Chapter Text
Jimin no se imaginó que su mañana iniciaría con Robert Plant cantando a todo volumen HEY-HEY, MAMA, SAID THE WAY YOU MOVE, sobre su odio. La realidad es que ni siquiera podía escucharlo, pues la voz de Taehyung era tan fuerte que cubría por completo la canción y penetraba sus oídos como si fuera el mismísimo Plant.
Se recordó a si mismo que había escogido a Taehyung como compañero de cuarto y que hasta ese momento era la primera mañana en todo el curso que lo despertaba de tal manera, lo cual, era un nuevo récord. Aun así, no soportaría otro segundo más de la insufrible voz de su amigo, así que, estiró la mano y agarró lo primero que encontró y sin pensar más lanzó el libro con la suficiente fuerza como para hacer acallar a Taehyung por un segundo, pero antes de que el sonido cesara, una almohada cayó con fuerza sobre su cabeza, haciendo que abriera lo ojos por completo.
—Imbécil—gruñó, mientras se ponía la almohada sobre la cabeza para apaciguar el ruido—. ¿No ves que quiero dormir?
Antes de que pudiera contemplar la idea de volver a su sueño, Taehyung le quitó la almohada y gritó en su oído I GOTTA ROLL, CAN´T STAND STILL moviendo la cabeza al ritmo de la música, mientras ocupaba su cepillo de dientes como micrófono.
Con los ojos apenas abiertos, vio que Taehyung estaba a un costado de su cama con una toalla envolviendo su cintura y su cabello goteando el piso, mojando todo lo que estaba a su alrededor, haciendo que Jimin refunfuñara al darse cuenta que era su tarea la que estaba siendo masacrada por la humedad de su amigo.
Se preguntó por qué había dejado su tarea en el piso y se preguntó aún más por qué Taehyung estaba despierto cuando el sol ni siquiera había salido.
—A veces deseamos cosas que no podemos tener—dijo Taehyung con una sonrisa socarrona mientras se movía al ritmo de la música.
—Resulta que dormir es algo que sí puedo tener—Jimin se cubrió por completo con la cobija, pero tan rápido como lo hizo Taehyung se la quitó, dejándolo descubierto.
Se estremeció al sentir el frío tocar su piel y se envolvió en su propio cuerpo, siendo completamente inútil poder calentarse pues el viento de la mañana entraba por la ventana que estaba ligeramente abierta y volvió a refunfuñar mientras miraba el sonriente rostro de su amigo.
— ¿Qué haces despierto? —preguntó, aún con sueño y preguntándose si por alguna extraña razón había terminado en algún circulo de Dante, condenado a pagar una condena que no merecía.
Taehyung caminó al baño y al pasar junto al tocadiscos subió el volumen tanto que resonó por toda la habitación HEY, BABY, OH, BABY, PRETTY BABY, DARLING, CAN´T YOU DO ME NOW?
Jimin se tapó los oídos mientras hundía la cabeza en la cama y dejaba escapar un grito desesperado. Estaba seguro que si a la primera nota no había despertado a los demás, esta vez no habían corrido con la misma suerte y pronto estarían tocando la puerta de su haitación para que callaran su ruido. Sabía que Taehyung no acallaría la música, así que, con exasperación se levantó y desconectó el tocadiscos, haciendo que la habitación volviera al silencio habitual de las mañanas.
—Resulta que hoy es el gran día—Taehyung asomó la cabeza desde el baño y miró con el ceño fruncido a Jimin.
Mientras observaba a Taehyung rasurar su inexistente barba, su mente trató de entender las razones por las que lo mantenía como amigo y, sobre todo, la razón por la que era la única persona que realmente lo soportaba en el mundo.
—¿Y va a suceder algo de lo que no me enteré? —Jimin alzó las cejas, expectante de la respuesta que iba a recibir.
—Jimin—Taehyung suspiró al tiempo que dejaba caer los hombros y negaba con la cabeza como si se hubiera rendido—. A este paso nunca vas a encontrar una esposa.
Entonces comprendió a lo que se refería; era día de misa y aunque para todos significaba desperdiciar horas de sueño en un domingo, para Taehyung significaba ver a las novicias o lo que se podía entenderse como ver a las únicas figuras femeninas que tenían cerca.
—¿Y se supone que vas a encontrar esposa entre las novicias? —preguntó aun sabiendo cuál sería la respuesta que recibiría.
—Evidentemente—contestó con obviedad y salió del baño, comenzando a desvestirse a mitad de la habitación, paseando de un lado a otro en ropa interior en busca de su atuendo—. Cuando abrí los ojos lo supe que hoy sería el gran día.
Ante la respuesta no pudo evitar reírse y se preguntó cuándo daría fin ese estúpido juego que en primer lugar no recordaba cuándo había comenzado. Un ritual que le parecía en suma desagradable porque sabía las intenciones de su amigo y, aun así, le causaba gracia el esmero que le ponía.
—Eso mismo dijiste la vez pasada y… ¿es necesario que te recuerde lo que pasó?
Era verdad que Taehyung lo había dejado de ver como un juego en el instante mismo que se enteró que Hoseok tenía novia, y aunque este trataba de negarlo era evidente su molestia. Jimin podía notarlo en la manera en la que se esforzaba para que todos los demás notaran que las chicas los deseaban y para Taehyung, las novicias significaban un paso más en el peldaño.
Aunque nada había pasado realmente las novicias comenzaban a huir de él y para pena de Jimin había sido evidente en la misa pasada cuando una novicia cacheteó a su amigo frente a todos, claro que no la culpaba, de hecho, le había parecido un acto digno de admiración y un acto digno de burla para su amigo.
—Esta vez ninguna de ellas se resistirá a mí—Taehyung le guiñó el ojo mientras miraba su reflejo en el espejo.
—¿Y si la que no se resiste es la hermana Marie? —dijo entre risas imaginando a la hermana mayor en una situación sugestiva con su mejor amigo.
—Supongo que tendré que hacer un sacrificio—contestó Taehyung con indiferencia.
Jimin se río, era evidente que Taehyung estaba dispuesto a hacer lo que fuera para demostrarles a los demás que Hoseok no era el único que podía tener acercamiento a lo femenino, y aunque no lo decía en voz alta, Jimin sabía que se debía a que pensaba que Hoseok era inferior a él.
—Creo que tu ego esta lastimado, amigo—dijo mientras se dejaba caer en la cama de Taehyung y tomaba un sorbo del café frío que estaba en el buró de este.
—¿Por qué lo estaría? —Taehyung miró a Jimin como si no le hubiera dolido lo que había escuchado, pero su cara lo traicionaba.
—Porque Hoseok tiene novia y tú no—sintió como sus propias palabras actuaban en contra de su amigo.
—Y esa mierda que me importa—Taehyung le arrebató la taza y le dio un sorbo al café, haciendo una mueca ante el sabor amargo.
—Porque no puedes creer que alguien como él te gane en algo.
Jimin se recargó sobre la cabecera, dirigiendo su vista al techo donde colgaba un candelabro roto, que alguna vez había servido, pero que en ese momento solo servía para guardar polvo.
—Solo pienso que Doble J fue suerte—Taehyung alzó los hombros en indiferencia.
—Suerte o no—Jimin bajó la mirada y se encontró con los ojos de Taehyung—. Tiene novia y tú estás emocionado por ver novicias—hizo un silencio, pensando si sus palabras eran crueles, pero era necesario que las escuchara o aquel juego nunca pararía—. Si me lo preguntas es demasiado patético.
—Golpe bajo amigo—Taehyung colocó una mano sobre su pecho haciendo como si las palabras de Jimin le hubieran causado daño—. Pero entiéndeme, a este punto voy a olvidar cómo se ven las mujeres.
—¿En serio? —alzó las cejas divertido—. Porque juraría que ayer estabas muy ocupado.
Con malicia, bajó la mano hasta tocar la madera fría, tanteando con los dedos hasta encontrar una revista y la alzó triunfante, encontrándose con la figura de una mujer hermosa en una postura muy sugestiva.
Cachó el momento exacto en que la mirada de su amigo comprendía lo que tenía entre sus manos y su risa aumentó al darse cuenta que había cierta vergüenza en su rostro.
—Te voy a matar idiota—Taehyung se lanzó sobre Jimin—. Deja mis cosas.
Se levantó del colchón rápidamente y comenzó a correr por toda la habitación, haciendo que Taehyung lo persiguiera como si fueran toro y torero. Cuando pensó que tenía la victoria, el libro que había lanzado apenas unos minutos antes se antepuso en su camino, haciéndolo tropezar y Taehyung aprovechó ese momento para lanzarse sobre Jimin, quitándole la revista mientras le hacía cosquillas y lo maldecía a los cuatro vientos.
***
Jimin miraba al padre con profundo aburrimiento, preguntándose cuándo terminaría el suplicio, pero parecía que mientras más lo deseaba más lento hablaba y su voz, cansada, débil y tortuosa resonaba por toda la iglesia, haciendo eco hasta llegar a los espacios más recónditos.
Su sermón era una prueba de que, a pesar de todo, aún conservaba tolerancia en su ser, pues todas las semanas era el mismo discurso; la decadencia en la que había caído la juventud y cómo el mundo estaba agonizando por ellos. No necesitaba tener una plática íntima con él para darse cuenta que el padre era un viejo sin sentido de comprensión que creía en todas las noticias conspirativistas que tachaban a la juventud como el apogeo mismo de la pérdida de la humanidad.
Dejó de escucharlo cuando escuchó la palabra “matrimonio”, para él no tenía sentido escuchar algo en lo que no creía y menos viniendo de un hombre que nunca había estado en uno.
Se acomodó, incómodo en su asiento, haciendo rechinar las bancas con el simple hecho de mover su postura y Namjoon, que estaba de pie a un costado de la banca, lo miró con advertencia al mismo tiempo que observando a todos y anotaba en su libreta nombres para levantar reportes como si su vida dependiera de ello.
A su derecha estaba Jin, quien como era costumbre, una vez que su cuerpo tocaba la banca no había nada ni nadie que lo hiciera despertar, cabeceaba y abría los ojos cada vez que la voz del padre aumentaba el volumen como si estuviera prestando atención a lo que decía y Yoongi que estaba a su izquierda, parecía que leía el misal, aunque realmente había puesto un libro sobre este, que lo tenía absorto en él.
Jimin se asomó, intrigado por ver qué era eso que tenía tan entretenido a su amigo, pero no logró su cometido pues su amigo tapó su vista. Finalmente, y como último recurso ante su aburrimiento, decidió que algo tenía que entretenerlo antes de caer en locura.
—¿Qué lees? —se inclinó lo suficiente para susurrar en el odio de Yoongi.
—Camus—respondió, sin despegar los ojos del libro.
—¿Porque no hay mejor lugar para preguntarse sobre la existencia que en la iglesia misma? —preguntó y pasó sus dedos sobre la fría madera, sintiendo la rugosidad de esta, que dejaba ver que tan viejo era todo ahí.
—No veo porque no pueda ocupar su casa para preguntarme el sentido de la vida.
Antes de que Jimin pudiera responder, el padre les ordenó levantarse de su asiento para comulgar. En silencio, como todos los demás, se puso de pie y al ver que Jin seguía dormido, le dio un codazo e hizo que este se levantara y caminara detrás de él para recibir la hostia.
Eran acompañados por el piano y el coro, que entonaba canticos que subían por las paredes y se almacenaban en las cupulas. Los pasos de los estudiantes resonaban, haciendo eco y conforme más se acercaban al altar el olor a incienso se intensificaba.
A Jimin le era difícil formar una idea clara sobre por qué obligar a adolescentes a recibir el cuerpo de Cristo era anteponerlos a una fe que no les correspondía, aun así, siempre se terminaba formado porque no podía escapar de ello, pues todos tenían que confirmar su fe, incluso si Dios los había abandonado.
—¿Y ya llegaste a la respuesta? —le preguntó a Yoongi, quien estaba delante de él y seguía leyendo el libro conforme avanzaba la fila.
—No se trata de encontrar una respuesta—suspiró este y cerró el libro al ver que sería imposible seguir con su lectura—. Se trata de saber que no la hay. Solo es la vida.
—¿Así que solo piensas vivir? —adelantó el paso para quedar más cerca de Yoongi.
—Por ahora sí—respondió con la simplicidad que implicaba la respuesta y con complejidad que implicaba el hacerlo—. El acto mismo de la rebeldía.
—¿Puedo unirme a tu causa? —se dejó caer sobre Yoongi, pasando sus brazos sobre el pecho de este y sintiendo el calor de su cuerpo sobre el suyo.
—Pensé que ya estabas en ella—susurró Yoongi y caminó con más rapidez, haciendo que Jimin se alejara de él.
Llegaron al inicio de la fila, donde el padre les ofreció la hostia como símbolo mismo de una nueva oportunidad y mientras Yoongi recibía la comunión, Jimin observó a Taehyung, que sostenía la bandeja y vestía una sotana que lo cubría por completo. Se veía como el ejemplar perfecto que la Inmaculada Concepción buscaba, pero sabía que detrás de esa vestimenta se encontraban sus verdaderas intenciones.
—En el cuerpo de Cristo—el padre alzó la hostia sobre él, bajándola con la misma devoción de cada semana.
—Amén—contestó Jimin sin sentir la fe que debía contener la palabra.
La comisura de su boca se alzó al hacer contacto con los ojos de Taehyung y aceptó la comunión, sintiendo como se aguadaba en su boca.
Caminó de vuelta a su lugar, arrodillándose en la banca y antes de cerrar los ojos le dio una pequeña ojeada a Yoongi, que tenía los ojos cerrados, el ceño fruncido y parecía centrado en lo que fuera que estaba pensando, se preguntó si le había dado una nueva oportunidad a Dios.
Arrodillado, meditó sobre qué podría pedirle a Dios o, mejor dicho, si Dios escucharía alguna de sus plegarias o si es que lo abandonaría, y sin haber pedido una sola de sus plegarias escuchó la voz de Yoongi llegar hasta él.
—¿Crees que lo haga? —movió la cabeza en dirección a Taehyung que seguía sosteniendo la charola.
—Es un imbécil con suerte—respondió Jimin.
—A veces me sorprende lo lejos que llega por ser el mismo.
—Eso es darle mucho crédito—Jimin giró la cabeza, encontrándose con la mirada de Yoongi, sintiendo esa calidez que estaba reservada para él.
—No encuentro otra razón por la que siempre consigue lo que quiere—desvió la mirada de Jimin.
—Ya te lo dije—recargó su cabeza en sus manos que formaban una plegaria—. Es suerte combinada con su personalidad y un rostro del que ni siquiera la hermana Marie se resiste.
Alzó la vista, mirando hacia el altar donde se encontraba Taehyung, que había borrado toda sonrisa socarrona y en cambio, platicaba con la hermana Marie mientras las novicias lo miraban y se reían de lo que fuera que estaba diciendo, suponía que su plan estaba saliendo conforme lo deseado.
—Tú lo dijiste, no yo—dijo Yoongi, que también veía a Taehyung.
Compartieron una mirada, rieron por lo bajo y cuando finalmente se sentaron en la banca, vieron a Namjoon, quien los miraba con seriedad, a la espera de que cometieran otra falta para castigarlos.
La misa llegó a su fin en el punto exacto donde todos deseaban salir y disfrutar del sol que se asomaba de entre las nubes. Jimin, Yoongi y Jin se encaminaron con apuro a la salida, sintiendo la libertad misma al momento que su cuerpo sentía la brisa del día y detuvieron su paso, recargándose en la pared, esperando que llegaran los demás para decidir cómo gastarían las últimas horas del domingo.
El primero en llegar fue Namjoon, quien caminaba junto a un chico de primer grado que le rogaba que lo eliminara de la enorme lista de nombres que había escrito durante toda la misa, recibiendo un rotundo no por respuesta, y junto a este venía Hoseok, que caminaba como si él fuera el prefecto y tuviera la última palabra.
—¿Atormentando niños desde temprano? —preguntó Jin, una vez Namjoon estuvo con ellos.
—No lo llamo así, lo llamo ser disciplinado.
Jin le arrebató la libreta y comenzó a hojearla, viendo listas de nombres tachados, repetidos y subrayados.
—¿A quién se supone que le das esos nombres? —preguntó Jimin con curiosidad mientras veía el mar de estudiantes pasar, esperando que Taehyung abandonara de una vez por todas la iglesia y volviera a ser él mismo.
—A absolutamente nadie—respondió Namjoon como si fuera lo más obvio—. Pero es divertido ver cómo se aterran y, además, consigo uno que otro favor.
—¿Así que de esa manera utilizas tu poder? —Yoongi lo miró, ladeando la cabeza y sonriendo mientras metía sus manos en sus bolsillos del pantalón—. Todo un tirano.
Jimin vio a Taehyung a la lejanía, que caminaba junto a la hermana Marie y las novicias, estaba claro que habían caído ante él y no habría Dios que las salvara de sus encantos. Cuando los vio sonrió de oreja a oreja y se adelantó, dejando a las novicias detrás.
—Queridos amigos—dijo con tono teatral cuando estuvo cerca—. Les conseguí una salida al exterior.
Aquello llamó la atención de todos, era verdad que llevaban casi un mes encerrados, viendo los mismos espacios todos los días y a todas horas, así que cualquier señal de libertad era el paraíso mismo. Lo miraron, en respuesta a que explicara a qué se refería con aquello.
—Vamos a comer en el convento—alzó las manos como si les hubiera ofrecido su salvación.
Intercambiaron miradas, no creyendo lo que acababan de escuchar y cómo eso se suponía sería el plan perfecto para ocupar las últimas horas de libertad.
—¿Nos tenemos que alegrar por eso? —dijo Jin, con la típica voz exasperada que usaba siempre que Taehyung hacía algo que no le gustaba.
—Deberían— respondió ofendido—. No cualquier día se consigue un pase de salida—sonrió cuando las novicias pasaron a su lado y murmuraron algo entre ellas que las hizo sonrojar.
—Preferiría quedarme aquí antes que compartir comida con el padre—espetó Jimin y Taehyung lo miró herido como si no creyera que todos era él quien se oponía a su idea.
—¿Acaso no lo ven? —dijo con irritación—. Comida y chicas lindas, ¿qué más quieren?
—¿Sigues con lo mismo? —Namjoon cruzó los brazos sobre su pecho, adoptando la pose que utilizaba siempre que iba a castigar a alguien—. Pensé que ya lo habías olvidado después de la última vez.
—Olvida eso—Taehyung giró los ojos—. Lo que les digo es que nos vamos en cinco al convento.
La corriente de chicos había cesado, solo quedaban ellos y las novicias, que se encontraban más alejadas, pero que sin duda los estaban viendo.
—Ni en mil sueños—dijo Yoongi mientras mostraba el libro—. Voy a la biblioteca.
—¿Te han dicho que eres sumamente aburrido? —Taehyung negó con la cabeza y trató de arrebatarle el libro, fracasando en el intento.
—Me parece que tenemos conceptos diferentes de diversión— Yoongi comenzó a caminar a dirección opuesta a la que los esperaban.
Taehyung miró a Jimin con una mirada suplicante, así que, estiró el brazo para alcanzar a Yoongi quien se detuvo y lo miró con interrogación en el rostro.
—No te hará daño salir de estás paredes por unas horas—el mayor lo contempló por unos instantes y supo en ese instante que le diría que sí.
Trató de mantener un rostro neutro, pero no pudo evitar pensar en que todos notaban que él tenía un cierto poder sobre Yoongi, claro estaba, no sabía por qué, así que, cuando el mayor asintió, caminaron no muy convencidos al autobús que los llevaría al convento.
***
El convento era sin duda alguna un lugar hermoso. Era pequeño a comparación de la Inmaculada porque de ninguna manera se comparaba la cantidad de novicias con el alumnado del internado, sin embargo, se sentía vasto. Sus jardines eran tan verdes que Jimin se preguntó si acaso estaba en el mismísimo Edén y había tantos árboles que mirara a donde mirara podía encontrarse con alguno, era como estar en un lugar que solo se encontraba en los sueños.
Estaban sentados en una mesa amplia, compartiéndola con las hermanas y las novicias que apenas los conocían y eso hacía que todas los miraban con mera curiosidad. Jimin suponía que esa curiosidad se debía a que eran los únicos hombres de la mesa y los únicos alumnos de la Inmaculada. No le importaba recibir esa atención, de hecho, a comparación de muchas personas, nunca le había molestado sentirse observado.
Estaba sentado en el costado derecho, donde el sol comenzaba a colarse y tocaba su rostro con delicadeza. Junto a él estaba Yoongi quien parecía incomodo por las miradas fugitivas que cada cierto tiempo recibía y a su otro lado estaba Jin, quien no paraba de mirar la comida. Enfrente estaba Taehyung quien platicaba animadamente con una novicia, y Namjoon y Hoseok, quienes estaban a un lado de este se reían de algo que Jimin no era capaz de escuchar.
La mesa rebosaba de comida, alzando olores que subían hasta él de manera tentadora, haciendo rugir su estómago con el simple olor y las copas burbujeaban con algún tipo de vino. Las voces se mezclaban como un susurro con el resonar del cacareo habitual de las gallinas, creando un sonido desconocido, pero placentero.
—¿Cuándo creen que pueda comer esto? —Jin estiró la mano para agarrar uno de los bocadillos que estaba frente a ellos—. Muero de hambre.
—No puedes comer—Yoongi le quitó el bocadillo de la mano y lo volvió a dejar en su lugar.
—¿Según quién? —el mayor volvió a agarrar el panecillo de atún, dispuesto a comerlo de un bocado—¿Tú? —lo miró de manera retadora.
—Te están viendo—advirtió Yoongi en un susurro.
—Qué más da—Jin le dio un gran bocado y con la boca llena dijo—. Está muy bueno.
—Muestra un poco de modales Kim—Jimin lo miró y trató de ignorar el hecho de que su amigo estaba hablando con la boca llena.
Le dio una mirada de advertencia cuando vio que este iba a agarrar otro bocadillo y este no hizo más que quedarse quieto en su lugar, a la espera de que apareciera el padre y diera inicio a la comida.
Volteó al frente, donde Taehyung se encontraba hablando con una novicia, la cual no hacía más que reír y tocarse el cabello tontamente, como si de esa manera estuviera seduciendo a Taehyung, aunque era Taehyung el que la estaba seduciendo realmente.
—Mírenlo—Jin apuntó con el tono que usaba siempre que Taehyung estaba haciendo algo que él consideraba obsceno.
—Es un idiota si piensa ir más allá de segunda base—dijo Yoongi en un tono alto, lo que causó el murmurar de las novicias que estaban cerca.
—¿En serio vas a hablar así delante de las señoritas? —preguntó Jimin y lo miró con una sonrisa socarrona.
Compartió una mirada de complicidad con Yoongi, causando la risa de ambos ante el evidente choque que debía suponer para las novicias el tenerlos ahí y Jin no hizo más que lanzarles una mirada fulminante, como si no pueda creer lo que habían dicho. Volvió la vista a Taehyung, admirando la escena que pasaba frente a él como si se tratase de una película.
Sabía, por como la novicia miraba a Taehyung, que había caído ante los encantos de este y este se movía como siempre hacia cada que lograba lo imposible para los demás, pero lo posible para él, con una soltura en el cuerpo que pocas personas logran.
—Apuesta—dijo divertido Jimin.
—Veinte a que no lo logra—Yoongi sacó un billete doblado que puso sobre la mesa.
—¿Te vas a ir tan bajo? —Jimin lo miró con las cejas alzadas y sonrisa ladina.
—Cuarenta—Yoongi se vio obligado a sacar otro billete que colocó junto al primero.
—Cuarenta y una semana de hacer mis tareas—remató Jimin y supo por la manera en la que Taehyung deslizó hábilmente el cabello de la novicia detrás de su oreja que aquella apuesta estaba ganada.
—¿En serio están apostando sobre la vida sexual de mi hermano? —Jin los miró con desagrado y tomó otro bocadillo.
—Te puedes incluir—Jimin ladeó la cabeza y le ofreció a poner un billete sobre la mesa.
—No seas desagradable—se chupó los dedos y le dio un golpecito detrás de la cabeza—. Es mi hermano menor.
—Actúas peor que las novias—Yoongi se río—. Es un simple juego y, además, una manera fácil de ganar dinero.
—¿Quién dice que vas a ganar? —Jimin dijo con indignación. —Parece que no conoces a Taehyung.
—Estamos hablando de novicias—Yoongi dijo como si no fuera obvio lo que estaban apostando—. No de cualquier chica.
—Las novicias también tienen necesidades—Jimin le guiñó el ojo a una novicia que no paraba de mirarlo, haciéndola sonrojar por completo.
—Tiene que pasar de primera base—Yoongi aclaró.
—Evidentemente—Jimin sonrió con arrogancia—. Si logra segunda base, yo gano.
—Trato—dijo Yoongi y cerraron el trato.
El padre por fin apareció, caminando por el pasto con total tranquilidad, su sotana fue sustituida por unos pantalones cafés y una camisa amarilla, aunque era ropa clásica y sin nada extravagante, Jimin se sorprendió de verlo de esa manera, como si fuera una persona totalmente diferente a la que veía en la misa. Lo acompañaba la hermana Marie, quien lo sostenía de un brazo y para la sorpresa de Jimin, a su otro lado estaba Jeon, que caminaba un paso más atrás y con la cabeza ligeramente agachada.
Observó con curiosidad a Jeon, vestía una camisa azul que estaba abotonada hasta el último botón y fajada en un pantalón de mezclilla que marcaba su figura. Supo en ese instante que el chico lo había visto pues le devolvió la mirada y al instante la bajó, caminando aún más lento, tratando de esconderse detrás del padre.
No sabía que aquel chico había sido invitado, mucho menos que hubiera estado hablando con el padre todo ese tiempo, y de repente se le ocurrió que, tal vez, había sido él mismo quien había solicitado una audiencia con el padre y que minutos antes había confesado que una semana atrás había sido testigo de un pecado que debía confesar y que el padre, frente a todas las novicias, los expondría como el claro ejemplo de la juventud corrompida para después ser enviados a la Inmaculada, directo a la expulsión.
Debía haberle hecho caso a Taehyung cuando este le dijo que no podían confiar en ese chico, pero al verlo solo veía a un chico atemorizado, sin ningún valor a alzar la voz, claro que, pensaba lo contrario al verlo ahí porque lucía como si recién hubiera salido de un confesionario.
Su corazón latió fuertemente y trató de hacerle una señal a Taehyung, pero este estaba tan absorto en la novicia que no había manera que pudiera hacerle caso y mucho menos de hablarle sin que todos en la mesa lo escucharan.
El padre, quien ya se encontraba en su asiento, dio toque a su copa, haciendo que todos voltearan y guardaran silencio. Jimin no podía quitar la mirada de Jeon, no porque le causara alguna curiosidad, sino porque quería leerlo y ver si había aunque fuera una pequeña pista que revelara si había dicho algo, pero nada en él revelaba detalles. Sabía que su mirada le causaba incomodidad a este pues no paraba de mover sus manos y darle pequeñas miradas que evadía al momento que sentía los ojos de Jimin sobre él.
—En días como estos es cuando Dios está más presente en nuestros corazones—el padre habló con lentitud, pero no con el tono áspero que utilizaba en las misas, sino con uno paternal—. Mis queridas hermanas—extendió los brazos y miró a cada una de ellas—. Siempre es un placer compartir alimento con ustedes y permitirle a alguno de mis chicos venir aquí.
El padre los miró y Jimin sonrió al notar que las novicias los miraban.
—Si me hiciera el favor, hermana Marie, de bendecir nuestra comida.
La hermana Marie, una mujer de piel pálida y cabello canoso, se levantó de su asiento y bendijo su comida, dando pie al almuerzo. Jin, como era de esperarse, se abalanzó sobre la comida como si no hubiera comido en semanas, mientras que Jimin, solo observó la comida, perdiendo el apetito por el simple hecho de pensar que probablemente sería la última comida que compartiría con sus amigos.
No podía aguantar un minuto más sentado ahí, a la espera de su destino, así que se levantó de su asiento y caminó al lado contrario, donde estaba Taehyung, quien parecía ignorar completamente el hecho de que Jeon estaba ahí.
Lo alcanzó en el momento exacto en el este puso una rebanada de pan con mermelada sobre el plato de la novicia, haciéndola sonrojar por completo.
—Ven conmigo—Jimin se agachó e hizo voltear a un confundido Taehyung.
—¿Qué quieres? —contestó Taehyung ásperamente al darse cuenta que era Jimin quien le hablaba y lo miró con evidente irritación—. Estoy ocupado.
Notó que en la cara de Taehyung había molestia y que su paciencia estaba a punto de explotar, pero Jimin ignoró ese hecho e insistió con la mirada, pero su amigo parecía no comprender las señales pues miraba a Jimin con irritación.
—Mira allá—le señaló con la cabeza el lugar donde estaba sentado Jeon, comiendo en completo silencio.
—¿Qué mierda hace ese aquí? —Taehyung espetó cuando lo vio.
—Créeme que tengo la misma duda—los ojos de Jimin siguieron a Jeon, que conforme más pasaba el tiempo parecía como si la silla se lo estuviera devorando.
—¿Crees que haya dicho algo? —Taehyung comenzaba a notarse preocupado.
—Lo vi salir con el padre—le informó a Taehyung—. Amigo, si le dijo algo al padre estamos muertos.
—Te lo dije—Taehyung volteó con Jimin con la mandíbula apretada—. Ese tipo es un maldito raro, ¿lo has visto? —agitó las manos con brusquedad—. Siempre anda solo y honestamente, no me sorprende.
Jimin carraspeó al notar que la novicia los escuchaba y que, si seguían alzando la voz, muy pronto todos los escucharía.
—Rosie, querida, vuelvo en un momento—Taehyung se disculpó, sonriéndole de forma dulce y se levantó de su asiento.
Jimin caminó hacia un costado de la mesa, seguido de Taehyung y se pararon debajo de un árbol donde nadie podía escucharlos más que ellos mismos.
—¿Deberíamos decirle a Hoseok? —preguntó Taehyung.
—No—Jimin contestó con rapidez y miró a Hoseok que platicaba con Namjoon animadamente, ajeno a todo lo que estaba pasando—. Ya sabes cómo es, sus nervios van a explotar y terminara confesando él mismo.
—Nos van a expulsar—Taehyung se limpió el sudor que comenzaba a formarse en su frente—. ¿Qué le voy a decir a mis padres?
—No sabemos si dijo algo—Jimin lo tranquilizó, pero el mismo sentía sus nervios subiendo por su cuerpo.
—¿Por qué otra cosa estaría aquí?
—No lo sé—contestó con honestidad.
No sabía la razón por la que aquel chico estaba ahí o la razón por la que había salido con el padre o la razón por la que estaba sentado a un costado de este.
—Piensa Jimin—Taehyung lo miró con urgencia—. Vino a contarle al padre.
—¿Y qué hacemos? —cruzó los brazos sobre su pecho—¿Lo golpeamos hasta que nos diga la verdad?
—No suena mal—Taehyung se miró los nudillos y apretó su puño.
—Mierda Tae—Jimin sabía que debían regresar a sus lugares o levantarían sospechas—. Lo decía de broma, solo hay que mantenerlo a la vista, ¿ok?
—Encárgate de ello—Taehyung miró a Rosie, que los miraba con curiosidad y cuando sintió la mirada de este le dio una sonrisa tímida—. Ahorita estoy un poco ocupado.
—Más te vale que me hagas ganar la apuesta, imbécil.
—¿Qué? —contestó confundido.
—Solo asegúrate de llegar a segunda base.
—Créeme que lo haré—dijo en un tono confiado y pareció olvidar toda su conversación.
Jimin se alejó de Taehyung, dejando que su amigo se liberara de cualquier preocupación y regreso a su asiento, donde Yoongi lo miró con confusión mientras le daba la última mordida al durazno que reposaba sobre sus dedos.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó Yoongi, y agarró otro durazno de la caja de frutas.
—Nada—contestó mientras pensaba en cómo acercarse a Jeon—. Asegurándome que me haga ganar—le guiñó el ojo, permitiéndose relajarse en su asiento antes de que pusiera en marcha su plan.
La comida le pareció más que eterna y cada que veía que el padre le dirigía la palabra a Jeon un sudor frío viajaba por su espalda pensando que ahí acabaría todo, pero era frenado cuando se daba cuenta que el padre seguía con su conversación habitual.
Aunque le había dado vueltas al asunto, al final no fue difícil ejecutar su plan, de hecho, el universo había jugado a su favor cuando al término de la comida Jeon caminó a la cocina y Jimin, viendo la oportunidad, se ofreció a llevar los platos sucios, en donde sabía encontraría a este.
Como lo esperaba, se encontró al chico en la cocina y para su suerte estaba complemente solo, de pie al fregadero, separando cucharas, paltos, vasos y demás cubiertos, mientras el sonido del agua llenaba el silencio que lo cubría por completo.
—Jeon—Jimin habló un poco más fuerte de lo que pensaba, haciendo sobresaltar al chico—. No sabía que estabas por aquí.
Entró a la cocina, inseguro sobre cómo procedería, pero sin más, acortó el espacio entre ellos y dejó la charola llena de trastes en los pies de este.
—Sí—dijo este con aquel tono bajo con el que siempre hablaba.
—Déjame ayudarte—Jimin se acercó a él, quitándole de la mano unas cucharas y poniéndolas encima de los platos.
Notó cómo Jeon se tensaba bajo su toque, pero ignoró aquel detalle y se concentró en lo que era realmente importante.
—No tienes que hacerlo—Jeon dijo en un susurro y se agachó por la charola que Jimin había llevado.
—No me molesta—mintió y se subió las mangas de su camisa hasta los codos, dejando expuestos sus brazos—. Creo que es una actividad sumamente relajante.
Jeon no contestó, ni siquiera lo miró, solo siguió absorto en su mundo, como si Jimin no estuviera a su lado, y aquello lo incómodo porque las personas nunca actuaban de ese modo a su alrededor.
—¿Es la primera vez que vienes por aquí? —preguntó, no sabiendo cómo hacer hablar a ese chico.
—Sí—Jeon contestó con simplicidad sin mirarlo.
—¿Agradable no crees? —comenzaba a irritarle la falta de comunicación del chico y le molestaba más el hecho de parecer invisible ante este—. La Inmaculada suele ser asfixiante, ya sabes, por eso luego recurrimos a actos no tan sanos, y si me lo preguntas, sé, honestamente, que no es correcto, pero esta escuela te obliga a hacer ciertas cosas.
—Eso creo—por primera vez Jeon alzó la mirada y la sostuvo por más de un segundo, antes de bajarla nuevamente.
—Pero son momentos aislados—Jimin se río como no tomándole importancia a lo que decía, pero deseando que Jeon entendiera a lo que se refería—. No es que nos droguemos todos los días, digo, ¿crees que un drogadicto se vería como yo?
—No—Jeon parecía pensativo, como si quisiera decir algo, así que Jimin se mantuvo en silencio, a la espera de escucharlo—. No dije nada, por si piensas eso.
—No lo decía por eso—dejó escapar una pequeña risa y se rascó la cabeza, un poco apenado ante su obvia manera de acercarse a él—. Solo no me gustaría ser expulsado por una idiotez.
El silencio los rodeó, parecía que a Jeon no le incomodaba aquello, pero a Jimin le parecía sumamente asfixiante. La verdad era que Jeon le parecía asfixiante; por su manera de hablar o mejor dicho, su manera de no hablar, la forma en la que evitaba mirarlo y sobre todo, la forma en la que actuaba.
—Jimin—la voz familiar de Jin entró desde la puerta de la cocina—. Te estaba buscando, tienes que venir ya mismo.
Agradeció más que nunca la presencia de su amigo, pues necesitaba desahogar el silencio y aquella era su salida perfecta para hacerlo.
—Dame un momento—le dijo a Jin quien no esperó su respuesta pues había desaparecido tan rápido como apreció— ¿Quieres venir?
Le pareció que Jeon no captó en un principio que le hablaba a él pues se mantuvo en silencio, con los ojos sobre los trastes y como si esperara que Jimin simplemente desapareciera, pero cuando sintió que Jimin lo miraba se detuvo.
—Estoy bien—contestó—. Voy a terminar esto.
Se alivió al escuchar aquello, no porque no quisiera convivir con él, pero no quería incomodar a sus amigos con la presencia de ese chico extraño.
—Puedes venir si quieres—volvió a mentir y dejó los últimos platos antes de irse.
Se detuvo, buscando una excusa para mantenerlo cerca, tal cual había acordado con Taehyung y antes de cruzar la puerta volteó y se dio cuenta que Jeon lo miraba, así que se le ocurrió el cómo mantenerlo vigilado.
—El viernes tenemos una reunión y apuesto a que ellos te quieren conocer—dijo sin pensar mucho sus palabras.
—¿Reunión? —era la primera vez que utilizaba un tono de curiosidad.
—Será divertido—Jimin le guiñó el ojo—. El viernes te veo en la biblioteca. A las siete. No me hagas quedar mal.
Salió de la cocina tan rápido como pudo, sin esperar recibir una respuesta y dejó a un confundido Jeon, pero se olvidó de ello en el instante en que se unió a sus amigos, que jugaban al fútbol mientras las novicias los miraban con ojos embelesados.
