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Kiwi (Not your fucking problem)

Summary:

Tras capitanear a Canada hasta la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sochi en 2014, Shane Hollander desapareció sin dejar rastro.
En pleno 2018, Ilya Rozanov se encuentra de bruces con un niño de tres años capaz de realizar su famoso disparo marca registrada.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Apaga el cigarrillo en la suela de su bota, desechando la colilla en uno de los ceniceros de la zona de fumadores. Con los años se ha adaptado a las estúpidas normas canadienses, aunque sigan sin gustarle. Él nunca va tirando sus colillas por ahí, y procura no fumar cerca de la gente. ¿Qué mas da que lo haga dos metros mas aquí o mas allá? Estúpidos y molestos canadienses. 

- Ah, ahí están. - Marlow se mantiene a su lado por solidaridad, aunque podría haberse mantenido bajo el tejadillo del edificio en lugar de aventurarse junto a él en la nieve por su mala costumbre de fumar. Seguro que está contento de poder alejarse por fin. 

Dos figuras grandes se aproximan al edificio e Ilya y Cliff caminan hacia ellos. Ilya ha coincidido antes con ambos  e incluso ha conversado en alguna ocasión con el bueno de Hayes, pero es su primer contacto con Boodram fuera del hielo. Sabe que es el capitán de los Centauros de Ottawa, pero siendo sincero nunca ha prestado demasiada atención al peor equipo de la liga. No cree que pudiese seguir jugando al hockey si no hiciese mas que perder partidos. 

Saluda a Hayes con un asentimiento de cabeza mientras Marlow abraza a Boodram. Como esos dos terminaron siendo amigos es algo que todavía no comprende. Tampoco le extraña, Marlow saca amigos de debajo de las piedras, es como su superpoder. Y eso los lleva al motivo por el que se están congelando las pelotas fuera de una pista de patinaje en la maldita Ottawa. 

Resulta que los Centauros son el peor equipo de la liga, pero también son increíblemente solidarios y cercanos con la gente de su ciudad. Así que cuando supieron que Boston tenía tres días libres tras el partido que los enfrentaría en Canadá, Boodram invitó a Marlow a visitar a sus equipos infantiles, alegando que por una vez querrían ver a campeones. Cuando Cliff se lo comentó a Ilya, no dudó en unirse al plan. No había nada que hacer en Boston y cualquier plan que incluya niños siempre anima a Ilya. 

- ¿Listos para los gritos? - Boodram palmea fuerte el hombro de Ilya antes de recolocarse la gran bolsa deportiva que carga sobre el hombro, dando también un par de golpes a la lona. - Siempre les traemos merch de los cents, hay que mantener viva a la afición desde pequeños. Aunque siempre acaben yéndose a equipos mejores cuando crecen, no hay que perder la esperanza. 

Ilya sonríe de medio lado, tomando nota para aparecer la próxima vez con un cargamento de camisetas de Rozanov en todas las tallas infantiles. Un shock para los pobres padres canadienses. Será grandioso. 

Los cuatro se adentran en la pista. Apenas hay una docena de filas en las gradas que duda se hayan llenado nunca, un puesto cerrado de perritos calientes y un par de máquinas de bebidas. Ilya había entrenado en una pista similar en sus primeros años en Rusia, cuando su madre aún vivía. Poco después de que muriese empezó a desquitarse en el hielo y su entrenador pronto recomendó un centro de alto rendimiento. Nunca volvió a su primera pista, y ahora que su padre ha muerto ya no lo hará. Ha cortado sus lazos con Rusia, esta vez para siempre. 

El roce de las cuchillas en el hielo y los golpes de los palos son familiares a estas alturas, pero las risas alegres e infantiles no tanto. Ilya sonríe instintivamente. Va a ser una buena tarde, ya puede sentirlo. En cuanto se acercan al hielo ve un grupo de niños muy pequeños patinando - en su mayoría - muy torpemente. Hay dos porterías infantiles colocadas a lo ancho de la pista, ocupando sólo media cancha. 

Cliff y él siguen a los dos centauros hasta uno de los banquillos en la mitad de la pista vacía, dejando caer las bolsas con sus patines antes de quitarse las capas de abrigo mas molestas y calzarse las cuchillas. - Ese pequeño demonio... si su padre lo permite, podría conseguir la primera copa para Ottawa. 

Ilya levanta la vista, ligeramente interesado. - ¿Tan pocas esperanzas tienes en tu propio equipo, Boodram?¿Tienes que ponerlas todas en un niño de, qué, seis años? - Boodram ríe al otro lado del banco. - Esperemos que llegue antes, pero si no, él la conseguirá. - Señala hacia el otro lado de la pista. Allí, alejado del grupo de patinadores torpes, hay un niño mucho mas pequeño patinando a gran velocidad mientras zigzaguea una pastilla a través de unos conos de plástico colocados en el hielo. No lleva equipo de hockey como el resto de los chicos: apenas coderas y rodilleras, un casco con jaula y guantes. 

- El pequeño gecko ni siquiera tiene edad oficial para entrenar con el resto. Por suerte para él, su padre es el entrenador de todos los grupos infantiles, así que pasa tantas horas sobre el hielo como quiere. - Ilya no puede evitar observarlo un poco mas. Es definitivamente pequeño. No sabe mucho de las edades infantiles mas allá de los hijos de sus compañeros de equipo. Pero si los demás niños sobre el hielo son el grupo de seis y siete años, este pequeño patinador no puede tener más de tres o cuatro. 

Ilya se pone en pie una vez termina de atar sus patines, pisando el hielo junto a los otros tres hombres. El niño es el primero en notarlos, dejando caer los guantes y el palo para patinar a toda velocidad hacia ellos. - ¡tío Bood! - Se lanza directamente a los brazos del centauro, quien ya estaba preparado para recibirlo. Reciben algo de atención a distancia del grupo de infantiles, pero su entrenador los devuelve pronto a la práctica, aunque la interrupción ha provocado una pequeña caída en dominó de varios jugadores. 

- Te he traído un regalo, Noah. - Bood tiene al niño sentado en uno de sus brazos y como en una ocurrencia tardía, le tapa los ojos con una mano. Aunque en realidad le tapa toda la cara con esa mano gigante. - Tienes que cerrar los ojos ahora, ¿de acuerdo? 

El niño asiente detrás de esa gran mano y cuando Boodram la aparta, Ilya puede ver que ha cerrado los ojos tras la visera de su casco. - Bien, buen chico. Ahora, he traído a unos nuevos amigos para jugar. ¿Quieres decirles por favor, quien es tu jugador favorito? - Wyatt Hayes se lleva la mano a la boca para silenciar una carcajada, pero sus ojos se dirigen directamente a Ilya. 

Oh, esto es como la mañana de navidad. Ilya no puede estar mas sorprendido. ¿Un pequeño fan en Ottawa? No lo creerá hasta que lo oiga. Puede ver como el niño frunce las cejas, obteniendo un aspecto de gatito enfadado. Una ligera punzada sacude el corazón de Ilya. Le recuerda mucho a Hollander. No debería seguir pensando así en una sombra de su pasado. Pero que desapareciese tan repentinamente no hizo nada bueno por el enamoramiento adolescente de Ilya. 

Habían tenido algo; conectaron antes de su temporada de novatos y siguieron viéndose durante los siguientes años. Se encontraron aquí y allá, en habitaciones de hotel y en el extraño edificio que Hollander compró para ellos. Y luego, después de que Ilya lo ignorase deliberadamente en Sochi, desapareció. Abandonó a los Metros, la MHL y aparentemente, la faz de la tierra, porque nadie había vuelto a saber de él. Cuando Ilya reunió el valor para buscar respuestas casi un año mas tarde, sus mensajes no llegaron. Shane lo había bloqueado, igual que al resto del mundo. Pero se había quedado enquistado en su corazón, como una herida que no había cicatrizado bien. 

- ¡Rozanov! - Ilya parpadea fuera de sus recuerdos, obligándose a sonreír ante la emoción del niño en los brazos de Boodram. Marlow le da un codazo en las costillas mientras los tres hombres a su alrededor se ríen con fuerza. 

- Entonces supongo que es tu día de suerte. Abre los ojos, Noah. - El niño obedece a Bood como si fuese dios en la tierra, pero sus ojos se abren mucho mas cuando ve a su ídolo frente a él, de carne y hueso. - Hala... - Ilya ríe también, pero extiende su mano lo mas formal que puede. - Encantado, Noah. Soy Ilya. 

Noah sonríe tanto que parece que su cara se va a partir en dos. Estrecha su pequeña mano alrededor del pulgar del mayor y se sacude para que Bood lo deje de nuevo en el hielo. 

Boodram mira directamente a Ilya, sonriendo como si fuese el mejor día de su vida. - ¿Quieres ver algo alucinante? - Se agacha frente al niño, acunando sus manos contra el oído del infante para susurrar algo. El chiquillo se ilumina como una bombilla, saltando sobre el hielo. - ¡Si!¡Si, si, si!¿Puedo? - Boodram asiente y Wyatt parece saber de que están hablando, porque se mueve por el hielo para conseguir una de las pequeñas porterías de práctica mientras el niño patina de vuelta a por sus guantes, su stick y una pastilla. 

Wyatt se detiene a un lado de la pequeña portería mientras Noah se coloca en la línea azul, apoyándose en el palo mientras mira fijamente a la portería como si le estuviese ofendiendo personalmente, subiendo su visera. - ¡Así no! Sin portero no es divertido. 

Ilya no puede evitar reír. Si Hayes se pone frente a esa portería infantil, no habrá hueco por el que marcar. - ¿por qué no pruebas tu, Rozy? Es sólo un niño de tres años, seguro que hasta un portero nulo como tu puede con ello. - Alza las cejas ante la provocación de Hayes, pero supone que será algo mas justo para el chiquillo. De los cuatro adultos presentes, él es quizá el menos corpulento, aunque no es precisamente pequeño. De todas formas patina hasta colocarse frente a la portería, arrodillándose sobre el frío hielo y mirando al niño a unos metros de él, animándolo con un gesto de cabeza.

Parece convencido, porque asiente y se coloca en posición, bajando la visera y la jaula. Se toma unos segundos antes de arrancar a patinar a toda velocidad, manejando la pastilla como si estuviese pegada a su cinta. Los movimientos le resultan familiares, aunque no logra ubicar de donde. Cuando está a distancia de tiro, cambia a su revés e Ilya se mueve instintivamente. Es demasiado tarde, se da cuenta como un idiota, cuando ve que el niño ha dejado el disco donde estaba y a la velocidad del rayo lanza un tiro de muñeca que le pasa a Ilya por el costado, estrellándose contra el fondo de la red. 

Ilya parpadea confuso y alucinado a partes iguales. Eso ha sido... ¿un Rozanov? - ¿Qué demonios...? - Mira al niño, que jadea frente a él pero vuelve a una posición relajada segundos después, sonriendo ampliamente cuando tres hombres adultos lo jalean como si hubiese ganado una copa Stanley. - Pero... ¿Cuántos años tienes? - Ilya está realmente sorprendido mientras vuelve a ponerse en pie. Suponía que los jugadores de todo el mundo estarían practicando su movimiento. No por nada es el mejor jugador del mundo. Los novatos mas recientes han crecido con sus jugadas y sus posters en las paredes. Pero todavía no ha visto a nadie replicar su jugada, ni siquiera en video. ¿Y ahora este niño pequeño puede? 

- Tres años, Rozanov. Ponte al día. Este muchacho va a comerte por los pies. - Bood tiene las manos en los hombros del niño como un guardián. - Lo lleva en los genes. Va a ser una maldita leyenda del hockey. 

- Papi dice que no hay que ser presumido, tío Bood. - Ilya rueda los ojos, pero Boodram suelta una carcajada, disculpándose con el muchacho. No puede concentrarse mucho mas cuando de pronto una veintena de jugadores de hockey en miniatura los rodean. La clase debe haber terminado y enseguida se ponen en su mejor comportamiento para responder a todos los gritos y exigencias que la presencia inesperada de los dos campeones de liga genera. 

Ilya levanta la mirada un segundo del chico que intenta que firme su camiseta de entrenamiento. Noah está de vuelta en el otro lado de la pista, ayudando con agilidad al entrenador a recolocar todo para la siguiente clase. Un nudo se asienta en su garganta, impidiéndole respirar. Podría reconocer esa forma de patinar entre un millón. 

El jodido Shane Hollander. 

Chapter Text

Ilya tiene que encontrar la forma de sobrevivir a los próximos diez minutos hasta que los mini jugadores de hockey desaparecen en los vestuarios y vuelve a quedarse a solas con Bood, Hayes y Cliff. Un nuevo grupo de mini jugadores han ido saltando al hielo al otro lado de la cancha. Puede ver a Noah hablando con algunos de ellos, patinando de aquí para allá como un pequeño insecto. Y tras él, observándolo como un halcón, Hollander. 

- ¿Ese es Shane Hollander? - Frunce el ceño hacia Bood y Hayes, que lo miran de vuelta como si fuese lo mas normal del mundo. ¿El puto Hollander ha estado desaparecido para el mundo desde Sochi y él es el único que se está volviendo loco aqui?

- ¿Hollander? - Cliff achina los ojos a su lado, observando a lo lejos. Ilya sabe que hace años que debería ponerse gafas, la edad no le está mejorando la vista. Al menos su amigo parece tan sorprendido como él. 

- No es un secreto precisamente... toda Ottawa sabe que entrena. De hecho tenemos mas jugadores de hockey que nunca desde que él está aquí. - Bood se encoge de hombros como si tal cosa e Ilya quiere zarandearlo. - Supongo que no ha salido a la luz porque a la prensa nunca le interesó el chico una vez que supieron que no volvería a jugar. 

- ¿Toda Ottawa sabe también por qué lo dejó? - Ilya no puede evitar preguntar con cierto resquemor. No puede ignorar la necesidad de información. Su lado terco se obliga a decir que es porque no ha disfrutado del hockey desde que su única competencia real desapareció de la carrera por la copa. Su corazón sabe que no es por eso. La herida mal cicatrizada se abre un poco, observándolo mientras dirige a un puñado de niños algo mas mayores que los anteriores a través de una serie de ejercicios. No son mucho mejores que el grupo previo. 

Bood resopla ante su pregunta, cruzando sus enormes brazos frente a su pecho. - ¿No es obvio? - Señala con la barbilla a Noah, quien escucha atentamente algo que Hollander le dice y acto seguido patina de vuelta hacia ellos con una bolsa de discos en brazos. 

El cerebro de Ilya sufre un cortocircuito, recopilando toda la información de la tarde mientras sigue la mirada de Bood hasta el niño, encajando las piezas difusas como si solo ahora pudiese completar el puzzle. Su padre es el entrenador de los grupos infantiles. Hollander entrena a los infantiles en Ottawa. Lo lleva en los genes. Shane Hollander es padre. De Noah, el niño fan de Ilya que es jodidamente capaz de ejecutar un Rozanov. ¿Qué clase de sueño extraño está viviendo?¿Es una pesadilla bizarra acaso? No puede evitar la sonrisa divertida que adorna su rostro. Oh, que ironía de la vida. El hijo de Shane Hollander ha resultado en un fan de Ilya Rozanov. 

El niño se detiene en la línea azul, dejando cuidadosamente la bolsa de pastillas en un lateral antes de colocar cuidadosamente una docena de ellas a unos metros de la línea azul, distribuidas por la zona de ataque. Wyatt Hayes enseguida patina hacia él, animado. - ¿Quieres practicar tus tiros, gecko? - Ilya puede ver al niño asentir decidido mientras coloca unas pocas pastillas mas, perfectamente alineadas. Definitivamente es hijo de Hollander. 

Cliff y Bood se mueven hacia la barrera y los sigue por instinto, observando al pequeño Hollander moviéndose por el hielo mientras dispara a la portería que Hayes defiende con cierta condescendencia. Aun así, puede ver el instinto y la habilidad del niño. Es increíblemente talentoso para tener tres años. Pero sabiendo lo que sabe ahora, no le sorprende tanto. 

- Confío en que no hagas una de las tuyas, Rozanov. - Desvía la mirada de Noah hasta Boodram, observando que está mas serio de lo que lo ha estado en toda la tarde. ¿Una de las suyas? - Esos dos son de la familia. Hollzy es un buen chico, y Noah es toda su vida. Sea lo que sea que tuvieseis cuando jugaba, quedó atrás, ¿si? Ya no es un rival para ti, así que sólo déjalo en paz, ¿bien? No lo ha tenido fácil. 

Ilya traga saliva, pero asiente sin desviar la mirada de los ojos oscuros de Boodram. Es claramente protector con los Hollander y puede respetar eso. Tampoco es que él fuese a hacer nada por herir a ninguno de ellos. - Tranquilo hombre. La rivalidad nunca fue real, mierda de prensa y esas cosas. Además, han pasado años, he ganado copas, tío. - Se encoge de hombros como si no fuese gran cosa, volviendo su cuerpo hacia la pista donde Noah y Hayes vuelven a colocar las pastillas en la línea de tiro imaginaria. Su mirada se desvía hacia el otro lado del hielo, Hollander supervisando los propios tiros a puerta de sus alumnos. 

Se mueve en el hielo, su cuerpo reaccionando antes que su mente. Se coloca tras Hollander Jr, observándolo lanzar los primeros tiros. Tras el sexto, se agacha a su lado y le indica de forma amable y pausada que pruebe a descender su agarre en el palo unos centímetros. El niño le mira con sus cejas fruncidas de nuevo. Ah, ahí está, el gatito enfadado Hollander 2.0. Ilya quiere reír por lo rocambolesco de la situación. - Pruébalo, si no funciona siempre puedes volver a lo anterior. A veces esta bien probar cosas nuevas, equivocarse y volver a probar otras diferentes. 

Noah asiente y reacomoda sus manos sobre el stick, afianzando su agarre. Ilya se incorpora de nuevo sin alejarse, observando. El primer golpe es un poco tembloroso y puede ver como el niño coge aire para el segundo golpe, cerrando los ojos unos segundos como si buscase concentración o iluminación divina. Cuando los abre, el disparo es claro y certero, directo a la esquina superior izquierda de la red. Ilya sonríe, buscando estúpidamente la complicidad en el niño. Pero mini Hollander sólo pasa al tercer disco, repitiendo tiros igual de certeros en los siguientes seis discos. 

Tras disparar el último relaja su postura y entonces si, devuelve su atención a Ilya. - ¡Gracias! Practicaré mas. - Una mano adulta se posa sobre su casco, meneándolo un poco. - Pero no ahora, gecko. Hora de merendar, no queremos que tu padre se enfade con nosotros por entretenerte. 

Noah resopla con evidente fastidio, pero asiente sin discutir. - ¿Puedo volver? - Hayes asiente y se gana una sonrisa a cambio. El niño sale volando hacia el banquillo mas cercano a las clases, volviendo a los pocos minutos con una pequeña mochila azul que no parece pesada. 

Se sienta en el banquillo junto a la enorme bolsa de Bood, que parece gigante al lado del tamaño del niño. Los dos centauros parecen cercanos al crío, como si estuviesen mas que acostumbrados a tratar con él, pero el vinculo con Bood parece algo mas. El capitán de los centauros se sienta a su lado y desabrocha sus coderas y su casco con familiaridad, retirándolos para dejarlos a un lado. - Gracias tío Bood. - Ilya está apoyado contra la barrera desde el lado del hielo, observando la interacción junto a los otros dos hombres. 

Suerte tiene de estar apoyado porque cuando el niño se gira hacia ellos con una sonrisa amplia llena de dientes, Ilya podría haberse caído redondo. La cabeza del chico está llena de rizos dorados aplastados por el sudor y esa sonrisa desvela un hoyuelo en su mejilla derecha y una hendidura en la barbilla aún mayormente oculta por la grasa de bebé. Si no fuese por los ojos rasgados y oscuros como el ónix, la nariz increíblemente recta y esas increíbles pecas en sus mejillas, Ilya juraría que estaba viendo una replica de carne y hueso de la única foto que conserva junto a su madre. En ella debe ser algo mas grande que Noah, dos o tres años mas, pero las similitudes son tantas que resulta aterrador.

Su cabeza va a toda velocidad, casi al compás de su corazón acelerado. ¿Es posible? No puede serlo. Sochi fue en 2014, Noah tiene tres años. La última vez que Hollander y él... todavía era 2013. Finales de 2013, en el edificio siniestro de Montreal. Podría ser. Pero no puede serlo. Siempre tuvieron cuidado. Ilya siempre es cuidadoso, considerando lo mucho que ha follado por el mundo. 

Traga saliva, sin dejar de observar al niño mientras bebe de su botella de agua y mastica cuidadosamente un sándwich de pavo. Contra mas lo mira, mas detalles registra y mas crece la idea en su cabeza. El arco de cupido en sus labios. El tono de piel ligeramente mas oscuro que el de Hollander. Ese punto de descaro y picardía que lleva viendo toda la tarde y que claramente no ha heredado del canadiense.

Mierda. Le va a dar un infarto. 

Antes de que pueda reaccionar, el grupo de niños termina el entrenamiento y se acercan a ellos en una masa sudorosa y excitada en busca de atención. Ilya responde en piloto automático, está seguro de estar decepcionando a estos niños. Pero su cabeza va a mil por hora y no puede evitar volver una y otra vez al niño sentado en la banca mordisqueando trozos de manzana. ¿Cómo no lo ha visto antes? Es tan obvio que resulta doloroso. 

Firma un último palo de hockey de forma descuidada y es entonces cuando una voz conocida a su espalda lo congela en el acto. - Lo siento chicos, los martes son siempre una locura. Gracias por recordarle al gecko que tiene que alimentarse. Lo juro por dios, este niño respira hockey. Empiezo a entender a mi madre. - Bood ríe y contesta algo que Ilya es incapaz de escuchar. Su corazón va a toda velocidad y cuando se da la vuelta puede ver el reconocimiento en el rostro de Hollander. Dura solo un segundo, pero sabe que no lo ha imaginado. El horror en sus ojos. 

Se recompone, claro que si, siempre lo hace. La sonrisa que Ilya había visto antes ha desaparecido y aunque se muestra indiferente, sabe que su mente está sufriendo un colapso, un ataque de pánico. Lo ha visto suficientes veces como para que no pueda engañarlo. No a él. 

Hollander sigue siendo increíblemente hermoso. Los ojos oscuros, la piel impecable excepto por esas endiabladas pecas, la mandíbula cincelada todavía mas varonil ahora que es adulto. Su pelo es algo mas largo, pero no tan impecable como antaño. Aun así, le queda bien. 

Blyat, Ilya. Que jodido estás. 

Debería odiarlo, lo sabe. Si realmente Noah es su hijo - de ambos - debería estar quemando el mundo ahora mismo. Debería gritarle hasta quedarse sin voz. Y sin embargo Ilya sólo se queda ahí, como un espectador mas, como si fuese un visitante, un varias veces campeón nacional visitando a grupos de jugadores de categorías infantiles un martes cualquiera. 

Ve a Hollander moverse hasta el banquillo, hasta Noah. Puede oír palabras sueltas, ambos chicos hablando entre ellos en susurros. - ¡Ojiichan! - Noah salta en el banco, sus patines desatados en el suelo. Se ve todavía mas pequeño sin los patines y las protecciones. Un hombre aparece tras las gradas y en cuanto está cerca Noah se abalanza sobre él. El niño se gira hacia los adultos en la pista por un instante, saludando con su pequeña mano antes de desaparecer por el túnel en brazos del hombre. 

Shane parece algo mas relajado cuando vuelve con ellos, pero Ilya todavía ve la tensión en su cuerpo. Evita el contacto visual entre ellos y si Ilya es justo, también es escueto con Cliff. Sólo parece sentirse cómodo con los dos centauros. Alza la mirada unos segundos hacia Cliff y él -Me alegra veros aquí, chicos... - suena a mentira, mentiroso, Hollander. - Voy a recoger las cosas de Noah, el grupo de alevines estará aquí en media hora y dan mucho mas trabajo. No me importa si interrumpís con ellos, son mas fáciles de volver a centrar que los infantiles. - Se encoje de hombros como si tal cosa y recoge los patines y protecciones del niño del banco antes de patinar con ello hasta el banco mas cercano a la zona de entrenamiento, guardándolo todo en una bolsa. 

No va a librarse de esta así de fácil. No, Ilya tiene un plan. O al menos el principio de uno. Ilya nunca ha sido bueno haciendo planes. Pero ha aprendido a controlar su impulsividad. Un poquito.

Chapter Text

La puerta exterior de la pista se abre sin mucho escándalo, una figura saliendo a la fría noche cargada con varias bolsas al hombro, dando dos vueltas a una llave en la cerradura. 

- Mientes fatal, siempre has mentido fatal. 

-¡Que carajo Rozanov! ¿Pretendes darme un infarto? - Hollander se lleva una mano al pecho, mirándolo asustado. Parece que podría estar sufriendo uno, a juzgar por su apariencia. Shane parece destrozado

Los Cents se fueron a casa hace mas de una hora e Ilya convenció a Cliff de volver al hotel. Y ha estado ahí fuera, esperando. Y fumando. Y ahí está, jodido de frío, de noche en la calle en la puta Ottawa en mitad de febrero, rodeado de nieve. Por el puto Shane Hollander. 

- ¿No crees que tenemos que hablar? - Puede verlo pasar en décimas de segundo: de la sorpresa a la irritación, al enfado, a la obstinación que le caracteriza. Se recompone rápido, una armadura de hielo y nieve creciendo alrededor del cuerpo del hombre. 

- No tengo nada que hablar contigo. - Avanza hacia uno de los vehículos en el parking, abriendo el maletero para dejar dentro las bolsas, ignorando el cuerpo del ruso a su espalda. 

- Ah, entonces supongo que ese niño es nada. - Es cuestión de segundos. En un momento Shane está descargando bolsas dando la espalda a Ilya y al siguiente lo sujeta por las solapas del abrigo,  presionando su cuerpo contra el lateral del coche. La ira es lo único que puede ver en sus ojos oscuros, ira dirigida hacia Ilya. 

- Ese niño es mi hijo, imbécil. Mío. No es tu jodido problema. - La fuerza en su abrigo se afloja, pero el empujón es firme cuando lo repite, empujando la espalda de Ilya contra la carrocería. Nunca lo había visto así de enfadado. Ilya cree que podría golpearlo de verdad. Shane el perfecto Hollander, quien nunca dejó caer los guantes. - Vuelve a Boston, Rozanov. No se te ha perdido nada aquí. 

Rodea el coche y se sube al asiento del conductor, arrancando sin pensar un segundo en si Ilya sigue apoyado en él. Se lleva la mano a la cara, presionando el puente de su nariz entre el pulgar y el índice. ¿Qué demonios? 


 

Esto no puede estar pasando. Joder, es su maldita pesadilla. La peor pesadilla que podría tener. ¿Por qué, de entre todos los jugadores del jodido mundo, tenía que ser Ilya Rozanov quien se presentase en su pista? Joder, Bood. 

Podrían mudarse, desaparecer. Su cuenta bancaria no está para dar volteretas, pero todavía le queda la cabaña. Podría vender la cabaña y empezar de cero. Ir a algún lugar remoto, donde Shane Hollander no significase nada, donde Ilya Rozanov nunca jamás los encontraría. 

Detiene el vehículo frente a la casa de sus padres, apoyando la frente en el volante y respirando hondo. Tiene que calmarse. No puede simplemente desaparecer. No otra vez. No es justo para Noah. No puede arrancarlo de su vida actual sólo porque tiene miedo. Pero joder, está tan asustado... Sólo puede rezar para que Rozanov no se haya dado cuenta. Para que no le importe y lo deje pasar. Para que la tonta amenaza de Shane le haya dejado claro que no lo quiere cerca. Que no lo necesitan. Que no lo quieren ahí. Se ha hecho cargo de todo durante los últimos cuatro años, gracias. Ahora el señor multimillonario campeón del mundo no va a llegar y llevárselo como a un trofeo mas. No. Antes muerto que renunciar a Noah. Pero si es sincero consigo mismo, sabe que no tiene con qué pelear. Si Rozanov reclama al niño, Shane tiene todas las de perder. 

El salón de sus padres lo recibe con aroma a cena recién hecha y una calidez que necesita desesperadamente. Se permite respirar hondo unos segundos antes de que una bala de cañón impacte contra sus piernas. - ¡Papá! - Sonríe y carga a su hijo contra su cadera, oliendo el champú infantil en sus rizos dorados, todavía algo húmedos. - Hola solnishko. ¿Has sido bueno para  obaachan y ojiichan? - el niño asiente, abrazado a su pecho. Puede notar que el cansancio del día lo derribará pronto. Lo mueve para sujetarlo con ambos brazos, Noah acompasando sus respiraciones con el latido de su propio corazón. Siempre ha caído dormido como un ángel cuando está en sus brazos. Su pequeño gecko. 

Besa la mejilla de su madre, sentándose a la isla de la cocina todavía sin soltar al niño adormecido en sus brazos. Normalmente lo acostaría en el sofá o volverían a casa, pero después de los sucesos del día, lo necesita cerca. - Entonces... - su madre empieza, con fingido desinterés - Noah parecía muy emocionado hoy. - Baja la mirada hacia su hijo, sus respiraciones dormidas haciéndole cosquillas en la clavícula. 

- Bood y Hazzy trajeron un par de osos a la pista. Noah estuvo con ellos. - Shane se encoge de hombros como si no fuese nada. Para sus padres es nada. Un viejo rival de su época de gloria. No saben nada del otro padre de Noah. Nunca lo dijo, nunca insistieron. - No me he enterado de mucho, estaban allí durante las clases. Confío en Bood, se que nunca pondría a Noah en peligro a propósito. - Si hubiese sabido que Ilya Rozanov iba a aparecer en su pista, Noah no habría pisado el hielo. Claro, siempre va con él a la pista, practicando por libre. Pero habría buscado alternativas, dios, él mismo habría faltado de ser necesario para evitar que el niño y su jodido padre estuviesen bajo el mismo techo. 

Shane tardó, jodidamente tardó meses en darse cuenta de que estaba embarazado. Ni siquiera era consciente de ser un portador del gen, nunca se le había pasado por la cabeza. De todas formas ellos dos siempre eran cuidadosos. Usaban protección, cada jodida vez. Shane había jugado al hockey y había recibido golpes. Había entrenado duro, mantenido dietas estrictas de rendimiento. Había ignorado el malestar, las nauseas, la debilidad. Había ganado una puta medalla olímpica de oro embarazado de cuatro meses, joder. Y ni siquiera lo sabía. 

Fue Jackie Pike quien lo puso en alerta. Al volver de Sochi, Shane no podía dormir. Lo achacó al Jet Lag, pero no era normal que durase semanas. Sentía entumecimiento en las piernas y notaba tensión en el abdomen incluso cuando estaba relajado. Se sentía deshidratado por mucho que bebiese y estaba constantemente agotado. Sólo hizo falta una noche de cena en casa de los Pike, Hayden acostando a las gemelas en el piso superior y una sola pregunta de la inteligentísima señora Pike. 

Shane compró online diez test de embarazo diferentes esa misma noche nada mas volver a su apartamento. Los realizó los diez, todos con el mismo resultado. Su mente daba vueltas con la posibilidad - no posibilidad, un hecho - porque si era real, eso significaba que estaba MUY embarazado. La última vez que vio a Rozanov fue en diciembre, pero ambos estaban tan excitados que ni siquiera llegaron a acostarse. La vez anterior a esa había sido a mediados de octubre. 

Concertó una cita muy privada con un obstetra especializado en embarazos de portadores para ese mismo día. La primera ecografía de su hijo reveló que, efectivamente, tenía veinte semanas de gestación. Y Shane, que había estado tan asustado, de pronto lo vio todo claro como el cristal. Siempre había pensado que su vida era el hockey... pero de pronto tenía algo que con sólo un latido acelerado y una pequeña imagen, había puesto su corazón del revés.

En cuanto salió de la consulta los pasos de su plan se sucedieron rápidamente. Envió un mensaje abstracto sobre una baja médica a su entrenador, volvió a su apartamento, recogió algunas cosas básicas en su maleta y partió hacia Ottawa. Hablar con sus padres no resultó tan difícil como pensó que podría haber sido, no cuando las decisiones ya estaban tomadas y claras en su cabeza. Ambos se quedaron en shock y podía ver los engranajes en la cabeza de su madre trabajar a toda velocidad para salvaguardar su carrera. Para ocultarlo. Pero Shane enseguida la frenó. Que le den al hockey. No iba a renunciar a criar a su hijo para mantener su carrera en lo alto. Sus prioridades habían cambiado. Bastó un latido, un vistazo en blanco y negro a esa nariz recta y esa barbilla picuda para saberlo. 

Noah nació en el hospital de Ottawa durante la celebración de la final de la copa Stanley de 2014. Mientras uno de sus padres se retiraba de la NHL, el otro levantaba la copa en las televisiones de todo el mundo. 

Yuna preguntó por el otro padre dos veces; la primera al enterarse de su embarazo y la segunda el día que Noah nació. La primera vez, Shane no contestó. La segunda se limitó a negar con la cabeza, un pequeño bebé recién nacido con la cabeza llena de finos cabellos tan rubios que parecían transparentes acurrucado en sus agotados brazos. - He acabado con él, mamá. He intentado contactarlo todo este tiempo. No quiere saber nada de mi, de nosotros... - Era cierto, Shane envió varios mensajes a Rozanov desde que se enteró de su estado. Los primeros sólo pidiendo hablar, los últimos recalcando un asunto importante y urgente que tratar. Todos eran leídos, pero ninguno respondido. Lo llamó la mañana que se puso de parto, el teléfono timbró dos veces y luego fue al buzón de voz. Y Shane lo tuvo claro. Bloqueó el número de Rozanov y lo borró de su mente. Si iban a estar solos, se olvidaría de que una vez existió. 

Shane carga a Noah en su asiento del coche, completamente dormido. Se despide de sus padres y conduce con cuidado hasta la pequeña casa donde viven, descargando a Noah primero en su cama - gracias a su padre por vestirlo directo con el pijama después del baño - y volviendo al coche después a por sus bolsas de entrenamiento, poniendo una lavadora antes de prepararse un té y dejarse caer en el sofá. 

La versión oficial dice que su hijo es fruto de un encuentro ocasional con una mujer en Seattle. No es raro que los jugadores de la NHL tengan ese tipo de relaciones, así que nadie sospechó. Dicha supuesta mujer nunca quiso a Noah, así que Shane se hizo cargo y se retiró del hockey para criar a su hijo. Fin de la historia. Mucho menos complicada que la verdad, mucho menos reveladora también. Y sobre todo, mucho mas segura, tanto para él como para Noah. 

Joder. Sólo espera que Rozanov haya recibido suficientes golpes en los últimos cuatro años como para que no le queden neuronas. Nadie mas podría averiguar la verdad, nadie había sabido nunca nada sobre la realidad de su supuesta rivalidad. ¿Pero Ilya Rozanov? Sólo tiene que sumar dos y dos si ve al niño. Noah es una jodida copia a carbón de su padre ruso.

Y joder, Rozanov lo ha visto.

Ha visto a Noah.

Joder, seguro que lo sabe. 

Shane reza a todos los dioses que conoce, aunque nunca ha sido creyente, para que Ilya Rozanov simplemente ignore la información y decida no complicar todavía mas la vida de Shane. 

Chapter 4: 4

Notes:

Por si a alguien le interesa, la canción que se mencionará en el capítulo es Test Drive, de la increíble banda sonora de How to train your dragon. Recomiendo escucharla con la escena, imaginando a esos dos sobre el hielo. No puedo evitar ver en Noah la emoción del pequeño hijo de Hiccup durante esa escena :D

Chapter Text



Ilya empieza a sentirse como un psicópata. Un acosador, quizá. O puede que ambas cosas. Pero simplemente no puede quitarse a esos dos Hollander de la cabeza. La forma en la que Shane había defendido a su cría anoche... maldita sea, había sido salvaje. Y lo había puesto muy cachondo. 

Ilya no ha dormido. Se ha pasado la noche fundiendo la batería de su iPad saltando de una página a otra. Todavía le cuesta leer en inglés sin que le duela la cabeza a la media hora, pero sabe que encontrará mejor información que si busca en ruso. Como ya sabe - no es la primera vez que en medio de la noche acaba buscando a Shane Hollander, aunque nunca lo admitirá en voz alta - no hay mucha información online que no conozca ya. Casi todo lo que hay en internet es de su época como jugador. Las últimas noticias son las de su misteriosa retirada tras ganar el oro en los juegos olímpicos. Ninguna mención de problemas, lesiones o discrepancias. Todo fue un misterio en 2014, y sigue siendo un misterio para el mundo en 2018. Excepto, por lo visto, para media jodida Ottawa. 

Después su mente se ha desviado por otros caminos. Ha buscado información sobre comprobaciones de paternidad. Pruebas de ADN. Ha leído historias terribles en la red sobre hijos abandonados. La mayoría de los casos de demandas de paternidad son para un padre que se intentaba quitar la responsabilidad de encima, pero Ilya ni siquiera ha tenido la oportunidad de decidir. 

Inconscientemente, su búsqueda ha derivado en abogados de filiación. Ilya tiene su propia gente, pero la mayoría de los que trabajan con su carrera todavía son influencia de su padre y Rusia. No involucraría nunca a un niño en eso. Ilya nunca se ha parado a pensar en el tipo de padre que sería, pero si algo tiene claro desde siempre es que jamás se permitiría ser como su padre fue con él. Se crio con un ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer. Pero es difícil saber si podrá hacer algo mejor. Si es que siquiera tiene la oportunidad. Maldita sea, puede que sólo esté alucinando y ese niño no sea suyo. Ja, créete eso, Ilya. 

La peor parte es que el instinto le pide no solo proteger a la criatura, sino también a su padre. Shane Hollander siempre fue su punto débil. Y parece ser que cuatro años de silencio no han aplacado ni un poco ese sentimiento. Al contrario, parece haber despertado con mas fuerza. El anhelo que se abre paso en su pecho le impide alejarse, como Hollander dejó muy claro anoche que debería hacer. 

Ha desayunado con Cliff. Tienen partido mañana por la noche en Boston, pero su avión sale a mediodía. O salía. Ilya ha inventado una excusa a su amigo y ha cambiado su billete por otro para mañana por la mañana. No puede volver a Boston así como así. Necesita volver a intentarlo. 

Y eso lo lleva de nuevo a sus pensamientos sobre el acoso y la psicopatía, viendo llegar el viejo coche de Hollander al parking de la pista. Es pronto por la tarde, los entrenamientos infantiles no empezarán hasta dentro de otra hora, pero Shane Hollander baja del asiento del conductor y saca a Noah del asiento trasero. Un minuto después ambos Hollander se dirigen a la puerta de entrada, el padre cargando con las bolsas de ambos sobre su hombro. Maldita sea, sigue en forma. 

Deja pasar unos buenos diez minutos antes de seguirlos al interior. Suena música suave por los altavoces de la pista, suficientemente fuerte para encubrir sus pasos. Es lo mas sigiloso que puede trepando por las gradas hasta las mas altas y oscuras, observando desde un rincón. Noah salta al hielo y rápidamente acelera hasta el centro de la pista, girando dos veces en el circulo central de forma impecable. 

Shane termina de atarse los patines y salta al hielo tras él, frotando sus manos para calentarlas. No puede oír lo que dicen, pero pronto la música cambia a una banda sonora que Ilya reconoce vagamente y ambos chicos se lanzan a patinar por la pista, girando alrededor del perímetro mientras cogen velocidad. A Ilya le parece increíble como a pesar de la diferencia de edad y tamaño, sus patinajes parecen tan sincronizados. Parece que estén bailando sobre el hielo, deslizándose con gracia y habilidad. Shane siempre tuvo ese efecto, y ahora parece que su hijo ha heredado el talento. 

La canción cambia de ritmo, intensificándose como si se tratase de una persecución. E Ilya puede oír a Noah chillar antes de salir corriendo por el centro del hielo, Shane disparado tras él. Es obvio que está jugando con el niño, Ilya sabe perfectamente la velocidad que Hollander puede llegar a alcanzar. Cuando finalmente lo atrapa, Noah se ríe tan fuerte que Ilya no puede retener una sonrisa, sintiendo que se le calienta el corazón. Ve como Hollander carga al niño en su espalda, sujetándolo con los brazos a la espalda bajo el trasero del niño mientras este abre los brazos a los lados. - ¡Rápido papá!¡Más, más rápido! - Y Shane acelera, acelera y acelera, dando vueltas a la pista tan rápido como cuando era el jugador mas veloz de la NHL, el niño volando sobre su espalda mientras se ríe a carcajada limpia. 

Nota una lágrima caliente deslizándose por su mejilla y la limpia asombrado, sin querer desviar la mirada de las figuras unida sobre el hielo. ¿Qué se ha estado perdiendo? 

Shane devuelve al niño al hielo y este sale volando por la pista, con los brazos abiertos como los había tenido a la espalda de su padre. La música cambia, siguen siendo bandas sonoras, Ilya se da cuenta. Noah regresa a la pista con su stick de tamaño reducido en una mano y el de su padre en la otra, sacando un disco de uno de sus bolsillos antes de que ambos empiecen a jugar. 

Realizan pases suaves el uno al otro, avanzando por el hielo. El niño es increíblemente preciso para su edad. Ilya ni siquiera había tocado un stick a esa edad. Y Noah es capaz de hacer su movimiento característico. Algo que ningún otro jugador de la liga puede hacer. ¿De verdad ha dudado en algún momento de que sea su hijo? Maldito seas Shane Hollander. 

Se da cuenta de que se ha perdido en sus pensamientos cuando devuelve la mirada al hielo y ve la figura de Shane Hollander clavada en el hielo, su mirada fija en él. Oh oh, está cabreado

Ilya se pone en pie, descendiendo hasta la barrera mientras mete las manos en los bolsillos de su abrigo. Hollander patina hasta quedar frente a él. Si, está definitivamente cabreado

- ¿Qué demonios haces aún aquí, Rozanov? - Ilya se encoge de hombros, sintiendo como su corazón se estruja dolorosamente bajo la mirada gélida de Shane Hollander. 

- Dímelo tu. ¿Cuatro años sin vernos y no tienes nada que contarme? - Puede ver la duda y también el miedo en sus ojos. La tensión está presente en el cuerpo del canadiense, sus manos apretadas en puños a sus costados. Shane Hollander nunca fue un hombre de confrontaciones. Ese era el trabajo de Ilya. - Mira, Hollander… podemos hacer esto por las buenas o por las malas.

La mandíbula del otro hombre se tensa, sus ojos estrechándose todavía mas, como si estuviese valorando la forma mas factible para descuartizar a Ilya y deshacerse de los restos. - ¿Hacer qué? No tienes nada que hacer aquí. No dejaré que te lo lleves. No me lo quitarás, joder. Es mío. - Ilya puede ver el fuego ardiendo por todo su cuerpo, ese instinto feroz de protección hacia su cachorro. Y al mismo tiempo la cruda revelación de la verdad le golpea como una bola de demolición. Joder, es real, ¿no? Noah es su hijo. De ambos. Tiene un hijo con Shane Hollander.

Alza ambas manos en son de paz, sintiendo como su mandíbula se desencaja por la impresión. Retrocede un paso, intentando transmitir algo de calma al otro hombre. Suaviza su voz todo lo que puede, el inglés fallándole como hace tiempo que no le ocurre. - Nunca lo haría. ¿Cómo podría? - Lo mira a los ojos, rezando para que pueda ver que es sincero. - Shane... no estoy aquí para llevármelo, ¿vale? No estoy aquí para eso. 

Sus hombros se desploman, la tensión todavía visible en su cuerpo, la desconfianza es clara en su postura. Gira la cabeza brevemente hacia atrás, comprobando al niño que está patinando en la otra esquina de la pista mientras monta una pequeña pista de obstáculos. Ilya sigue su mirada, sonriendo internamente al verlo bailar al ritmo de la música. Si, eso definitivamente no es de Hollander. 

- ¿Qué es lo que quieres entonces? - Ilya deja de mirar al niño, devolviendo la atención al hombre frente a él. Traga saliva y vuelve a encogerse de hombros. 

- ¿Es mío? 

Shane resopla, una pequeña sonrisa de incredulidad tira de su mejilla derecha. - Claro que lo es. Es mas tuyo que mío de hecho, terriblemente injusto, si tenemos en cuenta que fui yo quien lo gestó. 

Ilya no puede reprimir su sonrisa, observando a este nuevo Shane Hollander. Ya había sido increíble a los veintidós, pero ahora a los veintiséis es espectacular. Sus hombros son mas anchos que antes, su mandíbula mas cuadrada y sus pómulos mas prominentes. Si antes era guapo, ahora es deslumbrante. Y saber que este hombre ha llevado dentro una vida, una pequeña vida creada por ambos... lo eleva en la mente y el corazón de Ilya al borde de lo divino. 

- Yo... solo... - suspira, queriendo darse un minuto para ordenar sus ideas y dejar de jodidamente suspirar por Shane Hollander. - quiero conocerlo, supongo. Estar en su vida. 

Puede ver a Shane morderse el labio inferior, dudando. Pero joder, Ilya tiene derecho, ¿no? Es su hijo también, ¡maldita sea! Ya ha estado fuera de su vida el tiempo suficiente. Ya se ha perdido bastante. Es un niño increíble, e Ilya sólo tiene retazos. Fragmentos demasiado escasos de información sobre su propio hijo. Sabe que se llama Noah. Tiene tres años y le gusta el hockey. Es jodidamente bueno en el hielo, Ilya ya se siente lleno de orgullo. Porta los rizos de su abuela Irina, y la libertad que ella nunca pudo disfrutar. Es dulce, terco y obstinado. Y tiene la risa mas hermosa que Ilya ha escuchado jamás. 

- Nunca lo alejaré de ti, lo prometo. - Ilya sabe que suena roto, débil y suplicante, pero le da igual. - Con lo poco que he visto, sé que lo has hecho mejor de lo que yo podría hacerlo jamás. Ese niño es todo lo que un niño debería ser. Feliz, amado, libre. Nunca le quitaría esto. 

Hollander saca el teléfono de su bolsillo y unos segundos después Ilya siente el suyo vibrando en su pantalón. Lo extrae, mirando la pantalla. Un mensaje de Jane

- Ve a esa dirección esta noche, pasadas las nueve. Hablaremos. 

 

 

 

Chapter Text

- Papá, el señor Bubbles. - Shane asiente, pasando los dedos entre los rizos de su hijo una última vez antes de besarle la frente y asegurarse de nuevo de que está bien arropado. - Lo encenderé, no te preocupes. 

Se incorpora y da dos golpecitos en la cabeza del ajolote de goma, que se ilumina al instante dando calidez a la pequeña habitación. - Listo, amigo, no hay monstruos esta noche. El señor Bubbles está vigilando. - Le guiña un ojo y recibe una sonrisa llena de dientes a cambio. Le regala una igual de vuelta y el niño cierra los ojos, abrazándose a su enorme perro de peluche. Sabe que caerá completamente dormido en cuestión de segundos. Ajusta la puerta y vuelve al salón, recogiendo los restos de la cena y el poco desorden que Noah ha logrado acumular durante la tarde. 

No duda de que Ilya aparecerá, pero aun así se sorprende cuando su teléfono vibra con un mensaje.

Aquí.

Traga saliva, un deja-vu de sus antiguos encuentros. Nunca llamaban a la puerta, siempre se comunicaban por mensajes de texto. Supone que las costumbres nunca se pierden. 

Abre la puerta para encontrar al imponente ruso al otro lado, vestido de negro de la cabeza a los pies, con un abrigo que le llega mas allá de las rodillas. Se aparta de la puerta para dejarlo pasar, aún inquieto por tener a Ilya Rozanov en su casa. En el pequeño y humilde hogar de su hijo. En el espacio seguro de ambos. 

- ¿Quieres tomar algo?¿Café, té? Me temo que es lo único que tengo, eso y zumo de uva. - ve a Ilya negar con la cabeza y puede notar el momento exacto en que su mirada encuentra la pared llena de fotos que lleva hacia el salón. Su madre siempre había acumulado muchísimas fotos de Shane en su casa mientras crecía, y aunque él era mas moderado, ella no había dejado de regalarle las mejores fotos de Noah enmarcadas, así que la pared estaba cada vez mas llena. Shane las reorganizaba constantemente, para que siguiesen un poco la cronología de crecimiento de su bebé.

Camina hasta allí con los pulgares en los bolsillos de su pantalón, girándose hacia el muro, dejando suficiente espacio a su lado para que Ilya pueda verlo también. - Intenté decírtelo... después de Sochi. Nunca contestaste. Así que cuando nació lo intenté de nuevo sin éxito y... entonces nos blindé, supongo. Lo siento.

Ilya niega con la cabeza una vez mas. - Me asusté muchísimo en Sochi. Rusia nunca fue segura para mi, pero sabía como manejar las cosas allí. Pero cuando te acercaste a mi en el estadio me di cuenta de que todo el miedo que no sentía por mi, lo sentía por ti. Por lo que pudiesen hacerte si se enteraban. Y me aterrorizó lo mucho que me importaba. Lo importante que te estabas volviendo para mi. Así que hice lo que mejor se me daba y te aparté. 

- Él ya estaba ahí. Noah, en Sochi. - Shane sonríe, nostálgico. - No lo sabía todavía, me enteré después. Resulta que los abdominales son muy buenos ocultando bebés. - Señala una foto de aspecto profesional a la izquierda de la pared, un pequeño Noah de seis días dormido completamente desnudo boca abajo sobre los brazos de Shane. La foto muestra principalmente al bebé, aunque se aprecian los brazos y el torso desnudos de su padre sosteniéndolo. - Nació unas dos horas antes de que ganases la primera Stanley. Supongo que no quería perdérselo. 

- ¿En serio? - Gira la cabeza hacia Ilya, encontrando una sonrisa suave en su rostro, sus ojos húmedos de lágrimas no derramadas. Shane no se siente incapaz de identificar su origen emocional. Al fin y al cabo, no conocía a Ilya demasiado bien entonces, y siente que lo conoce todavía menos ahora. 

- Catorce de junio de dos mil catorce. A las cinco y un minuto de la tarde. Pesó tres kilos y doscientos gramos. Y ya nació alto, cincuenta y ocho centímetros. Sorprendió a todo el hospital. - Shane gira todo su cuerpo hacia Ilya, sintiéndose pequeño ante su mirada, forzándose mentalmente a hacerse grande, a mostrarse firme. Por Noah. - Te contaré lo que quieras. Responderé cualquier pregunta que tengas. Pero en lo que respecta a él, iremos despacio. No voy a dejarte entrar en su vida para que sacies tu curiosidad y luego desaparezcas. No le haré eso. Se apega enseguida. 

Ilya chasquea la lengua, su mirada endureciéndose en cuestión de segundos - No voy a desaparecer. - Se cruza de brazos, pareciendo todavía mas imponente. - ¿Eso es lo que crees?¿He descubierto que tengo un hijo de tres años del que hace dos días no sabía nada, quiero saciar mi curiosidad, ponerle mi apellido y luego largarme y seguir con mi vida como si nada?¿Qué, siento remordimiento? No es así. Lo decía en serio en la pista. Quiero estar en su vida. 

- Vives en Boston... 

- No me importa volar a menudo, apenas es un vuelo de dos horas. 

- Te pasas un tercio del año volando por toda Norteamérica. 

- Y otros dos tercios en casa, ¿y qué? 

Shane bufa, cruzándose de brazos. - Bueno, no es como si pudieses ser el padre que va a recogerlo a la guardería. La teoría es preciosa, Ilya, pero no puedes simplemente llegar aquí como una bola de demolición arrasando con todo. 

Ilya parece pensar en eso unos segundos, volviendo su mirada a las fotos de la pared mientras se golpea la barbilla con la yema del dedo índice. Shane se obsesiona con el arco de cupido que su hijo tiene exactamente igual. - Soy agente libre cuando termine la temporada. Podría jugar para Ottawa. 

Espera, ¿qué? - ¿¡QUÉ!? - Parpadea, incrédulo. Tiene que ser una broma. Ilya Rozanov es la cara representativa de los Boston Bears. Lleva siendo capitán cuatro años, les ha ganado tres copas Stanley. Es una maldita leyenda para Boston, el rey que les ha dado una dinastía. - No puedes hablar en serio. 

Se encoge de hombros como si estuviese hablando de elegir entre sabores de helado. - Si crees que pondría el hockey por delante de Noah... estás muy equivocado. Llevé a Boston al estrellato. Puedo hacerlo con los Centauros. Y estaría mas cerca de Noah. Podría ser el padre que va a recogerlo a la guardería. 

- Es una locura. No estás pensando con claridad. - Shane abandona la pared, moviéndose hacia la cocina para poner la tetera al fuego. Rebusca en los estantes hasta dar con su té favorito, preparando la mezcla en una taza. Lo piensa un segundo mas y añade una segunda taza. Puede sentir a Ilya tras él. 

- Ah, ¿entonces tu puedes dejar la puta NHL para criar a nuestro hijo y yo no puedo abandonar a los Bears por el mismo motivo?¿Qué diferencia hay? 

Shane cierra los ojos con fuerza, tomando una respiración profunda antes de darse la vuelta para enfrentarlo. - Yo era un don nadie, Ilya. Media temporada siendo capitán, eso es todo lo que se puede decir de mi carrera. Tu tienes tres Stanley. Venir a Ottawa es tirar por el retrete todo lo que has conseguido. 

- Ganaste un oro olímpico... - Shane se encoge de hombros, como si no fuese nada. Todavía siente miedo por lo que podría haberle pasado a Noah si hubiese recibido un mal golpe en los juegos olímpicos. Todavía hoy siente terror por lo mal que podría haber salido todo. - y me ganaste con el premio al novato del año. No eras un don nadie. Eras mas prometedor que yo. Si hubieses estado ahí no tendría tres copas. Las tendrías tu. 

- Pero no estaba. - Llena las tazas de agua hirviendo y echa media cucharada de azúcar en la suya, tendiéndole la otra al ruso. 

- Porque estabas pendiente de algo mas importante. Quizá es mi turno para hacer algunos sacrificios. - Shane niega, revolviendo el té, esperando a que los granos de azúcar se disuelvan. 

- Jamás te pediría eso. 

- No lo estás pidiendo. No es tu decisión. - Ilya deja la taza sobre el mostrador, intacta. - Saber que Noah existe ha cambiado mi mundo, Shane. Toda la perspectiva. 

Shane traga saliva, mirando esos brillantes ojos color avellana. Puede entender ese sentimiento. Él lo tuvo también el día que vio a Noah en aquel ecógrafo. Toda su mente se reconfiguró, adaptando su existencia a Noah. A ese pequeño bebé que crecía en su interior. Ni siquiera sabía que se podía amar con tanta intensidad hasta que en apenas unos minutos, su corazón se amplió para acoger todos los sentimientos hacia su bebé nonato. 

- Tienes tiempo de pensarlo bien, hasta que termine la temporada. Haremos que funcione, incluso si te quedas en Boston. Lo prometo. 

Ilya parece relajarse un poco con eso, así que Shane sale de la cocina con su taza de té calentando sus manos y le hace un gesto para que lo siga. Lo guía hasta el sofá, pasándole un álbum de bebé de Noah. - Mi madre lo hizo. Tiene todas las cosas importantes de su primer año. - Lo observa abrirlo, la primera página tiene el nombre y apellido de Noah y una foto de la misma sesión profesional que la de la pared, esta vez sólo Noah con un gorrito de lana. 

Las páginas se suceden una tras otra: la primera foto de Noah, en el hospital en brazos de un agotado Shane que lo mira con adoración. Otra foto del mismo día con los padres de Shane y luego una sucesión de fotos de su primera semana. Hay huellas de sus manos y sus pies, tan diminutas. También un mechón de pelo y la pequeña pulsera del hospital. Conforme avanzan las páginas, Noah va creciendo ante sus ojos, fotos destacadas cada día catorce, indicando los meses que cumple y pequeños recuerdos de su vida. Hay anotaciones, fechas, párrafos con anécdotas y muchísimas fotos. La última página tiene pegado el frontal de la corona de tela del primer cumpleaños de Noah, justo encima de una foto de un risueño bebé con dicha corona puesta, ya con su cabello rizándose en las sienes, sus manos y pecho manchados de tarta, igual que toda su boca. 

Shane saca un segundo álbum, mas grueso y menos organizado. En este son solo fotos, decenas de ellas, de los siguientes dos años y medio. - Las mejores van a la pared, pero aun así, mi madre imprime muchísimas fotos. Está obsesionada con Noah. - Le pasa el álbum a Ilya, recogiendo su taza vacía de té y yendo a la cocina para dejarle algo de espacio. 

Cuando vuelve, veinte minutos mas tarde, El álbum está abierto sobre la mesita de café, Ilya con la cabeza hundida entre sus manos. - Oye… - Se sienta frente a él, apartando el álbum un poco. - ¿Estás bien? 

Lo ve negar con la cabeza y cuando retira las manos lo hace frotando sus mejillas, intentando limpiar los restos de sus lágrimas. Sus ojos están inyectados en sangre cuando lo mira de vuelta y Shane siente un peso en el estómago. Debió haber insistido mas, lo sabe. Esto es su culpa. 

- Se ve feliz... siempre. - Shane asiente, sin saber exactamente que decir. - No es complicado hacer feliz a un niño de tres años. - Ilya niega, lágrimas nuevas cayendo. - No... no te menosprecies así. No te quites mérito. Sólo... ojalá hubiese estado ahí, ¿sabes? 

- Bueno... ahora puedes. - Shane le da un apretón en la rodilla, sin saber qué mas hacer. Nunca ha sido bueno consolando a la gente, aunque criar a Noah le ha ayudado un poco en eso. - Espera... tengo algo que te gustará. - Se mueve hasta la estantería de lectura, sacando uno de sus libros favoritos. Lo ha leído tantas veces que alguna de sus páginas se ha soltado y las esquinas están desgastadas. Lo abre por la mitad, sabiendo exactamente lo que está buscando. 

Ocho meses atrás, en la última serie de playoffs, Shane había estado viendo los partidos con su histérico hijo fan de Ilya Rozanov. Era tanta la obsesión de Noah por su ídolo, que David había cedido y le había comprado la camiseta de Boston, con el Rozanov y el 81 a la espalda. Sus padres no sabían lo que le habían hecho al corazón de Shane cuando Noah se puso la camiseta para ver todos los partidos de playoffs de los Bears. Pero el día de la final había sacado una única foto: la televisión se veía borrosa al fondo, la espalda de Noah en primer plano, los rizos de su cabeza perfectamente visibles al contraluz que creaba la pantalla, el número y apellido de su otro padre en su espalda mientras saltaba en el sofá, animando el gol de Ilya que culminaba un perfecto hat trick. 

Mira la fotografía unos segundos antes de tendérsela a Ilya, devolviendo el libro a la estantería. - Puedes quedártela, si quieres. - Una ocurrencia tardía - eh... de hecho puedo enviarte cualquiera que quieras, cuando quieras... yo... - se encoge de hombros - bueno... ya sabes. 

Ilya mira la fotografía entre sus manos durante un minuto completo, acariciando la figura de Noah en la imagen casi con reverencia. - Gracias. - Shane asiente, de pronto sintiendo que no es suficiente. - ¿Cuándo tienes que volar?

- Mañana a mediodía. El partido es por la noche. - Shane asiente, deseando no arrepentirse de sus próximas palabras. 

- ¿Te apetece desayunar con nosotros? 

Chapter 6: 6

Notes:

Hay bastante diálogo en ruso en este capítulo, así que para evitar traducciones y los fallos en las mismas, he decidido simplemente poner en cursiva todo lo que se dice en ruso, excepto los motes/apodos cariñosos.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Ilya toma aire por tercera vez, parado frente a la puerta de los Hollander un martes por la mañana. Demasiado temprano incluso para él, pero no es como si hubiese conseguido dormir algo. Había observado la foto de Noah frente al televisor toda la noche, sintiendo como su corazón se prendaba cada segundo mas y mas del pequeño niño. Es como si no pudiese dejar de absorber detalles nuevos cada vez que la miraba.

Cuando por fin se digna a llamar, la puerta se abre a un Shane algo desaliñado, su cabello hecho un desastre. Lleva una sudadera gruesa y está descalzo. - Pasa... iremos despacio. Es una bola de energía, estás avisado.

Siente como su sonrisa aparece sin que le haya dado permiso. Él puede recordar a su madre diciendo eso mismo de él cuando era pequeño. Con los años su padre había logrado contener esa energía, o al menos redirigirla hacia algo mas... lucrativo.

Sigue a Shane hasta una isla de cocina con varios taburetes a su alrededor, el niño vestido en ropa deportiva similar a la de su padre y también descalzo. Se encuentra sentado en uno de los asientos, con un gran tazón de yogur entre sus manos. Su expresión es de sorpresa absoluta en cuanto fija los ojos en Ilya.

- ¡Ilya Rozanov! - la cuchara se cae, afortunadamente dentro del tazón, aunque algo de yogur salpica en todas las direcciones. Puede oír a Shane bufar en algún lugar de la habitación, pero no le presta atención. No le puede quitar los ojos de encima al niño. Ahora que lo ve sin las protecciones de hockey y medio dormido, parece mucho mas pequeño, y también mucho mas Ilya. Shane tenía razón, la genética rusa ha tenido mas fuerza.

- Gecko, ¿recuerdas lo que habíamos hablado? - Ilya se obliga a mantener las manos en los bolsillos, nervioso. - Es solo Ilya, es un amigo. Como el tito Hayden. Él también juega al hockey en la tele, pero es sólo el tito Hayden aquí, ¿cierto? - Mira a Shane con una ceja alzada. ¿Lo está comparando con Hayden dos manos izquierdas Pike?

El propio niño hace una mueca idéntica a la de Shane cuando algo no tiene sentido y vuelve a mirar a Ilya. - No es lo mismo. El tito Hayden solo juega para Montreal. Ni siquiera llegan a los playoffs.

Ilya no puede evitar una carcajada, él mismo no podría haberlo expresado mejor. Montreal lleva años sin ser un rival a tener en cuenta. Quizá tuvieron una oportunidad con Hollander, pero sin él volvían a ser un equipo mediocre.

- Dios me libre con vosotros dos cerca. - Shane niega con la cabeza, limpiando el yogur derramado por la isla. - termina tu desayuno. Ya vamos tarde.

Noah lleva de nuevo la cuchara a su boca, medio bailando en su asiento mientras tararea en voz baja. - ¡Vamos a ver a babulya, Ilya! Ella siempre me da caramelos - sonríe pícaro e Ilya es capaz de reconocer su propia genética en esa sonrisa. Su corazón da un salto al percatarse. Dios, ¿va a sobrevivir a esto? - ¿Babulya? - Ilya se sienta en el taburete a su lado, su cuerpo girado hacia el del niño, su atención dirigida a él.

- Es una vieja mujer del mercado local. Conoce a Noah desde bebé y siempre lo consiente demasiado. - Desvía su mirada a Shane por un momento, evaluándolo - ¿Es rusa? - Shane asiente y puede ver un ligero rubor en sus mejillas antes de que se gire hacia la cafetera. Deja un café y el azucarero y la leche frente a Ilya y se sienta al otro lado de la isla con su propio café.

Por un momento el silencio sólo es interrumpido por los tarareos alegres de Noah mientras engulle su yogur con frutos secos. Por supuesto que Shane le daría un desayuno saludable. Probablemente Ilya alimentaría al niño con leche y cereales. Ni siquiera recuerda la última vez que ingirió una pieza de fruta, pero él puede ver un frutero bien surtido en la esquina de la isla. Hace una nota mental para informarse sobre eso. Si quiere que Noah forme parte de su vida no puede alimentarlo a base de nuggets. Ilya sabe que no es saludable, incluso si él mismo lleva años viviendo de comida basura.

Ilya se bebe su café de un trago cuando se da cuenta de que se ha metido demasiado en su cabeza. Ambos Hollander están ya en pie, Noah corriendo hacia la entrada, sentándose en el suelo para ponerse sus zapatillas. Nota una mano en su codo, apenas un toque leve. - ¿Estás bien? - Ilya asiente, tentado a pasar un dedo por la arruga de genuina preocupación entre las cejas de Hollander. - Sólo demasiadas cosas en las que pensar. - Shane asiente y camina tras su hijo, calzándose también y sacando los abrigos de ambos.

- Ilya, ¿también vienes al mercado? - La inocencia y la ilusión se mezclan a partes iguales en la expresión del niño. ¿Cómo va a conseguir decirle alguna vez que no? Ilya, estás en problemas.- Claro, si a tu papá no le importa.

- No, claro que no. Seguramente te gustará. Está en un pequeño barrio ruso aquí en Ottawa. No se puede llamar barrio ruso como tal, pero hay una comunidad bastante decente allí. - Shane abre la puerta y los deja salir a ambos antes de cerrar. Caminan un par de manzanas en silencio, el niño saltando unos metros por delante de ellos mientras Shane arrastra un pequeño carro de compra. Ilya oye el bullicio antes de verlo. Cuando giran la esquina, puede ver un pequeño mercado extenderse frente a ellos, los puestos hechos con mesas de tablones y toldos de colores. Algunos establecimientos en los edificios cercanos tienen sus puertas abiertas de par en par y hay letras en cirílico en mas de un letrero.

Shane se inclina a la altura de Noah, susurrándole algo al oído antes de que el niño se acerque a Ilya y una su mano derecha con la izquierda del adulto. - Papá siempre tiene miedo de que me pierda. - Rueda los ojos de una forma muy Hollander e Ilya no puede evitar reír. - Bueno, a mi también me dolería si te perdieses, lapochka. - Afirma un poco mas el agarre en la pequeña mano de su hijo, su corazón aleteando con alegría ante el contacto.

Se adentran en el mercado, siguiendo a Shane de puesto a puesto mientras compra verduras, especias y algunos preparados cárnicos que Ilya recuerda de su infancia. Se da cuenta, no sin sorpresa, que Shane intercala algunas palabras en ruso con los distintos comerciantes. Su pronunciación no es perfecta, pero es entendible, lo cual ya es mucho. ¿Desde cuando Hollander habla ruso?

- ¡Babulya! - Noah suelta su mano y sale disparado. Ilya se alarma por un instante, pero se calma cuando ve que el niño sólo ha corrido unos metros hasta el pequeño puesto de una anciana. Su mesa apenas mide metro y medio, pero Ilya reconoce rápidamente el genero a la venta. Son dulces rusos: puede ver smokva, pastilá y tulski prianik e incluso lo que cree que es Ptichie molokó, su favorito de cuando era niño. Se da cuenta entonces de que la anciana está hablando a Noah en ruso.

- Pequeña lagartija, ¿dónde has dejado a papochka, ¿eh? Siempre preocupándolo, malysh. - Noah se ríe, como si comprendiese a la mujer y deja boquiabierto a Ilya cuando responde en perfecto ruso, señalándolo. - Ilya está aquí conmigo. Es amigo de papochka. Él me cuida. Papá está comprando mas verduras.

Ilya se acerca a la mujer, dedicándole una sonrisa cautelosa y un educado saludo. - Hacía mucho tiempo que no veía nada de esto. - Señala los productos de la mujer mientras mantiene una mano en el hombro de Noah. Su lado racional sabe que el niño está seguro aquí, pero el instinto es otra cosa. Empieza a entender la fiereza con la que ha visto a Shane defender al chico.

- ¿Mucho tiempo lejos de casa? - Ilya asiente, sin atreverse a calcular como de cierta es esa afirmación. No volvió a Rusia este verano tras la muerte de su padre, pero incluso antes de eso, no cree que haya considerado Rusia su casa desde hace mucho mas atrás. Y muchos de los dulces rusos no han llegado a sus manos desde su infancia. - Mi madre preparaba ptichie molokó para mis cumpleaños. Creo que no he vuelto a probarlo desde entonces. - La mujer sonríe, recordándole a su propia abuela. - Bueno, entonces tienes que llevarte un trozo.

Noah eleva la mirada hacia él, boquiabierto. - Que suerte. Papá no me deja comerlo casi nunca. - Noah cambia de idioma como si nada, hablando con él de vuelta en inglés. Ilya frunce el ceño por un momento, agachándose a su lado. - Podemos conseguir un trozo también para ti, lapochka. - El niño sonríe ampliamente, asintiendo. La anciana los mira a ambos con ojo crítico mientras empaqueta dos porciones del pastel de leche de pájaro.

- Él es igual que tu. - Abre mucho los ojos, mirando a la mujer mientras vuelve a ponerse en pie. - Shane lleva viniendo aquí desde que Noah era un bebé, tan pequeño y rosado. Era un pequeño escándalo, siempre llorando, tan demandante. Él podría haberse rendido, podría nunca haber aparecido por aquí, pero quería que tuviese esto, ¿sabes? - señala a su alrededor, al resto de ciudadanos rusos, a los olores, costumbres, el idioma que los envuelve - en cuanto creció un poco vi que tenía mucho de nosotros... pero él nunca dijo nada. Sólo que quería darle parte de su identidad, que la tuviese si algún día quería darle uso, sentir que era parte de algo. Es un buen hombre.

Ilya sonríe, buscando al canadiense con la mirada, todavía discutiendo con el vendedor de verduras. - Si, lo es. - Saca su cartera, tendiéndole unos billetes a la mujer, que amablemente los rechaza. - La primera es por cuenta de la casa. La próxima vez, ¿si?

Ve a Noah llevarse algo a la boca y alza una ceja. El niño sonríe haciéndose el inocente y entonces nota algo en su propia mano. La cierra por instinto y ve a la anciana retirando su brazo con la misma sonrisa inocente que Noah. Baja la vista a su mano y ve un brillante envoltorio naranja. Un caramelo Korovka, un dulce de leche condensada que comía de niño. Sonríe y lo desenvuelve, llevándoselo a la boca. Todavía es dulce y pegajoso, igual a como lo recordaba. - Spasibo.

- Perdón, ya estoy aquí. - Shane llega al puesto, con las mejillas sonrojadas por el frío y los ojos buscando a Noah como si se hubiese evaporado por haberlo perdido de vista unos minutos. - Baba Katya, ¿Cuántos dulces ha comido ya Noah?

Ella alza las manos, haciéndose la inocente e Ilya no puede evitar reír, aún sorprendido porque, en serio... ¿desde cuando Shane Hollander habla ruso? - Él sólo ha tenido un caramelo, papochka. Aunque tu amigo le ha comprado algo mas.

Shane lo fulmina con la mirada y acto seguido rueda los ojos, pero parece mas cariñoso y exasperado que realmente enfadado, así que Ilya lo considerará un éxito. - ¿Tienes batónchiki? Mi madre lleva semanas rogando por uno. - Observa la interacción, esta vez completamente en ruso, entre Shane y la mujer, viendo a Noah desenvolver otro Korova. Se agacha a su altura, dispuesto a probar el ruso con él. Noah siempre se ha dirigido a Ilya en inglés, pero si realmente puede hablar ruso, a Ilya le encantaría compartir eso con su hijo.

- ¿Cuántos Korova te ha dado, lapochka? - Noah sonríe pícaro, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera. Ilya baja la vista, viendo cómo de abultado está dicho bolsillo. - Pequeño travieso. Que no se entere papá, ¿eh? - Ilya expresa el papá deliberadamente en inglés. Ha oído a la mujer y al niño referirse a Shane como papochka, pero tiene la esperanza de que algún día ese término pueda ser para referirse a él mismo. - Siempre se entera. Los guarda en un tarro, pero me deja comerme uno todos los días. - Ilya sonríe y le revuelve los rizos, guardando el papel del envoltorio en su propio bolsillo. - Ese es un buen trato. Muy justo. - Noah rueda los ojos, pero asiente mientras alisa cuidadosamente el envoltorio del último caramelo que se ha llevado a la boca.

Están de camino a casa de los Hollander, las compras hechas y Noah sentado sobre los hombros de Ilya porque había alegado cansancio. Ni siquiera lo ha dudado cuando lo ha alzado y ha dejado que se aferrara a su cabeza. Shane ha intentado que continuase a pie, pero Ilya lo ha descartado con un gesto de su mano. No es como si le importase. Puede cargar con un niño de quince quilos. Ilya no duda de que querría cargarlo incluso si pesase cincuenta. Apenas han vislumbrado la casa al final de la calle cuando el teléfono de Ilya suena con una suave alarma. Suspira, rodeando con mas firmeza las piernas del niño que cuelgan sobre su pecho. Si no se marcha pronto, perderá su vuelo. Aunque en este momento no hay nada que desee mas que quedarse ahí.

Continua caminando hasta que se encuentran frente a la casa y baja al niño al suelo. Revisa su teléfono, pidiendo un Uber que lo lleve al aeropuerto. - Me temo que tengo que irme ya... tengo un partido que jugar. - Se apoya en una rodilla frente a Noah, observando todos los detalles de su rostro que quiere conservar en su memoria para los días que va a estar lejos. - ¿Me das un abrazo de buena suerte?

Noah ni siquiera lo duda antes de abalanzarse contra él, rodeándole el cuello con sus pequeños brazos. - ¡Tienes que ganar! Estaremos viendo, ¿a qué si papá? - Shane asiente tras ellos e Ilya quiere creer que hay una ligera humedad en sus ojos. - Claro gecko, incluso podrás ponerte tu camiseta. - Noah lo mira con los ojos brillantes, la energía de vuelta en su cuerpo mientras da saltos sobre si mismo. - ¡Yay!

Ilya se ríe, revolviendo los rizos del niño. - Te marcaré un gol. - Noah abre mucho los ojos, mirándolo como si hubiese colgado la luna. - ¿De verdad? - Ilya asiente, poniéndose en pie cuando su móvil vuelve a sonar, su Uber aparcando en la acera a tan solo unos metros. - Es una promesa, pequeño. - Cambia al ruso, sabiendo que lo entenderá.

Empieza a caminar hacia el coche de espaldas, alzando su mirada hasta Shane. - ¿Hablamos? - El moreno asiente, dándose dos golpes en el teléfono a través de la tela del pantalón. Ilya lo entiende. Estaremos en contacto.

Notes:

Babulya --> Abuelita.
Lapochka --> honey/miel, apodo cariñoso para niños.
Papochka --> termino cariñoso para padre. Similar a papi/papá.
Malysh --> niño/bebé.
Spasibo --> gracias.
Baba --> Abuela.

Chapter Text

La vida de Ilya ha dado un vuelco de ciento ochenta grados en cuestión de unas pocas semanas. Su teléfono está lleno de fotos de Noah, ya sea porque Shane se las envía o porque el propio Ilya hace capturas de pantalla cada vez que tienen una videollamada. Esto ocurre prácticamente todos los días, cuando Shane deja su teléfono en manos de Noah y les permite conversar a solas -relativamente, Ilya sabe que siempre anda rondando cerca, porque a veces corrige al niño o le va dando avisos de que debe terminar su tiempo de conversación- normalmente durante las mañanas, cuando Ilya ha vuelto de su entrenamiento matutino. Las tardes son mas ocupadas para los tres. Ilya suele tener partido varias tardes a la semana y los Hollander suelen estar en la pista de hielo. Así que las mañanas son mas sencillas para todos. 

Esas llamadas se han vuelto rápidamente la mejor parte de su día. Las espera con ansias. Noah parlotea sin cesar alternando entre el inglés, el ruso y algunas palabras que cree pueden ser japonés, cada vez mas confiado alrededor de Ilya. Joder, está deseando poder volver a verlo en persona pronto.  Tendrá tres días libres la próxima semana y aunque todavía no se lo ha dicho a Shane, ya tiene sus vuelos reservados. 

Ha estado evaluando sus opciones. Es agente libre cuando termine la temporada y no puede empezar a mover los hilos aún, sin embargo ya ha despedido a su antiguo agente y contratado uno nuevo que atenderá a sus intereses sin hacer demasiadas preguntas. Ilya estaba dispuesto a aumentar su porcentaje de beneficio, pero sorprendentemente no hizo falta. Para variar, su antiguo agente ruso había estado cobrándole mas de lo habitual. Mucho mas. Así que incluso podría acabar ahorrando dinero con el cambio. 

Ottawa sigue siendo su opción preferente, teniendo allí a Noah y para que mentirse, también a Shane. Han estado mensajeándose con frecuencia, principalmente sobre Noah. Ilya no se había permitido pensar todo este tiempo lo mucho que lo había extrañado. Lo quiere de vuelta. Lo quiere todo: Shane, Noah, la casa con una valla blanca, quizá un perro. Quiere a su familia, y el primer paso es mudarse a Ottawa.

No puede contactar directamente con los centauros según las normas de fichajes e intercambios de la liga, pero ha hablado con su nuevo agente de sus intenciones y sabe que empezará a trabajar en ello de forma discreta. También ha estado tanteando el mercado inmobiliario. Quiere establecerse cerca del hogar de Shane y Noah, pero también sería ideal tener acceso rápido al Tire Centre y tener cierto sistema de seguridad. Al final del día no deja de ser un famoso jugador de hockey. No sería la primera vez que la gente intenta colarse en su casa, y si algo tiene claro ahora es que la seguridad de Noah está por encima de todo. 

También ha creado un fideicomiso para Noah. No tiene planes de que le ocurra nada, pero es consciente de que el hockey es un deporte de contacto. Sabe que tarde o temprano tendrá que contarle sobre ello a Shane, pero de momento, elige tarde. No quiere que se vuelva loco o que piense que es Ilya quien ha enloquecido. Para él, es simple. Dos meses atrás no tenía a nadie a quien legarle sus bienes. Ahora si lo tiene. Así que si a él le pasa algo, se asegurará de que todo vaya a su hijo. 

Baja la mirada a su teléfono cuando recibe una notificación. Hace media hora que ha llegado de su entrenamiento y habían quedado en llamar hoy. Se desanima cuando ve el mensaje. No creo que podamos hacerlo hoy. Noah sigue durmiendo. Ha pasado una mala noche. Sin dudar un solo segundo, pulsa el botón de videollamada, un Shane con cara de agotamiento apareciendo al otro lado instantes después. - ¿Noah está bien? - Puede verlo asentir, incluso con el retraso de la conexión que lo hace ver entrecortado. 

- Tiene algo de fiebre, vomitó un par de veces anoche y se ha pasado la noche entrando y saliendo del sueño. Al final le ha podido el cansancio a eso de las seis, así que está completamente KO. 

Ilya traga saliva, maldiciéndose una vez mas por no estar allí. Shane debe verlo en su expresión, porque frunce el ceño como si estuviese enfadado con él. - No seas estúpido, Ilya... él estará bien. Los niños enferman todo el tiempo, es normal. - Puede verlo caminar por el corto pasillo, la luz cada vez mas escasa a medida que se aleja de las ventanas y su voz se convierte en un susurro. La cámara cambia e Ilya alcanza a ver un burrito de mantas alrededor del cuerpo de Noah, que se ve mas pequeño que nunca a sus ojos. 

Shane vuelve a la cocina, todavía manteniendo la llamada. - Iré la semana que viene. Tengo unos días libres, si no es un inconveniente para ti. - Shane asiente, dejando el móvil en alguna parte mientras ocupa sus manos con un cuchillo y varias verduras. Está haciendo sopa, para su hijo enfermo. Mientras que Ilya sólo puede sentarse en su sofá, sin hacer nada. Inútil. - Claro... te diría que puedes quedarte aquí, pero no tenemos una habitación de invitados... y dudo que quieras dormir en el sofá. No es muy cómodo. 

- Puedo pagarme un hotel, Shane. - Es su turno de rodar los ojos - aunque también podría regalarte un buen sofá. ¿No es tu cumpleaños pronto? - Shane deja el cuchillo, clavando su mirada en la cámara como si Ilya acabase de ofenderlo profundamente. - No necesito un sofá nuevo. No necesito nada, Ilya. - Bueno, quizá si lo haya ofendido. Pero la cosa es que Ilya quiere. Tiene mas dinero del que nunca podrá gastar, y sabe que los niños son caros. Es una conversación que necesitan tener, pero sabe que no será fácil. No con Shane testarudo y orgulloso Hollander. 

- Te enviaré un mensaje cuando se despierte mas tarde si quiere hablar, ¿de acuerdo? Por si todavía estás disponible. 

- Lo estaré. Para él, siempre lo estaré. - Shane sonríe de medio lado, negando. - Estás siendo ridículo. - Pero tiene que saber que lo dice en serio. Sólo hace unas semanas que sabe de su existencia, pero Ilya reduciría el mundo a cenizas por Noah. 

 


 

Shane ayuda a Noah a pasar los brazos por la mullida sudadera térmica. Hace seis días que la fiebre desapareció, pero no enviará a su hijo de vuelta al frío sin estar debidamente abrigado, gracias. - Recuerda portarte bien, y no pierdas a Ilya de vista, ¿trato? - Noah asiente, rebotando con emoción en su cama. - ¿Dónde iremos? - Shane se encoge de hombros, forrando sus pies en los calcetines mas cálidos que tiene. - No lo se, gecko. Tendrás que preguntárselo a él cuando llegue. 

Como si lo hubiese invocado, suena el timbre y su bebé sale disparado por el pasillo hacia la puerta principal. Shane sabe que no abrirá la puerta, pero aún así se apresura a llegar también al recibidor. Abre la puerta, viendo a Ilya al otro lado con su abrigo largo. - ¡Ilyushka! - Noah pasa a su lado como un torbellino, saliendo de casa todavía descalzo directo a los brazos de Rozanov quien ya lo está alzando en brazos. - Le pregunté a babulya y dijo que podía llamarte así. 

- Hola, pequeño torbellino. - A estas alturas, Shane se ha acostumbrado a oírlos interactuar en ruso. Supone que tendrá que poner mas empeño en sus clases si no quiere quedarse atrás. Noah es mucho mejor con el idioma que él. - Ilyushka está bien. Aprendes rápido, malysh.

- ¿Vais a salir? - Shane se acerca a ellos, con las botas de Noah en la mano antes de aprovechar que está en brazos de Ilya para ponérselas. - En realidad, ¿había pensado que quizá te gustaría algo de tiempo a solas? - Las cejas de Ilya rozan la raíz de su cabello, sus brazos estrechándose mas alrededor del cuerpo del niño. Ya puede ver una amplia sonrisa tirando de sus mejillas. - ¿De verdad? 

Shane asiente, mordiéndose el interior del labio. No es que no se esté muriendo de miedo, pero sabe que Ilya cuidará de Noah. Y muy en el fondo sabe que no saldrá con él directo al aeropuerto y se lo robará. - Sólo... llámame si pasa cualquier cosa, ¿si? - Shane ha estado dando muchas vueltas a esto. Si Ilya va a mudarse a Ottawa - y todo indica que lo hará - querrá tiempo con Noah. Tiempo a solas. Demonios, es muy probable que en realidad, quiera una custodia compartida. Shane sabe que es lo justo, pero no significa que tenga que gustarle. Así que bien puede empezar por dejarles pasar tiempo a solas, sin orbitar a su alrededor como un buitre esperando un error. Además, podría aprovechar el momento para matar dos pájaros de un tiro. Tiene una conversación pendiente que ha estado posponiendo cuatro años.

 


 


Apaga el motor de su viejo coche frente a la casa de sus padres y toma una respiración profunda, como si pudiese auto infundirse algo de valor. Se obliga a serenarse y saca las llaves del contacto, desabrochando su cinturón antes de salir del coche y acercarse a la puerta. Usa sus propias llaves, cerrando la puerta tras él mientras se quita los zapatos en la entrada. - ¿Mamá?¿Papá? 

- ¿Shane? - Su madre aparece desde la cocina con una taza de té entre sus manos, usándola mas para calentarse que porque realmente quiera beberla. Ella siempre ha hecho eso. - ¿Dónde está mi nieto? - Quizá Shane debería haber pensado que aparecer sin su sombra sería sospechoso. Pero realmente necesita tener esta conversación con sus padres sin distracciones. 

- ¿Está papá? - Se acerca a la cocina, sirviéndose él mismo una nueva taza de té. Quizá no es lo mas recomendable para sus nervios, ya lleva dos cafés en lo que va de mañana y apenas son las once, pero necesita tener algo entre las manos. Su padre aparece instantes después buscando a Noah a su alrededor por instinto y Shane les hace un gesto ambos para que se sienten en la isla de la cocina. Toma asiento frente a ellos, cerrando los ojos unos segundos mientras busca el valor que necesita. 

- Noah está... - traga saliva, esto es mas difícil de lo que pensaba - con su padre. 

Los rostros de sus padres de pronto le parecen ilegibles. Es como si hubiesen estado esperando este momento durante cuatro años y al mismo tiempo tengan miedo de que al fin esté ocurriendo. Shane arrastra sus pulgares por el borde de su taza, bajando la mirada hacia el líquido dorado. - Él... estuvo aquí por trabajo hace unas semanas... nos topamos por casualidad. Y viendo a Noah, sólo necesitó sumar dos y dos. Los tres sabemos que físicamente no tiene mucho de mi. - Alza la mirada de nuevo hasta sus padres, sonriendo muy brevemente. - De hecho, tiene mucho de él. 

- Shane... - niega enseguida con la cabeza, mirando a su madre directamente. - No... déjame terminar. - Ella asiente, volviendo a enderezarse en su silla. Shane no puede estar mas agradecido por todo el apoyo que sus padres le han brindado estos años. Por toda la ayuda proporcionada. Nunca podría haberlo hecho sin ellos. Habría luchado igualmente con uñas y dientes por Noah... pero es muy probable que su bebé no tuviese ni la mitad de los recuerdos felices que tiene si no hubiese sido por sus abuelos.

- Noah todavía no lo sabe. Lo ha conocido, hablan prácticamente a diario. - Suspira, sabiendo que será tan difícil para sus padres como para él dejarlo entrar, la posibilidad de que aleje a Noah probablemente los aterrorice todavía mas que a él mismo. - Él quiere formar parte de su vida. Y yo... quiero que lo haga. Debí haber insistido mas para que me escuchase... ama a Noah con locura. - Se encoge de hombros, la taza ya fría entre sus dedos mientras la gira - Él... va a mudarse, aquí, a Ottawa... por Noah. Se que serán muchos cambios, tendremos que adaptarnos... pero quiero que podamos llevarnos bien, todos nosotros. Quiero que Noah pueda tener a toda su familia en su cumpleaños, o en su primer partido... No es como si él y yo fuésemos a estar juntos, dios, eso no es ni siquiera una posibilidad. - Bufa sólo de pensarlo - pero podemos ser lo suficientemente cordiales el uno con el otro por el bien de Noah. 

Su teléfono vibra en su bolsillo y Shane lo extrae a toda velocidad. Le ha dicho a Rozanov que lo avise con cualquier cosa, y aunque supone que ante una emergencia lo llamaría en lugar de enviarle un mensaje, su pánico se antepone a la razón. Tiene un mensaje nuevo de Ilya. Su corazón se salta un latido, pero cuando abre la conversación, no encuentra una alerta ni un mensaje... encuentra una foto. 

Un selfie. Noah está en primer plano, abriendo mucho la boca y su mano imitando una garra. Detrás de él, Ilya sujeta el teléfono y tiene una mueca tan similar que podrían pasar por gemelos. Junto a ellos, la cabeza del esqueleto de un triceratops. Asustando dinosaurios en el museo es el mensaje que acompaña a la imagen. No puede evitar sonreír ampliamente al verla. Parece que Noah lo está pasando bien... y realmente el museo es una gran elección para su hijo recién salido de un resfriado. Mucho mejor que un parque al aire libre o la pista de hielo. 

Nota los ojos de sus padres fijos en él y se arma de valor. Bien puede arrancar la tirita de un solo tirón, ¿no? 

Extiende el móvil desbloqueado por encima de la mesa hacia sus padres, la imagen llenando la pantalla. 

- ¿¡ESE ES ILYA ROZANOV!? - uppps.

Chapter Text

Falta poco mas de una semana para que empiecen los playoffs y una vez mas, Boston son los favoritos para ganar la copa. Han estado en los primeros puestos de la clasificación toda la temporada y están en plena forma. Sin embargo su capitán, en lugar de estar entrenando para las semanas duras que tienen por delante, se encuentra en su nueva casa en Ottawa, abriendo la puerta a sus dos canadienses favoritos. 

- Ilyushka me gusta verte pero estoy suuuper cansado. - Ve al niño entrar por la puerta casi arrastrando los pies y alza las cejas, mirando a su padre entrar tras él y quitarse las zapatillas en la entrada mientras insta al niño a hacer lo propio. 

- Sólo hemos caminado algo mas de treinta minutos. Estas mucho mas tiempo patinando en el hielo y no te he oído quejarte ni una sola vez. - Shane ordena el calzado de ambos en la entrada mientras Noah se abraza a las piernas de Ilya, dedicándole esa hermosa sonrisa que le llena la cara. - Hola pequeño. No te preocupes, yo no te haré caminar. - Lo alza en brazos, cargándolo a la espalda como sabe que le gusta. - ¿Un tour por mi nueva casa, Hollanders? 

Los guía hasta la cocina y sirve agua para ambos, dejando al niño sobre la isla de la cocina mientras ambos miran a su alrededor. La sala es amplia, aunque tiene un sofá enorme que ocupa la mayor parte del espacio. La cocina está abierta a la sala, todo integrado en el mismo espacio. Hay unos grandes ventanales que dan al patio trasero, completamente privado. El río pasa cerca y cuando estás fuera puede oírse el murmullo del agua. Al otro lado de la sala hay una pequeña terraza cerrada, acristalada y completamente climatizada. Ilya todavía no ha podido verla en invierno, pero se enamoró cuando vio las fotos con el paisaje nevado fuera. Ya sabe que pasará mucho tiempo libre allí durante los meses de frío. 

La mayor parte de la planta baja tiene paredes blancas y muebles claros, con detalles que crean contraste en distintos tonos de madera. No se parece en nada a su actual apartamento en Boston. Pero el Ilya de 2018 no busca lo mismo que buscaba el Ilya de 2012. Quiere que esta casa sea un hogar. Necesita que se sienta como un hogar. Como nunca se sintió Boston. Como jamás fue Moscú.

- Se ve práctica... no es lo que esperaba. - Se encoge de hombros ante las palabras de Shane, mirando a su alrededor, todavía acostumbrándose. - Todavía tengo que hacerle algunas reformas, sobre todo en el sótano y las habitaciones. Me gustó el exterior, las terrazas. Además es muy privada, con todos los árboles... Y tiene acceso al río, me han dicho que se congela en invierno y se puede patinar. 

Shane asiente, todavía curioseando aunque no se mueve del sitio, dando pequeños sorbos al vaso que tiene entre manos. - Si, el canal Rideau se congela todos los inviernos. Lo pulen para que sea transitable. Es bastante agradable. No se si las Zambonis llegarán hasta aquí, pero incluso si no lo pulen podrás patinar en él. En las zonas mas céntricas incluso juegan al hockey. 

- El tío Bood a veces juega en el canal, pero me gusta mas verlo en la pista. Aunque los Centauros casi nunca ganen. - Noah frunce el ceño, como si estuviese personalmente ofendido por el bajo rendimiento de su equipo local. A Ilya le encanta que tenga opiniones tan fuertes cuando ni siquiera ha cumplido todavía los cuatro años. 

- Bueno, quizá empiecen a ganar la próxima temporada. - Noah rueda los ojos, como si eso fuese del todo imposible. Tal vez no se equivoque. Aunque Ilya consiga cerrar un trato con ellos y juegue para Ottawa, un sólo jugador no puede cargar con todo un equipo. 

Baja al niño al suelo una vez le devuelve el vaso de agua vacío, pasándole una mano por los rizos. - ¿Por qué no vas arriba a ver si encuentras una habitación que te guste? - El niño mira a su padre como pidiendo permiso y al recibir un leve asentimiento, sale corriendo por las escaleras. 

- ¿Te compras una casa aquí sin saber siquiera si vas a poder jugar para Ottawa? - Ilya se encoge de hombros, lavando ambos vasos. 

-¿Qué?¿Crees que no me querrán? - El hombre a su lado bufa, apoyándose en la encimera de la cocina. - Claro que te querrán. Cualquier equipo de la liga te querría. Pero quizá no tengan espacio para ti. Los equipos tan abajo en la tabla suelen tener espacio salarial pero también buenas elecciones para el draft... y vienen buenos novatos para la próxima selección. Quizá no seas su prioridad. 

Ilya lo mira mientras seca sus manos con un trapo, dejándolo de nuevo en su sitio. - Bueno, me mudaré igualmente. Si no puedo jugar para Ottawa, dejaré de jugar. Es simple. 

-¿Simple? No puedes abandonar así como así. - Puede notar como empieza a enfadarse, pero no puede importarle menos. 

- Tu lo hiciste. Es simple para mi. ¿Puedo jugar aquí? Sigo jugando. ¿No puedo? Dejo el hockey. Hay cosas mas importantes. 

- Las condiciones no eran las mismas. Lo sabes. - Desvía la mirada, e Ilya sabe que no debería insistir, pero aun así lo hace. 

- ¿Por qué?¿Porque tengo un puñado de copas? Tengo suficiente dinero como para vivir diez vidas. No necesito el hockey. Me ayudó a salir de Rusia, me gusta jugar... pero si tengo que elegir entre mi carrera o ser padre... 

- No puedes sólo abandonar tu vida entera. Tus amigos están en Boston. Tu carrera está allí. ¿Qué tienes aquí? - Ilya se pellizca el puente de la nariz con el pulgar y el índice, conteniéndose para no gritarle a la cara al estúpido canadiense que tiene delante. 

- Toda tu vida estaba en Montreal, y lo dejaste todo. Dices que no era lo mismo, que no tenías lo que yo... pero podrías haberlo tenido. Todavía podrías, te he visto sobre el hielo. Aún lo tienes. 

- Tengo a Noah. - Se aparta unos metros, caminando hasta los ventanales, fijando su mirada en el exterior. - También yo. Que lo haya conocido por menos tiempo que tu no significa que me importe menos. - Acorta la distancia hasta el otro hombre, mirándolo aunque no le devuelva el gesto. - ¿Tu puedes renunciar a todo por él y yo no puedo hacer lo mismo?¿Por qué?¿Porque he tenido mas tiempo para jugar? Quizá sea mi tiempo de quedarme en casa. Vuelve tu a jugar. 

Shane bufa como si hubiese dicho la estupidez mas grande del universo. - Como si cualquier equipo fuese a querer a un entrenador de infantiles. No me ficharían ni para la AHL. Además, no quiero pasarme nueve meses al año viajando por toda Norteamérica. ¿Qué pasaría con Noah? En un par de años mas empezará el colegio. Tiene su vida aquí, a sus abuelos, sus amigos. 

- También tendrá a su padre. ¿Ves? Simple. - Shane al fin le devuelve la mirada, cargada de furia. Ilya no puede evitar reír estúpidamente. Como un gatito enfurruñado. - Mira, solo digo qué... 

Unos pasos acelerados interrumpen su conversación, Noah derrapando en la esquina de la cocina con la cara roja y sudorosa. - ¡Papá!¡Es genial!¿Puedo tener uno así en casa? - Ilya sonríe triunfante. No ha tenido tiempo de cambiar muchas cosas todavía en la casa, pero lo primero que se aseguró de que estuviese listo fue la habitación de Noah. No sabe cuando será posible que el niño se quede a dormir con él, pero sea cuando sea, quiere que tenga su propia habitación. Que siempre sepa que tiene un lugar allí, en su hogar. 

Noah agarra la mano de su padre, tirando de él hacia las escaleras. Shane mira hacia atrás, la furia casi desaparecida con su hijo presente. -¿Qué has hecho, Rozanov? 

Alza sus manos en son de paz, siguiéndolos a ambos dejando unos metros de distancia. Las puertas de todo el pasillo superior están abiertas, está claro que Noah ha estado explorando. Sin embargo su hijo los lleva directos a la que es su habitación. Al contrario de cualquier cosa que Shane pudiese estar imaginando, la quiso mantener simple y funcional. Las paredes son de un suave color crema, con un revestimiento de listones de madera de color verde claro hasta media altura. Una gran alfombra tejida y redonda ocupa el centro de la habitación, cubriendo casi toda la superficie. Hay dos largas baldas a lo largo de una pared, repletas de libros infantiles expuestos. Junto a ellas, un puff grande y mullido y una lámpara de pie. En la pared contraria hay un baúl de madera que ya ha sido abierto, con algunos peluches de dinosaurios y bloques de construcción de madera en su interior. 

La cama está al fondo, también de madera. Está elevada a metro y medio del suelo, con una escalera de peldaños para subir. Hay una barandilla a lo largo de toda la cama recortada en forma de almena, simulando un castillo. A los pies de la cama, un tobogán para descender de la misma. Y bajo la cama está la parte favorita de Ilya. 

Un colchón ocupa toda la pared del fondo, cubierto de un fuerte de mantas, almohadas y cojines. Hay una pequeña repisa donde reposan dos linternas de colores y una luz ambiental. Uno de los pocos recuerdos felices que tiene de su infancia son las noches en que su madre lo arropaba y le contaba historias a la hora de dormir. También, cuando a veces la luz se iba en los inviernos mas crudos, ella le enseñaba a hacer sombras en la pared con linternas o velas. Quiere darle eso a Noah. Quiere regalarle momentos, no cosas. 

- Es... -Shane parece haberse quedado sin palabras, otro mini punto para Ilya - Esta bien, te lo concedo. Es alucinante. - Puede ver la sombra de una sonrisa en Hollander y por ahora, le basta. Esperaba sorprender al niño, no al padre. Shane se agacha a la altura de Noah, observando con él los juguetes del baúl. - ¿Crees que querrás quedarte a dormir aquí algún día? 

Ilya siente un nudo en la garganta, de pronto nervioso por la respuesta que pueda dar Noah. Sabe que el niño está a gusto con él. Sabe que la habitación es el sueño de cualquier niño. Pero aun así, está esa voz en su cabeza que le dice que no es suficiente. Que nunca será lo suficientemente bueno. - Bueno... si podemos traer al señor Bubbles… 

Shane se ríe, pasando una mano por los rizos rubios del niño. - Estoy seguro de que podemos traer al señor Bubbles, aunque no creo que los monstruos vayan a poder escalar este castillo tan increíble. Además, tendrían que pasar por encima de Ilya. ¿Tu has visto lo grande y fuerte que es? 

Noah lo mira con esos grandes ojos marrones, como si de pronto estuviese evaluándolo. - Tienes razón papá... Es como un gigante. - Niega con la cabeza, sus rizos rebotando alegremente a su alrededor. - Pero el señor Bubbles es mejor para los monstruos. Ve en la oscuridad y puede reptar. 

Shane ríe, una carcajada auténtica y pura. Ilya nunca lo había visto así, pero Noah se ve muy muy satisfecho consigo mismo. - ¿Debería sentirme ofendido?¿Quien es el señor Bubbles? - Se dobla por la cintura en dirección a Noah, cruzando los brazos frente al pecho para parecer aún mas musculoso. - ¿No sabes que soy el hombre mas temido de toda la liga, pequeño?

Shane se ríe aún mas, tanto que tiene que sentarse sobre la alfombra antes de caerse de culo. - El terror ruso... vencido por una lamparita nocturna para niños. 

Chapter Text

Algo está mal. Algo está definitivamente mal, y Shane no sabe como arreglarlo. Enjuaga una toalla limpia en agua fría y la vuelve a poner sobre la frente de su pequeño, apartando los rizos sudorosos mientras intenta no llorar al ver a su bebé tan mal. Noah ha empezado a quejarse del estómago a media mañana, cuando volvían del mercado. Ha vomitado al llegar a casa, Shane ha supuesto que esta vez su baba rusa le ha dado demasiados dulces. Pero apenas un par de horas mas tarde, las molestias estomacales han vuelto y ha vomitado dos veces mas. Y después ha llegado la fiebre, y con ella, el llanto. 

No es extraño que Noah enferme, pero normalmente suele mejorar con los medicamentos para la fiebre y las nauseas. No está siendo el caso. Ha llamado a sus padres por pura desesperación y están viniendo para llevarlos al hospital. Porque Shane es tan jodidamente mal padre que ni siquiera ha podido conseguir un coche que funcione desde que el suyo murió seis semanas atrás. Si lo hubiese tenido, habría podido llevar a Noah él mismo, sin tener que esperar veinte malditos minutos a que sus padres los auxilien. - Pronto te pondrás bien, mi pequeño gecko. Te lo prometo. 

Cierra con fuerza los ojos, obligándose a respirar hondo para reprimir las lágrimas. No quiere asustar a Noah, aunque él mismo esté aterrorizado. Han pasado horas desde que Noah ha empezado a quejarse. Horas de dolor que ha ignorado, que ha dejado pasar. Y ahora su bebé está tan mal que ni siquiera le quedan fuerzas para aferrarse a él como lleva haciendo toda la tarde. 

Oye el sonido de las ruedas en la acera y se pone en pie, cubriendo a Noah con una manta antes de salir al exterior, su madre ya fuera del coche, poniendo una mano sobre la frente del niño. - Shane, está ardiendo... - Niega con la cabeza, obligándose una vez mas a no llorar. - Lo sé, mamá. No hay forma de que baje... vámonos. - Suben al coche, su padre conduciendo por las calles de Ottawa. Nadie dice nada, pero la preocupación se palpa en el ambiente. 

No tienen que esperar demasiado cuando llegan a urgencias. El cribado funciona de maravilla porque en cuanto explican los síntomas de Noah sólo pasan unos minutos antes de que un médico salga y le palpe el abdomen en la misma sala de espera, todavía en brazos de Shane. - Es muy probable que sea apendicitis. Por suerte, parece que lo hemos pillado a tiempo. Lo ingresaremos y haremos una radiografía para verificarlo. Lo operaremos en cuanto tengamos un quirófano disponible. 

Shane abraza a su niño todavía mas fuerte contra si mismo. Noah emite un gemido lastimero y se acurruca mas todavía en su pecho, medio dormido de puro agotamiento. - Vas a estar bien, Noah. Pronto dejará de doler. - Un quirófano. Van a tener que operar a su pequeño bebé. Debería haberlo sabido hace horas. Debería haberlo hecho mejor. 

Siguen a una auxiliar hasta una habitación, donde dos enfermeras cambian a Noah a una bata de hospital y ponen una vía intravenosa en su brazo. El pobre está tan agotado que ni siquiera se inmuta. Yuna se queda atrás, rellenando los formularios necesarios para ingresar a Noah. Una vez Shane firma, se llevan la camilla para hacer la radiografía y Shane siente que le han arrancado una parte de si mismo. Una parte vital que lo deja vacío. 

Diez minutos mas tarde, el mismo médico de la sala de espera aparece con una tableta en la mano, revisándola rápidamente. - El quirófano ha quedado libre mientras le hacíamos la radiografía a Noah. El apéndice no ha estallado todavía, pero está lo suficientemente inflamado como para hacerlo en cualquier momento. Lo hemos llevado directamente a quirófano y lo están preparando. - Extiende la tableta hacia Shane, una autorización visible en la pantalla. - Necesito que firme la autorización para poder operar. Si el apéndice no estalla, será por vía laparoscópica, apenas un par de incisiones y estará como nuevo en un par de semanas. 

Shane firma sin pensarlo dos veces. Si existe la posibilidad de que el apéndice de Noah estalle, necesitan ganar todo el tiempo posible. El doctor se va y los deja a los tres en la habitación. Siente la mano de su padre en el hombro y los brazos de su madre rodeándolo mientras Shane se aferra a la manta de Noah, permitiéndose al fin llorar. ¿Cómo ha podido dejar que pase algo así?

 


 

El pitido que marca el final del partido se siente como un alivio instantáneo. Ilya siempre olvida lo agotadoras que son las rondas de los playoffs, pero todavía sigue deseando que el equipo llegue a jugarlas. Es el sexto partido de la tercera ronda y lo han ganado, aunque sólo por un punto. Van tres a tres, sólo un partido mas y pasarán a la última ronda. Piensa en Noah, que estará viéndolo desde casa. Puede imaginarlo, con su energía inagotable y su camiseta de Boston, animando desde el sofá. 

Llega al vestuario deseando darse una ducha, pero lo primero que hace es revisar su teléfono. Shane ha estado enviándole comentarios, fotos e incluso mensajes de audio de parte de Noah durante todos los partidos de los playoffs, y a Ilya le dan la vida cada vez que acaba un partido y se los encuentra. Sin embargo esta vez no hay ninguna notificación de su aplicación de mensajería. En cambio, ve tres llamadas perdidas de Shane. Es raro, ¿por qué lo llamaría sabiendo que jugaba hoy? Pulsa el botón para reproducir el mensaje en el buzón de voz, llevándose el teléfono a la oreja mientras presiona dos dedos contra la oreja contraria, intentando ahogar el ruido del vestuario. 

La voz de Shane se escucha nerviosa, como si estuviese teniendo un ataque de pánico o llevase horas llorando. - Ilya... yo... Noah... - la voz se pierde por unos instantes, ahogada por el llanto - estamos en el hospital. Noah lleva quejándose toda la tarde y yo... creía que se le pasaría. Joder, lo he hecho todo mal. Lo están operando, en teoría es sencillo, apendicitis... pero es tan pequeño... - sorbe por la nariz y suena lejano, como si hubiese alejado el teléfono de si mismo y cuando vuelve a oír su voz, suena un poco mas sereno, sólo un poco. - Llámame cuando oigas esto. O te llamaré de nuevo cuando salga del quirófano o sepa algo. Lo que pase primero. Lo siento... 

Joder, joder, joder. 

Noah. 

Ilya revisa frenéticamente los horarios de las llamadas perdidas. Han sido las tres en el mismo momento, de hace apenas quince minutos. Lo que significa que Noah está siendo operado ahora mismo. Sale del vestuario en tres grandes zancadas, todavía con todo el equipo puesto, el sudor secándose asquerosamente en su piel. Marca el número de Shane, mordiéndose el pulgar. - Vamos, vamos... contesta. 

- Ilya... - la voz de Shane llega rota a través del teléfono, pero nota como Shane se obliga a serenarse a si mismo - todavía no sabemos nada. Han dicho que podría tardar hasta una hora, dependerá de si han conseguido hacerlo antes de que su apéndice estallase. 

Suspira, cerrando los ojos. - Estará bien. Es fuerte. Tienes que creerlo, Shane. - Un suspiro tembloroso llega a través de la línea y después puede oírlo exhalar todo el aire de sus pulmones. -Si, lo es. Es medio ruso, ¿no? Es duro. 

Ilya no puede evitar una risa que suena como un resoplido. - Si, lo es. Los rusos no nos asustamos por un apéndice. - Espera unos segundos, mordiendo su labio inferior. - Estaré ahí tan pronto como pueda, ¿si? Besa a Noah por mi. 

- Ilya no tienes que... - lo interrumpe, sin ni siquiera dejar que pueda terminar esa frase - claro que voy a ir. No te atrevas a insinuar lo contrario, Hollander. 

- Esta bien... ten cuidado. - Ilya sonríe levemente, Shane de pronto sonando suave y dócil. Tiene que estar agotado y muerto de miedo. 

- Están tus padres ahí, ¿verdad? - Un murmullo de asentimiento - Bien. No quiero que estés solo. Nos vemos pronto. 

Ilya ni siquiera se ducha. Se quita el equipo lo mas rápido que puede y se pone una sudadera, cogiendo únicamente su pasaporte, cartera, llaves y teléfono mientras localiza en el vestuario a Cliff. - Marly, tengo que irme. Es una emergencia familiar. Encárgate de mis cosas. Si el entrenador tiene algún problema, que me llame. Probablemente no vuelva para terminar la serie. 

Debe ver la urgencia en su cara, porque sólo asiente. - Claro cap, yo te cubro. Vete. - Sonríe y le da un golpe en el hombro antes de salir corriendo del Garden, conduciendo directamente hasta el aeropuerto mientras reserva un vuelo que sale en cuarenta y cinco minutos. Llegará, aunque tenga que saltarse una docena de normas de tráfico. 

 


 

No vuelve a ver a su hijo hasta hora y media mas tarde, y cuando lo traen de vuelta en la camilla se ve tan pequeño que Shane sólo quiere volver a llorar. El problema es que duda que le queden lágrimas. - Noah, bebé... - sonríe al verlo despierto, acariciando sus mejillas mientras sus pequeños ojos lo intentan enfocar. Todavía está parcialmente sedado, pero Shane agradece que lo hayan traído en vez de dejarlo despertar del todo en la sala de recuperación. 

- Papi... - Se seca una lágrima traicionera, besando la frente de su hijo. - Papi está aquí, gecko. También obaachan y ojiichan. - Nota como los busca con la mirada perdida y ambos se acercan por el otro lado de la cama, quedando a su vista. Yuna sujeta una de sus manos entre las suyas y Shane puede ver que también está conteniendo sus lágrimas. - Hola pequeño... ¿estás mejor? - Noah asiente, aunque se ve un poco ido, como si la cabeza le pesase una tonelada. 

Shane le acaricia los rizos, viendo como apenas puede mantener los ojos abiertos. - Descansa cariño... ya pasó. - Sonríe cuando lo ve caer dormido de nuevo y poco después el médico pasa por allí para informar del éxito de la operación. Han conseguido extraer el apéndice antes de que estallase, así que Noah tendrá que quedarse hospitalizado un par de días para asegurarse de que todo vaya bien, pero no esperan mas complicaciones que el poco dolor que pueda tener por las pequeñas incisiones. Shane agradece infinitas veces al médico por su labor y finalmente vuelven a dejarlos solos. 

- Shane, cariño... se está haciendo tarde. Deberías ir a conseguir algo, despejarte un poco. - Su madre insiste en que salga a por algo de cenar, pero Shane no se alejará de Noah por nada del mundo. No le volverá a fallar. No quiere ni imaginar que su bebé despierte y no lo encuentre allí. 

- Pero vosotros si deberíais ir. Pronto acabará el horario de visitas de todas formas, y no nos dejarán quedarnos a los tres. Deberíais volver a casa y descansar. - Shane acaricia el brazo de Noah, sin quitarle los ojos de encima ni por un segundo. - Os mantendré al dia, os avisaré cuando despierte. 

Su madre parece a punto de protestar, pero se contiene y coge su bolso. - De momento iremos a conseguir algo de comer, para todos. Volveremos antes de que termine el horario y discutiremos esto, ¿si? - Shane sabe que es lo mejor que conseguirá, así que le da un leve asentimiento de cabeza y tras mimar ambos a Noah, salen por la puerta y se pierden por el pasillo del hospital. 

 


 

Yuna creía que conocía el amor. Había crecido en una familia dura y estricta, pero amorosa. Había encontrado un hombre maravilloso con el que se había casado y aunque les había costado lágrimas y dolor, habían conseguido engendrar juntos al hijo mas increíble que podría haber deseado. Y el día que tuvo a Shane por primera vez en sus brazos, había creído que ahí estaba, el máximo amor que podía llegar a sentir una mujer. 

Y luego su increíble hijo tuvo a su propio hijo, y una vez mas, supo que se había equivocado. Porque todo el amor que había sentido por David se había duplicado para Shane... y el amor que llegó con Shane se había multiplicado hasta el infinito para su hermoso Noah. 

Y con el amor había llegado el miedo. A fallar, al dolor, al fracaso... y a la pérdida. Y contra mas fuerte es el amor, mas grande es el miedo. Así que cuando Shane había llamado en mitad de la tarde para llevar a Noah al hospital, su cuerpo se había llenado de terror, porque las dos personas que mas amaba en el mundo estaban heridas y no podía hacer nada mas que guiar y acompañar. Sostener. Así que se había tragado las lágrimas, había encerrado el miedo y se había convertido en un pilar. Podía derrumbarse mas tarde. 

Sabe que podría intentarlo, insistir en que Shane saliese de la habitación, comiese algo, tomase algo de aire y luego pasase la noche con Noah. Pero conoce a su hijo, testarudo como él solo, con su mismo miedo en el corazón por lo fuerte que ama... y sabe que no se moverá del lado de Noah hasta que vea con sus propios ojos que está sano y salvo. Asi que no insiste. Sabe elegir sus batallas. 

Conoce la cafetería del hospital y ya cometió el error de comer allí una vez. Si va a conseguir que Shane coma algo, no será esa comida de cartón. Sabe que hay un local con buena comida para llevar a un par de manzanas, así que tanto ella como su marido se abrigan bien y caminan hasta allí en silencio. 

Parece que la adrenalina se está agotando ahora que saben que todo ha quedado en un susto, y el estrés del día la golpea de golpe mientras esperan en la cola para hacer su pedido. David soporta su peso contra su costado, pasando un brazo por sus hombros para sostenerla. No necesitan decir nada, son ya demasiados años como para entenderse sin palabras. Para comprender lo que el otro necesita. Siempre esperó que Shane encontrase a alguien que le hiciese sentir así. Amado, protegido, cuidado... alguien que lo amase sin reservas. Quizá el universo sabía que no lo tendría fácil, y por eso le envió a Noah. 

Cruzan de vuelta las puertas del hospital quince minutos antes de que termine el horario de visitas. Van directamente a la puerta de ingresos con sus pases de visitante cuando un hombre discutiendo en el mostrador de admisión le llama la atención. Quizá un año antes no le habría prestado atención, pero ahora que lo sabe, no puede evitar notarlo. Se trata de Ilya Rozanov. Rozanov, que estaba jugando un partido de playoffs en Boston esta noche. Y que está aquí, en un hospital de Ottawa, por Noah. 

- Por ultima vez, señor. Sólo autorizados por la familia o familiares pueden acceder al área pediátrica o recibir información. - Yuna sonríe suavemente al acercarse al mostrador, contenta en cierto modo de que en el hospital mantengan la seguridad en los accesos. - Está bien. - Le pone la mano en el antebrazo al ruso, dándole una palmadita y poniendo su mejor cara de negocios ante la recepcionista. - Está con nosotros. Está autorizado. Es familia.

La mujer se fija en su propia autorización y aun así, chequea en el ordenador antes de asentir y deslizar por el mostrador un nuevo pase de visitante. - De todas formas recuerden que el horario de visita está a punto de terminar. - Asiente y tira del brazo del hombre en dirección a las puertas de acceso, donde David mantiene la puerta abierta para ambos. 

Ninguno de los tres dice nada mientras caminan hasta la habitación de Noah, hasta que Rozanov rompe el hielo. - Señora Hollander yo... muchas gracias por esto, de verdad. Yo no... no soy nadie, legalmente no, ¿verdad? No querían dejarme entrar y yo... - maldice en algo que claramente es ruso, como si le costase encontrar las palabras correctas. O quizá solo tiene la garganta tan apretada que le impide hablar. Podría ser, con lo rojos que tiene los ojos y la angustia que puede ver en su mirada. 

Se acerca al hombre, volviendo a posar la mano en su brazo. - Puedo ver lo mucho que te importa nuestro Noah... arreglaremos esto, ¿si? Un paso a la vez. - Le sonríe, sintiendo cierta simpatía por el ruso al que había odiado durante años. En persona no es capaz de ver a esa figura pública arrogante, descarada y odiosa que los medios retratan. Aquí, frente a Yuna, sólo ve a un niño asustado que ama con tanta intensidad como lo hace ella.

 

Chapter 10: 10

Notes:

¡Siento haber estado desaparecida! Temporada alta en mi campo de trabajo, han sido dos semanas de locos y no he podido escribir nada, estaba tan agotada que mi mente se quedaba en blanco al llegar a casa. ¡Pero he podido terminar con este hoy y no he querido esperar un minuto mas a publicarlo! Espero volver a mi ritmo habitual de un par de capítulos por semana en poco tiempo. Tampoco espero que esta historia se alargue mucho mas, pero siempre digo eso y luego acaba estirándose como un chicle.

Chapter Text

La siguiente vez que la puerta de la habitación se abre, Shane espera ver a sus padres de vuelta, pero lo que no imaginaba es la figura de Ilya Rozanov entrando tras su padre, como si los tres fuesen una sola unidad. Se ve casi tímido y pequeño, sus ojos rojos e indecisos viajando entre Noah en la camilla y el propio Shane. 

No puede evitar el impulso que lo hace levantarse de la silla y arrojarse a sus brazos, rodeando su cuello y estrechándolo fuerte. Puede sentir los brazos de Rozanov rodear su torso unos segundos después, la tensión en el cuerpo del ruso desmoronándose conforme mas segundos pasan pegados uno al otro. - No puedo creer que estés aquí... - Shane se aparta un poco, observando los ojos de Ilya llenos de lágrimas, rojos en los bordes, pero al mismo tiempo mostrando una férrea determinación. - Te dije que vendría... 

Shane asiente, dando un paso atrás y soltando a Ilya, su mente recordando por un instante que tienen público. Que Ilya es sólo la otra mitad de Noah. 

- He intentado llamarte, no me dejaban entrar... - Shane no puede evitar una mueca, mirando la mesa auxiliar en un rincón. Su teléfono lleva apagado mas de una hora. - Me quedé sin batería y no he podido conseguir un cargador. Lo siento. 

Ilya niega, como si no tuviese importancia. Pero la mente de Shane ya va a toda velocidad. Nadie le habría negado la entrada a él, o información, o cualquier cosa. Porque es el padre de Noah, porque tiene derecho a estar allí. Una pulsera blanca en su muñeca lo identifica como padre, como cuidador, como responsable, como la persona mas importante en la vida de Noah. ¿Pero Ilya? Ilya no tiene nada de eso. A Ilya ni siquiera le habrían dejado ver a Noah o saber nada de su estado si no se hubiese cruzado con sus padres. Ilya podría haber pasado la noche en la sala de espera, sin un ápice de información, todo porque, una vez mas, Shane lo ha hecho todo mal. 

- Necesito un minuto... enseguida vuelvo. - No puede arreglar todo lo que ha hecho mal en un día, pero puede arreglar esto ahora. Por Ilya... y por Noah. 

 


 

Ve a Shane salir de la habitación como un tornado, todavía sin tener claro que es lo que ha ocurrido. Sus ojos van de nuevo a la camilla, donde Noah se ve tan quieto y tan pequeño que se le hace irreal. Su niño, que normalmente es un pequeño torbellino lleno de energía. Ni siquiera cuando duerme parece tan tranquilo. Sus piernas lo llevan hasta él antes de que su cerebro tenga tiempo de dar la orden, atraído como un imán. Puede notar la mirada de los dos Hollander mayores puesta sobre él, pero no podría importarle menos. 

Lleva la mano a los rizos de Noah, revueltos y hechos un desastre. Ilya sonríe para si mismo al pensar que los suyos deben estar en un estado bastante similar ahora mismo, después de haber sudado todo un partido y subirse a un avión inmediatamente después. Probablemente debería asearse un poco. - Me has dado un susto de muerte, Lapochka. - Le da un beso en la frente, una punzada de dolor atravesando su pecho al pensar que es la primera vez que se permite a si mismo besar a su propio hijo. 

Shane vuelve a la habitación justo a tiempo, cuando un celador pasa avisando de que el horario de visitas ha terminado y todos deben irse. Ilya se endereza, dándose una palmadita mental en la espalda por haber pensado en coger las llaves de su nueva casa en Ottawa en su carrera apresurada fuera del vestuario. No quiere pensar en tener que buscar un hotel a toda prisa. Ve a Shane despedirse del matrimonio Hollander antes de que ambos le hagan un gesto y salgan por la puerta. 

Ilya se permite besar la sien de Noah una vez mas, prolongando el contacto unos segundos antes de acariciar su mejilla pecosa con el dorso de los dedos. - Ya tebya lyublyu. - Se incorpora, buscando con la mirada su sudadera y las pocas cosas que cargaba al llegar. Su mirada se topa con Shane, que lo mira con una mezcla de nerviosismo y algo mas. 

Ni siquiera quiere imaginar cómo se habrá sentido Shane todo el día. Ilya sólo conoce a Noah desde hace unos meses y siente que su amor por él crece cada día mas. ¿El amor que Shane debe sentir, después de tenerlo durante mas de cuatro años?¿El miedo a perder a Noah? Si Ilya se ha sentido aterrado, lo de Shane ha debido de ser un infierno. 

Sin darse tiempo a pensarlo demasiado, se acerca al otro hombre y rodea sus hombros, abrazándolo con fuerza, sintiendo como se desmorona contra su pecho mientras susurra en su oído. - Lo has hecho todo bien. Noah tiene mucha suerte de tenerte. - Se aparta un poco, lo justo para poder mirarlo a los ojos - Y yo también. Gracias por llamar. Por no dejarme al margen. 

Lo ve negar con la cabeza, apartándose de nuevo. Ilya desearía poder mantenerlo entre sus brazos toda la vida. - Ya te he dejado al margen suficiente tiempo. Nunca me lo perdonaré. Tu tampoco deberías. - Ilya siente la punzada de dolor de vuelta en su pecho. Sabe que debería odiarlo, pero lo ha amado tanto tiempo, y el regalo que es Noah ha sido tan maravilloso que no puede evitar que el aprecio gane la batalla. - Espero que esto pueda... ser un primer paso. - Saca algo de su bolsillo e Ilya sigue su mirada hasta las manos del moreno, donde encuentra una pulsera blanca de plástico, de las que identifican a los pacientes en los hospitales. Sin embargo, cuando Shane la gira entre sus dedos nerviosos, Ilya puede ver el "Noah Hollander, hab. 1221" y justo debajo, escrito en letra negra y muy visible "padre". 

Ilya extiende su mano, dejando su muñeca al alcance del otro hombre. No se da cuenta de que contiene la respiración hasta que se permite respirar una vez el cierre de la pulsera hace click alrededor de su piel. Shane levanta la manga de su sudadera, una pulsera idéntica adornando su brazo. - Nadie podrá echarte de aquí ahora. No mientras no quieras irte. No importa el horario de visita. Eres su padre y mereces poder estar aquí. 

Nota las lágrimas inundando sus ojos y hace un esfuerzo titánico por evitar que se derramen. Alza la mirada hasta enfrentar los orbes oscuros de Shane, tragando saliva. - Quiero que él lo sepa, Ilya. Pero cuando estemos fuera de aquí, cuando sea el momento. Y arreglaremos todo él... - hace un gesto vago con su mano, Ilya reconoce la cara de ferocidad que tenía en el hielo, cuando tenía un objetivo y nada se podía interponer en su camino. - … ya sabes. Papeleo. ¿Hacerlo oficial?

Ilya podría besarlo. De hecho, no controla sus manos cuando suben a las mejillas de Shane y estampa sus labios juntos. Es intenso, como siempre lo ha sido entre ellos aunque dure tan solo un segundo. Deja otro beso en su frente y siente como el cuerpo del otro hombre se vuelve rígido bajo su toque. Blyad.

Baja sus brazos y se aleja un poco, desviando la mirada. - Lo siento... - piensa rápido, no queriendo hacer esto incómodo ahora que las cosas van tan bien. - … no pretendía... 

- Ilya... esta bien. No pasa nada. - Shane camina hasta la silla junto a la cama de Noah, fijando su mirada en el niño. - Cuando salgamos de aquí conseguiré los formularios para modificar su partida de nacimiento. Puede que necesitemos una prueba de ADN.

- Haré lo que sea. - Ilya se acerca a la cama por el otro lado, acariciando la mejilla del niño con el dorso de los dedos. - Tiene lo mejor de los dos. Es increíble. 

- Si que lo es. - Shane sonríe de medio lado, su mirada fija en el niño. Ninguno de los dos se separa de él por el resto de la noche. 

 


 

Han pasado dos días desde la operación de Noah y todos están mas que listos para volver a casa. Aun así, el niño todavía no tiene asegurada el alta hasta la mañana siguiente. Boston juega el séptimo partido de esa ronda de playoffs hoy e Ilya sigue en el hospital, sin haberse despegado de Noah y Shane mas que unas pocas horas tras la primera noche, cuando Yuna lo obligó a ir a casa a ducharse y cambiarse de ropa. 

Su mujer siempre ha sido mas de actuar, mientras él siempre ha sido mas de observar. Hacen un buen equipo. Yuna es como una mamá oso, siempre buscando proteger a sus oseznos. Lo hizo con Shane toda su vida y se ha vuelto incluso mas fiera cuando se trata de Noah. Tiene la seguridad de los niños siempre como prioridad, pero David cree que Ilya no es algo por lo que deban preocuparse. No hay que ser muy astuto para darse cuenta de lo mucho que Ilya ama a Noah, y es terriblemente obvio con sus sentimientos hacia Shane. El único ciego parece ser el propio Shane, lo cual tampoco resulta sorprendente. David ama a su hijo, pero incluso él puede admitir que tiende a ver las cosas mucho mas difíciles de lo que son. Bueno, si necesita un empujón, quizá pueda ayudar. 

Se acerca a la zona de máquinas expendedoras, donde el ruso está balanceándose frente a la máquina de café. Mete un billete en una de las máquinas, sacando una de las barritas de cereales que sabe que Shane comerá. Cuando la máquina le devuelve monedas, vuelve a introducirlas una a una para sacar también una chocolatina. - Estábamos a punto de salir de la ciudad cuando Shane nos llamó. No quiero pensar en lo que habría pasado de ser un día mas tarde. Los problemas siempre vienen de dos en dos. - Cuenta las monedas en su mano y vuelve a introducir las tres mas grandes, sacando también un Ginger Ale. 

- ¿Problemas? - David ve al ruso echar tres sobres de azúcar a un café de máquina y tiene que contener una mueca. Tiene que conseguirle a este chico un café decente. 

- El coche de Shane se estropeó hace unas semanas. No creemos que tenga arreglo y le está costando conseguir un reemplazo. Fue una suerte que el apéndice de Noah decidiese dar guerra mientras todavía estábamos en Ottawa. - Ve al ruso fruncir el ceño, dando vueltas a su café.  

- Aprecio mucho a tu hijo, pero a veces lo mataría. Es terrible permitiendo ayuda. - David se encoge de hombros, recogiendo sus compras para dejar la máquina libre cuando otro hombre se acerca. Ambos caminan de vuelta hacia la habitación de Noah, sin prisa. 

- Es un chico orgulloso, nunca le ha gustado hacer ruido ni sentir que molesta a los demás. No se lo que pasó entre vosotros en el pasado. Agradezco que ocurriese, nos trajo a Noah. - Sonríe al pensar en su nieto, incluso cuando su llegada trastocó tanto la vida y los planes de su hijo - Pero también puedo ver como él te deja estar cerca. Te permite entrar. Nunca he visto a Shane ser tan abierto con nadie que no seamos Yuna o yo. 

Se detiene a unos metros de la habitación, girándose hacia el ruso. - Supongo que lo que intento decir es que confío en ti, Ilya. Se que los cuidarás. A ambos. - Es increíble como un jugador de hockey enorme puede verse tan pequeño con una simple conversación honesta. David se da la vuelta, volviendo a caminar hacia la habitación. Pero aun así lo escucha, bajo como un susurro. 

- Lo haré. 

Notes:

Para que tuviese cierta consistencia, he decidido hacer de este fic una especie de canon mix de los libros y la serie. En los libros, Shane e Ilya tienen encuentros con penetración desde febrero de 2011 hasta esa última vez en diciembre de 2013 antes de Sochi. En el libro no llegan a acostarse esa vez en diciembre, pero en la serie en cambio ese momento es cuando lo hacen por primera vez. Por temas de cronología, he decidido mezclar ambas cosas para que Noah llegase a sus vidas y Shane pudiese conseguir por lo menos un par de logros importantes antes de retirarse.