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Language:
Español
Series:
Part 53 of Primera Generación , Part 30 of Severus Snape , Part 17 of Lily Evans , Part 58 of Slytherin , Part 50 of Gryffindor , Part 16 of Familia Evans , Part 22 of Muggle
Stats:
Published:
2025-02-23
Updated:
2026-04-18
Words:
32,708
Chapters:
23/?
Comments:
2
Kudos:
30
Bookmarks:
3
Hits:
1,000

Ver las cosas desde otra perspectiva

Chapter 23: Ataque en la Hilandera

Notes:

Advertencia: Mención de un hombre adulto obsesionado con una menor. Leer bajo tu propio riesgo

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Regulus estaba en el salón de Grimmauld Place leyendo un libro, con sus padres. Miró el reloj. Se estaba haciendo tarde.

— Iré a mi habitación a estudiar un rato. — dijo él después de poner un marcapáginas al libro y cerrarlo. — Le pediré a Kreacher que me traiga algo de comer. No me esperéis para cenar.

— Bien. — sus padres no levantaron la vista del periódico.

El chico se levantó, inclinó la cabeza a modo de despedida y se fue.

— Sé que Regulus es muy aplicado. Pero, ¿no crees que estudia demasiado? — le preguntó Orion mirando a su esposa.

— Es el heredero de la familia Black. Tiene que ser el mejor en todo. — respondió Walburga indiferente; como si eso lo explicara todo.

Regulus subió las escaleras hasta su habitación y, antes de entrar, miró que nadie le siguiera. Sacó una caja de debajo de la cama y la abrió. Allí había ropa muggle harapienta que le prestó Severus para cuando fuera a visitarle.

Cuando se cambió de ropa, llamó a Kreacher.

— Llévame a las afueras de Cokeworth.

Kreacher le cogió la mano y abandonaron Londres para aparecerse en las afueras de un barrio obrero de un pueblo al norte de Inglaterra. Acto seguido, el elfo doméstico se apareció de nuevo a su casa.

Regulus se abrió paso hacia la casa de los Snape.

Selina ya le estaba esperando y cuando vio a Regulus acercarse, salió corriendo de la casa para abrazarlo.

— Gracias por venir, Reg.

— No es nada. ¿Lo llevas todo? — le preguntó después de devolverle el abrazo.

— Sí. — Selina le enseñó su bolsa.

— Vamos entonces. — le sonrió Regulus.

Ambos empezaron a caminar camino al cabaret. Cruzaron la calle y pronto apareció el motivo por el que Selina necesitaba protección.

— ¡Pequeña! ¡Pequeña! ¡Ven! — se oyó una voz masculina y algo rasposa.

A Regulus y a Selina les dio un escalofrío en la espalda al reconocerla. Era el viejo que se obsesionó con Selina desde que la vio bailar en el cabaret por primera vez.

— ¡Corre! — le gritó el mago a la niña.

Ambos empezaron a correr sin soltarse la mano. Si esto fuera el mundo mágico, Regulus sacaría su varita y le lanzaría un hechizo. Pero, en ese momento, estaban en un pueblo muggle. No podía hacer magia sin correr el peligro de que alguien lo viera o de que el Ministerio se lanzara encima de Severus por infringir la ley. Al ser el mago menor de edad que habitaba en ese lugar, se le culparía a él de inmediato.

— ¡¿Eh?! ¡Seliiina! ¡No corras! — el muggle empezó a correr detrás de ellos.

Regulus tenía que equiparar la velocidad a la que corría Selina. No solo porque estaba en mejor forma física que ella, sino porque estaba mejor alimentado. La familia Snape tenía escasez de dinero y de alimento.

El chico miró hacia atrás. El hombre corría bastante rápido pese a la edad que tenía. Y Selina iba cargada con la bolsa con todo lo que necesitaba para el cabaret. Ese peso ralentizaba su velocidad.

— Selina, sigue corriendo. Yo lo distraeré. — le informó Regulus. Si seguían a ese ritmo, el viejo los alcanzaría.

— ¡Regulus! — Selina se sorprendió al oír esas órdenes. Sus brujos amigos nunca habían hecho eso cuando la escoltaban al cabaret. Pero, tampoco habían tenido a ese hombre tan cerca…

— ¡Pase lo que pase tú sigue corriendo! — le gritó Regulus girando al callejón de la izquierda.

Selina tragó saliva y siguió corriendo.

— ¡Selina, no corras! ¡Ven aquí! ¡Te quiero! ¡Baila para mí! — vociferó el hombre alargando los brazos.

La muchacha siguió corriendo con lágrimas en los ojos. ¿Cómo había podido terminar en esa situación? Después de que su padre la abandonara en casa de su tía segunda, Selina había querido ayudar a su nueva familia. El tío Tobias había rechazado su llegada de buenas a primeras por tener otra boca que alimentar. Pero la toleró porque no tenía magia y porque la tía Eileen enfermó poco tiempo después de su llegada y el tío Tobias necesitaba a alguien que hiciera las tareas del hogar y cocinara por él. Sin embargo, hacer las tareas del hogar no era ayuda suficiente para Selina. Quería traer dinero a casa como hacían la tía Eileen y Severus. Ella había recibido muchos estudios. Entre ellos el ballet. De hecho, su sueño había sido ser bailarina, hasta darse cuenta que su padre la habría usado para su propio beneficio de haber nacido bruja. Y ahora que la había abandonado, ella había retomado ese sueño y quería usarlo para beneficiar a sus benefactores, su nueva familia.

Pero ese hombre la había visto maquillada y vestida bailando y cantando con el resto y se había enamorado de ella. Y la quería para él. Siempre que salía sola por la calle, la acechaba. Y había tenido que pedir ayuda a Severus y a sus amigos de Slytherin.

Antes de que Selina se diera cuenta, un gato negro saltó a la cara del hombre.

— ¡AAHH! ¡AAAHH! ¡QUITADME A ESTE BICHO DE ENCIMA! — gritó el hombre llevándose las manos al lomo del gato, que le estaba arañando el rostro.

— ¡REGULUS! — gritó Selina, quien se detuvo.

Regulus seguía arañando la cara del sujeto hasta que lo cogieron del lomo y le tiraron a la pared de una casa.

No volvió a levantarse.

— ¡Selina! ¡Ven! ¡Ya no hay nadie que nos moleste! — dijo el hombre alargando las manos hacia adelante. Pero no había nadie. — ¿Dónde estás? No te asustes…

Ella siguió corriendo, buscando un sitio donde esconderse. Pero no podía abandonar a Regulus… entonces, vio unas cuerdas que había en un corral del jardín de una de las casas y tomó una de ellas prestada. La ató a una farola, cuya bombilla no funcionaba, y se escondió en la esquina contraria. La muchacha tiró de ella hasta tensarla.

— Seliiina, ¡veeen! ¡No tengas miedooo! ¡No te voy a hacer dañooo!

Entonces, tropezó y se calló.

— ¿Qué es esto una cuerda? — el hombre se dio cuenta de que había tropezado con una cuerda.

Selina salió de una esquina a toda velocidad, cogió al gato con cuidado y salió corriendo por donde había venido, en dirección contraria al cabaret.

….

Severus y Lily escuchaban como Albus Dumbledore hablaba con John Evans sobre la situación de su esposa y su hija primogénita. Veían como su rostro se ponía cada vez más blanco.

— Ambas están a salvo y siendo atendidas en San Mungo. Tienen heridas leves y Petunia tiene torcido el tobillo. Posiblemente ambas necesiten asistencia psicológica. Si cruza por la red flu, llegará al vestíbulo del hospital de los magos y en el tablero de recepción le atenderán para que le lleven a la habitación de su hija y su esposa. — le explicó Albus Dumbledore. — Puede ir usted solo o ir con nosotros a buscar a Selina e ir todos juntos. Lastimosamente en casa de los Snape la chimenea está rota des de…

— Iré yo primero. — le cortó el muggle desesperado.

— Bien. Hay algunos miembros de la Orden del Fénix en el hospital. Ya están avisados de su llegada. Le ayudarán.

Albus le enseñó cómo usar la red flu y John se despidió de ambos chicos y cruzó la chimenea.

— Señor Snape, guíenos hacia su casa, por favor. — le pidió Dumbledore muy serio.

— Claro. Por aquí, señor. — Severus corrió hacia la puerta.

Sin embargo, había algo que inquietaba al muchacho… Selina ya no estaría en casa. Estaría rumbo al cabaret junto a Regulus o en el mismo cabaret. Ni de puta coña podía llevar allí a Lily y al profesor Dumbledore.

…..

Cada año, Dumbledore visitaba pueblos muggles para informar a los hijos de muggles y a sus familias del origen de sus futuros estudiantes. Esas visitas eran por trabajo y él se dedicaba más a pensar dónde estaría la casa, qué tendría que decir, cómo sería la familia y cómo se tomarían la información, que no paraba atención las localidades por donde iba… su arquitectura, los colores, los olores, la gente, las vestimentas… Dumbledore se fijó en que el barrio donde vivía la señorita Evans era bastante colorido y bonito, pese a ser de noche. Pero cuando se adentraron en la Calle de la Hilandera, el anciano palideció. Ese lugar era lúgubre, las casas eran viejas y estaban en muy mal estado. El director temía por la seguridad de ambos jóvenes. Sabía que el señor Snape era de una familia de bajos recursos, por la calidad de su uniforme y sus útiles escolares, pero no imaginaba que llegaría a tal nivel…

Severus se movía deprisa para llevarlos hacia la casa. Justo al final de la calle, donde se veía el río contaminado. El muchacho levantó la vista y se fijó en las ventanas. Estaba todo oscuro… Selina ya no estaba en la casa. ¿Cómo podría localizarla? ¿Sin que Dumbledore y Lily se dieran cuenta?

— ¡SEEV! ¡VEEN! ¡RÁPIDO! — Selina sacó la cabeza por la ventana de la casa vecina. La casa de los Wilson.

¿Qué hacía allí? ¿Qué había pasado?

Notes:

Aquí se ve por qué Selina necesita ser escoltada a su lugar de trabajo y vemos un poco más de su pasado antes de ir a vivir con Severus.

¿Opiniones?

Hasta la próxima

Notes:

Las rivalidades entre casas, sobre todo, entre Gryffindor y Slytherin, no eran sanas y los profesores no hacían nada por solucionarlo.

Dejad vuestras teorías sobre lo que pasará en futuros capítulos.

Hasta la próxima