Chapter Text
Cuando abrió los ojos otra vez, solo se agachó. No dijo nada e intentó hacerse lo más pequeño posible. El grupo, supuso, por los ruidos de pisadas que se alejaban sin que se diera cuenta, lo que ocurría.
«¿Por qué Ragata dijo que estaba bien?», se preguntaba. No entendía por qué a él sí le dolía y a ellos no. No tenía sentido.
Esta vez, Jax no queriendo que se vayan sin el como en uno de los bucles, los alcanzo antes de que se fueran muy lejos. Lo que no esperaba era que un montón de monos cayeran y le tiraran de las orejas.
"N-no, aléjate" suplicó.
El tacto del mono le había recordado al animal. Y eso lo desespero y lo empezó a tirar no queriendo que lo tocaran tanto
"J-Jax, tranquilo, no te van a hacer nada" dijo Ragata nerviosa por lo desesperado que estaba
Jax se estremecio y entrecerró los ojos aún intentado sacarse los monos de encima. «Lo mismo dijo con aquel animal, y terminé con más dolor». Ragata alzó las cejas, insegura de por qué la miraba así. El rey y la Reyna se acercaron y le ayudaron hablando a Ragata que igual dolía un poco que le hicieran eso Después, Ragata se dio la vuelta y caminó rápidamente con el grupo ya que Jax no parecía que hiba a decir el porque.
"Está bien Jax no te estresas tanto solo mantente a la distancia y nada malo pasará" dijo el rey Jax lo miró dudoso y asintió.
Después de esa conversación Jax los siguió aún en silencio y sin llamar la atención.
Cuando estaban llegando al final de la selva, vieron un castillo. La parte que había que subir hasta arriba, eso hicieron, y un mono gigante se plantó al frente.
Una espada apareció frente a él. Decía: «Gana al mono y libera a la princesa».
El dolor que llegó esta vez fue el de un puño. El pitido y el dolor de cabeza llegaron repentinamente. Después, sintió que le agarraban los pies. El dolor en su espalda fue lo siguiente. Sintió como cada hueso se rompía, sus costillas se hacían polvo en cada golpe. El pitido, aún presente, se intensificó. Después, con un fuerte *crack*, eso fue lo último que se escuchó antes de cerrar los ojos.
Y el mundo Parpadiara.
Jax se separó del grupo sin pensarlo demasiado solo. O quería morir eso es lo único que se le pasaba por la cabeza en ese momento. No sabía si lo hacía por decisión propia o porque su cuerpo se movía solo para que se alejara del lugar. Su mente ya no estaba reaccionando. su cabeza ya no procesaba nada bien. Cada paso que daba se sentía como si no fuera suyo.
Los árboles se volvían borrosos.
El suelo parecía inclinarse y enderezarse sin seguir ninguna lógica.
No sentía miedo, ni cansancio, ni nada.
Solo un vacío raro, frío. Shock.
La razón por la que quería irse desaparecida a cada paso.
Sus orejas se movían delante de sus ojos, pero ni siquiera intentó apartarlas. No estaba pensando. No estaba presente.
Y entonces, sin darse cuenta, el suelo desapareció bajo sus pies.
Cayó.
Solo eso. Sin grito, sin reacción. Como si su cuerpo hubiera decidido rendirse antes que él.
Al principio no sintió nada.
Ni el viento, ni el golpe.
Solo un silencio enorme, como si alguien hubiera apagado su mente.
Después, algo volvió de golpe.
El dolor.
Un ardor en la espalda, huesos que se hundían hacia adentro, y un vacío extraño donde debería estar su pierna. Miró hacia abajo, lento, como si ver su cuerpo fuera una tarea demasiado complicada. Su piernas no estaba. Simplemente no estaba.
Pero aun así… no dolía como debería.
«quiero a mi familia…», pensó, y ni siquiera sabía si lo había pensado de verdad.
La noche cayó, o quizá ya estaba ahí desde hace rato. No sabía cuánto tiempo había pasado. Podían haber sido minutos o horas. Todo era igual. Todo era silencioso.
El aire empezó a irse. Sus pulmones ya no respondían bien.
El pecho se le endurecía, como si una mano fría lo apretara desde dentro.
Los ojos le ardían. ¿Eran lágrimas? No caían.
Solo veía las estrellas, hermosas y lejanas. Quería decir algo, pero no tenía fuerza para mover la boca.
Un escalofrío lo recorrió.
Luego otro.
Y otro más.
Su cuerpo empezó a sacudirse, temblando sin control. No entendía qué estaba pasando. Tampoco podía pensar lo suficiente para entenderlo.
El dolor en el pecho se volvió insoportable.
Su corazón empezó a fallar. Lo sentía. Cada latido era más débil que el anterior.
El miedo, por fin, regresó.
Tarde.
«No quiero morir… quiero ir con mi familia… no quiero morir… quiero ir con mi familia....no quiero morir…»
El último temblor lo sacudió entero, el dolor en el pecho volvió con venganza.
Y el mundo parpadeó.
Jax volvió. Otra vez le preguntaron si estaba bien, y él negó, pero no explicó el porqué. Si lo decía, estaba seguro de que lo llevarían donde estaban las dos cosas malas. Al menos al barranco no lo llevarían, supuso ingenuamente. Pero igual no les contó.
Al final, terminó igualmente frente al mono, con la espada en mano, siendo molido a golpes hasta morir.
El mundo parpadeó.
Despertó otra vez en el bosque.
De verdad no entendía qué tenía que hacer. No podía enfrentarse al mono gigante, tampoco al otro animal, y ya estaba harto del dolor. Solo quería volver a casa, o a cualquier lugar donde no lo mataran por respirar. Con eso le bastaba.
Al final, siguió al grupo otra vez, esperando no morir en el intento.
La diferencia fue que esta vez, en vez de quedarse con la espada, les dijo a los otros que lo distrajeran mientras él buscaba la corona. Ellos aceptaron: querían irse, igual que él, aunque por distintas razones.
Pero el mono lo vio igual. Los otros no pudieron entretenerlo lo suficiente.
Esta vez, su muerte fue más rápida: el mono le pegó directamente en el cráneo y lo dejó sin aire.
El mundo parpadeó.
Esa vez hizo lo mismo, pero llevó al rey con él y le pidió que, si aparecía el mono, lo distrajera. El rey aceptó, y así finalmente pudieron salir del bosque.
El dentudo, Caín, los felicitó. Les dijo que tendrían un festín.
Jax no tenía hambre, no después de todo lo que había vivido. Así que le preguntó a Caín si podía guiarlo a su habitación, el pensó en su familia le pregunto a Caín pero el volvió a repetir lo que antes avía dicho el suspirando dejo lo de su familia archivado capas algún día puedo volver con su familia pensó positivamente.
Pero era difícil.
Pero que más podía hacer....
