Actions

Work Header

Más allá del tiempo

Summary:

Un portal se abre en medio del conflicto, trayendo del futuro a una niña que corre a los brazos de Yuuji llamándolo "Mami".
Sin comprender lo que sucede, Yuuji e incluso Gojo se ven obligados a enfrentar una verdad imposible: la niña es su hija, llegada de un futuro donde Sukuna ha ganado y el mundo está al borde del colapso.

Ahora, con el peso de la paternidad sobre ellos, ambos deberán descubrir qué llevó a la destrucción de ese futuro y, sobre todo, aprender a ser una familia en un presente donde apenas se soportan.

Notes:

Hola hola gente hermosa!!! Aquí un nuevo trabajo por el cumpleaños de nuestro solecito!!! Espero sea de su agrado

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

El aire aún estaba impregnado del rastro de la batalla. El evento de intercambio entre escuelas había sido interrumpido por la aparición de los espíritus malditos, y aunque Yuuji y Todou hicieron su mayor esfuerzo, la maldición había logrado escapar, la tensión aún vibraba en los huesos de los hechiceros. 

Todos estaban reunidos, recuperándose del enfrentamiento, cuando un sonido rasgó el aire como un trueno. Un portal negro apareció de la nada, pulsando con una energía densa y caótica. Los hechiceros se tensaron de inmediato, listos para luchar. Pero lo que emergió de él no fue un enemigo… si no una figura conocida

Maki Zennin o al menos, lo que quedaba de ella.

La mujer, notablemente mayor, se tambaleó fuera del portal, cubierta de heridas y con la ropa hecha jirones. Llevaba en sus brazos a una niña dormida, sosteniéndola con fuerza, como si su vida dependiera de ello. Lo cual, parecía ser así, pues la sangre no dejaba de escurrir de sus heridas.

Todos quedaron en shock.

— ¿Maki-san? — Megumi fue el primero en reaccionar, pero las expresiones de su amiga hicieron que sus palabras quedaran atrapadas en su garganta.

Esta versión de ella… parecía haber vivido un infierno, sus ojos reflejaban el cansancio de una feroz batalla, y sus heridas no auguraban algo bueno. Gojo, quien había estado observando la escena con sus habituales lentes oscuros, sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras se acercaba a la hechicera quien había caído al suelo en un sonido seco. Algo estaba muy mal. Maki, con los labios temblorosos, levantó la mirada hacia él.

—Gojo… destruye el portal… — Dijo antes de caer inconsciente en los brazos de su profesor.

Él no dudó, temeroso de lo que se avecinaba por ese portal, no tenía ganas de lidiar con ello. Preparó el púrpura y con un chasquido, el portal se cerró en una explosión de energía antes de que algo más pudiera atravesarlo.

Entonces, solo hubo silencio en la sala, nadie dijo nada, aun procesando lo que habían presenciado. Maki estaba inconsciente y en estado crítico, pero antes de que alguien pudiera reaccionar, la niña en los brazos de la alfa se removió, parpadeando con pesadez, la niña jadeo horrorizada al ver a la alfa en mal estado, se enfrió asustada antes de percibir un olor familiar a su alrededor, entonces, su mirada se encontró con Yuuji.

Sus ojos se iluminaron y, sin dudarlo, corrió hacia él con torpeza, como si lo reconociera.

—¡Mami! — Gritó la niña corriendo hacia él. El alma de Yuuji se congeló.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No estaba seguro de haber escuchado bien, pero antes de que pudiera reaccionar, algo pequeño y cálido chocó contra su cuerpo.

La pequeña se abrazó a su cintura con desesperación, enterrando su rostro en su abdomen como si quisiera que el calor del omega eliminara el horrible temor que la carcomía, estaba asustada y quería solo su madre. Por otro lado, para el omega el mundo dejó de existir por un momento.

Miró hacia abajo, su mente tardando en procesar la escena frente a él. Sus brazos, por instinto, se movieron para envolverla, pero su mente gritaba preguntas sin respuesta. ¿Por qué lo llamaba así? ¿Por qué se sentía tan… natural sostenerla?

Alrededor, los demás observaban en completo silencio. Incluso Gojo, que rara vez se quedaba sin palabras, no dijo nada. Yuuji tragó saliva. Su corazón latía con fuerza. 

No tenía idea de qué estaba pasando, pero lo único que importaba en ese momento era que esta niña estaba aterrada Y sin pensarlo, se inclinó para sostenerla con firmeza, como si pudiera protegerla de todo. Pero al levantarla, el gorrito que cubría la cabeza de la niña cayó al suelo. Largos y sedosos cabellos rizados de un suave color rosado cayeron como cascada sobre la espalda de la niña, pero no fue todo, pues al abrir los ojos, un jadeo colectivo resonó en la habitación pues la niña tenía algo que no podía ser ignorado.

Los Seis Ojos de Gojo.

El aire se volvió más pesado mientras todos veían atentos que hacer. Estaban paralizados, pues no creían lo que sus ojos veían.

—¿Pero qué…? —Gojo sintió por primera vez en mucho tiempo una punzada de confusión real.

Antes de que alguien pudiera procesarlo, Megumi se acercó a Yuuji, intentando evaluar la situación, pero apenas dio un paso hacia ellos, la niña se aferró más a Yuuji y tembló visiblemente aterrada. Yuuji sintió cómo su cuerpo reaccionaba antes que su mente, era como una corriente eléctrica que recorría todo su cuerpo y lo hizo soltar un fuerte y gran gruñido amenazante… protector.

Megumi se detuvo al oír el gruñido del omega. Sabía que Yuuji era un omega con características únicas, como grandes caninos, pero nunca pensó que se verían tan amenazantes al gruñir. Se paralizó al verse como una posible presa del instinto maternal de un omega.

—¿Itadori…? — Murmuró el beta asustado de la reacción de su amigo quien pareció reaccionar.

Yuuji parpadeó varias veces, como si acabara de despertar de un trance. Solo para ver a un impactado Megumi y a los demás con la guardia demasiado alta como para calmarse del todo.

—Yo… lo siento… — Murmuró mientras acunaba más a la niña entre sus brazos. Aún sentía su temblor.

No entendía que pasaba, jamás había sentido algo así, pero sus instintos aún estaban alterados. Algo dentro de él le decía que tenía que proteger a la niña quien sollozaba en sus brazos, su olor a cachorro se notaba ácido, en señal de su estado anímico. Fue entonces cuando Toge, con su habitual calma, se acercó a ambos y murmuró un simple:

—Duerme— Usó su ritual, pero sólo pareció afectar a la niña.

La niña cayó inconsciente en los brazos de Yuuji, y él, junto con todos los demás, finalmente pudo bajar la guardia. No sabía que pensar, una parte de él se sentía tranquilo de sentir la suave respiración de la niña sobre su cuello y el lento latir de su corazón, pero otra, aquella que era muy nueva para él, quería golpear a Toge por usar su ritual sobre la cachorra.

Gojo exhaló lentamente llamando la atención de todos, ahí notaron que la Maki del portal ya había sido llevada con Shoko, probablemente el alfa la llevó mientras todos se enfocaban en Yuuji y la niña. 

—Todos a la sala de reuniones. Hasta que sepamos qué está pasando, no quiero a nadie deambulando — ordenó con una seriedad rara vez vista.

Los estudiantes dudaron, pero al final, siguieron la orden, así pues, todos comenzaron a caminar a la sala contigua a la que estaban, pero el albino detuvo al pelirrosa al tomarlo del cuello de su uniforme, extrañamente, Yuuji no reaccionó mal, mucho menos cuando Gojo se inclinó hacia Yuuji, extendiendo los brazos.

—Voy a llevarme a la niña para revisarla— Dijo con su habitual tono animado para relajar el ambiente con el omega.

Pero apenas hizo el amago de tocarla, Yuuji reaccionó instintivamente, alejándose un paso y aferrando el cuerpo dormido de la niña en su pecho, su omega le gritaba que no dejara que se lleven a la niña ¡No podía permitirlo! Sus manos temblaban cuando murmuró:

—Aléjese… — amenazó Yuuji mostrando nuevamente los colmillos.

Gojo se quedó inmóvil. Había oído que el menor era de esos raros casos donde los omegas tenían características de betas, o de alfas, por lo que ver los grandes colmillos del omega fue una sorpresa. Hubiera sido más divertido bajo otro contexto, pero no era este el caso. Lo miró en silencio, evaluándolo, y luego bajó un poco las manos en señal de rendición.

—Bien… entonces vamos juntos — Dijo el alfa acercándose con cuidado al omega.

Yuuji, todavía alterado, solo asintió y se obligó a relajar su cuerpo, debía confiar en Gojo. Sabía que el alfa no les haría nada, pero, su omega seguía pidiendo que no se separarse de la niña. Gojo se acercó lentamente y con cuidado lo tomó de los hombros, los transportó en un instante, dejando a los demás con más preguntas que respuestas.

En la enfermería todo era un caos, los ágiles movimientos de los asistentes siendo ordenados por la doctora Ieri los recibió de inmediato.

Shoko estaba completamente concentrada en tratar de estabilizar a la versión futura de su amiga. Yuuji se quedó paralizado al ver la sangre, las heridas, se veía tan frágil mientras luchaba por su vida en esa camilla. Era como si pudiera morir en cualquier momento. La idea lo aterró e inconscientemente abrazó a la niña con fuerza mientras se preguntaba.

¿Qué clase de futuro habían vivido?

La alfa, quien parecía aún tener algo de conciencia, murmuró algo débilmente mientras posaba su único ojo a los dorados ojos del omega.

—Cuídenla… su nombre… es Kaori… Itadori Kaori… No dejen que la encuentre— dijo antes de caer nuevamente en la inconsciencia. 

Gojo sintió que la sangre se le helaba cuando vio la expresión de Yuuji. Era puro shock. Su rostro estaba pálido y sus ojos parecían que saldrían de sus cuencas. rápidamente se acercó para ver que estuviera bien. Los labios del menor se separaron ligeramente cuando susurró:

—Kaori… ese es… el nombre de mi madre— murmuró viendo a la niña. Gojo sintió una presión en el pecho al oír al omega.

Una niña con los Seis Ojos.

Una niña con el nombre de la madre de Yuuji.

Una niña que, en un futuro donde todo era incierto, llamaba a Yuuji "Mami".

Había muchas preguntas. Demasiadas, pero ahora mismo, lo único que importaba era salvar a la que habían llegado desde el infierno. Pensó que quizás había sido mala idea traer al menor ahí y llevarlo tras verificar que Shoko había estabilizado a la alfa, por ello, Gojo puso una mano en el hombro de Yuuji y lo guió fuera.

—Ocúpate de ella. Yo ayudaré a Shoko — pidió nuevamente con seriedad antes de entrar nuevamente a la enfermería, Yuuji solo asintió y se alejó con la niña en brazos.

El pasillo estaba en completo silencio. Afuera, el sol brillaba con calidez, el cielo azul invitaba a pasar un ameno día de relajación, pero no era su caso, aún se sentía como si fuera parte de una obra de teatro donde todo era falso, Yuuji se preguntó si era alguna clase de broma de su amiga por su peculiar forma de decirle que no murió en su misión en la prisión. Tenía miedo, pero trato de ser fuerte y se dejó caer en una de las bancas, con Kaori aún en su regazo.

Sintió un suave movimiento entre sus brazos, seguido de un pequeño bostezo. Era la niña quien despertaba de ese reparador sueño improvisado. Sus dorados ojos se encontraron con los azules de la niña quien con voz adormilada le dijo:

— Mami ¿Podemos ir a casa? — El corazón de Yuuji se apretó al oír su voz cansada.

¿Cómo podía decirle que "casa" ya no existía para ella? Ni él sabía si podría regresar a casa, solo pudo ver a la niña con un poco de pena antes de acomodarla en una posición más cómoda.

—Kaori… necesito que me digas algo sobre todo esto… — Dijo, pero la niña parpadeó, confundida.

—Mami ¿de qué hablas? ¿Es un nuevo juego? — preguntó la cachorra quien jugaba con su cabello.

Al omega le brillaron los ojos, claro, debía hacer sentir a la niña segura y un juego lo ayudaría a mantenerla calmada y a saber qué más pasaba.

—¡Si, Si es un nuevo juego… se llama: “Ayuda mamá a recordar cosas”! — dijo con esperanza en su voz, la niña soltó una risita y asintió

—¡Si, mami eres malo recordando cosas! — dijo la niña con una sonrisa que hizo al omega fruncir el ceño.

La niña volvió a reír al verlo hacer esa cara, su inocencia le hacía creer que no había nada malo, que el joven omega que la acunaba era su madre y estaba a salvo. Todo estaría bien mientras estuviera en los brazos de mamá.

—Bien, veamos… ¿Sabes quien es tu papá? — preguntó esperando una confirmación a algo que ya sabía la respuesta, pero quería oírla, aun así.

 

—No tengo papá… solo a Mami — respondió la niña. Yuuji sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Continuó de esa forma por largos minutos mientras escuchaba como el caos dentro de la enfermería mermaba y poco a poco algunos asistentes se iban retirando. Minutos en los que pudo descubrir grandes cosas: La primera, era que Kaori no sabía quién era su papá, solo que había muerto hace mucho, la segunda, no conocía a Satoru Gojo, pues estaba muerto. Hubieran seguido con ese “juego” pero entonces, Kaori se removió un poco y murmuró con voz somnolienta:

—Mami… tengo hambre… — La mirada azulada de la niña estaba fija en sus ojos dorados, era como si pudiera ver más allá de su ser.

El instinto se activó de inmediato. Su omega le insistía en alimentar a la niña, se sentía inquieto y muy abrumado ¿Era este el famoso instinto materno? Era raro y muy terrorífico, más decidido centrado en la pequeña entre sus brazos.

—Vamos a comer algo, ¿sí? — Dijo antes de ponerla de pie, pero las débiles piernas de la niña no soportaron su peso y cayeron al suelo.

Yuuji se alarmó, sin embargo, la niña aseguró estar bien, cosa que no convenció al omega, así que sin dudarlo, la cargó y se puso de pie mientras le preguntaba que se le antojaba para comer. Kaori sonando inocente y pidió las famosas albóndigas del omega, ambos rieron pues pensaron lo mismo. A lo lejos, Yaga observó la escena y con cuidado llamó la atención del pelirrosa quien lo saludó formalmente.

—Llévala a la cafetería. No debe ver lo que está pasando aquí dentro — Sugirió el beta al oír un poco más de ruido en la enfermería.

Mientras Yuuji se alejaba, escuchó a Gojo hablar con voz grave.

—Esto es peor de lo que pensamos. Cayó en coma, casi la perdemos. Está grave… Shoko quiere darte más detalles — escuchó el omega.

El mundo de Yuuji se tambaleó al oírlo, y un nuevo nudo se formó en su estómago. Todos estos horribles eventos solo le hacían preguntarse el horrible futuro que se avecinaba, y que era a lo que su superior se enfrentó, y mientras apretaba un poco más a Kaori contra su pecho, se prometió algo: No iba a permitir que ese futuro se hiciera realidad.

—Mami ¿Estás nerviosa? — preguntó la niña al ver su rostro.

Sintió las suaves manos de la niña acariciando su rostro como si fuera algo normal para la niña dichas acciones. Entonces se preguntó si así era en el futuro, pero negó deshaciéndose de esas ideas, por lo que solo respondió.

—No, solo pensaba si te gustaría un poco de jugo— mintió haciendo sonreír a la niña quien lo abrazó con fuerza.

Haría lo posible por mantenerla a salvo, su omega le pedía cuidarla y sinceramente ¿Quién era él para rechazar dicha orden? En especial cuando Kaori parecía dependiente de él.

 

Chapter 2: Un pequeño caos

Summary:

Mientras Yuuji trata de sobrellevar la situación, nada le sale bien cuando la pequeña revela información que nadie esperaba.

Los estudiantes se enfrentan a un pequeño gran caos!

Notes:

He vuelto!!! Y ahora con un auto regalo de cumpleaños!!! JAJAJA

La edad me está matando, pero no evita que escriba un capítulo nuevo!!
Gracias por su apoyo! Los amo!!!

Chapter Text

 

El aire en la cafetería se detuvo por un momento cuando Yuuji apareció en la puerta, con Kaori en brazos. Los murmullos comenzaron a llenarla al instante, todos sorprendidos al ver a la niña que era tan idéntica a él y a Gojo. La pequeña, con su cabello rosado y ojitos celestes, miró curiosamente a los presentes, reconociendo las caras que veía, pero lo que más llamaba la atención era su semblante tranquilo, como si ya hubiera estado en ese lugar antes. La tensión se sentía en el aire.

—¿Es... es ella? — murmuró Nobara acercándose y mirando fijamente a la niña.

Yuuji asintió lentamente, un nudo en la garganta. 

—Sí... Su nombre es Kaori, Itadori Kaori— presentó el omega a la niña.

La niña, al escuchar su nombre, levantó la cabeza y sonrió tímidamente a los presentes moviendo su pequeña mano. Sin embargo, fue en ese preciso instante cuando algo inesperado ocurrió. Su mirada se detuvo en un alfa del grupo, un gigante de fuerza bruta y con una personalidad arrolladora.

—¡Padrino! — exclamó Kaori, señalando a Todou con entusiasmo.

El silencio reinó por varios segundos, hasta que el alfa de gran tamaño habló.

—¿Qué dijiste, pequeña? —pregunta Todo, inclinándose un poco con el ceño fruncido.

Kaori sonríe, ajena al caos que acaba de desatar.

 

—¡Padrino! ¡Mami es mi padrino Todou! — gritaba la niña con una sonrisa enorme en su rostro. Sus ojitos brillaban con intensidad.

Yuuji está al borde de un colapso nervioso. ¿Qué demonios está pasando? Mientras tanto, Nobara y los demás están procesando la información a velocidades diferentes. El omega puede jurar que incluso vio un poco de humo sobre la cabeza de la castaña frente a él.

—No, no, espera un momento —interviene Nobara, señalando a Todou con incredulidad—. ¿TÚ? ¿Padrino? — incrédula se hace a un lado solo para juzgar más al alfa.

—¡Por supuesto! —exclama Todou, como si de repente todo tuviera sentido— ¡Si esta niña es la hija de mi brother, es obvio que me convertiría en su padrino! — dice con un orgullo evidente.

Yuuji lo mira, horrorizado, poniéndose aún más pálido mientras tambalea como una hoja y no ayuda que Kaori no para de llamar “padrino” al alfa.

—¡Yo no sé nada de esto! — exclama el omega con fuerza, pero la cachorra y el alfa lo ignoran.

El caos en la cafetería es absoluto. Algunos ríen, mientras otros solo pueden darle el pésame a Itadori por su situación con Todou. Mientras tanto, Megumi se lleva una mano al rostro, sintiendo una migraña formarse. Panda y Momo están entre el asombro y la diversión. Mientras tanto, Kaori sigue sonriendo, completamente ajena a lo que acaba de provocar.

Megumi, que es observador por naturaleza, capta que la niña actúa instintivamente como si Todou fuera alguien de confianza, lo que solo ocurre cuando un cachorro está rodeado de olores de su manada. Y eso solo puede significar una cosa: en el futuro, Yuuji y Todou son más cercanos de lo que pensó.

Mientras Nobara y Mai se ríen hasta las lágrimas, burlándose de cómo Todou ahora tiene que cuidar a "Mami y la cachorra" a palabras del gigante alfa, el de ojos verdes está en otra sintonía. No puede evitar mirar a Yuuji con una mezcla de duda y preocupación.

—¡Suficiente! — exclama el omega dejando en el suelo a la pequeña, asegurándose de que no fuera a caer nuevamente —Primero, las manos —le dice con suavidad, guiándola hacia el lavamanos. Kaori obedece sin dudar, como si esta rutina ya fuera familiar para ella.

Cuando regresan, Yuuji le ayuda a sentarse en la mesa, asegurándose de que esté cómoda antes de servirle un plato de comida. El estómago de todos gruñe al oler la deliciosa comida del omega ¡Se veía apetitoso! Si, sintieron celos de la niña al comer semejante manjar.

—Aquí tienes, pero no comas tan rápido, ¿sí? —le dice con una sonrisa, sirviendo las albóndigas, por suerte, había hecho un poco en la mañana.

Kaori asiente, pero se nota que aún está nerviosa. Yuuji lo nota y, sin pensarlo mucho, se sienta a su lado y empieza a tararear una pequeña canción infantil mientras le revuelve el cabello con cariño. Kaori, como reflejo, empieza a seguir la melodía, y poco a poco, la tensión en sus pequeños hombros se desvanece, así entonces, la pequeña comienza a comer mientras el omega sigue brindándole suaves mimos que hacen a la niña reír.

Mientras tanto, el resto de los hechiceros en la cafetería se están conteniendo para no llorar. Nobara y Maki se agarran de los hombros mutuamente, mordiéndose los labios para no soltar un chillido. Toge no pierde ni un segundo en grabar la bella escena frente a ellos. Panda se tapa el hocico como si fuera demasiado para él. Megumi, aunque con los brazos cruzados y fingiendo indiferencia, no puede dejar de notar lo natural que se ve Yuuji en ese papel y Todou… Todou está con los ojos brillando de emoción.

—Mi mejor amigo es el mejor Omega del mundo —susurra con orgullo, mientras lágrimas masculinas amenazan con caer.

mientras todos en la cafetería seguían en su burbuja de emociones por la escena de Yuuji cuidando a Kaori, fue Maki quien notó cómo la niña sujetaba su pequeña mochila con fuerza, no pudo evitar sentir curiosidad por lo que se acercó.

—Maki, no deberías… — murmuró Nobara, pero Maki ya había caminado hacia la niña.

—¿Qué tienes ahí? — preguntó con suavidad, observando la mochila de Kaori.

Los ojos azules de la niña miraron a Maki, luego a Yuuji, como si estuviera buscando su aprobación. Finalmente, la niña susurró:

—Mami me dijo que solo debía verlo el Sensei Gojo... — dijo nerviosa apretando la mochila con más fuerza.

—Tranquila, soy yo, la “tía Maki” — dijo la alfa con una sonrisa, intentando tranquilizarla —No soy tan mala, ¿verdad? — intentó bromear. Kaori dudó por un momento, pero luego negó con la cabeza. 

—No... la tía Maki tiene cicatrices, y tú no... Además la tía no tiene hermanas — dijo viendo a Mai —¿Eres familia de ella? ¿Se llaman igual? — preguntó la niña inocentemente.

Los seis ojos podía permitirle notar que algo dentro de las dos chicas eran similares, casi como un reflejo de la otra y en su inocencia no veía nada de malo decir eso, pero la bomba ya había explotado, el aire en la habitación se volvió denso. Todos se quedaron en silencio, procesando las palabras de la niña. Maki, desconcertada, se apartó un paso, sin saber cómo reaccionar. 

—¿De qué estás hablando? —murmuró nerviosa sin dejar de ver a su hermana —¿Mi hermana? — su voz fue un murmullo.

Después de la bomba que acaba de soltar la pequeña pelirosa sobre Mai, el ambiente en la cafetería es denso. Mai se ha quedado muda y se refugió junto a Momo, Maki se ve al borde de la ira o la desesperación, y Yuuji se muerde el labio con angustia, pensando en qué hacer.

Entonces, Todou toma la delantera, pues se acerca a la niña y se agacha al nivel de Kaori, con una sonrisa confiada, como si no hubiera tensión en el ambiente.

—Oye, pequeña, si solo puede verlo el sensei Gojo, eso significa que es algo muy importante, ¿no? — pregunta con suavidad.

Kaori asiente, abrazando la mochila con fuerza.

—Mucho… Mami dijo que es importante — responde antes de ver al omega.

—Lo entiendo, lo entiendo —asiente Todou con seriedad— Pero el Padrino Todou también es muy importante. ¿Qué tal si me lo muestras a mí? Será un secreto entre nosotros — dice como si realmente fuera un secreto.

Kaori duda, pero la forma en que Todou habla la tranquiliza. Lo piensa por un momento y luego, con manos temblorosas, abrió la mochila. Todo observa con curiosidad mientras Kaori mete sus manitas dentro de la mochila y saca un par de objetos.

Primero, un celular. Está viejo, desgastado, con golpes en la carcasa y la pantalla con algunas grietas. Pero cuando Kaori lo enciende, es casi un milagro que funcione, pero Yuuji se tensa. Ese celular… es el suyo es el mismo que tiene en el bolsillo.

—¿Dónde conseguiste eso? —pregunta con la voz más suave que puede, pero Kaori se limita a abrazarlo con fuerza, negándose a soltarlo.

—Es de mami… es de mi mami —responde con terquedad, como si no entendiera por qué Yuuji pregunta algo tan obvio.

El peso de sus palabras cae sobre él. Nuevamente la niña lo llama su madre, no sabe cómo reaccionar nuevamente. Luego, Kaori saca algo más se trata de un diario negro, con el borde gastado por el tiempo. Toge, que hasta ahora ha estado en silencio, se acerca un poco más, con el ceño fruncido. Cuando sus ojos leen el nombre grabado en la tapa, suelta un sonido bajo, entre sorprendido y tenso.

—¡Salmón, hojuelas de bonito! — exclama, pero todos entienden lo que dice: Es el diario de Yuta.

El aire se siente más pesado nuevamente, cada vez hay más sorpresas y la niña es emisaria de ellas. Entienden que deben ir con mayor cuidado, al ver a las gemelas con los ánimos caídos era evidente que debían tener cuidado de preguntarle a la niña. La inocencia de Kaori, era su mayor arma.

Todou decide que es suficiente ya ha sido mucho por un día – o suficiente para una sola hora- Lo que han descubierto hasta ahora es demasiado, y pueden seguir sacando información después cuando sepan como tratar con una niña que no sabe medir sus palabras.

—Bien, pequeña, ya viste que Padrino Todou es alguien de confianza, así que ahora guarda todo otra vez, ¿sí? — dice el alfa con calma, pero Kaori niega con la cabeza.

—No — dice ella como si quisiera decir algo más.

Antes de que puedan detenerla, sus deditos desbloquea el celular con facilidad. Como si lo hubiera hecho mil veces antes. El omega no sabe qué le asombra más: que la niña desbloquee su celular con facilidad o que en cinco años la contraseña sea la misma.

La pantalla se ilumina, mientras Kaori busca algo en el celular hasta dar con eso que buscaba, se trataba de una fotografía, la cual se la muestra al alfa. Todou se queda en silencio, pues en la imagen aparece un hombre alto, con el cabello rosado y cicatrices en la cara. Tiene un parche negro donde debería estar su ojo izquierdo.

Yuuji y Todou tardan un segundo en comprenderlo. Es Yuuji, o, mejor dicho, su versión del futuro, pero su atención pronto se desvía a la persona a su lado. Se trataba de un hombre de piel pálida, cabello negro atado en dos coletas altas y una marca sobre la nariz. Tiene cicatrices de quemaduras en el rostro y su expresión es seria, pero su postura sugiere confianza.

—¿Quién es él? —pregunta Yuuji, sin despegar la vista de la imagen.

Kaori lo mira con sorpresa, frunciendo el ceño como si su "madre" estuviera diciendo algo ridículo. Para ella era imposible que su madre no reconociera al hombre, era casi un sacrilegio para ella.

—Pero mami… es el tío Choso — dice la niña antes de reírse — ¡Si que eres malo recordando cosas! — se burla recordando el juego. 

—Si, soy muy malo… ¿Me recuerdas quien es? — pregunta mientras tiembla de nervios.

—Mami, es el tío Choso… Tu hermano mayor ¿Enserio lo olvidaste? — responde Kaori con burla.

Yuuji siente un escalofrío recorrerle la espalda. Nuevamente el silencio reina en la habitación.

—¿Mi… qué? — cuestiona a lo que Kaori ladea la cabeza, confundida.

—¡Tu hermano mayor! —repite, como si fuera lo más obvio del mundo.

El acuerdo mutuo de no volver a preguntar nada fue solemne, todos estuvieron de acuerdo y mantuvieron la boca cerrada por más de una mientras la niña terminaba de comer e incluso jugaba en el viejo celular. Aún estaban tratando de procesar todo lo que está pasando.

Pero Todou no pudo contenerse por más tiempo tratando de no sentirse un poco celoso al escuchar a Kaori mencionar a Choso como si fuera un mejor tío que él. Después de todo, Todou acaba de obtener el título de "padrino," pero ahora parece que tiene competencia, ¡y esa competencia es nada menos que un tipo del cual no sabían que existía!

El alfa de gran tamaño comienza a reír de manera exagerada mientras todos lo miran con curiosidad, Kaori, ajena a los celos de su "padrino," simplemente se ríe tratando de imitar al alfa, acostumbrada a su extraño actuar.

—¡Vaya, vaya! No puedo creerlo, brother ¿Me estás diciendo que este tipo es tu hermano mayor? —y, en un susurro, agrega—: ¡Que me devuelvan mi título de padrino! — pide como si fuera algo de orgullo.

El tono juguetón de Todou al principio parece relajado, pero en su interior, los celos empiezan a crecer. Quizás este "hermano" de Yuuji tiene algo que no puede competir con él. Pero, por supuesto, a la niña, la dinámica entre los adultos siempre le ha parecido graciosa, Todou y Choso siempre pelean por su madre.

Nobara no soporta igual y le grita a Todou que ella es la verdadera madrina de Kaori, pero Todou la ignora diciendo que él merece dicho título, de esa forma, comienza una discusión entre el alfa y la omega.

Yuuji observa el tira y afloja entre ellos con una mezcla de diversión y desconcierto. Nunca pensó que después de todo lo que ha vivido, se encontraría en una situación tan extraña, en la que su vida está llena de secretos, celos y misterios que apenas está comenzando a comprender, a su lado, Kaori ríe divertida.

Megumi, cansado de escuchar el desorden entre Nobara y Todou, trata de poner algo de orden, por lo que levanta la voz para hacer que se calmen, pero la situación cambia cuando la pequeña Kaori reacciona al oírlo levantar la voz. Aterrada por el ruido, se tira al suelo, abrazando sus rodillas mientras su rostro se llena de lágrimas. 

—¡No! ¡El hombre malo! — Grita, con la voz quebrada, completamente asustada, mientras sus ojitos se centran en Megumi, percibiendo algo que solo ella puede identificar. —¡Aléjate! — llora desesperada.

Todo el ambiente se congela un segundo. Los ojos de Yuuji se abren como platos. Sus instintos se disparan al instante. ¡No puede permitir que la niña, quien tan desesperadamente lo necesita, se sienta aterrada por algo tan sencillo como Megumi! Algo dentro de él se rompe, y sin pensarlo, Yuuji reacciona de forma protectora, sin entender del todo por qué se tira junto a la niña tratando de llamar su atención.

—¡Kaori, está bien! ¡No dejes que te asusten, ya pasó! —le dice con voz suave, pero firme, mientras la abraza rápidamente.

El resto de los presentes se queda completamente estupefacto por la escena. Yuuji, quien normalmente no muestra este tipo de vulnerabilidad, está actuando como una madre protectora instintivamente. Megumi avanza con una mirada más suave, intentando calmar la situación. 

—Kaori, lo siento si te hice sentir incómoda... solo quería... — Pero antes de que termine la frase, la atmósfera cambia drásticamente. 

Kaori que había estado abrazada a Yuuji, de repente se tensa. Su cuerpo se rigidiza, y los ojos Seis Ojos brillan con intensidad y para asombro y miedo de todos, sus bellos ojos se tornan rojizos, una clara señal de que algo iba a ocurrir.

—¡NO! —grita, su voz se quiebra mientras sus pequeñas manos se levantan hacia Megumi.

Noritoshi, quien se mantuvo al margen, reacciona rápidamente al notar la postura de la niña, pero es demasiado tarde. Un rayo de sangre perforante surge de las manos de Kaori, como si fuera una extensión de su voluntad. La onda de sangre se lanza rápidamente hacia el pelinegro, quien apenas tiene tiempo de reaccionar.

El impacto es directo, pero por suerte, Megumi se agacha justo a tiempo, dejando que la bala de sangre pase por encima de su cabeza. Sin embargo, el poder de Kaori es tan intenso que el mismo aire se siente como si fuera cortado por la velocidad de la sangre.

—¡Kaori, basta! — grita Yuuji, sosteniendo con fuerza a la niña, quien está aterrada y respirando de forma acelerada —No es malo, no tienes que hacerle daño — pide mientras trata de luchar contra su propia desesperación.

Kaori no parece escuchar. Sus ojos se inundan de un poder descontrolado, y el aura a su alrededor se vuelve casi palpable, como si estuviera desbordándose de energía. Y eso no pasa desapercibido para Gojo, quien llega tan rápido como sintió la onda de energía y quien observa con preocupación la escena.

—¿Qué acaba de pasar? — pregunta Gojo, mientras su mirada se fija en la niña —¿Hizo esto? — pregunta incrédulo señalando los daños.

Un escalofrío recorre el grupo, pues ahora todo cobra más sentido. Kaori, esa niña tan inocente, no solo tiene los Seis Ojos, como Gojo, sino que también tiene un poder destructivo que podría poner en riesgo a todos si no aprende a controlarlo. Además, con la reacción de la niña hacia Megumi, queda claro que algo en su subconsciente la obliga a verlo como una amenaza.

Yuuji, aún con la niña en brazos, se siente completamente perdido, sus instintos aún lo guían, pero ahora la sensación de descontrol la invade. ¿Cómo protegerla de ella misma, de un poder tan grande que parece haberse desatado de forma casi accidental?

La tensión en la cafetería aumenta a medida que Kaori sigue llorando, sus pequeños sollozos llenando el espacio mientras se aferra a Yuuji, temblando de miedo. La niña, tan pequeña y vulnerable, no sabe cómo controlar el poder que acaba de desatar y ahora está completamente desbordada por el miedo y la confusión. Ella solo sabe una cosa: necesita a Choso.

—Tío Choso... Tío Choso... — repite entre sollozos, como si su corazón estuviera pidiendo ayuda, pero sin comprender por qué su cuerpo responde de esta manera.

Yuuji siente una diferente clase de pánico al ver a la niña tan frágil, sin saber cómo calmarla. No quiere caer en la desesperación, pero no puede evitar comenzar a sollozar él también al no saber cómo ayudar a la pequeña. A su pequeña.

Pero hay algo extraño en la atmósfera. Gojo, quien siempre ha sido el primero en acercarse y tomar el control de cualquier situación, no da un paso hacia la niña. De hecho, parece evitarla, manteniendo una distancia que no es propia de él. El hombre que ha sido el mentor de Yuuji y que siempre ha tenido un enfoque directo ante cualquier desafío, ahora parece rechazar la cercanía con la niña.

Yuuji lo nota inmediatamente, aunque no entiende el por qué. Gojo está quieto, de pie, en silencio, observando a la niña con una expresión que mezcla preocupación y desconfianza, algo que no es común en él. La presencia de Kaori lo ha dejado inquieto, y eso genera una sensación incómoda entre los demás, que empiezan a notar la misma tensión.

—¿Gojo-sensei, por qué no...? — comienza a preguntar Yuuji, pero se detiene, como si no quisiera presionar más a su maestro. 

—Tío Choso... por favor, ven... ayúdame... — llora aún más fuerte, temblando, buscando desesperadamente algo que la tranquilice. Yuuji, aunque intenta abrazarla más fuerte, siente que el poder de la niña lo roza de manera peligrosa, como si no estuviera bajo su control, y no sabe cómo detenerlo.

—Kaori... tranquila... estamos aquí... — intenta consolarla, pero en el fondo, la confusión se apodera de él. No entiende por qué Gojo se mantiene distante. Él siempre ha sido el que da seguridad a todos, y ahora parece alejarse de la situación.

—¿Qué pasa, Gojo? ¿Qué debemos hacer? — pregunta un poco más desesperado al no ver reacción alguna por parte del alfa.

Pero Gojo no responde. Permanece quieto, mirando a Kaori con una mezcla de inquietud y sospecha, como si no pudiera acercarse por una razón que nadie más entiende. Su expresión es un enigma. Nadie se atreve a preguntar directamente, pero la tensión crece aún más con cada segundo que pasa.

Gojo no sabe cómo lidiar con lo que está sucediendo. Al ver a Kaori, algo en su interior le impide acercarse. No entiende cómo ni porqué, pero el hecho de ver a la niña, con esos ojos, con esa energía le produce una sensación de desorientación profunda. Su mente da vueltas, preguntándose cómo esto pudo haber sucedido, cómo él y Yuuji pudieron haber tenido una hija en un futuro no tan lejano.

Con un gesto casi imperceptible, Gojo toma de los hombros a Megumi, quien lo observa confundido, y lo empuja suavemente hacia la puerta de la habitación.

—Vamos, Megumi. Fuera de aquí — La voz de Gojo suena firme, aunque algo vacía. No le da más explicaciones, simplemente actúa como si todo estuviera bajo control. Kaori lo observa mientras se aleja, sus ojos llenos de una mezcla de tristeza y temor.

El impacto de la salida de Gojo y Megumi es inmediato. La cachorra parece relajarse un poco, como si al perder la figura de los dos hechiceros, su mente comienza a calmarse, aunque todavía busca desesperadamente a Choso.

—Tío Choso, por favor... Tío Choso…— La niña susurra entre lágrimas, su pequeña voz quebrada. Yuuji, al ver que la pequeña empieza a calmarse un poco comienza a acariciar su espalda con cuidado casi como si estuviera tratando de ser una madre, aunque no sabe cómo.

Pero la tensión sigue presionando sobre él. ¿Por qué está tan asustado? El amor que siente por Kaori parece natural, como si hubiera estado preparándose para ser su figura materna desde siempre, y aún no puede entender por qué Gojo reacciona de esta manera ante su hija.

En ese momento, Toge aparece de nuevo. Sin decir una palabra, se acerca a Kaori con su hábil ritual. Con un suave susurro, utiliza su habilidad para hacerla dormir nuevamente, sabiendo que, de lo contrario, la niña podría perder el control una vez más. Yuuji comprende que no pueden seguir adelante con la situación de esa manera. De repente, oye una voz en su mente, una voz que ya le es familiar y al mismo tiempo aterradora.

—Tu hija es una digna heredera de mí. Me pregunto que tan divertido será tenerla— 

Es la voz de Sukuna, resonando en su cabeza como un eco oscuro. ¿Qué significa esto? No sabe si la voz es una alucinación o si está ocurriendo algo mucho más siniestro que él no comprende. Yuuji siente un escalofrío recorrer su columna. La presencia de Sukuna se siente más real que nunca. Yuuji está a punto de gritar, pero se detiene. 

—No quiero que nadie más lo sepa. No quiero que nadie más sepa lo que realmente está pasando — Piensa, La promesa de proteger a Kaori, a pesar de todo, es más fuerte que cualquier miedo o duda que tenga.

 

Chapter 3: Recuerdos de un futuro lejano

Summary:

Tras el caos en la cafetería, los jovenes hechiceros se encuentran con información que pone en duda el origen de Kaori.

Notes:

Holaa gente hermosa!!!
Sé que dije que no estaba segura de actualizaciones seguidas, peeero ya no podía aguantar más JAJAJA
Les dejo este pequeño capitulo con mucho amor y cariño!! los amo!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Su mente estaba en blanco. Hacía mucho había dejado de escuchar a todos a su alrededor, más el suave respirar de la pequeña entre sus brazos era lo único que podía distinguir con claridad. Siente su frágil cuerpo respirando suavemente, tanto así que, por un instante piensa que dejó de respirar, pero no es así. Se tranquiliza al ver su pecho subir y bajar.

Entonces, siente una mano sobre su hombro. Alertado, se giró con brusquedad para encarar a quien sea, pero solo era Todou. El alfa se había acercado para asegurarse que todo estuviera bien, o algo así.

Pronto, vio a los estudiantes de Kioto mirarlo duramente, juzgándolo con la mirada. Se sintió vulnerable ante esas frías miradas de los jóvenes hechiceros, así que volvió a fijar su mirada en la niña, la cual buscaba su calor al acurrucarse entre sus brazos. 

Sintió un extraño nudo en su estómago al ver los rastros de lágrimas sobre las sucias mejillas de la pequeña, sus rizados cabellos rosados estaban hechos nudos, se veía demasiado vulnerable, demasiado frágil.

—Tenía miedo— murmuró tras un largo silencio. Sin saber si hablaba de Kaori o de él — No sabía qué hacer— dijo en ese mismo tono lastimero.

—No es tu culpa, nadie nace sabiendo ser padre— alienta el alfa poniendo su chaqueta sobre los hombros del omega.

Se puso de pie con la ayuda de Toge y Todou, quienes lo sostenían a cada lado. Aún llevaba a Kaori en brazos, incapaz de soltarla por miedo a que algo le pasara.

—Y-yo… quiero ir a descansar… — dijo el omega mientras caminaba a la salida.

Fuera de la cafetería, Gojo hablaba con Megumi quien tampoco sabía cómo aclarar lo que había sucedido. Se sentía terrible al haber asustado de esa forma a la niña, debió haber tomado en cuenta que la niña aún venía alterada por su caótico viaje. Apretó los puños tratando de que la vergüenza no se reflejase más en su rostro.

Pero algo tampoco estaba bien. Gojo normalmente hubiera corrido en ayuda del pelirrosa, pero no fue así, se quedó de pie mientras Itadori batallaba con la niña. Lo dejó solo y prefirió sacarlo antes de buscar la forma de calmar todo, lo cual era extraño. Su benefactor actuaba extraño y eso no le agradaba.

Fijó su mirada en el alfa que ponía al tanto a la maestra Utahime de lo sucedido. Se veía tenso, demasiado rígido como para sospechar que se iría en cualquier momento. Entonces, escuchó unos pasos, era el omega quien llegaba con la inconsciente niña entre sus brazos.

—Itadori…— murmuró el beta tratando de dar un paso, pero se detuvo al ver su pálido rostro.

—¡Dios mío, Niño! — escuchó jadear a la beta quien rápidamente se acercó al pelirrosa —Ven, te voy a llevar con Shoko… estarán bien — dijo la mujer mientras se alejaban por el pasillo.

—Megumi, les encargo la limpieza— Dijo el alfa antes de desaparecer en un parpadeo.

El beta rodó los ojos, sabiendo que iba a pasar, Gojo y su falta de responsabilidad. Vio a los de Kioto salir de la cafetería, lo entendía, su apetito también se arruinó por todo lo que había pasado. Sin más remedio, entró a dicha área, solo para ver a sus compañeros limpiar el lugar. Maki y Toge barrían los vidrios rotos, mientras Nobara y panda movían las mesas.

—Que desastre— murmuró antes de acercarse a la Castalla y al panda.

Tardaron cerca de treinta minutos en que todo quedara medianamente presentable, claro alguien debería arreglar el agujero en el techo, justo donde el ataque de Kaori acertó, pero eso ya nos les concierne a ellos.

—Oigan miren esto— llamó Nobara a todos.

—¿Ese es el celular de Itadori? — cuestionó Panda al ver el viejo celular entre las manos de la omega.

Para su sorpresa, la omega mostró una fotografía. Eran Itadori y la pequeña. Su compañero y amigo se veía mayor, un poco más adulto, sus rasgos se veían más endurecidos, había dos evidentes cicatrices en su rostro, una sobre su ceja y la otra en la comisura de su labio y junto a él, estaba la niña quien sonreía a la cámara. El afecto en los ojos del omega eran evidentes hacia su pequeña cachorra.

—No deberíamos revisar esto— Trató de razonar la alfa, pero la curiosidad la hizo pasar a la siguiente foto.

En ella se veía a la pequeña junto a un rostro bien conocido para los de segundo año: Yuta Okkotsu, quien sostenía entre sus brazos a la niña. Ambos sonreían a la cámara, por lo que sospecharon que fue alguien más que tomó la fotografía y, así como con el omega, Yuta se veía mayor, más alto y rasgos más adultos, lo que más destacaba era la cicatriz en su frente.

Así, pasaron por varias fotografías, muchas de ellas eran Itadori y Kaori, en otras eran solo la pequeña pelirrosa, ya sea en compañía de alguien más o solo ella. Muchas eran enternecedoras, en especial en las que se notaba la cercana relación entre ella y su madre. 

Todos suspiraron enternecidos, pues realmente se notaba el cariño del pelirrosa por su hija, pero entonces, notaron algo, si bien había rostros conocidos y otros no tanto, la ausencia de dos rostros muy conocidos era evidente.

—No veo a Satoru o Megumi en ninguna— dijo el panda señalando lo obvio.

—¡Es imposible, debe haber alguna! — exclamó la omega mientras buscaba más.

Pero nada, no había rastros de algo que indicara que ellos dos continuaron junto a ellos en el futuro. El miedo a algo peor comenzaba a flotar en el aire. Debía ser un error y seguramente era por la timidez del beta que no saliera en ninguna, pero entonces ¿Y Gojo? Era entendible la timidez del pelinegro, pero no en el caso del alfa.

El miedo de todos hizo que comenzaran a bajar cada vez más en las fotografías. Sin saber que retrocedían el tiempo en ellas. Finalmente, una en particular hizo que el celular casi cayera de las manos de la omega. 

Era Itadori, en una cama improvisada con un viejo futón, su expresión cansada, tenía las mismas cicatrices, aunque aún poseía su ojo, lo cual evidenció el brillo en ellos, pues entre sus brazos estaba la pequeña niña, pero esta vez era una pequeña bebé, probablemente tenía poco de nacer.

—23 de agosto, 2019— Leyó Nobara la fecha — Creo que voy a vomitar— admitió la castaña.

—¿2019? ¿En un año? ¿Eso quiere decir que…? — murmuró Megumi tan pálido como su amiga.

—Itadori debió haber quedado en estado cerca de diciembre…— razonó la alfa mientras se dejaba caer en una de las sillas.

Toge decidido a conocer más, le arrebató el celular a la omega y comenzó a ver más fotografías. Quizás era el morbo o la curiosidad, pero todos se arremolinaron cerca del cenizo para continuar viendo las fotografías, y para su sorpresa, se toparon con un video. Nerviosos le dieron “play” y esperaron.

“Un leve pitido, seguido por un parpadeo de luz. La imagen se estabiliza un poco más acorde a la escasa iluminación del lugar.

Un espacio amplio, oscuro, con muebles cubiertos de polvo. A la izquierda, una mesa improvisada con un pequeño bizcocho sin glaseado. El video se sacude ligeramente antes de enfocar a Nobara.

—Silencio…— dice en un susurro emocionada —Ahí vienen— la cámara enfoca sus temblorosas manos.

La cámara se mueve abruptamente, desenfocando la imagen antes de centrarse en la entrada. Lentamente a la distancia, dos figuras aparecen de entre las ruinas de lo que parece ser un centro comercial. El zoom se ajusta para enfocar a Choso, caminando firme, sujetando a alguien con cuidado, se trata de Itadori quien está vestido con ropa holgada y una venda sobre los ojos.

El video titubea, alguien detrás de la cámara suelta una respiración temblorosa, como si contuviera la respiración. La cámara se sacude un poco antes de volver a estabilizarse.

Itadori avanza con pasos lentos, sujeta la mano de su hermano con fuerza. La otra está sobre su vientre abultado. Por su tamaño es fácil deducir que se trata de una etapa cercana al final del embarazo.

—¡Felicidades! — Se escucha de golpe.

La imagen se sacude cuando Yuuji se quita la venda con lentitud. Los ojos del omega tardan en ajustarse a la luz, parpadea un par de veces. Pero no se abren con sorpresa y en cambio, su rostro se mantiene inexpresivo.

La cámara capta las paredes despintadas, la ropa de bebé sobre los estantes, la cuna vieja y arruinada en un rincón.

—¿En serio? ¿Un baby shower en una tienda abandonada? — dice Itadori con una sonrisa suave, la voz ligera.

La cámara se mueve rápido hacia Yuta quien da un gran paso hacia enfrente y levanta los brazos como si revelara la más grande sorpresa del universo.

—¡Una tienda para bebés!— Suelta con energía. —Así que elige lo que gustes. El cachorro está cerca y queremos estar listos— Dice mientras tomaba el bizcocho de la mesa y la acercaba al rostro del omega.

La imagen tiembla cuando Itadori suelta una risa baja antes de soplar a la única vela del bizcocho, pero el video capta cómo su sonrisa no llega a los ojos, es perceptible el cansancio en esas joyas doradas. Un silencio apenas perceptible rodea a todos cuando la cámara enfoca la mano de Itadori. Aún sobre su vientre, sosteniéndose a sí mismo, solo para después escuchar un sollozo proveniente del omega.

El temblor en sus hombros es evidente, así como se aferra más a la mano de su hermano quien solo masajea su espalda. El video se tambalea cuando Nobara se acerca y lo envuelve en un abrazo.

—Me hubiera gustado que fuera diferente…— Murmura el omega. —No era así cómo debía ser…— Llora.

La cámara tiembla más fuerte a causa del llanto de quien sea que grabe la escena, pues se escucha un sollozo fuera de cuadro.

—Hey… Sé que ellos querrían que disfrutaras esto…— Nobara toca el vientre con cuidado. —¿Recuerdas? Satoru si es niño, y Kaori si es niña — Murmura con cariño.

Itadori asiente, pero el video capta cómo su garganta se mueve cuando traga saliva en un intento de callar sus emociones, y de nueva cuenta, la cámara se mueve lentamente cuando Itadori camina hacia un estante.

Su mano, temblorosa, toma un peluche, se trata de un tigre blanco. Las manos de Itadori se aferran con fuerza al juguete.

El video se vuelve borroso cuando una lágrima cae en la lente.”

El video termina en el momento en el que el omega muestra el peluche a la cámara. Para ese momento los estudiantes son un mar de lágrimas, los lastimeros sollozos del omega los hirieron de una forma que no podían describir. El valiente y energético omega que conocían se veía realmente frágil, vulnerable y roto. Había una tristeza en su rostro que aun a través de una pantalla era evidente. 

—20 de agosto, 2019— dice Nobara leyendo la fecha.

El silencio reina por varios minutos, nadie se atreve a decir nada, demasiado para un solo día. Saben que hay más, pero no se atreven a ver más allá de lo que ya vieron. No se atrevían a ver más, no querían llamarlo un error, claro que no, pero sabían que las palabras de Itadori eran ciertas.

“No es así como debía ser”

Resonó en la cabeza de todos y en una promesa mutua acordaron que definitivamente no dejarían que ese abrumador futuro llegase hasta ellos. Se lo debían al Itadori que no pudieron proteger, y la pequeña que vivió un infierno a causa de ello.

—Deberíamos llevarlo con Gojo, será mejor que él vea todo lo demás— Razón Megumi con seriedad. 

Teme que, si habla más, comience a llorar, teme dejar en evidencia lo mucho que el video lo hirió, pero su orgullo lo hacía aparentar una calma envidiable para muchos, de repente, Nobara dejó el celular con fuerza sobre la mesa.

— No… no podemos — Dice Nobara seriamente — Sé que no soy la única que lo vio… Como… Cómo decidió no hacer nada con la niña, algo anda mal con él y no quiero arriesgarme a que empeore. No hay que decirle — dice firme la chica.

Maki apretó la mandíbula, sus ojos fijos en el celular en la mesa, siente un nudo en la garganta y muchas emociones más que la confunden, pero aceptaba que la castaña tenía razón, ella también lo notó. Ese titubeo y su nula participación con la niña, por otro lado, sabía que había cosas que no les correspondía a ellos saber. O solo estaba tratando de pelear consigo misma al no poder pelear con alguien más.

— Yo… no sé qué decir. No sé si esto cambia las cosas o las hace más complicadas — dijo Toge en su peculiar lenguaje, o eso entendieron los estudiantes.

— Si, bien, pero también tenemos que decírselo a Itadori — propuso la alfa, pero la respuesta llegó enseguida.

— No — Fue la voz de Megumi, grave, sería — No podemos. Aún no debemos — Dice en ese mismo tono.

Maki lo miró confundida quien dio un paso hacia enfrente para ver a los ojos de su primo.

— ¿Por qué no? — cuestionó un poco irritada.

Megumi se cruzó de brazos, su expresión impenetrable y se encogió de hombros haciendo una expresión como si fuera a decir algo obvio.

— ¿Para qué? ¿Para que sufra más? Él ya tiene muchos problemas con la niña ¿Para qué agregarle más peso a algo que ni siquiera sabe qué pasó? — dice creando nuevamente el silencio en la sala.

Nobara respiró profundamente, mirando el celular de Yuuji, luego las fotos que aún seguía allí. Todas tan irreales, distópicas. Llenas de recuerdos que no le pertenecen en lo absoluto, si bien son ellos, no lo siente como tal.

— Pero… ¿él no merece saberlo? — Interviene Toge con su singular lenguaje. 

Nobara no respondió. Solo miró el celular, viendo las sonrisas de Yuuji y Kaori en esas imágenes, antes de que todo se fuera al carajo, o más bien, terminase de irse al carajo. Había pequeños indicios en las fotografías y videos de que algo andaba mal, muy mal en ese futuro y sabía que había más en ese aparato, pero no podía simplemente perder la oportunidad de saber cómo cuidar de todos a su alrededor y que sus heridas del futuro no sean las mismas a las de ahora.

— ¿Y qué pasa si nos equivocamos? ¿Y si nunca lo tiene que saber? — Trata de razonar nuevamente Megumi, pero nuevamente nadie hace caso.

—Tiene razón. No hay que decirle… o no aún, no sé qué más hay aquí, pero sí sé que Itadori le dijo a su cachorra que Gojo debía verlo — Habla con voz extrañamente analítica — Propongo lo siguiente: Debemos darle una copia de todo esto — señala al celular — A Gojo, que él haga su investigación y nosotros la nuestra— dice cruzándose de brazos.

—¿Y qué investigaremos exactamente? — preguntó Panda no muy seguro.

—Tuvo una hija a los dieciséis, solo quiero saber que no fue más que un desliz de una noche — Dice como si fuera lo más obvio.

Nadie dice nada, pues sabe que tiene razón y que posiblemente la idea cruzó por su cabeza, pero no lo expresaron, solo quizás si debían investigar un poco más.

 

Notes:

Espero que haya sido de su agrado y lo disfruten!!!
Cualquier duda, sugerencia o amenaza con gusto los leo JAJAJA los amo!!
P.D. Kaori nació un 23 de agosto! y el video fue grabado tres días antes de que naciera, porque si, se adelantó el parto

Chapter 4: Un nuevo sentimiento

Summary:

Mientras Yuuji cuida de la pequeña, un nuevo sentimiento nace en él y por un momento piensa si será una buena madre para la niña

Notes:

Hola gente hermosa!!! Espero que estén bien!!
Antes de comenzar lo digo de una vez... ALERTA DE MUCHO TEXTO! repito... ALERTA MUCHO TEXTO!
Enserio, no sé porque pero los capítulos están quedando algo largos aunque trato de que no sea así!!! si les incomoda lo siento!!!! Haré mi esfuerzo para que no sean tan tediosos!!! y si no les molesta... Genial! aun así haré lo mejor para que les guste la historia!!

Otra cosa, les recomiendo leer el capitulo con las siguientes canciones!
-Animal instinct - the camberries
-sweet child o' mine - Jasmine Thompson
-medicine - Daughter

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

“Mami siempre decía que esconderse era un juego muy, muy importante. Que, si lo hacía bien, ganaba. Y Kaori quería ganar, porque Mami sonreía cuando lo lograba.

Estaba en su escondite especial, en el huequito del techo, abrazando fuerte a su peluche, un tigrecito que antes era blanco pero ahora tenía manchitas de aventuras. Mami siempre venía por ella, así que no tenía miedo.

—¿Kaori? ¿Princesa? —llamó Mami con su voz amorosa.

Kaori sonrió. ¡Había ganado otra vez! Se asomó por el hueco y vio los ojos dorados de Mami brillando desde abajo. Soltó una risita y, sin dudarlo, se dejó caer.

—¡Bien hecho, mi dulce niña! —dijo Mami, atrapándola en sus brazos como siempre.

Los brazos de Mami eran los más fuertes y calentitos del mundo. Ahí no había frío, ni miedo, ni cosas malas. Solo besitos en la cara que la hacían reír. Pero entonces, la tía Maki apareció corriendo.

—Las tropas militares se mueven, tenemos que irnos —dijo con su voz de ‘esto es serio’.

Kaori ya conocía ese sonido. El crujir de piedritas bajo los zapatos al correr, el aire frío, los susurros apurados. Mami la envolvió en una tela suavecita y la pegó a su pecho.

—No te duermas aún, mi amor, sé buena niña —le susurró Mami.

Kaori pestañeó despacito. No quería dormirse, pero el cuerpo de Mami estaba tan calientito, y su latido hacía un sonido tan bonito. Antes de darse cuenta, su cabecita cayó contra el pecho de Mami, y todo se volvió oscuro”

Después del incidente en la cafetería, Yuuji llevó a Kaori lejos del bullicio. El pasillo está en silencio, roto sólo por el suave crujir de sus pasos. Kaori camina a su lado, pequeña y frágil, con la cabeza gacha y el sucio peluche fuertemente abrazado contra su pecho.

Desde que despertó en la enfermería, apenas ha hablado. Lo único que sabe es que le tiene miedo a Megumi y que, por alguna razón, lo llama "mami" y claro, un supuesto hermano mayor. Pero más allá de eso… nada.

Se detienen en un pequeño jardín cerca de los dormitorios, con suerte, está vacío. Es un lugar tranquilo, con un banco de madera y el sonido del viento moviendo las hojas. Yuuji se sienta y le palmea el espacio a su lado.

—Siéntate, Kaori — pide con suavidad.

Ella duda. Aprieta más al sucio tigre contra su pecho, como si fuera un escudo. Finalmente, sin decir nada, se sienta en la orilla del banco, tan lejos de él como puede sin caerse.

—Oye… —empieza, con voz suave— ¿Aún tienes hambre? — pregunta tras un largo silencio.

Kaori niega con la cabeza, esconde sus labios tras el tigre y mira a la nada. Yuuji no puede entender que quiere o siente la pequeña, en cierto modo le recuerda a él. Cuando los niños en la escuela se burlaban de él por no tener padres, solía hacer lo mismo para que su abuelo no viera su dolor.

—¿Quieres descansar? — vuelve a preguntar, pero solo obtiene otra negación.

Yuuji deja escapar un suspiro, pasándose una mano por el cabello. No quiere hablar. No quiere estar aquí. Entiende ese punto, pues a él tampoco le gusta dicha situación, pero entonces la nota: la forma en que su pequeña espalda tiembla apenas perceptiblemente. Está asustada.

No quiere invadir su espacio, así que, en vez de presionarla, toma una ramita y empieza a dibujar en la tierra. Una línea, un par de curvas… pronto se forma la silueta de un gato de orejas puntiagudas.

Kaori lo observa de reojo con mucha curiosidad, pues levanta un poco el rostro.

—¿Sabes qué es? —pregunta Yuuji, con una sonrisa amable.

Kaori duda. Sus labios se despegan del peluche y apenas se mueven cuando responde.

—…Un gato — Su voz es tan suave que el viento casi la arrastra. Pero Yuuji la escucha y su corazón da un vuelco.

—¡Sí! —exclama con emoción— ¿Te gustan los gatos? — pregunta señalando el peluche.

Kaori baja la mirada hacia el animal de felpa y, después de un momento, asiente. Es pequeño, apenas un gesto, pero es un inicio. Yuuji le extiende otra ramita, en una suave invitación a que haga lo mismo.

—¿Quieres dibujar algo? — dice mientras le extiende la ramita.

Kaori observa la ramita con recelo, pero tras unos segundos, la toma con cuidado. Su mano es pequeña, pero firme mientras dibuja en la tierra, demasiado acostumbrada a hacerlo en los días de calma. Dibuja algo simple: un círculo con dos puntitos y una curva. Un rostro sonriente.

Yuuji siente un nudo en la garganta. Es la primera vez que la ve hacer algo sin miedo.

—¿Ese soy yo? —pregunta con una sonrisa.

Kaori asiente lentamente con un suave rubor en las mejillas, entonces, con el mismo recelo con el que tomó la ramita, avanza un poco más hacia él en el banco. Solo un pequeño movimiento, casi imperceptible. Pero Yuuji lo nota.

No dice nada, solo sigue dibujando en la tierra. Kaori lo observa por un momento y, sin pensarlo demasiado, se deja caer contra su costado. Es un gesto torpe, vacilante. Como si no supiera si tiene permiso de hacerlo.

Yuuji se tensa, sorprendido. No se lo esperaba. Pero apenas siente el peso de la niña contra él, algo en su pecho se afloja. Su omega interno brinca de alegría al ver como la cachorra se acercó por voluntad. Lentamente, con cuidado, rodea su espalda con un brazo y la acerca un poco más.

—¿Así está bien? —pregunta en voz baja.

Kaori no responde con palabras. Solo se acurrucó más contra él, aferrándose a su chaqueta con sus manitas pequeñas. Su instinto la lleva a buscar el calor, el refugio de su madre. Incluso si este no es exactamente el mismo.

Yuuji cierra los ojos un momento, sosteniéndola con delicadeza. No es su madre, pero ella lo siente como si lo fuera. Con cuidado la tomó entre sus brazos y la acurruca justo como lo hizo más temprano ese día. Se asegura que esté cómoda, pero, sobre todo, que se sienta a salvo, que sepa que entre sus brazos no hay ningún peligro que la atormente.

—¿Sabes que me anima en un mal día? — pregunta mientras la mece con suavidad.

Kaori niega, demasiado cómoda como para hacer o decir algo más, por lo que deja que el mayor hable.

—Un baño caliente, eso siempre me anima — Siente que deben darle un premio por mentir bien por primera vez en su vida, pero no puede soportar seguir viendo en un deplorable estado a la niña.

Los ojos de la niña se iluminan con fuerza, Itadori puede jurar que vio las estrellas en ellos, pues no era consciente de que, para Kaori, una ducha caliente era un lujo, algo que pocas veces podía tener, así que el oír que podría darse un baño con agua caliente la animo de gran manera.

Así pues, se puso de pie con Kaori entre sus brazos y la llevó hasta el edificio, donde finalmente se dirigieron al baño de su habitación.

—No sé qué tan caliente te parezca, pero podemos ajustarla ¿Te parece? — pregunta a lo que recibe un movimiento positivo por parte de ella.

Se dio la media vuelta para que la niña pudiera quitarse la harapienta ropa y entrar al agua, solo se dio la vuelta cuando la niña se lo pidió, para su alivio el agua estaba en la temperatura ideal para ella pues no se quejó, por lo que no perdió más el tiempo y se puso manos a la obra.

Lavo lo más suave que pudo el cabello rosado de la niña, pero al estar lleno de nudos fue difícil ya que estos se enredaban entre sus dedos y sin quererlo, tiraba del cabello de la niña quien aullaba adolorida, hasta que finalmente logró que sus rosados cabellos se vieran decentes.

—Pasamos lo feo, ahora viene lo peor— murmuró al ser consciente que debía lavar su cuerpo.

Por fortuna la pequeña se ofreció a hacerlo ella misma al ver el temblor en las manos de su “madre” quien seguramente estaba nervioso por su reciente arranque en la cafetería. Al final, el omega tuvo que cambiar el agua dos veces pues la suciedad en el cuerpo de la pequeña era tanta que casi se le hace un nudo en la garganta al pensar en todo lo que pudo pasar como para dejar de lado una necesidad básica.

Tras el arduo trabajo que requería bañar a una niña pequeña, el pelirrosa se quedó arrodillado junto a la bañera y con cuidado recargó su cabeza sobre sus brazos, los cuales estaban sobre el borde de la bañera. Kaori frente a él, imitó sus acciones, dejando que la calidez del agua relajase su cuerpo y mente. De esta forma, los ojos de ambos se toparon frente a frente y nuevamente, el oro y el celeste se toparon.

—Está bien tener miedo ¿Sabes? — comenzó a hablar — Está bien, eso nos hace humanos… nos hace saber que algo nos lastima, solo no hay que dejar que nos gane el miedo — continúa hablando mientras extiende su mano para acariciar los húmedos cabellos de la niña.

—¿Tu tienes miedo, mami? — pregunta Kaori dejando salir un ronroneo al sentirse a gusto.

—Creo que todo el tiempo… y eso está bien, porque sé que lo superaré— responde con suavidad.

Permanecieron así por varios minutos más, hasta que el agua se enfrió casi por completo, y para ese punto, la niña estaba casi dormida por completo, por lo que Itadori tuvo que ingeniárselas para secarla y vestirla con una de sus camisetas, para finalmente los dos se recostarse sobre la mullida cama. Escuchó nuevamente ronronear a la niña quien comenzó a chupar su pequeño pulgar mientras se acurrucaba junto a él.

Nuevamente está ahí. Esa extraña sensación que se enciende cada vez que Kaori hace algo, por insignificante que parezca. El sonido suave de su respiración, el movimiento mínimo de sus manitas al buscar su calor, el gesto inocente al chupar su dedo mientras se acurruca contra él. No importa cuántas veces suceda, cada una sacude algo profundo en su pecho. Yuuji lo siente arder como un fuego que no sabía que podía existir dentro de él. Es visceral, primitivo, como si su cuerpo reconociera a la pequeña antes que su mente pudiera siquiera entenderla. Su omega interno responde con una ternura feroz, una necesidad inexplicable de protegerla, de velar por ella, de asegurarse de que nunca vuelva a sentir miedo.

Nunca pensó en tener hijos. Nunca lo deseó. La idea siempre le pareció lejana, ajena, como si no perteneciera a su historia. Creció sin sus padres. Su abuelo fue su único refugio, su guía, pero también fue un amor solitario.

Tal vez por eso, en algún rincón de su alma, había aprendido a rechazar la idea de formar un vínculo así de profundo con alguien. No por falta de amor, sino por miedo. Miedo de fallar, de no ser suficiente. Miedo a repetir las ausencias que lo marcaron. Y sin embargo aquí está. Sosteniendo a una pequeña que vino de un futuro incierto, que lo llama “mamá” sin conocerlo realmente, y que aún así lo ha elegido como su lugar seguro.

Todo es demasiado. El mundo de la hechicería ya lo sobrepasa con su carga de expectativas, reglas y peligros. Y ahora, sin tiempo para procesar, también es madre. O al menos, eso parece exigirle la situación. No hubo preparación, no hubo elección. Solo una niña herida, confundida, que apareció entre portales, sangre y caos y que, contra todo pronóstico, se aferró a él con una confianza absoluta. Yuuji no sabe si podrá con todo. No sabe si lo está haciendo bien, ni si tiene derecho a sentirse tan conectado con ella. Pero tampoco puede ignorar lo que su cuerpo grita: esa necesidad de sostenerla, de calmar sus miedos, de ser quien la cubra con su calor cuando el mundo se vuelve frío.

A veces se pregunta si todo esto no es una broma cruel del destino. Si no será otra de esas responsabilidades que le imponen sin preguntar. Pero cuando la mira dormir, cuando siente su pequeño cuerpo latir contra el suyo, esas dudas se desvanecen como humo. Lo que queda es una certeza primitiva, dolorosa y hermosa: quiere protegerla. No porque deba, sino porque lo necesita. Porque no podría soportar verla sufrir, porque su sonrisa ya es parte de su respiración, porque ha empezado a amar su carita dormida, sus pestañas largas, sus labios suaves que murmuran su nombre.

“No es así como debía ser”

Se repite. Y aún así, en lo más profundo, sabe que no puede imaginar otra forma. Tal vez no lo pidió, tal vez no estaba listo, pero Kaori está aquí. Y ella no tiene a nadie más. Él sí. La tiene a ella. Y, aunque le cueste aceptarlo, la quiere. Con ese amor tembloroso que apenas empieza a crecer, pero que se siente tan natural como el latido de su corazón.

No se siente acomplejado por ser omega. Nunca lo hizo. Pero tampoco se había cuestionado qué significaba realmente. Jamás se permitió pensar en sus instintos más allá de lo físico. Y ahora, ese instinto grita con fuerza: cuídala, protégela, quédate . No es debilidad, es fuerza. Es lo que lo mantiene despierto, lo que le da propósito en medio de un mundo que se cae a pedazos.

Acaricia el cabello de Kaori con dedos temblorosos, como si cada hebra fuera sagrada. Y al nombrarla en su mente como “su hija”, las lágrimas le brotan sin permiso. Porque lo son: dos palabras pequeñas que encierran un universo de responsabilidad, de miedo y de amor que no se atreve aún a nombrar del todo. Su hija. No importa cuándo o cómo. Es suya. Y él está dispuesto a ser su refugio, su escudo, su calor.

—Tranquila… aquí estoy —susurra, más para sí mismo que para ella. Porque necesita creérselo. Porque está aprendiendo a amar desde el instinto. Porque está dispuesto a luchar contra todo por ese pequeño corazón que ya late al compás del suyo.

No supo cuánto tiempo pasó junto a la cachorra vigilando su sueño, procurando que nada perturbara nuevamente a la niña, y hubiera continuado así por más tiempo, sin embargo, escuchó como alguien tocaba la puerta, pensó ignorarlo y continuar arrullando a Kaori, pero los toquidos comenzaron a ser un poco más persistentes al grado que vio fruncir el ceño a la pequeña entre sueños, por lo que soltó un poco de su fragancia a melocotón, solo para después salir de la cama e ir a ver quién era.

Sorpresivamente eran Nobara y Megumi, quienes traían una caja de pizza y un par de sodas consigo. Hasta ese momento recordó que no había comido nada en casi todo el día por los eventos ocurridos. Era casi medianoche, claramente tenía hambre pues oler la pizza hizo que su estómago gruñera.

—Itadori… ¿Podemos hablar? A solas— Hablo la omega mirando a la pequeña apenas visible en su cama.

Yuuji miró la puerta tras ellos, dentro, dormía Kaori, completamente indefensa, pero sabía que estaría bien si salía un poco, así pues el omega asintió en silencio, mirando a la niña que dormía tranquila, y salió de la habitación sin más.

El aire afuera estaba tenso. Los tres amigos cenaban sin mucho ánimo. Itadori no quería separarse de la niña, que dormía en su cama. Estaba al borde de un colapso emocional debido a la información que sus amigos le habían dado, pero, al menos, se sentía en compañía de los pocos que confiaba.

—¿Gojo y yo? — Itadori preguntó con la boca llena, haciendo una mueca de desagrado. 

—Sí, eso mismo pensamos —Kugisaki respondió, mordiendo una rebanada. 

—Supongo que no es tan malo. A su última pareja la consintió mucho… hasta que lo dejó por no darle suficiente tiempo— Megumi sorprendió a ambos con un comentario que parecía defender a Gojo.

Itadori suspiró, recargándose completamente en la pared junto a la puerta. Tragó el bocado y tomó un sorbo de refresco antes de hablar de nuevo. 

—No lo sé… Me dejó solo. Me dejó solo con una niña cuya sangre estaba hirviendo. ¿Sabes lo que se siente eso? ¡Es horrible! Tenía miedo… no sabía qué hacer, y ella solo gritaba por su tío… —Sus manos se cerraron con fuerza —Me dejó solo. Prefirió irse en lugar de quedarse a ayudar. ¡Es Gojo-sensei! ¡Él debe saber qué hacer! — Dijo aún molesto.

Los otros dos callaron, sintiendo su dolor. Aunque habían sido testigos de lo que ocurrió, no podían ofrecerle consuelo verdadero, solo compañía.

—Bueno, fuera de eso, esperaba algún mensaje tuyo sobre la rebelión de las máquinas o algo así—Kugisaki dijo para aligerar el ambiente.

—Esperen… ¿solo revisaron el contenido del celular? — Itadori preguntó, sacando una tarjeta SD de entre la funda del celular y sosteniéndola entre los dedos —Siempre pensé que aquí se podían guardar cosas pequeñas, como una memoria… — murmuró.

Los tres miraron con curiosidad la pequeña tarjeta. Sin perder tiempo, insertaron la tarjeta en el celular de Itadori, observando con expectación mientras Megumi comenzaba a revisar los archivos.

—¿Qué debemos revisar primero? —Yuuji preguntó, ligeramente nervioso. 

—La galería, definitivamente…—Respondió Kugisaki, asentando con firmeza.

Megumi abrió la aplicación, pasando por varias imágenes antes de llegar a una que les heló la sangre. La primera foto que vieron era un cartel de "Se busca" con el rostro de Itadori y la niña. Junto a su foto, una cifra escalofriante, una recompensa más grande de lo que jamás imaginaron. Bajo sus nombres, un mensaje oficial de la ONU: "Captura inmediata. Sin exenciones."

Un escalofrío recorrió sus espinas. La idea de ser perseguidos de esa forma, de ver sus rostros marcados como criminales, no era algo que podían asimilar fácilmente.

—¿Qué significa esto? — Megumi murmuró, la mandíbula tensa. 

—No lo sé… ¿Qué es esto? —Yuuji susurró, sin poder apartar la vista de la imagen.

Las siguientes fotos mostraban lugares devastados. Las calles de Tokio, conocidas pero irreconocibles, llenas de escombros y fuego. Los edificios estaban destruidos, y en muchas de las imágenes, se veían enfrentamientos entre grupos armados. Algunos de los rostros que aparecían eran de los mismos compañeros que ahora estaban con él. Otros eran desconocidos, pero lo que más destacaba era la figura de la niña, siempre acompañada de Itadori.

Pero lo peor de todo era la falta de sus otros compañeros. Gojo, Megumi, Nanami… no aparecían en ninguna de las fotos. No había señales de ellos, como si simplemente hubieran desaparecido.

—¿Y ellos? ¿Dónde están? — La voz de Kugisaki era casi un susurro, con un tono de horror que no lograba disimular.

—No lo sé… — Megumi se apartó de la pantalla, su rostro se había puesto pálido. No hay ni una sola imagen de ellos.

Itadori tragó saliva, sintiendo cómo un nudo se formaba en su estómago. El futuro que se les mostraba en esas fotos no era solo incierto, era aterrador. ¿Por qué estaban tan desaparecidos? ¿Qué había sucedido para que todos se desvanecieran?

Al seguir revisando, llegaron a una serie de fotos de ellos mismos, junto a la niña, en lo que parecía ser una especie de campo de refugiados. Había rostros cansados, heridas, pero también algo más. En todos ellos, el mismo miedo reflejado, una sensación de que estaban huyendo.

De repente, una foto captó la atención de Nobara. Un grupo de personas, armadas y con expresiones sombrías, marchaban hacia algo en el horizonte. Entre ellos, ella misma y Yuuji podían ver sus propios rostros, pero algo era diferente. En sus ojos no había esperanza, solo desesperación.

—Esto… esto no puede estar pasando —Yuuji murmuró, la voz quebrada. ¿Es esto el futuro? ¿Esto es lo que va a pasar?

—No lo sé. Pero no podemos quedarnos aquí mirando esto. Debemos entregárselo a Gojo— Megumi suspiró, sin saber cómo manejar todo lo que veían.

Luego, en la parte final, llegaron a un video. El teléfono comenzó a reproducirlo, mostrando a un Yuuji más adulto, las cicatrices sobre su rostro le daban un aire de peligro, pero en su único ojo la misma mirada de vulnerabilidad se reflejaba. El video tenía un tono serio y sombrío.

Esto es una locura, solo lo había visto en películas y series… ¿Cuándo fue la última vez que vi una? Creo que fue antes de dar a luz, supongo… ya no recuerdo… yo… Mi nombre es Itadori Yuuji, y yo… vengo a darles un aviso, o mejor dicho… a pedirles que el 31 de octubre en Shibuya, no ocurra el incidente que marcó el fin del mundo”



Notes:

Espero les haya gustado el capitulo!!! Y si no... dudas, sugerencias, comentarios, amenazas, cartas de extorción... abajo en los comentarios plis!!

P.D en el flash back, Yuuji carga a Kaori usando un fular o rebozo, como los conozcan! y en ese momento tiene 3 añitos!
Los amo gente bella!! Cuídense mucho, los amo!!! y muchas gracias por su apoyo!!!

Chapter 5: Entre muros y panqueques

Summary:

Gojo se detiene a pensar un poco la situación, levanta sus muros y toma una decisión que puede afectar más de lo que soluciona... Y Yuuji usa el arma más poderosa de todas: la voz de regaño.

Notes:

Hola gente hermosa!!! como están???!
Aquí andamos, sin dinero, sin trabajo y sin estabilidad emocional, pero escribiendo con mucho amors!!!!
Muchas gracias por su apoyo!!! Me motivan a no abandonar la historia!!! Espero que la historia y todo esto sea de su agrado!!!
Por cierto, les recomiendo leer la primera parte con esta canción!:
https://youtu.be/xB9cst9FfZs?si=vgjIfHDDVh3M8BJw

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El silencio en la habitación era pesado, interrumpido solo por la voz de Yuuji del futuro que comenzaba a hablar. Las palabras parecían ahogarse por la gravedad de la situación, y las voces de los demás se desvanecen a medida que las primeras frases se deslizaban de la grabación.

"Lo que están por escuchar no es solo una historia... es nuestra realidad." El tono de Yuuji era grave. "El 31 de octubre, en Shibuya, un hechicero milenario llamado Kenjaku llevó a cabo un ataque a gran escala…"

Imágenes de caos recorrieron la pantalla: edificios derrumbándose, gritos de desesperación, la batalla entre hechiceros y maldiciones. Gojo miraba sin parpadear, pero dentro de su mente el torbellino de emociones no paraba de girar. Nadie conocía esos sentimientos y escucharlos era como vivir la peor agonía.

Yuuji continuó, detallando los horrores del futuro, las muertes de varios aliados, el inicio de los juegos del sacrificio, la posesión de Megumi por Sukuna... y, por supuesto, la derrota de Gojo.

"Sukuna solo estaba jugando… esperando una oportunidad que jamás esperó: la derrota de Gojo Satoru.” 

Era casi medianoche cuando los alumnos de primer año llegaron corriendo y diciendo que tenían más información para ellos. Los tres, con el rostro pálido y respiraciones agitadas, dieron desorganizadas explicaciones del contenido de la memoria, y solo después de que Yaga les pidiera la memoria y que se relajaran un poco, les ordenó irse a sus habitaciones, pues aunque el evento fue cancelado, al día siguiente aún debían cumplir sus obligaciones como estudiantes, así pues, los alumnos se fueron.

dejando a los profesores para analizar la nueva información y poder discutirlo un poco, pues aún era muy confuso lo que había pasado esa misma tarde. Una niña con los seis ojos, una de sus alumnos al borde de la muerte, la inminente destrucción de la sociedad japonesa y, por su fuera poco, una relación incorrecta moralmente entre el hechicero más fuerte de todos y un alumno de primer año, dando como resultado, el nacimiento de una inocente niña.

En cuanto reprodujeron el video que los de primer año les indicaron, las palabras de un futuro caótico golpearon a Gojo como un martillazo. Nadie quería imaginar esa caída, la derrota de alguien que había sido considerado invencible. Shoko cerró los ojos por un momento. Yaga respiraba pesado, visiblemente afectado.

El silencio en la habitación se espesó aún más. Gojo, firme en su postura, ahora parecía más pequeño, vulnerable. Su futuro estaba inevitablemente atado a Kaori, pero no estaba preparado para lo que eso significaba.

—Al final— comienza a hablar Yaga — No es más que una madre protegiendo a su cachorra de todo mal…— Dice con un aire de melancolía.

—Lo que Itadori-kun nos está diciendo es claro. La misión de evitar todos esos sucesos que marcaron su futuro— añadió Nanami, con seriedad.

Gojo mantuvo la mirada fija en la pantalla, como si intentara procesar todo lo que había escuchado, pero las palabras se atoraban en la garganta. La responsabilidad que había evitado toda su vida ahora le era imposible ignorarla.

—Con un carajo… ¿Y ahora qué? — Kusakabe miró a Gojo, claramente frustrado. —¿Vas a dejar que esto siga adelante, Gojo? – preguntó mientras se inclinaba hacia el alfa.

—Lo evidente — dice tratando de mantener su fachada de despreocupación — Nos encargaremos de ese hechicero… Kenjaku. pero primero… Debemos ir a hacerle una visita al alumno de Utahime, tal vez podamos sacar provecho de la situación — pero se detiene a media frase — Si es que no le contó ya de la niña— murmura.

El silencio en la habitación se rompió con un suspiro de Shoko. Aunque las palabras de la grabación aún resonaban en sus mentes, no podían quedarse congelados en la incertidumbre.

—Por ahora, lo mejor será descansar y procesar todo esto —dijo Yaga, pasándose una mano por la nuca— Mañana será un nuevo día, y necesitaremos nuestras fuerzas para lo que viene — dice.

Nadie discutió. Uno a uno, los adultos comenzaron a retirarse, sumidos en sus pensamientos. Gojo fue el único que permaneció en la sala un poco más. Con la habitación en penumbras, apenas iluminada por la tenue luz azulada que provenía del celular que sostenía entre las manos. Gojo había esperado a que todos se fueran y el silencio por fin le dio espacio a algo que había intentado evitar desde que la niña apareció en sus vidas: pensar.

Deslizó el dedo por la galería de fotos del teléfono del Yuuji del futuro, sin saber bien qué buscaba. Tal vez respuestas. Tal vez redención.

Las primeras imágenes eran simples: una prueba positiva, un video entre lágrimas donde Yuuji sostenía el test temblando, otra donde mostraba una pequeña ecografía con manos aún adolescentes. Gojo tragó saliva. Tan joven… El Yuuji del futuro parecía incluso más frágil, más pequeño, pero en sus ojos había una determinación que dolía.

Siguió avanzando. Una foto del vientre redondeado. Un video de Yuuji llorando de risa al sentir la primera patadita. Una imagen borrosa del omega sujetando una pequeña ropa de bebé. ¿Cuándo fue eso? ¿Cómo fue que llegó a ese punto? ¿Cómo fue que pasó…? ¿Cómo fue que se enamoró de Yuuji?

Frunció el ceño, dolido, confundido. Él solo había imaginado una vida así, una familia, con Suguru. Todo lo demás había sido guerra. Lucha. Soledad. Él no era alguien hecho para amar, y mucho menos para criar. Un arma, no un padre. Le habían repetido eso tantas veces que terminó creyéndolo. Incluso cuando Geto se fue, pensó que el amor no era para él. Que su destino era estar solo.

Y sin embargo, ahí estaba. Viendo fotos de una vida que no entendía, pero que, de alguna manera, lo conmovía. Fotos de una pequeña niña con cabello rosado y ojos azules idénticos a los suyos, sonriendo entre flores, abrazando a su “mami”, jugando con las versiones del futuro de sus alumnos, durmiendo en el pecho de Yuuji mientras este leía algo.

Cerró los ojos. Tragó saliva. No porque temiera llorar, sino porque el nudo en la garganta no se deshacía. Así termina todo, ¿no? No era la muerte lo que lo perturbaba. Nunca lo había sido. Parte de él incluso la había anhelado en secreto desde hacía años. El descanso, el fin de la lucha, el poder dejar de cargar el mundo sobre sus hombros. Morir, después de todo, era fácil. Lo difícil era lo que dejaba atrás.

Un omega embarazado y aterrado. Una hija que apenas sabrá quién era su padre. Una historia sin final feliz.

Él, que alguna vez fue el orgullo del clan Gojo. Él, que solo supo lo que era el amor cuando ya era demasiado tarde. Que vivió siendo un arma, que creció siendo el chico que debía ganar, que debía proteger a todos. incluso si eso significaba destruirse a sí mismo en el proceso.

Nunca pensó en tener una familia. Nunca creyó que fuera capaz de amar tanto a alguien. Nunca imaginó que esa persona fuera Yuuji, ni que un pedacito de ambos le dijera “papá” con esa inocencia desarmante y sin embargo, ahí estaba todo. Y él no estaba en ese futuro.

Los había dejado solos y la peor parte era que no sabía si podía evitarlo. Si intentarlo siquiera valía la pena. Porque si el destino lo había marcado así, ¿qué sentido tenía resistirse?

Pero entonces pensó en la forma en que Yuuji lo miraba cuando temblaba de miedo, en la manera en que Kaori le apretaba los dedos sin decir nada, buscando consuelo en sus ojos. Pensó en la posibilidad de vivir al menos un poco más, no por sí mismo, sino por ellos.

Y aún así, el miedo era brutal. Porque, ¿y si no era suficiente?  ¿Y si volvía a fallar?  ¿Y si lo único que lograba era hacerlos amarlo más... para luego partir?

Se dejó caer en el sofá, derrotado, con las manos temblando sobre las rodillas. Al final, su resolución fue la única defensa que le quedó, su forma de seguir avanzando cuando todo lo demás se tambaleaba:

— No voy a enamorarme de nuevo. No voy a volver a necesitar a nadie. Voy a protegerlos... pero desde lejos — se dijo con voz sería.

Porque si el precio de amarlos era destruirlos con su ausencia, prefería ser el muro que los cuidara, no el abrazo que después dolería.  Era mejor así.

  Horas después...

Era un nuevo día, tras una no tan agradable noche de descanso, el sol finalmente salió en el horizonte dejando que sus cálidos rayos iluminasen las habitaciones, en una de ellas.

En una de las habitaciones, un omega dormía con un pequeño cuerpo acurrucado contra él, su adorable olor a leche materna y melocotón era tan agradable que lo invitaban a relajar cada uno de sus músculos, sin embargo, comienza a tener visiones de los eventos ocurridos el día anterior, obligándolo a despertar.

Escucha unos ronquidos bajo su cama, así que se da la media vuelta, solo para ver a sus amigos cómodamente dormidos sobre un futón en el suelo, la pequeña seguía dormida, pero al dejar de sentir la calidez de su madre comenzó a abrir los ojos.

—Buenos días mami— dice la niña viéndolo con esos bonitos ojos azules.

Madre e hija se mantienen en la misma posición, solo para que minutos después los otros dos despierten. Así todos sienten el peso de lo sucedido, pero la paz relativa que se encuentra en el ambiente es un pequeño respiro tras el caos de la noche anterior. 

Los tres se sentían exhaustos, pero el hambre los empujó a reunirse en la cafetería. Para su sorpresa, los de segundo año también estaban allí, apenas despiertos y ya en plena conversación.

Kaori, a pesar del cansancio, no tardó en llamar la atención del omega. Sus ojos brillaron de emoción cuando se aferró a su manga y, con un tono dulce y esperanzado, preguntó:

—Mami, ¿ahora sí puedo comer panqueques? — preguntó con una pequeña sonrisa.

Yuuji, con los ojos medio cerrados y la cabeza aún pesada por el sueño, se frotó la cara con una mano, intentando mantenerse firme.

—Haa… está bien —cedió con un suspiro. Luego miró a los demás con una expresión seria— Haré para todos, pero ustedes cuidan a mi cachorra mientras cocino, ¿entendido? — dice.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Yuuji levantó a Kaori con una mano, como si fuera lo más natural del mundo, y sin dudarlo se la pasó a Nobara.

—¿¡Eh!? ¡¿Por qué a mí?! —Nobara atrapó a la niña por instinto, quedándose rígida al instante.

Kaori la miró con curiosidad antes de sonreír ampliamente al reconocer a la castaña.

—¡Tía Nobara! —exclamó, abrazándola con confianza.

Nobara parpadeó varias veces, todavía procesando la repentina responsabilidad en sus brazos. Mientras tanto, los demás observaban en silencio, sorprendidos por lo natural que había sido el gesto de Yuuji. Incluso Toge y Panda, que deberían tener más experiencia con niños, no tenían esa facilidad innata que Yuuji demostraba sin esfuerzo. Megumi, con los brazos cruzados, suspiró.

—Parece que ya no hay escapatoria —murmuró, echándole un vistazo a la pequeña, quien giró su cabeza para no verlo.

Yuuji esbozó una sonrisa de madre agotada mientras se colocaba el delantal y caminaba a la cocina diciendo.

—Bienvenidos a la paternidad —dijo con ironía.

El grupo se quedó en silencio, observando a la pequeña que, ahora libre de la supervisión materna, sonreía con travesura mientras abrazaba su pequeño tigre.

—¿Y qué hacemos con ella? —murmuró Maki, cruzada de brazos.

—¿Ves ese peluche? —susurró Panda— Carga secretos del futuro y podría contener la clave para salvarnos de Sukuna — susurró a Toge.

—O solo lleva un peluche —dijo Maki con expresión seria.

—¡O ambas cosas! —exclamó Toge, emocionado.

Nobara suspiró y se agachó frente a Kaori para quedar a la misma altura. Los grandes ojitos azules de la niña la miraron fijamente, con un brillo especial en ellos que la hipnotizó por un segundo, pero rápidamente recobró la compostura.

—Oye, ¿qué tal si nos sentamos y jugamos algo tranquilamente mientras tu mami cocina? — Pregunta usando un falso tono calmado.

Kaori le dedicó una sonrisa angelical, solo para después cambiarla a una llena de picardía acomodaba su tigre bajo uno de sus brazos.

—No — Acto seguido, salió disparada como un rayo.

—¡Maldición, se escapa! —gritó Maki sin creer la gran velocidad de la niña.

—¡No la pierdan de vista! —ordenó Megumi igualmente sorprendido.

Kaori zigzagueó entre las mesas con una agilidad que haría llorar de orgullo a cualquier velocista olímpico. Nobara casi la atrapó, pero en el último segundo la niña se impulsó contra una silla, saltó y aterrizó sobre los hombros de Panda.

—¡Soy la reina de la montaña! —anunció, levantando los brazos en triunfo.

—¿¡Cómo demonios subió tan rápido!? —se quejó Maki, viendo cómo la pequeña escalaba la cabeza de Panda como si fuera un árbol.

Panda se giró con calma con temor a lastimar a la pequeña pilla que tenía sobre sus hombros.

—Tengo una niña Gojo en la cabeza. No sé qué hacer con esta información — Dice alterado.

—¡Detenla antes de que haga algo peligroso! —gritó Megumi, corriendo hacia ellos.

Kaori lo vio acercarse y, con la misma picardía de cierto albino insoportable, sonrió de lado y con un falso tono de amabilidad dijo: 

—Te ves tenso, "hombre malo" — Dijo en un tono que todo el mundo conoce y odia: el mismo tono de Gojo. 

Y antes de que Megumi pudiera reaccionar, la niña se lanzó en el aire… ¡directo a Maki!

—¡TÍA, ATRÁPAME! — exclama entre risas.

La chica soltó un pequeño grito y corrió a atraparla con facilidad, pero perdió el equilibrio y comenzó a girar con ella. Kaori comenzó a reír sin control. Megumi, Nobara y Toge observaban la escena con expresiones de absoluto agotamiento.

—Esto es un desastre —murmuró Megumi.

—Debía ser hija de ese idiota… —agregó Nobara, pasándose una mano por la cara.

Tras unos largos minutos que parecieron una eternidad para los cinco estudiantes, los pasos de cierto omega resonaron en la caótica situación que la cachorra había orquestado. El pelirrosa se quedó estático unos segundos mientras procesaba todo y, recordando su activa infancia, Itadori usó un arma que jamás pensó utilizar tan pronto: la voz de regaño.

Sí, esa misma que su abuelo usaba con él cada que se portaba mal o causaba un desastre, siempre tuvo curiosidad de saber que se sentía usarla, y ahora era la situación adecuada, por lo que carraspeó un poco y simplemente dijo:

—Kaori— El tono no era enojado, pero tenía ese matiz de advertencia que cualquier niño reconocería al instante.

Kaori dejó de reír de inmediato y, con la velocidad de alguien que acaba de recordar que olvidó sacar el pollo del congelador, saltó de los brazos de la alfa y aterrizó en el suelo con perfecta estabilidad quedándose quieta con las manos detrás de la espalda.

—Lo siento, mami… — murmuró bajando la mirada.

Silencio absoluto. Nadie dijo nada mientras veían a la niña realmente arrepentida de sus acciones, su tono de voz y sus hombros encorvados dejaban en claro su arrepentimiento. Megumi parpadeó. Maki miró a sus amigos como si acabaran de presenciar un fenómeno paranormal. Incluso Panda parecía confundido.

—¿¡Qué demonios!? —exclamó Nobara—. ¿¡Por qué te obedece tan fácil!? — exclamó fúrica.

—Llevamos diez minutos tratando de atraparla —se quejó Maki.

—¡Yo casi pierdo una pierna! —añadió Megumi, exagerando.

Yuuji se encogió de hombros con la naturalidad de alguien que había pasado por esto muchas veces, aunque era curioso estar ahora del otro lado, muchas veces se había visto en el lugar de Kaori, y ahora, le tocaba a él actuar como su abuelo.

—Lo sé, pero ahora Kaori se portará bien ¿No es así, señorita? — Dijo en el mismo tono de hace un momento.

Los estudiantes intercambiaron miradas incrédulas mientras Kaori bajaba la mirada, aferrada a la manga de su madre.

—No puede ser… —susurró Panda— Tiene la energía caótica de Gojo, pero es obediente — dice.

—¡Es el equilibrio perfecto! —dijo Toge, sin creer lo que veía. 

Kaori aprovechó la confusión para abrazar a Yuuji y frotar su cabeza contra él como un cachorro buscando afecto.

—¿Mami, ya puedo comer panqueques? — preguntó con un tono inocente.

Yuuji suspiró con una sonrisa y le entregó el plato.

—Sí, pero sin correr por las mesas otra vez o ahora si verás — Dice querer realmente llegar a los extremos de su abuelo.

—¡Prometido! — Exclama Kaori, recordando la vez que su madre la hizo contar hasta cien mientras veía a la pared ¡Casi se muere de aburrimiento!

Todos la observaron empezar a comer en perfecto orden, como si el desastre de antes jamás hubiera ocurrido. Megumi se hundió en su asiento con el ceño fruncido.

—…No voy a superar esto — susurró viendo fijamente a la niña que comía de lo más tranquila.

—Yo tampoco — Dijeron sus compañeras.

Poco después del desastroso inicio de la mañana los estudiantes comen en un ameno ambiente, algunos observando en silencio la interacción entre Yuuji y Kaori. Kaori, con su energía inagotable, juega con su pan, mientras Yuuji la cuida con una mezcla de cariño y desconcierto. Los demás estudiantes intercambian miradas, aún sorprendidos por lo natural que se ve a Yuuji en su rol de "madre".

—¡Mami, quiero más jugo! — pide dejando el vaso vacío sobre la mesa.

—Sí, sí, Kaori, dame un segundo... — dice con suavidad, hasta que se percata de las risas burlonas de los demás —¿Qué? — pregunta sin saber que sucede.

Justo en ese momento, los pasos firmes de Gojo resuenan en el pasillo. La puerta se abre, y Gojo entra, con su característica actitud relajada, pero con algo de incomodidad reflejada en su rostro.

—Vaya, parece que todo va de maravilla, ¿eh, Yuuji? ¿Tan rápido te adaptaste al rol de mamá? — Dice en un extraño tono, como si ocultara su sentir.

Yuuji frunce el ceño, notando la frialdad en la voz de Gojo. Aunque sabe que Gojo bromea, algo en su tono no suena como una burla usual, así que con una sonrisa forzada mira al adulto y dice:

—No soy una mamá, Gojo. Esto solo es temporal — los ojos dorados del omega miran al alfa con seriedad.

Kaori, quien había estado callada escuchando la conversación, se gira hacia Gojo con una expresión desconfiada reflejada en su bella carita, mira mal al hombre, no le agrada como le habla a su mami.

—¡No es cierto! ¡Es mi mamá! — Dice levantando los brazos con fuerza, claramente enojada por el comentario de Gojo.

Gojo mira a Kaori por un instante, pero no responde de inmediato. Su mirada se nota tensa, casi incómoda, y sus labios se tensan ligeramente como si le costara lidiar con la situación, pero de nuevo, no dice nada, pero si da un paso hacia atrás evitando mirar a Kaori fijamente.

—Bueno, eso... eso no es lo que vine a decir. Yuuji, Kaori, tenemos que ir con Shoko. Es mejor que la revise, debemos ver que todo esté bien — Dice sin su habitual sonrisa.

Yuuji nota la frialdad en la voz de Gojo. A pesar de que parece estar preocupado, su actitud hacia Kaori sigue siendo distante y evitativa, era como si quisiera evitar su existencia. Recordó el incidente del día anterior y una oleada de ira se arremolinaba en su interior, como si su omega interior se sintiera ofendido por el alfa de gojo.

—¿Por qué me lo dices a mí? ¿No puedes ir tú? Es... es tu hija también — Habla tratando de esconder su frustración.

Gojo se detiene un momento, como si las palabras de Yuuji lo hubieran golpeado. Su incomodidad aumenta, y se aclara la garganta, cambiando rápidamente de tema. Nuevamente desviando la mirada, o cualquier interacción que pudiera tener con la niña.

—No, prefiero que tú vayas. De todas formas, te estoy diciendo que es mejor que la revise Shoko, por si acaso. — Insiste el alfa.

Yuuji no entiende completamente la distancia de Gojo, pero decide no presionarlo por ahora. Se levanta lentamente, mirando a Kaori con una mezcla de ternura y preocupación, la cachorra le devuelve la mirada, pero puede ver un poco de nervios y miedo, el corazón del omega se estruja al verla así, por lo que se pone a su altura y comienza a acariciar los rizados cabellos de la niña. 

—Vamos, Kaori, vamos a ver a Shoko, ¿sí? — Dice con suavidad logrando su objetivo, pues la niña cambió su expresión.

Kaori asiente, pero antes de levantarse, lanza una última mirada a Gojo. La expresión en su rostro refleja desconcierto, pero también una pequeña pizca de frustración. Es como si intuyera que algo no está bien entre ellos.

—¡Espera Itadori, voy contigo! — dice Nobara yendo a donde madre e hija están.

No quiere decirlo, pero no le agrada la situación que se está dando con el alfa, pensó que si sabía que Kaori era su hija, podría tratarla con amor y cuidado, no con desprecios e indiferencia, se sentía mal por su amigo, quien era evidente que se veía afectado, así que tras dejarle en claro que estaba ahí con ellos, los tres fueron a la enfermería.

Notes:

Espero que haya sido de su agrado!!! los amo mucho!!!
Ya se la saben, sugerencias, comentarios, cartas de amor o amenazas, en los comentarios!!
Besitos!!!!💖💖💖

Chapter 6: Promises

Summary:

Yuuji debe anteponerse ante el rechazo de Gojo hacia su hija... Debe ser él quien cuide y ame a su hija...

Notes:

Hola gente hermosa!!!
Espero que estén bien y estén teniendo un bonito fin de semana!!! Aqui un nuevo capitulo que la verdad... fue un reto escribir! juro que tenía tantas ideas que no daba con ni una!! pero aquí está!!
A todas las personitas que apoyan esta historia... MUCHAS GRACIAS!!!! NO SABEN COMO ME ALEGRAN LA EXISTENCIA!!
Sin más, espero sea de su agrado!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Horas antes del amanecer.

En las solitarias calles de Tokio, un inesperado portal se abrió y, de su interior, emergió una singular pareja de hechiceros y tras un par de minutos el alfa lanzó un poderoso corte destruyendolo en un segundo.

—¡Carajo! Estuvimos tan cerca… —exclama la omega a escasos pasos del alfa.

El varón no dice nada, pero fija su mirada en las heridas de la mujer, que comienzan a sanar gracias a su técnica inversa en cuestión de segundos, dejando sólo los escandalosos rastros de sangre sobre su ropa y piel.

Permanecen en silencio nuevamente mientras oyen la siempre ajetreada ciudad de Tokio a su alrededor, tuvieron suerte, piensan, pues el portal se abrió en una zona poco transitada y seguramente nadie notaría que estuvieron ahí.

El alfa de peculiar cicatriz miró como la omega comenzaba a caminar en una conocida dirección mientras se abrazaba a sí misma debido al frío de la mañana.

—¡Espera! ¿A dónde vas? —pregunta mientras trata de alcanzarla.

—Siguiendo el plan, tú ve por el chiquitín. Yo iré a hablar con Tengen… Seguramente ya notó la fragmentación en sus barreras— responde la mujer antes de desaparecer.

El alfa se queda de pie en medio de la calle sin saber qué hacer o a donde ir, solo esperando a que su amiga esté bien, así que confiando en ella decide tomar un nuevo rumbo.

Ese mismo día, más tarde.

Al llegar a la enfermería, Shoko los recibe con una sonrisa profesional, aunque sus ojos se posaron rápidamente en Gojo, quien está un poco apartado, con su postura rígida y evitando mirar a Kaori. La niña, a su vez, se ve un poco más tranquila gracias al apoyo de Yuuji, pero aún hay una pizca de desconfianza en su mirada.

Yuuji se quedó con Kaori mientras Shoko comenzaba a preparar todo para el examen. Gojo se quedó al fondo, observando sin intervenir, con los brazos cruzados. Aunque su rostro estaba calmado, sus ojos revelaban una incomodidad palpable.

—¿Mami la tía Shoko me va a curar? — Pregunta inocente la niña mirando a su madre.

Shoko asiente antes de sonreírle y prometerle que no sería nada difícil, pero sus ojos siguen a Gojo con una mirada evaluadora. Sabe que algo no está bien, y se siente en la obligación de abordarlo, pero por el bien de la niña y el omega, lo haría estando a solas con el alfa.

Shoko comenzó con el examen físico de Kaori, tocando suavemente su estómago, revisando su piel. La niña estaba nerviosa al principio, pero la presencia tranquila de Yuuji la relajaba un poco. Sin embargo, a medida que Shoko realizaba las pruebas, su rostro se fue tornando serio.

Tras casi treinta minutos después, la beta se encontraba frente a los omegas quienes la veían con impaciencia, pues en su rostro no se veían buenas noticias.

— Tiene signos evidentes de desnutrición —dijo, casi murmurando. — Y su cuerpo está débil. Las condiciones del futuro no le han hecho ningún favor —dice con pesar.

Yuuji apretó los dientes, un nudo formándose en su garganta. Sabía que la situación era complicada, pero escuchar esas palabras lo golpeó como una oleada de desesperación. Nobara a su lado, se acercó más y comenzó a frotar su espalda a modo de consuelo. Shoko continuó revisando los resultados, con una ceja alzada. Finalmente, miró a Gojo, y luego a Yuuji.

— Hay algo más… un desequilibrio de feromonas. — Se detuvo, sabiendo que esas palabras pesarían mucho — Kaori no ha sido expuesta a las feromonas de su padre, y eso está afectando su desarrollo.

Gojo mantuvo la mirada fija en el suelo. El peso de la palabra “padre” se sintió como una bofetada. Su mandíbula se tensó, sus manos apretaron con más fuerza los brazos cruzados. No podía huir de esto… pero quería hacerlo.

— Yo… Yo voy a buscar algo. — Murmuró mientras se levantaba de su asiento, evitando las miradas de los demás.

Shoko lo observó en silencio, y luego le entregó una pequeña orden tácita con una mirada. Sabía que él no quería enfrentarse a esto, pero era necesario. Lo vio salir de la sala con rapidez, y un minuto después volvió con su chaqueta. La arrojó sobre la mesa, claramente evitando que cualquier conversación o interacción con Kaori se diera.

— Esto debería funcionar —dijo con voz baja, mirando a Yuuji, pero sin atreverse a mirar a la niña.

Yuuji miró la chaqueta con incredulidad. ¿Era todo lo que Gojo iba a hacer? ¿Ni siquiera un intento por acercarse? La tensión en el aire se hizo aún más pesada mientras su dulce olor a melocotón maduro comenzaba a picar a causa de su mal humor.

Kaori, curiosa e ignorante de la situación, se acercó lentamente a la chaqueta. Como si un impulso interno la guiara, la levantó, la olió y, sin pensarlo, comenzó a ronronear suavemente. La suavidad de su gesto no pasó desapercibida, y el brillo en sus ojos revelaba algo que ni siquiera ella misma entendía: el reconocimiento de algo profundo, algo relacionado con su padre, aunque aún no lo supiera.

Yuuji observaba en silencio cómo Kaori se acurrucaba con la chaqueta, un atisbo de calma pasando por su rostro, como si, al tocar la tela, se sintiera más segura. La niña no entendía qué sucedía, pero el aroma familiar la tranquilizaba, y eso era lo único que importaba en ese momento.

Nobara y Shoko intercambiaron una mirada, sorprendidas por la reacción de Kaori. Yuuji, sin embargo, no pudo dejar de sentir una mezcla de alivio y desdén hacia Gojo. La chaqueta había funcionado, sí, pero ¿era eso todo lo que podía hacer como padre? ¿Limitarse a un objeto de tela?

— Es… su padre, ¿verdad? —dijo Nobara en voz baja, mirando a Yuuji.

Yuuji, mirando a Kaori y luego a la puerta por donde el alfa había salido, asintió, pero no dijo nada. Había tantas preguntas sin respuesta, tantas emociones sin procesar. Pero ahora no era el momento para discutir. Kaori necesitaba estabilidad, y él se encargaría de dársela, incluso si eso significaba enfrentarse a Gojo en el futuro.

Ya un poco más tranquilo, Yuuji tomó a Kaori en sus brazos, quien seguía acurrucada con la chaqueta de Gojo, aun la escuchaba ronronear y eso en gran parte lo ayuda a calmarse, pues ver a la pequeña de esa forma lo hacía sentir tranquilo. pero aún había un detalle que tratar, pues él también lo notó cuando bañó a la niña: Su cuerpo estaba demasiado flaco e incluso pudo ver las costillas de la niña, así que procurando la salud de la niña habló.

—Shoko-san, ¿Que puedo hacer para ayudarla? —pregunta viendo a la beta que abría una paleta de caramelo.

Agradeció el gesto de que no fumara frente a la niña, aunque no estaba seguro de si la niña la había visto fumar en el futuro. 

Shoko miró al omega y suspiró con cansancio, quizás no era lo mejor, pero no tenían demasiadas opciones y si llamaba a uno de sus colegas fuera de la sociedad de hechicería, sería un caos, pues no podrían explicar el delicado estado de la niña. 

—La opción más rápida y corta es darle vitaminas —responde Shoko mientras sacaba una jeringa de un cajón del escritorio.

Kaori vio el tamaño de la aguja y soltó un grito aterrorizado antes de alejarse de la camilla, sus pequeñas manos aferrándose con desesperación a la chaqueta de Gojo. Entre sollozos, lloró que no quería más agujas y su cuerpecito comenzó a temblar de miedo.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Yuuji la tomó rápidamente en sus brazos, envolviéndola en un protector abrazo. Un gruñido profundo brotó de su pecho cuando sintió el pánico de la niña, sus colmillos reluciendo al mirar amenazante a Shoko. La beta, con la experiencia de toda una vida lidiando con omegas difíciles, bajó la jeringa con calma, sin movimientos bruscos.

—Tranquilo, Itadori-kun —dijo con voz relajada, dejándose caer en su silla. Luego, tras un suspiro, añadió— No era la única opción.

El omega, aún en alerta, observó con recelo cómo la doctora se metía la paleta a la boca, como si nada hubiera pasado. Cuando Kaori se acurrucó contra su cuello, sus sollozos disminuyendo en pequeños hipidos, Yuuji exhaló el aire que no sabía que contenía.

—¿Sabes? En tiempos de guerra, cuando los recursos son escasos, los omegas alimentaban a sus cachorros de una forma más natural—comenzó a explicar Shoko, sin rodeos. Yuuji sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero se obligó a escuchar— De esta forma los cachorros reciben todos los nutrientes.

Silencio. La sala quedó en un gran silencio donde nadie sabía qué decir. Pronto el cerebro de Yuuji se detuvo. Las palabras de Shoko rebotaron en su mente, pero se negaban a encajar. Sus mejillas ardieron con furia al comprender lo que la beta acababa de insinuar.

—¡Espere un segundo! —Nobara reaccionó antes que él, su expresión pasando de la incredulidad al asco en cuestión de segundos— ¿Está diciendo que Itadori debe… lactar? —Cuestionó con apenas un hilo de voz. 

—¿Qué? —La voz de Yuuji salió en un chillido más alto de lo que hubiera querido. Tragó saliva, sintiendo cómo sus instintos le gritaban que protegiera a Kaori a toda costa, pero esto era otra cosa.

—Sí —confirmó Shoko con absoluta tranquilidad, como si estuviera explicando la manera correcta de atarse los zapatos— Es la opción más beneficiosa para todos: no hay agujas, no hay dolor, y la niña obtendrá todos los nutrientes que necesita. Claro, siempre y cuando Itadori-kun mantenga una buena alimentación —Volvió a meterse la paleta a la boca como si no acabara de soltar la bomba del siglo.

La sangre de Yuuji abandonó su rostro, comenzó a sentirse como un extraño en su propio cuerpo. jamás había pensado un segundo en que su cuerpo fuera capaz de hacer o siquiera si alguna vez se toparía con esta situación.

—No… no, no, no, tiene que haber otra forma —dijo rápidamente, poniéndose de pie con tanta brusquedad que la silla chirrió contra el suelo. Sus manos temblaban a los costados, sus mejillas encendidas—. ¡Algo menos… raro!

—Es completamente natural, Itadori-kun —respondió la beta.

—¿Para quién? ¡Porque para mí NO lo es! —exclamó el omega, a lo que la castaña tomó su mano para ayudarlo a calmarse un  segundo.

Shoko entrecerró los ojos y luego suspiró, su paciencia alcanzó el límite. Ya había tomado el papel de tía en toda esta locura, y sinceramente, ver a Itadori actuar como si no supiera nada de su propio cuerpo, la sacaba de sus casillas.

—Vamos, Itadori-kun, pensé que eras más valiente. ¿O es que te da miedo que te muerda? —pregunta sarcástica. Yuuji la fulminó con la mirada.

—¡Ese no es el problema! ¡Es que ni siquiera sabía que era una opción! —responde con voz cansada.

Apretó los puños, sintiendo cómo su propio cuerpo le parecía desconocido. Nunca, en toda su vida, había pensado en su capacidad biológica de esa manera. Su pecho se sintió pesado, como si el simple hecho de reconocer esa posibilidad le abriera un mundo completamente nuevo y aterrador.

Como si ya no pudiera seguir fingiendo que no era una madre. Mientras su mente giraba en espiral, Kaori lo miró con sus grandes ojos azul cielo, tan llenos de inocencia y amor.

—Está bien, mami. No hagas algo que no quieras —susurró la niña, apretando la chaqueta de Gojo entre sus manitas.

El corazón de Yuuji se rompió un poco. El tono de Kaori no era acusador ni enojado. Solo… triste. Como si de verdad creyera que su mami no quería ayudarla. Como si pensara que la estaba rechazando.

—Sé que esto es nuevo para ti… —La voz de Shoko se suavizó—, pero así como los celos o soltar tu aroma, tu cuerpo se adaptará. No habrá repercusiones para ti.

Yuuji bajó la mirada. Sus manos se cerraron y abrieron en sus pantalones, un reflejo de su tormento interno. No quería hacer esto, pero también, estaba el hecho de que Kaori no tenía a nadie más. Si esto era lo mejor para ella, si esto significaba ser madre ¿Qué más podría hacer? aspiró hondo y dejó salir un largo suspiro de resignación.

—No puedo creer que esté diciendo esto —murmuró, frotándose el rostro con ambas manos—. Pero dime qué tengo que hacer.

Shoko sonrió, triunfante y mientras Kaori se acomodaba en sus brazos con una confianza absoluta en él, Yuuji no pudo evitar pensar en lo irreal que era todo esto. Apenas ayer, su única preocupación era sobrevivir. Ahora… ahora tenía que aprender a ser madre.

—Vaya, lo haces tan natural que no lo puedo creer —comentó Nobara con una ceja alzada, observándolo con genuina sorpresa.

—¿Quieres callarte? No es muy cómodo que digamos —replicó Yuuji con voz cansada, sin levantar la mirada.

Shoko tardó cerca de cinco minutos explicándole cómo debía estimular sus pechos y la manera correcta de sostener a la niña para que ambos estuvieran cómodos. Cinco minutos que se sintieron como una eternidad para el omega, que aún intentaba procesar que esto era real. Cuando la doctora finalmente se levantó para marcharse, lo hizo con una sonrisa burlona.

—Les dejaré privacidad —dijo con fingida inocencia.

—¡Tú fuiste la que insistió en esto! —Murmuró el omega lanzándole una mirada de muerte.

—Oh, sí, pero no tengo por qué presenciarlo —respondió Shoko con una risita mientras cerraba la puerta tras de sí.

El omega suspiró, sintiendo el peso del momento sobre él. Tenía a Kaori pegada a su pecho, su cuerpecito cálido y frágil contra el suyo. Era una sensación extraña, completamente nueva, pero no desagradable. Sentía un leve hormigueo cada vez que la niña se alimentaba, acompañado por el sonido pausado y rítmico de su respiración. Definitivamente extraño. Pero no del todo malo.

Nobara, notando lo tenso que estaba, sacó su teléfono y puso música a bajo volumen. Un sonido suave, relajante. Luego, tomó la chaqueta de Gojo y la acomodó sobre Yuuji y la niña, cubriéndolos con un gesto protector.

—Para que te sientas menos expuesto —murmuró.

Yuuji bajó la mirada, levantando un poco la tela para mirar a Kaori y entonces la vio. Esos ojitos celestes lo observaban con una dulzura devastadora. Había algo tan puro, tan genuino en esa mirada… algo que lo atravesó sin piedad. No era solo confianza. Era adoración. Fe ciega. Amor.

Kaori lo veía como si él fuera su mundo entero. Yuuji tragó saliva, sintiendo que algo se rompía dentro de él. ¿Cómo alguien tan pequeño podía amar tanto? ¿Cómo podía mirar así a alguien como él… roto, asustado, incapaz de entender lo que estaba haciendo?

Pero luego Kaori suspiró, acomodándose aún más contra él, como si no necesitara ninguna respuesta. Como si, con solo estar ahí, él ya estuviera haciendo todo bien.

—Tranquila, princesa… aquí estoy —susurró, acariciando con delicadeza su cabello rosado, temblando apenas con el contacto.

Por un momento, cerró los ojos, dejándose envolver por ese instante. Podía olerla. Un aroma suave, reconfortante, como algodón tibio y leche tibia. Sintió cómo su pecho se apretaba. Era demasiado. Demasiado tierno. Demasiado real.

“¿De verdad esto es mío?” pensó. “¿De verdad esta niña confía tanto en mí… me ama así… solo por ser yo?”

Sintió lágrimas picándole los ojos, pero las contuvo. No porque quisiera ser fuerte. Sino porque no quería perderse ni un solo segundo.

Kaori alzó su manita y le tocó la mejilla, con ese gesto pequeño y tierno que le revolvía el alma. Yuuji la atrapó con la suya, llevándola a sus labios con una devoción que nunca pensó poder sentir. Besó su piel suave, frágil, como si fuera un juramento sellado con el alma.

Ella lo miró un instante más y luego, lentamente, cerró los ojos. Se quedó dormida así, abrazada a él, respirando tranquila.

Yuuji no se movió. Ni siquiera se atrevió a parpadear. La sostuvo con firmeza, pero con ternura. Como si con solo un mal movimiento pudiera romperla. El peso de su cuerpecito no era nada comparado con el peso que sentía en el corazón: ese amor que crecía más allá del entendimiento.

Acarició su espalda con movimientos suaves, circulares, y bajó la mirada hacia sus facciones dormidas.

Tan perfecta. Tan suya.

—Lo haré bien —susurró, con voz suave—. No sé cómo, pero… te lo prometo. Te cuidaré, Kaori. Aunque me dé miedo. Aunque no tenga idea de qué estoy haciendo. Porque tú me elegiste… y eso lo cambia todo — murmuró con suavidad enamorándose de su hija.

No se dio cuenta de que Nobara, con una sonrisa cómplice, había grabado el momento en su teléfono.

En otro lugar de la escuela de hechicería.

El aire en la bóveda era denso, sofocante. Un leve aroma a incienso flotaba en la oscuridad, mezclándose con el polvo de los años. Los pies de la mujer resonaban en el suelo de piedra con cada paso firme y decidido. Avanzaba sin miedo, sin titubeos, como si no hubiera nada en este mundo que pudiera hacerla retroceder.

La figura de Tengen la esperaba de pie, inmóvil, frente a la tumba del Manto Estelar. Su silueta deformada por la maldición parecía casi monolítica en la penumbra, una sombra antigua que jamás debería haber existido. Cuando la vio, sus ojos se entrecerraron con una mezcla de incredulidad y resignación.

—El futuro no es muy amable… —murmuró con voz profunda y gutural—. Pensé que ese mensaje era una mentira — habla la maldición de forma neutra.

La mujer sonrió con desgana, cruzándose de brazos mientras se acercaba más a la vieja maldición y se inclinaba hacia su rostro, mostrando una sonrisa burlona.

—Sí, bueno… Si alguien hubiera decidido pelear, las cosas no habrían sido tan jodidas. — Su tono era ácido, lleno de rencor contenido.

Tengen no reaccionó. Simplemente la observó en silencio antes de responder, con la misma calma resignada de siempre:

—Si has venido a pedirme que pelee, no tienes que molestarte. Me negué una vez y lo haré de nuevo. No soy como Itadori Yuuji… o como tú, Kugisaki Nobara — los labios de la mujer se curvaron en una sonrisa seca.

—No se trata de eso — respondió Kugisaki mientras veía su desgastada bota.

El aire se volvió más pesado, como si cada palabra aumentara la presión en la habitación.

—Entonces, ¿qué quieres? —cuestionó Tengen comenzando a impacientarse.

La sonrisa de Nobara se desvaneció. Su único ojo ardió con una intensidad que el viejo sabio jamás había visto en ella, ni ahora, ni en los días de un futuro pasado.

—Que refuerces las barreras — respondió ella.

Tengen parpadeó sin creer lo que acababa de escuchar, principalmente por su tono de voz: serio, cortante.

—¿Para qué? — vuelve a preguntar. La omega inclinó la cabeza, su expresión endureciéndose en un gesto sombrío.

—Para impedir que él venga hacia aquí. —dice en un susurro mientras mira la mancha de sangre a escasos pasos de ella.

Tengen sintió, por primera vez en siglos, un escalofrío recorriéndolo.

—¿Él? ¿Quién es él? —habla.

Los labios de Nobara se separaron lentamente, formando un nombre que cargaba el peso del infierno mismo.

—Ryomen Sukuna.

Notes:

Sii ya lo se... Gojo es un idiota!!! lo sé... yo también me enojé al escribirlo, lo juro!!
Cadena de quienes queremos ser las alfas de Yuuji y cuidar a Kaori, yo inicio!!! JAJAJAJA
Como ya saben no prometo actualizaciones rápidas, aunque el borrador está casi listo, pero hay cositas que debo revisar JAJAJA
Ah! y como ultima aclaración... Esta es la canción es la que pone Nobara! (Por cierto que canciones creen que escucharían los de jjk? Siento que Yuuji es de los que escucha de todo y tiene gustos bien raros, pero le va más al pop JAJAJA)
https://youtu.be/rnx6LIq0r4w?si=E_HJ_mH8ak-ggtmm

los amo!!! muchas gracias por leer!!!

Chapter 7: plan de guerra

Summary:

Una pequeña reunión se convierte en el inicio de todo para cambiar el futuro... Kaori tiene un agradable reencuentro con alguien muy importante y Gojo es un idiota

Notes:

Hola gente hermosa! espero que estén bien!!! Oigan una super disculpa por no haber actualizado antes!!! Enserio que tenía planeado desde el 10 de mayo, ya saben día de la madre aquí en mi México mágico JAJAJA y en especial porque Yuuji es mamá en esta historia! JAJAJA
De cualquier forma espero les agrade!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Las voces se superponían unas sobre otras en la sala de reuniones. Era un caos. Entre los maestros de Tokio y Kioto, los desacuerdos eran evidentes, y la presencia de los estudiantes no ayudaba a calmar los ánimos.

—No deberían estar aquí —gruñó Kusakabe, con los brazos cruzados y una clara expresión de descontento.

—Tampoco deberíamos estar involucrados en una guerra contra Sukuna, y aquí estamos todos —respondió Maki con sorna, acomodándose las gafas.

Yaga suspiró pesadamente, pasándose una mano por la frente.

—Dejemos las quejas de lado. Tenemos información, y es lo único que importa en este momento — dijo el beta ya cansado de la situación.

En el centro de la sala, el viejo celular de Yuuji descansaba sobre la mesa. Había sido forzado para poder acceder a los archivos, y dentro contenía datos que simplemente no tenían sentido. Una lista de nombres de hechiceros que, hasta donde sabían, no deberían existir. Personas que no eran hechiceros en el presente pero que, de alguna forma, lo eran en ese futuro devastado.

—Si los datos son correctos, entonces hay una anomalía de la energía maldita —comentó Mei Mei, ladeando la cabeza con una sonrisa calculadora.

—¿Y qué hay de Mechamaru? —interrumpió Utahime, mirando alrededor de la sala— Si todo eso es real, deberíamos detenerlo — dijo con preocupación.

Antes de que nadie pudiera responder, la puerta se abrió de golpe. El aire en la habitación se volvió tenso al instante. Nobara Kugisaki entró, con su oscura ropa llena de polvo  y una expresión sombría. Pero no era la Nobara que conocían. Era la Nobara del futuro.

Lo supieron gracias a que la omega se veía más alta, sus rasgos juveniles comenzaban a desaparecer y daban paso a unos más maduros. Su cabello castaño era ahora más largo, dividido entre su color natural y el decolorado cabello anaranjado, y un evidente parche en su ojo derecho.

Sus ojos recorrieron la habitación, y en ese instante, alguien más apareció a su lado. El rechinido metálico de engranajes y el resplandor de un visor mecánico alertaron a todos. Un robot de Mechamaru se posicionó a su lado, con una presencia menos hostil que de costumbre.

—Necesitamos hablar —dijo Nobara, con la voz ronca.

El silencio se sintió denso como el plomo. Todos observaban a Nobara del futuro y al robot de Mechamaru con una mezcla de asombro y desconfianza, pero antes de que alguien pudiera reaccionar, un rugido de furia rompió el aire.

Yuuji, sin previo aviso, se puso de pie, su energía maldita estallando a su alrededor como una onda de choque. Sus ojos estaban llenos de ira pura y un dolor tan profundo que apenas podía contenerse.

En un solo movimiento, lanzó un golpe directo al robot. Un crujido ensordecedor llenó la sala cuando el brazo metálico de Mechamaru se hizo añicos, piezas volando por el aire mientras el cuerpo del títere maldito se tambaleaba hacia atrás. Todos quedaron paralizados, pues no era común ver a Yuuji perder el control así, pero el omega no se detuvo.

—¡POR TU CULPA, MI HIJA VIVIÓ UN INFIERNO! —gritó con la voz desgarrada por el dolor.

El gruñido salió de sus labios antes de que pudiera evitarlo. Un sonido bajo, amenazante, cargado de advertencia.

El silencio cayó sobre la sala como un balde de agua fría. Megumi frunció el ceño, dando un paso atrás por instinto. Maki y la joven Kugisaki intercambiaron miradas, tensando los hombros. Nanami ladeó la cabeza, observando a Yuuji con más curiosidad que alarma. Gojo, por su parte, apenas alzó una ceja tras su antifaz negro.

—Interesante —murmuró ligeramente divertido por la reacción del oji dorado.

Yuuji sintió la vergüenza arderle en el rostro. Se obligó a tragar saliva, bajando la cabeza.

—Lo siento —susurró sin atreverse a mirar a nadie.

La Nobara adulta se movió, su instinto le decía que debía detenerlo, pero no lo hizo, sabía que Yuuji tenía que desahogarse. Él había perdido demasiado, las acciones del hechicero habían hecho demasiado daño directa e indirectamente a Kaori. El silencio se hizo aún más denso cuando Mechamaru, en lugar de defenderse, inclinó la cabeza levemente.

—Y es por ella que quiero ayudar —respondió, su voz metálica sonando más humana de lo que nadie esperaba.

La declaración resonó en la sala, dejando a todos sin palabras. El peso de las palabras de Mechamaru flotaba en el aire. Nadie sabía qué decir, ni siquiera Yuuji, que aún respiraba con dificultad, los puños cerrados con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Pero sin que él lo notara, algo dentro de él ya había cambiado y es que, sin darse cuenta, había aceptado a Kaori como suya. No como una simple conexión del futuro o como un enigma a resolver, sino como su hija. El pensamiento lo golpeó de manera repentina, haciéndolo temblar por dentro, pero no tuvo tiempo de procesarlo. Nobara del futuro dio un paso al frente, su presencia imponiéndose en la sala.

—Está bien —dijo con voz firme— Todos estamos enojados, y con más preguntas que respuestas. Pero perder el control no nos va a ayudar a solucionar nada— dijo para después abrazar al omega. Era el abrazo que una hermana mayor le daría a su pequeño hermano.

—Ahora mismo tenemos una ventaja. Todo esto que está pasando es un misterio para Kenjaku y lo más importante… —sus ojos se afilaron— Mechamaru aún no ha dicho nada sobre esto—continuó la castaña.

El cambio en el ambiente fue inmediato. Yuuji y los demás alzaron la vista con interés. Gojo entrecerró los ojos, evaluando sus palabras. Yuuji, todavía intentando calmarse, se obligó a concentrarse en lo que Nobara estaba diciendo.

—Si jugamos bien nuestras cartas, podemos usar esto a nuestro favor —continuó ella todavía abrazada del chico.

—¿Cómo exactamente? — preguntó Utahime quien socorrió a su alumno.

— Como pudieron ver, hay más de un responsable de lo que llamamos “el incidente” — respondió ella con calma — Exorcizar a las maldiciones involucradas será fácil ahora que sabemos como hacerlo, pero hay que ser inteligentes— su voz era calmada, pero seria y madura.

—Te refieres a que nos ayudarás a cambiar el futuro — dice Gojo, que más que una pregunta era una afirmación, pero solo la omega notó el temblor en su voz — ¡La bella Kugisaki Nobara, ha crecido como una verdadera hechicera! Dinos querida alumna… por donde y con quienes iniciamos — dice burlón el alfa, a lo que la omega solo rodó los ojos.

— Primero, deben entender que habrá situaciones que no podemos cambiar y otras que definitivamente no deben pasar — dice ignorando a su profesor y centrar su atención en los demás presentes en la sala.

—Sigue hablando —pidió Maki, pero su tono mostrando un atisbo de interés genuino.

Nobara sonrió como si le hubieran dado permiso a revelar sus más grandes delirios y secretos – aunque así era – y con suavidad apartó el cuerpo del omega del de ella.

—Si queremos acabar con esto, necesitamos una estrategia real — dijo caminando hasta el centro de la habitación.

Y con esas palabras, la reunión dejó de ser solo un intercambio de información. Se convirtió en el inicio de la caza, en la cual, Nobara comandaba las decisiones venideras. Explicó cada detalle, respondió preguntas y calló secretos, pero lo importante es que cumplía con su papel en esa guerra.

—Kenjaku, al robar el cuerpo de Suguru Geto, le permitió extraer la técnica de la maldición mejor conocida como Mahito y usarla para romper los diversos sellos en los no hechiceros— confiesa.

—Pero nosotros no tenemos la técnica de Geto… —dice Nanami con seriedad. El tema de su antiguo sempai, aun le era difícil.

Gojo apretó los puños de tan solo pensar en la maldición que usurpó el cuerpo de su mejor amigo, y de no saber que ese Geto, no era SU Geto hubiera caído en la trampa –-Aun temía que pudiera caer en esa trampa–  No muy lejos de él, escuchó a Maki chasquear la lengua con frustración y Megumi desvió la mirada con el ceño fruncido, pero Nobara no se dejó intimidar por el enojo del beta.

—Lo sé —admitió con una media sonrisa, la chispa de una idea reflejada en sus ojos— Pero no necesitamos necesariamente a Geto —dice con seguridad.

Yuuji la miró con confusión, nunca conoció al tal Geto, pero había escuchado lo suficiente como para saber que fue alguien increíblemente poderoso y muy necesario.

—¿Entonces cómo podemos usar a ese tal Mahito? — cuestiona Megumi viendo a la versión futura de su amiga.

—Vamos a copiar su técnica— responde ella con una sonrisa —Con su técnica podemos elegir qué sellos activar y cuales no activar, así como evitar muchas muertes y desestabilizar los preparativos para los juegos del sacrificio— dice viendo a Nanami y después a Yuuji.

Esa frase cambió por completo el ambiente. Gojo, quien hasta ahora solo había observado, entrecerró los ojos con interés al oír las palabras de su alumna.

—Estás hablando de Yuta —dijo, sin siquiera necesitar confirmación.

Nobara le sostuvo la mirada y asintió, todavía sin poder creer que frente a ella estaba su maestro, y sobre todo, el más grande amor de su mejor amigo.

—Pero no ha vuelto de su misión —intervino Nanami, pensativo—Tendríamos que traerlo de regreso cuanto antes.

—¡Oh, de eso no se preocupen! —exclamó la castaña con una sonrisa de pura confianza—El chiquitín ya viene en camino — sonrió.

Gojo arqueó una ceja al ver la seguridad de la mujer, tenía el gran presentimiento de que esto se volvería más y más interesante conforme los secretos del futuro fueran revelándose ante ellos.

—¿Yuta? — cuestionó Yaga sin creer que Nobara planeara todo tan bien.

Nobara asintió con un encogimiento de hombros, como si no fuera la gran cosa o como si no le doliera ver rostros que dejó de ver hace mucho tiempo.

—Le dije que se apresurara. Y ya sabes cómo es él cuando se trata de ayudar— le resto importancia.

Con esto aclarado, la reunión se dio por concluida. Ahora tenían un plan, una estrategia y la ventaja. Los adultos se miraron entre sí, asimilando la información.

—Entonces, pongámonos en marcha —dijo Nanami, levantándose de su asiento.

El resto asintió, preparándose para salir de la sala y antes de que alguien pudiera dar un paso fuera de la habitación, un sonido se escuchó en los pasillos.

—¡Madrina! — se escuchó una alegre voz.

Todos se quedaron en silencio cuando una pequeña figura apareció corriendo a toda velocidad. Era Kaori, y atrás de ella venía Niita, quien no podía seguirle el paso a la niña. La niña cruzó el pasillo con la energía desbordante de la infancia y se lanzó directamente hacia Nobara adulta.

—¡Oh, mierda! —fue lo único que alcanzó a decir la omega antes de prepararse para el impacto.

Kaori chocó contra ella con fuerza, abrazándola con toda la emoción del mundo mientras caían al suelo.

—¡Sabía que eras tú, madrina! —exclama la niña con felicidad.

Nobara sintió un nudo en la garganta al ver los ojos brillantes de la niña. Aunque la pequeña no tenía idea de lo que estaba pasando, verla sana y salva era suficiente para ella. Detrás de ellas, la voz de Todo resonó con dramatismo.

—¡Yo soy el único padrino de Kaori-chan! — exclama el alfa con fuerza

—¡Sí, yo gané ! —replicó la versión más joven de Nobara, quien celebraba la escena con una gran sonrisa.

La versión adulta suspiró y miró a Kaori con ternura mientras acariciaba el suave rostro de la niña y un nudo se formaba en su pecho, pues en pocos días la niña había mejorado mucho, ya no la veía demasiado flaquita como antes y su cabello siempre enredado ahora lucía en dos lindas coletitas.

—Te extrañé, pequeña terremoto — murmura la omega con dulzura.

Kaori rió y asintió con entusiasmo antes de abrazarla con fuerza.

—¡Yo también te extrañé! — respondió la pequeña — ¡Mira bañé a Tora! — dice alegremente mostrando el peluche ahora blanco y reluciente, incluso el ojito que le hacía falta fue reemplazado por un botón.

Mientras la niña se aferraba a su madrina, el resto de los presentes solo podían observar la escena con una mezcla de emociones. Algunos con ternura, otros con asombro y, en el caso de Gojo, con un extraño sentimiento que no lograba identificar.

Aunque todos estaban enfocados en la niña, en cómo Yuuji se aseguraba de que estuviera bien y en el escándalo que armaban los estudiantes, Nobara mayor se percató de algo más.

Gojo se mantenía apartado, el alfa no se acercó ni un solo paso a la niña. Se quedó en la cercanía, con las manos en los bolsillos y los ojos ocultos tras su característica banda negra. No era como si la ignorara, pero tampoco hacía ningún intento de interactuar con ella.

Nobara entrecerró los ojos con sospecha. Gojo Satoru nunca había sido alguien que evitara algo. Si algo le molestaba, lo enfrentaba con arrogancia. Si algo le intrigaba, se metía de lleno sin pensarlo dos veces. Pero ahí estaba, manteniéndose a distancia, con una postura tensa que cualquiera que lo conociera bien podría notar : Miedo, el hombre más fuerte del mundo le tenía miedo a una niña. La omega no podía culparlo.

Aún así, no apartó la mirada de él. Y cuando Gojo se percató de su escrutinio, simplemente giró sobre sus talones y salió de la habitación sin decir una palabra.Nobara suspiró.

—"Idiota." — pensó con amargura.

Lo dejaría ir por ahora. Pero eventualmente, tendría que enfrentarlo. Porque si Gojo quería ser parte de la vida de Kaori, tendría que dejar de huir.

El día pasó sin más incidentes—bueno, si es que se podía llamar "tranquilo" a las tediosas clases que los estudiantes tuvieron que soportar y al torbellino de energía que era Kaori.

La niña no paró ni un solo momento. Brincaba de un lado a otro, explorando cada rincón de la escuela, correteando a Panda y exigiendo que Toge le hiciera "magia" con su discurso maldito. Cuando lograba que alguien jugara con ella, estallaba en risas infantiles que hacían que, por un momento, todos olvidaran la oscuridad que se cernía sobre ellos. Nobara no pudo evitar sentirse mejor al verla así.

"Al menos aquí, en este tiempo, tiene la oportunidad de ser una niña."

Yuuji, en cambio, estaba exhausto, suspiró con fuerza mientras masajeaba la parte trasera de su cuello. Para cuando llegó la hora de la cena, apenas tenía energía para sentarse con un suspiro pesado, con Kaori acomodada en su regazo mientras la niña jugaba con sus manos.

—¡Nunca pensé ver el día en que Itadori-kun se convirtiera en la mamá del año! —dijo Shoko, llevándose una mano al pecho como si estuviera al borde del desmayo.

—¿No deberíamos hacerle una placa o algo? —añadió Maki, llevándose un dedo a la barbilla en una falsa expresión pensativa.

Megumi rodó los ojos, pero no hizo nada para detenerlos. Yuuji sintió cómo el calor subía a su rostro, soltó un gemido más fuerte y se levantó de la mesa al oír el cronómetro sonar. Los demás simplemente rieron, mientra que el pelirrosa solo quería alimentar bien a su hija. Eso era todo, pero ahora estaba siendo ridiculizado por absolutamente todos en la mesa.

—¡Es una cena normal! —insistió con desesperación mientras veía cómo lo miraban con una mezcla de burla y asombro.

Pero claro, no era una cena normal. Era un plato demasiado colorido y perfectamente equilibrado, con ingredientes pensados no solo para ser nutritivos, sino también para verse apetitosos para una niña pequeña.

El brócoli tenía forma de arbolitos, las zanahorias eran estrellas, había pedazos de pollo con una salsita que formaban una especie de sabanita para el osito hecho con arroz y carita hecha de nori. Kaori ronroneo mientras comía con alegría, ajena a las miradas de celos que le dirigían los demás.

—¡No es justo! —exclamó Panda, cruzado de brazos— ¡Yo también quiero una cena así! — dijo viendo el colorido plato.

—Lo peor de todo es que Itadori cocina delicioso… —murmuró Maki, entrecerrando los ojos con resentimiento.

—¿Cuándo fue la última vez que nos preparó algo? —preguntó Inumaki el ceño fruncido.

—No quiero hablar de eso… —susurró Megumi, mirando la comida de Kaori con añoranza.

Nobara joven estaba demasiado entretenida burlándose de Yuuji como para sentirse celosa. Pero su versión adulta, ella solo reía. Se sentía bien ver a su mejor amigo así. Rodeado de personas que lo querían, de una hija que lo adoraba, de un mundo donde todavía tenía algo que proteger y entonces recordó una de las tantas noches en las que no sabían que sería del mañana.

“Un albergue, iluminado solo por velas y linternas de batería.Un mundo devastado.

Yuuji con su hija en brazos. Kaori apenas tenía un año. Su cuerpecito estaba envuelto en una manta desgastada, sus ojitos bien abiertos mientras su mamá la alimentaba con tranquilidad con un puré no muy apetitoso a la vista. Nobara se sentó a su lado con un suspiro pesado, estirando las piernas después de un día largo.

—¿Qué pasa? —preguntó con burla— ¿Está de quisquillosa? — dijo al ver a su decaído amigo.

Yuuji no respondió de inmediato. Solo miró a su hija con ojos vidriosos, acariciando su cabecita con ternura infinita. Entonces, susurró:

—Solo pensaba que… probablemente esta sea la cena más tranquila de su vida.

El silencio cayó sobre ellos. Nobara sintió un nudo en la garganta, porque sabía que Yuuji tenía razón. Porque sabía que, en cuanto amaneciera, todo volvería a ser un infierno, porque no importaba cuánto se esforzaran, nunca podrían darle a esa niña la paz que merecía.

—…No digas eso —murmuró, aunque ambos sabían que era verdad.

Yuuji solo besó la frente de su hija con dulzura. Porque aunque el mundo estuviera roto, aunque no tuvieran nada más, él todavía tenía a Kaori y eso era suficiente.”

De vuelta en el presente, Nobara pestañeó, sacudiéndose el recuerdo. Apretó los labios con fuerza, volviendo la vista a Yuuji. A su mejor amigo, que aún tenía la oportunidad de ser feliz. A su hija, que aún tenía una oportunidad de crecer sin miedo. No dejaría que este mundo se convirtiera en el suyo. Con esa determinación, sonrió y se unió a las burlas hacia Yuuji, aunque muy en el fondo, solo quería que esta paz durara para siempre.

Sin que nadie lo supiera, desde la distancia, Gojo observaba la escena en silencio. A través de la ventana, podía ver a Kaori sonriendo mientras Yuuji y los demás interactúan con juegos y bromas. Había risas, calidez, algo que no encajaba con él.

Se quedó allí, apoyado contra una columna en el jardín, sintiendo la brisa fría de la noche. No estaba seguro de cuánto tiempo llevaba observando cuando una voz familiar rompió el silencio.

—No es lo tuyo no ser el centro de atención — No necesitó girarse para saber quién era.

—¿Y qué puedo decir? A veces me gusta sorprender —murmuró con una sonrisa apagada.

Nobara se apoyó contra la columna a su lado, cruzando los brazos. Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

—Te alejaste —dijo ella al fin.

—No sé qué hacer —admitió en voz baja.

Esa confesión lo sorprendió incluso a él. Nobara arqueó una ceja, pero no lo interrumpió, sabiendo que no era momento.

—No sé cómo ser un padre. No sé si quiero serlo. Yuuji… él es bueno en esto. Yo solo… —Se quedó en silencio, buscando las palabras correctas—. No quiero hacerle daño. Ni a él ni a Kaori— confesó Gojo.

—¿Y crees que alejándote los proteges? — cuestionó la mujer. Gojo apartó la mirada.

—Si no estoy ahí, no puedo fallarles. —Su voz era apenas audible.

—Tienes razón. No puedes fallarles si no estás… pero tampoco puedes ser lo que necesitan — Murmuró Nobara.

—No me des esas respuestas de ‘sensei sabio’. Eso es trabajo de Yaga — se burló el alfa.

—No soy sabia, pero tengo buen ojo, Gojo. Kaori es una niña… y necesita a su familia. Yuuji es fuerte, sí, pero no es invencible. Si sigues alejándote, algún día te arrepentirás — Nobara se enderezó y sacó su martillo con un movimiento despreocupado —Dicho esto… —comenzó, girando un clavo entre los dedos— No pude reclamarte nada porque ya estabas muerto, pero ahora… —La luz de la luna brilló sobre el metal —Lastímalo, y verás por qué he sobrevivido a Ryomen Sukuna. — dijo con fuerza.

Gojo la miró, y por primera vez en toda la noche, sonrió con sinceridad.

—Da miedo cuando te pones así, Kugisaki-san — Gojo suspiró, alzó las manos en señal de rendición y comenzó a caminar de regreso a la oscuridad. Pero mientras se alejaba, la voz de Nobara lo alcanzó una vez más.

—No pienses demasiado, Gojo. No hay una forma correcta de ser padre… solo no seas un imbécil— y con ello, la omega desapareció en la oscuridad de la noche.

Gojo no respondió. Solo siguió caminando, con pasos más pesados que antes. La noche avanzaba, y la academia estaba en calma. Kaori dormía profundamente, acurrucada contra su madre. Su pequeño cuerpo subía y bajaba con cada respiración tranquila, envuelta en el calor y la seguridad de Yuuji.

Él la observó por un momento, con una mezcla de ternura y cansancio. Ser madre era mucho más difícil de lo que imaginó. No solo físicamente, sino emocionalmente. Había demasiadas preguntas sin respuesta, demasiadas dudas y, sobre todo, demasiados sentimientos que aún no lograba ordenar.

Se levantó con cuidado, asegurándose de que Kaori estuviera cómoda, y caminó hacia su escritorio con la intención de apagar la lámpara. Fue entonces cuando lo notó. Una carta. Frunció el ceño y la tomó con cautela. No había remitente, pero la caligrafía en el sobre le resultaba extrañamente familiar.

Lo abrió y dentro encontró una tarjeta bancaria. Parpadeó, confundido. Luego leyó las escasas palabras en la carta.

"Ve y compra lo que necesites."

No había firma. No había más explicaciones. Pero no las necesitaba. Yuuji apretó los labios, sintiendo una punzada en el pecho. Sabía de quién era. Volvió a mirar la tarjeta, luego la carta. Gojo no se había acercado a él. No le había hablado. Pero, aun así, había encontrado una manera de ayudarlo. Yuuji suspiró, dejando la tarjeta sobre la mesa y tomando la carta una vez más.

—Gojo, eres un idiota… —susurró, con una mezcla de enfado y tristeza.

Porque lo que más le dolía no era la tarjeta. Era el hecho de que Gojo prefiriera ayudarlo desde la distancia en lugar de enfrentarlo. Se pasó una mano por el rostro, cansado. Algún día tendrían que hablar de todo esto. Pero hoy… hoy solo quería dormir con su hija en brazos. Sin embargo, antes de volver a la cama, guardó la tarjeta en su bolsillo. Porque, aunque Gojo fuera un idiota, sabía que sus intenciones eran genuinas.

Yuuji solo deseaba que dejara de huir.

Notes:

Espero haya sido de su agrado y les guste! enserio muchas gracias por su apoyo!!!!! Los amo!!!!

Nuevamente me disculpo por no actualizar rápido como prometí, pues pasaron cositas...
1. La historia originalmente tendría 12 capítulos, pero mi beta, la depresión y yo escribimos un poco más de 30 capítulos!!!! pero haré lo posible para que les gusten todos y cada uno de ellos!!!
2. Mi semana fue HORRIBLE, desde el desempleo a la casi desvivición de un familiar mío que tuyo un accidente... afortunadamente todo está bien está en recuperación... maldita maldición de ao3!!!!

Enserio muchas gracias por su apoyo!!! los amo!!!!

Chapter 8: Human

Summary:

—No quiero que todo haya sido en vano — murmuró viendo el rostro de su amada.
Shoko le revolvió el cabello con un gesto fraternal, haciendo que la menor soltara una suave risa que aligeró un poco el ambiente.
—Entonces deja que la vida te sorprenda — le dijo la doctora a su ahora colega de trabajo.
Kaori, ajena a la profundidad de la conversación, se acercó y abrazó con cuidado el brazo de su tía.
—Yo te acompaño, madrina —dijo con voz risueña— Así no te asustas — sonrió cuando dijo eso.
Nobara soltó una risa baja y le revolvió el cabello, para su sorpresa, estaba más suave de lo que recordaba.

Notes:

Hola gente hermosa!!! ya los extrañaba!!!! enserio!
La vida de adulto no es como la pintaba disney! -1000/10! por cierto... CTM SAT! odio la burocracia...
Anyway! Espero disfruten este capitulo que, por cierto, se los dedico 100 a las chicas de la jujumanda! las amo, son tan lindas!!!!
les dejo la canción del capitulo de hoy y les recuerdo que los amo muchito!
https://youtu.be/zGRSjJC7Lek?si=JY6rWd56OswiWsj7

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El sol del nuevo día había salido nuevamente y a casi más de una semana desde la llegada de la pequeña niña y la herida hechicera a la escuela de Tokio, todo continuó con relativa calma. Claro que había planes que llevar a cabo, misiones de imprevisto y clases para los estudiantes que no pudieron dejar de lado sus responsabilidades. 

Aquel día no fue la excepción, por lo que, en cuanto los alumnos entraron a clases, la Nobara mayor quedó a cargo de la pequeña niña quienes fueron a la enfermería para visitar a la inconsciente alfa que yacía ahí.

—Hola mi amor, perdón por no venir a verte antes… estuve un poco ocupada — habló la omega tomando la mano de la alfa —hay alguien que igual quiere verte — la omega se hizo a un lado para que la niña viera a su tía.

—Tía Maki, te extraño. Todo es muy divertido ahora ¡Mami hizo panqueques! Te traje algunos — dijo Kaori dejando el plato con los deliciosos panqueques que el omega hizo para su cachorra.

la castaña sonrió mientras acariciaba los rosados cabellos de la niña, solo para después volver a mirar a su amada. Ella y Maki no se habían visto de otra forma por años, sino fue hasta aquella misión donde por azares del destino terminaron separadas del grupo, y para mal de ambas, el celo de la alfa comenzó. No le gustaba admitir que su relación comenzó como simplemente “amigas con derecho” pero así fue, y tras largos meses de solo encuentros casuales –y con la ayuda de Yuuji– ambas decidieron formalizar su relación.

—Su recuperación es lenta, debido a su restricción celestial, pero avanza para bien — la voz de la beta hizo que diera un gran salto a causa del susto.

La pequeña soltó una gran carcajada al verla asustarse, cosa que no le agradó por lo que tomó un pañuelo de la caja junto a la cama, lo hizo bolita y lo lanzó a la cara de la niña quien continuó riendo.

—Es bueno saber que están animadas — habló la beta tomando asiento junto a la camilla.

—Después del parto y de que Kaori creciera… pensamos que lo mejor sería no tener hijos… a diferencia del idiota vendado, si queremos ser madres, pero… no quiero que sufran— confesó aun viendo a la alfa.

Shoko no dijo nada, no sabía que decir, por lo que solo asintió y sacó una paleta, estando Kaori en la habitación no se atrevería a fumar. la última vez que lo intentó, Yuuji le gruñó e intentó morderla cuando escuchó toser a la niña debido al humo.

—Mañana es viernes, y escuché que los chicos quieren ir al centro comercial… Deberías ir ¿Cuándo fue la última vez que fuiste? — cuestionó dándole una paleta a la castaña.

Al igual que Shoko, Nobara no se atrevía a fumar frente a la niña. Un mal hábito que tomó en su futuro a causa del constante estrés. 

—Fue días antes de Shibuya— respondió con voz quebrada —No sé si pueda… estar rodeada de multitudes… fue un milagro que haya llegado a la escuela — Su voz tembló un poco al pensar en ello.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvo rodeada de tantas personas, sin la necesidad de estar sobreviviendo o que algunas estén al borde de la muerte. El solo pensar en que volvería a las calles concurridas de Tokio le estremecía, no quería enfrentarse a esos fantasmas que la atormentaban cada noche.

El silencio se extendió entre las tres, solo interrumpido por el sonido de las pisadas de Kaori mientras recorría la enfermería, demasiado curiosa como para escuchar a las adultas cerca de ella.

—Lo entiendo —murmuró la doctora, jugando con el palillo entre sus dedos— No es fácil volver a la normalidad cuando tu vida ha sido cualquier cosa menos eso —dijo con suavidad.

Nobara se quedó mirando el rostro dormido de Maki, el cual comenzó a acariciar con suavidad y cariño.

—A veces… olvido cómo se sentía todo antes —admitió en voz baja— Salir sin estar alerta, sin miedo de que algo o alguien me arranque lo poco que me queda— Nobara escuchó a Shoko suspirar.

—Después de la partida de Geto, creí que había perdido algo importante, por suerte Satoru estuvo ahí y para mi fue un recordatorio de que todavía tenía algo de mi antigua vida. Algo estable, por muy insoportable que fuera— Se giró hacia ella —Lo que intento decir es que nunca vas a poder recuperar todo lo que perdiste, Nobara. Pero hay cosas que siguen aquí, que siguen luchando por un futuro diferente. Y si no te permites vivirlo, ¿para qué demonios hicimos todo esto? — Nobara apretó los puños.

—No quiero que todo haya sido en vano — murmuró viendo el rostro de su amada.

Shoko le revolvió el cabello con un gesto fraternal, haciendo que la menor soltara una suave risa que aligeró un poco el ambiente.

—Entonces deja que la vida te sorprenda — le dijo la doctora a su ahora colega de trabajo.

Kaori, ajena a la profundidad de la conversación, se acercó y abrazó con cuidado el brazo de su tía.

—Yo te acompaño, madrina —dijo con voz risueña— Así no te asustas — sonrió cuando dijo eso.

Nobara soltó una risa baja y le revolvió el cabello, para su sorpresa, estaba más suave de lo que recordaba.

—Me asustaré más si no me dices tu secreto para tu cabello — dijo la omega antes de abrazar a la niña.

Kaori soltó una risa animada antes de escapar de los brazos de su tía y correr diciendo que tenía hambre. La pelirroja suspiró, mirando una última vez a Maki antes de levantarse.

—Está bien. Vamos con tu madre, necesito platicar de unas cosas y no puedo llevarte — Comentó con voz tranquila.

Con un último vistazo a Maki, Nobara tomó la mano de Kaori y ambas salieron de la enfermería.Mientras la puerta se cerraba, Shoko miró a la inconsciente Maki y murmuró:

—Despierta pronto, porque esta locura recién comienza — dijo a la dormida alfa, antes de cerrar la cortina e irse.

Poco después en la sala de profesores, la habitación estaba en penumbras, iluminada solo por la tenue luz que se filtraba a través de las ventanas. La tensión era palpable, cargada de preocupación y agotamiento.

Durante los últimos treinta minutos, Kugisaki había explicado un conjunto de nuevas normas. Su voz, firme pero apagada, detallaba cómo llevar a cabo misiones menores sin alertar a los altos mandos. Aparentemente, todo estaba calculado: desde qué encargos aceptar hasta cómo ajustar horarios para evitar sospechas.

—¿Y tú cómo sabes todo esto? —interrumpió Kusakabe, su tono grave teñido de escepticismo.

—Ventajas de venir de cinco años en el futuro —respondió la omega con una ironía amarga que contrastaba con la seriedad del momento.

Shoko, apoyada contra la pared, exhaló lentamente mientras encendía un cigarrillo. Había llegado a mitad de la explicación, pero los papeles y diagramas en el pizarrón bastaban para comprender todo: una línea del tiempo trazada con marcadores, caricaturas toscas de una “feliz familia” con Kaori y un perro. Pero lo que realmente captó su atención fue una lista escrita con plumón rojo y adornada con figuritas.

—Tengo miedo de preguntar… pero lo haré de todos modos —dijo la médica, soltando una nube de humo—. ¿Qué es esa lista?

—Ah, eso… son las misiones que no podemos ignorar. Deberían ser prioridad —explicó Kugisaki, marcándolas con un círculo—. Son dos en especial. Las hice con Yuuji y Megumi... mis Yuuji y Megumi — Su voz se quebró.

Nadie se atrevió a interrumpir. Nanami se inclinó hacia adelante, observándola con intensidad. No la conocía, ni en ese presente ni en el pasado, pero podía ver en sus ojos la carga de quien ha visto más de lo que podía soportar.

—Kugisaki-san —dijo con voz pausada, pero afilada como un bisturí—. ¿Hay algo más que no nos has dicho? Me imagino que hay una razón por la que hiciste esta reunión sin Gojo presente.

La omega desvió la mirada. Sus dedos se aferraron a la tela de su uniforme mientras tragaba saliva. Sus hombros temblaban apenas, y aun así se obligó a dar un paso hacia Shoko, tomando un cigarrillo.

—Como dije… son dos misiones. La primera: una maldición que mata a sus víctimas tras cumplir un reto. La segunda: identificar al traidor que entregó información sobre los dedos a Kenjaku. —Hizo una pausa—. Es... para confirmar que era Kokichi Muta. 

Tomó una calada larga antes de añadir:

—Y en ambas, es vital que Itadori esté presente. Debe ir a la misión del puente dentro de una semana.

Shoko giró el rostro lentamente, escrutándola con nueva atención. Algo en el temblor de su voz le revolvió el estómago. La mención de Kenjaku, el ladrón del cuerpo de Suguru Geto, ponía un nudo en el ambiente.

—¿Por qué? —preguntó con voz apenas audible.

Kugisaki alzó la vista. En sus ojos brillaba algo más que determinación: era resignación.

—Porque allí… se enfrentará a sus hermanos.

El silencio que siguió fue como una losa cayendo sobre la sala. El aire pareció detenerse.

—¿Hermanos? —repitió Nanami, con los ojos afilados como cuchillas.

Hasta ahora, solo tenían registro de un hermano: Choso. Y eso gracias al contenido del celular, la memoria... y lo que la niña había mencionado.

—Choso. Eso. Kechizu —enumeró Kugisaki, cada nombre como una piedra—. Las Pinturas de Putrefacción.

El impacto fue inmediato. Yaga cerró los puños; Kusakabe apretó los dientes. Shoko dejó caer la ceniza del cigarro sin quitarle los ojos de encima.

—¿Qué relación tiene Itadori con ellos? —preguntó Yaga, masajeándose las sienes con desesperación contenida.

—Son hermanos —repitió Kugisaki, sin mirar a nadie.

La palabra cayó como plomo.

Kusakabe se cubrió el rostro con una mano, soltando un suspiro agobiado. Shoko cerró los ojos, intentando absorber el golpe.

—Explícate —ordenó Yaga, su voz grave y definitiva.

Kugisaki se tomó un momento. Cerró los ojos, inhaló profundamente, y cuando volvió a abrirlos, había fuego en su mirada.

—En la era Meiji, Kenjaku tomó el cuerpo de Noritoshi Kamo —comenzó—. De ahí nacieron las Nueve Pinturas de Putrefacción.

—Eso ya lo sabemos —gruñó Kusakabe, aunque el tono de alerta no se le escapó.

—En 2002, una mujer llamada Itadori Kaori murió en circunstancias sospechosas —continuó Kugisaki, su voz endureciéndose—. No sabía que estaba embarazada.

El silencio volvió a caer, más denso esta vez. Shoko frunció el ceño. Kusakabe maldijo por lo bajo. A nadie le estaba gustando la dirección que estaba tomando esta conversación.

—Kenjaku se apoderó de ella… y experimentó con el feto —remató.

Nadie habló. Solo se escuchó el leve chisporroteo del cigarro de Shoko y la tensión que respiraban todos mientras oían a la chica del futuro revelar secretos que ella supo entre muerte y destrucción.

—Carajo… —murmuró Yaga.

Nanami tenía los ojos entrecerrados, conectando piezas en su mente, casi arrepintiéndose de haber preguntado, o más bien, de haberse involucrado de nuevo en este mundo.

—Entonces… lo que estás diciendo es que… —empezó Shoko, pero hizo una pausa antes de continuar —Itadori Yuuji es… otra creación de este tal Kenjaku… — preguntó la castaña.

Kugisaki-san asintió con lentitud viendo a la médico. A ella tampoco le gustaba esta información, pero no le quedaba de otra, o más bien prefería que fuera así cómo lo supieran y no cuando todo estaba al borde del colapso.

—Él no lo sabe, ¿verdad? — preguntó  Yaga tras digerir la misma información que todos.

—No —respondió Kugisaki—. Pero cuando sus hermanos lo vean... lo sabrán.

Silencio. Puro, absoluto y en medio de todo, la verdad quedó flotando sobre ellos, pesada, irrefutable, y con ella, un destino que ninguno estaba preparado para enfrentar.

—¿Cómo estás tan segura? — enfrentó  Kusakabe con amargura viendo a la omega.

—Porque, Choso, Esou y Kechizu, harían lo que fuera por su hermanito… Lo que sea, incluso hacer de dobles espías para nosotros una vez Kokichi ya no pueda hacer de espía — responde la chica con una sonrisa.

Notes:

Eso es todo por hoy!!! Y de nuevo, espero no tardar mucho!!!! pero les prometo que haré mi mejor esfuerzo para darles una historia de calidad y buena trama! los amo!!

Chapter 9: Paz

Summary:

Después de una larga semana, los chicos finalmente pueden ir a comprar un par de cositas para la pequeña Kaori.
Kaori está emocionada, Kugisaki-san algo nerviosa ¿Qué puede salir mal? Ah si... es un omega joven comprando para su hija...

Notes:

Holaaaaaaaaa!!!!!!1 como están!!! Yo? pues de la verdadera mier...

Han sido días pesados, tanto mental, como físicamente hablando... pero bueno, aquí un nuevo capitulo de nuestra historia que tanto amamos!!! oigan creo que desarrollé un nuevo headcanon:
Yuuji siempre podrá vestir desigual o como Adam Sandler, pero su cachorra siempre... SIEMPRE! deberá ir impecable!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Finalmente el día llegó y tras una caótica noche donde no sólo descubrieron que eran unos pésimos niñeros, sino también terribles chefs, los alumnos de primer y segundo año se preparaban para ir al centro comercial. 

Era la primera salida oficial de Kaori desde su llegada, y la tensión se sentía en el aire. Nadie sabía cómo reaccionaría ante las multitudes, y lo último que querían era que fuera demasiado para el omega. Yuuji se veía más cansado cada día. Aun así, todos respiraban un poco más tranquilos al saber que Kugisaki-san los acompañaría. A Itadori le alegraba la idea; tal vez, por fin, la versión futura de su amiga podría encontrar algo de paz

Así pues, los jóvenes Yuuji y Nobara caminaban rumbo a la entrada de la escuela donde seguramente todo el mundo los estaría esperando, pues acordaron verse ahí para ir rumbo al centro comercial.

—¿Oye, estás bien con esto? —preguntó el pelirrosa mientras caminaban por los pasillos.

—¿Lo dices por mi versión futura? ¡Claro! Todos los días me entero que en un futuro mi mejor amigo tendrá una hija con nuestro profesor, un ser proveniente de leyendas reencarna y roba el cuerpo de mi otro mejor amigo, deja viudo al primer amigo… y que el futuro se va a la mierda ¡Oh, y termino en una relación con nuestra sempai! ¿Algo más que añadir? —cuestionó la castaña viendo a la pequeña pelirrosa corriendo frente a ellos.

—Olvidaste mencionar que tenemos la misión de derrotar a un científico loco milenario que robó el cuerpo del mejor amigo del sensei, pero si, eso es todo — respondió el omega con burla haciendo suspirar a la chica.

—No lo sé, es demasiado para ignorarlo así como así— murmuró la omega —No es que me queje de lo de ella y sempai, pero… desde que lo supimos, Maki-san apenas y puede verme — mira al cielo, era un día soleado —lo digo como si lo mío fuera más importante que lo tuyo — murmura.

El pelirrosa se detiene al oírla, provocando así que la otra se detenga para verlo, entonces los ojos del omega adquieren un brillo que jamás había visto.

—Para mí sí lo es. Es importante porque es problema tuyo — dice firmemente — Ambos estamos igual de jodidos — finaliza con una sonrisa.

Nobara no puede evitar soltar una fuerte carcajada, mientras pequeñas lágrimas escapaban por sus ojos anaranjados. Itadori no tarda en secundar a su amiga y tras ello, ambos omegas se dieron un fuerte abrazo dejando en claro su apoyo al otro. 

—Por fin llegaron, se tardaron demasiado — Dijo malhumorado beta al ver a ambos omegas llegar con los brazos entrelazados y junto a ellos, la pequeña niña.

—Bueno, ya llegaron ¿no? deja de preocuparte Fushiguro-kun — Dijo Kugisaki-san mientras le daba una suave palmada en el hombro al beta quien jadeo por la increíble fuerza de la omega —Andando, que la parada de autobuses no está muy cerca que digamos— habló la mayor con nerviosismo.

La idea era ir en autobús, pues no había forma de que pudieran ir todos en un solo automóvil, por lo que optaron por esa opción, pero en cuanto salieron una furgoneta los esperaba al pie de las escaleras y junto al vehículo, se encontraba Ijichi de pie.

—¿Ijichi-san, qué hace usted aquí? — cuestionó Yuuji mirando al beta.

—Si, bueno…G-Gojo-san me pidió ser su chofer el día de hoy así que… — murmuró el beta mientras temblaba al recordar la sutil amenaza del peliblanco si no cumplía con su misión asignada.

Oír el nombre del alfa fue un golpe duro para el omega, pues aun era un tema delicado para él pues Gojo seguía sin empeñar su papel de padre de su hija, lo cual, le hervía la sangre. A lo lejos, Nobara vió a Maki parada junto a Toge, pero apenas le dirigió la mirada, cosa que la hizo suspirar y aferrarse al brazo de su amigo quien solo la atrajo un poco más hacia él. Quizás no sería un buen día para ellos.

A su lado, vieron a Kugisaki-san tomar con fuerza la mano de la pequeña Kaori. Ambas se veían tensas y veían el vehículo con nerviosismo. Los jóvenes hechiceros suspiraron. Esperaban que el día terminara bien. Sin más detalles, todos subieron a la camioneta donde una sillita para niños ya estaba instalada. Nuevamente el omega tuvo que contener sus ganas de insultar al alfa mientras acomodaba a su hija en la sillita.

El viaje fue más corto de lo que desearon algunos, el aire dentro de la furgoneta era tenso y muy incómodo para todos, o bueno, casi todos, pues Kaori no dejaba de asombrarse con la gran ciudad y todo en ella. señalaba con su dedito los grandes edificios y las coloridas tiendas, realmente maravillada con su nuevo entorno.

El murmullo tenso en la furgoneta se interrumpió cuando Kaori soltó un pequeño grito de emoción. Sus ojos brillaban al ver el enorme centro comercial frente a ellos, con sus grandes letreros luminosos y vitrinas repletas de colores. Su entusiasmo era tan contagioso que incluso Nobara esbozó una leve sonrisa. Pero Yuuji… él solo soltó un suspiro, preparándose para lo que vendría.

Ijichi estacionó con cuidado y, antes de que alguien pudiera reaccionar, Kaori ya intentaba desabrocharse el cinturón. Yuuji, aún atrapado en su propio mundo, tardó un segundo en reaccionar antes de ayudarla.

—Despacito, bebé —le dijo, aunque la niña ya estaba lista para saltar fuera.

Al entrar al centro comercial, el bullicio de la ciudad los envolvió al instante. El ir y venir de la multitud, los anuncios parpadeantes y el incesante murmullo de conversaciones ajenas contrastaban con la calma relativa en la que habían estado. La sonrisa de Kaori desapareció y rápidamente se aferró con fuerza a la mano de Yuuji, sus pequeños dedos temblando levemente. Sus ojos celestes, tan llenos de curiosidad antes, ahora se movían con rapidez, como si buscara un posible peligro entre los desconocidos que pasaban a su lado.

Nobara del futuro, o mejor llamada Kugisaki-san para comodidad de los jóvenes, se quedó inmóvil al bajar. Sus hombros estaban tensos, su mandíbula apretada. Observaba el entorno con desconfianza, como si en cualquier momento algo fuera a atacarlos.

—Si algo pasa, estamos aquí —dijo Megumi con su tono habitual, aunque más suave de lo normal mientras tomaba del brazo a la mayor.

No era una frase elaborada ni una gran declaración de apoyo, pero ambas lo miraron como si esas palabras fueran todo lo que necesitaba escuchar. Yuuji sintió el nudo en su garganta apretarse, pero en lugar de decir algo, simplemente se inclinó y le dedicó una sonrisa tranquilizadora a Kaori. La niña lo miró por unos segundos, aún con algo de duda en su expresión, pero finalmente asintió y aflojó un poco su agarre.

—¿Podemos seguir? —interrumpió Maki con los brazos cruzados.

Kugisaki-san respiró hondo una última vez y asintió. Con eso, comenzaron a caminar entre la multitud, aunque Yuuji no pudo evitar notar cómo su hija y su amiga seguían mirando a su alrededor con una cautela inquietante.

El grupo avanzó entre los pasillos del centro comercial hasta llegar a la primera tienda de ropa infantil. Era un lugar elegante, con escaparates repletos de vestidos adornados y conjuntos de diseñador que parecían sacados de una revista.

—¡Mira, Kaori! —exclamó la jóven Nobara, señalando un vestido amarillo con girasoles bordados.

Los ojos de la niña brillaron con emoción, y sin soltar la mano de Yuuji, se acercó tímidamente al maniquí. El omega sonrió. Quería que su hija tuviera algo lindo, algo suyo, más que solo ropa vieja y usada.

—¡Es muy bonito! —exclamó la niña con una sonrisa en su rostro.

—Bien, entremos —dijo  guiando al grupo. Pero en cuanto cruzaron la puerta, la atmósfera cambió.

Dos empleadas cuchichearon entre ellas, lanzándoles miradas de reojo. Un cliente levantó una ceja antes de volver a lo suyo. A un costado, dos mujeres mayores les dirigieron fugaces miradas de desaprobación, como si fueran una molestia.

—Nos están viendo raro —murmuró Megumi, cosa que todos confirmaron.

Pero la incomodidad creció cuando una de las vendedoras se acercó con una sonrisa tensa.

—¿Puedo ayudarlos? —preguntó, pero su tono no sonaba servicial, sino más bien condescendiente.

—Sí, nos gustaría ver algunas prendas en tallas pequeñas —respondió Yuuji con cortesía.

La mujer bajó la mirada hacia Kaori, luego a la ropa sencilla y gastada que llevaba.

—Ah… lo siento, pero las prendas de esta tienda pueden ser un poco… costosas —dijo, arrastrando la última palabra—. Quizás haya algo más adecuado en otro lugar —hubo un silencio tenso.

—¿Nos estás diciendo que no podemos pagar? —preguntó Nobara con incredulidad.

—Solo quiero evitarles una situación incómoda — dijo la vendedora sonrió con falsa cortesía.

Yuuji, tratando de mantener la calma, se agachó junto a Kaori y tomó un vestido celeste con bordes blancos.

—Nos gustaría ver este en su talla —dijo tratando de no mostrar su enojo.

Pero la mujer no se movió, en su lugar miró la pieza y con sutileza se la arrebató de las manos al omega como si temiera que fuera a arruinar el vestido.

—¿Seguros? Es una pieza exclusiva, no hacemos pruebas de ropa si no hay intención de compra — dijo ella —Es solo que… esta tienda tiene un cierto estándar– la palabra colgó en el aire como una bofetada.

—¿Un estándar? —repitió Yuuji, su tono más bajo y lleno de incredulidad.

—Verán, no queremos que nuestras prendas sean… manipuladas innecesariamente. Es decir, niños inquietos, adolescentes traviesos… —Hizo un gesto vago con la mano—. Y claro, no queremos que ciertas personas tengan una experiencia desagradable aquí.

el grupo permaneció en silencio mientras se contenía para no explotar y hacer alguna locura, pero simplemente era difícil, pues el desprecio era evidente.

—Madres jóvenes, por ejemplo —respondió la vendedora con un tono tan dulce que resultaba venenoso— No queremos fomentar… malas decisiones — dijo con una sonrisa.

Hubo un silencio absoluto. Kaori, sin entender del todo lo que pasaba, bajó la cabeza, sujetando su ropa vieja con nerviosismo. Kugisaki-san dejó de fingir calma y con un movimiento brusco, tomó un par de prendas del estante y las lanzó sobre el mostrador con una sonrisa falsa.

—Entonces no necesitamos comprar nada aquí —dijo tomando la mano de Kaori con más firmeza, como asegurándose que estaba con ella.

—Vámonos —murmuró Yuuji con los dientes apretados.

Apenas cruzaron la puerta, la frustración explotó, nadie contuvo sus comentarios completamente rojos de la ira. Incluso Nobara comenzó a lagrimear del coraje, el mal rato logró que por primera vez en la mañana todos estuvieran de acuerdo en algo. hubieran continuado hablando y despotricando contra la mujer y la tienda, pero al voltear a ver al omega y la niña vieron algo que les rompió el corazón:

Se trataba de la niña quien cabizbaja se encontraba en los brazos de su madre quien la arrullaba con amor.

—Está bien, princesa —susurró—. Encontraremos otra tienda —La niña asintió, pero su agarre no se aflojó.

El grupo siguió caminando, pero el juicio de la sociedad pesaba más de lo que cualquiera de ellos quería admitir. El grupo caminaba en silencio por los pasillos del centro comercial. Kaori iba aferrada al cuerpo de Yuuji, con la cabeza gacha, y Kugisaki-san mantenía una mano firme en su espalda, como protegiéndola.

—Malditos prejuicios —murmuró Maki con los puños apretados.

—No vale la pena discutir con gente así —respondió Megumi, aunque su ceño fruncido decía que estaba igual de molesto.

Pero lo peor aún no había pasado, pues mientras avanzaban, Yuuji comenzó a sentirlo. Las miradas. Al principio fueron solo algunas. Luego vinieron los susurros.

—Qué vergüenza… tan joven…

—Y un omega, para colmo.

—Seguro ni sabe quién es el otro padre.

Los comentarios se clavaban en su espalda como agujas. Kaori notó la tensión en Yuuji y lo miró con preocupación.

—Mami… — murmuró la niña aterrada. Pero él le sonrió, tratando de tranquilizarla, pero su agarre en su manita se afianzó sin que se diera cuenta.

—Tsk, ¡que se callen! —murmuró Nobara, lanzando miradas asesinas a los que cuchicheaban.

El grupo continuó caminando, hasta que Kaori se detuvo frente a una tienda, sus ojitos brillando al ver el vestido en el escaparate. Era algo sencillo, pero para ella, parecía un vestido de princesa. Se quedó mirando en silencio, su manita presionando el cristal mientras los otros avanzaban unos pasos, ajenos a lo que sucedía. Nobara, sin embargo, no podía soportarlo más. Con una mirada de determinación, sacó la tarjeta de Gojo del bolsillo de Yuuji, la agitó frente a él y, sin pensarlo dos veces, agarró la mano de Kaori.

—¡Vamos, pequeña! —dijo, con una sonrisa pícara— ¡Hoy es tu día! —murmuró.

Yuuji la miró, boquiabierto, pero antes de que pudiera protestar, Nobara ya caminaba hacia la tienda, con Kaori a su lado y la tarjeta de Gojo como su as bajo la manga. Con un gesto decidido, la castaña se acercó al mostrador.

—Mucho dinero, una cachorra triste y una madre que quiere venganza —dijo, mostrando la tarjeta con una sonrisa de suficiencia a la empleada, que, sorprendentemente, le sonrió de vuelta, como si entendiera perfectamente la situación.

La empleada, tomando la tarjeta, respondió con una mirada cómplice.

—Tenemos algo en todos los colores—dijo, mientras llamaba a algunas compañeras que comenzaron a atender a los adolescentes, quienes no podían creer que, de alguna manera, lo que parecía un gesto impulsivo de Nobara estaba funcionando.

Los chicos se quedaron en silencio, observando cómo la tienda, que antes parecía un desafío insuperable, se convirtió en un campo de batalla donde su “arma secreta” era simplemente un toque de rebeldía y un poco de descaro.

Las empleadas, al principio sorprendidas por la actitud de Nobara, rápidamente empezaron a buscar entre las perchas, como si ya estuvieran acostumbradas a ayudar a quienes lo necesiten. En lugar de desdén, su amabilidad era evidente, y las prendas que traía para Kaori parecían estar hechas a medida para alguien como ella, todos con bonitos colores y suaves encajes que la hacían suspirar.

Kaori, observando desde el lado, ya no estaba tan nerviosa. La idea de encontrar algo que le gustara ahora parecía posible. Entonces, lo ve, un vestido de un suave rosado con elegantes volantes en la falda. La niña no duda en decir cuánto ama dicho vestido y con ese entusiasmo pide probarselo.

—Muy bien, pequeña —dice la empleada mientras buscaba la talla de Kaori —Vamos a probarlo para que lo vea tu mami —avisa mientras guía a la niña hasta al probador.

Minutos después la niña sale usando el vestido. la sonrisa en su rostro es suficiente para alegrar el ambiente en la tienda, pero, ante los ojos de su madre, no había niña más hermosa que su pequeña princesa que daba vueltas con el vestido.

—Me lo llevo — dice el omega a la empleada —Me llevo todo — avisa mirando la gran pila de ropa que eligieron.

Así pues, tras una larga compra, Kaori caminaba al frente, su nueva ropa brillando bajo la luz del centro comercial, un pequeño vestido que la hacía lucir como una princesa salida de un cuento de hadas. A su lado, Yuuji y sus amigos caminaban más relajados, el peso de la mañana, al menos momentáneamente, aligerado. Pero justo cuando parecía que todo se alineaba, Kaori se detuvo en seco.

Sus ojitos, antes serios, ahora se iluminaban por completo al ver la juguetería que había a un costado. Los brillitos en los escaparates y los muñecos de colores la llamaban, y sus pequeños pasos se apresuraron en esa dirección. Yuuji la miró, confundido al principio, hasta que la niña giró, sus ojos llenos de ilusión. 

–¡Mami, mami, juguetes! — exclamó, señalando con emoción la tienda.

Un suspiro escapó de los labios de Yuuji, quien miró a sus amigos como si buscara una salida. Nobara, al ver la expresión en su cara, soltó una risa burlona. 

–No puedes ser tan serio con esa carita— dijo mientras se acercaba a la pequeña, tomándole la mano y guiándola hacia la entrada de la tienda —Vamos a ver qué hay, ¿no, Kaori? —

El resto del grupo se quedó mirando por un momento, hasta que Kugisaki, con una sonrisa cómplice, señaló a Yuuji. A medida que entraban, la empleada que estaba detrás del mostrador les sonrió amablemente. La tienda estaba llena de juguetes de todos los tipos: muñecas, bloques de construcción, peluches de colores brillantes. Era un paraíso para cualquier niño, y Kaori no podía dejar de explorar cada rincón.

–¡Mami, mami, quiero estos! —dijo la pequeña señalando un par de peluches: eran un leopardo de las nieves y un tigre de bengala, ambos peluches eran quizás del tamaño de la niña.

—¡Vale, vale! Está bien, Kaori, te compro los dos —dijo en voz baja.

Y después de eso, no pudo evitar relajarse. Con una sonrisa, Yuuji se acercó a Kaori y levantó el tigre de peluche, solo para mirar a su hija quien acariciaba el leopardo como si fuera un perro.

—¿Sabías que solían llamarme “el tigre de la secundaria del oeste”? —le dijo Yuuji a su hija, sonriendo con dulzura. Kaori lo miró fijamente con esos ojos brillantes y asintió.

En medio del pasillo, Kugisaki-san se detuvo, observando a Yuuji y a Kaori con una mirada distante. La escena ante ella parecía no tener fin, pero algo en su mente la desconectó del presente. Una imagen se filtró en su conciencia, tan vívida que la hizo sentirse como si fuera un espectador dentro de una pesadilla que no podía evitar.

“El paisaje se oscurecía, la naturaleza del bosque cubriéndolo todo con sombras. Yuuji caminaba, débil y con un paso vacilante, sosteniendo con cuidado a su hija entre sus brazos. Su rostro estaba pálido, la fiebre aún quemaba su cuerpo después de haber dado a luz, su respiración agitada. El parto había sido largo y doloroso, mucho más de lo que habría imaginado. Y a pesar de todo, la necesidad de proteger a su hija lo mantenía de pie, luchando contra el agotamiento y el dolor.

Tropieza, el suelo resbala bajo sus pies, y por un momento parece que caerá junto con su pequeña. Pero antes de que pudiera tocar el suelo, una mano firme lo sostiene: Choso, su hermano, lo ha alcanzado a tiempo, dándole un poco de estabilidad.

—¿Estás bien? — preguntó Choso con voz grave, sosteniéndolo por los hombros para evitar que cayera.

Yuuji respiró con dificultad, aún abrazando a Kaori, quien comenzó a llorar entre sus brazos.

—Sí… sí, sólo necesito descansar un poco… —respondió, su voz temblorosa, pero aún llena de determinación. —No puedo dejarla… tengo que seguir— dijo.

—Alto— dijo Yuta, su voz resonando en el aire con una autoridad inusual. —Acamparemos aquí. Debes descansar —Y con esas palabras, la decisión estaba tomada, la marcha se detendría.

—No… aún puedo caminar. Solo... solo dejen que le mantenga a salvo— insistió Yuuji, apretando a Kaori contra su pecho mientras la niña lloraba desconsolada.”

El sonido de su respiración, el dolor en su cuerpo, y el miedo palpable en la atmósfera de aquel futuro sombrío hicieron que Kugisaki cerrara los ojos por un momento. Cuando los abrió de nuevo, el presente volvió a ella. Kaori, feliz y llena de vida, corría alrededor de la tienda mientras sus amigos reían, pero la imagen del futuro oscuro seguía grabada en su mente.

Las risas que la rodeaban se mezclaban con el eco de los recuerdos de un futuro lleno de dolor y desesperanza, y Kugisaki se vio atrapada en ese momento de tensión, entre la felicidad presente y el miedo a lo que vendría.

Esa misma noche, tras un largo camino a casa y una ligera cena, Itadori llevó a su muy cansada, pero alegre hija a su habitación y tras desearles unos buenos sueños, uno a uno se fue del comedor dejando a solas a la alfa de cabellos oscuros y a la omega de cabellos castaños.

Las dos permanecieron en un incómodo silencio donde ninguna sabía que decir, y cuando Nobara por fin estaba a punto de hablar, la alfa se levantó a toda velocidad y caminó a la salida, pero la castaña se lo impidió.

—¡Maki-san! — llamó la omega tomándola de la manga de su chaqueta.

—Kugisaki, yo… debo irme — dice está sin mirar a su amiga.

Maki siente el agarre de la otra aflojarse, cree que puede irse, pero no esperaba que Nobara estampara ambas manos en la pared impidiéndole irse de ahí.

—¡¿Acaso es tan malo que en un futuro tú y yo seamos algo?! ¡¿Tan mala opción soy?! — exclamó mientras cristalinas lágrimas salían de sus ojos anaranjados.

Los instintos de la alfa le pedían consolar a la omega frente a ella, le pedían abrazarla y perfumarla con su olor a hojas de bambú, pero su parte más racional le pedía que no cayera, que resistiera al encanto de la omega. Tal y como lo había estado haciendo.

Abrió sus ojos, solo para ver el rostro afligido de la chica. Le duele verla así, y no, no es solo su alfa aullando por verla así, es todo en ella pidiendo que hable, que rompa con este ciclo de dolor que ella misma creó. y así lo hace, toma el rostro de la omega y lo acerca al suyo.

Un solo beso. La caricia de su alma con la de ella, un contacto que hizo estallar las galaxias en su interior. Un solo beso para romper la tristeza en sus corazones.

—No, no eres mala opción, porque no lo eres — dice rompiendo el beso — porque eres la única para mi. Yo necesitaba tiempo — dice ella.

—¿T-tiempo? — cuestiona Kugisaki completamente paralizada.

La alfa soltó una pequeña risa burlona, era más divertido de lo que pensó viendo a la omega de esa forma: nerviosa, sonrojada y con la respiración acelerada. Se mordió el labio al pensar en verla más seguido de esa forma y queriendo que así sea se acercó a ella y le susurró al oído.

—Porque no me creo ese cuento que me tardara cinco años en tenerte para mi sola — susurra, solo para después darle un suave beso en la mejilla a la omega.

Nobara no supo qué más hacer, solo se quedó ahí de pie viendo a su superior verla con cariño. Sintió su rostro arder antes de soltar un fuerte chillido de vergüenza. 

Notes:

Espero que haya sido de su agrado y lo hayan disfrutado! porque yo sí!
Enserio, leer sus comentarios y apoyo ha sido muy gratificante! enserio...
No sé si quieran leer esto, pues es más un desahogo emocional pero son 100% invitados a leer JAJAJAJA
Para empezar, soy graduada de idiomas (Hablo 3) pero no ejercí ya que hice el trabajo que nadie... ABSOLUTAMENTE nadie quiere hacer: Cuidar de la abuela... Sip! Esa ha sido mi chamba por 3 años y que creen? nadie me paga, nadie me reconoce el hecho de que soy quien cuida a la señora que ha cuidado de todos durante TODA su vida... y que recibo? Violencia emocional y verbal tanto de parte de ella como de todos en mi familia (Sí, muy cliché JAJAJAJAJAJA) pero bueno, después de que alguien finalmente les hiciera ver que he detenido mi vida, mi tía me llevó a la ciudad donde vive a buscar trabajo y si... no encuentro nada porque no tengo experiencia JAJAJAJAJ así que seguimos en esta frustrante parte de la vida adulta... y para colmo de los males y la señora de los tamales... me sacaron una muela y se me atrofió un nervio de la mandíbula así que ando con un dolor HORRIBLE!!!

Anyways! espero les guste la historia y de paso les aviso que se viene otra historia muy pronto JAJAJAJAJAJ NO SALGO DE UNA CUANDO ENTRO A OTRA JJAJAJAJAJJA los amo mis vidas!!!

P:D este es el vestido que le compraron a Kaori! https://pin.it/6yg773xT6

Chapter 10: Pesadillas

Summary:

La salud de Kaori empeora cada vez más, lo que la pone en riesgo. Yuuji finalmente se quiebra y Gojo toma una decisión que puede cambiarlo todo...

Notes:

Hola gente hermosa! como están??? no ha pasado tanto tiempo, pero créanme que sí lo sentí así!!! Anyways, las cosas han cambiado tan rápido que apenas he tenido tiempo de procesar algo... (Ah, pero para escribir omegaverse si estoy buena) JAJAJAJ
de cualquier forma, espero sea de su agrado el capitulo!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

“Sus pasitos resonaban en la oscuridad del pasillo. No podía ver nada, solo sombras que parecían moverse en los rincones. Su respiración se aceleró, y sintió el aire frío arañarle la piel. Su manita temblorosa se aferró a Tora, su peluche, abrazándolo con fuerza contra su pecho.

No sabía dónde estaba, tampoco sabía cómo había llegado allí, pero sintió las lágrimas calientes correr por sus mejillas y un sollozo escapó de su garganta. No le gustaba esto.

—¿Mami…? —su vocecita apenas fue un susurro ahogado.

Avanzó a tientas, los deditos tanteando la pared fría y rugosa. Entonces, lo oyó. Un crujido. Su corazoncito dio un brinco al oír ese aterrador rechinido de la madera bajo sus piececitos.

—¡Mami, tengo miedo! —lloró, corriendo hacia el sonido.

Pero entonces lo vio. Esos horribles ojos rojos que la miraban desde la oscuridad. Retrocedió con un gemido de terror. Su cara… no era una cara .  Era un montón de ojos y sonrisas torcidas, con dientes tan afilados que parecían cuchillas. Un par de brazos más emergieron de sus costados, y la criatura creció, haciéndose más y más grande hasta llenar el pasillo.

La niña sollozó con más fuerza. Quiso correr, pero sus piernitas no respondieron. El monstruo sonrió mientras avanzaba hacia ella.

—¿A dónde vas? —su voz era como muchas voces a la vez, todas susurrando y riendo.

Kaori sintió su pancita revolverse. Quería vomitar. El pasillo empezó a retorcerse. Las paredes se alargaban, y el suelo crujía bajo sus pies como si estuviera a punto de romperse. Quiso gritar, pero su voz no salía.

—¿Mami? —susurró con desesperación, sintiendo que su pecho se apretaba. Pero su mami no venía. Nadie venía.

Sukuna se inclinó sobre ella, y sus muchas manos se acercaron lentamente. Unas garras heladas le rozaron la mejilla, y en ese instante, Kaori soltó un grito desgarrador.”

Un ensordecedor grito retumba por el pasillo de los dormitorios a mitad de la noche. En la habitación proviniente del grito, un desesperado omega trata de consolar a su pequeña quien solo llora aterrada. Le duele ver a su hija tan vulnerable, tan frágil y tan aterrada.

—¡¿Están bien?! — se escucha al otro lado de la puerta mientras entra Megumi completamente alterado.

Kaori al verlo, suelta otro grito y se aferra a su madre quien, para ese punto comienza a llorar igual al no saber que hacer por ella. El beta se queda petrificado al ver el rostro de la niña en una expresión de terror puro, por lo que se queda atrás y retrocede sin hacer movimientos bruscos.

—Tranquila bebé… por favor… Mamá está aquí, ya basta— ruega el omega abrazando a su hija.

—¡Carajo! — escucha la voz de Maki quien corre a apoyar a su compañero —Está ardiendo… Megumi, ve por ayuda… ¡Ahora! — le dice la alfa alarmada mirando a su primo sin moverse.

Megumi, entonces sale a toda prisa y corre por el pasillo, esquivando a los otros tres alumnos que van a ver que ocurre, y para su gran alivio, ve a Kugisaki-san junto a Shoko, ambas corren apresuradas hasta él.

—¡Fushiguro! — Llama Shoko —¿Qué ocurre? — pregunta con la respiración acelerada.

No tarda en explicar lo que sucede, a lo que ve a Kugisaki-san correr hasta la habitación seguida de Shoko quien lleva un botiquín en sus manos. El beta se queda en el pasillo sin saber qué más hacer, con esta, es la tercera noche qué ocurre esto.

Llega a la habitación de su amigo, pero la puerta está cerrada, desde afuera oye los gritos de la pequeña, junto a los llantos de su madre quien no puede hacer nada para ayudarla. Maki y los demás también están afuera sin saber qué más hacer, todos ven nerviosos la puerta mientras oyen a la niña llorar.

—Kaori… por favor, bebé, ya pasó… —suplicaba Yuuji entre jadeos temblorosos que pone de nervios a los presentes.

Pero la pequeña no dejaba de llorar. Su llanto era desgarrador, ahogado por el miedo. Un miedo tan puro que helaba la sangre de quienes lo escuchaban.

Maki y los demás también estaban allí, de pie en el pasillo, tensos e impotentes. La alfa tenía los puños apretados con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Kugisaki mordía su labio, conteniéndose para no entrar a la fuerza. Inumaki se mantenía cerca, con el rostro endurecido, listo para actuar si era necesario.

—¿Por qué no se despierta? —preguntó Panda con el ceño fruncido.

Nadie respondió. Todos mantenían la vista fija en la puerta, incapaces de hacer nada mientras los gritos de Kaori se volvían cada vez más angustiantes.

—¡Mami! ¡Mami, me duele! ¡Duele! —La voz de la niña estaba al borde de la histeria.

Dentro de la habitación, se escuchó un ruido sordo, seguido por un sollozo más fuerte de Yuuji.

—¡Kaori, cariño, despierta! ¡Mami está aquí, amor, estás a salvo! —La voz del omega se rompió al final.

El nudo en la garganta de Megumi se hizo más grande. Yuuji lloraba. Él nunca lloraba. Por puro instinto, extendió la mano hacia la perilla, dispuesto a entrar, pero antes de que pudiera girarla, el llanto de la niña se convirtió en un grito desgarrador. Un escalofrío recorrió la espalda de todos.

Antes de que pudiera reaccionar, unos pasos firmes resonaron en el pasillo. Todos giraron la cabeza al mismo tiempo, era Gojo. El alfa caminaba con su típica compostura relajada, pero el leve fruncimiento en sus cejas delataba su incomodidad. Yaga iba a su lado con el rostro serio, observando la escena con detenimiento.

El pasillo quedó en silencio por un instante. Solo el llanto desesperado de la niña llenaba el aire. Luego, la tensión explotó.

—¡TÚ! —Nobara fue la primera en hablar, con la voz vibrando de furia— ¡Esto es tu culpa! — dijo intentando acercarse, pero Maki la detuvo por la cintura.

—Kugisaki… —intentó hablar Yaga, pero la castaña no lo dejó, pues se soltó del agarre de su novia y se acercó hasta su profesor lo suficiente como para encararlo.

—¡Si Kaori está así es por ti! —gritó, con los ojos brillando de rabia— ¡Eres un maldito egoísta! ¡No te importa nada más que tu propio orgullo, ni siquiera cuando una niña está sufriendo! —gritó antes de darle un pequeño empujón que apenas le hizo algo, pero no fue suficiente. Aunque todo en ella le pedía gritar y golpearlo de nada sirvió, solo pudo ver a su profesor antes de volver a los brazos de su alfa.

Gojo simplemente permaneció allí, inmóvil. Detrás de su banda oscura, nadie podía ver su expresión, pero sus manos estaban cerradas en puños. Había desactivado su infinito por voluntad propia, pues realmente quería sentir ese golpe de realidad -literalmente- pues estaba cansado de su propia cobardía.

Así que en contra de toda lógica que pudo haber formado, pasó de largo a sus estudiantes que no lo veían con buenos ojos. Sentía su resentimiento, pero no era mayor al propio que sentía. Se había escondido en un pasado lejano, justificando sus miedos con falsas promesas. Estaba cansado de sí mismo, así que sin dudarlo entró a la habitación.

Adentro, Kaori lanzó otro grito desgarrador. Yuuji temblaba, tenía a su hija entre sus brazos, pero no podía hacer nada mientras Shoko continuaba aplicando un poco de energía inversa para controlar los escalofríos de la pequeña, pero todos sabían que no era eso lo que la pequeñita necesitaba.

Kaori seguía atrapada en su pesadilla, su cuerpecito temblando de terror. Sus pequeñas manos se aferraban a su camisa con tanta fuerza que sus uñas se clavaban en su piel, pero ni siquiera eso la despertaba.

—Shh, amor, estoy aquí… Mami está aquí… —susurraba con la voz quebrada, pero ella no lo escuchaba. Su pequeña niña no estaba con él. Estaba en algún otro lugar, atrapada en ese maldito sueño.

—¡Mami! ¡No dejes que me atrape! ¡Me duele! !Duele mucho!—gimió aterrada.

Las manos de Yuuji comenzaron a temblar y casi dejan caer la toallita húmeda que usaba para ayudarle a bajar la fiebre.

—Mierda… —Shoko murmuró, mientras terminaba de aplicar su ritual y tomaba la temperatura— Su temperatura está subiendo demasiado. Si sigue así…— calló antes de decirlo.

—No puedo… no puedo hacer nada… —la voz de Yuuji se quebró mientras apretaba más a su hija— ¡No puedo sacarla de ahí! —lloró mientras acunaba más acerca a Kaori, no podía salvarla, no podía protegerla.

—Yuuji, cálmate —Kugisaki-san puso una mano en su hombro, tratando de hacerlo reaccionar— No vas a ayudarla si te derrumbas ahora — aseguró la omega aunque su voz tembló llena de miedo.

Los ojos dorados del omega vieron a los anaranjados de su amiga. Contuvo un sollozo al analizar sus palabras, pero ¿cómo podía no derrumbarse?¿Cómo podía no sentir que estaba fallando como madre cuando su hija estaba sufriendo de esta manera? Quería hacer algo. Quería salvarla.

—¡Mami, me duele! — jadeo la niña retorciéndose en los brazos de su madre.

El omega sintió que su corazón se rompía en pedazos. Entonces, la puerta se abrió. Gojo entró sin previo aviso, apurado, su expresión seria, casi vacía. Al verlo, Yuuji, en un solo movimiento, alzó la vista, su instinto de omega se disparó al instante. Un gruñido bajo salió de su garganta, un sonido feroz, visceral. Sus ojos se agrandaron, reflejando un miedo profundo. La niña, al sentir la reacción de su madre, pegó su rostro a su pecho, abrazándose más fuerte a él.

Shoko alzó una ceja, captando la situación de inmediato. Observó cómo Yuuji reaccionaba, cómo su cuerpo temblaba al tenerlo cerca. Sus ojos se encontraron brevemente, y Shoko le dio una mirada fulminante, como diciéndole "No te acerques más".

Gojo se quedó allí, inmóvil, sin saber qué hacer. El peso de la culpa lo atravesó como una flecha. Recordó los días pasados, el momento en que Yuuji le había pedido ayuda y cómo él había fallado. No había podido proteger a Kaori. No había podido ser el padre que la niña necesitaba.

El silencio se alargó, denso, insoportable. Yuuji no podía mirarlo. Tenía los ojos cerrados, respirando con dificultad, como si cada segundo cerca de Gojo lo estuviera destruyendo por dentro. Sabía lo que había hecho. Sabía que su hija estaba enferma por su culpa. Y ahora, la única forma de protegerla era mantenerla alejada.

Algo dentro de él le pedía que se acercara, que la tomara entre sus brazos y la perfumara para calmar sus pesadillas, pero en cuanto trató de dar un paso, Yuuji reaccionó.

—No la toques —gruñó en voz baja, cubriendo más a su hija con su cuerpo.

Gojo no reaccionó a su amenaza. Simplemente se sentó en el borde de la cama y miró a Kaori. Su rostro no tenía rastro de la arrogancia que tanto lo caracterizaba, Solo había seriedad Y por alguna razón, eso aterró más a Yuuji.

—Dámela —dijo Gojo, extendiendo las manos.

—¡NO! — Yuuji negó con la cabeza de inmediato.

El alfa suspiró, como si hubiera esperado esa respuesta. El omega sintió que la ira lo llenaba de golpe.

—¡¿Por qué carajos crees que te la daría?! ¡Esto es tu culpa! ¡Mi hija está así por tu maldita arrogancia! —Gojo se quedó en silencio.

Kaori sollozó de nuevo en su sueño, como si su cuerpecito fuera incapaz de soportar más, y en ese momento, Yuuji lo entendió. No importaba lo mucho que lo odiara. No importaba lo que sintiera. Si había alguien en ese cuarto que pudiera ayudar a su hija era Gojo.

Con el corazón latiéndole con fuerza, Yuuji apretó los labios y, temblando, extendió a Kaori hacia él. El alfa la tomó con sumo cuidado, como si estuviera hecha de cristal y dejó salir su olor a pino y menta. Entonces, la niña reaccionó.

Incluso en medio del sueño, su cuerpecito dejó de temblar. Su respiración, que antes era errática y llena de sollozos, se estabilizó lentamente Y por primera vez en lo que pareció una eternidad Kaori dejó de llorar. El silencio era espeso. Solo se escuchaba la respiración tranquila de Kaori, quien finalmente había caído en un sueño profundo, aún aferrada a su pecho. Gojo acomodo un poco a la cachorrita y tomó su teléfono, sin decir nada, escribió un mensaje rápido para Yaga:

"Todo está tranquilo. Manda a los estudiantes a sus habitaciones."

Afuera, se oían murmullos y pasos apresurados. El alboroto de antes había desaparecido, dejando en su lugar el eco de un cansancio acumulado. Pocos minutos después, el pasillo quedó en completo silencio.

Dentro de la habitación, sin embargo, la tensión se mantenía intacta. Gojo seguía allí de pie esperando, pero Yuuji no lo miraba. No había vuelto a dirigirle la palabra desde que gritó de. Pero cuando finalmente habló, lo hizo con una frialdad que caló hondo en el alfa:

—La misión es en una semana — Gojo no respondió—No puedo llevar a Kaori —continuó, su voz monótona—. Kugisaki-san irá con nosotros y los de segundo también saldrán —murmuró. No lo dijo directamente, pero Gojo lo entendió:

"Házte cargo por primera vez de tu hija."

El alfa respiró hondo. Sus Seis Ojos analizaron el lenguaje corporal de Yuuji:Su postura rígida, el cansancio en sus hombros y la rabia en su mandíbula apretada.

No había espacio para una conversación sin que el omega quisiera arrancarle la garganta. Así que, por primera vez en mucho tiempo, Gojo simplemente asintió.

—Está bien —aceptó con voz suave.

Yuuji no reaccionó de inmediato, Solo se quedó en silencio, como si estuviera esperando que el alfa dijera algo más, pero cuando vio que no lo hacía, cuando notó que Gojo solo se quedó allí, en silencio, aceptando su papel, algo en su expresión pareció suavizarse.

Solo un poco, apenas perceptible, pero Gojo lo notó, más no dijo nada al respecto. Sabía que, por ahora, las palabras solo empeorarían las cosas. Así que se quedó allí por primera vez, como debía hacerlo.

La noche avanzaba lentamente, atrapándolos en una vigilia silenciosa. Kaori dormía con el ceño fruncido, su cuerpecito temblando de fiebre. Shoko había hecho lo que pudo, dándole algo de medicamento antes de retirarse, pero no había más que hacer excepto esperar.

Yuuji se mantenía despierto, sentado en la cama sosteniendo la manita de Kaori y pasando un paño húmedo por su frente caliente. Gojo estaba recargado contra la pared, mirando a Kaori dormir, su respiración ligera pero irregular.

Cada vez que el pequeño cuerpo de la niña se agitaba, su corazón se comprimía. A su lado, Yuuji sigue cuidando de ella, exhalando con un alivio agotado, mientras él se mantiene al margen, procesando todo lo que acaba de suceder, todo lo que implica ser responsable de esta vida frágil.

—¿Cómo se hace esto? —pensó, en voz baja, solo para sí mismo. No podía dejar de recordar los días de su infancia, cuando se sentía más como un experimento que como un niño.

Ni siquiera su madre, su verdadera madre, le había mostrado qué era el amor. Fue Suguru quien, en su confusión de amor y soledad, le enseñó lo que era estar cerca de alguien, lo que era sentir algo más allá de la obligación, pero no duró. No con la intensidad que él había esperado. La traición, la ruptura, la distancia, lo dejaron helado. Se cerró, y juró que no volvería a abrirse de esa forma.

Pero Kaori estaba aquí. Y él no sabía si estaba preparado para amar como Yuuji lo hacía. ¿Cómo iba a hacerlo? Su vida nunca había sido construida para enseñar a alguien a confiar, mucho menos a querer. Había sido sólo una máquina, entrenada, moldeada, hecha para luchar y ganar.

Pero verla dormir, viendo cómo Yuuji la protegía y amaba. Lo cambió todo. Los ojos de la niña, su inocencia tan pura, tan frágil, pedían algo que Gojo no sabía dar. Quería darlo, pero el miedo lo paralizaba.

—Tenía miedo– susurró para sí mismo— No quería hacerle lo mismo que hicieron conmigo — dijo recordando cómo se sintió abandonado en cada esquina de su vida.

El amor era una debilidad, siempre lo había sido, y por eso había decidido evitarlo. Pero ella no tenía culpa de su historia. Ella no merecía esa carga.

Pero Yuuji, el omega había cambiado, a su modo, a su manera cruda, el curso de su vida. Tenía tanto miedo, tanta rabia contenida, pero aún así lo hacía. Lo hacía por ella, por su hija y Gojo, mirando a ambos, se dio cuenta de que su hija necesitaba algo de él, algo real, algo más allá de las peleas, más allá de la fría fachada que había construido. Necesitaba su amor, su dedicación, pero ¿cómo hacerlo?

Yuuji estaba sentado en el borde de la cama, Kaori profundamente dormida sobre la cama. Sus deditos se aferraban a su peluche de tigre, como si, incluso en sueños, temiera que él desapareciera. Gojo estaba frente a él, de pie, con las manos metidas en los bolsillos. La única luz en la habitación venía de la lámpara junto a la cama, proyectando sombras alargadas en las paredes.

Sin embargo, el omega escuchó sus palabras y aun sin mirarlo, le preguntó con voz suave:

—¿Y qué significa eso para ti? —preguntó con frialdad, pero con un tono suave para no despertar a su hija.

Gojo parpadeó, como si la pregunta lo hubiera tomado por sorpresa, bajó la mirada hacia su mano, como si ahí estuviera todas las respuestas a sus dudas.

—Significa que quiero estar con ella. Cuidarla– respondió tras meditarlo.

—¿Cómo lo has hecho hasta ahora? — el tono de Yuuji era afilado, hiriente. Gojo se tensó.

—Te he ayudado—dijo casi a la defensiva.

—Sí. Me has dado dinero, ropa, un lugar seguro. Pero nunca has estado – respondió el omega con dureza.

Gojo abrió la boca, tratando de justificar sus acciones pero Yuuji no le dejó hablar, lo vió acomodar el húmedo trapo en la frente de la niña solo para darse la media vuelta y encararlo.

—Cada vez que Kaori llora, soy yo quien la calma. Cada vez que se asusta, soy yo quien la protege. Cada vez que pregunta por ti. Su padre. Soy yo quien le inventa excusas — dice con una sonrisa que evidencia su mal humor.

Gojo desvió la mirada, sabiendo que tiene razón y que no puede pelear contra esos hechos. Es culpa suya. su miedo e inseguridades nuevamente lo orillaron a ese punto donde lastimó más de lo que ayudó realmente.

—No es que no lo agradezca —continuó Yuuji, su voz temblorosa—, pero ella no necesita al más fuerte. Ella necesita a Satoru, su padre…— murmura.

—No sé cómo ser eso —admitió bajando la mirada mientras se sentaba en la silla junto al escritorio.

Yuuji ahogó un sollozo al finalmente desahogar sus pesares, cubrió su boca con sus manos, pues no quería despertar a Kaori. Dejó salir un largo suspiro antes de darse la vuelta y se acercó para comenzar a acariciar el cabello de su hijita solo para volver a hablar.

—¿Por qué? — preguntó serio sin mirarlo.

Gojo tragó saliva. Sentía la garganta seca, el pecho demasiado apretado, pero decidió hablar, no como Gojo, sino como Satoru, un hombre asustado que no sabía cómo ser el padre de su hija. Abatido, se quitó la venda oscura de sus ojos y miró al omega.

—Crecí sin mis padres —murmuró—. Nunca fui perfumado por ellos o jugué con ellos. Tenía a mis nanas, pero… aún así…— Su voz se apagó. No era la primera vez que pensaba en ello, pero sí la primera vez que lo decía en voz alta —Nunca pensé en tener hijos —continuó—. Pero ella… ella, no lo sé, me recordó a mi mismo a su edad, solo y asustado de todo— dice finalmente.

Yuuji sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Gojo hablaba con una sinceridad dolorosa, cruda, sin su usual arrogancia o su sonrisa burlona.

—No sé cómo amarla —confesó Gojo— No sé cómo hacerlo sin arruinarlo todo otra vez— comienza a sollozar.

Por primera vez, Yuuji vio miedo en sus ojos. No el miedo a perder una pelea o el miedo a morir. Era un miedo más profundo, más humano que pudo ver en esos bellos ojos azules que le encantaron desde el inicio y que ahora no puede ver sin sentir un miedo en su pecho.

El omega bajó la mirada hacia Kaori. Su pequeña, su todo. Apenas hacía dos semanas no sabía de su existencia y ahora, no quería un mundo sin ella. Él tampoco sabe lo que es tener una familia o cómo cuidar de alguien que lo observa con tanta devoción. Siente miedo y muchas veces ha tenido que encerrarse en el baño a llorar, pero se ha tenido que secar las lágrimas y salir adelante por la pequeñita que inventa historias protagonizadas por Tora.

—Entonces aprende —susurró—. Pero no lo hagas a medias. Si de verdad quieres ser su padre, no basta con quererlo, no basta con decirlo. Tienes que demostrarlo — dijo sin mirarlo y acomodaba las sábanas para que Kaori estuviera más fresca.

Gojo asintió lentamente mientras soltaba por fin algunas lágrimas a la vez que dejaba que el olor del omega consolara su pesar.

—Lo haré — prometió sin dejar de mirar las acciones del omega hacía su hija.

Yuuji no respondió de inmediato. Solo se inclinó y besó la frente de su pequeña, antes de mirar a Gojo una vez más.

—Espero que esta vez no me dejes solo de nuevo, o no podré perdonarte — dijo Yuuji seguro de sus palabras.

Gojo sintió su pecho encogerse, pero asintió con una amarga sonrisa en su rostro sintiendo celos del omega frente a él. Tan joven y valiente, enfrentando el incierto futuro con firmeza.

—No lo haré —Esta vez, lo prometió de verdad.

Yuuji parpadeó pesadamente. Sabía que debía mantenerse despierto, pero su cuerpo ya no respondía. Poco después, el cansancio era implacable. Llevaba noches en vela, asegurándose de que Kaori estuviera bien, de que no estuviera sola ni un segundo. Pero ahora, con el calor de su pequeña acurrucada contra su pecho y la presencia de Gojo a su lado, la lucha contra el sueño se volvía imposible, Gojo lo notó.

Observó cómo los párpados de Yuuji caían y volvían a abrirse con dificultad. Cómo su respiración se volvía más lenta, más pesada.

Sin decir nada, con movimientos cuidadosos, acomodó a Kaori entre las mantas y luego se inclinó hacia Yuuji, guiándolo suavemente para que se recostara. Yuuji intentó resistirse pero el alfa continuó ayudándolo a recostarse.

—No… aún tengo que…— murmuró entre sueños.

Gojo negó con la cabeza y, con un susurro casi inaudible, le dijo:

—Solo déjame estar aquí…— dijo suavemente.

Yuuji lo miró confundido, como si no entendiera lo que quería decir. Gojo le dedicó una pequeña sonrisa, una que no tenía el peso del orgullo ni de la arrogancia.

—No tienes que hacerlo solo — dijo.

El omega sintió su cuerpo ceder y por primera vez en mucho tiempo, permitió que alguien más cargara con un poco de su mundo.

El sueño lo envolvió antes de poder responder, y la última imagen que tuvo antes de caer fue la de Gojo, sentado junto a la cama, velando por él y por Kaori.

Notes:

Les juro que deben ponerle un altar a mi beta, quien me hizo cambiar el 90% del capitulo pues le juro que era mucho más oscuro originalmente! pue Kaori iba a terminar el coma... pero gracias a papi Gojo, eso no pasó y me hizo relajarme JAJAJAJA
pero bueno, espero les haya gustado y cualquier duda, sugerencia, comentario o amenaza los leeré con amorcito!!

Chapter 11: El sueño hecho realidad

Summary:

La mente de Kugisaki se inundan de recuerdos dolorosos después de una complicada noche, pero con estos recuerdos viene una llegada muy esperada.
Por otro lado, las cosas comienzan a ir bien para Yuuji y Kaori.

Notes:

Hola gente hermosa, como están??
sé que me tardé un poquito en actualizar, pero las cosas han ido mejorando un poco JAJAJA anyways! espero que les guste este capitulo tanto como yo al escribirlo!
La verdad tardé un poquito pues aún me faltan detalles por definir en los últimos capítulos y mi mente me dio para otra historia donde Kaori esta presente JAJAJAJA Sigo dudando en si subir o no los pocos capitulos que ya tengo o no AJAJA

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

“El alarido de Yuuji fue lo peor. Fue un grito desgarrador y casi animal, que erizó la piel de Nobara hasta los huesos. Sintió que algo dentro de ella se quebraba, como si le hubieran arrancado el alma con las uñas. Porque sabía la verdad más cruel: nadie iba a venir. Nadie iba a salvarlos.

El cuerpo de Yuuji se convulsionó sobre la cama de aquel sucio motel donde se refugiaron. Las sábanas bajo él ya no eran blancas, sino un mapa caótico de sangre y fluidos. El sudor le empapaba el rostro y el cabello pegado a la frente le daba un aire casi fantasmal. Estaba pálido. Tan pálido que la omega pensó que la vida se le escurría entre las piernas.

Shoko se inclinó sobre su vientre, presionando con fuerza, sus manos teñidas de rojo hasta las muñecas, mientras que Utahime y Maki se encargaban de apoyarla con lo poco que tenían a la mano y aun así no era suficiente para aminorar el dolor en el omega.

—¡Ya dilataste! Pero la cabeza no baja… ¡Joder, joder…! —gruñó, con la mandíbula tensa.

—¡Yuuji, concéntrate en respirar! ¡Respira conmigo! ¡Vamos, vamos! —gritó Nobara, tomándole la mano con fuerza.

Pero el omega sollozaba, su cuerpo entero temblando, y cada contracción lo arqueaba como si algo dentro de él se rompiera.

—No… puedo… —gimió, y su voz apenas era un susurro, trémulo y cargado de terror.

El aire olía a sangre y a miedo. Una nueva contracción lo atrapó sin aviso. Un espasmo le hizo doblarse sobre sí mismo, y esta vez, el sonido de sus propios huesos crujiendo fue demasiado real. El dolor era tan atroz que se mordió el labio hasta hacerlo sangrar, su espalda golpeando con fuerza el colchón mientras se aferraba a las sábanas como si su vida dependiera de ello.

—¡Lo necesito! ¡Necesito a mi alfa! ¡Mi cachorro va a nacer y él no está! ¡SATORU NO ESTÁ! —gritó, y fue un grito de desesperación absoluta.

Nobara tragó con dificultad. Nunca lo había visto así. Tan roto e indefenso. Eran conscientes de que los últimos meses habían sido muy difíciles para el omega, pero verlo así de roto era algo que no pudieron digerir con facilidad.

—¡Itadori, escúchame! —La voz de Shoko ya no era la de una médica segura. Temblaba, estaba desesperada— El bebé está sufriendo. Si no pujas ahora, si no lo ayudas… el bebé… no va a sobrevivir —Las palabras golpearon como una sentencia.

Vió como los labios de Yuuji temblaban. Sus ojos dorados, dilatados por el dolor y el pánico, se llenaron de lágrimas que no podía controlar.

—Por favor… —jadeó, apenas un hilo de voz—. No quiero estar solo…

Y entonces gritó. Pero no como antes. Este fue diferente, pues fue un grito visceral que partió el aire, mientras su cuerpo se forzaba a empujar con cada fibra desgarrada de su ser y en medio del caos, de la sangre, del dolor y la ausencia de aquellos que dieron todo para que ese momento llegara. Nobara sintió su sangre helarse en el momento en el que el bebé comenzó a nacer “

Nobara sintió un nudo en la garganta. Porque aunque la escena ante ella irradiaba paz, su mente solo podía ver la imagen de un Yuuji completamente roto, bañado en sudor y sangre, suplicando por un alfa que nunca volvería.

Recordó cómo su voz se desgarró llamando a Gojo. Cómo su cuerpo se rindió al final. Cómo, incluso cuando Kaori lloró por primera vez, Yuuji no sonrió. Un estremecimiento recorrió su espalda. ¿Cómo es que todo seguía tan fresco?

—No sabes cuánto desee ver esto — La voz la sacó bruscamente de su trance, haciendo que su cuerpo se tensara por reflejo.

Se giró de golpe, lista para atacar, pero lo que encontró hizo que el aire se le quedara atrapado en la garganta.

Era Yuta, un poco mayor, su expresión más firme, su mirada cargada con un peso que su versión adolescente no tenía. Sus ojos estaban fijos en la escena frente a ellos, brillando con algo que Nobara solo pudo describir como anhelo.

A su lado, su versión más joven también miraba la escena con la boca entreabierta, sus manos temblorosas apretadas en puños. El joven Yuta no sabía lo que estaba viendo. El adulto, en cambio, sabía demasiado bien lo que significaba.

—Yuta… sempai…—Nobara apenas pudo decir su nombre antes de lanzarse a los brazos de quien ha sido un compañero en sus peores momentos. El mayor esbozó una sonrisa suave, pero triste.

—Siempre me pregunté cómo se habría visto así… —susurró, sin apartar la mirada de Yuuji y Kaori— Nunca lo vi dormir tranquilo. Nunca lo vi sostenerla sin miedo — murmuró viendo al omega abrazar con fuerza el pequeño cuerpo de su hija.

Nunca lo vio ser feliz otra vez, sí Yuuji amaba a su hija, era la luz de su vida, pero sabían que se sentía incompleto. Nobara sintió el ardor de las lágrimas subirle a los ojos, pero se negó a llorar. No ahora.

Porque entendía exactamente lo que Yuta estaba sintiendo. En su mundo, esta escena nunca existió.En su mundo, Yuuji sufrió solo. En su mundo, Gojo murió antes de poder protegerlos. En su mundo, Kaori nunca tuvo un padre.

El Yuta adolescente tragó en seco, aún confundido. Su mirada saltó de su versión adulta a Nobara, buscando respuestas que ninguno de los dos estaba listo para dar.

—¿Qué pasó en su tiempo? —preguntó, su voz apenas un hilo de sonido.

El Yuta mayor cerró los ojos por un momento, exhalando lentamente y cuando volvió a abrirlos, su expresión no dejó lugar a dudas.

—Casi murió rogando por él — respondió Kugisaki.

El silencio que cayó sobre ellos fue pesado. Asfixiante. El joven Yuta dejó escapar un jadeo ahogado, como si lo hubieran golpeado. Nobara bajó la mirada, incapaz de sostener el peso de esa verdad.

La imagen de Yuuji en aquella habitación volvía a su mente como un cuchillo al pecho. Su mundo lo destruyó, pero aquí… Aquí todavía había esperanza.

—No voy a dejar que pase de nuevo. —Las palabras salieron de la boca de Yuta con una determinación que envió escalofríos por la espalda de Nobara.

Nobara, Yuta y Okkotsu caminaron por los pasillos en silencio, con la atmósfera aún cargada por el peso del pasado. La visión de Yuuji durmiendo junto a su hija y Gojo era algo que ninguno de ellos creyó que llegaría a ver. Algo que, en su futuro, nunca había sido posible.

Llegaron a la enfermería, donde el Yuta adolescente los miró con evidente confusión. No entendía del todo la gravedad de la situación, pero sabía que no era buena. Shoko estaba revisando a Maki, pero al notar la presencia de Okkotsu, suspiró, como si ya supiera lo que estaba por venir.

—Supongo que ya es momento de hablar —dijo Okkotsu, cruzándose de brazos.

—Sí, pero antes… ¿por qué estás aquí? —preguntó su versión más joven, con una mezcla de cautela y ansiedad.

Okkotsu lo miró con intensidad, como si estuviera grabándose cada detalle de su yo pasado.

—Ya te dije, quiero salvar a mis amigos… — respondió el alfa mayor.

El silencio fue inmediato. Nobara tensó los puños, Yuta frunció el ceño y hasta Shoko dejó lo que estaba haciendo para observarlos con más atención. El Yuta adolescente no tardó en procesar lo que implicaban esas palabras.

—¿Y por qué me trajiste? —preguntó, sintiendo que no iba a gustarle la respuesta.

Okkotsu esbozó una sonrisa amarga mientras se quitaba la katana de la espalda y se sentaba en una de las sillas de la enfermería.

—Porque quiero que seas más fuerte de lo que yo soy actualmente. Todos ustedes deben serlo… — respondió el alfa viendo a su yo más joven.

Las palabras golpearon con un peso abrumador. Nobara cerró los ojos un instante, recordando todas las veces que Okkotsu luchó desesperadamente en su futuro, todas las veces que sacrificó su cuerpo, su energía, su alma por aquellos que aún podían seguir de pie. Yuta sintió que le faltaba el aire. Su yo futuro estaba ahí, parado frente a él, diciéndole que debía superarlo, que debía cargar con el peso de algo que él mismo había evitado.

La enfermería se sumió en un silencio denso, solo interrumpido por la respiración pausada de Maki en la camilla y el leve zumbido de la maquinaria médica.

—Tienes que hacerlo —dijo Okkotsu con suavidad, pero con una firmeza inquebrantable— Porque si no lo haces, todo lo que hemos sufrido no habrá servido de nada — ambos pares de ojos grisáceos se vieron fijamente.

Yuta apretó la mandíbula. Nobara lo miró con algo de lástima, sabiendo que ahora llevaba sobre sus hombros una carga que solo alguien como él podría soportar. El futuro aún estaba en sus manos.

El día había sido largo. Entre entrenamientos, clases y la inesperada llegada de versiones futuras de sus amigos, todos necesitaban un respiro. Así que, cuando las últimas horas de la tarde se deslizaron sobre la academia, los alumnos decidieron ir a la enfermería. Querían ver a Yuuji y a Kaori.

Para su sorpresa, al llegar, encontraron a Gojo allí. No estaba solo de paso. No estaba simplemente dejando algo y marchándose como siempre. Estaba sentado junto a la cama de Yuuji y Kaori, como si no tuviera intenciones de irse.

Eso por sí solo fue suficiente para que todos intercambiaron miradas, sin saber si hacer comentarios o simplemente aceptar el hecho.

—Oh, han venido —dijo Yuuji con una sonrisa cansada al verlos entrar. No se veía mal, solo agotado, pero aun así su expresión se iluminó con la presencia de sus amigos.

Megumi, Nobara, Panda, Inumaki y Maki se acercaron poco a poco, tratando de no hacer demasiado ruido.

—Queríamos ver cómo estaban —dijo Maki con un leve tono de preocupación, aunque intentó ocultarlo con su usual dureza.

—Estamos bien, o eso creo —respondió Yuuji con una risa suave— Kaori sigue dormida — murmuró viendo a su hija.

Justo en ese instante, un leve movimiento en la cama hizo que todos se quedaran en silencio. La niña se removió entre las sábanas y, con voz pequeña y rota por el sueño, murmuró:

—Mami… me duele la cabeza… —dijo la pequeña mientras posaba sus manitas sobre su despeinada cabellera.

Fue como si toda la tensión acumulada en la habitación se disipara de golpe. La voz de Kaori, por muy débil que sonara, era un alivio. Yuuji reaccionó de inmediato, acercándose para acariciar suavemente su cabello.

—Shh… aquí estoy —susurró con suavidad, intentando calmarla— Todo está bien — sus caricias eran suaves y lentas.

Al ver la expresión de Yuuji, Satoru entendió el mensaje sin necesidad de palabras y salió de la habitación sin hacer ruido, seguramente en busca de algo para ayudar con la fiebre de la niña o posiblemente huyendo de nuevo.

Kaori no respondió, solo se aferró a su madre con las pocas fuerzas que tenía, buscando su calor. Sin decir nada, Nobara soltó un suspiro de alivio y le palmeó la espalda a Yuuji con una sonrisa.

—Nos diste un buen susto, pequeña terremoto —dijo con cariño, ganándose un pequeño puchero de la niña.

Yuuji rió bajito, sintiendo cómo, a pesar de todo lo que habían pasado, por un momento, estaban bien.

—Mami… tengo hambre… —murmuró Kaori, su vocecita aún somnolienta mientras se aferraba a su mamá

El omega se sobresaltó ligeramente por la repentina acción de su hija y, al procesar la situación miró por la habitación buscando algo, por suerte el pequeño platito de avena que Gojo le dió un poco más temprano seguía intacto, así que con rapidez lo tomó y comenzó a alimentar la niña que lo comía con lentos movimientos 

Yuuji soltó una pequeña risilla. Por primera vez en lo que parecía una eternidad, podía relajarse un poco tras la tormentosa noche que había vivido. Solo esperaba que nada malo sucediera ahora.

Mientras la pequeña Kaori se alimentaba tranquila, los demás adolescentes comenzaron a hablar de trivialidades, intentando aligerar el ambiente. Sin embargo, Maki no pudo contener su curiosidad por más tiempo y soltó lo que todos se preguntaban.

—¿Desde cuándo ese idiota te ayuda con Kaori? —preguntó, tratando de aparentar indiferencia.

El pelirrosa bajó la mirada, pensativo. Es verdad que Satoru había estado ayudándolo con Kaori casi toda la noche, pero, ¿no era su responsabilidad como padre? Aun así, no podía negar que el alfa había estado allí más de lo que esperaba. Por un instante, se preguntó si debía contarles sobre su plática con Gojo, pero decidió que ese era un tema para otra ocasión.

—Creo que ahora sí estará aquí… —murmuró, más para sí mismo que para los demás, antes de inclinarse para besar la cabecita de su hija.

El gesto, sin embargo, lo hizo fruncir el ceño ya que Kaori seguía caliente. La fiebre no había bajado. Su corazón se encogió con preocupación. Justo en ese momento, la puerta se abrió y Satoru regresó con un contenedor de agua y una toallita.

—¿Qué tan mal estamos? —preguntó con tono ligero, pero su mirada se suavizó al ver la expresión preocupada de Yuuji.

—Todavía está ardiendo… —susurró el omega mientras ayudaba a la pequeña que estaba sentada en el regazo de Nobara.

Gojo se acercó sin dudar, dejando el contenedor sobre la mesita de noche y extendiendo la medicina.

—Vamos a bajar esa fiebre — dijo con voz animada a la niña quien seguramente no escuchó.

Yuuji asintió, aferrándose un poco más a su hija mientras el alivio y la preocupación se entrelazaban en su pecho.

Kaori iba a estar bien. Tenía que estar bien, y esta vez, no estaba solo y mientras Yuuji terminaba de alimentar a Kaori y los demás hablaban sobre la reintegración de Yuta, Satoru permanecía en silencio, apoyado contra la pared con los brazos cruzados.

Su atención no estaba en la conversación, sino en la breve conversación que tuvo con Yaga mientras venía de camino a la habitación.

"El Clan Kamo ya sabe sobre ella. Saben que puede manipular sangre."

Las palabras de su antiguo profesor retumbaban en su cabeza, implacables. Si el Clan Kamo estaba moviéndose tan rápido, significaba que tenían pruebas sólidas. Y si ya habían solicitado la custodia, entonces esto no era solo una sospecha: era un hecho.

Gojo apretó la mandíbula. No era estúpido. Si la niña tenía una técnica hereditaria específica de los Kamo gracias a las acciones de Yuuji en su futuro.

Kugisaki-san les contó cómo fue que Yuuji decidió comerse a sus otros hermanos para obtener su ritual para pelear contra Sukuna. La idea lo revolvía por dentro. No por lo grotesco la escena de Yuuji comiendo a los otros fetos. Sino porque, por primera vez, se daba cuenta de que en efecto, Itadori haría (e hizo) todo lo posible para salvar a los suyos.

Los Kamo no eran como los Zen’in, pero eso no los hacía mejores. Eran ambiciosos. Despiadados cuando se trataba de preservar su linaje y ahora querían a Kaori. Porque ella no era solo una niña. Era una niña con una técnica valiosa.

Y, peor aún, era una niña que aún no tenía un alfa que la protegiera ante los clanes. Los ojos de Gojo se dirigieron, casi sin pensarlo, a Yuuji.

El omega, ajeno a la tormenta de pensamientos que sacudía la mente de Satoru, acariciaba la espalda de su hija con una ternura infinita.

No tenía idea de lo que estaba a punto de caer sobre ellos. No tenía idea de que su hija estaba en peligro.

Pero estaba seguro de algo, y es que así como el omega decidió comer los fetos para salvar a los suyos, él no iba a permitir que se la arrebataran. No esta vez. No cuando ya había perdido demasiado.

Respiró hondo, apartando la mirada mientras el peso de su decisión se asentaba en su pecho. Si los Kamo querían a Kaori, tendrían que pasar sobre su cadáver, y más les valía estar preparados.

Notes:

Eso es todo por esta bella actualización! Los amo y muchas gracias por sus comentarios! sé que ya no los he contestado, pero siempre los leo y enserio, muchas gracias por su apoyo, no saben cuan feliz me hace saber que disfrutan esto! De paso digo que tardaré un poquito porque... Al fin tengo empleo!! no es como esperaba y tengo que limpiar moquitos bebé y aguantar llantos de bebés consentidos (preescolar) JAJAJAJ pero ya es algo JAJAJAJAJA

Como dije, mi atención se ha ido a otras historias, pero a diferencia de esta, las otras dos aun no llevan ni la mitad, así que sigo debatiendo en si subirlas o no... Anyways! gracias por su apoyo!

Chapter 12: Somos... ¿Un equipo?

Summary:

Después de mucho, Yuuji y Satoru finalmente trabajan en equipo por el bienestar de Kaori, y Satoru le hace una propuesta muy importante para Yuuji.

Notes:

Hola gente bella! Ha pasado tiempo, lo sé! pero enserio no ha sido mi mejor semana, ni mi mes, ni mi año, ni mi vida... anyways! aquí les dejo un capitulo más!! los amo y agradezco su apoyo!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

—Nombre de la paciente— dice la recepcionista de la clínica.

—Itadori Kaori —dijo Yuuji.

—Gojo Kaori —dijo Satoru al mismo tiempo.

La beta al otro lado del escritorio levantó una ceja, por otro lado, ambos padres se miraron el uno hacia el otro con una mirada de desconcierto, como si recién se dieran cuenta de que no habían hablado de eso antes.

—Gojo kaori — responde yuuji

—Itadori Kaori — dijo Satoru al mismo tiempo.

Yuuji abrió la boca, luego la cerró. Satoru hizo lo mismo. Un incómodo vaivén de miradas se dio entre ellos hasta que, con un suspiro derrotado, el omega cedió.

— I-Itadori… Kaori — respondió el omega tras un largo minuto de silencio.

La beta solo rodó los ojos y tecleó algo antes de volver a hablar.

—Si, el doctor Yamada los verá en un momento, mientras tanto, pueden tomar asiento— dijo señalando la pequeña sala de espera donde otros padres e hijos esperando su turno.

Caminaron a la sala, donde Satoru ayudó al omega a tomar asiento pues llevaba a su hija en los brazos.  Yuuji suspiró, ajustando a Kaori en sus brazos mientras Satoru se frotaba la nuca, ambos aún incómodos tras el desastre en la recepción. No es como si hubieran tenido tiempo de discutirlo antes.

La noche anterior había sido un caos. La fiebre de Kaori no cedía, y aunque Shoko hizo todo lo posible, terminó admitiendo con una mueca de fastidio que su campo de especialización no era la pediatría. La desesperación había comenzado a asentarse cuando el jóven Yuta apareció con la solución.

"Si bien recuerdo, mi madre se volvió a casar y su esposo es pediatra. Puedo hablar con él y ayudar a agendar una cita."

La propuesta había sido tan inesperada que Yuuji, sin pensarlo, se había lanzado a abrazar al joven. Gojo, por su parte, le revolvió el cabello con una sonrisa aliviada, dejando de lado su usual fastidio hacia la madre de Yuta.

Gracias a eso, ahora estaban ahí, en la sala de espera de una clínica privada, intercambiando miradas nerviosas mientras su hija dormía inquieta en sus brazos.

El omega no podía dejar de pensar en que, dentro de una semana, tendría que irse en una misión con Megumi y Nobara. Kugisaki había insistido en que su presencia era crucial, lo que solo aumentaba su inquietud.

No quería dejar a Kaori. La idea de separarse de su hijita cuando aún no se recuperaba lo hacía sentir horrible, pero sus responsabilidades como hechicero no podían esperar. Y peor aún, tendría que dejarla bajo el cuidado de Satoru.

—Tranquilo, ya verás que todo saldrá bien —la voz del alfa interrumpió sus pensamientos.

Cuando alzó la vista, se encontró con esos ojos azules mirándolo con una calma inquebrantable. Por primera vez en días, sintió que todo podía estar bien.

Los últimos dos días el alfa había estado a su lado, ayudándole a cuidar de Kaori e incluso con temas relacionados a la escuela, pues era obvio que no asistió a clases estos días. Eran pocos los cambios que habían tenido, pero significativos. Ahora ya no se sentía tan solo.

—Gracias, Gojo-sensei —murmuró el omega.

Antes de que pudiera decir algo más, una joven enfermera los llamó, indicándoles que podían pasar. Con un último vistazo a su hija, ambos se pusieron de pie y entraron juntos.

El consultorio era un espacio ordenado y pulcro, con muebles de suaves colores pastel y una iluminación cálida. En una esquina había un pequeño escritorio con una computadora y, frente a este, un par de sillas para los padres. Kaori se removió inquieta en brazos de Yuuji cuando entraron, escondiendo su rostro en el cuello de su madre.

—Bienvenidos, por favor, tomen asiento —dijo el doctor Yamada con una sonrisa amable, ajustando sus lentes mientras los observaba.

Yuuji y Satoru se sentaron frente a él, el omega aún sosteniendo a la niña que lentamente comenzaba a despertar entre adoloridos gimoteos, pero el oji dorado rápidamente la comenzó a arrullar con calma. 

—Me comentaron que la pequeña tiene fiebre persistente —continuó el doctor, hojeando unas notas— ¿Podrían darme más detalles? — cuestionó mientras tomaba nota y miraba de reojo a la pequeña que se incorporaba.

—Comenzó ayer en la madrugada —explicó Yuuji, acariciando la espalda de su hija con suavidad— Primero pensé que pescó un resfriado en el parque, pero en la noche empeoró — dijo sintiendo a la niña temblar un poco.

—No ha querido comer mucho y no se ha movido tanto como de costumbre —añadió Gojo, cruzando los brazos— Y cuando se duerme, se agita demasiado  — continuó el alfa asombrando al omega, pues no esperaba que decidiera hablar.

—Y vomitó un poco esta mañana — dijeron ambos al mismo tiempo, sin ser conscientes de lo bien sincronizados que sonaron.

El doctor asintió con comprensión mientras tecleaba algo en la computadora, solo para después tomar su estetoscopio y dirigirse a los preocupados padres.

—Bien, la revisaremos para asegurarnos de que todo esté bien — comentó el doctor señalando la camilla al fondo.

Kaori, aún somnolienta, se removió cuando Yuuji intentó acomodarla en la camilla, pero la pequeña continuaba aferrándose con fuerza a su ropa, todavía con sus mejillas rojitas por la fiebre.

—Aquí estoy, no pasa nada —susurró el omega, acariciando su cabello.

Gojo se acercó con una sonrisa a la pequeña que a duras penas podía mantenerse sentada sobre la camilla.

—Kaorin, vamos a jugar un ratito, ¿sí? ¿Qué tal si contamos cuántos lunares tiene el doctor en la cara? — habló mientras levantaba a Tora un poco para llamar su atención.

La niña parpadeó adormilada y luego miró al doctor con atención, como si evaluara la propuesta. Mientras tanto, Yuuji aprovechó para que el médico pudiera revisarla.

El doctor tomó su temperatura, revisó su garganta y oídos, y auscultó su pecho con el estetoscopio. A medida que avanzaba, su expresión se volvió más analítica.

—Está algo baja en peso, pero hay algo que me llama la atención —dijo al final, volviendo a su escritorio— Esta fiebre no parece ser por una infección común… — comentó con profesionalidad.

Yuuji sintió un nudo en el estómago al pensar en lo peor e inconscientemente comenzó a morderse las uñas.

—¿Entonces qué es? — preguntó con un hilo de voz.

El doctor exhaló con calma antes de continuar mientras tomaba asiento nuevamente tras su escritorio e invitaba a los nerviosos padres a hacer lo mismo.

—Por lo que veo en su historial, Kaori aún está en proceso de estabilización. Su cuerpo es fuerte, pero hay un desbalance en su sistema. Es común en cachorros nacidos en circunstancias poco convencionales — dijo el beta con voz seria, viendo al omega y sospechando de su evidente juventud.

El omega bajó la mirada hacia su hija, quien ahora descansaba en su regazo, con sus pequeños puños aferrados a su ropa.

—No es nada grave, pero su organismo aún está ajustándose —explicó el doctor— Es posible que esté reaccionando a un cambio en su entorno o a una situación de estrés reciente — ahora su mirada se posó sobre Gojo.

Yuuji sintió una punzada de culpa y tristeza. El desolador futuro donde nació, sus dificultades para crecer y las constantes batallas a su alrededor. Todo eso debió ser demasiado para ella. Además, también un poco de resentimiento se instaló en su pecho, pues, el estado de su cachorra empeoró por la falta de apoyo de Gojo, pero no diría nada en ese momento. suficiente habían tenido con la discusión que tuvieron en la mañana cuando limpiaban el desastre de Kaori.

—¿Cómo podemos ayudarla? —preguntó Gojo, con su tono más serio de lo habitual, pues entendía que esto en parte era su culpa. Quería recompensar el daño que le hizo a su hija.

—Lo principal es mantenerla en un ambiente estable. También recomiendo que su omega pase más tiempo con ella, ya que el contacto ayuda a regular sus niveles hormonales. Además, sería bueno que su alfa también refuerce su presencia. — explicó como si ya hubiera dicho antes esas palabras.

Yuuji y Gojo se quedaron en silencio mientras se miraban fijamente, y por unos breves segundos, un brillo de resentimiento cruzó por los ojos del omega, pero éste apartó la mirada. Por otro lado, Gojo escondió sus ojos tras sus gafas, recibiendo todo el dolor que podría recibir.

—Es decir, que pasemos más tiempo juntos —resumió Gojo.

El doctor asintió, mientras sacaba una receta de uno de sus cajones y comenzaba a escribir en ella.

—Exactamente. Su cuerpo aún está reconociéndolos como sus figuras de apego principales. Mientras más cercanía tenga con ustedes, más rápido se estabilizará — dijo Yamada.

El omega acarició la mejilla de su hija con ternura tan natural en él, mientras la pequeña solo podía ver a su madre con un brillo especial en sus brillantes ojitos azules.

—Haré todo lo posible… — murmuró el omega dejando un beso en la despeinada cabecita de su hijita.

El doctor revisó sus notas antes de mirarlo con seriedad. No le gustaba tocar ese tema, pero debía hacerlo por la salud de la infante.

—Itadori-kun, Yuta me mencionó que tienes un viaje de trabajo dentro de unos días — Yuuji se tensó.

—Sí… es importante y no puedo rechazarlo — respondió rápidamente, sin embargo, el doctor suspiró y acomodó sus lentes antes de continuar.

—Si la niña estuviera completamente estable, diría que no hay problema, pero con su estado actual, estar lejos de su padre omega podría afectarla — habló con pesadez, pues jamás pensó hablar con un hechicero frente a frente.

Gojo chasqueó la lengua mientras se acomodaba las gafas y se recargaba en el respaldo de la cómoda silla. Reconocía la mirada en los ojos del doctor y sabía bien que la madre de Yuta lo puso al tanto de su oficio, así que podrían ser claros con el doctor.

—¿Alguna recomendación para evitarlo? — preguntó viendo a la niña.

—Si Itadori-kun debe ausentarse, Kaori necesita sentir su presencia de alguna manera. Ropa con su olor, objetos familiares... y, sobre todo, tú, Gojo-kun, deberás estar con ella — El alfa asintió sin dudar.

—Por supuesto — respondieron ambos.

El doctor los observó con detenimiento. Al final el doctor les recetó un suplemento vitamínico suave y algunas indicaciones para monitorear su temperatura. Cuando terminaron, Yuuji se levantó, pero, antes de que pudiera decir algo, Gojo tomó a Kaori en brazos con naturalidad.

—Yo la llevo, tú encárgate de los papeles —dijo simplemente.

Yuuji parpadeó sorprendido, pero luego asintió. Mientras él se dirigía a la recepción, Gojo miró a la pequeña, quien, en su semisueño, se acurrucó en su pecho.

Sonrió con ternura mientras veía a su pequeña cachorra en sus brazos. La vió abrazando a Tora con su poca fuerza.

—Sí que nos tienes bien atrapados, ¿eh, Kaorin? — murmuró enamorándose de su bebé.

Yuuji caminaba junto a Gojo en silencio, ambos procesando las palabras del doctor. El consejo de pasar más tiempo con Kaori resonaba en sus mentes.

—¿Realmente tenemos que estar más cerca de ella? —murmuró Yuuji, mirando al frente con preocupación.

Gojo lo miró de reojo, acomodando mejor a la cachorra entre sus brazos mientras caminaban hasta el auto donde Ijichi los esperaba.

—El doctor tiene razón. Su cuerpo necesita estabilidad y nuestros olores cerca, sobre todo ahora —respondió con tranquilidad, verificando que la niña siguiera dormida.

Yuuji asintió, pero el peso de la responsabilidad seguía sobre sus hombros. La misión que debía realizar en dos días no ayudaba en absoluto. Miró a Gojo, sin encontrar consuelo en su presencia, pero intentando procesar la situación. Fue entonces cuando Gojo habló de nuevo, soltando una bomba sin siquiera titubear:

—Todavía hay tiempo antes de la misión... Podrían mudarse conmigo — dijo el alfa con voz serena.

Yuuji parpadeó, deteniéndose en seco y mirando al peliblanco que caminaba con su hija en brazos.

—¿Qué? — murmuró mientras un pequeño rubor se colaba en sus mejillas.

—Sí, sería más sencillo —dijo Gojo con una seriedad que rara vez mostraba—Te preocupas menos por ella, y yo me aseguro de que esté bien. Además, así cuando regreses, estarán en un ambiente cómodo — habló mientras se detenía a verlo.

El omega frunció el ceño, la sorpresa reflejada en su rostro, pero lo ocultó a la vez que bajaba el rostro.

—¿Mudarnos contigo? — se preguntó mientras jugaba con la bolsita donde llevaban el medicamento.

Gojo se encogió de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo, pero por dentro se moría de nervios, no quería verse cómo un pervertido o algo peor, solo era un padre proponiendo lo mejor para su dulce niña.

—No es tan terrible, ¿sabes? No ronco y tengo calefacción central. Además, estaríamos en habitaciones separadas…. ¿O tú qué pensabas, Yuuji-kun? — habló burlón.

Yuuji lo miró con incredulidad antes de acelerar un poco el paso pero se regresó para encarar al alfa .

—¿Estás hablando en serio? — cuestionó mientras se acercaba al albino.

—Más de lo que parece —aseguró Gojo, justo antes de arrullar suavemente a Kaori, quien se removió incómoda en su pecho.

El omega se quedó en silencio por un momento, procesando la oferta. La idea de vivir con Gojo le provocaba una sensación extraña. No lo odiaba, pero tampoco estaba seguro de cómo sería compartir un espacio con él. 

—No me jodas… tú… — dijo incrédulo antes de mirar a su hija — tú no hiciste nada al inicio y no digo que no aprecie nada de lo que haces ahora pero… ¡Es demasiado! ¿Si? E-es demasiado y yo… lo pensaré— habló con la voz temblando y con los ojos brillando en coraje.

Satoru apretó los labios al verlo. habían tenido esa misma charla durante horas y la verdad era que lo entendía mejor de lo que pensaba. En menos de un par de días se convirtieron en padres y ahora tenían que aprender a trabajar juntos en algo que no fuera combatiendo maldiciones. Sino criar a una niña. SU niña.

—Yuuji, sé que no estuve y lo empeoré, pero hablo enserio… quiero estar aquí — aseguró el alfa mirando a los ojos dorados del omega, pero este solo levantó la mano y desvió la mirada.

—Dije que lo pensaré —murmuró al final, abriendo la puerta del auto, colocando a su hija en la sillita para niños.

Gojo no insistió, pero la pequeña sonrisa que apareció en su rostro indicaba que, en el fondo, sabía que Yuuji terminaría aceptando.

El resto del viaje transcurrió en silencio, con el peso de la conversación flotando en el aire. Cuando llegaron a la escuela, los pasillos estaban tranquilos, apenas iluminados por las luces nocturnas.

—Voy a llevarla a la habitación —dijo Gojo, ajustando la manta alrededor de Kaori— Te dejo con eso. Te espero para la cena —susurró antes de alejarse con pasos ligeros.

Yuuji asintió distraídamente. Su mente aún intentaba procesar todo, y sin pensarlo demasiado, sus pasos lo guiaron hasta la habitación de su amiga. Tocó la puerta con suavidad, pidiendo entrar, pero solo escuchó pasos apresurados y cosas moverse, y unos segundos después, escuchó la respuesta.

—Entra, pero no mires bajo la cama, solo hay ropa sucia—bromeó Nobara.

Yuuji abrió la puerta y la encontró sentada en su cama, lucía un poco agitada, con las mejillas rojas y el labial escurrido, mientras terminaba de arreglarse la rosa, sin embargo, el pelirrosa ignoró eso y caminó hasta sentarse junto a ella.

—¿Qué pasa? —preguntó, levantando una ceja al verlo tan callado, así que, sin más rodeos, Yuuji soltó:

—Gojo me pidió mudarme con él… —dijo con el rostro pálido, como si acabara de ver un fantasma.

Hubo un silencio que juró, pudo haber durado un milenio mientras esperaba la reacción de su amiga, sin embargo, no esperó una tercera voz salir debajo de la cama.

—!¿Que el idiota, Qué?! — exclamó Maki saliendo de debajo de la cama y luego, con una sonrisa maliciosa miró a su novia quien la ayudó a reincorporarse.

— ¡Carajo, cuéntame todo! — dijo emocionada la omega mientras su novia se sentaba junto a ella.

Yuuji las miró unos segundos, notando rastros del labial de Nobara en los labios de la alfa, pero decidió que no diría nada. No quería meterse en temas que obviamente aun no debían saberse, sin embargo, pensó que podría usarlo más adelante para su beneficio.

Así que solo suspiró, aún sintiendo un torbellino de emociones, comenzó a hablar sin pausa. Relató todo lo sucedido en el consultorio, las recomendaciones del doctor, sus dudas sobre la misión y la propuesta de Gojo. Sus palabras salieron atropelladas, pero Nobara, en lugar de interrumpirlo con chistes, solo analizaba todo, mientras que Maki lo escuchó con atención. Cuando terminó, las chicas se cruzaron de brazos, pensativas.

—¿Y tú qué piensas? ¿Mudarte con él? — preguntó la alfa con un tono serio, pero suave para no incomodarlo más.

—No lo sé —admitió Yuuji tras un largo silencio—Es… raro. Pero también podría ser lo mejor para Kaori. Y lo peor es que no sé cómo manejar todo esto solo — respondió el omega con su cabeza entre sus manos.

—Se nota —dijo Nobara sin rodeos, pero su tono era más comprensivo que burlón—. Mira, piénsalo así: ¿quién mejor para ayudarte que él? Al final de cuentas es su padre y tiene la obligación de estar con ella— señaló la chica tratando de calmar al omega.

—No sé… Gojo no es precisamente el mejor ejemplo de adulto funcional — respondió encogiéndose de hombros.

—Tienes razón, en muchas cosas es un maldito desastre —admitió Maki con una sonrisa— Pero cuando realmente importa, sabe lo que hace. Puede ser un imbécil, pero es fiable, y si te preocupa la misión, al menos Kaori estaría segura y cómoda. —Yuuji la miró en silencio, reflexionando sobre sus palabras.

—Tienes razón sempai —susurró— Es solo que me siento... raro. Como si estuviera perdiendo el control de todo — su mirada se posó en sus temblorosas manos.

Las chicas se miraron fijamente y Maki soltó un bufido, mientras que Nobara se acercó, poniéndole una mano sobre las suyas para ayudarlo a tranquilizarse.

—Lo entiendo. Pero esto no es solo sobre ti o sobre Gojo. Es por Kaori — murmuró con suavidad.

Yuuji suspiró y asintió, pero antes de que pudiera responder, Maki sonrió con malicia.

—Y quién sabe, quizás hasta termine teniendo un hermanito —añadió con tono burlón.

Los omegas la miraron con el ceño fruncido. aunque rápidamente la castaña entendió el punto de su novia y soltó una sonora carcajada.

—¿De qué hablas? — dijo pensando en una mascota para su hija.

—Solo digo que vivir juntos puede llevar a cosas interesantes… — respondió la omega haciendo una seña un tanto obscena con sus manos.

Yuuji se sonrojó con tanta fuerza que su rostro parecía un tomate y le lanzó una almohada directo a la cara, haciendo reír a la chica que por poco cae de su cama.

—¡Cierren la boca, ustedes dos! — gritó avergonzado. 

Las risas de Nobara llenaron la habitación mientras Yuuji se llevaba una mano al rostro, suspirando pesadamente. Sí, definitivamente, su vida estaba a punto de volverse aún más caótica.

Notes:

Y esto es todo por la actualización de hoy!
La verdad, ha sido muy muy pesado todo esto... desde que me va mal en el trabajo, mi bajisima tolerancia a la frustración... y el hecho de que la semana pasada fui asaltada en mi propio domicilio donde me quitaron mi celular donde ya había acabado la fucking historia y el hecho de ser casi secuestrada ese mismo día... no estoy en la mejor de las condiciones JAJAJAJAJA
Ya sueltame diosito!!!!
Anyways, espero que haya sido de su agrado este capitulo y perdonen, necesitaba desahogarme! Les amo mil!!!

Chapter 13: ¿Qué pasará...?

Summary:

Todo parece ir mejor, Gojo ha aceptado su papel y Yuuji se entera de sus tres hermanos mayores... La ilusión de tener una familia lo llevan a aceptar la misión... y Kaori haciendo berrinche

Notes:

Hola holaaaa
Ya sé que me tarde JAJAJA pero la Chamba esta horrible! ya solo unos pvtazos más y renuncio!! todo sea por ese aguinaldo!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Yuuji revisó por quinta vez la manta que cubría a Kaori, asegurándose de que estuviera bien arropada. Sabía que no podía faltar a la reunión con Nobara y Megumi, pero la idea de dejar sola a su hija lo inquietaba más de lo normal.

Suspiró, mirando el reloj. Estaba a punto de tomar la imprudente decisión de llamar a sus amigos para avisar que no iría cuando sintió un leve cambio en la presión del ambiente.

—Vaya, parece que llegué justo a tiempo —la voz de Satoru resonó desde la puerta, relajada, pero con un dejo de cansancio.

Yuuji se giró y vio a Gojo apoyado en el marco de la puerta, su uniforme ligeramente arrugado, señal de que acababa de regresar de una misión.

—¿No deberías estar trabajando? —preguntó Yuuji, cruzando los brazos con una mezcla de alivio y escepticismo.

—Puedo trabajar después. Ahora me toca aprender a la paternidad — Gojo sonrió, restándole importancia con un ademán de la mano.

—¿Te quedarás con Kaori? —preguntó sorprendido.

—Obvio —respondió Gojo con naturalidad mientras se acercaba a la cama donde la niña dormía tranquilamente— Prometí que la cuidaría, ¿no? — preguntó mientras se acostaba junto a la pequeña.

Por alguna razón, escuchar eso hizo que el pecho de Yuuji se sintiera un poco menos apretado.

—Gracias… —murmuró, desviando la mirada.

Gojo no hizo ningún comentario al respecto, simplemente se acomodó mientras la niña se aferraba a su pecho y suspiraba, como si se sintiera a salvo.

—Anda, no hagas esperar a Kugisaki. Ya sabes cómo se pone cuando alguien llega tarde — dijo burlón, con un tono bajo para no despertarla.

Yuuji rodó los ojos, pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro antes de que saliera de la habitación con pasos apresurados, aún con la sensación de haber dejado algo importante atrás. Pero no podía permitirse distraerse. Con un suspiro, se dirigió a la sala donde Nobara y Megumi ya lo esperaban.

Sin embargo, no estaban solos. La versión adulta de Nobara estaba frente a ellos, revisando un mapa con una expresión seria, completamente concentrada en los detalles que tenía enfrente. Apenas notó la presencia de Yuuji, alzó la vista y sonrió levemente.

—Llegas justo a tiempo —comentó, moviendo algunos documentos para hacer espacio.

—¿Para qué exactamente? —preguntó Yuuji, acercándose mientras Megumi y Nobara mantenían el silencio, esperando a que su versión futura hablara.

—Para entender la magnitud de esta misión —respondió Nobara adulta, con un tono más severo que de costumbre.

Los tres jóvenes intercambiaron miradas sin saber a qué se refería la mayor, pero aun así decidieron escucharla.

—¿Entonces de qué se trata realmente? —preguntó Megumi con el ceño fruncido.

Nobara suspiró, cruzando los brazos antes de comenzar a narrar su experiencia en dicha misión. Contó cuando se les asignó la misión, cuando fueron a investigar y cómo supieron el modo de actuar de la maldición, también dijo el nombre de las primeras víctimas, así el cómo dieron con el paradero de la maldición.

—Supimos entonces que debíamos darnos prisa, pues la vida de Tsumiki-chan corría peligro—  El aire en la sala se tensó de inmediato. Megumi se quedó completamente rígido, sus manos apretadas en puños mientras veía fijamente a la mayor —Megumi-kun… si quieres que esto funcione, debes decirles… —instó la versión adulta de Nobara con voz más suave.

El silencio que siguió fue espeso, casi insoportable. Finalmente, con la mandíbula apretada y una sombra de conflicto en su mirada, Megumi exhaló lentamente.

—Tsumiki… es mi hermana mayor —confesó en voz baja, sin levantar la vista.

Yuuji y Nobara se quedaron en silencio por un momento, mientras escuchaban al beta hablar de su hermana mayor y como fue que cayó en coma, víctima de la maldición.

De repente, Megumi sintió una suave caricia en su cabeza, era suave, delicada, como si quisiera quitarle el dolor que sentía dentro de sí. Levantó la mirada, solo para ver al pelirrosa antes de que lo envolviera en un suave abrazo, el abrazo de una madre.

Megumi no dijo nada, más aceptó los mimos de su amigo. Pero una cosa estaba clara: esta misión se había vuelto mucho más personal.

Kugisaki-san continuó explicando los detalles de la misión con calma y precisión, como si cada palabra estuviera cuidadosamente elegida para no dejar espacio a errores. Sin embargo, fue su versión joven quien rompió el silencio con una pregunta que había estado pensando desde que inició esta reunión, pero nadie se había atrevido a decir en voz alta.

—Si eliminar esta maldición salva a Tsumiki-chan, ¿por qué es vital Itadori? —preguntó Nobara, cruzando los brazos con el ceño fruncido— Perfectamente podríamos hacerlo Fushiguro y yo, para que él se quede con Kaori-chan — dijo Nobara viendo a su yo adulta.

Yuuji sintió una punzada de conflicto ante sus palabras. Quería estar con su hija, pero también sabía que su presencia en esta misión era necesaria. Antes de que pudiera decir algo, la Nobara del futuro suspiró y se inclinó levemente hacia adelante como quien pensara en si responder con la verdad o no.

—Sí, si eliminamos la maldición, Tsumiki-chan estará a salvo —admitió con seriedad— Pero necesitamos de su ayuda para lo que viene después: tus hermanos — finalmente reveló la verdad.

El impacto de sus palabras fue inmediato. Megumi, Nobara y Yuuji quedaron completamente en shock, con los ojos abiertos como platos. 

—¿Qué… qué has dicho? —balbuceó Yuuji, sintiendo su estómago caer.

La adulta lo miró con un dejo de compasión antes de asentir, era mejor decirle de una vez por todas, sería lo mejor.

—Tienes tres hermanos mayores. Choso, Esou y Kechizu… — dijo la mujer.

El silencio que se formó en la habitación era espeso, casi sofocante. Yuuji sentía su corazón latir con fuerza en sus oídos. Pero en el fondo, en lo más profundo de su ser, algo le decía que la Nobara del futuro no estaba mintiendo, y lejos de sentir miedo, sentía un alivio: ahora no estaría solo.

De niño siempre deseó tener hermanos. Siempre le gustó la idea de compartir su días junto a alguien, pero conforme creció esa idea la fue escondiendo en lo más profundo de su ser, y hace muy poco se había enterado de la existencia de Choso, y su corazón daba un vuelco de pensar en un hermano mayor que lo cuidó –o más bien a su yo de otra línea temporal– hacía que todo en él deseara buscarlos con desesperación. 

tres hermanos mayores. Tres personas –o medias maldiciones– que formaban parte de él, de su historia y el resto de ella. Sonrió al pensar en como Kaori reaccionaría al tener tres tíos nuevos en su vida. 

La mujer esperó pacientemente a que los tres alumnos pudieran digerir la noticia, para que finalmente pudiera comenzar a contar todo con mucho mayor detalle y tranquilidad. Así pues, por más de una hora la omega les dijo todo lo que necesitaban saber y tras finalizar la conversación, Kugisaki-san dejó en claro el punto de encuentro y la hora en la que se reunirían antes de partir. Con eso en mente, los jóvenes decidieron que lo mejor sería desayunar y aprovechar el tiempo antes de la misión.

Cuando llegaron a la cocina, la escena que encontraron fue simplemente caótica. Los de segundo estaban sentados alrededor de la mesa, con rostros que hablaban de guerra y rendición. En el centro del campo de batalla, Kaori, aún algo convaleciente, lloriqueaba con un puchero feroz, brazos cruzados, mirada decidida y renuente a tomar su medicamento.

Satoru estaba agachado frente a ella, sosteniendo el frasco de jarabe como si fuera un arma defectuosa. Su cara de frustración lo decía todo.

—¿Qué está pasando? —preguntó Yuuji, caminando hacia su hija justo cuando ella comenzaba un berrinche digno de una escena dramática.

—Dice que el jarabe sabe amargo y encontró todas y cada una de las pastillas que escondimos en la comida —resopló Satoru, dejando el frasco sobre la mesa como si se rindiera.

Yuuji gruñó bajito, irritado, y se acercó a su pequeña, quien seguía en pijama, con el cabello alborotado, la nariz algo roja y una manta arrastrando tras ella como una capa de reina malhumorada. Le lanzó una mirada severa al alfa, pues realmente no le gustaba que su hija anduviera así pasadas las diez de la mañana. Satoru al entender su molestia solo suspiró y se pasó la mano por el rostro.

—Despertó de muy mal humor —dijo con resignación—Intenté vestirla pero me gruñó — dijo cansado.

Los de segundo, asintieron al unísono y uno a uno señalaron que escucharon el caos antes de llegar al comedor, más al oír que la niña comenzaba a berrear con fuerza, todos huyeron a la cocina. Yuuji Resignado a la situación se agachó, poniéndose a la altura de su hija:

—Kaori, bebé, ¿en qué habíamos quedado? —preguntó con una voz dulce y controlada, como había leído mil veces en los blogs de crianza  —Sé que estás enojada, que te sientes mal… pero si no te tomas el medicamento no te vas a curar, cielo — Lo intentó. Realmente lo intentó, pero Kaori solo respondió con un sonoro:

—¡NO! —y acto seguido, se dejó caer hacia atrás, soltando un gruñido frustrado, mientras comenzaba a patear el aire con fuerza y se aferraba como un koala febril a Tora.

—Esto ya es personal — Satoru murmuró entre dientes, mientras se incorporaba con fastidio y las manos en la cintura. 

Yuuji trató de controlarla, pero Kaori empezó a lanzar patadas desordenadas como si estuviera en medio de un torneo de artes marciales. Tuvo que usar sus ágiles reflejos para evitar una de las patadas mientras trataba de inmovilizarla.

—Bebé, basta. Ya —rogó, con una vena latiendo en la frente— ¡KAORI! —chilló cuando una de las patadas le dio directo en la nariz.

—¡No quiero eso! ¡Sabe a mierda! —soltó la pequeña, al borde del llanto y  Satoru, que ya estaba caminando de regreso a la escena, se detuvo en seco. 

 —¡Oye, sin groserías! —dijo, apuntándole con el dedo, pero no logró avanzar más porque Kaori empezó a berrear a todo pulmón.

Desde el marco de la cocina, los estudiantes observaban como si presenciaran un documental de supervivencia. Unos apostaban gomitas –Panda e Inumaki– mientras que otro –Megumi– pedía silencio pues ya estaba estresado.

—Que buenos pulmones —susurró Maki mientras Nobara asentía ya con los audífonos a todo volumen.

Kaori tenía una voz potente, y la usaba como una alarma antiaérea. Yuuji cerró los ojos unos segundos, respiró por la boca como decía el blog y volvió a fallar. Finalmente, el alfa llenó el vasito medidor del jarabe y miró a Yuuji con una determinación desesperada. 

—Hazlo — dijo y Yuuji no necesitó explicación. Le tapó la nariz a Kaori, que abrió la boca por reflejo, y en ese momento, Satoru vertió el jarabe.

La pequeña se revolvió como una anguila, pero Yuuji le cubrió la boca suavemente con una mano. Cuando oyó el sonidito de un “glup”, se relajó y la tomó en brazos.

—Ya, ya, ya pasó, mi amor… ya pasó… —susurró, aunque sus ojos revelaban lo agotado que estaba.

Satoru, mientras tanto, se dedicó a limpiar la mesa en completo silencio. El peluche de Tora quedó abandonado, mojado de lágrimas y babita.

—Eso no se nos ocurrió… —murmuró Yuta, observando cómo el omega mecía a su hija mientras el alfa limpiaba la mesa hecha un desastre.

Nadie dijo nada más. Solo se escuchaban los sollozos agotados de Kaori y el alma escapando lentamente de sus dos padres primerizos.

Por fortuna, el resto del desayuno transcurrió con normalidad, con la excepción de las constantes burlas hacia Yuuji por su "habilidad maternal". Kaori, más tranquila, y después de tomar su medicina, comía con lentitud mientras Yuuji vigilaba que no dejara la comida a medias. Gojo, por su parte, miró su teléfono y suspiró.

—Bien, niños, tengo que irme — dijo mientras se levantaba y caminaba a la salida.

—¿Tan pronto? —preguntó Panda con la boca llena de los panqueques que había ganado por “Usarán medidas drásticas” durante la apuesta.

—Tengo trabajo, ya saben, cosas de adultos responsables — respondió con un intento de verse tranquilo.

—Tú y "adulto responsable" no van en la misma oración — dijo Megumi viéndolo con seriedad.

—Oye, qué cruel —se quejó Gojo antes de girarse hacia Yuuji—Hablamos luego de lo que te mencioné ayer, ¿de acuerdo? — dijo ahora con un tono extrañamente suave antes de darle un besito a su hija quien gruñó bajito, pero no lo rechazó.

Los demás lo miraron con curiosidad en cuanto el alfa dejó la sala. El omega, por su parte, trató de ignorar todo mientras ayudaba a su hija a comer.

—¿Qué te mencionó? —preguntó Yuta con interés. 

Yuuji, sintiéndose acorralado, jugó con su comida, mientras pensaba cómo decirlo.

—Ah... bueno, dijo que podríamos mudarnos juntos para cuidar de Kaori… — murmuró con suavidad, luego hubo un silencio y finalmente un estallido de reacciones.

—¡¿Qué?! —exclamaron al unísono.

—No es una mala idea —comentó Panda, inclinándose sobre la mesa— Tendría más apoyo y estabilidad— murmuró pensativo.

—Eso mismo podría ser peligroso también —intervino Megumi— Sabemos que estar cerca de Gojo es como llevar un letrero que dice "¡Golpéame, soy un objetivo!" — dijo con seriedad viendo a la niña quien ya estaba nuevamente aferrada a su madre.

—Pero Kaori estaría más protegida, los otros clanes no podrían hacer nada en contra de ella —dijo Toge con un asentimiento.

—Y Gojo no es precisamente un adulto funcional, pero hay que admitir que tampoco es un desastre con los niños —agregó Maki— Digo, Yuta sigue vivo — se encogió de hombros. El aludido miró mal a su amiga.

—¡No es un desastre con los niños, pero sí con todo lo demás! —replicó Megumi haciéndoles recordar la escena de hace unos momentos.

—¿Y qué hay de la privacidad? —preguntó Yuta—  ¿Yuuji-kun, estás cómodo con eso? — preguntó con suavidad. Todos giraron hacia Yuuji, quien estaba totalmente en blanco, mirando su plato como si esperara que le diera la respuesta.

—Yo… no sé —murmuró, sintiéndose abrumado.

Era cierto que la idea de no estar solo con Kaori lo reconfortaba, pero también le daba miedo depender de alguien más.

—No tienes que decidir ahora —dijo  con Megumi tranquilidad— Es algo que podemos hablar con más calma — dijo.

El omega asintió, sintiendo el peso de todas las opiniones.

—Sí… supongo que sí — murmuró viendo a su hija que ya estaba más tranquila.

Los demás continuaron debatiendo mientras desayunaban, Yuuji, por su parte, no pudo evitar preguntarse qué era lo que realmente quería.

—Bueno, si lo piensan bien… Kaori podría terminar con un hermano menor —soltó Nobara con su clásica sonrisa burlona.

—¡Kugisaki! —exclamó Yuuji, su rostro ardiendo de vergüenza.

—¿Qué? No soy la única que lo está pensando —se encogió de hombros, mientras Panda y Toge reían con complicidad.

—Es verdad, ahora que lo mencionas… —añadió Maki con fingida seriedad.

—No sean idiotas —murmuró Megumi, desviando la mirada, pero su leve sonrojo lo delataba.

Yuuji abrió la boca para protestar, pero antes de que pudiera decir algo, una vocecita inocente rompió el ambiente.

—Mami, quiero un hermanito. ¿Puedes? —preguntó Kaori con total inocencia, mirando a su madre con ojos grandes y curiosos.

El silencio que siguió fue sepulcral. Segundos después, la mesa estalló en carcajadas.

—¿Tu no estabas cansada? —preguntó con sarcasmo, llevándose las manos al rostro, completamente avergonzado.

El reloj marcaba casi el mediodía cuando Gojo llegó al punto de encuentro. La habitación se inundaba de los rayos solares. Meimei lo esperaba apoyada contra la mesa, jugueteando con un billete entre los dedos mientras lo observaba con una sonrisa burlona.

—Te tomaste tu tiempo, Gojo— habló la mujer. 

—Me gusta hacer entradas dramáticas —respondió él con su usual desenfado, aunque su tono tenía un matiz más serio de lo habitual—. ¿Qué tienes para mí? — Gojo miró a Meimei con seriedad.

Meimei dejó caer el billete dentro de su abrigo y lo miró con una expresión calculadora.

—Rumores —dijo—. Los Kamo supieron de la niña a través de rumores. Información que al principio parecía solo habladurías, pero ya los conoces… saben cuándo vale la pena investigar —Gojo frunció el ceño.

—¿Qué tipo de rumores? — cuestionó con un tono molesto.

—Lo de siempre. Que apareció una niña con habilidades extrañas, que se parece demasiado al contenedor de Sukuna. Pero lo que realmente los puso en alerta fue el detalle de la manipulación de sangre — la alfa miró cerró sus ojos recordando el caos que ocasionó la pequeña aquella vez.

Gojo sintió una punzada de incomodidad. La manipulación de sangre era un sello distintivo del Clan Kamo, y si Kaori poseía ese poder, explicaba por qué se habían interesado tanto en ella.

—Así que los Kamo confirmaron que no era solo un rumor —murmuró con fastidio.

Meimei asintió sin mirar a su compañero.

—Investigaron. Sigilosamente, claro. Pero ya saben que es real. Y si los Kamo saben algo, es cuestión de tiempo antes de que otros clanes también lo descubran. — aunque era probable que ya lo supieran.

Gojo se pasó una mano por el cabello, su mente trabajando rápidamente. No solo tenía que preocuparse por los Kamo; si la información seguía esparciéndose, otras fracciones podrían tratar de usar a Kaori para sus propios fines.

Pero solo sabían que era hija de Yuuji, más no que él es el otro padre, podría usarlo en su beneficio.

—¿Qué sugieres? —preguntó, cruzando los brazos.

—Tienes varias opciones. Puedes reforzar la seguridad en la escuela, asegurarte de que la niña nunca esté sola… o podrías esconderla – murmuró pensativa cruzándose de brazos.

Gojo soltó una risa breve y seca, antes de dar un paso al frente.

—¿Esconderla? ¿A mi hija? No, Meimei. Eso no va a pasar. Ella merece ser una niña— dijo serio.

Meimei alzó una ceja, divertida.

—"Mi hija", ¿eh? Vaya, qué rápido te apropiaste del título, Gojo. Hace un par de semanas apenas sabías cómo verla sin parecer que veías un extraterrestre — soltó una risa.

Gojo chasqueó la lengua, pero no negó nada. Solo se encogió de hombros como quien le resta importancia a sus acciones.

—Las cosas cambian— murmuró con un pequeño sonrojo. 

Kaori, su hija era demasiado linda como para no caer en sus encantos, era muy parecida a su madre. Meimei apoyó un codo en la mesa, sin perder su sonrisa burlona.

—Te ves adorable en modo padre gallina. Apuesto a que en un mes te veremos llorar en su festival escolar con una camiseta que diga "Papá orgulloso"  — dijo burlona. Gojo puso los ojos en blanco.

—¿Puedes concentrarte en lo importante? — habló con tono cansado.

—Oh, lo estoy haciendo —respondió Meimei con falsa inocencia—. Solo que lo realmente importante aquí es que Gojo Satoru, el hombre más arrogante de Japón, ha caído rendido ante una mocosa con ojos grandes y voz chillona — Gojo suspiró pesadamente.

—¿Terminaste? — preguntó cansado y fastidiado, todavía tenía más trabajo.

Meimei se encogió de hombros y volvió a mirar al alfa frente a ella con una sonrisa burlona en su bello rostro.

—Por ahora. Pero dime, ¿qué vas a hacer con los Kamo? — cuestionó más interesada en que haría el albino.

Gojo guardó silencio por un momento. Luego, su expresión se endureció, y cuando habló, su voz tenía un filo afilado como una espada.

—Voy a asegurarme de que los Kamo entiendan que si ponen un dedo sobre Kaori o Yuuji, desearán no haber nacido — habló.

Meimei soltó una pequeña carcajada, pues tal y como lo pensó, Gojo actuó tal y como lo pensó. Ya se imaginaba el rostro de Utahime cuando le dijera que perdió la apuesta.

—Ah, ahí está el Gojo de siempre. Qué bueno saber que sigues siendo un hombre aterrador a pesar de tus instintos paternos.

Gojo se giró, listo para marcharse. Pero antes de irse, dejó una última advertencia en el aire, sin volverse.

—Si los Kamo creen que pueden tomar lo que es mío, están a punto de recibir una lección muy dolorosa. —Y con eso, desapareció en un instante.

Meimei se quedó allí, observando el cielo con una sonrisa astuta.

—Tanto alarde y ni siquiera me negó lo del festival escolar…— Con una risita, se retiró por su propio camino.

Notes:

Les juro que apenas he podido tener tiempo! incluso para enfermarme apenas puedo! JAJAJAJA
TAl vez... solo TAL VEZ en diciembre traiga otra historia o termino el reto del omegacember no se JAJAJAJAJAJA los amoo

Chapter 14: herencias

Summary:

Yuuji habla con Kaori sobre vivir con Gojo y tratan de tener un hermoso día juntos, pero el clan Kamo empeora todo...

Notes:

Y he vuelto cual fénix desde las cenizas! la verdad ando sacando animos y que se me ocurre actualizar! como de que no!
Han sido meses estresantes y a días de que mi contrato finalice pues, aquí andamos JAJAJAJA
En este capitulo hay de todo: momentos que nos dan diabetes, que nos hacer llorar, que nos dan coraje, sustos y hasta chisme!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El amanecer bañaba la habitación con una luz tenue y cálida. Yuuji estaba sentado en la cama, con Kaori entre sus piernas, ayudándola a ponerse su suéter. La niña se dejaba hacer, jugando con los dedos de su mami mientras este abrochaba los pequeños botones con paciencia.

El omega la miraba con ternura. Su pequeña… su tesoro más preciado. Sabía que la conversación que estaba por tener no era sencilla, pero no podía tomar una decisión sin pensar en ella.

—Kaori… —su voz era suave, casi como un susurro—. Si… si tuvieras que vivir con alguien más además de mami, ¿te gustaría? — preguntó tratando de que no se note su voz temblorosa.

La niña parpadeó, sus Seis Ojos reflejando la luz de la mañana.

—¿Vivir con alguien más? —repitió con inocencia.

—Sí, con… con Gojo, por ejemplo — murmuró mientras comenzaba a cepillar su cabellos rosados.

Kaori ladeó la cabeza, pensativa. Sus manitas pequeñas jugaron con el borde del suéter mientras lo meditaba.

—Mmm… ¿vivir con el señor Gojo? — se preguntó en voz baja viendo su suéter de girasoles.

—Ajá —Yuuji la abrazó con ternura, apoyando su barbilla sobre su cabecita—. ¿Te gustaría?

Kaori se quedó en silencio unos segundos, pero luego sus labios se curvaron en una sonrisa nerviosa mientras jugaba con sus deditos.

—Sí —repitió con alegría— El señor Gojo es divertido, me compra cosas ricas. Y te cuida a ti, mami — dijo con una inocente sonrisa.

Yuuji sonrió con ternura, pero su corazón latía con fuerza y en un tierno gesto de amor, junto sus narices y frotó la suya contra la de su niña, quien soltó una risilla pues sentía cosquillas, pero mantuvo el contacto con su hija unos segundos más… aunque por él, podría pasar toda la vida así. al separarse, Kaori tomó sus manitas y las llevó a sus propios ojitos, mirándolo con intensidad.

—Mami, dices que tengo los ojos de mi papi, ¿verdad? — murmura con suavidad.

El omega sintió un pequeño nudo en la garganta. Esa era la conversación que menos le gustaba tener con ella. Yuuji siempre la evitaba, pero últimamente Kaori insistía en hablar de ellos.

—Sí, mi amor — le dijo con voz tensa, mientras terminaba de atar el listón en su cabecita.

—Y el señor Gojo tiene ojos igualitos — murmuró Kaori viendo a Tora en su regazo.

Las palabras de la niña quedaron flotando en el aire, y Yuuji solo pudo mirarla con un poco de melancolía, pues nada podía hacer para sanar ese dolorcito en su pequeño corazón. Kaori no sabía lo que significaba. No entendía las complicaciones, el enredo de emociones en su corazón. Para ella, era solo un parecido, un detalle que unía piezas de su mundo infantil. Yuuji acarició su mejilla con ternura.

—Kaori… ¿serías feliz viviendo con él? — cuestionó al no oír la voz de su hija.

La niña sonrió y abrazó a su peluche con ánimos.

—Sería feliz si tú también eres feliz, mami — respondió mientras se giraba para ver a su madre.

El omega cerró los ojos y la abrazó con fuerza. Kaori era su debilidad, su fortaleza, su razón de ser y ahora, con esa simple respuesta, Yuuji comprendió que, sin importar lo que pasara, su felicidad siempre estaría ligada a la de su hija.

Yuuji llevó de la mano a Kaori hasta el comedor, disfrutando del corto trayecto mientras su hija tarareaba suavemente una canción sin letra. Aunque su conversación anterior lo dejó con muchas cosas en qué pensar, por ahora, solo quería disfrutar de la mañana con su niña.

Al llegar, notó que estaban solos. El comedor estaba en silencio, lo que significaba que los demás aún no habían bajado o ya habían salido. No le molestaba. De hecho, lo agradecía. Un momento a solas con su hija siempre era bien recibido.

Preparó un desayuno sencillo para los dos mientras Kaori se sentaba a la mesa, balanceando los pies. Pero, en cuanto sirvió su plato, notó algo en su expresión. Sus ojitos, usualmente llenos de emoción, estaban bajos, y su manita apenas jugaba con la cuchara.

—Bebé… ¿qué pasa? — preguntó mientras acariciaba su mejilla.

Kaori dudó por un momento, pero al final susurró:

—¿Te vas a ir otra vez? — murmuró la pequeña con voz quebrada.

El corazón de Yuuji se apretó. Sabía que eventualmente ella preguntaría, pero aún así, no estaba listo para ver esa tristeza en su rostro. Suspiró, sentándose a su lado y tomando su manita entre las suyas.

—Sí, tengo una misión en un par de días, aún tenemos algo de tiempo antes…— dijo, pero su hija lo interrumpió antes de terminar.

—No quiero que te vayas… — exclamó dejando la cuchara con fuerza sobre la mesa.

El omega sintió un nudo en la garganta al ver la reacción de su bebita.

—Lo sé, cachorra… pero es importante — dijo mientras se acercaba a ella.

La niña no respondió de inmediato. En cambio, apretó los labios y miró a su mami con esos ojos grandes y brillantes que tanto le recordaban a alguien más.

—¿No puedes quedarte? — preguntó mientras aguantaba las lágrimas.

Yuuji sintió que la respiración de Kaori se aceleraba. Al principio pensó que era solo un suspiro profundo, pero entonces la niña apretó con más fuerza su ropa, como si temiera que se desvaneciera en cualquier momento.

—No quiero que te vayas… —su voz sonó más débil esta vez, más pequeña, con un tono que hizo que a Yuuji se le apretara el corazón.

Él iba a responder, a asegurarle una vez más que todo estaría bien, pero entonces Kaori levantó su carita y sus ojos, brillando con lágrimas contenidas, lo miraron con miedo genuino.

—¿Y si esta vez no vuelves? —susurró mientras se escondía tras Tora.

El omega sintió que algo dentro de él se quebraba. Kaori nunca había sido una niña insegura. A pesar de las circunstancias, siempre encontraba una razón para sonreír, para ver el mundo con esperanza. Pero esta no era una preocupación infantil común, era un miedo real. Un miedo aprendido.

Yuuji entendió en ese instante que no era solo por él. Era por lo que había visto en su futuro. Por el terror de perderlo como ya había perdido tantas cosas.

—Princesa… —susurró, apartando con ternura un mechón de su rostro.

Kaori se aferró aún más a él, como si no quisiera que los brazos cálidos y fuertes de mami la dejara de abrazar. Yuuji cerró los ojos por un momento, tomando aire. Luego, la abrazó con más fuerza, acunándola en su pecho mientras deslizaba una mano por su espalda en un vaivén calmante.

—Shh… Está bien, Kaori. Estoy aquí. No voy a dejarte — repetía con voz suave y soltando su olor a melocotón.

—Pero la misión… —ella sollozó, hundiendo su rostro en su pecho—. ¿Y si algo malo pasa? ¿Y si no puedes volver? — lloró la niña aferrada a él.

Yuuji besó su cabecita con suavidad sin dejar de masajear su espalda para consolarla.

—Voy a volver —repitió, con una seguridad inquebrantable en su voz—. Porque siempre lo hago. Porque te prometí que nunca te dejaría — habló seguro de sí, Kugisaki-san le aseguró que todo iría bien.

Kaori tembló en sus brazos, pero poco a poco, el calor de su voz y el ritmo de sus caricias lograron calmarla.

—Tú eres mi cachorra, mi niña hermosa. Y los cachorros nunca están solos, ¿sabes por qué? — habló un poco más tranquilo al no verla llorar más.

Kaori parpadeó, aún con sus manitas aferradas a su ropa y sus ojitos rojitos por las lágrimas. Sus labios rositas temblaron un poco cuando su mamá acunó su mejilla con su mano y comenzó a limpiar sus lágrimas con su pulgar.

—¿Por qué…? — cuestionó inocente.

—Porque su mamá siempre está con ellos. No importa qué pase, no importa dónde esté. Siempre, siempre estaré contigo— Kaori lo miró fijamente, con los ojos vidriosos.

—¿Siempre…? — murmuró viendo a su madre. Para Kaori, Yuuji era el omega más bonito de todos.

Yuuji asintió con firmeza. La niña tragó saliva y, tras un momento, asintió lentamente, como si quisiera creerle, como si sus palabras fueran lo único capaz de alejar ese miedo que la acechaba. Yuuji le sonrió con ternura.

—¿Quieres que te cuente un secreto? — preguntó con una pequeña sonrisa.

Kaori pestañeó, confundida por el cambio de tema, pero asintió. Yuuji se inclinó un poco y susurró cerca de su oído:

—A los cachorros fuertes no los detiene el miedo. Y mi cachorra es la más fuerte de todas — le dijo con seguridad.

Kaori parpadeó, sorprendida, mientras una pequeña sonrisa nacía en sus finos labios rosados y un calorcito nacía en su barriguita haciéndole cosquillas, pues su mamá había dicho las palabras más bellas de todas y, si su mami lo decía, era porque son ciertas… ¡Su mamá nunca mentía!

—¿Soy fuerte…? — Su voz suave y tierna hizo reír a su madre.

—Claro que sí —Yuuji le acarició la mejilla— Mi niña es la más fuerte, la más valiente… y también la más linda — respondió dándole suaves beso en sus regordetas mejillas.

Kaori bajó la mirada por un momento, pero esta vez no fue por tristeza, sino porque sus mejillas estaban levemente sonrojadas. Yuuji sonrió al verla así, amaba cuando Kaori se ponía rojita como un tomatito y, sin poder contenerse más, continuó besando esas redonditas mejillas.

Un beso en la izquierda y dos más en la derecha, o tal vez, ¿dos en la frente y una en la nariz? Su hija soltó una alegre risa cuando comenzó a hacer más ruidosos esos besitos y divertida, puso sus manitas en los labios del omega, pero este también las besó y la niña siguió riendo.

—Te amo, mami… — dijo mientras ronroneaba por los mimos de su madre.

El omega sonrió y se separó un poco más de ella para verla mejor. Acarició con amor sus suaves rizos rosados, amaba peinarlos… y con todo el amor que solo una madre puede tener, la estrechó con más amor, escuchándola ronronear y sintiéndose más tranquilo.

—Yo también te amo, cachorra… más de lo que puedo explicar — aseguró antes de besarle la frente.

Y así se quedaron por un rato, solo ellos dos, en un abrazo que le prometía a Kaori que no importaba lo que pasara, mientras su mamá existiera, nunca estaría sola.

Poco más tarde, el sol bañaba el parque con una luz cálida y acogedora. Kaori caminaba junto a Yuuji, sosteniendo su mano con fuerza mientras miraba curiosa los alrededores, aún asombrada por lo bonito de un lugar sin conflictos. Era sábado, así que el omega aprovechó para llevarla a un parque no muy lejos de la escuela. Quería que su hija disfrutara un poco de la paz de un mundo sin guerras, ni muertes.

—¡Mami, mira! —exclamó, señalando los globos de muchas formas y colores con la emoción infantil que Yuuji amaba ver en ella.

Él sonrió, revolviendo su cabello con ternura. Era un momento simple. Un instante de normalidad. Un respiro de todo el caos que habían vivido, pero la paz nunca duraba mucho para ellos.

Mientras continuaban caminando y disfrutando la vista, Yuuji sintió un escalofrío recorrer su espalda. La sensación de ser observado y no fue hasta que sintió una presencia demasiado cerca que su instinto se disparó. Antes de que pudiera reaccionar, una mano grande se posó en su hombro.

—Itadori Yuuji —una voz arrogante rompió la quietud—. Sé un buen omega y entreganos a la niña.

Su sangre se congeló. Los alfas los rodeaban. No eran simples matones, eran Kamo. Lo supo por el emblema en su ropa, Fushiguro se los había mostrado y, era evidente que no venían a negociar y por desgracia, habían aprovechado que estaban en una zona poco visible del parque, por lo que nadie notaría si algo les pasaba. Nadie lo notaría.

—Aléjense —gruñó Yuuji, mientras tomaba a Kaori en brazos.

Su voz no tembló. Pero su corazón sí y en intento de mantener a salvo a su pequeña, comenzó a gruñir mostrando sus caninos particularmente grandes, pero uno de ellos rió.

—Mira cómo gruñe —se burló uno de los hombres— Qué adorable — dijo con una sonrisa mirando al omega de pies a cabeza.

—No queremos lastimarte, Itadori —dijo otro, su tono venenoso—. Pero si insistes en resistirte…

El golpe vino sin aviso. Un puño le impactó el abdomen con la fuerza de un ariete. Yuuji jadeó, sintiendo el aire arrancado de sus pulmones. Se tambaleó, pero no la soltó. No soltaría a su hija. Así le arrancaran los brazos o le rompan todos los huesos de su cuerpo, él no soltaría a Kaori.

—¡Mami! —Kaori sollozó, aferrándose a él con desesperación —¡Aléjense de nosotros! —rugió, con su voz infantil, pero los hombres no hicieron caso.

Solo trataron de separarla de su madre y eso la asustó. No era la primera vez que eso pasaba, pero nunca dejaba de darle miedo, su mami le había dicho que no tuviera miedo, pero los alfas no le dieron opción. Una mano gruesa tomó el cabello de su mami y tiró con fuerza, arrancándole un grito de dolor.

Otra mano trató de arrebatarle a Kaori quien gritó aterrada mientras se aferraba a la ropa de su madre, pero Yuuji lo mordió. Hundió los dientes con toda la rabia y desesperación que tenía, sintiendo el sabor metálico de la sangre caliente. No se la llevarían. No mientras viva.

—¡MALDITO OMEGA! — gritó sosteniendo su herida mano, solo para después arremeter contra el omega.

El golpe lo lanzó al suelo. Kaori rodó fuera de su alcance, sollozando de miedo. Yuuji intentó moverse, pero la patada en su costado lo hizo gritar. Otra y otra más. El dolor era insoportable, pero no tan insoportable como el sonido de su hija llorando.

—¡Ya basta! — gritó la pequeña — ¡No lastimen a mi mami! — exclamó mientras hilos de sangre salían de sus bonitos ojos azules.

Pero al levantar la mirada, los míticos seis ojos de la pequeña eran de un profundo escarlata. Los alfas se detuvieron, maravillados por lo que veían, pero Yuuji sintió su corazón detenerse cuando vio a su hija lanzarse sobre uno de los alfas y morderlo con fuerza.

—¡Maldita mocosa! — exclamó uno de los alfas mientras se quitaba de encima a la niña y pretendía arremeter en su contra, pero un destello negro lo hizo volar por los aires.

Yuuji había reaccionado para salvar a su pequeña. Corrió hasta ella quien yacía sollozando en el suelo, limpió con cuidado la sangre de los ojitos de su bebé y le murmuró palabras de tranquilidad. Entonces, un fuerte golpe en su espalda lo hizo caer de rodillas.

—Kaori sujétate de mí— le ordenó a la pequeña quien abrazó su cuello con fuerza y enreda sus piernitas en el torso de su madre. Demasiado acostumbrada a ello.

—Mami ¿Lo hago? — cuestionó la pequeña, apenas un hilo de voz salió de ella.

Pero Yuuji no sabía a qué se refería, más el sentimiento de que, de alguna forma su hija ya haya pasado por algo así hacía que su sangre hirviera. Sus caninos se hicieron más visibles, más amenazadores, pero la curiosidad de saber a qué se refería su nena hizo que asintiera.

Kaori escondió su carita en el cuello de su mami y extendió su manita y sin dudarlo cerró el puño. Ante la mirada atónita del omega, un centenar de púas brotaron del cuerpo del alfa al que Kaori mordió. Ninguno lo sabía, pero el ritual de sangre de Kaori le permitía solidificar su sangre incluso a la distancia, al morder al hombre, la pequeña se lastimó un poco, por eso surtió efecto el ritual.

Los alfas restantes miraban con fascinación a la pequeña pelirrosa. Era una maravilla, un milagro que debía sí o sí estar en su clan, así que sin dudarlo trataron de intentar acercarse nuevamente al omega quien cubría los ojitos de su hija, sin embargo, cuando uno de los asesinos trató de tocar a ambos, una energía intensa se lo impidió. Mucho se hablaba del magnifico poder del infinito, propio del clan Gojo, pocos lo habían visto en acción gracias a Satoru Gojo y sus imponentes seis ojos.

Pero ser victima del mismo ritual, siendo manipulado por la pequeña niña, era algo que ninguno de los presentes esperaban. El infinito rodeaba a la cachorra y a su madre. Era su instinto salvando a su madre de un peligro, tal como lo había hecho durante toda su corta vida. Ninguno de los alfas lo sabía, solo Yuuji, quien sintió un nudo al pensar en lo natural que era para su pequeña hija hacerlo.

—No... !No toquen a mi mami! — exclamó Kaori, con un hilo de voz, mientras su energía comenzaba a abandonar su pequeño cuerpo.

—Mocoso infeliz, se apareo con el seis ojos— masculló el alfa que trató de acercarse a ellos.

—Típico de los omegas... — murmuró uno con burla — siempre abren las piernas cuando les conviene... veamos si esto es de su tamaño — dijo mientras guardaba su arma y cuando quisieron usar sus rituales, la atmósfera se volvió pesada y muy aterradora. Solo había un ser humano capaz de hacer eso.

Era Satoru Gojo y no se veía feliz.

—No se atrevan a tocar a mi familia—susurró.

Uno intentó correr, pero no llegó ni a un metro antes de que su cráneo se torciera en un ángulo imposible, mientras que otro fue derribado con suma facilidad, siendo golpeado por el ritual "Rojo" de Satoru. Cuando todo terminó, solo Gojo quedó en pie. Yuuji no podía moverse. El dolor, la adrenalina, todo se mezclaba en su mente.

—Kaori… —susurró con la voz rota tratando de calmarla.

El omega la sostenía con un cuidado que no coincidía con la masacre que acababa de presenciar. Kaori sollozaba contra su pecho, temblando y agotada. No dijo nada, solo la sostuvo entre sus brazos, asegurándose de que estuviera bien y se sintiera a salvo. Solo la protegió y por primera vez desde que todo comenzó, Yuuji permitió que las lágrimas cayeran.

Notes:

Como dije al inicio, quería escribir, pero termine actualizando! viva el libre albedrio JAJAJAJAJA siendo sincera, es uno de mis capitulos favoritos! IDK tengo el head canon de que Kaori heredó el ritual de sangre y el infinito, pues en la historia, Yuuji se embarazó casi luego luego después de comerse los demás úteros malditos! y bueno el infinito es propio de Kaori, pues nació con los seis ojos

Muchas gracias por su apoyo y sus comentarios que me sacan una sonrisa y me dan la dopamina que mi cerebro necesita, pues como dije espero y esta semana renunciar, la verdad ando con eso desde hace un mes JAJAJAJAJA

Digo, hay cosas que son mi culpa: como el que entrego tarde mis planeaciones (Lunes por la mañana y no el miércoles como me lo piden) No responder a los papás durante la noche, sigo batallando con control de grupo, dar avisos a los padres y no disculparse porque los niños se ensucian la ropa... pero mi limite llegó ayer (sí, trabajo hasta los sábados) cuando la maestra de español le lloró a directora porque los papás le pidieron que ya no envíen dos formatos para dar el mismo aviso: Es escuela bilingüe, por lo tanto hay una clase titular de español (Grupo A) y una de ingles (Grupo B), que es la mía, pero la de español insiste en que se envíen dos formatos para cada grupo y no uno solo para TODOS, pues como es el mismo año escolar, los avisos son los mismos.

Anyway, ahí les cuento como me va JAJAJAJA! y perdonen, necesito desahogarme con alguien que no sea mi familia! los amo

Chapter 15: El inicio de una familia

Summary:

A raíz del ataque que Yuuji y Kaori sufrieron, Gojo toma una decisión seria que cambiará el rumbo de la historia.

Notes:

Hola gente hermosaaaa!!! los extrañaba y quise aprovechar el cumpleaños de nuestro lindo albino para celebrar!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

En el departamento del alfa, el ambiente en la oficina de Gojo era tenso, a pesar de que nadie levantaba la voz. La luz del atardecer se filtraba por las ventanas, proyectando sombras largas sobre los muebles. Okkotsu se apoyaba contra la pared, con los brazos cruzados, mientras Kugisaki estaba sentada en el sofá, golpeando el brazo del sillón con los dedos en un ritmo inquieto. Gojo, de pie frente a ellos, tenía el ceño fruncido, una rareza en su rostro generalmente despreocupado.

—No fue una coincidencia —dijo Yuta finalmente, rompiendo el silencio— Los Kamo no descubrieron a Kaori por arte de magia. Alguien les dio la información — habló el pelinegro. 

Gojo no respondió de inmediato. En su mente, repasaba todas las posibilidades, descartando y analizando cada una. Nobara tomó la palabra con más dureza:

—Un asistente. Un espía de los altos mandos. No sabemos desde cuándo estaba filtrando información, pero es obvio que lo hicieron llegar a los Kamo — dijo mientras caminaba hasta la ventana para encender un cigarrillo.

Gojo chasqueó la lengua, su paciencia cada vez más delgada. A dos cuartos de distancia, el omega y su hija trataban de descansar de lo ocurrido, había tardado más de lo que pensó en calmar a la niña y al joven de cabellos rosas.

—Eso significa que están observando cada movimiento que hacemos. No podemos actuar impulsivamente —dijo, más para sí mismo que para ellos.

—¿Y qué? ¿Nos quedamos de brazos cruzados mientras esos malditos creen que pueden poner sus manos sobre Kaori? — cuestionó Kugisaki dándole una amplia calada a su cigarrillo.

Gojo la miró con seriedad y se levantó para abrir la ventana para dejar salir el olor a cigarrillo.

—No. Pero necesitamos ser inteligentes. Ahora que saben que es mi hija, es poco probable que intenten algo tan descarado como hoy... pero eso no significa que no tengan otro plan en marcha — respondió irritado, probablemente tendría una fuerte jaqueca.

El silencio volvió a caer sobre la habitación, solo interrumpido por el leve rechinar del sillón cuando Nobara se movió.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Okkotsu, con el tono de alguien que no quería respuestas vagas.

— ¿Y si lo haces oficial? Presentarlos como tu omega e hija, eso evitaría que vuelvan a hacer algo así— habló la omega mientras jugaba con su martillo.

No era mala idea, y posiblemente era la mejor opción, así como una mala estrategia, pues significa que Yuuji estaría nuevamente en el ojo del huracán. Era evidente el desprecio que los altos mandos sentían por el omega al ser recipiente de Ryomen Sukuna.

Además de que no sabrían explicar o darle un sentido a que Kaori heredase manipulación sanguínea sin revelar que era del futuro. Por otro lado, oficiar a Yuuji como omega de Gojo, podría hacerlo inmune a mucho, principalmente su sentencia sería cancelada, pues sería el omega del clan, de modo que cualquier agresión en su contra sería ir contra Satoru Gojo, y ni hablar de los privilegios de la pequeña cachorra.

Gojo seguía con los brazos cruzados, pero su mandíbula estaba tensa. No podía sacarse de la cabeza la imagen de los ojos de Kaori, el temblor en la voz de Yuuji. El miedo puro en sus expresiones, algo que nunca debería haber estado ahí.

—No es mala idea —agregó Okkotsu tras un largo silencio.

—Ya están bajo mi protección —refutó Gojo.

—Sí, pero no oficialmente —dijo Nobara— Mientras no lo hagas, siempre habrá alguien intentando joderlos, porque saben que pueden intentarlo. Si lo haces oficial, será como decirle a todos que te pertenecen — hablo ella con una pequeña sonrisa — y eso, Sensei… es lo que los ancianos más temen: no tener el control sobre algo— finalizó.

Gojo se pasó una mano por el cabello, frustrado, no le gustaba como sonaba eso.

—Ese es el problema —gruñó—. Yuuji no es una posesión. Kaori tampoco — dijo mirándola fija 

Nobara sonrió con ironía, pues apenas una semana atrás Gojo y Yuuji apenas se dirigían a mirada sin pelear por la falta de iniciativa del alfa.

—Claro que no. Pero dime, ¿qué prefieres? ¿Que los vean como “las pertenencias de Gojo Satoru” y no se atrevan a tocarlos? ¿O que sigan en la mira, vulnerables, porque oficialmente no son nada tuyo? — habló Yuta con ese tono serio que aprendió a usar con el pasar de los años.

Él lo sabía mejor que nadie, ya que, había visto esa realidad más veces de lo que le gustaría decir. Ha visto a omegas en su propio clan ser reducido a algo peor que basura por el simple hecho de no ir con un alfa, y en el mejor de los casos, muchos omegas eran tratados apenas con dignidad si habían sido marcados por un alfa.

Gojo apretó los dientes, al entender los pensamientos de Yuta, quien se inclinó un poco hacia adelante antes de continuar.

—No puedes protegerlos en las sombras para siempre. Si realmente quieres asegurarte de que nadie los toque, esto es lo mejor — le dijo.

Gojo cerró los ojos por un momento, inhalando lentamente. En el fondo, sabía que tenían razón. Se pasó la lengua por los dientes antes de hablar.

—Hablaré con Yuuji —dijo al fin.

Nobara arqueó una ceja, sin estar segura de que había aceptado.

—¿Eso significa que lo harás? — cuestionó con sarcasmo.

Gojo abrió los ojos y los miró con seriedad. Sin muchos ánimos de seguir dándole vueltas al asunto.

—Significa que Yuuji tiene derecho a decidir antes de que haga cualquier cosa — respondió.

Yuta sonrió con suavidad, mientras que Nobara sintió una oleada de tranquilidad 

—Bien. Pero sabemos que ya tomaste tu decisión — dijo ella sentándose junto a su sempai.

Gojo no respondió, pero en el fondo, ya sabía la verdad. Ellos eran suyos. Y haría lo que fuera necesario.

Ya era tarde cuando los dos hechiceros se fueron y el departamento estaba en completo silencio. Gojo se apoyó en el marco de la puerta, observando la escena frente a él. Yuuji estaba sentado en la cama de la habitación de invitados, con la mirada perdida en algún punto que ya no existía. Kaori dormía sobre la cama, abrazándolo con tanta fuerza que sus deditos estaban blancos por la presión.

—¿Cómo estás? —preguntó con cautela, como si sus palabras pudieran romper algo ya agrietado.

No obtuvo respuesta, por lo que suspiró. El omega parpadeó una vez, lentamente, como si le costara conectar con el presente.

—...Bien —murmuró, pero su tono era hueco. Ni siquiera parecía haber procesado que alguien le hablaba —Le costó un poco dormirse… pero está bien… — murmuró, mientras acariciaba el cabello rosado de su pequeña. Con tanta delicadeza que dolía.

Pero Gojo supo que era una forma en la que el omega se aseguraba de que su pequeña estuviera a salvo, una forma de tranquilizar sus instintos y decirse que todo estaría bien. El peligro había pasado. Incapaz de seguir viendo la escena frente a él es que se adentró a la habitación y camina hasta quedar a la par de Itadori para mirarlo.

—No, no lo estás —dijo el alfa con tristeza, pero sin juicio.

Yuuji cerró los ojos un momento. Sus hombros estaban rígidos, su respiración demasiado contenida, como si algo en su interior estuviera por colapsar. Gojo apoyó los antebrazos en sus rodillas, dándole espacio, pero no distancia.

—Voy a hacer esto corto —dijo al fin, con voz serena pero firme—. No quiero que vuelva a pasar lo de hoy — dijo y Yuuji pestañeó como tratando de procesar lo que el alfa quería decir y por un momento, sus dedos temblaron al acariciar el cabello de su hija, así que Gojo continuó.

—Por eso, voy a hacer lo que debí hacer desde el principio. Lo voy a hacer oficial — murmuró viendo a la niña en los brazos del omega.

Yuuji frunció el ceño con lentitud, todavía atrapado en ese letargo de agotamiento. Acomodó la manta sobre los hombros de Kaori, como buscando estabilidad en ella.

—¿Hacer qué oficial? —preguntó, sin mirarlo del todo.

Gojo lo miró directamente y, con suavidad, ayudó a acomodar a la pequeña, que se removía incómoda, pero al sentir el suave olor de su madre y uno nuevo, cedro y nieve, es que su pequeño cuerpo se relajó y volvió a dormir con calma.

Lo que permitió a ambos padres mirarse fijamente para retomar la charla que estaban teniendo y al tener la atención del omega, nuevamente sobre él. Es que Satoru decidió responder su pregunta.

—Oficiarte como mi omega. Y reconocer a Kaori como mi hija legítima — dijo con suma seriedad. Marcando un antes y un después.

El mundo pareció detenerse. Yuuji sintió que algo en su pecho se comprimía violentamente. El aire se le fue de los pulmones, sus oídos zumbaron. Por un momento, creyó que había oído mal, pero no, Gojo lo decía en serio. Lo decía con esa calma implacable que no dejaba lugar a dudas.

—Eso es... —Su voz tembló—Eso es ridículo — soltó una risa amarga, incrédula, como quien se burla de una fantasía cruel —No puedes estar hablando en serio… — dijo mientras acariciaba el cabello de su hija.

—Nunca he hablado más en serio en mi vida —afirmó Gojo, sin apartar la mirada.

Yuuji abrió los ojos, grandes, como si no pudiera escapar de esa verdad. Intentó contener el temblor en sus manos. Se aferró más a su hija. Gojo esperaba, paciente, presente.

—¿Por qué...? —logró articular, tragando saliva—. ¿Por qué harías algo así?

—Porque es lo correcto —respondió Gojo, simple, como si la respuesta siempre hubiera estado ahí.

Yuuji dejó escapar una risa baja, quebrada. Las manos de Gojo eran grandes, cálidas, reconfortantes. Y por un segundo, Yuuji estuvo tentado a dejarse sostener... pero no. Se apartó con brusquedad para encarar al alfa.

—Eso no tiene sentido... —susurró, ladeando el rostro— T-Todo esto… ¡Te pedí que me dieras tiempo para pensar las cosas! — hablo apenas subiendo el tono de su voz para no despertar a su pequeña.

Su voz temblaba y su cuerpo también. Las palabras eran como cristales rotos en su lengua. Gojo inclinó la cabeza y volvió a acunar su rostro entre sus manos, con una ternura desesperadamente paciente.

—Lo sé —susurró mientras limpiaba con sus pulgares, las pequeñas lágrimas que salían de los dorados ojos del omega.

—Entonces... ¿por qué quieres protegerme? —soltó con un nudo en la garganta.

Gojo bajó la mirada un segundo, como buscando las palabras exactas. Pero no obteniendo nada que lograra convencerlo lo suficiente así que simplemente respondió como lo haría Satoru. No el hechicero más fuerte.

—Porque tú también mereces ser protegido. — dice con suavidad.

—¿De verdad crees que alguien como yo merece eso? — cuestionó dejando que el mayor lo mimara.

Gojo se detuvo un momento y lo miró con una ternura firme, sin miedo, sin duda.

—No lo creo, Yuuji —dijo con voz ronca mientras se separaba —Lo sé — dijo antes de irse.

Un día había pasado desde aquella conversación. Yuuji aún no había dado una respuesta, y aunque Gojo lo aceptaba, también sabía que el tiempo se agotaba. Los ancianos del clan Gojo no eran pacientes. Estaban presionando por respuestas, y si él no tomaba la iniciativa, lo harían por él.

Era temprano en la mañana. Kaori estaba entretenida con las caricaturas en la televisión, dejando que los colores brillantes la distrajeran de la tensión en el ambiente. Gojo estaba sentado en la mesa, tomando su café con calma, cuando Yuuji finalmente habló.

—Acepto — dijo de repente cortando con el silencio.

Gojo levantó la mirada hacia su joven compañero. Yuuji estaba de espaldas a él, concentrado en voltear algo en la sartén, pero su tono era firme.

—Pero quiero poner condiciones — dijo apagando el fuego y yendo junto al alfa.

Gojo apoyó el codo en la mesa y la mejilla en su mano, observándolo con interés.

—Te escucho — le dijo con una sonrisa.

—Primero, solo tú y yo podremos atender las necesidades de nuestra hija. No quiero que los ancianos, ni nadie más, tenga poder de decisión sobre ella — enumeró el chico.

Gojo asintió sin dudar, sintiéndose alegre de que lo considerase para cuidar de la cachorra. 

—Segundo, serás tú quien le explique por qué no habías estado con nosotros — dijo viendo a la niña que imitaba los movimientos de la caricatura.

Gojo apretó los labios. No iba a ser una conversación fácil, pero sabía que era necesario.

—Lo haré — prometió el alfa, sin saber cómo lo haría y Yuuji respiró hondo antes de continuar.

—Tercero, nada de propuestas indecentes hacia mi hija. Eso incluye matrimonios arreglados, acuerdos políticos o cualquier intento de usarla como moneda de cambio.

Gojo soltó una risa seca. Sabiendo que nadie estaría a la altura de su princesa, no, nadie era digno de tenerla a ella. Pensó que lo mejor sería que Kaori sea monja.

—¿Crees que permitiría algo así? — preguntó irritado de pensar en que alguien quisiera casarse con su princesa. Yuuji lo miró con seriedad, sin saber lo que ocurría en la mente del alfa.

—No lo sé. Pero quiero escucharlo de ti — le dijo viéndolo tomar un trago de café. Gojo dejó la taza sobre la mesa y sostuvo su mirada.

—Kaori es nuestra hija. Nadie la tocará, ni la usará para sus propios fines — dijo seguro, pues nadie tocaría a su linda e inocente cachorra.

Yuuji asintió, aparentemente satisfecho con la respuesta y ahora, un poco más relajado habló nuevamente.

—Último punto —dijo, cruzando los brazos— Quiero ser tomado en cuenta en cualquier decisión del clan si involucra a mi hija. No seré una figura decorativa ni un omega sin voz — habló con seriedad.

Gojo se quedó en silencio unos segundos. Sabía que esta era la condición más difícil de aceptar para los ancianos. Ellos jamás permitirían que un omega tuviera voz en los asuntos del clan, y mucho menos uno que ni siquiera pertenecía a la familia Gojo. Pero él no era como ellos y Yuuji tenía razón en exigir.

—Está bien —respondió finalmente— Pero eso significa que tendrás que enfrentarte a los ancianos tarde o temprano — torció el gesto de pensarlo.

Yuuji le sostuvo la mirada con firmeza, no quería, pero sabía que debía hacerlo, por su hijita. Si Satoru iba a ser su padre, debía darle su papel como madre dentro del clan.

—Lo sé — murmuró.

—Vas a darles un infarto — Satoru sonrió de solo pensarlo.

Gojo dejó escapar una carcajada antes de levantarse de la silla. Se acercó a Yuuji y, antes de que este pudiera reaccionar, extendió la mano y le revolvió el cabello.

—Me gusta cuando eres así de terco — le dijo con una sonrisa coqueta.

Yuuji resopló, alejando su mano con un manotazo. El silencio entre ellos se alarga por un momento y ambos saben que ya no hay vuelta atrás. No es solo una conversación más. Ahora es real. Kaori sigue distraída con la televisión, ajena al peso de lo que sus padres acaban de decidir. Gojo tamborilea los dedos en la mesa, pensando en algo que decir.

—Oye —habla de repente— dijiste que nada de matrimonios, pero… no se puede casar si es monja — murmura viendo a su pequeña quien acomoda el desgastado listón de Tora.

—¿Qué?  — el omega se da media vuelta para verlo con una ceja alzada.

Gojo se encoge de hombros con total seriedad pensando que es la única solución para proteger a adorable hijita.

—Si hacemos que Kaori se vuelva monja, nadie podrá pedir su mano jamás. Problema resuelto — dice serio, como si fuera la solución definitiva.

Yuuji lo mira, incrédulo antes de regresar a su labor e intentar no reir por lo que decía el alfa. Aunque el temblor en sus hombros lo delata, más al seguir leyéndolo hablar como si fuera una realidad lo hizo soltar la sartén y sin pensarlo dos veces, le avienta el trapo que tenía en la mano directo a la cara.

—¡No digas estupideces! — alega con una media sonrisa.

Kaori, aún concentrada en la televisión, escucha la discusión y suelta una risita. Gojo mira de reojo a Yuuji, quien ahora intenta ignorarlo mientras revisa la comida.

Lejos de molestarse, Gojo sonríe. Le gusta esta sensación, el ambiente es cálido y la risa de Kaori, e incluso las discusiones sin sentido con Yuuji. No sabe si esto es lo que se siente tener un hogar. Pero si lo es, podría acostumbrarse.

Esa misma tarde y con la mente más clara decidió ir a su departamento donde el omega lo recibió con una pequeña sonrisa. Era hora de hablar.

Poco después, Kaori abrazaba a Tora con fuerza. Estaba sentada entre mamá y el señor Gojo en el sofá, pero no se sentía como cuando dormían todos juntos en la habitación de mami. Mamá estaba muy serio, con esa cara que ponía cuando quería decir algo importante pero no sabía cómo.

El señor Gojo también estaba raro. No estaba sonriendo ni diciendo cosas tontas. Solo la miraba con los ojos brillantes, como si estuviera pensando mucho.

—Kaori —dijo mamá al fin—queremos hablar contigo — las suaves manos de mamá acariciaron su cabellos rositas.

La niña sintió que su barriguita se apretaba. No le gustaba cuando mami hablaba así, le daba miedo y no siempre terminaban bien las cosas.

—¿hice algo mal…? — preguntó nerviosa. Quizá mami ya sabía que fue ella quien se comió su chocolate favorito.

Mamá negó con la cabeza de inmediato, y solo se acercó más a ella para calmarla, eso funcionó, el olor de mamá era el más cálido y reconfortante de todos.

—No, cachorrita, para nada —dijo, acariciándole la mejilla—. Es solo que… hemos decidido vivir juntos — informó aún con esa voz que no le gustaba.

Kaori parpadeó confundida, sin entender del todo esas palabras, solo quería que mami le explicara todo ¿era bueno eso? 

—¿Juntos? ¿Como cuando dormimos en el nido? — preguntó mientras jugaba con Tora.

—Sí —respondió el señor Gojo—, pero en una casa de verdad — dijo el gracioso señor Gojo. 

Ella los miró a los dos. Algo en su pecho se sintió extraño, como cuando quería llorar pero no sabía por qué.

—¿Por qué…? — su vocecita sonaba triste, no sabía qué pasaba.

Mamá respiró hondo mientras parecías pensar algo, quizás el hombre malo volvía a aparecer y su mamá no quería verlo. Siempre era así cuando el hombre malo volvía.

—Para que estés a salvo. No queremos que vuelva a pasarte algo malo… — dijo mami con voz suavecita, pero aún sonaba triste.

Kaori bajó la mirada, apretando a Tora. Recordó la oscuridad, el miedo, el dolor y también recordó a esos hombres malos que lastimaron a mami, no quería verlos, quería estar con mami y sus tíos.

Pero si vivían con el señor Gojo, significaba que estarían a salvo ¿no? Podría estar con mami y ese olor suavecito del señor Gojo que la hacía dormir cuando tenía malos sueños, entonces estaba bien y eso significaba que no había peligro. Además, mami y sus tíos decían que el señor Gojo era el más fuerte.

—¿No más cosas malas…? — preguntó viendo a su mami.

—No más cosas malas —dijo el señor Gojo, su voz firme pero suave.

Kaori mordió su labio. Si el señor Gojo se lo decía era por algo ¿verdad? Estarían ahí un tiempo hasta que los hombres malos se fueran, pero ¿hasta cuando?

—¿Pero hasta cuándo…? — preguntó, pues no quería acostumbrarse al olor suavecito del señor Gojo.

Mamá se tensó y su carita se puso pálida, y ella sin saber que pasaba. Mami era malo recordando cosas, quizás si le decía, él la entendería.

—El otro lugar también era seguro… pero ya no estamos ahí. Y antes, también estábamos en otro lado… ¿Vamos a irnos otra vez…? — su pancita le dolía, solo quería acostarse en el nido de mami.

Su vocecita tembló un poco, y el señor Gojo se inclinó hacia ella, poniendo una mano en su cabecita.

—No nos vamos a ir, Kaori —dijo con firmeza—. No más cambios, no más ir de un lado a otro. Ahora esta será nuestra casa — aseguró el hombre, algo dentro de ella le hizo saber que decía la verdad.

Kaori se quedó callada. Tratando de confiar en el señor Gojo, pues él siempre cuidaba de mami y de ella, siempre lo veía en las noches vigilandolos, lo veía cuando jugaba solita y le daba ricos dulces. Entonces no era mentira ¿verdad?

—¿Siempre…? — murmuró jugando con el moñito de Tora.

Él asintió mientras le daba un besito en su sudorosa frente. Ella lo miró. Siempre estaba ahí. No sabía por qué, pero cuando él estaba cerca, mamá parecía más fuerte. Cuando él la llamaba "cachorra", se sentía segura. Cuando la cargaba, su pecho se sentía como el de mamá.

Algo dentro de ella lo reconocía, aunque no sabía por qué.

—¿Promesa de meñique…? —susurró, sintiendo las lágrimas en los ojos.

Mamá extendió su mano y atrapó su dedito con el suyo con suavidad, mamá siempre la sostiene con suavidad.

—Promesa de meñique — dijo su mami ahora con un tono más suave y más feliz.

El señor Gojo hizo lo mismo, con una pequeña sonrisa.

—Y si rompo la promesa, puedes quedarte con todos mis dulces — dijo el Gojo.

Kaori dejó salir una risita entre sus lágrimas y enganchó sus meñiques con los de ellos. Tal vez no entendía todo, pero si mamá y el señor Gojo estaban con ella… Tal vez, esta vez, "siempre" de verdad significaba siempre.

Notes:

Muchas gracias por su apoyo!! de verdad!! lo aprecio!!!!
Muchas gracias!!!!! Estos días no han sido faciles, pues JAJAJA me despidieron los hijo de su... ya me resigne, metanse su pinshi colegio de calidad por el orto!!! CHINGA TU MADRE CSA!!!!

anyways espero que lo hayan disfrutado!!!

Chapter 16: Un breve respiro

Notes:

Hola hola gente hermosa! espero que la estén pasando super bien y con sus seres queridos o en sus lugares seguros! los amo y muchisimas gracias por todo su apoyo!!! los amo!!!! vamos por un año más!!!! los super amo!!!

por cierto, por ser navidad... será especial de 2 capítulos!!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Kaori se quedó en silencio, sus pequeñas manos apretando con fuerza la tela de su vestido mientras observaba la conversación frente a ella. Su tía Nobara estaba con los brazos cruzados, el ceño fruncido y una expresión que no terminaba de comprender. No parecía enfadada, pero tampoco contenta.

—No entiendo cómo puedes aceptar esto tan fácil, Itadori —reclamó la joven con un suspiro pesado.

Kaori sintió su corazón latir con fuerza. Su tía no quería que se quedaran aquí, ¿verdad? ¿Significaba que tendrían que irse? Su mami, sentado en la cama con una blusa a medio abotonar después de probarse un traje nuevo, solo sonrió con dulzura.

—Porque es lo mejor para Kaori — dijo mami antes de besarle su carita.

Kaori parpadeó, confundida. ¿Lo mejor? En su mundo, no existía un "mejor". Solo peligro, miedo y la constante necesidad de huir.

—Lo entiendo —Nobara suspiró, revolviendo su propio cabello con frustración—. Pero aún así…

Kaori bajó la mirada. No le gustaba que su tía estuviera molesta. No quería que nadie estuviera molesto. Sintió manos suaves en su cabello y alzó la vista justo cuando su mami y su tía comenzaban a arreglarla. Nobara tomó un cepillo y empezó a peinarla con movimientos firmes pero cuidadosos, mientras Yuuji le ajustaba un bonito vestido de tela suave y brillitos.

Las voces de los mayores se volvieron un murmullo lejano mientras Kaori observaba su reflejo en el espejo. No recordaba la última vez que había usado ropa tan bonita. En su mundo, la supervivencia era lo único que importaba, pero aquí… aquí se sentía diferente.

—¿Y ahora qué? —preguntó finalmente Nobara, con los brazos en jarra.

Yuuji, en cambio, solo sonrió con una seguridad que Kaori no había visto antes.

—Si voy a vivir aquí, mi bebé merece un cuarto de princesa — respondió su mami mientras le colocaba un elegante moñito en su cabeza.

Kaori abrió los ojos con sorpresa. Un cuarto de princesa, por primera vez desde que llegó, sintió algo cálido en el pecho. Tal vez… solo tal vez… todo estaría bien.

Gojo apoyó la espalda contra el umbral de la puerta, observando la escena con una expresión inescrutable. Desde su posición, podía ver cómo Yuuji acomodaba con paciencia los moños en el cabello de la niña, mientras Nobara suspiraba y se cruzaba de brazos.

"Un cuarto de princesa, huh..."

El simple comentario había hecho brillar los ojos de Kaori con algo más que asombro. Era esperanza. Gojo lo notó al instante. Ese mismo brillo lo había visto antes en Yuuji.

—¿Vas a quedarte ahí como un acosador o vas a decir algo? —preguntó Nobara sin siquiera mirarlo.

—Tan ruda como siempre, Nobara. Me gusta la confianza — se burló el alfa.

Yuuji rodó los ojos y se puso de pie, listo para responder con su usual desdén, pero Gojo fue más rápido.

—Ven conmigo un momento —dijo, su tono ligero, pero firme. Yuuji parpadeó, claramente desconfiado.

—¿Por qué? — preguntó mientras ayudaba a su hija a ponerse los calcetines. Gojo se encogió de hombros.

—Solo será un momento. No te lo voy a pedir dos veces.

El omega chasqueó la lengua y miró a Nobara antes de asentir con pesadez.

—Kaori, quédate con tu tía un momento.

La niña dudó, pero al ver que Nobara asentía con seguridad, terminó bajando la cabeza en un gesto de obediencia, pero entonces sintió una suave caricia por parte de Nobara, quien le sonrió con calidez antes de volver a ayudar a la pequeña, de modo que, Gojo y Yuuji salieron de la habitación, cerrando la puerta tras ellos.

El pasillo estaba silencioso, apenas iluminado por la luz tenue de la tarde que entraba por los ventanales. Yuuji cruzó los brazos, observando a Gojo con suspicacia.

—Bien, ¿qué quieres? — preguntó, aún sintiendo un pequeño resentimiento por las acciones del alfa.

Gojo no respondió de inmediato. En su lugar, sacó algo del bolsillo de su abrigo y lo sostuvo en la palma de su mano. Un medallón plateado, con una cadena delicada y el emblema del clan Gojo grabado en el centro. Yuuji frunció el ceño.

—¿Qué es esto? — preguntó viendo con asombro el bonito medallón.

Gojo giró el medallón entre sus dedos antes de tomar la mano de Yuuji sin previo aviso, colocando la cadena sobre su palma.

—Un collar de protección para omegas —explicó con voz tranquila—. Cualquiera que tenga un poco de conocimiento sabrá lo que significa.

Yuuji se quedó en silencio, sus ojos fijos en el medallón.

—Tiene tu emblema — murmuró al verlo mejor.

—Sí— respondió con simpleza—Eso significa… Que eres mi omega. — dijo con una voz alegre, pero seria.

Yuuji sintió su corazón saltar un latido. Alzó la vista, encontrándose con los Seis Ojos mirándolo con calma, sin rastro de burla o juego. Era una afirmación. Una verdad que Gojo no tenía intención de retirar.

—No tienes que aceptarlo si no quieres —continuó el alfa, su tono más suave de lo habitual—. Pero si vas a vivir aquí con Kaori, quiero asegurarme de que estés protegido. Que ambos lo estén.

Yuuji bajó la mirada al medallón en su mano. El metal era frío, pero la intención detrás de él… no lo era. Era la primera vez que alguien le ofrecía algo así sin una cadena invisible atada a ello. Gojo no le estaba pidiendo nada a cambio. Simplemente le estaba dando un lugar.

Una protección que no tenía desde hacía mucho tiempo. Yuuji tragó saliva y cerró los dedos alrededor del medallón. No dijo nada, pero tampoco lo devolvió Y Gojo, conociéndolo, supo que eso era suficiente.

Yuuji aún sostenía el medallón entre sus dedos, sintiendo su peso. No entendía del todo lo que implicaba, pero una parte de él sabía que no era algo sin importancia. Gojo, por otro lado, parecía satisfecho.Gojo solo sonrió con descaro antes de girarse y entrar de nuevo a la habitación.

Kaori corrió a su mami en cuanto lo vio, pero se detuvo en seco al notar el medallón en sus manos. Sus ojitos se entrecerraron con sospecha.

— Mami... ¿por qué tienes eso? — preguntó poniéndose de puntitas para ver el medallón en la mano de su mami.

Nobara, quien observaba la escena, notó la tensión y se cruzó de brazos.

— ¿Pasa algo? — preguntó la omega a su sobrina. Kaori señaló el medallón.

— He visto ese collar antes... pero mami dice que se lo dió el amor de su vida, pero ¿porque te lo dio el señor Gojo? — le preguntó inocente.

Nobara solo giró los ojos sabiendo que significaba eso, pero no era deber de ella explicarle, así que solo le acarició su cabecita. Yuuji vaciló, sin saber cómo explicarlo. No quería preocupar a su hija con detalles complicados. Pero antes de que pudiera hablar, Gojo se agachó a la altura de la niña y le dedicó una sonrisa confiada.

— Es porque tu mami es importante para ti y para mí— explicó el alfa con una sonrisa.

Kaori frunció el ceño, mirando a su mami en busca de confirmación. Yuuji suspiró y le revolvió el cabello con cariño.

— Él tiene razón, Kaori — dijo sin saber qué más decir.

La niña lo meditó por un momento antes de asentir con lentitud. Sin embargo, Gojo no le dio oportunidad de pensarlo demasiado y, con una sonrisa traviesa, le dio un leve empujoncito en la frente.

— ¿Qué dices, princesa? ¿Vamos a comprar un cuarto digno de ti? — preguntó con cariño. El rostro de Kaori se iluminó al instante — Entonces, muévanse, vamos de compras — anunció Gojo con entusiasmo, tomando las llaves.

Con la emoción instalada en el ambiente, todos salieron de la habitación listos para la siguiente etapa: la inevitable confusión pública sobre qué tipo de familia formaban.

Apenas entraron a la tienda, Kaori fue el centro de atención. Los jóvenes hechiceros se tomaron su papel de niñeros demasiado en serio, y en cuestión de minutos, la pequeña estaba correteando entre los pasillos mientras Yuta la perseguía, fingiendo ser un monstruo. Maki y Megumi se turnaban para levantarla y hacerla volar, mientras Nobara le enseñaba muebles con colores llamativos, preguntándole cuáles le gustaban más.

— Esta rosa es bonita, ¿no? — le dijo Nobara, señalando una mesita con un diseño floral.

Kaori inclinó la cabeza, pensativa, antes de negar con suavidad y señalar su vestidito.

— Mmm… es bonita, pero quiero algo más de princesa — respondió dando una vuelta cual princesa de cuento de hadas.

— Tienes buenos gustos, pequeñita — rió Maki, revolviendole el cabello.

Mientras ellos jugaban, Yuuji se había quedado un poco atrás, observando con atención un juego de muebles para recámaras. Sin darse cuenta, sus dedos rozaron el material del mueble, asegurándose de que fuera cómodo para su hija.

En ese momento, una empleada de la tienda se acercó con una sonrisa profesional.

— Disculpe, señor, ¿necesita ayuda con algo? — habló la joven omega con suavidad.

El tono era amable, pero el grupo, aún con los recuerdos del centro comercial frescos en la memoria, reaccionó al instante. Maki y Yuta dejaron de jugar y giraron la cabeza con seriedad. Megumi se enderezó, mientras Nobara entrecerraba los ojos. Kaori parpadeó al ver cómo todos dejaban de jugar de repente.

Gojo, por su parte, alzó una ceja, divertido al notar la tensión que se había formado en menos de un segundo. Yuuji sintió todas las miradas sobre él y apenas procesó la pregunta de la empleada cuando su pequeño batallón de defensores ya estaba listo para intervenir. Sin embargo, para sorpresa de todos, la mujer sonrió con sinceridad y continuó:

— Tenemos más opciones para recamara matrimonial que le puede gustar a usted y a su alfa, puedo mostrarle algunos modelos — dijo con alegría viendo al alfa tras el chico.

El grupo se quedó en silencio. No había doble sentido, ni juicio, ni un tono condescendiente.Solo un servicio amable. Kaori no entendía por qué todos estaban tan tensos, pero su mami se puso rojito como un tomate antes de negar con fuerza.

— ¡No, no, no! ¡Estamos buscando algo para mi hija! — respondió con su carita roja, mientras el señor Gojo reía divertido.

—ya veo, lo siento, es que hacen bonita pareja — dijo la omega —vengan por aquí, tenemos muchas opciones para niños— informó.

La niña sonrió ampliamente y jaló la mano de su mami con emoción, completamente ajena al alivio que sintieron los jóvenes hechiceros al ver que, esta vez, nadie los estaba juzgando.

Gojo observó la escena con una sonrisa suave. Sí, esta era la diferencia entre un hogar y el mundo exterior. Aquí, ellos podrían ser simplemente una familia.

Kaori miraba con emoción todas las camas, analizando cada una con la seriedad de alguien tomando la decisión más importante de su vida. Nobara y Maki estaban con ella, entreteniéndola mientras sus padres terminaban de ver los muebles.

No muy lejos, Yuuji caminaba entre los pasillos junto a Yuta y Megumi, discutiendo sobre la mejor elección para la habitación. Megumi, con su pragmatismo habitual, sugería opciones funcionales, mientras Yuta intentaba buscar algo más acogedor. Yuuji, por su parte, solo quería algo en lo que Kaori durmiera cómoda y segura.

Satoru los seguía a unos pasos de distancia, con los brazos cruzados y un ligero puchero en los labios. Claro, intentaba ser un buen alfa. Intentaba no ser ese tipo de alfa territorial y celoso. Pero vaya que era difícil cuando veía a su omega caminando junto a otros dos alfas.

Yuta y Megumi no hacían nada sospechoso, solo conversaban con Yuuji de manera casual. Aun así, Gojo sentía un molesto cosquilleo en el pecho. ¿Por qué no era él quien estaba junto a su omega? ¿Por qué no era él quien discutía con Yuuji sobre la mejor opción para Kaori? ¿Por qué no era él quien recibía esas pequeñas sonrisas?

La irritación burbujeó en su interior, y por un segundo, pensó en liberar su Púrpura Hollow solo un poco. Nada grave, solo lo suficiente para recordarles a esos dos su lugar. Pero entonces, una vocecita lo sacó de sus pensamientos.

— ¡Mami! ¡Señor Gojo! — llamó Kaori Con vocecita alegre.

Ambos padres la vieron agitando los brazos desde donde estaba con Nobara y Maki. La pequeña no lo sabía, pero su voz tenía el poder de borrar cualquier pensamiento de celos en su cabeza.

Gojo se relajó al instante y, con una sonrisa arrogante, se adelantó para tomar la mano de Yuuji antes de que pudiera reaccionar.

— Vamos, mami — susurró con diversión, guiñandole un ojo antes de tirar de él hacia su hija.

Yuuji solo suspiró con resignación. Definitivamente, Kaori tenía a su papá envuelto en su diminuto y adorable dedo.  Llegaron hasta donde estaba Kaori quien señalaba con emoción una base de cama elevada, sus ojos brillaban con ilusión mientras saltaba emocionada.

— ¡Quiero esa! — exclamó, señalando con insistencia la cama alta con un pequeño espacio de juego debajo.

Nobara, Maki, Yuta y Megumi intercambiaron miradas, considerando que era una elección bastante genial. Pero antes de que pudieran decir algo, los dos hechiceros a cargo de la niña hablaron al unísono.

— No — dijeron rápido, sin tiempo de que alguien dijera algo más.

Kaori los miró, atónita abriendo su boquita para protestar pues no entendía porque no podía tener esa cama.

— ¿Por qué nooo? — preguntó abrazando a su peluche —¡A Tora le gusta igual! — alzó al pobre tigre nuevamente sucio.

Gojo cruzó los brazos y Yuuji suspiró sabiendo que tarde o temprano iba a volver a enfrentar alguna rabieta de la niña.

— Kaori, duermes como un huracán — explicó el omega con paciencia.

— Y ya nos ha tocado recogerte del suelo más de una vez — añadió Gojo, apoyándose en Yuuji con confianza.

Kaori infló las mejillas, claramente molesta, pues para ella su mamá y el señor Gojo exageraban, no dormía tan mal.

— ¡Pero puedo aprender a dormir quieta! — dijo como si eso fuera la única solución.

— ¿De verdad? — preguntaron ambos padres, Yuuji arqueó una ceja con escepticismo y Satoru se mordió los labios aguantando una risa.

La niña dudó por un segundo, recordando la cantidad de veces que había despertado en el suelo o en una posición completamente diferente a la que se había dormido.

Sabía que su mami y el señor Gojo tenían razón pero no quería admitirlo. De mala gana, bajó la cabeza y murmuró un “Está bien”, resignándose a buscar otra opción. Mientras tanto, Nobara, Maki, Yuta y Megumi observaban la escena en silencio, intercambiando miradas de complicidad y todos pensaban lo mismo: Son unos padres ahora. No había discusión al respecto.

Así pues, mientras la pequeña y Nobara corrían emocionadas hacia la nueva empleada, listas para elegir la mejor cama posible, el resto del grupo las siguió con una sonrisa.

Sin embargo, Yuuji se quedó atrás por un momento. Sus ojos se detuvieron en una cuna pequeña de madera, con delicados grabados tallados a mano. Era sencilla, pero hermosa, con un diseño que transmitía calidez y seguridad.

Sus dedos rozaron la madera sin darse cuenta, recorriendo los detalles con suavidad. Kaori era su hija, de eso no había duda. La había protegido, abrazado y amado desde el primer momento en que la vio. Pero… técnicamente, no la había dado a luz. Fue su otro yo, el Yuuji de esa línea temporal futura.

Entonces, la pregunta cruzó su mente como un susurro: ¿Podría volver a ser madre? No era algo que hubiera considerado antes. Con todo lo que había pasado, con la sentencia de muerte acechando, la maternidad era lo último en su lista de prioridades. Pero ahora, viendo esa cuna, con su hija jugando cerca y Gojo acompañándolo, la idea no se sentía tan lejana.

¿Lograrían cambiar todo? ¿Harían que el futuro fuera más fácil para todos? Llevó una mano a su vientre de manera inconsciente, en un gesto instintivo que no pasó desapercibido. Detrás de él, Gojo lo observó en silencio. Yuuji estaba en su mundo, todavía con la mano sobre su vientre, cuando la bomba explotó:

—¡Entonces mami sí me dará un hermanito! — exclamó con sus ojitos brillando con ilusión.

El omega sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo por un segundo. El murmullo de los clientes cercanos se convirtió en risas contenidas, y una señora mayor incluso soltó un suave "awww, qué tierno". Yuuji, en cambio, sintió ganas de meterse debajo de la cuna y no salir jamás.

—Kaori… —su voz sonó como una súplica, pero la niña solo lo miró con inocencia pura.

Gojo, en cambio, estaba en su elemento.

—Vaya, no sabía que estábamos en esa etapa, cariño~ —soltó, cruzándose de brazos con una sonrisa ladina.

—¡No estamos en ninguna etapa! —explotó Yuuji, rojo hasta las orejas.

Kaori, sin embargo, no tenía intención de soltar el tema, por lo que se acercó a sus padres que eran el centro de atención de algunos clientes que solo reían divertidos.

—Pero señor Gojo, tú quieres un bebé, ¿verdad? —preguntó con genuina curiosidad.

Gojo abrió la boca para negarlo, pero la cerró de inmediato porque… bueno, sí quería, un segundo bebé no era tan mala idea después de todo.

—Ehh… —por primera vez, el alfa estaba titubeando.

Kaori entrecerró los ojos y asintió para sí misma, con esa expresión de "lo sabía" que solo ella podía hacer.

—Entonces, si tu quieres y mami quiere, ¡Pueden darme un hermanito! — alegó con lógica infantil, con un dedito alzado y a Tora bajo su otro brazo.

Un cliente al fondo escupió su café incapaz de soportar la divertida cara que pusieron ambos padres al oír a la cachorra.

—¡KAORI! —Yuuji sintió que su vida entera pasó frente a sus ojos.

Los clientes alrededor soltaron carcajadas, una pareja joven los miraba con ternura y un hombre mayor murmuró "Así debe ser, un alfa comprometido con su omega".

Gojo estaba muerto de la risa, sin preocuparse por la mirada asesina de Yuuji.

—Cielos, princesa, no podemos decir esas cosas en público~ — dijo tratando de sonar serio.

—¿Por qué no? —preguntó genuinamente confundida.

Yuuji frotó su rostro con ambas manos, queriendo desaparecer. Hija de Satoru Gojo debía ser. 

—Porque... porque esas son cosas privadas de los adultos, ¿verdad, Gojo? — respondió Yuuji con rapidez.

—Bueno, técnicamente…— habló el alfa, pero al ver la terrorífica mirada del omega, prefiero callar.

Gojo solo sonrió, pero antes de que pudiera seguir molestando a su omega, una voz salvadora los interrumpió.

—¡Hey, miren esto! — llamó uno de los estudiantes.

Era Yuta, que sostenía una almohada con forma de conejito, emocionado. Maki y Nobara estaban junto a una cama con dosel y luces, mientras Megumi… bueno, Megumi miraba todo con su cara de "no me pagan lo suficiente para esto".

Kaori corrió hacia ellos, y Yuuji, aún con la cara roja, le lanzó una última mirada a Gojo.

—Te odio — murmuró caminando hasta donde su hija los llamaba.

Pero cuando Yuuji se giró, sin que nadie lo viera, Gojo bajó la mirada a la cuna de nuevo. Definitivamente, quería un bebé con él.

Ya era de noche cuando finalmente acabaron de arreglar la habitación. Ahora el aire olía a menta y melocotón. El olor de ambos se unían en la habitación de su pequeña hija.

Las luces cálidas del pequeño proyector en forma de estrella lanzaban constelaciones suaves sobre el techo, danzando en silencio. Todo era color pastel, con detalles en dorado y blanco. Una mezcla entre un cuento de hadas y el abrazo más cálido del mundo.

Kaori, con su pijamita de unicornios, estaba sentada en medio de su nueva cama, con Tora acomodado a su lado y un listoncito a juego con su pijama. Sus ojitos brillaban de emoción mientras miraba a un panda gigante que Megumi había elegido con cara de "me niego a aceptar que fue idea mía".

—¿De verdad todo esto es mío? —preguntó en un susurro lleno de asombro, mirando las estanterías con cuentos, la alfombra en forma de nube y la cuna de juguete para sus nuevas muñecas.

—Todo esto es tuyo, princesa —le respondió Yuuji, acomodando un mechón rosado tras su orejita—. Porque tú te lo mereces.

—Y más —añadió Gojo, sentándose al borde de la cama. Su voz era suave, sin esa arrogancia habitual. Solo quedaba el papá. El hombre que, sin darse cuenta, ya no podía imaginar su vida sin esa niña.

Kaori bostezó con fuerza y se dejó caer sobre la suavecita almohada en su cabeza. Yuuji la sostuvo con una ternura tan grande que dolía. Le acarició la espalda con movimientos lentos, y alzó la mirada hacia Satoru, que ya tenía la manta lista para cubrirla.

Gojo la arropó con sumo cuidado, como si temiera romper algo sagrado. Acomodó la mantita hasta cubrirle los pies y se quedó unos segundos mirando ese rostro dormido hasta que, de pronto, Kaori entreabrió los ojos. Todavía medio dormida, parpadeó un par de veces y extendió una manita hacia el aire.

—¿Mami… Señor Gojo? —murmuró con voz pastosa, apenas un suspiro— ¿Me dan un beso de buenas noches?

Yuuji se quedó quieto por un segundo, sintiendo cómo se le apretaba el pecho. Gojo parpadeó, visiblemente sorprendido. Ninguno de los dos había escuchado jamás algo tan simple y tan profundamente significativo.

Yuuji fue el primero en inclinarse. Le acarició la frente con ternura y depositó un beso suave sobre su sien.

—Buenas noches, mi amor —susurró con la voz temblorosa.

Gojo tragó saliva, acercándose después, con menos soltura de la que normalmente tendría. Se inclinó también y le besó la otra mejilla con un cuidado reverente.

—Duerme bien, cachorrita —dijo en voz baja, apenas rozando el sonido.

Kaori sonrió medio dormida, feliz, y volvió a cerrar los ojos, acurrucándose con Tora entre sus brazos. Un susurro salió de sus labios antes de que el sueño la venciera por completo:

—Gracias por quedarse… — murmuró antes de dormirse.

Y ahí se quedaron ellos, sentados al borde de su cama, mirándola como si el mundo entero estuviera contenido en ese instante. Antes de salir de la habitación, Yuuji se detuvo en la puerta. Miró una última vez a su hija, dormida entre cobijas rosadas y peluches, y dejó escapar un suspiro lleno de emociones.

—A donde sea que vayas, Kaori… —murmuró suavemente, apenas audible— …siempre vas a tener un hogar en nuestros brazos.

Apagó la luz con cuidado y entrecerró la puerta con la delicadeza con la que se protege un sueño.

Yuuji bajó la mirada antes de salir de la habitación, como si dudara por un instante. Apretó un poco más el suéter que llevaba puesto y entonces Gojo lo notó. Colgado sobre su pecho, brillando con el leve resplandor de la lámpara del pasillo, estaba el medallón que él mismo le había dado esa mañana. Una sencilla, pero silenciosa promesa de estar ahí.

—Gracias… por quedarte —susurró Yuuji, mirándolo solo un segundo antes de desaparecer por el pasillo.

Gojo no respondió. No podía. Sus ojos volvieron a Kaori, dormida profundamente. Su respiración era tranquila, su cuerpecito pequeño envuelto en mantas suaves y rodeado de juguetes y luces cálidas. Se veía tan en paz tan distinta del mundo roto del que venía.

Se acercó y se arrodilló al lado de su cama, observándola con un nudo en la garganta. Le rozó la cabecita con los dedos, apenas un gesto, como si aún no se creyera que estuviera ahí, a salvo. Su hija. Su cachorra. Su pequeña luz en medio del desastre.

—No estuve ahí cuando más me necesitaste —susurró en la penumbra— No te vi nacer, ni tu primer llanto. No te cargué cuando tenías miedo. No pude abrazarte cuando todo dolía— dijo con un dolor amargo en su alma.

Sus dedos temblaron al acariciar una de las trenzas suaves que Yuuji le había hecho para que durmiera.

—Pero estoy aquí ahora — dijo como una solemne promesa. 

Hizo una pausa, dejando que el silencio llenara la habitación, interrumpido solo por el leve tic-tac del reloj en la pared.

—Y voy a quedarme —añadió, con voz más firme—. Porque tú me elegiste, aunque no lo supieras. Y no voy a fallarte. No esta vez.

Se levantó con cuidado y dio un último vistazo antes de apagar la lámpara de noche con forma de luna. La habitación quedó en penumbra, solo iluminada por las luces tenues del cielo estrellado que se proyectaban en el techo. Kaori, arropada como una princesa, dormía profundamente, ajena a las promesas selladas en esa habitación.

Gojo cerró la puerta con suavidad, no con el peso del deber… sino con el amor de alguien que, por primera vez, había encontrado algo —alguien— por quien valía la pena quedarse.

 

Notes:

Muchas gracias por el apoyo, enserio... no ha sido una año facil, pero su apoyo me ha mantenido con la mente ocupada... los amo y vamos por más años juntos!!!

Chapter 17: Los hermanos malditos

Notes:

Muchas gracias por el apoyo! los amo!!! muchas gracias!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Kaori estaba sentada en el sofá, abrazando su peluche con fuerza. Sus ojos, normalmente llenos de curiosidad, ahora reflejaban una preocupación silenciosa mientras observaba a su madre alistarse para la misión. Desde que había llegado a este tiempo, nunca se habían separado. Siempre que despertaba, Yuuji estaba ahí, asegurándose de que estuviera bien.

Pero ahora, él se ponía su uniforme y se ajustaba el medallón en su cuello, preparándose para salir. Kaori desvió la mirada hacia el Señor Gojo, quien estaba parado con los brazos cruzados, observando la escena con una expresión neutral. Pero la niña no confiaba en él aún. No como confiaba en su mamá.

Yuuji, al notar su mirada nerviosa, se acercó con una sonrisa tranquilizadora y se agachó frente a ella.

—No tardaré mucho, Kaori. Volveré antes de que te des cuenta — dijo mamá con suavidad antes de besar su carita.

Kaori bajó la mirada y apretó más su peluche. No quería estar sola, el tío Yuta tampoco iba a estar para cuidar de ella, aun cuando pidió a la tía Shoko, tampoco pudo.

—¿Y si no vuelves…? — preguntó aterrada de que sucediera.

Su voz temblorosa hizo que el corazón de Yuuji se encogiera. Sabía que en el futuro, él no estaba con ella. Que había crecido con el miedo constante de perder a los que quería.

Gojo, aún de pie, observó la escena en silencio. Él también había crecido con miedo de perder a los suyos. Pero Yuuji no dudó ni un segundo en tomar las manitas de Kaori entre las suyas.

—Siempre volveré contigo ¿Recuerdas? Los cachorros valientes son los más fuertes — le dijo con todo el amor que podía.

Kaori lo miró con los ojos vidriosos, dudando, queriendo creerle, pero finalmente accedió y asintió sorbiendo un poco su nariz, no iba a llorar por su mamá antes de que se fuera, debía ser valiente. Yuuji sonrió y apoyó su frente contra la de ella.

—Esa es mi cachorra— dijo antes de besar su nariz.

Kaori mordió su labio inferior antes de finalmente asentir. Pero aún no soltaba su mano. Gojo decidió intervenir. Se acercó, inclinándose con una sonrisa.

—Oye, muñequita. Hoy te quedarás conmigo. Podemos hacer lo que quieras. ¿Qué dices? — dijo tratando de sonar amigable.

Se encogió un poco, mirando a Gojo quien se mantenía un poco atrás, sonriendo con esa sonrisa que le recordaba a la suya, y sin embargo, no fue suficiente para ella, sus ojitos azules lo miraron con desconfianza antes de volverse a Yuuji.

—¿Puedo hacerle muchas órdenes al Señor Gojo? — preguntó con una pequeña sonrisa.

Yuuji rió suavemente. Sabiendo que el alfa ya no huiría de su hija, pues ahora estaba en la palma de su mano.

—Por supuesto — accedió con una maliciosa sonrisa.

Kaori finalmente soltó su mano con reticencia, pero su manita aún temblaba. Antes de salir, Yuuji le dio un beso en la frente.

—Pórtate bien, ¿sí? — dijo aspirando un poco de su lechoso olor.

Kaori no respondió, solo lo abrazó con fuerza una última vez. Cuando Yuuji se marchó, la niña miró a Gojo con los ojos entrecerrados.

—Señor Gojo — Llamó Kaori con voz tierna —No se mueva de ese sillón hasta que yo lo diga— ordenó con una sonrisa malévola en su tierna carita.

Gojo la miró sorprendido antes de soltar una fuerte carcajada y sentarse cómodamente en el gran sofá de la sala.

—Como ordene, princesa — dijo firme cual soldado.

Pero en su mente, no podía dejar de pensar en la mirada de Kaori al ver partir a Yuuji, sin embargo, no pudo llegar más lejos en sus pensamientos, pues la niña apareció con una de las sudaderas favoritas de su mamá, se acomodó junto a él usando su regazo de almohada y sin más, abrazó a Tora.

—quiero ver caricaturas— ordenó con esos ojitos brillantes. 

—A la orden, mi niña— respondió el alfa encendiendo la televisión.

El aire matutino estaba fresco cuando Yuuji salió del edificio, su mente aún en la pequeña Kaori y en la promesa que le hizo. Apretó los puños con determinación.

A unos pasos de distancia, Megumi, Nobara y Kugisaki-san ya lo esperaban, junto con Niita, quien revisaba su tableta con expresión profesional.

—Tardaste, Yuuji —comentó Nobara con una sonrisa burlona—. ¿Acaso tu hija no quería soltarte? — dijo la castaña.

Yuuji suspiró con una pequeña sonrisa.

—No es tan fácil dejar a Kaori cuando te mira con esos ojitos… — dijo, amaba los ojos tiernos e inocentes de su cachorra.

—Bueno, al menos tendrás la tranquilidad de que está a salvo—comentó Megumi, cruzado de brazos.

—Lo dejé con Kaori. Ella tiene todo bajo control —respondió Yuuji con una leve risa.

Megumi frunció el ceño, pero no dijo nada. Sabía bien lo que significaba que Kaori estuviera con Gojo: el hechicero más fuerte estaba completamente a su merced.

—Dejen la charla, tenemos que movernos —interrumpió Kugisaki-san, ajustando sus guantes— Los informes son los mismos que la última vez, así que recuerden lo que pasó— dijo la omega con voz seria.

Los tres callaron al oír su tono, y el ego de Nobara incrementó, su versión futura era demasiado cool y mientras avanzaban hacia el auto, Niita comenzó a repasar los detalles de la misión.

—La actividad maldita ha aumentado en el puente Yasohachi. No hay señales de que aparezca una maldición especial, pero debemos estar preparados. — comenta mientras enciende el auto — Todo va de acuerdo al plan, los altos mandos siguen sin saber nada— comentó.

Yuuji los observó con una sonrisa nostálgica. En la línea de tiempo original de Kugisaki-san, esta misión había sido un punto clave en su crecimiento como hechiceros. Pero ahora las cosas eran distintas. Esta vez, no iba a pelear con la misma mentalidad. Esta vez, tenía una hija que lo esperaba en casa.

Cuando llegaron al puente, el sol comenzaba a descender en el horizonte. Aún no era la hora exacta en la que las maldiciones aparecían, así que solo quedaba esperar.

Megumi se quedó observando el río con expresión pensativa, mientras Nobara y Yuuji se sentaban en el borde del puente, listos para lo que vendría. Kugisaki-san suspiró.

—Solo esperemos que esta vez todo salga más fácil — habló viendo todo con nostalgia —vamos, daremos una vuelta de reconocimiento para que conozcan el área— dijo mientras avanzaba siendo seguida por los hechiceros.

El viento soplaba con suavidad sobre el puente mientras la tarde comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rojizos. Yuuji, con los codos apoyados en sus rodillas, tamborileaba los dedos contra su pierna, sumido en pensamientos.

Tras la larga caminata, Kugisaki-san lo había mencionado con toda naturalidad: sus dos hermanos. Esou y Kechizu, hermanos que ella ayudó a asesinar. Definitivamente ahora sería diferente.

Por años, su único referente familiar había sido su abuelo y cuando murió, Yuuji había asumido que estaba solo. Que no tenía más familia que sus amigos y maestros. Pero ahora tenía una hija y unos hermanos que debía conocer. 

Sus ojos se desviaron hacia Megumi, que observaba el río en silencio, y luego hacia Nobara, que jugaba con una piedrecita entre los dedos. Ellos eran su familia también.

Pero… ¿Qué significaba realmente que Choso, Eso y Kechizu fueran sus hermanos? ¿Qué debía hacer con esa información? Y lo más importante… ¿Qué pensará Kaori cuando se entere?

Un escalofrío le recorrió la espalda. Kaori era demasiado pequeña para entenderlo ahora, pero eventualmente haría preguntas. Eventualmente, él mismo tendría que enfrentar la realidad de su linaje.

Apretó los dientes y cerró los puños. No importaba. No ahora. Primero, debía sobrevivir esta misión. Luego, encontraría las respuestas. Sacudió la cabeza y se forzó a sonreír antes de mirar a sus amigos.

—Bueno, espero que las maldiciones no tarden demasiado en aparecer. Quiero regresar temprano — dijo jugando con el medallón en su cuello.

—¿Qué? ¿Extrañas a Gojo? —bromeó Nobara con una ceja alzada.

—No. Extraño a Kaori —respondió Yuuji sin dudar, aun jugando con el medallón.

Megumi resopló con diversión. 

—Ser madre realmente te cambió — dijo sin verlo.

Yuuji solo sonrió. Sí, lo había cambiado. Pero aún quedaba mucho por enfrentar y lo haría, por ella.

El cielo ya estaba cubierto por un manto de estrellas cuando llegaron al puente. La brisa nocturna traía consigo un aire denso, cargado de energía maldita. Yuuji sentía un ligero cosquilleo en la piel, un recordatorio de lo que estaba por venir.

—Bien, escúchenme —dijo Kugisaki-san con seriedad—. En nuestra línea de tiempo, entramos al dominio y nos enfrentamos a una maldición de grado especial. Pero aquí las cosas serán diferentes — habló con esa voz de seriedad difícil de ignorar.

—¿A qué te refieres? —preguntó Megumi, entrecerrando los ojos.

—Tú y yo entraremos primero — señaló al beta— Si todo sale como la última vez, la maldición de grado especial se enfocará en ti, Megumi. Yo estaré ahí para intervenir si es necesario. — habló con una media sonrisa.

Yuuji frunció el ceño mientras se señalaba a sí mismo y a su amiga quien miraba a su otra yo con una ceja alzada.

—¿Y qué hacemos nosotros mientras? — preguntó el omega señalando a su amiga y a él. Kugisaki-san le dedicó una sonrisa afilada.

—Esperen. No quiero que desperdicies tu energía todavía. Porque, si mis recuerdos son correctos… —su ojo se oscureció con una mezcla de emoción y tensión—. Pronto aparecerá Kechizu — dijo viendo al bosque.

El ambiente se volvió tenso en un instante. Yuuji tragó saliva. Ya lo esperaba, pero escuchar ese nombre en voz alta lo golpeó de lleno. Megumi no hizo preguntas. Solo asintió antes de caminar hacia la entrada del dominio junto a Kugisaki-san, mientras que Yuuji y Nobara se quedaron fuera, atentos.

No pasó mucho tiempo antes de que un hedor putrefacto impregnaba el aire. Nobara se llevó una mano a la nariz con una mueca de asco. El hedor a podredumbre impregnó el aire de repente. Nobara arrugó la nariz.

—Ugh… ¿Qué es ese asqueroso olor? — Dijo antes de cubrirse la nariz.

Yuuji ya sabía la respuesta. Los pasos viscosos resonaron en el asfalto, y entonces lo vieron. Kechizu emergió de entre las sombras con su piel verdosa y su baba cayendo de la boca. Sus ojos negros los miraba con un instinto asesino mientras corría hacía ellos.

—El recipiente de Sukuna… —gruñó con una voz animada, como si hubiera encontrado un tesoro y sin dudarlo, se lanzó contra Yuuji.

—¡Maldición! —gritó Nobara, saltando hacia atrás justo a tiempo para evitar el ataque.

Yuuji también esquivó, pero se mantuvo alerta. No los conoce. Para Kechizu, él solo era el recipiente de Sukuna, no su hermano.

—¡Oye, escúchame un segundo! —intentó decir Yuuji, levantando las manos.

Kechizu rugió y lo atacó otra vez. Nobara sacó su martillo, pero se detuvo justo antes de contraatacar.

—¡No podemos matarlo! — dijo ella mirando su arma. Yuuji se lanzó a un lado, esquivando otro golpe por poco.

—¡Sí, lo sé! —respondió—. Pero él no nos da la misma consideración — dijo, no muy cómodo con la situación.

Nobara chasqueó la lengua y fijó los ojos en Kechizu.

—¡Bien, entonces hay que hacer que nos escuche! — exclamó antes de lanzar unos clavos, sin intenicón de lastimar a la media maldición.

El monstruo se preparó para un nuevo ataque. Yuuji y Nobara esquivaron los ataques de Kechizu, pero este no daba tregua. De repente, una presencia más imponente hizo que ambos se pusieran en guardia.

—¡Kechizu, atrás! — La voz grave resonó en la oscuridad.

Y entonces apareció él. Esou. Su cuerpo alto y su piel morena contrastaba con el violeta vibrante de sus ojos que se fijaron en Yuuji con un brillo de curiosidad.

—Sabía que vendrías por nosotros —dijo con desdén.

El omega los miró unos segundos. Ellos dos, medias maldiciones, sus hermanos mayores. Un nudo en su pecho se formó y solo atinó a levantar las manos y gritar.

—¡No quiero pelear contra ustedes! — gritó con fuerza tratando de que le creyeran.

Esou ignoró sus palabras y le lanzó un ataque de sangre corrosiva.

—¡Itadori! —gritó Nobara al ver la explosión de ácido.

Él esquivó en el último segundo, aterrizando con un rodillazo en el suelo. Esou avanzó con rapidez, listo para otro ataque. A su lado, Nobara ya se había lanzado contra Kechizu, pero en lugar de atacar con su martillo, esquivaba sus golpes, intentando hacerlo entrar en razón.

—¡No somos tus enemigos, idiota! ¡Escucha un segundo! — grito la omega lanzándose sobre Kechizu.

Pero Kechizu solo rugió y siguió atacando. Yuuji sintió una punzada en el pecho. Tenía que hacerlos escuchar. Tenía que hacer que entendieran la verdad.

Yuuji esquivó otro ataque de Esou, apenas manteniendo la compostura. A su lado, Nobara seguía esquivando a Kechizu, pero ambos estaban al límite, si no atacaban, sería su fin.

—¡No podemos seguir así! —gruñó Nobara, bloqueando un golpe con su martillo.

—¡Lo sé! —jadeó Yuuji—. ¡Pero no nos escuchan!

Un nuevo ataque de sangre corrosiva lo obligó a moverse.Los cuatro se movían sin tregua, la batalla estaba en su punto máximo y entonces, un gran sonido metálico resonó en la noche.

Dos clavos se clavaron en el suelo, a centímetros de los pies de Kechizu y Esou. Los hermanos malditos se detuvieron en seco. La tensión en el aire se volvió sofocante.

—¡Tsk! Qué necios son, en serio. — dijo una voz femenina.

Sobre una de las rocas cercanas, con una sonrisa confiada y el martillo apoyado en su hombro, estaba ella. Kugisaki-san. El brillo de su mirada dejaba claro que no estaba ahí para jugar.

—A Choso no le gustará que ataquen a su hermanito menor —

El impacto de sus palabras cayó sobre Kechizu y Esou como un balde de agua fría. Sus expresiones de furia y determinación se rompieron en un instante.

—¿Q-Qué dijiste…? —murmuró Esou, con la voz tensa.

—Escuchaste bien. —Kugisaki-san sonrió con diversión, pero sus ojos reflejaban algo más profundo—. Si siguen atacándolo, no quiero ver la cara que pondrán cuando su hermano mayor se entere.

Los hermanos malditos se miraron entre sí, como si procesaran lo impensable. Yuuji, aún en posición de combate, sintió su corazón acelerarse. Por fin, se habían detenido. Pero, ¿sería suficiente para evitar otra pelea…?

—Pruébalo — dijo el mayor de los hermanos.

 La voz de Esou sonó llena de dudas, pero también de una necesidad desesperada por saber la verdad. Kugisaki-san sonrió con suficiencia.

—No tienes idea de lo fácil que me la pones. — Sin más, se giró y tomó a Yuuji por el gorro de su uniforme.

—¡O-Oye, espera! —protestó el omega, pero ella lo ignoró y lo arrastró sin miramientos hasta quedar frente a los dos hermanos malditos.

—Choso me contó que su sangre tiene la capacidad de saber si son familia — dijo la omega.

Sacó un clavo y, con precisión, hizo un pequeño corte en el dedo de Yuuji. Una gota de sangre cayó. Entonces, ocurrió.

Un escalofrío recorrió los cuerpos de Esou y Kechizu, sus pupilas se dilataron, y el mundo a su alrededor pareció desvanecerse. Por un instante, ya no estaban bajo ese puente. 

Estaban en un hermoso jardín, donde el sol bañaba cada rincón con su calidez. Podían escuchar el sonido de hojas meciéndose con la brisa, el aroma a tierra húmeda, y, lo más impactante de todo…Risas. Frente a ellos, la imagen de Choso sonriendo con tranquilidad y junto a él, un joven omega.

No. Su hermano. Yuuji estaba allí, pero  lo que más los desconcertó fue la pequeña niña que jugaba con él. De cabellos rosados como Yuuji, pero con un inconfundible brillo azul en sus ojos. Una niña idéntica a Yuuji, una viva copia de su pequeño hermano.

Los cuatro hermanos malditos la vieron correr por el jardín, con su risa cristalina llenando el ambiente. La niña corrió hasta ellos y, con una sonrisa radiante, extendió sus brazos.

—¡Tíos, vengan a jugar con mami y conmigo! — llamó con inocente voz.

Esou sintió su garganta cerrarse. Kechizu, por primera vez en su existencia, sintió miedo… pero no de sus enemigos.

Los hermanos malditos miraban al vacío, sus cuerpos temblaban ligeramente mientras procesaban lo que acababan de ver. Entonces, Kechizu fue el primero en moverse.

Con pasos inseguros, se acercó a Yuuji y, sin previo aviso, lo abrazó. Era un abrazo torpe, un poco desesperado, como si temiera que su hermano desapareciera si no lo sujetaba con fuerza. Yuuji se tensó, por instinto, debería alejarse. Por lógica, no tenía sentido lo que acababa de pasar.

Pero Había algo cálido. Un anhelo que ni siquiera sabía que existía Y, antes de darse cuenta, correspondió el abrazo. Kequizu tembló contra él, aferrándose aún más. Esou los miró, y en su expresión había confusión, pero también una chispa de algo que apenas comenzaba a comprender.

Detrás de ellos, Kugisaki-san sintió sus rodillas temblar, por poco caer, pero logró sostenerse y las lágrimas brotaban de su único ojo, rodando por su mejilla sin que pudiera detenerlas.

—Choso… lo hice… — Su voz era apenas un susurro tembloroso —Ahora será diferente… — lloró.

Nobara la observó, sintiendo un nudo en el estómago al ver tanta emoción en la que, hasta ahora, creía que era solo una versión mayor y más dura de sí misma.

Megumi, que aún se sostenía con dificultad por las heridas de la maldición, miró en silencio la escena. Por primera vez, en medio de una misión, nadie decía nada. Solo el sonido del viento, el abrazo compartido entre los hermanos y las lágrimas de una mujer que había luchado contra el destino y lo había cambiado.

Esou finalmente se acercó a sus hermanos y, con una sonrisa pequeña pero sincera, los envolvió a ambos en un abrazo y por primera vez en mucho tiempo, no había guerra. Sin embargo, el ambiente seguía cargado de emociones pero Kugisaki-san decidió el momento para hablar, así que se secó las lágrimas y habló:

—Escuchen… —empezó, aún con la voz algo quebrada—. Necesitamos que nos ayuden — dijo

Esou levantó una ceja, mirando a la omega frente a él, podía confiar ciegamente en su hermano, pero no en la castaña del parche, su mirada seria lo hacía temblar, lo hacía sentirse como una presa a punto de ser atrapado, más debía ser algo importante ¿No? pues su hermanito estaba ahí.

—¿Cómo exactamente? — cuestionó el beta con desconfianza.

—Necesitamos información sobre lo que está planeando Kenjaku—dijo la omega mayor— O "Geto", como ustedes lo conocen — su voz seca y sarcástica llamó la atención de los hermanos.

Los hermanos intercambiaron miradas, aún algo confundidos. Kechizu ladeó la cabeza un poco antes de mirar a su hermano quien le regresó la mirada antes de volver hacia la castaña.

—¿Y por qué haríamos eso? — se cruzó de brazos.

Yuuji se adelantó, con las manos en la cintura y el ceño fruncido, demasiado acostumbrado a esa mirada en los ojos de su hermano, la ha visto tantas veces en su hija que inmediatamente sabe que debe hacer.

—Porque es lo correcto, Kechizu. — dijo el omega mientras se acercaba.

El menor de los hermanos desvió la mirada, visiblemente incómodo, pues su hermanito estaba usando un tono de voz que lo hizo replantearse la idea de no ayudarlos con lo que le pedían.

—No sé… es que… — la media maldición comenzó a jugar con sus dedos.

Yuuji suspiró con exageración y se arrodilló frente a él, poniéndose a su altura y buscando con calma su mirada. Una parte de él se enterneció de su actuar, era muy similar a su hija cuando trataba de hacerse la difícil, pero claro que ya tenía la suficiente experiencia para lograr convencerlo.

—Kechizu. Mírame — pidió con voz suave y pausada.

Kechizu parpadeó y lo miró, confundido. La dorada mirada de su hermano era hermosa, pacífica y llena de cariño, y eso lo ponía nervioso, lo hacía sentirse expuesto, pero al mismo tiempo su tono de voz le hacía saber que no estaba en problemas.

—¿Qué? — respondió un poco avergonzado, su hermanito era muy bello.

—Tienes que ser un buen hermano y ayudar a tu familia, ¿sí? — dijo el pelirrosa acariciando la extraña mejilla de su hermano.

Esou parpadeó. Megumi y Nobara entrecerraron los ojos. Kugisaki-san contuvo la risa, sin importar la época, o la edad, su amigo siempre actuaría como una madre cuando la situación lo requería y en este caso, convencer a su hermano lo hacía actuar así.

Kechizu no sabía que pasaba, solo pudo mirar a su hermano con dudas, pero entonces Yuuji le puso las manos en los hombros y le habló con voz suave, como cuando calmaba a Kaori.

—Sé que es difícil, pero si me ayudas, prometo que te daré algo muy especial después, ¿de acuerdo? — prometió con una bonita sonrisa y Kechizu inclinó la cabeza mirando con atención la cara de su angelical hermano.

—¿Especial? — repitió con la misma inocencia que su hijita.

—Sí. Muy especial —asintió Yuuji—. Como un premio por ser un buen hermano mayor — Esou lo miró con incredulidad.

—¿Nos estás tratando como niños pequeños? — preguntó incrédulo, su hermano podría caer en esa burda estrategia, pero él no.

—No sé de qué hablas —respondió Yuuji con total inocencia, mientras Kechizu parecía considerar la idea seriamente.

Megumi suspiró, observando la escena frente a él. No le sorprendía ver a su amigo actuar así, es más era la apuesta habitual en la escuela, averiguar quién le haría sacar el nuevo instinto materno en el pelirrosa, y murmuró en voz baja:

—Dios… lo está haciendo otra vez — el beta no creía lo que veía.

Nobara asintió conteniendo la risa ¿Quién diría que su amigo sería la mejor madre en menos de un mes? Si le hubieran dicho que el impulsivo omega que se aventaba al fuego sin dudar podría ser tan suave y cálido.

—Bueno, tiene más experiencia negociando que cualquiera — dijo mientras sacaba su celular para grabar.

Kechizu frunció los labios, pensándolo un momento más, y es que el tono que Yuuji usaba lo hizo plantearse todo, o más bien pensar en la posible recompensa que le daría ¿Sería un helado? ¿Juguetes? ¡Rayos! ahora quería saber.

—¿De verdad me darás algo especial? — Su tono de voz similar a la de su hija lo hizo enternecer.

—Lo prometo —dijo Yuuji con seriedad. Kechizu se cruzó de brazos, pero asintió con una genuina alegría y dando saltitos asintió.

—Está bien — dijo sonriendo.

Yuuji sonrió con orgullo dando suaves saltitos similares a las de su hermano. Mientras tanto, Esou miró a su hermano menor con decepción.

—¿De verdad caíste en esa táctica barata? — preguntó el beta a lo que Kechizu se encogió de hombros.

—Me dijo que me daría algo especial — respondió como si dijera lo más obvio del mundo.

Esou se masajeó las sienes, su pobre hermano era demasiado ingenuo en muchas ocasiones. Yuuji se puso de pie, triunfante.

—¡Bien! Entonces haremos que esta familia funcione. — dijo el omega con entusiasmo.

Kugisaki-san se cubrió la boca para no reír. Megumi simplemente negó con la cabeza. Al parecer, Itadori Yuuji podía domar a cualquiera. Incluso a las medias maldiciones y Kugisaki-san entregó el dedo de Sukuna a Esou, quien lo tomó con un asentimiento.

—Bien, nos lo llevaremos con Choso. — dijo Esou.

—¡Seguro se pondrá feliz! —añadió Kechizu emocionado.

Ambos hermanos se giraron, listos para irse… hasta que Esou se detuvo en seco y olfateó el aire con el ceño fruncido.

—Hermanito… hueles a leche — dijo el beta con seriedad.

Los hechiceros se tensaron de inmediato y un sudor frío recorrió sus frentes, rezando por haber oído mal y hablaban de la leche chocolatada que tomó en el desayuno.

—Oh no… —murmuró Megumi, llevándose una mano al rostro.

—Ya empezó… —susurró Nobara, preparándose mentalmente.

Pero lo peor estaba por venir. Kechizu también olfateó y asintió, mientras miraba de arriba hacia abajo a su pequeño hermano, notando el sutil olor lechsoso mezclado con el olor a melocotón.

—¡Es cierto! ¡Hueles a bebé! — respondió pensativo.

Esou lo miró con seriedad y asintió ¡Oh, su pobre hermano! Tan joven y cuidaba de un cachorro él solo. Ambos hermanos se cruzaron los brazos. Choso seguramente querrá saber todo de su hermanito y el cachorro que tuvo, pero aún más importante, quería saber si ambos estaban bien. No estarían tranquilos hasta saberlo.

—¿Está a salvo? — preguntó inclinándose hacia él.

—¡¿Está bien cuidado?! —añadió Kechizu, imitando la pose de su hermano.

Yuuji, sin notar la mirada de terror de sus amigos, sonrió con orgullo y sacó su celular, el día anterior fueron al parque y le sacó muchas fotos hermosas.

—¡Oh, mi bebé! ¡Se llama Kaori y está perfectamente bien! ¡Se está adaptando muy bien! Aunque sigue un poco tímida con Gojo, pero él haría cualquier cosa por ella. ¡Ah, y el otro día…! — dijo mostrándoles las fotos.

Los hechiceros gimieron con desesperación, pues sabían que sería una muy larga hora del omega hablando de su adorada hija con sus hermanos.

—¡Maldita sea, Kechizu, ¿por qué le preguntaste?! —se quejó Kugisaki-san.

—¿Acaso no sabes que preguntar sobre su hija es como abrir la caja de Pandora? —bufó Nobara, frotándose la sien.

—Estamos atrapados… —susurró Megumi con resignación.

Pero los hermanos maldición no parecían preocupados en lo más mínimo, pues quedaron encantados con las fotos de la cachorra. 

—¡Cuéntanos más! ¡Queremos saber todo de nuestra sobrina! —exclamó Kechizu.

—Si ese Gojo tal no la cuida bien, dile a Choso que lo reviente —añadió Esou con seriedad.

Yuuji asintió con energía, feliz de tener más gente interesada en su hija, y con alegría les contó cada una de sus ocurrencias, gustos y anécdotas que vivió junto a ella. Mientras tanto, el resto del equipo aceptó su destino. No se irían de ahí en un buen rato.




Notes:

Y hasta aquí el capitulo, enserio es uno de los más largos JAJAJAJA me estoy dando cuenta que en 5 capítulos más alcanzaré los borradores! anyways! gracias por el apoyo, los amoo!!!!

Originalmente iba a incluir a Choso con una escena cómica de su reacción al saber de Kaori, pero decidí guardar eso para más adelante! y bueno, espero y puedan perdonarme por las nulas escenas de acción, siento que se las debo porque no quedaron como en mi mente :V pero soy MALISIMA para hacer escenas de acción... AH! pero no fueran +18 por que ahí sí soy re buena JAJAJAJAA okno pero espero haya sido de su agrado

Chapter 18: Paz antes de la tormenta

Summary:

Los preparativos para la misión contra Mahito comienza. Al mismo tiempo, un espero reencuentro conmociona a todos... y Kaori es adorablemente hija de Satoru Gojo.

Notes:

Hola hola gente hermosa! espero que estén bien y disfruten de esta bella noche!
Enserio tengo una buena explicación de porque me he tardado demasiado, pero será al final del capitulo JAJAJAJ los amo!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El ambiente en la sala era denso, cargado de tensión y expectativa. La luz fluorescente proyectaba sombras alargadas sobre la mesa de reuniones, donde un mapa detallado descansaba, cubierto de anotaciones, líneas estratégicas y posibles rutas de escape. Todos los presentes sabían lo que estaba en juego.

Gojo Satoru estaba de pie, con los brazos cruzados, observando a los demás con su usual expresión despreocupada, pero su postura revelaba que estaba completamente concentrado. Frente a él, Yaga mantenía el ceño fruncido, analizando cada posible fallo en el plan. El joven Yuta escuchaba en silencio, mientras que su yo adulto miraba el mapa con una expresión sombría, conociendo demasiado bien el enemigo al que se enfrentaban.

Yuuji, sentado en la mesa con los puños cerrados sobre sus rodillas, rompió el silencio.

—Choso dijo será quien acompañe a Mahito —dijo el omega.

Las palabras cayeron como una piedra en el agua. Nanami fue el primero en reaccionar, cruzando los brazos con desaprobación.

—¿Podemos confiar en que cumplirá su parte? —preguntó con voz neutral, aunque cualquiera que lo conociera notaría la ligera tensión en su tono.

Antes de que Yuuji pudiera responder, Yuta adulto intervino.

—En el futuro, Choso luchó a nuestro lado más veces de las que puedo contar —dijo con seriedad—. No es solo una maldición. Es nuestro aliado — sentenció mirando al pelirrosa.

La incredulidad en los rostros de los demás era evidente. Nanami suspiró y entrecerró los ojos.

—Eso suena… inusual —murmuró, pero sin rechazarlo de inmediato.

—No es inusual si lo conocieras de verdad —insistió Yuuji—. Él solo quiere proteger a sus hermanos, como cualquiera de nosotros lo haría — dijo levantándose de hombros.

Gojo se rió entre dientes. Tratando de esconder el hecho de que sentía unos ligeros celos al ver al omega defender a alguien más.

Aunque era comprensible, pues desde la misión en el puente, sus hermanos lograron mantener comunicación constante con él y claro, con Kaori quien por pequeños mensajes de voz les hablaba emocionada a sus tíos. Claro, para esto las tres medias maldiciones debían estar lejos de Kenjaku o cualquiera que pudiera delatarlos.

—Vaya, vaya, al final sí terminaste siendo el hermano menor de alguien — dijo burlón Gojo.

Yuuji le lanzó una mirada fulminante, pero Nanami le devolvió la conversación al tema central. El ex asalariado tomó un bolígrafo y marcó tres puntos en el mapa.

—Mahito solo lucha cuando cree que tiene ventaja. Si se siente en peligro, huirá. Usará mutación pasiva para cambiar de forma y escabullirse por el bosque — murmuró serio.

—Entonces, necesitamos bloquear su escape antes de que lo intente —concluyó el joven Yuta. Yaga asintió.

—Usaremos a Mechamaru como distracción primaria. Mahito se acercará para romper su atadura celestial. Cuando baje la guardia, intervendremos para mantenerlo en su sitio — sentenció

—Y yo utilizaré mi técnica para ocultarnos hasta el momento justo —añadió el Yuta mayor.

Yuuji apretó los dientes, y sus manos, mientras una ola de determinación recorría su cuerpo y su alma.

—Esta vez, no quiero fallar — murmuró recordando la promesa que se hizo tras la humillante derrota a manos de la maldición.

El eco de sus palabras resonó en la habitación. Gojo se acercó y le dio un leve golpe en la cabeza con la palma abierta.

—Tranquilo, bonito. Esta vez, no estás solo — le dijo con suavidad antes de tomar sus manos

Silencio. Una comprensión tácita entre todos los presentes. El plan estaba decidido. Solo quedaba esperar… y prepararse para la cacería. Con el plan establecido y cada pieza en su lugar, la reunión llegó a su fin. Pero, aunque el esquema táctico estaba claro, la ejecución seguía siendo un desafío. No podían permitirse errores.

—A partir de ahora, cada uno debe afinar sus habilidades —decretó Yaga—. Mañana también será un día de entrenamiento intensivo — ordenó.

Los hechiceros asintieron en silencio. Nadie cuestionó la necesidad de prepararse al máximo. La última vez que se enfrentaron a Mahito, las cosas no habían salido como esperaban. Esta vez, no habría margen para el fracaso.

Gojo estiró los brazos con una sonrisa despreocupada.

—¡Bien! Entonces vámonos. No quiero que se desmayen el día de la misión por falta de práctica — dijo animado el alfa.

Yuuji dejó escapar un suspiro y se levantó, sintiendo la presión en sus hombros, pero también una nueva determinación ardiendo en su pecho.

Uno a uno, los hechiceros abandonaron la sala, cada quien perdido en sus pensamientos sobre la misión que se avecinaba. Pero el peso del futuro no era excusa para descuidar el presente.

Cuando llegaron al campo de entrenamiento, la energía era diferente. No se trataba solo de un día más de práctica; era la preparación para una batalla real.

Los demás estudiantes ya estaban allí, junto con Kaori, quien saltaba emocionada mientras anotaba en su pequeña libreta. Cada victoria, cada derrota, cada esfuerzo quedaba registrado por su mano infantil.

—¿Te diviertes, nena? —preguntó Yuuji, acercándose a su hija, solo para después darle un ruidoso beso en su mejilla haciéndola reír.

—¡Sip! Mira, mami, azul son victorias y rojo derrotas —dijo, enseñándole la libreta con orgullo. —Nobara-nee tiene un montón de rojos —murmuró la niña.

El silencio cayó en el grupo. Yuuji ahogó una carcajada, mientras Megumi desvió la mirada, claramente conteniendo la suya.

—¡¿Qué dijiste, renacuaja?! —exclamó Nobara, fulminando a la niña con la mirada.

Kaori, con su inocencia intacta, sostuvo la libreta, señalando los números y casi imitando la voz del señor Gojo cuando explicaba algo dijo.

—Mira, Nobara-nee, tienes más rojos que azules — respondió con honestidad.

—¡Eso es porque he estado entrenando contra los veteranos! —se defendió Nobara con vehemencia.

Kaori ladeó la cabeza, mientras veía la libreta en sus manos y después a la chica frente suyo, haciendo una mueca como si no tuviera sentido lo que la chica le decía. En su cabecita, los números y acciones no cuadraban.

—Entonces… ¿por qué no ganas? — preguntó con una maliciosa sonrisa en su bonita cara.

—¡TÚ, ENANA—! — gritó la omega lanzando su botella de agua y caminando hasta la niña.

Antes de que pudiera abalanzarse sobre la niña y Yuuji se interpuso entre ellas, mientras fungía como barrera entre su amiga y su pequeña quien se aferraba a sus piernas como siempre lo hacia cuando hacía una travesura y no quería hacerse responsable de sus consecuencias.

—¡Tranquila, tranquila! Kaori solo está jugando… — dijo el omega alejando a su amiga por los hombros.

—¡Claro que no! —dijo Kaori con orgullo, mirando a Nobara— No es mi culpa que pierdas — contestó mostrando los puntos rojos bajo el nombre de la castaña.

—¡AAAAH, TE JURO QUE NO PUEDO CON ELLA! — exclamó acercándose a la niña y tirando de sus redonditas mejillas.

Un suspiro colectivo resonó en el campo de entrenamiento mientras Nobara continuaba jalando las mejillas de la cachorra, claro, sin hacerle daño. Aunque la misión era inminente y la tensión estaba en el aire, momentos como este les recordaban que todavía podían disfrutar de su tiempo juntos.

—¡Quiero otra ronda! —gritó Nobara, preparándose para pelear de nuevo.

Kaori sacó su lápiz con una sonrisita, ignorando el cosquilleo que sentía en su carita, ella solo quería ver acción y buscar más excusas para no hacer la tarea que mamá y el tío Yuta le habían dado.

—Si ganas, te pongo un azul — anunció feliz.

Y así, con una nueva motivación en mente, Nobara corrió al campo de entrenamiento siendo seguida de un animado Yuuji quien fue a ayudarla.

El entrenamiento continuó por horas, con cada hechicero empujando sus límites al máximo. Kaori no dejaba de moverse, anotando cada victoria y derrota con una seriedad que contrastaba con su pequeña figura.

—¡Más azul que rojo! —anunció emocionada, levantando su libreta con orgullo en una mano mientras hacía girar a su peluche Tora en el aire con su otra mano.

—¡Kaori-chan! —protestó Nobara— ¡Me debes respeto! — alegó con una sonrisa descarada.

—Pero es que pierdes mucho, Nobara-nee — respondió simple, mientras se acercaba a su madre.

—¡¿Qué dijiste, enana?! — exclamó irritada.

Antes de que la discusión pudiera escalar, Kaori sintió algo en el aire. Un olor familiar, uno que hacía mucho que no percibía.

Kaori fue la primera en notarlo. Su cuerpecito se quedó quieto, su pequeña libreta cayó de sus manos, y su peluche Tora quedó atrapado entre sus manitas antes de chocar suavemente contra el suelo. Sus ojos, normalmente llenos de travesura, se agrandaron, como si hubiera recuperado toda la esperanza.

El silencio se apoderó del campo de entrenamiento cuando la niña empezó a moverse. Primero un paso. Luego otro. Hasta que rompió en carrera, con el alma en llamas y el corazón latiendo con la fuerza de un tambor de guerra.

—¡Tía Maki! —su vocecita resonó como un trueno en la calma previa a la tormenta.

Los adultos apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que Kaori se lanzara sin dudar a los brazos de la recién llegada. La Maki del futuro apenas pudo abrir los brazos antes de recibir el impacto de la pequeña contra su pecho. Su cuerpo, aún adolorido y débil, se tambaleó por la fuerza del abrazo, pero sus manos reaccionaron antes de que su mente pudiera procesarlo.

Instintivamente, la sostuvo con firmeza, como quien sostiene una joya fina y frágil, pero a la vez, como quien quiere hacer eterno un segundo. Kaori se aferró a ella como si su vida dependiera de ello, sollozando contra su pecho, su cuerpecito temblando con cada respiro.

—Pensé que no ibas a despertar nunca… —su vocecita se quebró entre la emoción y el alivio.

Maki sintió un nudo en la garganta. No era de las que se dejaban llevar por sentimentalismos, pero en ese momento, lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos y apoyar la barbilla sobre la cabecita de la niña.

—Tardé más de lo esperado… pero ya estoy aquí — dijo con voz suave para calmar a la niña.

Los demás los observaron en silencio, sus corazones pesados por la escena. Nobara, la del futuro, miró a su amada con una sonrisa tenue, llena de cosas no dichas. Yuuji tragó en seco, sus manos apretadas en puños, conteniendo la emoción de ver a una amiga regresar del borde de la muerte.

Pero no todos estaban sumidos en la nostalgia. Un par de ojos observaban a la recién llegada con una intensidad oscura. Fría. Analítica.

La Maki del presente. Sus labios estaban sellados en una línea tensa. Sus puños, apretados hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Su corazón golpeaba contra su pecho con fuerza, pero no por emoción o alivio.

Su yo del futuro estaba de pie frente a ella, más fuerte y experimentada, con cicatrices que hablaban de una guerra que ella aún no había peleado. Maki no necesitaba preguntar para saberlo: esa versión de sí misma había pasado por un infierno y había sobrevivido.

Pero verla ahí, tan firme, tan inquebrantable, hacía algo en su interior retorcerse. Ella no era así. Aún no era así y odiaba esa sensación, pero se prometió que alcanzaría ese punto.

—¿Y bien? —la Maki del futuro rompió el silencio con voz calmada, casi desafiante.

La Maki del presente no respondió con palabras. Su cuerpo se movió antes de que su mente pudiera detenerla.

Con una velocidad feroz, su naginata silbó en el aire mientras se lanzaba al ataque. Los demás apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando la hoja descendió en dirección a su contraparte mayor, pero la Maki adulta no se movió de inmediato. No hubo sorpresa en su mirada. Solo una paciencia inquietante, como si ya hubiera esperado ese golpe y lo bloqueó con una facilidad insultante.

Antes de que su yo más joven pudiera reaccionar, en un solo movimiento, la desarmó y la inmovilizó, torciéndole el brazo con la misma destreza con la que alguien se ata los zapatos.

La Maki del presente jadeó, cuando sintió su espalda chocando contra el suelo con un golpe seco, su arma fuera de su alcance y la Maki del futuro, aun sujetándola sin esfuerzo, sonrió.

—¿Eso es todo? — preguntó con burla a su versión más jóven.

Maki, la del presente, apretó los dientes, su orgullo herido palpitando en su pecho. Pero no había ira en los ojos de la Maki adulta. Solo resignación y un dejo de tristeza. Como si supiera exactamente cómo se sentía y eso solo lo hizo peor.

—¡Carajo! — masculló la joven Maki aun en el suelo.

—Andando mocosa… tienes un laaargo camino adelante — dijo la adulta antes de devolverle el arma — Espero estés lista — murmuró antes de hacer una señal e irse con los otros dos del futuro.

Así, durante tres arduos días de entrenamiento los del futuro ayudaban a los más jóvenes, corrigiendo sus posturas, ajustando sus movimientos y, en el caso de Maki del futuro, lanzando golpes que dejaban claro cuánto le faltaba a su versión joven para alcanzarla.

Yuuji y Megumi trabajaban con Nobara, mientras Yuta y Toge trabajaban juntos. Kugisaki-san se mantenía cerca, asegurándose de que no cometieran errores.

 No muy lejos de todos, el alfa de cabellos blancos miraba atento a la pequeña frente a él, Kaori se sentaba con las piernas cruzadas, sus grandes ojos azules mirándolo con un nerviosismo que trataba de ocultar.

—Así que... quieres aprender a usar tus Seis Ojos, ¿eh? — preguntó, apoyando los codos sobre sus rodillas y observándola con una media sonrisa.

—En casa... nunca tuve a nadie que me enseñara. Sólo usaba lo que podía... pero me dolía la cabeza mucho — respondió Kaori jugando con la hierba bajo ella.

Algo en su pecho se tensó. No podía imaginar la infancia que había tenido en su línea temporal, pero si era lo que él sospechaba, probablemente había sido solitaria, llena de responsabilidades que ningún niño debía soportar. Respiró hondo y palmeó el suelo frente a él.

—Está bien. Cierra los ojos y respira profundo. No pienses en nada más — le dijo con suavidad.

Kaori obedeció, su pequeña figura temblando ligeramente. Gojo la observó un momento antes de cerrar sus propios ojos.

—El truco no es ver más... sino ver con calma. No necesitas procesarlo todo a la vez. Controla el flujo de información, no dejes que te abrume — instruyó con delicadeza para que la niña pudiera entenderlo más.

La niña respiró hondo, su ceño fruncido en concentración. Durante unos segundos, no pasó nada. Pero entonces, sintió un leve cambio en el aire. Abrió los ojos y vio cómo el azul en los de Kaori brillaba con un resplandor sutil. Ella jadeó, sorprendida, y luego sonrió ampliamente.

—¡Lo veo! ¡Te veo! — exclamó orgullosa, jamás había podido hacer algo así. Gojo rió entre dientes.

—Sí, sí, claro que me ves. Soy imposible de ignorar— respondió con arrogancia.

Pero antes de que pudiera hacer otro comentario sarcástico, Kaori se lanzó sobre él en un abrazo repentino, su pequeña figura contra su pecho.

—Gracias, papi — dijo con una tierna sonrisa.

El tiempo pareció detenerse. Gojo sintió su cuerpo quedarse rígido, su mente incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Ella misma pareció darse cuenta de lo que dijo, porque rápidamente se separó y se tapó la boca con ambas manos, los ojos muy abiertos.

—¡Ah! Perdón, yo…— dijo nerviosa sin saber qué hacer.

Gojo la observó por un largo momento antes de soltar un leve suspiro y revolverle el cabello con suavidad. Se bajó la venda de sus ojos para que su hija lo viera mejor.

—¿Por qué te disculpas? — preguntó, con una sonrisa que, para su sorpresa, se sintió genuina. —Si ya me ves como tu papá... entonces lo soy — le dijo mientras se acercaba a ella y la abrazaba.

Kaori parpadeó, su expresión pasando del miedo a una felicidad titubeante, dejándose envolver por el cálido abrazo de su padre y sintiendo la misma seguridad que sentía con su madre.

—¿De verdad...? — preguntó separándose un poco de él, pero sin romper el abrazo.

Gojo se encogió de hombros, fingiendo desinterés, pero gozando de las suaves manos de su bebé que recorrían su rostro, como si quisiera aprender hasta el más minúsculo detalle en él.

—Pfft, como si pudiera decirte que no — le dijo con una sonrisa.

Ella rió, y su risa era tan pura que algo dentro de él se acomodó en su lugar. No se había dado cuenta de lo mucho que quería esto hasta que sucedió.

Kaori lo miró de nuevo con una expresión seria, como si estuviera debatiendo algo importante. Luego, con un tono más bajo, casi tímido, murmuró:

—¿Puedo llamarte así... siempre? — pidió bajando la mirada.

Gojo se quedó en silencio. Por primera vez en su vida, sentía que las palabras no eran suficientes para describir lo que pasaba en su interior. Nunca había tenido a alguien que lo llamara así. Nunca había imaginado que alguna vez lo harían. Finalmente, se inclinó y le dio un leve beso en su frente antes de levantarla en sus brazos.

—No necesitas mi permiso, tonta. Siempre has podido — le susurró con amor.

Y cuando Kaori volvió a abrazarlo, esta vez con más confianza, Gojo supo que no había vuelta atrás. Él, que siempre había sido visto como un arma, un monstruo, una leyenda... ahora era algo más. Algo mejor.

No muy lejos de ellos Yuuji observó a Gojo y Kaori desde la distancia, con una expresión suave en el rostro. Su hija reía con total confianza mientras Gojo le explicaba algo, con una paciencia y ternura que rara vez había visto en él. Era extraño, pero en ese momento, Gojo no parecía el hombre excéntrico e irritante que solía conocer. No, ahí estaba alguien más: un padre que, aunque inexperto, intentaba comprender y cuidar a su hija.

Yuuji sintió su corazón latir con fuerza. Algo se removió dentro de él, algo cálido y confuso. Ver a Gojo en su papel de padre, sonriendo de esa manera tan genuina, le provocó una sensación extraña en el estómago. Mariposas. Algo que no debería estar ahí, pero que tampoco podía ignorar.

Hasta ahora, siempre había pensado en Gojo como el otro padre de Kaori, su compañero en esta inesperada travesía de la crianza, pero… ¿podría haber algo más? ¿Podría llegar a enamorarse de él? La idea lo tomó por sorpresa, pero no le resultó desagradable. De hecho, por primera vez, se permitió imaginarlo: a Gojo junto a él y Kaori, no solo como el torpe pero dedicado padre de su hija, sino también como alguien a quien pudiera amar.

La idea no le asustaba. No le molestaría volver a ser madre si fuera con él. Quizás, solo quizás, tener a Gojo a su lado no fuera una mala idea después de todo.

 

Notes:

Verán, esta historia iba a ser muy corta, pero una amiga mía, quien además era mi beta; estaba embarazada en ese entonces y ella me dio la idea de ampliar las interacciones de Kaori con sus padres, lo que ocasionó que salieran mucho más cosas de las que planeamos, sin embargo, desde que ella entró en la semana 38 dejamos de hablar (además de que yo estaba trabajando) y digamos que la cague...

como dije, ampliamos la trama más de lo esperado y la verdad, ya quiero acabar con el borrador JAJAJAJA así que me puse a corregir y la kgue! porque uní 3 capítulos en uno solo y borré muchas cosas "innecesarias", así que tenía caps de hasta 15 hojas en word!!!! y busqué mis antiguas notas y bueno gente... pasé de tener 35 caps a tener 40 y aun faltan algo JAJAJAJAJ
ASí que hasta nuevo aviso... estaré trabajando un poquito más en "lagrimas de cerezo" Espero y le den una oportunidad! los quiero!!!

Chapter 19: La tormenta

Summary:

Finalmente la misión para cazar a Mahito empieza, pero las cosas dan un giro espeluznante

Notes:

Hola hola gente hermosa!!! espero que estén bien! Sé que dije que iba a tardar, pero hoy es el cumpleaños del solecito y no quería tardar más JAJAJAJA espero sea de su agrado

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

La lluvia caía con furia, empapando el suelo y a todos los presentes. El cielo, cubierto por nubes densas y oscuras, parecía reflejar el peso de la situación. A lo lejos, los truenos rugían, como si el mismo cielo estuviera enojado, como si la tormenta compartiera su dolor.

Un grupo se mantenía cerca de la entrada de la enfermería, la atmósfera densa y cargada de tensión. Los adultos Maki, Nobara y el Yuta discutían en voz baja, sus expresiones severas, sus palabras cortadas por la preocupación y el agotamiento.

Unos pasos más allá, el Yuta joven trataba de curarse a sí mismo y junto a él otro joven hechicero intercalaba su mirada entre los vendajes en sus manos y los escandalosos rastros de sangre en el suelo. Pero, la verdadera escena, la que desgarraba el alma de quienes se atrevían a mirarla, se encontraba al fondo.

Yuuji, empapado, temblaba como una hoja en los brazos de Gojo. Sus sollozos eran ahogados por el sonido de la tormenta, pero su dolor era palpable, traspasaba la piel, el aire, los corazones. Sus manos se aferraban con fuerza al uniforme de Gojo, como si temiera que, si lo soltaba, todo se desmoronaría aún más.

—Lo siento... —su voz era apenas un murmullo quebrado entre jadeos. Sus uñas se hundieron en la tela. Su cuerpo entero convulsionaba con el llanto—. Lo siento... Yo... no quería...

Gojo lo sostenía con firmeza, una de sus manos en la espalda de Yuuji, la otra en su cabello, intentando transmitirle algo, cualquier cosa que pudiera hacerlo sentir a salvo. Pero las palabras parecían no tener poder contra la desesperación que lo consumía.

Los pasos de Yaga resonaron sobre el suelo mojado, su sombra alargándose bajo la luz tenue del edificio. Su voz, grave y serena, cortó el aire denso.

—¿Qué sucedió?

Nadie respondió de inmediato. Yuuji apretó los dientes, sofocando sus sollozos en el pecho de Gojo quien lo consoló. Hasta que el omega finalmente pudo contenerse un poco más y cuando alzó la cabeza, su rostro estaba desfigurado por el dolor, con los ojos rojos y su respiración errática.

—Perdí el control... —Su voz se quebró, la culpa quemándole la garganta—. Perdí el control de Sukuna y casi mato a Nanamin...

El trueno que estalló en el cielo pareció subrayar la declaración. Nadie se atrevió a hablar. La tormenta seguía rugiendo, pero ninguna lluvia sería capaz de lavar el peso que ahora caía sobre ellos.

Más temprano ese mismo día...

El sol aún brillaba en lo alto, proyectando destellos dorados a través de las ventanas de la casa. Kaori estaba sentada en el sofá, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, su pequeña boca torcida en un puchero. No quería que sus padres se fueran.

—Mami, ¿de verdad tienes que ir? —preguntó con voz apagada, aferrándose al dobladillo de la chaqueta de Yuuji.

Yuuji se inclinó, acariciando suavemente su cabello.

—Sí, chiquita, pero no será por mucho tiempo. Megumi y Nobara te cuidarán mientras estamos fuera. — dice con cariño poniéndose a su altura.

Kaori frunció más el ceño.

—Pero Megumi-nii no me deja comer más dulces de los que dice, y Nobara-nee me peina muy fuerte… — se queja la pequeña sin importarle que los dos la miren mal.

Gojo, que hasta ahora había observado la escena con una sonrisa, se agachó para quedar a la altura de su hija y levantar su carita con sus dedos.

—¿Y si hacemos un trato, terremotito? —dijo, dándole un leve golpecito en la nariz— Cuando regresemos, te traeremos algo especial. ¿Qué te gustaría? — preguntó suavizando su voz para ella.

Kaori ladeó la cabeza, pensativa, mientras se balanceaba de un lado a otro con una expresión sería, hasta que finalmente, se detuvo y miró a su papá con una sonrisa.

—Un pastel grande… ¡Y que Megumi-nii no me diga que ya tuve suficiente! — dice feliz imaginando un pastel en sus manos.

Gojo rió mientras Yuuji suspiraba, y el aludido reconsideraba si quería ser niñero, mientras la única chica solo reía por la cara de su amigo.

—No prometo nada con lo de Megumi, pero veremos qué podemos hacer con el pastel —dijo, dándole un beso en la frente—. Pórtate bien, ¿sí? — pide con suavidad.

Kaori asintió con desgana, aferrándose a su madre un poco más antes de soltarlo. Justo en ese momento, Nanami, junto a Okkotsu aparecieron en la puerta, su expresión seria pero paciente.

—Es hora — dice Nanamin con seriedad.

El aire se volvió un poco más pesado. Gojo se puso de pie mientras Yuuji le daba un último vistazo a su hija, como si quisiera memorizar cada detalle de ese momento. Antes de irse, se giró hacia Nobara y Megumi, su tono de voz cambiando al de un estratega.

—Recuerden mis instrucciones: no dejen que se duerma sin Tora, no la dejen saltar desde lugares altos, no le den más azúcar del necesario y… si se pone quisquillosa con la comida, solo díganle que lo cocinó su papá.

—¡Oye! —protestó Gojo.

Kaori rió ante eso, pero aún tenía los ojos brillantes por la tristeza, y aun así les dio un tierno abrazo a sus padres antes de verlos partir y simplemente comenzó a llorar al oír el clic de la puerta. Nobara la consoló, a lo que la nena no se negó y enterró su carita en el hombro de su “nee-chan”.

Tras un corto viaje finalmente llegaron al punto de encuentro. El grupo estaba reunido en un círculo, cada uno repasando mentalmente su rol en la misión. La lluvia aún no comenzaba, pero el aire ya olía a tormenta. Era como si el cielo mismo contuviera la respiración junto a ellos.

—Revisemos el plan una última vez —dijo Nanami con voz firme, mirando a cada uno de los presentes—. No podemos permitir errores — murmuró mirando a todos

Nobara giró un clavo entre los dedos y Yuta revisó su katana, asegurándose de que estuviera lo suficientemente filosa, dentro de sí escuchó a Rika animandolo. Yuuji asintió, con el pulso acelerado pero la mente enfocada.

En el comunicador, la voz de Mechamaru interrumpió el silencio.

—Escuchen, es ahora o nunca. Si van a moverse, háganlo ya — dijo con voz ronca.

Al mismo tiempo, otro canal se activó.

—Yuuji —llamó la voz grave de Choso—. Vamos en camino — anunció la media maldición.

Yuuji sintió una punzada de ansiedad en el estómago, pero la disipó con una respiración profunda. Este era el momento. No había vuelta atrás. Nanami los miró una última vez.

—Tomen sus posiciones — anuncia Gojo con seriedad antes de desearle suerte a su omega.

Sin decir más, el grupo se dispersó, cada uno ocupando el lugar que se les había asignado. Las sombras de los edificios a su alrededor parecían crecer con la inminencia de la batalla.

Yuuji tragó en seco, obligándose a sonreírle antes de salir por la puerta, sin saber que ese día terminaría mucho peor de lo que jamás habría imaginado.

El zumbido de los monitores y el débil parpadeo de las luces en la sala subterránea eran lo único que rompía el silencio. Kokichi Muta esperaba, su cuerpo debilitado apenas sostenido por la maquinaria que lo mantenía con vida. Sus múltiples pantallas mostraban distintos puntos de la misión en curso, pero su atención estaba fija en un solo lugar: la entrada.

Los pasos resonaron en el pasillo de metal. Unos más pesados y rítmicos, los de Choso. Otros ligeros, desprovistos de cualquier preocupación, casi burlones.

—Vaya, vaya —canturreó la maldición al entrar en la habitación—. Así que aquí es donde se esconde nuestro querido traidor — dice mirando al chico en la peculiar bañera.

Choso no respondió de inmediato, su mirada oscura permaneció fija en Kokichi, pero su postura tensa dejaba en claro su disgusto.

—Lo único que me importa —dijo al fin, su voz grave y controlada— es que Itadori intentó asesinar a mis hermanos — miente con perfección.

Mahito soltó una carcajada, inclinándose hacia él con una sonrisa burlona.

—¿Tus hermanos? ¡Oh, vamos! Aún no superas eso. Qué sentimental eres, Choso. Me das ternura — se burla la maldición de cara parchada.

El hechicero maldito apretó los dientes, pero no reaccionó a la provocación. Mahito sonrió aún más.

—Bueno, dejando a un lado tu pequeño rencor… parece que llegamos justo a tiempo.

Kokichi los observó en silencio, su mente trabajando a toda velocidad. La tormenta afuera estaba a punto de desatarse, pero la verdadera tempestad estaba justo frente a él.

El ambiente en la habitación se tornó aún más tenso cuando Kokichi Muta habló con la voz distorsionada por la maquinaria que lo mantenía con vida.

—Mahito… viniste a cumplir tu parte del trato, yo hice mi parte del trato — dijo serio, pero por dentro se sentía nervioso.

El hechicero maldito ladeó la cabeza con una sonrisa burlona.

—¿Trato? ¿Qué trato? Ah, ¿te refieres a esa pequeña promesa que hicimos? Qué memoria la tuya, Kokichi — dice el peliazul con una falsa sonrisa.

Choso se cruzó de brazos, observando en silencio, pero con los ojos fijos en Mahito, midiendo cada uno de sus movimientos.

—No te hagas el desentendido —continuó Kokichi— Acordamos que me liberarás de esta atadura celestial, a cambio de infiltrarte en la escuela— dice el chico con seriedad y culpa.

Mahito rió entre dientes y chasqueó la lengua.

—Ay, Kokichi, Kokichi… ¿y qué tal si cambio de opinión? — dice cambiando su actitud por una más arrogante.

—No puedes —respondió el hechicero de inmediato, con una seguridad inquebrantable—. Hicimos un voto vinculante.

El rostro de Mahito se torció en una mueca de disgusto al escuchar esas palabras. Apretó los dientes, chasqueando la lengua con fastidio.

—Qué molestia… los humanos y sus reglas —suspiró con dramatismo antes de acercarse lentamente a Kokichi—. Está bien, hagámoslo de una vez.

Alzó una mano y la colocó sobre el pecho frágil del hechicero, canalizando su energía maldita. El proceso fue lento, Mahito disfrutaba saborear cada segundo, cada temblor involuntario del cuerpo debilitado de Kokichi.

Cuando terminó, su expresión cambió de la burla a una sonrisa depredadora. Se inclinó más cerca del joven inmóvil y le susurró al oído:

—¿Me crees tan idiota como para no ver las otras almas? — preguntó con una insaciable sed de sangre.

Pero antes de que pudiera tocarlo, una ráfaga de energía maldita interrumpió su ataque. Mahito retrocedió justo a tiempo para evitar el filo de una katana envuelta en destellos dorados.

—Tch, qué molesto… —bufó al ver a Yuta de pie frente a él, con su arma en alto.

—No te equivoques, Mahito —dijo Yuta con frialdad—. No te dejaremos hacer lo que quieras — dice el hechicero del futuro.

Antes de que Mahito pudiera responder, una sombra se movió a su derecha. Nanami apareció con su característica calma, pero con una mirada oscura y determinada. El maldito lo observó y una gran sonrisa se dibujó en su rostro al reconocerlo.

—Oh, vaya, vaya, si no es el oficinista amargado. Qué recuerdos. ¿Cómo te va desde la última vez que nos vimos en la escuela?

Nanami no respondió, solo ajustó su agarre sobre su arma.

—¿Sabes? Aún pienso en ese chico —continuó Mahito con tono burlón—. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí… Junpei. Qué fácil fue hacer que traicionara a su único amigo. Y qué rápido lo dejé como un muñeco roto.

Ese fue el detonante. Desde las sombras, Yuuji sintió cómo la ira lo consumía. Su respiración se agitó, su cuerpo tembló, y sin pensarlo, salió disparado de su escondite.

—¡Mahito! —rugió con furia, lanzando un puñetazo directo al rostro del maldito.

Mahito apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de recibir el impacto de lleno, su cabeza girando por la fuerza del golpe. Pero en lugar de molestarse, simplemente sonrió, mostrando los dientes con una expresión de pura diversión.

—Eso, eso es lo que quería ver —susurró con emoción—. Vamos a jugar, Itadori Yuuji— dice con una maníaca sonrisa en su horrible cara y haciendo que varios de sus humanos modificados se abalanzaran contra los hechiceros.

El omega logra acertarle dos golpes directos haciendo retroceder a la maldición y cuando esta se vió acorralada, Mahito se deslizó entre las sombras con una sonrisa maliciosa. Aprovechó el caos de la pelea y, en un parpadeo, desapareció de la vista de todos.

—¡¿Dónde está?! —exclamó Nobara, girando con el arma en alto.

El grupo se tensó, sus ojos recorriendo la oscuridad del lugar en busca de la maldición.

—¡Cuidado! —gritó Nanami de repente.

Pero ya era tarde. Mahito apareció tras el Yuta más joven, su mano extendida, lista para tocar su espalda.

—Qué buena oportunidad —susurró con deleite—. Veamos qué forma te queda mejor…

Justo cuando sus dedos estaban a punto de hacer contacto, un rayo rojizo surcó el aire, obligándolo a apartarse de un salto. El peliazul chasqueó la lengua y miró en dirección al ataque.

Ahí estaba él. Choso, con los ojos encendidos por la furia, su energía maldita vibrando como un eco de la ira de su hermano menor.

—No te atrevas a tocarlo —gruñó el hechicero maldito, su sangre fluyendo con intensidad alrededor de su cuerpo.

Mahito lo observó con sorpresa antes de reír.

—Oh, qué interesante. ¿Tú también quieres jugar, hermano mayor? — cuestiona burlón.

Pero Choso no respondió con palabras. Con un rugido de pura rabia, se lanzó contra Mahito, pero dos de sus monstruos se abalanzaron contra el joven hechicero y la media maldición. Mahito sonrió con diversión mientras observaba a los Yuta y a Choso enfrentarse a los humanos modificados que había liberado.

—Son tan fáciles de distraer, ¿no crees, Itadori? —se burló mientras esquivaba un golpe de Nanami.

El omega no respondió. Sus ojos ardían con determinación mientras atacaba con velocidad, obligando a Mahito a retroceder.

—Oh, pero qué cara tan seria tienes. Me encanta verte así, tan desesperado, tan… roto. —Mahito río, inclinando la cabeza—. ¿Cuántas veces crees que te haré pasar por esto hasta que te acostumbres?

Yuuji apretó los dientes.

—¡Cállate! — Su puño brilló con energía maldita y se estrelló contra el rostro de Mahito.

¡Destello Negro!

Mahito fue lanzado hacia atrás, pero antes de que pudiera recuperarse, otro golpe lo alcanzó en el abdomen.

¡Destello Negro!

—¿Vas a llorar otra vez, Itadori? ¿O prefieres que mate a alguien más frente a ti? — se burló.

Las palabras encendieron algo en el omega.El tercer golpe se hundió en su pecho.

¡Destello Negro!

Mahito escupió sangre, tambaleándose. Su sonrisa se torció, pero aún no desaparecía.

—Eso es... ¡Hazme sentir vivo, Itadori Yuuji! — exclamó riendo. El cuarto impacto fue devastador.

¡Destello Negro!

Mahito salió disparado, rompiendo el suelo con el impacto. El aire quedó pesado con la vibración de la energía maldita. Yuuji jadeó, con los puños cerrados, su pecho subiendo y bajando con furia. Mahito se incorporó lentamente, con una carcajada entrecortada.

—Vaya, eso sí que dolió... —dijo, limpiándose la sangre de la boca—. Pero dime, ¿hasta cuándo podrás mantener este ritmo?

El omega no respondió. Solo tomó posición de combate nuevamente, listo para continuar. Por el contrario, la maldición se ríe mientras se recupera, y con una sonrisa cruel, dice:

—Cuatro destellos negros seguidos… impresionante, Itadori. Pero dime, ¿qué crees que pasará si sigues dependiendo tanto de tu odio para pelear? ¿Crees que no lo noto? ¡Lo disfrutas! —Yuuji se congela por un segundo.

—No… — niega viendo fijamente a su adversario.

—¡Sí! Lo sé porque yo soy el único que entiende tu alma. Y ahora, estás empezando a parecerte a mí.

Yuuji siente un escalofrío recorrer su cuerpo. Su respiración se vuelve errática.

—Entonces, dime, ¿cuántos de ellos mataste sin dudarlo? ¿Ni siquiera los consideraste humanos, verdad? — señala a los humanos modificados.  El omega aprieta los puños, temblando.

—¡Ellos ya estaban…! — trata de responder.

—¿Muertos? ¿Así te lo dijiste para justificarlo? —Mahito ladea la cabeza, con una expresión burlona—. Así es como empieza, Yuuji. Solo es cuestión de tiempo antes de que aceptes la verdad. No eres diferente a mí.

Las palabras lo golpean con más fuerza que cualquier ataque. El aire se siente pesado, el sudor frío corre por su piel. Gojo y los demás notan el cambio en su expresión, el terror en sus ojos.

Mahito sonríe al sentir el contacto con Yuuji. Ha esperado este momento. Su habilidad le permite ver las almas, tocarlas, moldearlas… y lo que encuentra dentro del omega lo deja fascinado.

—Ohhh, ¿y esto qué es? —musita, con una malicia infantil.

En el interior del alma de Yuuji, hay algo distinto. Algo brillante, cálido… una conexión. Un lazo dorado se extiende desde su alma hacia algo más. Algo pequeño. Algo inusualmente vivo. Mahito sigue el lazo y la ve. Una niña de cabello rosado, con ojos resplandecientes como los de Satoru Gojo.

Sus recuerdos están entrelazados con los de Yuuji. Risas, caricias, noches de cuentos antes de dormir. Sus pequeñas manos aferrándose a su ropa con confianza absoluta. Su vocecita llamándolo “mami” con amor incondicional.

—Interesante… — sonríe macabro.

De pronto, su expresión cambió. Deja ir a Yuuji y da un salto hacia atrás, chasqueando los dedos. En ese instante, uno de sus humanos modificados, escondido entre los escombros, empieza a moverse. Todos giran al oír el gruñido de la criatura. Pero lo que la hace distinta es su forma. Tiene el rostro de Kaori.

Es un reflejo distorsionado, grotesco. Ojos sin alma, una sonrisa antinatural, un cuerpo infantil pero moviéndose con los espasmos de una marioneta rota.

—Mami… —susurra la criatura con una voz que imita a la perfección la de la niña. El mundo de Yuuji se derrumbó.

—No… — Quiere moverse, pero su cuerpo se congela. Su mente grita que es una mentira, que no es real. Pero verla, oírla… es una pesadilla hecha carne.

Mahito observa su sufrimiento con deleite y entonces, con un simple gesto, destruye su propia creación. La falsa Kaori se desmorona en un instante. Yuuji grita.

El sonido de su dolor es tan crudo que todos se tensan. Se dobla sobre sí mismo, las lágrimas cayendo antes de que siquiera pueda entender lo que acaba de pasar.

—¿Viste eso, Itadori? Así de fácil puede desaparecer lo que más amas — habla lleno de gozo al ver el sufrimiento del omega.

Entonces, una presión asesina inunda el campo de batalla. El suelo cruje bajo la fuerza de la energía. El aire se vuelve insoportablemente denso. Mahito apenas tiene tiempo de girar la cabeza antes de que una mano lo atrape por la cara con una fuerza brutal.

—Nadie… absolutamente nadie amenaza a mi hija — dice con sus seis ojos resplandeciendo en ira y sus caninos más afilados de lo normal.

Notes:

Y eso es todo por ahora, durante la semana les traeré otra historia pues es mi autoregalo de cumpleaños JAJAJAJA cumplo exactamente 3 días después que nuestro solecito!! JAJAJAJA
anyways, próximamente estaré acabando el borrador y podré acabar con la historia! los amo!!!

Chapter 20: Durante la tormenta

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Gojo estrelló a Mahito contra el suelo con tal fuerza que la tierra se partió bajo ellos. Yuuji siguió en el suelo temblando todo a su alrededor. Oye voces, gritos, el estruendo de la batalla entre Gojo y Mahito. Pero todo eso es lejano.

 

Lo único que puede ver es el rostro de esa cosa. Esa aberración con la cara de su hija. El momento en que se desmoronó frente a él. La forma en que su voz se quebró en un último susurro. Su respiración comenzó a ser errática y su cuerpo no respondía. Su mente estaba atrapada en ese instante, repitiéndolo una y otra vez hasta que una voz suena desde su cabeza.

 

—¿Qué pasa, niño? ¿Apenas una imagen falsa y ya estás roto? — La voz resuena dentro de su cabeza como un eco cruel.

 

Sukuna. La risa del Rey de las Maldiciones es tan despectiva que le revuelve el estómago. Quiere vomitar, gritar y dejar de oírlo, pero el alfa en su interior continúo hablando.

 

—¿De verdad te afecta tanto? Qué patético — dijo con burla.

 

El interior de su mente se llena con la imagen de Sukuna, sentado en su trono carmesí, con la cabeza apoyada en su puño, observándolo con una mezcla de burla y desdén.

 

—Mírate, temblando como un cachorro abandonado. ¿Y por qué? Porque un montón de carne moldeada imitó a tu cachorro de verdad — Sukuna se inclina hacia adelante, sus ojos brillando con un deleite sádico —¿Acaso no entiendes lo que significa? — susurra.

 

Yuuji aprieta los dientes, su cuerpo todavía paralizado por el shock, sintiendo la repulsión envolverlo al oír su voz, susurrando palabras desagradables para atormentarlo

 

—Mahito solo te mostró lo obvio —continúa Sukuna, su voz goteando veneno—. Esa cría es tu debilidad. — Las palabras lo atraviesan como cuchillas.

 

—Cada vez que pienses en ella, recordarás lo que viste hoy. Y cuando finalmente muera... —la sonrisa de Sukuna se ensancha—. Cuando ese día llegue, vas a recordar lo fácil que fue para Mahito hacerla desaparecer.

 

La tormenta ruge en el cielo, pero en la mente de Yuuji, hay un silencio opresivo. Sukuna sonríe desde su trono, con una tranquilidad que hiela la sangre.

 

—Sigues llorando, qué fastidio —dice, con el mismo tono burlón de siempre—. ¿Tanto te importa esa mocosa? — Yuuji no responde. No puede. Sukuna chasquea la lengua.

 

—Tsk, pensé que eras más fuerte. ¿Sabes qué es lo peor? Que yo ni siquiera tuve que hacer nada. Mahito solo tuvo que mostrarte algo tan simple y ya te rompiste — dijo Sukuna y Yuuji aprieta los puños.

 

—Cállate... — dice en un jadeo.

 

—No, no lo haré —Sukuna se ríe, apoyando un codo en su rodilla y mirándolo con diversión—. Porque ahora sé exactamente cómo hacerte pedazos. — de repente, la imagen de Kaori aparece ante él.

 

Su hija. Pero no como la recuerda.Su pequeño rostro refleja puro terror, sus ojos llenos de lágrimas mientras una mano invisible la arrastra a la oscuridad.

 

—¡Mami! —su vocecita tiembla, estirando los brazos en busca de ayuda. Yuuji se lanza hacia adelante, pero su cuerpo no responde —Mami... ayúdame... —Kaori solloza, su figura difuminándose entre sombras.

 

—¡Detente! ¡No hagas esto! — implora escuchando a su omega aullar de dolor, pero Sukuna solo observa con una sonrisa cruel.

 

—¿Ves lo fácil que es? Puedo hacer esto una y otra vez, hasta que realmente la pierdas — dijo y Yuuji grita de desesperación. Fuera de su mente, su cuerpo tiembla violentamente.

 

—¡Itadori-kun! —Nanami lo sujeta por los hombros, sacudiéndolo con firmeza—. ¡Reacciona! — lo llama. Pero los ojos de Yuuji están desenfocados. No los ve. No los oye.

 

—¡Itadori, despierta! —exclama el Yuta mayor, tratando de traerlo de vuelta—. ¡No te dejes vencer por él! — grita tomándolo por los hombros.

 

Pero nada llega a Yuuji. Está atrapado en la prisión de Sukuna, una infinita ilusión llena de dolor y palabras amargas que lastiman la mente del pelirrosa, hiriendo su pobre corazón, sin embargo, lo que ninguno de los dos poderosos hechiceros esperaba era un grito de advertencia.

 

—¡CUIDADO! —La voz de Choso es una advertencia desesperada.

 

Porque ve algo que los demás aún no han notado: Los tatuajes negros comienzan a expandirse por la piel de Yuuji. Su expresión cambia. Y antes de que puedan reaccionar los ojos de Sukuna se abren. Y el Rey de las Maldiciones sonríe con su boca doble.

 

—Tardé más de lo esperado, pero aquí estoy — murmura Sukuna riendo.

 

Sukuna ha tomado el control. Nanami no tuvo tiempo de reaccionar. En un parpadeo, Sukuna lo atrapó con una fuerza brutal, levantándolo del suelo como si no pesara nada.

 

—Vaya, qué interesante... —murmuró Sukuna, inspeccionándolo como si fuera un simple insecto atrapado en su red— Eres importante para él, ¿verdad? — cuestiona con un macabro tono de voz.

 

Y sin previo aviso, lo lanzó contra el suelo con tal fuerza que el impacto dejó una grieta. Nanami soltó un gruñido de dolor, y Yuuji gritó desde lo más profundo de su ser.

 

—¡BASTA! — gritó atrapado dentro de su propia mente.

 

Sukuna se carcajeó y con un movimiento veloz, desenvainó su ataque. Un destello carmesí cortó el aire. Le había dado a Nanami.

 

El rey no se detuvo ahí, pues atacó a los otros hechiceros a su alrededor. El Yuta mayor ya se había enfrentado a él más veces de las que admitiría, pero volver a verlo con el rostro del omega lo hizo titubear. El milenario alfa aprovechó esto y lo atacó, no sin antes lanzar un gran corte hacia la maldición que era masacrada por el hechicero albino.

 

Mahito, quien hasta ahora intentaba escapar del implacable Gojo, apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que un corte letal surcara su cuerpo. El maldito gritó de dolor mientras su carne se retorcía por el golpe.

 

Gojo, en medio de su cacería, se detuvo un segundo y entonces lo vio. Su omega, no era Yuuji. Era Sukuna, apoderándose de su cuerpo. su instinto alfa rugió con furia al ver a su omega en ese estado. Esto no iba a quedar así.El campo de batalla se sumió en un frenesí de energía maldita descontrolada.

 

Yuta adulto, Choso y Kokichi apenas podían contra Sukuna. Sabían que no podían derrotarlo, pero sí contenerlo el tiempo suficiente para que Gojo hiciera algo. El problema era que él también lo sabía. Sukuna sonrió con diversión, como un depredador rodeado de presas demasiado débiles para hacerle daño.

 

—Ah... Esto se pone interesante — dice con una retorcida sonrisa.

 

Con un solo movimiento, su energía maldita se desbordó en una ráfaga violenta que los obligó a retroceder. Yuta joven apretó los dientes. Tenía que ayudar, pero su instinto le gritaba que debía hacer algo, que no podía quedarse de brazos cruzados mientras Sukuna masacraba a sus compañeros. Dio un paso adelante, preparándose para intervenir, pero la voz de Gojo lo frenó en seco.

 

—¡SIGUE EL PLAN! — gritó usando su voz de mando y mostrando sus grandes colmillos.

 

El grito del alfa fue una orden absoluta. Yuta se quedó paralizado. Trató de negarse, pero Gojo lo fulminó con la mirada.

 

—¡Hazlo ya! — ordenó con voz gutural.

 

Yuta apretó los puños. El plan. Desde el inicio, su misión era clara. Devorar a Mahito. Convertirlo en parte de su técnica, asegurarse de que no pudiera regenerarse jamás. Pero sus ojos se desviaron hacia el campo de batalla.

 

Nanami estaba herido. Yuuji... no, Sukuna, seguía destruyéndolo todo. Choso y Kokichi apenas podían mantenerse en pie y Gojo estaba por lanzarse contra Sukuna. Un escalofrío recorrió la espalda de Yuta. Su garganta se secó. No quería hacerlo, pero debía hacerlo, así que con un grito de rabia, corrió hacia lo que quedaba de Mahito.

 

El maldito, débil tras el ataque de Sukuna, intentó retorcerse para escapar, pero Yuta no le dio oportunidad. Lo atrapó con fuerza, lo vio retorcerse, gritando, maldiciendo, rogando. Pero Yuta no escuchó, llamó a Rika quien lo devoró en un segundo y en ese mismo instante, Gojo se lanzó contra Sukuna. Los dos se encontraron en un choque de poder absoluto. Sukuna sonrió.Gojo también.

 

—He esperado este momento — dice el rey de las maldiciones.

 

La batalla entre Gojo y Sukuna alcanzaba un punto crítico, con cada ataque desgarrando el suelo y destrozando lo poco que quedaba del entorno. Los relámpagos en el cielo ennegrecido parecían responder a la brutalidad de sus golpes, iluminando la devastación con destellos cegadores.

 

Ambos guerreros se movían con velocidad imposible, chocando una y otra vez en un intercambio de poder que hacía temblar el aire a su alrededor. Sin embargo, por más que la pelea avanzaba, Gojo no podía ignorar la furia abrasadora que ardía en su pecho. No solo era el deseo de destruir a Sukuna, sino el reconocimiento de que el Rey de las Maldiciones estaba disfrutando cada segundo.

 

—Eres más divertido cuando estás así, Gojo Satoru —se burló Sukuna, esquivando un golpe que partió en dos el edificio detrás de él—. Ciego de ira, tan fácil de manipular...

 

Gojo apretó los dientes, lanzándose nuevamente, pero Sukuna lo esperaba. Su sonrisa se ensanchó con pura maldad antes de pronunciar con burla:

 

—Kaori. Es una digna heredera mía, tal vez la haga mi reina — dice burlón.

 

Gojo reaccionó antes de pensar. Su ataque fue fulminante, veloz y cargado de intención asesina, pero Sukuna lo esquivó con facilidad, riéndose en el proceso. El mundo explotó en una ráfaga de poder. Gojo no dejaba espacio para el error, cada movimiento era letal, cada impacto buscaba destruir a la maldición por completo. Sukuna se deleitaba con ello.

 

Lo veía en sus ojos, en cómo el hechicero respondía exactamente como él quería. Pero algo cambió. Apenas una fracción de segundo, una mínima diferencia en su tiempo de reacción, pero suficiente para que lo notara.

 

Sukuna frunció el ceño, esquivando otro ataque mientras analizaba la extraña pesadez que sentía en sus extremidades. No era un cansancio normal Su cuerpo se sentía más lento, sus movimientos menos precisos. Por un momento, la confusión cruzó su rostro, hasta que finalmente comprendió lo que estaba ocurriendo. Dentro de él, Yuuji estaba resistiendo.

 

—¿Así que sigues aferrándote? —gruñó Sukuna, su voz vibrando con fastidio—. Qué molesto, mocoso.

 

No solo era consciente. Estaba luchando. Gojo lo notó al mismo tiempo. Vio la tensión en el cuerpo de Sukuna, la ligera rigidez en sus músculos, la manera en que la mirada de su omega, aún atrapado dentro de ese cuerpo, parecía suplicarle. No estaba pidiendo ayuda. Estaba pidiendo que lo mataran.

 

Gojo sintió que el aire le fallaba. Por un segundo, solo un segundo, su mano tembló y ese instante fue suficiente. Sukuna sonrió con satisfacción antes de girarse de golpe y levantar su mano cargada de energía maldita.

 

—Ya basta, insecto —espetó, su voz goteando crueldad mientras el poder se acumulaba en su palma—. Deja de aferrarte a una vida que ya perdiste. Iba a matarlo. Iba a matar a Yuuji.

 

—¡NO! —Choso gritó desde la distancia, pero antes de que cualquiera pudiera reaccionar, una fuerza descomunal estalló en el campo de batalla.

 

Un rugido ensordecedor sacudió el aire y, en un destello de sombras, Rika apareció. La Reina de las Maldiciones golpeó a Sukuna con una fuerza titánica, lanzándolo contra el suelo con un impacto que rompió el terreno en pedazos.

 

Antes de que pudiera recomponerse, una ráfaga de energía lo alcanzó, obligándolo a defenderse. el joven Yuta emergió de la polvareda, su katana brillando con un resplandor feroz.

 

—No te dejaremos tocarlo. — dijo la shikigami con ira.

 

Los ataques se sucedieron con rapidez, obligando a Sukuna a moverse a la defensiva, esquivando con esfuerzo mientras trataba de contrarrestar la ofensiva de ambos. Sin embargo, algo en su cuerpo seguía fallando.

 

—¡Malditos...! —gruñó Sukuna, intentando estabilizarse, pero entonces sintió una presión extraña. Algo lo estaba jalando, arrancándolo de su dominio. Sukuna entrecerró los ojos, luchando contra la sensación de ser expulsado.

 

—¡No...! —intentó resistirse, pero la energía de Yuta se volvió sofocante, implacable.

 

Un destello cegador iluminó el campo de batalla. Y entonces, con un último tirón, fue arrancado completamente. El cuerpo de Yuuji cayó como una marioneta sin hilos, desplomandose contra el suelo empapado. La lluvia seguía cayendo con fuerza, pegando su ropa a su piel temblorosa mientras su respiración se volvía errática.

 

No se movió. No reaccionó. Por un instante, el silencio fue absoluto, roto solo por el sonido de su aliento entrecortado. Y luego, de la nada, un sollozo ahogado escapó de su garganta. Un sollozo profundo, desgarrador, cargado de un dolor indescriptible.

 

—Yuuji-kun... —Yuta se acercó con cautela, pero el omega no reaccionó.

 

Gojo sintió cómo su mundo se detenía. Durante la batalla, su mente había estado ocupada en derrotar a Sukuna, en proteger a Yuuji y en evitar que el peor escenario se hiciera realidad. Pero ahora, con su omega temblando en el suelo, con su cuerpo encogido en una postura de pura desesperación, la verdad lo golpeó como un tren. Casi lo había hecho. Casi había acabado con su omega.

 

—No... —susurró Yuuji, con la voz rota, sin levantar la cabeza. Sus manos se aferraban al suelo mojado, como si intentara anclarse a algo real en medio del abismo en el que se hundía—. No...

 

Gojo sintió un nudo en la garganta. Se quedó inmóvil, incapaz de moverse por un instante, hasta que finalmente, en un acto reflejo, dio un paso adelante.

 

—Yuuji... — llamo, pero el omega sollozó más fuerte.

 

Gojo no lo pensó más. Cruzó la distancia entre ellos en un parpadeo y, sin dudarlo, lo envolvió en un abrazo. Yuuji se aferró a él con desesperación, hundiendo el rostro en su pecho, mientras su llanto quedaba ahogado contra la tela de su uniforme. Gojo cerró los ojos con fuerza. No iba a perderlo.

Notes:

Hola gente bella!!! Espero que estén listos pues, oficialmente, los borradores ya están, solo hay que editar y escribir los 3 epilogos que tengo preparados JAJAJAJAJAJA pero en sí, la pelea final ya quedó lista y qued3 sorprendida por tantas cosas que puse en el último arco JAJAJAJAJAJA

Muchas gracias por su apoyo! Enserio que me hacen feliz saber que les está gustando esta historia sacada del fundillo! Los amo

Chapter 21: Después de la tormenta

Summary:

Solo un breve respiro después de la pelea contra Sukuna, pero la guerra continua...

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La enfermería estaba sumida en un tenso silencio, solo interrumpido por el sonido de los equipos médicos y la respiración irregular de Nanami. Shoko trabajaba con rapidez y precisión, su ceño fruncido reflejando la gravedad de la situación.

Okkotsu, Kokichi y el joven Yuta esperaban ansiosos fuera de la sala, con el peso de la incertidumbre oprimiéndoles el pecho. Nadie hablaba, cada uno sumido en sus propios pensamientos y preocupaciones.

Okkotsu-san mantenía la mirada fija en la puerta, rogando internamente que Nanami lograra resistir. Kokichi, aunque débil tras todo lo ocurrido, no perdía detalle de lo que sucedía a su alrededor, mientras que el joven Okkotsu apretaba los puños con impotencia, aun sintiendo en su cuerpo los estragos de la batalla.

En otra parte, lejos del caos y las miradas ajenas, Yuuji seguía aferrado a Gojo. Su cuerpo temblaba con violencia, su rostro oculto contra el pecho del alfa, buscando refugio en su calidez. No podía detener las lágrimas, ni el miedo que aún lo carcomía.

Gojo, por su parte, lo sostenía con firmeza, como si soltarlo significara perderlo para siempre. No decía nada, solo le permitía aferrarse a él, entendiendo que, en ese momento, las palabras eran innecesarias.

—No quiero verla— susurró Yuuji de repente, con la voz rota.

—¿De qué hablas? — preguntó frunciendo el ceño, sin soltarlo.  Yuuji negó con la cabeza, aferrándose con más fuerza a la tela de su ropa.

—No quiero ver a Kaori... No puedo. ¿Y si Sukuna vuelve a tomar el control? ¿Y si la lastima? —  Su voz se quebró al final, el solo pensamiento de que su pequeña pudiera estar en peligro lo sumía en una angustia insoportable.

—Sukuna no podrá tocarla. Yo no lo permitiré —aseguró con firmeza. —Pero Kaori te necesita, Yuuji. Eres su madre, eres su todo— Gojo lo sostuvo aún más fuerte, sintiendo su propio pecho oprimirse ante el dolor de su omega.

Yuuji sollozó con más fuerza, el miedo y la culpa devorándolo desde dentro, y sin embargo, no se atrevía a ver aun a su pequeña niña.

—No quiero hacerle daño — murmuró entre lágrimas. —No quiero ser una amenaza para mi propia hija — confiesa con voz rota.

Gojo suspiró y, con una suavidad inusual en él, deslizó una mano hasta la nuca de Yuuji, obligándolo a mirarlo a los ojos.

—No eres una amenaza para Kaori. Eres su refugio, su madre... No dejes que Sukuna te haga dudar de eso— dijo seriamente.

Pero Yuuji seguía temblando, la culpa pesando demasiado sobre sus hombros. No podía dejar de pensar en lo cerca que estuvo de perder el control, en el dolor que causó y en el terror de que algo así volviera a suceder. Y en su corazón, una única pregunta latía con fuerza: ¿sería capaz de seguir protegiendo a su hija si él mismo era su mayor peligro?

Gojo sostuvo a Yuuji entre sus brazos, dejando que el omega se refugiara en su calor. Aún podía sentir el temblor en su cuerpo, la forma en la que se aferraba a él, como si soltarlo significara caer en el vacío.

El eco de la batalla aún resonaba en su mente, la imagen de Yuuji perdiendo el control, de Sukuna arrastrándolo a la desesperación. Pero ahora, estaban ahí, juntos, y eso era lo único que importaba.

Lentamente, Gojo llevó una mano al rostro de Yuuji, acariciando su mejilla con una ternura casi reverencial. Sus dedos trazaron un camino delicado por su piel, limpiando rastros de lágrimas y el cansancio acumulado de la batalla. El omega no se movió, solo cerró los ojos con un leve suspiro, inclinándose inconscientemente hacia su toque.

—Te lo dije —susurró Gojo, su voz impregnada de una firmeza reconfortante— voy a mantenerlos a salvo.

Por un momento, Yuuji no respondió. Su respiración era inestable, atrapada entre el alivio y el miedo. Sabía que debía hablar, que debía decir algo, pero su garganta se cerraba con el peso de la culpa y el terror. Y aun así, entre sus labios temblorosos, escapó un murmullo casi imperceptible.

—Alfa… — llamó con voz débil.

La palabra flotó entre ellos, frágil pero poderosa. Gojo sintió su corazón detenerse por un instante, como si el mundo se hubiera reducido solo a ese momento. Sus dedos se detuvieron sobre la piel de Yuuji, sus ojos se abrieron un poco más, buscando los del omega.

Pero Yuuji no lo miró. Mantuvo los párpados cerrados, refugiándose en su calor, en su presencia, en la única certeza que tenía en ese instante.

Gojo no dijo nada. No necesitaba hacerlo. Simplemente lo sostuvo con más fuerza, asegurándole sin palabras que estaba allí, que seguiría allí, sin importar qué pasara.

Se quedó junto a Yuuji, asegurándose de que el omega pudiera descansar. Le había costado mucho conciliar el sueño, su respiración era inestable y su cuerpo aún temblaba levemente. Acarició su cabello con suavidad, sintiendo la tensión poco a poco desvanecerse, aunque el peso de todo lo ocurrido seguía ahí, clavado en cada fibra de su ser. Lo había visto romperse, había sentido su miedo y desesperación, y saber que no podía cargar con todo ese dolor por él le llenaba de impotencia.

Finalmente, cuando el sueño reclamó a Yuuji, Gojo se permitió exhalar un suspiro profundo. No tardó en notar lo agotado que estaba él también, tanto física como mentalmente, pero justo cuando pensó en cerrar los ojos solo por un instante, la puerta se abrió lentamente.

Una pequeña figura asomó su cabecita por el umbral, sus grandes ojos curiosos y preocupados explorando la habitación antes de entrar con pasos silenciosos. La suave tela de su pijama de tigre se arrastraba un poco por el suelo mientras se acercaba a la cama, deteniéndose justo al lado de Gojo.

—papi —su vocecita tembló apenas un poco, pero lo suficiente para que Gojo lo notara.

Él sonrió con ternura y la levantó con facilidad, acomodándola en su regazo. Kaori se abrazó a él sin dudarlo, buscando refugio en su calidez, y Gojo la sostuvo con firmeza, dejando un beso en su cabello.

—Tranquila, mamá estará bien —susurró, meciéndola suavemente mientras sus deditos se aferraban a su camisa.

La niña no respondió de inmediato. Solo escondió su rostro en su pecho, como si buscara en su aroma la seguridad que el mundo le estaba negando. Gojo cerró los ojos un momento, sintiendo el pequeño latido de su hija contra el suyo.

Por mucho que quisiera evitar que Kaori se preocupara, sabía que era imposible. Ella entendía más de lo que cualquiera quisiera admitir, y aunque solo fuera una niña, sentía el peso de todo lo que estaba pasando.

Gojo la abrazó más fuerte, como si pudiera protegerla de todo solo con su cercanía.

—Mamá es fuerte —le aseguró con suavidad—. Y pase lo que pase, siempre vamos a estar contigo.

Kaori se acurrucó más en su pecho, dejando escapar un pequeño suspiro. Gojo la meció con paciencia, sintiendo cómo su respiración se volvía más tranquila. No tardó en darse cuenta de que su pequeña también estaba cansada.

Poco a poco, Kaori se quedó dormida en sus brazos, confiando plenamente en su padre. Y Gojo, con su hija y su omega a su lado, sintió que, a pesar de todo, todavía había algo que valía la pena proteger.

Esa noche la pasó velando el sueño de ambos. Pasó largas horas viendo a su hija moviendose como el huracán que siempre era, y asu vez, vió al omega calmarse un poco al percibir el olor lechoso de su cachorra a su lado. Pero algo no dejaba su mente por más que tratase de no pensar en ello.

En su pelea con Sukuna, lo notó. Aquella sed de sangre de parte de ambos: dos alfas peleando por ver quien dominaba sobre todos, y aún así, había algo más. Sí, era que estaba dispuesto a matar a su omega si eso significaba que el rey muriera y mantener a su hija a salvo.

Silenciosas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, pues, al parecer, no le importaría dejar huérfana a su pequeña hija si eso significaba acabar de una vez por todas con Ryomen Sukuna. Tal vez si era ese monstruo que se negaba a ver, esa bestia que siempre existió y jamás quiso darse cuenta que ahí estaba.

—¿Qué me has hecho Yuuji? — preguntó al aire al darse cuenta de que no, aún si lograra acabar con Sukuna, no dudaría en seguir al omega si eso significaba estar junto a él.

Miró al omega tal y como muchas noches lo vio dormir desde la llegada de Kaori. Al inicio no pudo evitar enamorarse de la idea de ser padre y aceptar que la cachorrita que llegó en manos de Maki era su hija, pero todo se desmoronó cuando dejó de mentirse a sí mismo al ver a Yuuji como si fuera Suguru.

Al inicio el alfa veía al omega como aquel omega que tanto amó por años, aquel por el que lloró durante diez años y al que le sigue llorando. Suguru Geto fue el primer omega que amó y con el cual soñó una vida pacífica. graduarse, casarse, tener hijos y vivir feliz, pero con la deserción de Geto del mundo de la hechicería ese sueño se vio imposibilitado, o eso creyó.

Cuando vio a Kaori, vio aquello que no quería ver: al final, si podía ser feliz sin Geto a su lado. Verla significaba que podía amar de nuevo y que, en alguna línea alterna, se enamoró de su alumno con el cual tuvo una hija. Sabía que era eso, amor. pues él se prometió a sí mismo que aquel sueño pacifico sólo sería construido con amor.

—Al final, creo que me entiendo mejor de lo pensado — murmuró viendo al omega en la cama.

Al final era así, sin importar el tiempo, o el presente, o el pasado, o el futuro, Gojo Satoru iba a enamorarse una y otra vez de Itadori Yuuji. entendió que era inútil pelear contra ese sentimiento y que volver a pelear contra esa idea sería inutil, volvería a enamorarse del chico.

En otro punto de la escuela, lejos de esa paz, el agua del grifo caía con violencia contra la cerámica del lavabo callando sus fuertes quejidos de dolor, entonces, manchas rojizas cayeron sobre la blanca cerámica del lavabo.

Yuta maldijo al percibir el sabor metálico de la sangre en su boca. Tosió con fuerza escupiendo más gotas de sangre. suspiró cansado, lamentando que lentamente llegaba la hora que tanto temía: ser una carga para los demás. Continuó así por varios minutos, incapaz de detener el sangrado en su nariz, entonces escuchó a alguien entrar al baño.

—A veces me pregunto cómo pudiste engañarlo por tanto tiempo — dice una femenina voz mientras colocaba una compresa fría en la parte posterior de su cuello.

 —Tal vez porque soy demasiado convincente — Responde con una media sonrisa mientras veía a Maki-san rodar sus ojos.

—O demasiado idiota — Siente las manos de la chica recorrer su pálida piel — Continúa avanzando… ¿Tienes medicamentos? — pregunta con seriedad, pero ve al alfa levantar un par de ampolletas — ¡Carajo! sabes que no existirá hasta 2022 ¿Verdad? — dice con un hilo de voz.

A dos años de la muerte de Gojo y la inminente destrucción de la sociedad nipona, Okkotsu Yuta se vio envenenado a causa de la muerte de su omega en batalla. Su alfa, negando la muerte de su contraparte comenzó a morir lentamente, envenenando así el cuerpo del alfa. Por desgracia, lo único que podía ayudar al chico con dicho veneno que parecía superar el ritual inverso, no existiría sino hasta dentro de cuatro años.

Los dos se quedan en silencio, solo dejando que el sonido del agua cayendo llenara el lugar. pensando en que irremediablemente el tiempo se les agotaba. Si era lo que pensaban posiblemente deberían mover algunas piezas antes de tiempo.

—Le pediré a Nobara que haga los preparativos para el ritual y tendré que hablar con Itadori — dice Maki apoyando su frente sobre la espalda del alfa.

Yuta sonrió con amargura mientras tomaba la mano de su amiga y entrelazaba sus dedos con los de ella. Con el mundo al borde del colapso y una cacería indiscriminada contra hechiceros, los pocos sobrevivientes de la escuela de hechicería inevitablemente hicieron de sus lazos algo más que solo amistad.

En la antigüedad, la sociedad llamaba a las tribus más pequeñas y selectivas “manadas” es decir, un pequeño grupo que se apoyaba entre sí, compartiendo dolores y alegrías en conjunto. Kashimo los llamó así antes de morir a manos de Sukuna en 2019.

— Bien, hablaré con Gojo y le pediré a la mini yo que cuide de Kaori — Habla Yuta con un hilo de voz a causa del dolor que recorría su cuerpo.

—¡Ni se te ocurra! ¡Ustedes insistieron en hacerlo tragarse a esa cosa, ahora debe estar ahí!— responde la muchacha mientras recorría el patrón oscuro de venas en la espalda del alfa.

El alfa sonrió con la poca fuerza que le quedaba, no por algo su amiga la eligió como compañera, solo Maki podía dar una voz de razón entre desbocados alfas con ganas de peleas. Su carácter fuerte y mente fría la hacían destacar sobre los demás.

Los años entre guerra y muerte la hizo muy diferente a como lo fue en su adolescencia. Estaba seguro que de ser la Maki que ahora mismo entrenaba junto a Fushiguro y Toge, lo hubiera golpeado y gritado hasta quedar afónica, o tal vez era porque ahora mismo no se encontraba tan bien como aquella Maki.

La chica sonrió de vuelta, posiblemente sabiendo lo que su amigo pensaba de ella, era como una sobredosis de ego lo que la obligó a sonreír con suficiencia al pelinegro que le dio un suave golpe con sus dedos en la frente antes de lavarse la cara.

—¿No les han dicho la verdad? — preguntó Yuta cuando el sangrado se detuvo.

—Nobara dice que no tiene el corazón para hacerlo, pero creo que no puede ocultarlo más — la omega se separa de su amigo y se sienta en el borde de la bañera — Si adelantas el ritual, debemos decirlo. ellos merecen saberlo porque solo ellos podrán cuidar a Kaori si algo pasa… — dice cruzándose de brazos.

Ambos bajan la mirada, no sería fácil y más con lo que había pasado esa misma tarde, pero era necesario que supieran del innegable vínculo entre los dos destinados a morir juntos en la batalla para salvar su futuro.

Notes:

No sé porque caracoles ando actualizando si aun no acabo los borradores JJAJAJAJAJJAJAJA es que manos! quería subir el capitulo, estaba mame y mame y mame con hacerlo, pero JAJAJAJAJAJA revisando el archivo me dí cuenta que no dividí bien el capitulo y así quedó, pero bueno, espero y sirva como pequeño pre a la cagada que se viene: se viene y fuerte!

No lo sé, tal vez suba algo el domingo, tanto en esta historia como en "lagrimas de cerezo" como en una nueva historia que iaba a subir en mu cumpleaños, pero me deprimí JAJAJAJAJA recuerden que los amo y gracias por su apoyo!!

Notes:

Espero les haya gustado!!! No prometo actualizar rapido, pero haré lo posible
P.D. soy la unica que cree que Gojo e Itadori serían los padres de una niña? O soy solo yo?