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Donde el acero se oxida

Summary:

¿Qué sucede cuando la máscara de hierro se quiebra? ¿Cuando la esperanza es aplastada por la pérdida?

Tras huir de Cybertron y perder a su soldado más querido, B-127, Optimus carga con el peso de no ser un buen líder. La Resistencia Autobot se desmorona bajo la sombra de la duda, en medio de un planeta desconocido, rodeado de otra guerra.

Mientras el óxido corroe el acero en medio del barro y la lluvia, un nuevo guerrero surge desde las entrañas de la Némesis. Frío, solo conoce la obediencia ciega Decepticon.

***

El fic está catalogado como maduro debido a ciertas escenas de violencia gráfica. No hay ships.

Chapter Text

Cybertron no era más que una pesadilla de metal retorcido y sin vida. Marcada por una guerra que la había dividido hasta apagar la última chispa, dejándola en una oscuridad aterradora.

Optimus lo veía con dolor, a través del cristal de la ventana del hangar. Ciudades enteras ardiendo, piezas regadas en el medio, los cañones resonando a lo lejos para arrebatar el último atisbo de vida a quienes estaban en contra de los Decepticons.

Incluso estaba empezando a olvidar el bonito cielo que admiraba antes de que se oscureciera de humo y cenizas, a los soles en medio de un manto estrellado, las calles de metal que solía recorrer sin temor a ser asesinado.

Se retiró de ahí, para evitar perder la compostura ante la ola de recuerdos que amenazaba con derrumbarlo. Los ópticos azules, antes imponentes, perdieron brillo y sus puños temblaron; un chirrido se escuchó de sus piezas desgastadas por la batalla.

Antes de que alguien se percatara, la máscara de acero le cubrió parte del rostro con un sonido firme.

Pero ante la mirada de analítica de Wheeljack, pareció solo un gesto seguro. Este volvió a su trabajo, moviendo unas cuantas piezas con precisión quirúrgica, soltando unas que otras palabras.

Y Prime volvió a preguntarse si estaba en lo correcto.

El Arca esperaba ser encendida. La decisión le parecía tan desesperada, porque pensaba que todavía había lugar para ellos, para la paz, y no un futuro donde terminaran ejecutados a manos de Megatron como los desterrados de ese planeta.

—Prefiero morir en mi planeta que en un charco de mugre. No somos cobardes para andar huyendo. —Ironhide había soltado en un gruñido en cuanto supo la noticia. Tras su visor se ocultaba una mirada que lo decía todo.

—No nos vamos por cobardes. Es la única forma de libertad que tenemos. —respondió con voz firme.

—Optimus, ¡piénsalo bien! Las probabilidades de que fracasemos han aumentando. Ni siquiera hay suficiente energón para todos. Además, Wheeljack reparó esa cosa. ¡No es seguro!

—¡Oye! Para tu información, es más seguro que tus diagnósticos médicos, Ratchet. —Wheeljack le lanzó a la cara una de sus herramientas, ofendido.

Ratchet tampoco estaba contento con la noticia, y a pesar de ser su mano derecha después de la traición de D-16, no apoyaba el plan. También le dolía dejar su tierra.

Jazz ni siquiera soltó una respuesta, pero estaba contando las pocas reservas de energón que guardaban en un cajón. No quedaba mucho.

—Esto tiene que ser una broma. —Prolw murmuró. Aún así, subió al Arca.

Frente a los controles de la nave, Prime recordó la última vez que tomó una decisión tan arriesgada. En ese entonces, Orion Pax vivía de la adrenalina, no le temía a nada, y tenía todo lo que quería. Pero también le costó su amistad, muchas vidas y la aparente paz que existía en Cybertron.

Pero Orion ya estaba muerto. Al igual que D-16.

No podía cometer el mismo error otra vez y dejar que Megatron acabara con lo último que le quedaba. Prime debía protegerlos a todos, costara lo que costara.

Suficiente había tenido con la muerte de Elita. Y la pieza que mantenía oculta todavía guardaba el fantasmal recuerdo de ella y su carácter fuerte ante Starscream, el sacrificio por un futuro mejor no sería en vano.

Por el bien de sus amigos, y a quienes consideraba como su única familia, dejaría la luz de sus ópticos; añorando nuevos tiempos y un comienzo que no terminara en tragedia.

—Confío en que será un buen plan, Optimus.

La voz de B-127 se escuchó segura. Como cuando aceptó unirse a la resistencia, aunque todos lo señalaran como un traidor por no inclinarse ante Megatron.

Era el único que había accedido al plan sin cuestionar. Claro, fue creado en medio de la guerra, en un Cybertron en llamas. No alcanzó a ver los últimos destellos, sino una tierra donde la esperanza ya no existía y los Decepticons estaban ganando terreno.

Verlo tan joven, envuelto en la cruda guerra, le hizo entender la urgencia de salir de ahí y no esperar por esa luz incierta. O una alianza que jamás sucedería.

Una salida, para encontrar la respuesta de reestablecer el planeta y recuperar el control. Mientras tanto serían llamados como los desterrados, los que traicionaron a su pueblo, los que merecían morir por iniciar una pelea sin fin.

El adiós a Cybertron los dejaba sin palabras. Lo sabía porque lo único que lograba escuchar eran las armas ser preparadas en medio de la incertidumbre.

Colocó su mano en el escáner y transfirió un poco de su chispa para darle vida. Sintió un tirón, justo donde guardaba lo que le daba vida. La nave, el gran Arca como Wheeljack la nombró luego de repararla, se reactivó con una ola de energía azul y naranja que recorrió los circuitos, hasta llegar a los motores.

Era imponente y ovoide; el color dorado le daba un aire majestuoso, como en los viejos tiempos, donde miraba con admiración a las naves que regresaban de alguna expedición.

Contaba con la capacidad de albergar más de trescientos soldados y viajar más rápido que la luz, abriendo portales en medio del viaje. Pero ahí solo habían siete, de los cuales la mitad dudaba si saldrían con vida.

Los pasos hacían un eco solitario en los fríos pasillos que ciclos atrás llevaron a ejércitos. Para ellos siete, la nave no era más que un laberinto.

Era como estar en una jaula, donde las voces se quedaban atrapadas, los pasos se quedaban a medias, el tiempo se detenía…

—Adiós, Cybertron…