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Ilya toma aire por tercera vez, parado frente a la puerta de los Hollander un martes por la mañana. Demasiado temprano incluso para él, pero no es como si hubiese conseguido dormir algo. Había observado la foto de Noah frente al televisor toda la noche, sintiendo como su corazón se prendaba cada segundo mas y mas del pequeño niño. Es como si no pudiese dejar de absorber detalles nuevos cada vez que la miraba.
Cuando por fin se digna a llamar, la puerta se abre a un Shane algo desaliñado, su cabello hecho un desastre. Lleva una sudadera gruesa y está descalzo. - Pasa... iremos despacio. Es una bola de energía, estás avisado.
Siente como su sonrisa aparece sin que le haya dado permiso. Él puede recordar a su madre diciendo eso mismo de él cuando era pequeño. Con los años su padre había logrado contener esa energía, o al menos redirigirla hacia algo mas... lucrativo.
Sigue a Shane hasta una isla de cocina con varios taburetes a su alrededor, el niño vestido en ropa deportiva similar a la de su padre y también descalzo. Se encuentra sentado en uno de los asientos, con un gran tazón de yogur entre sus manos. Su expresión es de sorpresa absoluta en cuanto fija los ojos en Ilya.
- ¡Ilya Rozanov! - la cuchara se cae, afortunadamente dentro del tazón, aunque algo de yogur salpica en todas las direcciones. Puede oír a Shane bufar en algún lugar de la habitación, pero no le presta atención. No le puede quitar los ojos de encima al niño. Ahora que lo ve sin las protecciones de hockey y medio dormido, parece mucho mas pequeño, y también mucho mas Ilya. Shane tenía razón, la genética rusa ha tenido mas fuerza.
- Gecko, ¿recuerdas lo que habíamos hablado? - Ilya se obliga a mantener las manos en los bolsillos, nervioso. - Es solo Ilya, es un amigo. Como el tito Hayden. Él también juega al hockey en la tele, pero es sólo el tito Hayden aquí, ¿cierto? - Mira a Shane con una ceja alzada. ¿Lo está comparando con Hayden dos manos izquierdas Pike?
El propio niño hace una mueca idéntica a la de Shane cuando algo no tiene sentido y vuelve a mirar a Ilya. - No es lo mismo. El tito Hayden solo juega para Montreal. Ni siquiera llegan a los playoffs.
Ilya no puede evitar una carcajada, él mismo no podría haberlo expresado mejor. Montreal lleva años sin ser un rival a tener en cuenta. Quizá tuvieron una oportunidad con Hollander, pero sin él volvían a ser un equipo mediocre.
- Dios me libre con vosotros dos cerca. - Shane niega con la cabeza, limpiando el yogur derramado por la isla. - termina tu desayuno. Ya vamos tarde.
Noah lleva de nuevo la cuchara a su boca, medio bailando en su asiento mientras tararea en voz baja. - ¡Vamos a ver a babulya, Ilya! Ella siempre me da caramelos - sonríe pícaro e Ilya es capaz de reconocer su propia genética en esa sonrisa. Su corazón da un salto al percatarse. Dios, ¿va a sobrevivir a esto? - ¿Babulya? - Ilya se sienta en el taburete a su lado, su cuerpo girado hacia el del niño, su atención dirigida a él.
- Es una vieja mujer del mercado local. Conoce a Noah desde bebé y siempre lo consiente demasiado. - Desvía su mirada a Shane por un momento, evaluándolo - ¿Es rusa? - Shane asiente y puede ver un ligero rubor en sus mejillas antes de que se gire hacia la cafetera. Deja un café y el azucarero y la leche frente a Ilya y se sienta al otro lado de la isla con su propio café.
Por un momento el silencio sólo es interrumpido por los tarareos alegres de Noah mientras engulle su yogur con frutos secos. Por supuesto que Shane le daría un desayuno saludable. Probablemente Ilya alimentaría al niño con leche y cereales. Ni siquiera recuerda la última vez que ingirió una pieza de fruta, pero él puede ver un frutero bien surtido en la esquina de la isla. Hace una nota mental para informarse sobre eso. Si quiere que Noah forme parte de su vida no puede alimentarlo a base de nuggets. Ilya sabe que no es saludable, incluso si él mismo lleva años viviendo de comida basura.
Ilya se bebe su café de un trago cuando se da cuenta de que se ha metido demasiado en su cabeza. Ambos Hollander están ya en pie, Noah corriendo hacia la entrada, sentándose en el suelo para ponerse sus zapatillas. Nota una mano en su codo, apenas un toque leve. - ¿Estás bien? - Ilya asiente, tentado a pasar un dedo por la arruga de genuina preocupación entre las cejas de Hollander. - Sólo demasiadas cosas en las que pensar. - Shane asiente y camina tras su hijo, calzándose también y sacando los abrigos de ambos.
- Ilya, ¿también vienes al mercado? - La inocencia y la ilusión se mezclan a partes iguales en la expresión del niño. ¿Cómo va a conseguir decirle alguna vez que no? Ilya, estás en problemas.- Claro, si a tu papá no le importa.
- No, claro que no. Seguramente te gustará. Está en un pequeño barrio ruso aquí en Ottawa. No se puede llamar barrio ruso como tal, pero hay una comunidad bastante decente allí. - Shane abre la puerta y los deja salir a ambos antes de cerrar. Caminan un par de manzanas en silencio, el niño saltando unos metros por delante de ellos mientras Shane arrastra un pequeño carro de compra. Ilya oye el bullicio antes de verlo. Cuando giran la esquina, puede ver un pequeño mercado extenderse frente a ellos, los puestos hechos con mesas de tablones y toldos de colores. Algunos establecimientos en los edificios cercanos tienen sus puertas abiertas de par en par y hay letras en cirílico en mas de un letrero.
Shane se inclina a la altura de Noah, susurrándole algo al oído antes de que el niño se acerque a Ilya y una su mano derecha con la izquierda del adulto. - Papá siempre tiene miedo de que me pierda. - Rueda los ojos de una forma muy Hollander e Ilya no puede evitar reír. - Bueno, a mi también me dolería si te perdieses, lapochka. - Afirma un poco mas el agarre en la pequeña mano de su hijo, su corazón aleteando con alegría ante el contacto.
Se adentran en el mercado, siguiendo a Shane de puesto a puesto mientras compra verduras, especias y algunos preparados cárnicos que Ilya recuerda de su infancia. Se da cuenta, no sin sorpresa, que Shane intercala algunas palabras en ruso con los distintos comerciantes. Su pronunciación no es perfecta, pero es entendible, lo cual ya es mucho. ¿Desde cuando Hollander habla ruso?
- ¡Babulya! - Noah suelta su mano y sale disparado. Ilya se alarma por un instante, pero se calma cuando ve que el niño sólo ha corrido unos metros hasta el pequeño puesto de una anciana. Su mesa apenas mide metro y medio, pero Ilya reconoce rápidamente el genero a la venta. Son dulces rusos: puede ver smokva, pastilá y tulski prianik e incluso lo que cree que es Ptichie molokó, su favorito de cuando era niño. Se da cuenta entonces de que la anciana está hablando a Noah en ruso.
- Pequeña lagartija, ¿dónde has dejado a papochka, ¿eh? Siempre preocupándolo, malysh. - Noah se ríe, como si comprendiese a la mujer y deja boquiabierto a Ilya cuando responde en perfecto ruso, señalándolo. - Ilya está aquí conmigo. Es amigo de papochka. Él me cuida. Papá está comprando mas verduras.
Ilya se acerca a la mujer, dedicándole una sonrisa cautelosa y un educado saludo. - Hacía mucho tiempo que no veía nada de esto. - Señala los productos de la mujer mientras mantiene una mano en el hombro de Noah. Su lado racional sabe que el niño está seguro aquí, pero el instinto es otra cosa. Empieza a entender la fiereza con la que ha visto a Shane defender al chico.
- ¿Mucho tiempo lejos de casa? - Ilya asiente, sin atreverse a calcular como de cierta es esa afirmación. No volvió a Rusia este verano tras la muerte de su padre, pero incluso antes de eso, no cree que haya considerado Rusia su casa desde hace mucho mas atrás. Y muchos de los dulces rusos no han llegado a sus manos desde su infancia. - Mi madre preparaba ptichie molokó para mis cumpleaños. Creo que no he vuelto a probarlo desde entonces. - La mujer sonríe, recordándole a su propia abuela. - Bueno, entonces tienes que llevarte un trozo.
Noah eleva la mirada hacia él, boquiabierto. - Que suerte. Papá no me deja comerlo casi nunca. - Noah cambia de idioma como si nada, hablando con él de vuelta en inglés. Ilya frunce el ceño por un momento, agachándose a su lado. - Podemos conseguir un trozo también para ti, lapochka. - El niño sonríe ampliamente, asintiendo. La anciana los mira a ambos con ojo crítico mientras empaqueta dos porciones del pastel de leche de pájaro.
- Él es igual que tu. - Abre mucho los ojos, mirando a la mujer mientras vuelve a ponerse en pie. - Shane lleva viniendo aquí desde que Noah era un bebé, tan pequeño y rosado. Era un pequeño escándalo, siempre llorando, tan demandante. Él podría haberse rendido, podría nunca haber aparecido por aquí, pero quería que tuviese esto, ¿sabes? - señala a su alrededor, al resto de ciudadanos rusos, a los olores, costumbres, el idioma que los envuelve - en cuanto creció un poco vi que tenía mucho de nosotros... pero él nunca dijo nada. Sólo que quería darle parte de su identidad, que la tuviese si algún día quería darle uso, sentir que era parte de algo. Es un buen hombre.
Ilya sonríe, buscando al canadiense con la mirada, todavía discutiendo con el vendedor de verduras. - Si, lo es. - Saca su cartera, tendiéndole unos billetes a la mujer, que amablemente los rechaza. - La primera es por cuenta de la casa. La próxima vez, ¿si?
Ve a Noah llevarse algo a la boca y alza una ceja. El niño sonríe haciéndose el inocente y entonces nota algo en su propia mano. La cierra por instinto y ve a la anciana retirando su brazo con la misma sonrisa inocente que Noah. Baja la vista a su mano y ve un brillante envoltorio naranja. Un caramelo Korovka, un dulce de leche condensada que comía de niño. Sonríe y lo desenvuelve, llevándoselo a la boca. Todavía es dulce y pegajoso, igual a como lo recordaba. - Spasibo.
- Perdón, ya estoy aquí. - Shane llega al puesto, con las mejillas sonrojadas por el frío y los ojos buscando a Noah como si se hubiese evaporado por haberlo perdido de vista unos minutos. - Baba Katya, ¿Cuántos dulces ha comido ya Noah?
Ella alza las manos, haciéndose la inocente e Ilya no puede evitar reír, aún sorprendido porque, en serio... ¿desde cuando Shane Hollander habla ruso? - Él sólo ha tenido un caramelo, papochka. Aunque tu amigo le ha comprado algo mas.
Shane lo fulmina con la mirada y acto seguido rueda los ojos, pero parece mas cariñoso y exasperado que realmente enfadado, así que Ilya lo considerará un éxito. - ¿Tienes batónchiki? Mi madre lleva semanas rogando por uno. - Observa la interacción, esta vez completamente en ruso, entre Shane y la mujer, viendo a Noah desenvolver otro Korova. Se agacha a su altura, dispuesto a probar el ruso con él. Noah siempre se ha dirigido a Ilya en inglés, pero si realmente puede hablar ruso, a Ilya le encantaría compartir eso con su hijo.
- ¿Cuántos Korova te ha dado, lapochka? - Noah sonríe pícaro, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera. Ilya baja la vista, viendo cómo de abultado está dicho bolsillo. - Pequeño travieso. Que no se entere papá, ¿eh? - Ilya expresa el papá deliberadamente en inglés. Ha oído a la mujer y al niño referirse a Shane como papochka, pero tiene la esperanza de que algún día ese término pueda ser para referirse a él mismo. - Siempre se entera. Los guarda en un tarro, pero me deja comerme uno todos los días. - Ilya sonríe y le revuelve los rizos, guardando el papel del envoltorio en su propio bolsillo. - Ese es un buen trato. Muy justo. - Noah rueda los ojos, pero asiente mientras alisa cuidadosamente el envoltorio del último caramelo que se ha llevado a la boca.
Están de camino a casa de los Hollander, las compras hechas y Noah sentado sobre los hombros de Ilya porque había alegado cansancio. Ni siquiera lo ha dudado cuando lo ha alzado y ha dejado que se aferrara a su cabeza. Shane ha intentado que continuase a pie, pero Ilya lo ha descartado con un gesto de su mano. No es como si le importase. Puede cargar con un niño de quince quilos. Ilya no duda de que querría cargarlo incluso si pesase cincuenta. Apenas han vislumbrado la casa al final de la calle cuando el teléfono de Ilya suena con una suave alarma. Suspira, rodeando con mas firmeza las piernas del niño que cuelgan sobre su pecho. Si no se marcha pronto, perderá su vuelo. Aunque en este momento no hay nada que desee mas que quedarse ahí.
Continua caminando hasta que se encuentran frente a la casa y baja al niño al suelo. Revisa su teléfono, pidiendo un Uber que lo lleve al aeropuerto. - Me temo que tengo que irme ya... tengo un partido que jugar. - Se apoya en una rodilla frente a Noah, observando todos los detalles de su rostro que quiere conservar en su memoria para los días que va a estar lejos. - ¿Me das un abrazo de buena suerte?
Noah ni siquiera lo duda antes de abalanzarse contra él, rodeándole el cuello con sus pequeños brazos. - ¡Tienes que ganar! Estaremos viendo, ¿a qué si papá? - Shane asiente tras ellos e Ilya quiere creer que hay una ligera humedad en sus ojos. - Claro gecko, incluso podrás ponerte tu camiseta. - Noah lo mira con los ojos brillantes, la energía de vuelta en su cuerpo mientras da saltos sobre si mismo. - ¡Yay!
Ilya se ríe, revolviendo los rizos del niño. - Te marcaré un gol. - Noah abre mucho los ojos, mirándolo como si hubiese colgado la luna. - ¿De verdad? - Ilya asiente, poniéndose en pie cuando su móvil vuelve a sonar, su Uber aparcando en la acera a tan solo unos metros. - Es una promesa, pequeño. - Cambia al ruso, sabiendo que lo entenderá.
Empieza a caminar hacia el coche de espaldas, alzando su mirada hasta Shane. - ¿Hablamos? - El moreno asiente, dándose dos golpes en el teléfono a través de la tela del pantalón. Ilya lo entiende. Estaremos en contacto.
