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Chapter 17: Epilogo

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UN AÑO DESPUÉS

 

Lo miré mientras nos sentamos afuera, el sol poniente iluminando su cabello, mientras bebía su vino.

Su cabeza cayó hacia atrás en la silla y cerró los ojos. Mi estómago estaba hecho un nudo por la ansiedad mientras trataba de recordar todo lo que quería decirle.

Le iba a pedir que se mudara conmigo, pasaba más tiempo aquí que en su propio departamento, y además, yo quería que él estuviera lo más cerca de mi como fuera posible.

Mi casa había pasado de parecer una casa de exhibición a parecer una casa habitada con bastante rapidez.

Cada día que venia traía una nueva planta y minutos después la encontraba colgando del techo o colocada en un estante cerca de una ventana.

Pocas veces dormía solo desde que él aparecio en mi vida

Mirándolo con el bañador que llevaba, a pesar de que las noches casi se habían vuelto demasiado frescas para nadar, mis ojos se fijaron en las pequeñas marcas de mordiscos y los moretones de las yemas de los dedos pintados en su piel.

Era lo que más me gustaba hacer, marcarlo de alguna manera casi todas las noches para que pudiera mirarlos como un recordatorio cada mañana.

—Oye —dije, extendiendo mi brazo hacia él. Agarró mi mano, dejó su vino en la mesa y se sentó en mi regazo—. Sabes que te amo, ¿verdad?

—Sí —dijo vacilante.

—Eres todo para mí, Sunoo. Me encontraste cuando honestamente había renunciado a encontrar a alguien. Estaba solo, escondido y cerrado a cualquiera, y tu caminaste con tus hermosos ojos y tu boca descarada y me arrastraste de inmediato. Me diste algo que no sabía que podía tener.

Él se rió y se inclinó para darme un beso.

Sus labios sabían a sol y vino.

—Mi boca descarada es mi mejor característica, me han dicho —dijo, sonriéndome.

—Siento contradecir. Cualquiera que diga eso no ha visto tu espectacular culo. —para hacer entender mi punto, lo apreté y soltó un pequeño quejido.

Probablemente todavía estaba adolorido por los golpes que recibió anoche.

—Tú no estás tan mal —dijo con una sonrisa.

—Es bueno saberlo. —dije, acercándolo más a mi pecho—. Porque me preguntaba si te gustaría jugar otro juego.

—¿Qué tipo de juego? —se sentó más erguido y me miró con sospecha.

—Entonces —dije, buscando en mi bolsillo y tratando de sostenerlo al mismo tiempo—. Es un juego similar al primero.

—¿El “solo por una noche, divirtámonos”? —preguntó, arqueando una ceja.

—Sí, pero en lugar de ser solo una noche —dije cuando mis dedos finalmente encontraron el anillo en mi bolso—. Me preguntaba si te gustaría hacerlo un poco más permanente —saqué el anillo y lo sostuve para que lo viera.

Su boca se abrió y sus ojos se agrandaron, pasando del anillo a mí y viceversa.

Sonreí.

—¿Qué? —tartamudeó.

—¿Quieres casarte conmigo, Sunoo?

Algo entre una risa y un grito salió de él mientras me rodeaba el cuello con los brazos, prácticamente cortándome las vías respiratorias.

Hipo y pasó sus dedos por mi cabello.

Después de algunas de sus respiraciones profundas, comencé a preocuparme de que no iba a obtener una respuesta.

Mi brazo que estaba alrededor de su cintura se apretó.

—Entonces —dije, sus brazos amortiguando mi voz—. ¿Eso es un sí o ...?

Él se empujó hacia atrás y agarró mi cara con ambas manos, mirando directamente a mi maldita alma.

Nunca me acostumbraría a que me dejara sin aliento con una sola mirada.

—Obviamente que es un sí —dijo y luego extendió su mano para que le pusiera el anillo. Lo había enviado a personalizar solo para él con algo que solo entendiéramos nosotros dos.

Continué y le puse el anillo en el dedo anular.

El calor se extendió por mi cuerpo al ver una representación física de un cambio en nuestras vidas.

Lo miré, viendo las lágrimas caer por sus mejillas mientras se las limpiaba con saña.

Era tan bonito cuando lloraba.

—Me encanta —me besó y yo lamí las lágrimas saladas de sus labios—. Te amo —me besó de nuevo.

A medida que el beso se hizo más profundo, mi polla captó la indirecta y cobró vida, endureciéndose debajo de él.

Gimió en mi boca mientras cambiaba su peso, tratando de sentarse a horcajadas sobre mis caderas.

—Nunca me cansaré de esto —dijo contra mi boca. Mis manos vagaron por su cuerpo, apretando y tanteando cada gramo de carne que pude conseguir—. ¿Quieres follar a tu prometido? —preguntó mientras comenzaba a bajarse de mi regazo. Su sonrisa fue un desafío que estaba dispuesto a aceptar.

Sus manos fueron a la parte de abajo de su camiseta, sacándosela por la cabeza.

La arrojo al suelo a sus pies, y mi polla se tensó casi dolorosamente contra mis jeans.

Me recliné en la silla y me acomodé.

Sus ojos fueron a mi entrepierna y se lamió los labios.

—Y la parte de abajo —dije, señalando el short demasiado corto que aún vestía.

Sus ojos se encontraron con los míos mientras me daba la espalda y sus labios se curvaron en una sonrisa seductora.

Lentamente, jodidamente lento, se dio la vuelta para darme una vista completa de su culo mientras se sacaba la lycra junto con los calzoncillos y los bajaba por esos muslos tonificados.

Bebí cada segundo.

Se puso de pie, saliendo de ellos.

Me miró expectante, esperando mi orden como él buen chico que era.

Hice que se quedara allí un rato, dejándolo frustrarse y sonrojarse bajo mi mirada antes de tomar el control.

—Ponte de rodillas.

Él sonrió, sus ojos se volvieron intranquilos, y luego, de repente, se fue, riendo y corriendo de regreso a la casa.

Mi sangre se calentó y mi pene tembló ante el desafío.

Que empiece el juego.