre tiene más libertad.

Rhaenyra lo mira y sus ojos parecen hinchadas, le preocupa, sin su padre no hay nadie que la tranquilice, que controle todo ese estrés en el que vive.

-Y ahora Luke – retoma ella. – A él no le preocupa, sigue siendo muy popular y tiene a la mitad de la opinión publica en la bolsa, es más aprobación que otros reyes han tenido, para serte sincera.

-Tal vez sólo deben dejar que pase esto, ya vendrá otro escándalo, no lo sé, tal vez tío Daemon haga alguna locura.

Su madre sonríe y luego los dos se dan un momento para reír. De todos modos, hablará con su padre, sobre no dejarla sola, no lo merece, tiene que ir a acompañarla y apoyarla como siempre hace, con todo su amor y devoción.

 

 

En Navidad se reúnen en Winterfell, es una fecha grande llena de turistas, pero cierran temprano para cenar en familia y celebrar la llegada de esa fecha con un paseo en trineo.

Joff aun escribe una carta para Santa Claus y se emociona porque su madre le dice que tendrá su regalo al regresar del paseo y que debe estar al pendiente del cielo por si ve a los renos cerrar los ojos y fingir que duerme.

Jace sabe que su hermano está a punto de dejar de ser un niño y perder una ilusión así, está por entrar a la adolescencia, pero ese año se dio permiso de volver a tener una ilusión así de grande.

Es extraño estar todos juntos, la mamá de Cregan y la Reina Rhaenyra cocinaron una pata de cerdo al horno, una sopa de nabo y arroz azucarado con almendras como acompañamiento. Sara preparó el pastel hojaldrado con mermelada de ciruela y todos los demás dieron su mejor esfuerzo con las galletas de jengibre.

Su papá y el padre de Cregan cortaron leña. Sara y Lucerys hablaban sin parar de cosas que Jace no alcanzaba a entender y Rickon paseó a Joff por todo el castillo y la granja.

Eran una familia junta y aunque en las noticias era un escandalo que la familia real no estuviera para la Navidad, habían roto el protocolo para poder disfrutar lo más importante en la vida.

El amor de una familia.

 

 

FIN 

Notes:

Y con esto damos por terminado este fic.
Espero que les haya gustado.

Si quieren más Jacegan vendrá con la semana Jacegan en noviembre, tengo una idea super loca que espero puedan leer.

Gracias por acompañarme en este fic, los adoro corazones.

Notes:

¿Qué les parece?
Comentarios se agradecerán mucho porque .. ¡¡Es mi primer Jacegan y ando nerviosa!!

Lo de la taza de café es una anécdota personal y sí, uno pasa un bochorno tremendo jajajajaja

Juhannus es el nombre finés del Midsommar, que es como se llama en Suecia.