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Kiwi (Not your fucking problem)

Summary:

Tras capitanear a Canada hasta la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sochi en 2014, Shane Hollander desapareció sin dejar rastro.
En pleno 2018, Ilya Rozanov se encuentra de bruces con un niño de tres años capaz de realizar su famoso disparo marca registrada.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Apaga el cigarrillo en la suela de su bota, desechando la colilla en uno de los ceniceros de la zona de fumadores. Con los años se ha adaptado a las estúpidas normas canadienses, aunque sigan sin gustarle. Él nunca va tirando sus colillas por ahí, y procura no fumar cerca de la gente. ¿Qué mas da que lo haga dos metros mas aquí o mas allá? Estúpidos y molestos canadienses. 

- Ah, ahí están. - Marlow se mantiene a su lado por solidaridad, aunque podría haberse mantenido bajo el tejadillo del edificio en lugar de aventurarse junto a él en la nieve por su mala costumbre de fumar. Seguro que está contento de poder alejarse por fin. 

Dos figuras grandes se aproximan al edificio e Ilya y Cliff caminan hacia ellos. Ilya ha coincidido antes con ambos  e incluso ha conversado en alguna ocasión con el bueno de Hayes, pero es su primer contacto con Boodram fuera del hielo. Sabe que es el capitán de los Centauros de Ottawa, pero siendo sincero nunca ha prestado demasiada atención al peor equipo de la liga. No cree que pudiese seguir jugando al hockey si no hiciese mas que perder partidos. 

Saluda a Hayes con un asentimiento de cabeza mientras Marlow abraza a Boodram. Como esos dos terminaron siendo amigos es algo que todavía no comprende. Tampoco le extraña, Marlow saca amigos de debajo de las piedras, es como su superpoder. Y eso los lleva al motivo por el que se están congelando las pelotas fuera de una pista de patinaje en la maldita Ottawa. 

Resulta que los Centauros son el peor equipo de la liga, pero también son increíblemente solidarios y cercanos con la gente de su ciudad. Así que cuando supieron que Boston tenía tres días libres tras el partido que los enfrentaría en Canadá, Boodram invitó a Marlow a visitar a sus equipos infantiles, alegando que por una vez querrían ver a campeones. Cuando Cliff se lo comentó a Ilya, no dudó en unirse al plan. No había nada que hacer en Boston y cualquier plan que incluya niños siempre anima a Ilya. 

- ¿Listos para los gritos? - Boodram palmea fuerte el hombro de Ilya antes de recolocarse la gran bolsa deportiva que carga sobre el hombro, dando también un par de golpes a la lona. - Siempre les traemos merch de los cents, hay que mantener viva a la afición desde pequeños. Aunque siempre acaben yéndose a equipos mejores cuando crecen, no hay que perder la esperanza. 

Ilya sonríe de medio lado, tomando nota para aparecer la próxima vez con un cargamento de camisetas de Rozanov en todas las tallas infantiles. Un shock para los pobres padres canadienses. Será grandioso. 

Los cuatro se adentran en la pista. Apenas hay una docena de filas en las gradas que duda se hayan llenado nunca, un puesto cerrado de perritos calientes y un par de máquinas de bebidas. Ilya había entrenado en una pista similar en sus primeros años en Rusia, cuando su madre aún vivía. Poco después de que muriese empezó a desquitarse en el hielo y su entrenador pronto recomendó un centro de alto rendimiento. Nunca volvió a su primera pista, y ahora que su padre ha muerto ya no lo hará. Ha cortado sus lazos con Rusia, esta vez para siempre. 

El roce de las cuchillas en el hielo y los golpes de los palos son familiares a estas alturas, pero las risas alegres e infantiles no tanto. Ilya sonríe instintivamente. Va a ser una buena tarde, ya puede sentirlo. En cuanto se acercan al hielo ve un grupo de niños muy pequeños patinando - en su mayoría - muy torpemente. Hay dos porterías infantiles colocadas a lo ancho de la pista, ocupando sólo media cancha. 

Cliff y él siguen a los dos centauros hasta uno de los banquillos en la mitad de la pista vacía, dejando caer las bolsas con sus patines antes de quitarse las capas de abrigo mas molestas y calzarse las cuchillas. - Ese pequeño demonio... si su padre lo permite, podría conseguir la primera copa para Ottawa. 

Ilya levanta la vista, ligeramente interesado. - ¿Tan pocas esperanzas tienes en tu propio equipo, Boodram?¿Tienes que ponerlas todas en un niño de, qué, seis años? - Boodram ríe al otro lado del banco. - Esperemos que llegue antes, pero si no, él la conseguirá. - Señala hacia el otro lado de la pista. Allí, alejado del grupo de patinadores torpes, hay un niño mucho mas pequeño patinando a gran velocidad mientras zigzaguea una pastilla a través de unos conos de plástico colocados en el hielo. No lleva equipo de hockey como el resto de los chicos: apenas coderas y rodilleras, un casco con jaula y guantes. 

- El pequeño gecko ni siquiera tiene edad oficial para entrenar con el resto. Por suerte para él, su padre es el entrenador de todos los grupos infantiles, así que pasa tantas horas sobre el hielo como quiere. - Ilya no puede evitar observarlo un poco mas. Es definitivamente pequeño. No sabe mucho de las edades infantiles mas allá de los hijos de sus compañeros de equipo. Pero si los demás niños sobre el hielo son el grupo de seis y siete años, este pequeño patinador no puede tener más de tres o cuatro. 

Ilya se pone en pie una vez termina de atar sus patines, pisando el hielo junto a los otros tres hombres. El niño es el primero en notarlos, dejando caer los guantes y el palo para patinar a toda velocidad hacia ellos. - ¡tío Bood! - Se lanza directamente a los brazos del centauro, quien ya estaba preparado para recibirlo. Reciben algo de atención a distancia del grupo de infantiles, pero su entrenador los devuelve pronto a la práctica, aunque la interrupción ha provocado una pequeña caída en dominó de varios jugadores. 

- Te he traído un regalo, Noah. - Bood tiene al niño sentado en uno de sus brazos y como en una ocurrencia tardía, le tapa los ojos con una mano. Aunque en realidad le tapa toda la cara con esa mano gigante. - Tienes que cerrar los ojos ahora, ¿de acuerdo? 

El niño asiente detrás de esa gran mano y cuando Boodram la aparta, Ilya puede ver que ha cerrado los ojos tras la visera de su casco. - Bien, buen chico. Ahora, he traído a unos nuevos amigos para jugar. ¿Quieres decirles por favor, quien es tu jugador favorito? - Wyatt Hayes se lleva la mano a la boca para silenciar una carcajada, pero sus ojos se dirigen directamente a Ilya. 

Oh, esto es como la mañana de navidad. Ilya no puede estar mas sorprendido. ¿Un pequeño fan en Ottawa? No lo creerá hasta que lo oiga. Puede ver como el niño frunce las cejas, obteniendo un aspecto de gatito enfadado. Una ligera punzada sacude el corazón de Ilya. Le recuerda mucho a Hollander. No debería seguir pensando así en una sombra de su pasado. Pero que desapareciese tan repentinamente no hizo nada bueno por el enamoramiento adolescente de Ilya. 

Habían tenido algo; conectaron antes de su temporada de novatos y siguieron viéndose durante los siguientes años. Se encontraron aquí y allá, en habitaciones de hotel y en el extraño edificio que Hollander compró para ellos. Y luego, después de que Ilya lo ignorase deliberadamente en Sochi, desapareció. Abandonó a los Metros, la MHL y aparentemente, la faz de la tierra, porque nadie había vuelto a saber de él. Cuando Ilya reunió el valor para buscar respuestas casi un año mas tarde, sus mensajes no llegaron. Shane lo había bloqueado, igual que al resto del mundo. Pero se había quedado enquistado en su corazón, como una herida que no había cicatrizado bien. 

- ¡Rozanov! - Ilya parpadea fuera de sus recuerdos, obligándose a sonreír ante la emoción del niño en los brazos de Boodram. Marlow le da un codazo en las costillas mientras los tres hombres a su alrededor se ríen con fuerza. 

- Entonces supongo que es tu día de suerte. Abre los ojos, Noah. - El niño obedece a Bood como si fuese dios en la tierra, pero sus ojos se abren mucho mas cuando ve a su ídolo frente a él, de carne y hueso. - Hala... - Ilya ríe también, pero extiende su mano lo mas formal que puede. - Encantado, Noah. Soy Ilya. 

Noah sonríe tanto que parece que su cara se va a partir en dos. Estrecha su pequeña mano alrededor del pulgar del mayor y se sacude para que Bood lo deje de nuevo en el hielo. 

Boodram mira directamente a Ilya, sonriendo como si fuese el mejor día de su vida. - ¿Quieres ver algo alucinante? - Se agacha frente al niño, acunando sus manos contra el oído del infante para susurrar algo. El chiquillo se ilumina como una bombilla, saltando sobre el hielo. - ¡Si!¡Si, si, si!¿Puedo? - Boodram asiente y Wyatt parece saber de que están hablando, porque se mueve por el hielo para conseguir una de las pequeñas porterías de práctica mientras el niño patina de vuelta a por sus guantes, su stick y una pastilla. 

Wyatt se detiene a un lado de la pequeña portería mientras Noah se coloca en la línea azul, apoyándose en el palo mientras mira fijamente a la portería como si le estuviese ofendiendo personalmente, subiendo su visera. - ¡Así no! Sin portero no es divertido. 

Ilya no puede evitar reír. Si Hayes se pone frente a esa portería infantil, no habrá hueco por el que marcar. - ¿por qué no pruebas tu, Rozy? Es sólo un niño de tres años, seguro que hasta un portero nulo como tu puede con ello. - Alza las cejas ante la provocación de Hayes, pero supone que será algo mas justo para el chiquillo. De los cuatro adultos presentes, él es quizá el menos corpulento, aunque no es precisamente pequeño. De todas formas patina hasta colocarse frente a la portería, arrodillándose sobre el frío hielo y mirando al niño a unos metros de él, animándolo con un gesto de cabeza.

Parece convencido, porque asiente y se coloca en posición, bajando la visera y la jaula. Se toma unos segundos antes de arrancar a patinar a toda velocidad, manejando la pastilla como si estuviese pegada a su cinta. Los movimientos le resultan familiares, aunque no logra ubicar de donde. Cuando está a distancia de tiro, cambia a su revés e Ilya se mueve instintivamente. Es demasiado tarde, se da cuenta como un idiota, cuando ve que el niño ha dejado el disco donde estaba y a la velocidad del rayo lanza un tiro de muñeca que le pasa a Ilya por el costado, estrellándose contra el fondo de la red. 

Ilya parpadea confuso y alucinado a partes iguales. Eso ha sido... ¿un Rozanov? - ¿Qué demonios...? - Mira al niño, que jadea frente a él pero vuelve a una posición relajada segundos después, sonriendo ampliamente cuando tres hombres adultos lo jalean como si hubiese ganado una copa Stanley. - Pero... ¿Cuántos años tienes? - Ilya está realmente sorprendido mientras vuelve a ponerse en pie. Suponía que los jugadores de todo el mundo estarían practicando su movimiento. No por nada es el mejor jugador del mundo. Los novatos mas recientes han crecido con sus jugadas y sus posters en las paredes. Pero todavía no ha visto a nadie replicar su jugada, ni siquiera en video. ¿Y ahora este niño pequeño puede? 

- Tres años, Rozanov. Ponte al día. Este muchacho va a comerte por los pies. - Bood tiene las manos en los hombros del niño como un guardián. - Lo lleva en los genes. Va a ser una maldita leyenda del hockey. 

- Papi dice que no hay que ser presumido, tío Bood. - Ilya rueda los ojos, pero Boodram suelta una carcajada, disculpándose con el muchacho. No puede concentrarse mucho mas cuando de pronto una veintena de jugadores de hockey en miniatura los rodean. La clase debe haber terminado y enseguida se ponen en su mejor comportamiento para responder a todos los gritos y exigencias que la presencia inesperada de los dos campeones de liga genera. 

Ilya levanta la mirada un segundo del chico que intenta que firme su camiseta de entrenamiento. Noah está de vuelta en el otro lado de la pista, ayudando con agilidad al entrenador a recolocar todo para la siguiente clase. Un nudo se asienta en su garganta, impidiéndole respirar. Podría reconocer esa forma de patinar entre un millón. 

El jodido Shane Hollander.